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  • No sé qué hacer con mi vida: qué hacer cuando te sientes perdido

    No sé qué hacer con mi vida: qué hacer cuando te sientes perdido

    Son las once de la noche, llevas un rato mirando el techo y la pregunta vuelve con más fuerza: ¿qué estoy haciendo con mi vida? Quizá estudiaste algo que ya no te convence. Quizá tienes un trabajo que paga las cuentas y no te dice nada. O simplemente el pensamiento «no sé qué hacer con mi vida» te acompaña hace meses, mientras todos a tu alrededor parecen tenerlo claro.

    Si hoy lo que sientes es «me siento perdido en la vida», aquí vas a ver por qué esta sensación es más común de lo que parece (con datos de jóvenes chilenos), cómo distinguir una etapa de búsqueda de un malestar que merece atención clínica, y una secuencia de pasos pequeños para empezar a ordenarte sin esperar a tener todo resuelto.

    Respuesta corta: sentirse perdido entre los 20 y los 35 años es una vivencia frecuente de la etapa que la psicología llama adultez emergente, y sigue siendo parte del desarrollo normal. Lo que más ayuda es probar cosas pequeñas y reversibles, orientarte por lo que valoras y hablar con alguien. Conviene consultar si el desánimo, la ansiedad o la falta de ganas se mantienen o te impiden funcionar.

    ¿Es normal no saber qué hacer con mi vida?

    Sí, es normal. La psicología describe entre los 18 y los 29 años una etapa de exploración en la que la identidad, el trabajo y las relaciones se revisan una y otra vez. Sentirse sin rumbo forma parte de esa exploración y no demuestra que te pase algo grave ni que hayas fallado.

    El psicólogo Jeffrey Arnett, que propuso el concepto de adultez emergente, la describe con cinco rasgos (Arnett, 2023). Varios se parecen mucho a frases como «no sé qué hacer con mi vida a los 30» o «no sé lo que quiero», que se repiten una y otra vez.

    Rasgo de la etapaCómo se siente por dentro
    Exploración de la identidad«No sé quién soy ni qué quiero».
    InestabilidadCambios de carrera, de trabajo, de ciudad o de pareja.
    Centramiento en uno mismoPocas obligaciones fijas, pero también poca estructura que te guíe.
    Sentirse en el medio«No me siento adolescente, pero tampoco adulto».
    PosibilidadesLa sensación de que el futuro está abierto y de que hay que elegir bien.

    En Chile esa mezcla se ve en los datos. En un estudio con 60 universitarios chilenos, el 59,3 % dijo sentirse adulto solo en algunos aspectos (Barrera-Herrera y Vinet, 2017).

    La 11.ª Encuesta Nacional de Juventudes del INJUV (2026), que consultó a 10.111 jóvenes de 15 a 29 años, muestra el mismo clima de duda: el 31,9 % está de acuerdo con que «da lo mismo lo que se estudie, luego se tiene que trabajar en lo que sea», y solo el 45,8 % de quienes tienen 19 años o más tomaría las mismas decisiones educacionales si pudiera volver atrás.

    Lo curioso es que la duda convive con la esperanza. En esa misma encuesta, el 91,3 % de las personas jóvenes cree que estará mejor que ahora dentro de cinco años. Sentirse perdido y esperar que las cosas mejoren pueden darse a la vez, porque la etapa sigue abierta.

    ¿Por qué no sé qué hacer con mi vida? Las causas más frecuentes

    Hay varias razones que se combinan, y reconocer cuál pesa más en tu caso ya ordena bastante.

    Demasiadas opciones y poca guía. Arnett (2023) retoma la idea de la «tiranía de la libertad»: las sociedades actuales ofrecen una enorme cantidad de caminos y muy poca orientación para elegir entre ellos. Cuando nadie te dice qué hacer, cada decisión pesa más.

    Pedirle al trabajo que sea también tu identidad. Según Arnett (2023), las personas jóvenes de hoy no buscan solo un empleo que pague, sino uno que exprese quiénes son. Si el trabajo actual no encaja con esa expectativa, aparece la sensación de estar a la deriva.

    La crisis del cuarto de vida. El psicólogo Oliver Robinson ha estudiado lo que ocurre cuando alguien intenta pasar de explorar a comprometerse con una vida adulta estable. Describe dos formas, que observó en un estudio longitudinal tras la transición universitaria (Robinson, 2019, 2020):

    • Crisis de exclusión: quieres entrar a un trabajo, una pareja o una vida independiente y sientes que no te dejan pasar.
    • Crisis de encierro: ya elegiste un empleo o una relación y con el tiempo descubres que te queda estrecho o inauténtico.

    En la forma de encierro, Robinson observa un recorrido con cuatro momentos: sensación de atrapamiento, separación del compromiso, una pausa para explorar y reconstrucción de compromisos más propios. Estos episodios suelen durar varios años, aunque varían mucho de una persona a otra.

    Una indecisión que tiene causas distintas. Un análisis con casi 9.000 personas encontró cinco perfiles de indecisión vocacional: falta de información (39 %), indecisión general (31 %), expectativas poco realistas (12 %), conflicto entre opciones (12 %) y poca motivación (6 %; Levin et al., 2022). Quien decide mal por falta de información necesita algo muy distinto de quien siente paralizarse ante cualquier elección.

    Una revisión sobre el cerebro en esta etapa agrega un matiz: la tolerancia a la ambigüedad se pone a prueba justo entre los 18 y los 29 años, aunque los propios autores advierten que hay pocos estudios longitudinales (Silvers y Peris, 2023).

    ¿Es una etapa o puede ser depresión o ansiedad?

    La mayoría de las veces sentirse perdido es un malestar de transición. Pero a veces la falta de rumbo y un problema de salud mental se mezclan, y conviene saber distinguirlos.

    Una pista práctica, que no sustituye una evaluación: la duda sobre qué hacer puede ir acompañada de curiosidad, de energía para probar cosas o, al menos, de ganas de resolverlo.

    El cuadro es otro cuando todo pierde interés, el ánimo está bajo casi todos los días durante más de dos semanas, cambian el sueño o el apetito, o la preocupación te bloquea tanto que no puedes ni empezar. Eso ya se parece a una depresión o a un trastorno de ansiedad, y se evalúa y se trata como tal.

    Los números muestran que no es raro. En la encuesta del INJUV (2026), una escala breve de cuatro preguntas sobre síntomas ansiosos y depresivos (PHQ-4) ubicó al 16,6 % de las personas jóvenes en el rango moderado y al 9,9 % en el severo o grave.

    Es un instrumento de cribado y no un diagnóstico, pero indica que más de una de cada cuatro personas jóvenes en Chile puntúa en esos rangos.

    La relación entre sentido y salud mental también tiene respaldo. Un metaanálisis de 99 muestras (n = 66.468) encontró que tener más propósito en la vida se asoció a menos depresión (r = -0,49) y a menos ansiedad (r = -0,36; Boreham y Schutte, 2023). Son asociaciones, no causas: el desánimo puede quitar el sentido, y la falta de sentido puede hundir el ánimo.

    En un estudio cualitativo con estudiantes universitarios alemanes que dudaban de su carrera, los problemas de salud mental y la duda aparecían entrelazados, como causa y como consecuencia (Heinrichs et al., 2021).

    Si además hay pensamientos de que no vale la pena seguir, no esperes a tener claro tu rumbo para pedir ayuda. Una revisión sistemática de 37 estudios encontró que sentir que la vida tiene sentido es un factor protector frente al riesgo suicida (Costanza et al., 2019), y eso también es una razón para tratar el vacío cuando aparece.

    En Chile puedes llamar gratis al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del MINSAL, las 24 horas. Si acompañas a alguien en esa situación, esta guía puede ayudarte.

    Para tener una primera referencia de cómo estás, puedes responder el test de ansiedad y depresión con PHQ-9 y GAD-7. No reemplaza una evaluación, pero ayuda a decidir si conviene consultar.

    No sé qué hacer con mi vida: cómo empezar a ordenarte paso a paso

    No existe una terapia específica y probada para «no saber qué hacer con mi vida». La revisión sistemática más reciente sobre la crisis de la adultez temprana encontró solo 14 estudios, con resultados dispersos (Hasyim et al., 2024).

    Lo que sigue combina lo que describe Robinson para esta etapa con herramientas que sí tienen respaldo para el malestar y la toma de decisiones. Es una guía para empezar, no un tratamiento.

    1. Ponle nombre a tu tipo de «perdido»

    Estar perdido y estar trabado son situaciones distintas, y cada una pide un primer movimiento. Esta tabla adapta los perfiles de Levin y colaboradores (2022) y las dos formas de crisis de Robinson (2019). Es una orientación, no un test con puntaje.

    Qué te pasaQué suele faltarPrimer movimiento
    «No conozco suficientes opciones».Información real.Conversar con tres personas que hagan el trabajo que te intriga.
    «Todo me da lo mismo y no me muevo».Energía y motivación.Revisar el ánimo (ver la sección anterior) y empezar por rutinas mínimas.
    «Quiero entrar y no me dejan».Metas realizables a corto plazo.Ajustar la meta a un paso intermedio que sí esté a tu alcance.
    «Elegí algo y ya no me calza».Permiso para explorar.Probar alternativas en pequeño antes de dejar lo que tienes.
    «Dos opciones me gustan y no puedo elegir».Criterios propios.Escribir qué valoras de cada una (paso 3).

    2. Haz experimentos pequeños y reversibles

    Robinson recomienda empezar con pruebas a pequeña escala antes de tomar decisiones drásticas (Robinson, 2020). Un curso corto, un voluntariado, una conversación con alguien del rubro, una semana de práctica en otra área. La idea es juntar datos sobre ti a partir de lo que haces, porque pensar sin actuar suele aclarar poco.

    Un ejemplo: si dudas de tu carrera, en vez de decidir entre «seguir» o «dejarla», pregúntate qué podrías probar en las próximas tres semanas que te diga algo nuevo. Un experimento pequeño te da información sin quemar las naves.

    3. Escribe tus valores, no tus metas

    En la Terapia de Aceptación y Compromiso, los valores son direcciones, y las metas son los puntos concretos que se visitan en el camino (Hayes et al., 2012). «Ser alguien que ayuda a otros» es un valor y puede tomar mil formas; «ser psicólogo» es una meta. Si una meta te queda grande, el valor sigue ahí y permite buscar otro camino.

    Para hacerlo, escribe en una hoja qué te importa en tus relaciones, en el trabajo, en el aprendizaje y en el tiempo libre, y dónde sientes que hoy actúas lejos de eso. Hayes y colaboradores prefieren hablar de «construir» valores más que de descubrirlos, porque se eligen con la práctica y no aparecen de golpe. Si quieres un ejercicio guiado, tienes uno en valores en ACT.

    Una advertencia de honestidad: en un metaanálisis de activación conductual, añadir una conversación sobre valores no mejoró los resultados en depresión (Stein et al., 2021). Los valores sirven para orientarte, pero no hay evidencia de que sean una cura por sí solos.

    4. Recupera rutina y actividades que te sientan bien

    Robinson sugiere volver a intereses del pasado que solían darte alegría (Robinson, 2020). Cuando el ánimo está bajo, esto se parece a lo que hace la activación conductual: planificar actividades concretas y hacerlas aunque no haya ganas. En ese mismo metaanálisis de 28 ensayos, la activación conductual mejoró la depresión frente a condiciones de control inactivas (g = 0,83), aunque no superó a otros tratamientos activos (Stein et al., 2021).

    Si lo tuyo es más un desánimo que un vacío de dirección, esta guía para salir de la depresión puede servirte.

    5. No lo resuelvas solo

    Robinson incluye entre las estrategias hablar con amigos o familiares y consultar a profesionales (orientación vocacional, psicoterapia) cuando la duda se alarga (Robinson, 2020). Contarle a alguien lo que te pasa hace que la duda deje de girar en tu cabeza y se convierta en algo que se puede conversar. Si lo que te frena es elegir carrera, este artículo sobre tests de orientación vocacional explica qué miden de verdad.

    Errores que alargan la sensación de estar perdido

    Esperar a tener claro qué quieres antes de moverte. En tres estudios, quienes carecían de sentido lo buscaban, pero la búsqueda no pareció llevarlos a tenerlo (Steger et al., 2008). El sentido tiende a aparecer al hacer cosas que importan, así que conviene moverse primero y entender después.

    Ese hallazgo tiene respaldo en las intervenciones. Un metaanálisis de 33 ensayos mostró que las intervenciones diseñadas para aumentar el sentido de vida lograron un efecto de 0,85 frente a no hacer nada (SMD), bastante menor frente a otras actividades (Manco y Hamby, 2021). Conviene leer la cifra con cautela, porque había mucha heterogeneidad entre estudios. Aun así, apunta a que el sentido se puede cultivar y no solo esperar.

    Decidir de golpe. Renunciar a todo un lunes por la mañana rara vez ordena algo. Cambios grandes con información pequeña suelen terminar en otra crisis.

    Leer la duda como un veredicto sobre ti. No saber qué hacer hoy no dice cuánto vales ni cómo te irá. Dice que estás en una etapa de decisiones abiertas.

    Dejar pasar el desánimo como si fuera solo falta de rumbo. Si hay síntomas depresivos o ansiosos, tratarlos suele destrabar la parte vocacional también. Para entender cómo se diferencian, puedes revisar anhedonia, aburrimiento existencial y ansiedad existencial. Y si te pesa especialmente la edad, mira también la crisis de los 30 y qué dice la psicología sobre el sentido de vida.

    Un mapa de 30 minutos para empezar hoy

    Toma una hoja y un temporizador. Es un ejercicio de ordenar, no de resolver.

    1. Diez minutos: escribe todo lo que te preocupa de tu rumbo, sin filtrar. Después marca con un círculo lo que depende de ti en los próximos tres meses.
    2. Diez minutos: anota tres cosas que te importan de verdad (por ejemplo, aprender, cuidar a alguien, tener libertad de horarios) y una acción de la semana que vaya en esa dirección.
    3. Diez minutos: elige un solo experimento pequeño para las próximas dos semanas y ponle fecha. Cuéntaselo a alguien que te pueda preguntar cómo te fue.

    Repite el ejercicio cada semana o cada dos semanas. Al cabo de un mes tendrás datos concretos sobre qué te da energía y qué no, y eso ordena más que cualquier reflexión nocturna.

    ¿Cuándo conviene consultar con un psicólogo?

    Conviene consultar cuando el malestar dura semanas y no cede, cuando afecta el sueño, el estudio o el trabajo, cuando hay consumo de alcohol u otras sustancias para aguantar, o cuando aparecen ideas de hacerte daño. También sirve consultar sin que haya un cuadro clínico, solo para ordenar decisiones con alguien que te escuche.

    Lo que hace la terapia en estos casos es tratar la depresión o la ansiedad cuando existen, y acompañar el proceso de clarificar valores y probar pasos concretos. Si quieres conversarlo, puedes escribirnos desde la página de contacto.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal no saber qué hacer con mi vida a los 30?

    Sí. Robinson ubica la crisis del cuarto de vida entre los 22 y los 35 años, y la adultez emergente llega hasta los 29. Sentirse así a los 30 no es un diagnóstico. Si dura mucho o pesa demasiado, vale la pena consultarlo.

    ¿No saber qué quiero es depresión?

    No necesariamente. No saber qué quieres puede ser parte de una etapa de exploración. Pasa a ser un tema clínico cuando además hay ánimo bajo casi todos los días por más de dos semanas, pérdida de interés generalizada, cambios de sueño o apetito, o ideas de hacerte daño. En ese caso conviene una evaluación profesional.

    ¿Cuánto dura sentirse perdido?

    Varía mucho. Robinson describe que las crisis del desarrollo en la adultez temprana suelen durar varios años, aunque la intensidad cambia con el tiempo. Lo que acorta el proceso es actuar en pequeño, reunir información real sobre las opciones y no cargar con la duda en soledad.

    ¿Cómo saber qué quiero hacer con mi vida?

    El rumbo se construye probando. Anota lo que valoras, elige experimentos pequeños y reversibles, y observa qué te da energía y qué no. Con cada prueba tendrás datos propios en lugar de una intuición vaga, y eso hace más fácil el siguiente paso.

    ¿Qué hago si estudié algo que ya no me gusta?

    Antes de abandonar, haz pruebas en pequeño: hablar con personas que ejercen, tomar un curso de otra área o asumir un proyecto distinto. Robinson llama crisis de encierro a esta situación y recomienda explorar antes de romper el compromiso. En la encuesta del INJUV, solo el 45,8 % de quienes tienen 19 años o más dice que repetiría sus decisiones educacionales.

    ¿Cuándo ir al psicólogo si me siento perdido?

    Cuando el malestar se mantiene por semanas, afecta tu rutina o va acompañado de tristeza, ansiedad intensa o pensamientos de hacerte daño. En esos casos no esperes a tener claro tu rumbo. Si hay riesgo inmediato, llama al *4141 o acude a urgencias.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Arnett, J. J. (2023). Emerging adulthood: The winding road from the late teens through the twenties (3.ª ed.). Oxford University Press.

    Barrera-Herrera, A., y Vinet, E. V. (2017). Adultez emergente y características culturales de la etapa en universitarios chilenos. Terapia Psicológica, 35(1), 47-56. https://doi.org/10.4067/S0718-48082017000100005

    Boreham, I. D., y Schutte, N. S. (2023). The relationship between purpose in life and depression and anxiety: A meta-analysis. Journal of Clinical Psychology, 79(12), 2736-2767. https://doi.org/10.1002/jclp.23576

    Costanza, A., Prelati, M., y Pompili, M. (2019). The meaning in life in suicidal patients: The presence and the search for constructs. A systematic review. Medicina, 55(8), 465. https://doi.org/10.3390/medicina55080465

    Hasyim, F. F., Setyowibowo, H., y Purba, F. D. (2024). Factors contributing to quarter life crisis on early adulthood: A systematic literature review. Psychology Research and Behavior Management, 17, 1-12. https://doi.org/10.2147/PRBM.S438866

    Hayes, S. C., Strosahl, K. D., y Wilson, K. G. (2012). Acceptance and commitment therapy: The process and practice of mindful change (2.ª ed.). Guilford Press.

    Heinrichs, K., Hermülheim, V., Pilz González, L., y Loerbroks, A. (2021). When in doubt… Career indecision, mental wellbeing, and consultation-seeking behaviour: A qualitative interview study among students and counsellors. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(23), 12604. https://doi.org/10.3390/ijerph182312604

    Instituto Nacional de la Juventud. (2026). Informe ejecutivo: 11.ª Encuesta Nacional de Juventudes INJUV 2025. INJUV. https://www.injuv.gob.cl/sites/default/files/informe_ejecutivo_enj_11_sintesis_dn.pdf

    Levin, N., Lipshits-Braziler, Y., y Gati, I. (2022). The identification and validation of five types of career indecision: A latent profile analysis of career decision-making difficulties. Journal of Counseling Psychology, 69(4), 452-462. https://doi.org/10.1037/cou0000603

    Manco, N., y Hamby, S. (2021). A meta-analytic review of interventions that promote meaning in life. American Journal of Health Promotion, 35(6), 866-873. https://doi.org/10.1177/0890117121995736

    Robinson, O. C. (2019). A longitudinal mixed-methods case study of quarter-life crisis during the post-university transition: Locked-out and locked-in forms in combination. Emerging Adulthood, 7(3), 167-179. https://doi.org/10.1177/2167696818764144

    Robinson, O. C. (2020). Development through adulthood (2.ª ed.). Red Globe Press.

    Silvers, J. A., y Peris, T. S. (2023). Research review: The neuroscience of emerging adulthood: Reward, ambiguity, and social support as building blocks of mental health. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 64(7), 989-997. https://doi.org/10.1111/jcpp.13776

    Steger, M. F., Kashdan, T. B., Sullivan, B. A., y Lorentz, D. (2008). Understanding the search for meaning in life: Personality, cognitive style, and the dynamic between seeking and experiencing meaning. Journal of Personality, 76(2), 199-228. https://doi.org/10.1111/j.1467-6494.2007.00484.x

    Stein, A. T., Carl, E., Cuijpers, P., Karyotaki, E., y Smits, J. A. J. (2021). Looking beyond depression: A meta-analysis of the effect of behavioral activation on depression, anxiety, and activation. Psychological Medicine, 51(9), 1491-1504. https://doi.org/10.1017/s0033291720000239

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Aburrimiento existencial: qué es y cómo se distingue de la depresión

    Aburrimiento existencial: qué es y cómo se distingue de la depresión

    Cumples con lo que toca, contestas mensajes, ves a gente, y aun así nada engancha. Sin llanto, sin un golpe concreto, sin ganas de quedarte en la cama todo el día. Hay una planicie. Si has buscado “todo me da lo mismo pero no estoy deprimido”, es probable que estés describiendo algo así, y a esa experiencia se la suele llamar aburrimiento existencial. Aquí vas a ver qué dice la psicología sobre ella, en qué se diferencia de la depresión, la anhedonia y la apatía, por qué aparece y qué ayuda.

    Respuesta corta: el aburrimiento existencial es la sensación persistente de que la vida es plana y sin interés, más allá de una tarde monótona. No es un diagnóstico, pero la investigación muestra que el aburrimiento es una experiencia distinta de la apatía, la anhedonia y la depresión, aunque se relacione con ellas (Goldberg et al., 2011). Puede acompañar a una depresión, y por eso conviene mirar qué más está pasando.

    ¿Qué es el aburrimiento existencial?

    “Aburrimiento existencial” es una expresión del lenguaje cotidiano y de la filosofía que no figura en los manuales diagnósticos. Nombra un aburrimiento que no depende de una tarea aburrida: la vida entera se siente sin sabor. Lo que sí tiene la psicología es una definición del aburrimiento en general. Una propuesta muy citada lo describe como la experiencia desagradable de querer participar en una actividad satisfactoria y no poder, porque la atención no logra engancharse ni con lo que hay afuera ni con los propios pensamientos y sentimientos (Eastwood et al., 2012).

    Un trabajo más reciente sugiere que el aburrimiento es una señal de que nos alejamos de una zona óptima de compromiso con lo que hacemos. Esa desviación puede venir de una falta de sentido percibido, de dificultades para sostener la atención o de un empujón a buscar otra cosa en que involucrarse (Danckert y Elpidorou, 2023).

    El equivalente científico más cercano a lo que la gente llama aburrimiento existencial es la “percepción de que la vida es aburrida”. Un estudio con tres muestras comparó formas de entender la propensión al aburrimiento (cuán seguido aburre, cuán intenso es y si la vida entera se percibe como aburrida), y esta última fue la que mejor se asoció con medidas de bienestar, como satisfacción con la vida y malestar psicológico (Tam et al., 2021).

    Una revisión de la literatura agrega dos advertencias. El aburrimiento se relaciona de forma consistente con afecto negativo, divagación mental, sensación de que el tiempo pasa lento y menos sensación de agencia. Pero los estudios lo miden de maneras muy distintas, y hay indicios de que existen tipos diferentes (uno de búsqueda, que empuja a moverse, y otro apático) con correlatos que a veces se oponen (Raffaelli et al., 2018). Quien siente que todo es plano probablemente se reconozca más en el segundo, aunque los estudios revisados no lo midieron en ese sentido.

    ¿Es depresión? Qué lo distingue de la anhedonia y la apatía

    La respuesta honesta es que puede ser otra cosa o puede ser también depresión. Por eso conviene separar las piezas:

    • Aburrimiento. Falta de interés o de compromiso con lo que hay a mano, con ganas de que algo pase. Si aparece algo atractivo, el interés y el placer vuelven.
    • Apatía. Pérdida de iniciativa y de impulso para empezar o sostener conductas dirigidas a una meta. Describe la falta de energía y de impulso.
    • Anhedonia. Incapacidad de sentir placer en lo que antes lo daba. Los manuales de terapia cognitivo-conductual la describen como uno de los dos síntomas cardinales del episodio depresivo (Beck et al., 2024; Tolin, 2024). El otro es el ánimo deprimido.
    • Depresión. Un síndrome completo, que además de lo anterior suele sumar tristeza, culpa, pensamientos negativos sobre uno mismo, el mundo y el futuro, y cambios en el sueño, el apetito y la energía (Beck et al., 2024).

    La parte más útil es que la depresión puede presentarse sin tristeza visible, solo con pérdida de interés o de placer, así que “no estoy triste” no basta para descartarla (Beck et al., 2024; Tolin, 2024). Por eso la distinción se hace mirando el conjunto de síntomas y cuánto duran. Esta lista es una distinción clínica general, no el hallazgo de un estudio puntual.

    Lo que muestra la investigación es matizado. Un estudio con modelos estadísticos encontró que el aburrimiento se relaciona en distinto grado con la apatía, la anhedonia y la depresión, pero es empíricamente distinto de las tres (Goldberg et al., 2011). Otro, con 2.484 estudiantes universitarios, halló que la propensión al aburrimiento y los síntomas depresivos van de la mano, pero que en los recuerdos que vuelven solos se separan: los síntomas depresivos predijeron recuerdos más vívidos, negativos e intensos, mientras que la propensión al aburrimiento predijo recuerdos menos vívidos y con otros contenidos (Yeung et al., 2024). Es un dato de laboratorio con jóvenes, útil para entender el fenómeno.

    Además, el aburrimiento intenso no es un asunto menor. Un estudio en pacientes psiquiátricos hospitalizados mostró que el aburrimiento del momento se asocia con psicopatología en pacientes y en personas sin diagnóstico, y que en quienes estaban internados predijo tratamientos más largos (Seiler et al., 2023). Es un contexto muy particular (salas cerradas), así que no se traslada tal cual a la vida cotidiana.

    ¿Por qué aparece?

    No hay una causa única, y ningún estudio revisado se hizo sobre “aburrimiento existencial” como tal. Estas son las explicaciones que más se repiten en la literatura y en los manuales consultados:

    1. Falta de sentido. La logoterapia de Frankl plantea que, cuando falta sentido en la vida, aparece aburrimiento. En 279 estudiantes universitarios, la puntuación de sentido de vida y la propensión al aburrimiento se relacionaron de forma inversa y fuerte (r = -0,71), tal como se esperaba (Melton y Schulenberg, 2007). Es una correlación en jóvenes, que no dice qué causa qué.
    2. Una brecha entre lo que se tiene y lo que se quiere. La literatura sobre calidad de vida describe que el bienestar baja cuando la distancia entre lo logrado y lo deseado es grande y la persona no ve cómo acortarla ni tiene metas por delante (Urzúa y Caqueo-Urízar, 2012). En la escala de bienestar psicológico de Ryff, el “propósito en la vida” es una de las seis dimensiones, y su déficit se expresa como no tener claro qué se intenta conseguir (Díaz et al., 2006).
    3. Evitar sentir. Desde la terapia de aceptación y compromiso (ACT), el intento sostenido de no sentir lo aversivo (miedo, tristeza, vergüenza) también amortigua las emociones agradables, y la vida pasa a funcionar en piloto automático, con rutinas ejecutadas sin presencia (Hayes et al., 2012; Forsyth y Eifert, 2016). Según esa literatura, la persona pierde su brújula porque gasta la energía en no sentir, no en ir hacia algo.
    4. Vida muy rígida o muy monótona. Beck y Freeman (2003) describen que quienes llevan vidas hipercontroladas, centradas en el deber y sin espontaneidad, terminan quejándose de una vida “chata” y aburrida.
    5. Un cuadro clínico de fondo. El vacío o el aburrimiento crónico aparecen en el trastorno límite de la personalidad, donde se vinculan a una identidad poco estable y a un adormecimiento emocional (Linehan, 1993; Beck y Freeman, 2003), y en el TDAH adulto, donde se asocian a la dificultad de sostener lo monótono sin una recompensa inmediata (Barkley, 2010). Sentir aburrimiento no implica tener alguno de esos cuadros.

    ¿Qué ayuda? Una advertencia antes

    No existen ensayos clínicos que hayan probado un tratamiento específico para el aburrimiento existencial. Lo que sigue combina lo poco que se sabe del aburrimiento con lo que funciona para problemas vecinos, y se presenta como tal.

    • Cambiar lo que piensas del aburrimiento. En dos estudios con jóvenes (2.495 británicos de 12 a 25 años y 314 adolescentes israelíes seguidos 16 semanas), disgustar mucho del aburrimiento se asoció con aburrirse más seguido y con más intensidad, y con que el aburrimiento pesara más sobre el bienestar. En cambio, aceptar que es una experiencia normal se asoció con mejor bienestar (Tam et al., 2023). Son datos observacionales, pero invitan a dejar de tratar el aburrimiento como una emergencia.
    • Recuperar el sentido. Un metaanálisis de terapias existenciales (15 estudios, 1.792 personas) encontró que las centradas en el sentido tuvieron efectos grandes sobre el sentido de vida (d = 0,65) y moderados sobre síntomas psicológicos (d = 0,47). No se hicieron sobre aburrimiento, pero apuntan a la misma raíz (Vos et al., 2015).
    • Volver a lo que importa, con pasos concretos. En ACT, la vitalidad se construye con la acción: la persona aclara sus valores y da pasos hacia ellos aunque no sienta entusiasmo ese día (Hayes et al., 2012). Si quieres hacerlo, el ejercicio de la hoja de valores es un buen punto de partida.
    • Activar el cuerpo antes que las ganas. La activación conductual parte de que, en la depresión, lo que se pierde primero es el “querer” más que la capacidad de disfrutar, y de que esperar a tener ganas paraliza, por lo que la regla es actuar primero (Beck et al., 2024). Si una actividad pequeña sí te da algo cuando la haces, es una pista a favor de que se trata más de motivación que de falta total de placer. Tienes la guía de activación conductual paso a paso.

    Un ejercicio de autoobservación para una semana, sin puntaje:

    1. Cada día anota un momento en que la vida se sintió plana: qué hacías y con quién estabas.
    2. Anota si ese momento era monótono por fuera (una rutina que no eliges) o si tenías opciones y ninguna te atraía.
    3. Anota qué emoción incómoda podrías estar evitando en ese momento (miedo a fallar, tristeza, vergüenza).
    4. Al final de la semana, elige una cosa pequeña que te importaba antes y hazla una vez, aunque no tengas ganas. Observa si, al hacerla, aparece algo de interés.

    ¿Cuándo conviene consultar?

    Pide una evaluación profesional si:

    • la planicie dura más de dos semanas y la acompañan pérdida de interés en casi todo, cambios en el sueño o el apetito, o cansancio constante;
    • aparecen culpa excesiva, desesperanza o la idea de que nada va a mejorar;
    • afecta tu trabajo, tus estudios o tus relaciones;
    • el aburrimiento viene con consumo de alcohol, apuestas o pantallas para taparlo.

    Si en algún momento piensas en hacerte daño o sientes que no quieres seguir viviendo, no esperes: en Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, del Ministerio de Salud), al 131 si es una emergencia o a Salud Responde (600 360 7777). En ese caso es urgente hablar con alguien hoy.

    Si lo tuyo se parece más a no sentir placer, revisa el artículo sobre anhedonia. Si por fuera todo parece estar bien pero por dentro no, el de la depresión sonriente puede ayudarte. Y si lo que domina son las preguntas sobre la muerte o el sentido, mira ansiedad existencial y sentido de vida.

    Preguntas frecuentes

    ¿El aburrimiento existencial es un trastorno mental?

    No como diagnóstico propio. No aparece como categoría en los manuales de terapia cognitivo-conductual consultados. Sí puede acompañar o esconder cuadros que se pueden diagnosticar, como una depresión, y por eso vale la pena evaluarlo cuando dura semanas o afecta tu vida (Beck et al., 2024; Tolin, 2024).

    ¿Es lo mismo que el vacío existencial?

    Son vecinos. El vacío existencial se describe como un hueco de sentido o de identidad, mientras que el aburrimiento es la falta de interés o de compromiso con lo que se hace. En la práctica suelen aparecer juntos, y la investigación muestra una relación fuerte entre poco sentido de vida y más propensión al aburrimiento (Melton y Schulenberg, 2007).

    ¿Puedo sentir que todo me da lo mismo y no estar deprimido?

    Sí, puede ser. El aburrimiento es empíricamente distinto de la depresión, la anhedonia y la apatía, aunque se relaciona con ellas (Goldberg et al., 2011). Pero la depresión puede presentarse sin tristeza, solo con pérdida de interés, así que si dura semanas conviene que alguien lo evalúe.

    ¿Hay algún test para medirlo?

    Existen escalas de investigación del aburrimiento, pero ninguna sirve para decir “tienes aburrimiento existencial” y no hay puntos de corte clínicos validados que se hayan revisado para este artículo. Por eso no se incluye un test con puntaje. La autoobservación de arriba es más útil para empezar.

    ¿Qué puedo hacer hoy?

    Elige una acción pequeña ligada a algo que te importa y hazla sin esperar ganas. La regla de la activación conductual es actuar primero y evaluar después (Beck et al., 2024). Si pasan varias semanas sin cambio, consulta.

    Un siguiente paso

    Si la planicie lleva semanas y no logras ubicar qué hay detrás, separar qué parte es ánimo, qué parte es sentido y qué parte es costumbre de evitar te da algo concreto con qué trabajar. Puedes agendar una consulta y partir por una evaluación sin compromiso.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Barkley, R. A. (2010). Taking charge of adult ADHD. Guilford Press.

    Beck, A. T., & Freeman, A. (2003). Terapia cognitiva de los trastornos de personalidad. Paidós.

    Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., & Emery, G. (2024). Cognitive therapy of depression (2.ª ed.). Guilford Press.

    Danckert, J., & Elpidorou, A. (2023). In search of boredom: Beyond a functional account. Trends in Cognitive Sciences, 27(5), 494-507. https://doi.org/10.1016/j.tics.2023.02.002

    Díaz, D., Rodríguez-Carvajal, R., Blanco, A., Moreno-Jiménez, B., Gallardo, I., Valle, C., & van Dierendonck, D. (2006). Adaptación española de las escalas de bienestar psicológico de Ryff. Psicothema, 18(3), 572-577.

    Eastwood, J. D., Frischen, A., Fenske, M. J., & Smilek, D. (2012). The unengaged mind: Defining boredom in terms of attention. Perspectives on Psychological Science, 7(5), 482-495. https://doi.org/10.1177/1745691612456044

    Forsyth, J. P., & Eifert, G. H. (2016). The mindfulness and acceptance workbook for anxiety (2.ª ed.). New Harbinger Publications.

    Goldberg, Y. K., Eastwood, J. D., LaGuardia, J., & Danckert, J. (2011). Boredom: An emotional experience distinct from apathy, anhedonia, or depression. Journal of Social and Clinical Psychology, 30(6), 647-666. https://doi.org/10.1521/jscp.2011.30.6.647

    Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and commitment therapy: The process and practice of mindful change (2.ª ed.). Guilford Press.

    Linehan, M. M. (1993). Skills training manual for treating borderline personality disorder. Guilford Press.

    Melton, A. M. A., & Schulenberg, S. E. (2007). On the relationship between meaning in life and boredom proneness: Examining a logotherapy postulate. Psychological Reports, 101(3), 1016-1022. https://doi.org/10.2466/pr0.101.4.1016-1022

    Raffaelli, Q., Mills, C., & Christoff, K. (2018). The knowns and unknowns of boredom: A review of the literature. Experimental Brain Research, 236(9), 2451-2462. https://doi.org/10.1007/s00221-017-4922-7

    Seiler, J. P.-H., Zerr, K., Rumpel, S., & Tüscher, O. (2023). High state boredom vastly affects psychiatric inpatients and predicts their treatment duration. Translational Psychiatry, 13, 350. https://doi.org/10.1038/s41398-023-02650-9

    Tam, K. Y. Y., Chan, C. S., van Tilburg, W. A. P., Lavi, I., & Lau, J. Y. F. (2023). Boredom belief moderates the mental health impact of boredom among young people: Correlational and multi-wave longitudinal evidence gathered during the COVID-19 pandemic. Journal of Personality, 91(3), 638-652. https://doi.org/10.1111/jopy.12764

    Tam, K. Y. Y., van Tilburg, W. A. P., & Chan, C. S. (2021). What is boredom proneness? A comparison of three characterizations. Journal of Personality, 89(4), 831-846. https://doi.org/10.1111/jopy.12618

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). Guilford Press.

    Urzúa, A., & Caqueo-Urízar, A. (2012). Calidad de vida: Una revisión teórica del concepto. Terapia Psicológica, 30(1), 61-71. https://doi.org/10.4067/S0718-48082012000100006

    Vos, J., Craig, M., & Cooper, M. (2015). Existential therapies: A meta-analysis of their effects on psychological outcomes. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 83(1), 115-128. https://doi.org/10.1037/a0037167

    Yeung, R. C., Danckert, J., van Tilburg, W. A. P., & Fernandes, M. A. (2024). Disentangling boredom from depression using the phenomenology and content of involuntary autobiographical memories. Scientific Reports, 14, 2106. https://doi.org/10.1038/s41598-024-52495-5

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Sentido de vida: qué dice la psicología

    Sentido de vida: qué dice la psicología

    Imagina a alguien que lo tiene todo en orden: trabajo estable, familia, salud razonable. Una noche cualquiera se le cruza una pregunta que no esperaba: «¿para qué hago todo esto?». Otra persona atraviesa una enfermedad o una pérdida grande y, aun así, sabe con bastante claridad por qué se levanta cada mañana. La psicología lleva décadas estudiando esa diferencia, y hoy tiene datos concretos sobre qué es el sentido de vida, cómo se mide y qué pasa con la salud mental cuando se tiene o se pierde.

    Este artículo reúne lo que dice la psicología sobre el sentido de vida y el propósito: cómo se define, cuánta gente siente que su vida lo tiene, qué se asocia a tenerlo (depresión, ansiedad, riesgo suicida, salud física, longevidad), si buscarlo alcanza para encontrarlo y qué intervenciones lo aumentan de verdad. Casi todo viene de metaanálisis, que son estudios que juntan muchos estudios, y se dice con claridad cuándo la evidencia es solo una asociación.

    Sentido de vida en psicología: la respuesta corta

    En psicología, el sentido de vida es la sensación de que la propia existencia tiene coherencia, dirección y valor. La investigación lo ve como un factor protector: en un metaanálisis de 99 muestras, más propósito en la vida se asoció a menos depresión (r = -0,49) y menos ansiedad (r = -0,36). También se asocia a menor riesgo de muerte temprana. Son asociaciones: los estudios no prueban causa. Y se puede aumentar con intervenciones concretas, aunque el efecto promedio es moderado y varía mucho entre estudios.

    ¿Qué es el sentido de vida? Definición y qué dijo Frankl

    La psicología no usa una sola definición, y conviene separar tres ideas que se confunden.

    • Sentido (meaning): la sensación de que la vida tiene coherencia y significado, y que importa.
    • Propósito (purpose): tener metas y una dirección que organizan lo que haces.
    • Felicidad: el estado de ánimo y la satisfacción del momento, que puede subir o bajar sin que cambie el sentido.

    En el modelo de bienestar psicológico de Ryff, el propósito en la vida es una de las seis dimensiones del funcionamiento positivo. Describe la necesidad de marcarse metas y trazar proyectos que den dirección a la existencia, y se distingue del bienestar hedónico, que es el afecto placentero (Díaz et al., 2006). Si quieres ver las otras cinco dimensiones, las explicamos en la guía de la escala de Ryff.

    La obra de Viktor Frankl es el origen clásico del tema. Según la síntesis de Linehan (1993), Frankl sostuvo, a partir de su experiencia en los campos de concentración nazis, que las personas necesitan encontrar o crear un sentido para sobrevivir al sufrimiento extremo. Linehan agrega algo útil: ese sentido no tiene que ser religioso ni venir de un orden superior ya dado, porque quien no cree en uno puede construir el suyo. Una revisión sistemática sobre sentido y suicidio señala que esa lectura de Frankl convirtió al sentido en un factor de resiliencia (Costanza et al., 2019).

    La investigación actual distingue además dos caras. La presencia de sentido es sentir que la vida lo tiene. La búsqueda de sentido es el esfuerzo por encontrarlo o entenderlo mejor. Son cosas distintas, y más abajo se ve por qué importa.

    ¿Cuánta gente siente que su vida tiene sentido?

    Más de la que algunas teorías anticipan. Una revisión publicada en American Psychologist juntó datos epidemiológicos y estudios con dos cuestionarios de sentido de vida y concluyó que la vida es «bastante significativa»: muestras muy diversas se puntúan por encima del punto medio de la escala (Heintzelman y King, 2014). Sus autores proponen que, si el sentido sirve para adaptarse, tiene que ser algo común y no raro.

    Esto ayuda a leer la pregunta «¿para qué vivo?». Un bache de sentido en una etapa de cambio es una cosa. Un vacío que se mantiene, se acompaña de ánimo bajo o trae ideas de que la vida no vale la pena es otra, y pide atención (ver más abajo).

    ¿Cómo se mide el sentido de vida?

    Hay muchas formas, y ninguna es «la» medida. Una revisión sistemática de instrumentos identificó 59 cuestionarios distintos para evaluar sentido de vida, que miden desde la presencia y la búsqueda hasta las fuentes de sentido y las actividades significativas (Brandstätter et al., 2012). Los más conocidos para el público hispanohablante son estos:

    InstrumentoQué mide del sentidoCómo
    Escalas de Ryff (adaptación de Díaz et al., 2006)Propósito en la vida, una de seis dimensiones5 ítems en la versión de 29, escala de 1 a 6. Ejemplo: «Tengo clara la dirección y el objetivo de mi vida»
    WHOQOL-BREF (OMS)Sentido como faceta del dominio psicológicoUn solo ítem: «¿En qué medida siente que su vida tiene sentido?», de 1 a 5
    WHOQOL-OLD (OMS)Actividades pasadas, presentes y futuras4 ítems sobre metas, reconocimiento y proyectos
    Cuestionario de Sentido de Vida (MLQ, Steger et al., 2006)Presencia y búsqueda de sentidoDos subescalas separadas

    Estos cuestionarios sirven para ubicarte y para conversar, no para diagnosticar. Un puntaje bajo en propósito dice que esa área está más débil hoy, no que algo esté roto. Si quieres una medida breve de cómo evalúas tu vida en general, puedes probar el test de satisfacción con la vida y revisar la guía de calidad de vida.

    ¿Qué se asocia a tener sentido de vida?

    Depresión y ansiedad

    El metaanálisis de Boreham y Schutte (2023) reunió 99 muestras con 66.468 personas. Más propósito en la vida se asoció a menos depresión (r = -0,49; IC 95 % -0,52 a -0,45) y a menos ansiedad (r = -0,36; IC 95 % -0,40 a -0,32). La asociación fue más fuerte en poblaciones clínicas, sobre todo con la ansiedad.

    Un r de -0,49 se considera una asociación grande en psicología, pero no dice qué causa qué. Las autoras proponen una lectura: tener propósito podría reducir las tendencias de evitación, y esas tendencias alimentan la depresión y la ansiedad. La dirección contraria también es plausible (estar deprimido puede erosionar el propósito), y estos datos no permiten separar una de otra.

    Riesgo suicida

    La revisión de Costanza y colaboradores (2019) analizó 37 estudios sobre sentido de vida y conducta suicida. Encontró que la presencia de sentido es un factor protector frente a la ideación suicida, los intentos y el suicidio consumado. Los datos sobre la búsqueda de sentido fueron menos consistentes y apuntaron más bien a un efecto no protector. Los autores sugieren que evaluar el sentido de vida podría afinar la valoración del riesgo y orientar la psicoterapia. Es evidencia de revisión sistemática, con estudios de diseños muy distintos.

    Salud física y longevidad

    El mismo patrón aparece fuera de la salud mental. Un metaanálisis de 10 estudios prospectivos con 136.265 participantes encontró que tener más propósito en la vida se asoció a un riesgo 17 % menor de morir por cualquier causa y de sufrir eventos cardiovasculares (riesgo relativo ajustado 0,83) (Cohen et al., 2016). Un metaanálisis más reciente sumó datos de participantes individuales: 25 muestras, 488.765 personas y hasta 32 años de seguimiento. El propósito se asoció a un riesgo de muerte temprana 24 % menor (HR = 0,76; IC 95 % 0,70 a 0,83) (Sutin et al., 2026).

    Dos matices importan. Al ajustar por conductas y factores clínicos de riesgo, la asociación se redujo a HR = 0,85, y al ajustar por depresión, a HR = 0,91. La asociación persiste, pero una parte se explica porque quien tiene propósito suele cuidarse más y estar menos deprimido. Y en un metaanálisis de 66 estudios con 73.546 personas, la relación entre sentido y salud física fue de débil a moderada, más fuerte con la salud que la persona percibe que con indicadores objetivos (Czekierda et al., 2017). Todos son estudios observacionales, y ninguno permite afirmar que «encontrar un propósito alarga la vida».

    ¿Buscar el sentido de vida basta para encontrarlo?

    Aquí la evidencia es menos intuitiva. En una serie de tres estudios, Steger y colaboradores (2008) encontraron que las personas que carecen de sentido tienden a buscarlo, pero que la búsqueda por sí sola no pareció llevar a tenerlo. En el tercer estudio, las disposiciones motivacionales básicas modificaban la relación entre buscar y tener sentido.

    Una lectura prudente es que preguntarse «¿cuál es el sentido de mi vida?» en abstracto, una y otra vez, puede dar vueltas sin llegar a ninguna parte. Las intervenciones que sí mostraron efecto (ver abajo) trabajan con prácticas concretas, como la atención plena o el relato de la propia historia.

    ¿Cómo aumentar el sentido de vida? Qué intervenciones funcionan

    Sí, con matices. Un metaanálisis de 33 ensayos aleatorizados (35 comparaciones) evaluó intervenciones pensadas para aumentar el sentido de vida (Manco y Hamby, 2021):

    • Frente a un grupo sin intervención, el efecto fue grande (diferencia estandarizada de 0,85; IC 95 % 0,54 a 1,17).
    • Frente a un grupo con otra actividad de control, el efecto bajó a algo cercano a 0,3 (IC 95 % 0,09 a 0,55).
    • Los programas de mindfulness tuvieron el mayor efecto frente a grupos sin intervención, y los programas narrativos (que trabajan el relato de la propia vida) el mayor frente a grupos activos.
    • La heterogeneidad fue considerable, y algunas intervenciones eran breves y no necesitaban un profesional con licencia.

    Es razonable pensar que parte del efecto grande viene de recibir atención y apoyo, y no solo del contenido de cada programa. Aun así, el efecto frente a controles activos sigue siendo distinto de cero.

    Con una enfermedad grave de por medio, la evidencia es modesta. Un metaanálisis de 12 estudios en personas con cáncer avanzado (1.459 participantes) mostró que las intervenciones centradas en el sentido mejoraron la sensación de sentido (diferencia estandarizada 0,22) y redujeron levemente los síntomas depresivos (-0,15) y ansiosos (-0,16). La calidad de vida mejoró durante el primer mes y no se sostuvo a los 2 a 6 meses (Shen et al., 2025). Son efectos pequeños.

    Lo que hacen las terapias que trabajan el sentido

    • Terapia de aceptación y compromiso (ACT). Define los valores como direcciones de vida elegidas, no como metas que se «alcanzan», y trabaja la acción comprometida con esos valores aunque el malestar siga ahí. Una herramienta conocida es el Cuestionario del Blanco de Diana (Bull’s-Eye Values Survey), que muestra qué tan alineada está tu conducta actual con tus valores en áreas como trabajo, ocio, relaciones y crecimiento personal (Tolin, 2024). Lo explicamos en la guía de terapia ACT y en el ejercicio de valores.
    • Terapia dialéctico-conductual (DBT). En su módulo de tolerancia al malestar incluye la estrategia de encontrar o crear sentido en medio del sufrimiento, tomada de la lectura de Frankl (Linehan, 1993).
    • Terapia cognitiva. Trabaja las creencias del tipo «mi vida no tiene sentido» o «he tirado mi vida a la basura», que según los manuales clásicos empeoran los estados depresivos y el aislamiento (Beck y Freeman, 2003).

    Cómo encontrar un propósito en la práctica

    Con lo anterior, una guía realista para quien siente que su vida está sin rumbo sería esta:

    1. Cambia la pregunta. En vez de «¿cuál es el sentido de mi vida?», pregúntate qué te importa de verdad en tres o cuatro áreas (vínculos, trabajo, cuerpo y salud, comunidad) y qué hiciste esta semana que fuera coherente con eso.
    2. Elige una acción pequeña y repetible. El sentido se parece más a una dirección que a un hallazgo. Una acción concreta por semana vale más que una gran decisión pendiente.
    3. Cuenta tu historia. Los programas narrativos mostraron efecto frente a controles activos. Escribir o conversar sobre cómo llegaste hasta aquí ayuda a ver continuidad, también en las partes difíciles.
    4. Practica atención plena. El mindfulness tuvo el mayor efecto frente a grupos sin intervención, aunque con mucha variación entre estudios.
    5. Mantén o recupera vínculos. El sentido se sostiene con otros. En el artículo sobre cómo ser feliz revisamos qué prácticas tienen respaldo.

    Nada de esto reemplaza un tratamiento cuando hay un cuadro clínico.

    Cuándo la falta de sentido es una señal de alerta

    Sentirse sin rumbo durante unas semanas puede ser parte de una etapa de cambio. Conviene consultar cuando se junta con ánimo bajo o pérdida de interés casi todos los días por más de dos semanas, con alteraciones del sueño o del apetito, con aislamiento creciente o con dificultades para cumplir con lo cotidiano. Un cuadro así puede ser una depresión, y hay formas de salir de la depresión con apoyo profesional.

    Si aparecen ideas de que la vida no vale la pena, de no querer seguir o de hacerte daño, consulta pronto. Si tú o alguien cercano está en riesgo inmediato, llama al 131 o ve a urgencias. El Fono Salud Responde (600 360 7777) orienta sobre dónde atenderse en Chile. Si quieres saber cómo acompañar a alguien en esa situación, lo explicamos en cómo ayudar a alguien con ideas suicidas.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es el sentido de vida según la psicología? Es la sensación de que la propia vida tiene coherencia, dirección y valor. La psicología distingue el sentido (que la vida importa), el propósito (tener metas que organizan lo que haces) y la felicidad (el ánimo del momento). El propósito es una de las seis dimensiones del bienestar psicológico de Ryff.

    ¿Qué dijo Viktor Frankl sobre el sentido de la vida? Según la síntesis de Linehan, Frankl sostuvo, desde su experiencia en los campos de concentración, que las personas necesitan encontrar o crear un sentido para sobrevivir al sufrimiento extremo. Ese sentido no tiene que ser religioso: puede construirse a partir de valores propios.

    ¿Cómo encontrar el sentido de la vida? La evidencia sugiere que buscarlo en abstracto no basta. Funcionan mejor los valores concretos, las acciones pequeñas y repetidas, contar la propia historia y la atención plena. Un metaanálisis de 33 ensayos mostró que estas intervenciones aumentan el sentido, con efectos que varían según el tipo de programa.

    ¿Qué pasa cuando una persona no tiene sentido de vida? Un menor sentido se asocia a más depresión y ansiedad, y la presencia de sentido es un factor protector frente a la ideación suicida. Son asociaciones, y funcionan en ambos sentidos: la depresión también quita el sentido. Si la falta de rumbo dura semanas o se acompaña de ánimo bajo, conviene consultar.

    ¿Tener sentido de vida alarga la vida? Se asocia a un menor riesgo de muerte temprana (HR 0,76 en un metaanálisis de casi 490.000 personas, un 24 % menos), y la asociación persiste, atenuada, al ajustar por factores de riesgo y depresión. Los estudios son observacionales, así que no prueban que el propósito cause la longevidad.

    ¿Cuándo consultar a un psicólogo por falta de sentido? Cuando el vacío dura más de dos semanas, se acompaña de ánimo bajo, pérdida de interés, alteraciones del sueño o aislamiento, o si aparecen ideas de que la vida no vale la pena. Ante riesgo inmediato, llama al 131.

    Si quieres conversar sobre el rumbo de tu vida

    Si llevas un tiempo sintiendo que la vida perdió dirección, o si pasaste por una pérdida, una enfermedad o un cambio grande, puedes escribirme desde la página de contacto para evaluar tu caso y definir un plan de atención online. Una primera conversación basta para distinguir una etapa de revisión personal de un cuadro que conviene tratar.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

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    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Referencias

    • Beck, A. T., & Freeman, A. (2003). Terapia cognitiva de los trastornos de personalidad. Paidós.
    • Boreham, I. D., & Schutte, N. S. (2023). The relationship between purpose in life and depression and anxiety: A meta-analysis. Journal of Clinical Psychology, 79(12), 2736-2767. https://doi.org/10.1002/jclp.23576
    • Brandstätter, M., Baumann, U., Borasio, G. D., & Fegg, M. J. (2012). Systematic review of meaning in life assessment instruments. Psycho-Oncology, 21(10), 1034-1052. https://doi.org/10.1002/pon.2113
    • Cohen, R., Bavishi, C., & Rozanski, A. (2016). Purpose in life and its relationship to all-cause mortality and cardiovascular events: A meta-analysis. Psychosomatic Medicine, 78(2), 122-133. https://doi.org/10.1097/PSY.0000000000000274
    • Costanza, A., Prelati, M., & Pompili, M. (2019). The meaning in life in suicidal patients: The presence and the search for constructs. A systematic review. Medicina, 55(8), 465. https://doi.org/10.3390/medicina55080465
    • Czekierda, K., Banik, A., Park, C. L., & Luszczynska, A. (2017). Meaning in life and physical health: Systematic review and meta-analysis. Health Psychology Review, 11(4), 387-418. https://doi.org/10.1080/17437199.2017.1327325
    • Díaz, D., Rodríguez-Carvajal, R., Blanco, A., Moreno-Jiménez, B., Gallardo, I., Valle, C., & van Dierendonck, D. (2006). Adaptación española de las escalas de bienestar psicológico de Ryff. Psicothema, 18(3), 572-577. PMID: 17296089
    • Heintzelman, S. J., & King, L. A. (2014). Life is pretty meaningful. American Psychologist, 69(6), 561-574. https://doi.org/10.1037/a0035049
    • Linehan, M. M. (1993). Skills training manual for treating borderline personality disorder. The Guilford Press.
    • Manco, N., & Hamby, S. (2021). A meta-analytic review of interventions that promote meaning in life. American Journal of Health Promotion, 35(6), 866-873. https://doi.org/10.1177/0890117121995736
    • Shen, B., Liu, J., Zhou, Y., & Zhu, H. (2025). Effectiveness of meaning-centered interventions on anxiety and depressive symptoms, sense of meaning, and quality of life in patients with advanced cancer: A meta-analysis of randomized controlled trials. Supportive Care in Cancer, 33(1), 67. https://doi.org/10.1007/s00520-024-09115-9
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