Etiqueta: envidia maliciosa

  • Schadenfreude: qué es alegrarse del mal ajeno

    Schadenfreude: qué es alegrarse del mal ajeno

    Un compañero que presume cada logro se equivoca frente a todos en una reunión, y por un segundo algo dentro de ti se afloja. Enseguida llega la incomodidad: ¿qué clase de persona se alegra con eso? Esa reacción tiene nombre. Se llama schadenfreude, una palabra alemana que significa «alegría por el daño» y que describe el placer que sentimos ante el tropiezo de otro.

    Aquí vas a ver el significado de schadenfreude en español, por qué aparece, qué ocurre en el cerebro, en qué se parece a la envidia y cuándo vale la pena mirarla con más atención. Buena parte de la investigación viene de estudios con estudiantes y adultos de la población general, no de personas en consulta, y eso conviene tenerlo presente.

    Respuesta corta: schadenfreude es el placer que se siente ante la desgracia de otra persona. Es una emoción social frecuente. Aparece más cuando hay envidia hostil hacia esa persona, cuando se percibe que se lo merecía o cuando la propia autoestima está amenazada. Sentirla alguna vez no indica un problema. Merece atención si es muy frecuente, si va con ganas de dañar o si te aísla.

    ¿Qué significa schadenfreude en español y cómo se pronuncia?

    Schadenfreude viene del alemán y junta dos palabras: Schaden (daño, perjuicio) y Freude (alegría). Se pronuncia más o menos «shá-den-froi-de». El schadenfreude significado literal es «alegría por el daño». El español no tiene una palabra equivalente, así que se usa tal cual, y la expresión más cercana es «alegrarse del mal ajeno» (Smith, ed., 2008).

    En psicología, schadenfreude es el placer que provoca el infortunio, el fracaso o el sufrimiento de otra persona. Es una emoción agradable disparada por algo malo que le pasa a un tercero (Powell et al., 2008). La idea no es nueva. Platón, Aristóteles y Spinoza ya habían notado que el malestar por la prosperidad de alguien encuentra alivio cuando esa persona cae (Powell et al., 2008).

    ¿En qué se diferencia de la envidia, el resentimiento y el gloating?

    Cuatro emociones se confunden con facilidad. Se separan por lo que las dispara y por el lugar que ocupa quien las siente, según el libro de referencia sobre el tema (Smith, ed., 2008).

    Emoción Cómo se siente Qué la dispara Quién la siente
    Schadenfreude Placer El infortunio de otro Alguien que observa
    Envidia Dolor El éxito o la ventaja de otro Alguien en desventaja que desea lo que el otro tiene
    Resentimiento Rabia, indignación Una ventaja que parece injusta o inmerecida Alguien que se siente agraviado
    Gloating (regodeo) Triunfo, orgullo hostil La derrota de un rival que uno mismo causó Quien ganó y lo celebra

    La envidia y la schadenfreude son una secuencia. Primero duele que el otro esté mejor. Si ese otro cae, el dolor se reduce y aparece alivio (Powell et al., 2008). El resentimiento suma el ingrediente de la injusticia: la caída del que “no merecía” su ventaja se vive como justicia poética (Leach, 2008). Si quieres entender mejor la envidia, puedes revisar si existe la envidia sana.

    ¿Por qué nos alegra el mal ajeno?

    La investigación ha medido varias causas. Ninguna explica todos los casos, y suelen combinarse.

    La envidia maliciosa

    La envidia tiene dos caras. La benigna te empuja a esforzarte para llegar a donde el otro llegó. La maliciosa quiere que el otro baje. Si la envidia es lo que más te pesa, hay una guía sobre cómo dejar de sentir envidia. En tres estudios con muestras de Países Bajos y Estados Unidos, la envidia maliciosa se relacionó con la schadenfreude y la benigna no, incluso al controlar la antipatía, la rabia y el merecimiento percibido (van de Ven et al., 2015).

    Un metaanálisis con 4.366 participantes llegó a lo mismo: la relación entre envidia y schadenfreude es más fuerte cuando la envidia se mide como maliciosa que cuando se mide como dolor o como envidia benigna (Lange et al., 2018). Un experimento clásico lo había mostrado antes: quienes veían a un estudiante muy exitoso y sentían envidia disfrutaban más cuando ese estudiante sufría un revés (Smith et al., 1996).

    Que el otro sea alguien parecido a ti

    La envidia predice la schadenfreude cuando quien cae se parece a quien lo observa. En un estudio, el efecto apareció con personas del mismo género, alguien con quien resulta natural compararse (van Dijk et al., 2006). Nadie se alegra tanto de la caída de un desconocido lejano como de la de un colega que hace lo mismo que tú.

    La sensación de que se lo merecía

    Cuando el éxito de alguien parece inmerecido o cuando su desgracia parece culpa suya, el placer sube. En experimentos con estudiantes, los participantes sintieron más schadenfreude ante el fracaso de quien había logrado sus metas sin esfuerzo (Feather y Sherman, 2002). Otro estudio con escenarios escritos encontró que la antipatía hacia la persona y el merecimiento percibido tuvieron efectos fuertes sobre la schadenfreude (Greenier, 2021).

    Esto aparece desde muy temprano. En 364 niños, quienes tenían 4 años ya sentían schadenfreude, sobre todo cuando el protagonista caía mal, perseguía metas inmorales o era responsable de lo que le pasó (Schindler et al., 2015).

    La autoestima amenazada

    Alegrarse del mal ajeno también protege la imagen que tenemos de nosotros mismos. En dos experimentos, una amenaza a la autoevaluación intensificó la schadenfreude, incluso en áreas sin relación con la amenaza y controlando envidia y antipatía (van Dijk et al., 2011a). En otros dos estudios, la autoestima baja se asoció con más schadenfreude hacia alguien que había logrado mucho, porque ese logro resultaba amenazante. Cuando las personas tenían la oportunidad de reafirmarse, la respuesta bajaba (van Dijk et al., 2011b).

    Dicho simple: la caída del otro da un alivio momentáneo a quien se siente por debajo.

    La rivalidad entre grupos

    La schadenfreude no es solo individual. En dos estudios con hinchas neerlandeses, el placer ante la derrota de la selección rival aumentó con el interés en el fútbol y con la amenaza de inferioridad (Leach et al., 2003). Otros dos estudios mostraron que las personas sienten menos malestar, y sus músculos faciales muestran un patrón compatible con una sonrisa, ante las desgracias de grupos de alto estatus y competitivos. El efecto bajó cuando el grupo perdía estatus o era cooperativo (Cikara y Fiske, 2012).

    ¿Qué pasa en el cerebro?

    La schadenfreude tiene huella en los circuitos de recompensa. En dos estudios de resonancia magnética funcional, ver la superioridad de otra persona en algo importante activó la corteza cingulada anterior, una zona asociada al dolor. Cuando la persona envidiada sufría una desgracia, se activó el estriado, parte del sistema de recompensa. Cuanto más se activaba el cingulado en el primer estudio, más lo hacía el estriado en el segundo (Takahashi et al., 2009).

    Otro estudio con voluntarios de ambos sexos jugó con confederados que actuaban de forma justa o injusta, y después midió la reacción al verlos recibir dolor. Con las personas justas, hombres y mujeres mostraron respuestas de empatía. Con las injustas, esas respuestas se redujeron en los hombres y aumentó la activación de áreas de recompensa, ligada a las ganas de venganza que expresaron (Singer et al., 2006).

    Una revisión describe envidia y schadenfreude como emociones de comparación social apoyadas en una red entre la corteza prefrontal y el estriado (Jankowski y Takahashi, 2014).

    ¿Es normal alegrarse del mal ajeno?

    Sí, es una reacción corriente. La investigación la ve como una emoción social, no como un síntoma. Aparece en la infancia y baja con la edad: en 182 niños de 7 a 13 años, la envidia y la schadenfreude disminuyeron con los años, y la conducta de fastidiar al otro aunque uno pierda también bajó (Steinbeis y Singer, 2013).

    También cumple una función social. En siete estudios con 2.362 participantes, la schadenfreude fue más intensa ante la caída de alguien que mostraba dominancia (un orgullo arrogante) que ante la de alguien que mostraba prestigio. Expresarla en público, además, reducía la dominancia que se le atribuía a esa persona (Lange y Boecker, 2019).

    Cuándo merece más atención

    Hay rasgos de personalidad que se asocian a sentirla más. En escenarios hipotéticos, la schadenfreude se relacionó con rasgos de la llamada tríada oscura (narcisismo, maquiavelismo y psicopatía) y con la creencia de que el mundo es justo, y se relacionó de forma negativa con la empatía y la amabilidad. Pero con un evento real, en vivo, ningún rasgo mostró relación, así que las respuestas a escenarios pueden no reflejar lo que pasa en la vida real (Greenier, 2018). En 693 estudiantes iraníes, esos tres rasgos se asociaron con más schadenfreude a través de la desconexión moral y del humor agresivo (Sharafi Zadegan et al., 2024).

    Son asociaciones entre variables, no diagnósticos. Sentir schadenfreude no te vuelve narcisista ni psicópata.

    El otro punto de atención es la conducta. En 2.172 adolescentes de 13 a 17 años, el efecto de la envidia maliciosa sobre el acoso escolar estuvo totalmente mediado por la schadenfreude (Hofleitner et al., 2026). Una cosa es alegrarse en silencio y otra usar esa alegría como motor para humillar o sabotear.

    ¿Cómo manejar el placer por la desgracia ajena?

    Una advertencia antes de las ideas: lo que sigue se apoya en la teoría y en lo que se sabe de la envidia, porque casi nadie ha medido si una técnica reduce la schadenfreude. Son hipótesis razonables, no tratamientos probados (Exline y Zell, 2008).

    1. Ponle nombre sin juzgarte. Reconocer «me alegró» baja la vergüenza que viene después. Neff (2016) propone tratar ese momento con amabilidad, recordar que es una experiencia humana compartida y mirar la emoción sin exagerarla. Si la vergüenza te pesa más que la emoción, puede ayudarte revisar la diferencia entre culpa y vergüenza.
    2. Pregúntate qué hay debajo. Si la alegría vino con la caída de alguien que te parece mejor que tú, probablemente hay envidia o una comparación que duele. Saber de dónde viene ordena el resto.
    3. Revisa el merecimiento. La schadenfreude crece cuando damos por hecho que el otro no merecía su éxito. Reinterpretar la situación con más datos es una forma de reevaluación cognitiva (Gross y Ford, 2024). Pregúntate si de verdad tienes esa información.
    4. No la reprimas por la fuerza. Esconder una emoción por vergüenza suele aumentar la carga sin reducir el malestar (revisión de Cutuli, 2014). Es más útil reconocerla y decidir qué haces con ella.
    5. Mira tu consumo de comparaciones. Si te pasa sobre todo después de pasar tiempo en redes, ese contexto importa. Puedes leer más sobre comparación social en redes y bienestar.

    ¿Cuándo conviene consultar a un psicólogo?

    Conviene hacerlo cuando la alegría por el mal ajeno es habitual y no ocasional, cuando va acompañada de ganas de dañar o de conductas como sabotear, difamar o humillar, o cuando detrás hay una envidia constante que te quita energía. También si la vergüenza te lleva a aislarte o si se suma ánimo bajo persistente, rumiación o la sensación de no estar nunca a la altura.

    En consulta se trabajan la comparación, la autoexigencia y la autoestima de fondo, que son terreno de la terapia cognitivo conductual. Puedes revisar cómo mejorar la autoestima o probar el test de autocompasión para ver cómo te tratas. Si quieres conversarlo con alguien, escribe desde contacto.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué significa schadenfreude en español?

    Significa «alegría por el daño ajeno». Viene del alemán Schaden (daño) y Freude (alegría). No tiene traducción de una sola palabra en español, por eso se usa tal cual. La expresión más cercana es «alegrarse del mal ajeno».

    ¿Es malo sentir schadenfreude?

    Sentirla de vez en cuando es una reacción común, presente desde la infancia. Lo que importa es qué haces con ella. Si se queda en un alivio breve, es una reacción común. Si te lleva a dañar, burlarte o sabotear, conviene revisarla.

    ¿La schadenfreude es lo mismo que la envidia?

    No. La envidia duele y aparece cuando el otro está mejor que tú. La schadenfreude da placer y aparece cuando al otro le va mal. Se conectan: la envidia maliciosa es la que más se relaciona con alegrarse de la caída ajena.

    ¿Por qué me alegra que le vaya mal a alguien que me cae mal?

    Porque la antipatía y la sensación de que la persona se lo merecía son dos de los factores más fuertes de la schadenfreude. Si además esa persona te hace sentir inferior, su caída puede darte un alivio momentáneo que protege tu autoestima.

    ¿Los niños sienten schadenfreude?

    Sí. En un estudio con 364 niños, los de 4 años ya la mostraban, sobre todo ante la desgracia de alguien que caía mal o que había actuado mal. Con la edad, entre los 7 y los 13 años, tiende a bajar.

    ¿Se puede dejar de sentir schadenfreude?

    Dejar de sentirla del todo es poco realista, porque es parte de cómo funcionan la comparación y la justicia percibida. Lo que sí se puede es notarla, entender de dónde viene y evitar que decida lo que haces. Faltan ensayos que midan una técnica específica.

    Qué hacer desde hoy

    Si te alegraste del mal ajeno hace poco, no hace falta que te castigues. Piensa en qué te hizo sentir esa persona antes de su caída y si tu alegría tenía que ver con eso. Con esa respuesta ya tienes más información sobre ti que cualquier juicio.

    Si notas que esto se repite, te cuesta soltarlo o afecta tus relaciones, consultar con un psicólogo es un buen paso.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Cikara, M., & Fiske, S. T. (2012). Stereotypes and Schadenfreude: Affective and physiological markers of pleasure at outgroup misfortunes. Social Psychological and Personality Science, 3(1), 63-71. https://doi.org/10.1177/1948550611409245

    Cutuli, D. (2014). Cognitive reappraisal and expressive suppression strategies role in the emotion regulation: An overview on their modulatory effects and neural correlates. Frontiers in Systems Neuroscience, 8, Artículo 175. https://doi.org/10.3389/fnsys.2014.00175

    Exline, J. J., & Zell, A. L. (2008). Antidotes to envy: A conceptual framework. En R. H. Smith (Ed.), Envy: Theory and research. Oxford University Press.

    Feather, N. T., & Sherman, R. (2002). Envy, resentment, schadenfreude, and sympathy: Reactions to deserved and undeserved achievement and subsequent failure. Personality and Social Psychology Bulletin, 28(7), 953-961. https://doi.org/10.1177/014616720202800708

    Greenier, K. D. (2018). The relationship between personality and schadenfreude in hypothetical versus live situations. Psychological Reports, 121(3), 445-458. https://doi.org/10.1177/0033294117745562

    Greenier, K. D. (2021). The roles of disliking, deservingness, and envy in predicting schadenfreude. Psychological Reports, 124(3), 1220-1236. https://doi.org/10.1177/0033294120921358

    Gross, J. J., & Ford, B. Q. (Eds.). (2024). Handbook of emotion regulation (3.ª ed.). Guilford Press.

    Hofleitner, M., Muth, J., Fassl, F., & Lüftenegger, M. (2026). The mediating role of schadenfreude between malicious envy and bullying in school. Scientific Reports, 16(1), Artículo 5410. https://doi.org/10.1038/s41598-025-34408-2

    Jankowski, K. F., & Takahashi, H. (2014). Cognitive neuroscience of social emotions and implications for psychopathology: Examining embarrassment, guilt, envy, and schadenfreude. Psychiatry and Clinical Neurosciences, 68(5), 319-336. https://doi.org/10.1111/pcn.12182

    Lange, J., & Boecker, L. (2019). Schadenfreude as social-functional dominance regulator. Emotion, 19(3), 489-502. https://doi.org/10.1037/emo0000454

    Lange, J., Weidman, A. C., & Crusius, J. (2018). The painful duality of envy: Evidence for an integrative theory and a meta-analysis on the relation of envy and schadenfreude. Journal of Personality and Social Psychology, 114(4), 572-598. https://doi.org/10.1037/pspi0000118

    Leach, C. W. (2008). Envy, inferiority, and injustice: Three bases of anger about inequality. En R. H. Smith (Ed.), Envy: Theory and research (pp. 94-116). Oxford University Press.

    Leach, C. W., Spears, R., Branscombe, N. R., & Doosje, B. (2003). Malicious pleasure: Schadenfreude at the suffering of another group. Journal of Personality and Social Psychology, 84(5), 932-943. https://doi.org/10.1037/0022-3514.84.5.932

    Neff, K. (2016). Sé amable contigo mismo: El arte de la compasión hacia uno mismo. Paidós. https://www.planetadelibros.com/libro-se-amable-contigo-mismo/209575

    Powell, C. A. J., Smith, R. H., & Schurtz, D. R. (2008). Schadenfreude caused by an envied person’s pain. En R. H. Smith (Ed.), Envy: Theory and research (pp. 148-164). Oxford University Press.

    Schindler, R., Körner, A., Bauer, S., Hadji, S., & Rudolph, U. (2015). Causes and consequences of schadenfreude and sympathy: A developmental analysis. PLOS ONE, 10(10), Artículo e0137669. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0137669

    Sharafi Zadegan, M., Pourhosein, R., & Azizi, Z. (2024). The mediating effects of moral disengagement and aggressive humor style: Dark Triad traits and schadenfreude. Frontiers in Psychology, 15, Artículo 1361094. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2024.1361094

    Singer, T., Seymour, B., O’Doherty, J. P., Stephan, K. E., Dolan, R. J., & Frith, C. D. (2006). Empathic neural responses are modulated by the perceived fairness of others. Nature, 439(7075), 466-469. https://doi.org/10.1038/nature04271

    Smith, R. H. (Ed.). (2008). Envy: Theory and research. Oxford University Press.

    Smith, R. H., Turner, T. J., Garonzik, R., Leach, C. W., Urch-Druskat, V., & Weston, C. M. (1996). Envy and schadenfreude. Personality and Social Psychology Bulletin, 22(2), 158-168. https://doi.org/10.1177/0146167296222005

    Steinbeis, N., & Singer, T. (2013). The effects of social comparison on social emotions and behavior during childhood: The ontogeny of envy and Schadenfreude predicts developmental changes in equity-related decisions. Journal of Experimental Child Psychology, 115(1), 198-209. https://doi.org/10.1016/j.jecp.2012.11.009

    Takahashi, H., Kato, M., Matsuura, M., Mobbs, D., Suhara, T., & Okubo, Y. (2009). When your gain is my pain and your pain is my gain: Neural correlates of envy and schadenfreude. Science, 323(5916), 937-939. https://doi.org/10.1126/science.1165604

    van de Ven, N., Hoogland, C. E., Smith, R. H., van Dijk, W. W., Breugelmans, S. M., & Zeelenberg, M. (2015). When envy leads to schadenfreude. Cognition and Emotion, 29(6), 1007-1025. https://doi.org/10.1080/02699931.2014.961903

    van Dijk, W. W., Ouwerkerk, J. W., Goslinga, S., Nieweg, M., & Gallucci, M. (2006). When people fall from grace: Reconsidering the role of envy in schadenfreude. Emotion, 6(1), 156-160. https://doi.org/10.1037/1528-3542.6.1.156

    van Dijk, W. W., Ouwerkerk, J. W., Wesseling, Y. M., & van Koningsbruggen, G. M. (2011a). Towards understanding pleasure at the misfortunes of others: The impact of self-evaluation threat on schadenfreude. Cognition & Emotion, 25(2), 360-368. https://doi.org/10.1080/02699931.2010.487365

    van Dijk, W. W., van Koningsbruggen, G. M., Ouwerkerk, J. W., & Wesseling, Y. M. (2011b). Self-esteem, self-affirmation, and schadenfreude. Emotion, 11(6), 1445-1449. https://doi.org/10.1037/a0026331

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

    Conocer más · Agendar una consulta

  • ¿Existe la envidia sana? Qué dice la psicología (con test)

    ¿Existe la envidia sana? Qué dice la psicología (con test)

    Si te preguntas si la envidia sana existe de verdad o si es una forma amable de llamar a la envidia de siempre, la psicología tiene una respuesta con matices: sí existe, y tiene nombre técnico. Los investigadores separan la envidia benigna (la que te empuja a mejorar) de la maliciosa (la que te hace desear que el otro pierda su ventaja). Para medirlas por separado se creó un test de envidia, la escala BeMaS, que Jens Lange y Jan Crusius publicaron en 2015.

    Más abajo está ese test, en español y gratis. Son diez afirmaciones, tarda un par de minutos y devuelve dos números en lugar de uno: cuánto reconoces de cada tipo de envidia. Antes de verlo conviene entender qué estás midiendo, porque casi todos sentimos envidia alguna vez y lo que dice algo de ti es cuál de las dos domina y cómo la usas.

    Respuesta corta: ¿la envidia sana existe?

    Existe una envidia benigna, y es lo que la gente suele llamar “envidia sana”. Sigue siendo una emoción dolorosa, porque nace de compararte con alguien que tiene algo que tú quieres, pero su salida es esforzarte para llegar ahí y no dañar al otro. La envidia maliciosa, la que la gente llama envidia mala, tiene la misma chispa inicial y otra salida: rencor y ganas de que al otro le vaya peor. En experimentos hechos en Países Bajos, Estados Unidos y España, las personas describieron dos experiencias distintas, aunque en inglés y en español exista una sola palabra para las dos (van de Ven et al., 2009). Lo que sigue en discusión es si “sana” es el adjetivo correcto, y eso lo vemos más abajo.

    Test de envidia benigna o maliciosa (BeMaS): responde 10 afirmaciones

    Piensa en situaciones en las que alguien tiene una cualidad, un logro o una posesión mejor que la tuya. Responde con la primera idea que te venga, sin buscar la respuesta que quedaría bien. Si alguna afirmación te incomoda (la de querer arrebatarle algo a otra persona, por ejemplo), contéstala igual: el test solo sirve con respuestas honestas, y tus respuestas no se guardan.

    Test de envidia (BeMaS): 10 afirmaciones sobre cómo vives la envidia

    Tarda dos minutos. No guarda tus respuestas: se quedan en tu pantalla.

    Esto es una orientación, no un diagnóstico. Las afirmaciones hablan de situaciones en las que otra persona tiene una cualidad, un logro o una posesión superior que tú no tienes, y la deseas o quisieras que el otro no la tuviera. Indica cuánto estás de acuerdo con cada una. No hay respuestas buenas o malas; marca la primera que te venga a la cabeza.
    1 de 10

    Cuando envidio a otras personas, me concentro en cómo yo puedo llegar a tener el mismo éxito en el futuro.






    2 de 10

    Me gustaría que las personas superiores perdieran su ventaja.






    3 de 10

    Si me doy cuenta de que otra persona es mejor que yo, intento superarme a mí mismo/a.






    4 de 10

    Envidiar a otros me motiva a alcanzar mis objetivos.






    5 de 10

    Si otras personas tienen algo que yo quiero para mí, me gustaría arrebatárselo.






    6 de 10

    Siento rencor hacia las personas que envidio.






    7 de 10

    Me esfuerzo por alcanzar logros superiores que han conseguido otras personas.






    8 de 10

    Los sentimientos de envidia me causan desagrado hacia la otra persona.






    9 de 10

    Si alguien tiene cualidades, logros o posesiones superiores, trato de alcanzarlos por mí mismo/a.






    10 de 10

    Ver los logros de otras personas hace que me sienta molesto/a.







    Envidia benigna

    / 6
    Envidia maliciosa

    / 6

    Basado en la Benign and Malicious Envy Scale (BeMaS) de Lange y Crusius (2015, Personality and Social Psychology Bulletin), publicada con licencia CC BY. Las afirmaciones son la traducción al español de Navarro-Carrillo y colaboradores (2017), con las instrucciones adaptadas al tuteo. La escala no tiene puntos de corte clínicos ni baremo chileno. El «rango habitual» sale de cinco muestras de la validación original (933 participantes: cuatro muestras reclutadas en línea en la plataforma MTurk y una de estudiantes alemanes): promedio de 4,0 en benigna y 2,5 en maliciosa, con una desviación típica cercana a 1,1; el rango es ese promedio más o menos una desviación y solo sirve de referencia, nunca de diagnóstico. Ningún cuestionario sustituye una evaluación clínica. Si lo que viste te pesa, puedes escribirme para agendar una consulta.

    Si el resultado te dejó pensando, sigue leyendo: abajo está qué significa cada número y qué hacer con él.

    ¿Cómo se puntúa el test de envidia y qué significa tu resultado?

    Las diez afirmaciones se dividen en dos subescalas de cinco. Cada una se responde de 1 ("totalmente en desacuerdo") a 6 ("totalmente de acuerdo") y se promedia por separado. No hay un puntaje total: los autores comprobaron que las dos dimensiones son independientes, con una correlación baja entre ellas (r = 0,15 en 933 participantes), de modo que alguien puede puntuar alto en una, en la otra, en las dos o en ninguna (Lange y Crusius, 2015).

    Esto es lo que se sabe de la escala y de cómo leer los números:

    Dato Qué se sabe Fuente
    Estructura 10 afirmaciones, 5 de envidia benigna y 5 de maliciosa, respuesta de 1 a 6 Lange y Crusius (2015)
    Puntos de corte No existen puntos de corte clínicos publicados. Las puntuaciones se tratan como rasgos continuos Lange y Crusius (2015)
    Promedios de referencia En cinco muestras (933 participantes) el promedio fue de 4,0 en envidia benigna y de 2,5 en maliciosa, con una desviación típica cercana a 1,1 Tabla suplementaria de Lange y Crusius (2015), promedios combinados por nosotros
    Estabilidad Repetida a las 3 o 4 semanas, las dos subescalas dieron una correlación de 0,67 y 0,66 (174 personas), compatible con un rasgo estable Lange y Crusius (2015)
    Relación con otra escala La escala clásica de envidia de rasgo (DES) se correlacionó con la subescala maliciosa (0,65) y casi nada con la benigna (0,04): medía sobre todo la envidia que molesta Lange y Crusius (2015)

    El test de arriba usa esos promedios para decirte si tu resultado queda por debajo, dentro o por encima del rango habitual de esas muestras (el promedio más o menos una desviación típica). Esa comparación es una referencia, no un baremo ni un diagnóstico: las muestras eran de adultos reclutados en línea y de estudiantes alemanes, y ninguna era chilena. Un resultado alto en la benigna no te hace mejor persona, y uno alto en la maliciosa no habla de una enfermedad: son datos sobre cómo reaccionas cuando alguien te supera.

    ¿Qué tan confiable es el test? Lo que mide y lo que no

    La BeMaS mostró buena consistencia interna (alfa de 0,85 para la subescala benigna y de 0,89 para la maliciosa en el estudio inicial) y una estructura de dos factores que ajustó bien en una muestra independiente de 933 personas. Ese mismo análisis encontró que tratar la envidia como una sola dimensión ajustaba muy mal (Lange y Crusius, 2015). Hay límites que conviene tener presentes:

    1. Es una escala de investigación. Se creó para estudiar la personalidad, no para diagnosticar, y por eso no trae cortes clínicos.
    2. La traducción no es un baremo chileno. Las afirmaciones son la versión en español de Navarro-Carrillo y colaboradores (2017), que el sitio de la escala ofrece con licencia abierta. No encontré una validación de la BeMaS en Chile.
    3. Es un autoinforme sobre una emoción mal vista. Admitir rencor cuesta, y es esperable que algunas personas subrepresenten su envidia maliciosa. Una puntuación baja puede ser real o puede reflejar lo difícil que es reconocerlo.
    4. Mide la tendencia general, no tu semana. Aun así, un periodo de mucha comparación (un ascenso ajeno, una separación, un mes de redes sociales) puede mover las respuestas. Repítelo pasadas unas semanas.

    Envidia sana: significado y por qué los psicólogos discuten el nombre

    "Envidia sana" es una expresión del habla cotidiana, no un término técnico. Quien la usa quiere decir que desea lo que otro tiene sin quererle mal. La investigación recoge esa idea con el nombre de envidia benigna, y la define por su dirección: va hacia arriba, hacia igualar o superar al otro, mientras la maliciosa va hacia abajo, hacia reducir su ventaja.

    Entre los especialistas compiten tres teorías: la que dice que la envidia es siempre maliciosa, la que dice que tiene dos formas (benigna y maliciosa) y la que dice que es una sola experiencia, definida por el dolor. Una propuesta integradora las reunió: la envidia empieza siempre con un dolor (la sensación de quedar por debajo) y de ese dolor salen las dos formas. La benigna trae deseo de lo que el otro tiene y ganas de imitarlo; la maliciosa, hostilidad hacia él. El dolor se desvanece rápido, y las dos formas quedan después como actitudes duraderas (Lange, Weidman y Crusius, 2018; cinco estudios con 1.237 personas).

    Esto explica por qué desde los filósofos clásicos hasta algunos psicólogos actuales dudan del adjetivo (Smith, 2008). Si lo que define a la envidia es el dolor de la comparación, la envidia benigna sigue doliendo: hay algo de carencia en ella aunque termine en esfuerzo. Lo que sí está respaldado es que las dos conductas son distintas y se pueden medir por separado.

    ¿La envidia sana (benigna) siempre es buena?

    Conviene matizarlo. Dos hallazgos obligan a revisar la idea de que "la sana" es inocente.

    El primero viene de un trabajo con más de 3.000 personas en tres estudios: ambas formas de envidia mostraron vínculos con rasgos de la llamada tríada oscura. La benigna se asoció con conductas maquiavélicas (manipular para avanzar) y la maliciosa con conductas maquiavélicas y también psicopáticas. Los autores proponen dejar de juzgar a la envidia como buena o mala y mirar para qué sirve (Lange, Paulhus y Crusius, 2018).

    El segundo es un seguimiento de 18.000 adultos medidos en 2005, 2009 y 2013. La envidia fue bajando con la edad, y más envidia hoy predijo peor salud mental y menos bienestar más adelante: pasar del nivel más bajo al más alto se asoció con un empeoramiento de la salud mental de alrededor de media desviación estándar. Tampoco encontraron que la envidia funcionara como un motivador útil, ya que se asoció con un crecimiento más lento del bienestar (Mujcic y Oswald, 2018). Ojo con la lectura: el resumen del estudio habla de envidia en general y no separa los dos tipos, así que no zanja si la benigna ayuda. Lo que sí contradice es la idea de que sentir envidia, sin más, nos impulsa a superarnos.

    Lo que la evidencia sostiene es más sobrio. La benigna se vincula con esfuerzo y metas más altas (corredores de maratón con más envidia benigna fijaron mejores objetivos y corrieron más rápido, y quienes tenían más envidia maliciosa tendieron a abandonar sus metas), pero eso no la convierte en una emoción cómoda ni en un buen plan de vida (Lange y Crusius, 2015).

    ¿En qué se diferencia la envidia de los celos, la admiración y el resentimiento?

    Son emociones vecinas que se confunden en el lenguaje diario. El libro de referencia sobre el tema las distingue así (Smith, 2008; Parrott y Smith, 1993):

    Emoción Qué la define Ejemplo
    Envidia Dolor ante algo que otra persona tiene y tú quieres. Involucra a dos personas Te duele que una colega haya conseguido el ascenso que tú deseabas
    Celos Miedo a perder frente a un tercero algo que ya tienes, casi siempre un vínculo. Involucra a tres personas Temes que tu pareja prefiera a otra persona
    Admiración Emoción grata que celebra la excelencia ajena, sin dolor por la propia carencia Disfrutas el trabajo de un colega sin sentir que él te quita algo
    Resentimiento Juicio moral de que algo es injusto. Pide justicia Sientes que el ascenso se dio por favoritismo

    En la práctica se mezclan. La experiencia de envidia que describen Parrott y Smith combina deseo frustrado, sensación de inferioridad en un área concreta y, en su versión típica, hostilidad y resentimiento (Smith, 2008). Por eso un episodio puede arrancar como envidia y terminar como resentimiento si sientes que la ventaja del otro es injusta. Si lo tuyo en realidad es miedo a perder a alguien, mira el artículo sobre celos normales o celotipia y el de celos patológicos.

    ¿Cuándo aparece la envidia y por qué duele más con la gente cercana?

    La envidia se enciende solo con ciertos éxitos ajenos. Según el modelo de mantenimiento de la autoevaluación de Abraham Tesser (1988), que el libro de Smith (2008) recoge, importan dos cosas: lo importante que es para ti el área en que el otro te supera y lo cercano que es. Si el otro destaca en algo que no forma parte de tu identidad, puedes alegrarte con su logro. Si destaca justo en lo que tú quieres ser, el logro ajeno amenaza la imagen que tienes de ti y duele.

    Por eso la envidia más intensa suele dirigirse a gente parecida a uno (amigos, compañeros de trabajo, hermanos, colegas de la misma generación) y muy poco a figuras lejanas. Una celebridad inalcanzable casi no mueve nada, y una compañera de curso con tu mismo punto de partida, mucho. Si te descubres con envidia, la pregunta más útil es en qué área apareció, porque esa área suele decir qué te importa de verdad.

    ¿Qué pasa con la envidia y las redes sociales?

    Las redes ofrecen comparación sin pausa, y de ahí el temor a que enfermen. La evidencia es menos redonda de lo que se dice:

    • Un metaanálisis de 54 muestras y 36.583 personas encontró que la comparación social ascendente en línea se asocia con peor ajuste psicológico, con una correlación media de 0,33, y con vínculos especialmente fuertes con emociones sociales negativas (Lei et al., 2026).
    • Una revisión crítica concluyó que los estudios más antiguos ligaban comparación y envidia en redes con menos bienestar, pero que los de 2019 a 2021 lo contradicen, con efectos que dependen de la persona y a veces van en sentido inverso (Meier y Johnson, 2022).
    • En 385 usuarios de Instagram, comparar más se asoció con sentirse más inspirado, y ese vínculo pasó por completo por la envidia benigna. La inspiración, a su vez, se asoció con más emociones positivas (Meier y Schäfer, 2018).
    • Una revisión sistemática de nueve estudios halló correlación entre comparación en redes, envidia y depresión. En los dos únicos estudios capaces de mirar la dirección, la depresión predecía la comparación y la envidia, y no al revés (Carraturo et al., 2023).

    En conjunto, las redes no producen la misma envidia en todos. Importa quién eres, a quién miras y desde qué ánimo. Si la comparación te acompaña a diario, el artículo sobre comparación social en redes y bienestar lo desarrolla.

    Tengo envidia: ¿cómo convertirla en algo útil?

    Sentirla es humano, y lo que cambia las cosas es qué haces con ella. Estas ideas salen de los estudios citados y de los capítulos sobre afrontamiento del libro de Smith (2008). Ninguna reemplaza una terapia y todas sirven de punto de partida:

    1. Ponle nombre sin juzgarte. La envidia es una emoción mal vista, y eso suma una segunda capa de vergüenza: te duele envidiar y además te avergüenza. Decir "esto es envidia" baja esa segunda capa. Si la vergüenza pesa más que la envidia, mira la diferencia entre culpa y vergüenza.
    2. Pregúntale qué señala. Anota en qué área apareció (trabajo, cuerpo, pareja, dinero, creatividad) y qué parte de lo que el otro tiene realmente quieres para ti. A veces descubres que lo que envidias es la imagen y no la vida que lleva detrás.
    3. Cambia la lectura de la comparación. La reevaluación cognitiva consiste en reinterpretar la situación: el logro del otro puede leerse como veredicto sobre ti o como prueba de que algo así es posible (Gross y Ford, 2024). Ayuda también recordar que compararse con alguien que parte de otras circunstancias es comparar cosas distintas.
    4. Dale más lugar a la amabilidad contigo. Kristin Neff propone la autocompasión como alternativa a la comparación: tratarte con la misma amabilidad que a un amigo, recordar que equivocarse y tener límites es humano y observar el dolor de sentirte en desventaja sin quedarte pegado a él (Neff, 2016). La autoestima sube y baja con el éxito de los demás; la autocompasión no depende de ganar.
    5. Mira lo que tienes y a quién tienes. En 426 universitarios, más gratitud se asoció con más envidia benigna y menos maliciosa, en parte por el apoyo social percibido (Xiang et al., 2018). Es un estudio transversal, que muestra asociación y no que la gratitud sea la causa.
    6. Si eres tú a quien envidian, cuenta también lo que costó. En tres experimentos en línea y un experimento de campo con emprendedores, mostrar los fracasos del camino además de los éxitos redujo la envidia maliciosa de quien miraba (Brooks et al., 2019).

    Tres frentes más cercanos pueden ayudar: el cuidado de la autoestima, el trabajo con la rumiación (dar vueltas al logro del otro alimenta la envidia) y el perfeccionismo, que puede convertir cada comparación en una amenaza. Más ideas generales en cómo controlar las emociones.

    ¿Cuándo la envidia es un problema y conviene consultar?

    La envidia en sí no figura como diagnóstico; se vuelve un problema por lo que arrastra consigo. En 680 universitarios, la envidia como rasgo se asoció con más depresión, directamente y también porque se acompañaba de menos apoyo social y de menor resiliencia (Xiang et al., 2020). En un experimento con 213 participantes, activar la envidia maliciosa (frente a la benigna) aumentó la sensación de injusticia, las emociones negativas y las conductas perjudiciales hacia el compañero envidiado (Navarro-Carrillo et al., 2018). Son asociaciones y no prueban qué viene primero.

    Conviene pedir ayuda cuando:

    • el rencor lleva meses y no baja cuando pasa el motivo;
    • te impide alegrarte por personas que quieres, o te ha alejado de amistades o de la familia;
    • has hablado mal de alguien, saboteado su trabajo o buscado que le vaya mal, y después sientes culpa o vergüenza;
    • la comparación con otros te lleva a sentir que no vales, a no comer bien, a no dormir o a perder el interés por cosas que antes disfrutabas;
    • aparecen pensamientos de hacerte daño. En ese caso llama de inmediato a la Línea de Prevención del Suicidio, al *4141 (gratuita, 24 horas).

    Si quieres conversarlo, puedes escribirme desde la página de contacto.

    ¿Hay un test de envidia en PDF o con otras escalas?

    La escala tiene diez afirmaciones y se puede hacer en papel. Marca de 1 (totalmente en desacuerdo) a 6 (totalmente de acuerdo) en cada una, promedia por separado las cinco de la subescala benigna (B) y las cinco de la maliciosa (M), y compara con los promedios de referencia de la tabla de más arriba:

    N.º Subescala Afirmación
    1 B Cuando envidio a otras personas, me concentro en cómo yo puedo llegar a tener el mismo éxito en el futuro
    2 M Me gustaría que las personas superiores perdieran su ventaja
    3 B Si me doy cuenta de que otra persona es mejor que yo, intento superarme a mí mismo/a
    4 B Envidiar a otros me motiva a alcanzar mis objetivos
    5 M Si otras personas tienen algo que yo quiero para mí, me gustaría arrebatárselo
    6 M Siento rencor hacia las personas que envidio
    7 B Me esfuerzo por alcanzar logros superiores que han conseguido otras personas
    8 M Los sentimientos de envidia me causan desagrado hacia la otra persona
    9 B Si alguien tiene cualidades, logros o posesiones superiores, trato de alcanzarlos por mí mismo/a
    10 M Ver los logros de otras personas hace que me sienta molesto/a

    Otros tests de envidia que circulan en internet rara vez dicen de qué escala salen. Este test es para adultos y no encontré una versión validada para adolescentes o niños.

    Preguntas frecuentes sobre la envidia sana

    ¿La envidia sana existe?

    Sí, con otro nombre: envidia benigna. Es la que te empuja a esforzarte para alcanzar lo que otro tiene, sin desearle mal. La psicología la distingue de la maliciosa, que busca que el otro pierda su ventaja. La palabra "sana" es discutida, porque la benigna sigue naciendo de un dolor por la comparación, y porque se ha asociado también con conductas poco nobles.

    ¿Cuál es la diferencia entre envidia y celos?

    La envidia es dolor por algo que otra persona tiene y tú quieres, y involucra a dos personas. Los celos son miedo a perder frente a un tercero algo que ya tienes, casi siempre un vínculo, y involucran a tres. Se confunden porque suelen aparecer juntos, pero se tratan distinto.

    ¿Qué es la envidia maliciosa?

    Es la forma hostil de la envidia. Se acompaña de rencor, desagrado hacia la persona envidiada y deseo de que pierda su ventaja. En los estudios se vinculó con abandonar metas, con más sensación de injusticia y con conductas perjudiciales hacia el otro. Es normal sentirla de vez en cuando; el problema es cuando domina.

    ¿Cómo dejar de sentir envidia?

    El objetivo realista es cambiar lo que haces con ella. Ayudan reconocerla sin juzgarte, fijarte en qué área apareció, reinterpretar la comparación, tratarte con amabilidad y cuidar el apoyo social y la gratitud. Si te desborda o te arrastra a la tristeza, conviene una evaluación con un psicólogo.

    ¿Es malo sentir envidia?

    Sentirla es humano y no te define. En un seguimiento de 18.000 adultos, más envidia predijo peor salud mental futura, y entre los jóvenes aparece más que en los mayores. Lo que se puede cuidar es qué haces con ella y si te está quitando bienestar o vínculos.

    ¿Hay un test de envidia validado en español?

    La escala BeMaS tiene una traducción al español de Navarro-Carrillo y colaboradores, disponible con licencia abierta, y es la que usa el test de arriba. Es una escala de investigación: no tiene puntos de corte clínicos ni baremos chilenos, y por eso el resultado orienta pero no diagnostica.

    Qué llevarte de este test

    El resultado de la BeMaS son dos promedios: cuánto de cada envidia reconoces. Lo más útil es mirar cuál domina y en qué situaciones aparece. Si predomina la que impulsa, puedes usarla como brújula de lo que te importa. Si predomina la que molesta, merece atención, sobre todo si te cuesta alegrarte por gente que quieres. Para cualquiera de los dos casos, escríbeme desde la página de contacto y vemos cómo acompañarte.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Brooks, A. W., Huang, K., Abi-Esber, N., Buell, R. W., Huang, L., & Hall, B. (2019). Mitigating malicious envy: Why successful individuals should reveal their failures. Journal of Experimental Psychology: General, 148(4), 667-687. https://doi.org/10.1037/xge0000538

    Carraturo, F., Di Perna, T., Giannicola, V., Nacchia, M. A., Pepe, M., Muzii, B., Bottone, M., Sperandeo, R., Bochicchio, V., Maldonato, N. M., & Scandurra, C. (2023). Envy, social comparison, and depression on social networking sites: A systematic review. European Journal of Investigation in Health, Psychology and Education, 13(2), 364-376. https://doi.org/10.3390/ejihpe13020027

    Gross, J. J., & Ford, B. Q. (Eds.). (2024). Handbook of emotion regulation. Guilford Press.

    Lange, J., & Crusius, J. (2015). Dispositional envy revisited: Unraveling the motivational dynamics of benign and malicious envy. Personality and Social Psychology Bulletin, 41(2), 284-294. https://doi.org/10.1177/0146167214564959

    Lange, J., Paulhus, D. L., & Crusius, J. (2018). Elucidating the dark side of envy: Distinctive links of benign and malicious envy with dark personalities. Personality and Social Psychology Bulletin, 44(4), 601-614. https://doi.org/10.1177/0146167217746340

    Lange, J., Weidman, A. C., & Crusius, J. (2018). The painful duality of envy: Evidence for an integrative theory and a meta-analysis on the relation of envy and schadenfreude. Journal of Personality and Social Psychology, 114(4), 572-598. https://doi.org/10.1037/pspi0000118

    Lei, Y., Hu, S., Sun, Y., & Zheng, L. (2026). "Looking up" linked to feeling down: A meta-analysis of online upward social comparison and psychological maladjustment. Frontiers in Psychology, 17, 1825169. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2026.1825169

    Meier, A., & Johnson, B. K. (2022). Social comparison and envy on social media: A critical review. Current Opinion in Psychology, 45, 101302. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2022.101302

    Meier, A., & Schäfer, S. (2018). The positive side of social comparison on social network sites: How envy can drive inspiration on Instagram. Cyberpsychology, Behavior, and Social Networking, 21(7), 411-417. https://doi.org/10.1089/cyber.2017.0708

    Mujcic, R., & Oswald, A. J. (2018). Is envy harmful to a society's psychological health and wellbeing? A longitudinal study of 18,000 adults. Social Science & Medicine, 198, 103-111. https://doi.org/10.1016/j.socscimed.2017.12.030

    Navarro-Carrillo, G., Beltrán-Morillas, A. M., Valor-Segura, I., & Expósito, F. (2017). ¿Qué se esconde detrás de la envidia? Aproximación desde una perspectiva psicosocial. Revista de Psicología Social, 32(2), 217-245. https://doi.org/10.1080/02134748.2017.1297354

    Navarro-Carrillo, G., Beltrán-Morillas, A. M., Valor-Segura, I., & Expósito, F. (2018). The pernicious effects of malicious versus benign envy: Perceived injustice, emotional hostility and counterproductive behaviors in the workplace. The Spanish Journal of Psychology, 21, E41. https://doi.org/10.1017/sjp.2018.49

    Neff, K. (2016). Sé amable contigo mismo: El arte de la compasión hacia uno mismo. Paidós. https://www.planetadelibros.com/libro-se-amable-contigo-mismo/209575

    Parrott, W. G., & Smith, R. H. (1993). Distinguishing the experiences of envy and jealousy. Journal of Personality and Social Psychology, 64(6), 906-920. https://doi.org/10.1037/0022-3514.64.6.906

    Smith, R. H. (Ed.). (2008). Envy: Theory and research. Oxford University Press.

    Tesser, A. (1988). Toward a self-evaluation maintenance model of social behavior. En L. Berkowitz (Ed.), Advances in experimental social psychology (Vol. 21, pp. 181-227). Academic Press. https://doi.org/10.1016/s0065-2601(08)60227-0

    van de Ven, N., Zeelenberg, M., & Pieters, R. (2009). Leveling up and down: The experiences of benign and malicious envy. Emotion, 9(3), 419-429. https://doi.org/10.1037/a0015669

    Xiang, Y., Chao, X., & Ye, Y. (2018). Effect of gratitude on benign and malicious envy: The mediating role of social support. Frontiers in Psychiatry, 9, 139. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2018.00139

    Xiang, Y., Dong, X., & Zhao, J. (2020). Effects of envy on depression: The mediating roles of psychological resilience and social support. Psychiatry Investigation, 17(6), 547-555. https://doi.org/10.30773/pi.2019.0266

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta