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  • Me enojo por todo: causas y cómo manejarlo

    Me enojo por todo: causas y cómo manejarlo

    Un compañero mastica con la boca abierta, el semáforo demora, la respuesta de WhatsApp llega con un punto final y, antes de pensarlo, ya estás con la mandíbula apretada. Más tarde, cuando baja la rabia, aparece la segunda parte: la culpa por haber contestado así y la sospecha de que algo en ti no anda bien.

    Si te pasa seguido y piensas «me enojo por todo» o «me enojo por cualquier cosa», tiene explicación. Enojarse así suele ser el resultado de varias cosas que se suman (poco sueño, estrés acumulado, ánimo bajo, exigencias muy rígidas sobre cómo deberían ser las cosas) y tiene salidas concretas. Aquí revisamos qué dice la investigación sobre por qué pasa, cuándo conviene consultar y qué hacer, tanto en el momento como en el día a día.

    Respuesta corta: enojarse por casi todo suele indicar un umbral de reacción más bajo de lo habitual, que sube con el cansancio, el estrés y la depresión o la ansiedad. Ayuda dormir, pausar antes de responder, cuestionar los «debería» y evitar tanto el desahogo explosivo como el aguante en silencio. Conviene consultar si ocurre casi todos los días, dura semanas, termina en gritos o agresión, o viene con ánimo bajo.

    ¿Por qué me enojo por todo y por nada?

    Los especialistas separan dos cosas que en la vida diaria se mezclan. La ira es la emoción puntual que aparece ante algo que percibimos como injusto o como un obstáculo. La irritabilidad es un estado de fondo en que basta una provocación mínima para que salte la molestia, es decir, un umbral de reacción bajo (Gross y Ford, 2024). Cuando alguien dice «estoy irritable, todo me molesta», describe más bien lo segundo, y lo mismo pasa con «me enojo por todo».

    Una revisión de la literatura encontró que la irritabilidad figura como síntoma en 15 trastornos del DSM-5 y que se la define y mide de forma bastante inconsistente, con mucho traslape con la ira y la agresión (Toohey y DiGiuseppe, 2017). Traducido: no es un diagnóstico por sí sola, es una señal que hay que mirar en su contexto.

    También es más común de lo que parece. En una encuesta en línea con casi 43 mil adultos de Estados Unidos, la irritabilidad fue mayor en mujeres, en personas más jóvenes y en quienes tenían menos estudios e ingresos. Se asoció además con más probabilidad de pensamientos suicidas, lo que apunta a mirarla con seriedad cuando se mantiene (Perlis et al., 2024). La muestra no fue probabilística y no incluyó a Chile, así que sirve de orientación y no vale como cifra para nuestro país.

    Causas frecuentes del enojo constante

    Dormir poco y vivir con estrés

    Es la causa más cotidiana. En un experimento con 53 adultos sanos, quienes pasaron una noche sin dormir reportaron más estrés, ansiedad y enojo que los descansados ante una tarea de poca exigencia. Con una tarea muy exigente, ambos grupos se estresaron por igual. La falta de sueño bajó el punto en que lo leve empieza a molestar, y ante lo grave ambos grupos reaccionaron igual (Minkel et al., 2012). Dicho de otro modo, con sueño insuficiente baja el umbral y lo pequeño pasa a parecer grande.

    Los manuales clínicos sobre insomnio describen lo mismo desde la consulta: la irritabilidad y la tensión emocional acompañan casi siempre al mal dormir, y la sensación de no controlar el propio sueño suma frustración durante el día (Morin y Espie, 2004; Perlis et al., 2005). Si duermes mal hace semanas, parte de tu enojo puede estar viniendo de ahí. Puedes partir con el test de insomnio del sitio y, si se confirma, con la terapia cognitivo-conductual para el insomnio.

    El estrés sostenido funciona de manera parecida: agota los recursos con que normalmente frenamos la reacción. Si sientes que vienes cargando de más hace meses, te pueden servir las técnicas para manejar el estrés y, si hay agotamiento laboral, la guía sobre burnout o depresión.

    Depresión y ansiedad, que no siempre se ven como tristeza o miedo

    Mucha gente espera que la depresión se vea como llanto y desgano. En la práctica, la irritabilidad es muy común dentro de ella. En una muestra nacional de más de 36 mil adultos de Estados Unidos, el 61,3 % de quienes habían tenido un episodio depresivo mayor reportó irritabilidad. Ese grupo tenía depresión más grave, más comorbilidad con ansiedad y consumo de sustancias, y peor calidad de vida (Rizk et al., 2025).

    Una revisión sobre ira y depresión describe además los llamados ataques de ira: enojo de inicio rápido, con activación física intensa, ante provocaciones triviales. Aparecen con más frecuencia en personas deprimidas que en controles sanos (Painuly et al., 2005). Es casi la definición de «me enojo por todo y por nada».

    En la ansiedad, la lógica es la de lucha o huida. Clark y Beck (2010) explican que una amenaza percibida puede transformarse en rabia casi al instante cuando la persona interpreta que la situación es injusta o que rompe una norma suya. Y en el trastorno de ansiedad generalizada la irritabilidad es uno de los síntomas del diagnóstico, junto con la tensión muscular y el sueño poco reparador (Clark y Beck, 2010). Si sospechas de este cuadro, el test de ansiedad y depresión puede ayudarte a ordenar lo que sientes antes de consultar.

    Exigencias rígidas y poca tolerancia a la frustración

    Tanto la terapia cognitiva como la terapia racional emotivo-conductual ponen el foco en una causa menos visible: lo que te dices sobre cómo deberían ser las cosas. El enojo suele surgir cuando algo bloquea una meta (frustración) o cuando sientes que alguien rompió una regla que consideras justa (Beck et al., 2024). Si esa regla es absoluta («los demás deberían ser puntuales», «mi pareja tendría que notar cuándo estoy cansado»), cada incumplimiento pega como una ofensa (Tolin, 2024; Ruiz et al., 2012).

    La escala de tolerancia a la frustración de Harrington distingue cuatro formas de poca tolerancia (Harrington, 2005): exigir que los demás no estorben tus deseos y te traten con justicia, no soportar las emociones incómodas, no soportar la incomodidad o el esfuerzo, y no tolerar no alcanzar un logro. Quien tiene varias de ellas junto tiene muchas más ocasiones diarias de enojarse. En el sitio hay una guía completa sobre la baja tolerancia a la frustración en adultos.

    Rumiar, y la vergüenza escondida detrás

    Rumiar es darle vueltas una y otra vez a lo que pasó y a quién tuvo la culpa. Mantiene la ira activa en la memoria de trabajo y prolonga la activación del cuerpo, de modo que el siguiente roce se suma a un enojo que ya estaba encendido (Watkins, 2024). Un metaanálisis de 81 estudios encontró que más ira se asocia con más rumiación, evitación y supresión, y con menos aceptación y reevaluación, aunque con diferencias grandes entre estudios (Pop et al., 2025). Si te reconoces en esto, mira cómo dejar de pensar demasiado.

    Hay otra capa. Tangney y Dearing (2002) muestran que las personas propensas a la vergüenza (la sensación de ser defectuosas, no de haber hecho algo malo) tienden a enojarse más con los demás. Echar la culpa afuera protege del dolor de sentirse poca cosa y devuelve la sensación de poder. Un estudio clásico ya lo había visto: la propensión a la vergüenza se asociaba con más ira y agresión, y la culpa centrada en la conducta no (Tangney et al., 1992). Cuando alguien se enoja de forma desproporcionada ante una crítica, a veces el enojo responde menos a lo que se dijo que a lo que esa frase le removió.

    Trauma y otras causas médicas

    Cuando hay antecedentes de trauma, la ira puede quedar alta durante años. En 814 adultos coreanos que habían vivido eventos traumáticos, el grupo con puntajes altos de ira tenía más síntomas de estrés postraumático, depresión y ansiedad, y menor autoestima (Kim et al., 2023).

    También conviene descartar causas físicas. Una tiroides hiperactiva, por ejemplo, puede alterar el ánimo y producir ansiedad (Bunevicius y Prange, 2006), y si el cambio de carácter es reciente conviene que un médico lo descarte antes de asumir que todo es psicológico.

    Cuando el enojo se descarga en casa y con la pareja

    El estrés de afuera se derrama adentro. Bradbury y Karney (2019) describen un estudio clásico con controladores aéreos: después de jornadas más estresantes, llegaban a casa más retraídos e irritables. Con el estrés alto, además, perdemos la costumbre de disculpar al otro («está cansado») y empezamos a leer cada falla como un defecto de su carácter. Por eso muchas veces el enojo más fuerte cae sobre quien tienes más cerca. Hay una guía específica sobre por qué se pelea por todo en pareja.

    ¿Es normal enojarse por todo o ya es un problema?

    Enojarse es normal y útil: la ira nos avisa de injusticias y nos da energía para actuar (Gross y Ford, 2024). Se vuelve un problema por su frecuencia, su intensidad, su duración o por lo que provoca. Estas señales piden consulta:

    • El enojo ocurre casi todos los días y dura horas, o semanas seguidas.
    • Terminas gritando, insultando, rompiendo cosas o agrediendo, y después te sientes culpable o avergonzado.
    • Te cuesta mantener la pareja, el trabajo o la relación con tus hijos por cómo reaccionas.
    • Viene con tristeza, desgano, insomnio, ansiedad o consumo de alcohol para calmarte.

    Una escala breve de cinco preguntas, el DAR-5, mide la frecuencia, la intensidad y la duración de la ira, la agresividad hacia otros y cuánto interfiere en tus relaciones. Se usa un corte de 12 puntos sobre 25 para marcar ira problemática en poblaciones expuestas a trauma (Forbes et al., 2014), mientras que en adultos sanos de Brasil el mejor corte fue más bajo, sobre 8 (Goulart et al., 2021). Los puntos de corte varían según la muestra y no reemplazan una evaluación.

    Existe además un trastorno específico, el trastorno explosivo intermitente: explosiones de rabia desproporcionadas y repetidas, sin planificación. En una encuesta nacional estadounidense afectó al 7,3 % de los adultos alguna vez en la vida y al 3,9 % en el último año. Solo el 28,8 % de quienes tenían problemas de ira había recibido alguna vez tratamiento (Kessler et al., 2006). Un metaanálisis más reciente estimó 5,1 % alguna vez en la vida, con más riesgo en hombres, personas jóvenes, exposición a trauma y otros trastornos del ánimo, la ansiedad o el consumo de sustancias (Liu y Yin, 2025).

    Si junto con la irritabilidad aparecen pensamientos de hacerte daño o de que sería mejor no estar, busca ayuda de inmediato. En Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, del Ministerio de Salud) o acudir a un servicio de urgencia.

    Me enojo por todo: ¿qué hacer en el momento?

    El primer objetivo es bajar la activación antes de decidir qué decir. Algunas opciones con respaldo:

    1. Pausar y respirar lento. Salir de la situación unos minutos y practicar respiración diafragmática baja la activación física. Cuando la rabia está en su punto más alto, razonar es difícil, y en ese momento ayuda más desviar la atención a algo neutro que intentar reinterpretar la escena (Sheppes, 2024).
    2. Tomar distancia de la escena. Hablarte en tercera persona o con tu nombre («¿por qué se siente así Camila?») o imaginar el conflicto desde fuera reduce la reactividad y corta la rumiación (Kross y Ayduk, 2024).
    3. No descargar golpeando ni gritando. En un experimento clásico, quienes golpearon un saco imaginando a la persona que los había enojado quedaron más enojados y más agresivos, y quienes no hicieron nada se calmaron mejor (Bushman, 2002). Pennebaker y Smyth (2016) llegan a la misma conclusión para el desahogo ciego, como escribir solo para insultar: no sana y puede subir la presión arterial.
    4. Tampoco tragarte el enojo. Suprimir la expresión no reduce la rabia interna, cuesta esfuerzo mental y deja al otro con una sensación de distancia (English, 2024). Tiene su lugar cuando hay un riesgo real (por ejemplo, ante un superior), pero como hábito diario pasa la cuenta.
    5. Nombrar lo de debajo. Antes de reaccionar, pregúntate qué sentías un segundo antes del enojo. Beck et al. (2024) muestran que muchas veces hay una ráfaga breve de miedo o de vulnerabilidad («no voy a alcanzar») que se transforma en rabia cuando aparece el pensamiento de que algo es injusto.

    Hay una razón extra para frenar a tiempo: en un metaanálisis de 9 estudios, los arrebatos de ira se asociaron con más eventos cardiovasculares agudos en las dos horas siguientes, con heterogeneidad alta entre estudios (Mostofsky et al., 2014).

    ¿Cómo enojarte menos en el día a día?

    • Cuida lo básico. Dormir lo suficiente y reducir lo que te sobrecarga actúa sobre el umbral de reacción, que es justo lo que, según los estudios de más arriba, se mueve con el cansancio y el estrés. Parece poco y rinde.
    • Cuestiona los «debería». Anota qué pasó, qué te dijiste y cómo te sentiste. Después reemplaza la exigencia absoluta por una preferencia: «preferiría que llegara a la hora, y puedo manejar que hoy no lo haya hecho». Es el núcleo de la reestructuración cognitiva en la terapia cognitivo-conductual (Tolin, 2024; Ruiz et al., 2012). Aplica también al enojo por haberte enojado: «no debería enojarme» suma culpa y empeora el ciclo.
    • Practica atención plena. Un metaanálisis de 118 estudios encontró que las intervenciones basadas en mindfulness reducen la ira (d = -0,48) y la agresión (d = -0,61) frente a los grupos control, aunque los efectos fueron mayores cuando el control era pasivo, así que conviene no sobrestimarlos (O’Dean et al., 2025). Para partir, está la guía de mindfulness.
    • Escribe para entender, no para insultar. Pennebaker y Smyth (2016) proponen escribir sobre lo que pasó buscando el porqué y el significado, no solo volcar la rabia. Armar una historia con sentido libera la mente de dar vueltas al tema.
    • Aprende a decir lo que necesitas. La comunicación asertiva consiste en pedir con firmeza y respeto, evitando tanto la explosión agresiva como la sumisión resentida. Es una de las herramientas que más se entrenan en terapia para el enojo (Beck et al., 2024; Tolin, 2024).
    • Revisa cómo regulas tus emociones en general. Si quieres una mirada más amplia, está la guía para controlar las emociones y la de evaluación de la regulación emocional.

    ¿Ayuda la terapia para el enojo?

    Sí. Un metaanálisis de 96 estudios sobre tratamientos psicológicos de la ira encontró un efecto medio-alto (diferencia media estandarizada de 0,76) (Saini, 2009). Una revisión de 42 estudios de terapia cognitivo-conductual para la ira halló mejoría en casi todos, aunque con diseños de calidad dispar (Fernandez et al., 2018). La terapia dialéctico-conductual también la reduce, con un efecto menor (g = -0,21; 34 estudios) que crece con tratamientos más largos (Ciesinski et al., 2022).

    En la práctica, el trabajo suele incluir registrar los gatillos, reestructurar los «debería», entrenar la pausa y la asertividad, y tratar lo que esté debajo (depresión, ansiedad, trauma, mal sueño). Si el enojo te está costando relaciones, trabajo o tranquilidad, escríbenos: se puede evaluar y trabajar por videollamada.

    Preguntas frecuentes

    ¿Por qué me enojo por todo y por nada?

    Casi siempre es una suma: poco sueño, estrés, ánimo bajo o ansiedad y exigencias rígidas sobre cómo deberían ser las cosas. Eso baja el umbral de reacción y lo pequeño empieza a molestar. A veces también hay vergüenza o una herida antigua detrás. Una evaluación psicológica permite ver cuál pesa más en tu caso.

    Me enojo por todo, ¿qué hago?

    Primero baja la activación (pausa, respiración lenta) y no respondas en el pico de la rabia. Después revisa lo que alimenta el umbral bajo: sueño, estrés, ánimo y los «debería» rígidos. Si el enojo se repite casi a diario, daña tus relaciones o viene con tristeza, consulta a un psicólogo.

    ¿Estar irritable todo el tiempo es depresión o ansiedad?

    Puede serlo. La irritabilidad es muy frecuente en la depresión (61,3 % de los adultos con un episodio depresivo mayor la reportó en una muestra estadounidense) y es un síntoma del trastorno de ansiedad generalizada. Si además hay ánimo bajo, pérdida de interés, insomnio o preocupación constante por semanas, conviene consultar.

    ¿Me enojo por todo con mi pareja, qué hago?

    Pausa antes de responder y evita discutir en el pico de la rabia. Cuando baje, di lo que sentías por debajo del enojo («me dio miedo que no me escucharas») en vez de acusar. Las parejas con estrés externo alto se leen peor entre sí, así que revisa cuánta carga traes de afuera.

    ¿Desahogarse gritando o golpeando algo sirve?

    No. Los estudios muestran que el desahogo explosivo mantiene o sube la ira y la agresión. Funciona mejor bajar primero la activación (pausa, respiración lenta, una caminata) y, cuando ya estés más tranquilo o tranquila, entender qué pasó, hablarlo con la persona o escribirlo con calma.

    ¿Cuándo debo ir al psicólogo por mi enojo?

    Cuando el enojo ocurre casi a diario, dura semanas, termina en gritos o agresión, daña tus relaciones o el trabajo, o viene con tristeza, ansiedad o insomnio. Si aparecen pensamientos de hacerte daño, busca ayuda de inmediato: en Chile, llama al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio).

    ¿Puede ser algo físico y no psicológico?

    Sí. Problemas como una tiroides hiperactiva pueden alterar el ánimo y producir ansiedad, y el mal dormir también influye. Si el cambio de carácter es reciente, un chequeo médico es un buen punto de partida, junto con la evaluación psicológica, porque ambas miradas se complementan.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., Emery, G., DeRubeis, R. J., & Hollon, S. D. (2024). Cognitive therapy of depression (2.ª ed.). Guilford Press.

    Bradbury, T. N., & Karney, B. R. (2019). Intimate relationships (3.ª ed.). W. W. Norton & Company.

    Bunevicius, R., & Prange, A. J. (2006). Psychiatric manifestations of Graves’ hyperthyroidism: Pathophysiology and treatment options. CNS Drugs, 20(11), 897-909. https://doi.org/10.2165/00023210-200620110-00003

    Bushman, B. J. (2002). Does venting anger feed or extinguish the flame? Catharsis, rumination, distraction, anger, and aggressive responding. Personality and Social Psychology Bulletin, 28(6), 724-731. https://doi.org/10.1177/0146167202289002

    Ciesinski, N. K., Sorgi-Wilson, K. M., Cheung, J. C., Chen, E. Y., & McCloskey, M. S. (2022). The effect of dialectical behavior therapy on anger and aggressive behavior: A systematic review with meta-analysis. Behaviour Research and Therapy, 154, 104122. https://doi.org/10.1016/j.brat.2022.104122

    Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010). Cognitive therapy of anxiety disorders: Science and practice. Guilford Press.

    English, T. (2024). Expressive suppression: Understanding the regulation of emotional behavior. En J. J. Gross & B. Q. Ford (Eds.), Handbook of emotion regulation (3.ª ed., pp. 498-504). Guilford Press.

    Fernandez, E., Malvaso, C., Day, A., & Guharajan, D. (2018). 21st century cognitive behavioural therapy for anger: A systematic review of research design, methodology and outcome. Behavioural and Cognitive Psychotherapy, 46(4), 385-404. https://doi.org/10.1017/s1352465818000048

    Forbes, D., Alkemade, N., Mitchell, D., Elhai, J. D., McHugh, T., Bates, G., Novaco, R. W., Bryant, R., & Lewis, V. (2014). Utility of the Dimensions of Anger Reactions-5 (DAR-5) scale as a brief anger measure. Depression and Anxiety, 31(2), 166-173. https://doi.org/10.1002/da.22148

    Goulart, A. C., Bismarchi, D., Rienzo, M., Syllos, D. H., & Wang, Y.-P. (2021). Dimensions of Anger Reactions (DAR-5): A useful screening tool for anger in the general population. International Journal of Psychiatry in Clinical Practice, 25(4), 421-429. https://doi.org/10.1080/13651501.2020.1821893

    Gross, J. J., & Ford, B. Q. (Eds.). (2024). Handbook of emotion regulation (3.ª ed.). Guilford Press.

    Harrington, N. (2005). The Frustration Discomfort Scale: Development and psychometric properties. Clinical Psychology & Psychotherapy, 12(5), 374-387. https://doi.org/10.1002/cpp.465

    Kessler, R. C., Coccaro, E. F., Fava, M., Jaeger, S., Jin, R., & Walters, E. (2006). The prevalence and correlates of DSM-IV intermittent explosive disorder in the National Comorbidity Survey Replication. Archives of General Psychiatry, 63(6), 669-678. https://doi.org/10.1001/archpsyc.63.6.669

    Kim, H. J., Lee, D. H., Kim, J. H., & Kang, S.-E. (2023). Validation of the Dimensions of Anger Reactions Scale (the DAR-5) in non-clinical South Korean adults. BMC Psychology, 11, Article 74. https://doi.org/10.1186/s40359-023-01084-8

    Kross, E., & Ayduk, O. (2024). Distancing: What it is, how it works, and where to go next. En J. J. Gross & B. Q. Ford (Eds.), Handbook of emotion regulation (3.ª ed., pp. 505-512). Guilford Press.

    Liu, F., & Yin, X. (2025). Angry without borders: Global prevalence and factors of intermittent explosive disorder: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review, 121, Article 102643. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2025.102643

    Minkel, J. D., Banks, S., Htaik, O., Moreta, M. C., Jones, C. W., McGlinchey, E. L., Simpson, N. S., & Dinges, D. F. (2012). Sleep deprivation and stressors: Evidence for elevated negative affect in response to mild stressors when sleep deprived. Emotion, 12(5), 1015-1020. https://doi.org/10.1037/a0026871

    Morin, C. M., & Espie, C. A. (2004). Insomnia: A clinical guide to assessment and treatment. Springer.

    Mostofsky, E., Penner, E. A., & Mittleman, M. A. (2014). Outbursts of anger as a trigger of acute cardiovascular events: A systematic review and meta-analysis. European Heart Journal, 35(21), 1404-1410. https://doi.org/10.1093/eurheartj/ehu033

    O’Dean, S. M., Summerell, E., Harmon-Jones, E., Creswell, J. D., & Denson, T. F. (2025). The associations and effects of mindfulness on anger and aggression: A meta-analytic review. Clinical Psychology Review, 118, Article 102584. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2025.102584

    Painuly, N., Sharan, P., & Mattoo, S. K. (2005). Relationship of anger and anger attacks with depression: A brief review. European Archives of Psychiatry and Clinical Neuroscience, 255(4), 215-222. https://doi.org/10.1007/s00406-004-0539-5

    Pennebaker, J. W., & Smyth, J. M. (2016). Opening up by writing it down: How expressive writing improves health and eases emotional pain (3.ª ed.). Guilford Press.

    Perlis, M. L., Jungquist, C., Smith, M. T., & Posner, D. A. (2005). Cognitive behavioral treatment of insomnia: A session-by-session guide. Springer.

    Perlis, R. H., Uslu, A., Schulman, J., Himelfarb, A., Gunning, F. M., Solomonov, N., Santillana, M., Baum, M. A., Druckman, J. N., Ognyanova, K., & Lazer, D. (2024). Prevalence and correlates of irritability among U.S. adults. Neuropsychopharmacology, 49(13), 2052-2059. https://doi.org/10.1038/s41386-024-01959-3

    Pop, G. V., Nechita, D. M., Miu, A. C., & Szentagotai-Tatar, A. (2025). Anger and emotion regulation strategies: A meta-analysis. Scientific Reports, 15, Article 6931. https://doi.org/10.1038/s41598-025-91646-0

    Rizk, M., Tebeka, S., Dubertret, C., & Le Strat, Y. (2025). Prevalence, correlates and comorbidity of irritability in adults with major depressive episode in the U.S. population (2012-2013). Journal of Psychiatric Research, 181, 517-522. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2024.11.074

    Ruiz Fernández, M. Á., Díaz García, M. I., & Villalobos Crespo, A. (2012). Manual de técnicas de intervención cognitivo conductuales. Desclée De Brouwer.

    Saini, M. (2009). A meta-analysis of the psychological treatment of anger: Developing guidelines for evidence-based practice. Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law, 37(4), 473-488. PMID: 20018996. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/20018996/

    Sheppes, G. (2024). Emotion regulation choice. En J. J. Gross & B. Q. Ford (Eds.), Handbook of emotion regulation (3.ª ed., pp. 94-103). Guilford Press.

    Tangney, J. P., & Dearing, R. L. (2002). Shame and guilt. Guilford Press.

    Tangney, J. P., Wagner, P., Fletcher, C., & Gramzow, R. (1992). Shamed into anger? The relation of shame and guilt to anger and self-reported aggression. Journal of Personality and Social Psychology, 62(4), 669-675. https://doi.org/10.1037/0022-3514.62.4.669

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). Guilford Press.

    Toohey, M. J., & DiGiuseppe, R. (2017). Defining and measuring irritability: Construct clarification and differentiation. Clinical Psychology Review, 53, 93-108. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2017.01.009

    Watkins, E. R. (2024). Rumination. En J. J. Gross & B. Q. Ford (Eds.), Handbook of emotion regulation (3.ª ed., pp. 513-519). Guilford Press.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Depresión en Hombres: Los Síntomas que Se Disfrazan

    Depresión en Hombres: Los Síntomas que Se Disfrazan

    Él no llora. No dice que está triste. Lo que hay es un mal genio que antes no tenía, dos o tres cervezas más de las que solía tomar, horas de más en el trabajo y un «estoy bien, déjame tranquilo» cada vez que alguien pregunta. Nadie en la casa le pone el nombre de depresión, y él menos que nadie. Si algo de esto te suena, sea porque lo ves en tu pareja, en tu papá, en un amigo, o porque te describe a ti, esta guía sobre depresión en hombres es para eso.

    Aquí vas a encontrar cómo se ve la depresión en hombres cuando no se parece a la depresión de los folletos, por qué la mitad de los casos se queda sin diagnóstico, qué dicen las cifras chilenas de consulta y de suicidio, y cómo hablarle a un hombre que no quiere hablar. Todo con la evidencia a la vista.

    Respuesta corta: la depresión masculina existe con la misma frecuencia con que se diagnostica menos. Muchos hombres no la sienten como tristeza sino como irritabilidad, ira, consumo de alcohol, exceso de trabajo, conductas de riesgo o dolores sin causa. Cuando esos síntomas se cuentan, la brecha entre hombres y mujeres casi desaparece. En Chile, los hombres consultan menos y mueren por suicidio unas cuatro veces más que las mujeres. Se trata, y se trata bien, pero primero hay que verla.

    Depresión en hombres vs. mujeres: ¿por qué en ellos pasa desapercibida?

    La depresión se diagnostica el doble en mujeres que en hombres. Eso es real y está medido: dos metaanálisis con datos de más de 90 países encontraron que las mujeres tienen casi el doble de probabilidad de recibir un diagnóstico de depresión mayor (Salk et al., 2017). La brecha aparece a los 12 años, llega a su máximo en la adolescencia y después se mantiene toda la vida adulta. Beck, Rush, Shaw y Emery (2024, pp. 26-27) recogen el mismo dato en su manual de terapia cognitiva de la depresión y anotan que esa diferencia no existe en el trastorno bipolar.

    Los mismos autores del metaanálisis cierran con una frase que vale la pena leer dos veces: la magnitud de la diferencia indica que la depresión en los hombres no debe pasarse por alto. Que sea menos frecuente no la hace rara. Y hay razones para pensar que ni siquiera es tan menos frecuente.

    Los criterios diagnósticos de la depresión (ánimo bajo, pérdida de interés, llanto, culpa, cambios de sueño y apetito) describen bien cómo la viven muchas personas, pero dejan fuera una parte de cómo la viven muchos hombres. Un análisis de una encuesta nacional de Estados Unidos lo puso a prueba: cuando se midieron solo los síntomas «de tipo masculino» (ataques de ira, agresividad, abuso de sustancias, conductas de riesgo), más hombres que mujeres cumplían criterios de depresión, 26,3 % frente a 21,9 %. Cuando se combinaron los síntomas clásicos con los alternativos, la diferencia por sexo desapareció: 30,6 % de hombres y 33,3 % de mujeres (Martin et al., 2013).

    Dicho en simple: si preguntas por tristeza, encuentras más mujeres deprimidas. Si además preguntas por rabia, alcohol y riesgo, encuentras a los hombres que la primera pregunta se saltó.

    En Chile la brecha de diagnóstico es todavía más grande que la internacional. Según el análisis de la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, la prevalencia de depresión fue de 10,1 % en mujeres y 2,1 % en hombres, y la sospecha de depresión medida con un cuestionario de síntomas fue de 21,7 % frente a 10,0 % (Nazar et al., 2021). Una diferencia de cinco veces en el diagnóstico y de dos veces en los síntomas. Ese hueco entre las dos cifras es, en buena parte, depresión masculina que no llega a ninguna consulta.

    Un grupo de investigadores propuso una hipótesis para explicar la paradoja: las mujeres reportarían más la depresión leve y moderada, y los hombres aparecerían más en el extremo grave y en el suicidio, por dos vías: un estilo de afrontamiento que no expresa emociones ni pide ayuda, y una forma distinta de sintomatizar (Shi et al., 2021). Es una hipótesis, no un hecho comprobado, pero encaja con casi todo lo que sigue.

    Síntomas de depresión en hombres: los que no parecen depresión

    Los síntomas de depresión en hombres incluyen los clásicos (ánimo bajo, cansancio, insomnio, pérdida de interés) y además un conjunto que casi nunca se reconoce como depresión: irritabilidad, ira, consumo de alcohol, exceso de trabajo, conductas de riesgo y quejas físicas. Los profesionales los llaman síntomas externalizantes, porque en vez de volcarse hacia adentro (tristeza, llanto) se descargan hacia afuera.

    Esto no es una impresión clínica suelta. Una revisión sistemática con metaanálisis de 32 estudios y más de 108.000 participantes con depresión encontró que los hombres deprimidos reportan con más frecuencia e intensidad abuso de alcohol o drogas y conductas de riesgo o mal control de impulsos, mientras que las mujeres deprimidas reportan más los síntomas que figuran en los manuales: ánimo deprimido, cambios de apetito y alteraciones del sueño (Cavanagh et al., 2017). Los autores recomiendan algo muy concreto: al evaluar depresión en un hombre, preguntar por consumo, riesgo e impulsividad.

    La escala de riesgo de depresión masculina más estudiada, la MDRS-22, agrupa esos síntomas en seis dominios: supresión emocional, consumo de drogas, consumo de alcohol, ira y agresividad, síntomas somáticos y conductas de riesgo (Rice et al., 2013). Es un buen mapa de lo que hay que mirar:

    Lo que se ve desde afuera Lo que puede haber debajo
    Se enoja por cualquier cosa, contesta mal, «anda insoportable» Irritabilidad e ira como forma de expresar el malestar
    Toma más que antes, o empezó a tomar solo Alcohol para apagar el ánimo o poder dormir
    Llega tarde del trabajo, se queda en el gimnasio, no para nunca Sobreactividad para no quedarse a solas con lo que siente
    Maneja más rápido, apuesta, gasta de más, se mete en peleas Conductas de riesgo y mal control de impulsos
    Dolor de espalda, de cabeza, problemas digestivos, insomnio, menos deseo sexual Síntomas somáticos de la depresión
    «Estoy bien», se encierra, deja de responder mensajes Supresión emocional y aislamiento

    Ninguna de estas señales, sola, es depresión. Todas juntas, sostenidas durante semanas y con un cambio claro respecto a cómo era él antes, sí obligan a preguntarse.

    En un estudio cualitativo con hombres adultos chilenos que habían pasado por una depresión, los entrevistados describieron constelaciones de síntomas que no coincidían con los manuales diagnósticos, y sus historias se agruparon en tres tipos de relato: frustración, quiebre e inseguridad (Aguayo, 2022). No era gente que «no supiera» que estaba mal. Era gente que no encontraba, en la palabra depresión, algo que se pareciera a lo suyo.

    Irritabilidad y «mal genio»: ¿depresión masculina o carácter?

    La irritabilidad es el síntoma que más confunde, porque se lee como un problema de carácter o de pareja y no como un problema de salud. Beck y sus colaboradores (2024, p. 31) señalan que las personas deprimidas sienten con frecuencia irritabilidad, sobre todo hacia las personas más cercanas, y que encima sienten vergüenza por sentirla. O sea: él se enoja contigo, después se siente peor por haberse enojado, y ese círculo alimenta la depresión.

    La pista para distinguir el mal genio de la depresión es el cambio. Un hombre que siempre fue de pocas pulgas no está deprimido por serlo. Uno que era tranquilo y desde hace dos meses salta por todo, duerme mal y dejó de disfrutar lo que le gustaba, probablemente sí.

    Alcohol, trabajo y otras formas de no sentir

    El alcohol merece un párrafo aparte, porque es a la vez síntoma, anestesia y agravante. En el metaanálisis de Cavanagh y colaboradores (2017) el consumo de alcohol y drogas fue una de las dos diferencias más claras entre hombres y mujeres deprimidos. Y el alcohol empeora el sueño, el ánimo y el control de impulsos, así que la depresión que intenta tapar termina más grande.

    Si ves que el consumo subió al mismo tiempo que el ánimo bajó, vale la pena mirarlo con un instrumento serio. El test AUDIT de consumo de alcohol tarda tres minutos y da una idea honesta de en qué punto está.

    El exceso de trabajo es la versión socialmente aplaudida del mismo mecanismo. Nadie le dice a un hombre que trabaja doce horas que consulte a un psicólogo; le dicen que es responsable. Pero cuando el trabajo (o el deporte, o las pantallas) se usa para no estar nunca en silencio, funciona igual que la copa: posterga el momento de mirar lo que pasa.

    La brecha de consulta: por qué no pide ayuda

    Los hombres consultan menos por depresión, y el motivo principal no es biológico, es aprendido. Una revisión sistemática de 37 estudios encontró que apegarse a las normas masculinas tradicionales (ser fuerte, no mostrar debilidad, arreglárselas solo) tiene un efecto triple en los hombres con depresión: cambia cómo se expresan los síntomas, reduce la intención y la conducta real de pedir ayuda, y afecta cómo manejan lo que sienten (Seidler et al., 2016). Una revisión más reciente de 47 estudios llegó al mismo lugar: esas normas disuaden de buscar apoyo en salud mental, y los servicios necesitan adaptarse a eso en vez de esperar que el hombre se adapte a ellos (Mokhwelepa & Sumbane, 2025).

    En la práctica, eso significa que el hombre deprimido rara vez llega diciendo «estoy deprimido». Llega al médico por el dolor de espalda, por el insomnio, por la presión alta, o lo trae la pareja porque «ya no se le aguanta». El diagnóstico depende de que alguien, en ese punto, haga la pregunta correcta.

    Depresión masculina y suicidio en Chile: la cifra que obliga a mirar

    La razón por la que este tema no es un detalle académico es el suicidio. En Chile, según el Ministerio de Salud, la mortalidad por suicidio es cerca de cuatro veces mayor en hombres que en mujeres. Con datos oficiales del DEIS, una revisión publicada en la Revista Chilena de Neuro-Psiquiatría reporta una tasa de 17,3 muertes por suicidio por cada 100.000 hombres frente a 3,3 por cada 100.000 mujeres, con el 70 % de las muertes en hombres, y tasas todavía más altas en los hombres mayores de 80 años (Estadella-Guerra et al., 2023). El patrón no es chileno: a nivel internacional los hombres tienen una mortalidad por suicidio entre dos y cuatro veces mayor que las mujeres, y piden menos ayuda (Shi et al., 2026).

    Junta las dos cosas: se diagnostica cinco veces menos depresión en hombres, y mueren cuatro veces más por suicidio. Esa distancia es el costo de los síntomas que se disfrazan.

    Hay señales de alarma que conviene conocer, más allá de las de la depresión en general: regalar cosas que valoraba, despedirse de manera rara, poner papeles en orden sin motivo, hablar de ser una carga o de que «los demás estarían mejor», un aumento brusco del consumo, o una calma repentina después de semanas de estar mal. Cualquiera de ellas amerita preguntar directamente, con calma y sin rodeos, si ha pensado en quitarse la vida, y buscar ayuda profesional ese mismo día.

    Si necesitas orientación ahora, Salud Responde del MINSAL atiende las 24 horas en el 600 360 7777, y la línea *4141 (Hospital Digital) es gratuita para ideación suicida y funciona a toda hora. Si el riesgo es inmediato, urgencias del hospital o CESFAM más cercano.

    Lo alentador es que los sistemas de salud sí pueden mover esa cifra. Una revisión sistemática de intervenciones en atención primaria encontró que los programas comunitarios que incluyen formación de los médicos generales para detectar depresión y riesgo en hombres se asociaron a reducciones de la mortalidad masculina por suicidio frente a regiones sin el programa, y que las intervenciones sobre consumo de alcohol en el consultorio redujeron el consumo dañino (Ahmed et al., 2025). La detección en el primer contacto salva vidas; por eso importa tanto que la depresión masculina se reconozca donde él sí llega.

    ¿Existe un test de depresión para hombres?

    Existen escalas diseñadas para los síntomas masculinos, pero ninguna tiene todavía un punto de corte validado en población hispanohablante, así que aquí no vas a encontrar un test con puntaje que te diga «depresión masculina sí o no». Sería inventar un resultado.

    Lo que sí hay: la Escala de Depresión Masculina de Gotland, la MDRS-22 y su versión breve MDRS-7, y la GSDS-26. Una revisión de 2026 sobre estas herramientas concluye que captan dominios que las escalas tradicionales no miden (supresión emocional, ira, riesgo, consumo, quejas somáticas) y que pueden servir como cribado complementario, pero que la evidencia se apoya sobre todo en muestras no clínicas y falta validación a largo plazo y en otras culturas (Jabłonka et al., 2026).

    Mientras tanto, dos herramientas validadas y gratuitas sirven de punto de partida: el test PHQ-9 de depresión, que mide los síntomas clásicos y es uno de los más usados en atención primaria, y el test AUDIT de alcohol, que cubre la parte que el PHQ-9 no ve. Si el PHQ-9 sale bajo pero la lista de la tabla de arriba te suena entera, eso también es información: es exactamente el perfil que los cuestionarios clásicos se saltan, y motivo suficiente para una evaluación profesional.

    «Mi pareja está deprimido»: cómo hablar con él

    Si buscaste mi pareja está deprimido y llegaste hasta aquí, probablemente ya intentaste hablar y no funcionó. Lo más frecuente es que la conversación haya ido por el camino de «tienes que hablar de lo que sientes», y que él haya respondido con la puerta cerrada. No es que no le importe; es que le pediste el idioma que menos maneja.

    La literatura sobre cómo enganchar a los hombres en tratamiento psicológico da pistas que sirven igual en la casa. Una revisión de 46 artículos con recomendaciones clínicas destaca que con los hombres funcionan mejor los enfoques colaborativos, transparentes, orientados a la acción y centrados en metas, y microhabilidades como normalizar (dejar claro que lo que le pasa es común y tiene arreglo) y adaptar el lenguaje a lo que a él le hace sentido (Seidler et al., 2018). Son recomendaciones de expertos, no un ensayo clínico, pero apuntan todas en la misma dirección.

    Traducido a una conversación real:

    • Habla de lo que ves, no de lo que sientes tú por él. «Te noto más irritable y durmiendo mal desde hace dos meses» abre más puertas que «me tienes preocupada».
    • Ponle un nombre concreto y con salida. «Esto que te pasa tiene nombre, es muy común y se trata» funciona mejor que «creo que estás deprimido», que suena a etiqueta.
    • Propón una acción, no una emoción. Ir al médico por el sueño o por el cansancio cuesta menos que «ir a terapia a hablar de tus cosas». Desde ahí el profesional puede hacer el resto.
    • Ofrece acompañar, no supervisar. «Te pido la hora y te acompaño» reduce la fricción; «¿ya pediste la hora?» todos los días la aumenta.
    • No lo conviertas en pelea. Si responde con rabia, lo más probable es que la rabia sea el síntoma. Retírate y vuelve en otro momento, sin dejar de volver.
    • Si aparece cualquier señal de alarma de suicidio, pregunta directo y busca ayuda ese mismo día, con él o sin su permiso. Ahí ya no es una conversación de pareja, es una emergencia de salud.

    Y cuídate tú. Vivir con una persona deprimida agota, y eso no es egoísmo ni deslealtad. Tenemos una guía más amplia sobre cómo ayudar a una persona con depresión y qué evitar decirle que complementa este apartado.

    Qué funciona: tratamiento de la depresión en hombres

    La depresión masculina se trata con lo mismo que cualquier otra depresión, y funciona. La terapia cognitivo-conductual tiene un efecto grande frente a no tratarse, sostenido a los seis y doce meses de seguimiento, según un metaanálisis de 409 ensayos con más de 52.000 pacientes (Cuijpers et al., 2023). En ese mismo metaanálisis, la terapia cognitivo-conductual rindió igual que los antidepresivos a corto plazo y algo mejor a los seis y doce meses, y combinar ambos fue más eficaz que los fármacos solos. Los antidepresivos los indica y controla un médico; en la práctica, muchos hombres llegan primero a esa puerta. Tenemos el detalle en qué funciona para salir de la depresión según la evidencia.

    Con los hombres, lo que hay que cuidar es la forma de llegar y de quedarse en el tratamiento. La misma revisión de Seidler y colaboradores (2018) recomienda que el terapeuta tenga en cuenta cómo la socialización masculina influye en la consulta, use metas claras y un estilo activo, y trabaje con las fortalezas que él ya tiene. La terapia cognitiva le cae bien a ese perfil: es estructurada, tiene tareas concretas y mide el avance. Beck y colaboradores (2024, p. 131) describen el caso de un paciente deprimido, ansioso e irritable que no lograba plantarse ante su esposa porque creía que «no debes encontrarle defectos a la gente o te castigarán»: la terapia consistió en poner esa regla a prueba con experimentos concretos, no en hablar de sentimientos durante meses.

    En Chile, la depresión en personas de 15 años y más está cubierta por el GES, con tratamiento desde la confirmación diagnóstica y acceso a especialista si el cuadro es grave. El punto de entrada es el CESFAM o el médico de cabecera. Que la puerta esté abierta no significa que él la vaya a cruzar solo; por eso importa todo lo anterior.

    ¿Cuándo buscar ayuda profesional?

    Consulta (o pídele que consulte) si los cambios llevan más de dos semanas y hay varios de estos a la vez: irritabilidad nueva, consumo en aumento, insomnio, dolores sin explicación médica, pérdida de interés en lo que le gustaba, aislamiento, o rendimiento en el trabajo que cae mientras las horas suben.

    Consulta hoy, sin esperar, si hay ideas de muerte o de hacerse daño, si aparece alguna de las señales de alarma de la sección de suicidio, o si el consumo de alcohol se volvió diario o descontrolado. En esos casos la evaluación no es «para ver si es depresión»: es para proteger.

    Y si el que lee esto eres tú, y la tabla de arriba te describió mejor de lo que esperabas: consultar no requiere sentirte triste ni saber explicar qué te pasa. Basta con contar lo que cambió. Del resto se encarga la evaluación.

    Preguntas frecuentes sobre la depresión en hombres

    ¿Cuáles son los síntomas de la depresión en hombres?

    Además de los clásicos (ánimo bajo, cansancio, insomnio, pérdida de interés), en los hombres son frecuentes la irritabilidad y la ira, el aumento del consumo de alcohol, el exceso de trabajo o de actividad, las conductas de riesgo y las quejas físicas como dolores o problemas digestivos. Un metaanálisis de 32 estudios confirmó esas diferencias (Cavanagh et al., 2017).

    ¿Por qué la depresión masculina se diagnostica menos?

    Porque los criterios diagnósticos describen sobre todo síntomas de tristeza y llanto, y muchos hombres la expresan como rabia, consumo o riesgo. Cuando se cuentan esos síntomas alternativos junto con los clásicos, la diferencia entre hombres y mujeres desaparece (Martin et al., 2013). A eso se suma que los hombres consultan menos por normas de masculinidad aprendidas.

    ¿Cuántos hombres tienen depresión en Chile?

    Según la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, el 2,1 % de los hombres chilenos tenía depresión diagnosticable frente al 10,1 % de las mujeres, y el 10,0 % presentaba sospecha de depresión por síntomas frente al 21,7 % de ellas (Nazar et al., 2021). La distancia entre síntomas y diagnóstico sugiere una parte importante sin detectar.

    ¿Es cierto que los hombres se suicidan más que las mujeres?

    Sí. En Chile la mortalidad por suicidio es cerca de cuatro veces mayor en hombres, según el Ministerio de Salud. Con datos del DEIS, la tasa fue de 17,3 por cada 100.000 hombres frente a 3,3 por cada 100.000 mujeres, y el 70 % de las muertes por suicidio ocurrieron en hombres (Estadella-Guerra et al., 2023). Es el motivo central para detectar la depresión masculina a tiempo.

    ¿Hay un test de depresión específico para hombres?

    Existen escalas como la de Gotland y la MDRS-22, que miden ira, consumo, riesgo y supresión emocional, pero no tienen punto de corte validado en español y la evidencia viene de muestras no clínicas (Jabłonka et al., 2026). Mientras tanto, el PHQ-9 y el test AUDIT de alcohol son un buen punto de partida, y la evaluación profesional lo confirma.

    ¿Cómo ayudo a mi pareja si está deprimido y no quiere hablar?

    Describe lo que ves en vez de pedirle que hable de sentimientos, propón una acción concreta (una hora médica por el sueño o el cansancio), ofrece acompañar y no supervisar, y no conviertas su irritabilidad en pelea. Si hay señales de riesgo de suicidio, pregunta directo y busca ayuda ese mismo día. Los enfoques orientados a la acción son los que mejor enganchan a los hombres (Seidler et al., 2018).

    Verla es la mitad del tratamiento

    La depresión en hombres no es más leve ni más rara; es más difícil de ver, y por eso llega más tarde y más grave. La rabia, el alcohol, las horas de más y el «estoy bien» son, muchas veces, la depresión hablando en el único idioma que aprendió. Cuando alguien la reconoce y la nombra sin juicio, el tratamiento funciona igual de bien que en cualquier persona.

    Si te reconociste en estas líneas, o reconociste a alguien que quieres, agenda una consulta. No hace falta llegar con las palabras listas. Basta con contar qué cambió.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Aguayo, F. (2022). La depresión masculina y sus síntomas: Un estudio cualitativo con hombres adultos chilenos. Salud Colectiva, 18, e3942. https://doi.org/10.18294/sc.2022.3942

    Ahmed, A. E., Magfouri, M. K., Alamer, A. S., Alqurqush, N. A., Alzayedi, T. H., Alshehri, R. A., Al Marar, F. H., Alyabis, H. A., Neazy, F. A., & Alahmari, M. A. (2025). Primary care interventions in male mental health and suicide prevention: A systematic review. Cureus, 17(10), e94944. https://doi.org/10.7759/cureus.94944

    Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., & Emery, G. (2024). Cognitive therapy of depression (2.ª ed.). Guilford Press.

    Cavanagh, A., Wilson, C. J., Kavanagh, D. J., & Caputi, P. (2017). Differences in the expression of symptoms in men versus women with depression: A systematic review and meta-analysis. Harvard Review of Psychiatry, 25(1), 29-38. https://doi.org/10.1097/HRP.0000000000000128

    Cuijpers, P., Miguel, C., Harrer, M., Plessen, C. Y., Ciharova, M., Ebert, D., & Karyotaki, E. (2023). Cognitive behavior therapy vs. control conditions, other psychotherapies, pharmacotherapies and combined treatment for depression: A comprehensive meta-analysis including 409 trials with 52,702 patients. World Psychiatry, 22(1), 105-115. https://doi.org/10.1002/wps.21069

    Estadella-Guerra, C., Medina-Elgueta, C., & Toro-Silva, C. (2023). Muertes por suicidio en personas mayores y género masculino en Chile: Una reflexión pendiente. Revista Chilena de Neuro-Psiquiatría, 61(4), 393-401. https://doi.org/10.4067/s0717-92272023000400393

    Jabłonka, D., Łądkowska, M., Kossak, N., Modzelewski, S., & Waszkiewicz, N. (2026). Gender-sensitive depression scales: A review of male-specific assessment tools. Diagnostics, 16(6), 925. https://doi.org/10.3390/diagnostics16060925

    Martin, L. A., Neighbors, H. W., & Griffith, D. M. (2013). The experience of symptoms of depression in men vs women: Analysis of the National Comorbidity Survey Replication. JAMA Psychiatry, 70(10), 1100-1106. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2013.1985

    Ministerio de Salud de Chile, División de Prevención y Control de Enfermedades. (s.f.). Prevención del suicidio. https://diprece.minsal.cl/prevencion-del-suicidio/

    Mokhwelepa, L. W., & Sumbane, G. O. (2025). Men’s mental health matters: The impact of traditional masculinity norms on men’s willingness to seek mental health support. American Journal of Men’s Health, 19, 15579883251321670. https://doi.org/10.1177/15579883251321670

    Nazar, G., Gatica-Saavedra, M., Provoste, A., Leiva, A. M., Martorell, M., Ulloa, N., Petermann-Rocha, F., Troncoso-Pantoja, C., & Celis-Morales, C. (2021). Factores asociados a depresión en población chilena. Resultados Encuesta Nacional de Salud 2016-2017. Revista Médica de Chile, 149(10), 1430-1439. https://doi.org/10.4067/s0034-98872021001001430

    Rice, S. M., Fallon, B. J., Aucote, H. M., & Möller-Leimkühler, A. M. (2013). Development and preliminary validation of the male depression risk scale: Furthering the assessment of depression in men. Journal of Affective Disorders, 151(3), 950-958. https://doi.org/10.1016/j.jad.2013.08.013

    Salk, R. H., Hyde, J. S., & Abramson, L. Y. (2017). Gender differences in depression in representative national samples: Meta-analyses of diagnoses and symptoms. Psychological Bulletin, 143(8), 783-822. https://doi.org/10.1037/bul0000102

    Seidler, Z. E., Dawes, A. J., Rice, S. M., Oliffe, J. L., & Dhillon, H. M. (2016). The role of masculinity in men’s help-seeking for depression: A systematic review. Clinical Psychology Review, 49, 106-118. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2016.09.002

    Seidler, Z. E., Rice, S. M., Ogrodniczuk, J. S., Oliffe, J. L., & Dhillon, H. M. (2018). Engaging men in psychological treatment: A scoping review. American Journal of Men’s Health, 12(6), 1882-1900. https://doi.org/10.1177/1557988318792157

    Shi, L., Sutori, S., Lögdberg, U., Carli, V., & Eliasson, E. T. (2026). Effectiveness and gender-tailoring of suicide prevention interventions for men: A systematic review. BMC Public Health, 26(1), 2129. https://doi.org/10.1186/s12889-026-28269-1

    Shi, P., Yang, A., Zhao, Q., Chen, Z., Ren, X., & Dai, Q. (2021). A hypothesis of gender differences in self-reporting symptom of depression: Implications to solve under-diagnosis and under-treatment of depression in males. Frontiers in Psychiatry, 12, 589687. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2021.589687

    Superintendencia de Salud de Chile. (s.f.). Depresión en personas de 15 años y más (Garantías Explícitas en Salud). https://www.superdesalud.gob.cl/orientacion-en-salud/depresion-en-personas-de-15-anos-y-mas/

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico. Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud).

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

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