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    TDAH y ansiedad en niños: comorbilidad

    Tu hijo ya tiene diagnóstico de TDAH, o lo estás evaluando, y de pronto aparece otra cosa. Llora el domingo en la noche pensando en el lunes, se queda pegado a ti en los cumpleaños, se despierta con el estómago apretado antes de una prueba. O tiene miedos que su hermano nunca tuvo. Entonces te preguntas si “mi hijo tiene TDAH y también es ansioso” es una combinación real o si le estás poniendo dos etiquetas a lo mismo.

    Ver TDAH y ansiedad en niños desconcierta, y más aún verlos juntos en un mismo hijo: la combinación es real y bastante frecuente. En esta guía vas a ver cuántos niños con TDAH tienen además ansiedad, cómo se distingue una de otra cuando se parecen, qué tanto pesa tenerlas juntas y qué dice la evidencia sobre medicación, terapia y trabajo con la familia.

    Respuesta rápida: el TDAH y la ansiedad en niños aparecen juntos con frecuencia: en un metaanálisis de 121 estudios, cerca de 1 de cada 5 niños y adolescentes con TDAH tenía además un trastorno de ansiedad (Njardvik et al., 2025), y las guías clínicas hablan de entre 25 % y 35 %. Se parecen por fuera (inquietud, falta de concentración, mal sueño), por eso conviene evaluarlas por separado y con varios informantes. Tener las dos no cierra ningún tratamiento: los estimulantes no empeoran la ansiedad en promedio, y la terapia cognitivo-conductual funcionó igual en niños con y sin TDAH leve a moderado.

    ¿Es frecuente la comorbilidad de TDAH y ansiedad en niños?

    Sí. En la comorbilidad TDAH infantil la regla es acompañarse de otro trastorno, y la ansiedad es de las compañías más habituales. Un metaanálisis de 2025 con 121 estudios y 39.894 niños y adolescentes con TDAH encontró trastornos de ansiedad en el 18,4 %, fobias específicas en el 11,0 %, y como los más frecuentes el trastorno oposicionista desafiante (34,7 %) y los trastornos de conducta (30,7 %). Todos los trastornos que revisaron eran más comunes con TDAH que en la población general (Njardvik et al., 2025).

    Las cifras cambian según quién y cómo se mide. La Guía de Práctica Clínica española sobre intervenciones terapéuticas en el TDAH señala que entre el 25 % y el 35 % de los niños y adolescentes con TDAH tienen un trastorno de ansiedad asociado (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad e Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud [IACS], 2017). En el estudio de tratamiento multimodal MTA, el 33 % de los niños cumplía criterios de algún trastorno de ansiedad (sin contar las fobias simples), y dos tercios de ellos tenían además un trastorno oposicionista o de conducta (March et al., 2000). En una muestra clínica italiana de 1.919 niños con TDAH sin tratamiento previo, la ansiedad apareció en el 12 %, detrás de los trastornos de aprendizaje (56 %), los del sueño (23 %) y el oposicionista (20 %) (Reale et al., 2017). Y una revisión sobre funcionamiento social señala que, según cómo se defina la ansiedad, la cifra puede llegar a la mitad de los niños con TDAH (Bishop et al., 2019).

    Esa dispersión (de 12 % a 50 %) dice algo útil para ti: no existe un número único, pero en ningún estudio la ansiedad es una rareza. Un niño con TDAH tiene más probabilidad de ansiedad que uno sin TDAH.

    Un metaanálisis de 33 estudios lo cuantifica por tipo de ansiedad. Comparados con niños sin TDAH, los que tenían TDAH mostraron más riesgo de fobia específica (riesgo relativo de 1,68), de fobia social (1,71) y de agorafobia (4,99, con un intervalo de confianza muy amplio, entre 1,51 y 16,56, lo que indica una estimación poco precisa). También más depresión (riesgo relativo de 2,27) (Zhang et al., 2025).

    ¿Por qué mi hijo con TDAH también tiene ansiedad?

    La evidencia describe que van juntos, pero no resuelve del todo por qué. Lo que sí se puede decir con cuidado es que vivir con TDAH expone a un niño a situaciones que alimentan la angustia. La guía para padres de la Facultad de Psicología de la UNAM señala que es frecuente que estos niños se sientan angustiados, tristes o inseguros por las dificultades cotidianas y por los señalamientos negativos que reciben (como “desobediente” o “problemático”) (Facultad de Psicología, UNAM, s. f.).

    Imagina a un niño que olvida la tarea, pierde el cuaderno y recibe la anotación en la agenda por tercera vez en la semana. Es razonable que empiece a anticipar el fracaso, y la anticipación del fracaso es justo el terreno donde crece la ansiedad. Esa es una escena hipotética para entender el mecanismo, no una regla: no todos los niños con TDAH desarrollan ansiedad, y en algunos es un trastorno independiente que habría aparecido de todos modos.

    ¿Cómo distinguir la ansiedad de los síntomas del propio TDAH?

    Es la parte difícil, porque ambos cuadros dan inquietud, mala concentración y problemas de sueño. Las guías clínicas ofrecen dos criterios que ayudan a ordenar las dudas (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad e IACS, 2017; Facultad de Psicología, UNAM, s. f.):

    • Origen de la desatención. En el TDAH viene de una dificultad para organizar tareas, inhibir respuestas y sostener el esfuerzo mental. En la ansiedad, la mente está ocupada con preocupaciones, miedos o hipervigilancia.
    • Cuándo y dónde aparece. El TDAH exige síntomas desde temprano en la infancia, durante al menos 6 meses y en dos o más ambientes (casa, colegio, actividades). La ansiedad puede concentrarse en situaciones de evaluación, separación o amenaza percibida.

    Detrás de la desatención ansiosa hay un mecanismo conocido. Según el modelo cognitivo de Clark y Beck (2010), la ansiedad reparte la atención: una parte importante queda capturada por las señales de amenaza y por los pensamientos catastróficos, y queda menos disponible para la tarea. El niño parece distraído porque está vigilando algo.

    Hay un matiz que cuesta aceptar. Una meta-regresión de 11 estudios encontró que la ansiedad clínica no empeoraba la atención ni la memoria de trabajo en niños con TDAH, y que se asociaba con mejor inhibición de respuesta en pruebas de laboratorio, sobre todo en niños que nunca habían tomado medicación. Son tareas de laboratorio y no la vida diaria, y los propios autores igual recomiendan buscar ansiedad al evaluar el TDAH (Maric et al., 2018). Quiere decir que no puedes deducir la ansiedad por lo mal que rinde en una prueba de atención.

    Por último, hay un detalle de clasificación que explica por qué algunos diagnósticos antiguos dejaban fuera una de las dos cosas. La CIE-10 trataba la ansiedad como criterio de exclusión del trastorno hipercinético, mientras que el DSM permite diagnosticar ambos a la vez (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad e IACS, 2017).

    ¿Cuánto afecta a la vida del niño tener las dos cosas?

    Depende de cuánta ansiedad hay. En un estudio con 392 niños australianos de 5 a 13 años con TDAH confirmado, el 39 % tenía dos o más trastornos de ansiedad, el 26 % tenía uno y el 36 % ninguno. Quienes tenían dos o más mostraban peor calidad de vida (tamaño de efecto de -0,8, un efecto grande), más dificultades de conducta (0,4) y de funcionamiento diario (0,3) que los niños sin ansiedad, controlando la gravedad del TDAH y el uso de medicación. Con un solo trastorno de ansiedad no se vio peor funcionamiento (Sciberras et al., 2014). El estudio es transversal, así que muestra asociación y no causa, pero separa algo útil: no es lo mismo una ansiedad aislada que varias a la vez.

    En el plano social, una revisión sistemática de 31 estudios concluyó que más síntomas de ansiedad se asocian con menos habilidades sociales y más problemas sociales en jóvenes con TDAH. Los resultados varían según quién informa, la edad, el sexo y las otras comorbilidades, y con medidas diagnósticas (en lugar de síntomas) aparecieron pocas diferencias (Bishop et al., 2019).

    Las familias también lo notan. Un metaanálisis de pocos estudios (tres entraron al análisis) halló que los padres de niños de 5 a 12 años con TDAH y ansiedad usaban más prácticas de crianza ligadas a la ansiedad y menos prácticas positivas que los padres de niños solo con TDAH, mientras que las prácticas ligadas al TDAH no diferían (Denis et al., 2026). Con tan pocos estudios es una señal que falta confirmar. No debería leerse como una crítica a las familias: criar a un niño con dos condiciones exige más y suele hacerse con menos apoyo.

    ¿Cómo se evalúa cuando hay sospecha de las dos?

    La evaluación la hace un profesional con experiencia en TDAH y en sus comorbilidades. La guía española recomienda basarla en entrevistas clínicas con el niño y con los padres, contrastar la información de padres y profesores, y usar escalas de psicopatología general de amplio espectro (como las escalas de Achenbach/CBCL, el BASC o el SDQ), que miden por separado los problemas de interiorización (ansiedad, depresión, quejas físicas) y de exteriorización (inatención, hiperactividad, conducta). Para definir el diagnóstico con más rigor se usan entrevistas estructuradas como la K-SADS o la DISC (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad e IACS, 2017).

    Esto tiene una consecuencia práctica. Un test online de TDAH, como el test para detectar TDAH en niños, sirve para ordenar lo que ves, pero ninguno de esos cuestionarios puede decirte si lo que le pasa a tu hijo es TDAH, ansiedad o ambos. Eso lo define una evaluación profesional completa.

    ¿Qué tratamiento funciona para el TDAH con ansiedad en niños?

    Casi siempre se combinan varias piezas. Estas son las que tienen respaldo.

    Medicación para el TDAH

    La preocupación más común es que los estimulantes empeoren la ansiedad. Un metaanálisis de 23 ensayos con 2.959 niños con TDAH encontró lo contrario en promedio: el riesgo de ansiedad como efecto adverso fue menor con estimulante que con placebo (riesgo relativo de 0,86, intervalo de confianza del 95 % entre 0,77 y 0,95). Esto no descarta que algunos niños sí empeoren, y los autores sugieren reintentar el estimulante cuando aparece ansiedad nueva, porque suele ser coincidencia (Coughlin et al., 2015).

    Hay que decir también que otro metaanálisis de ensayos no encontró efecto significativo de la medicación sobre la ansiedad ni la depresión frente a placebo, y que solo el 11 % de los ensayos elegibles medía esos resultados, así que no permite conclusiones firmes (Bryant et al., 2023). La lectura honesta es que la medicación para el TDAH no suele empeorar la ansiedad, que a veces la alivia por reducir el problema de base, y que la ansiedad casi nunca se mide en esos ensayos.

    En el estudio MTA, la ansiedad tampoco empeoró la respuesta al medicamento para el TDAH. La terapia psicosocial aportaba un beneficio extra a los niños con ansiedad, más en el tratamiento combinado que en uno solo (March et al., 2000). Y en un ensayo con niños de 6 a 17 años que tenían TDAH y ansiedad, 81 % de los 32 que no habían recibido tratamiento mejoró el TDAH con metilfenidato. En los 25 que seguían ansiosos y entraron a la fase aleatorizada, agregar fluvoxamina (un antidepresivo) no superó al placebo en la ansiedad, aunque la muestra era pequeña y los autores hablan de un beneficio no probado (Abikoff et al., 2005).

    La guía española recomienda la atomoxetina, un fármaco no estimulante, como tratamiento de primera elección cuando el TDAH viene con ansiedad asociada (Recomendación B) (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad e IACS, 2017). En la misma línea, un ensayo doble ciego de 12 semanas con 176 niños de 8 a 17 años con TDAH y ansiedad, donde mejoraron los síntomas de TDAH (-10,5 puntos frente a -1,4 con placebo) y también la ansiedad medida por clínico y autoinforme (Geller et al., 2007). Las revisiones posteriores apuntan en la misma dirección pero con evidencia limitada: la de cuatro estudios sugiere que la atomoxetina no agravó e incluso redujo los síntomas de ansiedad (Khoodoruth et al., 2022), y la de cinco ensayos no pudo combinar los datos por la heterogeneidad (Villas-Boas et al., 2019). La elección del fármaco y la dosis la define el médico tratante.

    Terapia cognitivo-conductual (TCC)

    Cuando el motivo de consulta es la ansiedad, hay buenas noticias sobre el TDAH que la acompaña. En un análisis de 842 niños de 5 a 18 años que recibieron TCC para un trastorno de ansiedad, 94 tenían TDAH de leve a moderado (la mayoría con presentación inatenta). Ni el diagnóstico ni el subtipo de TDAH predijeron peor respuesta o remisión de la ansiedad, y los síntomas de TDAH mejoraron modestamente tras tratar la ansiedad. Los autores advierten que los resultados aplican a TDAH no primario y no grave (Gould et al., 2018).

    La TCC de la ansiedad se apoya en psicoeducación, reestructuración cognitiva y exposición gradual a lo temido (Clark y Beck, 2010). En niños se adapta según el desarrollo: se enfatizan las estrategias conductuales y el juego, se simplifican los pensamientos a trabajar (sobrestimar la probabilidad del peligro y catastrofizar) y se invita al niño a actuar como “detective” que busca pruebas a favor y en contra de su miedo. Las técnicas lúdicas de exposición, como las escenificaciones emotivas, integran la exposición a un juego o historia (Ruiz Fernández et al., 2012; Tolin, 2024).

    Una revisión de 13 ensayos sobre TCC para la ansiedad en personas con TDAH halló una reducción pequeña a moderada (diferencia de medias estandarizada de -0,29 al terminar y -0,42 en el seguimiento), pero con efectos más claros en adultos y poca evidencia pediátrica (Wang et al., 2026). En niños, el respaldo más sólido es el de arriba, y conviene recordar su límite: se estudió con TDAH leve o moderado.

    Entrenamiento a padres

    La guía española recomienda un programa de entrenamiento conductual para los padres de niños con TDAH, con o sin comorbilidad (Recomendación B), y recoge que ese entrenamiento reduce los problemas de conducta interiorizados, como el retraimiento y la ansiedad, y el estrés de las familias (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad e IACS, 2017). En ansiedad infantil se agrega algo concreto: la acomodación familiar, es decir, cuando la familia facilita sin querer la evitación (hacerle lo que teme, darle tranquilización una y otra vez). Alivia el malestar de ese momento y mantiene el miedo a la larga (Tolin, 2024).

    ¿Qué puedes hacer en casa?

    Estas ideas vienen de la guía para padres de la UNAM y de lo anterior, y no reemplazan una evaluación (Facultad de Psicología, UNAM, s. f.):

    • Explicarle de dónde vienen sus dificultades. Que entienda que su TDAH tiene una base neurobiológica y que no es un castigo ni un defecto suyo baja la culpa que alimenta la ansiedad. Para eso puede servir esta guía para explicarle a un hijo que tiene TDAH.
    • Dejar espacio para lo que siente. Escucharlo cuando quiera contar algo, y ofrecerle vías para expresarlo (dibujar, escribir historias, caminar, conversar).
    • Reconocer el esfuerzo antes que el resultado, destacar áreas donde se siente seguro (deporte, música, arte, construcción) y evitar compararlo con otros niños.
    • Dividir las tareas en pasos pequeños, con instrucciones claras, pausas frecuentes y un lugar de estudio sin pantallas ni música. La guía sobre TDAH y colegio en Chile cubre qué apoyos puede pedir al colegio.
    • Exponerlo de a poco a lo que evita, por ejemplo a lugares concurridos en horarios tranquilos. Si la evitación ya es grande, esto se hace con un profesional.
    • Cuidar tu propio cansancio. Criar a un niño con TDAH puede producir mucho estrés, y la guía sugiere buscar apoyo psicológico o grupos de familias.

    El sueño merece una mirada aparte, porque tanto el TDAH como la ansiedad lo alteran: tienes más detalle en el artículo sobre TDAH y problemas de sueño en niños. Si el miedo es sobre todo a situaciones sociales, la guía sobre timidez y ansiedad social en niños ayuda a distinguir.

    ¿Cuándo consultar con un profesional?

    Conviene pedir una evaluación cuando se junta cualquiera de estas señales:

    • La ansiedad lleva más de unas semanas y interfiere con el colegio, las amistades o el sueño.
    • Se niega a ir al colegio o evita actividades que antes hacía.
    • Hay quejas físicas repetidas (dolor de estómago, de cabeza) sin causa médica clara.
    • El tratamiento del TDAH cambió y aparece ansiedad nueva: se consulta con el médico que lo indicó, y no se suspende por cuenta propia.
    • Hay conductas de autolesión o frases como “me quiero morir”. En ese caso, no esperes: consulta de inmediato a un servicio de urgencia, y la Línea de Prevención del Suicidio atiende en el *4141.

    Para entender qué se evalúa y quién lo hace, puedes ver la guía de tratamiento de la ansiedad y la información de ansiedad en niños. Si en cambio tu duda es sobre el diagnóstico en niñas, que suele pasar desapercibido, revisa TDAH en niñas: por qué se diagnostica tarde, y para una visión general del trastorno, la guía completa sobre TDAH.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué porcentaje de niños con TDAH tiene ansiedad?

    Depende del estudio. Un metaanálisis de 121 estudios halló trastornos de ansiedad en el 18,4 % de los niños y adolescentes con TDAH (Njardvik et al., 2025), y la guía española habla de entre 25 % y 35 % (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad e IACS, 2017). La cifra varía con la definición y la muestra, pero siempre es mayor que en niños sin TDAH.

    ¿Cómo sé si es ansiedad o es TDAH?

    No se puede saber solo con mirar, porque ambos dan inquietud y distracción. Ayuda fijarse en el origen: preocupaciones y miedos que ocupan la mente apuntan a ansiedad, y la dificultad para organizar y sostener el esfuerzo apunta a TDAH. Lo confirma una evaluación con entrevistas y escalas, con información de padres y profesores (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad e IACS, 2017).

    ¿Los medicamentos para el TDAH empeoran la ansiedad?

    En promedio no. En 23 ensayos con 2.959 niños, la ansiedad como efecto adverso fue menos frecuente con estimulantes que con placebo (riesgo relativo de 0,86), aunque algunos niños sí pueden empeorar (Coughlin et al., 2015). Si aparece ansiedad nueva tras empezar un fármaco, hay que contarlo al médico tratante, que evalúa si se ajusta o se cambia.

    ¿Sirve la terapia psicológica si mi hijo tiene TDAH y ansiedad?

    Sí. En 842 niños tratados con terapia cognitivo-conductual para la ansiedad, tener TDAH leve o moderado no empeoró la respuesta, y los síntomas de TDAH mejoraron un poco (Gould et al., 2018). La guía española también recomienda entrenar a los padres, con o sin comorbilidad (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad e IACS, 2017).

    ¿Qué se trata primero, el TDAH o la ansiedad?

    La evidencia revisada no establece un orden único. La guía española recomienda atomoxetina cuando hay TDAH con ansiedad asociada, y los ensayos muestran que los estimulantes tampoco la empeoran en promedio (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad e IACS, 2017; Coughlin et al., 2015). El orden y la combinación los decide el equipo tratante según la gravedad de cada cuadro.

    Qué llevarte de esta guía

    El TDAH y la ansiedad juntos son una combinación frecuente y con opciones de tratamiento, y tener ansiedad no obliga a renunciar a ninguno de los tratamientos del TDAH. Lo que más ayuda es evaluar las dos cosas por separado, con información del colegio y de la casa, antes de decidir qué hacer primero.

    Si tu hijo vive con TDAH y ansiedad, puedes agendar una consulta para ordenar qué le pasa, revisar si conviene una evaluación completa y definir cómo acompañarlo en casa y en el colegio. Los síntomas de ansiedad tienen tratamiento, y elegirlo parte de una evaluación completa.

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    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Referencias

    Abikoff, H., McGough, J., Vitiello, B., McCracken, J., Davies, M., Walkup, J., Riddle, M., Oatis, M., Greenhill, L., Skrobala, A., March, J., Gammon, P., Robinson, J., Lazell, R., McMahon, D. J., Ritz, L., & RUPP ADHD/Anxiety Study Group. (2005). Sequential pharmacotherapy for children with comorbid attention-deficit/hyperactivity and anxiety disorders. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 44(5), 418-427. https://doi.org/10.1097/01.chi.0000155320.52322.37

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y crianza. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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