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    Estrés Laboral: Síntomas, tratamiento y guía para la licencia médica

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Te despiertas cansado antes de que suene la alarma. El solo hecho de pensar en ir al trabajo te genera un nudo en el estómago. Hay semanas en que no puedes terminar una tarea porque tu cabeza da vueltas en círculos, y hay noches en que el insomnio te recuerda exactamente lo que decidiste no pensar durante el día.

    Si algo de eso te suena familiar, no es que seas débil ni que estés exagerando. Es que tu cuerpo y tu mente están dando señales de algo muy concreto: estrés laboral.

    En esta guía vas a encontrar qué es exactamente, cómo se manifiesta en el cuerpo (con diferencias reales entre mujeres y hombres que la mayoría de los artículos ignoran), qué tratamientos tienen respaldo científico y, si estás en Chile, qué necesitas saber sobre la licencia médica por estrés laboral: quién la otorga, cuánto dura y qué síntomas la justifican clínicamente.


    TL;DR: El estrés laboral es la respuesta del organismo cuando las exigencias del trabajo superan tus recursos para manejarlas. Provoca síntomas físicos (tensión muscular, cefáleas, problemas digestivos, palpitaciones), emocionales (irritabilidad, ansiedad) y cognitivos (memoria y concentración). Las mujeres tienden al cansancio emocional; los hombres, a la despersonalización. Los tratamientos con mejor evidencia son la TCC, la terapia ACT y el mindfulness. En Chile, el diagnóstico de neurosis laboral habilita una licencia que puede extenderse hasta 104 semanas.


    ¿Qué es el estrés laboral y por qué te afecta más de lo que crees?

    El estrés laboral no es simplemente tener mucho trabajo. Es una relación entre tú y tu entorno laboral que se vuelve estresante cuando valoras que las exigencias superan tus recursos y ponen en riesgo tu bienestar. Así lo definió Richard Lazarus en su modelo transaccional, que sigue siendo el marco de referencia en psicología de la salud (Lazarus & Folkman, 1984).

    Según este modelo, lo que determina si algo te estresa no es el evento en sí sino cómo lo evalúas. La valoración primaria te lleva a preguntarte: ¿esto es una amenaza o un desafío? La valoración secundaria te lleva a preguntarte: ¿qué puedo hacer al respecto? Si la respuesta a la primera es “amenaza” y la respuesta a la segunda es “nada”, la activación del estrés será intensa y sostenida.

    Esto explica por qué dos personas en el mismo cargo de la misma empresa pueden vivir experiencias completamente distintas. Y también por qué el estrés laboral no es un problema de actitud sino de interacción real entre una persona y sus condiciones de trabajo.

    La magnitud del problema es mayor de lo que suele reconocerse. Una revisión publicada en The Lancet estimó que el job strain (alta demanda con bajo control) afecta a cerca del 26% de los trabajadores europeos, y entre el 17% y el 35% de los trastornos depresivos en Europa podrían prevenirse si se eliminaran las condiciones psicosociales adversas en el trabajo (Rugulies et al., 2023). Cuando el estrés llega, no afecta solo el ánimo: afecta el cuerpo de formas muy específicas.

    Síntomas del estrés laboral en el cuerpo: lo que tu organismo está tratando de decirte

    El cuerpo es más honesto que la mente. Mientras la mente racionaliza (“estoy bien, solo necesito aguantar un poco más”), el sistema nervioso simpático ya lleva semanas respondiendo como si hubiera una emergencia.

    Cuando el estrés laboral se vuelve crónico, el organismo no logra desactivarse entre episodio y episodio. El resultado es una cascada de síntomas físicos que muchas personas asocian con otras causas antes de pensar en el trabajo.

    Los síntomas físicos más frecuentes, documentados por Amigo Vázquez en su Manual de psicología de la salud, incluyen:

    • Tensión o rigidez muscular, especialmente en cuello, hombros y espalda baja
    • Cefáleas tensionales recurrentes
    • Palpitaciones o sensación de taquicardia sin esfuerzo físico
    • Sudoración excesiva en momentos de presión
    • Mareos, náuseas o sensación de inestabilidad
    • Problemas digestivos: estreñimiento, diarrea, o dolor estomacal sin causa orgánica clara
    • Fatiga persistente que no desaparece con el descanso
    • Cambios de peso (pérdida o aumento) sin cambios en la alimentación
    • Temblores finos en manos o en la voz

    Detrás de cada uno de estos síntomas hay mecanismos biológicos específicos. La tensión muscular ocurre porque el sistema nervioso simpático mantiene los músculos en alerta constante; con el tiempo se acortan y endurecen, generando espasmos y fatiga dolorosa. El insomnio aparece porque la activación cardiovascular (frecuencia cardíaca y presión arterial elevadas) es biológicamente incompatible con el sueño, y los pensamientos intrusivos sobre el trabajo impiden la desactivación cognitiva necesaria para dormir.

    Los problemas digestivos tienen su propia lógica: durante el estrés, el cuerpo detiene la digestión para priorizar la respuesta de emergencia. Cuando pasa la crisis, el rebote de ácido clorhídrico puede dañar paredes gástricas aún sin protección, lo que explica la asociación entre estrés laboral crónico y síndrome de intestino irritable. Las alteraciones cardiovasculares van más lejos: el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal libera lípidos que se adhieren a las paredes arteriales, favoreciendo placas ateroscleróticas. Los trabajadores con menos autonomía y mayor ambigüedad de rol tienen mayor riesgo de enfermedad coronaria.

    Esto no es metáfora. Un metaánalisis publicado en Frontiers in Psychiatry encontró que el burnout aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular en un 21% (OR = 1.21, IC 95%: 1.03-1.39), y el riesgo de prehipertensión en un 85% (John et al., 2023). El trabajo, literalmente, afecta el corazón.

    [EXPERIENCIA: En consulta es frecuente atender personas que llegan derivadas por médico internista después de meses de estudios sin diagnóstico orgánico claro. El cuerpo lleva semanas señalando lo que la mente todavía no termina de nombrar.]

    Síntomas emocionales, cognitivos y conductuales: cuando el trabajo cambia quién eres

    Además de los síntomas físicos, el estrés laboral crónico altera el funcionamiento mental y la conducta de formas que muchas personas normalizan como “mal carácter” o “baja tolerancia” sin reconocerlos como señales de alarma.

    Síntomas emocionales

    • Irritabilidad desproporcionada, con reacciones intensas ante situaciones menores
    • Desasosiego constante, sensación de que algo malo va a ocurrir
    • Preocupación que no da tregua, incluso en momentos de descanso
    • Incapacidad para relajarse aunque haya tiempo libre
    • Estados de tristeza oapatía sin causa aparente
    • Ansiedad anticipatoria los domingos en la noche o antes de entrar al trabajo

    Síntomas cognitivos

    • Dificultad para concentrarse sin que la mente se desvíe
    • Problemas de memoria: olvidar reuniones, instrucciones, compromisos recientes
    • Pensamientos catastrofistas (“voy a perder el trabajo”, “nada va a mejorar”)
    • Toma de decisiones más lenta, con más errores y más arrepentimiento posterior

    Síntomas conductuales

    • Evitación de tareas, postergación crónica de lo urgente
    • Dificultad para terminar lo que se empieza
    • Cambios en el apetito: comer de más o de menos bajo presión laboral
    • Aumento del consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias para “desconectarse”
    • Aislamiento progresivo de amigos, familia y compañeros

    Lo que hay detrás de muchos síntomas conductuales es lo que la terapia ACT llama evitación experiencial: el intento de no sentir la ansiedad o el agotamiento para seguir funcionando. El problema, descrito por Hayes, Strosahl y Wilson (2012), es que cuanto más se evita un estado interno, más frecuente e intenso se vuelve. El trabajador que intenta “no pensar en el trabajo” cuando llega a casa suele pensar en el trabajo más que nadie.

    ¿Los síntomas del estrés laboral son distintos en mujeres y en hombres?

    Sí, y de formas que tienen implicaciones prácticas. Este es uno de los ángulos más ignorados en los artículos sobre el tema, probablemente porque los estudios clásicos se hicieron con muestras mayoritariamente masculinas. Pero la evidencia existe.

    En las mujeres, el síntoma predominante suele ser el cansancio emocional: una sensación de agotamiento afectivo profundo, de no tener nada más que dar, que combina lo físico con lo relacional. El conflicto de rol es un factor de riesgo diferencial: cuando se valora el trabajo de forma muy alta y al mismo tiempo se tienen responsabilidades domésticas y de cuidado que el entorno no reconoce ni acomoda, el estrés se amplifica (Amigo Vázquez, s.f.; Lazarus & Folkman, 1984). Los datos de prevalencia son consistentes: a nivel global, el estrés se reporta más en mujeres (36.1%) que en hombres (33.6%), según un estudio transversal con más de 300.000 participantes en 131 países (Smith & Wesselbaum, 2025).

    En los hombres, el patrón predominante es la despersonalización: el distanciamiento emocional, el cinismo, la actitud de “ya nada de esto me importa”. Es la forma en que muchos hombres procesan el agotamiento sin identificarlo como tal. También presentan patrones fisiológicos distintos: investigaciones de Frankenhaeuser citadas en Lazarus y Folkman (1984) muestran que los hombres elevan más el cortisol y las catecolaminas ante tareas de alta demanda. El matrimonio además funciona como factor protector frente a la mortalidad relacionada con el estrés de manera más pronunciada en hombres que en mujeres.

    Dicho esto, estas son tendencias estadísticas, no reglas. Hay hombres con cansancio emocional severo y mujeres con despersonalización intensa. Lo que importa no es el género sino identificar el patrón propio.

    [EXPERIENCIA: En consulta, muchas mujeres llegan con el trabajo ya casi colapsado antes de reconocer que están estresadas, porque durante meses interpretaron su agotamiento como falta de organización personal. Muchos hombres llegan cuando el cinismo ya generó conflictos en la relación o en el trabajo. En ambos casos, la señal llegó mucho antes de que se escuchara.]

    ¿Qué diferencia hay entre estrés laboral y burnout?

    La pregunta aparece en casi todas las consultas, y vale la pena tenerla clara porque el tratamiento tiene matices distintos.

    El estrés laboral es un estado de desequilibrio entre las demandas del trabajo y los recursos que la persona percibe que tiene para manejarlas. Puede ser episódico (un proyecto puntual) o crónico (cuando las condiciones no cambian). En principio tiene una salida: si la situación mejora, la persona se recupera.

    El burnout es diferente. No es solo estrés acumulado: es un síndrome específico que surge cuando el estrés laboral crónico se combina con falta de control y falta de reconocimiento. Se diagnostica por una tríada reconocible:

    1. Cansancio emocional (la dimensión central): sensación de estar completamente agotado afectivamente, sin nada que dar.
    2. Despersonalización o cinismo: distanciamiento de las personas y las tareas; indiferencia, frialdad, robotización del trato.
    3. Baja realización personal: sensación de que el trabajo no tiene sentido, de que no sirves para esto, de que el esfuerzo no produce ningún resultado.

    El burnout suele seguir cuatro fases: un período inicial de entusiasmo y sobreinversión, un estancamiento cuando los esfuerzos no se reconocen, una fase de hiperactividad o apatía alternadas, y finalmente un colapso físico y mental que puede requerir baja médica prolongada.

    La revisión sistemática de Salvagioni et al. documenta que el burnout no tratado predice consecuencias físicas y psicológicas serias a largo plazo: hipercolesterolemia, diabetes tipo 2, insomnio, síntomas depresivos, hospitalización por trastornos mentales, y en casos extremos, mortalidad antes de los 45 años (Salvagioni et al., 2017).

    La clave práctica: si puedes imaginar una situación laboral en la que te recuperarías, es más probable que sea estrés. Si ya no puedes imaginar ninguna, puede que hayas cruzado al territorio del burnout.

    Qué causa el estrés laboral: los factores que la evidencia identifica

    No todas las condiciones laborales tienen el mismo peso. La investigación en psicología de la salud organizacional identifica seis factores que predicen de forma consistente el desarrollo de estrés y burnout.

    1. Falta de control y autonomía. Es el predictor más fuerte tanto del burnout como de las enfermedades coronarias. Cuando no puedes decidir cómo hacer tu trabajo, cuándo hacerlo ni qué priorizar, el organismo responde como si estuviera atrapado. Un metaánalisis europeo encontró que el job strain se asocia con un aumento del 23% en enfermedad coronaria y un 30% en riesgo de accidente cerebrovascular (Schulte et al., 2024).

    2. Ambigüedad de rol. No saber exactamente qué se espera de ti, no recibir feedback claro, no entender cómo se evalúa el desempeño. Es agotador porque el cerebro necesita saber si está haciendo bien las cosas; sin esa información, permanece en alerta constante.

    3. Conflicto de rol. Tener que satisfacer expectativas contradictorias de distintos superiores, o entre el rol laboral y el familiar. Es especialmente frecuente en mandos medios y en trabajos con múltiples jefaturas.

    4. Sobrecarga o déficit de trabajo. La sobrecarga cuantitativa (demasiadas horas) y cualitativa (tareas demasiado complejas para los recursos disponibles) agotan. Pero el déficit también: trabajos sin contenido real, o situaciones de mobbing donde se asignan tareas sin sentido o se excluye a la persona de forma sistemática.

    5. Falta de reconocimiento. El esfuerzo que no se traduce en ninguna forma de recompensa (económica, de promoción o valoración simbólica) desgasta de forma progresiva. El desequilibrio entre esfuerzo y recompensa es uno de los modelos más respaldados para predecir problemas de salud mental en el trabajo (Amigo Vázquez, s.f.).

    6. Ausencia de apoyo social. Los compañeros y la organización son un amortiguador fundamental. La revisión de Rugulies et al. en The Lancet muestra que el acoso laboral casi triplica el riesgo de trastornos mentales (RR = 2.58), más que cualquier otro factor psicosocial del trabajo (Rugulies et al., 2023). El apoyo organizacional reduce el agotamiento de forma superior al afrontamiento individual aislado (Lazarus & Folkman, 1984).

    Tratamiento del estrés laboral: qué funciona y por qué

    Hay mucha información contradictoria sobre esto. Por eso es útil separar lo que tiene evidencia sólida de lo que es consejo bienintencionado sin respaldo.

    Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Es el tratamiento psicológico con mayor base de evidencia para el estrés laboral. La modalidad más desarrollada es el entrenamiento en inoculación de estrés de Meichenbaum, que trabaja en tres fases: educativa (entender qué pasa y por qué), ensayo (practicar estrategias en escenarios controlados) y aplicación (transferir esas estrategias al contexto real). Una revisión Cochrane que analizó intervenciones individuales en el contexto laboral confirmó que las técnicas cognitivo-conductuales mejoran consistentemente el estrés y los síntomas de salud mental de los trabajadores, con efectos medianos a grandes en una revisión de 36 estudios experimentales (Tamminga et al., 2023).

    Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)

    La ACT propone algo diferente a la TCC clásica: en vez de cambiar los pensamientos negativos, enseña a relacionarse con ellos de otra forma. El concepto central es la flexibilidad psicológica: la capacidad de estar presente con el malestar (sin suprimirlo ni evitarlo) y actuar según lo que uno valora, aunque la ansiedad siga ahí (Hayes et al., 2012; Wilson & Luciano Soriano, 2002).

    Los datos en contexto laboral son sólidos. Los estudios de Bond y Bunce (citados en Hayes et al., 2012) mostraron que la ACT redujo el estrés laboral y el ausentismo de forma superior a los programas tradicionales de inoculación de estrés, con un tamaño de efecto promedio de d = 0.70 en los meta-análisis de sus componentes.

    Mindfulness y reducción del estrés basada en mindfulness (MBSR)

    El protocolo MBSR de Kabat-Zinn es el más estudiado. Un meta-análisis de 58 ensayos controlados aleatorizados encontró que el mindfulness tiene un efecto de g = 0.345 sobre los niveles de cortisol y la relajación de g = 0.347 (Rogerson et al., 2024). No son resultados espectaculares, pero son consistentes y se potencian en combinación con otros abordajes. El yoga fue identificado como el método más efectivo dentro de las intervenciones de relajación física.

    Intervenciones organizacionales

    Algo importante que la evidencia señala: los programas que cambian solo a la persona pero no las condiciones del trabajo producen mejorías que duran entre 4 y 7 meses. Los programas que también intervienen en la organización (redistribución de cargas, clarificación de roles, mejora del liderazgo) producen cambios que se mantienen hasta 4 años, según la revisión de Romppanen y Häggman-Laitila (2017). Dicho de otra forma: si el ambiente laboral no cambia, las herramientas individuales tienen un límite de lo que pueden lograr.

    Farmacoterapia

    Los ansiolíticos pueden aliviar la activación fisiológica aguda, pero no atacan la raíz del problema y tienen riesgo de dependencia psíquica y física. Los antidepresivos tienen impacto clínico significativo principalmente en los cuadros más severos o cuando ya hay un episodio depresivo mayor. La decisión sobre medicación es médica y siempre debe acompañarse de trabajo psicológico (Amigo Vázquez, s.f.).

    Licencia médica por estrés laboral en Chile: cuándo pedirla y qué necesitas saber

    Esta sección es específica para Chile. Los criterios del sistema de salud varían según el país, aunque los principios clínicos son universales.

    ¿Qué diagnóstico se usa?

    En Chile, el estrés laboral severo suele codificarse bajo el diagnóstico de neurosis laboral o trastorno adaptativo relacionado con el trabajo, clasificado en la CIE-10 bajo los trastornos de adaptación (F43.2). En casos más graves, puede diagnosticarse un episodio depresivo mayor (F32) o un trastorno de ansiedad generalizada (F41.1), según el cuadro clínico.

    ¿Quién puede dar la licencia?

    • Médico general o de cabecera: puede otorgar licencias de hasta 15 días corridos.
    • Médico psiquiatra: requerido cuando la licencia supera los 15 días. También pueden emitirla médicos internistas u otros especialistas si el cuadro está dentro de su área.
    • Psicólogo: en Chile, los psicólogos no pueden emitir licencias médicas. Pueden hacer el diagnóstico clínico y derivar, pero el documento oficial debe firmarlo un médico.

    ¿Cuánto puede durar?

    La licencia médica por salud mental puede extenderse hasta un máximo de 104 semanas acumuladas en los últimos tres años, según la normativa de FONASA e Isapres. Cada prórroga requiere evaluación médica actualizada. El COMPIN (Comisión de Medicina Preventiva e Invalidez) puede revisar licencias prolongadas.

    ¿Qué síntomas justifican pedirla?

    No hay una lista oficial, pero desde el punto de vista clínico, los siguientes cuadros son indicación de licencia médica:

    • Incapacidad para realizar las funciones laborales habituales debido a síntomas psicológicos documentados (insomnio severo, ansiedad paralizante, episodio depresivo)
    • Riesgo para la propia salud o para terceros si se continúa trabajando (conducción de maquinaria, trabajo con pacientes)
    • Cuadro agudo que requiere estabilización: descompensación emocional severa, ideación pasiva vinculada al contexto laboral
    • Cuando la continuidad laboral impide la recuperación y el ambiente laboral es parte activa del daño

    La licencia no es un premio ni un recurso de último momento. Es una herramienta clínica para que el sistema nervioso pueda recuperarse cuando ya no puede hacerlo mientras sigue expuesto al estresor. Si tienes dudas sobre si tu situación la justifica, el primer paso siempre es consultar con un profesional de salud.

    Cuándo buscar ayuda profesional

    El estrés laboral no siempre requiere tratamiento formal. Cuando es episódico y tienes recursos para manejarlo, puede resolverse con cambios en el ambiente y estrategias de afrontamiento. Pero hay señales que indican que ya es momento de buscar apoyo profesional:

    • Los síntomas físicos o emocionales llevan más de dos semanas sin mejorar, aunque hayas intentado descansar
    • El insomnio ya es crónico: tres o más noches por semana durante semanas seguidas
    • Tu funcionamiento en áreas importantes de tu vida (relaciones, salud, rendimiento) se está deteriorando
    • Estás usando alcohol, tabaco u otras sustancias con mayor frecuencia para tolerar el trabajo o desconectarte
    • Aparecen pensamientos de que “nada tiene sentido” o, en casos graves, ideas de hacerte daño
    • La sola idea de ir al trabajo genera reacciones físicas intensas (náuseas, palpitaciones, llanto)

    Un llamado urgente publicado en American Journal of Industrial Medicine subraya que la intervención temprana es crucial: el estrés laboral crónico no tratado predice consecuencias de salud graves que se acumulan con el tiempo (Schulte et al., 2024). Cuanto antes se interviene, mejor es el pronóstico.

    El primer paso puede ser una consulta con tu médico general o directamente con un psicólogo. Si en Chile tienes acceso a FONASA, el Programa de Salud Mental está disponible en los CESFAM; puedes pedir derivación a tu médico de cabecera.

    Preguntas frecuentes sobre el estrés laboral

    ¿Qué es el estrés laboral?

    El estrés laboral ocurre cuando una persona evalúa que las exigencias de su trabajo superan los recursos que tiene para manejarlas, poniendo en riesgo su bienestar. No es señal de debilidad: es una respuesta del sistema nervioso que, cuando se vuelve crónica, produce síntomas físicos, emocionales y cognitivos documentados.

    ¿Cuáles son los síntomas físicos del estrés laboral?

    Los más frecuentes son tensión o dolor muscular (especialmente en cuello y espalda), cefáleas tensionales, insomnio, palpitaciones, problemas digestivos como náuseas o colon irritable, y fatiga persistente que no cede con el descanso. Tienen mecanismos biológicos concretos relacionados con la activación prolongada del sistema nervioso simpático.

    ¿Los síntomas del estrés laboral son diferentes en mujeres que en hombres?

    Sí. Las mujeres tienden a presentar más cansancio emocional y reportan mayor prevalencia global de estrés (36.1% vs 33.6%). Los hombres tienden más a la despersonalización (cinismo, distanciamiento). El conflicto entre el rol laboral y las responsabilidades domésticas es un factor de riesgo diferencial para las mujeres. Son tendencias estadísticas, no reglas absolutas.

    ¿Cuánto tiempo dura una licencia por estrés laboral en Chile?

    Depende de la evaluación médica y del cuadro clínico. Las licencias por salud mental pueden extenderse hasta 104 semanas acumuladas en los últimos tres años. Las licencias de más de 15 días requieren la firma de un médico psiquiatra. Cada prórroga exige una nueva evaluación médica.

    ¿Qué diferencia hay entre burnout y estrés laboral?

    El estrés laboral puede ser episódico y reversible si cambian las condiciones. El burnout es un síndrome específico de estrés crónico con tres dimensiones: agotamiento emocional profundo, despersonalización (cinismo) y baja realización personal. El burnout generalmente requiere intervención más prolongada e intensa.

    ¿Cuándo debo pedir una licencia por estrés laboral?

    Cuando los síntomas impiden cumplir las funciones laborales habituales, cuando la continuidad en el trabajo agrava el cuadro clínico, o cuando aparecen señales de alarma como insomnio severo, descompensación aguda o ideas de hacerse daño. La decisión la toma un médico tras evaluación individual, no el trabajador solo.

    ¿El estrés laboral se puede diagnosticar con un test?

    No existe un test que diagnostique el estrés laboral por sí solo. Herramientas como la Escala de Estrés Percibido (PSS) pueden orientar, pero el diagnóstico requiere evaluación clínica completa. Los tests de screening son puntos de partida útiles, no reemplazos de la consulta profesional.

    Una conclusión que también es una invitación

    Si llegaste hasta aquí, probablemente algo en esta guía te tocó de cerca.

    El estrés laboral no se resuelve aguantando. A veces el ambiente cambia; muchas veces no. Pero hay herramientas con respaldo real para manejar mejor la relación con el trabajo, recuperar el sueño, y volver a funcionar sin que el cuerpo tenga que gritar.

    La psicoterapia, especialmente la TCC y la ACT, ofrece estrategias concretas adaptadas a tu situación específica. Si sientes que ya es momento de buscar apoyo, agenda una consulta aquí.

    Nicolás Alcayaga

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico | Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud)

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

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    Referencias

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    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

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