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  • La respuesta de congelamiento (freeze) ante el trauma

    La respuesta de congelamiento (freeze) ante el trauma

    Habías pensado mil veces qué harías en una situación así. Gritar, salir corriendo, empujar. Y cuando ocurrió, el cuerpo no obedeció: te quedaste quieto, sin voz, mirando como si pasara en otro lugar. Después vino la pregunta que no se va, “¿por qué me quedé paralizado?”, y con ella la sospecha de que fallaste en algo. Esa reacción tiene nombre, la respuesta de congelamiento (freeze) ante el trauma, y se ha medido en miles de personas.

    Más abajo vas a ver qué es y en qué se distingue de “bloquearse” por estrés, por qué ocurre, con qué frecuencia aparece, qué relación tiene con el estrés postraumático (TEPT), qué dice la evidencia sobre la culpa que suele acompañarla, qué ayuda después y qué todavía no se sabe.

    En dos líneas: la respuesta de congelamiento es una reacción automática del cuerpo ante una amenaza que no se puede enfrentar ni evitar, y no depende de la voluntad ni del carácter de la persona. Es común en la violencia sexual, se asocia con más síntomas de TEPT y la culpa que suele acompañarla se puede trabajar en terapia.

    ¿Qué es la respuesta de congelamiento en el trauma?

    La respuesta de congelamiento es el estado en que el cuerpo se detiene frente a una amenaza, con la atención fija en el peligro. En la literatura clínica aparecen en realidad dos estados que conviene separar. El “freezing” propiamente dicho es una pausa de alerta: el cuerpo se queda quieto, listo para pelear o huir si surge una salida. La inmovilidad tónica es otra cosa, un último recurso cuando las defensas activas ya fallaron, con inhibición del movimiento y de la voz.

    Esa distinción viene de la descripción de la cascada defensiva humana que hacen Kozlowska y sus colaboradores (2015). En su modelo, la secuencia va de la alerta a la pelea o la huida (lo que los textos populares llaman lucha, huida o congelación, o fight, flight, freeze), luego al congelamiento, y si nada de eso resulta, a la inmovilidad tónica o a la inmovilidad colapsada. Cada estado tiene un patrón propio de activación cerebral y del sistema nervioso. Los autores añaden un dato que importa para lo que sigue: a diferencia de los animales, las personas muchas veces no recuperan su funcionamiento normal cuando el peligro ya pasó.

    Casi todo lo que se sabe sobre trauma y paralización humana viene de estudios que miden la inmovilidad tónica, casi siempre con una escala de autoinforme que se responde recordando el hecho. Cuando este artículo habla de “congelamiento ante el trauma”, se refiere a esa reacción, no a quedarse en blanco en una reunión ni a procrastinar. El bloqueo cotidiano por estrés es otro fenómeno y no tiene esta evidencia detrás.

    Si buscas el cuadro general, el artículo sobre qué es el trauma psicológico y cómo se evalúa lo ordena desde el principio.

    ¿Por qué me quedé paralizado y no peleé ni huí?

    Porque en ese momento reacciona el cuerpo y la decisión consciente queda fuera. Judith Herman (2015), en su obra clásica sobre trauma, describe lo que ocurre cuando la persona está del todo indefensa y cualquier resistencia o escape parece inútil. El sistema de autodefensa que normalmente prepara para pelear o huir se desorganiza, y la persona entra en una especie de rendición, donde intenta escapar no con acciones en el mundo sino alterando su estado de conciencia.

    Herman lo compara con lo que observan los etólogos en animales capturados por un depredador, que se quedan inmóviles. En los relatos de sobrevivientes de agresiones que ella recoge, aparece como no poder moverse ni gritar, y las propias víctimas lo cuentan con imágenes como “paralizada como un conejo por las luces de un auto” o “como una muñeca de trapo”. A menudo se suma una desconexión: el entumecimiento, la sensación de mirar la escena desde fuera del cuerpo, menos dolor del esperado, el tiempo que se estira.

    Esto no es solo un relato. Un estudio de laboratorio con 33 personas con historia de trauma (18 con TEPT y 15 sin él) les hizo escuchar el guion de su propio trauma mientras medían el cuerpo. Quienes habían reportado inmovilidad mostraron menos oscilación corporal en una plataforma de postura, el corazón más acelerado y menos variabilidad cardíaca (Volchan et al., 2011). Es una muestra pequeña, pero muestra que la inmovilidad deja huella medible, más allá de lo que alguien cuenta.

    ¿Qué tan común es la respuesta de congelamiento ante el trauma?

    Más común de lo que se cree, sobre todo en la violencia sexual. Estos son los datos disponibles, con sus límites:

    • Urgencia por agresión sexual: en un estudio sueco con 298 mujeres atendidas durante el primer mes, el 70 % reportó inmovilidad tónica significativa durante la agresión y el 48 % la describió como extrema (Möller et al., 2017).
    • Población general en Brasil: en una muestra de 3.231 personas expuestas a algún trauma, los puntajes de inmovilidad fueron casi el doble en el abuso sexual infantil y en la violencia sexual adulta que en otros tipos de trauma, incluso ajustando por sexo y educación (Kalaf et al., 2017).
    • Abuso sexual en la infancia: en un estudio preliminar con 80 mujeres, más del 52 % reportó inmovilidad durante el abuso, con más frecuencia cuando hubo intento de penetración o penetración (Heidt et al., 2005).
    • Una mirada de conjunto: un metaanálisis de 27 estudios encontró que la inmovilidad es más intensa en mujeres (d de Cohen de 0,37) y aparece más en situaciones de violencia interpersonal (Coimbra et al., 2023).

    Dos advertencias. Casi todos los datos vienen de mujeres y de violencia sexual, y los de población general son de Brasil y Suecia, no de Chile. Y como la inmovilidad se mide preguntando después, depende de cómo la persona recuerda.

    ¿La respuesta de congelamiento se relaciona con el TEPT?

    Sí, y la relación se ha repetido en varios diseños. En el metaanálisis de Coimbra y colaboradores (2023), la inmovilidad tónica durante el evento se asoció con la gravedad de los síntomas de TEPT, con una correlación de 0,39: una asociación de tamaño intermedio, que no alcanza para predecir un caso individual. En la muestra brasileña de 3.231 personas, quienes cumplían criterios de TEPT tenían puntajes de inmovilidad más del doble de altos, y las mujeres cerca de cuatro puntos más que los hombres, también después de ajustar por otras variables (Kalaf et al., 2015).

    Lo que más pesa viene de estudios que siguen a las personas en el tiempo:

    • En 298 mujeres atendidas tras una agresión sexual, a los seis meses (189 reevaluadas) la inmovilidad se asociaba con TEPT (razón de probabilidades de 2,75) y con depresión grave (3,42) (Möller et al., 2017).
    • En 262 personas con TEPT de una muestra comunitaria en Países Bajos, la inmovilidad predijo más síntomas un año después, incluso controlando el miedo y la disociación durante el hecho; al incluirla, esos dos factores dejaron de predecir (Hagenaars y Hagenaars, 2020).
    • En 36 personas con TEPT tratadas con medicación, la inmovilidad fue el mejor predictor de mala respuesta al tratamiento farmacológico, por encima de la disociación y de los síntomas físicos de pánico (Lima et al., 2010). Es un estudio pequeño y no es un ensayo de psicoterapia, así que no dice nada sobre cómo responde esta gente a terapia psicológica.

    Falta una cifra importante: no se sabe qué porcentaje de quienes se congelaron no desarrolla TEPT. Ese dato no aparece en la literatura revisada. La paralización es un factor de riesgo, y los datos que siguen a las personas en el tiempo son todavía pocos (Coimbra et al., 2023).

    Otro hilo conecta con lo que ocurre dentro de la mente durante el hecho. Herman cuenta que la disociación (sentirse fuera del cuerpo, irreal, sin dolor) se vio durante años como una defensa protectora, y que estudios posteriores mostraron que quienes la viven durante el evento tienen más probabilidad de un TEPT duradero: alivia en el instante, pero mantiene el recuerdo aislado y difícil de integrar. El DSM-5 incorporó un subtipo disociativo del TEPT para los casos con despersonalización o desrealización persistentes, y la Escala de Gravedad de Síntomas Revisada (EGS-R) añade cuatro ítems para medirla (Echeburúa et al., 2016). Si quieres medir síntomas con instrumentos de acceso abierto, revisa el test de TEPT gratis y las escalas de evaluación del trauma.

    ¿Es culpa mía haberme quedado quieto?

    No lo es, y es una duda muy frecuente. Herman (2015) escribe que los sentimientos de culpa y de inferioridad son casi universales entre las víctimas. La culpa cumple una función paradójica: pensar que “pude haber hecho algo distinto” devuelve una sensación de control, y resulta más tolerable que aceptar lo aterrador de haber estado completamente indefenso. Por eso cuesta tanto soltarla, aunque duela.

    Herman describe cómo, con el tiempo, la persona juzga con dureza esa reacción involuntaria y la llama cobardía, debilidad o complicidad. Quienes no han vivido un terror así suelen suponer que ellos habrían reaccionado distinto, y ese juicio de afuera amplifica la vergüenza. Herman insiste en la postura que debe sostener quien acompaña: ninguna acción u omisión de la víctima, ni la falta de resistencia, libera al agresor de su responsabilidad.

    Hay datos que apuntan en la misma dirección. En 63 mujeres sobrevivientes de trauma, la culpa posterior al trauma fue coherente con un mecanismo que conecta la inmovilidad con los síntomas de TEPT, y los autores concluyen que importa informar a quienes la vivieron de que es una respuesta involuntaria (Bovin et al., 2014). En 46 mujeres con contacto sexual no deseado en la infancia, las creencias negativas sobre sí mismas explicaban parte de la relación entre sentirse sin escapatoria y los síntomas de TEPT (Van Buren y Weierich, 2015). Ambos estudios son pequeños y transversales, pero van en la misma línea: lo que la persona se dice sobre su reacción pesa en cómo se siente después.

    Los autores del estudio sueco agregan algo que vale la pena leer con calma: la resistencia activa no es la reacción “normal” que cabe esperar durante una agresión, y saberlo importa tanto en lo legal como en el seguimiento de salud (Möller et al., 2017). Para cualquier asunto legal en Chile, lo que corresponde es consultar con un profesional del derecho, no con un artículo de salud mental.

    ¿Qué reacciones son normales después y cuándo hay que consultar?

    Después de un hecho aterrador, casi todo el mundo siente cosas intensas. Foa, Hembree y Rothbaum (2007), en su guía de exposición prolongada, describen como esperables la descarga de adrenalina con corazón acelerado y temblores, la atención estrechada en el peligro, el miedo, la rabia, el sobresalto y también el aturdimiento o la parálisis inicial. Herman suma el entumecimiento, esa sensación de no sentir nada, que protege durante el hecho y se vuelve un problema si se queda a vivir.

    Estas reacciones se consideran normales en los primeros días y semanas. Si duran entre tres días y un mes se habla de trastorno de estrés agudo, y el diagnóstico de TEPT se plantea cuando los síntomas persisten más de un mes, según los criterios del DSM-5. La OMS y MedlinePlus tienen resúmenes para el público general sobre los síntomas y el tratamiento del TEPT.

    Conviene consultar si, pasado un mes, siguen las pesadillas o los recuerdos que irrumpen, si evitas lugares o personas que te lo recuerdan, si sientes que ya no puedes disfrutar nada, si la culpa o la vergüenza ocupan el día, o si aparecen pensamientos de hacerte daño. Y si hoy hay un peligro real, como una persona que te agrede o te amenaza, lo primero es un lugar seguro y los servicios de emergencia, antes que cualquier trabajo con el recuerdo.

    ¿Qué ayuda cuando la paralización dejó huella?

    Existen tratamientos con buena base para el TEPT en general, que incluyen esta experiencia entre las cosas que trabajan, y una recomendación coherente entre las fuentes revisadas: primero seguridad, después el recuerdo. Para quienes tuvieron inmovilidad tónica, en cambio, aún no se han publicado ensayos de psicoterapia específicos.

    Herman organiza la recuperación en tres etapas: seguridad, recuerdo y duelo, y reconexión. Nada de lo demás funciona sin un grado razonable de seguridad, y eso incluye información clara sobre qué es el TEPT, cuidar el sueño y el cuerpo, un entorno protegido y una mirada realista sobre quién de tu entorno ayuda de verdad. La persona es quien conduce el proceso.

    La terapia de exposición prolongada de Foa y colaboradores (2007) aborda la culpa por no haber reaccionado de manera directa. En la segunda sesión explica qué reacciones son comunes tras un trauma y normaliza la culpa y la vergüenza como respuestas frecuentes, que a veces vienen del entorno. Más adelante, al relatar el recuerdo en voz alta, muchas personas descubren información que el terror había tapado: por ejemplo, que resistir probablemente habría empeorado las cosas. Los 15 a 20 minutos de conversación posterior usan preguntas abiertas, como “¿qué le dirías a una amiga que hubiera vivido lo mismo?”. Y los momentos de mayor malestar se repiten varias veces hasta que pesan menos, que es lo que Foa llama trabajar los “puntos calientes”.

    Nada de esto reemplaza la valoración de un profesional que conozca tu historia. Sirve para saber qué esperar y para que, si alguien te dice que “tendrías que haberte defendido”, tengas una respuesta mejor que callarte.

    Si alguien te cuenta que se quedó paralizado

    Escucha sin preguntar “¿por qué no te defendiste?” ni “¿por qué no gritaste?”. Esas preguntas, aunque se hagan sin mala intención, repiten el juicio que la persona ya se hace sola. Herman recomienda sostener una postura moral clara, la de que ninguna omisión de la víctima libera al agresor de su responsabilidad, y respetar que la persona conduzca su propia recuperación. Si lleva semanas sufriendo, sugerir una consulta con un psicólogo es un gesto de cuidado.

    Lo que todavía no sabemos

    • Qué pasa con quienes se congelan y no desarrollan TEPT. No hay un porcentaje fiable, así que la paralización no debe leerse como destino.
    • Cómo es en otros traumas. Fuera de la agresión sexual casi no hay datos de accidentes, combate o desastres.
    • Cómo es en Chile. Los datos citados vienen de Brasil y Suecia.
    • Qué terapia funciona mejor para este perfil. No hay ensayos que comparen tratamientos según la presencia de inmovilidad.
    • Si el recuerdo cambia el dato. Como se mide después de los hechos, la memoria puede teñirlo.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal quedarse paralizado durante una agresión?

    Sí. En 298 mujeres atendidas tras una agresión sexual, el 70 % reportó inmovilidad significativa y el 48 % extrema (Möller et al., 2017). Es una respuesta automática del cuerpo ante una amenaza que no puede enfrentarse ni evitarse, y la valentía no tiene que ver con ella.

    ¿Cuál es la diferencia entre freeze, inmovilidad tónica y colapso?

    El freeze es una pausa de alerta, con la pelea o la huida en espera. La inmovilidad tónica es un último recurso cuando las defensas activas fallaron, con inhibición del movimiento y de la voz. El colapso (inmovilidad colapsada) es otra respuesta de último recurso que la literatura distingue de la tónica (Kozlowska et al., 2015). Los estudios sobre trauma miden sobre todo la tónica.

    ¿Quedarme paralizado significa que voy a desarrollar TEPT?

    No necesariamente. Se asocia con más síntomas de TEPT (correlación de 0,39 en el metaanálisis), aunque no se conoce qué porcentaje de quienes se congelaron nunca lo desarrolla. Es un factor de riesgo entre otros, y el TEPT tiene tratamiento aunque aparezca.

    ¿Por qué me siento culpable por no haber reaccionado?

    La culpa cumple una función: pensar que pudiste actuar distinto devuelve una sensación de control frente a la indefensión que fue real (Herman, 2015). En 63 mujeres, la culpa se vinculó con el efecto de la inmovilidad sobre el TEPT (Bovin et al., 2014). Tiene tratamiento y no tiene base en lo que ocurrió.

    ¿Se puede superar la paralización del trauma?

    Sí, lo que se puede tratar es el TEPT y la culpa que la acompañan. No hay ensayos específicos para quienes se congelaron, pero las terapias centradas en el trauma incluyen explicar que la reacción fue involuntaria y trabajar el recuerdo con apoyo (Foa et al., 2007). Primero se necesita estar en un entorno seguro.

    ¿Cuándo debería consultar a un psicólogo?

    Cuando pasado un mes siguen las pesadillas, los recuerdos intrusos, la evitación, el apagamiento emocional o la culpa que ocupa el día, o antes si hay pensamientos de hacerte daño. Si hoy corres peligro, prioriza un lugar seguro y los servicios de emergencia.

    Si esto te pasó a ti

    Quedarte quieto no te hace menos valiente ni menos capaz. Fue lo que tu cuerpo hizo para sobrevivir, y la literatura clínica lo describe en miles de personas. Lo que sí vale la pena mirar es lo que viene después: la culpa, las pesadillas, el apagamiento, la alerta que no baja. Eso tiene tratamiento, y puedes empezar a tu ritmo. Si quieres conversarlo con un profesional, puedes escribir desde la página de contacto o conocer cómo funciona la terapia psicológica online. Para una orientación más amplia sobre qué es el trauma y cómo se aborda, la página de la Asociación Americana de Psicología reúne información general.

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    Referencias

    Bovin, M. J., Dodson, T. S., Smith, B. N., Gregor, K., Marx, B. P., & Pineles, S. L. (2014). Does guilt mediate the association between tonic immobility and posttraumatic stress disorder symptoms in female trauma survivors? Journal of Traumatic Stress, 27(6), 721-724. https://doi.org/10.1002/jts.21963

    Coimbra, B. M., Hoeboer, C. M., van Zuiden, M., Williamson, R. E., D’Elia, A. T., Mello, A. F., Mello, M. F., & Olff, M. (2023). The relationship between tonic immobility and the development, severity, and course of posttraumatic stress disorder: Systematic and meta-analytic literature review. Journal of Anxiety Disorders, 97, 102730. https://doi.org/10.1016/j.janxdis.2023.102730

    Echeburúa, E., Amor, P. J., Sarasua, B., Zubizarreta, I., Holgado-Tello, F. P., & Muñoz, J. M. (2016). Escala de Gravedad de Síntomas Revisada (EGS-R) del Trastorno de Estrés Postraumático según el DSM-5: Propiedades psicométricas. Terapia Psicológica, 34(2), 111-128. https://doi.org/10.4067/s0718-48082016000200004

    Foa, E. B., Hembree, E. A., & Rothbaum, B. O. (2007). Prolonged exposure therapy for PTSD: Emotional processing of traumatic experiences. Therapist guide. Oxford University Press.

    Hagenaars, M. A., & Hagenaars, J. A. P. (2020). Tonic immobility predicts poorer recovery from posttraumatic stress disorder. Journal of Affective Disorders, 264, 365-369. https://doi.org/10.1016/j.jad.2019.11.027

    Heidt, J. M., Marx, B. P., & Forsyth, J. P. (2005). Tonic immobility and childhood sexual abuse: A preliminary report evaluating the sequela of rape-induced paralysis. Behaviour Research and Therapy, 43(9), 1157-1171. https://doi.org/10.1016/j.brat.2004.08.005

    Herman, J. L. (2015). Trauma and recovery: The aftermath of violence, from domestic abuse to political terror. Basic Books. (Obra original publicada en 1992)

    Kalaf, J., Coutinho, E. S. F., Vilete, L. M. P., Luz, M. P., Berger, W., Mendlowicz, M., Volchan, E., Andreoli, S. B., Quintana, M. I., de Jesus Mari, J., & Figueira, I. (2017). Sexual trauma is more strongly associated with tonic immobility than other types of trauma – A population based study. Journal of Affective Disorders, 215, 71-76. https://doi.org/10.1016/j.jad.2017.03.009

    Kalaf, J., Vilete, L. M. P., Volchan, E., Fiszman, A., Coutinho, E. S. F., Andreoli, S. B., Quintana, M. I., de Jesus Mari, J., & Figueira, I. (2015). Peritraumatic tonic immobility in a large representative sample of the general population: Association with posttraumatic stress disorder and female gender. Comprehensive Psychiatry, 60, 68-72. https://doi.org/10.1016/j.comppsych.2015.04.001

    Kozlowska, K., Walker, P., McLean, L., & Carrive, P. (2015). Fear and the defense cascade: Clinical implications and management. Harvard Review of Psychiatry, 23(4), 263-287. https://doi.org/10.1097/hrp.0000000000000065

    Lima, A. A., Fiszman, A., Marques-Portella, C., Mendlowicz, M. V., Coutinho, E. S. F., Maia, D. C. B., Berger, W., Rocha-Rego, V., Volchan, E., Mari, J. J., & Figueira, I. (2010). The impact of tonic immobility reaction on the prognosis of posttraumatic stress disorder. Journal of Psychiatric Research, 44(4), 224-228. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2009.08.005

    Möller, A., Söndergaard, H. P., & Helström, L. (2017). Tonic immobility during sexual assault – A common reaction predicting post-traumatic stress disorder and severe depression. Acta Obstetricia et Gynecologica Scandinavica, 96(8), 932-938. https://doi.org/10.1111/aogs.13174

    Van Buren, B. R., & Weierich, M. R. (2015). Peritraumatic tonic immobility and trauma-related symptoms in adult survivors of childhood sexual abuse: The role of posttrauma cognitions. Journal of Child Sexual Abuse, 24(8), 959-974. https://doi.org/10.1080/10538712.2015.1082003

    Volchan, E., Souza, G. G., Franklin, C. M., Norte, C. E., Rocha-Rego, V., Oliveira, J. M., David, I. A., Mendlowicz, M. V., Coutinho, E. S., Fiszman, A., Berger, W., Marques-Portella, C., & Figueira, I. (2011). Is there tonic immobility in humans? Biological evidence from victims of traumatic stress. Biological Psychology, 88(1), 13-19. https://doi.org/10.1016/j.biopsycho.2011.06.002

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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