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  • Parentificación infantil: señales por edad y qué puede hacer la escuela

    Parentificación infantil: señales por edad y qué puede hacer la escuela

    Un niño de nueve años prepara la comida de sus hermanos, le recuerda a su mamá cuándo tomar los remedios y escucha con cara seria las penas de su papá. Alrededor lo llaman «muy maduro». A veces es un niño que ayuda. Otras veces es un caso de parentificación infantil: un hijo que ocupa el lugar de un adulto porque en casa nadie más lo ocupa.

    Esta guía ordena lo que se sabe: dónde queda la línea entre ayudar y cargar con lo que no corresponde, qué señales aparecen según la edad, cómo se ven en el colegio y qué pueden hacer la escuela y la familia sin culpar a nadie.

    Un aviso de honestidad: casi toda la investigación es transversal o se apoya en autorreportes, y lo que existe sobre apoyo escolar es cualitativo. Se indica cada vez que corresponde.

    Respuesta corta: la parentificación infantil ocurre cuando un niño o adolescente asume de forma sostenida cuidados o apoyo emocional que corresponden a los adultos. Las señales cambian con la edad, desde el niño pequeño que consuela a un padre hasta el adolescente agotado que falta a clases. La escuela ayuda más cuando detecta y acompaña, sin juzgar a la familia.

    ¿Qué es la parentificación infantil y en qué se diferencia de ayudar en casa?

    La parentificación infantil es una inversión de roles en la que un niño asume responsabilidades de adulto que superan su etapa de desarrollo (también llamada parentalización; en el lenguaje clínico, un niño parentalizado). Una revisión sistemática de 95 estudios la describe así y distingue dos formas: la instrumental (tareas prácticas) y la emocional (sostener a un adulto) (Dariotis et al., 2023).

    McGoldrick y colaboradores (2015) la leen como un problema de límites familiares. Aparece cuando la jerarquía de los padres se debilita por una adicción, una enfermedad, un conflicto de pareja, el desempleo o el estrés de migrar, y un hijo llena el vacío como apoyo práctico del hogar o como refugio afectivo de un progenitor.

    Ayudar en casa y parentificar son cosas distintas. Lavar la loza, cuidar un rato a un hermano o acompañar a un abuelo forma parte de crecer en familia, y en muchas culturas colectivistas es una práctica valorada. Según Dariotis et al. (2023) y McGoldrick et al. (2015), la responsabilidad cruza la línea cuando se dan varias de estas condiciones:

    • supera lo que el niño puede manejar a su edad;
    • invierte la dirección del cuidado, de modo que el niño protege al adulto;
    • se cumple sin supervisión ni apoyo de otro adulto, y sin reconocimiento;
    • le quita tiempo de juego, descanso, amigos o estudio;
    • el niño la vive como injusta o desproporcionada.

    Las dos formas no pesan igual. La emocional es la que más se vincula con malestar, mientras que la instrumental, si es moderada, puede convivir con una buena adaptación:

    Forma Cómo se ve Qué muestra la investigación
    Parentificación instrumental Cocinar, limpiar, cuidar hermanos, traducir o hacer trámites para los padres En adolescentes alemanes, nativos e inmigrantes, predijo más autoeficacia, aunque entre los inmigrantes también se asoció a agotamiento (Titzmann, 2012)
    Parentificación emocional Ser confidente, consolar, mediar en las peleas de los padres En 132 adolescentes con un progenitor con enfermedad crónica, la emocional se asoció a más malestar y las tareas domésticas no (Chen y Panebianco, 2020)

    ¿Cuántos niños y adolescentes cargan con el cuidado de su familia?

    No se encontraron cifras de parentificación en población general, y menos aún en Chile. Lo más cercano son los estudios de «cuidadores jóvenes», niños y adolescentes que ayudan a un familiar enfermo o con discapacidad. Es un grupo que se solapa con la parentificación sin ser lo mismo.

    En una encuesta a 6.313 estudiantes de 10 a 22 años de 44 colegios alemanes, el 6,1 % cuidaba de un familiar con una enfermedad crónica y casi dos tercios eran mujeres (Metzing et al., 2020). Sus tareas iban de lo doméstico a la ayuda con medicación, higiene y movilidad.

    En 1.983 escolares franceses de 11 a 15 años la cifra subió a 12,25 %, con más mujeres y más familias de recursos económicos bajos. Estos escolares informaron peor bienestar psicológico, peor ánimo y una vivencia más difícil del ambiente escolar que sus compañeros (Pilato et al., 2024).

    Una revisión sistemática de estudios con cuidadores menores de 18 años encontró que la mayoría informaba peor salud mental y física que sus pares, pero advierte que la evidencia es débil porque casi todos los estudios son transversales (Lacey et al., 2022).

    Señales de parentificación infantil según la edad

    Las señales de parentificación infantil cambian con la etapa del desarrollo. En los más pequeños se ven en el vínculo con el cuidador, en los escolares en el rol que asumen en casa, y en los adolescentes en la carga que sostienen y en lo que dejan de hacer por sí mismos. Ninguna señal sola prueba parentificación: importa el patrón, su intensidad y su duración.

    Primera infancia (hasta los 5 años)

    Un niño de dos años no cocina ni cuida hermanos, pero sí puede invertir la relación. En un estudio con observaciones a los dos años, la desorganización del apego en la infancia predijo más inversión de roles entre madre y niño, y la historia de inversión de roles de la propia madre sumó riesgo (Macfie et al., 2008).

    Desde la teoría del apego, Bowlby (1980) describió que ante un padre frágil, deprimido o desbordado el niño intenta calmarlo o complacerlo, y deja de expresar sus propias necesidades. En preescolares esto puede verse como un niño que vigila el ánimo del adulto, lo consuela, lo dirige o lo «cuida» con aire solemne.

    Cummings y Davies (2010) agregan que los preescolares ante el conflicto de sus padres sienten más miedo y tienden a culparse a sí mismos. Un niño pequeño que se interpone entre dos adultos que discuten busca recuperar su propia seguridad.

    Edad escolar (6 a 12 años)

    En esta etapa aparecen las formas más visibles. Se describen niños que cocinan, cuidan a los hermanos menores, traducen para padres inmigrantes o escuchan los problemas de pareja de los adultos. También el niño pacificador, que se mete en las peleas de los padres para que terminen (Dariotis et al., 2023; Cummings y Davies, 2010).

    Una señal frecuente es la pseudomadurez: el niño se muestra autosuficiente y responsable ante los adultos, pero por dentro carga con preocupación, cansancio y la sensación de haber perdido su infancia (Dariotis et al., 2023). Puede ser el niño que nunca da problemas y que responde que está bien.

    Cummings y Davies (2010) observan que, a medida que crecen, los niños tienen más impulso de mediar en las discusiones adultas. Es un esfuerzo por proteger a la familia, y por eso mismo la sobrecarga pasa inadvertida.

    Adolescencia (12 a 18 años)

    Las señales de parentificación en adolescentes se parecen más a una vida adulta en miniatura: manejar el dinero de la casa, trabajar para aportar, hacerse cargo de un hermano enfermo o ser el único confidente de un progenitor. A veces ocurre tras un divorcio, una enfermedad o una migración, como en la guía sobre cómo afecta el divorcio a los hijos según la edad.

    En 83 familias con hijos adolescentes la parentificación se asoció a más conflicto de pareja, menos calidez con los padres, más tendencia a intervenir en las peleas y peor competencia en las amistades cercanas, además de más síntomas internalizantes y externalizantes (Peris et al., 2008).

    Entre 118 adolescentes con un progenitor con problemas de salud mental, la parentificación se asoció a más problemas internalizantes y externalizantes en el mismo momento, y un año después solo predijo los internalizantes, en parte por el estrés percibido (Van Loon et al., 2017).

    ¿Cómo se ve la parentificación infantil en el colegio?

    En el colegio, la parentificación en niños se nota en el rendimiento, la asistencia, el cansancio y el modo de relacionarse con los compañeros. Son señales inespecíficas: también aparecen con ansiedad, depresión, TDAH o acoso escolar. Por eso el equipo escolar parte preguntando, sin suponer.

    • Rendimiento: tareas sin entregar, baja de notas, dificultad para concentrarse por preocupaciones de casa (Dariotis et al., 2023).
    • Asistencia: atrasos y faltas por cuidar a un hermano, acompañar a un adulto enfermo o hacer trámites.
    • Cuerpo: sueño en clase, cansancio extremo, dolores de cabeza o de estómago sin causa médica clara.
    • Con los compañeros: aislamiento, rechazo a participar en actividades de ocio, o un rol de «profesor sustituto» que cuida y corrige a los demás.
    • Con los adultos: mucha responsabilidad, mucha cortesía y mucha dificultad para pedir ayuda.

    Hay un matiz que desmiente la imagen típica. En 191 adolescentes polacos, las relaciones entre los tipos de parentificación y las notas fueron pequeñas, y la instrumental incluso se asoció a mejores calificaciones, mediada por la calidad de vida (Borchet et al., 2021). Un buen promedio no descarta una sobrecarga.

    El estudio francés mostró además que los cuidadores jóvenes igualaban a sus pares en apoyo social y en relación con sus amigos (Pilato et al., 2024). La red de pares puede ser un recurso que conviene cuidar.

    Si el cuadro que ves en un curso se parece más a un problema de aprendizaje o de ánimo, puedes mirar las guías sobre bajo rendimiento escolar y rechazo escolar.

    ¿Qué consecuencias tiene la parentificación infantil? Lo que agrava y lo que protege

    No siempre. El resultado depende de qué rol asume el niño, cuánto dura, si lo percibe como justo y de quién lo acompaña. La revisión de Dariotis et al. (2023) encontró que algunos jóvenes terminan con resultados positivos, aunque lo más común son problemas de ánimo, de conducta y de salud física.

    Estos son los factores que más se repiten en los estudios:

    • El tipo de rol. La parentificación emocional pesa más que las tareas domésticas (Chen y Panebianco, 2020).
    • La injusticia percibida. En estudiantes coreanos, haber vivido la carga como injusta fue lo único que siguió asociado a síntomas depresivos adultos al controlar el resto (Cho y Lee, 2019). Es un estudio retrospectivo, así que describe recuerdos.
    • El apoyo. En jóvenes inmigrantes de Israel, el apoyo familiar fue el factor más ligado a una mejor adaptación (Oznobishin y Kurman, 2009). En adolescentes con un padre enfermo, un buen vínculo con los pares se asoció a menos malestar (Chen y Panebianco, 2020).
    • La cultura. En un seguimiento de dos olas, el significado de cuidar cambió según el grupo: en jóvenes de origen europeo-estadounidense hubo más conducta externalizante y peor relación con los padres, mientras que en jóvenes afroamericanos la parentificación emocional se asoció a mejor relación con los padres (Khafi et al., 2014).

    Lo que ocurre a largo plazo tampoco es uniforme.

    En 213 adolescentes hijos de personas con VIH, la parentificación temprana se asoció seis años después a mejor afrontamiento y menor consumo de alcohol y tabaco, y no a más malestar emocional (Stein et al., 2007).

    En cambio, un metaanálisis de 12 estudios halló que haber vivido parentificación se asocia a más psicopatología adulta, con un efecto pequeño pero consistente (r = 0,14; Hooper et al., 2011). Si te interesa ese lado, la guía sobre parentificación en la adultez lo desarrolla.

    ¿Qué puede hacer la escuela ante un niño parentificado?

    La escuela puede hacer tres cosas: notar el patrón, abrir una conversación segura y coordinar apoyos con la familia y la red local. No necesita confirmar el diagnóstico ni investigar a los padres. Necesita que el niño tenga un adulto de confianza en el colegio.

    Los estudios sobre cuidadores jóvenes entregan pistas útiles.

    En entrevistas a 18 profesionales escolares, los docentes contaron que identificar a los niños que no lo cuentan por sí mismos es difícil, que lo que más ayuda es la relación de confianza entre colegio, alumno y familia, y que pueden aportar apoyo emocional y oportunidades académicas extra. También notaron que los cuidadores jóvenes no podían quedarse después de clases (Warhurst et al., 2022).

    Un análisis de entrevistas a cuidadores jóvenes, padres, docentes y orientadores propone apoyos de baja exigencia dentro de las estructuras que el colegio ya tiene, que sirvan tanto a los niños identificados como a los invisibles (Kaiser et al., 2024). El estudio francés concluye que el personal escolar debería formarse para reconocer a estos estudiantes (Pilato et al., 2024).

    Con esa base, una secuencia prudente para un colegio chileno sería:

    1. Observar el patrón durante varias semanas: faltas, cansancio, rendimiento, aislamiento o un rol excesivamente adulto.
    2. Conversar con el niño en privado, con preguntas abiertas («¿cómo van las cosas en tu casa?») y sin hacerlo sentir en falta ni delatar a su familia.
    3. Hablar con la familia desde la colaboración, con el objetivo de repartir la carga y no de sancionar. Los padres también pueden estar desbordados.
    4. Dar flexibilidad concreta mientras la situación dura: plazos de entrega, apoyo en horario de clases, un espacio donde descansar o estudiar.
    5. Involucrar a la red: el orientador o psicólogo del establecimiento, el centro de salud familiar (Cesfam) y, si hay vulneración de derechos, la red local de infancia.

    Ningún estudio probó todavía un protocolo escolar de este tipo en un ensayo controlado. Es un orden razonable construido sobre investigación cualitativa, no un procedimiento validado.

    En Chile, la Ley 20.536 sobre violencia escolar obliga a todo establecimiento a contar con un encargado de convivencia escolar, que implementa las medidas del consejo escolar y del comité de buena convivencia (BCN, 2011). Es una figura a la que el profesor jefe puede acudir.

    Cuando la sobrecarga viene de una situación grave en casa, la puerta de entrada es la Oficina de Protección de Derechos de la Infancia de la comuna o, donde ya existe, la Oficina Local de la Niñez, según la ficha de Ventanilla Única Social. Un llamado a la municipalidad aclara cuál corresponde.

    ¿Qué pueden hacer los adultos en casa?

    En casa, lo que más ayuda es devolver la jerarquía: que los adultos vuelvan a tomar las decisiones y a cargar con lo que les corresponde, y que lo que el niño haga sea explícito, acotado y reconocido. Hacerlo requiere que alguien más sostenga al adulto que hoy se apoya en el hijo.

    Minuchin (1974) llama «hijo parental» al niño al que se delega autoridad.

    Según Minuchin, la delegación explícita, con tareas acordes a su edad, puede ser funcional. Se vuelve disfuncional cuando los padres abdican y el niño pasa a ser la fuente principal de guía y control. El trabajo terapéutico consiste en aclarar el límite entre el adulto y el hijo, devolverlo al grupo de hermanos y mantenerle un rol útil pero menor.

    Algunas decisiones concretas surgen de esa lógica:

    • Repartir el cuidado entre varios adultos o con apoyo externo (familia extensa, servicios sociales, respiro), en vez de dejarlo en un solo hijo.
    • Sacar al hijo del medio de las peleas de pareja. Cummings y Davies (2010) describen que mediar, consolar o tomar partido son formas con las que los niños intentan recuperar seguridad, y que cuidar a un padre se vincula a largo plazo con problemas de ajuste.
    • Reconocer su esfuerzo con palabras y gestos concretos, sin darlo por obligación natural.
    • Buscar el consuelo adulto en otra parte: pareja, amistades, grupo de apoyo o un profesional. Byng-Hall (2002) propone en un ensayo teórico (no es un ensayo clínico) que la terapia familiar reduzca la necesidad de que el progenitor recurra al hijo.
    • Proteger el tiempo de juego y de pares. En adolescentes con un padre enfermo, un buen vínculo con los compañeros se asoció a menos malestar (Chen y Panebianco, 2020).

    Para padres que viven una enfermedad o un agotamiento propio, la guía sobre el síndrome del cuidador y la de burnout parental ayudan a ordenar de dónde sacar apoyo.

    ¿Cuándo consultar con un psicólogo?

    Conviene consultar cuando la carga lleva semanas o meses y aparecen señales en el ánimo, el cuerpo o la vida escolar: tristeza o irritabilidad persistentes, ansiedad, culpa excesiva, insomnio, aislamiento, ausentismo o caída marcada del rendimiento. Una evaluación aclara si hay parentificación, otro problema o ambos, y orienta qué trabajar con el niño y con la familia.

    La psicoterapia familiar es la vía que más se menciona en este campo, y trabaja en ordenar los roles y reducir la dependencia del adulto respecto del hijo (Byng-Hall, 2002; Minuchin, 1974). En las revisiones consultadas no se encontraron ensayos controlados de un tratamiento específico para niños parentificados: la recomendación se apoya en teoría clínica y estudios observacionales, y se dice con esa cautela.

    Si un adolescente expresa ideas de hacerse daño, la línea *4141 de prevención del suicidio atiende en Chile, y corresponde consultar de inmediato a un servicio de salud. Para decidir si llevar a un hijo al psicólogo, puedes revisar la guía sobre cuándo llevar a un niño al psicólogo.

    Si te reconociste en esta guía como madre, padre o docente, o recuerdas haber sido ese niño, puedes conversarlo con un profesional. Una primera conversación sirve para ordenar qué hace falta y quién puede aportarlo.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es la parentificación infantil?

    Es la inversión de roles en la que un niño o adolescente asume de forma sostenida responsabilidades prácticas o emocionales de adulto, como cuidar a hermanos, sostener emocionalmente a un padre o mediar en sus peleas. Importa la intensidad, la duración y la falta de apoyo de otro adulto, y no la tarea suelta.

    ¿Que mi hijo cuide a su hermano menor es parentificación?

    No necesariamente. Un cuidado puntual, acorde a su edad, con un adulto responsable presente y con reconocimiento, forma parte de la vida familiar. Preocupa cuando es frecuente, lo deja sin tiempo para jugar o estudiar, ocurre sin apoyo adulto o el niño lo vive como una carga injusta.

    ¿Cuáles son las señales de parentificación en adolescentes?

    Se describen cansancio, culpa excesiva, dificultad para pedir ayuda, retraimiento, caída del rendimiento y faltas por cuidar a otros. También puede aparecer un adolescente muy responsable que renuncia a sus actividades para sostener la casa. Estas señales no son exclusivas, y requieren una conversación con él antes de sacar conclusiones.

    ¿Puede un profesor detectar la parentificación?

    Puede notar el patrón, pero no confirmarlo. Los estudios con personal escolar indican que identificar a los niños que no lo cuentan es difícil y que la confianza entre colegio, alumno y familia es lo que más facilita hablarlo. El orientador o el psicólogo del colegio puede orientar los pasos siguientes.

    ¿La parentificación siempre causa problemas?

    No siempre. Hay jóvenes que salen sin problemas o con más autoeficacia, sobre todo cuando las tareas son moderadas, sienten que su esfuerzo se reconoce y tienen apoyo. La parentificación emocional, la carga percibida como injusta y la falta de apoyo se asocian a más malestar, tanto en la infancia como en la adultez.

    ¿Cuándo llevar a un niño parentificado al psicólogo?

    Cuando la situación se sostiene en el tiempo y hay ánimo bajo, ansiedad, aislamiento, insomnio o problemas con el colegio, o cuando el niño dice que no puede más. Una evaluación permite trabajar con el niño y con la familia, y el enfoque familiar es el que más se menciona para ordenar los roles.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. (2011). Ley 20.536 sobre violencia escolar. https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1030087
    • Borchet, J., Lewandowska-Walter, A., Połomski, P., Peplińska, A., & Hooper, L. M. (2021). The relations among types of parentification, school achievement, and quality of life in early adolescence: An exploratory study. Frontiers in Psychology, 12, Article 635171. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.635171
    • Bowlby, J. (1980). Attachment and loss: Vol. 3. Loss: Sadness and depression. Basic Books.
    • Byng-Hall, J. (2002). Relieving parentified children’s burdens in families with insecure attachment patterns. Family Process, 41(3), 375-388. https://doi.org/10.1111/j.1545-5300.2002.41307.x
    • Chen, C. Y., & Panebianco, A. (2020). Physical and psychological conditions of parental chronic illness, parentification and adolescent psychological adjustment. Psychology & Health, 35(9), 1075-1094. https://doi.org/10.1080/08870446.2019.1699091
    • Cho, A., & Lee, S. (2019). Exploring effects of childhood parentification on adult-depressive symptoms in Korean college students. Journal of Clinical Psychology, 75(4), 801-813. https://doi.org/10.1002/jclp.22737
    • Cummings, E. M., & Davies, P. T. (2010). Marital conflict and children: An emotional security perspective. Guilford Press.
    • Dariotis, J. K., Chen, F. R., Park, Y. R., Nowak, M. K., French, K. M., & Codamon, A. M. (2023). Parentification vulnerability, reactivity, resilience, and thriving: A mixed methods systematic literature review. International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(13), 6197. https://doi.org/10.3390/ijerph20136197
    • Hooper, L. M., DeCoster, J., White, N., & Voltz, M. L. (2011). Characterizing the magnitude of the relation between self-reported childhood parentification and adult psychopathology: A meta-analysis. Journal of Clinical Psychology, 67(10), 1028-1043. https://doi.org/10.1002/jclp.20807
    • Kaiser, S., Siegemund-Johannsen, S., Schulze, G. C., & Spittel, A.-M. (2024). Basic conditions for support of young carers in school: A secondary analysis of the perspectives of young carers, parents, teachers, and counselors. Healthcare, 12(11), 1143. https://doi.org/10.3390/healthcare12111143
    • Khafi, T. Y., Yates, T. M., & Luthar, S. S. (2014). Ethnic differences in the developmental significance of parentification. Family Process, 53(2), 267-287. https://doi.org/10.1111/famp.12072
    • Lacey, R. E., Xue, B., & McMunn, A. (2022). The mental and physical health of young carers: A systematic review. The Lancet Public Health, 7(9), e787-e796. https://doi.org/10.1016/s2468-2667(22)00161-x
    • Macfie, J., Fitzpatrick, K. L., Rivas, E. M., & Cox, M. J. (2008). Independent influences upon mother-toddler role reversal: Infant-mother attachment disorganization and role reversal in mother’s childhood. Attachment & Human Development, 10(1), 29-39. https://doi.org/10.1080/14616730701868589
    • McGoldrick, M., Garcia Preto, N. A., & Carter, B. (Eds.). (2015). The expanding family life cycle: Individual, family, and social perspectives (5.ª ed.). Pearson.
    • Metzing, S., Ostermann, T., Robens, S., & Galatsch, M. (2020). The prevalence of young carers: A standardised survey amongst school students (KiFam-study). Scandinavian Journal of Caring Sciences, 34(2), 501-513. https://doi.org/10.1111/scs.12754
    • Minuchin, S. (1974). Families and family therapy. Harvard University Press.
    • Oznobishin, O., & Kurman, J. (2009). Parent-child role reversal and psychological adjustment among immigrant youth in Israel. Journal of Family Psychology, 23(3), 405-415. https://doi.org/10.1037/a0015811
    • Peris, T. S., Goeke-Morey, M. C., Cummings, E. M., & Emery, R. E. (2008). Marital conflict and support seeking by parents in adolescence: Empirical support for the parentification construct. Journal of Family Psychology, 22(4), 633-642. https://doi.org/10.1037/a0012792
    • Pilato, J., Dorard, G., & Untas, A. (2024). Prevalence and quality of life of 11-15-year-old adolescent young carers in France: A school-based study. European Child & Adolescent Psychiatry, 33(9), 3101-3110. https://doi.org/10.1007/s00787-024-02383-0
    • Stein, J. A., Rotheram-Borus, M. J., & Lester, P. (2007). Impact of parentification on long-term outcomes among children of parents with HIV/AIDS. Family Process, 46(3), 317-333. https://doi.org/10.1111/j.1545-5300.2007.00214.x
    • Titzmann, P. F. (2012). Growing up too soon? Parentification among immigrant and native adolescents in Germany. Journal of Youth and Adolescence, 41(7), 880-893. https://doi.org/10.1007/s10964-011-9711-1
    • Van Loon, L. M. A., Van de Ven, M. O. M., Van Doesum, K. T. M., Hosman, C. M. H., & Witteman, C. L. M. (2017). Parentification, stress, and problem behavior of adolescents who have a parent with mental health problems. Family Process, 56(1), 141-153. https://doi.org/10.1111/famp.12165
    • Warhurst, A., Bayless, S., & Maynard, E. (2022). Teachers’ perceptions of supporting young carers in schools: Identifying support needs and the importance of home-school relationships. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(17), 10755. https://doi.org/10.3390/ijerph191710755

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Parentificación: qué es y cómo afecta en la adultez

    Parentificación: qué es y cómo afecta en la adultez

    A los nueve años ya sabías qué cara ponía tu mamá cuando venía un mal día y qué decir para que no se hundiera. A los doce firmabas papeles, cuidabas a tu hermano o escuchabas a tu papá contar problemas que ningún niño debería cargar.

    Hoy eres la persona «responsable» de todos: la que organiza, la que resuelve, la que llega primero y se va última. Y a veces, en voz baja, te preguntas por qué te cuesta tanto pedir algo para ti.

    Si buscaste «parentificación» desde ahí, esta guía explica qué es, cómo se distingue de ayudar en casa, qué consecuencias tiene en la adultez según la investigación, por qué no siempre daña y qué puede ayudarte a soltar el rol. También dice con honestidad lo que la ciencia todavía no sabe.

    Respuesta corta: la parentificación es cuidar de niño lo que le tocaba a un adulto

    La parentificación ocurre cuando un niño o adolescente asume papeles de cuidado que corresponden a los adultos, ya sean tareas del hogar o el sostén emocional de sus padres. En la adultez se asocia con más síntomas depresivos y de ansiedad, sobre todo si fue emocional y se vivió como injusta.

    Pero no siempre daña: depende de cuánto duró, de si alguien lo reconoció y de qué apoyo tuvo el niño.

    ¿Qué es la parentificación o parentalización?

    Es la inversión de roles dentro de una familia: el hijo cuida a su madre o a su padre (o a sus hermanos) como si fuera el adulto. Boszormenyi-Nagy y Spark (1973) introdujeron el término en la terapia familiar para describir ese desequilibrio entre generaciones. En la literatura aparece también como parentalización o inversión de roles, y a quien lo vivió se le llama hijo parentificado o, en femenino, hija parentalizada.

    Una definición actual la da una revisión sistemática de 95 estudios: la parentificación ocurre cuando niños y jóvenes se ven obligados a asumir roles y responsabilidades de padres o adultos que no corresponden a su etapa de desarrollo. Los estudios incluidos venían de seis continentes, de modo que no es un fenómeno de una cultura o un país (Dariotis et al., 2023).

    Es un concepto de la psicología de la familia y no figura como diagnóstico en el DSM-5 ni en la CIE-11. Por eso no tiene criterios oficiales ni un examen que la confirme.

    ¿Ayudar en casa es parentificación?

    No necesariamente. Ayudar en casa es normal y puede hacer bien. Lo que cambia es la proporción entre lo que se le pide al niño, el apoyo que recibe y el costo que paga. Las fuentes consultadas para esta guía distinguen ambas situaciones así:

    Ayudar en casaParentificación
    Qué hace el niñoTareas ajustadas a su edadTareas o cuidados propios de un adulto, como administrar dinero o sostener emocionalmente a un padre
    Quién acompañaLos padres supervisan y guíanEl adulto no está disponible (enfermedad, adicción, migración, pobreza) y el niño queda solo con la tarea
    Cuánto duraEs acotadoSe sostiene durante años
    ReconocimientoSe agradeceSe da por hecho
    Cómo lo vive el niñoSiente que aportaSiente que le quitaron la infancia

    Esa última fila importa más de lo que parece. En 316 universitarios coreanos, tanto empezar antes como durar más se asociaron con más síntomas depresivos en la adultez, y de todas las dimensiones evaluadas, solo la percepción de injusticia siguió asociada a la depresión cuando se controlaron las demás (Cho y Lee, 2019).

    Un análisis conceptual de 25 artículos lleva la idea más lejos: la justicia percibida, la normalidad cultural, el apoyo y los recursos de la familia forman parte de lo que define cada caso, y por eso la parentificación tiene consecuencias positivas y negativas (Hendricks et al., 2021).

    Una forma práctica de ordenar el recuerdo es preguntarse cuatro cosas sobre tu infancia: si la tarea era adecuada para tu edad, cuánto tiempo duró, si alguien te ayudaba con ella y si alguien la reconocía. Son criterios que resumen lo que miran los estudios, no un test.

    Parentificación emocional e instrumental: dos formas distintas

    La investigación separa dos tipos, porque no pesan igual.

    • Instrumental: el niño hace el trabajo práctico de la casa. Cocinar a diario, comprar, pagar cuentas, cuidar a los hermanos, hacer trámites o traducir en familias migrantes.
    • Emocional: el niño sostiene el ánimo de los adultos. Ser confidente, consolar a un padre deprimido, mediar en las peleas de pareja o esconder sus propios problemas para no sobrecargar a nadie.

    Los datos apuntan a que la emocional es la más costosa. En 132 adolescentes con un padre o madre con enfermedad física crónica, las tareas del hogar no se asociaron con más malestar, pero una mayor parentificación emocional sí (Chen y Panebianco, 2020).

    Un estudio de seguimiento en dos momentos mostró además que ambos tipos tenían efectos distintos a largo plazo, y que el contexto cultural los cambiaba. Entre jóvenes de origen europeo-estadounidense, cuidar tanto emocional como instrumentalmente se asoció con más conductas externalizantes y peor relación con los padres. Entre jóvenes afroamericanos, la parentificación emocional se asoció con una mejor relación con los padres (Khafi et al., 2014).

    Parentificación infantil: ¿por qué un niño termina en ese papel?

    Muchas veces no es una decisión deliberada de los padres. Aparece cuando hay un adulto desbordado y un niño disponible, y la dependencia del adulto empuja al hijo a ocupar ese lugar (Hendricks et al., 2021). Los contextos más estudiados son estos:

    • Enfermedad o problemas de salud mental de un progenitor. En 118 adolescentes con un padre o madre con problemas de salud mental, la parentificación se asoció con problemas internalizantes y externalizantes, y un año después solo predijo los internalizantes, en parte por el estrés que producía (Van Loon et al., 2017).
    • Depresión de un progenitor. En un estudio cualitativo con 21 adultos jóvenes, crecer con una madre o un padre deprimido significaba una infancia centrada en el bienestar de la familia, con muy poco espacio para pensar en sí mismos (Van Parys et al., 2015).
    • Consumo problemático de alcohol. Hijos adultos de personas con problemas de alcohol reportaron más parentificación, más cuidado emocional e instrumental y más injusticia percibida que sus pares (Kelley et al., 2007).
    • Riesgo familiar en general. En 499 universitarias, la enfermedad o psicopatología parental y la violencia doméstica predijeron parentificación en la infancia (Fitzgerald et al., 2008).
    • Migración, pobreza y duelos. Aparecen como antecedentes en las revisiones, aunque con menos estudios detrás.

    Desde la teoría del apego, un artículo de terapia familiar plantea que la parentificación se desarrolla dentro de apegos inseguros, cuando un progenitor recurre al hijo para recibir el cuidado que él mismo no tiene (Byng-Hall, 2002).

    Marrone (2001) describe la situación clínica de la inversión de roles como aquella en que el niño siente que el bienestar físico o psicológico de sus padres depende de lo que él haga. Para saber más sobre cómo se forman esos patrones, puedes leer sobre el apego desorganizado en adultos.

    ¿Cómo se ve la parentificación en adultos? Señales para revisar

    No existe un test de uso libre para adultos con puntos de corte validados, así que esto es una guía para pensar y no una evaluación. Las señales que siguen salen de descripciones clínicas y estudios cualitativos (McGoldrick et al., 2015; Marrone, 2001; Herman, 2015; Dariotis et al., 2023). Léelas como preguntas:

    1. ¿Te haces cargo de todo y te cuesta delegar, aunque estés agotado? Es lo que McGoldrick et al. (2015) llaman sobrefuncionamiento.
    2. ¿Decir «no» a lo que piden tus padres te da culpa o te parece inconcebible?
    3. ¿Lees con precisión el ánimo de los demás pero sabes poco qué necesitas tú?
    4. ¿Te cuesta pedir ayuda o consuelo porque sientes que serías una carga?
    5. ¿Te encuentras alternando entre complacer a tu pareja y un resentimiento que no sabes de dónde viene? Marrone (2001) lo describe en adultos que vivieron inversión de roles.
    6. ¿Tiendes a vincularte con personas que necesitan que las rescates?
    7. ¿Funcionas muy bien por fuera, pero sientes que tu verdadero yo no resistiría que lo conocieran? Herman (2015) lo describe como un «falso yo» en quienes se hicieron competentes de niños.
    8. ¿Sientes que tuviste una infancia corta, y te enoja o te da pena pensarlo?

    Que respondas que sí a varias no demuestra que hayas sido parentificado ni que tengas un problema. Sirve para ordenar qué quieres revisar con calma, o con un profesional.

    Parentificación: consecuencias en la adultez según la investigación

    La imagen que dan los estudios es más matizada que la de las redes sociales. Un metaanálisis de 12 estudios con 2.472 personas encontró que la parentificación autorreportada en la infancia se relaciona con más psicopatología adulta, pero con un efecto pequeño aunque consistente (r = .14; intervalo de confianza de .10 a .18). El tipo de psicopatología, la muestra, la raza y el instrumento usado cambiaban su magnitud (Hooper et al., 2011).

    Un efecto pequeño significa que la parentificación sola no decide cómo serás de adulto. Es un factor entre muchos, y se mezcla con todo lo demás que ocurrió en esa familia.

    EstudioQuiénesQué encontró
    Dariotis et al. (2023)95 estudios, revisión sistemáticaLo más común fueron problemas internalizantes, externalizantes y de salud física; algunos jóvenes tuvieron resultados positivos
    Cho y Lee (2019)316 universitarios coreanosMás duración y comienzo temprano, más síntomas depresivos; la injusticia percibida fue lo más determinante
    Van Loon et al. (2017)118 adolescentes con un progenitor con problemas de salud mentalUn año después, la parentificación predecía problemas internalizantes
    Lacey et al. (2022)Revisión de cuidadores menores de 18 añosLa mayoría mostró peor salud mental y física que sus pares, con evidencia relativamente débil

    Dos advertencias sobre estos datos. Una parte importante de los estudios se basa en recuerdos de adultos, muchas veces estudiantes universitarios, y casi todos son transversales. Eso permite ver asociaciones, no probar que la parentificación causó cada síntoma. Así lo señala la revisión sobre cuidadores menores de 18 años, que concluye que se necesitan estudios longitudinales (Lacey et al., 2022).

    La etapa entre los 18 y los 24 años también tiene su propia carga. En 297 estudiantes holandeses, quienes eran cuidadores familiares puntuaron más alto en tres de seis dimensiones de parentificación y usaron más el afrontamiento centrado en la emoción, sin diferencias en resiliencia (Boumans y Dorant, 2018).

    ¿Siempre hace daño? Lo que cambia el resultado

    No. Las revisiones recogen resultados positivos en algunos jóvenes parentificados y señalan qué parece inclinar la balanza (Dariotis et al., 2023; Hendricks et al., 2021):

    • Que se sienta justo. Es el factor que más repitió: cuando la carga se vive como arbitraria o robada, hay más síntomas.
    • Que alguien lo reconozca. Un simple agradecimiento explícito de los padres cambia cómo se vive la ayuda.
    • El tipo de cuidado. La instrumental, acotada y reconocida, puede dar sentido de competencia. La emocional, constante y sin descanso, pesa más.
    • El apoyo fuera de la familia. Amigos, mentores o pares que sostienen. En el estudio de Chen y Panebianco (2020), un mejor vínculo con los pares se asoció con menos malestar.
    • El contexto cultural. En familias donde el cuidado mutuo es una norma compartida, el mismo gesto puede tener otro significado (Hendricks et al., 2021; Khafi et al., 2014).
    • Encontrar sentido sin negar el daño. Los llamados beneficios percibidos (empatía, autonomía, responsabilidad) se asocian con menos síntomas depresivos (Dariotis et al., 2023).

    Un hallazgo que desconcierta a quien espera una respuesta simple: en el estudio con 499 universitarias, la parentificación no siempre se asoció con peor ajuste y en esa muestra incluso se asoció con menos desajuste (Fitzgerald et al., 2008). Los autores piden mirar la edad, la duración, la justicia percibida, la cultura y el apoyo familiar antes de sacar conclusiones.

    Hija mayor, parentificación y el mandato de cuidar

    La hija mayor aparece con frecuencia en estas historias.

    McGoldrick et al. (2015) describen que a muchas mujeres se les enseña a ser la cuidadora que se hace cargo de los hermanos menores, de los padres y de sostener los rituales y las redes de la familia, mientras que al hijo mayor se le suele reconocer más y se le exime del trabajo cotidiano de cuidado. Si además la hija es soltera, la familia presupone que no tiene compromisos propios.

    Es una descripción clínica de patrones frecuentes, no una regla ni un destino. Puede ser que reconozcas tu historia en ella, o que no.

    Parentificación, pareja e independencia

    En la pareja. Marrone (2001) observa que quienes vivieron inversión de roles pueden convertirse en cuidadores compulsivos, que ponen las necesidades del otro primero y se sienten responsables de su estabilidad emocional. Dariotis et al. (2023) recogen dificultades de confianza e intimidad en la adultez. Si tu patrón se repite en el amor, mira cómo se conecta con el estilo de apego y la elección de pareja y con la codependencia.

    Al independizarte. McGoldrick et al. (2015) señalan que el sistema familiar puede retener al hijo en el papel de cuidador, de modo que avanzar hacia la propia vida se vive como una amenaza para el hogar.

    Los padres que dependen mucho del hijo pueden usar la culpa para frenar esa salida, y cualquier límite se interpreta como traición o abandono. Si estás en esa etapa, esta guía sobre cómo independizarme de mis padres y este texto sobre la culpa por poner límites pueden acompañarte.

    Con tu familia de origen. Pillemer (2021), que estudió familias distanciadas, describe la parálisis entre la culpa por no ayudar y el miedo a ser absorbido de nuevo. Su principio central es no hundirse con el barco: resguardar tu estabilidad y la de la familia que formaste.

    ¿Qué puede ayudar a soltar el rol?

    Una aclaración antes de seguir: la revisión de Dariotis et al. (2023) apunta que faltan ensayos de intervención, y en la búsqueda hecha para esta guía no apareció ningún ensayo controlado que pruebe un tratamiento específico para adultos que fueron parentificados. Lo que sigue es orientación clínica razonable, apoyada en la terapia familiar y en la literatura sobre trauma, y no una receta con resultados probados.

    1. Ponle nombre al rol. Distinguir si lo tuyo fue instrumental, emocional o ambos ordena el recuerdo. Reconocer la sensación de infancia perdida y de injusticia, sin minimizarla, es parte del trabajo.
    2. Revisa qué parte de tu ayuda de hoy es elección y cuál obligación. McGoldrick et al. (2015) describen el sobrefuncionamiento crónico de los adultos parentificados. Aprender a delegar y a priorizar tu propio cuidado es práctica, y toma tiempo.
    3. Pon límites concretos, no vagos. Pillemer (2021) propone definir términos claros: qué temas no vas a hablar, cuánto duran las visitas, qué conductas aceptas. «Quiero respeto» es difícil de cumplir; «si empiezas a gritar, me voy» se puede cumplir. Esta guía sobre cómo poner límites trae ejemplos.
    4. Reparte el cuidado. Si tus padres necesitan apoyo hoy, McGoldrick et al. (2015) sugieren reuniones familiares para distribuir la tarea entre todos los hermanos y apoyarse en servicios externos, de modo que pases de cuidador exclusivo a una ayuda cuando se necesite. Si el cuidado ya te agotó, revisa el síndrome del cuidador.
    5. Construye apoyo fuera de la familia. Amigos, mentores o un terapeuta. Las revisiones lo señalan como amortiguador (Dariotis et al., 2023).
    6. Considera una terapia. La terapia familiar busca reducir la necesidad de que el progenitor recurra al hijo, por ejemplo resolviendo el conflicto de pareja y sacando al hijo del triángulo (Byng-Hall, 2002). Los enfoques centrados en la diferenciación del self (el equilibrio entre autonomía y pertenencia) aparecen como uno de los mecanismos estudiados en la revisión de Dariotis et al. (2023). Y si la parentificación vino con maltrato o abandono, el trabajo con trauma tiene sentido (Herman, 2015); aquí te sirve la guía de trauma de infancia en adultos.
    7. Reconoce lo que sí te dejó, sin negar el daño. Puedes valorar tu empatía o tu autonomía y, a la vez, aceptar que te costó caro. Las dos cosas pueden ser ciertas.

    Si lo que sientes se parece a una culpa que no sabes de dónde viene, el texto sobre la diferencia entre culpa y vergüenza puede ordenar la conversación contigo.

    Si eres madre o padre y notas que tu hijo te cuida

    Que un hijo te ayude no te hace un mal padre o una mala madre. Lo que conviene vigilar es que el hijo no termine siendo tu confidente ni tu mediador, y que no tenga que esconder sus problemas para no sobrecargarte.

    • Busca apoyo adulto. Pareja, amigos, familia o un profesional. En los estudios con adolescentes, restaurar la normalidad familiar y reforzar el apoyo emocional del adolescente fue lo que sugirieron los autores (Chen y Panebianco, 2020).
    • Saca al hijo del medio de los conflictos de pareja. Byng-Hall (2002) propone que los padres resuelvan sus conflictos para poder apoyarse entre ellos, sin necesitar al hijo.
    • Agradece lo que hace y ponle un tope. Reconocer la ayuda tiene efecto protector; pedir que sea una ayuda acotada, también.
    • Cuida la vida de tu hijo fuera de casa. Pares, juego, estudio. Un buen vínculo con los pares se asoció a menos malestar (Chen y Panebianco, 2020).

    Para ideas generales de crianza, la American Psychological Association mantiene una sección de recursos.

    Cuándo buscar ayuda profesional

    Conviene consultar si hay síntomas que se sostienen en el tiempo: tristeza o ansiedad persistentes, agotamiento, dificultad para poner cualquier límite, relaciones de pareja que repiten el mismo patrón, consumo de alcohol o sustancias para aguantar, o recuerdos de la infancia que siguen doliendo. Un psicólogo puede ayudarte a ver qué parte viene de ese rol y qué parte no.

    Si alguna vez piensas en hacerte daño, llama a la Línea de Prevención del Suicidio del MINSAL, *4141, gratuita desde celulares y disponible las 24 horas.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es la parentificación en psicología?

    Es la inversión de roles en que un niño o adolescente asume funciones de cuidado propias de los adultos, ya sea tareas del hogar (parentificación instrumental) o el sostén emocional de sus padres (parentificación emocional). Es un concepto de la psicología de la familia, sin criterios diagnósticos oficiales, y sus efectos dependen del contexto.

    ¿Qué es una hija parentalizada?

    Es la hija que, siendo niña o adolescente, asumió un papel de cuidadora con sus padres o hermanos, por ejemplo criando a los menores o conteniendo emocionalmente a un progenitor. Es frecuente que sea la hija mayor, aunque cualquier hijo puede vivirlo. «Parentalizada» y «parentificada» se usan casi como sinónimos.

    ¿La parentificación es maltrato?

    Puede formar parte de un contexto de negligencia o maltrato, pero no todo niño que ayuda en casa lo vive así. Lo que pesa es si la carga excede su edad, si no tiene apoyo y si se vive como injusta. Si hubo violencia, abuso o abandono, eso se trabaja aparte, con ayuda profesional.

    ¿Cómo sé si fui un hijo parentificado?

    Para adultos no existe un examen con puntos de corte. Sirve preguntarte si tus tareas eran adecuadas para tu edad, cuánto duraron, si alguien te ayudaba y si te reconocieron lo que hacías. Si fuiste el sostén emocional de tus padres, es probable que lo reconozcas en la lista de preguntas de esta guía.

    ¿La parentificación tiene tratamiento?

    No hay ensayos controlados que prueben una terapia específica para adultos parentificados. En la práctica se usa terapia familiar, trabajo en diferenciación del self y, cuando hubo maltrato, enfoques centrados en el trauma. Poner límites concretos y construir apoyo fuera de la familia ayudan en cualquier caso.

    Elige una situación de esta semana

    No necesitas resolver toda tu historia hoy. Elige una situación reciente en que dijiste que sí por culpa o por costumbre, y escribe qué te habría gustado responder. Con eso ya tienes un primer límite para ensayar. Si quieres revisar cómo se vivió esto en tu familia y qué hacer con ello, puedes escribirnos por la página de contacto.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Boszormenyi-Nagy, I., & Spark, G. M. (1973). Invisible loyalties: Reciprocity in intergenerational family therapy. Harper & Row.

    Boumans, N. P. G., & Dorant, E. (2018). A cross-sectional study on experiences of young adult carers compared to young adult noncarers: Parentification, coping and resilience. Scandinavian Journal of Caring Sciences, 32(4), 1409-1417. https://doi.org/10.1111/scs.12586

    Byng-Hall, J. (2002). Relieving parentified children’s burdens in families with insecure attachment patterns. Family Process, 41(3), 375-388. https://doi.org/10.1111/j.1545-5300.2002.41307.x

    Chen, C. Y. C., & Panebianco, A. (2020). Physical and psychological conditions of parental chronic illness, parentification and adolescent psychological adjustment. Psychology & Health, 35(9), 1075-1094. https://doi.org/10.1080/08870446.2019.1699091

    Cho, A., & Lee, S. (2019). Exploring effects of childhood parentification on adult-depressive symptoms in Korean college students. Journal of Clinical Psychology, 75(4), 801-813. https://doi.org/10.1002/jclp.22737

    Dariotis, J. K., Chen, F. R., Park, Y. R., Nowak, M. K., French, K. M., & Codamon, A. M. (2023). Parentification vulnerability, reactivity, resilience, and thriving: A mixed methods systematic literature review. International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(13), Artículo 6197. https://doi.org/10.3390/ijerph20136197

    Fitzgerald, M. M., Schneider, R. A., Salstrom, S., Zinzow, H. M., Jackson, J., & Fossel, R. V. (2008). Child sexual abuse, early family risk, and childhood parentification: Pathways to current psychosocial adjustment. Journal of Family Psychology, 22(2), 320-324. https://doi.org/10.1037/0893-3200.22.2.320

    Hendricks, B. A., Vo, J. B., Dionne-Odom, J. N., & Bakitas, M. A. (2021). Parentification among young carers: A concept analysis. Child and Adolescent Social Work Journal, 38(5), 519-531. https://doi.org/10.1007/s10560-021-00784-7

    Herman, J. L. (2015). Trauma and recovery: The aftermath of violence, from domestic abuse to political terror. Basic Books. (Obra original publicada en 1992)

    Hooper, L. M., DeCoster, J., White, N., & Voltz, M. L. (2011). Characterizing the magnitude of the relation between self-reported childhood parentification and adult psychopathology: A meta-analysis. Journal of Clinical Psychology, 67(10), 1028-1043. https://doi.org/10.1002/jclp.20807

    Kelley, M. L., French, A., Bountress, K., Keefe, H. A., Schroeder, V., Steer, K., Fals-Stewart, W., & Gumienny, L. (2007). Parentification and family responsibility in the family of origin of adult children of alcoholics. Addictive Behaviors, 32(4), 675-685. https://doi.org/10.1016/j.addbeh.2006.06.010

    Khafi, T. Y., Yates, T. M., & Luthar, S. S. (2014). Ethnic differences in the developmental significance of parentification. Family Process, 53(2), 267-287. https://doi.org/10.1111/famp.12072

    Lacey, R. E., Xue, B., & McMunn, A. (2022). The mental and physical health of young carers: A systematic review. The Lancet Public Health, 7(9), e787-e796. https://doi.org/10.1016/s2468-2667(22)00161-x

    Marrone, M. (2001). La teoría del apego: Un enfoque actual. Editorial Psimática.

    McGoldrick, M., Garcia Preto, N., & Carter, B. (2015). The expanding family life cycle: Individual, family, and social perspectives (5.ª ed.). Pearson.

    Pillemer, K. (2021). Fault lines: Fractured families and how to mend them. Avid Reader Press.

    Van Loon, L. M. A., Van de Ven, M. O. M., Van Doesum, K. T. M., Hosman, C. M. H., & Witteman, C. L. M. (2017). Parentification, stress, and problem behavior of adolescents who have a parent with mental health problems. Family Process, 56(1), 141-153. https://doi.org/10.1111/famp.12165

    Van Parys, H., Bonnewyn, A., Hooghe, A., De Mol, J., & Rober, P. (2015). Toward understanding the child’s experience in the process of parentification: Young adults’ reflections on growing up with a depressed parent. Journal of Marital and Family Therapy, 41(4), 522-536. https://doi.org/10.1111/jmft.12087

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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