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    Evaluación del Estrés Postraumático en Niños y Adolescentes: Guía y Recursos

    Por Terapia Online Chile

    Si buscas un Test de estrés postraumático para Adolescentes PDF, conviene empezar por una diferencia que evita muchos errores: un cuestionario de adultos no se vuelve infantil por cambiar dos palabras. La evaluación del TEPT en niños y adolescentes necesita lenguaje apropiado para la edad, versiones para distintos informantes y una entrevista que considere desarrollo, seguridad y funcionamiento cotidiano.

    Respuesta corta: el CATS es un cribado gratuito para trauma y síntomas postraumáticos con autoinforme de 7 a 17 años y reportes del cuidador para 3 a 6 y 7 a 17 años. Un resultado elevado orienta la derivación, pero no diagnostica TEPT. La confirmación requiere una entrevista clínica adaptada al desarrollo. Para el proceso más amplio, consulta la guía de evaluación del trauma infantil.

    Test de estrés postraumático para adolescentes PDF: descargas oficiales

    La Universidad de Bamberg mantiene las versiones españolas del Child and Adolescent Trauma Screen (CATS). La International Society for Traumatic Stress Studies (ISTSS) lo describe como un instrumento breve, gratuito y sin tarifas de licencia, disponible en español. Tarda cerca de 15 minutos y tiene formularios separados por edad e informante.

    El CATS no está pensado como tarea escolar ni como prueba que se deja a un menor para que la complete a solas. La ficha oficial de ISTSS recomienda tratar su aplicación como un encuentro clínico. Si una pregunta genera mucha activación, se puede detener y retomar en un contexto seguro.

    Calculadora orientativa CATS para adolescentes de 7 a 17 años

    La herramienta siguiente calcula solamente la sección de síntomas del CATS de 7 a 17 años. No solicita una descripción del evento, no envía respuestas y no reemplaza el formulario oficial. Un adulto responsable o profesional debería acompañar la aplicación.

    Calculadora de síntomas CATS, 7 a 17 años

    Responde pensando en las últimas dos semanas. El cálculo ocurre en esta página y no guarda datos.

    Antes de empezar: esta herramienta debe usarse con un adulto seguro o profesional. No es un diagnóstico. Puedes detenerte en cualquier momento.
    ¿La persona evaluada vivió al menos un evento muy estresante o aterrador de la lista oficial CATS?

    ¿Estos problemas interfieren en alguna de estas áreas?




    Basado en CATS, Berliner, Goldbeck y CATS Consortium. Versión española de la Universidad de Granada. Umbral preliminar de ISTSS para 7 a 17 años. Un resultado positivo requiere entrevista clínica semiestructurada.

    La puntuación total suma 20 respuestas de 0 a 3, con rango de 0 a 60. ISTSS informa un punto de corte preliminar de 21 o más para indicar un nivel clínicamente relevante de síntomas en 7 a 17 años. Ese umbral sirve para decidir si hace falta una evaluación más completa, no para afirmar que existe un diagnóstico.

    La validación internacional original encontró buena fiabilidad en versiones de distintos idiomas (Sachser et al., 2017). Una validación sueca posterior también distinguió entre muestras clínicas y no clínicas, aunque recordó que la estabilidad de las respuestas no es perfecta (Nilsson et al., 2021). El resultado debe leerse junto con la historia, el deterioro y la información de otras fuentes.

    ¿Qué test para evaluar estrés postraumático en niños corresponde a cada edad?

    La edad cronológica orienta, pero no decide sola. También importan comprensión lectora, lenguaje, neurodesarrollo, seguridad con el cuidador y capacidad para hablar de lo ocurrido sin sentirse presionado.

    Edad o situación Recurso inicial Quién responde Qué aporta
    3 a 6 años CATS cuidador 3-6 Cuidador seguro y bien informado Observa síntomas expresados en conducta, juego, sueño y regulación
    7 a 17 años, comprensión suficiente CATS autoinforme Niño, niña o adolescente Recoge la vivencia que puede no ser visible para los adultos
    7 a 17 años CATS cuidador Cuidador Complementa funcionamiento en casa, escuela y relaciones
    Sospecha clínica alta o resultado positivo Entrevista semiestructurada Profesional, menor y cuidadores pertinentes Integra evento, síntomas, duración, deterioro, seguridad y diagnóstico diferencial

    En menores pequeños, la evaluación se apoya más en la conducta y en el reporte de adultos seguros. Esto no convierte el juego o el dibujo en pruebas diagnósticas. Herman (2015) describe que el trauma temprano puede expresarse de forma sensorial o conductual, pero esas observaciones son vías de comunicación clínica, no pruebas capaces de demostrar por sí solas que ocurrió un evento específico.

    El National Center for PTSD explica que los criterios para menores de 6 años necesitan anclajes conductuales y sensibilidad al desarrollo. Aplicar directamente una escala de adultos puede pasar por alto señales o interpretar mal una conducta normal de la edad.

    ¿Por qué conviene escuchar al menor y al cuidador por separado?

    Ni el autoinforme ni el reporte parental son una fotografía completa. Un niño puede ocultar síntomas por miedo, vergüenza, lealtad o falta de palabras. Un cuidador puede no ver pesadillas, pensamientos intrusivos o evitación interna. También puede subestimar cambios que el menor sí percibe.

    Una revisión sistemática de 14 estudios y 12.824 díadas encontró patrones distintos de acuerdo y desacuerdo entre padres e hijos al informar exposición a violencia comunitaria (Hong et al., 2025). La discrepancia no indica automáticamente que alguien miente. Es información clínica que merece explorarse con cuidado.

    Por eso, una evaluación sólida suele combinar:

    • entrevista con el niño o adolescente usando lenguaje apropiado;
    • entrevista con cuidadores seguros, a veces en un espacio separado;
    • revisión de funcionamiento en casa, escuela, amistades, sueño y salud;
    • más de una medición cuando se necesita observar cambio;
    • evaluación inmediata de seguridad si existe abuso, violencia o riesgo de autolesión.

    Una revisión sobre medición de adversidad temprana concluye que cada método captura una parte distinta del fenómeno: informe retrospectivo o prospectivo, vivencia subjetiva u observación externa, reporte del menor o del cuidador (Machlin et al., 2025). La evaluación gana precisión cuando esas piezas se integran, no cuando una anula a las demás.

    CATS, UCLA PTSD-RI, CPSS y CAPS-CA-5: no sirven para lo mismo

    Los nombres se parecen, pero responden a preguntas diferentes.

    CATS

    Es un cribado breve y gratuito. Incluye exposición a eventos, 20 síntomas para 7 a 17 años y cinco áreas de funcionamiento. Puede utilizarse como autoinforme o entrevista. Un resultado positivo debe continuarse con una entrevista clínica semiestructurada.

    UCLA PTSD Reaction Index para DSM-5

    Es una evaluación más extensa para escolares y adolescentes. Revisa historia de trauma, síntomas, disociación, malestar y funcionamiento. Una validación frente a CAPS-CA-5 informó alta exactitud con un corte de 35 en jóvenes en tratamiento (Kaplow et al., 2020). Su versión breve de 11 ítems también fue validada como cribado (Rolon-Arroyo et al., 2020).

    Hay una diferencia práctica importante: el National Center for PTSD informa que UCLA PTSD-RI requiere acuerdo de licencia. Por eso este artículo no reproduce sus ítems ni enlaza copias subidas sin autorización.

    CPSS-5

    La Child PTSD Symptom Scale es otra familia de instrumentos para síntomas postraumáticos en menores. Puede ser útil en contextos clínicos, pero se debe usar la versión, traducción y regla de puntuación correspondientes. Una copia suelta en internet no demuestra que la adaptación sea válida ni que exista permiso para reproducirla.

    CAPS-CA-5

    Es una entrevista clínica para niños y adolescentes, no un test doméstico. El manual oficial de CAPS-CA-5 exige entrevistadores cualificados, formación en entrevista estructurada, diagnóstico diferencial y conocimiento detallado del instrumento. Sirve para decisiones diagnósticas que un PDF autoadministrado no puede tomar.

    ¿Y el PCL-5 para adultos?

    El PCL-5 no debe usarse como sustituto por comodidad. Sus puntos de corte se obtuvieron en adultos. Si buscas comparar las herramientas profesionales de esa población, revisa la guía de PCL-5, PSSI-5 y EGEP-5. Para un adulto que desea un cribado breve, está el test de estrés postraumático gratis.

    ¿Qué significa un puntaje alto en el CATS?

    Un puntaje de 21 o más en la versión de 7 a 17 años indica síntomas clínicamente relevantes según el corte preliminar informado por ISTSS. Significa que conviene ampliar la evaluación. No confirma el diagnóstico, no determina la causa de cada síntoma y no reemplaza la revisión del funcionamiento.

    Hay tres razones para ser prudente:

    1. El contexto cultural importa. Una revisión sistemática de instrumentos usados con niños desplazados encontró que faltan datos de validez transcultural y puntos de corte óptimos fuera de varias poblaciones de validación (Verhagen et al., 2022).
    2. El informante cambia lo que se observa. Menores y cuidadores pueden discrepar de manera comprensible.
    3. Los síntomas se solapan. Problemas de sueño, irritabilidad, concentración, retraimiento y alerta también aparecen en ansiedad, depresión, duelo, TDAH, dolor, violencia actual u otras dificultades.

    El puntaje nunca tiene prioridad sobre la seguridad. Un resultado bajo tampoco descarta la necesidad de ayuda si hay deterioro intenso, riesgo o sospecha de abuso. Si necesitas aclarar la diferencia entre una experiencia traumática y el trastorno, revisa qué es el trauma psicológico y cómo se evalúa.

    ¿Cuándo hay que consultar con urgencia?

    Busca ayuda inmediata si el niño o adolescente:

    • expresa intención, plan o conducta de hacerse daño o dañar a otra persona;
    • vive violencia, abuso, explotación o amenaza actual;
    • tiene episodios de desorientación o desconexión intensa;
    • usa alcohol o drogas de una forma que compromete su seguridad;
    • deja de dormir, comer, asistir a clases o relacionarse de manera marcada;
    • queda expuesto al presunto agresor o no cuenta con un adulto seguro.

    En Chile, ante riesgo inmediato llama al 131 o acude al servicio de urgencia más cercano. También puedes contactar Salud Responde al 600 360 7777 y la línea *4141 para crisis asociadas al suicidio. Si existe sospecha de vulneración de derechos, la evaluación clínica debe coordinarse con los canales de protección correspondientes.

    ¿Qué ocurre después de un cribado positivo?

    El paso siguiente es una evaluación profesional, no repetir tests hasta obtener un resultado distinto. Una revisión clínica sobre TEPT infantil subraya que el cribado, el diagnóstico y el tratamiento son etapas relacionadas pero diferentes (Smith et al., 2019).

    La entrevista amplía al menos cinco áreas: qué ocurrió, cuándo comenzaron los síntomas, cuánto duran, cómo interfieren y si existe peligro actual. También revisa otros problemas que podrían explicar o acompañar las señales.

    Si se confirma TEPT, hay tratamientos con respaldo. Un metaanálisis de TF-CBT encontró mejorías relevantes en síntomas postraumáticos infantiles (Schreyer et al., 2024). Para niños pequeños, una revisión por etapa del desarrollo recomienda intervenciones ajustadas a la edad y participación del cuidador, no versiones reducidas de terapias adultas (Guyon-Harris & Humphreys, 2026).

    La evaluación no obliga al menor a relatar todos los detalles en una primera conversación. Su propósito es construir una imagen suficiente para proteger, comprender y decidir el siguiente paso.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué test se usa para TEPT en adolescentes?

    El CATS de 7 a 17 años es una opción gratuita de cribado con versión de autoinforme y reporte del cuidador. UCLA PTSD-RI y CPSS-5 son alternativas conocidas con condiciones de acceso diferentes. Para confirmar un diagnóstico se necesita una entrevista clínica adaptada, como CAPS-CA-5 u otra equivalente aplicada por un profesional.

    ¿Un padre puede completar el test sin el adolescente?

    Sí, CATS ofrece reportes del cuidador para 3 a 6 y 7 a 17 años. Aun así, el reporte adulto no sustituye la voz del menor cuando este puede participar con seguridad. Las diferencias entre ambos informantes son frecuentes y deben explorarse, no promediarse ni tratarse automáticamente como falta de sinceridad.

    ¿Un puntaje CATS de 21 confirma TEPT?

    No. En 7 a 17 años, 21 o más indica un nivel de síntomas que justifica seguimiento clínico. El diagnóstico exige revisar exposición, duración, deterioro, seguridad y explicaciones alternativas. El instrumento oficial también pide valorar si los síntomas interfieren con escuela, relaciones, actividades y bienestar general.

    ¿Puedo usar el PCL-5 con un menor?

    No como sustituto directo de una herramienta infantil. El PCL-5 se diseñó y validó en adultos, por lo que sus ítems y cortes no deben trasladarse a niños o adolescentes. Para menores existen CATS, UCLA PTSD-RI, CPSS y entrevistas clínicas adaptadas al desarrollo.

    ¿Los dibujos o el juego diagnostican trauma infantil?

    No. Pueden ayudar al niño a comunicarse y ofrecer observaciones clínicas relevantes, sobre todo cuando el lenguaje es limitado. No confirman por sí solos un evento, abuso o diagnóstico. Interpretarlos como prueba aislada aumenta el riesgo de errores y debe evitarse.

    Elegir el recurso correcto protege al menor

    Un PDF puede ordenar señales y abrir una conversación. La parte decisiva ocurre después: escuchar sin presionar, contrastar informantes, revisar seguridad y elegir una entrevista acorde a la edad. Si necesitas orientación profesional para interpretar un resultado o decidir la ruta de evaluación, agenda una consulta con un especialista en trauma infantojuvenil.

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Referencias

    Guyon-Harris, K. L., & Humphreys, K. L. (2026). Annual Research Review: Interventions for young children exposed to trauma. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 67, 508-523. https://doi.org/10.1111/jcpp.70121

    Herman, J. L. (2015). Trauma y recuperación: El impacto de la violencia, desde el abuso doméstico hasta el terror político. Basic Books.

    Hong, K., Morelli, N. M., Tabibian, D. R., Jimenez, M. G., Straub, D., & Villodas, M. T. (2025). Systematic review of parent-youth discrepancies in exposures to community violence. Clinical Child and Family Psychology Review, 28, 708-734. https://doi.org/10.1007/s10567-025-00532-8

    Kaplow, J. B., Rolon-Arroyo, B., Layne, C. M., Rooney, E., Oosterhoff, B., Hill, R., Lotterman, J., Gallagher, K. A. S., & Pynoos, R. S. (2020). Validation of the UCLA PTSD Reaction Index for DSM-5: A developmentally informed assessment tool for trauma-exposed youth. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 59, 186-194. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2018.10.019

    Machlin, L., Sheridan, M. A., Tsai, A. P., & McLaughlin, K. A. (2025). Research Review: Assessment of early-life adversity and trauma: Cumulative risk and dimensional approaches. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 66, 1748-1764. https://doi.org/10.1111/jcpp.14170

    Nilsson, D., Dävelid, I., Ledin, S., & Svedin, C. G. (2021). Psychometric properties of the Child and Adolescent Trauma Screen (CATS) in a sample of Swedish children. Nordic Journal of Psychiatry, 75, 195-203. https://doi.org/10.1080/08039488.2020.1840628

    Rolon-Arroyo, B., Oosterhoff, B., Layne, C. M., Steinberg, A. M., Pynoos, R. S., & Kaplow, J. B. (2020). The UCLA PTSD Reaction Index for DSM-5 Brief Form: A screening tool for trauma-exposed youths. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 59, 434-443. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2019.06.015

    Sachser, C., Berliner, L., Holt, T., Jensen, T. K., Jungbluth, N., Risch, E., Rosner, R., & Goldbeck, L. (2017). International development and psychometric properties of the Child and Adolescent Trauma Screen (CATS). Journal of Affective Disorders, 210, 189-195. https://doi.org/10.1016/j.jad.2016.12.040

    Schreyer, B., Thielemann, J. F. B., Kasparik, B., & Rosner, R. (2024). Differences of TF-CBT treatment effects using various outcome measures: A meta-analysis. European Journal of Psychotraumatology, 15, 2406136. https://doi.org/10.1080/20008066.2024.2406136

    Smith, P., Dalgleish, T., & Meiser-Stedman, R. (2019). Practitioner Review: Posttraumatic stress disorder and its treatment in children and adolescents. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 60, 500-515. https://doi.org/10.1111/jcpp.12983

    Verhagen, I. L., Noom, M. J., Lindauer, R. J. L., Daams, J. G., & Hein, I. M. (2022). Mental health screening and assessment tools for forcibly displaced children: A systematic review. European Journal of Psychotraumatology, 13, 2126468. https://doi.org/10.1080/20008066.2022.2126468

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

  • Tratamiento Psicológico para Víctimas de Bullying en Niños: Protocolo Clínico Paso a Paso

    Tratamiento Psicológico para Víctimas de Bullying en Niños: Protocolo Clínico Paso a Paso

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    El niño que llega a tu consulta porque “no quiere ir al colegio” puede estar usando esa frase para envolver algo mucho más complejo: miedo crónico, vergüenza internalizada, hipervigilancia constante y, en algunos casos, pensamientos de muerte. Cuando el bullying está activo (cuando el agresor sigue ahí, en el mismo patio, el mismo grupo de WhatsApp) el tratamiento no puede seguir el formato estándar del trabajo con trauma. El estresor no ha cesado. Y eso cambia todo.

    Este protocolo está escrito para psicólogos clínicos que trabajan o se van a encontrar con víctimas de acoso escolar activo. No pretende reemplazar tu formación en TCC o en trauma: pretende darte un mapa clínico aplicable desde la primera sesión, con criterios claros para cada fase y con la evidencia que respalda cada decisión.

    TL;DR: El tratamiento para víctimas de bullying activo tiene cuatro fases: (1) evaluación y seguridad, (2) psicoeducación y regulación emocional, (3) reestructuración cognitiva + habilidades sociales + asertividad, y (4) consolidación y prevención de recaídas. El modelo con mayor evidencia es la TF-CBT, con eficacia Nivel 1a para TEPT, depresión y ansiedad en niños. El trabajo con padres y la coordinación escolar no son opcionales: sin ellos, el tratamiento individual tiene el techo demasiado bajo.


    ¿Por qué el bullying activo es una emergencia clínica?

    Un meta-análisis de 2025 que analizó 116 estudios con 603,231 participantes cifra la prevalencia global de victimización por bullying en el 25% de los niños y adolescentes (Ariani et al., 2025). No es un problema marginal. Es el problema más frecuente que llega a consulta disfrazado de “dificultades escolares”, “problemas de sueño” o “somatizaciones sin causa médica”.

    El daño clínico está bien documentado, y es causal, no solo correlacional. Un estudio con 11,108 pares de gemelos publicado en JAMA Psychiatry demostró que la exposición al bullying a los 11 años predice de forma independiente ansiedad (β = 0.27; IC 95%, 0.22–0.33), depresión, hiperactividad e inatención (Singham et al., 2017). Y esos efectos sobre la ansiedad persisten al menos dos años después de que el acoso cesa.

    Pero hay algo que los datos de prevalencia no capturan bien: cuando el bullying sigue activo, el sistema nervioso del niño no puede procesar. La victimización crónica actúa como un estresor recurrente que mantiene al niño en estado de alarma permanente. Las memorias no se integran, los síntomas no remiten, y la terapia de trauma clásica (aplicada sin antes detener el ciclo) puede incluso retraumatizar.

    Por eso el protocolo empieza siempre en el mismo lugar: seguridad antes que procesamiento.


    Evaluación inicial: qué medir antes de intervenir

    La evaluación de una víctima de bullying activo tiene tres niveles que no se pueden saltar.

    Nivel 1: Evaluación del riesgo vital

    La primera prioridad es siempre la ideación suicida. Un estudio europeo con 5,183 niños de 6 a 11 años en siete países encontró que el 17.1% de las víctimas de bullying reportaron ideación suicida, comparado con el 13.3% de los no involucrados (Husky et al., 2022). En niños que son víctimas-perpetradores, esa cifra sube al 24.4%. La ideación suicida en la infancia es un síntoma que los padres suelen no reportar porque no preguntan, y que el niño raramente verbaliza espontáneamente.

    Preguntar directamente es tu obligación clínica. No preguntar no protege al niño; lo desampara.

    Evalúa además: autolesiones actuales, conductas de evitación severa (rechazo escolar persistente de más de dos semanas), e indicadores de TEPT complejo como disociación o flashbacks frecuentes.

    Nivel 2: Análisis funcional del bullying

    El análisis funcional te da el mapa del problema en este niño concreto:

    • Antecedentes: ¿Dónde ocurre? ¿Quién inicia? ¿Hay testigos? ¿Existe también ciberbullying?
    • Pensamiento automático: ¿Qué se dice el niño cuando ocurre? (“Soy raro”, “No valgo nada”, “Nadie me va a ayudar”)
    • Respuesta emocional y fisiológica: Náuseas, taquicardia, llanto, congelamiento, disociación
    • Conducta resultante: Evitación, inhibición, búsqueda de adulto, respuesta agresiva reactiva
    • Consecuencias: Qué refuerza y mantiene el ciclo

    Instrumentos recomendados para la evaluación específica de bullying (Ortega & Del Rey, 2010):

    • EBIPQ (European Bullying Intervention Project Questionnaire): victimización y agresión cara a cara
    • ECIPQ (European Cyberbullying Intervention Project Questionnaire): acoso digital
    • Cuestionarios de Convivencia Escolar: perspectiva del niño, el docente y la familia

    Nivel 3: Diagnóstico de la sintomatología clínica

    Para medir el impacto psicopatológico real, utiliza instrumentos validados:

    Área Instrumento recomendado
    TEPT PCL-5, Posttraumatic Diagnostic Scale
    Depresión PHQ-9, BDI
    Ansiedad social SAS-A, SPIN
    Cribado global CBCL (Child Behavior Checklist)
    Entrevista estructurada K-SADS-PL (niños), SCID-5 (adolescentes)

    En consulta, lo que aparece con frecuencia es que los padres llegan con la historia del colegio pero sin datos: saben que algo pasa, pero no tienen aún la dimensión real del daño psicológico. Las escalas te dan eso. Te dan un punto de partida medible y te permiten demostrarle a la familia (y al niño) que el cambio está ocurriendo. [EXPERIENCIA: añade aquí una observación clínica propia sobre el primer contacto con víctimas de bullying activo]


    El protocolo clínico: 4 fases, 16 a 20 sesiones

    El modelo con mayor evidencia para el tratamiento del trauma en niños víctimas de bullying es la TF-CBT (Trauma-Focused Cognitive Behavioral Therapy) de Cohen, Mannarino y Deblinger (2006). Un meta-análisis de 4,523 participantes en 28 ensayos controlados aleatorizados reportó efectos grandes para TEPT (g = 1.14, IC 0.97–1.30) y favorables versus condiciones control (g = 0.52, IC 0.31–0.73) (Thielemann et al., 2022). El protocolo mínimo requiere 8 sesiones individuales; para bullying activo, lo habitual es entre 16 y 20 sesiones.

    La adaptación al bullying activo añade una fase previa al procesamiento del trauma que el protocolo estándar de trauma no contempla: hay que parar el estresor antes de procesar.


    Fase 1: Seguridad y estabilización (sesiones 1–3)

    Objetivo clínico: Que el niño sienta que tiene aliados concretos, que el acoso se está tomando en serio y que hay un plan activo.

    Con el niño:

    • Establecer la alianza terapéutica. Validar: sus reacciones son normales dado lo que está viviendo. La vergüenza es uno de los primeros obstáculos: muchos niños sienten que “algo tienen de malo” que atrae el acoso.
    • Psicoeducación básica adaptada a su edad: ¿qué es el bullying? ¿por qué los acosadores actúan así? ¿por qué cuesta tanto pedir ayuda?
    • Enseñar la técnica SSTA (Parar, Frenar, Pensar, Actuar) para manejar situaciones de crisis emocional aguda en el colegio.
    • Identificar a dos adultos de confianza dentro de la escuela: un “referente de seguridad” al que puede acudir cuando ocurra algo.

    Con la familia (primera sesión parental):

    • Psicoeducación: qué es el bullying, cómo lo procesa el niño neurológicamente, por qué el castigo al agresor por sí solo no resuelve el daño psicológico ya generado.
    • Primeros acuerdos de acompañamiento: escucha activa sin minimizar y sin reaccionar con alarma excesiva. Ambos extremos interfieren con el proceso.

    Coordinación escolar:

    • Primera reunión con el equipo del centro (orientador, jefe de estudios, tutor). El objetivo es construir un plan de seguridad con responsables claros: quién vigila en recreo, cómo se notifica al tutor si hay un incidente, qué protocolo activa el centro cuando el niño reporta.
    • Si la escuela no tiene protocolo o se muestra inactiva: documentar cada comunicación y orientar a los padres sobre sus derechos.

    Esta fase es la que más resistencia genera en los padres: quieren que el niño “esté mejor ya”. Tu labor es explicar que sin seguridad primero, cualquier trabajo emocional tiene el suelo inestable.

    Fase 2: Psicoeducación y regulación emocional (sesiones 4–7)

    Objetivo clínico: Que el niño tenga herramientas para identificar y regular sus emociones antes de exponerse a material cognitivo más exigente.

    Con el niño:

    • El “termómetro del malestar” (escala SUDS, 0–10): identificar el nivel de activación en tiempo real, antes de que sea inmanejable.
    • Técnicas de regulación adaptadas a la edad: respiración diafragmática, anclaje sensorial 5-4-3-2-1, relajación muscular progresiva en versión lúdica.
    • Diario emocional: registro semanal de situaciones de bullying + emoción + intensidad SUDS + pensamiento automático.
    • Introducción al modelo TCC: la triada pensamiento–emoción–conducta. Para niños de 6–9 años: el “niño detective” que investiga si sus pensamientos son verdad. Para 10–12 años: la triada dibujada como un ciclo que se puede romper.

    Con la familia (segunda sesión parental):

    • Cómo responder cuando el niño llega con malestar desde el colegio. El error más frecuente: dar soluciones inmediatas cuando lo que el niño necesita primero es sentirse escuchado. Validar antes de aconsejar.

    Fase 3: Reestructuración cognitiva, habilidades sociales y asertividad (sesiones 8–14)

    Objetivo clínico: Modificar los patrones cognitivos que mantienen el malestar y entrenar respuestas adaptativas ante el acoso.

    Reestructuración cognitiva:

    • Identificación de “pensamientos calientes”: “Soy un inútil”, “Nadie me va a defender nunca”, “Es culpa mía que me hagan esto”.
    • Cuestionamiento socrático: ¿qué evidencia tengo de que eso es verdad? ¿hay otras explicaciones posibles? ¿qué le diría a un amigo que pensara eso?
    • Registro de pensamientos alternativos más adaptativos. No se trata de “pensar positivo”: se trata de pensar de forma más precisa y funcional.
    • Trabajo específico con la internalización del abuso: muchas víctimas de bullying asumen que “algo tienen de malo” que provoca el acoso. Desmontarlo requiere un trabajo cuidadoso y sostenido, no retórico.

    Habilidades sociales y asertividad:

    • La metáfora del tiburón, el ratón y el oso (Swearer et al., 2009): el acosador espera pasividad (ratón) o agresividad reactiva (tiburón). El objetivo terapéutico es la respuesta asertiva (oso): firme, directa, sin hostilidad.
    • Role-playing de situaciones reales que el niño ha vivido: qué dice, cómo se posiciona el cuerpo, cuándo se va si el contexto es peligroso.
    • Ensayo conductual con retroalimentación específica: el niño practica en consulta, recibe feedback, repite hasta que la respuesta fluye.
    • Entrenamiento en buscar apoyo: a quién reportar en el colegio, cómo hacerlo sin sentirse “soplón”.

    Activación conductual:

    El aislamiento post-bullying es uno de los mantenedores más potentes de la depresión. Identificar actividades que producen dominio o placer y programarlas como tarea terapéutica. No es “distracción”: es activación conductual con base empírica (Kendall, 2011).

    Fase 4: Consolidación, integración y prevención de recaídas (sesiones 15–20)

    Objetivo clínico: Cierre del proceso con un niño que ha internalizado recursos y tiene un plan para lo que viene.

    Para los casos con TEPT estructurado, en esta fase se incorporan técnicas de procesamiento del trauma. La exposición gradual imaginaria y la exposición en vivo gradual a situaciones escolares evitadas. Un meta-análisis de 94 estudios confirma la eficacia de la TCC en jóvenes expuestos a trauma, y matiza algo útil: sus distintas variantes no se diferenciaron entre sí de forma significativa, y lo que sí moderó el resultado fue el tipo de trauma (Q = 24.09, p = 0.004) (Yohannan et al., 2022).

    El EMDR puede ser una alternativa válida para niños con memorias traumáticas bien delimitadas que muestran resistencia a la exposición imaginaria convencional (Swearer et al., 2009).

    Cierre del proceso:

    • Revisión del camino recorrido: comparar las puntuaciones iniciales con las actuales en PCL-5, PHQ-9 y SAS-A.
    • Carta del niño hacia su yo futuro: qué aprendió, qué tiene ahora que antes no tenía.
    • Plan de acción ante posibles recurrencias: señales de alarma que reconoce en sí mismo, pasos concretos.
    • Sesión de cierre con la familia: celebrar los avances, reforzar lo que hicieron bien, dejar la puerta abierta.

    Trabajo con la familia: el terapeuta no trabaja solo

    El apego seguro con los padres actúa como amortiguador contra el impacto del bullying (Swearer et al., 2009). La calidad de la red familiar predice en parte la respuesta al tratamiento. Por eso el trabajo con padres no es opcional y no se reduce a una sola sesión informativa.

    Qué incluye la psicoeducación parental completa:

    1. Cómo reconocer señales de bullying sin esperar a que el niño lo verbalice
    2. Por qué el niño no reporta: vergüenza, miedo a empeorar la situación, creencia de que el adulto no podrá ayudar de verdad
    3. Cómo escuchar sin reaccionar: la validación emocional antes del consejo
    4. Qué no hacer: minimizar (“son cosas de niños”), restar gravedad, confrontar al acosador de forma impulsiva, presionar al niño para que “se defienda solo”
    5. Cómo coordinarse con la escuela de forma efectiva y sostenida
    6. El impacto del bullying del hijo en la familia: los padres también necesitan un espacio de contención

    Un patrón que aparece con frecuencia en consulta: los padres alternan entre la sobreprotección (que refuerza al niño en el rol de víctima) y la presión de rendimiento. Ambas respuestas, aunque nacen del amor, alimentan el ciclo. [EXPERIENCIA: añade aquí tu observación clínica sobre este patrón]


    Coordinación con la escuela: de la queja al plan de seguridad

    La escuela es el entorno donde el bullying ocurre. Sin una respuesta activa del sistema escolar, el tratamiento individual tiene alcance limitado.

    El plan de seguridad escolar debe incluir:

    • Mapeo de espacios de riesgo: pasillos, baños, recreo, transporte escolar
    • Un referente adulto al que el niño puede acudir en cualquier momento sin consecuencias negativas
    • Protocolo claro de notificación cuando hay un incidente, con registro escrito
    • Seguimiento semanal con el tutor durante las primeras 6 semanas de tratamiento
    • Evaluación del clima de aula: ¿hay líderes positivos que pueden actuar como aliados?

    Cuando la escuela no responde: documenta cada comunicación, pide respuestas por escrito e informa a los padres de sus derechos y de las vías de escalada disponibles.


    Cuando el cuadro es más complejo: TEPT-C, depresión mayor e ideación suicida

    Un estudio longitudinal reciente con jóvenes con historia de victimización por bullying encontró que la victimización crónica aumenta el riesgo de TEPT complejo (TEPT-C): mayor dificultad de regulación emocional, alteraciones del autoconcepto y perturbaciones relacionales profundas (Liu et al., 2024). El TEPT-C no responde igual que el TEPT simple a los protocolos estándar.

    Señales que deben modificar el plan de tratamiento:

    • Ideación suicida persistente o con plan estructurado
    • Autolesiones actuales
    • Disociación recurrente durante las sesiones
    • Historia de múltiples victimizaciones (bullying + maltrato en el hogar)
    • Rechazo escolar severo con más de dos semanas consecutivas de ausencia
    • Ausencia de respuesta clínica tras 6–8 semanas de tratamiento activo

    En estos casos, la derivación a un equipo de salud mental infanto-juvenil debe estar sobre la mesa. El trabajo individual en consulta privada tiene límites, y reconocerlos a tiempo es parte del estándar de cuidado.


    Indicadores de progreso y criterios de alta

    Indicadores de progreso (sesión a sesión):

    • Reducción ≥ 20% en PCL-5 y PHQ-9 como señal mínima de respuesta clínica
    • Asistencia escolar regular: uno de los indicadores más sensibles al cambio real
    • Uso espontáneo de las técnicas de regulación en situaciones reales
    • Al menos un episodio donde el niño respondió asertivamente o buscó ayuda de forma efectiva

    Criterios de alta:

    • Puntuaciones del PCL-5, PHQ-9 y SAS-A por debajo de umbrales clínicos
    • El niño puede hablar de las experiencias de bullying sin respuesta emocional desorganizadora
    • Reintegración funcional en el entorno escolar: asistencia regular, al menos un vínculo social positivo
    • La familia cuenta con recursos y sabe cuándo volver a consultar
    • El bullying activo ha cesado, o el niño tiene estrategias funcionales para manejarlo

    Un meta-análisis de 58 estudios clínicos en atención rutinaria encontró tasas de remisión de entre 50.7% y 83.3% post-tratamiento y en seguimiento para TCC en trastornos internalizantes en jóvenes, con una tasa de abandono del 12.2% (Wergeland et al., 2021). Cuando el tratamiento está bien encuadrado, los niños y sus familias se quedan. Y mejoran.


    Preguntas frecuentes sobre el tratamiento psicológico para víctimas de bullying

    ¿Cuántas sesiones necesita un niño víctima de bullying activo?

    El protocolo mínimo basado en TF-CBT requiere 8 sesiones según el manual de Cohen, Mannarino y Deblinger (2006). Para bullying activo, el rango habitual es de 16 a 20 sesiones en cuatro fases. Los casos con TEPT complejo o comorbilidades pueden requerir más, ajustándose a la respuesta clínica del niño.

    ¿Cuándo derivar a psiquiatría infantil?

    Cuando hay ideación suicida con plan, autolesiones frecuentes, disociación recurrente, síntomas psicóticos, o cuando el niño no muestra respuesta funcional tras 6–8 semanas de tratamiento activo con TCC. La derivación no es un fracaso terapéutico; es parte del protocolo en casos de alta complejidad.

    ¿Se puede intervenir con el agresor aún presente en el colegio?

    Sí, pero con una condición no negociable: debe existir un plan de seguridad activo con responsables claros en la escuela. Sin ese plan, el trabajo de consulta opera contra el estresor activo. La coordinación escolar no es complementaria al tratamiento; es parte estructural de él.

    ¿Siempre hay que incluir a la familia en el tratamiento?

    La evidencia indica que los mejores resultados se obtienen con intervención combinada niño + familia. El apoyo familiar predice mejor pronóstico (Swearer et al., 2009). Las sesiones parentales son psicoeducación y entrenamiento de recursos mínimos, pero son imprescindibles.

    ¿Qué pasa si hay ciberbullying además del acoso presencial?

    Evaluarlo con el ECIPQ y añadir al tratamiento un módulo de higiene digital: qué hacer ante un mensaje acosador, cómo reportar en la plataforma, cómo establecer límites digitales acordados con la familia. El ciberbullying es 24/7 y no cesa fuera del colegio.

    ¿Qué diferencia hay entre el tratamiento del bullying y el de otros traumas?

    La diferencia fundamental es que el estresor es activo y social. En el trauma por evento único se puede procesar de inmediato; en el bullying activo hay que asegurar el entorno primero. Además, el bullying daña específicamente la identidad social del niño, lo que requiere trabajo cognitivo específico más allá del protocolo de trauma estándar.


    Conclusión

    El bullying activo en niños no es un problema que se resuelva solo, ni con el tiempo, ni diciéndole al niño que “los ignore”. Es un estresor clínico con consecuencias documentadas a largo plazo. Y tiene tratamiento. Un tratamiento con protocolo, con evidencia de Nivel 1a, con fases claras y con criterios medibles.

    Tu rol como psicólogo abarca la evaluación rigurosa, la psicoeducación familiar, la coordinación escolar y el seguimiento sistemático. Cuando todas esas piezas se activan en paralelo, los niños mejoran.

    Si tienes a un niño víctima de bullying activo en tu sala de espera, este protocolo es tu punto de partida.

    ¿Tienes un caso de bullying infantil en el que necesitas orientación clínica o supervisión? Nicolás Alcayaga atiende consultas en Terapia Online Chile. Agenda una sesión aquí →


    Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Nicolás Alcayaga
    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud)

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Quién soy →


    Referencias

    Ariani, T. A., Putri, A. R., Firdausi, F. A., & Aini, N. (2025). Global prevalence and psychological impact of bullying among children and adolescents: A meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 385, 119446. https://doi.org/10.1016/j.jad.2025.119446

    Cohen, J. A., Mannarino, A. P., & Deblinger, E. (2006). Treating trauma and traumatic grief in children and adolescents. Guilford Press.

    Husky, M. M., Bitfoi, A., Carta, M. G., et al. (2022). Bullying involvement and suicidal ideation in elementary school children across Europe. Journal of Affective Disorders, 298, 142–148. https://doi.org/10.1016/j.jad.2021.12.023

    Kendall, P. C. (2011). Child and adolescent therapy: Cognitive-behavioral procedures (4.ª ed.). Guilford Press.

    Liu, M., Liu, A., Liu, S., Xu, B., & Wu, X. (2024). Longitudinal cross-lagged relationships of complex post-traumatic stress disorder, depression, and anxiety among adolescents and emerging adults with childhood bullying victimization experiences. Depression and Anxiety, 2024, 1–12. https://doi.org/10.1155/da/9166230

    Newman, K. L., Alexander, D. S., & Rovers, J. P. (2023). Sadness, hopelessness and suicide attempts in bullying: Data from the 2018 Iowa Youth Survey. PLoS One, 18(2), e0281744. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0281106

    Olweus, D. (1993). Bullying at school: What we know and what we can do. Blackwell.

    Ortega, R. (Ed.). (2010). Agresividad injustificada, bullying y violencia escolar. Alianza Editorial.

    Singham, T., Viding, E., Schoeler, T., et al. (2017). Concurrent and longitudinal contribution of exposure to bullying in childhood to mental health. JAMA Psychiatry, 74(11), 1112–1119. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2017.2678

    Swearer, S. M., Espelage, D. L., & Napolitano, S. A. (2009). Bullying prevention and intervention: Realistic strategies for schools. Guilford Press.

    Thielemann, J. F. B., Kasparik, B., König, J., Unterhitzenberger, J., & Rosner, R. (2022). A systematic review and meta-analysis of trauma-focused cognitive behavioral therapy for children and adolescents. Child Abuse & Neglect, 134, 105899. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2022.105899

    Wergeland, G. J. H., Riise, E. N., & Öst, L. G. (2021). Cognitive behavior therapy for internalizing disorders in children and adolescents in routine clinical care. Clinical Psychology Review, 82, 101918. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2020.101918

    Xian-Yu, C. Y., Deng, N. J., Zhang, J., et al. (2022). Cognitive behavioral therapy for children and adolescents with post-traumatic stress disorder: Meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 308, 310–321. https://doi.org/10.1016/j.jad.2022.04.111

    Yohannan, J., Carlson, J. S., & Volker, M. A. (2022). Cognitive behavioral treatments for children and adolescents exposed to traumatic events: A meta-analysis examining variables moderating treatment outcomes. Journal of Traumatic Stress, 35, 706–717. https://doi.org/10.1002/jts.22755

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

  • Evaluación del Trauma Infantil: Guía para Profesionales y Recursos para Padres

    Evaluación del Trauma Infantil: Guía para Profesionales y Recursos para Padres

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Escribiste “test de trauma infantil gratis” en Google porque algo te tiene inquieto: una pesadilla que se repite, un cambio de carácter después de una mudanza, una revelación que te dejó sin piso.

    Y lo primero que aparece son cuestionarios de diez preguntas con un puntaje al final, pensados para que un adulto recuerde su propia infancia, no para saber qué le pasa hoy a un niño de 8 años.

    Ese desajuste es más común de lo que parece, y es también la razón de esta guía.

    Vas a encontrar algo distinto de un test genérico:

    • cómo evalúan el trauma infantil quienes lo hacen en serio;
    • qué instrumento gratuito existe de verdad, con nombre, respaldo y descarga oficial;
    • qué señales conviene que reconozcas antes de llegar a consulta.

    Y a mitad de camino, una guía de autoobservación breve para ordenar lo que estás viendo en tu hijo o hija. No para ponerle una etiqueta clínica desde el living de tu casa.

    Lo esencial en 40 segundos

    No existe un test online que diagnostique trauma infantil. Cualquiera que te dé un resultado instantáneo con puntaje está simplificando algo que en clínica toma varias sesiones.

    Lo que sí existe, gratis y con respaldo científico, es el Child and Adolescent Trauma Screen (CATS): un cuestionario breve basado en el DSM-5, de acceso libre, disponible en español, pensado para aplicarse junto a un profesional.

    Antes de llegar a él, aquí tienes qué mide realmente, qué señales observar en casa y cuándo esas señales dejan de ser una reacción esperable.

    Si lo que buscas es entender qué es el trauma psicológico en general (más allá de esta guía centrada en la infancia), puedes revisar también nuestra guía sobre qué es el trauma, sus tipos y cómo se evalúa.

    Por qué los tests virales de “trauma infantil” miden otra cosa

    Busca “test de trauma infantil” y vas a encontrar, casi siempre, el mismo formato: diez preguntas de sí o no, un punto por cada “sí”, una cifra final entre 0 y 10.

    Si además te has topado con los que piden reconocer una imagen o un personaje, revisamos ese formato aparte en nuestra guía sobre los tests de trauma con imágenes.

    Ese cuestionario existe y tiene nombre real: ACE (Adverse Childhood Experiences), desarrollado por Felitti y Anda en los años noventa. El problema no es el instrumento; es cómo se está usando.

    El ACE es retrospectivo y está diseñado para adultos que recuerdan su propia infancia, no para medir el estado actual de un niño. Un padre que lo completa pensando en su hijo de 6 años está, sin darse cuenta, aplicando mal la herramienta.

    Y aunque el ACE es útil (predice con fuerza problemas de salud física y mental en la adultez), no te dice si ese niño tiene síntomas de estrés postraumático hoy, ni qué tan grave es, ni qué hacer al respecto.

    Es la misma confusión que separa preguntar “¿le pasaron cosas difíciles?” de preguntar “¿cómo está reaccionando a lo que le pasó?”. La primera es la puerta de entrada; la segunda es la evaluación real, y requiere otro tipo de instrumento.

    Exponerse a algo traumático no es lo mismo que quedar traumatizado

    Antes de hablar de instrumentos, vale la pena instalar una distinción que casi ningún test viral hace.

    Haber vivido un evento potencialmente traumático y desarrollar síntomas postraumáticos son dos cosas distintas. Y la brecha entre una y otra es más ancha de lo que se suele pensar.

    En un metaanálisis de adolescentes expuestos a guerra, la prevalencia promedio de TEPT fue de 29,4% (IC 95% [18,7%; 43,0%]), con una variación enorme entre estudios (Zasiekina et al., 2025).

    Dicho de otro modo: incluso en el escenario más extremo de exposición, la mayoría no terminó con estrés postraumático.

    Ese mismo trabajo encontró algo que rara vez se menciona: la prevalencia depende de qué instrumento se usó para medirla, lo que explica buena parte de la variabilidad entre estudios y países.

    Esto tiene una implicación práctica directa. Que tu hijo haya vivido un accidente, un asalto o una separación conflictiva no significa que vaya a desarrollar TEPT.

    Y preocuparse por eso de forma anticipada, antes de ver si aparecen síntomas reales, suele generar más ansiedad de la que resuelve. Lo que sí conviene observar son las señales concretas, que revisamos más abajo.

    Señales de alerta: lo que sí puedes observar en casa

    ¿Qué puedes mirar tú, mientras tanto? La evaluación formal queda para consulta, pero hay señales concretas que un padre, madre o profesor reconoce sin aplicar ningún cuestionario. Algunas son menos conocidas que “pesadillas” o “miedo”, y suelen pasar desapercibidas precisamente por eso.

    Vigilancia congelada

    Un niño que responde al peligro no siempre llora o se agita: a veces se queda inmóvil y en silencio, escaneando el entorno sin mostrar ninguna reacción visible, como si cualquier movimiento pudiera atraer más peligro. Es fácil confundirlo con un niño “tranquilo” o “bien portado”, y es justo lo contrario.

    Juego postraumático

    El juego infantil normal es libre, variado y termina en alegría. El juego que sigue a un trauma tiene otra textura: es repetitivo, sombrío, casi siempre la misma escena una y otra vez, sin la ligereza del juego habitual. En ocasiones es tan literal que basta con observarlo para intuir qué vivió el niño.

    Cambios en el vínculo con el cuidador

    En las reuniones con sus padres, algunos niños con apego desorganizado muestran una mezcla de acercamiento y rechazo: se congelan, se alejan en ángulos extraños, o buscan consuelo justo en la persona que también les genera temor. Es una señal difícil de nombrar para quien no la conoce, pero muy reconocible una vez que se sabe qué buscar.

    “Ataques al cuerpo” cerca de la adolescencia

    Cuando el trauma no se ha procesado, algunos preadolescentes y adolescentes empiezan a regular el malestar a través del cuerpo: autolesiones, conductas alimentarias de riesgo, consumo de sustancias o conductas de riesgo extremo. No siempre se presentan como “problema de conducta”; a veces se leen, primero, como un intento (torpe y doloroso) de calmar algo que no tiene otro nombre.

    Problemas escolares entre los 5 y los 7 años

    Un comportamiento hostil o desajustado en el aula en esa franja de edad, sin otra explicación evidente, es una señal que conviene tomar en serio y no solo abordar como disciplina.

    Ninguna de estas señales, por sí sola, confirma un trauma. Pero si reconoces varias, y sobre todo si interfieren con la vida diaria del niño (dormir, ir al colegio, jugar con otros, estar tranquilo en casa), es el momento de pasar de la observación a la consulta.

    Guía breve de autoobservación (no es un diagnóstico)

    Antes de seguir leyendo sobre tratamiento, tómate un minuto con esta guía. No da un puntaje ni una etiqueta: ordena lo que estás observando para que llegues a consulta con información útil, no con ansiedad sin forma.

    ¿Qué estás observando en tu hijo o hija?

    Marca solo lo que hayas notado en las últimas semanas. Esto no es el CATS oficial ni ningún instrumento validado: es una guía para ordenar tus observaciones antes de una consulta. No calcula un puntaje ni entrega un diagnóstico.

    Reacciones frecuentes tras un evento difícil






    Señales adicionales, menos conocidas pero relevantes





    Marca al menos una opción (o confirma que no notaste ninguna) antes de continuar.

    Esta guía no diagnostica ni reemplaza al Child and Adolescent Trauma Screen (CATS), el instrumento con respaldo científico que puedes descargar más abajo. Está pensada para conversar con un profesional, no para sacar una conclusión definitiva por tu cuenta.

    Cómo se evalúa el trauma en la infancia, en serio

    En consulta, evaluar trauma infantil no es marcar una casilla. Es un proceso que combina varias fuentes de información, porque cada una por sí sola tiene puntos ciegos.

    Una revisión reciente sobre evaluación de adversidad temprana ordena el problema en dos ejes que todo profesional serio tiene en cuenta (Machlin et al., 2025):

    • Cómo se pregunta. De forma retrospectiva (lo que la persona recuerda) o prospectiva (registros hechos en el momento); de forma objetiva (qué pasó, verificable) o subjetiva (cómo lo vivió quien lo sufrió).
    • Quién responde. El propio niño o su cuidador. Aquí es donde surge el punto más delicado de toda evaluación infantil.

    El problema de quién cuenta la historia

    Preguntarle a un padre cómo está su hijo parece el camino obvio. Pero la literatura muestra que padres e hijos frecuentemente no coinciden, y esa discrepancia no es ruido estadístico: es información clínica en sí misma.

    En una revisión sistemática de 14 estudios con 12.824 díadas padre-hijo sobre exposición a violencia comunitaria, los patrones de acuerdo variaron: hubo padres que subreportaban lo que vivía el hijo, otros que sobrereportaban, y solo algunos coincidían con el relato del niño.

    Un hallazgo se repite en ese estudio: una peor relación padre-hijo y menos calidez parental se asociaron a mayor discrepancia entre lo que dice el padre y lo que dice el hijo (Hong et al., 2025).

    Y cuando el trauma involucra a la propia familia (abuso, violencia doméstica), el problema se agrava.

    Cómo se pregunte importa: una revisión sistemática y metaanálisis de 24 estudios con 15.485 personas encontró que las medidas retrospectivas del maltrato infantil (lo que la persona recuerda) se asocian con psicopatología casi el doble de fuerte (OR 2,21) que las medidas prospectivas o de registro externo (OR 1,56); ajustando unas por otras, la brecha se mantiene (2,14 frente a 1,27).

    La lectura de los propios autores es clara: el malestar se liga más a cómo se recuerda el hecho que al hecho registrado objetivamente (Baldwin et al., 2024).

    Por eso ningún instrumento serio de evaluación infantil se apoya en un solo informante. Idealmente se recoge la versión del niño (cuando la edad lo permite), la del cuidador, y se contrasta con la observación clínica directa.

    Los instrumentos que sí tienen respaldo (y los que no)

    Descartados los tests virales, ¿qué existe realmente para evaluar trauma en la infancia? Dos familias de instrumentos concentran la evidencia, y ninguna de las dos aparece en los tests que dominan hoy los resultados de Google.

    Instrumento ¿Puedes conseguirlo? Para qué sirve
    CATS
    Child and Adolescent Trauma Screen
    Sí. Acceso libre, sin licencia, en español Llevarlo impreso a la consulta y revisarlo con el profesional
    UCLA PTSD Reaction Index (RI-5) No directamente: su uso depende del equipo de la UCLA Referencia en investigación y en uso clínico especializado

    CATS (Child and Adolescent Trauma Screen): el que es gratis de verdad

    El CATS es un cuestionario basado en los criterios diagnósticos del DSM-5 para el trastorno de estrés postraumático, con 15 ítems sobre eventos potencialmente traumáticos, 20 sobre síntomas de estrés postraumático y 5 sobre impacto funcional (dificultad para dormir, concentrarse, relacionarse).

    Existe en versión de autorreporte para niños y adolescentes de 7 a 17 años, y en dos versiones de reporte del cuidador (3 a 6 años y 7 a 17 años). Es de acceso libre, sin costo de licencia, y está traducido a varios idiomas, entre ellos el español.

    Su respaldo psicométrico es consistente entre países

    En una muestra sueca de 591 escolares más un grupo clínico de 42 niños, mostró buena consistencia interna (alfa entre 0,73 y 0,89) y correlacionó fuertemente (r = 0,82) con otro instrumento ya validado (Nilsson et al., 2021).

    En una muestra clínica turca de 196 niños y adolescentes con diagnóstico confirmado por un clínico, la versión de autorreporte mostró consistencia interna alta (alfa entre 0,81 y 0,94) y distinguió con claridad entre quienes tenían el diagnóstico y quienes no (Kucukardali et al., 2026).

    Y algo que confirma lo que veíamos sobre informantes: en ese estudio el autorreporte del propio niño discriminó mejor que el reporte del cuidador.

    Los puntos de corte, y por qué no bastan solos

    Los desarrolladores originales del CATS publicaron puntos de corte orientativos para su versión de 7 a 17 años: puntajes bajo 15 se consideran dentro de lo esperable, entre 15 y 20 sugieren malestar moderado relacionado con el trauma, y de 21 en adelante sugieren un cuadro probable de TEPT que amerita evaluación diagnóstica formal (Sachser et al., 2017).

    Para la versión de cuidador de niños de 3 a 6 años, los cortes son bajo 12, entre 12 y 14, y 15 o más, respectivamente.

    Un detalle importante, y poco intuitivo: estos puntos de corte fueron pensados para una consulta clínica, no para que un padre se autoadministre el test en casa y saque una conclusión solo con el número.

    La propia guía de administración lo dice: la revisión de resultados debe hacerse junto a un profesional, que contextualiza el puntaje, explora qué hay detrás de cada síntoma marcado y decide los pasos siguientes.

    Un puntaje alto sin ese acompañamiento genera alarma sin dirección. Y uno bajo puede dar una falsa tranquilidad si el niño minimizó sus respuestas por vergüenza o miedo, algo nada raro en casos de abuso.

    Por eso esta guía no reproduce el cuestionario completo como un test de puntaje instantáneo. Más abajo tienes el enlace de descarga oficial (en español, para llevar a consulta) y una guía de autoobservación distinta, sin número, para ordenar lo que estás viendo antes de llegar ahí.

    UCLA PTSD Reaction Index: el de referencia en investigación

    (Si buscas el equivalente para adultos, la escala más usada y con más historia detrás es la de Horowitz: la revisamos en detalle en nuestra guía sobre escalas de trauma para adultos.)

    El otro instrumento con más respaldo es el UCLA PTSD Reaction Index para DSM-5 (RI-5), evaluado contra el estándar de oro de la evaluación diagnóstica: una entrevista estructurada aplicada por un clínico (la CAPS-CA-5).

    En el estudio de validación original, con 41 jóvenes en tratamiento evaluados con ambos instrumentos, un puntaje de corte de 35 en el RI-5 clasificó correctamente a quienes tenían TEPT frente a quienes no con una exactitud excelente (área bajo la curva de 0,94) (Kaplow et al., 2020).

    Existe además una versión breve de 11 ítems (RI-5-BF), derivada estadísticamente de la versión completa, con un punto de corte de 21 que maximiza la capacidad de detección sin perder precisión (Rolon-Arroyo et al., 2020).

    El RI-5 es sobre todo un instrumento de uso clínico y de investigación (su distribución y condiciones de uso dependen del equipo de la UCLA), así que para el lector que busca algo que pueda descargar hoy mismo, el CATS sigue siendo la puerta de entrada más práctica.

    Lo que ningún instrumento serio hace

    Vale la pena decirlo con todas sus letras, porque es lo que hacen mal casi todos los tests que rankean para esta búsqueda: ninguno te da un diagnóstico con solo marcar casillas.

    Una revisión sistemática sobre instrumentos de salud mental para niños desplazados forzosamente, que evaluó las propiedades de medición de 28 instrumentos distintos, concluye algo que aplica también aquí: hace falta más investigación para establecer validez transcultural y puntos de corte óptimos fuera de las poblaciones donde cada instrumento fue validado originalmente (Verhagen et al., 2022).

    El hueco que nadie menciona: no hay validación en Chile

    Ni el CATS ni el RI-5 tienen, hasta donde pudimos confirmar, un estudio de validación publicado en Chile ni en población hispanohablante de Latinoamérica. Los cortes que existen vienen de muestras suecas, turcas y estadounidenses, entre otras.

    Es un hueco real de la literatura, no un detalle menor, y una razón más para no tratar ningún puntaje online como palabra final.

    Descarga del CATS oficial, en español

    Estos son los formularios oficiales, gratuitos y sin licencia, listos para imprimir y llevar a tu consulta:

    Imprímelo, complétalo si quieres llegar con algo concreto a la primera sesión, y revísalo junto a un profesional: es exactamente como está pensado para usarse.

    Cuándo buscar ayuda profesional

    Una regla útil, aunque no sea infalible: en adultos, no se considera un cuadro de TEPT establecido hasta que pasan al menos tres meses del evento, porque en la mayoría de las personas operan mecanismos naturales de recuperación, según una revisión para clínicos sobre TEPT infantil que resume estos criterios (Smith, Dalgleish y Meiser-Stedman, 2019).

    En niños el criterio central es parecido y más simple de aplicar en casa: si la reacción interfiere con el funcionamiento diario —dormir, ir al colegio, jugar, estar en la casa— y no mejora con las semanas, es momento de una evaluación profesional. Lo mismo si aparece cualquiera de las señales de alerta de más arriba.

    No hace falta esperar los tres meses si la intensidad ya es alta. Ese plazo es una guía general, no una barrera de entrada.

    Qué tratamientos funcionan, si hace falta llegar ahí

    La buena noticia: si la evaluación confirma la necesidad de tratamiento, existen intervenciones con respaldo sólido pensadas para la infancia, no versiones reducidas de un tratamiento de adultos.

    La terapia cognitivo conductual centrada en el trauma (TF-CBT) es el tratamiento de primera línea. Un metaanálisis de 76 estudios encontró un efecto grande dentro de cada estudio (g = 1,32) y un efecto moderado entre distintos estudios (g = 0,57), con resultados estables sin importar qué instrumento se usó para medir el cambio (Schreyer et al., 2024).

    El EMDR también cuenta con evidencia específica en población infantil: un metaanálisis de 8 ensayos controlados aleatorizados (n = 794) encontró un efecto grande frente a lista de espera (Sutton et al., 2025), y en los dos estudios que lo compararon directamente con TF-CBT, ninguno mostró diferencias significativas entre ambas terapias.

    Y en los más pequeños, el tratamiento cambia según la etapa del desarrollo, no según una versión “reducida” de lo que se usa con adultos.

    La revisión anual sobre intervenciones para niños expuestos a trauma describe una base de evidencia escalonada por edad (Guyon-Harris y Humphreys, 2026):

    • Lactantes y niños pequeños: psicoterapia padre-hijo.
    • Preescolares: tratamiento específico para esa edad.
    • Primaria básica en adelante: la TF-CBT propiamente dicha.

    Elegir el tratamiento correcto según la edad es, en sí mismo, parte de una buena evaluación.

    Preguntas frecuentes

    ¿Existe un test de trauma infantil gratis que dé un diagnóstico?

    No. Ningún test online reemplaza una evaluación clínica. Lo que sí existe gratis es el CATS, un cuestionario validado que debe aplicarse e interpretarse junto a un profesional, no de forma autónoma en casa con un resultado instantáneo.

    ¿El test ACE sirve para evaluar a mi hijo hoy?

    No exactamente. El ACE fue diseñado para que un adulto recuerde su propia infancia; mide experiencias adversas acumuladas, no síntomas actuales. Para saber cómo está tu hijo ahora, el instrumento adecuado es uno de síntomas postraumáticos actuales, como el CATS.

    ¿Cómo se diferencia un trauma de una reacción normal a un evento estresante?

    Por la interferencia y la duración. Es esperable que un niño reaccione a un evento difícil; la diferencia aparece cuando esa reacción no cede con las semanas y empieza a afectar el sueño, el rendimiento escolar, los vínculos o el juego cotidiano.

    ¿Los padres siempre notan cuando un hijo está traumatizado?

    No siempre, y no es un fallo de atención. La evidencia muestra que padres e hijos discrepan con frecuencia, sobre todo cuando el trauma involucra a la propia familia: el niño puede ocultar su angustia, y el reporte del cuidador no siempre coincide con lo que el niño realmente vive.

    ¿A qué edad se puede evaluar el trauma en un niño?

    Desde la primera infancia, aunque el método cambia con la edad. El DSM-5 incluye criterios específicos para menores de 6 años, y a esas edades la observación directa (el juego, el vínculo con el cuidador) pesa más que cualquier cuestionario autoaplicado.

    Para cerrar

    ¿Llegaste hasta aquí buscando un número que te tranquilizara o te confirmara un miedo? Probablemente no lo vas a encontrar, y está bien que así sea: ese número no existiría con la solidez que necesitas para decidir algo importante sobre tu hijo.

    Lo que sí tienes ahora es más útil: señales concretas que observar, un instrumento real que puedes descargar y claridad sobre qué preguntas hacerle a quien evalúe a tu hijo.

    Si reconoces varias señales de alerta, o si la guía de autoobservación te dejó con más preguntas que certezas, el paso siguiente es agendar una evaluación profesional.

    No hace falta que estés seguro del todo. Nicolás Alcayaga atiende evaluación y tratamiento de trauma infantil, y la primera conversación sirve, precisamente, para poner en palabras lo que hasta ahora era solo una sospecha.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico
    Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) · Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud)

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Perfil profesional

    Referencias

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