Etiqueta: recaída

  • Prevención de Recaídas: El Modelo de Marlatt y el Efecto de Violación de la Abstinencia

    Prevención de Recaídas: El Modelo de Marlatt y el Efecto de Violación de la Abstinencia

    Dejar de consumir suele costar menos que mantenerse. Cualquiera que haya pasado por un tratamiento, o que acompañe a alguien que lo pasó, sabe que el problema casi nunca es el primer mes: es el viernes de tres meses después, la discusión en la casa, la sensación de “ya estoy bien, un trago no va a pasar nada”. La prevención de recaídas en adicciones es el conjunto de herramientas diseñado justo para ese momento, y tiene un modelo detrás con cuarenta años de investigación: el de Alan Marlatt.

    En esta guía vas a encontrar cómo se produce una recaída paso a paso, qué situaciones la disparan con más frecuencia, por qué un desliz se convierte en recaída completa (el efecto de violación de la abstinencia) y cómo escribir un plan de prevención de recaídas propio. Al final hay una plantilla en PDF para imprimirla y completarla a mano, sola o con tu terapeuta.

    Respuesta directa: la prevención de recaídas es un enfoque cognitivo-conductual, formulado por Marlatt y Gordon en 1985, que enseña a identificar las situaciones de alto riesgo de cada persona, a responder a ellas con habilidades concretas y a tratar un desliz como un dato, no como un fracaso. Su pieza central es el efecto de violación de la abstinencia: la culpa y la conclusión “no tengo remedio” que convierten un consumo aislado en una recaída completa. Un plan escrito reduce ese riesgo.

    ¿Qué es la prevención de recaídas en adicciones y por qué recaer no significa volver a cero?

    La prevención de recaídas es un programa de mantenimiento: no sirve para dejar de consumir, sirve para no volver. Fue formulado por G. Alan Marlatt y Judith Gordon en 1985 (Marlatt y Gordon, 1985) y hoy está integrado en casi todas las terapias cognitivo-conductuales para el consumo de alcohol y drogas, según la revisión que el propio equipo de Marlatt publicó al cumplirse treinta años del modelo (Hendershot et al., 2011).

    La idea que cambia todo está en el vocabulario. El modelo separa dos cosas que la gente suele confundir:

    • Un desliz (lapse) es la primera violación de la meta de abstinencia: una copa, una línea, un cigarro después de semanas sin consumir.
    • Una recaída (relapse) es volver al patrón anterior de consumo o abandonar la meta por completo.

    Un desliz aumenta bastante el riesgo de recaída, pero el paso de uno a otro no es inevitable. Ese hueco entre desliz y recaída es donde trabaja el modelo (Larimer, Palmer y Marlatt, 1999). Y también es donde más daño hace la idea de “ya lo eché a perder, da lo mismo”, que veremos más abajo con nombre propio.

    Conviene tener claro también que la recaída es lo esperable, no la excepción. El trastorno por consumo de alcohol sigue en la mayoría de las personas un curso de remisiones y recaídas, como describe una revisión sistemática de 321 estudios (Sliedrecht et al., 2019). Eso no es una condena: es la razón por la que hace falta un plan.

    El modelo de Marlatt y Gordon en una página: así se produce una recaída

    Marlatt describió la recaída como una secuencia, no como un rayo que cae de repente. La versión resumida, tomada de la síntesis del modelo publicada en Alcohol Research & Health (Larimer et al., 1999), es esta:

    1. La persona entra en una situación de alto riesgo: cualquier circunstancia que amenaza su sensación de control (una emoción intensa, un conflicto, una presión social).
    2. Si tiene una respuesta de afrontamiento eficaz (irse, decir que no, llamar a alguien, hablarse a sí misma de otra forma), su autoeficacia sube. Cada situación superada la deja más fuerte para la siguiente.
    3. Si no tiene esa respuesta, la autoeficacia baja y aparecen las expectativas positivas: “un trago me va a calmar”, “me lo merezco”.
    4. Viene el desliz.
    5. Lo que decide si el desliz se queda ahí o escala a recaída es la reacción que sigue: el efecto de violación de la abstinencia.

    Detrás de esa secuencia visible hay lo que Marlatt llamó antecedentes encubiertos: un estilo de vida desequilibrado, la racionalización y las decisiones “sin importancia” que van acercando a la persona al lugar equivocado. En 2004, Witkiewitz y Marlatt reformularon el modelo como un sistema dinámico en que factores de fondo (el estrés acumulado, la depresión, el apoyo social) y factores del momento (un antojo, una pelea) interactúan y pueden cambiar de un minuto a otro (Witkiewitz y Marlatt, 2004). En la práctica, eso quiere decir que una misma fiesta puede ser inofensiva un sábado y peligrosísima el siguiente, según cómo llegue la persona.

    Las situaciones de alto riesgo más comunes (y cómo encontrar las tuyas)

    Marlatt analizó cientos de episodios de recaída en distintas conductas adictivas y los agrupó en categorías. Los estados emocionales negativos y los conflictos interpersonales, juntos, precedieron a más de la mitad de todos los episodios; la presión social explicó más de un 20 % (Larimer et al., 1999).

    Categoría Ejemplos típicos Peso aproximado
    Estados emocionales negativos Rabia, ansiedad, tristeza, frustración, aburrimiento Junto con los conflictos, más de la mitad de las recaídas
    Conflicto interpersonal Discusiones con la pareja, la familia, el jefe (ver fila anterior)
    Presión social Que te ofrezcan, estar rodeado de gente que consume, un evento Más de un 20 %
    Estados emocionales positivos Celebraciones, “hoy me lo merezco” Menos frecuente, pero real
    Señales asociadas Lugares, personas, horarios, dinero en la mano Variable
    Poner a prueba el control “Voy a ver si puedo tomar solo uno” Variable
    Craving sin causa aparente Antojo intenso que aparece sin un disparador claro Variable

    La tabla es un mapa, no un diagnóstico. El trabajo real es personal: cada persona tiene dos o tres situaciones que concentran casi todo su riesgo, y suelen ser bastante predecibles cuando se miran con calma. Tres formas de encontrarlas:

    • Reconstruir las últimas recaídas (o los últimos consumos fuertes) hacia atrás: dónde estabas, con quién, qué había pasado en las horas anteriores, qué pensaste justo antes.
    • Automonitoreo durante dos semanas: anotar cada antojo con hora, lugar, intensidad de 0 a 10 y qué pasaba alrededor.
    • La “fantasía de recaída”: imaginar con detalle cómo sería el día en que vuelvas a consumir. Suena contraintuitivo, pero es una técnica del propio modelo, y suele revelar la situación de riesgo que la persona prefería no mirar.

    La revisión de Sliedrecht y colaboradores (2019) confirma con datos lo que Marlatt observó en consulta: la comorbilidad psiquiátrica, la gravedad del consumo, el craving y el uso de otras sustancias se asocian de forma consistente con recaer. En cambio, una red de apoyo, la autoeficacia y tener un propósito en la vida protegen. Ese es el listado de lo que un plan tiene que tocar.

    ¿Qué es el efecto de violación de la abstinencia?

    El efecto de violación de la abstinencia (EVA) es la reacción emocional y cognitiva que sigue a un desliz cuando la persona se había comprometido con no consumir. Marlatt lo describió con dos componentes (Larimer et al., 1999):

    1. Disonancia y culpa. La persona se ve haciendo lo contrario de lo que había decidido ser. Esa contradicción produce culpa, vergüenza y una sensación de conflicto interno intensa.
    2. Atribución personal. La persona busca una causa para el desliz, y la que elige lo decide todo. Si la atribución es interna, estable y global (“no tengo fuerza de voluntad”, “soy un adicto y siempre lo seré”, “esto demuestra que no puedo”), lo más probable es que abandone la meta. Si la atribución es situacional y específica (“me pilló una situación para la que no tenía plan”, “no había comido ni dormido y estaba muy enojado”), el desliz se convierte en información para la próxima vez.

    El mecanismo que lleva del desliz a la recaída es un círculo corto: consumo, culpa, “ya da lo mismo”, y consumo otra vez para tapar la culpa. Quien atribuye el desliz a un fallo personal tiende a seguir consumiendo para escapar de esos sentimientos, y ahí el desliz se convierte en recaída completa.

    Hay un dato del modelo que incomoda, y conviene decirlo. Larimer y colaboradores (1999) recogen que las personas con más fe en que la adicción es una enfermedad que no controlan, y con un compromiso más rígido con la abstinencia absoluta, fueron las que más recayeron tras un desliz. No porque la abstinencia sea mala meta, sino porque un compromiso de “todo o nada” convierte cualquier grieta en derrumbe. La alternativa que propone el modelo es un compromiso firme con la meta y flexible con el tropiezo: si pasa, se contiene, se analiza y se sigue.

    Cómo cortar el EVA en el momento

    Esto se ensaya antes, no en medio de la crisis. Dos preguntas que se pueden escribir en una tarjeta y llevar en la billetera:

    • ¿Qué pasó exactamente? (Situación, hora, con quién, qué sentía, qué pensé justo antes). Obliga a mirar la situación, no el “carácter”.
    • ¿Qué habría necesitado para que no pasara? (Un plan para esa situación, no haber ido, haber llamado a alguien, haber comido). Convierte la culpa en una tarea.

    Y una frase de reemplazo para la atribución global: “Un consumo no borra las semanas anteriores. Es una situación que no tenía cubierta, y ahora sé cuál”. Suena simple, pero es justo el tipo de reestructuración cognitiva que el modelo entrena sesión tras sesión.

    Las decisiones que “no tienen importancia” y el estilo de vida desequilibrado

    Muchas recaídas no empiezan en la situación de alto riesgo, sino días antes, con una cadena de pequeñas decisiones que parecen inocentes. Marlatt las llamó decisiones aparentemente irrelevantes: comprar una botella “por si viene alguien”, aceptar la invitación a un asado “solo para saludar”, pasar por la calle de siempre “porque es más corto”. Cada una por separado se defiende bien; juntas, dejan a la persona en una situación de riesgo abrumador y con una excusa lista (Larimer et al., 1999).

    El otro antecedente encubierto es el desequilibrio del estilo de vida: cuando la vida está hecha casi solo de obligaciones (“debería”) y casi nada de cosas que uno quiere hacer (“quiero”), el estrés se acumula, el ánimo baja y aparece el deseo de compensarse. “Me merezco un trago” es la racionalización más frecuente en ese estado. Por eso el modelo incluye, al mismo nivel que las habilidades para decir que no, estrategias globales:

    • Equilibrar la agenda con actividades que antes daban placer y no involucran consumo.
    • “Adicciones positivas”: ejercicio, meditación, algo que a largo plazo mejore el ánimo y la salud y que se pueda practicar con regularidad.
    • Control de estímulos: sacar de la casa lo que recuerde al consumo y evitar, al menos al principio, los lugares condicionados.
    • Surfear la urgencia: en vez de pelear con el antojo, observarlo como una ola que sube, llega a su punto máximo y baja sola. El craving, si no se alimenta, tiene una duración limitada.

    ¿Funciona la prevención de recaídas? Lo que dice la evidencia

    Sí, y sabemos bastante sobre cuándo funciona mejor. Un metaanálisis de 26 estudios con 9.504 participantes encontró que la prevención de recaídas fue eficaz en general, sobre todo para problemas con el alcohol, y que rindió más en trastornos por alcohol o por varias sustancias y cuando se combinó con medicación (Irvin et al., 1999).

    Los datos más recientes matizan sin desmentir. Un metaanálisis de 30 ensayos aleatorizados de terapia cognitivo-conductual para alcohol y otras drogas, la familia de tratamientos a la que pertenece la prevención de recaídas, mostró un efecto moderado y consistente frente a no tratar o tratar mínimamente, tanto en cuánto se consume como en cuántas veces. Frente a otro tratamiento específico bien hecho, no hubo diferencias (Magill et al., 2019). Traducido: la prevención de recaídas funciona mucho mejor que nada, y más o menos igual que otras terapias serias. No hay un método mágico; hay métodos con estructura.

    Y hay un ensayo que responde la pregunta que más se hace la gente al salir de un tratamiento: ¿sirve de algo seguir en algo después? Bowen y colaboradores asignaron al azar a 286 personas que acababan de completar un tratamiento a tres opciones de seguimiento: prevención de recaídas cognitivo-conductual (RP), prevención de recaídas basada en mindfulness (MBRP) o el tratamiento habitual (programa de 12 pasos y psicoeducación). A los seis meses, las dos versiones de prevención de recaídas redujeron el riesgo de volver a consumir drogas y de beber en exceso frente al tratamiento habitual; la RP clásica retrasó más el primer consumo de drogas, y al año la versión con mindfulness mostró menos días de consumo y menos consumo intenso que las otras dos (Bowen et al., 2014).

    Qué predice recaer y qué protege: cinco datos para tomar en serio

    Estos hallazgos son los que más deberían pesar al escribir tu plan.

    La remisión “por mi cuenta” es frágil. En una cohorte de 461 personas con problemas de alcohol seguida durante 16 años, quienes no buscaron ayuda tuvieron menos probabilidad de estar en remisión a los tres años y más probabilidad de recaer después. Entre las que sí estaban en remisión a los tres años, recayeron más las que bebían más, veían menos su consumo como un problema, tenían menos autoeficacia y usaban más el afrontamiento evitativo (Moos y Moos, 2006).

    La depresión y la baja autoeficacia son las señales de alarma más consistentes. Un metaanálisis de 61 estudios y 18.693 personas tratadas en programas residenciales encontró que quienes recayeron tenían puntajes de depresión mucho más altos y menor autoeficacia; el apoyo de pares, una mayor duración del tratamiento y las intervenciones de adherencia se asociaron con mejores resultados (Naeem, Rasheed y Ali, 2026). Si notas que el ánimo cae, eso va al plan como situación de alto riesgo, aunque no haya ningún trago cerca.

    La autoeficacia no es una actitud: es un mecanismo. En un ensayo con 262 adultos que salían de un tratamiento ambulatorio intensivo, el seguimiento telefónico redujo el consumo de alcohol a través de la mejora en la autoeficacia para afrontar situaciones de alto riesgo (Brincks et al., 2024). Cada situación de riesgo que superas con un plan te deja, literalmente, con más probabilidades de superar la siguiente.

    El apoyo social protege, y el conflicto expone. Es uno de los resultados más estables de la revisión de Sliedrecht et al. (2019), y coincide con el peso de los conflictos interpersonales en la taxonomía de Marlatt. Si vives con alguien que consume, o la relación en la casa está muy tensa, el plan necesita una sección sobre eso. Hay una guía para familiares de personas con adicción que puede leer quien te acompaña.

    El craving se puede entrenar, aunque el efecto sea modesto. Un metaanálisis de 9 ensayos de MBRP no encontró diferencias significativas en recaída frente a otros tratamientos, pero sí efectos pequeños a favor del mindfulness en craving y en consecuencias negativas del consumo, con evidencia de baja calidad (Grant et al., 2017). Merece un lugar en el plan, no todo el plan.

    Cómo escribir tu plan de prevención de recaídas: ejercicios paso a paso

    Un plan de prevención de recaídas es un documento corto, escrito a mano o impreso, que responde de antemano a las preguntas que en el momento de crisis no se pueden pensar. Marlatt lo llamaba “mapa de ruta de la recaída”: el análisis de cada situación de riesgo con las decisiones que llevan a consumir y las que llevan a no hacerlo (Larimer et al., 1999). Estas son las siete secciones que recomiendo, y son las mismas de la plantilla descargable.

    1. Mis razones

    Tres o cuatro motivos concretos para mantenerte. No “mi salud”, sino “poder ir a buscar a mi hija al colegio sin que me mire raro”. Es lo primero que se lee en un momento de riesgo.

    2. Mis situaciones de alto riesgo

    Las tres o cuatro que concentran tu riesgo, con detalle: lugar, personas, hora, estado de ánimo. Usa la tabla de categorías de arriba como guía y las técnicas de reconstrucción y automonitoreo.

    3. Señales de que me estoy acercando

    Aquí van las decisiones aparentemente irrelevantes y los cambios de rutina que preceden a un consumo: dejar de ir al gimnasio, aislarte, discutir más, dormir mal, “pasar por casualidad” por ciertos lugares. Quien te acompaña también puede aportar señales que tú no ves.

    4. Qué voy a hacer en cada situación

    Para cada situación de la sección 2, una respuesta conductual (irme, no ir, llamar) y una cognitiva (qué me voy a decir). Ensáyala en voz alta. Un plan que solo dice “resistir” no es un plan.

    5. A quién llamo

    Dos o tres personas con nombre y teléfono, en orden. Y un recurso profesional: tu terapeuta, un centro, o la línea 1412 en Chile (más abajo).

    6. Si tengo un desliz

    Tu protocolo de las primeras 24 horas (siguiente sección) y la frase de reemplazo del EVA escrita con tus palabras.

    7. Mi estilo de vida

    Qué actividades “quiero” vas a proteger cada semana, y cuál va a ser tu “adicción positiva”. Aquí es donde entra el ejercicio, la meditación o lo que te haga bien de forma sostenida.

    Descarga la plantilla: Plan de prevención de recaídas en PDF (2 páginas, para imprimir y completar). Es un documento de trabajo, no un test: no tiene puntaje ni interpretación. Llévalo a tu próxima sesión o compártelo con la persona que te acompaña.

    Qué hacer en las primeras 24 horas después de un desliz

    El modelo incluye el manejo del desliz como una habilidad más, y propone acordarlo de antemano con el terapeuta: limitar la extensión del consumo, contactar cuanto antes y analizar la situación en vez de la persona (Larimer et al., 1999). En términos prácticos:

    1. Parar el episodio. Salir del lugar, deshacerse de lo que quede, no “terminar lo que empecé”.
    2. Avisar a alguien dentro del mismo día. La vergüenza empuja a esconderlo, y esconderlo es el atajo a la recaída.
    3. Responder las dos preguntas de la tarjeta (qué pasó exactamente, qué habría necesitado) por escrito.
    4. Volver a la rutina al día siguiente: comer, dormir, la actividad de la sección 7. La atribución situacional se demuestra con conducta, no solo con frases.
    5. Agregar la situación al plan. Un desliz es la mejor fuente de información que existe sobre tu sección 2.

    Si el desliz se repite en pocos días, o si el consumo fue de una cantidad que te asusta, eso ya no es manejo de un desliz: es momento de retomar o intensificar el tratamiento.

    Mindfulness y prevención de recaídas: surfear la urgencia

    La prevención de recaídas basada en mindfulness (MBRP) nació en el propio grupo de Marlatt y combina el modelo cognitivo-conductual con prácticas de atención plena. La lógica es que gran parte del consumo es una reacción automática a un malestar, y que entrenar la capacidad de observar el antojo o la emoción sin actuar de inmediato abre el espacio para elegir. Bowen y colaboradores (2014) atribuyen justamente a eso la ventaja de la MBRP a los 12 meses: una mayor capacidad de tolerar la incomodidad del craving y del ánimo negativo.

    Con los datos en la mano, la conclusión razonable es que el mindfulness es un complemento útil, no un sustituto de las habilidades concretas. Si te interesa empezar, hay una introducción práctica al mindfulness en este mismo sitio. Y “surfear la urgencia”, la técnica de observar el antojo como una ola, se puede practicar desde el primer día sin ninguna formación previa.

    Cuándo buscar ayuda profesional (y qué hay en Chile)

    La prevención de recaídas se aprende mejor con un terapeuta que sola, entre otras cosas porque la reestructuración del EVA y el ensayo de las respuestas de afrontamiento son difíciles de hacer con uno mismo. Conviene pedir ayuda, o retomarla, si:

    • Tuviste un desliz y no pudiste contenerlo en 24 horas, o se repitió en la misma semana.
    • Notas que el ánimo lleva semanas bajo, duermes mal o te aislaste. La depresión es el predictor de recaída más consistente en los estudios.
    • Tus situaciones de alto riesgo son inevitables (vives o trabajas con gente que consume) y no tienes respuestas ensayadas para ellas.
    • Nunca has tenido tratamiento y llevas un tiempo “controlándolo” por tu cuenta. Los datos de Moos y Moos (2006) sobre la remisión sin ayuda son claros.
    • Hay síntomas físicos al dejar de consumir (temblor, sudoración, ansiedad intensa, alucinaciones). Eso requiere evaluación médica, no solo psicológica.

    En Chile, el Fono Drogas y Alcohol 1412 de SENDA es gratuito, confidencial y funciona las 24 horas, tanto para quien consume como para su familia. Para saber qué cubre el sistema público y cómo se accede, está la guía sobre el GES y el tratamiento de alcohol y drogas en Chile. Y si todavía no tienes claro si tu consumo es un problema, el test AUDIT de alcohol y la guía sobre qué es la adicción son un buen punto de partida. El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos resume el consenso científico sobre por qué el tratamiento debe incluir estrategias de prevención de recaídas y por qué recaer no significa que el tratamiento fracasó.

    Preguntas frecuentes sobre la prevención de recaídas

    ¿Cuál es la diferencia entre un desliz y una recaída?

    Un desliz es el primer consumo después de un período de abstinencia: un episodio aislado. Una recaída es volver al patrón de consumo anterior o abandonar la meta. En el modelo de Marlatt la diferencia importa porque lo que decide si un desliz escala a recaída es la reacción que sigue, no el consumo en sí.

    ¿Qué es el efecto de violación de la abstinencia?

    Es la reacción de culpa y autoatribución que sigue a un desliz cuando la persona se había comprometido con no consumir. Si concluye “no tengo remedio” (atribución interna, estable y global), es probable que abandone la meta; si concluye “me faltó un plan para esta situación”, el desliz se convierte en aprendizaje.

    ¿Cuáles son las situaciones de alto riesgo más frecuentes?

    En los análisis de Marlatt, los estados emocionales negativos (rabia, ansiedad, tristeza, aburrimiento) y los conflictos interpersonales precedieron a más de la mitad de las recaídas, y la presión social a más de un 20 %. Cada persona tiene, además, dos o tres situaciones propias que se descubren reconstruyendo consumos anteriores.

    ¿Funciona la prevención de recaídas?

    Sí. Un metaanálisis de 26 estudios la encontró eficaz, sobre todo para el alcohol y combinada con medicación (Irvin et al., 1999). Como terapia de continuidad tras un tratamiento, redujo el riesgo de recaída a los seis meses frente al tratamiento habitual en un ensayo con 286 personas (Bowen et al., 2014).

    ¿Qué debe tener un plan de prevención de recaídas?

    Razones concretas para mantenerse, las situaciones de alto riesgo personales, las señales tempranas de acercamiento, una respuesta ensayada para cada situación, personas y recursos a quienes llamar, un protocolo para las primeras 24 horas tras un desliz y un compromiso con el estilo de vida. La plantilla de este artículo sigue esa estructura.

    ¿Sirve el mindfulness para prevenir recaídas?

    Como complemento, sí. En un ensayo, la prevención de recaídas basada en mindfulness mostró menos consumo al año que la versión clásica y el tratamiento habitual (Bowen et al., 2014), pero un metaanálisis de 9 ensayos solo encontró efectos pequeños en craving y consecuencias del consumo, sin diferencias claras en recaída (Grant et al., 2017).

    Un plan escrito hoy vale más que la fuerza de voluntad del viernes

    La recaída no es un rayo: es una secuencia con partes reconocibles, y cada parte tiene una herramienta. Identificar las situaciones de riesgo, ensayar qué hacer en ellas, cuidar el ánimo y el estilo de vida, y tener escrito de antemano cómo reaccionar a un desliz. Eso es la prevención de recaídas, y es lo que distingue a la gente que se mantiene de la que vuelve a empezar de cero cada pocos meses.

    Si quieres armar tu plan con un profesional, revisar uno que ya tienes o entender por qué las últimas recaídas se repiten en el mismo lugar, puedes agendar una consulta. Trabajamos en línea, con el modelo que acabas de leer y adaptado a tus situaciones concretas.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Bowen, S., Witkiewitz, K., Clifasefi, S. L., Grow, J., Chawla, N., Hsu, S. H., Carroll, H. A., Harrop, E., Collins, S. E., Lustyk, M. K., & Larimer, M. E. (2014). Relative efficacy of mindfulness-based relapse prevention, standard relapse prevention, and treatment as usual for substance use disorders: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 71(5), 547-556. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2013.4546

    Brincks, A. M., MacKinnon, D. P., Gustafson, D. H., & McKay, J. R. (2024). Using causal mediation to examine self-efficacy as a mechanism through which continuing care interventions reduce alcohol use. Psychology of Addictive Behaviors, 38(8), 871-878. https://doi.org/10.1037/adb0001011

    Grant, S., Colaiaco, B., Motala, A., Shanman, R., Booth, M., Sorbero, M., & Hempel, S. (2017). Mindfulness-based relapse prevention for substance use disorders: A systematic review and meta-analysis. Journal of Addiction Medicine, 11(5), 386-396. https://doi.org/10.1097/ADM.0000000000000338

    Hendershot, C. S., Witkiewitz, K., George, W. H., & Marlatt, G. A. (2011). Relapse prevention for addictive behaviors. Substance Abuse Treatment, Prevention, and Policy, 6, 17. https://doi.org/10.1186/1747-597X-6-17

    Irvin, J. E., Bowers, C. A., Dunn, M. E., & Wang, M. C. (1999). Efficacy of relapse prevention: A meta-analytic review. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 67(4), 563-570. https://doi.org/10.1037/0022-006X.67.4.563

    Larimer, M. E., Palmer, R. S., & Marlatt, G. A. (1999). Relapse prevention: An overview of Marlatt’s cognitive-behavioral model. Alcohol Research & Health, 23(2), 151-160. PMID: 10890810. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6760427/

    Magill, M., Ray, L., Kiluk, B., Hoadley, A., Bernstein, M., Tonigan, J. S., & Carroll, K. (2019). A meta-analysis of cognitive-behavioral therapy for alcohol or other drug use disorders: Treatment efficacy by contrast condition. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 87(12), 1093-1105. https://doi.org/10.1037/ccp0000447

    Marlatt, G. A., & Gordon, J. R. (Eds.). (1985). Relapse prevention: Maintenance strategies in the treatment of addictive behaviors. Guilford Press.

    Moos, R. H., & Moos, B. S. (2006). Rates and predictors of relapse after natural and treated remission from alcohol use disorders. Addiction, 101(2), 212-222. https://doi.org/10.1111/j.1360-0443.2006.01310.x

    Naeem, S., Rasheed, A., & Ali, H. (2026). Risk and protective factors for relapse after residential substance use treatment: A systematic review and meta-analysis. BMC Psychiatry, 26, 676. https://doi.org/10.1186/s12888-026-08330-4

    Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol [SENDA]. (2023). 1412: Fono Drogas del SENDA atiende consultas y orienta a personas afectadas por el consumo de alcohol y otras drogas las 24 horas de manera confidencial y gratuita. https://www.senda.gob.cl/noticia/1412-fono-drogas-del-senda-atiende-consultas-y-orienta-a-personas-afectadas-por-el-consumo-de-alcohol-y-otras-drogas-las-24-horas-de-manera-confidencial-y-gratuita/

    Sliedrecht, W., de Waart, R., Witkiewitz, K., & Roozen, H. G. (2019). Alcohol use disorder relapse factors: A systematic review. Psychiatry Research, 278, 97-115. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2019.05.038

    Witkiewitz, K., & Marlatt, G. A. (2004). Relapse prevention for alcohol and drug problems: That was Zen, this is Tao. American Psychologist, 59(4), 224-235. https://doi.org/10.1037/0003-066X.59.4.224

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta