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  • Tipos de temperamento en niños: qué son y qué significan para la crianza

    Tipos de temperamento en niños: qué son y qué significan para la crianza

    Tu hijo se queda pegado a tu pierna en cada cumpleaños mientras su primo se lanza a la piscina sin mirar. O llora ante cualquier cambio de rutina, o se queda observando media hora antes de sumarse al juego. Buscas los tipos de temperamento en niños porque quieres saber si eso es simplemente su forma de ser o si hay algo que atender.

    Esta guía reúne la clasificación clásica de Thomas y Chess, el modelo de Rothbart que usa la investigación actual y los metaanálisis recientes sobre lo que el temperamento anticipa. En cada dato aclara hasta dónde llega. El temperamento sirve para orientar la crianza. No etiqueta al niño ni diagnostica nada.

    Respuesta corta: el temperamento es el estilo con que un niño reacciona, se emociona y se calma, y se nota desde los primeros meses. La clasificación más conocida lo reparte en fácil, difícil y lento para entrar en calor. La investigación actual lo describe con tres dimensiones: emocionalidad negativa, surgencia y control con esfuerzo. Es bastante estable, y la forma de criar lo modula.

    ¿Qué es el temperamento de un niño?

    El temperamento son las diferencias individuales, de base biológica, en cómo un niño reacciona ante lo que pasa (con emoción, movimiento y atención) y en cómo se regula después. Una revisión de 25 años de investigación en bebés lo organiza justamente así, en reactividad y autorregulación (Gartstein y Ramirez Gonzalez, 2025).

    La Academia Americana de Pediatría lo describe como el estilo emocional del niño y la facilidad con que se adapta, en gran parte innato, aunque la experiencia, las relaciones y el ambiente pueden modificarlo (American Academy of Pediatrics, 2024).

    La palabra «carácter» mezcla dos cosas. El temperamento es la capa temprana y biológica. La personalidad se arma encima, con la experiencia.

    Un metaanálisis de 147 estudios encontró que los rasgos de personalidad se asociaban con los problemas emocionales y de conducta de niños y adolescentes, y que escalas de temperamento medidas a los 9 y 10 años reproducían buena parte de esas asociaciones (Katz et al., 2026). Es una señal de continuidad entre ambas capas.

    ¿Cuáles son los tipos de temperamento en niños según Thomas y Chess?

    Alexander Thomas, Stella Chess y Herbert Birch (1968) fueron pioneros en estudiar el temperamento desde la infancia. Describieron nueve rasgos: nivel de actividad, regularidad de los ritmos, acercamiento o retraimiento ante lo nuevo, adaptabilidad, intensidad, estado de ánimo, capacidad de atención, distractibilidad y sensibilidad a los estímulos. Cada niño combina esos rasgos a su manera (American Academy of Pediatrics, 2024).

    Con esas combinaciones se armaron tres perfiles. Según el material de un curso universitario de desarrollo infantil basado en ese trabajo, estos son sus porcentajes aproximados (Libretexts, s. f.).

    TipoCómo se veAproximadamente
    FácilSe adapta rápido a rutinas y personas nuevas, tiene buen ánimo y se calma con facilidad40 % de los niños
    DifícilReacciona con intensidad ante lo nuevo, le cuesta adaptarse a las rutinas, llora con frecuencia y tiene ritmos poco regulares10 %
    Lento para entrar en calorEs poco activo, se adapta despacio a lo nuevo y mejora a medida que se familiariza15 %

    Dos advertencias de ese mismo material. Los porcentajes suman cerca de 65 %, porque muchos niños no calzan con claridad en una categoría. Y ninguna categoría es mejor que otra. La Academia Americana de Pediatría usa los perfiles como orientación y no como etiquetas definitivas.

    ¿Qué dimensiones usa la investigación hoy?

    La investigación actual rara vez habla de «niño difícil». Usa el modelo de Mary Rothbart, que describe el temperamento con tres dimensiones. Un metaanálisis sobre sensibilidad a la crianza las nombra como emocionalidad negativa, surgencia y control con esfuerzo (Slagt et al., 2016).

    • Emocionalidad negativa: cuánto y con qué intensidad se frustra, se asusta o se entristece el niño.
    • Surgencia: energía, entusiasmo y gusto por la novedad y la actividad.
    • Control con esfuerzo: capacidad de dirigir la atención, frenar un impulso y esperar.

    Rothbart (2011) define el temperamento como diferencias individuales de base constitucional en la reactividad y la autorregulación. La reactividad es la facilidad con que se activan las emociones, el cuerpo y la atención; la autorregulación, los procesos que la modulan, como reorientar la atención o frenar un impulso. La personalidad se construye sobre ese núcleo cuando el niño gana lenguaje, idea de sí mismo y formas de afrontar.

    La autora distingue dos tipos de malestar: el enojo y la frustración (externalizantes) y el miedo y la tristeza (internalizantes). El miedo aparece hacia los 6 a 10 meses. El control con esfuerzo madura al final del primer año y se desarrolla sobre todo entre los 2 y los 4 años, por eso a un niño pequeño le cuesta tanto esperar.

    Rothbart también diseñó cuestionarios que responden los cuidadores. El primero, de 1981, mide el temperamento en bebés (Rothbart, 1981). Así se obtienen los datos de muchos estudios: alguien que conoce bien al niño responde cómo reacciona en situaciones concretas.

    Hay versiones para cada edad: el IBQ-R para bebés de 3 a 12 meses, el CBQ para niños de 3 a 7 años y el EATQ-R para adolescentes de 9 a 15, que combina el informe de los padres y el del propio joven. Rothbart (2011) destaca que los cuestionarios sobre conductas concretas y recientes se correlacionan bien con las observaciones de laboratorio.

    ¿El temperamento cambia con los años?

    Cambia menos de lo que muchos padres esperan, aunque no está fijo. En un estudio con cerca de 10.000 niños seguidos entre los 3 y los 6 años, la estabilidad del temperamento fue de media a grande, y variaba poco según el género del niño, el orden de nacimiento y la edad o la educación de la madre (Bornstein et al., 2019).

    Que sea estable no significa que sea inmodificable en su expresión. La revisión de Gartstein y Ramirez Gonzalez (2025) suma al peso biológico, con aportes genéticos y epigenéticos, la influencia del sexo del niño y de la cultura. Un niño intenso puede aprender a manejar esa intensidad. Lo que cambia es cómo se muestra, no necesariamente cuánto la siente.

    Rothbart (2011), apoyándose en un metaanálisis de estudios longitudinales, muestra que la estabilidad de la posición relativa del niño en el grupo sube con la edad: alrededor de r = 0,35 antes de los 3 años, 0,52 entre los 3 y los 6, y 0,45 a 0,47 hasta los 17. Es menor al principio porque los sistemas de control aparecen uno tras otro y modifican la reactividad anterior.

    Además, un niño puede seguir siendo el más irritable de su grupo mientras todos los niños se vuelven menos irritables con la maduración. La estabilidad individual y el cambio del grupo conviven.

    ¿Qué relación tiene el temperamento con la ansiedad, el TDAH y la conducta?

    Algunos rasgos temperamentales se asocian con más riesgo de ciertos problemas. Es un riesgo estadístico, no un destino, y los estudios lo muestran con matices.

    Inhibición conductual y ansiedad

    La inhibición conductual es la tendencia a retraerse y asustarse ante lo desconocido. Un metaanálisis de 27 estudios encontró que multiplica por 2,8 las probabilidades de tener un trastorno de ansiedad más adelante (OR = 2,80), con un vínculo mucho mayor para la ansiedad social (OR = 5,84) y uno pequeño para las fobias específicas (OR = 1,49) (Sandstrom et al., 2020).

    Un metaanálisis anterior de siete estudios había estimado un riesgo de ansiedad social siete veces mayor (OR = 7,59) (Clauss y Blackford, 2012).

    Que el riesgo suba no quiere decir que todo niño tímido vaya a desarrollar ansiedad. Una revisión sobre temperamento miedoso explica que el desenlace depende en parte del control con esfuerzo, es decir, de qué tan bien el niño dirige su atención y se regula (Liu y Bell, 2020). Para ver las señales y qué hacer, está la guía sobre ansiedad en niños.

    Sobre el papel de los padres, una revisión sistemática halló apenas diez estudios, casi todos de familias occidentales de clase media, con resultados inconsistentes. Algo de evidencia indica que la sobreprotección y la sobreinvolucración pesan en la relación entre inhibición y ansiedad social (Aaron et al., 2024).

    Actividad alta, poca atención sostenida y TDAH

    Un metaanálisis de 48 estudios con más de 112.000 bebés y niños pequeños siguió el temperamento desde el nacimiento hasta la infancia. Un nivel de actividad alto en los primeros tres años se asoció de forma moderada con TDAH posterior (r = 0,39), igual que una atención sostenida baja (r = -0,28) y una emocionalidad negativa alta (r = 0,25) (Joseph et al., 2023).

    Los autores lo leen como una posible señal temprana de riesgo, no como un diagnóstico. Además, solo nueve estudios habían medido la atención sostenida, así que esa parte es la menos firme.

    Rasgos y problemas emocionales a los 9 y 10 años

    En el mismo metaanálisis de 147 estudios, los problemas internalizados (tristeza, ansiedad) se asociaron con más neuroticismo y menos extraversión. Los externalizados (conducta desafiante) se asociaron con menos responsabilidad y menos amabilidad. Los resultados se replicaron en más de 10.000 niños de 9 y 10 años con medidas de temperamento (Katz et al., 2026).

    Hay un matiz importante. Gran parte de la asociación venía de que la misma persona respondía sobre el rasgo y sobre el problema, y los datos eran de un solo momento. No se puede saber qué causa qué.

    ¿Cómo criar según el temperamento de tu hijo?

    La idea central es el ajuste entre el niño y su entorno. Según el material basado en Thomas y Chess, el bienestar a largo plazo depende de cuánto coinciden el temperamento del niño y lo que el entorno le exige, y las respuestas de los cuidadores pesan más que el temperamento por sí solo (Libretexts, s. f.).

    La evidencia de intervención tiene un giro interesante. Un metaanálisis de 105 muestras encontró que los niños de temperamento más difícil son más vulnerables a la crianza negativa, pero también se benefician más de la crianza positiva. En emocionalidad negativa, eso solo se vio cuando se midió en la infancia temprana, y la surgencia y el control con esfuerzo no mostraron un patrón consistente (Slagt et al., 2016).

    También funciona en sentido contrario. Una revisión sobre crianza y temperamento concluye que los niños con mucha frustración e impulsividad y poco control con esfuerzo se ven más afectados por la crianza negativa, y que sus conductas a la vez provocan en los padres ciertas reacciones (Kiff et al., 2011). Criar es una conversación de ida y vuelta.

    Rothbart (2011) agrega un matiz para niños tímidos o inhibidos: ni sobreprotección ni exigencias abrumadoras. Los desafíos graduales y moderados les ayudan a construir sus propias estrategias de regulación. Los bebés, en cambio, dependen de la regulación externa de sus cuidadores, que los calman, los mecen y reorientan su atención.

    La autora resume además dos caminos para el desarrollo de la conciencia moral. En niños muy temerosos funciona una disciplina suave y persuasiva, que mantiene su ansiedad en un nivel tolerable, y el castigo severo la desborda. En niños poco temerosos o muy impulsivos pesa más una relación cooperativa y positiva con los padres.

    El miedo tiene también un lado protector. Aunque eleva el riesgo de ansiedad cuando hay mucho estrés, frena la agresión y la conducta antisocial.

    Con el apego pasa algo parecido, pero con efecto pequeño. En siete estudios con 872 niños, la emocionalidad negativa predijo apenas algo menos de vínculos seguros con mamá y papá (d = -0,12) (Dagan et al., 2024). Para saber qué sí construye el vínculo, mira cómo criar un apego seguro.

    Estas orientaciones prácticas salen de las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría (2024):

    • Aceptar que parte del comportamiento es innato y no depende de la voluntad del niño, lo que ayuda a tener paciencia.
    • Armar rutinas predecibles y avisar los cambios con anticipación.
    • Introducir lo nuevo de a poco y respetar el ritmo del niño.
    • Mostrar con el ejemplo cómo manejar una situación difícil.
    • Consultar al pediatra antes de atribuirlo todo al temperamento, porque una enfermedad o el estrés pueden causar problemas de conducta.

    Si lo que más te desgasta son las rabietas o poner límites, tienes guías sobre rabietas y pataletas, cómo poner límites, tolerancia a la frustración y regulación emocional. Para una mirada más amplia del manejo de la conducta, está la guía de disciplina positiva.

    ¿Existe un test para saber el temperamento de tu hijo?

    Existen cuestionarios de investigación, como los de Rothbart, que contestan los cuidadores y se usan en estudios. Un test online de diez preguntas que te da un «tipo» no tiene ese respaldo, así que conviene tomarlo como entretención. Por eso esta guía no incluye un test con puntaje.

    Tampoco conviene mezclar este tema con otros «temperamentos». Los cuatro humores clásicos (sanguíneo, colérico, melancólico y flemático) vienen de la medicina antigua. Los temperamentos de Keirsey son una tipología de adultos. Y los tipos de personalidad en psicología o el modelo de los Cinco Grandes hablan de personalidad adulta, que es otra capa.

    ¿Cuándo consultar a un profesional?

    Un temperamento intenso no es un trastorno. Conviene consultar cuando el malestar del niño o de la familia es persistente y le limita la vida diaria, por ejemplo si el miedo le impide ir al colegio o hacer actividades que le gustan, si las crisis son muy frecuentes y duras de manejar, o si ves un cambio brusco respecto de cómo era antes.

    Empieza por el pediatra, para descartar causas físicas. Después, un psicólogo infantil puede evaluar si lo que ves es solo estilo temperamental o algo que necesita apoyo. La guía sobre cuándo llevar a un niño al psicólogo ordena esas señales, y la de berrinches y trastorno negativista desafiante ayuda a distinguir una conducta intensa de un cuadro clínico.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuántos tipos de temperamento hay en los niños?

    La clasificación clásica de Thomas y Chess describe tres: fácil, difícil y lento para entrar en calor. La investigación actual prefiere tres dimensiones continuas (emocionalidad negativa, surgencia y control con esfuerzo), porque muchos niños (cerca de un tercio, según el material citado) no calzan con claridad en una categoría y se ubican en algún punto intermedio de cada dimensión.

    ¿Un niño de temperamento difícil tiene un trastorno?

    No. «Difícil» describe un estilo intenso e irregular ante los cambios, no un diagnóstico. Esos niños sí son más sensibles a cómo los crían, tanto para bien como para mal. Si la intensidad le limita la vida diaria al niño o a la familia, vale la pena una evaluación profesional.

    ¿El temperamento cambia con la edad?

    Se mantiene bastante estable en la infancia: en cerca de 10.000 niños, la estabilidad entre los 3 y los 6 años fue de media a grande. Su expresión sí se modula con el contexto y la crianza. El niño que se asusta ante lo nuevo suele seguir notándolo, pero puede aprender a manejarlo.

    ¿El temperamento se hereda?

    En parte. Es de base biológica, y las revisiones señalan aportes genéticos y epigenéticos junto con la influencia del ambiente y la cultura. No hay una cifra única que valga para todos los niños. Heredar una tendencia no define cómo se va a expresar, porque la crianza y la experiencia también cuentan.

    ¿Cómo sé qué temperamento tiene mi hijo?

    Observa cómo reacciona ante lo nuevo, cómo se frustra y cuánto tarda en calmarse, en distintos días y lugares. Los nueve rasgos de Thomas y Chess sirven de guía. Si necesitas una evaluación, un psicólogo infantil usa cuestionarios validados y entrevista a quienes lo conocen, algo que no reemplaza un test online.

    ¿Cómo se cría a un niño de temperamento difícil?

    Con rutinas predecibles, avisos antes de los cambios, lo nuevo introducido de a poco y adultos que mantengan la calma. Los niños de temperamento difícil se benefician mucho de la crianza positiva, pero también sufren más con la dura. Si el desgaste de la casa es grande, consultar a tiempo ayuda.

    Si quieres conversarlo con alguien

    Conocer el temperamento de tu hijo ayuda a ajustar expectativas y a elegir qué batallas dar. Si algo de lo que viste en esta guía te hace dudar, puedes escribir desde la página de contacto para evaluar el caso con calma.

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    Referencias

    Aaron, E. M., Caley, E., & Kiel, E. J. (2024). Parenting as a moderator of the relation between child inhibited temperament and anxiety in Western contexts: A systematic review. Clinical Child and Family Psychology Review, 27(3), 807-831. https://doi.org/10.1007/s10567-024-00492-5

    American Academy of Pediatrics. (2024). Comprender el temperamento de su hijo: por qué es importante. HealthyChildren.org. https://www.healthychildren.org/Spanish/ages-stages/gradeschool/Paginas/how-to-understand-your-childs-temperament.aspx

    Bornstein, M. H., Hahn, C. S., Putnick, D. L., & Pearson, R. (2019). Stability of child temperament: Multiple moderation by child and mother characteristics. British Journal of Developmental Psychology, 37(1), 51-67. https://doi.org/10.1111/bjdp.12253

    Clauss, J. A., & Blackford, J. U. (2012). Behavioral inhibition and risk for developing social anxiety disorder: A meta-analytic study. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 51(10), 1066-1075. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2012.08.002

    Dagan, O., Schuengel, C., Verhage, M. L., Madigan, S., Roisman, G. I., Van IJzendoorn, M., Bakermans-Kranenburg, M., Duschinsky, R., Sagi-Schwartz, A., Bureau, J. F., Eiden, R. D., Volling, B. L., Wong, M. S., Schoppe-Sullivan, S., Aviezer, O., Brown, G. L., Reiker, J., Mangelsdorf, S., Fearon, R. M. P., … Oosterman, M. (2024). Attachment relationship quality with mothers and fathers and child temperament: An individual participant data meta-analysis. Developmental Psychology, 60(11), 2144-2156. https://doi.org/10.1037/dev0001677

    Gartstein, M. A., & Ramirez Gonzalez, M. A. (2025). Temperament development in infancy: What we have learned about the origins of individual differences in the past 25 years. Infant Behavior and Development, 80, 102101. https://doi.org/10.1016/j.infbeh.2025.102101

    Joseph, H. M., Lorenzo, N. E., Fisher, N., Novick, D. R., Gibson, C., Rothenberger, S. D., Foust, J. E., & Chronis-Tuscano, A. (2023). Research review: A systematic review and meta-analysis of infant and toddler temperament as predictors of childhood attention-deficit/hyperactivity disorder. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 64(5), 715-735. https://doi.org/10.1111/jcpp.13753

    Katz, B. A., Shields, A. N., Watts, A. L., Wu, C., & Tackett, J. L. (2026). Temperament, personality, and psychopathology in youth: A preregistered multilevel meta-analytic review and preregistered large-scale replication and extension. Psychological Bulletin, 152(2), 127-156. https://doi.org/10.1037/bul0000515

    Kiff, C. J., Lengua, L. J., & Zalewski, M. (2011). Nature and nurturing: Parenting in the context of child temperament. Clinical Child and Family Psychology Review, 14(3), 251-301. https://doi.org/10.1007/s10567-011-0093-4

    Libretexts. (s. f.). 16.04: Estilos de temperamento. En Desarrollo de infantes y niños pequeños (Cerro Coso Community College). https://socialsci.libretexts.org/Courses/Cerro_Coso_College/Cerro_Coso_Community_College%3A_C105_Desarrollo_de_Infantes_y_Ninos_Pequenos/16%3A_Temperamento/16.04%3A_Estilos_de_temperamento

    Liu, R., & Bell, M. A. (2020). Fearful temperament and the risk for child and adolescent anxiety: The role of attention biases and effortful control. Clinical Child and Family Psychology Review, 23(2), 205-228. https://doi.org/10.1007/s10567-019-00306-z

    Rothbart, M. K. (1981). Measurement of temperament in infancy. Child Development, 52(2), 569-578. https://doi.org/10.2307/1129176

    Rothbart, M. K. (2011). Becoming who we are: Temperament and personality in development. Guilford Press.

    Sandstrom, A., Uher, R., & Pavlova, B. (2020). Prospective association between childhood behavioral inhibition and anxiety: A meta-analysis. Research on Child and Adolescent Psychopathology, 48(1), 57-66. https://doi.org/10.1007/s10802-019-00588-5

    Slagt, M., Dubas, J. S., Deković, M., & van Aken, M. A. G. (2016). Differences in sensitivity to parenting depending on child temperament: A meta-analysis. Psychological Bulletin, 142(10), 1068-1110. https://doi.org/10.1037/bul0000061

    Thomas, A., Chess, S., & Birch, H. G. (1968). Temperament and behavior disorders in children. New York University Press.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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