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  • Imagen corporal: qué es y cómo afecta tu autoestima

    Imagen corporal: qué es y cómo afecta tu autoestima

    Te cambiaste tres veces de ropa antes de salir y terminaste con la prenda más suelta. Esquivas las fotos de grupo, o al revés: te miras en cada vitrina para comprobar cómo te ves. Si llegaste buscando qué es la imagen corporal, probablemente quieres entender dos cosas: por qué tu cuerpo ocupa tanto espacio en tu cabeza y si eso es normal.

    Esta guía explica qué es la imagen corporal, cómo se forma, por qué puede volverse negativa, cómo se relaciona con la autoestima y cuándo conviene consultar. Reúne metaanálisis y revisiones recientes, junto con el trabajo de Cash, Smolak, Tylka y Phillips, referentes en el estudio del tema. Los estudios vienen sobre todo de países anglosajones y europeos, y para esta guía no encontramos datos propios de Chile.

    En breve: la imagen corporal es la relación que tienes con tu cuerpo: lo que percibes, piensas, sientes y haces respecto a tu apariencia. Se forma desde la infancia con la familia, los amigos, la cultura y los medios, y cambia con la edad. Afecta la autoestima sobre todo cuando tu valor personal pasa a depender de cómo te ves. Estar a disgusto con el cuerpo es muy común. Se vuelve un problema cuando ocupa horas del día, produce un malestar intenso o te lleva a evitar cosas. Hay intervenciones que ayudan. Esta guía orienta y no reemplaza una evaluación profesional.

    ¿Qué es la imagen corporal? Definición, significado y dimensiones

    La imagen corporal es la experiencia psicológica de tener un cuerpo: cómo lo percibes, qué piensas y sientes sobre él y qué haces a raíz de eso. Así la definen Cash y Smolak (2011), editores del manual de referencia del campo. Es una relación subjetiva con tu cuerpo, y abarca bastante más que la fotografía mental de tu aspecto.

    Esa relación tiene tres dimensiones que se influyen entre sí (Cash y Smolak, 2011):

    • Perceptiva: cómo estimas el tamaño, la forma y las proporciones de tu cuerpo, y con cuánta precisión. Aquí entran las distorsiones, como verte más grande de lo que eres.
    • Cognitivo-afectiva: lo que piensas y sientes. Incluye las creencias sobre lo que significa tu apariencia, la satisfacción o insatisfacción con ella al compararla con los ideales que has incorporado, y emociones como la vergüenza, la ansiedad o la culpa. También el agrado y el orgullo.
    • Conductual: lo que haces. Mirarte en el espejo, pesarte, medirte, evitar la playa o el gimnasio, elegir ropa que oculte.

    Por eso, si buscaste “imagen corporal significado”, conviene saber que la respuesta no se agota en estar conforme o no con el aspecto. Dos personas con un cuerpo parecido pueden vivirlo de formas muy distintas, porque lo que cuenta es la relación que cada una construyó con él.

    ¿Cómo se forma la imagen corporal?

    La imagen corporal se forma desde la infancia con los mensajes de la familia, los amigos, la cultura y los medios. El modelo más usado para explicarlo, el de influencia tripartita, propone que esas tres fuentes (padres, pares y medios) actúan a través de dos mecanismos: internalizar los ideales de belleza y compararte con otras personas (Tiggemann, 2011, capítulo 2 de Cash y Smolak, 2011).

    La familia es el primer escenario. Los niños observan cómo sus padres hablan de su propio cuerpo, y las quejas por el peso, las dietas restrictivas o los elogios dirigidos solo a la apariencia les enseñan que el cuerpo es una fuente de preocupación. Las burlas de hermanos y padres sobre el peso o la figura dejan huella hasta la adultez (Cash y Smolak, 2011).

    Los amigos toman el relevo en la adolescencia. Se forman normas sobre cómo “debe” verse el cuerpo, y aparecen conversaciones donde se lamenta el propio cuerpo para recibir consuelo del grupo y que terminan normalizando la autocrítica. Las burlas también pesan: un metaanálisis encontró que las burlas sobre el peso se asocian con más insatisfacción corporal (r = 0,39), igual que las burlas sobre la apariencia (r = 0,32), y que ambas se relacionan con restringir la comida y con conductas bulímicas (Menzel et al., 2010). Si las burlas fueron parte de tu historia, tenemos una guía sobre el bullying por apariencia física.

    La cultura y los medios ponen el estándar. Hacia los 4 a 6 años muchos niños ya asocian los cuerpos más gruesos con rasgos negativos, y la cultura occidental premia la delgadez en las mujeres y la musculatura magra en los hombres (Cash y Smolak, 2011). Cuando una persona adopta ese ideal como propio, la insatisfacción sube: un metaanálisis de 78 estudios halló una asociación fuerte con la internalización del ideal de delgadez (r = 0,45) y del ideal de atractivo general (r = 0,43), y más débil con el ideal muscular (r = 0,25), similar en hombres y mujeres. Casi todos los datos eran transversales, así que muestran que ambas cosas van juntas y no que una cause la otra (Paterna et al., 2021).

    La teoría de la comparación social describe el mecanismo cotidiano: te comparas hacia arriba con modelos, celebridades o amigos idealizados, y la distancia con tu propio cuerpo se vuelve visible. La teoría de la objetivación agrega que, cuando te miran y te evalúan como objeto, aprendes a mirarte desde fuera, como lo haría un observador, y a vigilar tu cuerpo todo el día (McKinley, 2011, capítulo 6 de Cash y Smolak, 2011).

    ¿Y las redes sociales?

    Las redes sociales entran en esta cadena, con un efecto más claro en el laboratorio que en la vida diaria. Cuatro metaanálisis reunidos en una misma revisión mostraron que ver imágenes de apariencia ideal en redes empeora la imagen corporal en experimentos (efecto moderado, g de Hedges = -0,61), mientras que el uso de redes a lo largo del tiempo se asoció solo de forma muy pequeña con una peor imagen corporal (Z de Fisher = -0,08) (de Valle et al., 2021). Una revisión sistemática de 20 estudios, en su mayoría correlacionales, señaló que ver y subir fotos y buscar retroalimentación negativa en las publicaciones eran las actividades más problemáticas, y que la comparación basada en la apariencia explicaba parte de la relación (Holland y Tiggemann, 2016). Más detalle en nuestra guía sobre comparación social en redes y bienestar.

    ¿Cómo cambia la imagen corporal con la edad y entre hombres y mujeres?

    En niñas y mujeres, la imagen corporal tiende a empeorar entre los 10 y los 16 años, mejora entre los 16 y los 24, y se estabiliza hacia los 24. En niños y hombres hay altibajos, con una mejoría neta entre los 10 y los 24. Un metaanálisis longitudinal de 142 muestras y más de 128.000 participantes lo muestra, con el mayor cambio entre los 10 y los 14 años (Lacroix et al., 2023).

    Otros momentos de la vida tienen su propio patrón (Cash y Smolak, 2011):

    • Infancia: entre el 40 % y el 50 % de los niños de educación primaria (6 a 12 años) manifiesta insatisfacción con algún aspecto de su tamaño, peso o forma (Smolak, 2011, capítulo 8). A esa edad ya empieza a distinguirse el deseo de ser más delgada en las niñas y de ser más fuerte en los niños.
    • Pubertad: las niñas que maduran antes que sus pares tienen más riesgo de insatisfacción intensa, porque el aumento de grasa corporal las aleja del ideal de delgadez. En los varones ocurre lo contrario: los que maduran más tarde se sienten “pequeños” o “débiles” y es más probable que recurran a suplementos o al entrenamiento excesivo (Wertheim y Paxton, 2011; Ricciardelli y McCabe, 2011).
    • Embarazo y posparto: la satisfacción con el cuerpo suele mejorar en el segundo y tercer trimestre, porque el cambio se explica por la función de gestar. Después del parto el malestar puede reaparecer, con expectativas poco realistas sobre qué tan rápido volverá la figura previa (Skouteris, 2011).
    • Envejecimiento: la insatisfacción no aumenta con los años pese a las arrugas o los cambios de peso, en parte porque la apariencia pierde importancia y la atención se desplaza a lo que el cuerpo todavía puede hacer (Grogan, 2011).

    Las diferencias entre géneros también tienen forma propia. Un metaanálisis transtemporal mostró que las mujeres puntúan más alto en la insatisfacción orientada a la delgadez y los hombres más alto en la orientada a la musculatura, con un efecto muy grande en este último caso (d = 1,72). Solo la insatisfacción de ellas fue bajando de forma gradual entre estudios de distintas décadas (Karazsia et al., 2017).

    ¿Qué es la imagen corporal negativa y es normal tenerla?

    La imagen corporal negativa es una relación con el cuerpo marcada por insatisfacción, vergüenza o preocupación que se repiten. Cierta incomodidad con el propio cuerpo es tan extendida que se habla de “descontento normativo”: un término acuñado por Rodin y colaboradores que describe la insatisfacción corporal como la norma estadística, sobre todo entre mujeres y adolescentes (Rodin et al., 1985, citado en Cash y Smolak, 2011).

    Lo que separa el descontento común de un problema es lo que rodea al disgusto. En el descontento normativo, la molestia convive con una autoestima repartida en varias áreas (relaciones, trabajo, familia, valores), no se vuelve una rumiación constante y no interrumpe la vida diaria (Cash y Smolak, 2011). Más abajo vemos cuándo eso cambia.

    El peso corporal también influye. Una revisión con metaanálisis de 17 estudios encontró que los adultos con obesidad reportan más insatisfacción corporal que los de peso normal, con una diferencia grande en los cuestionarios (d = 0,89), especialmente entre las mujeres (Weinberger et al., 2016). Es una asociación: el estudio no dice cuánto se debe al peso y cuánto al estigma que lo acompaña.

    ¿Cómo afecta la imagen corporal a la autoestima?

    La relación entre imagen corporal y autoestima depende de cuánto de tu valor personal se apoya en la apariencia. Cash distingue dos tipos de inversión en la apariencia: la autoevaluativa (“mi valía como persona depende de cómo me veo”), que genera vulnerabilidad, rumiación y peor calidad de vida, y la motivacional (cuidar el aspecto, arreglarte, vestirte bien), que es relativamente sana (Cash y Smolak, 2011).

    Fairburn (2008) ofrece una imagen útil: el gráfico de pastel. En una persona con la valoración de sí misma repartida, cada porción es un área de la vida (relaciones, trabajo, familia, valores, aficiones). Cuando la porción de la figura, el peso y su control crece hasta dominar el gráfico, todo lo demás se encoge. Esa sobrevaloración de la figura y el peso es, según Fairburn, el núcleo de los trastornos alimentarios.

    El vínculo con el ánimo funciona en ambos sentidos. Sentirte “defectuoso” por tu cuerpo empuja hacia el desánimo y la vergüenza, y un ánimo bajo vuelve más crítica la mirada hacia el cuerpo (Cash, 2008; Phillips, 2005). Para entender mejor esa emoción, puedes leer la diferencia entre culpa y vergüenza. Si sientes que tu autoestima gira alrededor de cómo te ves, tenemos también una guía de qué funciona para mejorar la autoestima.

    ¿Cuándo la imagen corporal negativa se vuelve un problema?

    La imagen corporal negativa pasa a ser un problema cuando la preocupación por el cuerpo ocupa mucho tiempo (como pauta clínica, una hora o más al día), causa un malestar intenso, interfiere con tu vida social, laboral o escolar, o hace que tu valor dependa casi por completo de tu apariencia o tu peso (Phillips, 2005; Cash, 2008).

    Entre adolescentes, no todas las formas de insatisfacción pesan igual. En un estudio con 1.666 estudiantes de 12 a 18 años, la preocupación por el peso y la figura fue lo que más se asoció con malestar psicológico, restricción de la comida y atracones en las mujeres. En los varones, la sobrevaloración, la insatisfacción y la preocupación pesaron de forma parecida (Mitchison et al., 2017). Es un estudio transversal, por lo que describe asociaciones.

    Señales de alarma en la conducta

    Cuando el problema se instala, suele sostenerse con tres tipos de conductas que alivian el malestar a corto plazo y lo mantienen a largo plazo (Cash, 2008; Phillips, 2005):

    • Chequeo: mirarte una y otra vez en espejos y vitrinas, pesarte varias veces al día, medirte, pellizcarte los pliegues, comprobar si la ropa te queda holgada o pedir a otros que te confirmen que “se nota” o “no se nota”.
    • Evitación: evitar espejos, fotos, la playa, el gimnasio, la intimidad o las salidas donde el cuerpo queda a la vista.
    • Camuflaje: ocultar el cuerpo con ropa muy ancha, maquillaje extenso o posturas rígidas.

    Si estas conductas te resultan familiares, hay guías específicas sobre pesarse todos los días y sobre el miedo a engordar.

    Imagen corporal alterada: dismorfia corporal y trastornos alimentarios

    Dos cuadros clínicos tienen la imagen corporal en el centro. En el trastorno dismórfico corporal, la preocupación se concentra en un defecto específico (la piel, la nariz, el pelo, la musculatura) que otras personas apenas notan o no notan. Una revisión sistemática estimó su prevalencia en 1,9 % en adultos de la comunidad, 2,2 % en adolescentes, 3,3 % en estudiantes, 5,8 % en pacientes psiquiátricos ambulatorios y 13,2 % en cirugía estética general, y concluyó que se identifica poco (Veale et al., 2016). Su variante muscular se explica en la guía de vigorexia.

    En los trastornos de la conducta alimentaria, el foco está en el peso y la silueta global y en el miedo a engordar. Puedes ver el cuadro completo en la guía de trastornos de la conducta alimentaria, y los vínculos con el ejercicio compulsivo y el trastorno por atracón. Ambos cuadros pueden coexistir cuando la persona tiene, además del problema alimentario, preocupaciones por partes del cuerpo que no tienen que ver con el peso (Phillips, 2005).

    Las señales de la imagen corporal solas no permiten distinguir un cuadro de otro. Esa tarea corresponde a una evaluación clínica.

    Seis preguntas para mirar tu propia relación con el cuerpo

    Sirven para ordenar lo que te pasa antes de hablarlo con un profesional, y no suman ningún puntaje:

    1. ¿Cuánto tiempo al día piensas en cómo se ve tu cuerpo o en tu peso? ¿Llega a una hora o más?
    2. ¿Qué tanto de tu opinión sobre ti depende de cómo te ves ese día?
    3. ¿Te miras, te pesas o te mides varias veces al día, y qué sientes justo después?
    4. ¿Hay lugares, personas o actividades que evitas por cómo se vería tu cuerpo?
    5. ¿Tu ánimo cambia notoriamente según cómo te sientas con tu cuerpo?
    6. ¿Esto ha empezado a afectar tus relaciones, tu trabajo o tus estudios?

    Si varias respuestas te preocupan, conviene consultar. Para una orientación sobre alimentación, el test SCOFF es una forma breve de partir.

    ¿Qué es la imagen corporal positiva?

    La imagen corporal positiva es un amor y respeto general por el cuerpo que permite aceptarlo, honrarlo y cuidarlo. Tiene un perfil propio: incluye apreciar el cuerpo, aceptarlo, concebir la belleza de forma amplia e invertir en tu apariencia de forma adaptativa (Tylka y Wood-Barcalow, 2015). Tylka y Piran (2019) describen tres componentes:

    • Apreciación corporal: opiniones favorables hacia tu cuerpo que no dependen de cómo se ve.
    • Aceptación corporal: comodidad con tu figura y tu peso sin necesitar encajar en los estándares.
    • Funcionalidad: gratitud por lo que tu cuerpo puede hacer, como moverse, sentir, expresarse y cuidarse.

    La imagen corporal positiva es un constructo con vida propia. Predice bienestar (por ejemplo, comer de forma intuitiva o tratarte con compasión) por encima de lo que explica tener poca insatisfacción, y puede convivir con cierto disgusto por una parte del cuerpo. Quitar el malestar lleva a una imagen corporal más neutral; cultivar la apreciación, el autocuidado y la funcionalidad lleva más lejos (Tylka y Piran, 2019).

    También es modificable. Una revisión sistemática de 15 estudios sobre 13 intervenciones encontró que las basadas en comer intuitivo, terapia cognitivo-conductual, autocompasión y ejercicio mejoraron aspectos de la imagen corporal positiva en mujeres, con evidencia limitada en hombres (Guest et al., 2019).

    ¿Cómo mejorar la imagen corporal? Qué dice la evidencia

    Las intervenciones centradas en mejorar la imagen corporal funcionan, con efectos de pequeños a moderados, y la terapia cognitivo-conductual de la imagen corporal es la mejor establecida (Alleva et al., 2015; Jarry y Cash, 2011). Un metaanálisis de 62 pruebas con 3.846 participantes encontró un efecto de 0,38 antes de corregir el sesgo de publicación, que quedó en una mejoría pequeña después de corregirlo. Doce técnicas se asociaron a mejoría y tres estaban contraindicadas (Alleva et al., 2015).

    El programa de Cash, publicado como libro de trabajo para el público, tiene ocho pasos que combinan estas estrategias (Cash, 2008):

    • Mirarte con atención plena frente al espejo: observas tu cuerpo entero, de la cabeza a los pies, con un lenguaje descriptivo y sin insultos, sin hacer zoom en las zonas que más te molestan.
    • Reestructurar los pensamientos: identificas reglas silenciosas (“si controlo mi peso, controlo mi vida”) y errores de pensamiento, y las cuestionas.
    • Enfrentar la evitación: armas una lista de lo que evitas y te expones de forma gradual.
    • Reducir los rituales de chequeo: retrasas el impulso de mirarte o pesarte entre 15 y 30 minutos, guardas la báscula o fijas un límite de pesajes.
    • Sumar experiencias positivas: autocuidado, placer sensorial y movimiento que no se mida por la estética.

    Jarry y Cash (2011) revisaron la evidencia de este enfoque y concluyeron que produce grandes mejoras en la imagen corporal en población general, obesidad, dismorfia corporal y trastornos alimentarios, y que también reduce síntomas de ansiedad y depresión. Con autoayuda guiada por un profesional los resultados son sólidos; sin contacto profesional mejoran menos, sobre todo en los módulos más exigentes (reestructuración profunda, exposición al espejo y prevención de rituales), por eso recomiendan acompañamiento en esas partes.

    Otras vías con respaldo:

    • Autocompasión: una revisión con metaanálisis de 59 estudios encontró que se asocia con menos preocupaciones corporales (r = -0,45) y más imagen corporal positiva (r = 0,52), y que las intervenciones superaron a los grupos de comparación (g = 0,39 en imagen corporal) (Turk y Waller, 2020).
    • Alfabetización mediática: aprender a leer críticamente las imágenes mejoró variables relacionadas con el cuerpo en una revisión de 16 estudios, aunque no la conducta alimentaria (McLean et al., 2016).
    • Atención plena: entrenar la observación sin juicio es parte del programa de Cash. Si quieres empezar, tenemos una guía de mindfulness.

    Una advertencia práctica: estas estrategias no sustituyen la terapia cuando hay un trastorno alimentario o dismorfia corporal. Ahí el abordaje es clínico.

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional?

    Consulta si el malestar con tu cuerpo te ocupa una hora o más al día, si evitas situaciones por cómo te ves, si tus rituales de chequeo se vuelven difíciles de frenar, si cambias lo que comes o cuánto entrenas por miedo a cómo se verá tu cuerpo, o si tu ánimo está bajo hace semanas. En adolescentes, la guía sobre TCA en adolescentes detalla señales que los padres suelen pasar por alto.

    Un psicólogo clínico puede evaluar el cuadro, descartar un trastorno alimentario o dismorfia y trabajar con terapia cognitivo-conductual, que es el enfoque con más respaldo para la imagen corporal. Acude a urgencias ante desmayos, mareos intensos o negativa total a comer o beber. Si aparecen ideas de hacerte daño o de morir, no te quedes sola o solo: llama a la línea de prevención del suicidio del Ministerio de Salud, *4141 (gratuita, 24 horas), o ve a urgencias de inmediato.

    Como material de consenso, hay información en MedlinePlus, en el Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU. y en el diccionario de la American Psychological Association.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es la imagen corporal en psicología?

    Es la experiencia psicológica de tener un cuerpo: lo que percibes de él, lo que piensas y sientes sobre tu apariencia y lo que haces a raíz de eso, como mirarte, pesarte o evitar ciertas situaciones. Depende de la relación que construyes con tu cuerpo, más que de cómo luces (Cash y Smolak, 2011).

    ¿Cuáles son los componentes de la imagen corporal?

    Son tres: el perceptivo (cómo estimas tu tamaño y forma), el cognitivo-afectivo (lo que piensas y sientes, incluida la satisfacción con tu apariencia) y el conductual (lo que haces por tu cuerpo, como chequearte, evitar o camuflarte). Se influyen entre sí (Cash y Smolak, 2011).

    ¿Es normal tener una imagen corporal negativa?

    Cierta insatisfacción con el cuerpo es muy frecuente, tanto que se habla de descontento normativo. Se considera un problema cuando ocupa una hora o más al día, genera un malestar intenso, interfiere con tu vida o hace que tu valor dependa casi solo de tu apariencia o tu peso (Cash y Smolak, 2011; Phillips, 2005).

    ¿En qué etapa es más frecuente la insatisfacción corporal?

    En niñas y mujeres la imagen corporal empeora entre los 10 y los 16 años, sobre todo entre los 10 y los 14, y mejora entre los 16 y los 24. En niños y hombres hay altibajos con una mejoría neta. La pubertad y el posparto son momentos de más vulnerabilidad (Lacroix et al., 2023; Cash y Smolak, 2011).

    ¿La imagen corporal negativa es lo mismo que un trastorno alimentario?

    No. Muchas personas tienen una imagen corporal negativa sin un trastorno alimentario. Se acerca a uno cuando la figura y el peso dominan la valoración de ti mismo, hay preocupación constante y aparecen conductas como restringir la comida, purgarse o entrenar compulsivamente. Un profesional puede evaluarlo (Fairburn, 2008).

    ¿Se puede mejorar la imagen corporal?

    Sí. Los programas centrados en la imagen corporal producen mejoras, y la terapia cognitivo-conductual es la más estudiada. La autocompasión y la alfabetización mediática también ayudan. Las mejoras son más claras con acompañamiento profesional, sobre todo en los componentes más difíciles, como la exposición al espejo (Alleva et al., 2015; Jarry y Cash, 2011).

    ¿Quieres cambiar la forma en que te relacionas con tu cuerpo?

    Si te reconociste en las preguntas de esta guía, puedes trabajar tu imagen corporal con un psicólogo clínico, con un plan ajustado a lo que más te pesa: los pensamientos, las conductas de chequeo y evitación o la vergüenza. Si lo prefieres, agenda una consulta y partimos por entender cómo es hoy tu relación con tu cuerpo.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Alleva, J. M., Sheeran, P., Webb, T. L., Martijn, C., & Miles, E. (2015). A meta-analytic review of stand-alone interventions to improve body image. PLOS ONE, 10(9), e0139177. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0139177
    • Cash, T. F. (2008). The body image workbook: An eight-step program for learning to like your looks (2.ª ed.). New Harbinger Publications.
    • Cash, T. F., & Smolak, L. (Eds.). (2011). Body image: A handbook of science, practice, and prevention (2.ª ed.). The Guilford Press.
    • de Valle, M. K., Gallego-García, M., Williamson, P., & Wade, T. D. (2021). Social media, body image, and the question of causation: Meta-analyses of experimental and longitudinal evidence. Body Image, 39, 276-292. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2021.10.001
    • Fairburn, C. G. (2008). Cognitive behavior therapy and eating disorders. The Guilford Press.
    • Guest, E., Costa, B., Williamson, H., Meyrick, J., Halliwell, E., & Harcourt, D. (2019). The effectiveness of interventions aiming to promote positive body image in adults: A systematic review. Body Image, 30, 10-25. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2019.04.002
    • Holland, G., & Tiggemann, M. (2016). A systematic review of the impact of the use of social networking sites on body image and disordered eating outcomes. Body Image, 17, 100-110. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2016.02.008
    • Karazsia, B. T., Murnen, S. K., & Tylka, T. L. (2017). Is body dissatisfaction changing across time? A cross-temporal meta-analysis. Psychological Bulletin, 143(3), 293-320. https://doi.org/10.1037/bul0000081
    • Lacroix, E., Smith, A. J., Husain, I. A., Orth, U., & von Ranson, K. M. (2023). Normative body image development: A longitudinal meta-analysis of mean-level change. Body Image, 45, 238-264. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2023.03.003
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    • Tylka, T. L., & Piran, N. (Eds.). (2019). Handbook of positive body image and embodiment: Constructs, protective factors, and interventions. Oxford University Press.
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    • Veale, D., Gledhill, L. J., Christodoulou, P., & Hodsoll, J. (2016). Body dysmorphic disorder in different settings: A systematic review and estimated weighted prevalence. Body Image, 18, 168-186. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2016.07.003
    • Weinberger, N. A., Kersting, A., Riedel-Heller, S. G., & Luck-Sikorski, C. (2016). Body dissatisfaction in individuals with obesity compared to normal-weight individuals: A systematic review and meta-analysis. Obesity Facts, 9(6), 424-441. https://doi.org/10.1159/000454837

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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