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  • ¿Cómo saber si soy bisexual? Lo que dice la psicología

    ¿Cómo saber si soy bisexual? Lo que dice la psicología

    Si llegaste hasta aquí buscando cómo saber si soy bisexual, probablemente llevas un tiempo dándole vueltas a algo que sientes y no sabes bien cómo nombrar. Puede que te atraiga alguien que no esperabas, que las etiquetas te queden chicas o que simplemente quieras entenderte mejor. Todo eso es una duda legítima y mucha gente pasa por ella.

    Esta guía reúne lo que dicen las guías clínicas y la investigación sobre orientación sexual: qué significa ser bisexual, por qué no existe un test que lo confirme, cómo ordenar lo que sientes y qué esperar del proceso.

    Respuesta corta: ninguna prueba, test ni señal única te dice si eres bisexual. La bisexualidad se define por sentir atracción hacia más de un género, y quien decide si esa palabra te sirve eres tú. Puedes tomarte el tiempo que necesites, sin definirte antes de estar listo o lista.

    ¿Qué significa ser bisexual?

    Ser bisexual significa sentir atracción afectiva, erótica o romántica hacia personas de más de un género. La Asociación Americana de Psicología (APA, 2021) usa el término «bi+» como paraguas para quienes se identifican como bisexuales, pansexuales, fluidos o queer, y para otras formas de atracción que no se limitan a un solo género.

    Ese «más de un género» no exige una mitad y una mitad. Puedes sentir más atracción por un género que por otro, o que la intensidad cambie según la persona y el momento. Tampoco necesitas haber tenido experiencias sexuales o de pareja con ningún género para reconocerte así.

    ¿Existe un test confiable para saber si soy bisexual?

    No existe un test validado que diga «eres bisexual» o «no lo eres». Los que circulan en revistas y redes son entretenimiento: suman respuestas y devuelven un porcentaje, sin respaldo científico para decidir algo tan personal. Por eso esta guía no incluye uno.

    La razón es de fondo. La orientación sexual reúne varias dimensiones que pueden no coincidir entre sí, y ningún puntaje único las resume.

    En la investigación se usan herramientas como la Klein Sexual Orientation Grid, que mide siete dimensiones (entre ellas atracción, conducta, fantasía e identidad) en tres momentos de la vida.

    Un estudio con 12 adultos gays, lesbianas y bisexuales del sur de Chile la usó para describir cómo cambian esas dimensiones. Sus autores la proponen para conversar con más matices sobre sexualidad, con limitaciones, y no como un diagnóstico (Orellana-Calderón et al., 2026).

    Preguntas para ordenar lo que sientes

    Estas preguntas no son un test ni tienen respuestas correctas. Sirven para mirar tu experiencia por partes, tal como lo hace la investigación:

    1. Atracción física: ¿hacia quiénes sientes deseo, ahora y a lo largo de tu vida? ¿Aparece hacia más de un género?
    2. Atracción emocional y romántica: ¿de quiénes te has enamorado o has querido enamorarte? ¿Coincide con a quiénes deseas?
    3. Fantasías y curiosidad: ¿en qué piensas cuando imaginas intimidad? ¿Hay un género que aparece o varios?
    4. La persona más que el género: ¿hay personas que te atrajeron por quiénes eran, sin que el género fuera lo central?
    5. La etiqueta: ¿cómo te sientes cuando pruebas la palabra «bisexual»? ¿Te da alivio, pertenencia o te incomoda? Si ninguna te calza, también es válido no usar etiqueta.
    6. Lo que se supone de ti: ¿qué esperan tu familia, tu colegio o tu entorno que sientas? ¿Cuánto de eso pesa sobre lo que tú crees que «deberías» sentir?

    Si respondes con dudas, es una respuesta. La APA (2021) considera el cuestionamiento de la orientación un proceso normal, y recomienda que los profesionales acompañen la exploración sin imponer ninguna etiqueta ni forzar una definición.

    Atracción, conducta e identidad no siempre coinciden

    Una confusión frecuente es pensar que la orientación depende de lo que has hecho. Diamond (2008) distingue tres cosas: la atracción (lo que sientes), la conducta (lo que haces) y la identidad (la etiqueta con la que te presentas). Pueden alinearse o no. Alguien puede sentirse atraído por más de un género sin haber tenido ninguna experiencia, y alguien puede haber tenido una experiencia y no identificarse como bisexual.

    La genética apunta en la misma dirección. El mayor estudio genómico sobre sexualidad entre personas del mismo género (477.522 participantes) encontró que los genes asociados con haber tenido alguna vez conducta con personas del mismo género son distintos de los asociados con qué proporción de la conducta es con el mismo género.

    Diamond (2021) lo interpreta como señal de que la diversidad sexual tiene varios componentes, no uno solo, y lo revisa en detalle.

    ¿Es una fase? Fluidez sexual y cambios con el tiempo

    Que la atracción cambie con los años no hace falsa la anterior.

    Diamond (2008) siguió durante diez años a cerca de cien mujeres jóvenes que se identificaban como lesbianas, bisexuales o sin etiqueta. Más de dos tercios cambió su etiqueta al menos una vez, y la mayoría de esos cambios fue hacia categorías más amplias o sin etiqueta. Diamond lo interpreta como un ajuste de la palabra a una experiencia que no cabía en dos casillas, y descarta que sea confusión o negación.

    En 188 adultos jóvenes de Estados Unidos con orientación hacia el mismo género, el 63 % de las mujeres y el 50 % de los hombres reportó cambios en sus atracciones (Katz-Wise y Hyde, 2015). Una revisión más reciente describe que la investigación sobre fluidez sexual ha crecido mucho y ya no se limita a muestras de mujeres blancas cisgénero (Katz-Wise y Todd, 2022).

    Esto no significa que todas las personas bisexuales estén «en tránsito» hacia otra cosa. Muchas se reconocen así durante toda la vida. Lo que muestran los estudios es que la identidad puede ser estable o móvil, y que ambas cosas son compatibles con una vida plena.

    ¿A qué edad suele darse cuenta la gente?

    Cada persona lo nota en un momento distinto. Una revisión sistemática y metaanálisis de 30 estudios sobre hitos del desarrollo de la identidad de personas lesbianas, gays, bisexuales y queer calculó edades medias de 12,7 años para notar las primeras atracciones, 13,2 para cuestionarse, 17,8 para identificarse con una etiqueta y 19,6 para contárselo a otros.

    Los autores subrayan que hubo mucha variabilidad, y que los tiempos cambian según el sexo, la orientación, el origen étnico y la generación (Hall et al., 2021).

    Esos son promedios, no plazos. Arnett (2023) describe la adultez emergente (18 a 29 años) como una etapa de exploración del amor y la identidad. McGoldrick et al. (2015) agregan que la presión de la heterosexualidad como supuesto del entorno complica la tarea de definirse. Descubrirse a los 30, a los 40 o después también ocurre.

    ¿Por qué cuesta más ver la bisexualidad?

    Parte de la dificultad está en el entorno. La APA (2021) describe el monosexismo, la idea cultural de que solo se puede sentir atracción por un género, y la binegatividad, que son los prejuicios contra las personas bi+ (decir que están confundidas, que son inestables o indecisas). Estos prejuicios vienen tanto del mundo heterosexual como de las comunidades de minorías sexuales.

    Esto tiene respaldo medible. Un metaanálisis de 61 estudios con más de 32.000 participantes halló que los hombres tienen actitudes más negativas hacia la bisexualidad que las mujeres, sobre todo hacia la bisexualidad masculina (Manalastas et al., 2025). En 180 hombres bisexuales jóvenes, la hostilidad llegó tanto de personas heterosexuales como de gays y lesbianas, sobre todo cuando su pareja seria era una mujer (Sarno et al., 2020).

    En Chile, el estudio con la cuadrícula de Klein encontró que las personas bisexuales describieron experiencias distintas a las de gays y lesbianas, y que todas notaban cambios en su orientación con el tiempo. La mayoría había empezado a preguntarse bajo el supuesto de que lo esperable era ser heterosexual (Orellana-Calderón et al., 2026).

    Bisexualidad y salud mental: qué se sabe y cómo leerlo

    Si estás pensando en esto, conviene que conozcas el contexto sin alarmarte. Un metaanálisis de 52 estudios halló que las personas bisexuales tienen más depresión y ansiedad que las heterosexuales, y tasas iguales o mayores que las de gays y lesbianas (Ross et al., 2018). Los autores proponen como contribuyentes la discriminación, la invisibilidad de la bisexualidad y la falta de apoyo afirmativo.

    Otro metaanálisis de 24 estudios encontró que las personas bisexuales tenían hasta seis veces más probabilidad de autolesión sin intención suicida que otras orientaciones (Dunlop et al., 2020). En el metaanálisis en red, el riesgo de intento de suicidio fue mayor en bisexuales (OR = 6,43) que en gays y lesbianas (OR = 4,54) (Marchi et al., 2025).

    Hay tres precauciones. Casi todo el material es transversal, así que muestra asociaciones y no causas. La mayor parte viene de países occidentales. Y los autores no atribuyen el riesgo a ser bisexual, sino al estigma, al rechazo y a la falta de apoyo que muchas personas viven alrededor de esa identidad.

    En Chile, con datos de la encuesta CASEN, las personas de minorías sexuales reportaron peor salud autopercibida que las heterosexuales (Nettuno et al., 2024). El estudio agrupa varias orientaciones, de modo que no separa a las bisexuales.

    Cómo saber si soy bisexual: qué hacer si tienes dudas

    No hay un orden obligatorio, pero estas pautas se desprenden de lo que recomiendan las guías clínicas:

    1. Date tiempo. Preguntarte esto no te obliga a decidir ni a anunciar nada. La APA (2021) considera normal que la exploración tarde.
    2. Nombra lo que sí sabes. Anotar a quiénes te has sentido atraído o atraída, sin interpretarlo, a veces ordena más que cualquier etiqueta.
    3. Prueba las palabras sin compromiso. «Bisexual», «bi+», «pansexual» o ninguna: puedes usar una un tiempo y cambiarla sin que eso invalide nada.
    4. Decide tú a quién contarle. La APA (2021) reconoce que reservar tu orientación puede ser una forma legítima de protegerte cuando el entorno es hostil.
    5. Busca al menos una persona o espacio que te apoye. Amistades afirmativas, grupos de pares o un profesional con enfoque afirmativo amortiguan el estrés. En el estudio de Campbell et al., con más de 11.000 mujeres australianas, el malestar fue mayor entre quienes estaban inseguras de su identidad en varios momentos, y los autores piden más apoyo para quienes se están cuestionando (Campbell et al., 2022).
    6. Desconfía de cualquier método que prometa «cambiar» tu orientación. La APA (2021) lo considera ineficaz y dañino. En 245 jóvenes adultos LGBT, los intentos de cambiarla se asociaron con depresión, ideación e intentos de suicidio (Ryan et al., 2020).

    Si decides contarlo

    Contarlo es una decisión que puedes tomar cuando estés lista o listo, y no tiene que ser una conversación única. Si piensas en tu familia, la guía cómo decirle a mis padres que soy gay sirve igual si eres bisexual.

    Si estás en el colegio y recibes burlas por esto, encontrarás ideas en la guía sobre bullying por orientación sexual o identidad de género.

    ¿Cuándo conviene consultar con un psicólogo?

    No necesitas estar mal para consultar, pero conviene hacerlo si la duda te quita el sueño, si aparece ansiedad o ánimo bajo sostenido, si sientes culpa o vergüenza intensas o si te estás aislando. Un profesional con enfoque afirmativo acompaña la exploración sin empujarte hacia ninguna etiqueta (APA, 2021). Esta guía para distinguir un mal momento de una depresión puede orientarte.

    Si tienes ideas de hacerte daño o de morir, pide ayuda hoy. En Chile, la Línea *4141 del Ministerio de Salud es gratuita, funciona las 24 horas y la atienden profesionales de salud mental. También puedes leer qué hacer si alguien piensa en suicidarse.

    Preguntas frecuentes

    ¿Hay un test para saber si soy bisexual?

    Ningún test validado lo determina. Los que circulan en medios y redes son recreativos. Lo que sí sirve es observar tu atracción física y emocional, tus fantasías y cómo te sientes con la etiqueta, como en las preguntas de esta guía, y conversarlo con alguien de confianza o con un profesional si te sirve.

    ¿Cómo saber si soy gay o bisexual?

    La diferencia está en si la atracción se dirige a un solo género o a más de uno. Como atracción, conducta e identidad no siempre coinciden (Diamond, 2008), puede ayudar mirar cada una por separado y sin apuro. La etiqueta final la eliges tú, y puede cambiar sin que eso invalide lo que sentiste antes.

    ¿Se puede ser bisexual sin haber estado con alguien de mi mismo género?

    Sí. La orientación se basa en la atracción, no en las experiencias. Muchas personas se reconocen como bisexuales antes de tener cualquier experiencia, y otras tienen experiencias sin que eso defina su identidad (Diamond, 2008).

    ¿Ser bisexual es una fase?

    Los estudios no respaldan esa idea como regla. La atracción y la etiqueta pueden cambiar con los años (Katz-Wise y Hyde, 2015), pero eso aplica a todas las orientaciones y no convierte la bisexualidad en una etapa de paso. Muchas personas se identifican como bisexuales toda su vida.

    ¿Hay que sentir la misma atracción por todos los géneros?

    No. Ser bisexual no exige una atracción pareja. Puedes sentir más atracción por un género que por otro, o que cambie según la persona (APA, 2021).

    ¿Qué hago si no estoy seguro o segura?

    Esperar y observar es una opción válida. No tienes plazo para definirte, y una sesión con un psicólogo afirmativo puede ayudarte a ordenar lo que sientes sin presión (APA, 2021).

    Si necesitas ordenar lo que sientes

    Conversar con alguien que no tenga nada en juego puede aliviar la presión de tener que resolverlo solo o sola. Puedes escribir desde la página de contacto.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • American Psychological Association. (2021). APA guidelines for psychological practice with sexual minority persons. https://www.apa.org/about/policy/guidelines-sexual-minority.pdf
    • Arnett, J. J. (2023). Emerging adulthood: The winding road from the late teens through the twenties (3.ª ed.). Oxford University Press.
    • Campbell, A., Perales, F., Hughes, T. L., Everett, B. G., & Baxter, J. (2022). Sexual fluidity and psychological distress: What happens when young women’s sexual identities change? Journal of Health and Social Behavior, 63(4), 577-593. https://doi.org/10.1177/00221465221086335
    • Diamond, L. M. (2008). Sexual fluidity: Understanding women’s love and desire. Harvard University Press.
    • Diamond, L. M. (2021). The new genetic evidence on same-gender sexuality: Implications for sexual fluidity and multiple forms of sexual diversity. The Journal of Sex Research, 58(7), 818-837. https://doi.org/10.1080/00224499.2021.1879721
    • Dunlop, B. J., Hartley, S., Oladokun, O., & Taylor, P. J. (2020). Bisexuality and non-suicidal self-injury (NSSI): A narrative synthesis of associated variables and a meta-analysis of risk. Journal of Affective Disorders, 276, 1159-1172. https://doi.org/10.1016/j.jad.2020.07.103
    • Hall, W. J., Dawes, H. C., & Plocek, N. (2021). Sexual orientation identity development milestones among lesbian, gay, bisexual, and queer people: A systematic review and meta-analysis. Frontiers in Psychology, 12, Artículo 753954. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.753954
    • Katz-Wise, S. L., & Hyde, J. S. (2015). Sexual fluidity and related attitudes and beliefs among young adults with a same-gender orientation. Archives of Sexual Behavior, 44(5), 1459-1470. https://doi.org/10.1007/s10508-014-0420-1
    • Katz-Wise, S. L., & Todd, K. P. (2022). The current state of sexual fluidity research. Current Opinion in Psychology, 48, Artículo 101497. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2022.101497
    • Manalastas, E. J., Blumenau, H. S., & Feinstein, B. A. (2025). Gender differences in attitudes toward bisexual people and bisexuality: A systematic review and meta-analysis. Psychology of Sexual Orientation and Gender Diversity, 12(1), 42-55. https://doi.org/10.1037/sgd0000624
    • Marchi, M., Ferrazzi, G., Pollice, G., Pingani, L., Ferrari, S., Ventriglio, A., & Galeazzi, G. M. (2025). Mental health in sexual and gender minority populations: A systematic review of systematic reviews with narrative synthesis and a network meta-analysis of suicide attempts. International Journal of Social Psychiatry, 72(2), 205-218. https://doi.org/10.1177/00207640251367069
    • McGoldrick, M., García Preto, N. A., & Carter, B. A. (Eds.). (2015). The expanding family life cycle: Individual, family, and social perspectives (5.ª ed.). Pearson.
    • Ministerio de Salud de Chile. (s.f.). Línea de atención 4141: No estás solo, no estás sola. https://www.minsal.cl/linea-de-atencion-4141-no-estas-solo-no-estas-sola/
    • Nettuno, L., Mann, S., & Gonzales, G. (2024). Sexual orientation based health disparities in Chile. PLOS ONE, 19(1), Artículo e0296923. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0296923
    • Orellana-Calderón, L., Silva, A. Y., Arias-Lagos, L., Sandoval, V., Alarcón-Jouanet, T., Schnettler, B., Riquelme-Segura, L., Sepúlveda, J., & Reutter, K. (2026). “In the present I’m gay. Obviously, I’m gay”: Exploring sexual orientation development with the Klein Sexual Orientation Grid in gay, lesbian and bisexual adults in southern Chile. Journal of Homosexuality, 1-24. https://doi.org/10.1080/00918369.2026.2711862
    • Ross, L. E., Salway, T., Tarasoff, L. A., MacKay, J. M., Hawkins, B. W., & Fehr, C. P. (2018). Prevalence of depression and anxiety among bisexual people compared to gay, lesbian, and heterosexual individuals: A systematic review and meta-analysis. The Journal of Sex Research, 55(4-5), 435-456. https://doi.org/10.1080/00224499.2017.1387755
    • Ryan, C., Toomey, R. B., Diaz, R. M., & Russell, S. T. (2020). Parent-initiated sexual orientation change efforts with LGBT adolescents: Implications for young adult mental health and adjustment. Journal of Homosexuality, 67(2), 159-173. https://doi.org/10.1080/00918369.2018.1538407
    • Sarno, E. L., Newcomb, M. E., Feinstein, B. A., & Mustanski, B. (2020). Bisexual men’s experiences with discrimination, internalized binegativity, and identity affirmation: Differences by partner gender. Archives of Sexual Behavior, 49(5), 1783-1798. https://doi.org/10.1007/s10508-020-01712-z

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Cómo salir del clóset con tu familia

    Cómo salir del clóset con tu familia

    Llevas tiempo sabiéndolo y ahora la pregunta es otra: cómo decirle a mis padres que soy gay sin que la conversación se descontrole. Ensayas frases mientras te duchas, descartas el momento por tercera vez y sientes que, digas lo que digas, algo va a cambiar.

    Esta guía reúne lo que dicen las guías clínicas y la investigación sobre cómo salir del clóset con tu familia: si te conviene hacerlo ahora, cómo prepararlo, qué reacciones esperar y qué hacer si salen mal. Sirve igual si quieres decirles a tus padres que eres lesbiana o bisexual, o si todavía no tienes una etiqueta.

    Respuesta corta: no tienes obligación de contárselo a tus padres, y esperar por seguridad es una decisión legítima según la guía de la Asociación Americana de Psicología (APA, 2021). Si decides hacerlo, tantea antes su actitud, apóyate en alguien de confianza, elige un momento tranquilo y asume que su primera reacción no siempre es la definitiva. En los estudios, el apoyo de los padres se asocia con mejor salud mental.

    ¿Tengo que decírselo a mis padres?

    No. La APA (2021) pide a los psicólogos que nunca presionen a nadie para que revele su orientación, y reconoce que reservarla puede ser una forma legítima de protegerte cuando el entorno es hostil o dependes de tu familia para vivir. Decidir esperar es gestionar tu información: eliges a quién, cuándo y cómo.

    Contarlo también tiene respaldo. Una revisión sistemática de 95 estudios encontró que el miedo es la emoción que más lleva a no contarlo, y que los estudios que siguieron a personas en el tiempo apuntan sobre todo a mejor salud mental después de revelar y peor cuando se oculta (Wainipitapong et al., 2026).

    Sobre el consumo de sustancias no hubo conclusión, y la revisión incluye revelaciones a cualquier persona, no solo a los padres.

    También hay una advertencia. En 266 adultos LGBQ+ italianos, salir del clóset en un contexto poco solidario (la comunidad católica) se asoció con más discriminación, vigilancia y estigma internalizado, y los autores piden a los clínicos no alentar a hacerlo sin más (Rosati et al., 2020). Es un estudio transversal: muestra asociaciones, no causas.

    ¿Es buen momento para salir del clóset con mis padres?

    La edad típica de salir del clóset bajó de cerca de 23 años a 16 o 18, de modo que hoy la mayoría lo hace mientras todavía vive con su familia (Fulmer, 2015). La dependencia de vivienda y dinero es lo que más sube el riesgo de la revelación (Ashton, 2015). Antes de decidir, responde con honestidad:

    • ¿Dependes de tus padres para vivir, estudiar o comer? ¿Qué pasaría si dejaran de apoyarte?
    • ¿Ha habido violencia, amenazas o humillaciones en tu casa, por este u otros motivos?
    • ¿Cómo hablan de personas LGBTIQ+ cuando sale el tema en una noticia, una serie o un conocido?
    • ¿Pesa mucho en tu familia alguna convicción religiosa o cultural que podría condicionar su reacción?
    • ¿Hay alguien (amistad, hermano, pareja, terapeuta) que ya lo sepa y pueda recibirte si sale mal?
    • ¿Tienes un lugar donde pasar unos días si hace falta?

    Si varias respuestas te preocupan, puede convenir esperar a tener más autonomía y más red. Las guías clínicas lo plantean así: evaluar caso por caso si tu familia tiene la flexibilidad y la buena voluntad para procesar la noticia sin violencia ni expulsión (APA, 2021).

    Cómo decirle a mis padres que soy gay: preparación paso a paso

    Ningún ensayo clínico ha probado un guion para esta conversación. Lo que sigue ordena lo que más se repite en la guía de la APA (2021), en los capítulos sobre familia y ciclo vital de McGoldrick et al. (2015) y en la orientación de la Academia Americana de Pediatría.

    1. Tantea su actitud. Comenta una noticia, una serie o un conocido LGBTIQ+ y observa cómo responden. La Academia Americana de Pediatría describe que algunos jóvenes ponen a prueba así la actitud de sus padres antes de hablar.
    2. Busca a alguien de confianza dentro de la familia. Un hermano, una prima o un tío con actitud abierta. Contárselo primero te da práctica y un puente de apoyo para después (Ashton, 2015).
    3. Arma tu red antes de la conversación. Amistades afirmativas, pareja, un grupo comunitario o un terapeuta. La APA (2021) habla de “familia elegida”: quienes te sostienen si la respuesta es fría.
    4. Elige persona, momento y lugar. No hace falta decírselo a ambos a la vez; puedes empezar por quien sea más cercano o flexible. Evita una pelea, una fiesta o un día de estrés. Si temes su reacción, escoge un día en que puedas dormir en otra parte.
    5. Di lo básico con calma. Una o dos frases, sin pedir permiso ni disculpas, y sin convertir tu identidad en un debate.
    6. Anticipa el remezón. Shock, llanto, negación o culpa son frecuentes en los primeros minutos. No tienes que responder todas las preguntas en esa conversación.
    7. Deja la puerta abierta. Ofrece retomar el tema en unos días, cuando todos estén más tranquilos.

    Estas frases son ejemplos de redacción para ordenar tus ideas, no una fórmula validada en estudios:

    • «Quiero contarte algo importante para mí: soy gay. Te lo digo porque quiero que me conozcas de verdad.»
    • «No necesito que lo entiendas hoy. Solo quería que lo supieras por mí.»
    • Si se tensa: «Entiendo que te sorprenda. Podemos retomarlo en unos días.»

    Si después te cuesta sostener tu postura frente a comentarios que duelen, te puede servir poner límites sin romper el vínculo y practicar la comunicación asertiva.

    ¿Necesito tener claro qué soy para contarlo?

    No. En el seguimiento de diez años que hizo Diamond (2008) a mujeres de minoría sexual, “sin etiqueta” fue la categoría que más personas usaron en algún momento, y cerca de dos tercios cambiaron su etiqueta al menos una vez. Esas mujeres explicaban que sus atracciones no calzaban en categorías rígidas, y no lo vivían como una negación.

    La APA (2021) también deja atrás los modelos antiguos que exigían certeza total antes de contarlo. Puedes decir “me atraen los hombres” o “todavía lo estoy descubriendo” sin tener nombre para ello. En personas bisexuales, además, forzar la revelación puede aumentar el estrés sin traer la misma red de apoyo (APA, 2021).

    ¿Cómo reaccionan los padres cuando les dices que eres gay?

    Las reacciones varían mucho. En entrevistas a 155 personas LGBQ+ de Estados Unidos, la reacción de los padres dependió de cuánto sospechaban de antemano, y se agrupó en cuatro tipos: silenciosa, invalidante, ambivalente o validante. Las respuestas validantes fueron más comunes entre los más jóvenes, pero las invalidantes aparecieron en todas las edades.

    Los autores concluyen que es pronto para decir que contarlo se haya vuelto fácil (van Bergen et al., 2021).

    El modelo de ajuste familiar que resumen Ashton (2015) y Fulmer (2015) describe un proceso con etapas: los padres suelen intuir algo, la noticia llega como un “terremoto”, viene un duelo por las expectativas que tenían y luego una especie de salida del clóset de ellos mismos, cuando deben decidir qué contar a abuelos, tíos y vecinos.

    Quien cuenta suele sentir alivio, y la ansiedad pasa a los padres. Según esos capítulos, la mayoría de las familias avanza con el tiempo hacia la aceptación. La Academia Americana de Pediatría habla de días, semanas o meses.

    En Chile hay un estudio cualitativo reciente con 20 jóvenes gays de Arica (15 a 22 años) y 20 de sus padres o cuidadores. Destacó que el apoyo familiar al revelar pesa mucho, junto con una heteronormatividad persistente, la dificultad de los padres para aceptarlo y la influencia de miedos, mitos y estereotipos (Carrasco y González, 2026). Es una muestra pequeña de una sola ciudad.

    El contexto social ayuda un poco. En el informe ejecutivo de la 11.ª Encuesta Nacional de Juventudes, 73,9% de los jóvenes chilenos apoyaba el matrimonio entre personas del mismo sexo, frente a 52,2% de los adultos (INJUV, 2025). Es un promedio nacional y no dice nada sobre tus padres en particular.

    ¿Qué dice la investigación sobre la reacción de los padres?

    Casi todo lo que se sabe viene de estudios retrospectivos o transversales, sobre todo de Estados Unidos. Muestran asociaciones, no causas, pero son consistentes.

    • En 224 adultos jóvenes lesbianas, gays y bisexuales blancos y latinos, quienes vivieron más rechazo familiar en la adolescencia tenían 8,4 veces más probabilidad de haber intentado suicidarse, 5,9 veces más de depresión alta y 3,4 veces más de consumo de drogas ilegales (Ryan et al., 2009).
    • En 245 jóvenes adultos LGBT, la aceptación familiar en la adolescencia predijo más autoestima, más apoyo social y mejor salud general, y protegió frente a depresión, consumo de sustancias e ideación suicida (Ryan et al., 2010).
    • En 257 adultos de minorías sexuales, el rechazo de los padres tras revelar se asoció con malestar psicológico actual a través de más homofobia internalizada y menos apoyo social (Puckett et al., 2015).
    • En una encuesta poblacional de Massachusetts (N = 177), la reacción de los padres se asoció con depresión y consumo de alcohol en hombres gays y bisexuales. En mujeres lesbianas y bisexuales, no haberlo contado a ningún progenitor se asoció con más depresión y consumo de drogas, un resultado con intervalos de confianza muy amplios por la muestra pequeña (Rothman et al., 2012).

    Qué sacar de esto: el apoyo (o el rechazo) de los padres, y el apoyo social que tengas alrededor, aparecen una y otra vez asociados con la salud mental. Por eso la preparación importa: la red que armas antes amortigua una mala reacción. Si arrastras vergüenza o la sensación de que algo está mal contigo, ayuda distinguir la culpa de la vergüenza y trabajar tu autoestima.

    Si reaccionan mal: qué hacer

    Una mala primera reacción duele y también puede cambiar. Estas pautas se repiten en la APA (2021) y en McGoldrick et al. (2015):

    • Primero tu seguridad. Si hay riesgo de violencia o de quedarte sin techo, busca dónde pasar la noche y avisa a alguien de tu red. Retirar el apoyo económico o la vivienda es una de las consecuencias descritas del rechazo.
    • No respondas en caliente. Puedes decir «necesito pensar, hablemos otro día» y salir de la conversación.
    • Apóyate en tu familia elegida. Cuéntale a quien ya lo sabe cómo te fue.
    • Piensa en el tiempo. Muchos padres necesitan un período para reorganizar lo que creían, y la primera respuesta no siempre es la definitiva.
    • Rechaza los intentos de cambiarte. La APA (2021) rechaza las terapias de conversión por carecer de base científica y causar daño.

    Si el rechazo te lleva a pensar en hacerte daño, pide ayuda de inmediato. En Chile, la Línea *4141 del Ministerio de Salud es gratuita, funciona las 24 horas desde celulares y la atienden psicólogos. Aquí hay una guía de qué hacer si alguien piensa en suicidarse, útil también si es una amistad quien lo pasa mal.

    Después de contarlo: lo que sigue

    Salir del clóset no es un evento único. La Academia Americana de Pediatría lo describe como un proceso de toda la vida: volverás a decidir en el trabajo, con familiares lejanos o con una pareja nueva. Los padres también pueden necesitar apoyo, y organizaciones de madres y padres como PFLAG o el Family Acceptance Project, que mencionan las fuentes, existen para eso.

    Si además sufres burlas o acoso por tu orientación en el colegio o la universidad, revisa la guía sobre bullying por orientación sexual o identidad de género.

    ¿Cuándo conviene pedir ayuda profesional?

    Consulta si llevas semanas con tristeza, ansiedad o insomnio que te impiden estudiar, trabajar o relacionarte, si recurres al alcohol u otras sustancias para aguantar, o si el miedo a la reacción de tu familia te tiene paralizado. Esta guía te ayuda a distinguir un mal momento de una depresión y cuándo ir a terapia.

    Un psicólogo con enfoque afirmativo puede ayudarte a evaluar la seguridad, ensayar la conversación y sostenerte después. La APA (2021) pide que el profesional no te presione a revelar y respete tu ritmo.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cómo decirle a mi mamá que soy gay?

    Elige un momento tranquilo y a solas, di lo básico en una o dos frases y ofrece volver a hablar en unos días. Si tu mamá es más cercana que tu papá, puedes partir por ella. Tantea antes su actitud con un comentario sobre una noticia o una serie y ten a alguien de apoyo disponible.

    ¿Con cuál de mis padres empiezo?

    Cada familia es distinta. La orientación de la APA y de McGoldrick et al. sugiere partir por quien sea más cercano o flexible, o por un familiar de confianza, y no sentir que debes contárselo a ambos a la vez. Lo que más cuenta es tu seguridad y tener apoyo disponible después.

    ¿Qué hago si mis padres no lo aceptan?

    Prioriza tu seguridad, evita responder en caliente y apóyate en tu red. La primera reacción no siempre es la definitiva: la mayoría de las familias avanza con el tiempo, según McGoldrick et al. Si hay violencia o riesgo de quedarte sin vivienda, busca ayuda profesional y un lugar seguro.

    ¿Es una fase o estoy confundido?

    La APA y Diamond (2008) señalan que cambiar de etiqueta con los años es frecuente y que eso no invalida lo que sientes ahora. Puedes contarlo sin tener certeza total. Esperar a estar seguro también es válido, y ninguna guía exige una definición cerrada para hablar con tus padres.

    ¿Cuánto tardan los padres en aceptarlo?

    Cada familia tiene su ritmo. La Academia Americana de Pediatría habla de días, semanas o meses, y el proceso suele avanzar por etapas: shock, duelo, reorganización y, en la mayoría de los casos, aceptación gradual. Ayuda darles tiempo y, si es posible, acceso a información y a otros padres.

    Si estás pensando en dar este paso

    Prepararlo con alguien que no tiene nada en juego puede bajar la presión. Si quieres ensayar la conversación, evaluar cómo hacerlo con seguridad o procesar lo que ocurrió después, puedes escribir desde la página de contacto.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • American Academy of Pediatrics. (s.f.). Salir del clóset: información para padres de adolescentes de la comunidad LGBTQ. HealthyChildren.org. https://www.healthychildren.org/Spanish/ages-stages/teen/dating-sex/Paginas/Four-Stages-of-Coming-Out.aspx
    • American Psychological Association. (2021). APA guidelines for psychological practice with sexual minority persons. https://www.apa.org/about/policy/guidelines-sexual-minority.pdf
    • Ashton, D. (2015). Lesbian, gay, bisexual, and transgender individuals and the family life cycle. En M. McGoldrick, N. Garcia Preto, & B. Carter (Eds.), The expanding family life cycle: Individual, family, and social perspectives (5.ª ed., cap. 7). Pearson.
    • Carrasco, A., & González, D. (2026). Homosexuality and family: The importance of the family environment in the coming out process of gay youth in the city of Arica, northern Chile. Journal of Homosexuality, 1-23. https://doi.org/10.1080/00918369.2026.2709461
    • Diamond, L. M. (2008). Sexual fluidity: Understanding women’s love and desire. Harvard University Press.
    • Fulmer, R. H. (2015). Becoming an adult: Learning to love and work. En M. McGoldrick, N. Garcia Preto, & B. Carter (Eds.), The expanding family life cycle: Individual, family, and social perspectives (5.ª ed., cap. 13). Pearson.
    • Instituto Nacional de la Juventud. (2025). 11.ª Encuesta Nacional de Juventudes: Informe ejecutivo. INJUV.
    • Ministerio de Salud de Chile. (s.f.). Línea de atención 4141: No estás solo, no estás sola. https://www.minsal.cl/linea-de-atencion-4141-no-estas-solo-no-estas-sola/
    • Puckett, J. A., Woodward, E. N., Mereish, E. H., & Pantalone, D. W. (2015). Parental rejection following sexual orientation disclosure: Impact on internalized homophobia, social support, and mental health. LGBT Health, 2(3), 265-269. https://doi.org/10.1089/lgbt.2013.0024
    • Rosati, F., Pistella, J., Nappa, M. R., & Baiocco, R. (2020). The coming-out process in family, social, and religious contexts among young, middle, and older Italian LGBQ+ adults. Frontiers in Psychology, 11, Artículo 617217. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2020.617217
    • Rothman, E. F., Sullivan, M., Keyes, S., & Boehmer, U. (2012). Parents’ supportive reactions to sexual orientation disclosure associated with better health: Results from a population-based survey of LGB adults in Massachusetts. Journal of Homosexuality, 59(2), 186-200. https://doi.org/10.1080/00918369.2012.648878
    • Ryan, C., Huebner, D., Diaz, R. M., & Sanchez, J. (2009). Family rejection as a predictor of negative health outcomes in white and Latino lesbian, gay, and bisexual young adults. Pediatrics, 123(1), 346-352. https://doi.org/10.1542/peds.2007-3524
    • Ryan, C., Russell, S. T., Huebner, D., Diaz, R., & Sanchez, J. (2010). Family acceptance in adolescence and the health of LGBT young adults. Journal of Child and Adolescent Psychiatric Nursing, 23(4), 205-213. https://doi.org/10.1111/j.1744-6171.2010.00246.x
    • van Bergen, D. D., Wilson, B. D. M., Russell, S. T., Gordon, A. G., & Rothblum, E. D. (2021). Parental responses to coming out by lesbian, gay, bisexual, queer, pansexual, or two-spirited people across three age cohorts. Journal of Marriage and Family, 83(4), 1116-1133. https://doi.org/10.1111/jomf.12731
    • Wainipitapong, S., Wiwattarangkul, T., Kneale, D., & Bécares, L. (2026). LGBTQ+ identity disclosure and mental health outcomes: A systematic review of qualitative and longitudinal quantitative studies. Journal of Homosexuality, 73(9), 2205-2252. https://doi.org/10.1080/00918369.2025.2540371

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Asexualidad: qué es y qué no es

    Asexualidad: qué es y qué no es

    Cuando alguien busca “persona asexual qué es”, casi siempre hay detrás una de dos preguntas: si eso describe lo que uno mismo siente o si es lo que le pasa a alguien cercano. La respuesta corta es que una persona asexual no siente atracción sexual por otras personas. Eso es todo lo que la palabra afirma, y deja fuera muchas ideas que circulan sobre el tema.

    Este artículo explica qué es la asexualidad según la investigación, qué relación tiene con la atracción romántica (de ahí lo de asexual y arromántico), en qué se diferencia del celibato, del bajo deseo y de la timidez, cómo saber si te identificas, qué se sabe de las relaciones de pareja y de la salud mental, y cuándo tiene sentido consultar a un profesional.

    Respuesta corta

    La asexualidad es una orientación sexual que consiste en no sentir atracción sexual hacia otras personas. No es una enfermedad, no se elige como se elige el celibato y no impide enamorarse: la mayoría de las personas asexuales sí siente atracción romántica. Se estima que alrededor de 1 de cada 100 adultos se identifica así, aunque las cifras varían según cómo se pregunte. La palabra describe una forma de sentir, y por sí sola no indica que algo deba tratarse.

    ¿Qué es una persona asexual?

    Una persona asexual es alguien que no experimenta atracción sexual hacia otras personas, de manera persistente. Bogaert (2015), el investigador que más ha estudiado el tema, pone la atracción como el centro de la orientación sexual, por encima de la conducta o de la etiqueta que uno se ponga. Dicho de otro modo, lo que define a una persona asexual es lo que siente (o no siente) por los demás, y no lo que hace o deja de hacer en la cama.

    Para que se entienda la idea: la orientación heterosexual, homosexual o bisexual describe hacia quién se siente atracción sexual. La asexualidad describe que esa atracción no aparece hacia nadie. Brotto y Yule (2017), en una revisión sobre cómo clasificar la asexualidad, concluyen que es una realidad heterogénea que probablemente cumple las condiciones para considerarse una orientación sexual, y que no hay evidencia suficiente para tratarla como un trastorno psiquiátrico ni como una disfunción del deseo.

    Una aclaración de vocabulario que ahorra confusiones: la palabra “asexual” también existe en biología, donde habla de reproducción sin pareja (bacterias, plantas). Aquí se usa en el sentido humano, el de la orientación.

    ¿Cuántas personas son asexuales?

    Alrededor del 1 % de los adultos, según la cifra más citada. Sale de una encuesta nacional con más de 18.000 residentes del Reino Unido, donde cerca de 195 personas dijeron no haber sentido nunca atracción sexual por nadie, más mujeres que hombres (Bogaert, 2004). Esa cifra tiene tres matices que conviene saber:

    • Otras encuestas dan números menores. Bogaert (2015) recoge un 0,5 % en una segunda encuesta británica y un 0,4 % en una australiana, y explica parte de la diferencia por el rango de edad y por quiénes aceptan responder.
    • En una muestra nacional de Nueva Zelanda, donde se preguntó la orientación con una casilla abierta, el 0,4 % se describió como asexual (Greaves et al., 2017). Preguntar por atracción y preguntar por identidad no da lo mismo.
    • Bogaert (2015) señala que el 1 % incluso podría quedarse corto, porque quienes tienen poco interés en el sexo suelen negarse a contestar encuestas sobre sexualidad.

    En la búsqueda para este artículo no apareció una cifra chilena que se pueda citar con confianza, así que las cifras de arriba son de otros países. Lo que sí muestran es una minoría pequeña pero real.

    ¿Asexual es que no te gusta nadie?

    No, y esta es la confusión más repetida. Ser asexual significa no sentir atracción sexual, y la atracción romántica es otra cosa. Puedes querer mucho a alguien, desear su compañía, su cercanía y un proyecto de vida con esa persona, y no sentir atracción sexual. Bogaert (2015) insiste en que ambas dimensiones se pueden separar, y por eso una persona asexual puede ser heterorromántica, homorromántica, birromántica o panromántica.

    Los datos lo confirman. Al juntar siete estudios previos (4.032 personas), un análisis de Antonsen y colaboradores encontró que el 74 % de las personas asexuales sí siente atracción romántica (Antonsen et al., 2020). Entre ellas, solo el 36 % se describió como heterorromántica, frente al 76 % del grupo no asexual. La asexualidad tiene mucha diversidad interna y no existe un modelo único.

    ¿Qué es ser asexual y arromántico?

    Una persona arromántica es la que no siente atracción romántica, o la siente muy poco. Cuando alguien es asexual y arromántico (a veces se abrevia “aroace”), no hay atracción sexual ni romántica. No quiere decir que no pueda querer a sus amistades o a su familia, ni que sea fría. Quiere decir que el enamoramiento de pareja no forma parte de su forma de vincularse.

    El estudio de Carvalho y Rodrigues, con 447 personas de comunidades asexuales en línea, encontró diferencias entre los dos grupos: las personas asexuales arrománticas se identificaban más con la asexualidad y describían un estilo de apego más evitativo, mientras que las románticas tenían más deseo de una relación de pareja a futuro y menos aversión al sexo (Carvalho y Rodrigues, 2022). La conclusión práctica de los autores es que, al hablar de asexualidad, conviene preguntar siempre también por la orientación romántica.

    ¿Qué no es la asexualidad? Mitos y confusiones frecuentes

    Varias cosas se parecen desde fuera y son distintas por dentro. La diferencia suele estar en el origen, en la estabilidad y en si hay malestar.

    Se parece a… En qué se diferencia de la asexualidad
    Celibato El celibato es una decisión de no tener sexo, a veces religiosa o moral, y quien la toma sí siente atracción y deseo. Para una persona asexual no hay un impulso que contener (Bogaert, 2015).
    Bajo deseo sexual o trastorno del deseo En el trastorno, la falta de deseo se vive con malestar y suele ser una pérdida respecto de antes. La persona asexual, en general, no sufre por no sentir atracción.
    Depresión, ansiedad o efecto de fármacos Aquí el deseo baja como consecuencia de otra cosa y suele volver al mejorar esa causa. La asexualidad es estable y no depende de un episodio.
    Trauma sexual o miedo al sexo La evitación nace de la protección: hay miedo, alerta o recuerdos que invaden. En la asexualidad el rasgo es la falta de atracción, sin que el miedo la explique.
    Aversión al sexo La aversión es rechazo o asco ante el contacto sexual. Algunas personas asexuales lo sienten y otras son indiferentes o incluso abiertas a tener sexo.
    Timidez o inseguridad Quien es tímido quiere acercarse y no se atreve. La persona asexual no siente ese impulso de acercamiento sexual.

    La línea con el bajo deseo merece un detalle, porque es la que más se pregunta. En un estudio con 192 personas que puntuaban alto en asexualidad y 231 que no, comparadas con personas con trastorno de deseo hipoactivo, las asexuales tenían una probabilidad menor de sufrir por su falta de interés sexual, más probabilidad de no haber tenido nunca actividad sexual, y la relación de pareja y el nivel de deseo predecían a qué grupo pertenecía cada persona (Brotto et al., 2015). Los autores concluyen que los datos no respaldan ver la asexualidad como una forma extrema de ese trastorno.

    Tampoco es un problema del cuerpo. En un estudio de laboratorio con 38 mujeres (siete de ellas asexuales), la respuesta genital y la excitación que contaban ante un video erótico fueron parecidas entre asexuales y no asexuales (Brotto y Yule, 2011). Es una muestra pequeña, pero apunta en la misma dirección que el resto: la capacidad física de responder está, y lo que falta es la atracción hacia otras personas.

    ¿Existen tipos de asexualidad? Grados, gris-asexual y demisexual

    Sí. Dentro de la asexualidad hay un espectro, y dos etiquetas son comunes: gris-asexual y demisexual. Una persona gris-asexual siente atracción sexual muy rara vez, con poca intensidad o solo en circunstancias específicas. Una persona demisexual solo siente atracción sexual después de haber formado un vínculo emocional fuerte con alguien (Bogaert, 2015).

    Con más de 12.000 respuestas a una encuesta internacional de la comunidad ace, Copulsky y Hammack vieron que quienes se identifican como asexuales tienen el menor impulso sexual de los tres grupos y son los que más a menudo se declaran arrománticos, mientras que los gris-asexuales y los demisexuales ocupan posiciones intermedias (Copulsky y Hammack, 2023). Las etiquetas ayudan a ubicarse, y cada persona las usa a su manera.

    ¿Una persona asexual tiene sexo, fantasías o se masturba?

    A veces sí y a veces no. La ausencia de atracción no obliga a una conducta concreta, y por eso el rango es amplio.

    • Sexo con otras personas. En una encuesta con 1.093 personas del espectro ace, solo alrededor del 4 % de las personas asexuales y gris-asexuales dijo tener interés en volver a tener “sexo” en el futuro. La razón más citada por las asexuales fue el desinterés o el rechazo (43 %). En las demisexuales, en cambio, pesaba sobre todo la conexión emocional (Hille et al., 2020). Otro estudio, con nueve mujeres asexuales, describe que cuando tenían relaciones sexuales era sobre todo por complacer a la pareja (Van Houdenhove et al., 2015).
    • Masturbación y fantasías. En un estudio con 351 personas asexuales, las mujeres asexuales se masturbaban menos que las no asexuales, y tanto hombres como mujeres asexuales tenían más a menudo la experiencia de no haber tenido nunca una fantasía sexual. Aun así, el solapamiento con el grupo no asexual era grande (Yule et al., 2017). Bogaert (2015) cuenta que el cuerpo puede excitarse sin que esa excitación se dirija a alguien.

    Ser asexual no implica abstenerse de todo contacto sexual: lo que cada persona haga o deje de hacer es decisión suya, y no prueba su identidad.

    ¿Cómo saber si eres asexual?

    No existe un examen médico ni un test que lo confirme. Saberlo es un proceso de conocerse, y el criterio central es si sientes o no atracción sexual por otras personas. Los investigadores desarrollaron un cuestionario de 12 preguntas, la Escala de Identificación de Asexualidad (Yule et al., 2015), pero se creó para identificar participantes en investigaciones, no para que alguien se autodiagnostique, y la identidad la define cada persona.

    Si te estás preguntando esto, estas preguntas pueden ordenar tus ideas. No suman puntos ni dan un resultado:

    1. ¿Alguna vez sentiste atracción sexual por alguien, antes o ahora, o la sensación siempre fue la de “no entender de qué hablaba la gente”?
    2. Si hubo atracción, ¿ocurrió solo después de conocer muy bien a la persona, o solo en situaciones muy específicas?
    3. ¿Tu falta de interés viene de siempre o apareció en un momento concreto (un duelo, una depresión, un medicamento nuevo, una experiencia dolorosa)?
    4. Cuando piensas en tener sexo, ¿sientes indiferencia, rechazo, miedo, dolor o culpa?
    5. ¿Te incomoda la idea, o lo que te incomoda es la presión de los demás por sentir algo que no sientes?
    6. ¿Qué tipo de cercanía sí te gusta: abrazos, compañía, conversación, proyectos compartidos?

    Las respuestas 3 y 4 son las que más aclaran. Si la falta de interés es reciente, o va acompañada de miedo, dolor o tristeza, vale la pena mirar otras causas antes de ponerle una etiqueta (más abajo, en la sección de cuándo consultar). Tomar tiempo para decidirlo está bien: en las historias de mujeres asexuales entrevistadas por Van Houdenhove y colaboradores, un hilo común fue sentirse “distintas” desde siempre y encontrar una palabra que lo nombrara como un alivio, junto con una gran variedad en cómo cada una vivía el sexo y el amor (Van Houdenhove et al., 2015).

    ¿Es un trastorno? ¿Tiene cura?

    No es un trastorno y no necesita cura. Brotto y Yule (2017) no encontraron base para clasificarla como enfermedad, y el DSM-5 (American Psychiatric Association [APA], 2013) establece que no se diagnostica una disfunción del interés o del deseo sexual cuando la falta de deseo se explica mejor porque la persona se identifica como asexual. Hall y Binik (2020), en el manual de referencia de la terapia sexual, tratan la asexualidad como una orientación y piden distinguir entre quien sufre por su deseo y quien simplemente no lo siente.

    Esto tiene una consecuencia clínica concreta. Los intentos de cambiar una orientación sexual, mal llamados terapias de conversión, no tienen respaldo científico y las asociaciones de salud mental los rechazan (la APA reúne su postura y sus recursos sobre orientación sexual). Tampoco hay fármaco que “active” la atracción: Bogaert (2015) señala que la asexualidad no se explica por una falta de testosterona. Un psicólogo que atiende a una persona asexual no busca cambiarla. Ayuda a entenderse, a manejar la presión del entorno y, si hay malestar real, a trabajar en eso.

    ¿Cómo son las relaciones de pareja de las personas asexuales?

    Muy variadas. Una persona asexual romántica puede enamorarse, convivir, casarse y formar familia. En el análisis de Antonsen et al. (2020), las personas asexuales con atracción romántica tenían más probabilidad de estar en pareja y habían tenido más parejas, más besos y más deseo sexual orientado a una pareja que las arrománticas. Y la persona arromántica puede vivir muy bien sin pareja, con amistades y comunidad.

    Cuando una persona asexual y una no asexual forman pareja, la diferencia de deseo es el tema central. Estas ideas, que recogen Nagoski, McCarthy y McCarthy y Hall y Binik, son un buen punto de partida:

    • Hablarlo pronto y con sinceridad. Que la persona asexual explique lo que siente y lo que no, y que la otra cuente lo que necesita, sin acusaciones.
    • Separar afecto de sexo. Abrazos, masajes, dormir abrazados o ducharse juntos pueden ser contacto físico sin expectativa de sexo. Un acuerdo habitual en terapia sexual es dejar el coito fuera de la mesa por un tiempo para quitar la presión de rendir (McCarthy y McCarthy, 2019).
    • Poder decir que no sin castigo. Nagoski (2015) subraya que la culpa y la coerción arruinan la intimidad. Si participar en algo sexual es una opción de la persona asexual (por afecto o curiosidad), tiene que ser una opción real, con derecho a parar o a negarse sin reproche.
    • Mirar los acuerdos de la pareja. Algunas parejas negocian arreglos distintos, incluida la no monogamia consensuada. No es una solución para todas, y exige acuerdo genuino de ambos. Puedes leer qué dice la investigación en relaciones abiertas de pareja.

    Si eres pareja de una persona asexual y te sientes rechazado o confundido, esa reacción es comprensible. La falta de atracción hacia ti no habla de tu valor ni de tu cuerpo. Para ordenar lo que ocurre, puede ayudarte leer sobre por qué una pareja no te desea como antes y sobre la frecuencia sexual normal en pareja, ya que muchas dudas se parecen.

    ¿Qué pasa con la salud mental de las personas asexuales?

    La asexualidad en sí no daña la salud mental, y el estrés viene de cómo la trata el entorno. En la muestra nacional neozelandesa, comparadas con personas heterosexuales, las asexuales no mostraron un deterioro de salud física ni mental atribuible a serlo (Greaves et al., 2017).

    Lo que sí pesa es el rechazo. En una encuesta en línea con 12.449 personas del espectro asexual, el 64,8 % había vivido estrés de minoría por su orientación sexual o romántica (agresiones verbales, victimización, discriminación en la atención de salud). En los últimos 12 meses, el 32,2 % tuvo ideas suicidas, el 10,6 % hizo un plan y el 2,7 % hizo un intento. La victimización fue lo más fuertemente asociado a esos pensamientos (Chan y Leung, 2023). Los autores advierten que el estudio es de corte transversal, así que no prueba causa y efecto, y que la muestra se reclutó en línea, por lo que sus cifras no se pueden extender a toda la población asexual.

    Ese dato importa porque frases como “solo no has encontrado a la persona indicada” o “algo te pasó de chico” no son inocentes: invalidan y suman a un estrés que ya existe. Si tú o alguien cercano está pasando por pensamientos de hacerse daño, en Chile puedes llamar al *4141 (línea de prevención del suicidio del Ministerio de Salud), al 131 (SAMU) o al 133 (Carabineros). También puedes leer cómo ayudar a alguien con ideas suicidas.

    ¿Cuándo consultar a un psicólogo?

    Ser asexual no es motivo de consulta. Sí lo son algunas situaciones que lo rodean:

    • Malestar con el propio deseo. Si perdiste un deseo que antes tenías, y eso te angustia, es otra situación y se puede trabajar. Más en falta de deseo sexual.
    • Dolor al intentar el contacto sexual. Necesita evaluación médica y no se explica por orientación alguna (ver dolor en las relaciones sexuales).
    • Experiencias de abuso o trauma sexual que hoy generan miedo, alerta o recuerdos que invaden.
    • Depresión, ansiedad o medicamentos que bajaron tu interés en todo, no solo en lo sexual.
    • Estrés de minoría: rechazo familiar, soledad, culpa por no “encajar” o presión de la pareja. Un profesional que no patologice la asexualidad puede acompañar ese proceso.
    • Conflicto en una pareja mixta que no logra acuerdos. La terapia sexual y la terapia de pareja tratan justamente estos acuerdos.

    Si consultas, es razonable preguntar de entrada cómo entiende el profesional la asexualidad. Alguien que parta de “te falta algo” no es la persona adecuada. En Chile puedes verificar que un psicólogo esté inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud. La Organización Mundial de la Salud incluye en su concepto de salud sexual el derecho a vivir la sexualidad, o su ausencia, sin coerción ni discriminación. Y si prefieres conocer a otras personas con tu misma experiencia, la red AVEN reúne información y foros de la comunidad asexual.

    Preguntas frecuentes

    Asexual: qué es y qué significa

    Significa no sentir atracción sexual hacia otras personas, de forma duradera. Es una orientación sexual, como la heterosexualidad o la bisexualidad. No dice nada sobre si la persona siente atracción romántica, si tiene pareja o si tiene o no sexo.

    ¿Una persona asexual puede enamorarse?

    Sí. Según el análisis de siete estudios con 4.032 personas, el 74 % de las personas asexuales siente atracción romántica (Antonsen et al., 2020). Puede enamorarse, tener pareja y formar familia. La excepción son las personas arrománticas, que no sienten atracción romántica pero sí pueden tener vínculos profundos de amistad y familia.

    ¿Ser asexual es lo mismo que ser célibe?

    No. El celibato es una decisión de abstenerse del sexo, y quien la toma sí siente atracción y deseo. La asexualidad no se decide, porque describe lo que la persona siente, y no exige ningún esfuerzo de contención (Bogaert, 2015).

    ¿La asexualidad se cura o es consecuencia de un trauma?

    Una orientación sexual no se cura. La investigación no ha mostrado que la asexualidad sea resultado de un trauma, y los intentos de cambiar una orientación carecen de respaldo (Brotto y Yule, 2017). Ahora bien, el trauma, la depresión o algunos fármacos sí pueden bajar el deseo, y eso conviene descartarlo con un profesional si la falta de interés es reciente o viene con malestar.

    ¿Cómo saber si soy asexual o tengo bajo deseo?

    Las pistas más claras son el momento y el malestar. La asexualidad suele ser de toda la vida y no genera angustia por sí misma, mientras que el bajo deseo suele ser un cambio respecto de antes, con sufrimiento. En la práctica puede haber zonas grises, y por eso ayuda conversarlo con un psicólogo sin prisa (Brotto et al., 2015).

    ¿Qué diferencia hay entre asexual y arromántico?

    Asexual se refiere a la atracción sexual, y arromántico a la atracción romántica. Una persona puede ser asexual y sentir atracción romántica, o ser asexual y arromántica a la vez. Son dos ejes que se combinan de formas distintas (Carvalho y Rodrigues, 2022).

    Qué llevarte de todo esto

    Una persona asexual no siente atracción sexual por otras personas, y eso no la hace estar rota, ni incapaz de amar, ni obligada a explicar por qué. Hay mucha variedad dentro de la asexualidad (romántica o arromántica, gris, demisexual), y la mayoría de las personas asexuales sí se enamora.

    Si te preguntas si eres asexual, no hay un examen que lo decida: te sirve observar con calma qué sientes, desde cuándo y con qué emoción, y descartar causas que se parecen cuando el cambio es reciente o duele. Si tu duda es por una pareja o por un cambio que te angustia, conversarlo con un psicólogo puede ahorrar mucho desgaste. Puedes agendar una consulta o conocer más sobre la terapia psicológica online.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed.). American Psychiatric Publishing.

    Antonsen, A. N., Zdaniuk, B., Yule, M., & Brotto, L. A. (2020). Ace and aro: Understanding differences in romantic attractions among persons identifying as asexual. Archives of Sexual Behavior, 49(5), 1615-1630. https://doi.org/10.1007/s10508-019-01600-1

    Bogaert, A. F. (2004). Asexuality: Prevalence and associated factors in a national probability sample. The Journal of Sex Research, 41(3), 279-287. https://doi.org/10.1080/00224490409552235

    Bogaert, A. F. (2015). Understanding asexuality. Rowman & Littlefield.

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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