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  • Tolerancia a la frustración y redes sociales

    Tolerancia a la frustración y redes sociales

    Esperas una respuesta por WhatsApp y a los tres minutos ya miraste la pantalla otra vez. Un video tarda dos segundos de más en cargar y lo cierras. Un texto largo te cansa antes del segundo párrafo. Si te reconoces en esas escenas, es normal que te preguntes si la relación entre tolerancia a la frustración y redes sociales explica por qué tienes menos paciencia que antes.

    La relación entre redes sociales y paciencia tiene respaldo en la investigación: se encontró una asociación entre el uso problemático del celular y una menor tolerancia a la frustración, pero es más matizada de lo que repite la divulgación. En este artículo vas a ver qué se midió de verdad (incluidos estudios que siguieron a las mismas personas durante meses), qué todavía nadie demostró y qué ayuda en la práctica. Los datos salen de metaanálisis, estudios longitudinales, una guía clínica de adicciones comportamentales y los libros y artículos de los notebooks que usamos como base.

    La respuesta corta

    Existe una asociación consistente entre el uso problemático del celular o de internet y mayor impulsividad, menor autocontrol, preferencia por recompensas inmediatas y más intolerancia a la frustración. Los estudios que siguen a las personas en el tiempo sugieren un círculo que va en ambos sentidos. Ninguno demuestra que el uso corriente de redes sociales, por sí solo, le baje la tolerancia a la frustración a alguien que antes la tenía.

    ¿Qué es la tolerancia a la frustración y cómo se mide?

    La tolerancia a la frustración es la capacidad de soportar una demora, un obstáculo o un malestar sin reaccionar de forma desproporcionada y sin huir de inmediato. Albert Ellis, creador de la terapia racional emotivo conductual (TREC), la describió por su cara opuesta: la baja tolerancia a la frustración es la demanda rígida de que la realidad se ajuste a lo que uno quiere, junto con la convicción de que “no puedo soportarlo” cuando no ocurre. Es una creencia, y por eso se puede revisar y entrenar. Si quieres ver cómo se identifican esas creencias, tenemos una guía sobre las creencias irracionales de Ellis.

    Neil Harrington, en la Frustration Discomfort Scale (Harrington, 2005), mostró que el constructo tiene cuatro dimensiones y no una sola:

    • Intolerancia emocional: creer que sentir malestar es insoportable y debe terminar ya.
    • Derecho o exigencia: creer que mis deseos deben cumplirse de inmediato y que los demás no deberían frustrarlos.
    • Intolerancia al malestar: exigir que la vida sea fácil, cómoda y sin esfuerzo.
    • Logro: no soportar no alcanzar las propias metas o estándares.

    Esa distinción importa para lo que sigue, porque cuando se estudia el celular y la frustración, las dimensiones no se comportan igual. Los instrumentos con que se evalúa se explican en la guía sobre evaluación de la tolerancia a la frustración, y el tema general en adultos está en baja tolerancia a la frustración en adultos.

    ¿Por qué tengo menos paciencia con el celular?

    Nadie probó todavía una sola causa. Lo que existe son mecanismos plausibles, cada uno con algo de respaldo, que se suman.

    Recompensa inmediata y repetida. La Guía clínica sobre adicciones comportamentales de Socidrogalcohol (Arias Horcajadas y Orio, 2024) describe un tránsito en dos fases. Al principio la conducta busca placer, novedad y la gratificación instantánea que ofrece el celular, y el control inhibitorio de la corteza prefrontal falla con facilidad. Con el tiempo se vuelve un hábito automático que se ejecuta para aliviar el malestar. La guía aclara un punto central: el teléfono no es adictivo en sí mismo, es el canal rápido, privado y siempre disponible hacia actividades que sí pueden volverse problemáticas, como las redes sociales o los videojuegos.

    Vigilancia permanente. Reinecke y colaboradores (2018) llamaron vigilancia en línea a la orientación cognitiva constante hacia el contenido y la comunicación digital. Sus dimensiones incluyen la reactividad (el impulso de atender de inmediato cada notificación) y el monitoreo (revisar de fondo lo que pasa en las aplicaciones). Los autores la describen como una vivencia cotidiana y no como una patología, y eso ayuda a poner el tema en su lugar.

    Interrupciones. En un estudio de diario de cinco días con 91 trabajadores, las interrupciones por el celular personal en horario laboral aumentaron la frustración de forma indirecta, porque dejaban la sensación de haber avanzado menos, y esa frustración después predecía rumiación en la noche (Derks et al., 2025). Aquí la frustración viene de no poder terminar lo que se empezó.

    Videos cortos. En el metaanálisis de 71 estudios de Nguyen y colaboradores (2025), con 98.299 participantes, más consumo de videos cortos se asoció con peor atención (r = -0,38) y peor control inhibitorio (r = -0,41). Los autores proponen que la exposición repetida a clips rápidos habitúa a quien los ve a las tareas más lentas y refuerza la expectativa de gratificación instantánea. Es una hipótesis, y volveremos a ella más abajo.

    ¿Qué encontró la investigación?

    Preferencia por lo inmediato

    Un metaanálisis de 14 estudios con 696 personas con adicción a internet y 2.394 sin ella encontró que el grupo con adicción descontaba más las recompensas demoradas, es decir, elegía más seguido lo pequeño e inmediato sobre lo grande y tardío (g = 1,10; IC 95 % 0,57 a 1,64) (Cheng et al., 2021). Con datos reales de uso medidos por una aplicación (y no por autoinforme), un estudio con 101 personas halló que más tiempo de pantalla se relacionaba con elegir recompensas inmediatas, y que el uso de redes sociales y juegos predecía ese descuento (Schulz van Endert y Mohr, 2020). La muestra es pequeña y el diseño es transversal.

    Autocontrol e impulsividad

    En 56 estudios con 42.300 adolescentes chinos, la adicción al celular se asoció con menor autocontrol de forma fuerte (r = -0,48), según un metaanálisis (Ding et al., 2022). Otro metaanálisis de 24 estudios con 18.859 participantes vinculó el uso problemático de internet con impulsividad (r = 0,41), inatención y mayor hiperactividad; sus autores advierten que, al ser transversal, el hallazgo no permite saber qué viene primero, y plantean que la impulsividad podría ser una vulnerabilidad previa (Augner et al., 2023). Para redes sociales en particular, un metaanálisis de 15 estudios encontró una asociación moderada entre uso problemático y síntomas de TDAH (r = 0,361) (Ding et al., 2025).

    Frustración y malestar emocional

    Este es el vínculo más directo con el tema del artículo, y también el más acotado.

    • En 2.114 estudiantes de Taiwán, la adicción a internet se asoció con intolerancia a la frustración medida con la escala de Harrington, con diferencias entre hombres y mujeres. Los autores recomiendan evaluar la frustración en adolescentes con uso problemático y plantean la terapia racional emotivo conductual como una vía (Ko et al., 2008).
    • En 300 adolescentes con TDAH, más intolerancia a la frustración y más búsqueda de diversión se asociaron con síntomas más graves de adicción a internet (Lu et al., 2019).
    • En personas con trastorno por juego en internet, 69 pacientes frente a 138 controles puntuaron más alto en las cuatro dimensiones de la escala, y la dimensión de derecho o exigencia se mantuvo asociada al trastorno incluso controlando la depresión (Lin et al., 2021).
    • En estudiantes turcos, la dimensión de intolerancia al malestar fue la que más se relacionó con la procrastinación (Ozer et al., 2012). No se midió celular, pero muestra qué dimensión empuja a evitar lo costoso.
    • En un metaanálisis sobre regulación emocional, la desregulación emocional se correlacionó de forma moderada con el uso problemático del celular (r cercana a 0,42), con más fuerza en los más jóvenes (Shahidin et al., 2022).

    Irritabilidad

    En una encuesta a 42.597 adultos de Estados Unidos, quienes usaban redes sociales casi todo el día puntuaron en promedio 1,55 puntos más en una escala de irritabilidad de 5 a 30 que quienes no las usaban, tras ajustar por otras variables (Perlis et al., 2025). Es una encuesta transversal con muestra no probabilística, así que muestra asociación y no causa.

    ¿Las redes sociales bajan la tolerancia a la frustración o las personas con menos tolerancia usan más las redes?

    Probablemente las dos cosas, y esa es la parte más interesante de la investigación reciente.

    En 1.143 estudiantes de secundaria chinos medidos dos veces con seis meses de diferencia, la ansiedad predijo más adicción a videos cortos y la adicción a videos cortos predijo más ansiedad después. En ambas direcciones, lo que mediaba la relación era la capacidad de postergar la gratificación (Li et al., 2025; estudio longitudinal).

    Con la tolerancia al malestar emocional pasa algo parecido. Un estudio con dos partes en adultos jóvenes halló, en 901 personas seguidas durante tres meses, una relación en ambos sentidos entre baja tolerancia al malestar y uso problemático del celular. En el estudio diario de 14 días (77 personas), solo el uso problemático predijo la tolerancia del día siguiente, y no al revés (Chen et al., 2026). El segundo estudio es muy pequeño, de modo que conviene tomarlo como una pista y no como una conclusión.

    Lo que sugiere el conjunto es un círculo, y así lo leen los propios autores. Quien tolera poco el malestar tiende a recurrir al celular para aliviarlo, y cada vez que lo hace se refuerza la salida rápida y se practica menos esperar. No hay un villano único: el celular podría amplificar una vulnerabilidad que ya existía, y a la vez alimentarla.

    Lo que la evidencia no permite decir

    Hay cuatro límites que conviene tener presentes antes de sacar conclusiones.

    Casi todo es correlacional. En el metaanálisis de videos cortos, el 87 % de los estudios eran transversales y los propios autores señalan que no se puede inferir la dirección del efecto (Nguyen et al., 2025). Que un grupo use más el celular y tolere menos la frustración no dice cuál de las dos cosas vino primero.

    Las asociaciones suelen ser pequeñas cuando se mira la población general. Orben y Przybylski (2019) analizaron tres grandes bases de datos con 355.358 adolescentes y vieron que el uso de tecnología digital explicaba como máximo el 0,4 % de la variación del bienestar. Odgers y Jensen (2020) revisaron la literatura y concluyeron que las asociaciones de los estudios más rigurosos son pequeñas y probablemente sin relevancia clínica. Hablan de bienestar y no de tolerancia a la frustración, pero la lección metodológica sirve igual: lo estadísticamente significativo no siempre es grande.

    El tiempo de uso no define el problema. Según la guía de Socidrogalcohol, la cantidad de horas por sí sola no indica un uso problemático, porque alguien puede pasar muchas horas por trabajo o estudio sin consecuencias, y otra persona puede tener un problema con menos horas.

    Casi no hay datos de Chile. Los estudios citados vienen de Asia, Europa y Estados Unidos, con muestras de estudiantes en buena parte. Que algo se haya medido allá no garantiza que se repita igual aquí, y todo lo anterior hay que leerlo con esa cautela.

    ¿Cuándo es una molestia cotidiana y cuándo conviene consultar?

    Sentir impaciencia con una aplicación lenta o con un mensaje que no llega es parte de la vida con celular. La guía clínica propone mirar el efecto del uso en tu vida más que las horas. Conviene pedir ayuda cuando aparecen varias de estas señales:

    • Intentas reducir el uso y no lo logras, de forma repetida.
    • Sientes ansiedad, irritabilidad o pánico real cuando no tienes el celular o se agota la batería.
    • Sigues con el hábito aunque notas que te afecta el sueño, el trabajo, el estudio o tus relaciones.
    • El deterioro en esas áreas se mantiene durante un período prolongado.

    También conviene consultar si la impaciencia viene acompañada de ánimo bajo, ansiedad marcada o dificultades de atención que ya existían, porque en esos casos el celular suele ser un síntoma más que la causa. La Organización Mundial de la Salud ya reconoce el trastorno por videojuegos como diagnóstico, pero no hay un diagnóstico oficial equivalente para el uso del celular o de redes sociales en general. Si quien lo vive es tu hijo, esta guía sobre adicción al celular en niños y la de tolerancia a la frustración en niños te sirven de punto de partida.

    ¿Qué ayuda a recuperar la paciencia?

    Ningún ensayo probó intervenciones específicas para la impaciencia asociada a las redes sociales. Lo que sigue combina lo que sí se evaluó con lo que la clínica ya usa para la baja tolerancia a la frustración, y lo distingo así para que sepas qué tan firme es cada cosa.

    Reducir el uso, aunque sea poco. En un experimento con 194 adultos de Alemania, quienes redujeron en 60 minutos diarios el uso del celular durante 14 días tenían, seis meses después, menos uso problemático, menos miedo a perderse algo, menos síntomas depresivos y menos uso del celular con fines de regulación emocional que el grupo control (Weingarten et al., 2026). Los resultados son de autoinforme y las personas sabían a qué condición pertenecían.

    Control de estímulos. La guía de Socidrogalcohol propone desactivar notificaciones, limitar las aplicaciones instaladas, usar temporizadores o bloqueadores, no usar el celular a solas en el dormitorio y ofrecer alternativas presenciales que gratifiquen. La meta que plantea es un uso razonable, porque la abstinencia no es viable con un teléfono integrado a la vida diaria. Para el uso problemático, el tratamiento psicológico de elección es la terapia cognitivo conductual, a menudo con entrevista motivacional.

    Trabajar la creencia, no solo el hábito. Si la intolerancia al malestar es una creencia (“no puedo soportar esto”), tiene sentido revisarla con las técnicas de la TREC: preguntarte qué evidencia hay de que no podrías soportar cinco minutos de espera, y cambiar la frase por una más flexible, del tipo “es incómodo, y puedo con eso”. Se complementa con exposición gradual al malestar, que consiste en quedarte unos minutos con el impulso sin actuar sobre él, y con las habilidades de tolerancia al malestar de la terapia dialéctico conductual. Para una persona concreta se adaptan con ayuda profesional.

    Algunos experimentos pequeños que siguen esa lógica, y que puedes probar sin riesgo:

    1. Apaga las notificaciones de todo lo que no sea urgente durante una semana.
    2. Espera diez minutos antes de responder un mensaje no urgente y observa qué sientes mientras tanto, sin hacer nada con eso.
    3. Deja el celular en otra habitación durante una tarea que te cueste y anota qué tan lejos llegaste.
    4. Elige un momento del día para una actividad lenta (cocinar, leer, caminar) y nota cuánto tardas en sentir el impulso de revisar la pantalla.

    Estas ideas no tienen ensayo propio. Son una forma práctica de aplicar lo que sí se sabe sobre control de estímulos y exposición, y sirven más como observación que como tratamiento.

    Preguntas frecuentes

    ¿Las redes sociales causan baja tolerancia a la frustración?

    No se ha demostrado una causa directa. Hay asociaciones sólidas entre uso problemático del celular y menor tolerancia a la frustración, y estudios longitudinales que apuntan a una relación en ambos sentidos. La evidencia disponible no permite afirmar que el uso corriente de redes sociales baje por sí solo el umbral de una persona sin problemas previos.

    ¿Por qué tengo menos paciencia con el celular que antes?

    Hay varias explicaciones plausibles que se pueden sumar: recompensas inmediatas y frecuentes, la costumbre de responder de inmediato, las interrupciones que dejan tareas a medias y, en los videos cortos, un ritmo muy rápido. También pesa lo que te pase fuera de la pantalla, como el estrés, el sueño o el ánimo.

    ¿Cuánto tiempo en redes sociales es demasiado?

    Ninguna cifra sirve para todos. Según la guía clínica de Socidrogalcohol, el tiempo por sí solo no define si el uso es problemático. Importan la pérdida de control, el malestar al no tener el celular, seguir con el hábito pese al daño y el deterioro en el trabajo, el estudio o las relaciones.

    ¿Se puede recuperar la paciencia?

    Sí, con cambios que se pueden probar. Un experimento con 194 adultos mostró que reducir una hora diaria el uso del celular durante dos semanas mejoraba varios indicadores seis meses después. Revisar la creencia de que “no puedo soportar esperar” y practicar quedarse con la incomodidad también ayudan, con apoyo profesional si cuesta hacerlo solo.

    ¿Es lo mismo que adicción al celular?

    No. Sentir impaciencia con el celular es una experiencia frecuente y puede no tener consecuencias. El uso problemático, en cambio, implica pérdida de control, malestar marcado al no tener el dispositivo e interferencia sostenida en la vida diaria. Una impaciencia cotidiana no equivale a un problema clínico.

    Qué hacer con todo esto

    Si lo que leíste te hizo pensar en tu propia relación con el celular, empieza por observar sin juzgarte: cuándo se te hace insoportable esperar, qué estás sintiendo en ese momento y qué haces para que pase. Eso ya es información. Y si notas que la impaciencia viene con ansiedad, ánimo bajo o con un uso que no logras controlar, conversarlo con un psicólogo acorta el camino. Puedes agendar una consulta y revisar juntos qué está pasando y qué hacer. Para trabajar la parte emocional, también te puede servir la guía sobre cómo controlar las emociones.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Arias Horcajadas, F., & Orio, L. (Coords.). (2024). Guía clínica sobre adicciones comportamentales basada en la evidencia. Socidrogalcohol.

    Augner, C., Vlasak, T., & Barth, A. (2023). The relationship between problematic internet use and attention deficit, hyperactivity and impulsivity: A meta-analysis. Journal of Psychiatric Research, 168, 1-12. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2023.10.032

    Chen, S., Yang, L., Qu, Y., & Zhou, N. (2026). Does emotional distress tolerance negatively predict problematic smartphone use or vice versa? Evidence from a longitudinal study and a daily diary study. Addictive Behaviors, 172, 108531. https://doi.org/10.1016/j.addbeh.2025.108531

    Cheng, Y. S., Ko, H. C., Sun, C. K., & Yeh, P. Y. (2021). The relationship between delay discounting and Internet addiction: A systematic review and meta-analysis. Addictive Behaviors, 114, 106751. https://doi.org/10.1016/j.addbeh.2020.106751

    Derks, D., van Mierlo, H., & Kühner, C. (2025). Unfinished tasks and unsettled minds: A diary study on personal smartphone interruptions, frustration, and rumination. Behavioral Sciences, 15(7), 871. https://doi.org/10.3390/bs15070871

    Ding, J., Liu, Z., & Chao, M. (2025). The association between problematic social media use and attention deficit/hyperactivity disorder symptomatology: A systematic review and meta-analysis. Journal of Psychiatric Research, 189, 544-553. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2025.07.009

    Ding, Y., Wan, X., Lu, G., Huang, H., Liang, Y., Yu, J., & Chen, C. (2022). The associations between smartphone addiction and self-esteem, self-control, and social support among Chinese adolescents: A meta-analysis. Frontiers in Psychology, 13, 1029323. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2022.1029323

    Harrington, N. (2005). The Frustration Discomfort Scale: Development and psychometric properties. Clinical Psychology & Psychotherapy, 12(5), 374-387. https://doi.org/10.1002/cpp.465

    Ko, C. H., Yen, J. Y., Yen, C. F., Chen, C. S., & Wang, S. Y. (2008). The association between Internet addiction and belief of frustration intolerance: The gender difference. CyberPsychology & Behavior, 11(3), 273-278. https://doi.org/10.1089/cpb.2007.0095

    Li, Y., Yang, L., Lin, S., Huang, M., Wu, T., Lin, J., & Chen, J. (2025). A digital Skinner box: The bidirectional longitudinal relationship between anxiety symptoms, delay of gratification, and short-form video addiction among Chinese adolescents. Journal of Research on Adolescence, 35(4), e70098. https://doi.org/10.1111/jora.70098

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    Lu, W. H., Chou, W. J., Hsiao, R. C., Hu, H. F., & Yen, C. F. (2019). Correlations of internet addiction severity with reinforcement sensitivity and frustration intolerance in adolescents with attention-deficit/hyperactivity disorder: The moderating effect of medications. Frontiers in Psychiatry, 10, 268. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2019.00268

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    Odgers, C. L., & Jensen, M. R. (2020). Annual research review: Adolescent mental health in the digital age: Facts, fears, and future directions. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 61(3), 336-348. https://doi.org/10.1111/jcpp.13190

    Orben, A., & Przybylski, A. K. (2019). The association between adolescent well-being and digital technology use. Nature Human Behaviour, 3(2), 173-182. https://doi.org/10.1038/s41562-018-0506-1

    Ozer, B. U., Demir, A., & Harrington, N. (2012). Psychometric properties of Frustration Discomfort Scale in a Turkish sample. Psychological Reports, 111(1), 117-128. https://doi.org/10.2466/08.02.18.PR0.111.4.117-128

    Perlis, R. H., Uslu, A., Schulman, J., Gunning, F. M., Santillana, M., Baum, M. A., Druckman, J. N., Ognyanova, K., & Lazer, D. (2025). Irritability and social media use in US adults. JAMA Network Open, 8(1), e2452807. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2024.52807

    Reinecke, L., Klimmt, C., Meier, A., Reich, S., Hefner, D., Knop-Huelss, K., Rieger, D., & Vorderer, P. (2018). Permanently online and permanently connected: Development and validation of the Online Vigilance Scale. PLOS ONE, 13(10), e0205384. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0205384

    Schulz van Endert, T., & Mohr, P. N. C. (2020). Likes and impulsivity: Investigating the relationship between actual smartphone use and delay discounting. PLOS ONE, 15(11), e0241383. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0241383

    Shahidin, S. H., Midin, M., Sidi, H., Choy, C. L., Nik Jaafar, N. R., Mohd Salleh Sahimi, H., & Che Roos, N. A. (2022). The relationship between emotion regulation (ER) and problematic smartphone use (PSU): A systematic review and meta-analyses. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(23), 15848. https://doi.org/10.3390/ijerph192315848

    Weingarten, J., Mertens, F., Brickau, D., Kramm, R. J., Margraf, J., Precht, L. M., Weingarten, A., & Brailovskaia, J. (2026). Taking the first step towards better mental health: Reduced daily smartphone use leads to less problematic smartphone use, fear of missing out, depression and dysfunctional emotion regulation. Acta Psychologica, 265, 106735. https://doi.org/10.1016/j.actpsy.2026.106735

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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