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  • ¿Cómo evaluar adicciones en un paciente? Guía completa sobre la evaluación del consumo de drogas

    ¿Cómo evaluar adicciones en un paciente? Guía completa sobre la evaluación del consumo de drogas

    ¿Cómo evaluar adicciones en un paciente? La respuesta clínica empieza por la seguridad y sigue con una conversación sin juicios, una historia detallada del consumo, cuestionarios validados, criterios diagnósticos y análisis del contexto. Ningún test aislado basta. La meta es entender el riesgo, la gravedad y qué ayuda necesita esa persona.

    Una evaluación bien hecha no busca atrapar a alguien en una contradicción. Busca ordenar información que suele venir mezclada con miedo, vergüenza, presión familiar o problemas médicos. El resultado útil no es una etiqueta: es una formulación compartida y un plan posible.

    Respuesta corta: ¿cómo evaluar adicciones en un paciente?

    La evaluación combina cinco fuentes: entrevista clínica, cribado validado, criterios DSM-5-TR, examen de salud física y mental, y datos objetivos cuando están indicados. Primero se descartan urgencias. Después se describe cada sustancia, se analiza la función del consumo, se valora la motivación y se decide el nivel de atención.

    ¿Qué es una evaluación de drogas y para qué sirve?

    Una evaluación de drogas es un proceso clínico, no un examen único. Sirve para saber si existe consumo de riesgo o un trastorno por uso de sustancias, qué tan grave es, qué peligros están presentes y qué factores mantienen el patrón. También permite distinguir un problema primario de síntomas causados o agravados por una sustancia.

    El cribado es solo la puerta de entrada. La recomendación de la USPSTF sobre consumo no saludable de drogas indica que un resultado positivo necesita evaluación diagnóstica adicional y que el cribado tiene sentido cuando existe acceso a diagnóstico y tratamiento (Krist et al., 2020).

    La formulación va un paso más allá. Tolin (2024) y Castro Camacho y Ángel de Greiff (1998) describen la evaluación conductual como la construcción de hipótesis sobre qué antecede al consumo, qué obtiene la persona de él y qué consecuencias lo mantienen. Esa información conecta el diagnóstico con decisiones concretas de tratamiento.

    ¿Cómo evaluar adicciones en un paciente? Proceso en 10 pasos

    El orden puede variar según el contexto, pero la seguridad siempre va primero. Los pasos siguientes orientan la evaluación inicial y las sesiones posteriores. No reemplazan protocolos locales, supervisión clínica ni valoración médica cuando hay intoxicación o abstinencia.

    1. Descarta una urgencia antes de seguir

    Pregunta por la última sustancia consumida, cantidad aproximada, mezcla de drogas, pérdida de conciencia, convulsiones, dolor torácico, dificultad respiratoria y antecedentes de sobredosis. Evalúa también ideas suicidas, psicosis, agitación grave, violencia y capacidad de autocuidado.

    La abstinencia de alcohol y sedantes puede ser peligrosa. Una persona con confusión, alucinaciones, convulsiones, temblor intenso o inestabilidad médica necesita evaluación urgente. La sospecha de sobredosis o riesgo suicida actual tampoco se resuelve con un cuestionario en consulta.

    2. Explica confidencialidad y crea una conversación sin castigo

    Antes de preguntar por drogas, aclara para qué se usará la información, qué se mantiene confidencial y cuáles son los límites legales de esa confidencialidad. El tono importa. Preguntas neutrales como “¿qué sustancias has usado en los últimos tres meses?” suelen obtener más información que “¿tienes un problema con las drogas?”.

    Soto Martínez (2025) y Tolin (2024) proponen una relación colaborativa. Confrontar la negación, moralizar o discutir sobre etiquetas suele aumentar la defensividad. La entrevista motivacional explora la ambivalencia y la diferencia entre el consumo actual y las metas de la persona, sin convertir la sesión en un juicio.

    3. Construye una historia sustancia por sustancia

    No preguntes solo por la “droga principal”. Revisa alcohol, cannabis, estimulantes, opioides, sedantes, alucinógenos, inhalantes, nicotina, medicamentos usados sin indicación y otras sustancias. Para cada una registra:

    • edad de inicio y fecha del último consumo;
    • cantidad, frecuencia, duración y vía de administración;
    • episodios de consumo intenso, mezcla de sustancias y contexto;
    • tolerancia, síntomas al reducir y experiencias de sobredosis;
    • consecuencias físicas, emocionales, familiares, académicas, laborales, económicas o legales;
    • intentos previos de reducir o dejar, tratamientos recibidos y qué ocurrió después.

    Conviene traducir unidades vagas. “Bebo bastante” puede convertirse en tipo de bebida, tamaño del vaso, número de unidades y días de consumo. “Uso a veces” necesita una frecuencia y un periodo. Ese nivel de detalle permite medir cambios sin fingir una precisión que el recuerdo no tiene.

    4. Aplica un instrumento de cribado apropiado

    El instrumento depende de la sustancia y la población. Para alcohol puede usarse el Test AUDIT. Para otras drogas existen DAST-10, CAD-20, TAPS y ASSIST. En adolescentes, CRAFFT cuenta con validación específica. El objetivo es detectar riesgo y decidir quién necesita una evaluación más profunda.

    Una revisión sistemática para la USPSTF encontró que varias herramientas breves alcanzan buena precisión, aunque su rendimiento cambia según sustancia, población y criterio de comparación (Patnode et al., 2020). Con prevalencias bajas, una parte de los positivos serán falsos positivos. Por eso el puntaje no equivale a diagnóstico.

    Si necesitas comparar instrumentos y acceder a sus fichas, revisa la guía de CAD-20 y DAST-10 para consumo de drogas. El artículo dedicado al DAST-10 explica su corrección y su diferencia con el AUDIT.

    5. Confirma criterios diagnósticos y gravedad

    El DSM-5-TR define el trastorno por uso de sustancias como un patrón problemático que causa malestar o deterioro clínicamente significativo. Se revisan 11 criterios durante 12 meses: pérdida de control, deseo persistente de reducir, tiempo dedicado, craving, incumplimiento, conflictos, abandono de actividades, uso riesgoso, continuidad pese al daño, tolerancia y abstinencia (American Psychiatric Association, 2022).

    La gravedad se clasifica por número de criterios: leve con 2 o 3, moderada con 4 o 5 y grave con 6 o más. Debe evaluarse cada sustancia por separado. Tolerancia o abstinencia bajo tratamiento médico apropiado no se interpretan automáticamente como trastorno.

    También hay que distinguir intoxicación, abstinencia, efectos de medicamentos y trastornos mentales independientes. La cronología ayuda: ¿los síntomas aparecieron antes del consumo, solo durante él, al suspenderlo o persisten tras un periodo razonable sin la sustancia?

    6. Haz un análisis funcional del consumo

    El análisis funcional pregunta qué ocurrió antes, qué pensó o sintió la persona, qué hizo exactamente y qué pasó después. Graña Gómez y Muñoz-Rivas (1998) explican que esta secuencia permite reconocer gatillantes y consecuencias que refuerzan el consumo.

    Parte de la secuencia Qué indagar Ejemplo clínico
    Antecedentes Lugar, hora, personas, dinero, dolor, insomnio, discusión o emoción Sale del trabajo con ansiedad y pasa frente al punto de compra
    Pensamientos y emociones Craving, expectativas, permiso interno, vergüenza o rabia “Solo hoy, necesito bajar la tensión”
    Conducta Sustancia, cantidad, vía, duración y acciones asociadas Consume cocaína y alcohol durante cuatro horas
    Consecuencias inmediatas Placer, pertenencia, alivio, sueño o desaparición de abstinencia La ansiedad baja durante un rato
    Consecuencias tardías Deuda, conflicto, síntomas, ausencias, culpa o riesgo legal Falta al trabajo y discute con su pareja

    El consumo puede mantenerse por refuerzo positivo, como euforia o aceptación social, y por refuerzo negativo, como alivio del dolor, ansiedad o abstinencia. El modelo de automedicación es una hipótesis posible, no una explicación universal. Debe comprobarse en la historia concreta.

    7. Evalúa salud mental, salud física y funcionamiento

    Explora depresión, ansiedad, trauma, TDAH, síntomas psicóticos, manía, dolor crónico, problemas de sueño y funcionamiento cognitivo. Pregunta por ideación suicida y autolesiones de forma directa. La patología dual es frecuente y puede cambiar la urgencia, el diagnóstico diferencial y el tratamiento.

    La evaluación física puede incluir signos vitales, examen médico, revisión de fármacos, embarazo, infecciones transmisibles por sangre, función hepática y otros estudios según la sustancia y la vía. La necesidad depende del caso. No corresponde pedir una batería fija a toda persona sin una pregunta clínica.

    Registra el impacto en vivienda, alimentación, relaciones, crianza, estudio, trabajo, dinero y problemas legales. Un diagnóstico se entiende mejor cuando queda claro qué áreas se deterioraron y cuáles todavía protegen a la persona.

    8. Triangula la información cuando esté indicado

    Con consentimiento y respetando las reglas del contexto, puede ser útil revisar registros clínicos o conversar con familiares y otros profesionales. Las fuentes colaterales también tienen sesgos. Su función es contrastar información, no reemplazar la voz del paciente.

    Las pruebas biológicas responden preguntas acotadas. Un test de drogas en orina puede mostrar exposición reciente a los analitos incluidos en el panel, pero no informa cantidad exacta, deterioro actual ni adicción. Una revisión sobre interpretación clínica de pruebas urinarias recomienda confirmar resultados inesperados antes de decisiones importantes (Moeller et al., 2017).

    9. Evalúa motivación, metas y nivel de atención

    Pregunta qué le preocupa a la persona, qué quiere cambiar y cuánta confianza tiene en poder hacerlo. Abstinencia, reducción de riesgos y estabilización médica pueden ocupar lugares distintos según la sustancia, la gravedad y el momento. La meta se negocia sin perder de vista la seguridad.

    La intervención breve puede ayudar a adultos con consumo de riesgo de alcohol. Una revisión de intervenciones conductuales en atención primaria halló reducciones en consumo semanal y episodios de consumo excesivo (O’Connor et al., 2018). Un trastorno moderado o grave, abstinencia compleja, comorbilidad inestable o fracaso de intervenciones previas puede requerir atención especializada o intensiva.

    10. Devuelve una formulación clara y acuerda el plan

    Resume lo encontrado en lenguaje comprensible: sustancias, nivel de riesgo, criterios presentes, peligros, función del consumo, recursos y barreras. Pregunta si la explicación calza con la experiencia de la persona. La devolución puede corregirse; no es una sentencia.

    El plan debe indicar los próximos pasos, responsable, plazo y señales para pedir ayuda urgente. Puede incluir evaluación médica, psicoterapia, tratamiento farmacológico cuando corresponda, intervención familiar, reducción de daños, apoyo social y seguimiento con medidas comparables a la línea base.

    ¿Cómo se mide el consumo de drogas?

    El consumo se mide con datos de frecuencia, cantidad, intensidad, vía, contexto, consecuencias y criterios clínicos. Los cuestionarios estandarizan una parte del problema; las pruebas biológicas detectan exposición; la entrevista explica el significado y el deterioro. La medición más fiable surge de comparar métodos, no de elegir uno como verdad absoluta.

    Método Qué aporta Qué no demuestra
    Entrevista clínica Historia, función, consecuencias, motivación y contexto Puede verse afectada por memoria, miedo o minimización
    Cuestionario validado Cribado comparable y nivel inicial de riesgo No confirma por sí solo un diagnóstico
    Autorregistro Patrones cotidianos, gatillantes y cambios Depende del registro oportuno y honesto
    Prueba biológica Exposición reciente dentro de una ventana y panel No prueba adicción, cantidad ni intoxicación actual
    Fuente colateral Consecuencias observadas y datos no recordados También puede tener conflictos o sesgos

    La subdetección es un problema real. Un estudio que comparó diagnósticos en registros clínicos con encuestas encontró brechas amplias, sobre todo en adultos jóvenes y población hispana (Williams et al., 2022). Preguntar de forma universal y neutral reduce la selección basada en estereotipos.

    ¿Qué instrumento conviene usar según el contexto?

    La elección depende de la población y la pregunta clínica. AUDIT o AUDIT-C se usan para alcohol; DAST-10 y CAD-20 se enfocan en otras drogas; ASSIST cubre múltiples sustancias. En adolescentes, CRAFFT fue diseñado para su etapa del desarrollo. Durante el embarazo se prefieren herramientas estudiadas en atención prenatal, como 4P’s Plus, junto con una entrevista no punitiva.

    En adolescentes, el contexto escolar, la edad de inicio, la familia y los pares necesitan más espacio. Un estudio de seguimiento del CRAFFT mostró capacidad predictiva para problemas posteriores, aunque ningún punto de corte elimina la evaluación clínica (Shenoi et al., 2019).

    En embarazo, el miedo a consecuencias sociales puede reducir la revelación. Una comparación prospectiva de herramientas prenatales encontró diferencias importantes entre sensibilidad y especificidad (Coleman-Cowger et al., 2019). El objetivo es conectar a la persona con cuidado seguro, no usar el resultado como castigo.

    Errores frecuentes al evaluar adicciones

    Los errores más costosos suelen ocurrir antes de interpretar un puntaje. Una entrevista técnicamente completa puede fallar si la persona siente que cada respuesta será usada en su contra.

    • Moralizar o usar etiquetas: describe conductas y consecuencias con lenguaje centrado en la persona.
    • Confrontar la negación: explora ambivalencia y discrepancias sin disputar quién tiene razón.
    • Convertir un positivo en diagnóstico: confirma criterios, cronología y deterioro.
    • Ignorar el policonsumo: evalúa alcohol, medicamentos y otras drogas por separado.
    • Omitir seguridad: pregunta siempre por sobredosis, abstinencia, suicidio, psicosis y violencia.
    • Usar una sola fuente: triangula cuando sea pertinente y posible.
    • Planificar sin motivación: ajusta la intervención al grado de disposición y a las metas.

    Otro error es asumir una progresión lineal e inevitable. Un estudio poblacional sobre transición hacia trastornos por drogas mostró trayectorias variables y, a la vez, que más de la mitad de quienes desarrollaron abuso lo hicieron dentro de tres años desde el primer uso (Degenhardt et al., 2019). La evaluación debe reconocer riesgo sin fatalismo.

    ¿Cuándo derivar a urgencias o a tratamiento especializado?

    Deriva a urgencias ante sospecha de sobredosis, compromiso de conciencia, convulsiones, dificultad respiratoria, dolor torácico, agitación o psicosis grave, riesgo suicida actual o abstinencia potencialmente peligrosa. En Chile, puedes consultar orientación y acceso a tratamiento en SENDA. Si hay peligro inmediato, corresponde activar los servicios de urgencia locales.

    La derivación especializada también está indicada cuando existe trastorno moderado o grave, policonsumo complejo, embarazo, comorbilidad médica o psiquiátrica inestable, deterioro cognitivo, falta de vivienda segura o ausencia de respuesta a intervenciones de menor intensidad. La evaluación del nivel de atención debe considerar recursos y riesgos, no solo el número de criterios.

    Para un problema centrado en alcohol, la guía sobre cómo evaluar el consumo de alcohol desarrolla el proceso y sus instrumentos específicos.

    Preguntas frecuentes sobre la evaluación de adicciones

    ¿Un test positivo significa que el paciente tiene una adicción?

    No. Un cuestionario positivo indica riesgo y una prueba biológica positiva indica que un analito superó el valor de corte dentro de cierta ventana. El diagnóstico requiere entrevista, criterios clínicos, deterioro funcional y diagnóstico diferencial. Los resultados inesperados pueden necesitar confirmación antes de cambiar un tratamiento o tomar una decisión legal.

    ¿Cuánto dura una evaluación de consumo de sustancias?

    Un cribado puede tomar pocos minutos, pero una evaluación diagnóstica suele necesitar una entrevista más extensa y, a veces, varias sesiones. La duración depende de policonsumo, urgencias, comorbilidad, fuentes colaterales y exámenes médicos. Acelerar el proceso puede dejar fuera datos que cambian el nivel de atención.

    ¿Qué preguntas se hacen para evaluar una adicción?

    Se pregunta por cada sustancia, edad de inicio, cantidad, frecuencia, vía, última vez, mezcla, craving, pérdida de control, tolerancia, abstinencia, consecuencias e intentos de cambio. También se revisan salud mental, riesgo suicida, sobredosis, funcionamiento, apoyos y motivación. El tono debe ser neutral y explicar la confidencialidad.

    ¿Es obligatorio pedir un test de orina?

    No en todos los casos. Se solicita cuando responde una pregunta clínica concreta, como confirmar exposición reciente, aclarar un resultado inesperado o monitorear un tratamiento acordado. Debe conocerse el panel, la ventana y la necesidad de confirmación. La orina nunca reemplaza la entrevista ni mide por sí sola la gravedad.

    ¿Cómo evaluar a un paciente que niega el consumo?

    Evita una lucha por imponer la etiqueta. Explica el propósito de las preguntas, usa lenguaje neutral, explora hechos observables y pregunta por metas personales. Con consentimiento y según el contexto, contrasta registros, familiares o pruebas biológicas. Si existe riesgo inmediato, la seguridad guía la actuación aunque la historia permanezca incompleta.

    Evaluar bien cambia la conversación clínica

    Una evaluación útil transforma datos dispersos en una explicación comprensible: qué se consume, qué riesgo existe, qué mantiene el patrón y qué apoyo encaja. El diagnóstico importa, pero la formulación permite decidir qué hacer el lunes por la mañana.

    Si tú o alguien cercano necesita ordenar su relación con alcohol u otras drogas en un espacio confidencial, puedes agendar una evaluación psicológica. La primera meta será aclarar riesgos y opciones de ayuda, sin convertir la conversación en un interrogatorio.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). American Psychiatric Association Publishing.

    Castro Camacho, L., & Ángel de Greiff, E. (1998). Formulación clínica conductual. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos: Vol. 2. Formulación clínica, medicina conductual y trastornos de relación (pp. 3-79). Siglo Veintiuno de España Editores.

    Coleman-Cowger, V. H., Oga, E. A., Peters, E. N., & Mark, K. (2019). Accuracy of three screening tools for prenatal substance use. Obstetrics & Gynecology, 133(5), 952-961. https://doi.org/10.1097/AOG.0000000000003230

    Degenhardt, L., Bharat, C., Glantz, M. D., Sampson, N. A., Scott, K., Lim, C. C. W., Aguilar-Gaxiola, S., Al-Hamzawi, A., Alonso, J., Andrade, L. H., Bunting, B., de Girolamo, G., Gureje, O., Haro, J. M., Karam, E. G., Karam, G., Kovess-Masfety, V., Lee, S., Lepine, J. P., … Kessler, R. C. (2019). Association of cohort and individual substance use with risk of transitioning to drug use, drug use disorder, and remission from disorder. JAMA Psychiatry, 76(7), 708-720. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2019.0163

    Graña Gómez, J. L., & Muñoz-Rivas, M. J. (1998). Tratamiento cognitivo-conductual de la adicción a la heroína y a la cocaína. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos: Vol. 2. Formulación clínica, medicina conductual y trastornos de relación (pp. 161-194). Siglo Veintiuno de España Editores.

    Krist, A. H., Davidson, K. W., Mangione, C. M., Barry, M. J., Cabana, M., Caughey, A. B., Donahue, K., Doubeni, C. A., Epling, J. W., Kubik, M., Ogedegbe, G., Pbert, L., Silverstein, M., Simon, M. A., Tseng, C. W., & Wong, J. B. (2020). Screening for unhealthy drug use: US Preventive Services Task Force recommendation statement. JAMA, 323(22), 2301-2309. https://doi.org/10.1001/jama.2020.8020

    Moeller, K. E., Kissack, J. C., Atayee, R. S., & Lee, K. C. (2017). Clinical interpretation of urine drug tests: What clinicians need to know about urine drug screens. Mayo Clinic Proceedings, 92(5), 774-796. https://doi.org/10.1016/j.mayocp.2016.12.007

    O’Connor, E. A., Perdue, L. A., Senger, C. A., Rushkin, M., Patnode, C. D., Bean, S. I., & Jonas, D. E. (2018). Screening and behavioral counseling interventions to reduce unhealthy alcohol use in adolescents and adults: Updated evidence report and systematic review for the US Preventive Services Task Force. JAMA, 320(18), 1910-1928. https://doi.org/10.1001/jama.2018.12086

    Patnode, C. D., Perdue, L. A., Rushkin, M., Dana, T., Blazina, I., Bougatsos, C., Grusing, S., & Chou, R. (2020). Screening for unhealthy drug use: Updated evidence report and systematic review for the US Preventive Services Task Force. JAMA, 323(22), 2310-2328. https://doi.org/10.1001/jama.2019.21381

    Shenoi, R. P., Linakis, J. G., Bromberg, J. R., Casper, T. C., Richards, R., Mello, M. J., Spirito, A., Chun, T. H., & Pediatric Emergency Care Applied Research Network. (2019). Predictive validity of the CRAFFT for substance use disorder. Pediatrics, 144(2), e20183415. https://doi.org/10.1542/peds.2018-3415

    Soto Martínez, M. I. (2025). Uso de sustancias y tratamiento para adicciones [Presentación de diplomado]. Departamento de Psicología, Universidad de Chile.

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2nd ed.). The Guilford Press.

    Williams, E. C., Fletcher, O. V., Frost, M. C., Harris, A. H. S., Washington, D. L., Hoggatt, K. J., & Hausmann, L. R. M. (2022). Comparison of substance use disorder diagnosis rates from electronic health record data with substance use disorder prevalence rates reported in surveys across sociodemographic groups. JAMA Network Open, 5(6), e2219651. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2022.19651

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

  • Qué es la adicción: guía completa sobre el trastorno por uso de sustancias

    Qué es la adicción: guía completa sobre el trastorno por uso de sustancias

    Por Terapia Online Chile, contenido educativo en psicología basado en fuentes científicas.

    Entender qué es la adicción ayuda a mirar el problema sin culpas ni etiquetas. Una persona puede consumir alcohol o una droga sin cumplir criterios de un trastorno. También puede tener tolerancia a un medicamento y no presentar una conducta adictiva. La señal clínica aparece cuando el consumo empieza a gobernar decisiones, tiempo y prioridades, y continúa a pesar del daño.

    Esta guía reúne lo que necesitas para reconocer ese cambio: qué significa trastorno por uso de sustancias, cómo se diagnostica, qué factores aumentan el riesgo, qué ocurre en el cerebro y qué tratamientos tienen respaldo. Al final encontrarás rutas de orientación disponibles en Chile.

    TL;DR: La adicción es un patrón de consumo con pérdida de control y persistencia pese a consecuencias relevantes. El DSM-5-TR la ubica dentro del trastorno por uso de sustancias y gradúa su severidad. Surge por la interacción entre vulnerabilidad, aprendizaje, ambiente y cambios cerebrales. Es tratable, y la ayuda debe adaptarse a la sustancia, los riesgos y las metas de cada persona.

    ¿Qué es la adicción y qué significa trastorno por uso de sustancias?

    La adicción es la forma más grave de un patrón en el que una persona pierde capacidad para regular el consumo y sigue usando una sustancia aunque ya vea consecuencias en su salud, relaciones, estudios, trabajo o seguridad. En clínica se prefiere el término trastorno por uso de sustancias, porque describe un continuo que puede ser leve, moderado o grave.

    La definición sanitaria del CDC resume tres componentes: síntomas cognitivos, conductuales y fisiológicos, junto con la persistencia del consumo pese a problemas importantes. La American Psychiatric Association (2022) dejó atrás la antigua separación entre abuso y dependencia del DSM-IV y reunió ambos cuadros en un solo diagnóstico dimensional.

    TérminoQué describeQué no permite concluir por sí solo
    Uso o consumoContacto ocasional o repetido con una sustancia.No demuestra pérdida de control ni trastorno.
    Consumo de riesgo o perjudicialUn patrón que aumenta el peligro o ya produce daño.No define automáticamente la severidad DSM-5-TR.
    ToleranciaNecesidad de más cantidad para obtener un efecto similar, o menor efecto con la misma dosis.Puede aparecer durante un tratamiento médico bien indicado.
    Dependencia físicaAdaptación del organismo, con síntomas si la sustancia se reduce o suspende de forma brusca.No equivale por sí misma a adicción.
    Adicción o TUS gravePérdida de control, prioridad del consumo y persistencia pese al daño.No se diagnostica con una sola conducta ni con un examen de orina.

    La distinción importa mucho con opioides, benzodiacepinas y otros fármacos. El National Institute on Drug Abuse señala que la dependencia física puede aparecer aun cuando el medicamento se use según la indicación. Suspenderlo de golpe puede ser peligroso, por lo que el retiro debe planificarse con un profesional.

    ¿Cómo se diagnostica la adicción según el DSM-5-TR?

    El diagnóstico considera un patrón de síntomas durante un periodo de 12 meses. No depende de cuánto consume otra persona ni de si una sustancia es legal. Importan la pérdida de control, el deterioro, el riesgo y la respuesta del organismo. Una evaluación revisa once criterios, que pueden entenderse en cuatro grupos.

    1. Control cada vez menor

    • Consumir más cantidad o durante más tiempo de lo previsto.
    • Querer reducir o dejar el consumo y no conseguirlo en repetidos intentos.
    • Dedicar mucho tiempo a obtener la sustancia, consumirla o recuperarse de sus efectos.
    • Sentir craving: un deseo intenso o impulso por consumir.

    2. La vida cotidiana empieza a ceder espacio

    • Incumplir responsabilidades relevantes en el trabajo, los estudios o el hogar.
    • Mantener el consumo pese a conflictos sociales o interpersonales causados o empeorados por él.
    • Reducir o abandonar actividades sociales, laborales o recreativas importantes.

    3. Consumo que continúa frente al riesgo o el daño

    • Usar la sustancia repetidamente en situaciones físicamente peligrosas.
    • Seguir consumiendo aun sabiendo que existe un problema físico o psicológico relacionado.

    4. Adaptación fisiológica

    • Tolerancia.
    • Abstinencia, o consumo para aliviar o evitar sus síntomas.

    La gravedad se clasifica como leve con 2 o 3 criterios, moderada con 4 o 5 y grave con 6 o más (American Psychiatric Association, 2022). Tolerancia y abstinencia pueden no contar cuando aparecen durante un tratamiento médico correctamente supervisado. Para revisar el proceso con más detalle, consulta la guía de criterios DSM-5 para sustancias.

    Un cuestionario como AUDIT, DAST-10 o CRAFFT sirve para detectar riesgo y decidir si hace falta una evaluación completa. El diagnóstico se completa con entrevista, historia clínica, funcionamiento, riesgos actuales, otras condiciones de salud y, cuando corresponde, exámenes. La evaluación clínica de adicciones explica cómo se combinan esas fuentes.

    ¿Qué tipos de adicción a sustancias existen?

    El DSM-5-TR organiza los trastornos según la sustancia principal. La experiencia no es idéntica entre alcohol, cannabis, estimulantes o sedantes: cambian la intoxicación, la abstinencia, el riesgo de sobredosis y las opciones farmacológicas. También puede existir policonsumo, donde varias sustancias se alternan o mezclan.

    GrupoEjemplosAspectos que requieren atención
    AlcoholCerveza, vino, destiladosAbstinencia potencialmente grave, daño orgánico, accidentes y problemas sociales.
    CannabisMarihuana y productos con THCDificultades de memoria y motivación, ansiedad, deterioro funcional y abstinencia en algunos usuarios.
    EstimulantesCocaína, anfetaminas, metanfetaminaCraving intenso, alteraciones del sueño, síntomas cardiovasculares, paranoia o psicosis.
    OpioidesHeroína, fentanilo, analgésicos opioidesAlto riesgo de sobredosis y depresión respiratoria; existen medicamentos específicos para el tratamiento.
    Sedantes y ansiolíticosBenzodiacepinas y otros hipnóticosEl retiro brusco puede causar convulsiones u otras complicaciones; requiere supervisión médica.
    NicotinaCigarrillos, tabaco y otros productosDependencia frecuente, craving y recaídas; hay tratamientos conductuales y farmacológicos.
    Otras sustanciasAlucinógenos, inhalantes y sustancias desconocidasEl perfil de riesgo cambia según dosis, composición, vía y contexto.

    Si se combinan sustancias, el riesgo no es la simple suma de cada una. Alcohol con sedantes u opioides puede aumentar la depresión del sistema nervioso. La guía sobre policonsumo de drogas profundiza en las mezclas y sus señales. Para medicamentos ansiolíticos, revisa la guía clínica de benzodiacepinas.

    También se habla de adicciones conductuales. Conviene ser preciso: el DSM-5-TR reconoce el trastorno por juego de apuestas dentro de los trastornos adictivos, mientras la CIE-11 incluye además el trastorno por videojuegos. Usar mucho el teléfono, comprar o trabajar en exceso puede causar problemas, pero la palabra adicción no reemplaza una evaluación clínica.

    ¿Cuáles son las causas de la adicción?

    No existe una causa única. La adicción aparece cuando varias vulnerabilidades coinciden con exposición a una sustancia, aprendizaje de sus efectos y un entorno que facilita o mantiene el consumo. Dos personas pueden usar la misma droga y seguir trayectorias muy distintas.

    • Biología y genética: la heredabilidad aporta riesgo, pero no fija un destino. También influyen la respuesta al estrés y la sensibilidad a recompensa o castigo.
    • Edad y desarrollo: comenzar temprano amplía el tiempo de exposición y ocurre mientras maduran capacidades de planificación y control de impulsos.
    • Salud mental: depresión, trauma, bipolaridad, TDAH y otros problemas pueden coexistir. A veces la sustancia se usa para dormir, disminuir ansiedad o escapar de recuerdos, y luego empeora el cuadro.
    • Aprendizaje: el alivio rápido refuerza la repetición. Lugares, personas, horarios y emociones pueden convertirse en disparadores de craving.
    • Familia y comunidad: violencia, negligencia, presión de pares, disponibilidad, pobreza, estigma y barreras de tratamiento modifican el riesgo. Vínculos estables y acceso temprano a ayuda pueden proteger.
    • Propiedades de la sustancia: potencia, rapidez de llegada al cerebro, vía de administración, dosis y frecuencia cambian la probabilidad de intoxicación, dependencia y daño.

    Un estudio epidemiológico con 36.309 adultos de Estados Unidos encontró asociación entre el trastorno por uso de drogas y varios trastornos mentales, incluido estrés postraumático, depresión mayor, bipolaridad y algunos trastornos de personalidad (Grant et al., 2016). La asociación no dice qué apareció primero en cada caso. Sí indica que evaluar ambos lados suele ser necesario.

    ¿Qué ocurre en el cerebro durante una adicción?

    La adicción modifica sistemas de motivación, hábito, estrés y autocontrol. Eso ayuda a entender por qué el deseo puede sentirse urgente y por qué una promesa sincera de dejar el consumo no siempre basta. El cerebro conserva capacidad de cambio, pero necesita tiempo, nuevas experiencias y, con frecuencia, tratamiento.

    La revisión neurocircuital de Koob y Volkow (2016) describe un ciclo de tres etapas. No todas las personas recorren cada fase del mismo modo, y el modelo no borra la influencia de la historia personal o el ambiente. Sirve para ordenar mecanismos que se alimentan entre sí.

    EtapaQué predominaSistemas implicados
    Atracón o intoxicaciónRecompensa, saliencia y formación de hábitos.Ganglios basales, dopamina y péptidos opioides.
    Abstinencia o afecto negativoDisforia, irritabilidad, estrés y consumo para aliviar malestar.Amígdala extendida, menor función de recompensa y sistemas como CRF y dinorfina.
    Preocupación o anticipaciónCraving, atención capturada por señales y menor control ejecutivo.Corteza prefrontal, ínsula, glutamato y conexiones con los otros circuitos.

    Una revisión sobre recompensa y adicción explica una aparente paradoja: con la exposición repetida, la respuesta dopaminérgica al consumo puede atenuarse, mientras las señales asociadas a la droga siguen capturando atención y motivación (Volkow, Michaelides, & Baler, 2019). El resultado puede ser buscar con intensidad algo que ya produce menos placer.

    ¿Cuáles son las señales de que el consumo se volvió un problema?

    Una señal aislada no confirma una adicción. El patrón preocupa cuando varias conductas se repiten, aumentan o interfieren con áreas importantes. Mira el cambio respecto de la vida habitual de la persona, no una imagen estereotipada de cómo debería verse alguien con consumo problemático.

    • El consumo ocupa cada vez más tiempo mental o práctico.
    • Se necesita más cantidad, se consume antes de lo previsto o cuesta detenerse.
    • Hay intentos de reducir que duran poco o terminan en un retorno rápido al patrón anterior.
    • Aparecen ausencias, deudas, discusiones, accidentes o conductas que antes no eran habituales.
    • Se dejan hobbies, vínculos o responsabilidades para proteger el momento de consumo.
    • La sustancia se usa para aliviar abstinencia, ansiedad, insomnio, vergüenza o malestar producido por el propio consumo.
    • Se mezclan sustancias, se cambia la vía o se toman riesgos que aumentan la posibilidad de sobredosis.
    • La persona continúa aunque reconoce daño físico, emocional o interpersonal.

    Los exámenes biológicos detectan exposición dentro de una ventana, pero no muestran pérdida de control ni severidad. Los cuestionarios de cribado tampoco entregan un diagnóstico. Si quieres una primera orientación, la página de tests de adicciones gratuitos explica qué instrumento corresponde según edad y sustancia.

    ¿Qué tan frecuente es el trastorno por uso de sustancias?

    Las cifras cambian según país, sustancia, edad y definición. En Estados Unidos, Grant et al. (2016) estimaron que el trastorno por uso de drogas, sin contar alcohol ni tabaco, afectó al 3,9 % de los adultos durante el año previo y al 9,9 % alguna vez en la vida. Solo el 13,5 % de los casos del último año había recibido tratamiento.

    Los ritmos también varían. Un análisis de encuestas de salud mental en 25 países mostró que la transición hacia problemas suele concentrarse en los primeros años después del inicio, mientras la remisión puede tardar bastante más (Degenhardt et al., 2019). Por eso una señal temprana merece conversación, aunque todavía no exista un cuadro grave.

    No conviene trasladar esas cifras directamente a Chile. Para datos y acceso locales, revisa la guía de evaluación de drogas en Chile, que reúne recursos SENDA, atención para adultos y orientación para adolescentes.

    ¿Cómo se trata la adicción?

    El tratamiento se diseña según la sustancia, la gravedad, el riesgo médico, la salud mental, el apoyo disponible y las metas de la persona. No existe un programa único que funcione igual para todos. La OMS y la UNODC recomiendan atención ética, basada en evidencia y conectada con servicios de salud.

    Evaluación y seguridad primero

    La primera tarea es saber qué se consume, cuánto, con qué frecuencia y en qué combinación. También se revisan sobredosis previas, abstinencia, embarazo, enfermedades médicas, medicamentos, riesgo suicida, psicosis y red de apoyo. Alcohol, benzodiacepinas y otras sustancias pueden producir abstinencias que requieren manejo médico.

    Intervenciones psicológicas y sociales

    La entrevista motivacional ayuda a trabajar ambivalencia sin confrontación. La terapia cognitivo-conductual identifica disparadores, entrena respuestas al craving y organiza prevención de recaídas. El manejo de contingencias refuerza cambios observables. Según el caso se suman trabajo familiar, vivienda, empleo, apoyo entre pares y tratamiento de trauma u otros trastornos mentales.

    Medicamentos cuando la sustancia y el cuadro lo indican

    Existen medicamentos con respaldo para algunos trastornos, como alcohol, opioides y nicotina. No hay una pastilla general para todas las adicciones. En trastorno por consumo de alcohol, una revisión Cochrane de 21 ensayos y 4.746 participantes encontró que añadir tratamiento farmacológico a una intervención psicosocial probablemente reduce la proporción de personas con consumo intenso; la certeza fue moderada y los resultados no se aplican igual a todas las poblaciones (Minozzi et al., 2025).

    Atención ambulatoria o residencial

    Muchas personas se tratan de forma ambulatoria. La hospitalización o un programa residencial se considera cuando hay abstinencia complicada, riesgo vital, psicosis, falta de un entorno seguro o necesidades que no pueden cubrirse afuera. La intensidad puede cambiar durante el proceso. Internar por sí solo no reemplaza un plan terapéutico y de continuidad.

    ¿La recuperación significa no recaer nunca?

    La recuperación es un proceso con metas clínicas y personales: reducir riesgos, recuperar funcionamiento, mejorar salud y sostener cambios. Para algunas personas la meta es abstinencia; otras comienzan por disminuir consumo y daños mientras construyen condiciones para un cambio mayor. El plan debe ser seguro y revisarse con datos, no con castigo.

    Una recaída o un retorno puntual al consumo señala que el plan necesita ajuste. Puede requerir revisar disparadores, tratar dolor o insomnio, aumentar apoyo, cambiar medicación o elevar temporalmente el nivel de atención. El riesgo de sobredosis puede aumentar después de un periodo de abstinencia porque baja la tolerancia.

    La investigación internacional muestra que la remisión ocurre, aunque puede ser gradual (Degenhardt et al., 2019). La continuidad del tratamiento y la atención de necesidades médicas, psicológicas y sociales mejoran la posibilidad de sostener los cambios.

    ¿Cuándo pedir ayuda y dónde hacerlo en Chile?

    Conviene pedir una evaluación cuando el consumo genera dudas repetidas, intentos fallidos de reducir, síntomas de abstinencia, conflictos, deterioro del funcionamiento o conductas de riesgo. No hace falta esperar a perderlo todo. Una consulta temprana puede aclarar si existe un trastorno, qué riesgos son prioritarios y qué nivel de atención corresponde.

    1. Habla con un profesional de salud mental, médico o equipo de atención primaria. En Chile puedes consultar en tu CESFAM.
    2. Llama al Fono Drogas y Alcohol 1412 de SENDA. Es gratuito y confidencial, funciona las 24 horas y orienta tanto a la persona que consume como a familiares.
    3. Si hay inconsciencia, respiración lenta o ausente, convulsiones, confusión extrema, dolor de pecho, conducta violenta incontrolable o riesgo suicida, llama al SAMU 131 o acude a urgencias.
    4. No dejes sola a una persona inconsciente y no provoques el vómito. Si sabes qué tomó, cuánto y cuándo, entrega esa información al equipo de emergencia.

    Si te preocupa un hijo o familiar, describe hechos concretos y evita iniciar la conversación durante la intoxicación. Pregunta, escucha y acuerda el siguiente paso. La guía sobre cómo detectar consumo de drogas en un hijo incluye señales, límites y formas de acercarse sin convertir la charla en un interrogatorio.

    Preguntas frecuentes sobre la adicción

    ¿Qué es la adicción en palabras simples?

    Es un patrón en el que consumir una sustancia adquiere prioridad y resulta difícil detenerse, incluso cuando la persona reconoce consecuencias en su salud, vínculos o responsabilidades. La clínica habla de trastorno por uso de sustancias y lo clasifica por gravedad. No es una falta de carácter ni se define por una sola recaída.

    ¿Cómo saber si es consumo o adicción?

    Observa control, consecuencias y funcionamiento. Preocupa consumir más de lo planeado, fallar repetidamente al intentar reducir, dedicar demasiado tiempo a la sustancia y continuar pese al daño. Dos o más criterios DSM-5-TR en doce meses justifican una evaluación diagnóstica. Un test online puede orientar, pero no confirmar el trastorno.

    ¿Dependencia física y adicción son lo mismo?

    No. La dependencia física es una adaptación del organismo que puede causar abstinencia al suspender una sustancia. Puede aparecer con medicamentos prescritos y bien usados. La adicción añade pérdida de control, prioridad del consumo y persistencia pese a consecuencias. Nunca suspendas alcohol, benzodiacepinas u opioides de forma brusca sin orientación médica.

    ¿La adicción se puede tratar?

    Sí. El tratamiento puede combinar psicoterapia, medicamentos para sustancias específicas, manejo médico, apoyo familiar y cambios sociales. La elección depende del riesgo y las necesidades de la persona. La recuperación puede tener avances y retrocesos; un retorno al consumo pide revisar el plan, no concluir que toda ayuda fracasó.

    ¿Qué sustancias pueden causar adicción?

    Alcohol, nicotina, cannabis, opioides, estimulantes, sedantes, hipnóticos, ansiolíticos, inhalantes y otras sustancias pueden asociarse a un trastorno. El riesgo y la abstinencia cambian entre grupos. También existen adicciones conductuales reconocidas, como el juego de apuestas. Cada cuadro requiere evaluación y tratamiento específicos.

    ¿Una persona puede recuperarse sin internarse?

    Sí. Muchos tratamientos eficaces son ambulatorios y permiten mantener actividades diarias. La atención residencial u hospitalaria se reserva para necesidades que requieren más estructura o seguridad, como abstinencia complicada, riesgo médico, psicosis o falta de un entorno seguro. La decisión debe basarse en evaluación clínica, no en castigo.

    Entender el problema permite elegir el siguiente paso

    Saber qué es la adicción cambia la pregunta. En vez de discutir si alguien tiene suficiente voluntad, conviene mirar qué sustancia usa, cuánto control ha perdido, qué daños aparecen y qué apoyo necesita ahora. Ese análisis puede mostrar un consumo de riesgo, un trastorno leve que aún pasa inadvertido o una urgencia que no debe esperar.

    Si tu consumo, o el de alguien cercano, está afectando la vida diaria, puedes agendar una orientación en Terapia Online Chile. La primera meta es ordenar la situación con respeto, evaluar riesgos y definir una ruta realista de ayuda.

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). American Psychiatric Association Publishing.

    Degenhardt, L., et al. (2019). Association of cohort and individual substance use with risk of transitioning to drug use, drug use disorder, and remission from disorder: Findings from the World Mental Health Surveys. JAMA Psychiatry, 76(7), 708-720. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2019.0163

    Grant, B. F., Saha, T. D., Ruan, W. J., Goldstein, R. B., Chou, S. P., Jung, J., Zhang, H., Smith, S. M., Pickering, R. P., Huang, B., & Hasin, D. S. (2016). Epidemiology of DSM-5 drug use disorder: Results from the National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Conditions-III. JAMA Psychiatry, 73(1), 39-47. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2015.2132

    Koob, G. F., & Volkow, N. D. (2016). Neurobiology of addiction: A neurocircuitry analysis. The Lancet Psychiatry, 3(8), 760-773. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(16)00104-8

    Minozzi, S., La Rosa, G. R. M., Salis, F., Camposeragna, A., Saulle, R., Leggio, L., & Agabio, R. (2025). Combined pharmacological and psychosocial interventions for alcohol use disorder. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2025(3), CD015673. https://doi.org/10.1002/14651858.CD015673.pub2

    United Nations Office on Drugs and Crime, & World Health Organization. (2020). International standards for the treatment of drug use disorders: Revised edition incorporating results of field-testing. World Health Organization. https://www.who.int/publications/i/item/international-standards-for-the-treatment-of-drug-use-disorders

    Volkow, N. D., Koob, G. F., & McLellan, A. T. (2016). Neurobiologic advances from the brain disease model of addiction. New England Journal of Medicine, 374(4), 363-371. https://doi.org/10.1056/NEJMra1511480

    Volkow, N. D., Michaelides, M., & Baler, R. (2019). The neuroscience of drug reward and addiction. Physiological Reviews, 99(4), 2115-2140. https://doi.org/10.1152/physrev.00014.2018

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.