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  • Diferencia entre TEL y TDL: Cambio de concepto en los trastornos del lenguaje

    Diferencia entre TEL y TDL: Cambio de concepto en los trastornos del lenguaje

    Contenido clínico revisado por el equipo de Terapia Online Chile

    Te dijeron TEL en el jardín y TDL en la consulta particular, y ahora no sabes si tu hijo tiene dos problemas o uno solo mal escrito. Es una de las dudas que más aparece cuando una familia empieza a moverse entre informes, y tiene respuesta corta.

    Aquí vas a encontrar qué significan TEL y TDL, por qué cambió el nombre, qué se modificó de verdad en los criterios (que es mucho más que una sigla) y por qué en Chile es normal que el colegio y el especialista usen palabras distintas para el mismo niño. También verás un error que circula en casi todos los artículos sobre el tema y que conviene tener claro antes de leer cualquier informe.

    TL;DR: la respuesta directa

    TEL (Trastorno Específico del Lenguaje) y TDL (Trastorno del Desarrollo del Lenguaje) nombran al mismo cuadro clínico en dos momentos distintos de la historia del diagnóstico. TDL es el término vigente desde el consenso internacional CATALISE de 2017 y reemplazó a TEL. No son dos diagnósticos diferentes ni dos grados de gravedad: es la misma condición con criterios actualizados.

    ¿Qué significan TEL y TDL?

    TEL son las siglas de Trastorno Específico del Lenguaje. Es la traducción al español de Specific Language Impairment (SLI), el nombre que se usó durante décadas para describir a niños con una dificultad marcada para adquirir el lenguaje oral sin que hubiera una causa evidente detrás: sin pérdida auditiva, sin daño cerebral, sin discapacidad intelectual, sin privación afectiva o social (Leonard, 1998, citado en Mendoza Lara, 2016).

    TDL son las siglas de Trastorno del Desarrollo del Lenguaje, traducción de Developmental Language Disorder (DLD). Es el término que un panel internacional de 57 especialistas acordó por consenso en 2017 y el que hoy usan la investigación, la CIE-11 y la mayoría de los equipos clínicos actualizados.

    La palabra que se cayó del nombre es la que más cuenta: específico.

    ¿Cuál es la diferencia real entre TEL y TDL?

    El cambio nació de un problema práctico. Durante años no había acuerdo sobre qué criterios usar ni cómo llamar a estas dificultades, y esa confusión terminaba dejando a niños sin acceso a apoyos. Para resolverlo se armó CATALISE, un estudio Delphi multinacional y multidisciplinario en el que 57 panelistas de seis países votaron en rondas sucesivas hasta alcanzar acuerdo. El consenso publicado en 2017 logró al menos un 78% de acuerdo en 19 de 21 afirmaciones (Bishop et al., 2017).

    De ahí salieron dos términos que conviene no mezclar:

    • Trastorno del Lenguaje es el paraguas. Se usa cuando las dificultades de lenguaje son persistentes, generan un impacto funcional en la vida diaria y tienen mal pronóstico si no se interviene.
    • Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL) es la categoría que se reserva para los casos en que ese trastorno del lenguaje no se explica por una causa biomédica conocida.

    Cuando sí hay una condición biomédica identificada (autismo, síndrome de Down, pérdida auditiva, parálisis cerebral, lesión cerebral adquirida), el consenso pide hablar de trastorno del lenguaje asociado a esa condición, no de TDL.

    El error que circula en casi todos los artículos

    Vas a leer, en varias páginas en español, que el TDL es la etiqueta que se usa “cuando las dificultades de lenguaje aparecen junto a otras condiciones”. Eso es exactamente al revés de lo que dice el consenso. El TDL se reserva justamente para cuando no hay una causa biomédica conocida detrás. Es un mito frecuente y vale la pena tenerlo claro, porque un informe que lo aplique al revés puede dejar a una familia esperando una derivación que no corresponde.

    Entonces, ¿qué cambió de verdad?

    TEL (criterios clásicos) TDL (consenso CATALISE, 2017)
    Requisito de CI no verbal Exigía CI no verbal normal, habitualmente sobre 85 Se elimina el punto de corte de CI
    Discrepancia verbal / no verbal Central: había que demostrar una brecha significativa Ya no se exige
    Otros trastornos del neurodesarrollo Se trataban como criterio de exclusión El TDAH, la dislexia o las dificultades motoras pueden coexistir
    Factores de riesgo Ambiguos o excluyentes Los factores neurobiológicos y ambientales no excluyen el diagnóstico
    Subtipos Muy usados (expresivo puro, receptivo puro) Se desaconsejan por su baja estabilidad en el tiempo
    Qué define el caso Una fórmula psicométrica El impacto funcional y el pronóstico

    ¿Por qué se abandonó el criterio de discrepancia?

    Esta parte suele sorprender a las familias, porque durante años el CI fue la llave de entrada al diagnóstico. La crítica al criterio de discrepancia venía acumulándose desde hacía tiempo y Mendoza Lara (2016) la resume en varios frentes.

    El CI no verbal resultó ser poco informativo: no predice qué perfil lingüístico va a tener el niño ni cómo va a responder al tratamiento. Además, los niños con TEL suelen puntuar por debajo de sus pares en pruebas no verbales, alrededor de 0,75 desviaciones típicas menos, lo que sugiere dificultades de procesamiento que van más allá del lenguaje.

    Hay un problema todavía más incómodo. Cuando el trastorno persiste, el CI no verbal tiende a descender con los años. Un niño diagnosticado a los 5 podía perder su etiqueta a los 10, no porque hubiera mejorado su lenguaje, sino porque su CI ya no llegaba al mínimo exigido. El apoyo desaparecía cuando más falta hacía.

    A eso se suma un sesgo estadístico poco intuitivo: mientras más alto es el CI, más fácil resulta encontrar una discrepancia significativa. Un niño con CI 130 podía calificar con un lenguaje promedio, mientras que otro con CI 100 necesitaba un nivel de lenguaje extremadamente bajo para ser identificado. La exigencia de un CI mínimo de 85, mucho más estricta que la de otros diagnósticos, dejó fuera de los servicios a niños que los necesitaban (Romero Pérez y Lavigne Cerván, 2005).

    Los subtipos corrieron una suerte parecida. La clasificación de Rapin y Allen (1983), la más difundida, agrupaba los cuadros en expresivos, mixtos y de procesamiento de orden superior. Conti-Ramsden validó empíricamente cinco de esos subtipos a fines de los noventa, pero el seguimiento mostró que los perfiles cambian bastante entre los 7 y los 11 años. Un niño que a los 5 parece tener solo un problema expresivo puede mostrar dificultades de comprensión más profundas a los 10, cuando la exigencia académica sube (Mendoza Lara, 2016).

    ¿Qué dicen el DSM-5 y la CIE-11?

    Ninguno de los dos manuales usa las siglas TEL ni TDL, y eso confunde a quien va a buscarlas.

    El DSM-5 habla de “trastorno del lenguaje” (código F80.2), sin distinguir entre ambas etiquetas. Sus criterios exigen dificultades persistentes en la adquisición y el uso del lenguaje por problemas de comprensión o producción, un desempeño sustancial y cuantificablemente bajo para la edad, limitación funcional en la comunicación, la vida social o el rendimiento académico, e inicio temprano de los síntomas. Y descarta que se expliquen por sordera, otro déficit sensorial, disfunción motora, una condición médica o neurológica, o discapacidad intelectual (American Psychiatric Association, 2013).

    La CIE-11 de la OMS sí incorporó developmental language disorder como categoría propia, con subtipos según el componente más afectado: expresivo, mixto receptivo-expresivo y pragmático.

    Un informe puede decir “trastorno del lenguaje F80.2” y estar hablando de lo mismo que otro llama TDL. Vale la pena preguntarlo antes de asumir que se trata de dos cosas distintas.

    En Chile: por qué el colegio dice TEL y la consulta dice TDL

    Este es el punto donde la duda deja de ser teórica.

    El sistema educativo chileno sigue usando TEL como categoría administrativa. Las escuelas especiales de lenguaje se rigen por el Decreto 1300 de 2002, con las modificaciones del Decreto 170 de 2009, y trabajan con niños de 3 a 5 años cuyo ingreso requiere una evaluación de un fonoaudiólogo inscrito en la Secretaría Regional Ministerial de Educación, más la evaluación de un profesor de educación diferencial y una certificación de salud que descarte déficit auditivo, discapacidad intelectual o dificultades secundarias a otra condición congénita o neurológica.

    Fíjate en esa lista de descartes: son los criterios de exclusión clásicos del TEL, los mismos que el consenso de 2017 flexibilizó. La normativa educativa quedó anclada a un marco anterior mientras la clínica avanzaba.

    El resultado práctico es el que ves en tu carpeta de informes. El colegio escribe TEL porque es la categoría que le permite acceder a la subvención y al plan específico de lenguaje. El especialista escribe TDL porque es el término vigente en su campo. En la mayoría de los casos ambos describen al mismo niño y no hay contradicción que resolver.

    Donde sí conviene consultar es cuando uno de los dos informes sugiere que hay otra condición de por medio, porque ahí la terminología del consenso cambia de verdad y la orientación del apoyo también.

    ¿Es lo mismo un retraso del lenguaje que un TDL?

    No, y esta distinción importa más en la práctica que la de TEL contra TDL.

    Un hablante tardío es un niño que a los 24 meses tiene un vocabulario reducido, menos de 20 a 50 palabras, y todavía no combina dos palabras, sin otros déficits cognitivos o sensoriales. Entre el 14% y el 17% de los niños de 24 a 36 meses entran en esa descripción, y buena parte se pone al día sin intervención.

    Un trastorno implica persistencia. La tradición de la escuela de Barcelona ordenaba la gravedad por el momento de aparición de las primeras palabras: retraso simple entre los 21 y 24 meses, retraso medio entre los 24 y 30, retraso grave hacia los 3 años, y disfasia cuando las primeras palabras no aparecen hasta después de los 4 (Mendoza Lara, 2016).

    Hay señales que aumentan el riesgo de que un retraso no sea pasajero:

    • Dificultad para comprender, no solo para hablar. Si entre los 16 y los 24 meses el niño también tiene problemas de comprensión, el riesgo de persistencia es mucho mayor.
    • No combinar dos palabras a los 24 meses. Predice mejor que la edad de las primeras palabras.
    • Antecedentes familiares de dificultades de lenguaje.
    • Poco uso de gestos comunicativos. Los niños que compensan con gestos tienen mejor pronóstico que los que no lo hacen.

    Existe además un fenómeno que los especialistas llaman recuperación ilusoria: niños que parecen normalizarse hacia los 5 años y que a los 7, cuando llega la lectura, muestran dificultades importantes. Un seguimiento encontró que el 35% de los niños considerados recuperados a los 4 años presentaba problemas de lectura entre los 15 y 16 años, por déficits residuales en el procesamiento fonológico (Mendoza Lara, 2016).

    El diagnóstico formal de TDL suele establecerse entre los 4 y 5 años, aunque las señales se identifican desde los 18 meses. Esperar a tener la etiqueta para empezar a trabajar no tiene sentido: la intervención puede partir antes.

    ¿Qué tan común es y qué pasa si no se atiende?

    Alrededor del 7% de los niños en edad preescolar y escolar cumple criterios de trastorno del desarrollo del lenguaje. El estudio poblacional británico más citado evaluó a más de 7.000 niños monolingües de 5 y 6 años y encontró una prevalencia de 7,58%, cerca de dos niños por sala de clases (Norbury et al., 2016). La campaña internacional de divulgación sobre el tema lo resume en una cifra fácil de recordar: uno de cada catorce niños en edad escolar.

    La proporción entre niños y niñas es más pareja de lo que se suponía. Un estudio con más de 31.000 registros clínicos encontró una razón de 1,33 hombres por cada mujer, y algo más preocupante: casi tres cuartas partes de los casos no llegan a diagnosticarse (Nitin et al., 2022). Muchas niñas con TDL pasan por tímidas o distraídas y nunca son derivadas.

    La comorbilidad es la regla. Alrededor del 40% de los niños con un trastorno del neurodesarrollo cumple criterios de otro. Con la dislexia el solapamiento va del 17% al 33% en estudios longitudinales, algo esperable si se piensa que ambas comparten la dificultad para adquirir un código lingüístico, oral en un caso y escrito en el otro (Jiménez, 2015). Con el TDAH, en muestras poblacionales, un 30,4% de los preescolares con TEL también lo presenta.

    Lo que ocurre a largo plazo cuando no hay apoyo está bien documentado. Entre el 50% y el 75% de los niños con trastornos de habla y lenguaje diagnosticados en la primera infancia sigue con problemas académicos durante toda la enseñanza básica (García Sánchez, 2014). En la adolescencia la brecha se ensancha, porque el currículum empieza a pedir lenguaje abstracto y metalingüístico. Los seguimientos hasta los 25 años muestran menor nivel educativo alcanzado y trabajos de menor calificación.

    El costo emocional es la parte que menos aparece en los informes y la que más se nota en casa. La dificultad para seguir una conversación rápida genera ansiedad social y retraimiento. Los niños con TDL suelen quedar fuera de los juegos que exigen negociar verbalmente, prefieren jugar con adultos o solos, y tienen mayor riesgo de acoso escolar porque les cuesta resolver conflictos con palabras. El fracaso escolar repetido erosiona la autoestima. Un seguimiento hasta los 36 años encontró que cerca de la mitad tenía dificultades para establecer amistades o relaciones de pareja (Mendoza Lara, 2016).

    Nada de esto es un destino. Es lo que pasa cuando la dificultad no se identifica ni se acompaña, que es precisamente lo que un diagnóstico a tiempo evita.

    ¿Cuándo buscar ayuda profesional?

    La evaluación del lenguaje infantil combina entrevista con la familia, observación de la comunicación espontánea y pruebas estandarizadas de comprensión y producción, tal como describen las guías clínicas de la asociación estadounidense de fonoaudiología. Vale la pena consultar con un fonoaudiólogo o un psicólogo infantil si reconoces alguna de estas situaciones:

    • A los 24 meses tu hijo dice menos de 50 palabras o todavía no junta dos.
    • Te cuesta entenderle a los 3 años, o le cuesta entenderte a ti.
    • Tiene dificultades para seguir instrucciones de dos pasos en edad preescolar.
    • Se frustra, se enoja o se retira cuando no logra hacerse entender.
    • Ya está en el colegio y la lectura no despega como en sus compañeros.
    • Hay antecedentes familiares de dificultades de lenguaje o de lectura.

    Una consulta que aclare el panorama no obliga a nada. En muchos casos la respuesta es que se trata de una variación normal del desarrollo, y saberlo con fundamento vale bastante más que seguir revisando informes que usan siglas distintas.

    Si ya hay un diagnóstico y lo que te falta es entender qué significa para el día a día, para el colegio y para el ánimo de tu hijo, ese acompañamiento también existe y es parte del trabajo.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es lo mismo TEL que TDL?

    Sí. TEL (Trastorno Específico del Lenguaje) y TDL (Trastorno del Desarrollo del Lenguaje) se refieren al mismo cuadro clínico. TDL es el término vigente desde el consenso internacional CATALISE de 2017, que reemplazó a TEL, eliminó el requisito de discrepancia con el CI no verbal y permitió que coexista con otros trastornos del neurodesarrollo.

    ¿A qué edad se puede diagnosticar un TDL?

    Las señales pueden identificarse desde los 18 meses, pero el diagnóstico formal suele establecerse entre los 4 y los 5 años, cuando el perfil de dificultades se estabiliza y puede diferenciarse de un retraso simple. La intervención no necesita esperar al diagnóstico: puede y conviene empezar antes si hay señales claras.

    ¿Qué tan común es el TDL?

    Afecta a cerca del 7% de los niños en edad escolar, alrededor de dos por sala de clases. El estudio poblacional de referencia encontró una prevalencia de 7,58% a los 5 y 6 años. Casi tres cuartas partes de los casos nunca reciben diagnóstico ni tratamiento, sobre todo entre las niñas.

    ¿Un niño con TDAH puede tener TDL?

    Sí. Con los criterios anteriores el TDAH funcionaba como exclusión, pero el consenso de 2017 reconoce que los trastornos del neurodesarrollo suelen coexistir. En muestras poblacionales, alrededor del 30% de los preescolares con trastorno del lenguaje también presenta TDAH. Ambos diagnósticos pueden y deben darse juntos cuando corresponde.

    ¿Cuál es la diferencia entre retraso del lenguaje y TDL?

    Un retraso simple es un desfase temporal que suele resolverse solo, frecuente en hablantes tardíos de 2 años. El TDL es persistente y afecta el funcionamiento diario. Las señales que distinguen uno de otro son las dificultades de comprensión, la ausencia de combinaciones de dos palabras a los 24 meses, los antecedentes familiares y el escaso uso de gestos.

    ¿El TDL se supera con el tiempo?

    El TDL es persistente, aunque su expresión cambia con la edad. Algunos niños parecen normalizarse hacia los 5 años y muestran dificultades de lectura más adelante, un fenómeno llamado recuperación ilusoria. Con intervención fonoaudiológica y apoyos escolares el pronóstico mejora de forma significativa, sobre todo si se empieza temprano.

    Para cerrar

    Si llegaste hasta aquí con dos informes que dicen cosas distintas, la conclusión práctica es simple: TEL y TDL nombran lo mismo, y la diferencia de vocabulario refleja el momento en que se escribió cada documento, no dos problemas separados. Lo que cambió con el consenso de 2017 fue más profundo que una sigla: se dejó de pedir un CI mínimo, se aceptó que estos cuadros vienen acompañados de otros, y el foco pasó a estar en cuánto interfiere la dificultad en la vida del niño.

    Lo que sí conviene revisar es si el apoyo que está recibiendo se corresponde con ese marco actualizado, y qué está pasando con su ánimo, su lugar en el curso y su relación con la lectura mientras tanto.

    Si quieres ordenar todo esto con alguien que conozca tanto el lenguaje clínico de los informes como el impacto emocional que tienen estas dificultades en un niño y en su familia, puedes agendar una consulta y conversarlo con calma.

    Sobre este artículo

    Este contenido fue elaborado a partir de literatura científica revisada por pares y de manuales de referencia en trastornos del lenguaje y dificultades de aprendizaje. Las afirmaciones clínicas están citadas en el texto y detalladas en las referencias.

    Es material informativo y no reemplaza una evaluación profesional. Si tienes dudas sobre el desarrollo del lenguaje de un niño, lo que corresponde es una evaluación fonoaudiológica y, cuando hay impacto emocional o escolar, el acompañamiento de un psicólogo infantil.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5.a ed.). Editorial Médica Panamericana.

    Bishop, D. V. M., Snowling, M. J., Thompson, P. A., Greenhalgh, T., y CATALISE-2 Consortium. (2017). Phase 2 of CATALISE: A multinational and multidisciplinary Delphi consensus study of problems with language development: Terminology. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 58(10), 1068-1080. https://doi.org/10.1111/jcpp.12721

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    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.