Tricotilomanía: síntomas, causas y tratamiento

Pintura impresionista de dos mujeres cosechando en un huerto urbano, ilustracion sobre tricotilomania

Hay personas que se pasan la mano por la cabeza, encuentran un pelo que se siente distinto y no pueden dejarlo ahí. Si te arrancas el pelo, lo has intentado parar muchas veces y lo haces más cuando estás ansioso, aburrido o frente a una pantalla, lo que describes tiene nombre: tricotilomanía. Es más común de lo que se cree, casi siempre se oculta y tiene tratamientos con buen respaldo.

En este artículo vas a ver qué es y cómo se diagnostica, por qué ocurre, en qué cambia según arranques pelo del cuero cabelludo, las cejas o las pestañas, qué tratamientos funcionan y cuánto, qué puedes hacer desde hoy y cuándo conviene consultar. Más abajo también vas a encontrar una guía para observar tu propio patrón antes de hablar con un profesional.

En breve: la tricotilomanía es un trastorno en que la persona se arranca su propio pelo de forma repetida, con pérdida visible de pelo y sin lograr parar aunque lo intente. Afecta a cerca de 1 de cada 100 personas. El tratamiento con más respaldo es la terapia conductual con entrenamiento de reversión del hábito, sola o con técnicas de aceptación; los medicamentos tienen evidencia limitada. Tiene que ver con el cerebro y los hábitos, y poco con la fuerza de voluntad.

Tricotilomanía: qué es y cómo se llama cuando te arrancas las pestañas

La tricotilomanía (también llamada trastorno de arrancarse el pelo) es la conducta repetida de arrancarse el propio pelo, hasta producir una pérdida visible, sin poder detenerla aunque la persona quiera. Puede ocurrir en el cuero cabelludo, las cejas, las pestañas u otras zonas. El DSM-5 la ubica entre los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados (American Psychiatric Association, 2013).

Si buscabas arrancarse las pestañas como se llama, la respuesta es la misma: tricotilomanía. Que el pelo sea de la cabeza, de las cejas o de las pestañas cambia cómo se vive y cómo se maneja (más abajo lo vemos), no el diagnóstico. En inglés se la llama hair pulling disorder, y en la literatura científica se agrupa con el rascado compulsivo de la piel y el mordisqueo de uñas dentro de las conductas repetitivas centradas en el cuerpo.

¿Cuáles son los síntomas de la tricotilomanía?

Para hablar de tricotilomanía, un profesional busca cinco cosas, que son los criterios del DSM-5 (American Psychiatric Association, 2013):

  1. Arrancarse el pelo de forma repetida, con pérdida o adelgazamiento visible.
  2. Haber intentado varias veces reducir o detener la conducta.
  3. Malestar importante o interferencia en la vida social, laboral o de otras áreas.
  4. Que la pérdida de pelo no se explique por otra condición médica, como una enfermedad de la piel.
  5. Que no se explique mejor por otro trastorno mental, por ejemplo arrancarse el pelo para corregir un defecto percibido en la apariencia.

Antes, el diagnóstico exigía sentir tensión antes de arrancar y alivio después. El DSM-5 quitó ese requisito, porque muchas personas arrancan sin darse cuenta y no registran ninguna tensión previa (American Psychiatric Association, 2013).

Además del arranque en sí, es frecuente la conducta que viene con él: tocar y revisar el pelo buscando uno “distinto” (más grueso, áspero o rizado), jugar con la raíz, morderla, pasársela por los labios o tragarse el pelo (Twohig y Woods, 2023). En una muestra de 858 personas evaluadas con entrevistas clínicas, el pelo se arrancaba desde varios lugares del cuerpo y los desencadenantes más frecuentes eran el estrés y la sensación del propio pelo (Grant et al., 2023).

¿Por qué me arranco el pelo por ansiedad? Causas y factores

No hay una causa única. La tricotilomanía aparece por la suma de una vulnerabilidad biológica, una manera de regular las emociones y un hábito que se refuerza solo. Entenderlo ayuda a dejar de verlo como un defecto de carácter.

Genética y cerebro. Una revisión sistemática de 109 estudios concluyó que los factores genéticos tienen un papel importante en la tricotilomanía y en el rascado compulsivo de la piel, y que en parte se comparten con el espectro del TOC. Todavía no se conoce un factor genético específico de alta confianza (Reid et al., 2024). En familias, hay más conductas repetitivas centradas en el cuerpo y más TOC entre los parientes de primer grado, y las imágenes cerebrales han mostrado diferencias en los circuitos que frenan los movimientos automáticos y los hábitos (Grant et al., 2012).

Emociones y sensaciones. El arranque cumple una función: bajar la tensión, el aburrimiento, la frustración o la ansiedad, o dar una sensación táctil agradable. Por eso lo notas más cuando estás estudiando, leyendo, manejando, mirando una serie o solo en el baño frente al espejo. También pesan el perfeccionismo (“este pelo tiene que salir”, “las cejas deben quedar iguales”) y la dificultad para tolerar la incomodidad del impulso (Twohig y Woods, 2023; Grant et al., 2012).

El círculo que lo mantiene. El modelo que usan los equipos clínicos (el modelo conductual comprensivo, ComB) describe un ciclo en cuatro tiempos:

  1. Aparece un desencadenante: un lugar, una actividad, una sensación en el cuero cabelludo, una emoción o un pensamiento.
  2. Viene el arranque, a veces precedido por tocar y buscar el pelo y seguido por revisarlo o morder la raíz.
  3. Llega un alivio o un placer inmediato, que es lo que refuerza el hábito.
  4. Después aparecen la culpa, la vergüenza y el daño visible, que suben el estrés y reinician el ciclo.

Es el mismo mecanismo por el cual la persona se arranca más pelo justo cuando se siente peor por haberlo hecho (Grant et al., 2012).

Arranque focalizado y arranque automático

La mayoría de las personas combina dos estilos, en proporciones distintas (Twohig y Woods, 2023):

Estilo Cómo se vive Qué suele ayudar
Focalizado Con plena conciencia, precedido por una sensación, una emoción o un pensamiento (“esta cana tiene que salir”) Aprender a tolerar el impulso, flexibilizar los pensamientos rígidos y regular la emoción de fondo
Automático Sin darte cuenta, en actividades pasivas (leer, estudiar, ver televisión, manejar); lo notas al ver los pelos en la mano o en el suelo Aumentar la conciencia, controlar el entorno y usar una respuesta competidora

¿Es lo mismo arrancarse el pelo del cuero cabelludo, las cejas o las pestañas?

El diagnóstico es el mismo, pero el patrón cambia. En las descripciones clínicas, el cuero cabelludo es la zona más afectada (cerca de 7 de cada 10 personas), seguido por las cejas (algo más de la mitad) y las pestañas (alrededor de la mitad) (Twohig y Woods, 2023).

  • Cuero cabelludo: suele mezclar arranque automático (mientras lees o ves televisión) con búsqueda táctil de pelos de textura distinta. Deja zonas de pelo ralo o calvas de forma irregular.
  • Cejas y pestañas: el patrón suele ser más focalizado, guiado por el espejo y por la búsqueda de simetría o de pelos “rebeldes”, y a menudo con pinzas. Aquí pesan mucho los pensamientos del tipo “necesito dejarlas iguales” (Twohig y Woods, 2023).

Ese detalle importa porque las estrategias prácticas son distintas: para el cuero cabelludo ayudan las barreras en las manos y los cambios de postura, y para las cejas y pestañas ayuda restringir las pinzas y los espejos de aumento, como verás en la sección sobre lo que puedes hacer desde hoy.

¿Cómo saber si es tricotilomanía y no otra cosa?

Solo un profesional puede diagnosticarla, porque otras condiciones dejan pérdida de pelo o conductas parecidas. Las distinciones que más se usan:

  • Causas médicas de la pérdida de pelo. En la alopecia areata los parches son redondos y lisos y aparecen de forma súbita. En la tricotilomanía las zonas tienen forma irregular y pelos rotos a distintos largos. Un dermatólogo puede descartar infecciones del cuero cabelludo y otras causas con un examen simple (Grant et al., 2012).
  • TOC. En el trastorno obsesivo-compulsivo las compulsiones responden a obsesiones de daño, contaminación o catástrofe. En la tricotilomanía suele haber una sensación local o una emoción que se quiere aliviar, no una obsesión. Si te preguntas por esto, puedes revisar también el test de TOC, que orienta pero no diagnostica.
  • Preocupación por la apariencia. Si arrancas o depilas solo para corregir un defecto que percibes en tu cara o tu cuerpo, el cuadro puede ser otro: en el test de dismorfia corporal encuentras esa distinción.

En esta evaluación, el profesional también pregunta por la zona afectada, desde cuándo, qué situaciones y emociones lo disparan, qué pasa después del arranque, si hay tricofagia y qué impacto tiene en tu vida (Twohig y Woods, 2023).

¿Qué tan común es y a quién afecta?

Es más común de lo que parece. Un metaanálisis de 30 estudios con 38.526 personas estimó que la tricotilomanía, con criterios del DSM, afecta a cerca del 1,14 % de la población (entre 0,66 % y 1,96 %), y que cualquier conducta de arrancarse el pelo llega al 8,84 % (Thomson et al., 2022).

En quiénes consultan hay un predominio de mujeres: 89,9 % en la muestra de Grant et al. (2023) y 85 % en un registro nacional sueco de 1.234 personas (Farhat et al., 2025). Pero en el metaanálisis el riesgo de tricotilomanía no resultó claramente mayor en las mujeres (razón de probabilidades 1,29, con un intervalo que incluye al 1), lo que sugiere que una parte de los hombres puede estar quedando fuera de la consulta (Thomson et al., 2022).

Suele empezar temprano. En la muestra de Grant et al. (2023) el inicio típico fue entre los 11 y los 15 años y el 93,5 % empezó antes de los 20. En el registro sueco, la mediana de edad al primer diagnóstico fue de 25 años, lo que habla de varios años entre el inicio y la consulta.

La compañía de otras condiciones es la regla. En el registro sueco, 79 % tenía otro diagnóstico psiquiátrico: trastornos de ansiedad (65 %), depresivos (48 %) y del neurodesarrollo (39 %) (Farhat et al., 2025). En la muestra clínica de Grant et al. (2023), las más frecuentes fueron depresión mayor, ansiedad generalizada y rascado compulsivo de la piel. Si sientes que tu ansiedad y tu hábito van de la mano, tiene sentido tratarlos juntos.

La calidad de vida se resiente. Una revisión sobre el tema concluyó que la tricotilomanía reduce de forma significativa la calidad de vida, que muchas personas llegan primero al dermatólogo por la pérdida de pelo y que lo mejor es un trabajo conjunto entre dermatología y salud mental (Onyemachi et al., 2024). Las descripciones clínicas añaden lo que hay detrás: el secreto, la vergüenza y evitar la peluquería, la piscina o la intimidad con la pareja por miedo a que se note (Grant et al., 2012).

¿Cómo se trata la tricotilomanía?

El tratamiento con más respaldo es psicológico. Un metaanálisis de 24 ensayos con 857 participantes encontró que la terapia conductual con componentes de reversión del hábito tuvo el mayor beneficio frente a los grupos de comparación (diferencia media estandarizada de −1,22) y que no existe un medicamento aprobado por la FDA para este cuadro (Farhat et al., 2020).

Terapia conductual: reversión del hábito

El entrenamiento de reversión del hábito (HRT, por sus siglas en inglés) tiene tres piezas (Twohig y Woods, 2023; Grant et al., 2012):

  1. Conciencia. Aprender a ver la cadena completa: el movimiento previo de la mano, la sensación que busca, la situación y la emoción. Se usa un registro diario del arranque y del impulso.
  2. Respuesta competidora. Cuando aparece la señal, hacer durante uno o varios minutos algo físicamente incompatible con arrancar (por ejemplo, apretar suavemente los puños o cruzar los brazos), discreto y fácil de hacer en cualquier lugar.
  3. Control del entorno. Cambiar lo que facilita el hábito: guantes o dediles de goma en los dedos, gorros, apagar la luz fuerte del baño, guardar las pinzas, cubrir el espejo.

Terapia conductual con aceptación

La variante con más estudios recientes añade técnicas de la terapia de aceptación y compromiso (ACT): ver el impulso y los pensamientos como eventos que pasan sin obedecerlos, aprender a tolerar la incomodidad del impulso sin ceder y volver al tiempo y las actividades que importan. Puedes conocer su lógica en el artículo sobre ACT. En un ensayo aleatorizado en 85 adultos con diez sesiones en doce semanas, el 64 % de quienes recibieron esta terapia respondió bien, frente al 38 % de quienes recibieron psicoeducación y apoyo, y los síntomas bajaron más en el primer grupo (Woods et al., 2022).

Una duda frecuente es cuánto sirve la terapia conductual frente a los medicamentos. Estos son los ensayos más citados:

Estudio Qué se comparó Resultado
van Minnen et al., 2003 12 semanas de terapia conductual, fluoxetina y lista de espera (43 pacientes) Mejoría clínicamente significativa en 64 % con terapia conductual, 9 % con fluoxetina y 20 % en lista de espera
Ninan et al., 2000 9 semanas de terapia cognitivo-conductual, clomipramina y placebo (23 pacientes) La terapia fue más eficaz que la clomipramina y que el placebo; la clomipramina no se diferenció con claridad del placebo
Woods et al., 2022 Terapia con aceptación o psicoeducación y apoyo (85 adultos) 64 % de respondedores frente a 38 %

Son estudios pequeños, y eso se nota, pero apuntan en la misma dirección que el metaanálisis.

Medicamentos

Con los fármacos, la evidencia es más incierta. La revisión Cochrane incluyó 12 estudios pequeños de 5 a 13 semanas y concluyó que no hay evidencia suficiente para confirmar o descartar la eficacia de ningún medicamento. Con certeza moderada, un solo ensayo con N-acetilcisteína en adultos mostró más respuesta que el placebo (56 % contra 16 %), pero en niños y adolescentes no hubo diferencia (25 % contra 21 %) (Hoffman et al., 2021). Ese ensayo con N-acetilcisteína de 12 semanas en 50 adultos mostró la mejoría desde la semana 9 (Grant et al., 2009). Otra revisión sistemática de 23 artículos encontró que la N-acetilcisteína, el aripiprazol y los inhibidores de la MAO fueron lo más exitoso, y recomienda combinar los fármacos con terapia conductual y considerar las comorbilidades (Ghani et al., 2024).

En la práctica, los medicamentos no son la primera opción. Pueden tener un papel para tratar una depresión o una ansiedad que dificultan la terapia, y las decisiones sobre ellos corresponden a un médico o psiquiatra.

Niños y adolescentes

Una revisión sistemática de 10 estudios en población pediátrica señaló que las intervenciones conductuales, sobre todo la reversión del hábito, dieron el mayor beneficio, y que la evidencia no alcanza para recomendar la medicación como primera línea (Sharifi et al., 2025). El cuadro en los más pequeños tiene sus propias reglas, y lo veremos en un artículo aparte.

Qué tan duraderos son los resultados

Aquí hay que ser honestos: la mejoría puede perderse. Una revisión experta reciente señala que la recaída en adultos es relativamente común, que los avances farmacológicos (solos o con terapia conductual) son prometedores pero falta evidencia de su eficacia y su durabilidad, y que muchas familias no encuentran profesionales que conozcan el cuadro (DuBois et al., 2025). En un seguimiento a dos años de 28 pacientes que recibieron una terapia breve de seis sesiones, los efectos medidos se habían reducido en 49 % a los tres meses y en 70 % a los dos años respecto de lo logrado al terminar, aunque seguían por sobre el punto de partida (Keijsers et al., 2006).

Por eso, los manuales hablan de un entrenamiento a largo plazo, con sesiones de refuerzo y con una distinción útil: un desliz puntual no es una recaída (Twohig y Woods, 2023).

¿Qué puedes hacer tú mientras esperas ayuda?

Estas ideas vienen de los componentes de la terapia y sirven para empezar. No reemplazan el tratamiento (Twohig y Woods, 2023; Grant et al., 2012):

  • Anota durante una semana cuándo, dónde, cuánto rato y qué sentías antes y después. Ver el patrón por escrito ya cambia algo.
  • Reconoce tus señales de aviso: llevar la mano a la cabeza, acariciar o enredar el pelo, buscar el pelo “distinto”.
  • Cambia el escenario de riesgo: deja la puerta del baño abierta, baja la luz fuerte del espejo, aparta las pinzas, usa un temporizador que te obligue a pararte.
  • Ocupa las manos en las situaciones de riesgo (libro con las dos manos, una pelota blanda, tejer) y usa una respuesta competidora cuando notes el impulso.
  • Usa barreras físicas en los momentos críticos: gorro, pañuelo, dediles de goma o cinta en los dedos.

Estas estrategias hacen más difícil el acto físico, pero no eliminan el impulso. Si las usas con la idea de que el impulso desaparezca para siempre, es probable que te frustres; sirven mejor cuando las combinas con aprender a tolerar la incomodidad. Y hay un riesgo conocido: tras unos buenos días, bajar la guardia y abandonar el registro (Twohig y Woods, 2023).

La autoayuda guiada por internet tiene algún respaldo. En un ensayo aleatorizado de 6 semanas con 268 personas con conductas repetitivas centradas en el cuerpo (28,4 % con tricotilomanía), una técnica de “reemplazo del hábito” mejoró más los síntomas que la lista de espera, y 52,8 % refirió sentirse mejor frente a 19,6 %; la muestra era comunitaria, sin diagnóstico verificado ni seguimiento (Moritz et al., 2023). En otro estudio con 113 personas que comparó tres técnicas de autoayuda durante cuatro semanas, la reversión del hábito fue bien valorada pero con una mejoría objetiva más bien pobre (Moritz et al., 2022). La lectura honesta es que la autoayuda puede ayudar a empezar, pero cuando el cuadro es intenso conviene un terapeuta.

Para manejar la tensión de base, también puedes revisar cómo manejar el estrés y las técnicas de la terapia cognitivo-conductual, que incluyen varias de las que se usan aquí.

¿Qué pasa si además te comes el pelo?

La tricofagia (morder la raíz, masticar o tragarse el pelo) merece atención aparte, porque tiene un riesgo médico. El cabello no se digiere, y si se ingiere de forma repetida puede formar una masa en el estómago o el intestino llamada tricobezoar (Twohig y Woods, 2023; Grant et al., 2012). Las complicaciones descritas incluyen anemia, úlceras, obstrucción intestinal y, en casos graves, cirugía urgente.

Consulta pronto a un médico si, además de tragarte el pelo, tienes:

  • dolor o distensión abdominal que persiste,
  • náuseas o vómitos repetidos,
  • pérdida de apetito o de peso sin explicación,
  • sangrado digestivo.

Aunque no aparezca ninguno de esos síntomas, comentar la tricofagia en la primera consulta ayuda a que la evaluación no se quede corta.

Cómo observar tu propio patrón (esto no es un test)

Antes de ir a una consulta, ordenar lo que ya sabes de ti acelera el trabajo. Estas preguntas no suman ningún puntaje ni te clasifican, solo organizan la información:

  1. ¿En qué zona arrancas (cuero cabelludo, cejas, pestañas, otras) y desde hace cuánto?
  2. ¿Lo haces con plena conciencia, sin darte cuenta, o de las dos formas?
  3. ¿En qué momentos y lugares pasa más (leer, estudiar, pantallas, baño, antes de dormir, manejando)?
  4. ¿Qué sientes justo antes: picor o tensión en la zona, aburrimiento, ansiedad, un pensamiento sobre un pelo?
  5. ¿Qué haces con el pelo después (revisarlo, morderlo, tragarlo, guardarlo)?
  6. ¿Qué evitas por la pérdida de pelo (peluquería, piscina, citas, fotos) y cuánto dinero y tiempo gastas en taparla?
  7. ¿Cuántas veces intentaste parar y qué fue lo que pasó cada vez?

Los equipos clínicos miden la gravedad con escalas específicas (como la Massachusetts General Hospital Hairpulling Scale, de siete ítems, o el Milwaukee Inventory para estilos de arranque). Aquí no incluimos una versión con puntaje porque no encontramos una validación en español de esas escalas, y un número sin baremo confiable orienta peor de lo que parece. Lo que sí vale es llevar tus respuestas a un profesional.

¿Cómo acompañar a alguien que se arranca el pelo?

Si el que se arranca el pelo es tu hijo, tu pareja o un amigo, lo que más ayuda es lo menos intuitivo. Las guías para familias coinciden en varias cosas (Grant et al., 2012, capítulo sobre participación familiar; Twohig y Woods, 2023):

Lo que empeora el cuadro:

  • vigilar la cabeza o las cejas todos los días y comentar cada vez que la mano se acerca,
  • retar, castigar o avergonzar (“mira lo que te has hecho”, “te vas a quedar pelón”),
  • hacer que el valor de la persona dependa de si tiene o no tiene pelo.

La razón es simple: la ansiedad y la vergüenza son justamente los desencadenantes, y la vigilancia sube ambas.

Lo que ayuda:

  • dejar claro que el cariño no depende del pelo (“te quiero igual, tengas o no tengas pelo”),
  • elogiar el esfuerzo con las estrategias y no la apariencia, porque decir “qué bien se te ve con pelo” comunica lo contrario cuando no lo tiene,
  • recordar los acuerdos solo si la persona lo pidió,
  • reservar momentos y conversaciones donde el pelo no sea el tema.

Si aún no hablaron del tema, una buena forma de partir es preguntar qué le serviría, en vez de decirle qué debería hacer. Para decidir con quién consultar, puede servir esta guía sobre psicólogo o psiquiatra: cuál necesito.

¿Cómo evoluciona y cuándo conviene pedir ayuda?

La tricotilomanía suele ser un cuadro que sube y baja a lo largo de los años, con épocas peores durante el estrés o los cambios importantes, más que uno que desaparece solo (Twohig y Woods, 2023). Hay excepciones: un estudio con 21 adultos que se habían recuperado sin tratamiento menciona que se estima que cerca de una cuarta parte de las personas lo logra, y que quienes se recuperaron tenían menos depresión y menos TDAH asociados (Neelapu y Grant, 2025); es un dato de muestra pequeña y no conviene esperar a ver si ocurre.

Es buena idea consultar si:

  • te arrancas el pelo de forma repetida y has intentado parar sin lograrlo,
  • ya tienes zonas con pérdida de pelo visible,
  • evitas situaciones sociales, la peluquería, la piscina o la intimidad por el pelo,
  • te sientes ansioso, triste o avergonzado por esto la mayor parte del tiempo,
  • te tragas el pelo.

Busca un profesional que conozca específicamente las conductas repetitivas centradas en el cuerpo. Un psicólogo clínico con formación en terapia cognitivo-conductual (consulta qué es la terapia cognitivo-conductual) puede hacer la evaluación y llevar el tratamiento, y un dermatólogo puede descartar causas médicas de la pérdida de pelo. La Fundación TLC para las conductas repetitivas centradas en el cuerpo y la Clínica Mayo tienen información de apoyo.

Si en algún momento sientes que no puedes más o tienes ideas de hacerte daño, llama a la Línea de Prevención del Suicidio al *4141.

Preguntas frecuentes

¿La tricotilomanía es una enfermedad mental?

Sí. Es un trastorno psicológico reconocido en el DSM-5, dentro de los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados. Tiene componentes genéticos, emocionales y de hábito, y existen tratamientos con respaldo científico. Quien lo vive no está “loco” ni es vanidoso: tiene un hábito difícil de frenar.

¿Cómo se llama cuando una persona se arranca las pestañas o las cejas?

Se llama tricotilomanía, o trastorno de arrancarse el pelo. El nombre es el mismo si el pelo es del cuero cabelludo, las cejas, las pestañas u otras zonas. En el caso de cejas y pestañas, el arranque suele ser más focalizado y guiado por el espejo, y a menudo requiere medidas distintas a las del cuero cabelludo.

¿Me arranco el pelo por ansiedad, es tricotilomanía?

Puede serlo, pero no todo arrancarse el pelo lo es. Para hablar de tricotilomanía debe haber una pérdida visible de pelo, intentos repetidos por parar, malestar o interferencia importante en tu vida y que no lo explique otra condición. Solo un profesional puede confirmarlo con una evaluación completa.

¿La tricotilomanía se cura?

Se puede reducir de forma importante, pero suele ser un cuadro que sube y baja. En varios ensayos, alrededor de 6 de cada 10 personas respondieron bien a la terapia conductual, y mantener lo logrado exige practicar las habilidades y a veces sesiones de refuerzo. Una recaída puntual no significa que la terapia haya fallado.

¿Qué medicamentos se usan para la tricotilomanía?

Ningún fármaco está aprobado por la FDA para este cuadro. La N-acetilcisteína ha mostrado resultados positivos en un ensayo con adultos, y se han estudiado la clomipramina, la olanzapina y otros fármacos con evidencia limitada. Los antidepresivos habituales no han demostrado ser mejores que el placebo. Toda decisión sobre medicación debe tomarla un médico.

¿A qué especialista debo consultar?

Parte por un psicólogo clínico con formación en terapia cognitivo-conductual y, si es posible, con experiencia en conductas repetitivas centradas en el cuerpo. Un dermatólogo puede descartar causas médicas de la pérdida de pelo, y un psiquiatra evalúa si hace falta medicación o si hay una depresión o ansiedad de fondo.

Si te reconociste en esto, no tienes que hacerlo solo

Arrancarse el pelo es un hábito con una función, que se puede entender y entrenar con ayuda. Si quieres evaluar tu caso con un psicólogo clínico, puedes escribirnos desde la página de contacto y revisar juntos cómo empezar.

¿Te gustaría conversarlo con alguien?

Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

Agenda una hora

Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

Referencias

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DuBois, M. C., Feler, B. M., Flessner, C. A., & Franklin, M. E. (2025). Trichotillomania and its treatment: An updated review and recommendations. Expert Review of Neurotherapeutics, 25(11), 1335-1345. https://doi.org/10.1080/14737175.2025.2557395

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Sobre el autor

Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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