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  • Deseo sexual responsivo: qué es y por qué no es falta de deseo

    Deseo sexual responsivo: qué es y por qué no es falta de deseo

    Hay quien casi nunca siente ganas de sexo “de la nada”. Un día cualquiera no piensa en sexo ni lo echa de menos. Pero si hay un abrazo largo, un masaje o un rato tranquilo con su pareja, a los diez minutos las ganas aparecen y el encuentro se disfruta. Si esa secuencia te suena y por eso sospechas que te pasa algo, hay una explicación más tranquilizadora: se llama deseo sexual responsivo y es una forma frecuente y normal de vivir el deseo.

    Este artículo explica qué es el deseo responsivo, en qué se diferencia del espontáneo, de dónde sale la cifra viral de “el 15 % de las mujeres y el 75 % de los hombres” y qué encontraron los estudios de verdad. También revisa qué ayuda cuando uno de los dos espera ganas y el otro las encuentra sobre la marcha, qué cambia con los años, la crianza y la menopausia, y en qué casos conviene no esperar a que el deseo llegue solo.

    Respuesta corta

    El deseo sexual responsivo es el que aparece después de empezar una situación íntima agradable, y no antes. La persona parte de una neutralidad, sin ganas urgentes ni rechazo, y el contacto, el contexto y el placer lo despiertan. Es una variante normal del deseo, descrita por Basson (2000), y por sí sola no es un trastorno.

    ¿Qué es el deseo sexual responsivo?

    El deseo responsivo es el deseo que surge como respuesta a una situación íntima ya en marcha, en lugar de ser un impulso previo que empuja a buscarla. La psiquiatra canadiense Rosemary Basson lo describió en el año 2000. Había observado que el esquema clásico de la respuesta sexual (deseo, excitación, orgasmo, resolución), asociado a Masters y Johnson (1966) y a Kaplan (1979), no calzaba con muchas mujeres en relaciones largas. Su propuesta de un modelo distinto tenía un fin práctico: evitar que se diagnostique una disfunción cuando la respuesta simplemente es diferente a la tradicional (Basson, 2000).

    Un año después, Basson (2001a) afinó el modelo. Su ciclo de respuesta sexual integra el deseo espontáneo y el responsivo, y suma algo que el esquema lineal no tenía: los motivos para tener un encuentro pueden no ser sexuales, como sentir intimidad o querer acercarse a la pareja (Basson, 2001a).

    La base teórica se apoya en la psicología de la motivación. Toates (2009) propuso un marco que combina la teoría de la motivación por incentivos con el control jerárquico de la conducta, donde la excitación y la inhibición actúan en varios niveles. Hall y Binik (2020) recogen que ese marco y el modelo circular pesaron en la decisión del DSM-5 de unir el deseo y la excitación femeninos en un solo diagnóstico, porque en muchas mujeres ambos se entrelazan.

    Emily Nagoski (2015) llevó la idea al gran público con una imagen útil: el sexo se parece menos al hambre, que sube sola hasta que comes, y más a un sistema que se activa cuando hay un estímulo agradable en un contexto seguro. De ahí su crítica al “imperativo del deseo”, la creencia de que solo las ganas espontáneas son auténticas y de que quien no las tiene está defectuoso.

    Deseo sexual espontáneo y responsivo: en qué se diferencian

    El deseo espontáneo aparece antes de cualquier estímulo y empuja a buscar el encuentro; el responsivo aparece durante el encuentro, como consecuencia del contacto y del contexto. La diferencia está en el orden, no en la intensidad ni en la calidad del deseo.

    Deseo espontáneo Deseo responsivo
    Cuándo aparece Antes de empezar, “de la nada” o por un pensamiento o fantasía Después de empezar, tras el contacto, la cercanía o un buen contexto
    Punto de partida Ganas que empujan a buscar el encuentro Neutralidad: ni ganas urgentes ni rechazo
    Qué lo activa El propio pensamiento, la fantasía, la novedad Caricias, afecto, tiempo tranquilo, sentirse seguro y a gusto
    Cuándo suele pesar más En los comienzos de una relación En las relaciones largas y en las etapas de más carga
    Interpretación equivocada habitual “Si no me busca, ya no me desea” “Si no tengo ganas antes, algo me pasa”

    Dewitte et al. (2020), en la declaración de consenso de la Sociedad Europea de Medicina Sexual, recomiendan justamente cuestionar el mito del deseo espontáneo. Aclaran que se trata de una posición basada en la opinión de expertos y no en evidencia graduada, porque la investigación sobre estos temas todavía es escasa.

    Los dos tipos conviven en muchas personas, que viven una forma u otra según el momento, la pareja y el contexto. Nagoski (2024) señala, por ejemplo, que alguien puede tener deseo responsivo con su pareja estable y espontáneo ante algo nuevo. Y una revisión sistemática de 64 estudios sobre deseo en relaciones largas concluyó que el deseo sube y baja dentro de cada persona y entre personas (Mark y Lasslo, 2018).

    El ciclo de Basson, paso a paso

    En el modelo circular, la respuesta sexual es un círculo con varios eslabones que se refuerzan entre sí, en lugar de una línea recta que parte del deseo. Según Basson (2000, 2001a), estos son los pasos:

    1. Neutralidad sexual. Partes sin ganas urgentes, pero sin rechazo tampoco.
    2. Un motivo, a menudo no sexual. Acercarte a tu pareja, sentir intimidad, reconectar o simplemente estar bien juntos.
    3. Un contexto y unos estímulos que funcionen. Tiempo, tranquilidad y ausencia de presión o interrupciones.
    4. Excitación. El cuerpo y la mente empiezan a responder.
    5. Deseo responsivo. Con la excitación en marcha aparecen las ganas de seguir.
    6. Satisfacción física y emocional. Cierra el círculo y vuelve más probable el siguiente encuentro.

    Si algo rompe el círculo en cualquier eslabón (estrés, cansancio, un conflicto sin resolver, un contexto sin estímulos agradables), el deseo no llega, y eso no habla de falta de atracción. En una serie de 47 mujeres derivadas por bajo deseo, Basson (2001b) encontró eslabones rotos en todas. Los factores psicológicos que reducían la excitabilidad aparecían en el 85 % y la depresión contribuía en el 43 %. Es un estudio clínico sin grupo de comparación, pero muestra algo útil: identificar qué eslabón faltaba ya era en sí mismo terapéutico.

    ¿Qué tan común es el deseo responsivo?

    Es común, y se da en mujeres y en hombres, aunque los estudios disponibles lo miden de formas distintas y no se pueden sumar como si fueran una sola cifra. Estos son los dos datos más citados:

    • Mujeres. En una encuesta online a 3.687 mujeres, entre las que se excitaban con facilidad, el 15,5 % solo tenía sexo si sentía deseo desde el principio, mientras que el 30,7 % accedía al deseo normalmente o siempre una vez que ya estaba excitada. Quienes llevaban más tiempo en pareja tenían sexo sin sentir deseo con más frecuencia (42 % frente a 22,4 % en relaciones cortas), según Carvalheira et al. (2010).
    • Hombres. En una encuesta online a 2.215 noruegos y portugueses de 18 a 75 años, el 73,9 % mostró un patrón espontáneo, el 2,5 % un patrón responsivo y el 23,6 % un deseo disminuido. Los hombres con patrón responsivo tenían tanto interés, satisfacción y frecuencia sexual como los espontáneos, y el único predictor del patrón responsivo fue la tendencia al aburrimiento sexual dentro de la relación (Štulhofer et al., 2013).

    ¿De dónde sale el “15 % de las mujeres y el 75 % de los hombres”?

    La cifra circula en artículos y redes sin fuente. Viene de Nagoski (2015), que reúne varios estudios, entre ellos los dos anteriores, y que aclara que son estimaciones con fin pedagógico y no porcentajes biológicos fijos. El 15 % de mujeres con deseo espontáneo y el 75 % de hombres son una síntesis divulgativa, no el resultado de una medición única. Úsalas como orden de magnitud, no como un dato que describa tu caso.

    Deseo responsivo en la mujer: ¿es cosa de mujeres?

    Si buscaste “deseo responsivo mujer” por una experiencia propia, la respuesta corta es que sí, es muy frecuente en mujeres, y que no es exclusivo de ellas. En los hombres está menos visible porque la cultura da por hecho que el deseo masculino es siempre espontáneo. Hall y Binik (2020) recogen que el modelo circular también se aplica a los hombres, sobre todo con la edad, el estrés o una relación larga. Más abajo hay una sección específica.

    ¿Deseo responsivo significa falta de deseo?

    No. Que el deseo llegue después de empezar no es un trastorno, y el DSM-5 lo deja claro al exigir malestar clínicamente significativo para diagnosticar. El manual de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, 2013) incluye el trastorno de interés/excitación sexual femenino, que requiere al menos tres de seis síntomas durante unos seis meses, como poco interés, pocos pensamientos eróticos, ninguna iniciativa ni respuesta a los intentos de la pareja, falta de placer en casi todos los encuentros o ausencia de interés o excitación ante estímulos eróticos. Debe causar malestar clínicamente significativo y no explicarse mejor por dolor, depresión, medicamentos u otra causa.

    Según Hall y Binik (2020), ese diagnóstico no se aplica a quien no siente deseo espontáneo pero responde y disfruta cuando la situación es placentera. Lo que separa una variante normal de un problema es si hay placer una vez que empieza, si hay malestar y si hay una causa que se pueda tratar.

    El modelo tiene también sus matices. Hall y Binik (2020) recogen que en el laboratorio y en la clínica cuesta separar el deseo responsivo de la excitación mental, y que hay quien discute si “primero excitación, luego deseo” son dos fases reales o un mismo proceso. Pensar en el círculo de Basson como un mapa útil para entender la experiencia, y no como una ley, es más honesto con la evidencia.

    ¿Qué ayuda a que el deseo responsivo llegue?

    Ayuda crear las condiciones para que el círculo se ponga en marcha, en lugar de esperar a sentir ganas antes de empezar. Los autores del campo coinciden en varias ideas.

    Soltar los frenos antes que apretar el acelerador

    Nagoski (2015) explica el deseo con un modelo de doble control: un acelerador que responde a estímulos eróticos y unos frenos que responden a amenazas, estrés, cansancio, juicio sobre el propio cuerpo o miedo. Para muchas personas con deseo responsivo el obstáculo son los frenos puestos, y el acelerador funciona bien. Por eso suele servir más cambiar el contexto (privacidad, tiempo, tranquilidad, confianza) que buscar un estímulo más fuerte.

    “Abrir la puerta” sin compromiso de llegar al coito

    Nagoski (2024) propone que la persona con deseo responsivo reemplace la expectativa de tener ganas por una disposición a probar: abrir la puerta al contacto, ver si resulta agradable y seguir solo si es así. Para que funcione hace falta algo más: poder parar en cualquier momento sin que nadie lo tome como un castigo. McCarthy y McCarthy (2019) insisten en que la libertad real de decir “no” es lo que permite un “sí” genuino.

    Atención al presente

    Brotto (2018) usa el modelo circular como psicoeducación en sus programas de atención plena. Observa que la rumiación y la autocrítica (“¿por qué no tengo ganas?”) cortan el círculo, y que entrenar la atención a las sensaciones corporales ayuda a notar las primeras señales de excitación. Hay estudios que respaldan este enfoque, con matices:

    • En un ensayo con 117 mujeres con bajo deseo y excitación, cuatro sesiones grupales de terapia basada en mindfulness mejoraron el deseo, la excitación y la satisfacción sexual frente a una lista de espera (Brotto y Basson, 2014).
    • En otro ensayo con 148 mujeres, ocho sesiones de terapia cognitiva basada en mindfulness y ocho de educación y apoyo sexual mejoraron el deseo y la excitación con efectos grandes, y se mantuvieron a los 12 meses. La terapia con mindfulness mejoró más el malestar sexual, la satisfacción con la relación y la rumiación, y cerca de la mitad refirió una mejoría moderada o grande (Brotto et al., 2021).
    • Un metaanálisis de 11 ensayos halló efectos generalmente moderados, con posible sesgo de publicación (Stephenson y Kerth, 2017).

    Si quieres empezar por lo básico, esta guía de mindfulness para principiantes explica cómo practicar la atención plena sin misticismo.

    Puentes hacia el deseo

    McCarthy y McCarthy (2019) hablan de “puentes”: momentos afectivos que no apuntan al coito, como un masaje, una ducha juntos o una conversación cariñosa, que crean cercanía y anticipación. La idea es que el encuentro no empiece de golpe, sino con un camino que la persona con deseo responsivo pueda recorrer a su ritmo.

    Una guía de autoobservación (sin puntaje)

    No existe un test con puntos de corte para medir el deseo responsivo, y un cuestionario inventado sería pseudociencia. Lo que sí puedes hacer son estas preguntas, a lo largo de dos o tres semanas:

    • ¿En qué momentos del día o de la semana me siento más tranquilo/a y disponible?
    • ¿Qué hace mi pareja, o qué hago yo, que me acerca (tono de voz, tiempo, contacto)?
    • ¿Qué me frena (cansancio, tareas pendientes, un comentario, la idea de “tener que rendir”)?
    • Cuando empiezo y me gusta, ¿cuánto tarda en aparecer el deseo y qué lo dispara?
    • ¿Hay encuentros en que, aunque empiece, no llega nunca el placer? ¿Qué tienen en común?

    Anotar las respuestas sirve para ver patrones y, sobre todo, para tener una conversación con tu pareja con datos y sin reproches.

    Cuándo no conviene esperar a que las ganas lleguen

    Esperar a que el deseo aparezca después de empezar funciona cuando el contacto es agradable y hay libertad para parar; no funciona cuando hay dolor, incomodidad, presión o una causa que tratar. Estos son los casos en que conviene frenar y revisar otra cosa:

    • Hay dolor. El dolor no es neutralidad: el cuerpo lo registra como amenaza y activa los frenos. Hall y Binik (2020) y Brotto (2018) coinciden en que insistir con la penetración mantiene el círculo del miedo y la evitación. Requiere evaluación médica y, a menudo, fisioterapia de suelo pélvico. Si es tu caso, esta guía sobre dolor en las relaciones sexuales y vaginismo te orienta.
    • Empezar no resulta agradable. Si el contacto es desagradable, aburrido o indiferente, no hay razón para que aparezca el deseo. Forzarse a un sexo que no se disfruta no abre la puerta, la cierra (Nagoski, 2024; Brotto, 2018).
    • Aceptas por deber, culpa o para evitar una discusión. McCarthy y McCarthy (2019) advierten que el sexo por obligación envenena la capacidad erótica de la pareja.
    • Hay depresión o anhedonia. Cuando casi nada produce placer, el deseo sexual también se apaga. Brotto (2018) recomienda tratar primero la depresión. En el posparto, esta guía sobre la depresión posparto explica las señales de alerta.
    • Tomas medicamentos que afectan el deseo. Un metaanálisis halló más disfunción sexual que con placebo para la mayoría de los antidepresivos estudiados (sertralina, venlafaxina, citalopram, paroxetina, fluoxetina y otros), con porcentajes de pacientes afectados entre el 25,8 % y el 80,3 %, y ninguna diferencia con placebo para agomelatina, bupropión, mirtazapina y algunos más (Serretti y Chiesa, 2009). No dejes un medicamento por tu cuenta: habla con quien te lo recetó.
    • Usas anticonceptivos hormonales. Una revisión sistemática de 36 estudios con 13.673 mujeres encontró que el 85 % refería aumento o ningún cambio en la libido con la píldora combinada, y el 15 % una disminución (Pastor et al., 2013). No conviene culpar a la píldora por reflejo, pero tampoco descartarla si el cambio coincide con su inicio.
    • Hay un conflicto grande o resentimiento. McCarthy y McCarthy (2019) y Hall y Binik (2020) plantean trabajar primero el conflicto. Esta guía sobre cuándo ir a terapia de pareja y si funciona puede ayudarte a decidir.

    Cuando uno tiene deseo espontáneo y el otro responsivo

    La discrepancia de deseo es de la pareja, no de uno de los dos, y lo que más pesa es cómo la interpretan. Según Nagoski (2015, 2024) y Hall y Binik (2020), hay tres errores frecuentes que se retroalimentan:

    1. Esperar a tener ganas para iniciar o aceptar. Quien tiene deseo responsivo concluye que “ya no desea” porque la chispa previa no llega.
    2. Leer la neutralidad como rechazo. Quien suele iniciar interpreta el “ahora no tengo ganas” como falta de atracción, se siente herido y busca con más insistencia.
    3. Sentirse presionado/a. Quien responde percibe cada abrazo como el preludio de un examen, se pone en guardia y se retrae para proteger su autonomía.

    El resultado es una danza de perseguir y alejarse. Cuanto más insiste uno, más se aleja el otro, y los dos terminan resentidos.

    Lo que dice la investigación sobre parejas

    La investigación sobre discrepancia de deseo es sobre todo transversal, así que muestra asociaciones y no causas. Aun así, hay datos útiles:

    • En 1.054 parejas casadas, una mayor discrepancia individual entre la frecuencia sexual deseada y la real se asoció con menor satisfacción, menor estabilidad y más conflicto (Willoughby et al., 2014).
    • En un estudio con 229 personas que describieron 17 estrategias ante la discrepancia, las que se hacían en pareja se asociaron con más satisfacción sexual y de relación que las individuales. Ninguna se asoció con más deseo (Vowels y Mark, 2020). La comunicación y las actividades compartidas mejoran cómo se vive la pareja, aunque no suban las ganas por sí solas.
    • En 179 mujeres con cinco o más años de relación, lo más frecuente era comunicar, tratar de cubrir las necesidades de la pareja, tener sexo sin deseo previo y tener paciencia, aunque muchas decían que el problema seguía sin resolverse (Herbenick et al., 2014).
    • Sentirse valorado y comprendido por la pareja se asoció con más deseo hacia ella, sobre todo en mujeres (Birnbaum et al., 2016).
    • En 346 personas, las respuestas comprensivas ante un rechazo sexual se asociaron con más bienestar sexual y de relación, y las resentidas con menos (Schwenck et al., 2025).

    Qué conversación ayuda

    Dewitte et al. (2020) proponen normalizar la variación del deseo, explicar su curso natural, subrayar que la discrepancia es de la pareja y relativa, favorecer la comunicación abierta y construir guiones sexuales compartidos. Traducido a la práctica:

    • Quien suele iniciar puede cambiar el “¿tienes ganas?” por una invitación sin examen (“¿te apetece un rato juntos, sin compromiso de nada más?”), y encargarse de despejar lo que frena (tareas, hijos, cansancio), en lugar de insistir.
    • Quien responde puede dejar de esperar la chispa, avisar con claridad cuando “ahora no” y proponer alternativas (“hoy no, pero mañana en la noche sí”), para que el no se lea como un no a la persona y no como un rechazo.
    • Los dos pueden acordar que cualquiera puede parar sin explicaciones y sin castigo, y que el contacto afectivo no obliga a terminar en coito. Para entender qué es “normal” en frecuencia, puedes revisar esta guía sobre frecuencia sexual normal en pareja y esta otra sobre qué hacer si tu pareja no te desea como antes.

    Caricias sin demanda: cómo se hacen

    Las caricias sin demanda (focalización sensorial) vienen de Masters y Johnson y se describen en Brotto (2018, 2022), McCarthy y McCarthy (2019) y Hall y Binik (2020). Quitan la presión de rendir y dan tiempo para que el círculo se arme. Los manuales las presentan en etapas. Esta es la versión resumida; si hay dificultades sexuales importantes, conviene hacerlas con apoyo de un profesional:

    1. Acuerdo previo. Se prohíben por un tiempo el coito y el orgasmo como meta, para sacar la presión de rendimiento. Se elige un espacio privado y cálido y unos 15 a 20 minutos por turno.
    2. Etapa 1, contacto no genital. Uno toca y el otro recibe. Los pechos y los genitales quedan fuera. Quien toca explora con curiosidad (temperatura, presión, texturas), sin intentar excitar. Quien recibe se concentra en las sensaciones, sin juzgar, y solo habla para ajustar (“más suave”, “ahí no”). Pasado el turno se intercambian los roles.
    3. Comentario breve. Al final se dedican unos minutos a decir cómo se sintió el cuerpo, sin evaluar el desempeño del otro.
    4. Etapa 2, todo el cuerpo. Tras varias sesiones de la etapa 1, se incluyen los pechos y los genitales, sin meta de excitación ni de orgasmo. Si aparece excitación, se observa como una sensación más.
    5. Etapa 3, contacto mutuo. Los dos se acarician a la vez. Solo cuando la ansiedad ha bajado y la confianza se ha reconstruido, se reintroduce de forma gradual la estimulación erótica o la penetración, sin perder la flexibilidad.

    Estos ejercicios se apoyan sobre todo en la práctica clínica y en manuales de terapia sexual. Los ensayos que los evalúan por separado para el deseo responsivo son pocos, así que conviene tomarlos como una herramienta razonable y no como una receta garantizada.

    Los años, los hijos pequeños y la menopausia

    El deseo espontáneo tiende a bajar con el tiempo y con la carga de la vida, y el responsivo gana peso, sin que eso signifique que la pareja se enfría. Birnbaum et al. (2016) señalan que el deseo tiende a decaer gradualmente con el tiempo, y Dewitte et al. (2020) subrayan que la discrepancia tiene un componente ligado a la edad.

    Crianza de hijos pequeños

    El sueño interrumpido, el estrés, los cambios en la imagen corporal y el cuidado continuo cargan los frenos del modelo de doble control (Nagoski, 2015). En 255 parejas que acababan de tener un hijo, las discrepancias de deseo se asociaron con menor satisfacción sexual en ambos, y los padres estaban menos satisfechos cuando la madre era la parte con más deseo (Rosen et al., 2018). Para este periodo, Nagoski (2024) sugiere repartir mejor las tareas y asegurar descanso real a quien está agotado/a, porque eso baja los frenos más que cualquier estrategia erótica. Si además hay tristeza persistente, conviene revisar la guía de depresión posparto.

    Menopausia y perimenopausia

    El deseo bajo es frecuente en la menopausia. En una encuesta telefónica a 2.207 mujeres estadounidenses, el deseo bajo iba del 26,7 % en premenopáusicas al 52,4 % en menopáusicas naturales, y el trastorno por deseo hipoactivo (deseo bajo más malestar) fue más alto tras la menopausia quirúrgica, con 12,5 % (West et al., 2008). Una revisión de epidemiología señala que el deseo bajo aumenta con la edad pero el malestar disminuye, de modo que la prevalencia del trastorno se mantiene casi constante, entre 7,4 % y 12,3 % según el tramo de edad (Parish y Hahn, 2016).

    Desde el punto de vista fisiológico, la caída de estrógenos puede causar sequedad y atrofia vaginal, y con ello dolor que inhibe el deseo, según Hall y Binik (2020). Tratarlo (con estrógeno vaginal local, hidratantes o lubricantes, bajo indicación médica) suele ser lo primero que se prueba. Brotto (2018) y Nagoski (2015) añaden que la actitud ante el envejecimiento y la calidad de la relación pesan tanto o más que las hormonas, y que la capacidad de disfrutar y de sentir deseo responsivo se mantiene cuando el dolor se trata y el contexto acompaña. Si además duermes mal, esta guía sobre sueño y menopausia puede aportar.

    ¿Y los hombres?

    Los hombres también pueden tener deseo responsivo, aunque el estereotipo diga que su deseo siempre es espontáneo. En el estudio con 2.215 hombres, el patrón responsivo fue poco frecuente (2,5 %), pero esos hombres no tenían peor salud sexual que los espontáneos (Štulhofer et al., 2013). Hall y Binik (2020) recogen que el deseo masculino también se ve afectado por pensamientos automáticos negativos (por ejemplo, la preocupación por mantener la erección) y por normas rígidas sobre cómo “debe” comportarse un hombre.

    McCarthy y McCarthy (2019) destacan que en los hombres el bajo deseo suele ser secundario: aparece como evitación después de problemas de erección o de eyaculación. Si te reconoces ahí, esta guía sobre ansiedad de desempeño sexual es un buen punto de partida. En una muestra de 2.500 hombres de 50 años en Baviera, el 7,2 % tenía libido baja, y esa condición se asoció con disfunción eréctil (OR 2,09) y peor salud autopercibida (OR 2,97), según Herkommer et al. (2024).

    Cuándo consultar a un profesional

    Conviene consultar cuando la falta de deseo o de excitación dura más de seis meses y te causa malestar, cuando hay dolor, o cuando una causa médica o psicológica puede estar detrás. Según Hall y Binik (2020), las situaciones que justifican una consulta son:

    • Malestar significativo y sostenido por el poco interés o excitación (el criterio central del diagnóstico).
    • Dolor genital o durante la penetración.
    • Sospecha de causa médica, hormonal o farmacológica, como la menopausia o los efectos de un medicamento.
    • Depresión, ansiedad o anhedonia que acompañan la falta de deseo, en el posparto o en cualquier etapa.
    • Un patrón de conflicto, resentimiento o evitación que la pareja no logra destrabar sola.

    Qué esperar: una buena evaluación mira el cuerpo, la mente y la relación a la vez. Un metaanálisis de 20 ensayos halló que las intervenciones psicológicas para la disfunción sexual mejoran los síntomas y la satisfacción, con evidencia buena para el deseo hipoactivo femenino (Frühauf et al., 2013). En cambio, el fármaco flibanserina dio en promedio medio evento sexual satisfactorio más por mes, con más mareo y somnolencia, y calidad de evidencia muy baja (Jaspers et al., 2016). Para cualquier tratamiento farmacológico, la decisión es médica.

    Para ampliar la información general sobre salud sexual, puedes revisar la página de la OMS sobre salud sexual.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es el deseo sexual responsivo?

    Es el deseo que aparece después de empezar una situación íntima agradable, y no antes. La persona parte de la neutralidad, sin ganas urgentes ni rechazo, y el contacto, el afecto y un contexto cómodo despiertan las ganas. Basson lo describió en el año 2000 y hoy se considera una forma normal de experimentar el deseo.

    ¿Cuál es la diferencia entre deseo espontáneo y responsivo?

    El orden. El espontáneo surge antes de cualquier estímulo y empuja a buscar el encuentro. El responsivo surge durante el encuentro, como respuesta a las caricias y al contexto. No miden diferente intensidad: son dos caminos hacia el mismo lugar, y muchas personas usan ambos según el momento.

    ¿El deseo responsivo es más común en mujeres?

    Los datos disponibles apuntan a que es más frecuente en mujeres: en una encuesta a 3.687 mujeres, el 30,7 % accedía al deseo una vez excitada, y en una de 2.215 hombres solo el 2,5 % tenía ese patrón. Pero los estudios miden cosas distintas y los hombres también lo viven, sobre todo con los años.

    ¿Tener deseo responsivo significa que tengo poco o nada de deseo?

    No. Significa que tu deseo se activa con el contacto y el contexto, y no antes. El DSM-5 no diagnostica un trastorno si respondes y disfrutas cuando la situación es agradable. Lo que cuenta es si hay placer una vez que empiezas y si el tema te causa malestar sostenido.

    ¿Existe un nivel de deseo “normal”?

    Cada persona y cada pareja tiene el suyo. Una revisión de 64 estudios concluyó que el deseo sube y baja dentro de cada persona y entre personas, y que sus problemas se vinculan con la relación. La Sociedad Europea de Medicina Sexual recomienda normalizar esa variación. Lo importante es si te genera malestar a ti o a la pareja.

    ¿Cómo se lleva una pareja con deseos distintos?

    Hablando del tema como un asunto de los dos, no de uno. Ayudan las invitaciones sin presión, poder decir “no” sin castigo, bajar los frenos (cansancio, tareas) y mantener contacto afectivo sin que obligue a terminar en coito. En un estudio, las estrategias hechas en pareja se asociaron con más satisfacción.

    ¿Cuándo debo consultar a un profesional?

    Cuando el poco interés o excitación dura más de seis meses y te causa malestar, cuando hay dolor genital, cuando sospechas causa médica o de un medicamento, cuando hay depresión o ansiedad asociadas, o cuando la pareja está atrapada en un ciclo de conflicto y evitación que no logra resolver sola.

    Qué llevarte de todo esto

    El deseo que llega después de empezar es una forma normal de desear, descrita hace más de veinte años y compartida por muchas mujeres y por más hombres de los que se cree. No hace falta esperar a sentir ganas para acercarte, y tampoco conviene forzarse: si el contacto es agradable y puedes parar cuando quieras, el círculo suele ponerse en marcha. Si hay dolor, malestar, presión, depresión o un conflicto de fondo, lo que toca primero es atender eso.

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    Referencias

    American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed.). American Psychiatric Publishing. https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425596

    Basson, R. (2000). The female sexual response: A different model. Journal of Sex & Marital Therapy, 26(1), 51-65. https://doi.org/10.1080/009262300278641

    Basson, R. (2001a). Human sex-response cycles. Journal of Sex & Marital Therapy, 27(1), 33-43. https://doi.org/10.1080/00926230152035831

    Basson, R. (2001b). Using a different model for female sexual response to address women’s problematic low sexual desire. Journal of Sex & Marital Therapy, 27(5), 395-403. https://doi.org/10.1080/713846827

    Birnbaum, G. E., Reis, H. T., Mizrahi, M., Kanat-Maymon, Y., Sass, O., & Granovski-Milner, C. (2016). Intimately connected: The importance of partner responsiveness for experiencing sexual desire. Journal of Personality and Social Psychology, 111(4), 530-546. https://doi.org/10.1037/pspi0000069

    Brotto, L. A. (2018). Better sex through mindfulness: How women can cultivate desire. Greystone Books.

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Terapia sexual: qué es y cómo funciona

    Terapia sexual: qué es y cómo funciona

    Ir a terapia sexual da más vergüenza que ir a casi cualquier otra consulta, y suele ser por ideas que la propia terapia desarma: que habrá que desnudarse, que hay que contarlo todo de golpe o que el problema es solo tuyo. La terapia sexual es psicoterapia hablada, sin contacto físico en la consulta, y se hace sola o en pareja.

    Este artículo explica qué es la terapia sexual, para qué sirve, cómo es una sesión desde la primera hasta la última y qué cambia entre la terapia sexual de pareja y la individual. También revisa qué ofrece la terapia sexual para hombres y la terapia sexual para mujeres, qué dicen los estudios sobre su eficacia, si se puede hacer online y cuándo conviene pasar antes por el médico.

    Respuesta corta

    La terapia sexual es un tratamiento psicológico, hablado y estructurado, para las dificultades del deseo, la excitación, el orgasmo, la erección, la eyaculación o el dolor en las relaciones sexuales. Combina información, cambio de creencias y ejercicios que la persona o la pareja hace en casa. Una revisión de 20 ensayos halló efectos moderados frente a una lista de espera, con la mejor evidencia en el bajo deseo femenino y el orgasmo femenino.

    ¿Qué es la terapia sexual?

    La terapia sexual es un abordaje psicológico centrado en el problema, que trata las dificultades sexuales de una persona o de una pareja mediante conversación y tareas para hacer en casa. Hall y Binik (2020), en el manual de referencia del área, la describen hoy como un abordaje biopsicosocial: mira a la vez el cuerpo, la mente y la relación, y combina técnicas cognitivo-conductuales, mindfulness y trabajo de pareja.

    Nació en los años setenta con Masters y Johnson y con Helen Kaplan, como un programa breve, muy estructurado y centrado en la respuesta sexual. La versión actual conserva los ejercicios y cambió la meta: busca más satisfacción, más placer y menos angustia, más que un funcionamiento genital perfecto (Hall y Binik, 2020; McCarthy y McCarthy, 2019).

    ¿Quién hace terapia sexual?

    Según Hall y Binik (2020), la practican profesionales de la salud mental con formación específica: psicólogos clínicos, psiquiatras, terapeutas de pareja y familia, entre otros. Los mismos autores advierten que en muchos países la terapia sexual no es una profesión regulada y que la sexualidad casi no se enseña en los posgrados generales de psicología. Por eso conviene preguntar qué formación tiene quien te atiende (más abajo hay una guía para elegir).

    ¿Hay contacto físico en la consulta?

    No. Las normas éticas que recogen Hall y Binik (2020) y McCarthy y McCarthy (2019) excluyen cualquier contacto físico o sexual entre terapeuta y paciente. Las evaluaciones son conversaciones, y los ejercicios de caricias o de exploración del cuerpo se hacen en la intimidad de tu casa. Existe una modalidad distinta, la terapia con pareja sustituta, en la que una persona entrenada realiza ejercicios con el paciente. Es un servicio aparte, poco habitual, y no forma parte de la terapia sexual convencional.

    ¿En qué se diferencia de la terapia de pareja y de la medicina sexual?

    La terapia de pareja general trabaja el conflicto, la comunicación y el vínculo. Perel (2006) y McCarthy y McCarthy (2019) coinciden en que resolver las peleas no devuelve automáticamente el deseo ni arregla una disfunción, porque la cercanía emocional y el deseo erótico funcionan con dinámicas distintas. La terapia sexual agrega tareas corporales específicas, como la focalización sensorial o la masturbación dirigida. Si dudas entre ambas, esta guía sobre cuándo ir a terapia de pareja y si funciona te ayuda a decidir.

    La medicina sexual (urología, ginecología, endocrinología) trata la parte biológica, a menudo con fármacos. No compiten. Hall y Binik (2020) describen como la tendencia más sólida el tratamiento combinado, con médico y terapeuta trabajando a la vez.

    ¿Para qué sirve la terapia sexual? ¿Qué problemas trata?

    La terapia sexual trata problemas del deseo y la excitación, del orgasmo, de la erección, de la eyaculación y del dolor durante las relaciones, además de la ansiedad por el desempeño. Esta tabla resume qué se trabaja en cada caso y qué se sabe:

    DificultadQué suele trabajarseQué dice la investigación
    Bajo deseo o poco interés sexualInformación sobre cómo funciona el deseo, terapia cognitivo-conductual, mindfulness, comunicación en parejaCuatro sesiones grupales de mindfulness mejoraron deseo y excitación en 117 mujeres frente a una lista de espera (Brotto y Basson, 2014)
    Dificultad para llegar al orgasmoMasturbación dirigida, focalización sensorialEs de las dos dificultades con mejor evidencia (Frühauf et al., 2013)
    Problemas de erecciónBajar la ansiedad por el desempeño, terapia cognitivo-conductual de pareja, a veces fármacosPsicoterapia más sildenafilo mejoró más que sildenafilo solo, con menos abandonos (Melnik et al., 2008)
    Eyaculación precozTécnicas de parar y empezar o de compresión, focalización sensorialEvidencia limitada, mejor al combinarla con fármaco (Cooper et al., 2015)
    Eyaculación retardadaReentrenamiento de la estimulación, revisión de medicamentosNo hay fármaco aprobado, así que el peso recae en la terapia (Hall y Binik, 2020)
    Dolor en las relaciones (vaginismo, vestibulodinia)Exposición gradual, terapia cognitivo-conductual, fisioterapia de suelo pélvicoEn mujeres con vaginismo de toda la vida, 89 % tuvo coito tras una exposición asistida frente a 11 % en lista de espera (ter Kuile et al., 2013)
    Ansiedad por el desempeñoMindfulness, focalización sensorial, cambio de creenciasEs el mecanismo que mantiene muchas de las anteriores (Carey, 2015)

    Varias de estas filas tienen su propio artículo en este sitio. Si tu duda va por ahí, puedes leer sobre la falta de deseo sexual, la disfunción eréctil psicológica, la eyaculación precoz o la ansiedad de desempeño sexual.

    También se consulta por situaciones que no son una disfunción. Dos personas pueden querer tener sexo con frecuencias distintas, o una de ellas puede sentir que su pareja ya no la desea como antes. Ahí la terapia ayuda a poner en palabras lo que cada uno espera y a definir un ritmo posible. Si te preguntas qué es lo habitual, la frecuencia sexual normal en pareja tiene sus propias cifras.

    ¿Cómo es una sesión de terapia sexual?

    Una sesión de terapia sexual dura en torno a una hora, es una conversación y suele terminar con una tarea concreta para hacer en casa. El proceso completo tiene tres tramos: evaluar, trabajar y cerrar.

    Las primeras sesiones: evaluar y entender el problema

    McCarthy y McCarthy (2019) proponen una evaluación de cuatro sesiones. La primera es conjunta y recorre el motivo de consulta, la historia del problema y la calidad de la relación. La segunda y la tercera son individuales, una con cada integrante, para conversar de la historia sexual, de lo aprendido sobre sexo en la familia, de experiencias difíciles y de lo que cuesta decir delante de la pareja. La cuarta devuelve la información y fija las metas.

    No todos los terapeutas usan este formato exacto, pero el contenido es parecido. Se pregunta cuándo empezó la dificultad, qué pasa justo antes y justo después, qué se ha intentado, qué medicamentos se toman, cuánto alcohol se consume y qué creencias hay sobre el sexo. Hall y Binik (2020) organizan después esa información en factores que predisponen, que desencadenan, que mantienen y que protegen. Esa lectura convierte “tengo un problema” en “esto es lo que lo sostiene, y esto es lo que podemos cambiar”.

    Un efecto importante del primer tramo es que el problema deja de ser de una sola persona. McCarthy y McCarthy (2019) lo resumen como pasar de “tu problema” a “nuestro problema”, con la pareja como un equipo.

    Lo que se trabaja: información, creencias y ansiedad

    Los componentes habituales que describe Carey (2015) en el manual de Caballo son estos:

    • Información realista sobre la sexualidad. Se desmontan mitos como que el sexo equivale a penetración, que el orgasmo debe ser simultáneo o que una erección fallida dice algo sobre el amor.
    • Cambio de creencias. Se revisan pensamientos automáticos del tipo “voy a fallar” o “soy un fracaso”, que alimentan el miedo a la siguiente vez.
    • Manejo del rol de espectador. Quien teme fallar se observa desde fuera durante el sexo, lo que activa el estrés e inhibe la excitación. Se entrena a llevar la atención a las sensaciones y no al rendimiento.
    • Comunicación. Se aprende a pedir, a rechazar sin herir y a conversar sobre gustos. A veces se hacen listas de lo que cada uno quiere probar.

    Los ejercicios en casa: focalización sensorial

    La parte más característica de la terapia sexual son las tareas entre sesiones. La más conocida es la focalización sensorial (sensate focus), creada por Masters y Johnson. Se hace por turnos, en un ambiente tranquilo, y avanza por etapas (Carey, 2015):

    1. Caricias sin genitales ni pechos, sin objetivo de excitación ni de orgasmo.
    2. Caricias que incluyen genitales y pechos, siempre suaves y sin exigencia.
    3. Acercamiento gradual al coito, con movimientos lentos y a un ritmo que marca quien recibe.

    En las primeras etapas el coito se deja de lado de forma temporal. Así desaparece la presión de rendir y la pareja puede reencontrarse desde el tacto. Carey (2015) aconseja aplicar esa pausa con flexibilidad para no generar frustración. Si el contacto desnudo incomoda, se adapta: se puede empezar con ropa, ir más lento o acordar una señal para parar (McCarthy y McCarthy, 2019; Brotto, 2018). Evitar el ejercicio por completo mantiene la ansiedad, así que lo útil es comentar en consulta qué lo hizo difícil.

    Para las dificultades del orgasmo se usa además la masturbación dirigida, una serie de ejercicios individuales de exploración del propio cuerpo que después se llevan a la relación (Hall y Binik, 2020).

    ¿Cuántas sesiones dura una terapia sexual?

    No existe una cifra única. Los programas que describen los manuales son semanales y se miden en meses, no en años. Como orden de magnitud, la síntesis de los manuales de referencia habla de unas 10 a 20 sesiones para un programa estándar (Hall y Binik, 2020; McCarthy y McCarthy, 2019), pero cada caso varía según el problema, la pareja y lo que haya detrás.

    Al final se espacian las citas y se prepara un plan para prevenir recaídas. Carey (2015) incluye controles a los 6 y 12 meses y sugiere mantener la focalización sensorial, sin objetivo de coito, al menos una vez al mes.

    Terapia sexual de pareja o individual: ¿cuál conviene?

    Siempre que haya pareja y esta quiera participar, se prefiere la terapia sexual de pareja, desde la primera sesión. Carey (2015) lo explica así: la pareja suele interpretar el problema como falta de atractivo, de amor o hasta infidelidad, y si no se aborda eso puede sabotear los ejercicios sin darse cuenta. Hay datos que apoyan la idea. En la eyaculación precoz, las parejas de los hombres afectados reportan más problemas sexuales, menor satisfacción y más malestar, y la revisión de Graziottin y Althof (2011) concluye que conviene tratarla como un problema de la pareja. Para la disfunción eréctil, una revisión de Nature Reviews Urology propone que la pareja participe en la evaluación y en la elección del tratamiento (Li et al., 2016).

    La terapia individual tiene más sentido en varios casos. Uno es cuando no tienes pareja. Otro, cuando hay una experiencia de violencia sexual que necesita trabajarse a solas antes de involucrar a otra persona. Otro más, cuando la pareja no quiere ir al comienzo. En estas situaciones se trabajan por separado la información, la ansiedad y los ejercicios individuales, como la masturbación dirigida, y se suma la pareja cuando sea viable (Hall y Binik, 2020).

    La terapia sexual también se adapta a parejas del mismo sexo y a personas trans. Hall y Binik (2020) subrayan que la terapia moderna ya no parte de que “sexo equivale a penetración”, y que los ejercicios se ajustan a lo que cada pareja hace y desea.

    Terapia sexual para hombres y para mujeres: qué cambia

    Los principios son los mismos, pero cambian las dificultades más frecuentes y el papel de los medicamentos. Hall y Binik (2020) señalan que en los hombres existe más integración con la medicina, y en las mujeres predominan los abordajes psicológicos.

    Terapia sexual para hombres

    Los motivos de consulta más habituales son los problemas de erección, la eyaculación precoz, la eyaculación retardada y el bajo deseo. Como existen fármacos eficaces para la erección y para la eyaculación precoz, lo habitual es combinar medicación y terapia. Esa combinación tiene datos a favor:

    • En una revisión de 11 ensayos con 398 hombres, la psicoterapia más sildenafilo mejoró la disfunción eréctil y tuvo menos abandonos que el fármaco solo (Melnik et al., 2008).
    • En un ensayo piloto con 53 parejas, 48 % de los hombres cumplió el criterio de éxito en la función eréctil a las 4 semanas con sildenafilo más terapia sexual cognitivo-conductual, frente a 29 % con sildenafilo solo (Banner y Anderson, 2007).
    • Un ensayo con grupo placebo en 116 hombres jóvenes con disfunción eréctil no orgánica encontró que tanto la terapia sexual cognitivo-conductual como el tratamiento integrado mejoraron la función eréctil frente a placebo (Bilal y Abbasi, 2022). Se hizo en un solo país y con un solo fármaco.
    • En la eyaculación precoz, Althof (2016) concluye que la combinación de fármaco y psicoterapia es la intervención más prometedora y supera al fármaco solo. Una revisión de 10 ensayos halló que las técnicas conductuales tienen respaldo limitado por sí solas (Cooper et al., 2015).

    En los hombres, la erección también es una señal de salud general. Por eso Hall y Binik (2020) recomiendan una revisión médica antes de asumir que el origen es solo psicológico. Puedes ampliar en los artículos sobre disfunción eréctil psicológica y eyaculación precoz.

    Terapia sexual para mujeres

    En las mujeres las dificultades más frecuentes son el bajo interés o la baja excitación sexual, el orgasmo y el dolor en las relaciones. El DSM-5 agrupó el deseo y la excitación en un solo diagnóstico, porque en la práctica se mezclan (Hall y Binik, 2020). Para el orgasmo no hay fármacos aprobados y los aprobados para el deseo tienen beneficios modestos, así que la primera línea es psicológica (Hall y Binik, 2020).

    • Deseo y excitación. Además del ensayo de mindfulness grupal de la tabla anterior (Brotto y Basson, 2014), un metaanálisis de 11 ensayos con 449 participantes halló mejoras de tamaño moderado en función y bienestar sexual con terapias basadas en mindfulness (Stephenson y Kerth, 2017).
    • Orgasmo. La masturbación dirigida es el tratamiento con más respaldo, a veces junto con focalización sensorial. En un ensayo pequeño con 35 parejas chinas, una versión online de la focalización sensorial mejoró el orgasmo en las mujeres frente a lista de espera, y se mantuvo a los tres meses (Huang et al., 2024).
    • Dolor. En la revisión de Maseroli et al. (2018), los estudios observacionales mostraron que alrededor de 79 % de las mujeres con vaginismo lograba completar el coito tras tratarse, sin que un enfoque superara a otro. El nivel de evidencia es bajo, y los propios autores piden cautela.

    Si tu consulta va por el deseo, puedes leer sobre la falta de deseo sexual y sobre qué hacer cuando tu pareja ya no te desea como antes.

    ¿Funciona la terapia sexual? Lo que dice la evidencia

    Funciona de forma moderada en promedio, con mejor evidencia para el bajo deseo femenino y el orgasmo femenino, y con muchas preguntas aún abiertas. El metaanálisis más citado, de 20 ensayos que comparaban una intervención psicológica con lista de espera, halló un efecto de d = 0,58 en la gravedad de los síntomas y de d = 0,47 en la satisfacción sexual (Frühauf et al., 2013). Los autores concluyen que las intervenciones psicológicas son opciones eficaces, pero que la evidencia varía mucho de un trastorno a otro y que faltan estudios de largo plazo y comparaciones entre tratamientos.

    Hay una trampa histórica que conviene conocer. En 1970 Masters y Johnson reportaron tasas de éxito cercanas al 98 %. Una revisión Cochrane sobre eyaculación precoz señala que esos resultados no se pudieron replicar (Melnik et al., 2011). Según Hall y Binik (2020), los participantes originales eran parejas con tiempo y dinero para dedicarse por completo al tratamiento, y el estudio no tuvo grupo de comparación. Ninguna cifra de éxito de ese tipo vale hoy como promesa.

    Tres límites ayudan a poner las expectativas en su sitio:

    • Muchos estudios son pequeños. Varios son pilotos, con pocos participantes y seguimientos cortos. Los propios autores de las revisiones lo señalan.
    • Resolver el síntoma no resuelve todo. Hall y Binik (2020) advierten que lograr, por ejemplo, la penetración en el vaginismo no trae automáticamente deseo ni placer. Esa parte requiere un trabajo posterior.
    • No encontré estudios chilenos con metodología comparable, así que estos datos vienen sobre todo de Estados Unidos, Europa y Asia.

    El mindfulness merece una precisión. Una revisión sistemática de 15 estudios encontró que mejora el deseo y la excitación subjetivos, la satisfacción y el miedo asociado a la actividad sexual en mujeres, pero no cambia el dolor, y solo un estudio incluyó hombres con disfunción eréctil (Jaderek y Lew-Starowicz, 2019).

    ¿Se puede hacer terapia sexual online?

    Sí, porque la mayor parte de la terapia sexual es conversación, y los ejercicios se hacen en casa de todos modos. La evidencia disponible viene de programas estructurados y con apoyo de un terapeuta, más que de una videollamada cualquiera. En un ensayo con 78 hombres con disfunción eréctil, 7 semanas de terapia cognitivo-conductual por internet con apoyo del terapeuta mostraron una diferencia pequeña al terminar (d = 0,1) que creció en el seguimiento a seis meses (d = 0,88) frente a un grupo de discusión en línea (Andersson et al., 2011). Y la versión online de la focalización sensorial mencionada arriba mostró mejoras en parejas (Huang et al., 2024).

    Ambos estudios son pequeños. Hay límites prácticos: por videollamada no se puede hacer un examen físico, así que si el caso lo requiere (dolor, erección, medicamentos) te derivarán a un médico. Si quieres saber cómo funciona una consulta virtual, esta guía sobre la terapia psicológica online lo explica, y la primera sesión con el psicólogo detalla qué esperar.

    ¿Cuándo conviene ir primero al médico o la terapia sexual no basta?

    Conviene una evaluación médica antes o junto con la terapia cuando hay dolor, problemas de erección, un inicio repentino o un medicamento nuevo. Algunos casos requieren otras prioridades:

    • Dolor en las relaciones. Hall y Binik (2020) recomiendan una consulta ginecológica previa para descartar infecciones, atrofia por falta de estrógenos, enfermedades de la piel o endometriosis.
    • Antidepresivos. Un metaanálisis encontró disfunción sexual en entre 25,8 % y 80,3 % de las personas según el fármaco, con más riesgo en la sertralina, la venlafaxina, el citalopram y la paroxetina, y sin diferencia frente a placebo en el bupropión, la mirtazapina y la agomelatina (Serretti y Chiesa, 2009). Una revisión clínica propone manejarlo caso a caso, por ejemplo ajustando la dosis o cambiando de fármaco (Rothmore, 2020). No suspendas el tratamiento por tu cuenta: puede haber recaídas o síntomas de retirada. Cuéntaselo a quien lo indicó.
    • Depresión importante. Apaga el deseo y la energía, y tratar la disfunción sin atender el cuadro de fondo rinde poco (Brotto, 2018; Hall y Binik, 2020).
    • Consumo de alcohol o drogas. Altera la respuesta sexual y a veces se usa para calmar el malestar. Se trabaja antes o a la vez (Brotto, 2022; Nagoski, 2015).
    • Violencia en la pareja. Si hay golpes, amenazas o coerción, la terapia sexual y la de pareja están contraindicadas (Christensen et al., 2014; Hall y Binik, 2020), porque trabajar la intimidad expone a la persona a represalias. La prioridad es la seguridad. Puedes leer sobre violencia psicológica en la pareja, y en Chile el Fono 1455 orienta gratuitamente sobre violencia contra las mujeres.
    • Trauma sexual no procesado. Con disociación o recuerdos intensos durante el contacto, la terapia sexual estándar no basta. Primero se trabaja el trauma, y los ejercicios de contacto se retoman después (Hall y Binik, 2020). Si acompañas a alguien en esa situación, esta guía para apoyar a una víctima de violencia sexual puede servirte.

    ¿Cómo elegir a un profesional de terapia sexual?

    Elige a alguien con formación específica en sexualidad y habilitado para ejercer, y desconfía de cualquier propuesta que incluya contacto físico. Tres comprobaciones ayudan:

    1. Pregunta por su formación en sexualidad. Hall y Binik (2020) señalan que no está garantizada por el título de psicólogo o de médico. Un profesional serio te dirá con qué se formó y qué casos atiende.
    2. Revisa que esté habilitado. En Chile puedes consultar si figura en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.
    3. Fíjate en el encuadre. Debe haber una primera conversación para entender el caso, objetivos claros y tareas en casa. Si propone contacto físico o sexual en consulta, es una falta ética.

    ¿Cuándo consultar?

    Consulta si una dificultad sexual te molesta o molesta a tu pareja y lleva meses sin mejorar. Los criterios diagnósticos del DSM-5 para la mayoría de las disfunciones piden al menos seis meses de duración con malestar, pero no hace falta cumplir un diagnóstico para pedir ayuda. Si la vergüenza te impide hablar del tema con tu pareja, si aparece dolor, si el problema empezó con un medicamento nuevo o si la distancia entre ustedes crece, no esperes. La Organización Mundial de la Salud entiende la salud sexual como parte del bienestar general, y pedir ayuda es una forma razonable de cuidarla.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué se hace en una sesión de terapia sexual?

    Se conversa durante cerca de una hora. Al comienzo el terapeuta evalúa la historia del problema, la relación y el estado de salud. Después se trabaja con información, revisión de creencias y manejo de la ansiedad, y se acuerdan ejercicios para hacer en casa, como la focalización sensorial (Carey, 2015).

    ¿Hay que desnudarse o hay contacto físico con el terapeuta?

    No. La terapia sexual es conversación, sin contacto físico ni sexual en consulta, según las normas éticas del área (Hall y Binik, 2020). Los ejercicios corporales se hacen en privado, en casa, solo o con tu pareja.

    ¿Cuánto dura una terapia sexual?

    Depende del problema y de cada pareja. Los programas son de sesiones semanales durante meses, y las estimaciones de los manuales rondan entre 10 y 20 sesiones para un programa estándar (Hall y Binik, 2020), con controles de seguimiento a los 6 y 12 meses (Carey, 2015).

    ¿Sirve la terapia sexual si no tengo pareja?

    Sí. Se trabaja la información, las creencias, la ansiedad y ejercicios individuales, como la masturbación dirigida para las dificultades del orgasmo (Hall y Binik, 2020). Si más adelante tienes pareja, se puede incorporar.

    ¿Quién hace terapia sexual: un psicólogo o un sexólogo?

    Pueden hacerla psicólogos clínicos, psiquiatras y otros profesionales de la salud con formación específica. En muchos países “sexólogo” no es un título regulado (Hall y Binik, 2020), así que lo importante es la formación y que el profesional esté habilitado para ejercer.

    ¿Puedo ir solo o tiene que ser en pareja?

    Puedes ir solo. Si tienes pareja y quiere participar, lo ideal es incluirla desde el inicio (Carey, 2015). Cuando hay violencia en la relación, la terapia de pareja no está indicada y se prioriza la seguridad (Christensen et al., 2014).

    Qué llevarte de todo esto

    La terapia sexual es un tratamiento hablado, con ejercicios en casa, que ayuda en muchos problemas sexuales, con mejor respaldo en unos que en otros, y funciona mejor con una buena evaluación médica. No hay contacto físico, funciona sola o en pareja, y se hace también online. Lo más útil que puedes hacer es consultar a tiempo y elegir a un profesional con formación en el tema.

    En Terapia Online Chile puedes agendar una consulta para revisar tu caso con calma. Si quieres saber más sobre quien escribe, está en Quiénes somos.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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