Etiqueta: onicofagia

  • Conductas repetitivas centradas en el cuerpo (BFRB): qué son y cómo se tratan

    Conductas repetitivas centradas en el cuerpo (BFRB): qué son y cómo se tratan

    Arrancarse un pelo, sacar una costra, morderse la piel del dedo o las uñas, masticar el interior de la mejilla. Casi todo el mundo hace alguna de estas cosas de vez en cuando. Cuando se repite a diario, deja marcas, cuesta parar y se oculta por vergüenza, entra en lo que la psicología llama conductas repetitivas centradas en el cuerpo, conocidas por su sigla en inglés, BFRB (body-focused repetitive behaviors), y en español como CRCC. Si buscas qué son, por qué pasan y cómo se tratan, esta guía junta lo que se sabe.

    En esta guía vas a ver qué conductas incluye el grupo, cómo se diagnostica, qué tan comunes son, por qué se mantienen, en qué se distinguen del TOC y de la autolesión, qué tratamientos funcionan y cuánto, qué puedes hacer desde hoy y cuándo consultar. Cada conducta tiene además su propia guía, enlazada más abajo.

    En breve: las conductas repetitivas centradas en el cuerpo (BFRB) son hábitos repetidos de tirar, pellizcar, morder o rascar el propio pelo, la piel, las uñas o el interior de la boca, que causan daño físico y malestar, y que la persona ha intentado dejar sin lograrlo. Incluyen la tricotilomanía, la dermatilomanía (trastorno de excoriación), morderse las uñas y morderse la piel o la mejilla. Las encuestas en adultos ubican alrededor de uno de cada cuatro con alguna forma clínicamente relevante, pero muy pocos consultan. El tratamiento con más respaldo es la terapia conductual (reversión del hábito, sola o con terapia de aceptación); los medicamentos tienen evidencia limitada.

    ¿Qué son las conductas repetitivas centradas en el cuerpo (BFRB)?

    Las conductas repetitivas centradas en el cuerpo son un término general para cualquier conducta repetida de auto-aseo (tirar, arrancar, pellizcar, morder o raspar el pelo, la piel o las uñas) que produce daño físico y malestar importante, o interfiere con la vida diaria (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016). La literatura clínica también las llama trastornos de aseo patológico, porque son secuencias de movimientos de cuidado personal que se salen de control (Snyder y Friman, 2012; Stein y Lochner, 2012).

    Las define la combinación de cuatro rasgos, sea cual sea la zona del cuerpo (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Snyder y Friman, 2012):

    • Repetición. Se hace muchas veces, a veces en episodios cortos repartidos en el día y a veces en sesiones de una hora o más.
    • Daño. Hay calvas, heridas, cicatrices, uñas deformadas o lesiones en la boca.
    • Intentos fallidos de parar. La persona ha probado límites, castigos, guantes o promesas, y el hábito vuelve.
    • Malestar o costo en la vida diaria. Vergüenza, ocultamiento, tiempo perdido, evitar la playa, las citas o el trabajo.

    Un aseo normal (cortarse las uñas, sacarse una espinilla de vez en cuando) es breve, funcional y no destruye tejido. La frontera está en el control, la frecuencia y el daño. Una revisión describió estas conductas como un continuo de leve a grave, infradiagnosticado, en el que las personas suelen esconder las lesiones por vergüenza (Bohne et al., 2005).

    ¿Cuáles son las BFRB y cómo se llama cada una?

    Estas son las formas principales, con su nombre clínico y la guía donde profundizamos en cada una:

    Qué hacesNombre clínicoDetalle
    Arrancarte pelo del cuero cabelludo, las cejas o las pestañasTricotilomanía (trastorno de arrancarse el pelo)Tricotilomanía: síntomas, causas y tratamiento y tricotilomanía en niños
    Pellizcarte, rascarte o hurgar la piel hasta lesionarlaDermatilomanía (trastorno de excoriación, skin picking)Dermatilomanía: síntomas, causas y tratamiento
    Morderte las uñas de las manos o los piesOnicofagiaMorderse las uñas: por qué pasa y cómo dejarlo
    Morderte o arrancarte la piel alrededor de las uñas y los dedosDermatofagiaMorderse la piel de los dedos
    Masticar o morder el interior de las mejillas o los labiosMorsicatio buccarum y labiorum (cheek biting)Morderse los labios por dentro
    Comerte el pelo que arrancasTricofagiaSe trata en la guía de tricotilomanía

    En otras personas aparecen variantes: raspar la piel con herramientas, cortarse el pelo de forma compulsiva o chuparse el pulgar mucho después de la edad esperable. Todas comparten el mismo andamiaje (Snyder y Friman, 2012).

    Es habitual tener más de una. En 60 personas con dermatilomanía, 36,7 % tenía además tricotilomanía y 26,7 % se mordía las uñas (Odlaug y Grant, 2008). En una muestra comunitaria de 2.705 personas, la tricotilomanía, el pellizco de piel y morderse las uñas compartían un factor común de «acicalamiento patológico», asociado a impulsividad y malestar psicológico (Maraz et al., 2017). Por eso es frecuente que una conducta reemplace a otra con los años.

    Trastorno por conductas repetitivas centradas en el cuerpo: cómo se diagnostica en el DSM-5

    El DSM-5 agrupa estas conductas dentro de los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados (American Psychiatric Association, 2013). Dos tienen diagnóstico propio: la tricotilomanía y el trastorno de excoriación. Las demás (morderse las uñas, los labios o la mejilla, la dermatofagia) no tienen categoría independiente y se ubican como «otro trastorno obsesivo-compulsivo y relacionado especificado», con el nombre de trastorno por conductas repetitivas centradas en el cuerpo (American Psychiatric Association, 2013). El Manual MSD para pacientes lo resume con tres rasgos: morder o manipular una parte del cuerpo, a veces hasta lesionarla; intentos repetidos y fallidos de reducir la conducta; y malestar o deterioro importante por ella.

    Además, el cuadro no debe explicarse por una sustancia (la cocaína o las anfetaminas pueden producir rascado), por otra condición médica (sarna, eccema) ni por otro trastorno mental (American Psychiatric Association, 2013; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).

    El diagnóstico lo hace un profesional de salud mental, a veces con ayuda de un dermatólogo o un dentista. En una primera consulta se revisan las zonas afectadas y sus complicaciones, cuándo y dónde ocurre, qué se siente antes y después, si es consciente o automático, y las comorbilidades que haya (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Twohig y Woods, 2023).

    ¿Qué tan comunes son las conductas repetitivas centradas en el cuerpo?

    Mucho más de lo que se consulta. Las cifras cambian según se midan síntomas ocasionales o cuadros clínicos:

    La diferencia entre cifras grandes y pequeñas es esperable: casi todos tenemos algún hábito corporal y solo una parte llega al nivel de trastorno. Lo que importa es el daño, el control y el costo.

    ¿A qué edad empiezan?

    Suelen empezar en la infancia tardía o la adolescencia. En 858 personas con tricotilomanía, el pico de inicio fue entre los 11 y 15 años y 93,5 % comenzó antes de los 20 (Grant et al., 2023). En 60 personas con pellizco de piel, la edad media de inicio fue de 12,3 años (Odlaug y Grant, 2008). Morderse las uñas es más precoz y llega a su máximo en la pubertad y la adolescencia (Snyder y Friman, 2012). En los niños pequeños muchos hábitos son transitorios (Mouton-Odum y Golomb, 2012).

    En un estudio de 152 personas de entre 4 y 67 años con tricotilomanía, pellizco de piel o ambos, la gravedad llegó a su máximo en la transición de la adolescencia a la adultez (Lin et al., 2023).

    ¿Por qué ocurren? Lo que mantiene el hábito

    Esta parte alivia a quien lo vive: hay varias causas que se combinan, y ninguna es un defecto de carácter. El mito más repetido es que se trata de falta de fuerza de voluntad. La evidencia describe hábitos con una función, sostenidos por la emoción, la sensación física y el aprendizaje.

    Focalizado y automático

    Hay dos estilos, y la mayoría de las personas tiene los dos (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Twohig y Woods, 2023):

    • Focalizado: ocurre con plena conciencia. Antes hay una urgencia, una emoción incómoda (ansiedad, frustración, aburrimiento) o un pensamiento sobre una imperfección, y la conducta sirve para bajar esa tensión.
    • Automático: ocurre casi sin darse cuenta, sobre todo en momentos pasivos como leer, estudiar, ver una serie, manejar o estar en la cama. La persona nota lo que hizo cuando ya hay un pelo en la mano o una costra sangrando.

    Los dos estilos fluctúan. En momentos de baja estimulación domina el modo automático, y cuando hay tensión o se detecta una imperfección en el espejo, el modo focalizado (Twohig y Woods, 2023). Por eso el tratamiento combina estrategias para cada uno.

    El modelo ComB: qué dispara el hábito

    El modelo conductual comprensivo, conocido como ComB, analiza cada conducta como una cadena de antecedentes, conducta y consecuencias (Mansueto et al., 1997). Los antecedentes se agrupan en cinco áreas, que forman la sigla SCAMP:

    1. Sensorial: un pelo grueso o rizado, una costra, una zona áspera, picazón, tensión localizada.
    2. Cognitiva: pensamientos perfeccionistas como «mi piel tiene que quedar lisa» o «esta ceja está desigual».
    3. Afectiva: ansiedad o enojo, pero también aburrimiento, cansancio o sueño.
    4. Motora: posturas y gestos previos, como apoyar la cabeza en la mano, pasar los dedos por la zona o tomar las pinzas.
    5. Lugar: el baño, la cama, el escritorio, el auto, el sofá frente a la televisión.

    La consecuencia casi siempre es un alivio inmediato (menos tensión, menos aburrimiento, una sensación táctil placentera). Ese alivio llega en segundos, mientras que el costo (calvas, cicatrices, culpa) llega horas o días después, y el cerebro aprende del refuerzo inmediato. Es el mismo mecanismo de cualquier hábito (Twohig y Woods, 2023).

    Emoción, sensación, genética y cerebro

    • Emoción. Una revisión sistemática de 19 estudios en pellizco de piel halló más dificultades de regulación emocional que en los controles, sobre todo en el estilo focalizado (Barber y Fitzgerald, 2025).
    • Sensaciones. Otra revisión de 65 estudios encontró que las sensaciones incómodas previas a una conducta repetitiva aparecen en todo el espectro obsesivo-compulsivo y, en varios cuadros, se asocian a mayor gravedad (Wilson et al., 2025).
    • Genética. Una revisión sistemática de 109 estudios indica que los factores genéticos pesan en la tricotilomanía y el pellizco de piel, en parte compartidos con el espectro del TOC, aunque no se conoce un factor específico confiable (Reid et al., 2024).
    • Cerebro. Se han descrito diferencias en redes que frenan movimientos ya iniciados y que controlan los hábitos (Stein y Lochner, 2012). Hay debate sobre si estas conductas se entienden mejor como parte del espectro obsesivo-compulsivo, como trastornos del hábito o como aseo patológico, y una revisión reciente propone no elegir un solo marco (Stein y Lochner, 2026).

    Nada de esto convierte el hábito en una condena. Quiere decir que un hábito con función y circuito propio se trabaja con un método, y no con propósitos de año nuevo.

    ¿En qué se diferencian de otras condiciones?

    Dos personas pueden arrancarse el pelo por razones muy distintas, y el tratamiento cambia según la razón. Esta tabla resume las diferencias principales (American Psychiatric Association, 2013; Flessner, 2012; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016):

    Si lo que ves es…Qué puede estar pasandoCómo se distingue
    Rituales para neutralizar un miedo (contaminación, daño)Trastorno obsesivo-compulsivoEn el TOC la conducta responde a obsesiones. En las BFRB responde a una urgencia, una sensación, una emoción o el automatismo
    Arrancar o pellizcar para corregir un «defecto» de aspectoTrastorno dismórfico corporalHay una creencia fija de que una parte del cuerpo es fea. Se busca arreglar la apariencia
    Movimientos bruscos, rápidos, no rítmicos, con una urgencia previa breveTics o síndrome de TouretteEl tic es un movimiento súbito y breve, sin la secuencia dirigida al pelo o a la piel que define a las BFRB
    Balanceo, aleteo, golpes rítmicosMovimientos estereotipadosRítmicos y sin urgencia previa; frecuentes en autismo o discapacidad intelectual
    Cortes, quemaduras, dolor buscadoAutolesión no suicidaAquí el daño y el dolor son el objetivo. En las BFRB son un efecto no buscado de un acto de aseo o de regulación
    Rascado por la sensación de insectos bajo la pielParasitosis delirante o psicosisHay una creencia delirante o alucinaciones táctiles
    Rascado por picor de una enfermedad de la pielSarna, eccema, psoriasis, acné severoSi la manipulación sigue cuando la enfermedad ya está controlada, o sobre piel sana, puede haber una BFRB
    Rascado o pellizco tras consumir estimulantesEfecto de sustanciasLa conducta aparece con el consumo o la abstinencia

    Pueden coexistir. Lo que no ayuda es resolver el diagnóstico por intuición: un error de este tipo cambia el tratamiento.

    ¿Se asocian a ansiedad, depresión u otros trastornos?

    Con frecuencia. En el estudio de 152 personas ya citado, la ansiedad aparecía en 63 a 82 %, la depresión en 34 a 50 %, el TOC en 16 a 29 % y el TDAH en 12 a 32 % (Lin et al., 2023). En un registro sueco de más de mil personas con tricotilomanía, 79 % tenía otro diagnóstico psiquiátrico (Farhat et al., 2025). En un estudio dermatológico de casos y controles, el pellizco de piel se asoció a más depresión, ansiedad y TOC, y solo 21 % mejoró o se resolvió, en parte porque pocos siguieron el control psiquiátrico (Kwon et al., 2020).

    La ansiedad es a la vez un posible desencadenante y una consecuencia (la vergüenza por las marcas, el miedo a que se note). Y no es toda la historia: en 339 adultos jóvenes, morderse las uñas no se relacionó con trastornos de ansiedad (Pacan et al., 2014). Si tienes TDAH, el cuadro puede costar más de tratar, porque la terapia conductual exige atención y autorregulación (Twohig y Woods, 2023). Para entender ese vínculo hay una guía sobre TDAH.

    ¿Cómo se tratan las conductas repetitivas centradas en el cuerpo?

    La noticia buena: hay tratamientos que funcionan. La realista: la evidencia es sólida pero con ensayos pequeños, y los beneficios requieren práctica sostenida.

    En un metaanálisis de 24 ensayos y 857 participantes en tricotilomanía, la terapia conductual con entrenamiento de reversión del hábito mostró el mayor beneficio (diferencia estandarizada de 1,22) y no existe ningún medicamento aprobado como primera línea (Farhat et al., 2020). En el pellizco de piel, otro metaanálisis de 12 ensayos encontró un beneficio global grande, pero frente a grupos control el efecto fue moderado, y no hubo evidencia firme de que un tratamiento sea superior a otro (Selles et al., 2016). Una revisión sistemática de 11 estudios añadió que todas las intervenciones, incluido el placebo, mejoraron en ensayos cortos, pero solo las conductuales superaron a los controles inactivos (Schumer et al., 2016). Las guías de consenso ponen la terapia conductual como primera línea y los medicamentos como complemento (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).

    Reversión del hábito

    Fue descrita en 1973 para hábitos nerviosos y tics por Azrin y Nunn, y es el componente conductual más estudiado. Se enseña en cuatro partes (Azrin y Nunn, 1973; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Twohig y Woods, 2023):

    1. Conciencia. Describir con detalle el acto, anotar cada episodio y reconocer las señales de aviso (tocarse el pelo, buscar asperezas con las yemas de los dedos, inclinarse sobre el espejo).
    2. Respuesta competidora. Ante la señal o la urgencia, hacer un movimiento incompatible con la conducta (apretar los puños, cruzar los brazos, sostener un objeto) durante uno a tres minutos. Tiene que ser fácil, discreto y aceptable para la persona.
    3. Control del entorno. Retirar espejos de aumento, bajar la luz del baño, guardar pinzas, poner tiritas en los dedos, usar gorros o guantes en las situaciones de riesgo. Se usa para dificultar el acto y no para suprimir la urgencia.
    4. Apoyo social. Una persona cercana que avise sin retar y reconozca el uso de la estrategia.

    Los resultados son buenos pero con sus límites. En un ensayo aleatorizado en 43 pacientes con tricotilomanía, 64 % mejoró de forma clínicamente significativa con terapia conductual, frente a 9 % con fluoxetina y 20 % en lista de espera (van Minnen et al., 2003). Otro ensayo con 23 pacientes mostró que la terapia fue más eficaz que la clomipramina y el placebo (Ninan et al., 2000). En el pellizco de piel, un ensayo con 25 adultos halló que la reversión del hábito redujo el pellizco más que la espera, y la mejoría se mantuvo a los 3 meses (Teng et al., 2006). Una revisión de los 10 ensayos de reversión del hábito advirtió que su calidad metodológica es cuestionable (Lee et al., 2019).

    Terapia conductual con aceptación (ACT)

    Esta variante suma al trabajo conductual los procesos de la terapia de aceptación y compromiso (si te interesa, aquí hay una explicación de ACT): notar la urgencia, hacerle espacio sin obedecerla, tomar distancia de los pensamientos («tengo que sacar esto») y orientar la acción hacia lo que importa a la persona (Twohig y Woods, 2023). Los pacientes aprenden a «surfear» la urgencia, que sube, llega a un pico y baja si no se actúa sobre ella. La estructura del protocolo para tricotilomanía es de 10 sesiones de 50 a 60 minutos (Twohig y Woods, 2023).

    En un ensayo en 85 adultos con tricotilomanía, 64 % de quienes recibieron esta terapia respondió bien frente a 38 % con psicoeducación y apoyo (Woods et al., 2022). Para el pellizco de piel, un ensayo con 70 adultos mostró que 10 semanas de terapia conductual con aceptación guiada por internet mejoraron los síntomas frente a la lista de espera; 43 % respondió y 31 % remitió al terminar, y a los 6 meses los síntomas habían subido algo, aunque la mejoría seguía siendo significativa (Asplund et al., 2025). Una revisión sistemática de 11 estudios coincide en que la terapia cognitivo-conductual, la terapia con aceptación en grupo, la autoayuda en línea y la escritura expresiva fueron las opciones con mejores resultados, con muestras pequeñas y poco seguimiento (Loftus et al., 2025). Para el marco general de la terapia, está la guía sobre qué es la terapia cognitivo-conductual y sus técnicas.

    ¿Y las recaídas?

    Conviene saberlo antes de empezar. En un seguimiento a dos años de 28 pacientes con tricotilomanía que recibieron una terapia breve de seis sesiones, la mejoría lograda al terminar se había reducido en 49 % a los tres meses y en 70 % a los dos años, aunque los síntomas seguían por debajo del punto de partida (Keijsers et al., 2006). Una revisión experta de 2025 concluye que la recaída en adultos es común, y que a muchas familias les cuesta encontrar profesionales que conozcan el cuadro (DuBois et al., 2025).

    Por eso los protocolos modernos incluyen un plan de mantenimiento y distinguen entre un desliz puntual y una recaída. Un desliz es información sobre qué disparador estaba presente, no un fracaso (Twohig y Woods, 2023).

    Autoayuda y terapia digital

    Como hay pocos terapeutas formados en estas conductas, se ha estudiado bastante la autoayuda. En un ensayo con 334 personas, seis semanas de manuales de reversión del hábito y de dos variantes de «desacople» superaron a la lista de espera, y quienes usaron varias técnicas a la vez mejoraron más (Moritz et al., 2023). Un metaanálisis de 14 estudios con 5.468 personas sobre intervenciones digitales en tricotilomanía y pellizco de piel halló una reducción grande de síntomas antes y después (efecto de 1,01) y un efecto medio frente a controles en los ensayos aleatorizados, con efectos mínimos en calidad de vida, depresión y ansiedad (Barber et al., 2026). Una revisión narrativa de 12 ensayos de autoayuda por internet reporta que reducen síntomas y que usarlas con frecuencia importa (Murase et al., 2025).

    La autoayuda es una buena forma de empezar o un complemento, pero sola tiene menos capacidad de sostener la mejoría a largo plazo que la terapia guiada (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).

    Medicamentos

    Ningún fármaco está aprobado específicamente para estas conductas, y la evidencia es limitada (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016). Esto es lo que hay:

    • N-acetilcisteína (NAC). La revisión Cochrane sobre tricotilomanía (12 ensayos pequeños) concluyó que no hay evidencia suficiente para confirmar ni descartar la eficacia de ningún fármaco. Un ensayo de NAC en adultos mostró más respuesta que el placebo (56 % frente a 16 %), pero en niños y adolescentes no hubo diferencia (25 % frente a 21 %) (Hoffman et al., 2021). En el pellizco de piel, un ensayo de 12 semanas con 66 adultos redujo los síntomas más que el placebo (47 % frente a 19 % muy mejorados) (Grant et al., 2016). Son ensayos únicos, sin replicar, y las guías piden usarla con supervisión médica, porque no conviene en personas con asma.
    • Memantina. En un ensayo con 100 adultos con tricotilomanía o pellizco de piel, 60,5 % quedó mucho o muy mejorado frente a 8,3 % con placebo; falta replicarlo (Grant et al., 2023).
    • Antidepresivos (ISRS). No superaron al placebo en las revisiones de pellizco de piel (Schumer et al., 2016). Se usan sobre todo cuando hay depresión o ansiedad asociadas.
    • Otros. Una revisión sistemática de los tratamientos farmacológicos calificó de decepcionantes los resultados en tricotilomanía, pellizco de piel y morderse las uñas, y pidió integrar medicación y psicoterapia (Sani et al., 2019).

    La decisión de medicar la toma un médico, según el cuadro completo y las comorbilidades. En general los medicamentos se plantean cuando hay depresión, ansiedad o TDAH que impiden aprovechar la terapia, o cuando la terapia especializada no está disponible (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).

    ¿Y en niños y adolescentes?

    En niños pequeños, muchos hábitos son transitorios y se asocian al cansancio o a la succión del pulgar. Se consideran clínicos cuando hay daño visible, malestar o interferencia con la vida diaria y resisten los intentos de parar (Mouton-Odum y Golomb, 2012; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016). En un ensayo con 24 jóvenes, ocho sesiones semanales de terapia conductual redujeron la gravedad de la tricotilomanía más que un grupo de contacto mínimo, con efecto mantenido durante 8 semanas (Franklin et al., 2011). En una cohorte de 63 niños y adolescentes tratados con reversión del hábito, la baja de síntomas se mantuvo hasta 12 meses, y 63,5 % tenía otro diagnóstico psiquiátrico (Rautio et al., 2024).

    Lo que hacen los padres pesa mucho. Según las guías (Mouton-Odum y Golomb, 2012):

    • Lo que empeora: regañar, castigar, vigilar el pelo o la piel todo el día, quitar la mano a la fuerza, comentar el aspecto («qué bonita te ves cuando no te lo haces»).
    • Lo que ayuda: elogiar el uso de estrategias y no el resultado físico, mantener el foco en las fortalezas del niño, calmar la propia ansiedad y, en adolescentes, dejar que el joven lidere el tratamiento y acordar cuándo y cómo quiere recibir recordatorios.

    Si el que lo vive es tu hijo, las guías de tricotilomanía en niños y de ansiedad en niños pueden orientarte. El Child Mind Institute también tiene una explicación en español de las fases del tratamiento conductual con niños.

    ¿Qué puedes hacer desde hoy mientras llega la ayuda?

    Estas ideas vienen de los componentes de la terapia y sirven para empezar. No reemplazan el tratamiento (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Twohig y Woods, 2023):

    • Observa antes de intentar parar. Durante una semana, anota cuándo, dónde y cuánto rato pasa, y qué sentías antes y después (sensación, pensamiento, emoción, postura, lugar). Ver el patrón por escrito ya cambia algo.
    • Cambia el escenario de riesgo. Baja la luz del baño, saca el espejo de aumento, pon un temporizador si te miras al espejo, aparta pinzas, alfileres y cortauñas.
    • Pon barreras en las manos. Tiritas o dediles en índice y pulgar, guantes en la cama o frente a la televisión, gorro en las horas de más riesgo.
    • Ten un sustituto táctil. Una piedra lisa, una pelota blanda, velcro, un objeto con textura. Para el interior de la boca, chicle sin azúcar o un mordedor.
    • Practica una respuesta competidora. Apretar los puños o sostener algo firme por uno a tres minutos cuando notes la señal.
    • Deja pasar la urgencia sin pelear con ella. La urgencia sube, llega a un pico y baja. Pelear contra la sensación suele aumentar la tensión.
    • Trata los deslices como datos. Después de un episodio, la pregunta útil es qué disparador estaba presente (cansancio, aburrimiento, el espejo). Castigarse alimenta la vergüenza, que es un desencadenante.
    • Cuida las lesiones. Heridas limpias y cubiertas ayudan a que el impulso de «arreglar» la costra baje.
    • Baja la tensión de base. Dormir, moverse y aprender a manejar el estrés reducen los momentos en que la urgencia sube.

    Hay errores que empeoran el cuadro: los espejos de aumento y las luces fuertes, creer que basta con más fuerza de voluntad y pelear a muerte contra cada urgencia. Las barreras sirven para hacer más difícil el acto, no para eliminar el impulso. Si esperas que desaparezca para siempre, es fácil frustrarse; funcionan mejor junto con aprender a tolerar la incomodidad.

    ¿Qué complicaciones físicas pueden tener?

    El daño depende de la conducta (Odlaug y Grant, 2008; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016):

    • Piel: cicatrices, manchas, infecciones. En 60 personas con pellizco de piel, eran frecuentes las cicatrices, las úlceras y las infecciones, y pocas habían consultado por esto (Odlaug y Grant, 2008).
    • Uñas y dientes: morderse las uñas puede deformar el lecho ungueal, infectar el pliegue y astillar los dientes, según una revisión sobre prevención (Baghchechi et al., 2021).
    • Boca: morderse la mejilla o los labios genera lesiones blancas por fricción. En una serie de biopsias no mostraron potencial maligno, pero conviene que las evalúe un dentista (Woo y Lin, 2009).
    • Digestivo: la tricofagia (comer el pelo arrancado) puede formar un tricobezoar, una masa de pelo en el estómago, que causa dolor abdominal y puede complicarse con úlcera, sangrado o obstrucción (Lynch et al., 2003). Si hay tricofagia, hay que consultar al médico.

    Consulta a urgencias si una herida está caliente, enrojecida o con pus, hay sangrado que no cede, fiebre con escalofríos o un dolor abdominal persistente. Y si el desánimo por no poder parar te lleva a pensar en hacerte daño, llama a la Línea de Prevención del Suicidio al *4141.

    ¿Por qué tan pocas personas consultan?

    Porque las BFRB son, en la práctica, un trastorno del secreto. En una encuesta de 971 personas con BFRB, solo 13,5 % había buscado ayuda profesional; las barreras eran el desconocimiento, creer que no era grave, la vergüenza y la desconfianza en los tratamientos. Quienes consultaron tardaron en promedio unos 11 años, y alrededor de 40 % de quienes recibieron atención profesional no recibió ningún consejo basado en evidencia (Moritz et al., 2026). En el estudio de Paraguay, 80,9 % de quienes tenían una BFRB nunca había consultado (Torales et al., 2026).

    Si en tu caso hay vergüenza, una forma de partir es decir la verdad en la primera consulta, con los datos que te sirvan: qué haces, desde cuándo, qué has intentado. Un profesional que conozca el cuadro no se sorprende.

    Cómo observar tu propio patrón (esto no es un test)

    Antes de ir a una consulta, ordenar lo que ya sabes acelera el trabajo. Estas preguntas no suman puntaje ni clasifican, solo organizan la información:

    1. ¿Qué conducta o conductas tienes (pelo, piel, uñas, boca) y desde cuándo?
    2. ¿Ocurren con plena conciencia, sin darte cuenta o de ambas formas?
    3. ¿En qué momentos y lugares pasan más (baño, espejo, cama, pantallas, estudiando, manejando)?
    4. ¿Qué sientes justo antes: una zona que «se siente mal», aburrimiento, tensión, un pensamiento sobre cómo debería verse?
    5. ¿Qué usas (dedos, uñas, pinzas, dientes) y qué haces con lo que sacas?
    6. ¿Qué evitas por las marcas o el daño, y cuánto tiempo y dinero gastas en taparlas?
    7. ¿Cuántas veces has intentado parar y qué pasó cada vez?

    Los equipos clínicos y de investigación usan escalas específicas de gravedad, por ejemplo una escala breve de ocho ítems para las BFRB en general, con adaptación al español (Torales et al., 2026). Aquí no incluimos puntaje ni cortes, porque una cifra sin evaluación no dice si hay trastorno.

    ¿Cómo acompañar a alguien que tiene una BFRB?

    Si es tu pareja, tu hijo o un amigo, lo que más ayuda es lo menos intuitivo (Mouton-Odum y Golomb, 2012; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016):

    • Evita vigilar, retar, avergonzar («mira lo que te has hecho», «baja la mano») o responder una y otra vez a «¿se me nota?». La vergüenza y la ansiedad son justamente los desencadenantes, y la vigilancia sube ambas.
    • Haz explícito que tu cariño no depende de cómo estén la piel o el pelo, reconoce el uso de las estrategias, retoma los acuerdos solo si la persona lo pidió y alienta la consulta con alguien que conozca el cuadro.

    Una buena forma de partir es preguntar qué le serviría, en vez de decirle qué debería hacer.

    ¿Cuándo consultar y con quién?

    Es buena idea consultar si:

    • has intentado parar muchas veces y no lo logras,
    • hay daño físico (calvas, heridas, infecciones, uñas o dientes dañados),
    • evitas situaciones sociales, la playa, el trabajo o la intimidad por las marcas,
    • el hábito ocupa más de una hora al día o te produce vergüenza y tristeza frecuentes,
    • se acompaña de ansiedad, depresión o consumo de sustancias.

    Busca un psicólogo clínico con formación en terapia cognitivo-conductual y, de preferencia, experiencia en BFRB (reversión del hábito, modelo ComB o terapia con aceptación). Un dermatólogo o un dentista pueden tratar el daño físico y descartar causas médicas, y un psiquiatra puede evaluar si conviene un medicamento. Para decidir con quién empezar, sirve esta guía sobre psicólogo o psiquiatra: cuál necesito. La TLC Foundation ofrece recursos en inglés para personas con estas conductas.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué significa BFRB?

    BFRB viene del inglés body-focused repetitive behavior, que se traduce como conducta repetitiva centrada en el cuerpo. Es un término general para hábitos repetidos de tirar, pellizcar, morder o rascar el pelo, la piel, las uñas o la boca, que dañan el cuerpo y cuesta controlar (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).

    ¿Morderse las uñas es una conducta repetitiva centrada en el cuerpo?

    Puede serlo. Morderse las uñas de vez en cuando es un hábito muy común, pero cuando es frecuente, daña los dedos o los dientes y la persona no logra parar, se considera una BFRB. En una encuesta de 1.481 adultos, era la más frecuente (11,4 %) (Moritz et al., 2024).

    ¿Las BFRB son TOC?

    Son cuadros distintos que comparten grupo en el DSM-5. Se parecen en lo repetitivo, pero en el TOC las conductas responden a obsesiones sobre amenazas, mientras que en las BFRB responden a una urgencia, una sensación o una emoción (American Psychiatric Association, 2013; Flessner, 2012). Pueden coexistir.

    ¿Las conductas repetitivas centradas en el cuerpo se curan?

    Hay tratamientos que reducen mucho los síntomas, pero es un cuadro que puede subir y bajar, y las recaídas son comunes. Por eso el objetivo realista es aprender a manejar el hábito y tener un plan para los días difíciles (Keijsers et al., 2006; DuBois et al., 2025).

    ¿Son una forma de autolesión?

    Son distintas. En la autolesión no suicida el daño o el dolor son el objetivo; en las BFRB el daño suele ser un efecto no buscado de un acto de aseo o de regulación sensorial o emocional (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016). A veces coexisten, y en ese caso conviene que lo evalúe un profesional.

    ¿Cuál es el tratamiento más eficaz?

    La terapia conductual, en particular la reversión del hábito y la terapia conductual con aceptación, tiene el mejor respaldo. Los medicamentos tienen evidencia limitada y se usan como complemento (Farhat et al., 2020; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).

    Si te reconociste en esto, no tienes que hacerlo solo

    Estas conductas tienen explicación y tratamiento, y no son un defecto de carácter. Si quieres revisar tu caso con un psicólogo clínico, puedes escribirnos desde la página de contacto y ver juntos cómo empezar.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed.). American Psychiatric Publishing.

    Asplund, M., Lenhard, F., Rück, C., Andersson, E., Grimlund, T., Nilsson, M., Sarachu-Nilsson, M., Sundh, L., & Ivanov, V. Z. (2025). Therapist-guided internet-delivered acceptance-enhanced behavior therapy for skin-picking disorder: A randomized controlled trial. Behavior Therapy, 56(1), 70-82. https://doi.org/10.1016/j.beth.2024.04.006

    Azrin, N. H., & Nunn, R. G. (1973). Habit-reversal: A method of eliminating nervous habits and tics. Behaviour Research and Therapy, 11(4), 619-628. https://doi.org/10.1016/0005-7967(73)90119-8

    Baghchechi, M., Pelletier, J. L., & Jacob, S. E. (2021). Art of prevention: The importance of tackling the nail biting habit. International Journal of Women’s Dermatology, 7(3), 309-313. https://doi.org/10.1016/j.ijwd.2020.09.008

    Barber, K. E., Cram, I. F., Smith, E. C., Woods, D. W., & Lee, H. J. (2026). Effectiveness of digitally-delivered interventions for trichotillomania and skin picking disorder: A systematic review and meta-analysis. Journal of Psychiatric Research, 196, 244-256. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2026.02.020

    Barber, K. E., & Fitzgerald, J. M. (2025). Emotion regulation deficits in skin picking (excoriation) disorder: A systematic review. Journal of Affective Disorders, 388, Artículo 119500. https://doi.org/10.1016/j.jad.2025.119500

    Bohne, A., Keuthen, N., & Wilhelm, S. (2005). Pathologic hairpulling, skin picking, and nail biting. Annals of Clinical Psychiatry, 17(4), 227-232. https://doi.org/10.1080/10401230500295354

    DuBois, M. C., Feler, B. M., Flessner, C. A., & Franklin, M. E. (2025). Trichotillomania and its treatment: An updated review and recommendations. Expert Review of Neurotherapeutics, 25(11), 1335-1345. https://doi.org/10.1080/14737175.2025.2557395

    Farhat, L. C., Isomura, K., Fernández de la Cruz, L., Sidorchuk, A., Kuja-Halkola, R., Brikell, I., Chang, Z., D’Onofrio, B. M., Larsson, H., Lichtenstein, P., & Mataix-Cols, D. (2025). Sociodemographic and clinical characteristics of 1,234 individuals diagnosed with trichotillomania in the Swedish National Patient Register. Scientific Reports, 15(1), Artículo 10396. https://doi.org/10.1038/s41598-025-95416-w

    Farhat, L. C., Olfson, E., Nasir, M., Levine, J. L. S., Li, F., Miguel, E. C., & Bloch, M. H. (2020). Pharmacological and behavioral treatment for trichotillomania: An updated systematic review with meta-analysis. Depression and Anxiety, 37(8), 715-727. https://doi.org/10.1002/da.23028

    Farhat, L. C., Reid, M., Bloch, M. H., & Olfson, E. (2023). Prevalence and gender distribution of excoriation (skin-picking) disorder: A systematic review and meta-analysis. Journal of Psychiatric Research, 161, 412-418. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2023.03.034

    Flessner, C. A. (2012). Diagnosis and comorbidity. En J. E. Grant, D. J. Stein, D. W. Woods, & N. J. Keuthen (Eds.), Trichotillomania, skin picking, and other body-focused repetitive behaviors (pp. 81-96). American Psychiatric Publishing.

    Franklin, M. E., Edson, A. L., Ledley, D. A., & Cahill, S. P. (2011). Behavior therapy for pediatric trichotillomania: A randomized controlled trial. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 50(8), 763-771. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2011.05.009

    Grant, J. E., Chamberlain, S. R., Redden, S. A., Leppink, E. W., Odlaug, B. L., & Kim, S. W. (2016). N-acetylcysteine in the treatment of excoriation disorder: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 73(5), 490-496. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2016.0060

    Grant, J. E., Chesivoir, E., Valle, S., Ehsan, D., & Chamberlain, S. R. (2023). Double-blind placebo-controlled study of memantine in trichotillomania and skin-picking disorder. American Journal of Psychiatry, 180(5), 348-356. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.20220737

    Grant, J. E., Collins, M., & Chamberlain, S. R. (2023). Clinical characteristics of trichotillomania. Annals of Clinical Psychiatry, 35(4), 228-233. https://doi.org/10.12788/acp.0120

    Hoffman, J., Williams, T., Rothbart, R., Ipser, J. C., Fineberg, N., Chamberlain, S. R., & Stein, D. J. (2021). Pharmacotherapy for trichotillomania. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2021(9), Artículo CD007662. https://doi.org/10.1002/14651858.cd007662.pub3

    Keijsers, G. P. J., van Minnen, A., Hoogduin, C. A. L., Klaassen, B. N. N., Hendriks, M.-J., & Tanis-Jacobs, J. (2006). Behavioural treatment of trichotillomania: Two-year follow-up results. Behaviour Research and Therapy, 44(3), 359-370. https://doi.org/10.1016/j.brat.2005.03.004

    Kwon, C., Sutaria, N., Khanna, R., Almazan, E., Williams, K., Kim, N., Elmariah, S., & Kwatra, S. G. (2020). Epidemiology and comorbidities of excoriation disorder: A retrospective case-control study. Journal of Clinical Medicine, 9(9), Artículo 2703. https://doi.org/10.3390/jcm9092703

    Lee, M. T., Mpavaenda, D. N., & Fineberg, N. A. (2019). Habit reversal therapy in obsessive compulsive related disorders: A systematic review of the evidence and CONSORT evaluation of randomized controlled trials. Frontiers in Behavioral Neuroscience, 13, Artículo 79. https://doi.org/10.3389/fnbeh.2019.00079

    Lin, A., Farhat, L. C., Flores, J. M., Levine, J. L. S., Fernandez, T. V., Bloch, M. H., & Olfson, E. (2023). Characteristics of trichotillomania and excoriation disorder across the lifespan. Psychiatry Research, 322, Artículo 115120. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2023.115120

    Loftus, H., Cassidy, C., Mun, L., & Jafferany, M. (2025). A systematic review of nonpharmacological treatment options for skin picking disorder. Clinical and Experimental Dermatology, 50(2), 299-306. https://doi.org/10.1093/ced/llae366

    Lynch, K. A., Feola, P. G., & Guenther, E. (2003). Gastric trichobezoar: An important cause of abdominal pain presenting to the pediatric emergency department. Pediatric Emergency Care, 19(5), 343-347. https://doi.org/10.1097/01.pec.0000092581.40174.e3

    Mansueto, C. S., Stemberger, R. M. T., Thomas, A. M., & Golomb, R. G. (1997). Trichotillomania: A comprehensive behavioral model. Clinical Psychology Review, 17(5), 567-577. https://doi.org/10.1016/s0272-7358(97)00028-7

    Maraz, A., Hende, B., Urbán, R., & Demetrovics, Z. (2017). Pathological grooming: Evidence for a single factor behind trichotillomania, skin picking and nail biting. PLOS ONE, 12(9), Artículo e0183806. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0183806

    Moritz, S., Borgmann, L., Rojahn, K. M., Jelinek, L., & Schmotz, S. (2026). The silent struggle: Barriers, delays, and missed opportunities in the treatment of body-focused repetitive behaviors. Comprehensive Psychiatry, 149, Artículo 152733. https://doi.org/10.1016/j.comppsych.2026.152733

    Moritz, S., Penney, D., Bruhns, A., Weidinger, S., & Schmotz, S. (2023). Habit reversal training and variants of decoupling for use in body-focused repetitive behaviors: A randomized controlled trial. Cognitive Therapy and Research, 47(1), 109-122. https://doi.org/10.1007/s10608-022-10334-9

    Moritz, S., Scheunemann, J., Jelinek, L., Penney, D., Schmotz, S., Hoyer, L., Grudzień, D., & Aleksandrowicz, A. (2024). Prevalence of body-focused repetitive behaviors in a diverse population sample: Rates across age, gender, race and education. Psychological Medicine, 54(8), 1552-1558. https://doi.org/10.1017/s0033291723003392

    Mouton-Odum, S., & Golomb, R. G. (2012). Family involvement in the treatment of children with body-focused repetitive behaviors. En J. E. Grant, D. J. Stein, D. W. Woods, & N. J. Keuthen (Eds.), Trichotillomania, skin picking, and other body-focused repetitive behaviors (pp. 223-239). American Psychiatric Publishing.

    Murase, E. M., Raygani, S., & Murase, J. E. (2025). Narrative review of internet-based self-help tools for body-focused repetitive behaviors: Recommendations for clinical practice. Dermatology and Therapy, 15(4), 811-818. https://doi.org/10.1007/s13555-025-01380-8

    Ninan, P. T., Rothbaum, B. O., Marsteller, F. A., Knight, B. T., & Eccard, M. B. (2000). A placebo-controlled trial of cognitive-behavioral therapy and clomipramine in trichotillomania. The Journal of Clinical Psychiatry, 61(1), 47-50. https://doi.org/10.4088/jcp.v61n0111

    Odlaug, B. L., & Grant, J. E. (2008). Clinical characteristics and medical complications of pathologic skin picking. General Hospital Psychiatry, 30(1), 61-66. https://doi.org/10.1016/j.genhosppsych.2007.07.009

    Pacan, P., Grzesiak, M., Reich, A., Kantorska-Janiec, M., & Szepietowski, J. C. (2014). Onychophagia and onychotillomania: Prevalence, clinical picture and comorbidities. Acta Dermato-Venereologica, 94(1), 67-71. https://doi.org/10.2340/00015555-1616

    Rautio, D., Andrén, P., Bjureberg, L., Silverberg-Mörse, M., Mataix-Cols, D., & Fernández de la Cruz, L. (2024). Body-focused repetitive behavior disorders in children and adolescents: Clinical characteristics and treatment outcomes in a naturalistic setting. Behavior Therapy, 55(2), 376-390. https://doi.org/10.1016/j.beth.2023.07.010

    Reid, M., Lin, A., Farhat, L. C., Fernandez, T. V., & Olfson, E. (2024). The genetics of trichotillomania and excoriation disorder: A systematic review. Comprehensive Psychiatry, 133, Artículo 152506. https://doi.org/10.1016/j.comppsych.2024.152506

    Sani, G., Gualtieri, I., Paolini, M., Bonanni, L., Spinazzola, E., Maggiora, M., Pinzone, V., Brugnoli, R., Angeletti, G., Girardi, P., Rapinesi, C., & Kotzalidis, G. D. (2019). Drug treatment of trichotillomania (hair-pulling disorder), excoriation (skin-picking) disorder, and nail-biting (onychophagia). Current Neuropharmacology, 17(8), 775-786. https://doi.org/10.2174/1570159×17666190320164223

    Schumer, M. C., Bartley, C. A., & Bloch, M. H. (2016). Systematic review of pharmacological and behavioral treatments for skin picking disorder. Journal of Clinical Psychopharmacology, 36(2), 147-152. https://doi.org/10.1097/jcp.0000000000000462

    Selles, R. R., McGuire, J. F., Small, B. J., & Storch, E. A. (2016). A systematic review and meta-analysis of psychiatric treatments for excoriation (skin-picking) disorder. General Hospital Psychiatry, 41, 29-37. https://doi.org/10.1016/j.genhosppsych.2016.04.001

    Snyder, G., & Friman, P. C. (2012). Habitual stereotypic movements: A descriptive analysis of four common types. En J. E. Grant, D. J. Stein, D. W. Woods, & N. J. Keuthen (Eds.), Trichotillomania, skin picking, and other body-focused repetitive behaviors (pp. 43-64). American Psychiatric Publishing.

    Solley, K., & Turner, C. (2018). Prevalence and correlates of clinically significant body-focused repetitive behaviors in a non-clinical sample. Comprehensive Psychiatry, 86, 9-18. https://doi.org/10.1016/j.comppsych.2018.06.014

    Stein, D. J., & Lochner, C. (2012). Psychobiology of hair-pulling disorder (trichotillomania) and skin-picking disorder. En J. E. Grant, D. J. Stein, D. W. Woods, & N. J. Keuthen (Eds.), Trichotillomania, skin picking, and other body-focused repetitive behaviors (pp. 65-80). American Psychiatric Publishing.

    Stein, D. J., & Lochner, C. (2026). Body-focused repetitive behavior disorders: From competing paradigms toward iterative integration. Annual Review of Clinical Psychology, 22(1), 481-503. https://doi.org/10.1146/annurev-clinpsy-081423-015659

    Teng, E. J., Woods, D. W., & Twohig, M. P. (2006). Habit reversal as a treatment for chronic skin picking: A pilot investigation. Behavior Modification, 30(4), 411-422. https://doi.org/10.1177/0145445504265707

    The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors. (2016). Expert consensus treatment guidelines for body-focused repetitive behaviors: Hair pulling, skin picking, and related disorders. TLC Foundation for BFRBs.

    Thomson, H. A., Farhat, L. C., Olfson, E., Levine, J. L. S., & Bloch, M. H. (2022). Prevalence and gender distribution of trichotillomania: A systematic review and meta-analysis. Journal of Psychiatric Research, 153, 73-81. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2022.06.058

    Torales, J., Barrios, I., Benegas-Franco, L. M., Garófalo-Díaz, V. C., González-Morel, L. M., Lindström-Miranda, E. N., O’Higgins, M., Caycho-Rodríguez, T., Castaldelli-Maia, J. M., & Ventriglio, A. (2026). Body-focused repetitive behaviours at the crossroads of medicine and psychiatry: Prevalence and clinical characteristics in Paraguayan adults. International Review of Psychiatry, 1-11. https://doi.org/10.1080/09540261.2026.2637533

    Twohig, M. P., & Woods, D. W. (2023). Trichotillomania: An ACT-enhanced behavior therapy approach. Therapist guide (2.ª ed.). Oxford University Press.

    van Minnen, A., Hoogduin, K. A. L., Keijsers, G. P. J., Hellenbrand, I., & Hendriks, G.-J. (2003). Treatment of trichotillomania with behavioral therapy or fluoxetine: A randomized, waiting-list controlled study. Archives of General Psychiatry, 60(5), 517-522. https://doi.org/10.1001/archpsyc.60.5.517

    Wilson, L. A., Scarfo, J., Jones, M. E., & Rehm, I. C. (2025). The relationship between sensory phenomena and interoception across the obsessive-compulsive spectrum: A systematic review. BMC Psychiatry, 25, Artículo 162. https://doi.org/10.1186/s12888-024-06441-4

    Woo, S.-B., & Lin, D. (2009). Morsicatio mucosae oris: A chronic oral frictional keratosis, not a leukoplakia. Journal of Oral and Maxillofacial Surgery, 67(1), 140-146. https://doi.org/10.1016/j.joms.2008.08.040

    Woods, D. W., Ely, L. J., Bauer, C. C., Twohig, M. P., Saunders, S. M., Compton, S. N., Espil, F. M., Neal-Barnett, A., Alexander, J. R., Walther, M. R., Cahill, S. P., Deckersbach, T., & Franklin, M. E. (2022). Acceptance-enhanced behavior therapy for trichotillomania in adults: A randomized clinical trial. Behaviour Research and Therapy, 158, Artículo 104187. https://doi.org/10.1016/j.brat.2022.104187

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta

  • Morderse las uñas: por qué pasa y cómo dejar de hacerlo

    Morderse las uñas: por qué pasa y cómo dejar de hacerlo

    Estás frente al computador, leyendo o esperando una respuesta, y cuando te das cuenta ya tienes un dedo en la boca. Las uñas quedaron cortas, desparejas, a veces con sangre en la cutícula, y vuelves a prometerte que esta vez sí lo vas a dejar. Si llegaste buscando por qué cuesta tanto parar de morderse las uñas, o si te preguntas si lo haces por ansiedad, lo que describes tiene nombre (onicofagia), es muy frecuente y tiene tratamientos con respaldo.

    Aquí vas a ver qué es la onicofagia, qué papel juega realmente la ansiedad, si morderse las uñas dice algo de tu personalidad, qué daños puede causar, qué técnicas ayudan a dejarlo y cuándo conviene pedir ayuda. Más abajo hay también una guía para observar tu propio patrón antes de hablar con un profesional.

    En breve: morderse las uñas se llama onicofagia. Es una conducta repetitiva centrada en el cuerpo, de la misma familia que arrancarse el pelo o pellizcarse la piel, y en la mayoría de las personas es un hábito sin mayores consecuencias. Se vuelve un problema cuando daña los dedos o los dientes, cuesta controlarlo o da vergüenza. La ansiedad es un disparador frecuente, pero el aburrimiento, la frustración y la sensación de una uña áspera pesan igual o más. El tratamiento con más respaldo es la terapia conductual, en especial la reversión del hábito, que se aprende y se practica.

    ¿Qué es la onicofagia y cuándo es solo un hábito?

    La onicofagia es el acto repetido de morder, roer o masticar las uñas, y muchas veces también la piel que las rodea. El capítulo sobre este tema del manual de referencia en conductas repetitivas centradas en el cuerpo la describe como una secuencia de cuatro movimientos: llevar la mano a la boca, poner el dedo contra los dientes, morder y masticar, y retirar el dedo para revisar la uña con la vista o el tacto (Snyder y Friman, 2012).

    Los mismos autores distinguen dos situaciones. Si morderse las uñas no deja consecuencias médicas ni sociales, es un hábito simple. Si produce daño en los tejidos, problemas dentales, dolor o aislamiento social, pasa a ser un trastorno de hábito (Snyder y Friman, 2012). El DSM-5 menciona explícitamente morderse las uñas como ejemplo dentro de “otro trastorno obsesivo-compulsivo y relacionado especificado”, la categoría que usa para las conductas repetitivas centradas en el cuerpo cuando causan daño y malestar (American Psychiatric Association, 2013; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).

    Quien se muerde las uñas casi nunca tiene un trastorno. Cuando el hábito se sale de control, en cambio, un profesional puede evaluarlo y tratarlo con herramientas concretas.

    ¿Qué tan común es morderse las uñas?

    Es una de las conductas de este tipo más frecuentes. En una muestra en línea de 1.481 adultos, 24 % cumplía criterios de trastorno en al menos una conducta repetitiva centrada en el cuerpo, y la más común fue morderse las uñas (11,4 %), seguida de morderse la piel de los dedos (8,7 %), el pellizco de piel (8,2 %) y morderse labios o mejillas (7,9 %). Los casos problemáticos fueron más habituales en mujeres y bajaban después de los 40 años (Moritz et al., 2024). Otro estudio con 1.378 adultos encontró que 6 % tenía una probable conducta de morderse las uñas con importancia clínica (Solley y Turner, 2018).

    Como hábito, la cifra sube bastante. En un estudio con 339 adultos jóvenes, 46,9 % se había mordido las uñas alguna vez (Pacan et al., 2014a). En la infancia es todavía más frecuente: en 743 escolares, 22,3 % se las había mordido en los últimos tres meses (Ghanizadeh y Shekoohi, 2011), y en una consulta pediátrica de Nueva York, 37 % de 281 pacientes de 3 a 21 años se las había mordido más de un mes, con una edad mediana de inicio de 5 años (Winebrake et al., 2018).

    La curva por edad que recoge el manual de Snyder y Friman (2012) es la siguiente: es muy rara antes de los 3 años, empieza a subir hacia los 4 a 6, alcanza su punto más alto en la pubertad y el inicio de la adolescencia, y desde ahí baja, con una parte de las personas que lo arrastra hasta la adultez. No encontramos estudios de prevalencia hechos en Chile, así que estas cifras vienen de muestras de otros países.

    ¿Por qué me como las uñas? Lo que dice la psicología

    Varias cosas se combinan. La literatura clínica describe una mezcla de predisposición, sensaciones en las uñas y la piel, estados emocionales, hábitos aprendidos y contexto (Grant et al., 2012; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Twohig y Woods, 2023). El hábito cumple una función, y por eso cuesta tanto soltarlo.

    Aburrimiento y frustración, más que nervios

    Un experimento con 40 universitarios que se mordían las uñas los expuso a cuatro situaciones: quedarse solos sin hacer nada (aburrimiento), resolver problemas de matemáticas (frustración), recibir reprimendas por morderse las uñas y conversar sin parar. Se mordieron más las uñas durante el aburrimiento y la frustración, y menos durante la conversación y las reprimendas (Williams et al., 2007). La lectura práctica es que los momentos de baja estimulación y los de tarea difícil son terreno fértil para el hábito.

    Morderse con conciencia y sin darse cuenta

    Hay dos estilos, y la mayoría de las personas usa los dos (Twohig y Woods, 2023):

    • Automático: ocurre casi sin notarlo, mientras se estudia, se ve una serie o se maneja. La persona se entera cuando duele o sangra.
    • Focalizado: ocurre con plena atención, empujado por una urgencia, un pensamiento (“esta uña está rara”) o una emoción incómoda, y el morder da alivio.

    En el estudio de 339 adultos jóvenes, 92 % de quienes se mordían las uñas dijo hacerlo de forma automática, 66 % sentía tensión antes de morder y 42 % placer después (Pacan et al., 2014a). Esta diferencia importa porque cambia lo que sirve: lo automático se trabaja con registro y barreras, lo focalizado con aprender a tolerar la urgencia sin descargarla en la uña.

    La uña o la cutícula que “no está bien”

    Muchas personas cuentan que todo parte de una sensación: un borde levantado, una cutícula seca, una uña que se siente desigual. Morder busca emparejarla y casi siempre deja un borde más áspero, que pide otra mordida. El modelo ComB, muy usado en estas conductas, ordena el análisis en cinco áreas: lo sensorial (qué sientes en la uña), lo cognitivo (“tengo que dejar esto parejo”), lo afectivo (aburrimiento, tensión, frustración), lo motor (palpar el borde, llevar la mano a la boca) y el lugar donde ocurre (Grant et al., 2012). Quien se muerde las uñas casi siempre encuentra su patrón en alguna de las cinco.

    Familia y herencia

    Es un hábito que se repite en las familias. En los 743 escolares del estudio de Ghanizadeh y Shekoohi (2011), 36,8 % de los que se mordían las uñas tenía un familiar con el mismo hábito. El manual de Snyder y Friman (2012) recoge además estudios de gemelos con mayor coincidencia en gemelos idénticos, lo que sugiere un componente heredado, aunque también influye lo que se aprende en casa.

    El alivio que mantiene el ciclo

    El ciclo es corto: aparece la urgencia o la sensación, se muerde, la tensión baja unos segundos y poco después llegan la herida, la vergüenza y una uña más irregular. Esa incomodidad nueva alimenta el siguiente episodio (Twohig y Woods, 2023). Cuanto más rápido llega el alivio, más se aprende el hábito.

    Morderse las uñas por ansiedad: qué dice la evidencia

    La ansiedad es un disparador real, aunque no la explicación completa. Quienes tienen estas conductas reportan más ansiedad, depresión y síntomas obsesivos que quienes no las tienen (Solley y Turner, 2018), y la tensión antes de morder es un relato frecuente. Pero el vínculo es menos directo de lo que suele decirse.

    Snyder y Friman (2012) revisan la idea clásica de que morderse las uñas es un síntoma de nerviosismo y señalan que los estudios que la sostenían tenían deficiencias metodológicas, por ejemplo la falta de grupos de comparación. En el estudio de 339 adultos jóvenes, 22,5 % de quienes se habían mordido las uñas cumplía criterios de un trastorno de ansiedad, frente a 26,2 % de quienes nunca lo habían hecho, y los autores no hallaron una relación clara con los trastornos de ansiedad ni con el TOC (Pacan et al., 2014a). Dicho de forma práctica: la ansiedad puede encender el episodio, pero también lo encienden el aburrimiento, la concentración y la textura de la uña.

    Por eso conviene mirar el cuadro completo. Si además de morderte las uñas tienes preocupación constante, insomnio o miedo, vale la pena evaluar la ansiedad por separado. Para la tensión de fondo ayuda revisar cómo manejar el estrés, y si hay una ansiedad que ocupa buena parte del día, conviene que la mire un profesional. En niños, la guía sobre ansiedad infantil ayuda a distinguir un hábito de un cuadro de ansiedad.

    ¿Qué significa morderse las uñas? ¿Dice algo de tu personalidad?

    Es una duda frecuente, porque circulan explicaciones sobre rabia reprimida, traumas escondidos o falta de carácter. La respuesta de la investigación es que no. Snyder y Friman (2012) repasan cómo, desde el psicoanálisis, se intentó ligar morderse las uñas con rasgos de personalidad o con cuadros graves (hostilidad reprimida, trastornos del ánimo, conducta antisocial, riesgo suicida), y concluyen que esa idea no resiste la revisión de los estudios: antiguamente se pensaba que reflejaba una psicopatología profunda, y hoy se entiende como un hábito que se mantiene por refuerzo en personas con cierta vulnerabilidad.

    El consenso de la TLC (2016) va en la misma línea: estas conductas tienen un origen mixto, genético y ambiental, y se mantienen por sus efectos en la emoción y la sensación corporal. Lo que sí puede decir morderse las uñas es algo sobre cómo regulas el aburrimiento, la tensión o la frustración en ese momento, información útil para el tratamiento. De tu valor, tu carácter o tu pasado, no dice nada comprobable.

    ¿Cuándo es solo un hábito y cuándo un problema?

    Casi todo el mundo se ha mordido las uñas alguna vez. Se vuelve un problema cuando hay daño físico (sangrado, infecciones, dientes dañados), intentos repetidos de parar sin lograrlo y malestar o deterioro en la vida diaria: vergüenza, esconder las manos, evitar saludar o mostrar las uñas (American Psychiatric Association, 2013; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).

    Antes de llamarlo onicofagia, un profesional descarta otras explicaciones:

    Si lo que ves es…Qué puede estar pasandoCómo se distingue
    Arrancar, raspar o hurgar la uña con los dedos o con alguna herramientaOnicotilomaníaEl daño se hace con las manos y no con los dientes, y suele dañar más el lecho de la uña (Mostaghimi, 2012; Lee y Lipner, 2022)
    Morder la piel que rodea la uñaDermatofagiaEs la misma familia de conductas, con otra zona
    Rituales, miedo a gérmenes o a que algo malo pase si no se haceTOCEn el TOC hay obsesiones que la conducta intenta neutralizar
    Preocupación por cómo se ven las manos o las uñasTrastorno dismórfico corporalManda la preocupación por la apariencia y no la urgencia o la sensación
    Inquietud constante, dificultad para sostener la atenciónTDAH y otros cuadrosSe evalúa dentro del cuadro de base, no por morderse las uñas
    Picor, enrojecimiento o lesiones antes de morderEnfermedad de la piel o de las uñas (hongos, eccema)La lesión existe antes de la conducta y la trata un dermatólogo

    Morderse las uñas convive a menudo con otras conductas de la familia. Un análisis de 2.705 personas de la comunidad encontró que la tricotilomanía, el pellizco de piel y morderse las uñas comparten un mismo factor de fondo, algo así como una tendencia a “acicalarse” en exceso, asociada a impulsividad, malestar psicológico y autoestima contingente (Maraz et al., 2017). Una revisión clásica ya señalaba que estas conductas ocurren en un continuo de leve a grave, que suelen ocultarse por vergüenza y que por eso pasan inadvertidas (Bohne et al., 2005). Si te reconoces también en la tricotilomanía o en la dermatilomanía, conviene mencionarlo en la consulta.

    En niños con onicofagia llevados a una clínica de salud mental infantil, el TDAH fue el diagnóstico acompañante más frecuente. En una muestra de 63 niños derivados, 74,6 % tenía además TDAH, 36 % trastorno negativista desafiante, 20,6 % ansiedad de separación y 11,1 % TOC (Ghanizadeh, 2008). Son cifras de una clínica de derivación, así que no representan a todos los niños que se muerden las uñas, que en su mayoría no tienen ningún diagnóstico.

    Consecuencias de morderse las uñas: ¿qué daño puede causar?

    Morder abre una puerta de entrada a las bacterias. Según una revisión dermatológica, las complicaciones incluyen infecciones de la uña y de la boca, deformidad del lecho de la uña, dientes astillados o desgastados e inflamación de las encías (Baghchechi et al., 2021). Otra revisión añade que afecta la calidad de vida y que su abordaje suele necesitar a varios especialistas a la vez, como dermatología, psiquiatría y odontología (Halteh et al., 2017). El capítulo de evaluación dermatológica del manual de referencia describe, además, la paroniquia (la infección del pliegue que rodea la uña) y las verrugas alrededor de la uña (Mostaghimi, 2012).

    En la boca, una revisión odontológica lo describe como un hábito oral frecuente, en niños y en adultos, y desaconseja el castigo, las burlas y el esmalte amargo como forma de corregirlo (Tanaka et al., 2008). Y en un estudio con 59 niños y adolescentes, las bacterias intestinales llamadas enterobacterias, entre ellas E. coli, aparecieron con más frecuencia en la saliva de los 25 que se mordían las uñas que en la de los 34 que no (Baydaş et al., 2007).

    En lo emocional, el costo es la vergüenza. Un estudio con 339 estudiantes vio que quienes se mordían las uñas tenían peor calidad de vida y más estigma percibido que quienes no, y que el empeoramiento se asociaba a haber intentado parar sin éxito, tener alteraciones visibles en las uñas y sentir tensión antes de morder (Pacan et al., 2014b).

    Onicofagia: tratamiento y cómo dejar de morderse las uñas

    La mala noticia es que ningún tratamiento de estas conductas tiene evidencia perfecta. Una revisión sistemática encontró diez ensayos aleatorizados de reversión del hábito, ocho en tricotilomanía y dos en pellizco de piel, y juzgó su calidad metodológica discutible (Lee et al., 2019). La buena es que los tratamientos funcionan con la misma lógica en toda la familia, y para morderse las uñas hay un ensayo propio.

    Reversión del hábito, paso a paso

    Es el componente conductual más estudiado y se enseña en cuatro partes (Twohig y Woods, 2023; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Snyder y Friman, 2012):

    1. Conciencia y registro. Durante una o dos semanas anotas cada episodio: hora, lugar, dedo, qué sentías antes y qué pasó después. Aprendes a reconocer los pasos de la cadena (la mano que sube, el dedo que busca el borde, la uña contra los dientes). Muchas personas descubren que muerden sobre todo al estudiar, al ver televisión o al manejar. Detenerse a anotar ya interrumpe el automatismo.
    2. Respuesta competidora. Cuando notas la señal de aviso, haces durante uno a tres minutos algo físicamente incompatible con llevarte la mano a la boca: cerrar los puños, entrelazar los dedos, agarrar los bordes de la silla o el volante, sostener el celular con las dos manos. Debe ser discreta y estar siempre a tu alcance.
    3. Control del entorno. Tiritas o cinta en los dedos más dañados, guantes finos o dediles en los momentos de riesgo, crema espesa o aceite de cutículas para que no queden bordes secos, y cortar limpio cualquier borde que tienta, en lugar de tirarlo con los dientes.
    4. Apoyo social. Una persona de confianza que avise sin retar cuando note el gesto y que reconozca el uso de la estrategia, no el aspecto de tus manos.

    En un ensayo aleatorizado centrado en morderse las uñas, 91 niños y adolescentes recibieron reversión del hábito, entrenamiento en manipular un objeto o lista de espera. La reversión del hábito aumentó más el largo de las uñas que las otras dos opciones, con resultados medidos hasta tres meses después (Ghanizadeh, Bazrafshan et al., 2013). Una revisión sobre reversión del hábito la considera la opción con más promesa para estas conductas, sola o combinada con atención plena (Skurya et al., 2020).

    Desacople y autoayuda

    Como hay pocos terapeutas formados en estas conductas, la autoayuda se ha estudiado bastante. El desacople consiste en iniciar el movimiento habitual de la mano hacia la cara y redirigirlo a pocos centímetros de la boca hacia otro destino neutro, como la oreja o el hombro. En un ensayo con 334 personas con al menos una conducta repetitiva centrada en el cuerpo, seis semanas con manuales de reversión del hábito y de dos variantes de desacople mejoraron los síntomas más que la lista de espera (tamaño del efecto medio, entre 0,52 y 0,54), y quienes combinaron técnicas mejoraron más (Moritz et al., 2023). Una revisión narrativa de doce ensayos concluyó que las herramientas de autoayuda por internet reducen los síntomas y mejoran la calidad de vida, con mejores resultados cuando se usan con frecuencia, y que el desacople destacó en tricotilomanía y en morderse las uñas (Murase et al., 2025).

    Terapia con aceptación

    La terapia conductual potenciada con aceptación (ACT aplicada a estos hábitos) cambia el objetivo: en lugar de hacer desaparecer la urgencia, se aprende a notarla, hacerle espacio y no actuar sobre ella, con ejercicios para ver el pensamiento “tengo que arreglar esta uña” como una frase de la mente y no como una orden (Twohig y Woods, 2023). Sirve sobre todo cuando el morder es focalizado y viene empujado por una emoción. Si te interesa entender el enfoque, aquí hay una explicación de la terapia de aceptación y compromiso, y también puedes revisar qué es la terapia cognitivo-conductual y sus técnicas principales.

    Esmalte amargo, tiritas y manicura

    El capítulo de Snyder y Friman (2012) recoge estudios clásicos que compararon el esmalte amargo con la respuesta competidora de la reversión del hábito, y esta última salió mejor. Su lectura es que el esmalte funciona, como mucho, como recordatorio del morder automático y que no frena el morder focalizado, porque quien busca alivio tolera el sabor. Las tiritas y los dediles bloquean el contacto en las situaciones de riesgo, y las uñas acrílicas o de gel, o una manicura regular con buena hidratación de las cutículas, hacen más difícil el mordisco y quitan la aspereza que lo dispara (Snyder y Friman, 2012; Mostaghimi, 2012). La revisión odontológica citada antes también desaconseja basar el manejo en el castigo o en el sabor (Tanaka et al., 2008). Son apoyos útiles, y no reemplazan el entrenamiento.

    Medicamentos

    Ningún medicamento está aprobado para estas conductas, y el consenso de la TLC (2016) no señala un fármaco de primera elección: la decisión depende de las otras condiciones que tenga la persona, como depresión o ansiedad. Una revisión de los tratamientos farmacológicos en tricotilomanía, pellizco de piel y morderse las uñas calificó los resultados de “decepcionantes” y pidió combinar fármacos y psicoterapia (Sani et al., 2019).

    Lo que existe son estudios aislados. En 25 adultos con onicofagia grave, la clomipramina redujo más el morderse las uñas que la desipramina, aunque solo 14 completaron el estudio (Leonard et al., 1991). Con N-acetilcisteína hay un ensayo piloto en 42 niños y adolescentes con onicofagia crónica: las uñas crecieron más con el suplemento que con placebo al cabo de un mes, pero a los dos meses la diferencia desapareció, hubo muchos abandonos y dos participantes dejaron el tratamiento por efectos adversos (Ghanizadeh, Derakhshan et al., 2013). La decisión de medicar la toma un médico, no un artículo.

    ¿Qué puedes hacer desde hoy?

    Estas ideas salen de los componentes de la terapia y sirven para empezar. No reemplazan el tratamiento (Twohig y Woods, 2023; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016):

    • Anota durante una semana cuándo, dónde, con qué dedo y qué sentías antes y después. Ver el patrón por escrito ya cambia algo.
    • Hidrata las cutículas con crema espesa o aceite, sobre todo de noche, y corta limpio con un cortaúñas desinfectado cualquier borde que tiente. Una uña lisa pide menos intervención.
    • Cubre los dedos de riesgo con tiritas o cinta, y usa guantes finos o dediles cuando estudies, leas o veas televisión.
    • Ten a mano un sustituto para las manos: una pelota blanda, una piedra lisa, un anillo giratorio, algo que exija movimiento.
    • Anticipa los momentos de riesgo, que suelen ser los de baja estimulación (pantallas, trayectos, esperas) y los de tarea difícil.
    • Pon una pausa antes de actuar. Si la urgencia sube, quédate uno a tres minutos con la respuesta competidora. Las ganas suben, llegan a un máximo y bajan solas.
    • No uses las barreras como castigo ni te revises las manos todo el día. La culpa y la vigilancia suben la tensión, que es justo uno de los disparadores.
    • Planifica los deslices. Morder un día no borra lo avanzado. Pregúntate con curiosidad qué lo disparó y vuelve a la estrategia, como lo haría un amigo contigo.

    ¿Se cura? Recaídas y pronóstico

    Las conductas repetitivas centradas en el cuerpo tienden a fluctuar: mejoran, empeoran con el cansancio, el estrés o el aburrimiento, y vuelven a mejorar. Por eso el objetivo realista es aprender a manejarlas y tener un plan para los días difíciles. La buena señal es la edad: las formas problemáticas de la muestra de Moritz et al. (2024) bajaban después de los 40, y el capítulo de Snyder y Friman (2012) describe una prevalencia que cae con los años.

    También ayuda distinguir un desliz de una recaída. Un día en que se muerde no significa que el tratamiento falló. La vergüenza y la autocrítica empeoran el cuadro, porque suben la tensión que alimenta el siguiente episodio, y los manuales las consideran parte del problema que se trabaja en terapia (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Twohig y Woods, 2023). No encontramos estudios de seguimiento largo hechos solo en personas que se muerden las uñas, así que no podemos prometer cuánto dura el cambio en cada caso.

    ¿Y si es un niño o un adolescente el que se muerde las uñas?

    Es muy común en la infancia y suele empezar temprano, como vimos en las cifras de Winebrake et al. (2018) y de Ghanizadeh y Shekoohi (2011). La mayoría de los casos no necesita más que acompañamiento, y conviene consultar si hay heridas, infecciones, vergüenza o si el hábito no cede.

    El capítulo sobre trabajo con familias del manual de referencia describe lo que empeora y lo que ayuda (Mouton-Odum y Golomb, 2012; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016). La revisión odontológica citada antes coincide en desaconsejar el castigo, la burla y el sermón (Tanaka et al., 2008).

    Lo que empeora el cuadro:

    • retar o dar órdenes cada vez que la mano sube a la boca (“¡saca la mano de ahí!”),
    • vigilar y revisar las uñas todos los días, o hacer preguntas constantes,
    • castigar, avergonzar en público o usar las barreras como condena,
    • comentar el aspecto de las manos (“qué feas se te ven”).

    Lo que ayuda:

    • entender que no lo hace por terquedad, y que es un impulso que cumple una función,
    • acordar las estrategias con el niño: crema, una pelota antiestrés, tiritas si él las acepta,
    • reconocer el uso de las estrategias y no el estado de la uña,
    • en adolescentes, dejar que lideren su proceso, con apoyo cuando lo piden,
    • reforzar sus talentos para que su valor no dependa de sus manos.

    En niños hay medicación con evidencia escasa, como el piloto de N-acetilcisteína que vimos, y las guías no la recomiendan como primera opción. Si además hay problemas de atención, hiperactividad o ansiedad marcada, esos cuadros se evalúan por separado: la guía sobre tricotilomanía en niños comparte varias de estas ideas, porque ambos cuadros funcionan de forma parecida.

    Cómo observar tu propio patrón (esto no es un test)

    Antes de ir a una consulta, ordenar lo que sabes de ti acelera el trabajo. Estas preguntas no suman puntaje ni te clasifican, solo organizan la información:

    1. ¿Qué uñas y qué dedos te muerdes, y desde cuándo?
    2. ¿Lo haces con plena conciencia, sin darte cuenta, o de las dos formas?
    3. ¿En qué momentos y lugares pasa más (estudiando, en el celular, en la cama, manejando, viendo una serie)?
    4. ¿Qué sientes justo antes: tensión, aburrimiento, ansiedad, una uña o cutícula que se siente “mal”?
    5. ¿Qué haces con lo que muerdes: lo botas, lo tragas, sigues con la piel de alrededor?
    6. ¿Qué evitas por cómo se ven tus manos (saludar, mostrar las manos, ciertos lugares) y cuánto gastas en taparlas?
    7. ¿Cuántas veces intentaste parar y qué pasó cada vez?

    En este artículo no hay un puntaje porque no manejamos una escala validada en español, con ítems y punto de corte publicados, para esta conducta. Un número sin baremo confiable orienta peor de lo que parece. Lo que sí vale es llevar tus respuestas escritas a la primera sesión.

    ¿Cuándo ir al médico o al dentista?

    Una herida pequeña y limpia suele cerrar sola, pero morderse las uñas puede infectarse. Consulta a un médico o a un dermatólogo si (Halteh et al., 2017; Baghchechi et al., 2021; Mostaghimi, 2012):

    • el dedo está rojo, caliente, hinchado o con pus, o el dolor late y aumenta,
    • una herida de la cutícula no cicatriza en semanas,
    • la uña se deforma, se engrosa o cambia de color,
    • hay verrugas alrededor de la uña,
    • el picor viene antes de que la piel esté dañada (puede haber una enfermedad de la piel o de las uñas).

    Ve a urgencias si hay fiebre, escalofríos, una línea roja que sube por el brazo o un dedo que no puedes mover. Si notas dientes astillados, desgastados, encías inflamadas o dolor de mandíbula, un dentista puede evaluar el daño (Baghchechi et al., 2021; Tanaka et al., 2008). Y si la vergüenza o el desánimo por no poder parar te llevan a pensar en hacerte daño, llama a la Línea de Prevención del Suicidio al *4141.

    ¿Cuándo conviene consultar a un psicólogo?

    Es buena idea consultar si:

    • te muerdes las uñas de forma repetida y has intentado parar sin lograrlo,
    • ya tienes heridas, infecciones o uñas deformadas,
    • evitas saludar, mostrar las manos o ciertos lugares por vergüenza,
    • te sientes ansioso, triste o culpable por esto la mayor parte del tiempo,
    • la conducta ocupa buena parte del día o aparece junto a otros hábitos (arrancarte el pelo, pellizcarte la piel, morderte la piel de los dedos).

    Busca un profesional que conozca las conductas repetitivas centradas en el cuerpo. Un psicólogo clínico con formación en terapia cognitivo-conductual puede hacer la evaluación y llevar el tratamiento, un dermatólogo puede tratar las uñas y descartar causas médicas, y un psiquiatra puede evaluar si conviene un medicamento. Si no sabes por dónde partir, esta guía sobre psicólogo o psiquiatra: cuál necesito ayuda a decidir. En bfrb.org, el sitio de la TLC Foundation, hay recursos en inglés para personas con estas conductas.

    Preguntas frecuentes

    ¿Morderse las uñas es ansiedad?

    A veces, aunque no siempre. La ansiedad es un disparador frecuente, pero también lo son el aburrimiento, la frustración y la sensación de una uña áspera. En un estudio con 339 adultos jóvenes, morderse las uñas no se asoció de forma clara con tener un trastorno de ansiedad (Pacan et al., 2014a).

    ¿Cómo se llama morderse las uñas y es un trastorno?

    Se llama onicofagia. Cuando no deja daño ni malestar es un hábito simple. Si causa heridas, problemas dentales o vergüenza y cuesta controlarlo, se clasifica entre las conductas repetitivas centradas en el cuerpo y puede evaluarse dentro de los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados (American Psychiatric Association, 2013; Snyder y Friman, 2012).

    ¿Cómo dejar de morderse las uñas?

    Con registro de los episodios, una respuesta competidora (cerrar los puños, agarrar un objeto), barreras físicas como tiritas o guantes, cuidado de las cutículas y apoyo de otra persona. Es la reversión del hábito, a veces junto con desacople o técnicas de aceptación (Twohig y Woods, 2023; Moritz et al., 2023). El cambio llega con práctica, semana a semana.

    ¿Sirve el esmalte amargo para dejar de morderse las uñas?

    Puede servir como recordatorio en los momentos automáticos, pero no trata la causa ni frena el morder que busca alivio. Los manuales lo describen como un apoyo menor frente a la respuesta competidora, y una revisión odontológica desaconseja basar el manejo en el sabor o el castigo (Snyder y Friman, 2012; Tanaka et al., 2008).

    ¿Morderse las uñas tiene algún lado bueno?

    Sorprendentemente, un estudio de seguimiento encontró que los niños que se mordían las uñas o se chupaban el dedo tenían menos sensibilización alérgica (atopia) a los 13 y 32 años, sin diferencias en asma ni rinitis (Lynch et al., 2016). Es un hallazgo observacional y no justifica mantener un hábito que además puede infectar los dedos y desgastar los dientes.

    ¿Qué hago si mi hijo se muerde las uñas?

    Evita retar, vigilar y avergonzar, porque empuja a morder a escondidas. Acuerda estrategias con él, reconoce que las use y no cómo se ven sus uñas, y cuida las cutículas con crema. Si hay heridas, vergüenza o el hábito no cede, consulta (Mouton-Odum y Golomb, 2012; Tanaka et al., 2008).

    Si te reconociste en esto, puedes tratarlo con ayuda

    Morderse las uñas es un hábito con una función, que se puede entender y entrenar con ayuda. Si quieres evaluar tu caso con un psicólogo clínico, puedes escribirnos desde la página de contacto y revisar juntos cómo empezar.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed.). American Psychiatric Publishing.

    Baghchechi, M., Pelletier, J. L., & Jacob, S. E. (2021). Art of prevention: The importance of tackling the nail biting habit. International Journal of Women’s Dermatology, 7(3), 309-313. https://doi.org/10.1016/j.ijwd.2020.09.008

    Baydaş, B., Uslu, H., Yavuz, İ., Ceylan, İ., & Dağsuyu, İ. M. (2007). Effect of a chronic nail-biting habit on the oral carriage of Enterobacteriaceae. Oral Microbiology and Immunology, 22(1), 1-4. https://doi.org/10.1111/j.1399-302x.2007.00291.x

    Bohne, A., Keuthen, N., & Wilhelm, S. (2005). Pathologic hairpulling, skin picking, and nail biting. Annals of Clinical Psychiatry, 17(4), 227-232. https://doi.org/10.1080/10401230500295354

    Ghanizadeh, A. (2008). Association of nail biting and psychiatric disorders in children and their parents in a psychiatrically referred sample of children. Child and Adolescent Psychiatry and Mental Health, 2, Artículo 13. https://doi.org/10.1186/1753-2000-2-13

    Ghanizadeh, A., Bazrafshan, A., Firoozabadi, A., & Dehbozorgi, G. (2013). Habit reversal versus object manipulation training for treating nail biting: A randomized controlled clinical trial. Iranian Journal of Psychiatry, 8(2), 61-67. PMID: 24130603

    Ghanizadeh, A., Derakhshan, N., & Berk, M. (2013). N-acetylcysteine versus placebo for treating nail biting, a double blind randomized placebo controlled clinical trial. Anti-Inflammatory & Anti-Allergy Agents in Medicinal Chemistry, 12(3), 223-228. https://doi.org/10.2174/1871523011312030003

    Ghanizadeh, A., & Shekoohi, H. (2011). Prevalence of nail biting and its association with mental health in a community sample of children. BMC Research Notes, 4, Artículo 116. https://doi.org/10.1186/1756-0500-4-116

    Grant, J. E., Stein, D. J., Woods, D. W., & Keuthen, N. J. (Eds.). (2012). Trichotillomania, skin picking, and other body-focused repetitive behaviors. American Psychiatric Publishing.

    Halteh, P., Scher, R. K., & Lipner, S. R. (2017). Onychophagia: A nail-biting conundrum for physicians. Journal of Dermatological Treatment, 28(2), 166-172. https://doi.org/10.1080/09546634.2016.1200711

    Lee, D. K., & Lipner, S. R. (2022). Update on diagnosis and management of onychophagia and onychotillomania. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(6), Artículo 3392. https://doi.org/10.3390/ijerph19063392

    Lee, M. T., Mpavaenda, D. N., & Fineberg, N. A. (2019). Habit reversal therapy in obsessive compulsive related disorders: A systematic review of the evidence and CONSORT evaluation of randomized controlled trials. Frontiers in Behavioral Neuroscience, 13, Artículo 79. https://doi.org/10.3389/fnbeh.2019.00079

    Leonard, H. L., Lenane, M. C., Swedo, S. E., Rettew, D. C., & Rapoport, J. L. (1991). A double-blind comparison of clomipramine and desipramine treatment of severe onychophagia (nail biting). Archives of General Psychiatry, 48(9), 821-827. https://doi.org/10.1001/archpsyc.1991.01810330045007

    Lynch, S. J., Sears, M. R., & Hancox, R. J. (2016). Thumb-sucking, nail-biting, and atopic sensitization, asthma, and hay fever. Pediatrics, 138(2), Artículo e20160443. https://doi.org/10.1542/peds.2016-0443

    Maraz, A., Hende, B., Urbán, R., & Demetrovics, Z. (2017). Pathological grooming: Evidence for a single factor behind trichotillomania, skin picking and nail biting. PLOS ONE, 12(9), Artículo e0183806. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0183806

    Moritz, S., Penney, D., Bruhns, A., Weidinger, S., & Schmotz, S. (2023). Habit reversal training and variants of decoupling for use in body-focused repetitive behaviors: A randomized controlled trial. Cognitive Therapy and Research, 47(1), 109-122. https://doi.org/10.1007/s10608-022-10334-9

    Moritz, S., Scheunemann, J., Jelinek, L., Penney, D., Schmotz, S., Hoyer, L., Grudzień, D., & Aleksandrowicz, A. (2024). Prevalence of body-focused repetitive behaviors in a diverse population sample: Rates across age, gender, race and education. Psychological Medicine, 54(8), 1552-1558. https://doi.org/10.1017/s0033291723003392

    Mostaghimi, L. (2012). Dermatological assessment of hair pulling, skin picking, and nail biting. En J. E. Grant, D. J. Stein, D. W. Woods, & N. J. Keuthen (Eds.), Trichotillomania, skin picking, and other body-focused repetitive behaviors (pp. 97-111). American Psychiatric Publishing.

    Mouton-Odum, S., & Golomb, R. G. (2012). Family involvement in the treatment of children with body-focused repetitive behaviors. En J. E. Grant, D. J. Stein, D. W. Woods, & N. J. Keuthen (Eds.), Trichotillomania, skin picking, and other body-focused repetitive behaviors (pp. 223-239). American Psychiatric Publishing.

    Murase, E. M., Raygani, S., & Murase, J. E. (2025). Narrative review of internet-based self-help tools for body-focused repetitive behaviors: Recommendations for clinical practice. Dermatology and Therapy, 15(4), 811-818. https://doi.org/10.1007/s13555-025-01380-8

    Pacan, P., Grzesiak, M., Reich, A., Kantorska-Janiec, M., & Szepietowski, J. C. (2014a). Onychophagia and onychotillomania: Prevalence, clinical picture and comorbidities. Acta Dermato-Venereologica, 94(1), 67-71. https://doi.org/10.2340/00015555-1616

    Pacan, P., Reich, A., Grzesiak, M., & Szepietowski, J. C. (2014b). Onychophagia is associated with impairment of quality of life. Acta Dermato-Venereologica, 94(6), 703-706. https://doi.org/10.2340/00015555-1817

    Sani, G., Gualtieri, I., Paolini, M., Bonanni, L., Spinazzola, E., Maggiora, M., Pinzone, V., Brugnoli, R., Angeletti, G., Girardi, P., Rapinesi, C., & Kotzalidis, G. D. (2019). Drug treatment of trichotillomania (hair-pulling disorder), excoriation (skin-picking) disorder, and nail-biting (onychophagia). Current Neuropharmacology, 17(8), 775-786. https://doi.org/10.2174/1570159×17666190320164223

    Skurya, J., Jafferany, M., & Everett, G. J. (2020). Habit reversal therapy in the management of body focused repetitive behavior disorders. Dermatologic Therapy, 33(6), Artículo e13811. https://doi.org/10.1111/dth.13811

    Snyder, G., & Friman, P. C. (2012). Habitual stereotypic movements: Thumb sucking and nail biting. En J. E. Grant, D. J. Stein, D. W. Woods, & N. J. Keuthen (Eds.), Trichotillomania, skin picking, and other body-focused repetitive behaviors (pp. 43-64). American Psychiatric Publishing.

    Solley, K., & Turner, C. (2018). Prevalence and correlates of clinically significant body-focused repetitive behaviors in a non-clinical sample. Comprehensive Psychiatry, 86, 9-18. https://doi.org/10.1016/j.comppsych.2018.06.014

    Tanaka, O. M., Vitral, R. W. F., Tanaka, G. Y., Guerrero, A. P., & Camargo, E. S. (2008). Nailbiting, or onychophagia: A special habit. American Journal of Orthodontics and Dentofacial Orthopedics, 134(2), 305-308. https://doi.org/10.1016/j.ajodo.2006.06.023

    The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors. (2016). Expert consensus treatment guidelines for body-focused repetitive behaviors: Hair pulling, skin picking, and related disorders. TLC Foundation for BFRBs.

    Twohig, M. P., & Woods, D. W. (2023). Trichotillomania: An ACT-enhanced behavior therapy approach. Therapist guide (2.ª ed.). Oxford University Press.

    Williams, T. I., Rose, R., & Chisholm, S. (2007). What is the function of nail biting: An analog assessment study. Behaviour Research and Therapy, 45(5), 989-995. https://doi.org/10.1016/j.brat.2006.07.013

    Winebrake, J. P., Grover, K., Halteh, P., & Lipner, S. R. (2018). Pediatric onychophagia: A survey-based study of prevalence, etiologies, and co-morbidities. American Journal of Clinical Dermatology, 19(6), 887-891. https://doi.org/10.1007/s40257-018-0386-1

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta

  • Morderse la piel de los dedos: cómo se llama y cómo dejarlo

    Morderse la piel de los dedos: cómo se llama y cómo dejarlo

    Estás leyendo o estudiando y, sin darte cuenta, la mano ya está en la boca. Un pellejito al lado de la uña, un tirón con los dientes y de pronto hay sangre, un dedo que arde y la promesa de no repetirlo. Si llegaste buscando cómo evitar morderse la piel de los dedos, o si crees que lo haces por ansiedad y no logras parar, lo que describes tiene nombre, es mucho más común de lo que parece y tiene técnicas de tratamiento con respaldo.

    Aquí vas a ver cómo se llama, en qué se diferencia de morderse las uñas, por qué ocurre, qué papel tiene la ansiedad, qué daños puede causar, qué ayuda a dejarlo y cuándo conviene consultar. Más abajo también hay una guía para observar tu propio patrón antes de hablar con un profesional.

    En breve: morderse la piel que rodea las uñas y los dedos se llama dermatofagia. No es un diagnóstico oficial por sí sola, pero forma parte de las conductas repetitivas centradas en el cuerpo, una familia que incluye morderse las uñas y pellizcarse la piel. En una muestra de 1.481 adultos, 8,7 % cumplía criterios de dermatofagia como problema. El tratamiento con más respaldo es la terapia conductual (reversión del hábito, sola o con técnicas de aceptación). La ansiedad es un disparador frecuente, aunque también influyen el aburrimiento, el cansancio, la sensación de la piel y el simple automatismo.

    ¿Cómo se llama y qué significa morderse la piel de los dedos?

    Se llama dermatofagia: la costumbre, consciente o no, de morderse la propia piel, sobre todo la que rodea las uñas y las yemas, aunque también puede afectar labios y mejillas. El término aparece en la literatura médica desde hace décadas, descrito como un hábito emparentado con morderse las uñas (onicofagia), arrancarse el pelo y rascarse la piel (Scott y Scott, 1997). En Chile la gente lo conoce más por sus síntomas: comerse los pellejitos, los padrastros o las pielcitas.

    La dermatofagia no tiene un código propio en el DSM-5. Se ubica entre las conductas repetitivas centradas en el cuerpo (BFRB, por sus siglas en inglés), que el manual puede registrar bajo “otro trastorno obsesivo-compulsivo y relacionado especificado” cuando causan daño y malestar (American Psychiatric Association, 2013; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016). Eso significa que un profesional puede evaluarla y tratarla aunque el nombre no figure en el manual.

    ¿Qué diferencia hay con morderse las uñas y con la dermatilomanía?

    La diferencia está en el instrumento y en la zona. En la dermatofagia se muerde la piel de los dedos, en la onicofagia se muerde la uña y en la dermatilomanía se pellizca o rasca la piel, casi siempre con las uñas o con pinzas. Las tres comparten el mecanismo, y es frecuente que una persona alterne entre ellas.

    ConductaQué se haceZona habitual
    DermatofagiaMorder o arrancar con los dientes la pielAlrededor de las uñas, yemas, a veces labios
    OnicofagiaMorder la uñaUñas de las manos
    DermatilomaníaPellizcar, rascar o hurgar la pielCara, brazos, piernas, espalda, manos
    TricotilomaníaArrancarse el peloCuero cabelludo, cejas, pestañas

    Un análisis de 2.705 personas de la comunidad encontró que la tricotilomanía, el pellizco de piel y morderse las uñas se explican en parte por un mismo factor de fondo, algo así como una tendencia a “acicalarse” en exceso, y que ese factor se asocia a impulsividad, malestar psicológico y autoestima contingente (Maraz et al., 2017). Una revisión clásica ya señalaba que estas tres conductas ocurren en un continuo de leve a grave y que las personas suelen ocultar el daño por vergüenza, lo que retrasa el diagnóstico (Bohne et al., 2005).

    ¿Qué tan común es morderse la piel de los dedos?

    Es común como hábito y bastante menos como trastorno. En una muestra en línea de 1.481 adultos de la población general, casi todos reconocieron alguna conducta de este tipo en su vida, y 24 % llegó al nivel de trastorno en al menos una de ellas. Las más frecuentes fueron morderse las uñas (11,4 %), la dermatofagia (8,7 %), el pellizco de piel (8,2 %) y morderse labios o mejillas (7,9 %); las formas problemáticas fueron más comunes en mujeres y bajaban después de los 40 años (Moritz et al., 2024a).

    Otro estudio con 1.378 adultos estimó que 23 % tenía una probable conducta repetitiva centrada en el cuerpo (6 % morderse las uñas, 6 % morder o masticar labios o mejillas, 14 % pellizcarse la piel) y que quienes la tenían reportaban más síntomas de depresión, ansiedad y obsesiones, además de peor calidad de vida en algunos aspectos (Solley y Turner, 2018). No encontramos estudios de prevalencia de dermatofagia hechos en Chile, así que estas cifras vienen de muestras de otros países y de internet.

    ¿Por qué me muerdo la piel de los dedos?

    Las causas son varias y se combinan. La literatura describe una mezcla de predisposición, sensaciones en la piel, estados emocionales, hábitos aprendidos y entorno (Grant et al., 2012; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Twohig y Woods, 2023). Es un hábito que cumple una función, y por eso cuesta tanto soltarlo.

    Morderse con conciencia y morderse sin darse cuenta

    Hay dos estilos, y la mayoría de las personas tiene los dos (Twohig y Woods, 2023):

    • Focalizado: ocurre con atención plena. Antes hay una urgencia, una tensión, un pensamiento sobre una piel “que no está bien” o una emoción incómoda, y morder da alivio.
    • Automático: ocurre casi sin notarlo, en momentos pasivos como estudiar, ver una serie, manejar o estar en la cama. La persona se entera cuando duele o sangra.

    Esta diferencia importa porque cambia lo que sirve. Lo automático se trabaja con registro, conciencia y barreras físicas. Lo focalizado, con aprender a tolerar la urgencia sin descargarla en la piel. En un estudio de 339 adultos jóvenes, 92 % de quienes se mordían las uñas dijo que lo hacía de forma automática, 66 % sentía tensión antes de morder y 42 % placer después (Pacan et al., 2014a).

    La piel áspera, el pellejito que “sobra”

    Muchas personas cuentan que todo parte de una sensación: una cutícula levantada, un borde duro, una zona que se siente “desigual”. Morder busca emparejarla, y casi siempre deja una herida con un borde aún más áspero, que pide otro tirón. Una revisión sistemática de 65 estudios encontró que las sensaciones incómodas previas a una conducta repetitiva aparecen en todo el espectro obsesivo-compulsivo y que mayor intensidad de esas sensaciones se asocia a mayor gravedad en varios cuadros, aunque la investigación sobre el mecanismo es todavía limitada (Wilson et al., 2025).

    El modelo ComB, muy usado en estas conductas, ordena este análisis en cinco áreas: lo sensorial (qué sientes en la piel), lo cognitivo (“tengo que dejar esto liso”), lo afectivo (aburrimiento, tensión, frustración), lo motor (apoyar la cara en la mano, palpar la cutícula) y el lugar (el escritorio, el sofá, el baño) (Grant et al., 2012). Quien se muerde la piel de los dedos casi siempre encuentra su propio patrón en alguna de las cinco.

    El alivio que mantiene el hábito

    El ciclo es corto. Aparece una urgencia o una sensación, se muerde, la tensión baja unos segundos y, poco después, llegan la herida, la vergüenza y una piel más irregular que antes. Esa incomodidad nueva alimenta el siguiente episodio (Twohig y Woods, 2023). Cuanto más rápido es el alivio, más se aprende el hábito.

    Morderse la piel de los dedos por ansiedad: qué dice la evidencia

    La ansiedad es un disparador real, aunque no la explicación completa. Quienes tienen estas conductas reportan más ansiedad y depresión que quienes no las tienen (Solley y Turner, 2018), y la tensión antes de morder es un relato frecuente. Pero el vínculo no es tan directo como suele decirse.

    En el estudio de 339 adultos jóvenes, 22,5 % de quienes se habían mordido las uñas alguna vez cumplía criterios de un trastorno de ansiedad, frente a 26,2 % de quienes nunca lo habían hecho; los autores no encontraron una relación clara entre morderse las uñas y los trastornos de ansiedad ni el TOC, y concluyeron que intervienen varios factores psicológicos (Pacan et al., 2014a). Dicho de forma práctica: la ansiedad puede encender el episodio, pero también lo encienden el aburrimiento, el cansancio, la concentración y la textura de la piel.

    Por eso conviene mirar el cuadro completo. Si además de morderte la piel tienes preocupación constante, insomnio o miedo, vale la pena evaluar la ansiedad por separado. Para la tensión de fondo ayuda revisar cómo manejar el estrés, y si hay una ansiedad que ocupa buena parte del día, conviene que la mire un profesional.

    ¿Cuándo es solo un hábito y cuándo un problema?

    Casi todo el mundo se arranca un pellejito alguna vez. Se vuelve un problema cuando hay daño en la piel, intentos repetidos de parar sin lograrlo y malestar o deterioro en la vida diaria: vergüenza, ocultar las manos, evitar saludar o ir a ciertos lugares (American Psychiatric Association, 2013; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).

    Antes de llamarlo dermatofagia, un profesional descarta otras explicaciones:

    Si lo que ves es…Qué puede estar pasandoCómo se distingue
    Morder la piel para quitar un “defecto” que se ve feoTrastorno dismórfico corporalEn la dismorfia manda la preocupación por la apariencia; en la dermatofagia manda la urgencia, la sensación o la emoción (Wilhelm et al., 2012)
    Morder por rituales o miedo a gérmenesTOCEn el TOC hay obsesiones que la conducta intenta neutralizar
    Picor, ronchas, grietas o lesiones antes de morderEccema, dermatitis, hongos u otra enfermedad de la pielLa lesión existe antes de la conducta y requiere un dermatólogo
    Morder para castigarse o aguantar un dolor emocionalAutolesión no suicidaEl objetivo es hacerse daño, no aliviar tensión o emparejar la piel
    Movimientos rítmicos y repetitivos desde la infanciaEstereotipias asociadas al desarrolloSe evalúan dentro del cuadro de base

    Estas conductas pasan inadvertidas con frecuencia: por vergüenza las personas no consultan, y los clínicos no siempre preguntan por ellas (Bohne et al., 2005; Lee y Lipner, 2022b).

    ¿Es malo morderse la piel de los dedos? Qué daño puede causar

    Morder la piel abre una puerta de entrada a las bacterias. Según una revisión dermatológica sobre morderse las uñas, las complicaciones incluyen infecciones de la uña y de la boca, deformidad del lecho de la uña, dientes astillados o desgastados e inflamación de las encías (Baghchechi et al., 2021). Los manuales sobre estas conductas describen además la paroniquia (la infección alrededor de la uña) y las cicatrices (Grant et al., 2012). Otra revisión añade que afectan la calidad de vida y que su abordaje suele necesitar a varios especialistas a la vez, como dermatología, psiquiatría y odontología (Halteh et al., 2017).

    En la parte emocional, el costo es la vergüenza. Un estudio con 339 estudiantes de medicina vio que quienes se mordían las uñas tenían peor calidad de vida y más estigma percibido que quienes no, y que el empeoramiento se asociaba a haber intentado parar sin éxito, tener alteraciones visibles en las uñas y sentir tensión antes de morder (Pacan et al., 2014b).

    Cómo evitar morderse la piel de los dedos: lo que tiene respaldo

    La mala noticia es que casi no hay ensayos hechos solo con personas que se muerden la piel de los dedos. La buena es que los tratamientos se estudian en la familia completa de conductas repetitivas centradas en el cuerpo (pellizco de piel, tirón de pelo, morderse las uñas), y funcionan con la misma lógica. Una revisión sistemática encontró diez ensayos aleatorizados de reversión del hábito, todos en tricotilomanía o pellizco de piel, y juzgó su calidad metodológica discutible (Lee et al., 2019). Ningún tratamiento de estas conductas tiene hoy una evidencia perfecta, y eso conviene tenerlo presente.

    Reversión del hábito, paso a paso

    Es el componente conductual más estudiado y se enseña en cuatro partes (Twohig y Woods, 2023; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Grant et al., 2012):

    1. Conciencia y registro. Durante una o dos semanas anotas cada episodio: hora, lugar, dedo, qué sentías antes y después. Muchas personas descubren que muerden sobre todo al estudiar, al ver televisión o al manejar. Detenerse a anotar ya interrumpe el automatismo.
    2. Respuesta competidora. Cuando notas la señal de aviso (la mano que sube, el dedo que busca la aspereza), haces durante uno a tres minutos algo físicamente incompatible con morder: cerrar los puños, entrelazar los dedos, agarrar los bordes de la silla o el volante, sostener el teléfono o el libro con las dos manos. Debe ser discreta y estar siempre a tu alcance.
    3. Control del entorno. Tiritas o cinta en los dedos más dañados, guantes finos o dediles en los momentos de riesgo, crema espesa o aceite de cutículas para que no queden bordes secos, y cortar limpio con una tijera de cutícula desinfectada cualquier pellejo que tienta, en lugar de tirarlo con los dientes.
    4. Apoyo social. Una persona de confianza que avise sin retar cuando note el gesto y que reconozca el uso de la estrategia, no el aspecto de tus manos.

    En un ensayo aleatorizado centrado en morderse las uñas, 91 niños y adolescentes recibieron reversión del hábito, entrenamiento en manipular un objeto o lista de espera; la reversión del hábito aumentó el largo de las uñas más que las otras dos opciones, con resultados medidos hasta tres meses después (Ghanizadeh et al., 2013). En 63 niños y adolescentes de 9 a 17 años con tricotilomanía o pellizco de piel atendidos en una clínica especializada de Estocolmo, la mejoría con una terapia centrada sobre todo en la reversión del hábito se mantuvo hasta los 12 meses de seguimiento (Rautio et al., 2024).

    También hay datos de práctica real. En un estudio con 543 personas con tricotilomanía y 528 con pellizco de piel, niños, adolescentes y adultos, la reversión del hábito por videollamada con un terapeuta, durante unas 15 semanas, redujo la gravedad en una mediana de 33 %, con un efecto grande, y la mejoría se mantuvo hasta la semana 52. También bajaron algo la depresión, la ansiedad y el estrés (Feusner et al., 2026). Es un estudio observacional, no un ensayo con grupo de comparación, y no incluyó a quienes se muerden la piel de los dedos como tales.

    Terapia con aceptación

    La terapia conductual potenciada con aceptación (ACT aplicada a estos hábitos) cambia el objetivo: en lugar de hacer desaparecer la urgencia, se aprende a notarla, hacerle espacio y no actuar sobre ella, con ejercicios para ver el pensamiento “tengo que arreglar esta cutícula” como una frase de la mente y no como una orden (Twohig y Woods, 2023). El protocolo base se organiza en torno a diez sesiones. Si te interesa entender el enfoque, aquí hay una explicación de la terapia de aceptación y compromiso, y también puedes revisar qué es la terapia cognitivo-conductual y sus técnicas principales.

    Para el pellizco de piel, que es el cuadro más cercano que se ha estudiado, diez semanas de terapia con aceptación guiada por internet en 70 adultos mejoraron los síntomas más que la lista de espera (tamaño del efecto grande, d = 1,3): 43 % respondió y 31 % llegó a la remisión; a los seis meses los síntomas habían subido algo, aunque la mejoría seguía siendo significativa (Asplund et al., 2025).

    Autoayuda guiada y por internet

    Como hay pocos terapeutas formados en estas conductas, la autoayuda se ha estudiado bastante. En un ensayo con 334 personas con al menos una conducta repetitiva centrada en el cuerpo, seis semanas con manuales de reversión del hábito y de otras dos técnicas (variantes del desacople) mejoraron los síntomas más que la lista de espera (tamaño del efecto medio, d entre 0,52 y 0,54), y quienes usaron varias técnicas a la vez mejoraron más (Moritz et al., 2023). Una revisión narrativa de doce ensayos concluyó que las herramientas de autoayuda por internet reducen los síntomas y mejoran la calidad de vida, con mejores resultados cuando la persona las usa con frecuencia y constancia, y que el acompañamiento de un terapeuta puede dar un tratamiento más completo (Murase et al., 2025). Otra revisión sobre reversión del hábito la considera la opción con más promesa, sola o combinada con atención plena (Skurya et al., 2020).

    Esa mejoría parece durar. En el seguimiento a dos años de ese ensayo, con 391 participantes, lo logrado con las técnicas de autoayuda se mantuvo en todos los grupos, y el desacople dio una mejoría mayor que la lista de espera. La depresión no empeoró, lo que va contra la idea de que el problema «se mueve» a otros síntomas. Solo cerca de la mitad siguió en el estudio y, pasado el primer control, podían usar otras técnicas, así que las cifras son orientativas (Moritz et al., 2024b).

    Medicamentos

    Ningún medicamento está aprobado para estas conductas, y el consenso de la TLC (2016) no señala un fármaco de primera elección: la decisión depende de las otras condiciones que tenga la persona, como depresión o ansiedad. Una revisión de los tratamientos farmacológicos en tricotilomanía, pellizco de piel y morderse las uñas calificó los resultados de “decepcionantes” y pidió combinar fármacos y psicoterapia (Sani et al., 2019).

    Lo que existe son estudios aislados. En 25 adultos con onicofagia grave, la clomipramina redujo más el morderse las uñas que la desipramina, aunque solo 14 completaron el estudio, con una alta tasa de abandono (Leonard et al., 1991). En el pellizco de piel, un ensayo de 12 semanas con 66 adultos mostró que la N-acetilcisteína bajó más los síntomas que el placebo (puntaje de 11,5 frente a 14,1), pero es un solo ensayo sin replicar, y las guías piden usarla con supervisión médica porque no conviene en personas con asma (Grant et al., 2016; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016). Un metaanálisis de 17 ensayos con 629 personas, en trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados en general, encontró que la N-acetilcisteína (10 estudios) y el litio mejoraron los síntomas frente a placebo, y los autores piden estudios más grandes para confirmarlo (Kishi et al., 2022). Una revisión específica de conductas repetitivas centradas en el cuerpo la describe como prometedora, pero con datos de pocos ensayos y casos con pocos pacientes (Lee y Lipner, 2022a). La decisión de medicar la toma un médico, no un artículo.

    ¿Qué puedes hacer desde hoy?

    Estas ideas salen de los componentes de la terapia y sirven para empezar. No reemplazan el tratamiento (Twohig y Woods, 2023; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016):

    • Anota durante una semana cuándo, dónde, con qué dedo y qué sentías antes y después. Ver el patrón por escrito ya cambia algo.
    • Cubre los dedos de riesgo con tiritas o cinta, y usa guantes finos o dediles cuando estudies, leas o veas televisión.
    • Hidrata las cutículas con crema espesa o aceite, sobre todo de noche, para que no queden bordes secos que pidan ser arreglados.
    • Ten a mano un sustituto para las manos: una pelota blanda, una piedra lisa, un anillo giratorio, algo que exija movimiento.
    • Trata las heridas con limpieza. Lávalas con agua y jabón y mantenlas cubiertas hasta que cierren. Una herida limpia y tapada tienta menos.
    • Pon una pausa antes de actuar. Si la urgencia sube, quédate uno o tres minutos con la respuesta competidora. Las ganas suben, llegan a un máximo y bajan solas.
    • No uses las barreras como castigo ni te revises las manos todo el día. La culpa y la vigilancia suben la tensión, que es justo el disparador.
    • Planifica los deslices. Morder un día no borra lo avanzado. Pregúntate con curiosidad qué disparó el episodio y vuelve a la estrategia, tal como lo haría un amigo contigo.

    ¿Cuándo ir al médico?

    Una herida pequeña y limpia suele cerrar sola, pero morder la piel de los dedos puede infectarse. Consulta a un médico o a un dermatólogo si (Halteh et al., 2017; Baghchechi et al., 2021; Grant et al., 2012):

    • el dedo está rojo, caliente, hinchado o con pus, o el dolor late y aumenta,
    • una herida no cicatriza en semanas,
    • la uña se deforma o cambia de color,
    • el picor viene antes de que la piel esté dañada (puede haber una enfermedad de la piel).

    La complicación más común de estas heridas es la paroniquia, la inflamación del pliegue de la uña. La forma aguda se trata con remojos tibios y, si no cede, con antibiótico en crema, con o sin corticoide; si se forma un absceso, hay que drenarlo, y los antibióticos orales se reservan para infecciones graves o para personas con las defensas bajas. La forma crónica, con síntomas de seis semanas o más, es una irritación de la barrera de la uña: se trata evitando la causa y con cremas antiinflamatorias, y puede tardar de semanas a meses en resolverse (Leggit, 2017). Nada de esto reemplaza la evaluación de un médico.

    Ve a urgencias si hay fiebre, escalofríos, una línea roja que sube por el brazo, un dedo que no puedes mover o un sangrado que no para. Y si la vergüenza o el desánimo por no poder parar te llevan a pensar en hacerte daño, llama a la Línea de Prevención del Suicidio al *4141.

    ¿Y si es un niño o un adolescente el que se muerde la piel?

    Morderse las uñas y la piel de los dedos es muy común en la infancia y suele partir temprano. En una consulta pediátrica de Nueva York, 37 % de 281 pacientes de 3 a 21 años refirió haberse mordido las uñas más de un mes, la edad mediana de inicio fue 5 años y quienes se mordían tenían más diagnósticos psiquiátricos (18 % frente a 6 %) (Winebrake et al., 2018). En 743 escolares, 22,3 % se había mordido las uñas en los últimos tres meses, y 36,8 % de ellos tenía un familiar con el mismo hábito (Ghanizadeh y Shekoohi, 2011).

    Que sea común no quiere decir que no se pueda ayudar. Lo que funciona en casa es lo mismo que en adultos, con un cambio de tono: elogiar el uso de la estrategia y no el aspecto de las manos, acordar las barreras con el niño y no imponerlas como castigo, y evitar vigilar y retar, que empuja a morder a escondidas (Grant et al., 2012). Si el hábito causa heridas, vergüenza o no cede, conviene consultar. La guía sobre tricotilomanía en niños comparte varias de estas ideas, porque ambos cuadros funcionan de forma parecida.

    ¿Cómo acompañar a alguien que se muerde la piel?

    Lo que más ayuda es lo menos intuitivo (Grant et al., 2012; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016):

    Lo que empeora el cuadro:

    • mirar las manos todo el tiempo y comentar cada vez que se acercan a la boca,
    • retar o avergonzar (“mira cómo te dejaste los dedos”, “saca la mano de la boca”),
    • elogiar el aspecto de las manos cuando mejoran, porque lo contrario queda como “ahora se ven feas”,
    • preguntar sin parar si “ya paró”.

    Lo que ayuda:

    • dejar claro que el cariño no depende de cómo se vean los dedos,
    • reconocer el uso de las estrategias, no los resultados,
    • recordar un acuerdo solo si la persona lo pidió,
    • animar a consultar con un profesional que conozca estas conductas.

    Una buena forma de partir es preguntar qué le serviría, en vez de decirle qué debería hacer. Si no sabes con quién consultar, esta guía sobre psicólogo o psiquiatra: cuál necesito ayuda a decidir.

    Cómo observar tu propio patrón (esto no es un test)

    Antes de ir a una consulta, ordenar lo que sabes de ti acelera el trabajo. Estas preguntas no suman puntaje ni te clasifican, solo organizan la información:

    1. ¿Qué dedos y qué zona de la piel te muerdes, y desde cuándo?
    2. ¿Lo haces con plena conciencia, sin darte cuenta, o de las dos formas?
    3. ¿En qué momentos y lugares pasa más (estudiando, en el celular, en la cama, manejando, viendo una serie)?
    4. ¿Qué sientes justo antes: tensión, aburrimiento, ansiedad, una cutícula que se siente “mal”?
    5. ¿Qué haces con lo que sacas: lo botas, lo muerdes más, lo tragas?
    6. ¿Qué evitas por cómo se ven tus manos y cuánto tiempo o dinero gastas en taparlas?
    7. ¿Cuántas veces intentaste parar y qué pasó cada vez?

    Existen escalas clínicas para medir la gravedad de estas conductas, pero no encontramos una versión en español validada para morderse la piel de los dedos, con sus ítems y un punto de corte publicado. Por eso aquí no hay un puntaje: un número sin baremo confiable orienta peor de lo que parece. Lo que sí vale es llevar tus respuestas escritas a la primera sesión.

    ¿Cuándo conviene consultar?

    Es buena idea consultar si:

    • te muerdes la piel de forma repetida y has intentado parar sin lograrlo,
    • ya tienes heridas, infecciones o uñas deformadas,
    • evitas saludar, mostrar las manos o ciertos lugares por vergüenza,
    • te sientes ansioso, triste o culpable por esto la mayor parte del tiempo,
    • la conducta ocupa buena parte del día o aparece junto a otros hábitos (arrancarte el pelo, pellizcarte la piel).

    Busca un profesional que conozca las conductas repetitivas centradas en el cuerpo. Un psicólogo clínico con formación en terapia cognitivo-conductual puede hacer la evaluación y llevar el tratamiento, un dermatólogo puede tratar la piel y descartar causas médicas, y un psiquiatra puede evaluar si conviene un medicamento. En bfrb.org, el sitio de la TLC Foundation, hay recursos en inglés para personas con estas conductas.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cómo se llama el trastorno de morderse la piel de los dedos?

    Se llama dermatofagia. No tiene un diagnóstico propio en el DSM-5, pero se clasifica entre las conductas repetitivas centradas en el cuerpo y puede evaluarse como “otro trastorno obsesivo-compulsivo y relacionado especificado” cuando causa daño y malestar (American Psychiatric Association, 2013). Morderse las uñas se llama onicofagia.

    ¿Morderse la piel de los dedos es por ansiedad?

    A veces, aunque no siempre. La ansiedad es un disparador frecuente, pero también lo son el aburrimiento, el cansancio y la sensación de una piel áspera. En un estudio con 339 adultos jóvenes, morderse las uñas no se asoció con tener un trastorno de ansiedad (Pacan et al., 2014a).

    ¿La dermatofagia y la onicofagia son lo mismo?

    Son parientes cercanas. Las dos usan los dientes sobre los dedos y comparten mecanismo, pero una muerde la uña y la otra la piel que la rodea. En una muestra de 1.481 adultos, morderse las uñas fue la más común (11,4 %) y la dermatofagia la segunda (8,7 %) (Moritz et al., 2024a).

    ¿Cómo se deja de morderse la piel de los dedos?

    Con registro de los episodios, una respuesta competidora (cerrar los puños, agarrar un objeto), barreras físicas como tiritas o guantes, cuidado de las cutículas y apoyo de otra persona. Es la reversión del hábito, que se estudia en conductas parecidas, a veces junto con técnicas de aceptación (Twohig y Woods, 2023; Moritz et al., 2023).

    ¿Sirven los esmaltes amargos?

    En lo que revisamos para este artículo no hay ensayos que prueben esmaltes amargos para la piel de los dedos. Pueden servir como recordatorio, pero no tratan la causa. La evidencia está en la terapia conductual (Murase et al., 2025).

    ¿Se cura?

    Hay tratamientos que reducen mucho los síntomas, pero el hábito puede volver con estrés o cansancio. En un ensayo de terapia por internet para el pellizco de piel, 31 % llegó a la remisión y los síntomas subieron algo a los seis meses (Asplund et al., 2025). En el seguimiento a dos años de un ensayo de autoayuda, las mejorías se mantuvieron, aunque solo cerca de la mitad de los participantes siguió en el estudio (Moritz et al., 2024b). El objetivo realista es aprender a manejarlo y tener un plan para los días difíciles.

    Si te reconociste en esto, puedes tratarlo con ayuda

    Morderse la piel de los dedos es un hábito con una función, que se puede entender y entrenar con ayuda. Si quieres evaluar tu caso con un psicólogo clínico, puedes escribirnos desde la página de contacto y revisar juntos cómo empezar.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed.). American Psychiatric Publishing.

    Asplund, M., Lenhard, F., Rück, C., Andersson, E., Grimlund, T., Nilsson, M., Sarachu-Nilsson, M., Sundh, L., & Ivanov, V. Z. (2025). Therapist-guided internet-delivered acceptance-enhanced behavior therapy for skin-picking disorder: A randomized controlled trial. Behavior Therapy, 56(1), 70-82. https://doi.org/10.1016/j.beth.2024.04.006

    Baghchechi, M., Pelletier, J. L., & Jacob, S. E. (2021). Art of prevention: The importance of tackling the nail biting habit. International Journal of Women’s Dermatology, 7(3), 309-313. https://doi.org/10.1016/j.ijwd.2020.09.008

    Bohne, A., Keuthen, N., & Wilhelm, S. (2005). Pathologic hairpulling, skin picking, and nail biting. Annals of Clinical Psychiatry, 17(4), 227-232. https://doi.org/10.1080/10401230500295354

    Feusner, J. D., Beatty, C. C., Murphy, C., McGrath, P. B., Farrell, N. R., Nuñez, M., Lume, N., Mohideen, R., Trusky, L., Smith, S. M., & Rhode, A. (2026). Therapist-delivered video therapy habit reversal training for body-focused repetitive behaviors: Clinical outcomes from a large real-world sample of youth and adults. The Journal of Clinical Psychiatry, 87(1). https://doi.org/10.4088/jcp.25m15834

    Ghanizadeh, A., Bazrafshan, A., Firoozabadi, A., & Dehbozorgi, G. (2013). Habit reversal versus object manipulation training for treating nail biting: A randomized controlled clinical trial. Iranian Journal of Psychiatry, 8(2), 61-67. PMID: 24130603

    Ghanizadeh, A., & Shekoohi, H. (2011). Prevalence of nail biting and its association with mental health in a community sample of children. BMC Research Notes, 4, Artículo 116. https://doi.org/10.1186/1756-0500-4-116

    Grant, J. E., Chamberlain, S. R., Redden, S. A., Leppink, E. W., Odlaug, B. L., & Kim, S. W. (2016). N-acetylcysteine in the treatment of excoriation disorder: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 73(5), 490-496. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2016.0060

    Grant, J. E., Stein, D. J., Woods, D. W., & Keuthen, N. J. (Eds.). (2012). Trichotillomania, skin picking, and other body-focused repetitive behaviors. American Psychiatric Publishing.

    Halteh, P., Scher, R. K., & Lipner, S. R. (2017). Onychophagia: A nail-biting conundrum for physicians. Journal of Dermatological Treatment, 28(2), 166-172. https://doi.org/10.1080/09546634.2016.1200711

    Kishi, T., Sakuma, K., & Iwata, N. (2022). Mitochondrial modulators for obsessive-compulsive and related disorders: A systematic review and meta-analysis. Translational Psychiatry, 12, Artículo 263. https://doi.org/10.1038/s41398-022-02026-5

    Lee, D. K., & Lipner, S. R. (2022a). The potential of N-acetylcysteine for treatment of trichotillomania, excoriation disorder, onychophagia, and onychotillomania: An updated literature review. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(11), Artículo 6370. https://doi.org/10.3390/ijerph19116370

    Lee, D. K., & Lipner, S. R. (2022b). Update on diagnosis and management of onychophagia and onychotillomania. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(6), Artículo 3392. https://doi.org/10.3390/ijerph19063392

    Lee, M. T., Mpavaenda, D. N., & Fineberg, N. A. (2019). Habit reversal therapy in obsessive compulsive related disorders: A systematic review of the evidence and CONSORT evaluation of randomized controlled trials. Frontiers in Behavioral Neuroscience, 13, Artículo 79. https://doi.org/10.3389/fnbeh.2019.00079

    Leggit, J. C. (2017). Acute and chronic paronychia. American Family Physician, 96(1), 44-51. PMID: 28671378

    Leonard, H. L., Lenane, M. C., Swedo, S. E., Rettew, D. C., & Rapoport, J. L. (1991). A double-blind comparison of clomipramine and desipramine treatment of severe onychophagia (nail biting). Archives of General Psychiatry, 48(9), 821-827. https://doi.org/10.1001/archpsyc.1991.01810330045007

    Maraz, A., Hende, B., Urbán, R., & Demetrovics, Z. (2017). Pathological grooming: Evidence for a single factor behind trichotillomania, skin picking and nail biting. PLOS ONE, 12(9), Artículo e0183806. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0183806

    Moritz, S., Hoyer, L., & Schmotz, S. (2024b). Two-year follow-up of habit reversal training and decoupling in a sample with body-focused repetitive behaviors. Cognitive Therapy and Research, 48(1), 75-81. https://doi.org/10.1007/s10608-023-10434-0

    Moritz, S., Penney, D., Bruhns, A., Weidinger, S., & Schmotz, S. (2023). Habit reversal training and variants of decoupling for use in body-focused repetitive behaviors: A randomized controlled trial. Cognitive Therapy and Research, 47(1), 109-122. https://doi.org/10.1007/s10608-022-10334-9

    Moritz, S., Scheunemann, J., Jelinek, L., Penney, D., Schmotz, S., Hoyer, L., Grudzień, D., & Aleksandrowicz, A. (2024a). Prevalence of body-focused repetitive behaviors in a diverse population sample: Rates across age, gender, race and education. Psychological Medicine, 54(8), 1552-1558. https://doi.org/10.1017/s0033291723003392

    Murase, E. M., Raygani, S., & Murase, J. E. (2025). Narrative review of internet-based self-help tools for body-focused repetitive behaviors: Recommendations for clinical practice. Dermatology and Therapy, 15(4), 811-818. https://doi.org/10.1007/s13555-025-01380-8

    Pacan, P., Grzesiak, M., Reich, A., Kantorska-Janiec, M., & Szepietowski, J. C. (2014a). Onychophagia and onychotillomania: Prevalence, clinical picture and comorbidities. Acta Dermato-Venereologica, 94(1), 67-71. https://doi.org/10.2340/00015555-1616

    Pacan, P., Reich, A., Grzesiak, M., & Szepietowski, J. C. (2014b). Onychophagia is associated with impairment of quality of life. Acta Dermato-Venereologica, 94(6), 703-706. https://doi.org/10.2340/00015555-1817

    Rautio, D., Andrén, P., Bjureberg, L., Silverberg-Mörse, M., Mataix-Cols, D., & Fernández de la Cruz, L. (2024). Body-focused repetitive behavior disorders in children and adolescents: Clinical characteristics and treatment outcomes in a naturalistic setting. Behavior Therapy, 55(2), 376-390. https://doi.org/10.1016/j.beth.2023.07.010

    Sani, G., Gualtieri, I., Paolini, M., Bonanni, L., Spinazzola, E., Maggiora, M., Pinzone, V., Brugnoli, R., Angeletti, G., Girardi, P., Rapinesi, C., & Kotzalidis, G. D. (2019). Drug treatment of trichotillomania (hair-pulling disorder), excoriation (skin-picking) disorder, and nail-biting (onychophagia). Current Neuropharmacology, 17(8), 775-786. https://doi.org/10.2174/1570159×17666190320164223

    Scott, M. J., Jr., & Scott, M. J., III. (1997). Dermatophagia: “Wolf-biter”. Cutis, 59(1), 19-20. PMID: 9013066

    Skurya, J., Jafferany, M., & Everett, G. J. (2020). Habit reversal therapy in the management of body focused repetitive behavior disorders. Dermatologic Therapy, 33(6), Artículo e13811. https://doi.org/10.1111/dth.13811

    Solley, K., & Turner, C. (2018). Prevalence and correlates of clinically significant body-focused repetitive behaviors in a non-clinical sample. Comprehensive Psychiatry, 86, 9-18. https://doi.org/10.1016/j.comppsych.2018.06.014

    The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors. (2016). Expert consensus treatment guidelines for body-focused repetitive behaviors: Hair pulling, skin picking, and related disorders. TLC Foundation for BFRBs.

    Twohig, M. P., & Woods, D. W. (2023). Trichotillomania: An ACT-enhanced behavior therapy approach. Therapist guide (2.ª ed.). Oxford University Press.

    Wilhelm, S., Phillips, K. A., & Steketee, G. (2012). Cognitive-behavioral therapy for body dysmorphic disorder: A treatment manual. The Guilford Press.

    Wilson, L. A., Scarfo, J., Jones, M. E., & Rehm, I. C. (2025). The relationship between sensory phenomena and interoception across the obsessive-compulsive spectrum: A systematic review. BMC Psychiatry, 25, Artículo 162. https://doi.org/10.1186/s12888-024-06441-4

    Winebrake, J. P., Grover, K., Halteh, P., & Lipner, S. R. (2018). Pediatric onychophagia: A survey-based study of prevalence, etiologies, and co-morbidities. American Journal of Clinical Dermatology, 19(6), 887-891. https://doi.org/10.1007/s40257-018-0386-1

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta