Schadenfreude: qué es alegrarse del mal ajeno

Pintura impresionista de corredores en una pista, ilustración de la schadenfreude o alegrarse del mal ajeno

Un compañero que presume cada logro se equivoca frente a todos en una reunión, y por un segundo algo dentro de ti se afloja. Enseguida llega la incomodidad: ¿qué clase de persona se alegra con eso? Esa reacción tiene nombre. Se llama schadenfreude, una palabra alemana que significa «alegría por el daño» y que describe el placer que sentimos ante el tropiezo de otro.

Aquí vas a ver el significado de schadenfreude en español, por qué aparece, qué ocurre en el cerebro, en qué se parece a la envidia y cuándo vale la pena mirarla con más atención. Buena parte de la investigación viene de estudios con estudiantes y adultos de la población general, no de personas en consulta, y eso conviene tenerlo presente.

Respuesta corta: schadenfreude es el placer que se siente ante la desgracia de otra persona. Es una emoción social frecuente. Aparece más cuando hay envidia hostil hacia esa persona, cuando se percibe que se lo merecía o cuando la propia autoestima está amenazada. Sentirla alguna vez no indica un problema. Merece atención si es muy frecuente, si va con ganas de dañar o si te aísla.

¿Qué significa schadenfreude en español y cómo se pronuncia?

Schadenfreude viene del alemán y junta dos palabras: Schaden (daño, perjuicio) y Freude (alegría). Se pronuncia más o menos «shá-den-froi-de». El schadenfreude significado literal es «alegría por el daño». El español no tiene una palabra equivalente, así que se usa tal cual, y la expresión más cercana es «alegrarse del mal ajeno» (Smith, ed., 2008).

En psicología, schadenfreude es el placer que provoca el infortunio, el fracaso o el sufrimiento de otra persona. Es una emoción agradable disparada por algo malo que le pasa a un tercero (Powell et al., 2008). La idea no es nueva. Platón, Aristóteles y Spinoza ya habían notado que el malestar por la prosperidad de alguien encuentra alivio cuando esa persona cae (Powell et al., 2008).

¿En qué se diferencia de la envidia, el resentimiento y el gloating?

Cuatro emociones se confunden con facilidad. Se separan por lo que las dispara y por el lugar que ocupa quien las siente, según el libro de referencia sobre el tema (Smith, ed., 2008).

Emoción Cómo se siente Qué la dispara Quién la siente
Schadenfreude Placer El infortunio de otro Alguien que observa
Envidia Dolor El éxito o la ventaja de otro Alguien en desventaja que desea lo que el otro tiene
Resentimiento Rabia, indignación Una ventaja que parece injusta o inmerecida Alguien que se siente agraviado
Gloating (regodeo) Triunfo, orgullo hostil La derrota de un rival que uno mismo causó Quien ganó y lo celebra

La envidia y la schadenfreude son una secuencia. Primero duele que el otro esté mejor. Si ese otro cae, el dolor se reduce y aparece alivio (Powell et al., 2008). El resentimiento suma el ingrediente de la injusticia: la caída del que “no merecía” su ventaja se vive como justicia poética (Leach, 2008). Si quieres entender mejor la envidia, puedes revisar si existe la envidia sana.

¿Por qué nos alegra el mal ajeno?

La investigación ha medido varias causas. Ninguna explica todos los casos, y suelen combinarse.

La envidia maliciosa

La envidia tiene dos caras. La benigna te empuja a esforzarte para llegar a donde el otro llegó. La maliciosa quiere que el otro baje. Si la envidia es lo que más te pesa, hay una guía sobre cómo dejar de sentir envidia. En tres estudios con muestras de Países Bajos y Estados Unidos, la envidia maliciosa se relacionó con la schadenfreude y la benigna no, incluso al controlar la antipatía, la rabia y el merecimiento percibido (van de Ven et al., 2015).

Un metaanálisis con 4.366 participantes llegó a lo mismo: la relación entre envidia y schadenfreude es más fuerte cuando la envidia se mide como maliciosa que cuando se mide como dolor o como envidia benigna (Lange et al., 2018). Un experimento clásico lo había mostrado antes: quienes veían a un estudiante muy exitoso y sentían envidia disfrutaban más cuando ese estudiante sufría un revés (Smith et al., 1996).

Que el otro sea alguien parecido a ti

La envidia predice la schadenfreude cuando quien cae se parece a quien lo observa. En un estudio, el efecto apareció con personas del mismo género, alguien con quien resulta natural compararse (van Dijk et al., 2006). Nadie se alegra tanto de la caída de un desconocido lejano como de la de un colega que hace lo mismo que tú.

La sensación de que se lo merecía

Cuando el éxito de alguien parece inmerecido o cuando su desgracia parece culpa suya, el placer sube. En experimentos con estudiantes, los participantes sintieron más schadenfreude ante el fracaso de quien había logrado sus metas sin esfuerzo (Feather y Sherman, 2002). Otro estudio con escenarios escritos encontró que la antipatía hacia la persona y el merecimiento percibido tuvieron efectos fuertes sobre la schadenfreude (Greenier, 2021).

Esto aparece desde muy temprano. En 364 niños, quienes tenían 4 años ya sentían schadenfreude, sobre todo cuando el protagonista caía mal, perseguía metas inmorales o era responsable de lo que le pasó (Schindler et al., 2015).

La autoestima amenazada

Alegrarse del mal ajeno también protege la imagen que tenemos de nosotros mismos. En dos experimentos, una amenaza a la autoevaluación intensificó la schadenfreude, incluso en áreas sin relación con la amenaza y controlando envidia y antipatía (van Dijk et al., 2011a). En otros dos estudios, la autoestima baja se asoció con más schadenfreude hacia alguien que había logrado mucho, porque ese logro resultaba amenazante. Cuando las personas tenían la oportunidad de reafirmarse, la respuesta bajaba (van Dijk et al., 2011b).

Dicho simple: la caída del otro da un alivio momentáneo a quien se siente por debajo.

La rivalidad entre grupos

La schadenfreude no es solo individual. En dos estudios con hinchas neerlandeses, el placer ante la derrota de la selección rival aumentó con el interés en el fútbol y con la amenaza de inferioridad (Leach et al., 2003). Otros dos estudios mostraron que las personas sienten menos malestar, y sus músculos faciales muestran un patrón compatible con una sonrisa, ante las desgracias de grupos de alto estatus y competitivos. El efecto bajó cuando el grupo perdía estatus o era cooperativo (Cikara y Fiske, 2012).

¿Qué pasa en el cerebro?

La schadenfreude tiene huella en los circuitos de recompensa. En dos estudios de resonancia magnética funcional, ver la superioridad de otra persona en algo importante activó la corteza cingulada anterior, una zona asociada al dolor. Cuando la persona envidiada sufría una desgracia, se activó el estriado, parte del sistema de recompensa. Cuanto más se activaba el cingulado en el primer estudio, más lo hacía el estriado en el segundo (Takahashi et al., 2009).

Otro estudio con voluntarios de ambos sexos jugó con confederados que actuaban de forma justa o injusta, y después midió la reacción al verlos recibir dolor. Con las personas justas, hombres y mujeres mostraron respuestas de empatía. Con las injustas, esas respuestas se redujeron en los hombres y aumentó la activación de áreas de recompensa, ligada a las ganas de venganza que expresaron (Singer et al., 2006).

Una revisión describe envidia y schadenfreude como emociones de comparación social apoyadas en una red entre la corteza prefrontal y el estriado (Jankowski y Takahashi, 2014).

¿Es normal alegrarse del mal ajeno?

Sí, es una reacción corriente. La investigación la ve como una emoción social, no como un síntoma. Aparece en la infancia y baja con la edad: en 182 niños de 7 a 13 años, la envidia y la schadenfreude disminuyeron con los años, y la conducta de fastidiar al otro aunque uno pierda también bajó (Steinbeis y Singer, 2013).

También cumple una función social. En siete estudios con 2.362 participantes, la schadenfreude fue más intensa ante la caída de alguien que mostraba dominancia (un orgullo arrogante) que ante la de alguien que mostraba prestigio. Expresarla en público, además, reducía la dominancia que se le atribuía a esa persona (Lange y Boecker, 2019).

Cuándo merece más atención

Hay rasgos de personalidad que se asocian a sentirla más. En escenarios hipotéticos, la schadenfreude se relacionó con rasgos de la llamada tríada oscura (narcisismo, maquiavelismo y psicopatía) y con la creencia de que el mundo es justo, y se relacionó de forma negativa con la empatía y la amabilidad. Pero con un evento real, en vivo, ningún rasgo mostró relación, así que las respuestas a escenarios pueden no reflejar lo que pasa en la vida real (Greenier, 2018). En 693 estudiantes iraníes, esos tres rasgos se asociaron con más schadenfreude a través de la desconexión moral y del humor agresivo (Sharafi Zadegan et al., 2024).

Son asociaciones entre variables, no diagnósticos. Sentir schadenfreude no te vuelve narcisista ni psicópata.

El otro punto de atención es la conducta. En 2.172 adolescentes de 13 a 17 años, el efecto de la envidia maliciosa sobre el acoso escolar estuvo totalmente mediado por la schadenfreude (Hofleitner et al., 2026). Una cosa es alegrarse en silencio y otra usar esa alegría como motor para humillar o sabotear.

¿Cómo manejar el placer por la desgracia ajena?

Una advertencia antes de las ideas: lo que sigue se apoya en la teoría y en lo que se sabe de la envidia, porque casi nadie ha medido si una técnica reduce la schadenfreude. Son hipótesis razonables, no tratamientos probados (Exline y Zell, 2008).

  1. Ponle nombre sin juzgarte. Reconocer «me alegró» baja la vergüenza que viene después. Neff (2016) propone tratar ese momento con amabilidad, recordar que es una experiencia humana compartida y mirar la emoción sin exagerarla. Si la vergüenza te pesa más que la emoción, puede ayudarte revisar la diferencia entre culpa y vergüenza.
  2. Pregúntate qué hay debajo. Si la alegría vino con la caída de alguien que te parece mejor que tú, probablemente hay envidia o una comparación que duele. Saber de dónde viene ordena el resto.
  3. Revisa el merecimiento. La schadenfreude crece cuando damos por hecho que el otro no merecía su éxito. Reinterpretar la situación con más datos es una forma de reevaluación cognitiva (Gross y Ford, 2024). Pregúntate si de verdad tienes esa información.
  4. No la reprimas por la fuerza. Esconder una emoción por vergüenza suele aumentar la carga sin reducir el malestar (revisión de Cutuli, 2014). Es más útil reconocerla y decidir qué haces con ella.
  5. Mira tu consumo de comparaciones. Si te pasa sobre todo después de pasar tiempo en redes, ese contexto importa. Puedes leer más sobre comparación social en redes y bienestar.

¿Cuándo conviene consultar a un psicólogo?

Conviene hacerlo cuando la alegría por el mal ajeno es habitual y no ocasional, cuando va acompañada de ganas de dañar o de conductas como sabotear, difamar o humillar, o cuando detrás hay una envidia constante que te quita energía. También si la vergüenza te lleva a aislarte o si se suma ánimo bajo persistente, rumiación o la sensación de no estar nunca a la altura.

En consulta se trabajan la comparación, la autoexigencia y la autoestima de fondo, que son terreno de la terapia cognitivo conductual. Puedes revisar cómo mejorar la autoestima o probar el test de autocompasión para ver cómo te tratas. Si quieres conversarlo con alguien, escribe desde contacto.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa schadenfreude en español?

Significa «alegría por el daño ajeno». Viene del alemán Schaden (daño) y Freude (alegría). No tiene traducción de una sola palabra en español, por eso se usa tal cual. La expresión más cercana es «alegrarse del mal ajeno».

¿Es malo sentir schadenfreude?

Sentirla de vez en cuando es una reacción común, presente desde la infancia. Lo que importa es qué haces con ella. Si se queda en un alivio breve, es una reacción común. Si te lleva a dañar, burlarte o sabotear, conviene revisarla.

¿La schadenfreude es lo mismo que la envidia?

No. La envidia duele y aparece cuando el otro está mejor que tú. La schadenfreude da placer y aparece cuando al otro le va mal. Se conectan: la envidia maliciosa es la que más se relaciona con alegrarse de la caída ajena.

¿Por qué me alegra que le vaya mal a alguien que me cae mal?

Porque la antipatía y la sensación de que la persona se lo merecía son dos de los factores más fuertes de la schadenfreude. Si además esa persona te hace sentir inferior, su caída puede darte un alivio momentáneo que protege tu autoestima.

¿Los niños sienten schadenfreude?

Sí. En un estudio con 364 niños, los de 4 años ya la mostraban, sobre todo ante la desgracia de alguien que caía mal o que había actuado mal. Con la edad, entre los 7 y los 13 años, tiende a bajar.

¿Se puede dejar de sentir schadenfreude?

Dejar de sentirla del todo es poco realista, porque es parte de cómo funcionan la comparación y la justicia percibida. Lo que sí se puede es notarla, entender de dónde viene y evitar que decida lo que haces. Faltan ensayos que midan una técnica específica.

Qué hacer desde hoy

Si te alegraste del mal ajeno hace poco, no hace falta que te castigues. Piensa en qué te hizo sentir esa persona antes de su caída y si tu alegría tenía que ver con eso. Con esa respuesta ya tienes más información sobre ti que cualquier juicio.

Si notas que esto se repite, te cuesta soltarlo o afecta tus relaciones, consultar con un psicólogo es un buen paso.

¿Te gustaría conversarlo con alguien?

Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

Agenda una hora

Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

Referencias

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Sobre el autor

Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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