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  • Cómo lidiar con el estrés continuo cuando no puedes escapar de él

    Cómo lidiar con el estrés continuo cuando no puedes escapar de él

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Hay un tipo de estrés crónico que casi ningún artículo de bienestar menciona: el que no tiene salida.

    No el del examen que pasa. No el de la mudanza que termina. El de cuidar a un padre con demencia que no va a recuperarse. El de vivir con dolor físico que va a seguir ahí mañana. El de una situación económica que no va a cambiar esta semana ni la próxima.

    Cuando te preguntas cómo lidiar con el estrés continuo que no desaparece, los consejos habituales no siempre ayudan. La mayoría asume que el estresor puede eliminarse. Cuando eso no ocurre, aplicar las estrategias equivocadas puede dejarte más agotado que antes, porque cada intento fallido de resolver lo irresoluble suma frustración encima del peso que ya cargas.

    Este artículo es para ese estrés.

    TL;DR

    Cuando el estresor no puede eliminarse, el objetivo cambia: se trata de coexistir con el malestar sin que él tome el control, no de resolverlo. La evidencia apoya el afrontamiento centrado en la emoción (Lazarus & Folkman, 1984), la aceptación psicológica de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), y el mindfulness con componente de aceptación (MBSR) como estrategias con respaldo real. Intentar controlar lo incontrolable, en cambio, produce un agotamiento adicional bien documentado.

    Qué le pasa a tu cuerpo cuando el estrés no termina

    El estrés crónico no es estrés agudo con más duración. Tiene efectos biológicos diferentes y un mecanismo de desgaste propio que, sin intervención, se acumula en el tiempo.

    Lazarus y Folkman (1984) distinguen con precisión entre ambos: los estresores agudos son eventos limitados en el tiempo (como “saltar en paracaídas, esperar una cirugía o encontrarse con una serpiente de cascabel”), mientras que los crónicos incluyen situaciones sin final visible, como “discapacidades permanentes, discordia parental o estrés laboral crónico.” Lo que los diferencia es la persistencia, no la intensidad.

    Esa persistencia activa el eje HPA (hipotálamo-hipófisis-suprarrenal) de forma sostenida. El cortisol, que en el estrés agudo cumple una función adaptativa, con el tiempo se vuelve problemático: suprime el sistema inmunitario, interfiere con el sueño, y daña estructuras del hipocampo relacionadas con la memoria y la regulación emocional (Amigo Vázquez, 2003).

    Lo que la investigación llama “carga alostática” es, en términos prácticos, el desgaste acumulado de vivir en estado de alerta. Una revisión de 2026 de diez estudios longitudinales encontró que los cuidadores familiares tienen una carga alostática significativamente mayor que los no cuidadores, lo que se asocia con mayor probabilidad de enfermedad y discapacidad futura (Magan & Mofford, 2026).

    El tiempo que llevas con el estresor importa. No para asustarte, sino para entender por qué actuar antes produce mejores resultados que esperar a llegar al límite.

    Estás en mucha más compañía de lo que crees

    Esto es más común de lo que los datos visibles sugieren, y saberlo cambia algo.

    Alrededor del 20% de la población mundial cuida de manera informal a un familiar con enfermedad crónica, según la Organización Mundial de la Salud. En un estudio multinacional de 258,793 adultos de 58 países, los cuidadores mostraron 1.54 veces mayor probabilidad de depresión y 1.37 veces mayor probabilidad de problemas graves de sueño, con puntuaciones de estrés percibido 3.15 puntos más altas que los no cuidadores (Koyanagi et al., 2018).

    Y eso sin contar a quienes viven con dolor crónico propio, condiciones económicas estructurales que no pueden cambiar pronto, o situaciones laborales que no tienen salida inmediata. El estresor crónico e inevitable toma muchas formas.

    Los grupos más vulnerables, según los datos: los cuidadores jóvenes de 18 a 24 años tienen 2.75 veces más probabilidad de síntomas adversos de salud mental que los cuidadores de 65 años o más. Y a mayor intensidad del cuidado, mayor es el riesgo (Czeisler et al., 2021).

    ¿Por qué importa saber esto? Porque parte del peso del estrés crónico viene de creer que uno es el único que no puede manejarlo. La evidencia dice lo contrario: lo que sientes es la respuesta esperable de un ser humano ante lo que estás viviendo.

    El error más costoso: empujar contra una pared que no cede

    Intentar resolver lo irresoluble no solo no funciona. Según la investigación, produce un tipo de agotamiento adicional que se suma al que ya existe.

    Lazarus y Folkman (1984) distinguen dos grandes formas de afrontar el estrés. El afrontamiento centrado en el problema busca actuar sobre el estresor para modificarlo. El afrontamiento centrado en la emoción busca regular la respuesta interna, no el estresor mismo. Y la clave está en la valoración de controlabilidad: ¿puede cambiarse esta situación o no?

    Cuando el estresor puede modificarse, actuar sobre él es lo correcto. Pero cuando no puede cambiarse, los propios autores advierten: “las formas de afrontamiento centradas en la emoción son las más probables y adecuadas cuando ha habido una valoración de que nada puede hacerse para modificar las condiciones ambientales dañinas.” Más importante aún: intentar un afrontamiento activo sobre lo inamovible “puede ser una fuente importante de frustración adicional.” El afrontamiento efectivo en estos casos es el que permite “tolerar, minimizar, aceptar o ignorar lo que no puede ser dominado” (Lazarus & Folkman, 1984).

    Este principio tiene más de cuarenta años y sigue siendo central en la psicología clínica. No porque sea fácil de aplicar al principio, sino porque describe algo real sobre cómo funciona la energía cuando estás ante algo que no cede.

    Una de las cosas que aparece con frecuencia en consulta cuando alguien lleva tiempo con estrés crónico es el agotamiento secundario, el que viene de luchar contra la situación, no de la situación misma. Cuando eso se nombra, algo cambia. La persona empieza a distinguir entre el peso inevitable y el peso que está eligiendo cargar encima del primero. [EXPERIENCIA CLÍNICA]

    Por qué huir del malestar lo multiplica

    La psicología tiene nombre para el mecanismo que más empeora el estrés cuando el estresor no puede eliminarse: evitación experiencial.

    Hayes, Strosahl y Wilson (2012) la definen como el intento de escapar, suprimir o controlar experiencias internas incómodas (pensamientos, emociones, sensaciones físicas, recuerdos). El problema es que, ante un estresor permanente, esa huida no tiene destino. El malestar siempre vuelve. Y el esfuerzo constante de no sentirlo consume recursos cognitivos y emocionales que son necesarios para vivir.

    Wilson y Luciano Soriano (2002) lo dicen de forma directa: “el problema del ser humano no es el sufrimiento sino los intentos de controlar y eliminar dicho sufrimiento.”

    Hay otra pieza en este mecanismo. Seligman (1975) demostró que la exposición sostenida a situaciones incontrolables produce indefensión aprendida: el organismo deja de iniciar conductas (déficit motivacional), deja de percibir que sus acciones tienen efecto (déficit cognitivo), y atraviesa un ciclo de ansiedad seguida de apatía y depresión (déficit emocional). La indefensión la genera la percepción mantenida de que nada de lo que uno hace cambia nada, no el evento adverso en sí.

    Esa percepción puede trabajarse. Eso es exactamente lo que la evidencia muestra que hacen las intervenciones más efectivas.

    Lo que sí funciona: estrategias con respaldo científico

    Ninguna de estas estrategias elimina el estresor. Lo que hacen es cambiar la relación con él, de forma que la vida pueda seguir ocurriendo aunque el estresor siga presente.

    Para la APA (American Psychological Association), las estrategias de afrontamiento centradas en la emoción son el núcleo del manejo del estrés cuando el estresor no puede controlarse. La evidencia reciente va más allá y especifica cuáles funcionan mejor y cuánto.

    Afrontamiento emocional activo (no resignación)

    Lo primero es un cambio de objetivo. Cambiar “¿cómo elimino esto?” por “¿cómo sigo funcionando de forma coherente con lo que me importa mientras esto está presente?” Suena pequeño, pero en la práctica redirecciona hacia dónde va la energía.

    El afrontamiento emocional efectivo no es pasividad. Incluye buscar apoyo de forma activa, reorganizar prioridades, reconocer el propio malestar sin amplificarlo, y encontrar dentro de la situación pequeños espacios de recuperación.

    Defusión cognitiva y aceptación (ACT)

    La Terapia de Aceptación y Compromiso propone que el sufrimiento no aumenta por tener pensamientos difíciles, sino por tomarlos al pie de la letra como hechos.

    La defusión cognitiva es la práctica de relacionarse con los pensamientos como eventos mentales, no como verdades absolutas. Hay una diferencia importante entre “esto no va a mejorar” y “me doy cuenta de que tengo el pensamiento de que esto no va a mejorar.” El primero cierra. El segundo deja espacio.

    La aceptación en ACT no es resignarse. Es estar dispuesto a tener la experiencia difícil sin que ella controle lo que haces. Esa distinción, aunque parece sutil, es la base de los cambios que la investigación documenta.

    Un metaanálisis de 8 ensayos clínicos aleatorizados con 675 cuidadores de personas con cáncer encontró que ACT redujo significativamente la ansiedad (DME = -1.45) y la depresión (DME = -1.07) al terminar el tratamiento, con efectos en flexibilidad psicológica que se mantuvieron a los 3 y 6 meses de seguimiento. La tasa de abandono fue del 18%, lo que habla de que el programa es viable en condiciones reales (Gu et al., 2025).

    Vivir orientado a valores

    En ACT, los valores no son metas que se alcanzan. Son direcciones de vida: qué clase de persona quieres ser, cómo quieres relacionarte, qué te importa más allá del dolor presente.

    La pregunta práctica que abre este principio no es “¿cuándo voy a poder dejar de sufrir?” sino “¿qué acción pequeña, hoy, estaría en línea con lo que me importa aunque el malestar siga ahí?”

    Esta orientación a valores tiene respaldo empírico sólido. La flexibilidad psicológica (la capacidad de actuar según lo que importa mientras se tienen experiencias difíciles) aparece como el mecanismo mediador principal de los beneficios de ACT tanto en cuidadores como en personas con dolor crónico, según un overview de 9 revisiones sistemáticas con 84 metaanálisis (Martinez-Calderon et al., 2024).

    Mindfulness con componente de aceptación (MBSR)

    No todo mindfulness tiene el mismo efecto ante el estrés incontrolable. La diferencia clave está en si el entrenamiento incluye aceptación o solo atención.

    Un ensayo clínico aleatorizado comparó directamente ambos grupos: los participantes que recibieron entrenamiento en atención plena combinado con aceptación redujeron tanto las calificaciones de estrés como la proporción de momentos estresantes en la vida cotidiana. Los que solo aprendieron monitoreo atencional no mostraron estos beneficios (Chin et al., 2019). El componente de aceptación no es opcional; es el que hace el trabajo.

    El formato más estudiado es el MBSR de 8 semanas (sesiones semanales de 2 a 2.5 horas más práctica diaria de 30 a 45 minutos en casa). En cuidadores con alta carga, este programa produjo reducción significativa de síntomas depresivos, menor ansiedad, y mayor autoeficacia para manejar pensamientos negativos, con una tasa de abandono del 18% (Hou et al., 2013).

    Para personas con dolor crónico propio, un metaanálisis en red de 68 estudios con 5,339 participantes identificó a MBSR como la intervención más efectiva: redujo la intensidad del dolor (DME = -0.76) y la depresión asociada (DME = -0.77) con evidencia de certeza moderada a alta (Zhu et al., 2025).

    Apoyo social real

    El apoyo que protege no es el de aparecer bien frente a otros. Es el que permite decir lo que cuesta.

    La evidencia sobre apoyo social en estrés crónico es consistente: reduce el aislamiento, normaliza la experiencia y tiene un efecto amortiguador sobre la carga percibida. Los grupos de pares con estructura definida han mostrado beneficios específicos para cuidadores y personas con enfermedad crónica que complementan la terapia individual. El recurso de MedlinePlus sobre estrés señala algo que la clínica confirma: la calidad del apoyo importa más que la cantidad.

    Cuándo el estrés crónico necesita atención profesional

    Que el estresor sea inevitable no significa que el nivel de sufrimiento que estás sintiendo también deba serlo.

    La evidencia apunta a buscar apoyo profesional cuando:

    • Los síntomas depresivos (tristeza intensa, pérdida de interés, desesperanza) persisten más de dos semanas.
    • Aparecen problemas graves de sueño que no mejoran con cambios en la rutina.
    • El dolor físico crónico empeora o aparece uno nuevo en el período de mayor estrés.
    • El estrés percibido interfiere claramente con el trabajo, las relaciones o el autocuidado básico.
    • Surgen pensamientos de hacerse daño o de que la vida no vale la pena.

    Este último punto merece decirse sin rodeos. Un estudio realizado durante la pandemia COVID-19 encontró que el 33.4% de los cuidadores informales reportó ideación suicida, frente al 3.7% de los no cuidadores (Czeisler et al., 2021). La carga del estrés crónico tiene un techo que no siempre es visible desde afuera.

    Las intervenciones con mayor respaldo (ACT presencial, MBSR de 8 semanas) producen mejores resultados cuando se implementan de forma temprana, antes de que la carga alostática esté demasiado instalada (Schulz et al., 2020).

    Con frecuencia llegan personas que llevan meses diciéndose que pueden solas, o que hay gente que está peor. Ambas cosas pueden ser ciertas. Y aun así, esa persona puede necesitar apoyo, y merece recibirlo. [EXPERIENCIA CLÍNICA]

    Preguntas frecuentes sobre el estrés crónico

    ¿La aceptación psicológica es lo mismo que resignarse?

    No. Resignarse es dejar de actuar sobre lo que sí puede cambiarse. Aceptar, en el sentido de ACT, es estar dispuesto a tener la experiencia difícil sin que ella controle tus conductas. Puedes aceptar el malestar de una situación crónica y al mismo tiempo tomar decisiones activas sobre lo que sí está en tu mano. Son procesos compatibles, no excluyentes.

    ¿El estrés crónico puede convertirse en depresión?

    Sí, y la evidencia lo documenta con cifras concretas. Los cuidadores informales tienen 1.54 veces mayor probabilidad de depresión que los no cuidadores (Koyanagi et al., 2018). El mecanismo es la indefensión aprendida (Seligman, 1975): la percepción sostenida de incontrolabilidad produce déficits motivacionales y emocionales propios de la depresión. Trabajar el estrés crónico tempranamente reduce ese riesgo de forma significativa.

    ¿Qué diferencia hay entre estrés crónico y trastorno de ansiedad?

    El estrés crónico es la respuesta sostenida a un estresor real y presente. Los trastornos de ansiedad implican preocupación anticipatoria desproporcionada, muchas veces sobre situaciones que aún no han ocurrido. Con frecuencia coexisten: el estrés crónico sin intervención es un factor de riesgo conocido para desarrollar ansiedad, especialmente cuando las estrategias de afrontamiento disponibles son pocas.

    ¿Cuánto tiempo lleva ver resultados con ACT o MBSR?

    Los programas de 8 semanas muestran efectos significativos al finalizar el tratamiento. La flexibilidad psicológica mejorada con ACT se mantiene estadísticamente hasta los 6 meses después de concluir (Gu et al., 2025). Para dolor crónico, los beneficios de ACT a los 3 y 6 meses superan los efectos inmediatos en varios indicadores clave (Martinez-Calderon et al., 2024).

    Seguir moviéndose aunque la situación no se mueva

    El estrés inevitable no desaparece porque trabajes con él. Pero puede dejar de ser todo.

    Lo que la psicología muestra, con décadas de evidencia acumulada, es que el sufrimiento ante lo incontrolable no es una señal de debilidad. Es la respuesta predecible de un ser humano expuesto a algo que pesa de verdad. El problema no es sentirlo: el problema es el esfuerzo sostenido de no sentirlo, que consume la energía que necesitas para seguir viviendo.

    Lo que ACT, el modelo de Lazarus y Folkman, y el MBSR tienen en común es este giro: de intentar controlar el dolor a ampliar el contexto en que ese dolor existe. Que el malestar esté ahí, y también estén otras cosas. La conexión con lo que importa. La capacidad de actuar aunque la situación no cambie.

    Eso no es poco.

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    Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Nicolás Alcayaga — Psicólogo Clínico

    Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) | Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud)

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia. Ver perfil completo


    Referencias

    Amigo Vázquez, I. (2003). Manual de psicología de la salud. Pirámide.

    Chin, B., Lindsay, E. K., Greco, C. M., Brown, K. W., Smyth, J. M., Wright, A. G., & Creswell, J. D. (2019). Psychological mechanisms driving stress resilience in mindfulness training: A randomized controlled trial. Health Psychology, 38(8), 759-768. https://doi.org/10.1037/hea0000763

    Czeisler, M. É., Drane, A., Winnay, S. S., Capodilupo, E. R., Czeisler, C. A., Rajaratnam, S. M. W., & Howard, M. E. (2021). Mental health, substance use, and suicidal ideation among unpaid caregivers of adults in the United States during the COVID-19 pandemic: Relationships to age, race/ethnicity, employment, and caregiver intensity. Journal of Affective Disorders, 295, 1259-1268. https://doi.org/10.1016/j.jad.2021.08.130

    Gu, Y., Duan, M., Huang, Y., Wang, X., Li, Y., & Zhang, H. (2025). Acceptance and commitment therapy among caregivers of people with cancer: A systematic review and meta-analysis. Scientific Reports, 15. https://doi.org/10.1038/s41598-025-07280-3

    Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and commitment therapy: The process and practice of mindful change (2a ed.). Guilford Press.

    Hou, R. J., Wong, S. Y., Yip, B. H., Hung, A. T., Lo, H. H., Chan, P. H., & Mercer, S. W. (2013). The effects of mindfulness-based stress reduction program on the mental health of family caregivers: A randomized controlled trial. Psychotherapy and Psychosomatics, 83(1), 45-53. https://doi.org/10.1159/000353278

    Koyanagi, A., DeVylder, J. E., Stubbs, B., Carvalho, A. F., Veronese, N., Haro, J. M., & Santini, Z. I. (2018). Depression, sleep problems, and perceived stress among informal caregivers in 58 low-, middle-, and high-income countries: A cross-sectional analysis of community-based surveys. Journal of Psychiatric Research, 96, 115-123. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2017.10.001

    Lazarus, R. S., & Folkman, S. (1984). Stress, appraisal, and coping. Springer.

    Magan, K. C., & Mofford, K. (2026). Understanding allostatic load and the physiological impact of chronic stress in family caregivers: A scoping review. Aging & Mental Health. https://doi.org/10.1080/13607863.2025.2570824

    Martinez-Calderon, J., García-Muñoz, C., Rufo-Barbero, C., Matias-Soto, J., & Cano-García, F. J. (2024). Acceptance and commitment therapy for chronic pain: An overview of systematic reviews with meta-analysis of randomized clinical trials. The Journal of Pain, 25(3). https://doi.org/10.1016/j.jpain.2023.09.013

    Seligman, M. E. P. (1975). Helplessness: On depression, development, and death. W. H. Freeman.

    Wilson, K. G., & Luciano Soriano, M. C. (2002). Terapia de aceptación y compromiso (ACT): Un tratamiento conductual orientado a los valores. Pirámide.

    Zhu, M., Wong, S. Y., Zhong, C. C., Chan, K. H., Wu, J., & Leung, T. H. (2025). Which type and dosage of mindfulness-based interventions are most effective for chronic pain? A systematic review and network meta-analysis. Journal of Psychosomatic Research, 183. https://doi.org/10.1016/j.jpsychores.2025.112061

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.