Etiqueta: persona altamente sensible

  • Persona altamente sensible (PAS): qué es y test

    Persona altamente sensible (PAS): qué es y test

    Si te dijeron que eres demasiado sensible, o llegaste aquí porque el ruido, la prisa y el ánimo de los demás te agotan más que a quienes te rodean, probablemente buscas saber si eres una persona altamente sensible (PAS). La respuesta corta es que se trata de un rasgo de temperamento bien estudiado, que se mide con una escala y que no es una enfermedad.

    Más abajo hay un test de persona altamente sensible, gratis y sin registro, con dos caminos: leer tu puntaje de la escala de Elaine Aron o hacer una autoobservación guiada. Antes conviene entender qué mide cada cosa, porque el número solo tiene sentido con ese contexto.

    En breve: una persona altamente sensible procesa los estímulos y las emociones con más profundidad y se satura antes que la mayoría. En la investigación se llama sensibilidad de procesamiento sensorial. No es un trastorno ni un diagnóstico, no tiene punto de corte clínico y no se mide con ningún test casero que dé un veredicto. Lo que sí existe es la escala HSPS, de 27 ítems, con tramos orientativos publicados. Si la sensibilidad te está costando el sueño, el trabajo o tus vínculos, vale la pena consultar sin esperar un puntaje.

    ¿Qué es una persona altamente sensible y cuáles son sus características?

    En psicología, PAS es la sigla de persona altamente sensible. Una persona altamente sensible es alguien que registra más detalles del entorno, los procesa con más profundidad y reacciona con más intensidad, tanto a lo agradable como a lo difícil. La psicóloga Elaine Aron y Arthur Aron propusieron el concepto en 1997 y lo llamaron sensibilidad de procesamiento sensorial, con siete estudios que la separaron de la introversión y de la emocionalidad con las que se la confundía. La revisión crítica más completa lo describe como un rasgo común, heredable y presente en otras especies, que aumenta el riesgo de problemas ligados al estrés en ambientes adversos y, a la vez, el beneficio en ambientes de apoyo (Greven et al., 2019).

    La teoría la describe con cuatro rasgos que suelen resumirse con la sigla DOES en inglés (Aron et al., 2012; Greven et al., 2019):

    • Profundidad de procesamiento. Le das muchas vueltas a lo que percibes antes de actuar.
    • Sobreestimulación. Te saturas con el ruido, la gente, la prisa o las tareas simultáneas.
    • Reactividad emocional y empatía. Sientes con intensidad lo propio y se te contagia el ánimo ajeno.
    • Sutilezas. Notas detalles del entorno que otros pasan por alto: un tono de voz, un olor, un cambio de luz.

    Ese perfil no tiene un lado bueno y uno malo. Lo mismo que te cansa en una oficina abierta puede hacer que una pieza de música te conmueva más que a otros. La psicología lo estudia como una diferencia de temperamento, igual que otros rasgos de la personalidad.

    ¿Ser una persona altamente sensible es un diagnóstico?

    No. Ser una persona altamente sensible es tener un rasgo. Greven y colaboradores (2019) lo tratan como una dimensión del temperamento que varía de una persona a otra, y hasta donde pudimos revisar, el DSM-5-TR y la CIE-11 no incluyen una categoría diagnóstica con ese nombre. Por eso no hay un punto de corte clínico ni un examen que “confirme” la alta sensibilidad. La escala que se usa para medirla describe cuánto te pareces al rasgo, no si estás enfermo.

    Esto importa por dos razones. La primera es que el rasgo, por sí solo, no requiere tratamiento. La segunda es que sí puede acompañarse de problemas que lo requieren, como ansiedad, mal sueño o desgaste laboral, y ahí lo que se trata es el problema, no la sensibilidad. Más abajo vemos qué dice la investigación sobre esa relación.

    ¿Cuántas personas son altamente sensibles?

    La cifra que más circula es que entre el 15 % y el 20 % de la población lo es. El estudio de imágenes cerebrales de Acevedo y colaboradores (2014) la repite al hablar de “alrededor del 20 %”. Ese número viene de los primeros trabajos y de una forma de clasificar en dos grupos, sensibles y no sensibles.

    Cuando se usaron métodos estadísticos que dejan que los datos hablen, el resultado cambió. En 906 estudiantes universitarios de Estados Unidos que respondieron la escala, Lionetti y colaboradores (2018) encontraron tres grupos y no dos: alrededor del 31 % de sensibilidad alta (el grupo “orquídea”), 40 % de sensibilidad media (“tulipanes”) y 29 % de sensibilidad baja (“dientes de león”). Con un cuestionario para niños y adolescentes, Pluess y colaboradores (2018) obtuvieron algo parecido en 3.581 jóvenes de 8 a 19 años, con grupos de sensibilidad baja (25 % a 35 %), media (41 % a 47 %) y alta (20 % a 35 %).

    Los autores concluyen que la sensibilidad es un continuo y que las personas se reparten a lo largo de él, con tres agrupaciones útiles. Entonces, ¿cuántas son altamente sensibles? Depende de dónde se ponga la raya, y ninguna raya es oficial. Entre una de cada cinco y una de cada tres personas es un rango honesto.

    Test de persona altamente sensible: lee tu resultado

    La escala de referencia es la Highly Sensitive Person Scale (HSPS) de Aron y Aron, con 27 ítems que se responden de 1 (nada) a 7 (extremadamente). La suma va de 27 a 189. Como la HSPS tiene derechos de autor y no declara una licencia de reproducción, no copiamos ni traducimos sus ítems aquí. Los 27 ítems originales, en inglés, están publicados en la Tabla 1 del estudio de validación española, de acceso abierto. La autora mantiene además su sitio oficial, hsperson.com, con su propia prueba. Se corrige con las instrucciones de esa página y puede no ser comparable con los tramos de este artículo.

    Hay dos caminos en el test de abajo. Si ya sumaste tus 27 respuestas, el primero te muestra en qué tramo cae tu suma según dos estudios. Si no, el segundo te ofrece ocho frases propias para observarte, sin puntaje. Responde pensando en cómo eres en general y no en tu peor semana, y ten presente que nada de lo que escribas se guarda.

    Lee tu resultado de alta sensibilidad: dos caminos

    Tarda un par de minutos. No guarda nada: lo que escribas se queda en tu pantalla.

    Esto es una orientación, no un diagnóstico. La alta sensibilidad es un rasgo de temperamento y no tiene un punto de corte clínico. El primer camino interpreta el puntaje de la escala HSPS de Aron y Aron (1997), que no reproducimos porque tiene derechos de autor. El segundo es una guía de autoobservación con enunciados propios, sin puntaje.

    Cada ítem se responde de 1 (nada) a 7 (extremadamente) y se suman los 27. Los ítems originales están publicados en inglés, en la Tabla 1 del estudio de acceso abierto que enlazamos arriba.

    Marca cuánto te describe cada frase en general, no en tu peor semana. Son ocho frases escritas para este artículo a partir de las cuatro características que describe la teoría (profundidad, sobreestimulación, emoción y empatía, sutilezas). No suman un puntaje.

    Si el cansancio, la angustia o la irritabilidad te están costando el trabajo, el sueño o tus vínculos, eso merece una conversación aparte, sin importar el puntaje. Escríbenos aquí.

    ¿Cómo se interpreta el puntaje de la escala HSPS?

    El puntaje se interpreta contra muestras de referencia, no contra una norma clínica. Hay dos publicadas, y se miden distinto:

    ReferenciaQuiénes sonCómo se lee
    Lionetti et al. (2018)906 universitarios de Estados UnidosPromedio por ítem hasta 3,71: baja. Entre 3,72 y 4,66: media. Más de 4,66: alta. En suma: hasta 100, de 101 a 125, desde 126
    Chacón et al. (2021)8.358 adultos de España, de 18 a 70 añosAlta sensibilidad desde el percentil 67: suma de 160 o más en hombres y de 167 o más en mujeres

    Lionetti y colaboradores presentan sus cortes como preliminares y advierten que pueden variar según la población. En la validación española (Chacón et al., 2021) el tercio superior se definió dentro de la propia muestra, reunida por conveniencia y difundida, entre otros canales, con asociaciones de personas altamente sensibles. Los autores no tienen pruebas de sesgo, pero señalan el muestreo como una limitación. Su puntaje promedio fue de unos 148 puntos en hombres y 156 en mujeres, es decir, cerca de 5,5 y 5,8 por ítem, por encima incluso del grupo de sensibilidad alta de los universitarios estadounidenses (cerca de 5,0). Esa es la razón de que una misma suma pueda quedar en el tramo alto de un estudio y por debajo del tercio alto del otro.

    Cuatro cosas ayudan a leer bien el número:

    1. Mira el patrón, no solo la suma. La versión española se organiza en cinco dimensiones: sobreestimulación (9 ítems), sensibilidad estética (6), umbral sensorial bajo (5), discriminación psicofisiológica fina (4) y evitación del daño (3). Dos personas con 130 pueden ser muy distintas.
    2. Las mujeres puntúan algo más alto. En esa misma muestra la diferencia fue de tamaño medio en el puntaje total (Chacón et al., 2021), y los cortes se dan por sexo.
    3. Es un autoinforme. Greven y colaboradores (2019) señalan que el campo necesita mediciones más confiables y objetivas. Un número de un cuestionario describe cómo te ves hoy.
    4. La escala recoge sobre todo la incomodidad. Una crítica que recoge la literatura del campo (Greven et al., 2019) es que casi todos los ítems describen agobio o agotamiento, salvo los de sensibilidad estética, así que captan peor a quien es muy sensible y lo vive bien. Además, en la validación española no se pudo comprobar la escala contra otro instrumento validado, porque no existe otro en español.

    ¿En qué se diferencia de la introversión, el neuroticismo, la ansiedad o el TDAH?

    Se parece a varias cosas, y por eso se confunde. La investigación la trata como un rasgo propio con zonas de solapamiento:

    Con qué se confundeQué muestra la investigación
    IntroversiónAron y Aron (1997) mostraron que la sensibilidad es parcialmente independiente de la introversión social. En el estudio de Lionetti et al. (2018), el grupo de sensibilidad alta tuvo menos extraversión que los otros dos, pero hay personas sensibles que son sociables
    NeuroticismoEs el rasgo más cercano. En 167 estudiantes noruegos, el puntaje de sensibilidad se asoció con más neuroticismo y más apertura, y con menos extraversión (Listou Grimen y Diseth, 2016). Con todo, el neuroticismo pesó más que la sensibilidad para predecir las molestias de salud
    AnsiedadEn personas con ansiedad social, la sensibilidad fue un constructo separado, aunque muy ligado a la evitación del daño (Hofmann y Bitran, 2007)
    TDAHEn 274 adultos sin diagnóstico, más rasgos de TDAH se asociaron con más sensibilidad (Panagiotidi et al., 2020). Es una asociación entre rasgos y deja abierta la pregunta de si son lo mismo
    AutismoComparten la sensibilidad a luces, ruidos y texturas, pero el autismo es un diagnóstico del neurodesarrollo que tiene otras características centrales. Lo explicamos en autismo e hipersensibilidad sensorial

    Si quieres situar el rasgo dentro de la personalidad en general, tienes la guía de los cinco grandes rasgos, el artículo sobre neuroticismo y el test de introversión y extroversión.

    ¿De dónde viene la alta sensibilidad?

    Una parte importante es heredada. En un estudio con 2.868 gemelos adolescentes, la heredabilidad de la sensibilidad fue de 0,47, lo que significa que cerca de la mitad de las diferencias entre personas se explica por genes (Assary et al., 2021). El resto se atribuye a la experiencia. Los mismos autores encontraron que la relación de la sensibilidad con el neuroticismo y la extraversión se debe en buena parte a genes compartidos.

    Hay también diferencias en cómo responde el cerebro. En un estudio pequeño con 18 personas, quienes puntuaban más alto en la escala mostraron más activación en regiones ligadas a la atención, la empatía y el procesamiento de uno mismo y del otro al mirar rostros de su pareja y de desconocidos (Acevedo et al., 2014). Con 18 participantes aporta una pista.

    ¿Es una desventaja? Sensibilidad en ambientes difíciles y favorables

    La investigación actual propone que la persona sensible es más permeable al entorno en las dos direcciones, para mal y para bien. Eso se llama susceptibilidad diferencial.

    Algunos hallazgos que lo ilustran:

    • En 264 niños de jardín infantil de los Países Bajos, la sensibilidad modificó cómo la crianza se relacionaba con la conducta. La sensibilidad modificó cómo la crianza, tanto la negativa como la positiva, se relacionaba con la conducta agresiva o desafiante, pero no con la conducta prosocial (Slagt et al., 2018).
    • En 407 estudiantes japoneses de 15 y 16 años que participaron en un programa de educación en resiliencia, los más sensibles partían con menos bienestar, y fueron quienes más redujeron su depresión y más subieron su autoestima (Kibe et al., 2020).

    Dicho con claridad, son estudios con niños y adolescentes, y sus resultados no se trasladan sin más a los adultos. Sostienen una idea útil: el entorno pesa más en una persona sensible, así que los cambios en el entorno rinden más.

    ¿Qué se asocia con la salud mental?

    Aquí la honestidad importa, porque la sensibilidad alta se ha asociado con más malestar cuando el entorno es exigente, y eso no la convierte en un trastorno.

    • Estrés y sueño. En 800 adultos, una mayor sensibilidad se asoció con más estrés y peor sueño, y a través de ellos con peor salud mental (Costa-López et al., 2024). En 358 adultos, el vínculo entre sensibilidad y síntomas de insomnio pasó por la reactividad del sueño, es decir, qué tanto se altera tu sueño con el estrés (Pieroni et al., 2024).
    • Desgaste laboral. En 1.566 profesionales españoles de la salud y la educación, la sensibilidad fue un factor de riesgo de burnout y de fatiga por compasión. Una de sus dimensiones, el umbral sensorial bajo, se asoció con mayor realización personal (Pérez-Chacón et al., 2021).
    • Ansiedad. Se asocia con más ansiedad, pero hay un mecanismo que parece importar. En 563 jóvenes japoneses, la atención plena (observar sin reaccionar ni juzgar) explicó en parte la relación entre sensibilidad y ansiedad (Takahashi et al., 2020).

    Casi todos estos estudios son transversales: miden en un momento y no pueden decir qué causa qué. Que la sensibilidad se asocie con más estrés no prueba que lo cause.

    ¿Tiene tratamiento? Qué ayuda a una persona altamente sensible

    No encontramos en la literatura que revisamos ensayos que prueben un tratamiento específico para adultos altamente sensibles. Lo que sigue combina los hallazgos anteriores con prácticas que cuentan con respaldo en otros problemas, y conviene leerlo como una propuesta razonable y no como un protocolo probado:

    • Cuida el sueño y la recuperación. Dado que el sueño parece ser un puente entre la sensibilidad y el malestar, la higiene del sueño y los descansos programados tienen sentido.
    • Entrena la atención plena. Los autores del estudio japonés sugieren que mejorarla podría ayudar. Aquí tienes una guía para empezar con mindfulness.
    • Ordena la carga. Si te satura hacer varias cosas a la vez o con poco tiempo, recortar simultaneidad y poner límites protege más que aguantar.
    • Distingue lo tuyo de lo contagiado. Si el ánimo ajeno se te pega, ayuda saber qué parte de lo que sientes es tuya. El artículo sobre contagio emocional explica cómo ocurre.
    • Busca los ambientes que te sientan bien. Por lo que vimos en la susceptibilidad diferencial, el entorno puede desgastar o favorecer.

    ¿Cuándo conviene consultar a un psicólogo?

    Conviene consultar cuando la sensibilidad deja de ser un rasgo con el que vives y pasa a limitar tu vida. Algunas señales concretas:

    • Llevas semanas durmiendo mal, con angustia o con una irritabilidad que antes no tenías.
    • Evitas el trabajo, las reuniones o la gente porque la saturación te desborda.
    • Te sientes agotado de forma persistente y no mejoras con descanso (puede ser burnout).
    • Sospechas que detrás hay ansiedad, un cuadro del espectro autista o TDAH. Solo una evaluación profesional puede distinguirlos.
    • Te han dicho "eres demasiado sensible" y hoy lo crees como una condena.

    En consulta lo que se hace es separar qué parte de tu malestar viene del rasgo y qué parte de otra cosa; la sensibilidad en sí no se cura. Si quieres conversarlo, puedes escribirnos desde la página de contacto.

    Preguntas frecuentes sobre las personas altamente sensibles

    ¿Qué es una persona altamente sensible?

    Es alguien que procesa los estímulos y las emociones con más profundidad y se satura antes que la mayoría. La investigación lo llama sensibilidad de procesamiento sensorial y lo describe con cuatro rasgos: procesamiento profundo, sobreestimulación, reactividad emocional con empatía y percepción de sutilezas (Aron et al., 2012; Greven et al., 2019).

    ¿Ser persona altamente sensible es un diagnóstico o un trastorno?

    No. Es un rasgo de temperamento que varía entre personas (Greven et al., 2019). Hasta donde revisamos, el DSM-5-TR y la CIE-11 no tienen una categoría diagnóstica con ese nombre, y la escala que lo mide no tiene un punto de corte clínico. Puede acompañarse de ansiedad o mal sueño, que sí se tratan.

    ¿Qué porcentaje de personas es altamente sensible?

    Depende de cómo se defina. La cifra clásica es de alrededor del 20 % (Acevedo et al., 2014). En un estudio de 906 universitarios, el 31 % cayó en el grupo de sensibilidad alta, el 40 % en el medio y el 29 % en el bajo (Lionetti et al., 2018). Cualquier cifra depende de dónde se trace la línea.

    ¿Cómo saber si soy una persona altamente sensible?

    La forma más estudiada es la escala HSPS, de 27 ítems: se suman las respuestas y se comparan con los tramos publicados. Ninguna prueba en línea es definitiva, y un resultado alto no es un diagnóstico. Si además te preocupa tu bienestar, conviene conversarlo con un psicólogo y no quedarse solo con el número.

    ¿Alta sensibilidad es lo mismo que ser introvertido, ansioso o autista?

    No. Se solapan, pero son cosas distintas. La sensibilidad es parcialmente independiente de la introversión (Aron y Aron, 1997), se asocia con ansiedad sin ser un trastorno de ansiedad (Hofmann y Bitran, 2007) y comparte la sensibilidad sensorial con el autismo, que es un diagnóstico del neurodesarrollo con otras características centrales.

    ¿Existen niños altamente sensibles?

    Sí. Con una escala de 12 ítems para niños y adolescentes, Pluess y colaboradores (2018) encontraron en 3.581 jóvenes de 8 a 19 años tres grupos de sensibilidad. Los más sensibles son más permeables al entorno, tanto en lo difícil como en lo favorable, por lo que la crianza cuenta especialmente.

    Qué llevarte de este artículo

    La alta sensibilidad es un rasgo real y medible, compartido por entre una de cada cinco y una de cada tres personas según cómo se cuente, y no una enfermedad. Un puntaje de la escala HSPS te ubica frente a una muestra de referencia, y los dos estudios que usamos dan lecturas distintas porque parten de poblaciones distintas. Lo que tiene más respaldo es que el entorno pesa más en las personas sensibles, para bien y para mal, y que el sueño, el estrés y la carga de trabajo son los puntos donde más se nota. Si el cansancio o la angustia te están limitando, la conversación con un profesional vale más que cualquier número.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Acevedo, B. P., Aron, E. N., Aron, A., Sangster, M., Collins, N., & Brown, L. L. (2014). The highly sensitive brain: An fMRI study of sensory processing sensitivity and response to others' emotions. Brain and Behavior, 4(4), 580-594. https://doi.org/10.1002/brb3.242

    Aron, E. N., & Aron, A. (1997). Sensory-processing sensitivity and its relation to introversion and emotionality. Journal of Personality and Social Psychology, 73(2), 345-368. https://doi.org/10.1037/0022-3514.73.2.345

    Aron, E. N., Aron, A., & Jagiellowicz, J. (2012). Sensory processing sensitivity: A review in the light of the evolution of biological responsivity. Personality and Social Psychology Review, 16(3), 262-282. https://doi.org/10.1177/1088868311434213

    Assary, E., Zavos, H. M. S., Krapohl, E., Keers, R., & Pluess, M. (2021). Genetic architecture of environmental sensitivity reflects multiple heritable components: A twin study with adolescents. Molecular Psychiatry, 26(9), 4896-4904. https://doi.org/10.1038/s41380-020-0783-8

    Chacón, A., Pérez-Chacón, M., Borda-Mas, M., Avargues-Navarro, M. L., & López-Jiménez, A. M. (2021). Cross-cultural adaptation and validation of the Highly Sensitive Person Scale to the adult Spanish population (HSPS-S). Psychology Research and Behavior Management, 14, 1041-1052. https://doi.org/10.2147/prbm.s321277

    Costa-López, B., Ruiz-Robledillo, N., Moreno, O., Albaladejo-Blázquez, N., Hernandez, C., Baryła-Matejczuk, M., & Ferrer-Cascales, R. (2024). Sensory processing sensitivity as a predictor of health-related quality of life outcomes via stress and sleep quality. Scientific Reports, 14(1), Artículo 22707. https://doi.org/10.1038/s41598-024-72657-9

    Greven, C. U., Lionetti, F., Booth, C., Aron, E. N., Fox, E., Schendan, H. E., Pluess, M., Bruining, H., Acevedo, B., Bijttebier, P., & Homberg, J. (2019). Sensory processing sensitivity in the context of environmental sensitivity: A critical review and development of research agenda. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 98, 287-305. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2019.01.009

    Hofmann, S. G., & Bitran, S. (2007). Sensory-processing sensitivity in social anxiety disorder: Relationship to harm avoidance and diagnostic subtypes. Journal of Anxiety Disorders, 21(7), 944-954. https://doi.org/10.1016/j.janxdis.2006.12.003

    Kibe, C., Suzuki, M., Hirano, M., & Boniwell, I. (2020). Sensory processing sensitivity and culturally modified resilience education: Differential susceptibility in Japanese adolescents. PLOS ONE, 15(9), Artículo e0239002. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0239002

    Lionetti, F., Aron, A., Aron, E. N., Burns, G. L., Jagiellowicz, J., & Pluess, M. (2018). Dandelions, tulips and orchids: Evidence for the existence of low-sensitive, medium-sensitive and high-sensitive individuals. Translational Psychiatry, 8(1), Artículo 24. https://doi.org/10.1038/s41398-017-0090-6

    Listou Grimen, H., & Diseth, Å. (2016). Sensory processing sensitivity: Factors of the Highly Sensitive Person Scale and their relationships to personality and subjective health complaints. Perceptual and Motor Skills, 123(3), 637-653. https://doi.org/10.1177/0031512516666114

    Panagiotidi, M., Overton, P. G., & Stafford, T. (2020). The relationship between sensory processing sensitivity and attention deficit hyperactivity disorder traits: A spectrum approach. Psychiatry Research, 293, Artículo 113477. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2020.113477

    Pérez-Chacón, M., Chacón, A., Borda-Mas, M., & Avargues-Navarro, M. L. (2021). Sensory processing sensitivity and compassion satisfaction as risk/protective factors from burnout and compassion fatigue in healthcare and education professionals. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(2), Artículo 611. https://doi.org/10.3390/ijerph18020611

    Pieroni, I., Raffone, A., & Simione, L. (2024). Sleep reactivity mediates the relationship between sensory-processing sensitivity and insomnia symptoms severity: A cross-sectional correlational study. Stress and Health, 40(2), Artículo e3297. https://doi.org/10.1002/smi.3297

    Pluess, M., Assary, E., Lionetti, F., Lester, K. J., Krapohl, E., Aron, E. N., & Aron, A. (2018). Environmental sensitivity in children: Development of the Highly Sensitive Child Scale and identification of sensitivity groups. Developmental Psychology, 54(1), 51-70. https://doi.org/10.1037/dev0000406

    Slagt, M., Dubas, J. S., van Aken, M. A. G., Ellis, B. J., & Deković, M. (2018). Sensory processing sensitivity as a marker of differential susceptibility to parenting. Developmental Psychology, 54(3), 543-558. https://doi.org/10.1037/dev0000431

    Takahashi, T., Kawashima, I., Nitta, Y., & Kumano, H. (2020). Dispositional mindfulness mediates the relationship between sensory-processing sensitivity and trait anxiety, well-being, and psychosomatic symptoms. Psychological Reports, 123(4), 1083-1098. https://doi.org/10.1177/0033294119841848

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta

  • Neuroticismo: qué es realmente

    Neuroticismo: qué es realmente

    Un informe de personalidad te dice que sacaste “neuroticismo alto” y la palabra suena a diagnóstico. O alguien te la dijo en una discusión, como insulto. Antes de asustarte conviene responder la pregunta de fondo, neuroticismo: qué es. Es un rasgo de personalidad, uno de los cinco grandes, que describe cuánto tiende una persona a sentir emociones desagradables como la preocupación, la irritación o la tristeza, y con qué intensidad. No es una enfermedad, y tampoco es lo mismo que la neurosis.

    Esta guía explica cómo lo definen los autores del modelo de los Cinco Factores, qué lo diferencia de un trastorno de ansiedad o de depresión, qué dice la investigación sobre su origen, su cambio con la edad y su relación con la salud mental, y qué se sabe sobre cómo reducirlo.

    En breve

    El neuroticismo es la dimensión de la personalidad que mide la tendencia a experimentar afecto negativo (ansiedad, ira, tristeza, vergüenza, sensación de desborde). Todas las personas tienen algún nivel, así que no es un diagnóstico. Un nivel alto aumenta el riesgo de depresión y ansiedad (en 175 estudios, todos esos trastornos mostraron puntajes altos de neuroticismo), pero no los determina. Parte del rasgo es heredable, tiende a bajar con los años y puede reducirse con psicoterapia, sobre todo en personas con ansiedad.

    Neuroticismo: qué es y cómo lo define la psicología

    El neuroticismo (también llamado inestabilidad emocional, y en su polo opuesto, estabilidad emocional) es la propensión general a vivir emociones negativas y perturbadoras, junto con los pensamientos y conductas que las acompañan. Así lo plantean McCrae y Costa (2003) en la Teoría de los Cinco Factores, donde es una de las cinco dimensiones del modelo Big Five, junto con extraversión, apertura, amabilidad y responsabilidad.

    Es una dimensión continua, como la estatura: no hay “neuróticos” y “no neuróticos”, hay personas más arriba o más abajo en la escala. Quienes puntúan alto se alteran con más facilidad, se preocupan más y tardan más en recuperar la calma. Quienes tienen un neuroticismo bajo suelen ser más tranquilos, estables y resistentes ante las dificultades (Costa y McCrae, 1992).

    El inventario NEO-PI-R, la herramienta clásica que mide estos rasgos, divide el neuroticismo en seis facetas (Costa y McCrae, 1992; Piedmont, 1998):

    Faceta Qué mide Cómo se ve con un puntaje alto
    Ansiedad Aprensión, tensión, preocupación por lo que viene Anticipar lo peor, sentirse nervioso sin una razón clara
    Hostilidad Tendencia a la ira y la frustración Enojarse con facilidad, guardar resentimiento
    Depresión Propensión a la tristeza, la culpa y el desánimo Sentirse desanimado, solo o poco valioso con frecuencia
    Autoconciencia Vergüenza y sensibilidad a la crítica Incomodidad en grupos, miedo al ridículo
    Impulsividad Dificultad para resistir antojos e impulsos Comer, gastar o consumir más de lo que uno quería
    Vulnerabilidad Sensación de no poder con la presión Bloquearse o entrar en pánico ante una emergencia

    Las seis facetas no se mueven siempre juntas. Una persona puede ser muy aprensiva y poco impulsiva, y por eso el puntaje total dice menos que el perfil completo.

    ¿Neuroticismo es lo mismo que neurosis?

    El neuroticismo no es lo mismo que la neurosis. La neurosis es un término clínico antiguo, que hoy no figura como categoría diagnóstica en el DSM-5-TR. El neuroticismo es una dimensión de la personalidad normal. El nombre sobrevive por una razón histórica: Hans Eysenck lo eligió porque la inestabilidad emocional se observaba con más claridad en personas que antes recibían el diagnóstico de neurosis (McCrae y Costa, 2003).

    Eso explica la confusión de muchos sitios web, que describen el neuroticismo con la lista de síntomas de la neurosis y terminan presentándolo como un problema médico. Según los autores del modelo, tener un puntaje alto no equivale a tener una neurosis ni un trastorno psiquiátrico, y mucha gente puntúa alto sin ningún deterioro de su vida (McCrae y Costa, 2003).

    ¿Neuroticismo alto es lo mismo que ansiedad o depresión?

    No, pero están emparentados. Un trastorno de ansiedad o de depresión describe síntomas concretos que aparecen y se pueden tratar. El neuroticismo es una disposición más estable de fondo. Un puntaje alto en la faceta de ansiedad o de depresión del NEO-PI-R refleja una tendencia a preocuparse o a entristecerse, y no equivale a sufrir un trastorno de ansiedad generalizada o una depresión clínica (McCrae y Costa, 2003; Piedmont, 1998).

    La relación con los trastornos es sólida. Una revisión de 175 estudios encontró que todos los grupos con trastornos de ansiedad, depresivos y por consumo de sustancias puntuaban alto en neuroticismo (diferencia media de 1,65 desviaciones estándar frente a quienes no tenían el trastorno), y que era el rasgo más asociado a ellos en todos los casos (Kotov et al., 2010). Con la depresión, un análisis de datos individuales de 10 estudios con casi 118.000 adultos mostró que el neuroticismo alto se asociaba con más síntomas depresivos en el momento de la medición y, con menor fuerza, cinco años después, aun ajustando por los síntomas iniciales (Hakulinen et al., 2015).

    Esos números describen riesgo. Quien tiene un neuroticismo alto no está condenado a una depresión, y hay personas con depresión que nunca puntuaron alto. Los autores del modelo describen también un efecto de ida y vuelta: durante un episodio depresivo agudo el puntaje de neuroticismo sube de forma temporal, y tras la remisión baja otra vez hacia su nivel de base (McCrae y Costa, 2003; Piedmont, 1998). En el mismo estudio de Hakulinen, la depresión a su vez predecía cambios de personalidad, entre ellos más neuroticismo. Por eso, un test hecho en medio de una mala racha puede exagerar el rasgo.

    Desde la terapia cognitivo-conductual, el neuroticismo (o afectividad negativa) se entiende como una vulnerabilidad amplia y poco específica, que ayuda a explicar por qué la ansiedad y la depresión aparecen tan seguido juntas (Clark y Beck, 2010). Sobre ella actúa la preocupación, una estrategia con la que la persona intenta anticipar problemas y que termina manteniendo la activación de amenaza (Clark y Beck, 2010). Si esa es tu situación, la guía sobre cómo dejar de preocuparse por todo trabaja justo ese mecanismo.

    ¿Qué significa tener neuroticismo alto? Ejemplos en la vida diaria

    Un neuroticismo alto significa sentir las emociones difíciles con más frecuencia e intensidad, y recuperarse más despacio. Se nota en cosas concretas, que dependen de qué facetas estén más altas.

    • Dar vueltas a una conversación, un correo o un error durante horas.
    • Sentir que una crítica pequeña duele más de lo que “debería”.
    • Imaginar el peor desenlace antes de un examen, un viaje o un resultado médico.
    • Irritarse o desbordarse en días de mucha presión.
    • Notar el cuerpo tenso, dormir peor o sentir el estómago apretado cuando algo preocupa.

    Sobre lo último hay un matiz curioso. Los autores del NEO-PI-R decidieron no incluir una escala de quejas somáticas dentro del neuroticismo, porque las personas con puntajes altos suelen reportar más síntomas físicos sin que eso signifique más enfermedad física objetiva, y habrían contaminado la medición de salud real (Costa y McCrae, 1992; Piedmont, 1998). Es un buen recordatorio de que una cosa es sentir el malestar y otra distinta es que haya una enfermedad detrás.

    En las relaciones, un neuroticismo alto puede mostrarse como necesidad de confirmación, reacciones intensas ante un tono de voz o dificultad para soltar un conflicto. Si lo que más te inquieta es esa anticipación constante, la guía sobre ansiedad anticipatoria es un buen complemento.

    Si quieres ubicar tu propio nivel, el test IPIP-50 gratuito mide los cinco factores del modelo, incluida la estabilidad emocional, que es el polo opuesto del neuroticismo. Sirve para reflexionar, no para diagnosticar.

    ¿De dónde viene el neuroticismo?

    Una parte importante del neuroticismo es heredable. Los estudios con gemelos y adopciones atribuyen a los genes entre el 40 % y el 50 % de las diferencias entre personas, y las estimaciones suben cuando se corrige el error de medición con informes de familiares y parejas (McCrae y Costa, 2003). El ambiente compartido de la crianza casi no pesa en la adultez; el resto de las diferencias se debe a la experiencia propia de cada persona y al error de medición.

    Para McCrae y Costa (2003), el neuroticismo es una “tendencia básica” de origen biológico, un temperamento que determina cuánta reactividad emocional se tiene ante el estrés. La experiencia no cambia ese rasgo de base, pero sí moldea sus adaptaciones: los hábitos, las creencias y las estrategias de afrontamiento con que cada persona lo expresa. Esa distinción importa para el tratamiento, porque las estrategias sí se pueden entrenar.

    Hay también diferencias por sexo. En un estudio con datos de 26 culturas, las mujeres puntuaron en promedio más alto que los hombres en neuroticismo en todas ellas (Costa et al., 2001). Esto describe un promedio entre grupos. Dentro de cada sexo la variación entre personas es enorme.

    ¿El neuroticismo cambia con los años?

    Sí, en promedio baja con la edad, y las posiciones relativas entre las personas se mantienen bastante. Un metaanálisis de 92 muestras longitudinales mostró que la estabilidad emocional aumenta, sobre todo en la juventud adulta (entre los 20 y los 40 años), es decir, que el neuroticismo desciende (Roberts et al., 2006). Aun así, la persona que era más neurótica que sus pares a los 25 suele seguir siéndolo a los 45: los coeficientes de estabilidad de las diferencias entre personas rondan 0,8 en estudios de 6 a 12 años (McCrae y Costa, 2003).

    El final de la vida es menos claro. Un análisis coordinado de 16 muestras longitudinales con más de 60.000 participantes sugirió, con modelos no lineales, que el neuroticismo podría subir en la vejez tardía (Graham et al., 2020). Un cambio brusco de personalidad en una persona mayor es otra cosa y merece consulta médica. Si te interesa el tema completo, lo desarrolla el artículo sobre cómo cambia la personalidad con la edad.

    ¿Se puede bajar el neuroticismo?

    Sí, hasta cierto punto, y la psicoterapia es la vía mejor estudiada. Un metaanálisis de 207 estudios sobre cambio de personalidad con intervenciones encontró cambios marcados en promedio a las 24 semanas, con la estabilidad emocional como el rasgo que más cambiaba, y con las personas con trastornos de ansiedad entre las que más mejoraban. Esos cambios se mantuvieron en los seguimientos (Roberts et al., 2017). El tipo de terapia influía poco en cuánto cambiaba el rasgo.

    Un matiz importante sobre la duración. En un estudio aleatorizado con 70 adultos que recibieron el Protocolo Unificado (un tratamiento transdiagnóstico pensado para trabajar el neuroticismo), un tratamiento breve de 6 sesiones mostró cambios a nivel de estado, y los autores plantean que podría hacer falta un tratamiento más extenso para un cambio duradero del rasgo (Stumpp et al., 2026). Es un solo estudio con una muestra pequeña, así que conviene tomarlo como una pista y no como una regla.

    En la práctica clínica, el abordaje apunta a las adaptaciones y no al temperamento. Algunos de los enfoques que se usan son los siguientes (Clark y Beck, 2010; Hayes et al., 2012; Linehan, 1993; Tolin, 2024):

    • Terapia cognitivo-conductual: revisar las estimaciones exageradas de peligro, aumentar la tolerancia a la incertidumbre y reducir las conductas de evitación.
    • Terapia de aceptación y compromiso (ACT): aprender a convivir con la incomodidad en vez de pelear con ella, y orientar la conducta hacia lo que importa.
    • Terapia dialéctico-conductual: surgió para personas con una vulnerabilidad emocional muy marcada y entrena habilidades para tolerar el malestar y regular las emociones (Linehan, 1993).

    Si buscas herramientas para el día a día, la guía sobre cómo controlar las emociones resume lo que funciona y lo que empeora las cosas.

    ¿Es todo negativo? Lo que el neuroticismo también aporta

    El neuroticismo se asocia con peor bienestar, pero el modelo no lo trata como un defecto moral. En un estudio con 9.110 adultos holandeses, la estabilidad emocional fue el rasgo con la asociación más fuerte con la satisfacción vital en todas las edades (Olaru et al., 2023). Eso es una asociación estadística, y no dice que una persona con neuroticismo alto no pueda vivir bien.

    Los autores señalan también matices que suelen quedar fuera de los resúmenes. La ansiedad es un sistema de alerta que anticipa riesgos, y un nivel muy bajo de neuroticismo puede acompañarse de menos cautela ante señales de peligro o de un temperamento emocionalmente más plano (McCrae y Costa, 2003; Piedmont, 1998). Piedmont (1998) añade un punto clínico: el malestar propio del neuroticismo alto suele empujar a las personas a buscar ayuda y a mantenerse en un tratamiento, lo que puede jugar a su favor.

    ¿Neuroticismo y persona altamente sensible son lo mismo?

    Se parecen, pero no son lo mismo. Una revisión crítica de 2019 describe la sensibilidad de procesamiento sensorial (lo que popularmente se llama persona altamente sensible) como un rasgo de temperamento que se solapa con el neuroticismo, con correlaciones de 0,34 a 0,54 según los estudios (Greven et al., 2019). La diferencia está en el enfoque. El neuroticismo se entiende como vulnerabilidad ante los ambientes adversos. La sensibilidad se estudia como una susceptibilidad diferencial: quienes la tienen sufren más en ambientes negativos, y también se benefician más de los ambientes de apoyo y de las intervenciones psicológicas (Greven et al., 2019).

    Una consecuencia práctica es que, en la sensibilidad, el malestar psicológico se considera secundario a la sobreestimulación y a los ambientes desfavorables. En el neuroticismo, el afecto negativo es parte del rasgo. Ninguno de los dos es un diagnóstico.

    Cuándo conviene consultar

    Un neuroticismo alto no necesita tratamiento por sí solo. Conviene consultar cuando el malestar deja de ser un rasgo con el que se convive y empieza a interferir:

    • La tristeza, la ansiedad o la irritación duran semanas y no ceden.
    • Afectan el trabajo, los estudios o las relaciones.
    • Hay evitación creciente (dejas de hacer cosas por miedo o vergüenza).
    • Aparecen alteraciones del sueño, del apetito o de la concentración que antes no estaban.
    • Hay pensamientos de hacerte daño. En ese caso, llama de inmediato al *4141 (Línea Prevención del Suicidio en Chile) o acude a un servicio de urgencia.

    Un test de personalidad no reemplaza una evaluación. Si el puntaje te preocupa, una consulta permite distinguir si lo que sientes es un estilo de ser, una reacción a un momento difícil o un cuadro que pide tratamiento.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es el neuroticismo en psicología?

    Es una de las cinco dimensiones de la personalidad del modelo Big Five. Mide la tendencia a experimentar emociones negativas como ansiedad, ira, tristeza o vergüenza, y la dificultad para recuperar la calma. Es una dimensión continua que todas las personas tienen en algún grado, y no un diagnóstico.

    ¿El neuroticismo es lo mismo que la neurosis?

    No. La neurosis es un término clínico antiguo que ya no es una categoría diagnóstica. El neuroticismo es un rasgo de personalidad normal. Comparten raíz porque Eysenck nombró el rasgo a partir de la inestabilidad emocional que se veía en personas diagnosticadas con neurosis.

    ¿Tener neuroticismo alto es una enfermedad?

    No. Es una forma de ser, con más reactividad emocional que el promedio. Aumenta el riesgo de ansiedad y depresión, pero muchas personas con puntajes altos no desarrollan ningún trastorno. Solo se vuelve un motivo de consulta cuando el malestar es persistente o interfiere con la vida diaria.

    ¿Se puede reducir el neuroticismo?

    Sí. Un metaanálisis de 207 estudios encontró que las intervenciones, sobre todo la psicoterapia, producen cambios en la estabilidad emocional que se mantienen en el seguimiento. Los cambios parecen mayores en personas con trastornos de ansiedad. El rasgo de fondo es en parte heredable, así que suele mejorar el manejo más que desaparecer.

    ¿Qué diferencia hay entre neuroticismo y persona altamente sensible?

    Se solapan, con correlaciones moderadas a altas, pero no son lo mismo. El neuroticismo se entiende como vulnerabilidad a los ambientes adversos, mientras que la sensibilidad de procesamiento sensorial se entiende como una mayor respuesta tanto a lo negativo como a lo positivo del entorno.

    ¿El neuroticismo se hereda?

    En parte. Los estudios con gemelos atribuyen a los genes entre el 40 % y el 50 % de las diferencias entre personas, y el resto a experiencias propias de cada individuo y a error de medición. Tener un familiar con el rasgo no garantiza que lo tengas igual.

    Un siguiente paso

    Si te reconoces en este rasgo y te cansa vivir en alerta, una primera consulta sirve para separar lo que es tu temperamento de lo que son hábitos de afrontamiento que se pueden cambiar, y para definir por dónde empezar. Puedes escribirnos desde la página de contacto para agendar una hora. Para ubicar el rasgo dentro del modelo completo, la guía sobre los cinco grandes rasgos de personalidad es el mejor punto de partida, y el artículo sobre los tipos de personalidad compara este modelo con otros.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010). Cognitive therapy of anxiety disorders: Science and practice. The Guilford Press.

    Costa, P. T., Jr., & McCrae, R. R. (1992). Revised NEO Personality Inventory (NEO-PI-R) and NEO Five-Factor Inventory (NEO-FFI): Professional manual. Psychological Assessment Resources.

    Costa, P. T., Jr., Terracciano, A., & McCrae, R. R. (2001). Gender differences in personality traits across cultures: Robust and surprising findings. Journal of Personality and Social Psychology, 81(2), 322-331. https://doi.org/10.1037/0022-3514.81.2.322

    Graham, E. K., Weston, S. J., Gerstorf, D., Yoneda, T. B., Booth, T., Beam, C. R., Petkus, A. J., Drewelies, J., Hall, A. N., Bastarache, E. D., Estabrook, R., Katz, M. J., Turiano, N. A., Lindenberger, U., Smith, J., Wagner, G. G., Pedersen, N. L., Allemand, M., Spiro, A., … Mroczek, D. K. (2020). Trajectories of Big Five personality traits: A coordinated analysis of 16 longitudinal samples. European Journal of Personality, 34(3), 301-321. https://doi.org/10.1002/per.2259

    Greven, C. U., Lionetti, F., Booth, C., Aron, E. N., Fox, E., Schendan, H. E., Pluess, M., Bruining, H., Acevedo, B., Bijttebier, P., & Homberg, J. (2019). Sensory processing sensitivity in the context of environmental sensitivity: A critical review and development of research agenda. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 98, 287-305. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2019.01.009

    Hakulinen, C., Elovainio, M., Pulkki-Råback, L., Virtanen, M., Kivimäki, M., & Jokela, M. (2015). Personality and depressive symptoms: Individual participant meta-analysis of 10 cohort studies. Depression and Anxiety, 32(7), 461-470. https://doi.org/10.1002/da.22376

    Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and commitment therapy: The process and practice of mindful change (2.ª ed.). The Guilford Press.

    Kotov, R., Gamez, W., Schmidt, F., & Watson, D. (2010). Linking “big” personality traits to anxiety, depressive, and substance use disorders: A meta-analysis. Psychological Bulletin, 136(5), 768-821. https://doi.org/10.1037/a0020327

    Linehan, M. M. (1993). Cognitive-behavioral treatment of borderline personality disorder. The Guilford Press.

    McCrae, R. R., & Costa, P. T., Jr. (2003). Personality in adulthood: A five-factor theory perspective (2.ª ed.). The Guilford Press.

    Olaru, G., van Scheppingen, M. A., Bleidorn, W., & Denissen, J. J. A. (2023). The link between personality, global, and domain-specific satisfaction across the adult lifespan. Journal of Personality and Social Psychology, 125(3), 590-606. https://doi.org/10.1037/pspp0000461

    Piedmont, R. L. (1998). The Revised NEO Personality Inventory: Clinical and research applications. Plenum Press.

    Roberts, B. W., Luo, J., Briley, D. A., Chow, P. I., Su, R., & Hill, P. L. (2017). A systematic review of personality trait change through intervention. Psychological Bulletin, 143(2), 117-141. https://doi.org/10.1037/bul0000088

    Roberts, B. W., Walton, K. E., & Viechtbauer, W. (2006). Patterns of mean-level change in personality traits across the life course: A meta-analysis of longitudinal studies. Psychological Bulletin, 132(1), 1-25. https://doi.org/10.1037/0033-2909.132.1.1

    Stumpp, N. E., Southward, M. W., Hines, A., Kushner, M. L., Schäuffele, C., Fruhbauerova, M., Bridges, E., Rahman, A., & Sauer-Zavala, S. (2026). When and under what circumstances does neuroticism change in the Unified Protocol? Psychotherapy Research, 36(4), 785-796. https://doi.org/10.1080/10503307.2025.2521779

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). The Guilford Press.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y bienestar emocional. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta