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    TDAH en Niños de 6 a 12 años: Guía de Síntomas y Consejos para Padres

    Por Nicolás Alcayaga · Psicólogo Clínico, especializado en TCC
    🔬 Revisión de evidencia científica · Actualizado el 23 de agosto de 2026

    La profesora te lo dijo en la reunión de apoderados: “se distrae mucho, hay que repetirle todo tres veces”. En casa lo ves distinto. Puede pasar dos horas pegado a un videojuego sin pestañear, pero una plana de matemáticas se convierte en una batalla campal. Y ahí queda la duda dando vueltas: ¿es su personalidad, es flojera, es la edad, o hay algo más?

    Esa duda tiene respuesta, y no pasa por adivinar. El TDAH en niños de 6 a 12 años tiene criterios definidos, observables en casa y en el colegio, que un padre o una madre puede registrar con orden antes de pisar una consulta. Abajo vas a encontrar los 18 comportamientos que describen los manuales diagnósticos, los cinco filtros que separan una conducta propia de la edad de una señal de alerta real, y un registro de observación en dos contextos (unos cinco minutos) que arma el resumen exacto que el profesional te va a pedir en la primera cita.

    La respuesta corta

    El TDAH afecta a cerca del 8% de los niños y adolescentes en el mundo, con un peak entre los 10 y los 14 años. Para hablar de TDAH no basta con que un niño sea distraído o inquieto: los criterios exigen al menos seis síntomas de un mismo bloque, presentes durante seis meses o más, iniciados antes de los 12 años, visibles en dos o más contextos, y con un impacto claro en su vida escolar, familiar o social.

    ¿Por qué el TDAH en niños de 6 a 12 años suele destaparse justo a esta edad?

    Entre los 6 y los 12 años el colegio empieza a pedir algo que antes nadie pedía: quedarse sentado, seguir instrucciones de tres pasos, terminar lo empezado y guardar sus cosas. Es la primera vez que las dificultades de atención y de autorregulación chocan de frente con una exigencia sostenida, y por eso muchos diagnósticos aparecen en esta franja.

    Los números ayudan a poner la duda en perspectiva. Un metaanálisis general de 13 revisiones sistemáticas, con más de 3,2 millones de participantes, estimó una prevalencia mundial del 8,0% en niños y adolescentes (Ayano et al., 2023). Cuando se homogeniza la metodología diagnóstica, la cifra clásica baja al 5,29% y se mantiene estable entre continentes y décadas, según la revisión de referencia publicada en The Lancet33004-1) (Posner et al., 2020). Los datos de carga global de enfermedad sitúan el punto más alto de prevalencia entre los 10 y los 14 años.

    Traducido: en un curso de 35 niños, es esperable que dos o tres cumplan criterios. Tu hijo puede ser uno. También puede no serlo, y esa distinción es justamente lo que se juega en las próximas secciones.

    Conviene decir una cosa antes de seguir. El TDAH no es un problema de voluntad ni de crianza. La guía clínica española lo describe como una dificultad de origen neurobiológico para regular la inhibición y la memoria de trabajo (Fundació Sant Joan de Déu, 2010). El niño no decide portarse mal; le cuesta frenar. Esa diferencia cambia por completo lo que tiene sentido hacer en casa.

    ¿Cuáles son los síntomas de TDAH en niños? Los 18 del manual, no los 14 de las listas

    Circulan listas de “14 síntomas de TDAH en niños” en medio internet. La cifra no viene de ningún manual. Los criterios oficiales describen 18 comportamientos, repartidos en dos bloques de nueve: inatención por un lado, hiperactividad e impulsividad por el otro. Un niño puede cumplir criterios en un bloque, en el otro, o en ambos.

    Aquí van los 18, con ejemplos de cómo se ven en casa y cómo los reporta el colegio.

    Bloque 1: inatención (9 comportamientos)

    1. No presta atención a los detalles o comete errores por descuido en tareas escolares. En casa: entrega la plana con las respuestas correctas pero en el casillero equivocado.
    2. Le cuesta mantener la atención en juegos y tareas. Empieza cuatro cosas y no termina ninguna.
    3. Parece que no escucha cuando le hablan de frente. No es sordera ni desafío: la información no engancha.
    4. No sigue instrucciones hasta terminar una tarea. Va bien hasta el paso dos de cinco.
    5. Tiene dificultad para organizarse. La mochila es un pozo sin fondo; el escritorio, un campo de batalla.
    6. Evita o rechaza tareas que exigen esfuerzo mental sostenido, como los deberes. La resistencia aparece antes de empezar, no a la mitad.
    7. Pierde materiales necesarios: el estuche, el cuaderno de comunicaciones, la chaqueta del colegio, otra vez.
    8. Se distrae con cualquier ruido o con lo que pasa a su alrededor. Un pájaro en la ventana gana a la profesora.
    9. Es olvidadizo con las tareas diarias. Se le olvida el recado, la firma, el trabajo para mañana.

    Bloque 2: hiperactividad e impulsividad (9 comportamientos)

    1. Mueve los dedos o los pies, o se remueve en la silla cuando está sentado.
    2. Se levanta de su asiento en clase o en la mesa cuando no corresponde.
    3. Da vueltas o se trepa en exceso en situaciones donde no es apropiado.
    4. Le cuesta jugar o hacer actividades en silencio. El volumen sube solo.
    5. Se mueve rápido, “como si tuviera un motor”. No para ni cuando el resto ya paró.
    6. Habla en exceso. Los adultos alrededor terminan pidiéndole una pausa.
    7. Responde antes de que termines la pregunta. Se lanza con la respuesta a media frase.
    8. Le cuesta esperar su turno, en la fila del kiosco o en un juego de mesa.
    9. Interrumpe o se entromete en conversaciones y juegos ajenos.

    Estos 18 comportamientos son los que recogen las escalas de cribado más usadas, entre ellas la SNAP-IV de Swanson, Nolan y Pelham, que es de acceso libre y fue el instrumento del mayor ensayo clínico realizado sobre TDAH.

    Un matiz que a los padres les sirve mucho: la inatención y la hiperactividad no envejecen igual. La hiperactividad motora visible tiende a bajar con los años, mientras que la inatención persiste y se vuelve el problema principal, como documenta una revisión sobre la trayectoria del trastorno publicada en Biological Psychiatry (Shaw & Sudre, 2021). Si tu hijo tiene 11 y ya no se trepa a los muebles pero sigue perdiéndolo todo, eso no significa que “se le pasó”.

    ¿Cuándo un despiste es solo un despiste? Los cinco filtros

    Todos los niños de esta edad se distraen, se aburren y se mueven. Lo que separa la infancia normal de un cuadro que merece evaluación no es el tipo de conducta: es su intensidad, su persistencia y su alcance. Las guías clínicas aplican cinco filtros, y hay que pasarlos todos.

    Filtro Qué se exige
    Cantidad Al menos 6 síntomas de un mismo bloque (inatención o hiperactividad-impulsividad) en menores de 17 años
    Duración Los síntomas persisten 6 meses o más, con una intensidad desadaptativa para su edad
    Edad de inicio Varias manifestaciones ya estaban presentes antes de los 12 años
    Contextos Las dificultades aparecen en 2 o más ambientes: casa y colegio, por ejemplo
    Deterioro funcional Hay un impacto claro en lo académico, familiar, social o emocional

    El filtro de los contextos es el que más gente pasa por alto, y es decisivo. La guía clínica lo llama criterio de ubicuidad: si el comportamiento aparece solo en un lugar, responde a factores de esa situación puntual y no a un TDAH (Fundació Sant Joan de Déu, 2010). Un niño que se desarma únicamente en la clase de un profesor específico, o únicamente en casa después de la separación de sus padres, está contando otra historia.

    El deterioro funcional es el segundo filtro que se subestima. No basta con que la conducta exista; tiene que estar costándole algo real: notas que bajan, amigos que se alejan, peleas diarias por los deberes, un niño que empieza a decir que es tonto.

    Hay un desliz muy repetido al llegar a este punto. Muchas familias reúnen una lista larguísima de conductas y llegan con la pregunta al revés: preguntan “¿son muchos síntomas?” cuando lo que ordena el cuadro es “¿en cuántos lugares pasa y qué le está costando?”.

    ¿Por qué el TDAH en niñas pasa desapercibido?

    El mismo metaanálisis de Ayano et al. (2023) encontró que la prevalencia en varones (10%) duplica a la de las mujeres (5%), con predominio del subtipo inatento. Esa brecha no se explica solo por biología: se explica también por lo que llama la atención de un adulto.

    Un niño que se trepa a la mesa interrumpe la clase, y alguien avisa. Una niña que mira por la ventana durante cuarenta minutos no molesta a nadie. Su dificultad se lee como timidez, como distracción, como “está en la luna”, y el diagnóstico llega años más tarde o no llega. Si tu hija es de las que nunca da problemas de conducta pero rinde muy por debajo de lo que puede, ese perfil merece la misma atención que el del niño inquieto.

    Registra lo que ves antes de la consulta

    Hasta aquí tienes los criterios. El problema práctico es que, cuando llega la cita, es difícil reconstruir de memoria qué pasa, dónde y desde cuándo. El registro de abajo resuelve eso: marca cada uno de los 18 comportamientos según lo veas en casa, en el colegio, en ambos o en ninguno, responde las cuatro preguntas de contexto, y obtienes un resumen imprimible con la información exacta que un profesional necesita.

    Respondan con calma y con honestidad, sin buscar un resultado. No hay respuestas trampa: aquí no se gana ni se pierde nada, se ordena lo que ya sabes.

    Registro de observación por contextos (TDAH, 6 a 12 años)

    Marca cada comportamiento según dónde lo hayas visto en los últimos seis meses. Piensa en cómo es tu hijo o hija comparado con otros niños de su misma edad, no con un ideal. Al final obtienes un resumen imprimible para llevar a la consulta. Esto no entrega un puntaje ni un diagnóstico.

    No = no lo veo o es propio de su edadCasa = solo en casaColegio = solo en el colegioAmbos = en los dos
    Bloque 1: inatención
    Bloque 2: hiperactividad e impulsividad
    Las cuatro preguntas de contexto

    1. ¿Desde cuándo ocurre esto de forma sostenida?

    2. ¿Algunas de estas conductas ya se veían antes de los 12 años?

    3. ¿Le está costando algo real (notas, amistades, convivencia en casa, ánimo)?

    4. ¿Tiene revisada la visión y la audición al día?

    Resumen de observación

    Bloque Solo en casa Solo en el colegio En ambos contextos Total observados
    Inatención
    Hiperactividad e impulsividad

    Los cinco filtros, según lo que marcaste:

      Este registro ordena tu observación siguiendo los criterios diagnósticos descritos en las guías clínicas y los 18 comportamientos de la escala SNAP-IV (Swanson, Nolan y Pelham), de acceso libre, cuya muestra normativa corresponde a escolares de 5 a 11 años (Bussing et al., 2008). No es un diagnóstico ni un puntaje. Ninguna escala respondida por un solo informante alcanza estándares aceptables de precisión diagnóstica (Mulraney et al., 2022), y ningún instrumento aislado sustituye la evaluación de un profesional (Peterson et al., 2024). Imprime esta pantalla y llévala a la consulta.

      Agendar una hora de evaluación

      Un aviso importante que vale para este registro y para cualquier cuestionario que encuentres en internet. Un metaanálisis de 75 estudios sobre herramientas de cribado de TDAH concluyó que ninguna escala alcanza estándares aceptables de sensibilidad y especificidad cuando la responde un solo informante (Mulraney et al., 2022). Lo mismo pasa con la SNAP-IV: tiene alta sensibilidad y baja especificidad, o sea que detecta bien pero también marca a muchos niños que no tienen el trastorno (Hall et al., 2020). Y la revisión sistemática más amplia sobre herramientas diagnósticas, con 231 estudios, fue tajante: ningún instrumento aislado sustituye el juicio de un clínico con experiencia (Peterson et al., 2024).

      Por eso este registro no entrega un puntaje ni una etiqueta. Si prefieres la versión con puntuación numérica, en el sitio hay un cuestionario con puntaje para padres basado en la SNAP-IV, y también una comparación de los tests de TDAH por edades. Ninguno diagnostica.

      Lo que se confunde con el TDAH (y lo que suele venir con él)

      Antes de aterrizar en un diagnóstico, un buen profesional descarta media docena de cosas que se ven parecidas desde fuera. Vale la pena que las conozcas, porque algunas se resuelven rápido.

      • Problemas de visión o audición. Un niño que no oye bien no sigue instrucciones y parece despistado. Por eso las guías exigen exploración física con exámenes visuales y auditivos antes de cualquier diagnóstico de TDAH.
      • Trastornos del sueño. Coexisten en el 30% al 60% de los niños con TDAH, y además pueden imitarlo: una apnea del sueño o un síndrome de piernas inquietas destruyen la atención diurna.
      • Trastorno negativista desafiante. Aparece junto al TDAH en un 40% a 60% de los casos. La diferencia está en la intención: el niño con TDAH no logra frenar, el niño con TND desobedece a propósito.
      • Ansiedad y depresión infantil. Un niño preocupado también se desconcentra. La secuencia temporal (qué apareció primero) suele ser el dato que ordena el cuadro.
      • Altas capacidades. Un niño muy por encima del nivel de su curso se aburre, se mueve e interrumpe. Se distingue evaluando la discrepancia entre su capacidad cognitiva real y su rendimiento adaptativo.
      • Causas médicas y ambientales. Anemia ferropénica, disfunción tiroidea, intoxicación por plomo, malnutrición o efectos secundarios de fármacos como broncodilatadores y antiepilépticos.

      Hay otro matiz que sorprende a muchas familias: el perfil cognitivo del TDAH no es uniforme. Los datos que recoge una revisión sobre neuropsicología del trastorno muestran que solo el 10% de los niños con TDAH presenta déficit en los cinco dominios ejecutivos evaluados, y un 21% no muestra déficit en ninguno (Carucci et al., 2023). Donde sí aparece una diferencia grande y consistente es en la memoria de trabajo: un estudio con niños de 8 a 13 años encontró efectos de gran magnitud en memoria de trabajo y en problemas de organización, y comprobó que la primera explica entre el 19% y el 23% de los segundos (Kofler et al., 2018). Dicho de otro modo, el desorden no es descuido: es la consecuencia de una memoria de trabajo que no alcanza. Algo parecido ocurre con la velocidad de procesamiento, otro de los perfiles que aparece con frecuencia en estos niños.

      ¿Qué puedes hacer en casa desde hoy?

      Estas estrategias vienen de las guías clínicas y de la guía para padres de la UNAM. Sirven tengas o no un diagnóstico confirmado, porque no tratan una enfermedad: ordenan un ambiente.

      Rutinas y anticipación. Un horario visible y estable reduce la cantidad de decisiones que el niño tiene que tomar solo. Avisa los cambios antes de que ocurran.

      Instrucciones de a una. Nada de “anda a bañarte, ponte pijama y lávate los dientes”. Una instrucción, contacto visual, y confirmación de que la escuchó antes de dar la siguiente.

      Refuerzo antes que castigo. Las guías son explícitas en priorizar el refuerzo positivo y las recompensas por sobre el castigo. Reconocer en voz alta lo que hizo bien rinde más que corregir lo que hizo mal, aunque cueste acordarse.

      El espacio de los deberes. Un lugar tranquilo con pocos distractores, pero no aislado, para que puedas supervisar. Sobre el escritorio, solo los materiales de esa tarea. Pausas cortas y frecuentes si la concentración se cae, y una pregunta que funciona sorprendentemente bien: “¿cómo sientes tu concentración?, ¿necesitas dos minutos?”.

      Orden con apoyos visuales. Cajones y archivadores etiquetados con colores o calcomanías, organizados junto con él para que aprenda dónde va cada cosa. En la misma línea funcionan las técnicas simples de organizar las tareas diarias.

      Límites acordados en familia. Las reglas de la casa se conversan con todos y se acuerdan de antemano las consecuencias. Para las situaciones límite, la técnica del tiempo fuera: si al contar hasta tres no detiene la conducta, un lugar tranquilo durante tantos minutos como años tenga, y después una conversación calmada sobre lo que pasó.

      Pantallas con hora de cierre. La sobreestimulación visual compite con todo lo demás, y su uso antes de dormir retrasa el inicio del sueño. Una norma familiar simple funciona mejor que negociar cada noche: teléfonos, consolas y televisión se apagan y se guardan fuera de las habitaciones a una hora fija.

      Sobre lo que viene después, conviene tener una expectativa realista. La guía de la Academia Americana de Pediatría resume que los estimulantes tienen un efecto inmediato más fuerte sobre los síntomas nucleares, mientras que los padres reportan mayor satisfacción con la terapia conductual, que aborda cosas que la medicación no toca, como la organización. Hay una diferencia práctica que suele decidir la conversación: los efectos de las intervenciones conductuales tienden a mantenerse en el tiempo, mientras que los del fármaco cesan al suspenderlo (Wolraich et al., 2019). Una revisión general de intervenciones en infancia y adolescencia confirma que la heterogeneidad entre estudios sigue dificultando comparaciones finas (Türk et al., 2023).

      ¿Cuándo y a quién consultar?

      Si al terminar el registro te encontraste con seis o más comportamientos de un mismo bloque, presentes en casa y en el colegio, con más de seis meses de historia y con un costo real en la vida de tu hijo, corresponde pedir una evaluación. No para etiquetarlo: para saber qué está pasando.

      En Chile conviene partir por el pediatra o el médico de tu centro de salud, que descarta causas médicas y deriva. La evaluación completa la hace un psicólogo clínico infantil, un neurólogo infantil o un psiquiatra infantojuvenil.

      Lo que conviene llevar a esa primera cita:

      • El registro de observación por contextos que completaste aquí, impreso.
      • Los informes o comentarios del colegio, idealmente por escrito y del profesor jefe.
      • Notas y observaciones de años anteriores, que son las que documentan el inicio antes de los 12 años.
      • Antecedentes familiares de TDAH o de dificultades de aprendizaje.
      • Cualquier examen médico reciente, sobre todo de visión, audición y hemograma.

      Durante la evaluación, el profesional va a entrevistarte a ti, a recoger información del colegio, a revisar la historia del desarrollo y a descartar las condiciones que revisamos más arriba. Las guías internacionales exigen información de múltiples informantes en múltiples contextos, además de un cribado sistemático de comorbilidades (Wolraich et al., 2019). Si quieres ver en detalle cómo es ese proceso, aquí está la evaluación profesional del TDAH en niños explicada paso a paso.

      Puedes contrastar esta información con fuentes de consenso como MedlinePlus o las pautas de diagnóstico para padres de la Academia Americana de Pediatría.

      Preguntas frecuentes

      ¿A qué edad se puede diagnosticar el TDAH?

      El diagnóstico se puede establecer desde los 4 o 5 años, aunque la mayoría se detecta entre los 6 y los 12, cuando las exigencias escolares hacen visibles las dificultades. Los criterios exigen que varias manifestaciones hayan estado presentes antes de los 12 años, lo que se confirma revisando la historia del niño.

      ¿Cuántos síntomas de TDAH tiene que tener mi hijo?

      Los criterios exigen al menos seis comportamientos de un mismo bloque en menores de 17 años: seis de inatención, seis de hiperactividad-impulsividad, o seis de cada uno. Pero la cantidad sola no basta: también deben durar seis meses, aparecer en dos contextos y provocar un deterioro real.

      ¿El TDAH se le puede pasar con la edad?

      La hiperactividad motora visible suele disminuir en la adolescencia, pero la inatención tiende a persistir. Entre el 60% y el 70% de quienes tuvieron TDAH en la infancia mantienen síntomas o deterioro funcional en la adultez. No desaparece: cambia de forma y de impacto.

      ¿Puede un test online decir si mi hijo tiene TDAH?

      No. Ningún cuestionario diagnostica TDAH, y los metaanálisis muestran que ninguna escala alcanza estándares aceptables con un solo informante. Sirven para ordenar la observación y decidir si vale la pena consultar. El diagnóstico requiere evaluación clínica con información de varias fuentes.

      ¿El TDAH en niñas se ve distinto?

      Sí. En las niñas predomina el subtipo inatento, que no interrumpe la clase y por eso pasa desapercibido. Se diagnostica cerca de la mitad de veces que en varones. Una niña que rinde bajo su capacidad sin dar problemas de conducta merece la misma evaluación que un niño inquieto.

      ¿Es culpa mía por cómo lo he criado?

      No. El TDAH tiene un origen neurobiológico relacionado con la regulación de la inhibición y la memoria de trabajo. La crianza no lo causa, aunque sí influye mucho en cómo evoluciona: un ambiente estructurado y predecible mejora el pronóstico de manera importante.

      Un último punto de partida

      La duda que te trajo hasta aquí es una buena señal, porque significa que estás mirando. Lo que sigue no es esperar a ver si se le pasa: es tomar el registro que completaste, sumarle lo que diga el colegio, y llevarlo a alguien que pueda ordenarlo contigo.

      Si después de revisar los criterios te quedaste con la sensación de que el patrón calza, o si simplemente quieres una opinión profesional antes de mover nada, puedes agendar una hora de evaluación y conversarlo con calma. Muchas veces la primera sesión sirve para descartar y volver tranquilo a casa. Otras, para empezar a tiempo.

      Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

      Nicolás Alcayaga

      Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

      Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

      Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

      Referencias

      Ayano, G., Demelash, S., Gizachew, Y., Tsegay, L., y Alati, R. (2023). The global prevalence of attention deficit hyperactivity disorder in children and adolescents: An umbrella review of meta-analyses. Journal of Affective Disorders, 339, 860-866. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/37495084/

      Bussing, R., Fernandez, M., Harwood, M., Hou, W., Garvan, C. W., Eyberg, S. M., y Swanson, J. M. (2008). Parent and teacher SNAP-IV ratings of attention deficit hyperactivity disorder symptoms: Psychometric properties and normative ratings from a school district sample. Assessment, 15(3), 317-328. https://doi.org/10.1177/1073191107313888

      Carucci, S., Narducci, C., Bazzoni, M., Balia, C., Donno, F., Gagliano, A., y Zuddas, A. (2023). Clinical characteristics, neuroimaging findings, and neuropsychological functioning in attention-deficit hyperactivity disorder: Sex differences. Journal of Neuroscience Research, 101(5), 704-717. https://doi.org/10.1002/jnr.25038

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      Türk, S., Korfmacher, A. K., Gerger, H., van der Oord, S., y Christiansen, H. (2023). Interventions for ADHD in childhood and adolescence: A systematic umbrella review and meta-meta-analysis. Clinical Psychology Review, 102, 102271. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2023.102271

      Wolraich, M. L., Hagan, J. F., Allan, C., Chan, E., Davison, D., Earls, M., Evans, S. W., Flinn, S. K., Froehlich, T., Frost, J., Holbrook, J. R., Lehmann, C. U., Lessin, H. R., Okechukwu, K., Pierce, K. L., Winner, J. D., y Zurhellen, W. (2019). Clinical practice guideline for the diagnosis, evaluation, and treatment of attention-deficit/hyperactivity disorder in children and adolescents. Pediatrics, 144(4), e20192528. https://doi.org/10.1542/peds.2019-2528

      Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

      Nicolás Alcayaga

      Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

      Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

      Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.