Etiqueta: similitud de personalidad

  • Personalidad y elección de pareja: qué dice la evidencia

    Personalidad y elección de pareja: qué dice la evidencia

    “Los opuestos se atraen” es de esas frases que todos hemos oído y casi nadie ha comprobado. La investigación sobre personalidad y elección de pareja lleva décadas midiéndola con miles de parejas reales, y la respuesta es menos romántica de lo que promete el refrán y más tranquilizadora de lo que temen quienes se sienten “muy distintos” de su pareja.

    Esta guía recorre lo que se sabe sobre si las parejas se parecen en personalidad, si ese parecido predice que la relación vaya bien, qué sí lo predice y qué conviene hacer con esa información si estás buscando pareja o dudando de la tuya.

    En breve

    Las parejas se parecen entre sí más de lo esperable por azar, pero sobre todo en actitudes, valores y nivel educativo; en personalidad el parecido es bajo. Y lo más importante: la similitud de personalidad en la pareja, sea mucha o poca, casi no predice si serán felices. Pesan mucho más cómo es cada una (sobre todo su estabilidad emocional y su responsabilidad) y lo que ocurre dentro de la relación: sentirse valorado, la forma de manejar el conflicto, la intimidad. Los opuestos no se atraen de forma sistemática, pero tampoco hace falta ser gemelos para estar bien.

    ¿Es verdad que los opuestos se atraen? Personalidad y elección de pareja según los datos

    La idea de que nos atrae quien tiene lo que nos falta se remonta a Winch (1958), que propuso que las personas buscan parejas con necesidades complementarias (alguien dominante con alguien sumiso, por ejemplo). Frente a ella estaba la hipótesis contraria, la homogamia: elegimos a quien se nos parece.

    Cuando se mide, gana la segunda, con matices. Un metaanálisis publicado en Nature Human Behaviour reunió 480 correlaciones entre parejas de 199 estudios y 22 rasgos, y además analizó hasta 79.074 parejas del UK Biobank (Horwitz et al., 2023). Las correlaciones fueron positivas en casi todo, desde r = 0,08 en extraversión hasta r = 0,58 en valores políticos. Lo que más se repite entre parejas son las actitudes políticas y religiosas, el nivel educativo y algunos consumos de sustancias. Los rasgos psicológicos y los de personalidad se parecen menos, aunque en positivo. El valor más bajo de los 133 rasgos del UK Biobank fue de apenas r = -0,18 (ser de mañana o de noche), así que en esos datos no hay nada parecido a una atracción sistemática por los contrarios. Los autores advierten, además, que los resultados varían bastante entre muestras.

    Para el Big Five, el modelo de los cinco grandes rasgos de personalidad, McCrae y Costa (2003) resumen la misma imagen: las dimensiones de personalidad rara vez predicen con quién se casa alguien. Las personas extravertidas se casan con introvertidas casi con la misma frecuencia que con otras extravertidas, y las emocionalmente estables eligen parejas neuróticas tan a menudo como estables. La excepción es una leve tendencia a la semejanza en apertura a la experiencia, que puede deberse en parte a que las parejas comparten nivel educativo. Un estudio con parejas ya formadas, el de Klohnen y Mendelsohn (1998), tampoco encontró que la gente tienda a buscar rasgos opuestos.

    Un detalle que ayuda a poner orden: en la literatura se distingue entre atributos “verticales” (donde más es mejor para casi todos, como la salud, los ingresos o la simpatía) y “horizontales” (donde distinto no significa peor, como la religión, la política o las aficiones). Bradbury y Karney (2019) explican que la tendencia a elegir parejas parecidas aparece sobre todo en los horizontales, y es allí donde las parejas se asemejan más.

    ¿La similitud de personalidad hace más felices a las parejas?

    Esta es la pregunta que más le importa a quien está en una relación, y la respuesta de los grandes estudios es consistente: casi no.

    En tres muestras nacionales de parejas casadas (Australia, Reino Unido y Alemania; más de 23.000 parejas en total), Dyrenforth et al. (2010) separaron tres efectos: lo que aporta la personalidad de cada persona a su propia satisfacción, lo que aporta la personalidad de su pareja y lo que aporta el parecido entre ambos. El parecido explicaba menos de 0,5 % de la variación en la satisfacción con la relación y con la vida, una vez descontados los otros dos efectos. La propia personalidad explicaba cerca de 6 % de la satisfacción con la relación, y la de la pareja entre 1 % y 3 %.

    Los trabajos posteriores repiten el resultado. Con 4.464 parejas seguidas durante ocho años, el parecido explicó poca variación en el bienestar comparado con lo que explicaban los rasgos de cada miembro (van Scheppingen et al., 2019). En 2.578 parejas de Estados Unidos, los efectos de similitud fueron pequeños y no siempre significativos (Chopik y Lucas, 2019). Y en 1.294 parejas mujer-hombre, mirar las facetas de personalidad en lugar de los cinco rasgos amplios tampoco hizo que el parecido predijera la satisfacción (Weidmann et al., 2023).

    Hay una sutileza que conviene no perder. En el estudio de ocho años, el efecto de parecerse o diferir dependía del nivel y de la combinación de rasgos de ambos, no de una regla simple como “mejor iguales” o “mejor opuestos” (van Scheppingen et al., 2019). Y el único efecto de similitud pequeño pero consistente fue en amabilidad. Cada pareja es un caso particular, y los promedios no lo cuentan todo.

    ¿Entonces por qué sentimos que “conectamos” con quien se parece?

    Parte de la respuesta está en la diferencia entre lo que ocurre entre desconocidos y lo que ocurre en una relación ya formada. Un metaanálisis de 460 tamaños de efecto de 313 investigaciones (Montoya et al., 2008) encontró que tanto la similitud real (r = 0,47) como la percibida (r = 0,39) se asocian con la atracción. Pero la similitud real importaba en estudios sin interacción o con interacciones cortas, y en las relaciones ya existentes su efecto no fue significativo. La similitud percibida, en cambio, siguió prediciendo la atracción también dentro de relaciones existentes.

    Traducido: al conocer a alguien, “somos parecidos” pesa en la atracción inicial. Una vez que hay vínculo, lo que cuenta es cuánto sientes que se parecen, y esa sensación se alimenta de cómo van las cosas. Tres estudios con parejas de novios encontraron que la calidad de la relación predice cuánto se parecen los dos a ojos de cada uno, y que incluso inducir en el laboratorio la idea de una buena relación aumentaba la semejanza percibida (Morry et al., 2011). Estar bien con alguien hace que lo veas más parecido a ti.

    Otra pieza es lo que decimos buscar. Eastwick y Finkel (2008) usaron citas rápidas (speed dating) y seguimiento posterior. Lo que las personas declaraban querer en una pareja antes del evento no predijo a quién deseaban cuando conocían de verdad a candidatos. La gente puede no saber bien qué la atrae. Por eso una lista de rasgos “ideales” sirve poco para elegir.

    Qué sí predice una buena relación

    Si la similitud de personalidad pesa tan poco, ¿qué pesa? Dos grupos de variables aparecen una y otra vez.

    Rasgos de cada persona. En el estudio de 3 países, los efectos de la pareja fueron mayores para amabilidad, responsabilidad y estabilidad emocional (Dyrenforth et al., 2010). En el de Estados Unidos, los rasgos propios más consistentes fueron responsabilidad, amabilidad, extraversión y neuroticismo, y de la pareja, responsabilidad y neuroticismo (Chopik y Lucas, 2019). McCrae y Costa (2003) señalan el neuroticismo alto como el predictor de personalidad más consistente de insatisfacción en el matrimonio y de divorcio. En la práctica, convivir con alguien emocionalmente estable, responsable y amable se asocia con más satisfacción, parezca o no que “hacen juego”. Son asociaciones estadísticas y no sentencias para ninguna pareja concreta.

    Lo que pasa dentro de la relación. Un proyecto con 43 estudios longitudinales de pareja de 29 laboratorios usó aprendizaje automático para ver qué predice la calidad de la relación (Joel et al., 2020). Lo que mejor la predijo fue específico de la relación: percibir que la pareja está comprometida, sentirse apreciado, la satisfacción sexual, percibir que la pareja está satisfecha y el nivel de conflicto. Entre las características individuales destacaron la satisfacción con la vida, el afecto negativo, la depresión y el apego evitativo y ansioso. Las variables específicas de la relación explicaron hasta 45 % de la variación al inicio de los estudios (18 % al final), y las características individuales 21 % y 12 %. Además, cuánto cambiaría la calidad de la relación con el tiempo fue en gran parte impredecible con estas variables de autoinforme.

    Dos ideas más. Las creencias sobre el amor importan: Knee (1998) distinguió la creencia en el destino (la pareja “es o no es la indicada”) de la creencia en el crecimiento (las relaciones se cultivan). Su estudio longitudinal halló que quienes creen en el destino tendían más a afrontar los problemas evitándolos, y que en ellos la satisfacción inicial se relacionaba más con la duración de la relación, mientras que la creencia en el crecimiento se asociaba con estrategias para mantener la relación. Y la percepción importa: según Piedmont (1998), ver a la pareja más neurótica de lo que ella misma se describe se relaciona con menor satisfacción, y verla con rasgos más positivos de los que reporta, con mayor satisfacción. Ambas son asociaciones, y no dicen cuál sentido pesa más.

    ¿Sirven los test y las apps de “compatibilidad de personalidad”?

    La evidencia disponible es poco favorable. Finkel et al. (2012), en una revisión crítica sobre las citas en línea, concluyen que las afirmaciones de los sitios de citas que se basan en algoritmos de compatibilidad no tienen respaldo empírico sólido: no hay ensayos controlados publicados que muestren que sus recomendaciones superen al azar, y los datos que usan son individuales y se recogen antes de que las personas se conozcan, así que no capturan la interacción real ni cómo se desarrollará la pareja con el tiempo. Lo que sí puede hacer un filtro, según esa lectura, es descartar candidatos con factores de riesgo muy marcados.

    Por eso, si haces un test de personalidad o uno de introversión y extroversión, úsalo para conocerte mejor y no como filtro para descartar a personas. Un resultado distinto al de tu pareja no es una señal de alarma.

    Qué hacer con esto: pistas prácticas

    Las diferencias importan, pero como información y no como veredicto. Algunas ideas que se desprenden de los datos:

    • Mira los valores y las actitudes antes que los rasgos. Ahí es donde las parejas más se parecen (política, religión, proyecto de vida, educación), y es un terreno donde la distancia grande suele ser difícil de ignorar.
    • Observa cómo te trata y cómo trata el conflicto. Sentirte valorado, notar compromiso y manejar los desacuerdos sin desprecio predicen más que tener los mismos gustos. Si quieres saber más sobre esto, la guía sobre los 4 jinetes de Gottman describe cuatro patrones de conflicto que conviene reconocer, y la de los pilares de una relación de pareja ayuda a ordenar qué mirar.
    • Cuida tu propia estabilidad emocional. Los rasgos de cada persona pesan, pero la personalidad no es fija toda la vida, y el trabajo con una misma suma a la relación.
    • Trata las diferencias como información, no como sentencia. Hay parejas muy distintas que funcionan bien. Lo que se describe en las parejas satisfechas son roles complementarios según la situación (uno habla en público y el otro escucha, por ejemplo), no personalidades opuestas.
    • Sospecha de la fórmula del destino. Creer que la relación “o es o no es” se asoció con afrontar los problemas evitándolos, y la creencia de que las relaciones se cultivan se asoció con estrategias para mantenerlas (Knee, 1998).

    Lo que la evidencia aún no resuelve

    Un buen resumen incluye lo que falta. La revisión crítica de Devenport et al. (2023) concluye que predecir a quién eligen las personas sigue siendo difícil: los estudios con diseños cada vez más complejos sobre preferencias de rasgos han tenido un éxito limitado y falta un marco que integre los distintos enfoques (Devenport et al., 2023). Los estudios que cité son sobre todo de parejas mujer-hombre, casadas o conviviendo, de Estados Unidos, Europa y Australia, y miden personalidad con autoinformes. En una cohorte alemana de 1.180 parejas que se fueron a vivir juntas (van Scheppingen et al., 2025), las parejas ya eran parecidas en apertura, responsabilidad, extraversión y amabilidad desde el inicio, no se parecían más con los años, y las más distintas no tenían más riesgo de separarse. El parecido que existe viene entonces de elegir a alguien parecido, y no de irse pareciendo ni de que las parejas distintas se separen. Para parejas del mismo sexo o de países latinoamericanos faltan datos en estos estudios.

    Cuándo conviene consultar

    Una diferencia de personalidad, por grande que parezca, no es motivo de consulta por sí sola. Sí lo es cuando hay un malestar que no cede: peleas que se repiten sin salida, sentirse sistemáticamente menospreciado, evitar hablar por miedo a la reacción del otro, o dudar de seguir en la relación. Antes de decidir nada, puede servir leer sobre cuándo funciona la terapia de pareja y sobre las preguntas para decidir entre separarse o seguir intentando. Si existe cualquier forma de violencia en la relación, la prioridad es tu seguridad y buscar ayuda cuanto antes, sin esperar a evaluar la compatibilidad.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es verdad que los opuestos se atraen?

    Los estudios con miles de parejas muestran lo contrario en lo que más se mide: las parejas se parecen más de lo esperable por azar, sobre todo en actitudes, valores y nivel educativo. En personalidad el parecido es bajo, y la extraversión es de los rasgos donde menos se parecen. La complementariedad aparece como reparto de roles dentro de la pareja, no como una atracción entre personalidades opuestas.

    ¿Las personas con personalidades parecidas son más felices en pareja?

    Muy poco. En tres muestras nacionales con más de 23.000 parejas, el parecido de personalidad explicó menos de 0,5 % de la satisfacción con la relación. Pesó más la personalidad de cada persona, sobre todo su estabilidad emocional, su responsabilidad y su amabilidad, y lo que ocurre dentro de la relación, como el compromiso percibido y el manejo del conflicto.

    ¿Qué personalidad es más compatible con la mía?

    La evidencia no respalda una personalidad compatible en pareja de tipo fijo. Convivir con alguien emocionalmente estable, responsable y amable se asocia con más satisfacción, sea cual sea tu perfil. Más que buscar un tipo, conviene mirar si hay valores y proyecto de vida compartidos y cómo se tratan cuando discuten.

    ¿Sirven los test de compatibilidad de las apps de citas?

    Hay poca evidencia de que funcionen mejor que el azar. Una revisión crítica concluyó que los algoritmos de compatibilidad no han mostrado en estudios publicados que superen a los emparejamientos al azar, y que no pueden capturar la interacción real ni cómo cambia una pareja con el tiempo. Pueden servir, como mucho, para descartar candidatos con factores de riesgo muy marcados.

    ¿Una pareja muy distinta puede funcionar?

    Sí. Que el parecido de personalidad pese tan poco en la satisfacción indica que hay parejas muy distintas que funcionan bien. En un estudio de ocho años con más de 4.000 parejas, el efecto de parecerse o diferir dependía de la combinación de rasgos de cada uno. Lo que más ayuda es sentirse valorado, percibir compromiso y gestionar el conflicto con respeto.

    ¿Pueden dos personas cambiar para ser más compatibles?

    La personalidad cambia poco y despacio, y en las parejas estudiadas el parecido no aumentó con los años. Lo que sí puede cambiar con trabajo es la forma de comunicarse, de afrontar los conflictos y de regular las propias emociones, y eso sí se asocia con la calidad de la relación. La terapia de pareja trabaja justamente en eso.

    Un siguiente paso

    Si te preguntas si tú y tu pareja son “compatibles” y la duda te desgasta, una primera consulta sirve para separar lo que son diferencias normales de lo que son patrones de conflicto que se pueden trabajar. Puedes escribirnos desde la página de contacto para agendar una hora. Y si quieres seguir leyendo sobre el tema, la guía sobre los tipos de personalidad que tienen evidencia es un buen punto de partida.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Bradbury, T. N., & Karney, B. R. (2019). Intimate relationships (3.ª ed.). W. W. Norton & Company.

    Chopik, W. J., & Lucas, R. E. (2019). Actor, partner, and similarity effects of personality on global and experienced well-being. Journal of Research in Personality, 78, 249-261. https://doi.org/10.1016/j.jrp.2018.12.008

    Devenport, S., Davis-McCabe, C., & Winter, S. (2023). A critical review of the literature regarding the selection of long-term romantic partners. Archives of Sexual Behavior, 52(7), 3025-3042. https://doi.org/10.1007/s10508-023-02646-y

    Dyrenforth, P. S., Kashy, D. A., Donnellan, M. B., & Lucas, R. E. (2010). Predicting relationship and life satisfaction from personality in nationally representative samples from three countries: The relative importance of actor, partner, and similarity effects. Journal of Personality and Social Psychology, 99(4), 690-702. https://doi.org/10.1037/a0020385

    Eastwick, P. W., & Finkel, E. J. (2008). Sex differences in mate preferences revisited: Do people know what they initially desire in a romantic partner? Journal of Personality and Social Psychology, 94(2), 245-264. https://doi.org/10.1037/0022-3514.94.2.245

    Finkel, E. J., Eastwick, P. W., Karney, B. R., Reis, H. T., & Sprecher, S. (2012). Online dating: A critical analysis from the perspective of psychological science. Psychological Science in the Public Interest, 13(1), 3-66. https://doi.org/10.1177/1529100612436522

    Horwitz, T. B., Balbona, J. V., Paulich, K. N., & Keller, M. C. (2023). Evidence of correlations between human partners based on systematic reviews and meta-analyses of 22 traits and UK Biobank analysis of 133 traits. Nature Human Behaviour, 7(9), 1568-1583. https://doi.org/10.1038/s41562-023-01672-z

    Joel, S., Eastwick, P. W., Allison, C. J., Arriaga, X. B., Baker, Z. G., Bar-Kalifa, E., Bergeron, S., Birnbaum, G. E., Brock, R. L., Brumbaugh, C. C., Carmichael, C. L., Chen, S., Clarke, J., Cobb, R. J., Coolsen, M. K., Davis, J., de Jong, D. C., Debrot, A., DeHaas, E. C., … Wolf, S. (2020). Machine learning uncovers the most robust self-report predictors of relationship quality across 43 longitudinal couples studies. Proceedings of the National Academy of Sciences, 117(32), 19061-19071. https://doi.org/10.1073/pnas.1917036117

    Klohnen, E. C., & Mendelsohn, G. A. (1998). Partner selection for personality characteristics: A couple-centered approach. Personality and Social Psychology Bulletin, 24(3), 268-278. https://doi.org/10.1177/0146167298243004

    Knee, C. R. (1998). Implicit theories of relationships: Assessment and prediction of romantic relationship initiation, coping, and longevity. Journal of Personality and Social Psychology, 74(2), 360-370. https://doi.org/10.1037/0022-3514.74.2.360

    McCrae, R. R., & Costa, P. T., Jr. (2003). Personality in adulthood: A five-factor theory perspective (2.ª ed.). The Guilford Press.

    Montoya, R. M., Horton, R. S., & Kirchner, J. (2008). Is actual similarity necessary for attraction? A meta-analysis of actual and perceived similarity. Journal of Social and Personal Relationships, 25(6), 889-922. https://doi.org/10.1177/0265407508096700

    Morry, M. M., Kito, M., & Ortiz, L. (2011). The attraction-similarity model and dating couples: Projection, perceived similarity, and psychological benefits. Personal Relationships, 18(1), 125-143. https://doi.org/10.1111/j.1475-6811.2010.01293.x

    Piedmont, R. L. (1998). The Revised NEO Personality Inventory: Clinical and research applications. Plenum Press.

    van Scheppingen, M. A., Chopik, W. J., Bleidorn, W., & Denissen, J. J. A. (2019). Longitudinal actor, partner, and similarity effects of personality on well-being. Journal of Personality and Social Psychology, 117(4), e51-e70. https://doi.org/10.1037/pspp0000211

    van Scheppingen, M. A., Olaru, G., & Leopold, T. (2025). Personality trait similarity in recently cohabiting couples: Partner choice, convergence, or selective breakup? Journal of Personality and Social Psychology, 128(4), 887-904. https://doi.org/10.1037/pspp0000527

    Weidmann, R., Purol, M. F., Alabdullah, A., Ryan, S. M., Wright, E. G., Oh, J., & Chopik, W. J. (2023). Trait and facet personality similarity and relationship and life satisfaction in romantic couples. Journal of Research in Personality, 104, Article 104378. https://doi.org/10.1016/j.jrp.2023.104378

    Winch, R. F. (1958). Mate-selection: A study of complementary needs. Harper & Brothers.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y bienestar emocional. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta