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  • Conductas repetitivas centradas en el cuerpo (BFRB): qué son y cómo se tratan

    Conductas repetitivas centradas en el cuerpo (BFRB): qué son y cómo se tratan

    Arrancarse un pelo, sacar una costra, morderse la piel del dedo o las uñas, masticar el interior de la mejilla. Casi todo el mundo hace alguna de estas cosas de vez en cuando. Cuando se repite a diario, deja marcas, cuesta parar y se oculta por vergüenza, entra en lo que la psicología llama conductas repetitivas centradas en el cuerpo, conocidas por su sigla en inglés, BFRB (body-focused repetitive behaviors), y en español como CRCC. Si buscas qué son, por qué pasan y cómo se tratan, esta guía junta lo que se sabe.

    En esta guía vas a ver qué conductas incluye el grupo, cómo se diagnostica, qué tan comunes son, por qué se mantienen, en qué se distinguen del TOC y de la autolesión, qué tratamientos funcionan y cuánto, qué puedes hacer desde hoy y cuándo consultar. Cada conducta tiene además su propia guía, enlazada más abajo.

    En breve: las conductas repetitivas centradas en el cuerpo (BFRB) son hábitos repetidos de tirar, pellizcar, morder o rascar el propio pelo, la piel, las uñas o el interior de la boca, que causan daño físico y malestar, y que la persona ha intentado dejar sin lograrlo. Incluyen la tricotilomanía, la dermatilomanía (trastorno de excoriación), morderse las uñas y morderse la piel o la mejilla. Las encuestas en adultos ubican alrededor de uno de cada cuatro con alguna forma clínicamente relevante, pero muy pocos consultan. El tratamiento con más respaldo es la terapia conductual (reversión del hábito, sola o con terapia de aceptación); los medicamentos tienen evidencia limitada.

    ¿Qué son las conductas repetitivas centradas en el cuerpo (BFRB)?

    Las conductas repetitivas centradas en el cuerpo son un término general para cualquier conducta repetida de auto-aseo (tirar, arrancar, pellizcar, morder o raspar el pelo, la piel o las uñas) que produce daño físico y malestar importante, o interfiere con la vida diaria (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016). La literatura clínica también las llama trastornos de aseo patológico, porque son secuencias de movimientos de cuidado personal que se salen de control (Snyder y Friman, 2012; Stein y Lochner, 2012).

    Las define la combinación de cuatro rasgos, sea cual sea la zona del cuerpo (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Snyder y Friman, 2012):

    • Repetición. Se hace muchas veces, a veces en episodios cortos repartidos en el día y a veces en sesiones de una hora o más.
    • Daño. Hay calvas, heridas, cicatrices, uñas deformadas o lesiones en la boca.
    • Intentos fallidos de parar. La persona ha probado límites, castigos, guantes o promesas, y el hábito vuelve.
    • Malestar o costo en la vida diaria. Vergüenza, ocultamiento, tiempo perdido, evitar la playa, las citas o el trabajo.

    Un aseo normal (cortarse las uñas, sacarse una espinilla de vez en cuando) es breve, funcional y no destruye tejido. La frontera está en el control, la frecuencia y el daño. Una revisión describió estas conductas como un continuo de leve a grave, infradiagnosticado, en el que las personas suelen esconder las lesiones por vergüenza (Bohne et al., 2005).

    ¿Cuáles son las BFRB y cómo se llama cada una?

    Estas son las formas principales, con su nombre clínico y la guía donde profundizamos en cada una:

    Qué hacesNombre clínicoDetalle
    Arrancarte pelo del cuero cabelludo, las cejas o las pestañasTricotilomanía (trastorno de arrancarse el pelo)Tricotilomanía: síntomas, causas y tratamiento y tricotilomanía en niños
    Pellizcarte, rascarte o hurgar la piel hasta lesionarlaDermatilomanía (trastorno de excoriación, skin picking)Dermatilomanía: síntomas, causas y tratamiento
    Morderte las uñas de las manos o los piesOnicofagiaMorderse las uñas: por qué pasa y cómo dejarlo
    Morderte o arrancarte la piel alrededor de las uñas y los dedosDermatofagiaMorderse la piel de los dedos
    Masticar o morder el interior de las mejillas o los labiosMorsicatio buccarum y labiorum (cheek biting)Morderse los labios por dentro
    Comerte el pelo que arrancasTricofagiaSe trata en la guía de tricotilomanía

    En otras personas aparecen variantes: raspar la piel con herramientas, cortarse el pelo de forma compulsiva o chuparse el pulgar mucho después de la edad esperable. Todas comparten el mismo andamiaje (Snyder y Friman, 2012).

    Es habitual tener más de una. En 60 personas con dermatilomanía, 36,7 % tenía además tricotilomanía y 26,7 % se mordía las uñas (Odlaug y Grant, 2008). En una muestra comunitaria de 2.705 personas, la tricotilomanía, el pellizco de piel y morderse las uñas compartían un factor común de «acicalamiento patológico», asociado a impulsividad y malestar psicológico (Maraz et al., 2017). Por eso es frecuente que una conducta reemplace a otra con los años.

    Trastorno por conductas repetitivas centradas en el cuerpo: cómo se diagnostica en el DSM-5

    El DSM-5 agrupa estas conductas dentro de los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados (American Psychiatric Association, 2013). Dos tienen diagnóstico propio: la tricotilomanía y el trastorno de excoriación. Las demás (morderse las uñas, los labios o la mejilla, la dermatofagia) no tienen categoría independiente y se ubican como «otro trastorno obsesivo-compulsivo y relacionado especificado», con el nombre de trastorno por conductas repetitivas centradas en el cuerpo (American Psychiatric Association, 2013). El Manual MSD para pacientes lo resume con tres rasgos: morder o manipular una parte del cuerpo, a veces hasta lesionarla; intentos repetidos y fallidos de reducir la conducta; y malestar o deterioro importante por ella.

    Además, el cuadro no debe explicarse por una sustancia (la cocaína o las anfetaminas pueden producir rascado), por otra condición médica (sarna, eccema) ni por otro trastorno mental (American Psychiatric Association, 2013; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).

    El diagnóstico lo hace un profesional de salud mental, a veces con ayuda de un dermatólogo o un dentista. En una primera consulta se revisan las zonas afectadas y sus complicaciones, cuándo y dónde ocurre, qué se siente antes y después, si es consciente o automático, y las comorbilidades que haya (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Twohig y Woods, 2023).

    ¿Qué tan comunes son las conductas repetitivas centradas en el cuerpo?

    Mucho más de lo que se consulta. Las cifras cambian según se midan síntomas ocasionales o cuadros clínicos:

    La diferencia entre cifras grandes y pequeñas es esperable: casi todos tenemos algún hábito corporal y solo una parte llega al nivel de trastorno. Lo que importa es el daño, el control y el costo.

    ¿A qué edad empiezan?

    Suelen empezar en la infancia tardía o la adolescencia. En 858 personas con tricotilomanía, el pico de inicio fue entre los 11 y 15 años y 93,5 % comenzó antes de los 20 (Grant et al., 2023). En 60 personas con pellizco de piel, la edad media de inicio fue de 12,3 años (Odlaug y Grant, 2008). Morderse las uñas es más precoz y llega a su máximo en la pubertad y la adolescencia (Snyder y Friman, 2012). En los niños pequeños muchos hábitos son transitorios (Mouton-Odum y Golomb, 2012).

    En un estudio de 152 personas de entre 4 y 67 años con tricotilomanía, pellizco de piel o ambos, la gravedad llegó a su máximo en la transición de la adolescencia a la adultez (Lin et al., 2023).

    ¿Por qué ocurren? Lo que mantiene el hábito

    Esta parte alivia a quien lo vive: hay varias causas que se combinan, y ninguna es un defecto de carácter. El mito más repetido es que se trata de falta de fuerza de voluntad. La evidencia describe hábitos con una función, sostenidos por la emoción, la sensación física y el aprendizaje.

    Focalizado y automático

    Hay dos estilos, y la mayoría de las personas tiene los dos (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Twohig y Woods, 2023):

    • Focalizado: ocurre con plena conciencia. Antes hay una urgencia, una emoción incómoda (ansiedad, frustración, aburrimiento) o un pensamiento sobre una imperfección, y la conducta sirve para bajar esa tensión.
    • Automático: ocurre casi sin darse cuenta, sobre todo en momentos pasivos como leer, estudiar, ver una serie, manejar o estar en la cama. La persona nota lo que hizo cuando ya hay un pelo en la mano o una costra sangrando.

    Los dos estilos fluctúan. En momentos de baja estimulación domina el modo automático, y cuando hay tensión o se detecta una imperfección en el espejo, el modo focalizado (Twohig y Woods, 2023). Por eso el tratamiento combina estrategias para cada uno.

    El modelo ComB: qué dispara el hábito

    El modelo conductual comprensivo, conocido como ComB, analiza cada conducta como una cadena de antecedentes, conducta y consecuencias (Mansueto et al., 1997). Los antecedentes se agrupan en cinco áreas, que forman la sigla SCAMP:

    1. Sensorial: un pelo grueso o rizado, una costra, una zona áspera, picazón, tensión localizada.
    2. Cognitiva: pensamientos perfeccionistas como «mi piel tiene que quedar lisa» o «esta ceja está desigual».
    3. Afectiva: ansiedad o enojo, pero también aburrimiento, cansancio o sueño.
    4. Motora: posturas y gestos previos, como apoyar la cabeza en la mano, pasar los dedos por la zona o tomar las pinzas.
    5. Lugar: el baño, la cama, el escritorio, el auto, el sofá frente a la televisión.

    La consecuencia casi siempre es un alivio inmediato (menos tensión, menos aburrimiento, una sensación táctil placentera). Ese alivio llega en segundos, mientras que el costo (calvas, cicatrices, culpa) llega horas o días después, y el cerebro aprende del refuerzo inmediato. Es el mismo mecanismo de cualquier hábito (Twohig y Woods, 2023).

    Emoción, sensación, genética y cerebro

    • Emoción. Una revisión sistemática de 19 estudios en pellizco de piel halló más dificultades de regulación emocional que en los controles, sobre todo en el estilo focalizado (Barber y Fitzgerald, 2025).
    • Sensaciones. Otra revisión de 65 estudios encontró que las sensaciones incómodas previas a una conducta repetitiva aparecen en todo el espectro obsesivo-compulsivo y, en varios cuadros, se asocian a mayor gravedad (Wilson et al., 2025).
    • Genética. Una revisión sistemática de 109 estudios indica que los factores genéticos pesan en la tricotilomanía y el pellizco de piel, en parte compartidos con el espectro del TOC, aunque no se conoce un factor específico confiable (Reid et al., 2024).
    • Cerebro. Se han descrito diferencias en redes que frenan movimientos ya iniciados y que controlan los hábitos (Stein y Lochner, 2012). Hay debate sobre si estas conductas se entienden mejor como parte del espectro obsesivo-compulsivo, como trastornos del hábito o como aseo patológico, y una revisión reciente propone no elegir un solo marco (Stein y Lochner, 2026).

    Nada de esto convierte el hábito en una condena. Quiere decir que un hábito con función y circuito propio se trabaja con un método, y no con propósitos de año nuevo.

    ¿En qué se diferencian de otras condiciones?

    Dos personas pueden arrancarse el pelo por razones muy distintas, y el tratamiento cambia según la razón. Esta tabla resume las diferencias principales (American Psychiatric Association, 2013; Flessner, 2012; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016):

    Si lo que ves es…Qué puede estar pasandoCómo se distingue
    Rituales para neutralizar un miedo (contaminación, daño)Trastorno obsesivo-compulsivoEn el TOC la conducta responde a obsesiones. En las BFRB responde a una urgencia, una sensación, una emoción o el automatismo
    Arrancar o pellizcar para corregir un «defecto» de aspectoTrastorno dismórfico corporalHay una creencia fija de que una parte del cuerpo es fea. Se busca arreglar la apariencia
    Movimientos bruscos, rápidos, no rítmicos, con una urgencia previa breveTics o síndrome de TouretteEl tic es un movimiento súbito y breve, sin la secuencia dirigida al pelo o a la piel que define a las BFRB
    Balanceo, aleteo, golpes rítmicosMovimientos estereotipadosRítmicos y sin urgencia previa; frecuentes en autismo o discapacidad intelectual
    Cortes, quemaduras, dolor buscadoAutolesión no suicidaAquí el daño y el dolor son el objetivo. En las BFRB son un efecto no buscado de un acto de aseo o de regulación
    Rascado por la sensación de insectos bajo la pielParasitosis delirante o psicosisHay una creencia delirante o alucinaciones táctiles
    Rascado por picor de una enfermedad de la pielSarna, eccema, psoriasis, acné severoSi la manipulación sigue cuando la enfermedad ya está controlada, o sobre piel sana, puede haber una BFRB
    Rascado o pellizco tras consumir estimulantesEfecto de sustanciasLa conducta aparece con el consumo o la abstinencia

    Pueden coexistir. Lo que no ayuda es resolver el diagnóstico por intuición: un error de este tipo cambia el tratamiento.

    ¿Se asocian a ansiedad, depresión u otros trastornos?

    Con frecuencia. En el estudio de 152 personas ya citado, la ansiedad aparecía en 63 a 82 %, la depresión en 34 a 50 %, el TOC en 16 a 29 % y el TDAH en 12 a 32 % (Lin et al., 2023). En un registro sueco de más de mil personas con tricotilomanía, 79 % tenía otro diagnóstico psiquiátrico (Farhat et al., 2025). En un estudio dermatológico de casos y controles, el pellizco de piel se asoció a más depresión, ansiedad y TOC, y solo 21 % mejoró o se resolvió, en parte porque pocos siguieron el control psiquiátrico (Kwon et al., 2020).

    La ansiedad es a la vez un posible desencadenante y una consecuencia (la vergüenza por las marcas, el miedo a que se note). Y no es toda la historia: en 339 adultos jóvenes, morderse las uñas no se relacionó con trastornos de ansiedad (Pacan et al., 2014). Si tienes TDAH, el cuadro puede costar más de tratar, porque la terapia conductual exige atención y autorregulación (Twohig y Woods, 2023). Para entender ese vínculo hay una guía sobre TDAH.

    ¿Cómo se tratan las conductas repetitivas centradas en el cuerpo?

    La noticia buena: hay tratamientos que funcionan. La realista: la evidencia es sólida pero con ensayos pequeños, y los beneficios requieren práctica sostenida.

    En un metaanálisis de 24 ensayos y 857 participantes en tricotilomanía, la terapia conductual con entrenamiento de reversión del hábito mostró el mayor beneficio (diferencia estandarizada de 1,22) y no existe ningún medicamento aprobado como primera línea (Farhat et al., 2020). En el pellizco de piel, otro metaanálisis de 12 ensayos encontró un beneficio global grande, pero frente a grupos control el efecto fue moderado, y no hubo evidencia firme de que un tratamiento sea superior a otro (Selles et al., 2016). Una revisión sistemática de 11 estudios añadió que todas las intervenciones, incluido el placebo, mejoraron en ensayos cortos, pero solo las conductuales superaron a los controles inactivos (Schumer et al., 2016). Las guías de consenso ponen la terapia conductual como primera línea y los medicamentos como complemento (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).

    Reversión del hábito

    Fue descrita en 1973 para hábitos nerviosos y tics por Azrin y Nunn, y es el componente conductual más estudiado. Se enseña en cuatro partes (Azrin y Nunn, 1973; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Twohig y Woods, 2023):

    1. Conciencia. Describir con detalle el acto, anotar cada episodio y reconocer las señales de aviso (tocarse el pelo, buscar asperezas con las yemas de los dedos, inclinarse sobre el espejo).
    2. Respuesta competidora. Ante la señal o la urgencia, hacer un movimiento incompatible con la conducta (apretar los puños, cruzar los brazos, sostener un objeto) durante uno a tres minutos. Tiene que ser fácil, discreto y aceptable para la persona.
    3. Control del entorno. Retirar espejos de aumento, bajar la luz del baño, guardar pinzas, poner tiritas en los dedos, usar gorros o guantes en las situaciones de riesgo. Se usa para dificultar el acto y no para suprimir la urgencia.
    4. Apoyo social. Una persona cercana que avise sin retar y reconozca el uso de la estrategia.

    Los resultados son buenos pero con sus límites. En un ensayo aleatorizado en 43 pacientes con tricotilomanía, 64 % mejoró de forma clínicamente significativa con terapia conductual, frente a 9 % con fluoxetina y 20 % en lista de espera (van Minnen et al., 2003). Otro ensayo con 23 pacientes mostró que la terapia fue más eficaz que la clomipramina y el placebo (Ninan et al., 2000). En el pellizco de piel, un ensayo con 25 adultos halló que la reversión del hábito redujo el pellizco más que la espera, y la mejoría se mantuvo a los 3 meses (Teng et al., 2006). Una revisión de los 10 ensayos de reversión del hábito advirtió que su calidad metodológica es cuestionable (Lee et al., 2019).

    Terapia conductual con aceptación (ACT)

    Esta variante suma al trabajo conductual los procesos de la terapia de aceptación y compromiso (si te interesa, aquí hay una explicación de ACT): notar la urgencia, hacerle espacio sin obedecerla, tomar distancia de los pensamientos («tengo que sacar esto») y orientar la acción hacia lo que importa a la persona (Twohig y Woods, 2023). Los pacientes aprenden a «surfear» la urgencia, que sube, llega a un pico y baja si no se actúa sobre ella. La estructura del protocolo para tricotilomanía es de 10 sesiones de 50 a 60 minutos (Twohig y Woods, 2023).

    En un ensayo en 85 adultos con tricotilomanía, 64 % de quienes recibieron esta terapia respondió bien frente a 38 % con psicoeducación y apoyo (Woods et al., 2022). Para el pellizco de piel, un ensayo con 70 adultos mostró que 10 semanas de terapia conductual con aceptación guiada por internet mejoraron los síntomas frente a la lista de espera; 43 % respondió y 31 % remitió al terminar, y a los 6 meses los síntomas habían subido algo, aunque la mejoría seguía siendo significativa (Asplund et al., 2025). Una revisión sistemática de 11 estudios coincide en que la terapia cognitivo-conductual, la terapia con aceptación en grupo, la autoayuda en línea y la escritura expresiva fueron las opciones con mejores resultados, con muestras pequeñas y poco seguimiento (Loftus et al., 2025). Para el marco general de la terapia, está la guía sobre qué es la terapia cognitivo-conductual y sus técnicas.

    ¿Y las recaídas?

    Conviene saberlo antes de empezar. En un seguimiento a dos años de 28 pacientes con tricotilomanía que recibieron una terapia breve de seis sesiones, la mejoría lograda al terminar se había reducido en 49 % a los tres meses y en 70 % a los dos años, aunque los síntomas seguían por debajo del punto de partida (Keijsers et al., 2006). Una revisión experta de 2025 concluye que la recaída en adultos es común, y que a muchas familias les cuesta encontrar profesionales que conozcan el cuadro (DuBois et al., 2025).

    Por eso los protocolos modernos incluyen un plan de mantenimiento y distinguen entre un desliz puntual y una recaída. Un desliz es información sobre qué disparador estaba presente, no un fracaso (Twohig y Woods, 2023).

    Autoayuda y terapia digital

    Como hay pocos terapeutas formados en estas conductas, se ha estudiado bastante la autoayuda. En un ensayo con 334 personas, seis semanas de manuales de reversión del hábito y de dos variantes de «desacople» superaron a la lista de espera, y quienes usaron varias técnicas a la vez mejoraron más (Moritz et al., 2023). Un metaanálisis de 14 estudios con 5.468 personas sobre intervenciones digitales en tricotilomanía y pellizco de piel halló una reducción grande de síntomas antes y después (efecto de 1,01) y un efecto medio frente a controles en los ensayos aleatorizados, con efectos mínimos en calidad de vida, depresión y ansiedad (Barber et al., 2026). Una revisión narrativa de 12 ensayos de autoayuda por internet reporta que reducen síntomas y que usarlas con frecuencia importa (Murase et al., 2025).

    La autoayuda es una buena forma de empezar o un complemento, pero sola tiene menos capacidad de sostener la mejoría a largo plazo que la terapia guiada (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).

    Medicamentos

    Ningún fármaco está aprobado específicamente para estas conductas, y la evidencia es limitada (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016). Esto es lo que hay:

    • N-acetilcisteína (NAC). La revisión Cochrane sobre tricotilomanía (12 ensayos pequeños) concluyó que no hay evidencia suficiente para confirmar ni descartar la eficacia de ningún fármaco. Un ensayo de NAC en adultos mostró más respuesta que el placebo (56 % frente a 16 %), pero en niños y adolescentes no hubo diferencia (25 % frente a 21 %) (Hoffman et al., 2021). En el pellizco de piel, un ensayo de 12 semanas con 66 adultos redujo los síntomas más que el placebo (47 % frente a 19 % muy mejorados) (Grant et al., 2016). Son ensayos únicos, sin replicar, y las guías piden usarla con supervisión médica, porque no conviene en personas con asma.
    • Memantina. En un ensayo con 100 adultos con tricotilomanía o pellizco de piel, 60,5 % quedó mucho o muy mejorado frente a 8,3 % con placebo; falta replicarlo (Grant et al., 2023).
    • Antidepresivos (ISRS). No superaron al placebo en las revisiones de pellizco de piel (Schumer et al., 2016). Se usan sobre todo cuando hay depresión o ansiedad asociadas.
    • Otros. Una revisión sistemática de los tratamientos farmacológicos calificó de decepcionantes los resultados en tricotilomanía, pellizco de piel y morderse las uñas, y pidió integrar medicación y psicoterapia (Sani et al., 2019).

    La decisión de medicar la toma un médico, según el cuadro completo y las comorbilidades. En general los medicamentos se plantean cuando hay depresión, ansiedad o TDAH que impiden aprovechar la terapia, o cuando la terapia especializada no está disponible (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).

    ¿Y en niños y adolescentes?

    En niños pequeños, muchos hábitos son transitorios y se asocian al cansancio o a la succión del pulgar. Se consideran clínicos cuando hay daño visible, malestar o interferencia con la vida diaria y resisten los intentos de parar (Mouton-Odum y Golomb, 2012; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016). En un ensayo con 24 jóvenes, ocho sesiones semanales de terapia conductual redujeron la gravedad de la tricotilomanía más que un grupo de contacto mínimo, con efecto mantenido durante 8 semanas (Franklin et al., 2011). En una cohorte de 63 niños y adolescentes tratados con reversión del hábito, la baja de síntomas se mantuvo hasta 12 meses, y 63,5 % tenía otro diagnóstico psiquiátrico (Rautio et al., 2024).

    Lo que hacen los padres pesa mucho. Según las guías (Mouton-Odum y Golomb, 2012):

    • Lo que empeora: regañar, castigar, vigilar el pelo o la piel todo el día, quitar la mano a la fuerza, comentar el aspecto («qué bonita te ves cuando no te lo haces»).
    • Lo que ayuda: elogiar el uso de estrategias y no el resultado físico, mantener el foco en las fortalezas del niño, calmar la propia ansiedad y, en adolescentes, dejar que el joven lidere el tratamiento y acordar cuándo y cómo quiere recibir recordatorios.

    Si el que lo vive es tu hijo, las guías de tricotilomanía en niños y de ansiedad en niños pueden orientarte. El Child Mind Institute también tiene una explicación en español de las fases del tratamiento conductual con niños.

    ¿Qué puedes hacer desde hoy mientras llega la ayuda?

    Estas ideas vienen de los componentes de la terapia y sirven para empezar. No reemplazan el tratamiento (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Twohig y Woods, 2023):

    • Observa antes de intentar parar. Durante una semana, anota cuándo, dónde y cuánto rato pasa, y qué sentías antes y después (sensación, pensamiento, emoción, postura, lugar). Ver el patrón por escrito ya cambia algo.
    • Cambia el escenario de riesgo. Baja la luz del baño, saca el espejo de aumento, pon un temporizador si te miras al espejo, aparta pinzas, alfileres y cortauñas.
    • Pon barreras en las manos. Tiritas o dediles en índice y pulgar, guantes en la cama o frente a la televisión, gorro en las horas de más riesgo.
    • Ten un sustituto táctil. Una piedra lisa, una pelota blanda, velcro, un objeto con textura. Para el interior de la boca, chicle sin azúcar o un mordedor.
    • Practica una respuesta competidora. Apretar los puños o sostener algo firme por uno a tres minutos cuando notes la señal.
    • Deja pasar la urgencia sin pelear con ella. La urgencia sube, llega a un pico y baja. Pelear contra la sensación suele aumentar la tensión.
    • Trata los deslices como datos. Después de un episodio, la pregunta útil es qué disparador estaba presente (cansancio, aburrimiento, el espejo). Castigarse alimenta la vergüenza, que es un desencadenante.
    • Cuida las lesiones. Heridas limpias y cubiertas ayudan a que el impulso de «arreglar» la costra baje.
    • Baja la tensión de base. Dormir, moverse y aprender a manejar el estrés reducen los momentos en que la urgencia sube.

    Hay errores que empeoran el cuadro: los espejos de aumento y las luces fuertes, creer que basta con más fuerza de voluntad y pelear a muerte contra cada urgencia. Las barreras sirven para hacer más difícil el acto, no para eliminar el impulso. Si esperas que desaparezca para siempre, es fácil frustrarse; funcionan mejor junto con aprender a tolerar la incomodidad.

    ¿Qué complicaciones físicas pueden tener?

    El daño depende de la conducta (Odlaug y Grant, 2008; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016):

    • Piel: cicatrices, manchas, infecciones. En 60 personas con pellizco de piel, eran frecuentes las cicatrices, las úlceras y las infecciones, y pocas habían consultado por esto (Odlaug y Grant, 2008).
    • Uñas y dientes: morderse las uñas puede deformar el lecho ungueal, infectar el pliegue y astillar los dientes, según una revisión sobre prevención (Baghchechi et al., 2021).
    • Boca: morderse la mejilla o los labios genera lesiones blancas por fricción. En una serie de biopsias no mostraron potencial maligno, pero conviene que las evalúe un dentista (Woo y Lin, 2009).
    • Digestivo: la tricofagia (comer el pelo arrancado) puede formar un tricobezoar, una masa de pelo en el estómago, que causa dolor abdominal y puede complicarse con úlcera, sangrado o obstrucción (Lynch et al., 2003). Si hay tricofagia, hay que consultar al médico.

    Consulta a urgencias si una herida está caliente, enrojecida o con pus, hay sangrado que no cede, fiebre con escalofríos o un dolor abdominal persistente. Y si el desánimo por no poder parar te lleva a pensar en hacerte daño, llama a la Línea de Prevención del Suicidio al *4141.

    ¿Por qué tan pocas personas consultan?

    Porque las BFRB son, en la práctica, un trastorno del secreto. En una encuesta de 971 personas con BFRB, solo 13,5 % había buscado ayuda profesional; las barreras eran el desconocimiento, creer que no era grave, la vergüenza y la desconfianza en los tratamientos. Quienes consultaron tardaron en promedio unos 11 años, y alrededor de 40 % de quienes recibieron atención profesional no recibió ningún consejo basado en evidencia (Moritz et al., 2026). En el estudio de Paraguay, 80,9 % de quienes tenían una BFRB nunca había consultado (Torales et al., 2026).

    Si en tu caso hay vergüenza, una forma de partir es decir la verdad en la primera consulta, con los datos que te sirvan: qué haces, desde cuándo, qué has intentado. Un profesional que conozca el cuadro no se sorprende.

    Cómo observar tu propio patrón (esto no es un test)

    Antes de ir a una consulta, ordenar lo que ya sabes acelera el trabajo. Estas preguntas no suman puntaje ni clasifican, solo organizan la información:

    1. ¿Qué conducta o conductas tienes (pelo, piel, uñas, boca) y desde cuándo?
    2. ¿Ocurren con plena conciencia, sin darte cuenta o de ambas formas?
    3. ¿En qué momentos y lugares pasan más (baño, espejo, cama, pantallas, estudiando, manejando)?
    4. ¿Qué sientes justo antes: una zona que «se siente mal», aburrimiento, tensión, un pensamiento sobre cómo debería verse?
    5. ¿Qué usas (dedos, uñas, pinzas, dientes) y qué haces con lo que sacas?
    6. ¿Qué evitas por las marcas o el daño, y cuánto tiempo y dinero gastas en taparlas?
    7. ¿Cuántas veces has intentado parar y qué pasó cada vez?

    Los equipos clínicos y de investigación usan escalas específicas de gravedad, por ejemplo una escala breve de ocho ítems para las BFRB en general, con adaptación al español (Torales et al., 2026). Aquí no incluimos puntaje ni cortes, porque una cifra sin evaluación no dice si hay trastorno.

    ¿Cómo acompañar a alguien que tiene una BFRB?

    Si es tu pareja, tu hijo o un amigo, lo que más ayuda es lo menos intuitivo (Mouton-Odum y Golomb, 2012; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016):

    • Evita vigilar, retar, avergonzar («mira lo que te has hecho», «baja la mano») o responder una y otra vez a «¿se me nota?». La vergüenza y la ansiedad son justamente los desencadenantes, y la vigilancia sube ambas.
    • Haz explícito que tu cariño no depende de cómo estén la piel o el pelo, reconoce el uso de las estrategias, retoma los acuerdos solo si la persona lo pidió y alienta la consulta con alguien que conozca el cuadro.

    Una buena forma de partir es preguntar qué le serviría, en vez de decirle qué debería hacer.

    ¿Cuándo consultar y con quién?

    Es buena idea consultar si:

    • has intentado parar muchas veces y no lo logras,
    • hay daño físico (calvas, heridas, infecciones, uñas o dientes dañados),
    • evitas situaciones sociales, la playa, el trabajo o la intimidad por las marcas,
    • el hábito ocupa más de una hora al día o te produce vergüenza y tristeza frecuentes,
    • se acompaña de ansiedad, depresión o consumo de sustancias.

    Busca un psicólogo clínico con formación en terapia cognitivo-conductual y, de preferencia, experiencia en BFRB (reversión del hábito, modelo ComB o terapia con aceptación). Un dermatólogo o un dentista pueden tratar el daño físico y descartar causas médicas, y un psiquiatra puede evaluar si conviene un medicamento. Para decidir con quién empezar, sirve esta guía sobre psicólogo o psiquiatra: cuál necesito. La TLC Foundation ofrece recursos en inglés para personas con estas conductas.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué significa BFRB?

    BFRB viene del inglés body-focused repetitive behavior, que se traduce como conducta repetitiva centrada en el cuerpo. Es un término general para hábitos repetidos de tirar, pellizcar, morder o rascar el pelo, la piel, las uñas o la boca, que dañan el cuerpo y cuesta controlar (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).

    ¿Morderse las uñas es una conducta repetitiva centrada en el cuerpo?

    Puede serlo. Morderse las uñas de vez en cuando es un hábito muy común, pero cuando es frecuente, daña los dedos o los dientes y la persona no logra parar, se considera una BFRB. En una encuesta de 1.481 adultos, era la más frecuente (11,4 %) (Moritz et al., 2024).

    ¿Las BFRB son TOC?

    Son cuadros distintos que comparten grupo en el DSM-5. Se parecen en lo repetitivo, pero en el TOC las conductas responden a obsesiones sobre amenazas, mientras que en las BFRB responden a una urgencia, una sensación o una emoción (American Psychiatric Association, 2013; Flessner, 2012). Pueden coexistir.

    ¿Las conductas repetitivas centradas en el cuerpo se curan?

    Hay tratamientos que reducen mucho los síntomas, pero es un cuadro que puede subir y bajar, y las recaídas son comunes. Por eso el objetivo realista es aprender a manejar el hábito y tener un plan para los días difíciles (Keijsers et al., 2006; DuBois et al., 2025).

    ¿Son una forma de autolesión?

    Son distintas. En la autolesión no suicida el daño o el dolor son el objetivo; en las BFRB el daño suele ser un efecto no buscado de un acto de aseo o de regulación sensorial o emocional (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016). A veces coexisten, y en ese caso conviene que lo evalúe un profesional.

    ¿Cuál es el tratamiento más eficaz?

    La terapia conductual, en particular la reversión del hábito y la terapia conductual con aceptación, tiene el mejor respaldo. Los medicamentos tienen evidencia limitada y se usan como complemento (Farhat et al., 2020; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).

    Si te reconociste en esto, no tienes que hacerlo solo

    Estas conductas tienen explicación y tratamiento, y no son un defecto de carácter. Si quieres revisar tu caso con un psicólogo clínico, puedes escribirnos desde la página de contacto y ver juntos cómo empezar.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Tricotilomanía: síntomas, causas y tratamiento

    Tricotilomanía: síntomas, causas y tratamiento

    Hay personas que se pasan la mano por la cabeza, encuentran un pelo que se siente distinto y no pueden dejarlo ahí. Si te arrancas el pelo, lo has intentado parar muchas veces y lo haces más cuando estás ansioso, aburrido o frente a una pantalla, lo que describes tiene nombre: tricotilomanía. Es más común de lo que se cree, casi siempre se oculta y tiene tratamientos con buen respaldo.

    En este artículo vas a ver qué es y cómo se diagnostica, por qué ocurre, en qué cambia según arranques pelo del cuero cabelludo, las cejas o las pestañas, qué tratamientos funcionan y cuánto, qué puedes hacer desde hoy y cuándo conviene consultar. Más abajo también vas a encontrar una guía para observar tu propio patrón antes de hablar con un profesional.

    En breve: la tricotilomanía es un trastorno en que la persona se arranca su propio pelo de forma repetida, con pérdida visible de pelo y sin lograr parar aunque lo intente. Afecta a cerca de 1 de cada 100 personas. El tratamiento con más respaldo es la terapia conductual con entrenamiento de reversión del hábito, sola o con técnicas de aceptación; los medicamentos tienen evidencia limitada. Tiene que ver con el cerebro y los hábitos, y poco con la fuerza de voluntad.

    Tricotilomanía: qué es y cómo se llama cuando te arrancas las pestañas

    La tricotilomanía (también llamada trastorno de arrancarse el pelo) es la conducta repetida de arrancarse el propio pelo, hasta producir una pérdida visible, sin poder detenerla aunque la persona quiera. Puede ocurrir en el cuero cabelludo, las cejas, las pestañas u otras zonas. El DSM-5 la ubica entre los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados (American Psychiatric Association, 2013).

    Si buscabas arrancarse las pestañas como se llama, la respuesta es la misma: tricotilomanía. Que el pelo sea de la cabeza, de las cejas o de las pestañas cambia cómo se vive y cómo se maneja (más abajo lo vemos), no el diagnóstico. En inglés se la llama hair pulling disorder, y en la literatura científica se agrupa con el rascado compulsivo de la piel y el mordisqueo de uñas dentro de las conductas repetitivas centradas en el cuerpo.

    ¿Cuáles son los síntomas de la tricotilomanía?

    Para hablar de tricotilomanía, un profesional busca cinco cosas, que son los criterios del DSM-5 (American Psychiatric Association, 2013):

    1. Arrancarse el pelo de forma repetida, con pérdida o adelgazamiento visible.
    2. Haber intentado varias veces reducir o detener la conducta.
    3. Malestar importante o interferencia en la vida social, laboral o de otras áreas.
    4. Que la pérdida de pelo no se explique por otra condición médica, como una enfermedad de la piel.
    5. Que no se explique mejor por otro trastorno mental, por ejemplo arrancarse el pelo para corregir un defecto percibido en la apariencia.

    Antes, el diagnóstico exigía sentir tensión antes de arrancar y alivio después. El DSM-5 quitó ese requisito, porque muchas personas arrancan sin darse cuenta y no registran ninguna tensión previa (American Psychiatric Association, 2013).

    Además del arranque en sí, es frecuente la conducta que viene con él: tocar y revisar el pelo buscando uno “distinto” (más grueso, áspero o rizado), jugar con la raíz, morderla, pasársela por los labios o tragarse el pelo (Twohig y Woods, 2023). En una muestra de 858 personas evaluadas con entrevistas clínicas, el pelo se arrancaba desde varios lugares del cuerpo y los desencadenantes más frecuentes eran el estrés y la sensación del propio pelo (Grant et al., 2023).

    ¿Por qué me arranco el pelo por ansiedad? Causas y factores

    No hay una causa única. La tricotilomanía aparece por la suma de una vulnerabilidad biológica, una manera de regular las emociones y un hábito que se refuerza solo. Entenderlo ayuda a dejar de verlo como un defecto de carácter.

    Genética y cerebro. Una revisión sistemática de 109 estudios concluyó que los factores genéticos tienen un papel importante en la tricotilomanía y en el rascado compulsivo de la piel, y que en parte se comparten con el espectro del TOC. Todavía no se conoce un factor genético específico de alta confianza (Reid et al., 2024). En familias, hay más conductas repetitivas centradas en el cuerpo y más TOC entre los parientes de primer grado, y las imágenes cerebrales han mostrado diferencias en los circuitos que frenan los movimientos automáticos y los hábitos (Grant et al., 2012).

    Emociones y sensaciones. El arranque cumple una función: bajar la tensión, el aburrimiento, la frustración o la ansiedad, o dar una sensación táctil agradable. Por eso lo notas más cuando estás estudiando, leyendo, manejando, mirando una serie o solo en el baño frente al espejo. También pesan el perfeccionismo (“este pelo tiene que salir”, “las cejas deben quedar iguales”) y la dificultad para tolerar la incomodidad del impulso (Twohig y Woods, 2023; Grant et al., 2012).

    El círculo que lo mantiene. El modelo que usan los equipos clínicos (el modelo conductual comprensivo, ComB) describe un ciclo en cuatro tiempos:

    1. Aparece un desencadenante: un lugar, una actividad, una sensación en el cuero cabelludo, una emoción o un pensamiento.
    2. Viene el arranque, a veces precedido por tocar y buscar el pelo y seguido por revisarlo o morder la raíz.
    3. Llega un alivio o un placer inmediato, que es lo que refuerza el hábito.
    4. Después aparecen la culpa, la vergüenza y el daño visible, que suben el estrés y reinician el ciclo.

    Es el mismo mecanismo por el cual la persona se arranca más pelo justo cuando se siente peor por haberlo hecho (Grant et al., 2012).

    Arranque focalizado y arranque automático

    La mayoría de las personas combina dos estilos, en proporciones distintas (Twohig y Woods, 2023):

    Estilo Cómo se vive Qué suele ayudar
    Focalizado Con plena conciencia, precedido por una sensación, una emoción o un pensamiento (“esta cana tiene que salir”) Aprender a tolerar el impulso, flexibilizar los pensamientos rígidos y regular la emoción de fondo
    Automático Sin darte cuenta, en actividades pasivas (leer, estudiar, ver televisión, manejar); lo notas al ver los pelos en la mano o en el suelo Aumentar la conciencia, controlar el entorno y usar una respuesta competidora

    ¿Es lo mismo arrancarse el pelo del cuero cabelludo, las cejas o las pestañas?

    El diagnóstico es el mismo, pero el patrón cambia. En las descripciones clínicas, el cuero cabelludo es la zona más afectada (cerca de 7 de cada 10 personas), seguido por las cejas (algo más de la mitad) y las pestañas (alrededor de la mitad) (Twohig y Woods, 2023).

    • Cuero cabelludo: suele mezclar arranque automático (mientras lees o ves televisión) con búsqueda táctil de pelos de textura distinta. Deja zonas de pelo ralo o calvas de forma irregular.
    • Cejas y pestañas: el patrón suele ser más focalizado, guiado por el espejo y por la búsqueda de simetría o de pelos “rebeldes”, y a menudo con pinzas. Aquí pesan mucho los pensamientos del tipo “necesito dejarlas iguales” (Twohig y Woods, 2023).

    Ese detalle importa porque las estrategias prácticas son distintas: para el cuero cabelludo ayudan las barreras en las manos y los cambios de postura, y para las cejas y pestañas ayuda restringir las pinzas y los espejos de aumento, como verás en la sección sobre lo que puedes hacer desde hoy.

    ¿Cómo saber si es tricotilomanía y no otra cosa?

    Solo un profesional puede diagnosticarla, porque otras condiciones dejan pérdida de pelo o conductas parecidas. Las distinciones que más se usan:

    • Causas médicas de la pérdida de pelo. En la alopecia areata los parches son redondos y lisos y aparecen de forma súbita. En la tricotilomanía las zonas tienen forma irregular y pelos rotos a distintos largos. Un dermatólogo puede descartar infecciones del cuero cabelludo y otras causas con un examen simple (Grant et al., 2012).
    • TOC. En el trastorno obsesivo-compulsivo las compulsiones responden a obsesiones de daño, contaminación o catástrofe. En la tricotilomanía suele haber una sensación local o una emoción que se quiere aliviar, no una obsesión. Si te preguntas por esto, puedes revisar también el test de TOC, que orienta pero no diagnostica.
    • Preocupación por la apariencia. Si arrancas o depilas solo para corregir un defecto que percibes en tu cara o tu cuerpo, el cuadro puede ser otro: en el test de dismorfia corporal encuentras esa distinción.

    En esta evaluación, el profesional también pregunta por la zona afectada, desde cuándo, qué situaciones y emociones lo disparan, qué pasa después del arranque, si hay tricofagia y qué impacto tiene en tu vida (Twohig y Woods, 2023).

    ¿Qué tan común es y a quién afecta?

    Es más común de lo que parece. Un metaanálisis de 30 estudios con 38.526 personas estimó que la tricotilomanía, con criterios del DSM, afecta a cerca del 1,14 % de la población (entre 0,66 % y 1,96 %), y que cualquier conducta de arrancarse el pelo llega al 8,84 % (Thomson et al., 2022).

    En quiénes consultan hay un predominio de mujeres: 89,9 % en la muestra de Grant et al. (2023) y 85 % en un registro nacional sueco de 1.234 personas (Farhat et al., 2025). Pero en el metaanálisis el riesgo de tricotilomanía no resultó claramente mayor en las mujeres (razón de probabilidades 1,29, con un intervalo que incluye al 1), lo que sugiere que una parte de los hombres puede estar quedando fuera de la consulta (Thomson et al., 2022).

    Suele empezar temprano. En la muestra de Grant et al. (2023) el inicio típico fue entre los 11 y los 15 años y el 93,5 % empezó antes de los 20. En el registro sueco, la mediana de edad al primer diagnóstico fue de 25 años, lo que habla de varios años entre el inicio y la consulta.

    La compañía de otras condiciones es la regla. En el registro sueco, 79 % tenía otro diagnóstico psiquiátrico: trastornos de ansiedad (65 %), depresivos (48 %) y del neurodesarrollo (39 %) (Farhat et al., 2025). En la muestra clínica de Grant et al. (2023), las más frecuentes fueron depresión mayor, ansiedad generalizada y rascado compulsivo de la piel. Si sientes que tu ansiedad y tu hábito van de la mano, tiene sentido tratarlos juntos.

    La calidad de vida se resiente. Una revisión sobre el tema concluyó que la tricotilomanía reduce de forma significativa la calidad de vida, que muchas personas llegan primero al dermatólogo por la pérdida de pelo y que lo mejor es un trabajo conjunto entre dermatología y salud mental (Onyemachi et al., 2024). Las descripciones clínicas añaden lo que hay detrás: el secreto, la vergüenza y evitar la peluquería, la piscina o la intimidad con la pareja por miedo a que se note (Grant et al., 2012).

    ¿Cómo se trata la tricotilomanía?

    El tratamiento con más respaldo es psicológico. Un metaanálisis de 24 ensayos con 857 participantes encontró que la terapia conductual con componentes de reversión del hábito tuvo el mayor beneficio frente a los grupos de comparación (diferencia media estandarizada de −1,22) y que no existe un medicamento aprobado por la FDA para este cuadro (Farhat et al., 2020).

    Terapia conductual: reversión del hábito

    El entrenamiento de reversión del hábito (HRT, por sus siglas en inglés) tiene tres piezas (Twohig y Woods, 2023; Grant et al., 2012):

    1. Conciencia. Aprender a ver la cadena completa: el movimiento previo de la mano, la sensación que busca, la situación y la emoción. Se usa un registro diario del arranque y del impulso.
    2. Respuesta competidora. Cuando aparece la señal, hacer durante uno o varios minutos algo físicamente incompatible con arrancar (por ejemplo, apretar suavemente los puños o cruzar los brazos), discreto y fácil de hacer en cualquier lugar.
    3. Control del entorno. Cambiar lo que facilita el hábito: guantes o dediles de goma en los dedos, gorros, apagar la luz fuerte del baño, guardar las pinzas, cubrir el espejo.

    Terapia conductual con aceptación

    La variante con más estudios recientes añade técnicas de la terapia de aceptación y compromiso (ACT): ver el impulso y los pensamientos como eventos que pasan sin obedecerlos, aprender a tolerar la incomodidad del impulso sin ceder y volver al tiempo y las actividades que importan. Puedes conocer su lógica en el artículo sobre ACT. En un ensayo aleatorizado en 85 adultos con diez sesiones en doce semanas, el 64 % de quienes recibieron esta terapia respondió bien, frente al 38 % de quienes recibieron psicoeducación y apoyo, y los síntomas bajaron más en el primer grupo (Woods et al., 2022).

    Una duda frecuente es cuánto sirve la terapia conductual frente a los medicamentos. Estos son los ensayos más citados:

    Estudio Qué se comparó Resultado
    van Minnen et al., 2003 12 semanas de terapia conductual, fluoxetina y lista de espera (43 pacientes) Mejoría clínicamente significativa en 64 % con terapia conductual, 9 % con fluoxetina y 20 % en lista de espera
    Ninan et al., 2000 9 semanas de terapia cognitivo-conductual, clomipramina y placebo (23 pacientes) La terapia fue más eficaz que la clomipramina y que el placebo; la clomipramina no se diferenció con claridad del placebo
    Woods et al., 2022 Terapia con aceptación o psicoeducación y apoyo (85 adultos) 64 % de respondedores frente a 38 %

    Son estudios pequeños, y eso se nota, pero apuntan en la misma dirección que el metaanálisis.

    Medicamentos

    Con los fármacos, la evidencia es más incierta. La revisión Cochrane incluyó 12 estudios pequeños de 5 a 13 semanas y concluyó que no hay evidencia suficiente para confirmar o descartar la eficacia de ningún medicamento. Con certeza moderada, un solo ensayo con N-acetilcisteína en adultos mostró más respuesta que el placebo (56 % contra 16 %), pero en niños y adolescentes no hubo diferencia (25 % contra 21 %) (Hoffman et al., 2021). Ese ensayo con N-acetilcisteína de 12 semanas en 50 adultos mostró la mejoría desde la semana 9 (Grant et al., 2009). Otra revisión sistemática de 23 artículos encontró que la N-acetilcisteína, el aripiprazol y los inhibidores de la MAO fueron lo más exitoso, y recomienda combinar los fármacos con terapia conductual y considerar las comorbilidades (Ghani et al., 2024).

    En la práctica, los medicamentos no son la primera opción. Pueden tener un papel para tratar una depresión o una ansiedad que dificultan la terapia, y las decisiones sobre ellos corresponden a un médico o psiquiatra.

    Niños y adolescentes

    Una revisión sistemática de 10 estudios en población pediátrica señaló que las intervenciones conductuales, sobre todo la reversión del hábito, dieron el mayor beneficio, y que la evidencia no alcanza para recomendar la medicación como primera línea (Sharifi et al., 2025). El cuadro en los más pequeños tiene sus propias reglas, y lo veremos en un artículo aparte.

    Qué tan duraderos son los resultados

    Aquí hay que ser honestos: la mejoría puede perderse. Una revisión experta reciente señala que la recaída en adultos es relativamente común, que los avances farmacológicos (solos o con terapia conductual) son prometedores pero falta evidencia de su eficacia y su durabilidad, y que muchas familias no encuentran profesionales que conozcan el cuadro (DuBois et al., 2025). En un seguimiento a dos años de 28 pacientes que recibieron una terapia breve de seis sesiones, los efectos medidos se habían reducido en 49 % a los tres meses y en 70 % a los dos años respecto de lo logrado al terminar, aunque seguían por sobre el punto de partida (Keijsers et al., 2006).

    Por eso, los manuales hablan de un entrenamiento a largo plazo, con sesiones de refuerzo y con una distinción útil: un desliz puntual no es una recaída (Twohig y Woods, 2023).

    ¿Qué puedes hacer tú mientras esperas ayuda?

    Estas ideas vienen de los componentes de la terapia y sirven para empezar. No reemplazan el tratamiento (Twohig y Woods, 2023; Grant et al., 2012):

    • Anota durante una semana cuándo, dónde, cuánto rato y qué sentías antes y después. Ver el patrón por escrito ya cambia algo.
    • Reconoce tus señales de aviso: llevar la mano a la cabeza, acariciar o enredar el pelo, buscar el pelo “distinto”.
    • Cambia el escenario de riesgo: deja la puerta del baño abierta, baja la luz fuerte del espejo, aparta las pinzas, usa un temporizador que te obligue a pararte.
    • Ocupa las manos en las situaciones de riesgo (libro con las dos manos, una pelota blanda, tejer) y usa una respuesta competidora cuando notes el impulso.
    • Usa barreras físicas en los momentos críticos: gorro, pañuelo, dediles de goma o cinta en los dedos.

    Estas estrategias hacen más difícil el acto físico, pero no eliminan el impulso. Si las usas con la idea de que el impulso desaparezca para siempre, es probable que te frustres; sirven mejor cuando las combinas con aprender a tolerar la incomodidad. Y hay un riesgo conocido: tras unos buenos días, bajar la guardia y abandonar el registro (Twohig y Woods, 2023).

    La autoayuda guiada por internet tiene algún respaldo. En un ensayo aleatorizado de 6 semanas con 268 personas con conductas repetitivas centradas en el cuerpo (28,4 % con tricotilomanía), una técnica de “reemplazo del hábito” mejoró más los síntomas que la lista de espera, y 52,8 % refirió sentirse mejor frente a 19,6 %; la muestra era comunitaria, sin diagnóstico verificado ni seguimiento (Moritz et al., 2023). En otro estudio con 113 personas que comparó tres técnicas de autoayuda durante cuatro semanas, la reversión del hábito fue bien valorada pero con una mejoría objetiva más bien pobre (Moritz et al., 2022). La lectura honesta es que la autoayuda puede ayudar a empezar, pero cuando el cuadro es intenso conviene un terapeuta.

    Para manejar la tensión de base, también puedes revisar cómo manejar el estrés y las técnicas de la terapia cognitivo-conductual, que incluyen varias de las que se usan aquí.

    ¿Qué pasa si además te comes el pelo?

    La tricofagia (morder la raíz, masticar o tragarse el pelo) merece atención aparte, porque tiene un riesgo médico. El cabello no se digiere, y si se ingiere de forma repetida puede formar una masa en el estómago o el intestino llamada tricobezoar (Twohig y Woods, 2023; Grant et al., 2012). Las complicaciones descritas incluyen anemia, úlceras, obstrucción intestinal y, en casos graves, cirugía urgente.

    Consulta pronto a un médico si, además de tragarte el pelo, tienes:

    • dolor o distensión abdominal que persiste,
    • náuseas o vómitos repetidos,
    • pérdida de apetito o de peso sin explicación,
    • sangrado digestivo.

    Aunque no aparezca ninguno de esos síntomas, comentar la tricofagia en la primera consulta ayuda a que la evaluación no se quede corta.

    Cómo observar tu propio patrón (esto no es un test)

    Antes de ir a una consulta, ordenar lo que ya sabes de ti acelera el trabajo. Estas preguntas no suman ningún puntaje ni te clasifican, solo organizan la información:

    1. ¿En qué zona arrancas (cuero cabelludo, cejas, pestañas, otras) y desde hace cuánto?
    2. ¿Lo haces con plena conciencia, sin darte cuenta, o de las dos formas?
    3. ¿En qué momentos y lugares pasa más (leer, estudiar, pantallas, baño, antes de dormir, manejando)?
    4. ¿Qué sientes justo antes: picor o tensión en la zona, aburrimiento, ansiedad, un pensamiento sobre un pelo?
    5. ¿Qué haces con el pelo después (revisarlo, morderlo, tragarlo, guardarlo)?
    6. ¿Qué evitas por la pérdida de pelo (peluquería, piscina, citas, fotos) y cuánto dinero y tiempo gastas en taparla?
    7. ¿Cuántas veces intentaste parar y qué fue lo que pasó cada vez?

    Los equipos clínicos miden la gravedad con escalas específicas (como la Massachusetts General Hospital Hairpulling Scale, de siete ítems, o el Milwaukee Inventory para estilos de arranque). Aquí no incluimos una versión con puntaje porque no encontramos una validación en español de esas escalas, y un número sin baremo confiable orienta peor de lo que parece. Lo que sí vale es llevar tus respuestas a un profesional.

    ¿Cómo acompañar a alguien que se arranca el pelo?

    Si el que se arranca el pelo es tu hijo, tu pareja o un amigo, lo que más ayuda es lo menos intuitivo. Las guías para familias coinciden en varias cosas (Grant et al., 2012, capítulo sobre participación familiar; Twohig y Woods, 2023):

    Lo que empeora el cuadro:

    • vigilar la cabeza o las cejas todos los días y comentar cada vez que la mano se acerca,
    • retar, castigar o avergonzar (“mira lo que te has hecho”, “te vas a quedar pelón”),
    • hacer que el valor de la persona dependa de si tiene o no tiene pelo.

    La razón es simple: la ansiedad y la vergüenza son justamente los desencadenantes, y la vigilancia sube ambas.

    Lo que ayuda:

    • dejar claro que el cariño no depende del pelo (“te quiero igual, tengas o no tengas pelo”),
    • elogiar el esfuerzo con las estrategias y no la apariencia, porque decir “qué bien se te ve con pelo” comunica lo contrario cuando no lo tiene,
    • recordar los acuerdos solo si la persona lo pidió,
    • reservar momentos y conversaciones donde el pelo no sea el tema.

    Si aún no hablaron del tema, una buena forma de partir es preguntar qué le serviría, en vez de decirle qué debería hacer. Para decidir con quién consultar, puede servir esta guía sobre psicólogo o psiquiatra: cuál necesito.

    ¿Cómo evoluciona y cuándo conviene pedir ayuda?

    La tricotilomanía suele ser un cuadro que sube y baja a lo largo de los años, con épocas peores durante el estrés o los cambios importantes, más que uno que desaparece solo (Twohig y Woods, 2023). Hay excepciones: un estudio con 21 adultos que se habían recuperado sin tratamiento menciona que se estima que cerca de una cuarta parte de las personas lo logra, y que quienes se recuperaron tenían menos depresión y menos TDAH asociados (Neelapu y Grant, 2025); es un dato de muestra pequeña y no conviene esperar a ver si ocurre.

    Es buena idea consultar si:

    • te arrancas el pelo de forma repetida y has intentado parar sin lograrlo,
    • ya tienes zonas con pérdida de pelo visible,
    • evitas situaciones sociales, la peluquería, la piscina o la intimidad por el pelo,
    • te sientes ansioso, triste o avergonzado por esto la mayor parte del tiempo,
    • te tragas el pelo.

    Busca un profesional que conozca específicamente las conductas repetitivas centradas en el cuerpo. Un psicólogo clínico con formación en terapia cognitivo-conductual (consulta qué es la terapia cognitivo-conductual) puede hacer la evaluación y llevar el tratamiento, y un dermatólogo puede descartar causas médicas de la pérdida de pelo. La Fundación TLC para las conductas repetitivas centradas en el cuerpo y la Clínica Mayo tienen información de apoyo.

    Si en algún momento sientes que no puedes más o tienes ideas de hacerte daño, llama a la Línea de Prevención del Suicidio al *4141.

    Preguntas frecuentes

    ¿La tricotilomanía es una enfermedad mental?

    Sí. Es un trastorno psicológico reconocido en el DSM-5, dentro de los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados. Tiene componentes genéticos, emocionales y de hábito, y existen tratamientos con respaldo científico. Quien lo vive no está “loco” ni es vanidoso: tiene un hábito difícil de frenar.

    ¿Cómo se llama cuando una persona se arranca las pestañas o las cejas?

    Se llama tricotilomanía, o trastorno de arrancarse el pelo. El nombre es el mismo si el pelo es del cuero cabelludo, las cejas, las pestañas u otras zonas. En el caso de cejas y pestañas, el arranque suele ser más focalizado y guiado por el espejo, y a menudo requiere medidas distintas a las del cuero cabelludo.

    ¿Me arranco el pelo por ansiedad, es tricotilomanía?

    Puede serlo, pero no todo arrancarse el pelo lo es. Para hablar de tricotilomanía debe haber una pérdida visible de pelo, intentos repetidos por parar, malestar o interferencia importante en tu vida y que no lo explique otra condición. Solo un profesional puede confirmarlo con una evaluación completa.

    ¿La tricotilomanía se cura?

    Se puede reducir de forma importante, pero suele ser un cuadro que sube y baja. En varios ensayos, alrededor de 6 de cada 10 personas respondieron bien a la terapia conductual, y mantener lo logrado exige practicar las habilidades y a veces sesiones de refuerzo. Una recaída puntual no significa que la terapia haya fallado.

    ¿Qué medicamentos se usan para la tricotilomanía?

    Ningún fármaco está aprobado por la FDA para este cuadro. La N-acetilcisteína ha mostrado resultados positivos en un ensayo con adultos, y se han estudiado la clomipramina, la olanzapina y otros fármacos con evidencia limitada. Los antidepresivos habituales no han demostrado ser mejores que el placebo. Toda decisión sobre medicación debe tomarla un médico.

    ¿A qué especialista debo consultar?

    Parte por un psicólogo clínico con formación en terapia cognitivo-conductual y, si es posible, con experiencia en conductas repetitivas centradas en el cuerpo. Un dermatólogo puede descartar causas médicas de la pérdida de pelo, y un psiquiatra evalúa si hace falta medicación o si hay una depresión o ansiedad de fondo.

    Si te reconociste en esto, no tienes que hacerlo solo

    Arrancarse el pelo es un hábito con una función, que se puede entender y entrenar con ayuda. Si quieres evaluar tu caso con un psicólogo clínico, puedes escribirnos desde la página de contacto y revisar juntos cómo empezar.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed.). American Psychiatric Publishing.

    DuBois, M. C., Feler, B. M., Flessner, C. A., & Franklin, M. E. (2025). Trichotillomania and its treatment: An updated review and recommendations. Expert Review of Neurotherapeutics, 25(11), 1335-1345. https://doi.org/10.1080/14737175.2025.2557395

    Farhat, L. C., Isomura, K., Fernández de la Cruz, L., Sidorchuk, A., Kuja-Halkola, R., Brikell, I., Chang, Z., D’Onofrio, B. M., Larsson, H., Lichtenstein, P., & Mataix-Cols, D. (2025). Sociodemographic and clinical characteristics of 1,234 individuals diagnosed with trichotillomania in the Swedish National Patient Register. Scientific Reports, 15(1), Artículo 10396. https://doi.org/10.1038/s41598-025-95416-w

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    Ghani, H., Podwojniak, A., Tan, I. J., Fliorent, R., & Jafferany, M. (2024). From tugs to treatments: A systematic review on pharmacological interventions for trichotillomania. Clinical and Experimental Dermatology, 49(8), 774-782. https://doi.org/10.1093/ced/llae052

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    Woods, D. W., Ely, L. J., Bauer, C. C., Twohig, M. P., Saunders, S. M., Compton, S. N., Espil, F. M., Neal-Barnett, A., Alexander, J. R., Walther, M. R., Cahill, S. P., Deckersbach, T., & Franklin, M. E. (2022). Acceptance-enhanced behavior therapy for trichotillomania in adults: A randomized clinical trial. Behaviour Research and Therapy, 158, Artículo 104187. https://doi.org/10.1016/j.brat.2022.104187

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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