Etiqueta: TREC

  • Baja tolerancia a la frustración en adultos

    Baja tolerancia a la frustración en adultos

    Si sueles decirte «me frustro con facilidad», este artículo es para ti. El tráfico no avanza, el informe se cae justo antes de guardarlo, alguien responde con un tono que no te gusta, y algo dentro de ti dice «esto ya no lo aguanto». Cualquiera lo vive de vez en cuando. Pero si te pasa con casi cualquier contratiempo, si el enojo o las ganas de abandonar llegan mucho antes de que el problema justifique tanto, vale la pena mirarlo con más cuidado.

    La baja tolerancia a la frustración en adultos tiene nombre, modelo teórico y una escala para medirla. En esta guía vas a ver qué es y cómo se ve en la vida diaria, con qué se asocia (depresión, ansiedad, ira, procrastinación, consumo), en qué se diferencia de la irritabilidad y de la «tolerancia al malestar», cuándo puede ser señal de otro cuadro y qué técnicas tienen respaldo para cambiarla.

    La respuesta corta

    La baja tolerancia a la frustración es la tendencia a vivir el obstáculo, el esfuerzo o la espera como algo insoportable. En la terapia racional emotiva conductual (TREC) se entiende como una creencia: «las cosas deberían ser fáciles y yo no puedo soportar que no lo sean». Los estudios con la escala de Harrington la asocian con más depresión, ansiedad, procrastinación y riesgo de recaída en consumo de sustancias, aunque son estudios de correlación y no prueban que ella sea la causa. La buena noticia es que una creencia se puede revisar: un metaanálisis que reunió 84 artículos encontró que la TREC mejora los resultados clínicos y reduce las creencias irracionales con un efecto medio.

    ¿Qué es la baja tolerancia a la frustración en adultos?

    Frustrarse es una emoción normal: aparece cuando algo que querías o necesitabas no ocurre. La pregunta clínica es qué haces con ella y qué te dices mientras tanto.

    Albert Ellis (1962), creador de la TREC, llamó baja tolerancia a la frustración (en inglés, low frustration tolerance) a una creencia concreta: la exigencia de que la realidad se ajuste a lo que quieres, junto con la convicción de que no puedes soportar que no lo haga. Martin Turner (2016) la describe como una de las cuatro creencias nucleares de la TREC. La primera es la exigencia («tiene que salir como yo quiero»), y de ella derivan tres creencias secundarias: el catastrofismo («es terrible»), la baja tolerancia a la frustración («no lo soporto») y la depreciación de uno mismo o de los demás («soy un inútil» o «son unos incompetentes»). La lista completa de creencias que Ellis describió está en la guía sobre creencias irracionales de Ellis.

    Conviene separar tres cosas que se confunden:

    • La frustración es la emoción, y todos la sentimos.
    • La tolerancia es lo que haces con ella: seguir, esperar, pedir ayuda o replantear el plan.
    • La baja tolerancia aparece cuando la persona concluye que ese malestar es intolerable y reacciona para eliminarlo cuanto antes (con enojo, evitación, abandono o consumo).

    Neil Harrington (2005), que desarrolló la escala más usada para medirla, insistió en que esta intolerancia es distinta de la autoestima. Se puede tener una buena opinión de uno mismo y, aun así, sentir que esperar, esforzarse o perder es insoportable.

    ¿Cómo se ve la baja tolerancia a la frustración en la vida diaria?

    Harrington (2005) identificó cuatro formas en que se expresa la intolerancia a la frustración. Con ellas puedes reconocerte (o reconocer a alguien cercano):

    • Intolerancia al malestar: la vida debería ser cómoda y sin esfuerzo. Se ve en frases como «esto es demasiado difícil, lo dejo para mañana» o «no puedo hacer algo tan aburrido».
    • Derechos o exigencia: lo que quiero debería cumplirse ya, y los demás no deberían interponerse. Aparece como enojo con quien tarda, con el que opina distinto o con la fila que no avanza.
    • Intolerancia emocional: sentirme mal es insoportable y tengo que dejar de sentirlo de inmediato. Es la razón por la que algunas personas buscan alcohol, pantallas o comida a la primera punzada de ansiedad o de tristeza.
    • Logro: no alcanzar la meta a la primera, o hacer algo imperfecto, resulta intolerable. A menudo se esconde detrás de un perfeccionismo que termina en abandono.

    Imagina, por ejemplo, a alguien que empieza un curso online con entusiasmo, se queda atascado en el tercer módulo y siente una mezcla de rabia y vergüenza. En vez de pedir ayuda o bajar el ritmo, lo cierra «por hoy». Al día siguiente la sensación de atraso es peor, y evitarlo se vuelve más tentador. Es un patrón que se alimenta solo: cada vez que se escapa del malestar, la creencia de que no se podía aguantar sale reforzada.

    Si lo que describes se parece más a un exceso de exigencia contigo mismo, quizás te sirva la guía sobre perfeccionismo. Y si el problema central es postergar, la de cómo dejar de procrastinar.

    ¿Qué causa y mantiene la baja tolerancia a la frustración?

    Intervienen varios factores a la vez, y se refuerzan entre sí:

    • Temperamento y reactividad. Algunas personas nacen con una respuesta más intensa a la espera, a la pérdida de una recompensa o a la novedad, lo que hace más difícil aprender a autorregularse.
    • Crianza. La sobreprotección (resolverle todo al niño) y los estilos educativos incoherentes o muy punitivos le quitan oportunidades de practicar el esfuerzo y de comprobar que un mal rato se supera (Caballo, 2014).
    • Afrontamiento evitativo. Escapar del malestar (postergar, distraerse, consumir) alivia en el momento y, a la larga, impide aprender que se podía soportar.
    • Creencias aprendidas. Las exigencias («debería ser fácil») y las evaluaciones extremas («es insoportable») se repiten tanto que dejan de sentirse como opiniones y pasan a sentirse como hechos.
    • Otros cuadros. El TDAH, algunos trastornos de personalidad, el consumo de sustancias y los trastornos del ánimo y de ansiedad se acompañan con frecuencia de baja tolerancia a la frustración (más abajo se detalla).

    Un dato práctico: la baja tolerancia a la frustración tiene un componente de temperamento, pero la parte que mantiene el problema en la adultez (la creencia y la conducta de evitación) es la que se puede entrenar.

    ¿Con qué problemas se asocia?

    La escala de Harrington se ha aplicado en varios países. Con ella se han encontrado asociaciones consistentes, siempre de correlación (no sabemos si la intolerancia causa el problema, lo agrava, o ambos se alimentan):

    • Ansiedad y depresión. En una muestra italiana de población general con 247 adultos, el puntaje total de la escala se asoció con más ansiedad (r = 0,33) y más depresión (r = 0,36), con la exigencia de «derechos» como la dimensión más ligada a la ansiedad (Tripaldi et al., 2018).
    • Frustración e ira. Con pacientes clínicos, Harrington relacionó las creencias de intolerancia a la frustración con depresión, ansiedad y con una vivencia y expresión problemática de la ira (Harrington, 2006). La lógica es la misma de la sección anterior: si «no debería pasar» y «no lo aguanto» son las ideas de fondo, el enojo es la reacción más rápida.
    • Procrastinación. En 171 universitarios turcos, la intolerancia al malestar fue la dimensión más ligada a postergar tareas (Uzun Ozer et al., 2012), algo ya visto en el trabajo original de Harrington sobre procrastinación.
    • Juego problemático. Entre 69 adultos con trastorno por juego en internet y 138 controles, los primeros puntuaron más alto en intolerancia a la frustración, y la dimensión de «derechos» se asoció al trastorno aun controlando la depresión (Lin et al., 2021).
    • Consumo de sustancias. En 288 pacientes ambulatorios egipcios, mayor intolerancia a la frustración se relacionó con mayor riesgo de recaída (r = 0,48) y con menor disposición a cambiar (r = −0,64) (Zaher et al., 2025). Otro estudio con pacientes con trastorno por consumo encontró además menor tolerancia a la frustración que en controles (Ramirez-Castillo et al., 2019).
    • Estudios y trabajo. En 630 universitarios, la intolerancia a la frustración se asoció con peor rendimiento a través de más agotamiento y menos compromiso (Ruiz-Ortega y Berrios-Martos, 2025).

    En conjunto, una revisión de la relación entre creencias irracionales y malestar psicológico (100 muestras) halló una asociación moderada (r = 0,38). Ninguna de estas cifras sirve para predecir qué le pasará a una persona concreta, pero todas apuntan en la misma dirección.

    ¿En qué se diferencia de la irritabilidad, la ira o la tolerancia al malestar?

    Los términos se usan como sinónimos y no lo son. La tabla ordena los cuatro vecinos más frecuentes.

    Concepto Qué es Qué se mide
    Baja tolerancia a la frustración Creencia de que el obstáculo o el esfuerzo es insoportable y no debería existir Escala de Frustración y Malestar de Harrington (FDS, 28 ítems)
    Tolerancia al malestar Capacidad general de soportar estados emocionales aversivos Distress Tolerance Scale (Simons y Gaher, 2005, 15 ítems)
    Irritabilidad Umbral bajo para enojarse, con estado de ánimo gruñón o arrebatos Affective Reactivity Index (Stringaris et al., 2012, 7 ítems)
    Ira Emoción intensa con activación del cuerpo y una forma de expresarla o contenerla STAXI-2 (Spielberger, 1999, 57 ítems)

    La intolerancia a la frustración es la creencia que explica por qué un obstáculo común dispara la emoción. La ira es la emoción que puede aparecer después. La irritabilidad es la disposición a enojarse con poco. Y la intolerancia a la incertidumbre es otra cosa: es la dificultad para soportar no saber qué va a pasar, y se activa ante la duda más que ante el obstáculo.

    Para el caso de los niños, la dinámica es distinta, porque la frustración en la infancia es normal y se va regulando con la edad. Eso se desarrolla en la guía sobre tolerancia a la frustración en niños.

    ¿Se puede medir?

    Sí, aunque con límites. La Frustration Discomfort Scale (FDS) de Harrington (2005) tiene 28 ítems, agrupados en las cuatro dimensiones de arriba (7 ítems cada una). Se responde de 1 a 5 y el puntaje total va de 28 a 140: más alto significa más intolerancia. Tiene buena consistencia interna en el estudio original (alfa de 0,94 para el total) y en versiones de otros países, como la turca y la italiana.

    Lo que no existe es un punto de corte publicado que permita decir «tienes baja tolerancia a la frustración» con un número. Lo que hay son promedios de grupo. En el estudio original, una muestra clínica del Reino Unido promedió 90,8 puntos y una de estudiantes universitarios 75,7. En Italia, la población general promedió 73,9. Un promedio de grupo describe a un grupo, no define el umbral de un individuo, así que no conviene hacerse el «test» en casa y sacar conclusiones con un puntaje.

    Si te interesa conocer los instrumentos disponibles, la guía de evaluación de la tolerancia a la frustración los compara, y la de tests de tolerancia a la frustración reúne recursos para niños y adultos.

    ¿Cuándo puede ser señal de otro cuadro?

    La baja tolerancia a la frustración puede ser un rasgo aislado o un síntoma dentro de un cuadro mayor. Conviene pensar en otra causa cuando aparece en conjunto con:

    • TDAH. La dificultad para frenar impulsos y esperar suele acompañarse de más frustración ante la rutina y los obstáculos. En adolescentes con TDAH, por ejemplo, la intolerancia a la frustración se asoció con más adicción a internet (Lu et al., 2019). Si además hay desorganización crónica, olvidos y dificultad para sostener la atención desde la infancia, la guía de terapia para el TDAH en adultos explica el abordaje.
    • Trastorno límite o antisocial de la personalidad. Allí la intolerancia a la frustración forma parte de un patrón de inestabilidad emocional, impulsividad y relaciones conflictivas (Caballo, 2014; Linehan, 2015). La guía sobre el grupo B de los trastornos de personalidad lo contextualiza.
    • Depresión. Puede mostrarse como irritabilidad y estallidos más que como tristeza abierta. Las creencias de intolerancia al malestar y de logro se asociaron a más síntomas depresivos en el estudio de Lin et al. (2021).
    • Consumo de alcohol u otras sustancias. Si el modo de «apagar» el malestar es beber, consumir o apostar, la intolerancia pasa a ser un factor de riesgo de recaída, como se vio arriba.
    • Ansiedad o trauma. La exigencia de seguridad y de control inmediato puede alimentar la ansiedad.

    ¿Cómo tratar la baja tolerancia a la frustración en adultos?

    La intervención con más investigación específica sobre esta creencia es la TREC. Hay tres datos que conviene conocer:

    • Un metaanálisis de 84 artículos halló que la TREC supera a otras intervenciones en resultados clínicos (d = 0,58) y en reducción de creencias irracionales (d = 0,70), con efectos medios.
    • Una revisión sistemática de 162 intervenciones encontró reducción de creencias irracionales y mejoría de salud mental, con mejores resultados cuando las dirigía un profesional formado, usaban el marco ABC y duraban más. La calidad metodológica fue baja fuera del ámbito deportivo.
    • En un estudio con 54 profesores, un programa grupal de TREC de seis semanas redujo el malestar por frustración, y el efecto se mantuvo a los tres y a los siete meses. Fue un estudio cuasiexperimental y con una muestra pequeña, así que se lee como señal alentadora y no como prueba definitiva.

    El modelo ABCDE aplicado a la frustración

    La TREC trabaja con cinco letras:

    1. A (evento): lo que pasó. Por ejemplo, tienes que rehacer un informe que ya habías dado por terminado.
    2. B (creencia): lo que te dices sobre eso. «No puedo creer que me pase esto, es insoportable, no debería tener que hacerlo».
    3. C (consecuencia): lo que sientes y haces. Rabia, tensión, postergación.
    4. D (debate): cuestionar la creencia con tres preguntas: ¿hay evidencia de que no puedo soportarlo? (empírico), ¿se sigue de que algo sea molesto que sea imposible de aguantar? (lógico), ¿me sirve pensarlo así? (pragmático).
    5. E (nueva creencia): una versión que sí te ayuda. «Es muy molesto rehacerlo, pero puedo aguantarlo, y me conviene terminarlo bien».

    La creencia nueva no pretende ser positiva ni minimizar la molestia. Pretende ser verdadera: incómodo no es lo mismo que insoportable, y dos cosas distintas merecen dos palabras distintas.

    Tareas concretas entre sesiones

    Ellis y sus continuadores insisten en que el cambio ocurre más en la práctica que en la conversación. Estas son tareas que se usan en terapia y que puedes ensayar con un psicólogo:

    • Registro ABCDE: anotar la situación, la creencia, la reacción, el debate y la creencia nueva.
    • Incomodidad deliberada: quedarte 20 minutos en una tarea postergada sin revisar el celular, o esperar en una fila sin distraerte, para comprobar con tu propia experiencia que la incomodidad sube, se queda un rato y baja.
    • Frases de afrontamiento cortas («es incómodo, no es peligroso») que se repiten en el momento exacto.
    • Pausa antes de reaccionar: frenar unos segundos, evaluar y recién ahí decidir qué hacer.

    Windy Dryden y Jack Gordon (1993), en Beating the Comfort Trap, proponen una idea útil: cada vez que cedes a «no lo soporto» para evitar el esfuerzo de hoy, el malestar se traslada al futuro y suele volver más grande, en forma de atraso, culpa y estancamiento.

    Habilidades de tolerancia al malestar (DBT)

    La terapia dialéctico-conductual de Marsha Linehan (2015) incluye un módulo de tolerancia al malestar, pensado para soportar emociones intensas sin recurrir a conductas impulsivas. Entre sus habilidades están las estrategias de crisis (distraerte con actividades, calmarte con los cinco sentidos), el análisis de pros y contras de ceder al impulso, la «navegación del impulso» (observar la urgencia como una ola que sube y baja) y la aceptación radical, que es dejar de pelear con una realidad que no puedes cambiar en ese momento. Estas habilidades se enseñan en terapia y se complementan bien con el trabajo sobre creencias.

    Qué empeora las cosas

    • Suprimir o evitar sistemáticamente el malestar (con consumo, pantallas o postergación), porque confirma que «no se podía».
    • Esperar a «estar de ánimo» para empezar una tarea incómoda: si la tarea espera a que la incomodidad desaparezca sola, probablemente no empiece.
    • Exigirte cambiar de golpe. La tolerancia se entrena en dosis pequeñas y repetidas.

    Cuándo buscar ayuda profesional

    Conviene consultar si la baja tolerancia a la frustración interfiere con el trabajo, los estudios o las relaciones, si se acompaña de estallidos de ira con daño verbal o físico a otros, si usas alcohol, apuestas u otras sustancias para aguantar el malestar, si te retiras de actividades y relaciones para evitarlo, o si hay síntomas de depresión o ansiedad que llevan más de dos semanas. Una evaluación ayuda a distinguir si es un patrón de creencias que se puede trabajar con terapia, o si hay detrás un cuadro (TDAH, trastorno del ánimo, consumo) que merece su propio tratamiento.

    Si hay pensamientos de morir o de hacerte daño, eso tiene prioridad. En Chile, la línea *4141 del Ministerio de Salud atiende gratis desde un celular, todos los días y a cualquier hora. Para el manejo del enojo en sí, la American Psychological Association tiene una página sobre cómo controlar la ira. Y si te interesa trabajar la emoción en general, la guía de cómo controlar las emociones resume lo que funciona y lo que empeora las cosas.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es la baja tolerancia a la frustración? Es la tendencia a vivir el obstáculo, la espera o el esfuerzo como algo insoportable que no debería ocurrir. En la TREC se entiende como una creencia (exigencia más «no lo soporto») y se mide, entre otras formas, con la escala FDS de Harrington (2005).

    ¿Es un trastorno mental? Es un patrón de pensamiento y conducta que aparece en personas sin ningún trastorno y que también acompaña a la depresión, la ansiedad, el TDAH, algunos trastornos de personalidad y el consumo de sustancias. Por sí solo no da un diagnóstico.

    ¿Por qué me frustro con facilidad con cosas pequeñas? Puede haber temperamento reactivo, hábitos de evitación y creencias como «las cosas deberían ser fáciles». Cuando el malestar se evita siempre, la persona confirma que no se podía soportar y la próxima vez reacciona antes. Ese ciclo se puede invertir con práctica.

    ¿Se puede mejorar siendo adulto? Sí. Hay evidencia de que la TREC reduce las creencias irracionales (d = 0,70 en un metaanálisis que reunió 84 artículos) y de que programas breves bajan el malestar por frustración. Los resultados dependen de practicar entre sesiones y de que la dirija un profesional.

    ¿Cuál es la diferencia con la irritabilidad? La irritabilidad es una disposición a enojarse con poco. La baja tolerancia a la frustración es la creencia que lleva a ver un obstáculo común como insoportable. Pueden darse juntas, pero se evalúan y se trabajan de forma distinta.

    ¿Cuánto tarda en notarse el cambio? Depende de cada persona. En el estudio con profesores, el programa duró seis semanas y el efecto seguía presente a los siete meses. Lo más útil es empezar con tareas pequeñas y medir el avance por situaciones concretas, no por un puntaje.

    Si cada contratiempo te cuesta demasiado

    Si te reconoces en lo que leíste y quieres trabajarlo, en consulta se parte por entender en qué situaciones aparece la creencia «no lo soporto», se revisan juntas y se arma un plan de tareas graduadas que se ajusta a tu vida. Puedes escribirme desde la página de contacto para agendar una primera hora.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Referencias

    • Caballo, V. E. (Dir.). (2014). Manual para la evaluación clínica de los trastornos psicológicos: Trastornos de la edad adulta e informes psicológicos. Pirámide.
    • David, D., Cotet, C., Matu, S., Mogoase, C., & Stefan, S. (2018). 50 years of rational-emotive and cognitive-behavioral therapy: A systematic review and meta-analysis. Journal of Clinical Psychology, 74(3), 304-318. https://doi.org/10.1002/jclp.22514
    • Dryden, W., & Gordon, J. (1993). Beating the comfort trap. Sheldon Press.
    • Ellis, A. (1962). Reason and emotion in psychotherapy. Lyle Stuart.
    • Harrington, N. (2005). The Frustration Discomfort Scale: Development and psychometric properties. Clinical Psychology & Psychotherapy, 12(5), 374-387. https://doi.org/10.1002/cpp.465
    • Harrington, N. (2005). It’s too difficult! Frustration intolerance beliefs and procrastination. Personality and Individual Differences, 39(5), 873-883. https://doi.org/10.1016/j.paid.2004.12.018
    • Harrington, N. (2006). Frustration intolerance beliefs: Their relationship with depression, anxiety, and anger, in a clinical population. Cognitive Therapy and Research, 30(6), 699-709. https://doi.org/10.1007/s10608-006-9061-6
    • King, A. M., Plateau, C. R., Turner, M. J., Young, P., & Barker, J. B. (2024). A systematic review of the nature and efficacy of Rational Emotive Behaviour Therapy interventions. PLOS ONE, 19(7), e0306835. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0306835
    • Lin, H.-C., Yen, J.-Y., Lin, P.-C., & Ko, C.-H. (2021). The frustration intolerance of internet gaming disorder and its association with severity and depression. The Kaohsiung Journal of Medical Sciences, 37(10), 903-909. https://doi.org/10.1002/kjm2.12394
    • Linehan, M. M. (2015). DBT skills training manual (2.ª ed.). Guilford Press.
    • Lu, W.-H., Chou, W.-J., Hsiao, R. C., Hu, H.-F., & Yen, C.-F. (2019). Correlations of internet addiction severity with reinforcement sensitivity and frustration intolerance in adolescents with attention-deficit/hyperactivity disorder: The moderating effect of medications. Frontiers in Psychiatry, 10, 268. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2019.00268
    • Lupuleac, C., Faur, D., & Sava, F. A. (2025). Frustrated teachers: An REBT intervention to reduce frustration discomfort in middle school teachers: A quasi-experimental study. European Journal of Investigation in Health, Psychology and Education, 15(4), 57. https://doi.org/10.3390/ejihpe15040057
    • Ramirez-Castillo, D., Garcia-Roda, C., Guell, F., Fernandez-Montalvo, J., Bernacer, J., & Morón, I. (2019). Frustration tolerance and personality traits in patients with substance use disorders. Frontiers in Psychiatry, 10, 421. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2019.00421
    • Ruiz-Ortega, A. M., & Berrios-Martos, M. P. (2025). The role of emotional intelligence and frustration intolerance in the academic performance of university students: A structural equation model. Journal of Intelligence, 13(8), 101. https://doi.org/10.3390/jintelligence13080101
    • Simons, J. S., & Gaher, R. M. (2005). The Distress Tolerance Scale: Development and validation of a self-report measure. Motivation and Emotion, 29(2), 83-102. https://doi.org/10.1007/s11031-005-7955-3
    • Spielberger, C. D. (1999). STAXI-2: State-Trait Anger Expression Inventory-2. Professional manual. Psychological Assessment Resources.
    • Stringaris, A., Goodman, R., Ferdinando, S., Razdan, V., Muhrer, E., Leibenluft, E., & Brotman, M. A. (2012). The Affective Reactivity Index: A concise irritability scale for clinical and research settings. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 53(11), 1109-1117. https://doi.org/10.1111/j.1469-7610.2012.02561.x
    • Tripaldi, S., Paparusso, M., Amabili, M., Manfredi, C., Caselli, G., Scarinci, A., Valenti, V., & Mezzaluna, C. (2018). Frustration Discomfort Scale (FDS): A psychometric study of the Italian version. Journal of Rational-Emotive & Cognitive-Behavior Therapy, 36(3), 267-287. https://doi.org/10.1007/s10942-018-0286-6
    • Turner, M. J. (2016). Rational emotive behavior therapy (REBT), irrational and rational beliefs, and the mental health of athletes. Frontiers in Psychology, 7, 1423. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2016.01423
    • Uzun Ozer, B., Demir, A., & Harrington, N. (2012). Psychometric properties of Frustration Discomfort Scale in a Turkish sample. Psychological Reports, 111(1), 117-128. https://doi.org/10.2466/08.02.18.pr0.111.4.117-128
    • Vîslă, A., Flückiger, C., grosse Holtforth, M., & David, D. (2016). Irrational beliefs and psychological distress: A meta-analysis. Psychotherapy and Psychosomatics, 85(1), 8-15. https://doi.org/10.1159/000441231

  • Creencias Irracionales de Ellis: La Lista de las 11 y Cómo Discutirlas

    Creencias Irracionales de Ellis: La Lista de las 11 y Cómo Discutirlas

    Hay frases que uno se dice tan seguido que ya no las escucha. «Tengo que caerle bien a todos». «Si me equivoco en esto, soy un desastre». «No soporto que me hagan esperar». Albert Ellis las llamó creencias irracionales (en muchas traducciones, «ideas irracionales»), y en 1962 publicó una lista de once que, sesenta años después, sigue circulando en manuales, aulas y consultas. Las creencias irracionales de Ellis son la pieza central de la terapia racional emotiva conductual (TREC), la primera de las terapias cognitivo-conductuales.

    Esta guía trae la lista completa de las 11 creencias irracionales con ejemplos cotidianos, explica cómo Ellis las resumió después en cuatro creencias nucleares, qué dice la evidencia sobre cuánto pesan en la ansiedad y la depresión, y cómo se discuten paso a paso. Más abajo hay un orientador interactivo: marcas las frases que reconoces y te devuelve, para cada una, la exigencia que esconde y las preguntas con las que se debate en terapia. Tarda dos minutos y no da puntaje (más adelante explico por qué eso es a propósito).

    Respuesta corta: las creencias irracionales son exigencias rígidas («debo», «tienen que», «no soporto») que convierten un deseo legítimo en una obligación absoluta. Ellis listó once en 1962; en los años ochenta las redujo a una exigencia central con tres conclusiones (catastrofismo, baja tolerancia a la frustración y condena global). Se asocian de forma moderada con ansiedad, depresión e ira, y se cambian debatiéndolas con preguntas empíricas, lógicas y prácticas.

    Si prefieres trabajar en papel, hay una hoja de debate en PDF para imprimir: la lista de las 11 creencias con su alternativa racional y un registro para debatir una a la vez. Es material de trabajo, no un test, y no da puntaje.

    Qué es una creencia irracional según Albert Ellis

    Una creencia irracional, en el sentido de Ellis, es una evaluación rígida y absolutista de uno mismo, de los demás o de la vida, que no se sostiene en los hechos, no sigue una lógica coherente y lleva a emociones que estorban (pánico, depresión, rabia, culpa) en vez de a emociones que ayudan a resolver el problema. No es «pensar mal» en el sentido de ser poco inteligente: es razonar desde una premisa que no admite excepciones.

    Ellis presentó la idea en 1955 en la reunión anual de la American Psychological Association y la publicó por primera vez en su artículo de 1958 sobre la psicoterapia racional (Ellis, 1958). La lista de once creencias apareció cuatro años después en Reason and Emotion in Psychotherapy (Ellis, 1962), el primer libro de la terapia para profesionales. La definición de la APA va en la misma línea: creencias que son ilógicas, no se ajustan a la realidad y llevan a alteraciones emocionales.

    ¿Cómo se reconoce una? Lega, Calvo y Sorribes (2017) resumen cinco criterios: es absolutista y rígida (blanco o negro, siempre o nunca), es ilógica, no concuerda con la realidad, no sirve para conseguir lo que la persona quiere, y produce emociones insanas y conductas que dañan. Basta con que falle en uno de esos frentes para que valga la pena discutirla.

    Un detalle importante que casi nadie explica: la palabra «debo» no es el problema en sí. «Debo llevar paraguas si no quiero mojarme» es una advertencia razonable; «debo estudiar para aprobar» es una condición práctica. El «debo» irracional es el que se vuelve incuestionable y arrastra un veredicto sobre la persona: «debo aprobar, y si no apruebo soy un fracaso». Ahí la preferencia se convirtió en exigencia, y el problema práctico (estudiar) ganó un segundo problema encima (lo que valgo yo).

    El modelo ABC: no es lo que te pasa, es lo que te dices sobre lo que te pasa

    El modelo ABC es la forma en que la TREC explica por qué dos personas reaccionan distinto ante el mismo hecho. A es el acontecimiento activador (lo que pasó), B son las creencias con las que lo interpretas, y C son las consecuencias emocionales y conductuales. La idea central es que A no produce C directamente: pasa por B. Ellis la formuló en 1962 y la revisó en 1994, cuando incluyó las metas y valores de la persona y las interacciones entre los tres elementos (Lega et al., 2017).

    Un ejemplo. A: tu jefe no contesta un mensaje importante en todo el día. Si en B piensas «seguro está ocupado, mañana insisto», en C sientes algo de inquietud y sigues trabajando. Si en B piensas «no debería ignorarme, es una falta de respeto insoportable y significa que no me valora», en C aparece la rabia, das vueltas toda la tarde y contestas seco al día siguiente. Mismo A, distinto B, distinto C.

    De aquí sale una idea que separa a la TREC de otras terapias: el modelo binario de las emociones. Ellis no distingue entre «poca» y «mucha» ansiedad, sino entre emociones negativas sanas (preocupación, tristeza, decepción, frustración) e insanas (ansiedad, depresión, culpa, rabia). Las sanas empujan a actuar; las insanas paralizan o hacen daño. El objetivo de la terapia es pasar de la depresión a la tristeza; la tristeza por una pérdida se conserva, porque sirve para asimilarla. Una revisión sobre la TREC publicada en Frontiers in Psychology describe este marco y señala que la relación entre la evaluación cognitiva y la emoción cuenta con respaldo experimental (Turner, 2016).

    Las 11 creencias irracionales de Ellis (lista completa)

    Esta es la lista original de Reason and Emotion in Psychotherapy (Ellis, 1962), en la traducción que usan Lega, Calvo y Sorribes (2017) en su manual en español. Junto a cada creencia va la forma en que suele sonar hoy, en primera persona, y la alternativa racional que propone la TREC.

    1. Es una necesidad para el ser humano adulto ser amado y aceptado por prácticamente toda persona significativa de su comunidad. Hoy suena así: «necesito caerle bien a todos». Alternativa: prefiero que me quieran y me esfuerzo por ello; que alguien no me apruebe es desagradable, no una catástrofe.
    2. Para considerarse valioso hay que ser muy competente, autosuficiente y capaz de lograr cualquier cosa en todos los aspectos posibles. «Si no rindo, no valgo». Alternativa: quiero hacer bien lo que me importa; puedo fallar y seguir siendo una persona que vale.
    3. Cierta clase de gente es vil, malvada e infame, y debe ser seriamente culpabilizada y castigada por su maldad. «Esa persona es una basura y merece que le vaya mal». Alternativa: hay conductas dañinas que rechazo y ante las que pongo límites; una persona es más que sus peores actos.
    4. Es tremendo y catastrófico que las cosas no vayan por el camino que a uno le gustaría. «Esto es horrible, no puede estar pasando». Alternativa: es molesto, a veces muy malo; puedo sentirlo y ver qué depende de mí.
    5. La desgracia humana se origina por causas externas y la gente tiene poca capacidad, o ninguna, de controlar sus penas y perturbaciones. «Yo no puedo hacer nada con lo que siento; me lo hacen sentir». Alternativa: lo de afuera influye, y también lo que me digo sobre eso; ahí sí tengo margen.
    6. Si algo es o puede ser peligroso o temible, uno debe sentirse terriblemente inquieto por ello y pensar constantemente en la posibilidad de que ocurra. «Si no me preocupo todo el tiempo, va a pasar algo». Alternativa: preveo lo que puedo y me preparo; rumiar no cambia el riesgo.
    7. Es más fácil evitar que afrontar ciertas responsabilidades y dificultades en la vida. «Mejor lo dejo para después». Alternativa: evitar alivia ahora y cuesta más después; puedo tolerar la incomodidad y empezar por algo pequeño.
    8. Se debe depender de los demás y se necesita a alguien más fuerte en quien confiar. «No puedo con esto solo». Alternativa: pedir ayuda está bien; no es lo mismo que no poder valerme sin otros.
    9. La historia pasada es un determinante decisivo de la conducta actual, y algo que ocurrió alguna vez y conmocionó a uno debe seguir afectándole indefinidamente. «Yo soy así por lo que viví». Alternativa: el pasado explica parte de lo que hago; no dicta lo que puedo aprender desde hoy.
    10. Uno debe sentirse muy preocupado por los problemas y las perturbaciones de los demás. «Si a los míos les va mal, yo tengo que sufrir». Alternativa: me importan y los ayudo; angustiarme no los ayuda más.
    11. Invariablemente existe una solución precisa, correcta y perfecta para los problemas humanos, y si no se encuentra, sobreviene la catástrofe. «Tengo que dar con la decisión perfecta». Alternativa: busco una buena solución, la pruebo y la ajusto.

    ¿Y la número doce? Existe. En versiones posteriores, sobre todo en A New Guide to Rational Living (Ellis y Harper, 1975), la lista creció con una duodécima: la idea de que se puede alcanzar la máxima felicidad a través de la inercia y la inactividad, divirtiéndose pasivamente y sin comprometerse (Lega et al., 2017). Por eso en algunos textos verás «las 12 creencias irracionales». La lista de once es la de 1962 y es la que se popularizó.

    Creencias irracionales de Ellis: ejemplos de la vida diaria, con su versión racional

    Ver las once en abstracto es una cosa; pillarlas en la propia semana es otra. Esta tabla junta creencias irracionales con ejemplos concretos, la emoción insana que suele traer cada una y la emoción sana que aparece cuando la creencia se vuelve preferencia.

    Situación (A)Creencia irracional (B)Emoción insana (C)Versión racionalEmoción sana
    Un amigo lee tu mensaje y no responde en dos días«No debería ignorarme; si lo hace es que no le importo y eso no lo soporto» (creencias 1 y 4)Rabia, luego tristeza con rumiación«Me gustaría que contestara; puede haber mil motivos, y si de verdad le importo poco, es una pena, no una prueba de mi valor»Decepción, curiosidad por preguntar
    Te equivocas en una presentación delante del equipo«Tengo que hacerlo perfecto; me equivoqué, soy un inútil» (creencia 2)Vergüenza intensa, ganas de renunciar«Quería hacerlo bien y fallé en una parte; puedo corregirla, y un error no me define»Frustración, ganas de preparar mejor la próxima
    Tu hijo adolescente saca malas notas«Si a él le va mal yo tengo que angustiarme; es mi responsabilidad total» (creencias 5 y 10)Ansiedad que no deja pensar«Me preocupa y voy a acompañarlo; su rendimiento depende de varias cosas, y mi angustia no le suma»Preocupación que se convierte en un plan
    Tienes que llamar para reclamar una cuenta mal cobrada«Es un trámite insoportable, mejor lo dejo» (creencia 7)Malestar difuso que se arrastra semanas«Es fastidioso y puedo aguantar diez minutos de llamada; después me lo saco de encima»Fastidio breve, alivio
    Un cliente te trata con prepotencia«No tiene derecho; la gente así es despreciable» (creencia 3)Ira que dura toda la tarde«Se portó mal y puedo ponerle un límite; su conducta habla de él, no me obliga a odiarlo»Molestia, firmeza

    Fíjate en el patrón: la versión racional conserva el deseo (que respondan, hacerlo bien, que al hijo le vaya bien) y quita el mandato. Ellis lo repetía a sus pacientes en francés, medio en broma: cherchez le should, cherchez le must, busca el «debería» escondido (Lega et al., 2017).

    De 11 a 4: cómo Ellis reformuló la lista en creencias irracionales nucleares

    Con los años, Ellis y sus colaboradores vieron que las once creencias eran manifestaciones de algo más simple. En los años ochenta las agruparon así (Lega et al., 2017): debajo de todas hay una exigencia absolutista (el «debo» o «tengo que»), que puede caer sobre tres contenidos, y de esa exigencia se derivan tres conclusiones o inferencias.

    Los tres contenidos de la exigencia:

    • Aprobación y amor: «debo ser amado y aceptado por prácticamente cada una de las personas importantes en mi vida».
    • Perfección y éxito: «debo ser competente y tener éxito en las áreas importantes de mi vida».
    • Comodidad y justicia: «debo obtener de la vida y de las otras personas lo que quiero y sea justo para mí, sin problemas y con poco o ningún esfuerzo».

    Las tres conclusiones que se derivan de la exigencia incumplida:

    ConclusiónQué esCómo suenaSu alternativa
    Condena o evaluación globalJuzgar a toda la persona (o a la vida) por una conducta, un rasgo o un hecho«No valgo nada», «es una mala persona»Aceptación incondicional: evaluar la conducta, no la esencia
    Tremendismo o catastrofismoVer la situación como 100 % mala o peor, lo peor que podría pasar«Es horrible, es lo peor de mi vida»Relativizar: es malo en una escala del 1 al 99, no del 101
    Baja tolerancia a la frustraciónDefinir la incomodidad como insoportable en vez de como incómoda«No lo soporto», «no puedo con esto»Tolerancia: es difícil y lo estoy soportando

    En la literatura en inglés esto se conoce como las cuatro creencias irracionales nucleares: la exigencia (demandingness) como creencia primaria, y el catastrofismo, la baja tolerancia a la frustración y la depreciación de sí mismo o de otros como secundarias. Sus espejos racionales son las preferencias, el anti-catastrofismo, la alta tolerancia a la frustración y la aceptación de sí y de los demás (Turner, 2016).

    ¿Por qué importa la reformulación si la lista de once es más famosa? Porque en terapia no se trabajan once frases, se trabaja el «debo» que las genera. Si discutes solo la conclusión («bueno, no es tan horrible») pero dejas intacta la exigencia («pero no debería haber pasado»), la creencia vuelve con otra cara. Ellis le escribió a Leonor Lega en 1995 que las inferencias se derivan del pensamiento absolutista, y que atacar ese dogma interno es la esencia de la intervención (Lega et al., 2017).

    La baja tolerancia a la frustración merece una mención aparte, porque es la contribución más propia de Ellis y la que más se descuida. Es la creencia de que una incomodidad es insoportable, cuando de hecho la persona la está soportando. Tiene su propio instrumento de medida, la Frustration Discomfort Scale, con cuatro dimensiones: intolerancia al malestar emocional, sentido de derecho e injusticia, intolerancia a la incomodidad y frustración de logro (Harrington, 2005). Si ese es tu punto flaco, en este sitio hay una guía sobre cómo se evalúa la tolerancia a la frustración y otra con ejercicios para trabajarla en niños y adultos.

    ¿Creencias irracionales o distorsiones cognitivas? La diferencia con Beck

    Se confunden todo el tiempo, y no son lo mismo. Las distorsiones cognitivas de Beck (sobregeneralización, lectura de mente, filtro mental) son errores en cómo procesas la información: inferencias sobre lo que pasó o va a pasar. Las creencias irracionales de Ellis son evaluaciones: qué exiges que pase y qué veredicto dictas cuando no pasa. El propio Ellis dedicó un artículo de 1980 a las semejanzas y diferencias entre su terapia y la terapia cognitivo-conductual de Beck (Ellis, 1980).

    Un ejemplo lo aclara. «Mi jefe no me saludó, seguro está enojado conmigo» es una distorsión (lectura de mente): una inferencia que se puede comprobar preguntando. «Mi jefe no debería estar enojado conmigo, y si lo está es insoportable y significa que soy un mal profesional» es una creencia irracional: aunque la inferencia fuera cierta, el problema está en la exigencia y en la condena.

    La TREC distingue por eso dos tipos de debate. El debate inferencial (o empírico, «no elegante») cuestiona la inferencia: ¿qué pruebas tienes de que está enojado? El debate filosófico («elegante») cuestiona la exigencia: supongamos que sí está enojado, ¿por qué no debería estarlo, y por qué eso te quitaría valor? La TREC prefiere el segundo porque, según Ellis, produce cambios más profundos y duraderos (Lega et al., 2017). En la práctica, la terapia cognitivo-conductual actual usa los dos.

    Qué dice la evidencia: cuánto pesan las creencias irracionales y si sirve discutirlas

    Aquí conviene ser preciso, porque la TREC tiene fama de ser «filosofía» y tiene más datos de los que parece. Hay tres preguntas: si las creencias irracionales se asocian de verdad al malestar, si las racionales protegen, y si discutirlas cambia algo.

    Sí se asocian, y de forma moderada. Un metaanálisis de 83 estudios con 100 muestras independientes encontró una correlación global de 0,38 entre creencias irracionales y malestar psicológico, incluyendo malestar general, ansiedad, depresión, ira y culpa. La relación se mantuvo después de controlar varias covariables, y fue más fuerte según el tipo de creencia, el estresor, la edad y si la muestra era clínica (Vîslă et al., 2016). Una correlación de 0,38 no es «la causa de todo», y conviene decirlo: hay mucho malestar que no se explica por las creencias. Pero es un peso comparable al de muchos factores que sí tomamos en serio.

    Las creencias racionales protegen. Otro metaanálisis de 26 estudios halló una asociación negativa media entre creencias racionales y malestar (r = -0,31), y la más fuerte fue la de las creencias de aceptación incondicional (r = -0,41). Los autores proponen las creencias racionales como un factor protector transdiagnóstico y recomiendan que la terapia dedique tiempo a construir autoaceptación, no solo a desmontar exigencias (Oltean y David, 2018).

    Discutirlas funciona, con matices. La revisión de 50 años de TREC, que reunió 84 estudios, obtuvo un efecto medio frente a otras intervenciones tanto sobre los resultados clínicos (d = 0,58) como sobre las propias creencias irracionales (d = 0,70); los autores concluyen que la TREC es una intervención psicológica sólida (David et al., 2018). Una revisión sistemática más reciente de 162 estudios confirmó reducciones de creencias irracionales y mejoras en salud mental, y añadió algo útil: las intervenciones que mejor funcionaron las aplicaron terapeutas formados en TREC, usaron el marco ABC y duraron más. También advirtió que la calidad metodológica fuera del ámbito deportivo era baja (King et al., 2024). Es decir: el efecto está, y la investigación podría ser mejor.

    Para la depresión hay un ensayo que vale la pena conocer. Con 170 pacientes con depresión mayor asignados al azar a 14 semanas de TREC, terapia cognitiva o fluoxetina, no hubo diferencias al terminar el tratamiento; a los seis meses de seguimiento, la TREC mostró un efecto mayor que el fármaco en la escala de Hamilton (David et al., 2008). El análisis de mecanismos del mismo ensayo encontró que las tres condiciones cambiaron por igual pensamientos automáticos, actitudes disfuncionales y creencias irracionales, pero que a largo plazo el cambio en la exigencia implícita fue lo que más se asoció a menos depresión y a menos recaídas (Szentagotai et al., 2008). Justo la pieza que Ellis ponía en el centro.

    Lo que la investigación todavía no responde bien: cuánto sirve discutir estas creencias por cuenta propia, sin terapeuta. La mayoría de los estudios son con profesionales formados. Vale tenerlo presente al usar el orientador de más abajo: sirve para reconocer y empezar, no reemplaza el trabajo guiado.

    Cómo discutir una creencia irracional: el debate (D) paso a paso

    Al ABC le siguen tres letras: D es el debate de la creencia, E es la nueva filosofía racional que queda, y F son los sentimientos y conductas que la acompañan. El debate se basa en el método científico aplicado al propio pensamiento: una serie de preguntas que invitan a examinar si la creencia se sostiene (Lega et al., 2017). No es convencerse a la fuerza de que «todo está bien», y tampoco es pensamiento positivo.

    El orden que se usa en terapia:

    1. Identifica la C (qué sentiste y qué hiciste) y la A (qué pasó, en concreto, sin interpretaciones). Muchas veces la persona llega con la emoción y la conclusión mezcladas.
    2. Busca la B, y en especial el «debo» escondido. Pregúntate qué estabas exigiendo que pasara o que no pasara. Si solo encuentras conclusiones («fue horrible», «no lo soporto»), sube un escalón: ¿qué debería haber ocurrido para que no fuera horrible?
    3. Distingue la preferencia de la exigencia. La preferencia no se discute: es legítimo querer aprobación, éxito o comodidad. Lo que se discute es el salto de «quiero» a «debo».
    4. Debate con los tres tipos de preguntas (abajo), una creencia a la vez. Debatir cinco a la vez confunde.
    5. Formula la alternativa racional (E) con tus palabras y ponla a prueba en la próxima situación parecida. Ellis distinguía el insight intelectual (entender que la creencia es irracional) del emocional (creerlo de verdad): del primero al segundo se pasa con repetición y práctica, no con una sola conversación.

    Los tres tipos de debate, con las preguntas que se usan de verdad en consulta (Lega et al., 2017):

    Debate empírico. Busca demostrar que la creencia va contra los hechos y confunde lo posible con lo probable. ¿Es realista pensar que es una necesidad? ¿Dónde está escrito que tengo esa obligación? ¿Hay una ley universal que diga que eso no debe ocurrir? ¿Es realmente 100 % malo, horrible, terrible? ¿Es verdad que me comporto así siempre? ¿Qué pruebas tengo de que no lo puedo soportar?

    Debate lógico o filosófico. Busca mostrar que la conclusión no se sigue de la premisa. ¿De una preferencia se puede deducir una exigencia? ¿Del hecho de desearlo se deduce que lo necesito? ¿Es lógico concluir que si algo es incómodo no lo puedo soportar? ¿Se puede evaluar a una persona entera por un rasgo, un rol o una conducta? ¿Que algo sea desagradable lo convierte en horrible?

    Debate pragmático o práctico. Busca mostrar que la creencia no ayuda a largo plazo. ¿Me sirve mantener esta exigencia? ¿Me beneficia en algo creer que no lo puedo soportar? ¿Adónde me lleva pensar que va a pasar algo horrible? ¿Me ayuda pensar que soy despreciable?

    Y los errores más comunes al debatir, que conviene conocer porque uno los comete solo:

    • Debatir la emoción en vez de la creencia («¿por qué te enojas tanto?»). La emoción no se discute; la creencia sí.
    • Abusar del «¿por qué?». A «¿por qué debes hacerlo bien?» la respuesta suele ser «porque me iría mejor», que es una preferencia disfrazada y deja la exigencia intacta.
    • Hacer una sola pregunta y darlo por resuelto. El debate es un proceso, y la misma creencia se vuelve a discutir varias veces.
    • Argumentar para ganar en vez de examinar. Si terminas defendiendo la creencia con más fuerza, cambia de tipo de debate: a algunas personas les entra mejor el empírico que el lógico.
    • Discutir la inferencia sobre A («seguro no está enojado») y no la exigencia («no debería estarlo»). Es más rápido y menos duradero.

    Un aviso honesto, que el propio manual hace: preguntarse «¿dónde está escrito que no tengo que sentir ansiedad?» no hace desaparecer la ansiedad por arte de magia. El cambio pide, además, exponerse a las situaciones y practicar. El debate abre el proceso: es necesario y no suficiente (Lega et al., 2017).

    Ahora sí, el orientador. Marca las frases que reconoces, sin pensarlo demasiado: no hay respuestas correctas, y nadie más las ve.

    Orientador: ¿cuál de las 11 creencias se parece a lo que te dices?

    Marca las frases que reconoces en tu cabeza cuando algo sale mal (una, varias o ninguna). No es un test ni da puntaje: te devuelve, para cada una, la exigencia que suele esconder, su alternativa racional y las preguntas con las que se debate en terapia racional emotiva.

    Herramienta de orientación basada en la lista de Ellis (1962) y en su reformulación en exigencias e inferencias (Lega, Calvo y Sorribes, 2017). No mide intensidad ni sustituye a los instrumentos validados (ABS-2, EAC) ni a una evaluación profesional. Nada de lo que marques se envía ni se guarda.

    Test de creencias irracionales de Ellis: cómo se miden (y por qué el orientador no da puntaje)

    Existen instrumentos validados, y el orientador de arriba no es uno de ellos. La más usada en investigación es la Attitudes and Beliefs Scale-2 (ABS-2), desarrollada por DiGiuseppe y colaboradores: 72 ítems que cruzan los tres contenidos (aprobación, éxito, comodidad) con los procesos (exigencia, catastrofismo, baja tolerancia a la frustración, condena), en versión racional e irracional (DiGiuseppe et al., 2018). Como es larga, un estudio con 313 trabajadores de servicios de emergencia propuso una versión abreviada de 24 ítems con ocho factores (Hyland et al., 2014).

    En español, la referencia es la Escala de Actitudes y Creencias (EAC), traducción y adaptación del Attitudes and Beliefs Inventory de Burgess hecha por Caballo, Lega y González en 1996: 48 ítems y siete subescalas (aprobación, éxito, comodidad; condena, tremendismo, baja tolerancia a la frustración; exigencia), con versiones preparadas para Colombia, Costa Rica, El Salvador y España (Lega et al., 2017). No hay, que yo haya encontrado en la literatura indexada, una validación chilena publicada con baremos propios.

    Esos instrumentos tienen ítems, normas y derechos de autor, y un puntaje solo significa algo comparado con una norma. Por eso el orientador no suma nada: te dice qué creencias reconoces y cómo debatirlas, que es lo que se puede hacer con honestidad desde una página web. Cuánto pesan en tu vida se ve en otra parte: en qué emociones te traen, cuánto duran y qué te hacen evitar.

    Si buscabas algo para imprimir, la hoja de debate en PDF reúne la lista de Ellis y un registro ABC-D-E para completar a mano; igual que el orientador, no suma puntos.

    Cuándo buscar ayuda profesional

    Reconocer creencias irracionales es normal: Ellis sostenía que la tendencia a convertir deseos en exigencias es humana y universal, y que nadie se libra del todo (Lega et al., 2017). La pregunta útil es cuánto te cuestan. Conviene consultar con un psicólogo con formación en TCC o TREC cuando:

    • Las emociones que te generan (ansiedad, rabia, culpa, ánimo bajo) se repiten casi a diario desde hace semanas y te cuesta funcionar en el trabajo, en la casa o con la gente.
    • Evitas situaciones importantes (hablar en público, conversaciones difíciles, decisiones) por no tolerar la incomodidad, y la evitación te está cerrando puertas.
    • Te condenas a ti mismo con frases globales («soy un fracaso», «no valgo») después de errores comunes, y el debate por tu cuenta no mueve la aguja.
    • Notas síntomas de depresión (pérdida de interés, cambios de sueño y apetito, desesperanza) o ideas de hacerte daño. En ese caso, la prioridad es una evaluación clínica, no un ejercicio de autoayuda.

    La terapia cognitivo-conductual para la ansiedad y para la depresión incorpora el debate de creencias junto con exposición, activación y trabajo con la aceptación. Y como mostraron los ensayos citados arriba, el cambio en la exigencia implícita es de lo que mejor predice que la mejoría se mantenga. La MedlinePlus tiene una explicación breve, en español, de qué esperar de una terapia de este tipo.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuáles son las 11 creencias irracionales de Albert Ellis?

    Son las once ideas rígidas que Ellis describió en 1962: necesidad de aprobación universal, deber ser competente en todo, que ciertas personas merecen castigo, que es catastrófico que las cosas no salgan como uno quiere, que el malestar viene de afuera, que hay que preocuparse constantemente por lo peligroso, que es mejor evitar las dificultades, que se necesita a alguien más fuerte, que el pasado determina el presente, que hay que sufrir por los problemas ajenos y que todo problema tiene una solución perfecta.

    ¿Por qué algunos textos hablan de 12 creencias irracionales?

    Porque Ellis amplió la lista después de 1962. En A New Guide to Rational Living (1975) y otros textos posteriores aparece una duodécima creencia: que la felicidad máxima se consigue con la inercia, la inactividad o el entretenimiento pasivo sin compromiso. Las once son la lista original; la de doce es la versión de los años setenta. Ambas se citan como suyas.

    ¿Qué son las cuatro creencias irracionales nucleares?

    Son la reformulación de la lista de once. Una creencia primaria, la exigencia absolutista («debo», «tienen que»), y tres secundarias que se derivan de ella cuando no se cumple: el catastrofismo («es horrible»), la baja tolerancia a la frustración («no lo soporto») y la condena global de uno mismo o de los demás («no valgo», «es despreciable»). Sus espejos racionales son preferencia, relativizar, tolerancia y aceptación incondicional.

    ¿Qué diferencia hay entre una creencia irracional y una distorsión cognitiva?

    La distorsión cognitiva de Beck es un error de procesamiento, una inferencia sobre lo que pasa («seguro piensa mal de mí»). La creencia irracional de Ellis es una evaluación rígida sobre lo que debe pasar y sobre lo que vale la persona si no pasa («no debería pensar mal de mí, y si lo hace no valgo»). La primera se corrige comprobando los hechos; la segunda, debatiendo la exigencia.

    ¿Cómo se discute una creencia irracional en la terapia racional emotiva?

    Con preguntas de tres tipos, aplicadas a una creencia a la vez. Empíricas: ¿qué pruebas tengo, dónde está escrito? Lógicas: ¿de una preferencia se deduce una exigencia? Prácticas: ¿me sirve pensar así a largo plazo? El objetivo es pasar de la exigencia a la preferencia y practicar la nueva creencia en situaciones reales hasta creerla de verdad, no solo entenderla.

    ¿Existe un test validado de creencias irracionales en español?

    Sí, la Escala de Actitudes y Creencias (EAC), adaptación al español del Attitudes and Beliefs Inventory hecha por Caballo, Lega y González en 1996, con 48 ítems y siete subescalas. En inglés, la más usada es la ABS-2 de DiGiuseppe y su versión abreviada de 24 ítems. Son instrumentos de uso profesional con normas propias; el orientador de este artículo no los reemplaza ni da puntaje.

    Lo que puedes hacer desde hoy

    Elige una sola creencia de la lista, la que más te sonó, y anota durante una semana las situaciones en que aparece: qué pasó (A), qué te dijiste (B) y qué sentiste e hiciste (C). Al final de la semana, debátela con las preguntas de los tres tipos y escribe su versión en preferencia. Eso es exactamente el trabajo entre sesiones que pide la TREC, y se puede empezar solo.

    Si al hacerlo notas que las mismas exigencias se repiten desde hace años, que la rabia, la ansiedad o la culpa no ceden, o que evitas cosas que te importan, ese es el momento de pedir ayuda. En Terapia Online Chile trabajamos con terapia cognitivo-conductual, en línea, y el debate de creencias es parte del método. Puedes agendar una primera consulta aquí y traer tu lista: es el mejor punto de partida que se puede tener.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    David, D., Cotet, C., Matu, S., Mogoase, C., & Stefan, S. (2018). 50 years of rational-emotive and cognitive-behavioral therapy: A systematic review and meta-analysis. Journal of Clinical Psychology, 74(3), 304-318. https://doi.org/10.1002/jclp.22514

    David, D., Szentagotai, A., Lupu, V., & Cosman, D. (2008). Rational emotive behavior therapy, cognitive therapy, and medication in the treatment of major depressive disorder: A randomized clinical trial, posttreatment outcomes, and six-month follow-up. Journal of Clinical Psychology, 64(6), 728-746. https://doi.org/10.1002/jclp.20487

    DiGiuseppe, R., Leaf, R., Gorman, B., & Robin, M. W. (2018). The development of a measure of irrational/rational beliefs. Journal of Rational-Emotive & Cognitive-Behavior Therapy, 36(1), 47-79. https://doi.org/10.1007/s10942-017-0273-3

    Ellis, A. (1958). Rational psychotherapy. The Journal of General Psychology, 59(1), 35-49. https://doi.org/10.1080/00221309.1958.9710170

    Ellis, A. (1962). Reason and emotion in psychotherapy. Lyle Stuart.

    Ellis, A. (1980). Rational-emotive therapy and cognitive behavior therapy: Similarities and differences. Cognitive Therapy and Research, 4(4), 325-340. https://doi.org/10.1007/BF01178210

    Ellis, A., & Harper, R. A. (1975). A new guide to rational living. Wilshire Book Company.

    Harrington, N. (2005). The Frustration Discomfort Scale: Development and psychometric properties. Clinical Psychology & Psychotherapy, 12(5), 374-387. https://doi.org/10.1002/cpp.465

    Hyland, P., Shevlin, M., Adamson, G., & Boduszek, D. (2014). Modeling the structure of the Attitudes and Belief Scale 2 using CFA and bifactor approaches: Toward the development of an abbreviated version. Cognitive Behaviour Therapy, 43(1), 60-71. https://doi.org/10.1080/16506073.2013.777467

    King, A. M., Plateau, C. R., Turner, M. J., Young, P., & Barker, J. B. (2024). A systematic review of the nature and efficacy of Rational Emotive Behaviour Therapy interventions. PLOS ONE, 19(7), e0306835. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0306835

    Lega, L. I., Calvo, M., & Sorribes, F. (2017). Terapia racional emotiva conductual: Una versión teórico-práctica actualizada. Paidós.

    Oltean, H.-R., & David, D. O. (2018). A meta-analysis of the relationship between rational beliefs and psychological distress. Journal of Clinical Psychology, 74(6), 883-895. https://doi.org/10.1002/jclp.22562

    Szentagotai, A., David, D., Lupu, V., & Cosman, D. (2008). Rational emotive behavior therapy versus cognitive therapy versus pharmacotherapy in the treatment of major depressive disorder: Mechanisms of change analysis. Psychotherapy: Theory, Research, Practice, Training, 45(4), 523-538. https://doi.org/10.1037/a0014332

    Turner, M. J. (2016). Rational Emotive Behavior Therapy (REBT), irrational and rational beliefs, and the mental health of athletes. Frontiers in Psychology, 7, 1423. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2016.01423

    Vîslă, A., Flückiger, C., grosse Holtforth, M., & David, D. (2016). Irrational beliefs and psychological distress: A meta-analysis. Psychotherapy and Psychosomatics, 85(1), 8-15. https://doi.org/10.1159/000441231

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta