Arrancarse un pelo, sacar una costra, morderse la piel del dedo o las uñas, masticar el interior de la mejilla. Casi todo el mundo hace alguna de estas cosas de vez en cuando. Cuando se repite a diario, deja marcas, cuesta parar y se oculta por vergüenza, entra en lo que la psicología llama conductas repetitivas centradas en el cuerpo, conocidas por su sigla en inglés, BFRB (body-focused repetitive behaviors), y en español como CRCC. Si buscas qué son, por qué pasan y cómo se tratan, esta guía junta lo que se sabe.
En esta guía vas a ver qué conductas incluye el grupo, cómo se diagnostica, qué tan comunes son, por qué se mantienen, en qué se distinguen del TOC y de la autolesión, qué tratamientos funcionan y cuánto, qué puedes hacer desde hoy y cuándo consultar. Cada conducta tiene además su propia guía, enlazada más abajo.
En breve: las conductas repetitivas centradas en el cuerpo (BFRB) son hábitos repetidos de tirar, pellizcar, morder o rascar el propio pelo, la piel, las uñas o el interior de la boca, que causan daño físico y malestar, y que la persona ha intentado dejar sin lograrlo. Incluyen la tricotilomanía, la dermatilomanía (trastorno de excoriación), morderse las uñas y morderse la piel o la mejilla. Las encuestas en adultos ubican alrededor de uno de cada cuatro con alguna forma clínicamente relevante, pero muy pocos consultan. El tratamiento con más respaldo es la terapia conductual (reversión del hábito, sola o con terapia de aceptación); los medicamentos tienen evidencia limitada.
¿Qué son las conductas repetitivas centradas en el cuerpo (BFRB)?
Las conductas repetitivas centradas en el cuerpo son un término general para cualquier conducta repetida de auto-aseo (tirar, arrancar, pellizcar, morder o raspar el pelo, la piel o las uñas) que produce daño físico y malestar importante, o interfiere con la vida diaria (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016). La literatura clínica también las llama trastornos de aseo patológico, porque son secuencias de movimientos de cuidado personal que se salen de control (Snyder y Friman, 2012; Stein y Lochner, 2012).
Las define la combinación de cuatro rasgos, sea cual sea la zona del cuerpo (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Snyder y Friman, 2012):
- Repetición. Se hace muchas veces, a veces en episodios cortos repartidos en el día y a veces en sesiones de una hora o más.
- Daño. Hay calvas, heridas, cicatrices, uñas deformadas o lesiones en la boca.
- Intentos fallidos de parar. La persona ha probado límites, castigos, guantes o promesas, y el hábito vuelve.
- Malestar o costo en la vida diaria. Vergüenza, ocultamiento, tiempo perdido, evitar la playa, las citas o el trabajo.
Un aseo normal (cortarse las uñas, sacarse una espinilla de vez en cuando) es breve, funcional y no destruye tejido. La frontera está en el control, la frecuencia y el daño. Una revisión describió estas conductas como un continuo de leve a grave, infradiagnosticado, en el que las personas suelen esconder las lesiones por vergüenza (Bohne et al., 2005).
¿Cuáles son las BFRB y cómo se llama cada una?
Estas son las formas principales, con su nombre clínico y la guía donde profundizamos en cada una:
| Qué haces | Nombre clínico | Detalle |
|---|---|---|
| Arrancarte pelo del cuero cabelludo, las cejas o las pestañas | Tricotilomanía (trastorno de arrancarse el pelo) | Tricotilomanía: síntomas, causas y tratamiento y tricotilomanía en niños |
| Pellizcarte, rascarte o hurgar la piel hasta lesionarla | Dermatilomanía (trastorno de excoriación, skin picking) | Dermatilomanía: síntomas, causas y tratamiento |
| Morderte las uñas de las manos o los pies | Onicofagia | Morderse las uñas: por qué pasa y cómo dejarlo |
| Morderte o arrancarte la piel alrededor de las uñas y los dedos | Dermatofagia | Morderse la piel de los dedos |
| Masticar o morder el interior de las mejillas o los labios | Morsicatio buccarum y labiorum (cheek biting) | Morderse los labios por dentro |
| Comerte el pelo que arrancas | Tricofagia | Se trata en la guía de tricotilomanía |
En otras personas aparecen variantes: raspar la piel con herramientas, cortarse el pelo de forma compulsiva o chuparse el pulgar mucho después de la edad esperable. Todas comparten el mismo andamiaje (Snyder y Friman, 2012).
Es habitual tener más de una. En 60 personas con dermatilomanía, 36,7 % tenía además tricotilomanía y 26,7 % se mordía las uñas (Odlaug y Grant, 2008). En una muestra comunitaria de 2.705 personas, la tricotilomanía, el pellizco de piel y morderse las uñas compartían un factor común de «acicalamiento patológico», asociado a impulsividad y malestar psicológico (Maraz et al., 2017). Por eso es frecuente que una conducta reemplace a otra con los años.
Trastorno por conductas repetitivas centradas en el cuerpo: cómo se diagnostica en el DSM-5
El DSM-5 agrupa estas conductas dentro de los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados (American Psychiatric Association, 2013). Dos tienen diagnóstico propio: la tricotilomanía y el trastorno de excoriación. Las demás (morderse las uñas, los labios o la mejilla, la dermatofagia) no tienen categoría independiente y se ubican como «otro trastorno obsesivo-compulsivo y relacionado especificado», con el nombre de trastorno por conductas repetitivas centradas en el cuerpo (American Psychiatric Association, 2013). El Manual MSD para pacientes lo resume con tres rasgos: morder o manipular una parte del cuerpo, a veces hasta lesionarla; intentos repetidos y fallidos de reducir la conducta; y malestar o deterioro importante por ella.
Además, el cuadro no debe explicarse por una sustancia (la cocaína o las anfetaminas pueden producir rascado), por otra condición médica (sarna, eccema) ni por otro trastorno mental (American Psychiatric Association, 2013; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).
El diagnóstico lo hace un profesional de salud mental, a veces con ayuda de un dermatólogo o un dentista. En una primera consulta se revisan las zonas afectadas y sus complicaciones, cuándo y dónde ocurre, qué se siente antes y después, si es consciente o automático, y las comorbilidades que haya (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Twohig y Woods, 2023).
¿Qué tan comunes son las conductas repetitivas centradas en el cuerpo?
Mucho más de lo que se consulta. Las cifras cambian según se midan síntomas ocasionales o cuadros clínicos:
- En una encuesta en línea a 1.481 adultos, 24 % cumplía criterios de trastorno en al menos una BFRB: 11,4 % para morderse las uñas, 8,7 % para morderse la piel, 8,2 % para el pellizco de piel y 7,9 % para morder labios o mejillas. Eran más frecuentes en mujeres y bajaban después de los 40 años (Moritz et al., 2024).
- Otra encuesta, de 1.378 adultos, halló que 23 % tenía una BFRB probable con malestar significativo y que estas personas reportaban más depresión, ansiedad y síntomas obsesivos (Solley y Turner, 2018).
- Para los cuadros con diagnóstico propio, los metaanálisis dan cifras menores: cerca de 1,1 % para la tricotilomanía (Thomson et al., 2022) y 3,45 % para el trastorno de excoriación, más frecuente en mujeres (Farhat et al., 2023).
- En América Latina hay pocos datos. En una encuesta en línea con 301 adultos de Paraguay, 59,1 % reportó al menos una BFRB (contando manifestaciones leves), solo 7,3 % tenía un diagnóstico previo y 80,9 % de quienes las tenían nunca había consultado (Torales et al., 2026). Es una muestra pequeña y autoseleccionada, pero muestra el mismo patrón que los estudios del hemisferio norte.
La diferencia entre cifras grandes y pequeñas es esperable: casi todos tenemos algún hábito corporal y solo una parte llega al nivel de trastorno. Lo que importa es el daño, el control y el costo.
¿A qué edad empiezan?
Suelen empezar en la infancia tardía o la adolescencia. En 858 personas con tricotilomanía, el pico de inicio fue entre los 11 y 15 años y 93,5 % comenzó antes de los 20 (Grant et al., 2023). En 60 personas con pellizco de piel, la edad media de inicio fue de 12,3 años (Odlaug y Grant, 2008). Morderse las uñas es más precoz y llega a su máximo en la pubertad y la adolescencia (Snyder y Friman, 2012). En los niños pequeños muchos hábitos son transitorios (Mouton-Odum y Golomb, 2012).
En un estudio de 152 personas de entre 4 y 67 años con tricotilomanía, pellizco de piel o ambos, la gravedad llegó a su máximo en la transición de la adolescencia a la adultez (Lin et al., 2023).
¿Por qué ocurren? Lo que mantiene el hábito
Esta parte alivia a quien lo vive: hay varias causas que se combinan, y ninguna es un defecto de carácter. El mito más repetido es que se trata de falta de fuerza de voluntad. La evidencia describe hábitos con una función, sostenidos por la emoción, la sensación física y el aprendizaje.
Focalizado y automático
Hay dos estilos, y la mayoría de las personas tiene los dos (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Twohig y Woods, 2023):
- Focalizado: ocurre con plena conciencia. Antes hay una urgencia, una emoción incómoda (ansiedad, frustración, aburrimiento) o un pensamiento sobre una imperfección, y la conducta sirve para bajar esa tensión.
- Automático: ocurre casi sin darse cuenta, sobre todo en momentos pasivos como leer, estudiar, ver una serie, manejar o estar en la cama. La persona nota lo que hizo cuando ya hay un pelo en la mano o una costra sangrando.
Los dos estilos fluctúan. En momentos de baja estimulación domina el modo automático, y cuando hay tensión o se detecta una imperfección en el espejo, el modo focalizado (Twohig y Woods, 2023). Por eso el tratamiento combina estrategias para cada uno.
El modelo ComB: qué dispara el hábito
El modelo conductual comprensivo, conocido como ComB, analiza cada conducta como una cadena de antecedentes, conducta y consecuencias (Mansueto et al., 1997). Los antecedentes se agrupan en cinco áreas, que forman la sigla SCAMP:
- Sensorial: un pelo grueso o rizado, una costra, una zona áspera, picazón, tensión localizada.
- Cognitiva: pensamientos perfeccionistas como «mi piel tiene que quedar lisa» o «esta ceja está desigual».
- Afectiva: ansiedad o enojo, pero también aburrimiento, cansancio o sueño.
- Motora: posturas y gestos previos, como apoyar la cabeza en la mano, pasar los dedos por la zona o tomar las pinzas.
- Lugar: el baño, la cama, el escritorio, el auto, el sofá frente a la televisión.
La consecuencia casi siempre es un alivio inmediato (menos tensión, menos aburrimiento, una sensación táctil placentera). Ese alivio llega en segundos, mientras que el costo (calvas, cicatrices, culpa) llega horas o días después, y el cerebro aprende del refuerzo inmediato. Es el mismo mecanismo de cualquier hábito (Twohig y Woods, 2023).
Emoción, sensación, genética y cerebro
- Emoción. Una revisión sistemática de 19 estudios en pellizco de piel halló más dificultades de regulación emocional que en los controles, sobre todo en el estilo focalizado (Barber y Fitzgerald, 2025).
- Sensaciones. Otra revisión de 65 estudios encontró que las sensaciones incómodas previas a una conducta repetitiva aparecen en todo el espectro obsesivo-compulsivo y, en varios cuadros, se asocian a mayor gravedad (Wilson et al., 2025).
- Genética. Una revisión sistemática de 109 estudios indica que los factores genéticos pesan en la tricotilomanía y el pellizco de piel, en parte compartidos con el espectro del TOC, aunque no se conoce un factor específico confiable (Reid et al., 2024).
- Cerebro. Se han descrito diferencias en redes que frenan movimientos ya iniciados y que controlan los hábitos (Stein y Lochner, 2012). Hay debate sobre si estas conductas se entienden mejor como parte del espectro obsesivo-compulsivo, como trastornos del hábito o como aseo patológico, y una revisión reciente propone no elegir un solo marco (Stein y Lochner, 2026).
Nada de esto convierte el hábito en una condena. Quiere decir que un hábito con función y circuito propio se trabaja con un método, y no con propósitos de año nuevo.
¿En qué se diferencian de otras condiciones?
Dos personas pueden arrancarse el pelo por razones muy distintas, y el tratamiento cambia según la razón. Esta tabla resume las diferencias principales (American Psychiatric Association, 2013; Flessner, 2012; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016):
| Si lo que ves es… | Qué puede estar pasando | Cómo se distingue |
|---|---|---|
| Rituales para neutralizar un miedo (contaminación, daño) | Trastorno obsesivo-compulsivo | En el TOC la conducta responde a obsesiones. En las BFRB responde a una urgencia, una sensación, una emoción o el automatismo |
| Arrancar o pellizcar para corregir un «defecto» de aspecto | Trastorno dismórfico corporal | Hay una creencia fija de que una parte del cuerpo es fea. Se busca arreglar la apariencia |
| Movimientos bruscos, rápidos, no rítmicos, con una urgencia previa breve | Tics o síndrome de Tourette | El tic es un movimiento súbito y breve, sin la secuencia dirigida al pelo o a la piel que define a las BFRB |
| Balanceo, aleteo, golpes rítmicos | Movimientos estereotipados | Rítmicos y sin urgencia previa; frecuentes en autismo o discapacidad intelectual |
| Cortes, quemaduras, dolor buscado | Autolesión no suicida | Aquí el daño y el dolor son el objetivo. En las BFRB son un efecto no buscado de un acto de aseo o de regulación |
| Rascado por la sensación de insectos bajo la piel | Parasitosis delirante o psicosis | Hay una creencia delirante o alucinaciones táctiles |
| Rascado por picor de una enfermedad de la piel | Sarna, eccema, psoriasis, acné severo | Si la manipulación sigue cuando la enfermedad ya está controlada, o sobre piel sana, puede haber una BFRB |
| Rascado o pellizco tras consumir estimulantes | Efecto de sustancias | La conducta aparece con el consumo o la abstinencia |
Pueden coexistir. Lo que no ayuda es resolver el diagnóstico por intuición: un error de este tipo cambia el tratamiento.
¿Se asocian a ansiedad, depresión u otros trastornos?
Con frecuencia. En el estudio de 152 personas ya citado, la ansiedad aparecía en 63 a 82 %, la depresión en 34 a 50 %, el TOC en 16 a 29 % y el TDAH en 12 a 32 % (Lin et al., 2023). En un registro sueco de más de mil personas con tricotilomanía, 79 % tenía otro diagnóstico psiquiátrico (Farhat et al., 2025). En un estudio dermatológico de casos y controles, el pellizco de piel se asoció a más depresión, ansiedad y TOC, y solo 21 % mejoró o se resolvió, en parte porque pocos siguieron el control psiquiátrico (Kwon et al., 2020).
La ansiedad es a la vez un posible desencadenante y una consecuencia (la vergüenza por las marcas, el miedo a que se note). Y no es toda la historia: en 339 adultos jóvenes, morderse las uñas no se relacionó con trastornos de ansiedad (Pacan et al., 2014). Si tienes TDAH, el cuadro puede costar más de tratar, porque la terapia conductual exige atención y autorregulación (Twohig y Woods, 2023). Para entender ese vínculo hay una guía sobre TDAH.
¿Cómo se tratan las conductas repetitivas centradas en el cuerpo?
La noticia buena: hay tratamientos que funcionan. La realista: la evidencia es sólida pero con ensayos pequeños, y los beneficios requieren práctica sostenida.
En un metaanálisis de 24 ensayos y 857 participantes en tricotilomanía, la terapia conductual con entrenamiento de reversión del hábito mostró el mayor beneficio (diferencia estandarizada de 1,22) y no existe ningún medicamento aprobado como primera línea (Farhat et al., 2020). En el pellizco de piel, otro metaanálisis de 12 ensayos encontró un beneficio global grande, pero frente a grupos control el efecto fue moderado, y no hubo evidencia firme de que un tratamiento sea superior a otro (Selles et al., 2016). Una revisión sistemática de 11 estudios añadió que todas las intervenciones, incluido el placebo, mejoraron en ensayos cortos, pero solo las conductuales superaron a los controles inactivos (Schumer et al., 2016). Las guías de consenso ponen la terapia conductual como primera línea y los medicamentos como complemento (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).
Reversión del hábito
Fue descrita en 1973 para hábitos nerviosos y tics por Azrin y Nunn, y es el componente conductual más estudiado. Se enseña en cuatro partes (Azrin y Nunn, 1973; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Twohig y Woods, 2023):
- Conciencia. Describir con detalle el acto, anotar cada episodio y reconocer las señales de aviso (tocarse el pelo, buscar asperezas con las yemas de los dedos, inclinarse sobre el espejo).
- Respuesta competidora. Ante la señal o la urgencia, hacer un movimiento incompatible con la conducta (apretar los puños, cruzar los brazos, sostener un objeto) durante uno a tres minutos. Tiene que ser fácil, discreto y aceptable para la persona.
- Control del entorno. Retirar espejos de aumento, bajar la luz del baño, guardar pinzas, poner tiritas en los dedos, usar gorros o guantes en las situaciones de riesgo. Se usa para dificultar el acto y no para suprimir la urgencia.
- Apoyo social. Una persona cercana que avise sin retar y reconozca el uso de la estrategia.
Los resultados son buenos pero con sus límites. En un ensayo aleatorizado en 43 pacientes con tricotilomanía, 64 % mejoró de forma clínicamente significativa con terapia conductual, frente a 9 % con fluoxetina y 20 % en lista de espera (van Minnen et al., 2003). Otro ensayo con 23 pacientes mostró que la terapia fue más eficaz que la clomipramina y el placebo (Ninan et al., 2000). En el pellizco de piel, un ensayo con 25 adultos halló que la reversión del hábito redujo el pellizco más que la espera, y la mejoría se mantuvo a los 3 meses (Teng et al., 2006). Una revisión de los 10 ensayos de reversión del hábito advirtió que su calidad metodológica es cuestionable (Lee et al., 2019).
Terapia conductual con aceptación (ACT)
Esta variante suma al trabajo conductual los procesos de la terapia de aceptación y compromiso (si te interesa, aquí hay una explicación de ACT): notar la urgencia, hacerle espacio sin obedecerla, tomar distancia de los pensamientos («tengo que sacar esto») y orientar la acción hacia lo que importa a la persona (Twohig y Woods, 2023). Los pacientes aprenden a «surfear» la urgencia, que sube, llega a un pico y baja si no se actúa sobre ella. La estructura del protocolo para tricotilomanía es de 10 sesiones de 50 a 60 minutos (Twohig y Woods, 2023).
En un ensayo en 85 adultos con tricotilomanía, 64 % de quienes recibieron esta terapia respondió bien frente a 38 % con psicoeducación y apoyo (Woods et al., 2022). Para el pellizco de piel, un ensayo con 70 adultos mostró que 10 semanas de terapia conductual con aceptación guiada por internet mejoraron los síntomas frente a la lista de espera; 43 % respondió y 31 % remitió al terminar, y a los 6 meses los síntomas habían subido algo, aunque la mejoría seguía siendo significativa (Asplund et al., 2025). Una revisión sistemática de 11 estudios coincide en que la terapia cognitivo-conductual, la terapia con aceptación en grupo, la autoayuda en línea y la escritura expresiva fueron las opciones con mejores resultados, con muestras pequeñas y poco seguimiento (Loftus et al., 2025). Para el marco general de la terapia, está la guía sobre qué es la terapia cognitivo-conductual y sus técnicas.
¿Y las recaídas?
Conviene saberlo antes de empezar. En un seguimiento a dos años de 28 pacientes con tricotilomanía que recibieron una terapia breve de seis sesiones, la mejoría lograda al terminar se había reducido en 49 % a los tres meses y en 70 % a los dos años, aunque los síntomas seguían por debajo del punto de partida (Keijsers et al., 2006). Una revisión experta de 2025 concluye que la recaída en adultos es común, y que a muchas familias les cuesta encontrar profesionales que conozcan el cuadro (DuBois et al., 2025).
Por eso los protocolos modernos incluyen un plan de mantenimiento y distinguen entre un desliz puntual y una recaída. Un desliz es información sobre qué disparador estaba presente, no un fracaso (Twohig y Woods, 2023).
Autoayuda y terapia digital
Como hay pocos terapeutas formados en estas conductas, se ha estudiado bastante la autoayuda. En un ensayo con 334 personas, seis semanas de manuales de reversión del hábito y de dos variantes de «desacople» superaron a la lista de espera, y quienes usaron varias técnicas a la vez mejoraron más (Moritz et al., 2023). Un metaanálisis de 14 estudios con 5.468 personas sobre intervenciones digitales en tricotilomanía y pellizco de piel halló una reducción grande de síntomas antes y después (efecto de 1,01) y un efecto medio frente a controles en los ensayos aleatorizados, con efectos mínimos en calidad de vida, depresión y ansiedad (Barber et al., 2026). Una revisión narrativa de 12 ensayos de autoayuda por internet reporta que reducen síntomas y que usarlas con frecuencia importa (Murase et al., 2025).
La autoayuda es una buena forma de empezar o un complemento, pero sola tiene menos capacidad de sostener la mejoría a largo plazo que la terapia guiada (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).
Medicamentos
Ningún fármaco está aprobado específicamente para estas conductas, y la evidencia es limitada (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016). Esto es lo que hay:
- N-acetilcisteína (NAC). La revisión Cochrane sobre tricotilomanía (12 ensayos pequeños) concluyó que no hay evidencia suficiente para confirmar ni descartar la eficacia de ningún fármaco. Un ensayo de NAC en adultos mostró más respuesta que el placebo (56 % frente a 16 %), pero en niños y adolescentes no hubo diferencia (25 % frente a 21 %) (Hoffman et al., 2021). En el pellizco de piel, un ensayo de 12 semanas con 66 adultos redujo los síntomas más que el placebo (47 % frente a 19 % muy mejorados) (Grant et al., 2016). Son ensayos únicos, sin replicar, y las guías piden usarla con supervisión médica, porque no conviene en personas con asma.
- Memantina. En un ensayo con 100 adultos con tricotilomanía o pellizco de piel, 60,5 % quedó mucho o muy mejorado frente a 8,3 % con placebo; falta replicarlo (Grant et al., 2023).
- Antidepresivos (ISRS). No superaron al placebo en las revisiones de pellizco de piel (Schumer et al., 2016). Se usan sobre todo cuando hay depresión o ansiedad asociadas.
- Otros. Una revisión sistemática de los tratamientos farmacológicos calificó de decepcionantes los resultados en tricotilomanía, pellizco de piel y morderse las uñas, y pidió integrar medicación y psicoterapia (Sani et al., 2019).
La decisión de medicar la toma un médico, según el cuadro completo y las comorbilidades. En general los medicamentos se plantean cuando hay depresión, ansiedad o TDAH que impiden aprovechar la terapia, o cuando la terapia especializada no está disponible (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).
¿Y en niños y adolescentes?
En niños pequeños, muchos hábitos son transitorios y se asocian al cansancio o a la succión del pulgar. Se consideran clínicos cuando hay daño visible, malestar o interferencia con la vida diaria y resisten los intentos de parar (Mouton-Odum y Golomb, 2012; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016). En un ensayo con 24 jóvenes, ocho sesiones semanales de terapia conductual redujeron la gravedad de la tricotilomanía más que un grupo de contacto mínimo, con efecto mantenido durante 8 semanas (Franklin et al., 2011). En una cohorte de 63 niños y adolescentes tratados con reversión del hábito, la baja de síntomas se mantuvo hasta 12 meses, y 63,5 % tenía otro diagnóstico psiquiátrico (Rautio et al., 2024).
Lo que hacen los padres pesa mucho. Según las guías (Mouton-Odum y Golomb, 2012):
- Lo que empeora: regañar, castigar, vigilar el pelo o la piel todo el día, quitar la mano a la fuerza, comentar el aspecto («qué bonita te ves cuando no te lo haces»).
- Lo que ayuda: elogiar el uso de estrategias y no el resultado físico, mantener el foco en las fortalezas del niño, calmar la propia ansiedad y, en adolescentes, dejar que el joven lidere el tratamiento y acordar cuándo y cómo quiere recibir recordatorios.
Si el que lo vive es tu hijo, las guías de tricotilomanía en niños y de ansiedad en niños pueden orientarte. El Child Mind Institute también tiene una explicación en español de las fases del tratamiento conductual con niños.
¿Qué puedes hacer desde hoy mientras llega la ayuda?
Estas ideas vienen de los componentes de la terapia y sirven para empezar. No reemplazan el tratamiento (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016; Twohig y Woods, 2023):
- Observa antes de intentar parar. Durante una semana, anota cuándo, dónde y cuánto rato pasa, y qué sentías antes y después (sensación, pensamiento, emoción, postura, lugar). Ver el patrón por escrito ya cambia algo.
- Cambia el escenario de riesgo. Baja la luz del baño, saca el espejo de aumento, pon un temporizador si te miras al espejo, aparta pinzas, alfileres y cortauñas.
- Pon barreras en las manos. Tiritas o dediles en índice y pulgar, guantes en la cama o frente a la televisión, gorro en las horas de más riesgo.
- Ten un sustituto táctil. Una piedra lisa, una pelota blanda, velcro, un objeto con textura. Para el interior de la boca, chicle sin azúcar o un mordedor.
- Practica una respuesta competidora. Apretar los puños o sostener algo firme por uno a tres minutos cuando notes la señal.
- Deja pasar la urgencia sin pelear con ella. La urgencia sube, llega a un pico y baja. Pelear contra la sensación suele aumentar la tensión.
- Trata los deslices como datos. Después de un episodio, la pregunta útil es qué disparador estaba presente (cansancio, aburrimiento, el espejo). Castigarse alimenta la vergüenza, que es un desencadenante.
- Cuida las lesiones. Heridas limpias y cubiertas ayudan a que el impulso de «arreglar» la costra baje.
- Baja la tensión de base. Dormir, moverse y aprender a manejar el estrés reducen los momentos en que la urgencia sube.
Hay errores que empeoran el cuadro: los espejos de aumento y las luces fuertes, creer que basta con más fuerza de voluntad y pelear a muerte contra cada urgencia. Las barreras sirven para hacer más difícil el acto, no para eliminar el impulso. Si esperas que desaparezca para siempre, es fácil frustrarse; funcionan mejor junto con aprender a tolerar la incomodidad.
¿Qué complicaciones físicas pueden tener?
El daño depende de la conducta (Odlaug y Grant, 2008; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016):
- Piel: cicatrices, manchas, infecciones. En 60 personas con pellizco de piel, eran frecuentes las cicatrices, las úlceras y las infecciones, y pocas habían consultado por esto (Odlaug y Grant, 2008).
- Uñas y dientes: morderse las uñas puede deformar el lecho ungueal, infectar el pliegue y astillar los dientes, según una revisión sobre prevención (Baghchechi et al., 2021).
- Boca: morderse la mejilla o los labios genera lesiones blancas por fricción. En una serie de biopsias no mostraron potencial maligno, pero conviene que las evalúe un dentista (Woo y Lin, 2009).
- Digestivo: la tricofagia (comer el pelo arrancado) puede formar un tricobezoar, una masa de pelo en el estómago, que causa dolor abdominal y puede complicarse con úlcera, sangrado o obstrucción (Lynch et al., 2003). Si hay tricofagia, hay que consultar al médico.
Consulta a urgencias si una herida está caliente, enrojecida o con pus, hay sangrado que no cede, fiebre con escalofríos o un dolor abdominal persistente. Y si el desánimo por no poder parar te lleva a pensar en hacerte daño, llama a la Línea de Prevención del Suicidio al *4141.
¿Por qué tan pocas personas consultan?
Porque las BFRB son, en la práctica, un trastorno del secreto. En una encuesta de 971 personas con BFRB, solo 13,5 % había buscado ayuda profesional; las barreras eran el desconocimiento, creer que no era grave, la vergüenza y la desconfianza en los tratamientos. Quienes consultaron tardaron en promedio unos 11 años, y alrededor de 40 % de quienes recibieron atención profesional no recibió ningún consejo basado en evidencia (Moritz et al., 2026). En el estudio de Paraguay, 80,9 % de quienes tenían una BFRB nunca había consultado (Torales et al., 2026).
Si en tu caso hay vergüenza, una forma de partir es decir la verdad en la primera consulta, con los datos que te sirvan: qué haces, desde cuándo, qué has intentado. Un profesional que conozca el cuadro no se sorprende.
Cómo observar tu propio patrón (esto no es un test)
Antes de ir a una consulta, ordenar lo que ya sabes acelera el trabajo. Estas preguntas no suman puntaje ni clasifican, solo organizan la información:
- ¿Qué conducta o conductas tienes (pelo, piel, uñas, boca) y desde cuándo?
- ¿Ocurren con plena conciencia, sin darte cuenta o de ambas formas?
- ¿En qué momentos y lugares pasan más (baño, espejo, cama, pantallas, estudiando, manejando)?
- ¿Qué sientes justo antes: una zona que «se siente mal», aburrimiento, tensión, un pensamiento sobre cómo debería verse?
- ¿Qué usas (dedos, uñas, pinzas, dientes) y qué haces con lo que sacas?
- ¿Qué evitas por las marcas o el daño, y cuánto tiempo y dinero gastas en taparlas?
- ¿Cuántas veces has intentado parar y qué pasó cada vez?
Los equipos clínicos y de investigación usan escalas específicas de gravedad, por ejemplo una escala breve de ocho ítems para las BFRB en general, con adaptación al español (Torales et al., 2026). Aquí no incluimos puntaje ni cortes, porque una cifra sin evaluación no dice si hay trastorno.
¿Cómo acompañar a alguien que tiene una BFRB?
Si es tu pareja, tu hijo o un amigo, lo que más ayuda es lo menos intuitivo (Mouton-Odum y Golomb, 2012; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016):
- Evita vigilar, retar, avergonzar («mira lo que te has hecho», «baja la mano») o responder una y otra vez a «¿se me nota?». La vergüenza y la ansiedad son justamente los desencadenantes, y la vigilancia sube ambas.
- Haz explícito que tu cariño no depende de cómo estén la piel o el pelo, reconoce el uso de las estrategias, retoma los acuerdos solo si la persona lo pidió y alienta la consulta con alguien que conozca el cuadro.
Una buena forma de partir es preguntar qué le serviría, en vez de decirle qué debería hacer.
¿Cuándo consultar y con quién?
Es buena idea consultar si:
- has intentado parar muchas veces y no lo logras,
- hay daño físico (calvas, heridas, infecciones, uñas o dientes dañados),
- evitas situaciones sociales, la playa, el trabajo o la intimidad por las marcas,
- el hábito ocupa más de una hora al día o te produce vergüenza y tristeza frecuentes,
- se acompaña de ansiedad, depresión o consumo de sustancias.
Busca un psicólogo clínico con formación en terapia cognitivo-conductual y, de preferencia, experiencia en BFRB (reversión del hábito, modelo ComB o terapia con aceptación). Un dermatólogo o un dentista pueden tratar el daño físico y descartar causas médicas, y un psiquiatra puede evaluar si conviene un medicamento. Para decidir con quién empezar, sirve esta guía sobre psicólogo o psiquiatra: cuál necesito. La TLC Foundation ofrece recursos en inglés para personas con estas conductas.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa BFRB?
BFRB viene del inglés body-focused repetitive behavior, que se traduce como conducta repetitiva centrada en el cuerpo. Es un término general para hábitos repetidos de tirar, pellizcar, morder o rascar el pelo, la piel, las uñas o la boca, que dañan el cuerpo y cuesta controlar (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).
¿Morderse las uñas es una conducta repetitiva centrada en el cuerpo?
Puede serlo. Morderse las uñas de vez en cuando es un hábito muy común, pero cuando es frecuente, daña los dedos o los dientes y la persona no logra parar, se considera una BFRB. En una encuesta de 1.481 adultos, era la más frecuente (11,4 %) (Moritz et al., 2024).
¿Las BFRB son TOC?
Son cuadros distintos que comparten grupo en el DSM-5. Se parecen en lo repetitivo, pero en el TOC las conductas responden a obsesiones sobre amenazas, mientras que en las BFRB responden a una urgencia, una sensación o una emoción (American Psychiatric Association, 2013; Flessner, 2012). Pueden coexistir.
¿Las conductas repetitivas centradas en el cuerpo se curan?
Hay tratamientos que reducen mucho los síntomas, pero es un cuadro que puede subir y bajar, y las recaídas son comunes. Por eso el objetivo realista es aprender a manejar el hábito y tener un plan para los días difíciles (Keijsers et al., 2006; DuBois et al., 2025).
¿Son una forma de autolesión?
Son distintas. En la autolesión no suicida el daño o el dolor son el objetivo; en las BFRB el daño suele ser un efecto no buscado de un acto de aseo o de regulación sensorial o emocional (The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016). A veces coexisten, y en ese caso conviene que lo evalúe un profesional.
¿Cuál es el tratamiento más eficaz?
La terapia conductual, en particular la reversión del hábito y la terapia conductual con aceptación, tiene el mejor respaldo. Los medicamentos tienen evidencia limitada y se usan como complemento (Farhat et al., 2020; The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors, 2016).
Si te reconociste en esto, no tienes que hacerlo solo
Estas conductas tienen explicación y tratamiento, y no son un defecto de carácter. Si quieres revisar tu caso con un psicólogo clínico, puedes escribirnos desde la página de contacto y ver juntos cómo empezar.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed.). American Psychiatric Publishing.
Asplund, M., Lenhard, F., Rück, C., Andersson, E., Grimlund, T., Nilsson, M., Sarachu-Nilsson, M., Sundh, L., & Ivanov, V. Z. (2025). Therapist-guided internet-delivered acceptance-enhanced behavior therapy for skin-picking disorder: A randomized controlled trial. Behavior Therapy, 56(1), 70-82. https://doi.org/10.1016/j.beth.2024.04.006
Azrin, N. H., & Nunn, R. G. (1973). Habit-reversal: A method of eliminating nervous habits and tics. Behaviour Research and Therapy, 11(4), 619-628. https://doi.org/10.1016/0005-7967(73)90119-8
Baghchechi, M., Pelletier, J. L., & Jacob, S. E. (2021). Art of prevention: The importance of tackling the nail biting habit. International Journal of Women’s Dermatology, 7(3), 309-313. https://doi.org/10.1016/j.ijwd.2020.09.008
Barber, K. E., Cram, I. F., Smith, E. C., Woods, D. W., & Lee, H. J. (2026). Effectiveness of digitally-delivered interventions for trichotillomania and skin picking disorder: A systematic review and meta-analysis. Journal of Psychiatric Research, 196, 244-256. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2026.02.020
Barber, K. E., & Fitzgerald, J. M. (2025). Emotion regulation deficits in skin picking (excoriation) disorder: A systematic review. Journal of Affective Disorders, 388, Artículo 119500. https://doi.org/10.1016/j.jad.2025.119500
Bohne, A., Keuthen, N., & Wilhelm, S. (2005). Pathologic hairpulling, skin picking, and nail biting. Annals of Clinical Psychiatry, 17(4), 227-232. https://doi.org/10.1080/10401230500295354
DuBois, M. C., Feler, B. M., Flessner, C. A., & Franklin, M. E. (2025). Trichotillomania and its treatment: An updated review and recommendations. Expert Review of Neurotherapeutics, 25(11), 1335-1345. https://doi.org/10.1080/14737175.2025.2557395
Farhat, L. C., Isomura, K., Fernández de la Cruz, L., Sidorchuk, A., Kuja-Halkola, R., Brikell, I., Chang, Z., D’Onofrio, B. M., Larsson, H., Lichtenstein, P., & Mataix-Cols, D. (2025). Sociodemographic and clinical characteristics of 1,234 individuals diagnosed with trichotillomania in the Swedish National Patient Register. Scientific Reports, 15(1), Artículo 10396. https://doi.org/10.1038/s41598-025-95416-w
Farhat, L. C., Olfson, E., Nasir, M., Levine, J. L. S., Li, F., Miguel, E. C., & Bloch, M. H. (2020). Pharmacological and behavioral treatment for trichotillomania: An updated systematic review with meta-analysis. Depression and Anxiety, 37(8), 715-727. https://doi.org/10.1002/da.23028
Farhat, L. C., Reid, M., Bloch, M. H., & Olfson, E. (2023). Prevalence and gender distribution of excoriation (skin-picking) disorder: A systematic review and meta-analysis. Journal of Psychiatric Research, 161, 412-418. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2023.03.034
Flessner, C. A. (2012). Diagnosis and comorbidity. En J. E. Grant, D. J. Stein, D. W. Woods, & N. J. Keuthen (Eds.), Trichotillomania, skin picking, and other body-focused repetitive behaviors (pp. 81-96). American Psychiatric Publishing.
Franklin, M. E., Edson, A. L., Ledley, D. A., & Cahill, S. P. (2011). Behavior therapy for pediatric trichotillomania: A randomized controlled trial. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 50(8), 763-771. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2011.05.009
Grant, J. E., Chamberlain, S. R., Redden, S. A., Leppink, E. W., Odlaug, B. L., & Kim, S. W. (2016). N-acetylcysteine in the treatment of excoriation disorder: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 73(5), 490-496. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2016.0060
Grant, J. E., Chesivoir, E., Valle, S., Ehsan, D., & Chamberlain, S. R. (2023). Double-blind placebo-controlled study of memantine in trichotillomania and skin-picking disorder. American Journal of Psychiatry, 180(5), 348-356. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.20220737
Grant, J. E., Collins, M., & Chamberlain, S. R. (2023). Clinical characteristics of trichotillomania. Annals of Clinical Psychiatry, 35(4), 228-233. https://doi.org/10.12788/acp.0120
Hoffman, J., Williams, T., Rothbart, R., Ipser, J. C., Fineberg, N., Chamberlain, S. R., & Stein, D. J. (2021). Pharmacotherapy for trichotillomania. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2021(9), Artículo CD007662. https://doi.org/10.1002/14651858.cd007662.pub3
Keijsers, G. P. J., van Minnen, A., Hoogduin, C. A. L., Klaassen, B. N. N., Hendriks, M.-J., & Tanis-Jacobs, J. (2006). Behavioural treatment of trichotillomania: Two-year follow-up results. Behaviour Research and Therapy, 44(3), 359-370. https://doi.org/10.1016/j.brat.2005.03.004
Kwon, C., Sutaria, N., Khanna, R., Almazan, E., Williams, K., Kim, N., Elmariah, S., & Kwatra, S. G. (2020). Epidemiology and comorbidities of excoriation disorder: A retrospective case-control study. Journal of Clinical Medicine, 9(9), Artículo 2703. https://doi.org/10.3390/jcm9092703
Lee, M. T., Mpavaenda, D. N., & Fineberg, N. A. (2019). Habit reversal therapy in obsessive compulsive related disorders: A systematic review of the evidence and CONSORT evaluation of randomized controlled trials. Frontiers in Behavioral Neuroscience, 13, Artículo 79. https://doi.org/10.3389/fnbeh.2019.00079
Lin, A., Farhat, L. C., Flores, J. M., Levine, J. L. S., Fernandez, T. V., Bloch, M. H., & Olfson, E. (2023). Characteristics of trichotillomania and excoriation disorder across the lifespan. Psychiatry Research, 322, Artículo 115120. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2023.115120
Loftus, H., Cassidy, C., Mun, L., & Jafferany, M. (2025). A systematic review of nonpharmacological treatment options for skin picking disorder. Clinical and Experimental Dermatology, 50(2), 299-306. https://doi.org/10.1093/ced/llae366
Lynch, K. A., Feola, P. G., & Guenther, E. (2003). Gastric trichobezoar: An important cause of abdominal pain presenting to the pediatric emergency department. Pediatric Emergency Care, 19(5), 343-347. https://doi.org/10.1097/01.pec.0000092581.40174.e3
Mansueto, C. S., Stemberger, R. M. T., Thomas, A. M., & Golomb, R. G. (1997). Trichotillomania: A comprehensive behavioral model. Clinical Psychology Review, 17(5), 567-577. https://doi.org/10.1016/s0272-7358(97)00028-7
Maraz, A., Hende, B., Urbán, R., & Demetrovics, Z. (2017). Pathological grooming: Evidence for a single factor behind trichotillomania, skin picking and nail biting. PLOS ONE, 12(9), Artículo e0183806. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0183806
Moritz, S., Borgmann, L., Rojahn, K. M., Jelinek, L., & Schmotz, S. (2026). The silent struggle: Barriers, delays, and missed opportunities in the treatment of body-focused repetitive behaviors. Comprehensive Psychiatry, 149, Artículo 152733. https://doi.org/10.1016/j.comppsych.2026.152733
Moritz, S., Penney, D., Bruhns, A., Weidinger, S., & Schmotz, S. (2023). Habit reversal training and variants of decoupling for use in body-focused repetitive behaviors: A randomized controlled trial. Cognitive Therapy and Research, 47(1), 109-122. https://doi.org/10.1007/s10608-022-10334-9
Moritz, S., Scheunemann, J., Jelinek, L., Penney, D., Schmotz, S., Hoyer, L., Grudzień, D., & Aleksandrowicz, A. (2024). Prevalence of body-focused repetitive behaviors in a diverse population sample: Rates across age, gender, race and education. Psychological Medicine, 54(8), 1552-1558. https://doi.org/10.1017/s0033291723003392
Mouton-Odum, S., & Golomb, R. G. (2012). Family involvement in the treatment of children with body-focused repetitive behaviors. En J. E. Grant, D. J. Stein, D. W. Woods, & N. J. Keuthen (Eds.), Trichotillomania, skin picking, and other body-focused repetitive behaviors (pp. 223-239). American Psychiatric Publishing.
Murase, E. M., Raygani, S., & Murase, J. E. (2025). Narrative review of internet-based self-help tools for body-focused repetitive behaviors: Recommendations for clinical practice. Dermatology and Therapy, 15(4), 811-818. https://doi.org/10.1007/s13555-025-01380-8
Ninan, P. T., Rothbaum, B. O., Marsteller, F. A., Knight, B. T., & Eccard, M. B. (2000). A placebo-controlled trial of cognitive-behavioral therapy and clomipramine in trichotillomania. The Journal of Clinical Psychiatry, 61(1), 47-50. https://doi.org/10.4088/jcp.v61n0111
Odlaug, B. L., & Grant, J. E. (2008). Clinical characteristics and medical complications of pathologic skin picking. General Hospital Psychiatry, 30(1), 61-66. https://doi.org/10.1016/j.genhosppsych.2007.07.009
Pacan, P., Grzesiak, M., Reich, A., Kantorska-Janiec, M., & Szepietowski, J. C. (2014). Onychophagia and onychotillomania: Prevalence, clinical picture and comorbidities. Acta Dermato-Venereologica, 94(1), 67-71. https://doi.org/10.2340/00015555-1616
Rautio, D., Andrén, P., Bjureberg, L., Silverberg-Mörse, M., Mataix-Cols, D., & Fernández de la Cruz, L. (2024). Body-focused repetitive behavior disorders in children and adolescents: Clinical characteristics and treatment outcomes in a naturalistic setting. Behavior Therapy, 55(2), 376-390. https://doi.org/10.1016/j.beth.2023.07.010
Reid, M., Lin, A., Farhat, L. C., Fernandez, T. V., & Olfson, E. (2024). The genetics of trichotillomania and excoriation disorder: A systematic review. Comprehensive Psychiatry, 133, Artículo 152506. https://doi.org/10.1016/j.comppsych.2024.152506
Sani, G., Gualtieri, I., Paolini, M., Bonanni, L., Spinazzola, E., Maggiora, M., Pinzone, V., Brugnoli, R., Angeletti, G., Girardi, P., Rapinesi, C., & Kotzalidis, G. D. (2019). Drug treatment of trichotillomania (hair-pulling disorder), excoriation (skin-picking) disorder, and nail-biting (onychophagia). Current Neuropharmacology, 17(8), 775-786. https://doi.org/10.2174/1570159×17666190320164223
Schumer, M. C., Bartley, C. A., & Bloch, M. H. (2016). Systematic review of pharmacological and behavioral treatments for skin picking disorder. Journal of Clinical Psychopharmacology, 36(2), 147-152. https://doi.org/10.1097/jcp.0000000000000462
Selles, R. R., McGuire, J. F., Small, B. J., & Storch, E. A. (2016). A systematic review and meta-analysis of psychiatric treatments for excoriation (skin-picking) disorder. General Hospital Psychiatry, 41, 29-37. https://doi.org/10.1016/j.genhosppsych.2016.04.001
Snyder, G., & Friman, P. C. (2012). Habitual stereotypic movements: A descriptive analysis of four common types. En J. E. Grant, D. J. Stein, D. W. Woods, & N. J. Keuthen (Eds.), Trichotillomania, skin picking, and other body-focused repetitive behaviors (pp. 43-64). American Psychiatric Publishing.
Solley, K., & Turner, C. (2018). Prevalence and correlates of clinically significant body-focused repetitive behaviors in a non-clinical sample. Comprehensive Psychiatry, 86, 9-18. https://doi.org/10.1016/j.comppsych.2018.06.014
Stein, D. J., & Lochner, C. (2012). Psychobiology of hair-pulling disorder (trichotillomania) and skin-picking disorder. En J. E. Grant, D. J. Stein, D. W. Woods, & N. J. Keuthen (Eds.), Trichotillomania, skin picking, and other body-focused repetitive behaviors (pp. 65-80). American Psychiatric Publishing.
Stein, D. J., & Lochner, C. (2026). Body-focused repetitive behavior disorders: From competing paradigms toward iterative integration. Annual Review of Clinical Psychology, 22(1), 481-503. https://doi.org/10.1146/annurev-clinpsy-081423-015659
Teng, E. J., Woods, D. W., & Twohig, M. P. (2006). Habit reversal as a treatment for chronic skin picking: A pilot investigation. Behavior Modification, 30(4), 411-422. https://doi.org/10.1177/0145445504265707
The TLC Foundation for Body-Focused Repetitive Behaviors. (2016). Expert consensus treatment guidelines for body-focused repetitive behaviors: Hair pulling, skin picking, and related disorders. TLC Foundation for BFRBs.
Thomson, H. A., Farhat, L. C., Olfson, E., Levine, J. L. S., & Bloch, M. H. (2022). Prevalence and gender distribution of trichotillomania: A systematic review and meta-analysis. Journal of Psychiatric Research, 153, 73-81. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2022.06.058
Torales, J., Barrios, I., Benegas-Franco, L. M., Garófalo-Díaz, V. C., González-Morel, L. M., Lindström-Miranda, E. N., O’Higgins, M., Caycho-Rodríguez, T., Castaldelli-Maia, J. M., & Ventriglio, A. (2026). Body-focused repetitive behaviours at the crossroads of medicine and psychiatry: Prevalence and clinical characteristics in Paraguayan adults. International Review of Psychiatry, 1-11. https://doi.org/10.1080/09540261.2026.2637533
Twohig, M. P., & Woods, D. W. (2023). Trichotillomania: An ACT-enhanced behavior therapy approach. Therapist guide (2.ª ed.). Oxford University Press.
van Minnen, A., Hoogduin, K. A. L., Keijsers, G. P. J., Hellenbrand, I., & Hendriks, G.-J. (2003). Treatment of trichotillomania with behavioral therapy or fluoxetine: A randomized, waiting-list controlled study. Archives of General Psychiatry, 60(5), 517-522. https://doi.org/10.1001/archpsyc.60.5.517
Wilson, L. A., Scarfo, J., Jones, M. E., & Rehm, I. C. (2025). The relationship between sensory phenomena and interoception across the obsessive-compulsive spectrum: A systematic review. BMC Psychiatry, 25, Artículo 162. https://doi.org/10.1186/s12888-024-06441-4
Woo, S.-B., & Lin, D. (2009). Morsicatio mucosae oris: A chronic oral frictional keratosis, not a leukoplakia. Journal of Oral and Maxillofacial Surgery, 67(1), 140-146. https://doi.org/10.1016/j.joms.2008.08.040
Woods, D. W., Ely, L. J., Bauer, C. C., Twohig, M. P., Saunders, S. M., Compton, S. N., Espil, F. M., Neal-Barnett, A., Alexander, J. R., Walther, M. R., Cahill, S. P., Deckersbach, T., & Franklin, M. E. (2022). Acceptance-enhanced behavior therapy for trichotillomania in adults: A randomized clinical trial. Behaviour Research and Therapy, 158, Artículo 104187. https://doi.org/10.1016/j.brat.2022.104187


