Etiqueta: migración y salud mental

  • Choque cultural inverso: por qué cuesta volver

    Choque cultural inverso: por qué cuesta volver

    Después de años afuera, el aeropuerto de Santiago te recibe con un cansancio distinto. Todo está donde lo dejaste, pero algo no calza: las conversaciones se te hacen ajenas, las reglas que antes entendías sin pensar hoy las tienes que descifrar, y en algún momento te preguntas si no habría sido mejor quedarse. Ese desajuste tiene nombre: choque cultural inverso.

    El choque cultural inverso es el malestar que aparece al volver a tu país de origen después de vivir mucho tiempo en otro. Aquí vemos qué lo explica, qué dice la investigación (que es menos de lo que prometen muchos blogs), cuánto puede durar, cómo se vive en la familia y cuándo conviene pedir ayuda.

    Respuesta corta: el choque cultural inverso es una reacción frecuente de readaptación, y no figura como diagnóstico en el DSM-5-TR ni en la CIE-11. En los estudios se asocia a más ansiedad, depresión y soledad, sobre todo cuando lo que encuentras es peor de lo que esperabas. Ningún estudio fija una duración. Suele ayudar ajustar las expectativas, cuidar tu red de apoyo y consultar si el malestar te impide funcionar.

    ¿Qué es el choque cultural inverso?

    Es el proceso de readaptación a tu cultura de origen después de una estadía larga en el extranjero. También se le llama choque de reincorporación o de reentrada, y forma parte de lo que la literatura llama retorno migratorio.

    Se dice “inverso” porque es el mismo desajuste que se vive al llegar a un país nuevo, pero al revés. Casi nadie lo espera, porque se supone que volver a casa es fácil.

    Es un término descriptivo de la psicología intercultural y no un trastorno. Se ha medido con escalas de investigación (por ejemplo, la Reverse Culture Shock Scale que usaron Akhtar et al., 2022), pero no hay puntos de corte que permitan decir cuánto choque tienes. Por eso esta guía no incluye un test con puntaje.

    Volver a mi país después de vivir afuera: ¿por qué cuesta tanto?

    El psiquiatra Joseba Achotegui (2012) lo resume así: el regreso del inmigrante es una nueva migración. Mientras estuviste fuera cambiaron tu personalidad y tus costumbres, y también el país, la ciudad y la gente que se quedó. Llegas siendo una persona distinta a un lugar que también es distinto. Achotegui lo compara con la idea de Heráclito de que nadie se baña dos veces en el mismo río.

    La terapeuta familiar Celia Falicov (2015) agrega otra capa. Quienes se van, y quienes se quedan, suelen sostener la ilusión de recuperar un “hogar pleno” cuando llegue el reencuentro. Al concretarse el regreso aparece la realidad: falta la historia reciente compartida, cuesta sentirse parte y hay brechas culturales que nadie anticipó.

    La migración y el retorno, además, casi no tienen rituales de paso (como los que acompañan una boda o un funeral) que ayuden a procesar lo que se vive.

    ¿Cómo se siente el choque cultural inverso?

    Los estudios con personas que volvieron describen un conjunto de experiencias que se repite entre países y edades:

    • Sentirte extranjero en tu propio país, o no saber bien a qué lugar perteneces.
    • Aburrimiento o irritación ante lo cotidiano, y ganas de volver a la vida de afuera.
    • Idealizar lo que dejaste y, a la vez, culpa por no disfrutar el regreso.
    • Dificultad para explicar tu experiencia, porque tus amigos y tu familia no la compartieron.
    • Cansancio, tristeza, ansiedad o insomnio que suben y bajan.

    Un estudio cualitativo con personas argelinas que regresaron del Reino Unido encontró además “luchas silenciosas”: poca confianza para hablar de lo que les pasaba con la familia o con profesionales (Boussaoui et al., 2026).

    ¿Qué dice la investigación sobre el choque cultural inverso?

    Una advertencia antes de las cifras. Casi todo lo que sigue viene de estudios observacionales con estudiantes y migrantes de Pakistán, China, México, Letonia, Argelia y Hong Kong. No hay ensayos clínicos ni metaanálisis sobre el tema, y no encontramos estudios clínicos con chilenos que vuelven. Estos estudios muestran asociaciones, no causas, y sirven para orientarte, no para medirte.

    Más choque, más síntomas

    En 124 titulados que volvían a Pakistán, un mayor choque cultural inverso se asoció con más ansiedad, más depresión y menos bienestar, y explicó cerca de 23% de la variación del bienestar (Akhtar et al., 2022). Es una muestra pequeña, con 109 hombres y 15 mujeres.

    Pesa la distancia entre lo esperado y lo vivido

    En un seguimiento de 1.319 jóvenes que volvían tras estudiar afuera, en promedio la readaptación resultó más fácil de lo que anticipaban. Cuando fue peor de lo esperado, el estrés era mayor y la satisfacción con la vida menor, a las dos semanas y a los seis meses (Geeraert et al., 2022). Cuando fue mejor de lo esperado, el bienestar era mayor.

    Entre 21 migrantes que volvieron a Letonia, el estrés previo al regreso solía superar al posterior, con expectativas incumplidas y poco apoyo institucional como factores (Ozola-Cīrule y Martinsone, 2025).

    Identidad y pertenencia

    Entre personas que habían vivido en otra cultura, quienes seguían identificados con su cultura de origen se readaptaban mejor, y quienes percibían más conflicto entre ambas culturas, peor (Altweck y Marshall, 2015).

    En 1.014 chinos que volvieron tras estudiar afuera, 47,9% tenía depresión moderadamente grave según el PHQ-9, y las personas que se identificaban más con su cultura de origen tenían menos probabilidad de depresión (Jin et al., 2024). Fue una muestra autoseleccionada, así que la cifra no es una prevalencia.

    El aislamiento pesa más que el motivo del regreso

    En 275 migrantes que volvieron a Ciudad de México desde Estados Unidos, más aislamiento social y haber dejado un hijo allá se asociaron con más síntomas depresivos y malestar. El apoyo social protegía en todos los resultados, y haber vuelto deportado o por decisión propia no marcó diferencia (Cepeda et al., 2026).

    Con 210 adultos mayores de Hong Kong que se habían mudado a China continental, más choque inverso se asoció con más soledad, y sentir que contaban con apoyo pesó más que el apoyo medido por sí solo (Wu et al., 2026).

    Cuando el regreso no se planeó

    Estudiantes internacionales que debieron volver de golpe por la pandemia describieron el choque inverso como más angustiante: perdieron pertenencias, roles y grupos construidos afuera (Raja et al., 2023). Es un estudio cualitativo con pocos participantes, pero encaja con lo anterior: cuanto menos preparado el regreso, más cuesta.

    ¿Cuánto dura el choque cultural inverso?

    Ningún estudio de los que revisamos entrega un plazo ni una duración típica, así que una cifra del tipo “tres a seis meses” no tiene respaldo aquí.

    Lo que sí muestran los datos tiene matices. En el seguimiento de Geeraert et al. (2022) se midió el bienestar a las dos semanas y a los seis meses, y la distancia entre lo esperado y lo vivido pesaba en ambos momentos.

    En el estudio de Pakistán, el nivel de choque no se relacionó con cuánto tiempo llevaban de vuelta ni con cuántos años habían vivido afuera (Akhtar et al., 2022). Una lectura prudente: el calendario importa menos que lo que ocurre en ese tiempo, es decir, las expectativas, la red de apoyo y el sentido de pertenencia.

    ¿Es lo mismo que el duelo migratorio o el síndrome de Ulises?

    Se parecen, pero no son lo mismo. El duelo migratorio es el proceso de elaborar lo que se deja al migrar. Según Achotegui (2012) es parcial (el país de origen sigue existiendo), recurrente (se reaviva con cada llamada o viaje) y múltiple. Volver puede abrir un duelo nuevo, esta vez por la vida que construiste afuera. Tenemos una guía completa sobre el duelo migratorio.

    El síndrome de Ulises describe un estrés crónico y múltiple en migraciones en condiciones extremas: separación forzada de la familia, falta de papeles, miedo, lucha por sobrevivir. No describe a quien vuelve en condiciones normales. Achotegui insiste además en dos errores opuestos: banalizar el sufrimiento y medicalizar una reacción que responde a una situación difícil.

    Cuando vuelves a la familia: las expectativas que chocan

    Volver suele significar reencontrarte con padres, hermanos y amigos que esperan encontrar a la misma persona de antes, mientras tú esperas encontrar todo igual.

    Falicov (2015) describe otro choque frecuente: la familia espera que sigas normas colectivas o tradicionales, y tú traes más autonomía y otros códigos. También señala que durante la distancia muchos suavizan lo difícil que vivieron (un desempleo, una depresión) para proteger al otro, y que contarlo en el regreso cierra parte de esa brecha.

    Para eso propone las “narrativas de puesta al día”: quien volvió y su familia se cuentan cómo fueron esos años, con detalles de casas, trabajos, amistades, alegrías y momentos de extrañarse. Una variante es una “caja de tesoros” con fotos y objetos de ambos lados, para armar una historia común. Son descripciones clínicas de un texto de terapia familiar, no resultados de ensayos, y no hay estudios chilenos específicos sobre esto.

    ¿Cómo superar el choque cultural inverso? Qué puede ayudar

    Ningún ensayo ha probado una intervención contra el choque cultural inverso. Lo que sigue combina lo que la investigación asocia con una mejor readaptación y lo que proponen autores clínicos, en lenguaje cotidiano:

    1. Revisa tus expectativas. Pensar con anticipación qué crees que vas a encontrar, y qué haces si no es así, se relaciona con cómo se vive el regreso (Geeraert et al., 2022; Ozola-Cīrule y Martinsone, 2025).
    2. Cuenta tu historia y pide la de los demás. Las narrativas de puesta al día de Falicov (2015) parten de esa idea: la familia no vivió lo tuyo y tú no viviste lo suyo.
    3. Cuida tu red. El aislamiento y la soledad aparecen en los estudios como lo que más pesa, y el apoyo percibido parece proteger (Cepeda et al., 2026; Wu et al., 2026). Vale buscar a otras personas que también volvieron.
    4. Mantén vivo lo que construiste afuera. Falicov recomienda rituales (una comida con ingredientes del otro país, fotos, videollamadas con amigos de allá) para no sentir que esa parte de tu vida desapareció.
    5. Habla de cómo te sientes. El silencio y el estigma aparecen como barreras en el estudio de Boussaoui et al. (2026). Decirlo en voz alta con alguien de confianza o con un profesional baja la carga.
    6. No te midas contra un plazo. Si a los dos meses sigues descolocado, no significa que lo estés haciendo mal.

    ¿Y el choque cultural inverso en Chile?

    La evidencia local es escasa. En la Universidad de Chile existe una tesis de pregrado que entrevistó a chilenos que volvieron y analizó tres factores: el tiempo fuera, la cultura y la personalidad (Uribe Valenzuela, 2015). Es un trabajo exploratorio, no una investigación clínica revisada por pares.

    A nivel de política pública, la política de salud de migrantes internacionales del MINSAL (2018) entiende el ciclo migratorio en cuatro fases: origen, tránsito, destino y retorno. Reconoce que el retorno exige reordenamientos personales y familiares que los servicios de salud también deben atender.

    ¿Cuándo conviene pedir ayuda?

    Para el choque cultural inverso no existen criterios propios: se usan los de siempre. Conviene consultar si aparece alguna de estas señales:

    • Tristeza, llanto o vacío casi todos los días durante semanas, sin momentos de alivio.
    • Ansiedad intensa, insomnio o pérdida de apetito que no mejoran, o dolores y malestar físico sin causa médica clara.
    • Dificultad para trabajar, estudiar o cuidar a otros, o ganas de aislarte de todos.
    • Consumo de alcohol u otras sustancias para soportar la sensación de no encajar.
    • Pensamientos de que la vida no vale la pena o de hacerte daño.

    Si piensas en morir o en hacerte daño, llama ahora a la Línea de Prevención del Suicidio, *4141.

    Para decidir si lo que sientes pide ayuda, mira la guía para saber si necesitas terapia o es un mal momento, la de depresión y la de estrés crónico. Si la soledad pesa, el test de soledad puede orientarte. La terapia online permite recibir apoyo sin importar dónde estés.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es el choque cultural inverso?

    Es el malestar de readaptarse a tu país de origen después de vivir mucho tiempo en otro. Puede incluir sentirte ajeno, nostalgia por la vida de afuera, irritación con lo cotidiano y soledad. Es una reacción frecuente y no un diagnóstico del DSM-5-TR ni de la CIE-11.

    ¿Cuánto dura el choque cultural inverso?

    Los estudios no entregan una duración confiable, y en uno de ellos el nivel de choque no se relacionó con el tiempo desde el regreso. Pesan más las expectativas, el apoyo y la pertenencia. Si el malestar se prolonga y te limita, conviene consultar.

    ¿Es normal sentirme extranjero en mi propio país?

    Sí, es una de las experiencias más descritas por quienes vuelven. Cambiaste tú y cambió el lugar, y quienes se quedaron no vivieron tu experiencia. Sentirlo no significa que estés enfermo ni que debas volver a irte. Hablarlo con alguien de confianza suele aliviarlo.

    ¿Cómo superar el choque cultural inverso?

    Ningún ensayo ha probado un método. Lo que se asocia a mejor readaptación es ajustar las expectativas, mantener una red de apoyo, contar tu historia a la familia y no medirte contra un plazo. Si el malestar interfiere con tu vida diaria, un psicólogo puede acompañarte.

    ¿El choque cultural inverso es depresión?

    No necesariamente. Puede coexistir con síntomas de ansiedad o depresión, y en varios estudios se asocia a ellos, pero es una reacción de readaptación. Si hay tristeza casi diaria durante semanas, pérdida de interés o ideas de hacerte daño, corresponde una evaluación profesional.

    Si volver se sintió más pesado de lo que esperabas

    Ponerle palabras a lo que sientes ayuda a que deje de parecer una falla personal. En terapia online se trabaja con herramientas que tienen respaldo, a tu ritmo y desde donde estés. Si quieres conversarlo, escríbenos desde la página de contacto.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Achotegui, J. (2012). Emigrar hoy en situaciones extremas. El síndrome de Ulises. Aloma: Revista de Psicologia, Ciències de l’Educació i de l’Esport, 30(2), 79-86. http://revistaaloma.blanquerna.edu/index.php/aloma/article/view/171
    • Akhtar, M., Kamal, A., Imtiaz, S., & Hayee, A. A. (2022). Reverse culture shock, distress symptoms and psychological well-being of fresh foreign degree holders in Pakistan. Journal of Community Psychology, 50(1), 191-203. https://doi.org/10.1002/jcop.22520
    • Altweck, L., & Marshall, T. C. (2015). When you have lived in a different culture, does returning “home” not feel like home? Predictors of psychological readjustment to the heritage culture. PLOS ONE, 10(5), e0124393. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0124393
    • Boussaoui, N., Kelly, S., & Cogan, N. (2026). Returning home and re-negotiating mental health: A qualitative study of help-seeking, stigma, and cultural identity among Algerian international student returnees. International Journal of Qualitative Studies on Health and Well-being, 21(1), 2724187. https://doi.org/10.1080/17482631.2026.2724187
    • Cepeda, A., Frankeberger, J., Nowotny, K., Ramirez, E., Rincon Guerra, N., Dominguez, M., & Valdez, A. (2026). Mental health of U.S. return migrants to Mexico City. Public Health, 254, 106250. https://doi.org/10.1016/j.puhe.2026.106250
    • Falicov, C. J. (2015). Migration and the family life cycle. En M. McGoldrick, N. Garcia Preto, & B. Carter (Eds.), The expanding family life cycle: Individual, family, and social perspectives (5.ª ed., cap. 12). Pearson.
    • Geeraert, N., Ward, C., & Hanel, P. H. P. (2022). Returning home: The role of expectations in re-entry adaptation. Applied Psychology: Health and Well-Being, 14(3), 949-966. https://doi.org/10.1111/aphw.12361
    • Jin, R., Wei, J., Wang, X., & Le, T.-T. (2024). The darkness of reacculturation: Examining factors influencing depression among Chinese international student returnees in the post-COVID-19 era. Frontiers in Psychology, 15, 1407742. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2024.1407742
    • Ministerio de Salud de Chile. (2018). Política de salud de migrantes internacionales. https://www.minsal.cl/salud-del-inmigrante/
    • Ozola-Cīrule, I., & Martinsone, B. (2025). Identification of stress factors in returning migrants in Latvia. Frontiers in Psychology, 15, 1515406. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2024.1515406
    • Raja, R., Ma, J., Zhang, M., Li, X. Y., Almutairi, N. S., & Almutairi, A. H. (2023). Social identity loss and reverse culture shock: Experiences of international students in China during the COVID-19 pandemic. Frontiers in Psychology, 14, 994411. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2023.994411
    • Uribe Valenzuela, D. P. (2015). El fenómeno del choque cultural inverso: un estudio inductivo con casos chilenos [Seminario de título, Universidad de Chile]. Repositorio Académico de la Universidad de Chile. https://repositorio.uchile.cl/handle/2250/132101
    • Wu, Z., Fung, S.-F., Pi, T., Wang, Z., & Tian, Y. (2026). Exploring the role of appraised support in mitigating reverse culture shock among cross-border retirement migrants. Healthcare, 14(2), 245. https://doi.org/10.3390/healthcare14020245

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Duelo migratorio: qué es y cómo atravesarlo

    Duelo migratorio: qué es y cómo atravesarlo

    Llevas semanas o meses en un país nuevo y, aunque en lo práctico todo avanza (trabajo, arriendo, papeles en trámite), algo pesa. Un olor, una canción o una videollamada con tu mamá bastan para que vuelva el nudo en la garganta. Esa mezcla de tristeza, nostalgia y desorientación tiene nombre: duelo migratorio.

    El duelo migratorio es el proceso emocional que sigue a todo lo que se deja al migrar: personas, lugares, idioma, costumbres y el lugar que uno ocupaba. Aquí vemos qué lo compone, en qué se diferencia del síndrome de Ulises, qué dice la investigación y qué ayuda a atravesarlo, con datos de Chile.

    Respuesta corta: el duelo migratorio es una reacción esperable ante pérdidas reales, y no figura como diagnóstico en el DSM-5-TR ni en la CIE-11. Suele ser parcial (lo perdido sigue existiendo), recurrente (reaparece con cada llamada o visita) y múltiple (se pierde mucho a la vez). Ayuda ponerle nombre, sostener los lazos de origen, construir red en el país nuevo y pedir apoyo si el malestar te impide funcionar.

    ¿Qué es el duelo migratorio?

    Es el duelo por lo que se deja atrás al irse de un país, sea por trabajo, estudios, una crisis económica, la violencia o un proyecto de vida. El psiquiatra Joseba Achotegui (2012), quien más lo ha descrito en español, lo distingue del duelo por una muerte: quien emigra se separa de un país que sigue existiendo, y esa separación es lo que se elabora.

    De ahí salen sus tres rasgos, según Achotegui (2012). Es parcial, porque el país y las personas siguen existiendo y volver sigue siendo posible. Es recurrente, porque se reabre con un viaje, una llamada o una foto. Y es múltiple, porque se pierde mucho al mismo tiempo.

    Pauline Boss (1999) llama pérdida ambigua a este tipo de situación: la familia y la patria están físicamente lejos, pero siguen muy presentes en la mente. Como no hay un funeral ni un cierre, el duelo queda sin terminar, y por eso cuesta tanto soltarlo.

    ¿Qué se pierde al migrar? Los siete duelos

    Achotegui (2012) propone siete áreas de pérdida. Dan un mapa para reconocer qué es lo que más duele en tu caso:

    • La familia y los seres queridos: la separación de los vínculos más cercanos.
    • La lengua: el esfuerzo de aprender otra manera de hablar y, a veces, hablar menos la propia.
    • La cultura: costumbres, valores, religión y formas de entender la vida.
    • La tierra: el paisaje, el clima, la luz, los colores y los olores de origen.
    • El estatus social: el trabajo, la vivienda y el papel que uno tenía, que a veces bajan de escala.
    • El contacto con el grupo de pertenencia: enfrentar prejuicios, xenofobia o barreras para integrarse.
    • Los riesgos para la integridad física: frío, trabajos peligrosos, malnutrición o falta de protección sanitaria.

    Es un marco clínico para entender lo que se pierde. Los estudios que revisamos más abajo miden otras cosas (síntomas de depresión y ansiedad, estrés por adaptarse a otra cultura), no estos siete duelos.

    ¿Cuáles son los síntomas del duelo migratorio y cómo se siente?

    No hay una lista oficial de síntomas, pero las personas suelen describir tristeza y nostalgia que suben y bajan, irritabilidad, cansancio, culpa por haberse ido y una sensación de no pertenecer del todo a ningún lado. La pregunta “¿dónde está mi hogar?” aparece con frecuencia.

    También puede sentirse en el cuerpo. Una revisión sobre migrantes (Bianucci et al., 2017) menciona irritabilidad, nerviosismo, dolores de cabeza por tensión, insomnio, cansancio, miedo y pérdida del apetito cuando los estresores de la migración se acumulan.

    Imagina a alguien que lleva ocho meses en Santiago. En el trabajo todo marcha, pero al volver al departamento revisa las fotos del cumpleaños de su hermana, que se perdió. Duerme mal, se irrita por detalles y siente culpa de estar bien aquí mientras allá lo extrañan. Nada de eso significa que migrar fue un error: así suele sentirse el duelo.

    ¿Qué es el síndrome de Ulises y en qué se diferencia?

    El síndrome de Ulises, o síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple, es la forma extrema. Achotegui (2012) lo describe como un cuadro intenso de estrés y duelo que aparece cuando se migra en condiciones límite, que superan la capacidad humana de adaptación. Su nombre viene de Ulises (Odiseo), el héroe que sufrió su travesía lejos de los suyos.

    Achotegui identifica cuatro estresores límite: la separación forzada de los seres queridos, la desesperanza por el fracaso del proyecto migratorio, la lucha por sobrevivir (comida, techo) y el miedo (viajes de alto riesgo, mafias, detención, expulsión). Cuando se suman la soledad y la falta de derechos, el sufrimiento se vuelve crónico.

    Para él se trata de una reacción de estrés proporcional a un entorno extremo, y queda fuera de las enfermedades mentales. Usa la imagen de una habitación a 100 grados: los mareos y calambres no son una enfermedad, son la respuesta del cuerpo al calor. Según Bianucci et al. (2017), si no se atiende puede derivar en una depresión reactiva.

    Duelo migratorio Síndrome de Ulises
    Qué es Reacción esperable a las pérdidas de migrar Forma extrema, con estrés crónico y múltiple
    Contexto Migración en condiciones variadas Condiciones límite: separación forzada, miedo, supervivencia
    Intensidad Sube y baja, con momentos de calma Sufrimiento sostenido que desborda
    Diagnóstico No figura en el DSM-5-TR ni en la CIE-11 Tampoco figura (es un concepto clínico de Achotegui)

    ¿Qué dice la investigación sobre migrar y salud mental?

    Una revisión de 2018 describe que migrar trae estresores propios del trayecto y de la adaptación a la nueva cultura, con posibles efectos sobre la salud mental (Bustamante et al., 2018). Cuánto pesan depende mucho de quién migra y en qué condiciones.

    Una revisión y metaanálisis de 35 estudios calculó que la depresión alcanzaba al 20 % de los trabajadores migrantes y al 44 % de los refugiados, y la ansiedad al 21 % y al 40 % (Lindert et al., 2009). Son estudios publicados hasta 2007 y miden trastornos, no duelo.

    Otro metaanálisis de 25 estudios halló una prevalencia agregada de depresión de 15,6 % entre migrantes internacionales. El nivel educativo, el empleo y el tiempo de residencia modificaban esa cifra, y los recién llegados parecían más vulnerables (Foo et al., 2018).

    En refugiados y solicitantes de asilo, un metaanálisis de 26 estudios con entrevista clínica encontró 31,5 % de depresión y 31,5 % de estrés postraumático, tasas altas y persistentes (Blackmore et al., 2020). Es migración forzada y no se aplica sin más a quien migra por trabajo o estudios.

    Estas cifras describen grupos, no tu caso. Con una prevalencia promedio de 15,6 %, la mayoría de los migrantes de esos estudios no tenía depresión: el duelo migratorio es una reacción frecuente que muchas veces se atraviesa sin llegar a un trastorno.

    ¿Qué agrava el duelo migratorio y qué lo protege?

    Una revisión sistemática de 30 estudios sobre estrés por adaptación cultural en inmigrantes latinos en Estados Unidos encontró factores de protección y de riesgo (Bekteshi y Kang, 2020):

    • Protegen: haber podido elegir migrar, el apoyo social, un mayor ingreso, dominar el idioma, estar casado o casada, el afrontamiento religioso y los valores familiares.
    • Agravan: la discriminación, haber dejado familia en el país de origen, el miedo a la deportación y el conflicto entre la cultura familiar y la del país nuevo.

    En solicitantes de asilo, una revisión de 21 estudios concluyó que la discriminación y el estrés posterior a la llegada se asocian con más trastornos mentales (Jannesari et al., 2020).

    Las fuentes clínicas coinciden en lo práctico. Celia Falicov (2015) destaca el valor de las redes de apoyo, de la adaptación bicultural (conservar las raíces mientras se incorporan códigos del país nuevo) y de mantener contacto con la familia a distancia. La ausencia de red deja a la persona sola frente a cada problema cotidiano.

    Duelo migratorio en Chile

    En Chile hay datos propios. En un estudio con 431 inmigrantes sudamericanos (colombianos y peruanos) en Antofagasta, la mayor fuente de estrés por adaptación fue la distancia del origen, seguida de las dificultades en las relaciones sociales y de la discriminación percibida. Cerca de la mitad tenía un malestar elevado, y el estrés se relacionaba con más síntomas (Urzúa et al., 2016).

    Es un estudio transversal: muestra una relación entre estrés y síntomas, no que uno cause el otro. Aun así, coincide con lo que describen las revisiones internacionales.

    Una revisión narrativa encontró que las personas migrantes enfrentan inequidades de salud mental y de acceso a atención en Chile, dentro de un sistema que agrava la vulnerabilidad social (Blukacz et al., 2020). La Política de Salud de Migrantes Internacionales (MINSAL, 2018) reconoce la migración como determinante social de la salud y menciona el duelo migratorio y la discriminación entre los factores de estrés crónico.

    Si te preocupa el acceso, el Ministerio de Salud explica que una persona migrante sin documentos puede incorporarse a Fonasa tramo A con una declaración de carencia de recursos (Salud Responde). Los requisitos pueden cambiar: confírmalos en Fonasa o en tu consultorio.

    ¿Cómo atravesar y superar el duelo migratorio?

    Lo que sigue combina lo que proponen las fuentes clínicas con sentido común. No son pasos con resultado garantizado: en las búsquedas que hicimos no apareció un ensayo que pruebe una “receta” para el duelo migratorio como tal.

    1. Ponle nombre. Reconocer que lo que sientes es un duelo reduce la culpa de “no estar agradecido”. Neimeyer (2019) habla de duelos que el entorno no valida, y cuando nadie reconoce una pérdida la persona la vive en soledad y con vergüenza. Extrañar tu país es una respuesta legítima.
    2. Mantén los lazos sin vivir en dos lugares. Boss (1999) propone ampliar la idea de familia y de hogar: la familia psicológica puede no coincidir con la que ves cada día. Las videollamadas, la música y las comidas de origen conservan la conexión. Contar también lo difícil, no solo lo bueno, suele evitar que la distancia crezca.
    3. Crea tus propios rituales. Falicov (2015) señala que migrar no tiene ritos de paso colectivos, como los tiene un funeral. Puedes inventar los tuyos: una fecha para cocinar el plato de tu casa, un álbum, una carta.
    4. Construye pertenencia aquí sin borrar allá. Las fuentes clínicas coinciden en favorecer vínculos con personas de la sociedad de acogida y una adaptación bicultural (Achotegui, 2012; Falicov, 2015). Un grupo de compatriotas ayuda, y una red mixta suma más.
    5. No pospongas el duelo esperando volver. Falicov (2015) observa que muchos migrantes aplazan el duelo con la ilusión de “recuperar un hogar completo” al regresar. Al volver o reunirse con la familia, a veces descubren que hay una brecha cultural y poca historia compartida reciente.
    6. Busca apoyo psicológico si el malestar persiste. En migración forzada hay evidencia de que los tratamientos psicológicos reducen los síntomas.

    Un metaanálisis de 84 estudios en adultos (6.302 personas) y 32 en niños y adolescentes halló que los tratamientos psicológicos reducen los síntomas de estrés postraumático, depresión y ansiedad, con efectos que se mantuvieron en el seguimiento y sin que un tipo destacara sobre los demás (Molendijk et al., 2024). Otro metaanálisis en refugiados encontró que la terapia cognitivo-conductual fue la más eficaz (Sambucini et al., 2020).

    Esos estudios incluyen a personas con estrés postraumático, depresión o ansiedad tras migrar por la fuerza, y varios no tenían grupo de comparación. No prueban cómo funciona la terapia en un duelo migratorio sin trastorno, aunque indican que el acompañamiento psicológico ayuda a quienes migraron en condiciones duras.

    ¿Y si vuelvo a mi país?

    Achotegui (2012) plantea que volver es una nueva migración. Durante el tiempo fuera, tú cambiaste y el país y las personas también, y regresar a “como eran las cosas” no es posible. Quien vuelve puede sentir otro duelo, esta vez por la vida que construyó afuera.

    Para el ciclo completo (origen, tránsito, destino y retorno), la política de salud de migrantes del MINSAL (2018) reconoce que cada fase exige reordenamientos personales y familiares. Si estás en esa etapa, no hace falta decidir de una vez: el duelo admite ir y venir.

    ¿Cuándo es duelo prolongado y cuándo pedir ayuda?

    Los criterios de duelo prolongado de la CIE-11 y del DSM-5-TR están definidos para la muerte de una persona querida: la CIE-11 exige al menos 6 meses desde el fallecimiento y el DSM-5-TR, 12 meses en adultos (Prigerson et al., 2021; Organización Mundial de la Salud [OMS], 2024). No se aplican tal cual a la migración, donde lo perdido sigue existiendo.

    Si quieres comparar con un duelo por muerte, tenemos una guía sobre las etapas del duelo y otra sobre qué es el duelo.

    Conviene consultar si aparece alguna de estas señales:

    • Tristeza, llanto o vacío casi todos los días durante semanas, sin momentos de alivio.
    • Insomnio, pérdida de apetito o cansancio que no mejoran, o dolores de cabeza y malestar físico sin causa clara.
    • Dificultad para trabajar, estudiar o cuidar a otros, o aislarte de todos.
    • Consumo de alcohol u otras sustancias para soportar la distancia.
    • Pensamientos de que la vida no vale la pena o de hacerte daño.

    Si piensas en morir o en hacerte daño, llama ahora a la Línea de Prevención del Suicidio, *4141.

    Para decidir si lo que sientes pide ayuda, mira la guía para saber si necesitas terapia o es un mal momento, la de depresión y la de estrés crónico. Si la soledad pesa, el test de soledad puede orientarte. La terapia online permite recibir apoyo en tu idioma y horario, aunque vivas lejos de los tuyos.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es el duelo migratorio?

    Es el duelo por lo que se deja al migrar: familia, amigos, idioma, cultura, paisaje y el lugar social que uno tenía. Achotegui lo describe como parcial, recurrente y múltiple. No figura como diagnóstico en el DSM-5-TR ni en la CIE-11. Es una reacción esperable que suele atravesarse con apoyo, tiempo y vínculos.

    ¿Qué es el síndrome de Ulises?

    Es la forma extrema del duelo migratorio, descrita por Achotegui: un cuadro de estrés y duelo muy intenso que aparece cuando se migra en condiciones límite, como separación forzada de la familia, desesperanza, lucha por sobrevivir y miedo. Cursa con irritabilidad, insomnio y cansancio, y sin atención puede evolucionar a una depresión.

    ¿Cuánto dura el duelo migratorio?

    Cada persona lleva su ritmo, y nadie ha demostrado una duración fija. Achotegui lo describe como recurrente: puede volver con un viaje, una llamada o una fecha. En los metaanálisis, el tiempo de residencia modifica la prevalencia de depresión, y los recién llegados parecen más vulnerables. Lo que decide cuándo consultar es cuánto interfiere en tu vida, no el calendario.

    ¿Es normal extrañar mi país o ya es depresión?

    Extrañar tu país es normal. Se acerca a un problema de salud mental cuando casi todos los días hay tristeza sin alivio, no puedes dormir, comer o funcionar, o aparecen pensamientos de hacerte daño. Esa evaluación la hace un profesional. En un metaanálisis, la depresión alcanzó al 15,6 % de los migrantes (Foo et al., 2018).

    ¿Cómo superar el duelo migratorio?

    No se “supera” como una tarea con fin. Se atraviesa con apoyo: ponerle nombre, mantener los lazos de origen, crear rituales propios, construir red en el país nuevo y consultar a un psicólogo si el malestar persiste. Los tratamientos psicológicos tienen respaldo en migración forzada; en duelo migratorio puro aún falta evidencia propia.

    Si extrañar tu país se volvió demasiado pesado

    Hablarlo con alguien que entienda la distancia ayuda a que el duelo deje de sentirse como una falla personal. En terapia online se trabaja con técnicas que tienen respaldo, a tu ritmo y desde donde estés. Si quieres conversarlo, escríbenos desde la página de contacto.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Achotegui, J. (2012). Emigrar hoy en situaciones extremas: El síndrome de Ulises. Aloma: Revista de Psicologia, Ciències de l’Educació i de l’Esport, 30(2), 79-86.
    • Bekteshi, V., & Kang, S. W. (2020). Contextualizing acculturative stress among Latino immigrants in the United States: A systematic review. Ethnicity & Health, 25(6), 897-914. https://doi.org/10.1080/13557858.2018.1469733
    • Bianucci, R., Charlier, P., Perciaccante, A., Lippi, D., & Appenzeller, O. (2017). The “Ulysses syndrome”: An eponym identifies a psychosomatic disorder in modern migrants. European Journal of Internal Medicine, 41, 30-32. https://doi.org/10.1016/j.ejim.2017.03.020
    • Blackmore, R., Boyle, J. A., Fazel, M., Ranasinha, S., Gray, K. M., Fitzgerald, G., Misso, M., & Gibson-Helm, M. (2020). The prevalence of mental illness in refugees and asylum seekers: A systematic review and meta-analysis. PLOS Medicine, 17(9), e1003337. https://doi.org/10.1371/journal.pmed.1003337
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    • Boss, P. (1999). Ambiguous loss: Learning to live with unresolved grief. Harvard University Press.
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    • Prigerson, H. G., Boelen, P. A., Xu, J., Smith, K. V., & Maciejewski, P. K. (2021). Validation of the new DSM-5-TR criteria for prolonged grief disorder and the PG-13-Revised (PG-13-R) scale. World Psychiatry, 20(1), 96-106. https://doi.org/10.1002/wps.20823
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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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