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  • Insomnio de conciliación o de mantenimiento: cuál tienes y qué cambia

    Insomnio de conciliación o de mantenimiento: cuál tienes y qué cambia

    Dos personas dicen “tengo insomnio”. Una se acuesta a las 23:00, apaga la luz y a la 1:30 sigue mirando el techo. La otra se duerme en diez minutos y a las 3:10 abre los ojos sin saber por qué. La palabra es la misma y el problema no. Distinguir entre insomnio de conciliación o mantenimiento importa porque las causas más habituales, lo que lo sostiene y el énfasis del tratamiento cambian de un caso al otro.

    Si alguna vez buscaste “no puedo quedarme dormido” y, otra noche, “me despierto en la noche y no vuelvo a dormir”, es probable que te reconozcas en las dos. Más abajo vas a ver cómo se definen los tipos de insomnio, qué cifras separan una mala noche de un patrón, cómo averiguar cuál es el tuyo con una semana de diario de sueño y qué cambia de verdad según el tipo.

    En dos líneas: el insomnio de conciliación es tardar más de 30 minutos en dormirse, el de mantenimiento es pasar más de 30 minutos despierto repartidos durante la noche, y el despertar precoz es abrir los ojos bastante antes de lo que querías sin poder volver a dormir. Los tres se mezclan y cambian con el tiempo, así que sirve más medir tus propias noches durante una semana y descartar causas médicas que quedarte con una etiqueta.

    ¿Insomnio de conciliación o mantenimiento? Los tipos de insomnio según el momento de la noche

    Según el momento en que se rompe la noche, se distinguen tres tipos de insomnio: de conciliación (cuesta dormirse), de mantenimiento (el sueño se interrumpe y cuesta retomarlo) y despertar precoz (te despiertas antes de lo que querías y no vuelves a dormir). Cuando se combinan, se habla de insomnio mixto.

    Los manuales clínicos los definen con minutos concretos. Morin y Espie (2004) los describen así:

    • Insomnio de conciliación: la latencia de sueño, es decir el tiempo que pasa entre apagar la luz y dormirte, supera los 30 minutos.
    • Insomnio de mantenimiento: el tiempo despierto después de haberte dormido, sumando todos los despertares, supera los 30 minutos.
    • Despertar precoz: el último despertar ocurre más de 30 minutos antes de la hora que querías, no puedes volver a dormir y no alcanzaste unas seis horas y media de sueño.

    Para que cuente como insomnio, esos patrones se repiten al menos tres noches por semana y la eficiencia del sueño (el porcentaje del tiempo en cama que de verdad duermes) queda bajo el 85 %. Los nombres cambian según el autor. Perlis, Jungquist, Smith y Posner (2005) hablan de insomnio inicial, medio y terminal, pero el esquema es el mismo: cada tipo señala un tramo distinto de la noche.

    ¿Qué es el insomnio de conciliación?

    El insomnio de conciliación es la dificultad para quedarse dormido al acostarse: pasas más de 30 minutos despierto en la cama, con sueño o sin él, hasta que por fin llega. Es el patrón que describe quien dice “me acuesto cansado y apenas apago la luz se me prende la cabeza”.

    Los textos clínicos identifican cuatro causas frecuentes:

    • Mente activada. Pensamientos que dan vueltas, repaso del día y, sobre todo, la preocupación por no estar durmiendo. El modelo de hiperactivación explica el insomnio como un estado de alerta aumentada, de noche y de día, que sostienen los estresores, la tendencia a preocuparse y las conductas que se aprenden alrededor del sueño (Riemann et al., 2010).
    • Cama asociada a alerta. Después de muchas noches de frustración, el dormitorio mismo se vuelve una señal de “no voy a poder”. Esa asociación aprendida es lo que trabaja el control de estímulos.
    • Reloj interno corrido. Si tu reloj biológico va más tarde que tu horario social, te acuestas cuando el cuerpo todavía no está listo. Una pista: en vacaciones, durmiendo de 3:00 a 11:00, duermes bien y de corrido. Eso apunta a un desfase de horario más que a un insomnio. En la adolescencia pasa mucho, como se explica en el artículo sobre insomnio en adolescentes.
    • Cafeína, nicotina y estímulos a última hora. Pantallas, café de la tarde, una conversación tensa antes de acostarse.

    Hay una trampa clásica en este tipo: mirar la hora. En dos experimentos, quienes vigilaban un reloj mientras intentaban dormir se preocupaban más y tardaban más en dormirse. En 38 personas con insomnio primario, mirar el reloj aumentó la preocupación y alargó la latencia respecto de su noche habitual (Tang et al., 2007). Calcular cuántas horas quedan hasta la alarma alimenta justo lo que impide dormir.

    ¿Qué es el insomnio de mantenimiento?

    El insomnio de mantenimiento es dormirse sin problema y despertarse una o varias veces durante la noche, con dificultad para retomar el sueño, de modo que el tiempo despierto acumulado supera los 30 minutos. Si tu queja es “me despierto en la noche y me cuesta volver a dormir”, este es tu tipo.

    Despertarse, por sí solo, es lo más común que hay. En una encuesta a 22.740 personas de cinco países europeos, el 31,2 % se despertaba al menos tres noches por semana, pero solo el 7,7 % tenía dificultad para volver a dormirse, y esa dificultad fue el síntoma con más impacto durante el día (Ohayon, 2010). El problema no es abrir los ojos a las 3:00. Es lo que pasa después.

    Entre las causas que se repiten:

    • Poca presión de sueño. Acostarse demasiado temprano, quedarse horas en cama para “recuperar” o tomar siestas largas debilita el impulso que te mantiene dormido y deja una noche liviana y fragmentada.
    • Alcohol. Una revisión de los estudios en voluntarios sanos encontró que, a cualquier dosis, el alcohol acorta el tiempo para dormirse pero aumenta la fragmentación en la segunda mitad de la noche (Ebrahim et al., 2013). Quien parte con un insomnio de conciliación y lo “arregla” con una copa puede terminar con uno de mantenimiento.
    • El sueño de la edad. Un metaanálisis de 65 estudios con polisomnografía o actigrafía en 3.577 personas sanas de 5 a 102 años mostró que, con los años, el sueño profundo baja y el sueño ligero y el tiempo despierto después de dormirse suben (Ohayon et al., 2004).
    • Causas físicas. Ganas de orinar (desde dos veces por noche la gente ya lo reporta como molestia significativa, según esta revisión; Ancoli-Israel et al., 2011), dolor, reflujo y, muy a menudo, pausas respiratorias que no notas. En una serie piloto de 20 pacientes con insomnio crónico, 478 de los 531 despertares registrados (90 %) venían precedidos de un evento respiratorio, aunque ninguno mencionó la respiración como motivo (Krakow et al., 2012).

    El detalle de los despertares de madrugada está en el artículo sobre despertarse a las 3 de la mañana.

    ¿Y el despertar precoz?

    El despertar precoz es abrir los ojos bastante antes de la hora que querías (más de 30 minutos antes en la definición de Morin y Espie, 2004) y no lograr volver a dormir. Es el que más se parece a “mi cuerpo decidió que ya terminó la noche”.

    Tiene tres explicaciones que conviene separar:

    • Reloj adelantado. Con la edad el reloj interno tiende a correrse hacia la mañana, y el cuerpo recibe la señal de despertar a las 4:00 o 5:00. Pasa mucho en personas mayores, tema que se desarrolla en el artículo sobre insomnio en adultos mayores.
    • Ánimo. Los textos clínicos lo reconocen como un síntoma típico de la depresión mayor (Morin y Espie, 2004). En general, el insomnio duplica el riesgo de depresión posterior: en 21 estudios longitudinales, la razón de probabilidades fue de 2,60 (Baglioni et al., 2011). No hay una cifra específica solo para el despertar precoz, así que lo prudente es mirar también cómo estás de ánimo, de interés y de energía durante el día.
    • Rebote de alcohol o de fármacos. Cuando el efecto de una sustancia se acaba en la madrugada, el sueño se rompe justo ahí.

    ¿Cuál es el más común y se pueden tener varios a la vez?

    Los tres tipos de insomnio se mezclan más de lo que sugieren los cuadros de los blogs. Morin y Espie (2004) señalan que el insomnio mixto probablemente es más común que cualquiera de las formas puras, y que la conciliación predomina en los primeros episodios y en personas jóvenes, mientras que el mantenimiento y el despertar precoz pesan más en los casos crónicos y en la edad avanzada. La página del NHLBI sobre los síntomas del insomnio cuenta lo mismo: dificultad para dormirse más típica en adultos jóvenes y sueño fragmentado más típico en mayores.

    Y cambian. En un seguimiento de 2.512 pacientes de atención primaria, solo la mitad de quienes tenían insomnio de conciliación seguía con ese único patrón cuatro meses después, y el mantenimiento y el despertar precoz fueron aún menos estables, sin que lo explicara la comorbilidad ni el cambio de hipnóticos (Hohagen et al., 1994). Incluso de una noche a otra puede variar: lunes cuesta dormirse, martes pasas una hora despierto a las 4:00.

    En cifras generales, una revisión de más de 50 estudios poblacionales encontró que cerca de un tercio de las personas tiene al menos un síntoma de insomnio, entre el 9 % y el 15 % lo tiene con consecuencias durante el día y alrededor del 6 % cumple criterios de diagnóstico (Ohayon, 2002). Tener un síntoma suelto es común. Tener un patrón que te desgasta de día es otro nivel.

    ¿Cómo saber cuál tienes? Una semana de diario de sueño

    La forma más fiable de saber qué tipo de insomnio tienes es registrar tus noches durante una a dos semanas, porque la memoria de “duermo pésimo” suele exagerar unas noches y borrar otras. La guía europea de insomnio 2023 recomienda, con el grado de evidencia más alto, diagnosticar con entrevista clínica, cuestionarios y diarios de sueño (Riemann et al., 2023). Para el diario existe un formato estandarizado, el Diario de Sueño de Consenso (Carney et al., 2012), y un estudio de fiabilidad calculó que hacen falta al menos seis noches para una medida confiable del sueño autorreportado (Aili et al., 2017).

    Cada mañana, al levantarte, anota cuatro datos:

    1. A qué hora apagaste la luz y cuántos minutos crees que tardaste en dormirte.
    2. Cuántas veces te despertaste y cuántos minutos estuviste despierto en total.
    3. A qué hora fue el último despertar y a qué hora querías levantarte.
    4. A qué hora te levantaste de la cama.

    Con eso sacas tres promedios que responden la pregunta:

    • Si el promedio de minutos hasta dormirte pasa de 30, apunta a insomnio de conciliación.
    • Si los minutos despierto en la noche pasan de 30, apunta a insomnio de mantenimiento.
    • Si el último despertar cae sistemáticamente más de 30 minutos antes de lo que querías y duermes menos de seis horas y media, apunta a despertar precoz.

    Y un cuarto número, la eficiencia: el tiempo que dormiste dividido por el tiempo que estuviste en cama, por cien. Bajo el 85 % indica un desajuste claro entre las horas que le das al sueño y las que de verdad duermes (Morin y Espie, 2004).

    Estos cortes de 30 minutos son los de los manuales, no una ley. En un estudio con 295 diarios de pacientes con insomnio y 536 de personas que duermen bien, los límites que mejor separaron a los dos grupos fueron una eficiencia menor de 87,5 %, más de 15 minutos de vigilia final y más de 20 minutos despierto después de dormirse (Natale et al., 2015). Léelos como una señal para fijarte con más atención, nunca como un diagnóstico hecho en casa. Si quieres una plantilla, el diario de sueño descargable la trae armada, y el test de insomnio da una primera orientación sobre la gravedad.

    ¿Cambia el tratamiento según el tipo de insomnio?

    En lo central cambia poco, y en el énfasis cambia algo. El tratamiento con más respaldo es la terapia cognitivo conductual para el insomnio (TCC-I), un paquete que combina control de estímulos, restricción del sueño, higiene del sueño, trabajo con los pensamientos y relajación. Morin y Espie (2004) recomiendan aplicarlo completo, porque no hay evidencia de que un programa “a la medida” sin módulos funcione mejor.

    Que sirva para los dos tipos está medido. Un metaanálisis de 87 ensayos encontró un efecto grande sobre la gravedad del insomnio (g = 0,98) y efectos moderados tanto sobre el tiempo despierto después de dormirse (0,63) como sobre la latencia (0,57) (van Straten et al., 2018). La guía europea de 2023 la ubica como tratamiento de primera línea a cualquier edad, y deja los fármacos para cuando la TCC-I no basta, y por cuatro semanas como máximo (Riemann et al., 2023).

    Donde sí se nota el tipo es en el acento:

    • Si cuesta dormirse: pesa más el control de estímulos (levantarse de la cama si pasan unos 15 a 20 minutos sin dormir y volver solo cuando haya sueño) y, si el reloj interno está corrido, la luz de la mañana a una hora fija.
    • Si te despiertas en la noche: pesa más la restricción del sueño, que ajusta las horas en cama a las que de verdad duermes y así sube la presión de sueño, además de revisar alcohol, siestas y causas físicas. En personas mayores o frágiles se usa una versión más gradual.
    • Si te despiertas muy temprano: primero se descarta depresión y se mira el horario del sueño completo.

    Sobre los fármacos, los textos clínicos explican que el médico los elige según la velocidad de absorción y la duración de cada uno: una acción corta para dormirse, una más larga para sostener la noche. Esa es una decisión que se toma en una consulta, con tu historia médica delante, y no se resuelve por el nombre de tu insomnio.

    Antes de ponerle nombre: causas que no son insomnio

    Algunos patrones de queja sugieren otra cosa y requieren evaluación médica antes de tratar el problema como insomnio. Los manuales clínicos los separan así (Morin y Espie, 2004):

    • Ronquidos fuertes, pausas respiratorias que ve tu pareja, dolor de cabeza al despertar o mucho sueño de día. Pueden indicar apnea del sueño. Insomnio y apnea coexisten con frecuencia: una revisión reporta 30 a 50 % de coexistencia (Sweetman et al., 2019). Tienes el test de apnea del sueño como primer filtro.
    • Necesidad de mover las piernas al acostarte, con sensaciones desagradables que se alivian al caminar. Es la descripción del síndrome de piernas inquietas.
    • Horario rígido que no se mueve. Si siempre te duermes a las 4:00 y duermes bien hasta las 12:00, o siempre te duermes a las 20:00 y te despiertas a las 4:00, se trata de un trastorno del ritmo circadiano, no de un insomnio.
    • Tristeza, falta de interés o preocupaciones sobre muchos ámbitos de la vida. Piden evaluar depresión o ansiedad. En el artículo sobre no poder dormir por ansiedad está el círculo entre ambas.
    • Un medicamento, el alcohol o un cambio reciente en lo que tomas. Corticoides, broncodilatadores, estimulantes y algunos antidepresivos, entre otros, pueden alterar el sueño. No los suspendas por tu cuenta: háblalo con quien te los recetó.

    ¿Cuándo consultar?

    Consulta si el patrón se repite tres o más noches por semana, si te afecta el ánimo, la concentración o el trabajo, si te da mucho sueño al conducir o en actividades de rutina, si aparece alguno de los patrones de la sección anterior o si estás usando alcohol o pastillas para dormir. Un psicólogo clínico entrenado en TCC-I puede evaluar tu diario, ordenar el programa según tu tipo y derivar a un médico cuando corresponda.

    Si junto con el insomnio aparecen ideas de no querer seguir viviendo, llama al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud) o acude a una urgencia.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal tardar 30 minutos en dormirme?

    Una noche suelta de 40 minutos no hace un insomnio. Lo que los manuales consideran un patrón es una latencia promedio mayor de 30 minutos, al menos tres noches por semana, con consecuencias durante el día. El diario de una semana te dirá cuál es tu promedio real.

    ¿Despertarme a las 3 o 4 de la mañana es insomnio?

    Despertarse de madrugada es frecuente, y si vuelves a dormirte en pocos minutos entra dentro de lo esperable. Se vuelve un problema cuando cuesta volver a dormir y el tiempo despierto suma más de 30 minutos. En ese caso es insomnio de mantenimiento, o despertar precoz si ocurre más de 30 minutos antes de lo que querías.

    ¿Puedo tener insomnio de conciliación y de mantenimiento a la vez?

    Sí, y es lo más probable. Se llama insomnio mixto y, según Morin y Espie (2004), es más común que las formas puras. Y un mismo patrón puede cambiar de tipo en pocos meses, como mostró el seguimiento de Hohagen y colaboradores (1994).

    ¿El insomnio por ansiedad es de conciliación o de mantenimiento?

    Puede ser cualquiera, aunque lo más típico es que cueste dormirse por una mente activada. La preocupación también puede despertarte de madrugada. Lo que importa es medir el patrón en el diario y trabajar la ansiedad y el sueño a la vez, porque se alimentan entre sí.

    ¿Tomar alcohol ayuda a dormir?

    Ayuda a dormirse más rápido, pero fragmenta la segunda mitad de la noche, según la revisión de Ebrahim y colaboradores (2013). Con el tiempo puede cambiar un problema de conciliación por uno de mantenimiento. Si lo usas para dormir con frecuencia, vale la pena consultarlo.

    ¿El tipo de insomnio decide si necesito pastillas?

    No por sí solo. La guía europea de 2023 recomienda la TCC-I como primera línea para ambos tipos, y deja los fármacos para cuando no basta, por poco tiempo y con indicación médica. El tipo de insomnio sirve más para ajustar el énfasis de la terapia que para elegir una pastilla.

    Qué hacer esta semana

    Anota siete noches con el formato de arriba, calcula los tres promedios y la eficiencia, y revisa si aparece alguna de las señales de la sección sobre causas que no son insomnio. Con ese mapa en la mano, el siguiente paso suele ser más claro: ajustar horarios y hábitos si el patrón es leve, o agendar una evaluación si se repite o te desgasta. En terapia online puedes trabajar la TCC-I con tu diario como punto de partida. Para empezar, escribe desde la página de contacto.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Aili, K., Åström-Paulsson, S., Stoetzer, U., Svartengren, M., & Hillert, L. (2017). Reliability of actigraphy and subjective sleep measurements in adults: The design of sleep assessments. Journal of Clinical Sleep Medicine, 13(1), 39-47. https://doi.org/10.5664/jcsm.6384

    Ancoli-Israel, S., Bliwise, D. L., & Nørgaard, J. P. (2011). The effect of nocturia on sleep. Sleep Medicine Reviews, 15(2), 91-97. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2010.03.002

    Baglioni, C., Battagliese, G., Feige, B., Spiegelhalder, K., Nissen, C., Voderholzer, U., Lombardo, C., & Riemann, D. (2011). Insomnia as a predictor of depression: A meta-analytic evaluation of longitudinal epidemiological studies. Journal of Affective Disorders, 135(1-3), 10-19. https://doi.org/10.1016/j.jad.2011.01.011

    Carney, C. E., Buysse, D. J., Ancoli-Israel, S., Edinger, J. D., Krystal, A. D., Lichstein, K. L., & Morin, C. M. (2012). The Consensus Sleep Diary: Standardizing prospective sleep self-monitoring. Sleep, 35(2), 287-302. https://doi.org/10.5665/sleep.1642

    Ebrahim, I. O., Shapiro, C. M., Williams, A. J., & Fenwick, P. B. (2013). Alcohol and sleep I: Effects on normal sleep. Alcoholism: Clinical and Experimental Research, 37(4), 539-549. https://doi.org/10.1111/acer.12006

    Hohagen, F., Käppler, C., Schramm, E., Riemann, D., Weyerer, S., & Berger, M. (1994). Sleep onset insomnia, sleep maintaining insomnia and insomnia with early morning awakening: Temporal stability of subtypes in a longitudinal study on general practice attenders. Sleep, 17(6), 551-554. https://doi.org/10.1093/sleep/17.6.551

    Krakow, B., Romero, E., Ulibarri, V. A., & Kikta, S. (2012). Prospective assessment of nocturnal awakenings in a case series of treatment-seeking chronic insomnia patients: A pilot study of subjective and objective causes. Sleep, 35(12), 1685-1692. https://doi.org/10.5665/sleep.2244

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    Riemann, D., Spiegelhalder, K., Feige, B., Voderholzer, U., Berger, M., Perlis, M., & Nissen, C. (2010). The hyperarousal model of insomnia: A review of the concept and its evidence. Sleep Medicine Reviews, 14(1), 19-31. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2009.04.002

    Sweetman, A., Lack, L., & Bastien, C. (2019). Co-morbid insomnia and sleep apnea (COMISA): Prevalence, consequences, methodological considerations, and recent randomized controlled trials. Brain Sciences, 9(12), 371. https://doi.org/10.3390/brainsci9120371

    Tang, N. K. Y., Anne Schmidt, D., & Harvey, A. G. (2007). Sleeping with the enemy: Clock monitoring in the maintenance of insomnia. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry, 38(1), 40-55. https://doi.org/10.1016/j.jbtep.2005.07.004

    van Straten, A., van der Zweerde, T., Kleiboer, A., Cuijpers, P., Morin, C. M., & Lancee, J. (2018). Cognitive and behavioral therapies in the treatment of insomnia: A meta-analysis. Sleep Medicine Reviews, 38, 3-16. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2017.02.001

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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