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  • Terapia sexual: qué es y cómo funciona

    Terapia sexual: qué es y cómo funciona

    Ir a terapia sexual da más vergüenza que ir a casi cualquier otra consulta, y suele ser por ideas que la propia terapia desarma: que habrá que desnudarse, que hay que contarlo todo de golpe o que el problema es solo tuyo. La terapia sexual es psicoterapia hablada, sin contacto físico en la consulta, y se hace sola o en pareja.

    Este artículo explica qué es la terapia sexual, para qué sirve, cómo es una sesión desde la primera hasta la última y qué cambia entre la terapia sexual de pareja y la individual. También revisa qué ofrece la terapia sexual para hombres y la terapia sexual para mujeres, qué dicen los estudios sobre su eficacia, si se puede hacer online y cuándo conviene pasar antes por el médico.

    Respuesta corta

    La terapia sexual es un tratamiento psicológico, hablado y estructurado, para las dificultades del deseo, la excitación, el orgasmo, la erección, la eyaculación o el dolor en las relaciones sexuales. Combina información, cambio de creencias y ejercicios que la persona o la pareja hace en casa. Una revisión de 20 ensayos halló efectos moderados frente a una lista de espera, con la mejor evidencia en el bajo deseo femenino y el orgasmo femenino.

    ¿Qué es la terapia sexual?

    La terapia sexual es un abordaje psicológico centrado en el problema, que trata las dificultades sexuales de una persona o de una pareja mediante conversación y tareas para hacer en casa. Hall y Binik (2020), en el manual de referencia del área, la describen hoy como un abordaje biopsicosocial: mira a la vez el cuerpo, la mente y la relación, y combina técnicas cognitivo-conductuales, mindfulness y trabajo de pareja.

    Nació en los años setenta con Masters y Johnson y con Helen Kaplan, como un programa breve, muy estructurado y centrado en la respuesta sexual. La versión actual conserva los ejercicios y cambió la meta: busca más satisfacción, más placer y menos angustia, más que un funcionamiento genital perfecto (Hall y Binik, 2020; McCarthy y McCarthy, 2019).

    ¿Quién hace terapia sexual?

    Según Hall y Binik (2020), la practican profesionales de la salud mental con formación específica: psicólogos clínicos, psiquiatras, terapeutas de pareja y familia, entre otros. Los mismos autores advierten que en muchos países la terapia sexual no es una profesión regulada y que la sexualidad casi no se enseña en los posgrados generales de psicología. Por eso conviene preguntar qué formación tiene quien te atiende (más abajo hay una guía para elegir).

    ¿Hay contacto físico en la consulta?

    No. Las normas éticas que recogen Hall y Binik (2020) y McCarthy y McCarthy (2019) excluyen cualquier contacto físico o sexual entre terapeuta y paciente. Las evaluaciones son conversaciones, y los ejercicios de caricias o de exploración del cuerpo se hacen en la intimidad de tu casa. Existe una modalidad distinta, la terapia con pareja sustituta, en la que una persona entrenada realiza ejercicios con el paciente. Es un servicio aparte, poco habitual, y no forma parte de la terapia sexual convencional.

    ¿En qué se diferencia de la terapia de pareja y de la medicina sexual?

    La terapia de pareja general trabaja el conflicto, la comunicación y el vínculo. Perel (2006) y McCarthy y McCarthy (2019) coinciden en que resolver las peleas no devuelve automáticamente el deseo ni arregla una disfunción, porque la cercanía emocional y el deseo erótico funcionan con dinámicas distintas. La terapia sexual agrega tareas corporales específicas, como la focalización sensorial o la masturbación dirigida. Si dudas entre ambas, esta guía sobre cuándo ir a terapia de pareja y si funciona te ayuda a decidir.

    La medicina sexual (urología, ginecología, endocrinología) trata la parte biológica, a menudo con fármacos. No compiten. Hall y Binik (2020) describen como la tendencia más sólida el tratamiento combinado, con médico y terapeuta trabajando a la vez.

    ¿Para qué sirve la terapia sexual? ¿Qué problemas trata?

    La terapia sexual trata problemas del deseo y la excitación, del orgasmo, de la erección, de la eyaculación y del dolor durante las relaciones, además de la ansiedad por el desempeño. Esta tabla resume qué se trabaja en cada caso y qué se sabe:

    DificultadQué suele trabajarseQué dice la investigación
    Bajo deseo o poco interés sexualInformación sobre cómo funciona el deseo, terapia cognitivo-conductual, mindfulness, comunicación en parejaCuatro sesiones grupales de mindfulness mejoraron deseo y excitación en 117 mujeres frente a una lista de espera (Brotto y Basson, 2014)
    Dificultad para llegar al orgasmoMasturbación dirigida, focalización sensorialEs de las dos dificultades con mejor evidencia (Frühauf et al., 2013)
    Problemas de erecciónBajar la ansiedad por el desempeño, terapia cognitivo-conductual de pareja, a veces fármacosPsicoterapia más sildenafilo mejoró más que sildenafilo solo, con menos abandonos (Melnik et al., 2008)
    Eyaculación precozTécnicas de parar y empezar o de compresión, focalización sensorialEvidencia limitada, mejor al combinarla con fármaco (Cooper et al., 2015)
    Eyaculación retardadaReentrenamiento de la estimulación, revisión de medicamentosNo hay fármaco aprobado, así que el peso recae en la terapia (Hall y Binik, 2020)
    Dolor en las relaciones (vaginismo, vestibulodinia)Exposición gradual, terapia cognitivo-conductual, fisioterapia de suelo pélvicoEn mujeres con vaginismo de toda la vida, 89 % tuvo coito tras una exposición asistida frente a 11 % en lista de espera (ter Kuile et al., 2013)
    Ansiedad por el desempeñoMindfulness, focalización sensorial, cambio de creenciasEs el mecanismo que mantiene muchas de las anteriores (Carey, 2015)

    Varias de estas filas tienen su propio artículo en este sitio. Si tu duda va por ahí, puedes leer sobre la falta de deseo sexual, la disfunción eréctil psicológica, la eyaculación precoz o la ansiedad de desempeño sexual.

    También se consulta por situaciones que no son una disfunción. Dos personas pueden querer tener sexo con frecuencias distintas, o una de ellas puede sentir que su pareja ya no la desea como antes. Ahí la terapia ayuda a poner en palabras lo que cada uno espera y a definir un ritmo posible. Si te preguntas qué es lo habitual, la frecuencia sexual normal en pareja tiene sus propias cifras.

    ¿Cómo es una sesión de terapia sexual?

    Una sesión de terapia sexual dura en torno a una hora, es una conversación y suele terminar con una tarea concreta para hacer en casa. El proceso completo tiene tres tramos: evaluar, trabajar y cerrar.

    Las primeras sesiones: evaluar y entender el problema

    McCarthy y McCarthy (2019) proponen una evaluación de cuatro sesiones. La primera es conjunta y recorre el motivo de consulta, la historia del problema y la calidad de la relación. La segunda y la tercera son individuales, una con cada integrante, para conversar de la historia sexual, de lo aprendido sobre sexo en la familia, de experiencias difíciles y de lo que cuesta decir delante de la pareja. La cuarta devuelve la información y fija las metas.

    No todos los terapeutas usan este formato exacto, pero el contenido es parecido. Se pregunta cuándo empezó la dificultad, qué pasa justo antes y justo después, qué se ha intentado, qué medicamentos se toman, cuánto alcohol se consume y qué creencias hay sobre el sexo. Hall y Binik (2020) organizan después esa información en factores que predisponen, que desencadenan, que mantienen y que protegen. Esa lectura convierte “tengo un problema” en “esto es lo que lo sostiene, y esto es lo que podemos cambiar”.

    Un efecto importante del primer tramo es que el problema deja de ser de una sola persona. McCarthy y McCarthy (2019) lo resumen como pasar de “tu problema” a “nuestro problema”, con la pareja como un equipo.

    Lo que se trabaja: información, creencias y ansiedad

    Los componentes habituales que describe Carey (2015) en el manual de Caballo son estos:

    • Información realista sobre la sexualidad. Se desmontan mitos como que el sexo equivale a penetración, que el orgasmo debe ser simultáneo o que una erección fallida dice algo sobre el amor.
    • Cambio de creencias. Se revisan pensamientos automáticos del tipo “voy a fallar” o “soy un fracaso”, que alimentan el miedo a la siguiente vez.
    • Manejo del rol de espectador. Quien teme fallar se observa desde fuera durante el sexo, lo que activa el estrés e inhibe la excitación. Se entrena a llevar la atención a las sensaciones y no al rendimiento.
    • Comunicación. Se aprende a pedir, a rechazar sin herir y a conversar sobre gustos. A veces se hacen listas de lo que cada uno quiere probar.

    Los ejercicios en casa: focalización sensorial

    La parte más característica de la terapia sexual son las tareas entre sesiones. La más conocida es la focalización sensorial (sensate focus), creada por Masters y Johnson. Se hace por turnos, en un ambiente tranquilo, y avanza por etapas (Carey, 2015):

    1. Caricias sin genitales ni pechos, sin objetivo de excitación ni de orgasmo.
    2. Caricias que incluyen genitales y pechos, siempre suaves y sin exigencia.
    3. Acercamiento gradual al coito, con movimientos lentos y a un ritmo que marca quien recibe.

    En las primeras etapas el coito se deja de lado de forma temporal. Así desaparece la presión de rendir y la pareja puede reencontrarse desde el tacto. Carey (2015) aconseja aplicar esa pausa con flexibilidad para no generar frustración. Si el contacto desnudo incomoda, se adapta: se puede empezar con ropa, ir más lento o acordar una señal para parar (McCarthy y McCarthy, 2019; Brotto, 2018). Evitar el ejercicio por completo mantiene la ansiedad, así que lo útil es comentar en consulta qué lo hizo difícil.

    Para las dificultades del orgasmo se usa además la masturbación dirigida, una serie de ejercicios individuales de exploración del propio cuerpo que después se llevan a la relación (Hall y Binik, 2020).

    ¿Cuántas sesiones dura una terapia sexual?

    No existe una cifra única. Los programas que describen los manuales son semanales y se miden en meses, no en años. Como orden de magnitud, la síntesis de los manuales de referencia habla de unas 10 a 20 sesiones para un programa estándar (Hall y Binik, 2020; McCarthy y McCarthy, 2019), pero cada caso varía según el problema, la pareja y lo que haya detrás.

    Al final se espacian las citas y se prepara un plan para prevenir recaídas. Carey (2015) incluye controles a los 6 y 12 meses y sugiere mantener la focalización sensorial, sin objetivo de coito, al menos una vez al mes.

    Terapia sexual de pareja o individual: ¿cuál conviene?

    Siempre que haya pareja y esta quiera participar, se prefiere la terapia sexual de pareja, desde la primera sesión. Carey (2015) lo explica así: la pareja suele interpretar el problema como falta de atractivo, de amor o hasta infidelidad, y si no se aborda eso puede sabotear los ejercicios sin darse cuenta. Hay datos que apoyan la idea. En la eyaculación precoz, las parejas de los hombres afectados reportan más problemas sexuales, menor satisfacción y más malestar, y la revisión de Graziottin y Althof (2011) concluye que conviene tratarla como un problema de la pareja. Para la disfunción eréctil, una revisión de Nature Reviews Urology propone que la pareja participe en la evaluación y en la elección del tratamiento (Li et al., 2016).

    La terapia individual tiene más sentido en varios casos. Uno es cuando no tienes pareja. Otro, cuando hay una experiencia de violencia sexual que necesita trabajarse a solas antes de involucrar a otra persona. Otro más, cuando la pareja no quiere ir al comienzo. En estas situaciones se trabajan por separado la información, la ansiedad y los ejercicios individuales, como la masturbación dirigida, y se suma la pareja cuando sea viable (Hall y Binik, 2020).

    La terapia sexual también se adapta a parejas del mismo sexo y a personas trans. Hall y Binik (2020) subrayan que la terapia moderna ya no parte de que “sexo equivale a penetración”, y que los ejercicios se ajustan a lo que cada pareja hace y desea.

    Terapia sexual para hombres y para mujeres: qué cambia

    Los principios son los mismos, pero cambian las dificultades más frecuentes y el papel de los medicamentos. Hall y Binik (2020) señalan que en los hombres existe más integración con la medicina, y en las mujeres predominan los abordajes psicológicos.

    Terapia sexual para hombres

    Los motivos de consulta más habituales son los problemas de erección, la eyaculación precoz, la eyaculación retardada y el bajo deseo. Como existen fármacos eficaces para la erección y para la eyaculación precoz, lo habitual es combinar medicación y terapia. Esa combinación tiene datos a favor:

    • En una revisión de 11 ensayos con 398 hombres, la psicoterapia más sildenafilo mejoró la disfunción eréctil y tuvo menos abandonos que el fármaco solo (Melnik et al., 2008).
    • En un ensayo piloto con 53 parejas, 48 % de los hombres cumplió el criterio de éxito en la función eréctil a las 4 semanas con sildenafilo más terapia sexual cognitivo-conductual, frente a 29 % con sildenafilo solo (Banner y Anderson, 2007).
    • Un ensayo con grupo placebo en 116 hombres jóvenes con disfunción eréctil no orgánica encontró que tanto la terapia sexual cognitivo-conductual como el tratamiento integrado mejoraron la función eréctil frente a placebo (Bilal y Abbasi, 2022). Se hizo en un solo país y con un solo fármaco.
    • En la eyaculación precoz, Althof (2016) concluye que la combinación de fármaco y psicoterapia es la intervención más prometedora y supera al fármaco solo. Una revisión de 10 ensayos halló que las técnicas conductuales tienen respaldo limitado por sí solas (Cooper et al., 2015).

    En los hombres, la erección también es una señal de salud general. Por eso Hall y Binik (2020) recomiendan una revisión médica antes de asumir que el origen es solo psicológico. Puedes ampliar en los artículos sobre disfunción eréctil psicológica y eyaculación precoz.

    Terapia sexual para mujeres

    En las mujeres las dificultades más frecuentes son el bajo interés o la baja excitación sexual, el orgasmo y el dolor en las relaciones. El DSM-5 agrupó el deseo y la excitación en un solo diagnóstico, porque en la práctica se mezclan (Hall y Binik, 2020). Para el orgasmo no hay fármacos aprobados y los aprobados para el deseo tienen beneficios modestos, así que la primera línea es psicológica (Hall y Binik, 2020).

    • Deseo y excitación. Además del ensayo de mindfulness grupal de la tabla anterior (Brotto y Basson, 2014), un metaanálisis de 11 ensayos con 449 participantes halló mejoras de tamaño moderado en función y bienestar sexual con terapias basadas en mindfulness (Stephenson y Kerth, 2017).
    • Orgasmo. La masturbación dirigida es el tratamiento con más respaldo, a veces junto con focalización sensorial. En un ensayo pequeño con 35 parejas chinas, una versión online de la focalización sensorial mejoró el orgasmo en las mujeres frente a lista de espera, y se mantuvo a los tres meses (Huang et al., 2024).
    • Dolor. En la revisión de Maseroli et al. (2018), los estudios observacionales mostraron que alrededor de 79 % de las mujeres con vaginismo lograba completar el coito tras tratarse, sin que un enfoque superara a otro. El nivel de evidencia es bajo, y los propios autores piden cautela.

    Si tu consulta va por el deseo, puedes leer sobre la falta de deseo sexual y sobre qué hacer cuando tu pareja ya no te desea como antes.

    ¿Funciona la terapia sexual? Lo que dice la evidencia

    Funciona de forma moderada en promedio, con mejor evidencia para el bajo deseo femenino y el orgasmo femenino, y con muchas preguntas aún abiertas. El metaanálisis más citado, de 20 ensayos que comparaban una intervención psicológica con lista de espera, halló un efecto de d = 0,58 en la gravedad de los síntomas y de d = 0,47 en la satisfacción sexual (Frühauf et al., 2013). Los autores concluyen que las intervenciones psicológicas son opciones eficaces, pero que la evidencia varía mucho de un trastorno a otro y que faltan estudios de largo plazo y comparaciones entre tratamientos.

    Hay una trampa histórica que conviene conocer. En 1970 Masters y Johnson reportaron tasas de éxito cercanas al 98 %. Una revisión Cochrane sobre eyaculación precoz señala que esos resultados no se pudieron replicar (Melnik et al., 2011). Según Hall y Binik (2020), los participantes originales eran parejas con tiempo y dinero para dedicarse por completo al tratamiento, y el estudio no tuvo grupo de comparación. Ninguna cifra de éxito de ese tipo vale hoy como promesa.

    Tres límites ayudan a poner las expectativas en su sitio:

    • Muchos estudios son pequeños. Varios son pilotos, con pocos participantes y seguimientos cortos. Los propios autores de las revisiones lo señalan.
    • Resolver el síntoma no resuelve todo. Hall y Binik (2020) advierten que lograr, por ejemplo, la penetración en el vaginismo no trae automáticamente deseo ni placer. Esa parte requiere un trabajo posterior.
    • No encontré estudios chilenos con metodología comparable, así que estos datos vienen sobre todo de Estados Unidos, Europa y Asia.

    El mindfulness merece una precisión. Una revisión sistemática de 15 estudios encontró que mejora el deseo y la excitación subjetivos, la satisfacción y el miedo asociado a la actividad sexual en mujeres, pero no cambia el dolor, y solo un estudio incluyó hombres con disfunción eréctil (Jaderek y Lew-Starowicz, 2019).

    ¿Se puede hacer terapia sexual online?

    Sí, porque la mayor parte de la terapia sexual es conversación, y los ejercicios se hacen en casa de todos modos. La evidencia disponible viene de programas estructurados y con apoyo de un terapeuta, más que de una videollamada cualquiera. En un ensayo con 78 hombres con disfunción eréctil, 7 semanas de terapia cognitivo-conductual por internet con apoyo del terapeuta mostraron una diferencia pequeña al terminar (d = 0,1) que creció en el seguimiento a seis meses (d = 0,88) frente a un grupo de discusión en línea (Andersson et al., 2011). Y la versión online de la focalización sensorial mencionada arriba mostró mejoras en parejas (Huang et al., 2024).

    Ambos estudios son pequeños. Hay límites prácticos: por videollamada no se puede hacer un examen físico, así que si el caso lo requiere (dolor, erección, medicamentos) te derivarán a un médico. Si quieres saber cómo funciona una consulta virtual, esta guía sobre la terapia psicológica online lo explica, y la primera sesión con el psicólogo detalla qué esperar.

    ¿Cuándo conviene ir primero al médico o la terapia sexual no basta?

    Conviene una evaluación médica antes o junto con la terapia cuando hay dolor, problemas de erección, un inicio repentino o un medicamento nuevo. Algunos casos requieren otras prioridades:

    • Dolor en las relaciones. Hall y Binik (2020) recomiendan una consulta ginecológica previa para descartar infecciones, atrofia por falta de estrógenos, enfermedades de la piel o endometriosis.
    • Antidepresivos. Un metaanálisis encontró disfunción sexual en entre 25,8 % y 80,3 % de las personas según el fármaco, con más riesgo en la sertralina, la venlafaxina, el citalopram y la paroxetina, y sin diferencia frente a placebo en el bupropión, la mirtazapina y la agomelatina (Serretti y Chiesa, 2009). Una revisión clínica propone manejarlo caso a caso, por ejemplo ajustando la dosis o cambiando de fármaco (Rothmore, 2020). No suspendas el tratamiento por tu cuenta: puede haber recaídas o síntomas de retirada. Cuéntaselo a quien lo indicó.
    • Depresión importante. Apaga el deseo y la energía, y tratar la disfunción sin atender el cuadro de fondo rinde poco (Brotto, 2018; Hall y Binik, 2020).
    • Consumo de alcohol o drogas. Altera la respuesta sexual y a veces se usa para calmar el malestar. Se trabaja antes o a la vez (Brotto, 2022; Nagoski, 2015).
    • Violencia en la pareja. Si hay golpes, amenazas o coerción, la terapia sexual y la de pareja están contraindicadas (Christensen et al., 2014; Hall y Binik, 2020), porque trabajar la intimidad expone a la persona a represalias. La prioridad es la seguridad. Puedes leer sobre violencia psicológica en la pareja, y en Chile el Fono 1455 orienta gratuitamente sobre violencia contra las mujeres.
    • Trauma sexual no procesado. Con disociación o recuerdos intensos durante el contacto, la terapia sexual estándar no basta. Primero se trabaja el trauma, y los ejercicios de contacto se retoman después (Hall y Binik, 2020). Si acompañas a alguien en esa situación, esta guía para apoyar a una víctima de violencia sexual puede servirte.

    ¿Cómo elegir a un profesional de terapia sexual?

    Elige a alguien con formación específica en sexualidad y habilitado para ejercer, y desconfía de cualquier propuesta que incluya contacto físico. Tres comprobaciones ayudan:

    1. Pregunta por su formación en sexualidad. Hall y Binik (2020) señalan que no está garantizada por el título de psicólogo o de médico. Un profesional serio te dirá con qué se formó y qué casos atiende.
    2. Revisa que esté habilitado. En Chile puedes consultar si figura en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.
    3. Fíjate en el encuadre. Debe haber una primera conversación para entender el caso, objetivos claros y tareas en casa. Si propone contacto físico o sexual en consulta, es una falta ética.

    ¿Cuándo consultar?

    Consulta si una dificultad sexual te molesta o molesta a tu pareja y lleva meses sin mejorar. Los criterios diagnósticos del DSM-5 para la mayoría de las disfunciones piden al menos seis meses de duración con malestar, pero no hace falta cumplir un diagnóstico para pedir ayuda. Si la vergüenza te impide hablar del tema con tu pareja, si aparece dolor, si el problema empezó con un medicamento nuevo o si la distancia entre ustedes crece, no esperes. La Organización Mundial de la Salud entiende la salud sexual como parte del bienestar general, y pedir ayuda es una forma razonable de cuidarla.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué se hace en una sesión de terapia sexual?

    Se conversa durante cerca de una hora. Al comienzo el terapeuta evalúa la historia del problema, la relación y el estado de salud. Después se trabaja con información, revisión de creencias y manejo de la ansiedad, y se acuerdan ejercicios para hacer en casa, como la focalización sensorial (Carey, 2015).

    ¿Hay que desnudarse o hay contacto físico con el terapeuta?

    No. La terapia sexual es conversación, sin contacto físico ni sexual en consulta, según las normas éticas del área (Hall y Binik, 2020). Los ejercicios corporales se hacen en privado, en casa, solo o con tu pareja.

    ¿Cuánto dura una terapia sexual?

    Depende del problema y de cada pareja. Los programas son de sesiones semanales durante meses, y las estimaciones de los manuales rondan entre 10 y 20 sesiones para un programa estándar (Hall y Binik, 2020), con controles de seguimiento a los 6 y 12 meses (Carey, 2015).

    ¿Sirve la terapia sexual si no tengo pareja?

    Sí. Se trabaja la información, las creencias, la ansiedad y ejercicios individuales, como la masturbación dirigida para las dificultades del orgasmo (Hall y Binik, 2020). Si más adelante tienes pareja, se puede incorporar.

    ¿Quién hace terapia sexual: un psicólogo o un sexólogo?

    Pueden hacerla psicólogos clínicos, psiquiatras y otros profesionales de la salud con formación específica. En muchos países “sexólogo” no es un título regulado (Hall y Binik, 2020), así que lo importante es la formación y que el profesional esté habilitado para ejercer.

    ¿Puedo ir solo o tiene que ser en pareja?

    Puedes ir solo. Si tienes pareja y quiere participar, lo ideal es incluirla desde el inicio (Carey, 2015). Cuando hay violencia en la relación, la terapia de pareja no está indicada y se prioriza la seguridad (Christensen et al., 2014).

    Qué llevarte de todo esto

    La terapia sexual es un tratamiento hablado, con ejercicios en casa, que ayuda en muchos problemas sexuales, con mejor respaldo en unos que en otros, y funciona mejor con una buena evaluación médica. No hay contacto físico, funciona sola o en pareja, y se hace también online. Lo más útil que puedes hacer es consultar a tiempo y elegir a un profesional con formación en el tema.

    En Terapia Online Chile puedes agendar una consulta para revisar tu caso con calma. Si quieres saber más sobre quien escribe, está en Quiénes somos.

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    Referencias

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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