Etiqueta: flashbacks

  • Flashbacks: Por Qué Ocurren y Técnicas de Anclaje (5-4-3-2-1)

    Flashbacks: Por Qué Ocurren y Técnicas de Anclaje (5-4-3-2-1)

    Un olor, un portazo, una hora de la tarde. Y de golpe no estás donde estás: el cuerpo se acelera, la piel se eriza y algo que pasó hace años se siente como si estuviera pasando ahora. Si has tenido flashbacks por un trauma y quieres saber qué hacer, esta guía va de eso. Primero, por qué el cerebro produce esa reacción (entenderlo ya baja un poco el miedo). Después, qué hacer en el momento, paso a paso, con la técnica 5-4-3-2-1 y una guía interactiva para practicarla. Y al final, una tarjeta de anclaje en PDF para llevar en la billetera.

    Respuesta corta: un flashback es un recuerdo traumático que vuelve con la cualidad de estar ocurriendo en el presente, porque la memoria del hecho quedó guardada como sensaciones sueltas y sin fecha. Para pararlo, lo que sirve es nombrarlo («esto es un recuerdo»), ubicarte en el tiempo y ocupar los sentidos con lo que hay ahora (5 cosas que ves, 4 que tocas, 3 que oyes, 2 que hueles, 1 que saboreas). El anclaje sirve para pasar el momento. Lo que hace que los flashbacks dejen de volver es la terapia centrada en el trauma.

    ¿Qué es un flashback en psicología y en qué se diferencia de un recuerdo?

    En psicología, un flashback es la re-experimentación de un hecho traumático como si estuviera pasando de nuevo. No es «acordarse» de algo feo: es volver a estar ahí, con las imágenes, los sonidos, el olor o la sensación en el cuerpo, y con el miedo intacto. Puede durar segundos o varios minutos, y en los episodios más intensos la persona pierde por un rato la noción de dónde está.

    Hasta hace poco no tenía una definición clara. Recién el DSM-5 lo describió con precisión y la CIE-11 lo propuso como un síntoma propio del trastorno de estrés postraumático, según explica una revisión sobre la re-experimentación en el TEPT (Brewin, 2015), que también reconoce algo incómodo: se ha investigado bastante menos de lo que su importancia clínica merece.

    La diferencia con un recuerdo corriente se ha medido. En un estudio con 62 personas con TEPT que escribieron el relato de su trauma y marcaron qué partes les salieron «en flashback», esas partes tenían más detalle sensorial, más tiempo presente, más menciones de muerte y más miedo, indefensión y horror; los tramos escritos como recuerdo normal traían, en cambio, emociones posteriores como culpa o rabia (Hellawell y Brewin, 2004). Dicho simple: el flashback habla en presente y en sensaciones; el recuerdo habla en pasado y en palabras.

    Herman (2015), en el capítulo 2 de Trauma and Recovery, lo describe con una frase que muchas personas reconocen: es como si el tiempo se hubiera detenido en el momento del trauma. Los recuerdos traumáticos no se guardan como una historia con principio y fin, sino como fragmentos que irrumpen por su cuenta, tanto despiertos (flashbacks) como dormidos (pesadillas), y que pequeños recordatorios aparentemente insignificantes pueden devolver con toda la viveza del hecho original.

    Flashback, pensamiento intrusivo y «flashback emocional»

    Tres cosas que se confunden. Un pensamiento intrusivo es una imagen o una idea que aparece sin querer, pero la persona sabe que está recordando. Un flashback añade la sensación de «ahora»: por un momento el cuerpo y parte de la mente actúan como si el peligro fuera actual. Y el llamado flashback emocional es un término popular (viene de la literatura de autoayuda sobre trauma complejo) para describir estados intensos de miedo, vergüenza o desamparo que llegan sin una imagen concreta. Conviene saber que ese último término no aparece en la literatura científica revisada por pares: describe algo que muchas personas viven, pero no es un diagnóstico ni un síntoma definido.

    ¿Por qué ocurren los flashbacks? Lo que dice la ciencia de la memoria

    Los flashbacks ocurren porque el recuerdo del trauma quedó guardado de una forma distinta a los demás recuerdos: con mucha sensación y muy poco contexto. Cuando un estímulo parecido activa esa huella, el cerebro recupera la sensación sin la etiqueta de «esto fue entonces», y la vive como presente. Dos modelos explican por qué pasa eso, y los dos apuntan a lo mismo.

    El modelo cognitivo: una sensación de amenaza actual

    Según el modelo cognitivo del TEPT de Ehlers y Clark (2000), el TEPT se vuelve persistente cuando la persona procesa el trauma de un modo que produce una sensación de amenaza seria y actual. El recuerdo por sí solo no explica el cuadro; lo explica esa sensación. Esa sensación nace de dos fuentes: valoraciones muy negativas de lo que pasó o de sus secuelas («nunca voy a estar a salvo», «me estoy volviendo loco») y una memoria del trauma mal elaborada y mal contextualizada, con asociaciones fuertes y un «priming» perceptual muy alto. Traducido: el cerebro aprendió a reaccionar ante fragmentos (un color, un tono de voz, una hora del día) sin necesidad de reconocer conscientemente el parecido.

    Lo interesante para ti es una consecuencia de este modelo que se comprobó después. En dos estudios con sobrevivientes de agresiones, uno transversal con 81 personas y otro que siguió a 73 durante seis meses, tener recuerdos intrusivos explicó apenas el 9 % de la gravedad del TEPT medio año después, y su frecuencia solo el 8 %. Lo que sí pesó, con un 43 % adicional, fue cómo eran esas intrusiones: cuánto malestar causaban, cuánta cualidad de «aquí y ahora» tenían y cuánto les faltaba contexto (Michael, Ehlers, Halligan y Clark, 2005). También pesaron dos hábitos posteriores: rumiar sobre las intrusiones y la facilidad con que se disparaban. Por eso las técnicas de anclaje apuntan justo a eso: devolverle contexto y fecha al recuerdo, y cortar la rumiación después.

    La teoría de la representación dual: dos memorias para el mismo hecho

    Brewin propone que guardamos cada experiencia en dos formatos. Uno es contextual, abstracto y flexible: sabe cuándo y dónde pasó, y se puede contar. El otro es sensorial, rígido y pegado a lo que se percibió. Según la versión revisada de la teoría, las imágenes intrusivas del TEPT aparecen cuando falla la coordinación entre esos dos sistemas: la imagen sensorial se dispara sin su contexto, y se vive como presente (Brewin, Gregory, Lipton y Burgess, 2010).

    Esta idea tiene respaldo en el cerebro. En un estudio con resonancia magnética funcional, los flashbacks de personas con TEPT, comparados con recuerdos corrientes del mismo trauma, activaron más las áreas sensoriales y motoras (la ínsula, el giro precentral, la corteza occipital) y menos las regiones que ponen contexto a los recuerdos, como el giro parahipocampal y el precúneo (Whalley et al., 2013). El flashback, literalmente, se procesa más como percepción que como memoria.

    Herman (2015) recoge una intuición parecida un cuarto de siglo antes, citando a Janet: la memoria normal es la acción de contar una historia y colocarla como un capítulo de la propia vida; el recuerdo traumático se queda como una «idea fija», sin liquidar, y el cuerpo sigue reaccionando como si el sistema nervioso se hubiera desconectado del presente.

    Qué predice que un recuerdo se vuelva intrusivo

    Una revisión sistemática de 106 estudios ordenó lo que se sabe (Marks, Franklin y Zoellner, 2018). Antes del hecho, tener psicopatología previa y un estilo de valoración negativo predice más intrusiones, con efectos pequeños a medianos; la tendencia a disociar como rasgo, en cambio, no las predijo. Durante el hecho, procesarlo de forma «guiada por los datos», es decir, quedarse en las sensaciones sin ordenarlas, predice intrusiones con efectos grandes. Y después del hecho, las valoraciones negativas («fue mi culpa», «va a volver a pasar») las predicen de forma consistente. Hay además evidencia preliminar de que procesar el hecho de manera más conceptual, dándole sentido y palabras, se asocia a menos intrusiones. Eso es exactamente lo que hace una terapia centrada en el trauma.

    ¿Por qué el cuerpo reacciona como si el peligro fuera ahora?

    El cuerpo reacciona porque la huella del trauma incluye la respuesta física que hubo entonces. Cuando la red de miedo se activa, no solo vuelve la imagen: vuelve la secuencia de defensa que el organismo recorrió en su momento, taquicardia, tensión, ganas de huir o, en el otro extremo, quedarse paralizado y desconectado.

    Schauer y Elbert (2010) describen esa secuencia como una cascada de seis respuestas que escalan según la cercanía del peligro y las posibilidades de defensa: alerta, huida, lucha, y cuando nada de eso es posible, paralización, desmayo funcional y colapso. La cascada que cada persona recorrió durante el hecho tiende a repetirse cada vez que se reactiva la red de miedo. Si en el momento del trauma la respuesta dominante fue un «apagado» del cuerpo (no poder moverse, sentirse fuera de uno mismo), es probable que el flashback traiga disociación y no solo taquicardia.

    Eso explica por qué hay flashbacks tan distintos. Un trabajo clínico y neurobiológico describe dos formas de desregulación en el TEPT: la más común, «submodulada», con predominio de re-experimentación e hiperactivación, y un subtipo disociativo, «sobremodulado», en el que el cerebro frena de más la respuesta emocional y la persona se siente lejos, irreal o entumecida (Lanius et al., 2010). Las dos pueden alternar en la misma persona. Para el anclaje esto importa: si tu flashback es de los que aceleran, la respiración lenta y la orientación ayudan; si es de los que desconectan, sirve más lo que active el cuerpo (frío, movimiento, texturas fuertes) que lo que lo calme.

    Foa, Hembree y Rothbaum (2007, p. 42) lo explican a sus pacientes con una frase que vale la pena guardar: a veces el flashback es tan vívido que sientes que el trauma está ocurriendo otra vez, y esa experiencia es intrusiva; no la controlas, y a veces se dispara por algo externo y otras parece salir de la nada.

    ¿Qué desencadena un flashback y con qué frecuencia aparecen?

    Casi siempre hay un disparador, aunque no se vea. Foa, Hembree y Rothbaum (2007, p. 45) ponen ejemplos concretos de una paciente asaltada en un estacionamiento: su auto, los estacionamientos, el supermercado, alguien parecido al agresor. Los disparadores más engañosos son los internos: una emoción, una sensación corporal, el cansancio, una hora del día.

    Sobre eso hay datos recientes. En un estudio que registró 553 intrusiones en el momento en que ocurrían, en 51 personas con TEPT o TEPT complejo, las emociones funcionaron como disparador, como contenido y como respuesta; y sentir rabia justo antes predijo intrusiones más angustiantes y mayor sensación de pérdida de control (Dietiker et al., 2026). Las personas con TEPT y con TEPT complejo no se diferenciaron en qué las disparaba ni en cómo respondían.

    ¿Con qué frecuencia? Depende mucho de la gravedad. En una muestra pequeña y muy sintomática, 28 mujeres con TEPT por abuso sexual infantil registraron en un diario electrónico un promedio de 74 intrusiones y 24 flashbacks en una semana; y al final de la semana recordaban cerca de un 50 % menos de los que habían anotado (Priebe et al., 2013). Los propios autores advierten que esas cifras no se pueden generalizar a personas con síntomas más leves. Lo que sí deja claro el estudio es que los flashbacks se subestiman de memoria, y que anotarlos cuando ocurren da una imagen más fiel para trabajar en terapia.

    Flashbacks por trauma: qué hacer y cómo parar un flashback en el momento, paso a paso

    Cómo parar un flashback se reduce a una idea: devolverle al cerebro la información que le falta, que esto es un recuerdo, que ya pasó y que ahora estás en otro lugar. Todas las técnicas de anclaje son variaciones de eso. Este es el orden que suele funcionar mejor:

    1. Nómbralo. En voz alta si puedes: «esto es un flashback. Es un recuerdo. Ya pasó». Sin discutir con la sensación, solo etiquetarla.
    2. Ubícate en el tiempo. Di la fecha de hoy, tu edad, dónde estás y qué año fue lo que pasó. La distancia en años es el dato que el flashback borra.
    3. Ocupa los sentidos con lo que hay ahora. Ahí entra el 5-4-3-2-1, que explicamos en la sección siguiente. Si te cuesta ver, empieza por tocar.
    4. Vuelve al cuerpo. Pies apoyados en el suelo y empujando, agua fría en las manos o la cara, ponerte de pie y moverte. Un cambio brusco de sensación trae la atención de vuelta.
    5. Respira lento, sin bocanadas. Inhala contando 4, exhala largo contando 6, cinco veces. Exhalar más largo que inhalar es lo que baja la activación; respirar rápido y profundo la sube.
    6. Cuando pase, no lo analices. Toma agua, descansa unos minutos y anota qué lo disparó. Rumiar sobre el episodio («por qué me pasa otra vez») es uno de los hábitos que predicen que empeore, como vimos más arriba.

    Dos indicaciones del manual de exposición prolongada ayudan a entender por qué esto funciona. Foa, Hembree y Rothbaum (2007, p. 88) escriben que la meta es que la persona se mantenga anclada en el presente sabiendo que está a salvo, y que aprenda a discriminar el trauma real de su recuerdo: el recuerdo puede doler, pero no es peligroso; el trauma sí lo fue. Y recomiendan, cuando alguien se sumerge demasiado en la escena, mantener los ojos abiertos y narrar en tiempo pasado. Cierra los ojos y hablas en presente, y el cerebro hace lo que sabe: revivir. Ojos abiertos y pasado, y empieza a recordar.

    Esa distinción entre «entonces» y «ahora» tiene nombre en la terapia cognitiva del TEPT: discriminación de estímulos. Y tiene una prueba reciente. En un ensayo con 68 estudiantes de periodismo asignados al azar a una sesión de entrenamiento en discriminación de estímulos o en supresión antes de ver imágenes traumáticas, quienes aprendieron a discriminar tuvieron menos recuerdos intrusivos, menos malestar y menos síntomas a la semana (Tyson, Ehlers y Wild, 2025). Intentar «no pensar en eso» fue la peor de las dos estrategias. Es un estudio con trauma de laboratorio, no con pacientes, pero apunta en la misma dirección que la práctica clínica.

    La técnica 5-4-3-2-1: cómo hacerla bien (y una guía para practicarla)

    La técnica 5-4-3-2-1 consiste en nombrar cinco cosas que ves, cuatro que puedes tocar, tres que oyes, dos que hueles y una que saboreas. Es una forma de anclaje sensorial: obliga a la atención a procesar lo que hay en el presente y le quita recursos a la imagen que está volviendo. Se hace despacio, en voz alta si es posible, tocando de verdad lo que nombras.

    Vale la pena decir con claridad qué respaldo tiene. No existe un ensayo clínico del 5-4-3-2-1 como técnica aislada para cortar un flashback en curso. Lo que hay es indirecto y viene de tres fuentes. Primero, la práctica clínica: el anclaje sensorial se describe desde hace tres décadas en la terapia cognitiva de los síntomas disociativos asociados al trauma, como una de las habilidades que el terapeuta enseña para manejar el episodio (Kennerley, 1996). Segundo, la lógica de los modelos de memoria que revisamos: si el flashback es una imagen sensorial sin contexto, competir por esos mismos recursos sensoriales tiene sentido. Y tercero, experimentos de laboratorio.

    El experimento más citado es un estudio con participantes sanos que vieron una película traumática mientras, durante una parte, hacían una tarea visuoespacial de anclaje (modelar figuras con plasticina). En la semana siguiente tuvieron menos imágenes intrusivas de esa parte que del resto de la película, sin que cambiara el malestar que sintieron al verla (Stuart, Holmes y Brewin, 2006). Ojo con lo que prueba: que ocupar el sistema visuoespacial compite con la formación de intrusiones, no que el 5-4-3-2-1 corte un flashback ya instalado.

    En la misma línea, un metaanálisis preregistrado de 134 estudios con más de 12.000 participantes sin diagnóstico concluyó que las técnicas que actúan sobre el procesamiento de imágenes mentales reducen la frecuencia de intrusiones tras un trauma de laboratorio, con un efecto pequeño pero consistente, y que reducir las intrusiones también reduce el malestar asociado (Varma et al., 2024). Una revisión de una década de investigación propone incluso tratar la intrusión como blanco en sí mismo, con intervenciones simples y escalables (Iyadurai et al., 2019). Todo eso sostiene la idea general del anclaje. Ninguno de esos trabajos es un ensayo del 5-4-3-2-1 con pacientes, y sería deshonesto presentarlo como si lo fuera.

    Con ese encuadre, la guía de abajo te lleva por los cinco pasos, te pide el malestar antes y después (de 0 a 10) y te muestra cómo cambió. No es un test ni diagnostica nada: es una forma de practicar la técnica con calma, para que en el momento salga sola.

    Guía de anclaje paso a paso (5-4-3-2-1)

    Una guía para pasar el momento, no un test. Te pide tres cosas: cuánto malestar sientes ahora, cinco pasos con los sentidos y una respiración lenta. Al final te muestra cómo cambió el malestar. No guarda nada.

    Si estás en peligro real ahora mismo (no un recuerdo), llama al 131 (SAMU). Si sientes que no puedes con esto, marca *4141 (línea de crisis, 24 horas).

    Hoy es . Esto es un flashback: un recuerdo que se siente como presente. Lo que estás sintiendo ya pasó. Ahora no está pasando.

    ¿Cuánto malestar sientes en este momento? 0 es ninguno, 10 es el peor que has sentido.

    Marca un número del 0 al 10 para empezar.

      Escribe al menos una para seguir. Con una basta; si puedes más, mejor.


      Respira lento. Inhala por la nariz contando 4, exhala largo contando 6. Sin bocanadas. Cada vez que termines una exhalación, toca el botón.

      0 de 5 respiraciones


      ¿Cuánto malestar sientes ahora? Mismo 0 a 10 de antes.

      Marca un número del 0 al 10.

      Descargar la tarjeta de anclaje en PDF para tenerla a mano la próxima vez. Si los flashbacks se repiten, agenda una consulta: lo que hace que dejen de volver es tratar el trauma, no solo pasar el momento.

      Esta guía se basa en la distinción entre «entonces» y «ahora» del modelo cognitivo del TEPT (Ehlers y Clark, 2000) y en las indicaciones del manual de exposición prolongada (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007). No existe un ensayo clínico del 5-4-3-2-1 como técnica aislada. Es una práctica de consenso clínico para el momento; no diagnostica ni reemplaza tratamiento.

      Tarjeta de anclaje en PDF para llevar contigo

      En medio de un flashback nadie se acuerda de una lista. Por eso preparamos una tarjeta de anclaje para flashbacks en PDF, de una página, con las frases de orientación para rellenar en un momento tranquilo (dónde estás, qué año es, cuántos años pasaron), la tabla del 5-4-3-2-1, las acciones para volver al cuerpo, qué hacer cuando pase, y una tarjeta de bolsillo recortable con los teléfonos de ayuda en Chile. Imprímela, complétala y guárdala en la billetera, o sácale una foto y déjala como favorita en el celular.

      ¿Sirve el grounding para la ansiedad, aunque no haya trauma?

      Sí, con la misma lógica y los mismos límites. El grounding para la ansiedad usa las mismas herramientas (orientación, sentidos, cuerpo, respiración lenta) para interrumpir la espiral de atención hacia adentro que alimenta un ataque de ansiedad. Si lo que tienes es eso y no un flashback, te sirve más la guía específica sobre qué hacer durante un ataque de ansiedad, que además explica qué no hacer (nada de bolsa de papel ni de respiraciones forzadas).

      Hay una diferencia práctica. En la ansiedad, el anclaje compite con pensamientos sobre el futuro («me va a dar algo»). En el flashback, compite con una percepción del pasado que se siente presente. Por eso en el flashback la orientación temporal (fecha, edad, años transcurridos) pesa tanto, y en la ansiedad pesa más la respiración y dejar que la ola pase sin escapar. Y un aviso que vale para los dos casos: el anclaje se usa para pasar el momento, no como ritual para evitar sentir. Si cada vez que aparece una emoción incómoda corres al 5-4-3-2-1, la técnica se convierte en una forma de evitación, y la evitación es justo lo que mantiene el problema.

      Lo que el anclaje no hace: por qué los flashbacks dejan de volver con tratamiento

      El anclaje te saca del episodio. No cambia la memoria que lo produce. Para que los flashbacks dejen de aparecer, esa memoria tiene que procesarse, y eso es lo que hacen las terapias centradas en el trauma. Foa, Hembree y Rothbaum (2007, p. 63) usan una imagen que ayuda: los flashbacks, las pesadillas y los pensamientos molestos siguen ocurriendo porque la memoria traumática no se ha «digerido»; es como un libro que cada flashback abre en el párrafo más doloroso, y que uno cierra de golpe cada vez, por lo que nunca llega a leerse entero. En la exposición imaginaria se lee de principio a fin, desde la perspectiva de hoy.

      El resultado de hacerlo está medido. Un metaanálisis con datos individuales de 23 ensayos encontró que la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma fue más eficaz que no tratarse para reducir los síntomas, con más del doble de probabilidad de remisión (Wright et al., 2025). Y una revisión de 34 ensayos con 3.208 personas estimó que, en muestras civiles, entre el 65 % y el 86 % de quienes completan un tratamiento centrado en el trauma dejan de cumplir criterios de TEPT; en veteranos las cifras son menores, del 44 % al 50 % (Milligan et al., 2025). Ninguna terapia centrada en el trauma resultó claramente superior a las demás.

      Dos miedos frecuentes merecen respuesta. Uno: «si hablo de eso en terapia, los flashbacks van a empeorar». En un estudio con 76 mujeres con TEPT crónico tratadas con exposición prolongada, solo una minoría empeoró de forma apreciable durante el tratamiento, y quienes empeoraron transitoriamente se beneficiaron igual que el resto al final (Foa et al., 2002). Dos: «primero tengo que aprender a controlar los flashbacks, y recién después tratar el trauma». Eso se llama tratamiento por fases, y una revisión sistemática en TEPT complejo no encontró diferencias significativas en la mayoría de los resultados entre tratar por fases (estabilizar antes de exponer) y tratar directamente, con la salvedad de que las intervenciones con varias fases mejoraron algo más la regulación emocional (Lee et al., 2026). Los autores advierten que hay pocos ensayos. La conclusión práctica: aprender anclaje es útil, pero no es un requisito para empezar; no dejes pasar meses «preparándote».

      Herman (2015), en el capítulo 8, ordena esto de una forma que sigue vigente: la primera tarea de la recuperación es la seguridad, y esa tarea empieza por el control del cuerpo, que incluye restablecer el sueño y la alimentación y reducir la hiperactivación y los síntomas intrusivos. El anclaje pertenece a esa etapa. La terapia que procesa el recuerdo viene enseguida, no en lugar de ella.

      Cómo ayudar a alguien que está teniendo un flashback

      Si la persona está delante tuyo, tu voz y tu calma son el ancla. Lo que ayuda:

      • Dile quién eres, dónde están y qué día es, con frases cortas y en tono normal: «Soy Ana. Estás en tu casa. Es martes. Estás a salvo».
      • No la toques sin avisar. Un contacto inesperado puede leerse como parte del recuerdo. Pregunta primero: «¿puedo tomarte la mano?».
      • Pídele que mire y nombre cosas del lugar, o que sienta los pies en el suelo. Puedes hacer el 5-4-3-2-1 con ella, turnándose.
      • No le pidas que cuente lo que está viendo ni le preguntes por el trauma en ese momento. Eso profundiza el episodio.
      • Respira lento tú también, visiblemente. Muchas personas sincronizan la respiración sin darse cuenta.
      • Cuando pase, ofrece agua y no lo conviertas en un problema. «Tuviste un flashback, ya estás acá» es suficiente.

      Cuándo buscar ayuda profesional

      Consulta si los flashbacks se repiten más de unas pocas veces, si te llevan a evitar lugares, personas o actividades, si aparecen junto a pesadillas, sobresaltos, irritabilidad o dificultad para dormir durante más de un mes, o si sientes que no controlas lo que pasa en tu cabeza. Esa combinación es la que define el trastorno de estrés postraumático, y tiene tratamientos con buena evidencia. Antes de consultar te puede servir entender cómo se evalúa el trauma psicológico o hacer un cribado de síntomas de TEPT, que orienta pero no diagnostica.

      Busca ayuda hoy, no la semana que viene, si los flashbacks vienen con ideas de hacerte daño, si estás consumiendo alcohol o drogas para no sentirlos, o si te desconectas durante períodos que no recuerdas. En Chile puedes llamar a Salud Responde (600 360 7777, opción 2) o a la línea de crisis *4141, gratuita y disponible las 24 horas. Si hay riesgo para tu vida en este momento, 131 (SAMU).

      Para orientarte sobre el cuadro completo, la página de MedlinePlus sobre el TEPT y la ficha de la OMS son fuentes de consenso en español; el diccionario de la APA define el término tal como se usa en la clínica.

      Preguntas frecuentes sobre los flashbacks

      ¿Cuánto dura un flashback?

      Casi siempre de segundos a algunos minutos; los episodios más largos son raros y suelen incluir disociación. Lo que dura más es la resaca: el cuerpo tarda un rato en bajar después de haber reaccionado como ante un peligro real. Tomar agua, moverse y no analizar el episodio acorta esa fase.

      ¿Un flashback es peligroso?

      El flashback en sí no daña el cuerpo: es una reacción del sistema nervioso ante un recuerdo. Lo que puede ser peligroso es lo que se hace durante o después: conducir, manipular algo caliente, consumir para apagarlo o hacerse daño. Si aparecen ideas de muerte, es momento de pedir ayuda inmediata (*4141 o 131).

      ¿Los flashbacks significan que tengo TEPT?

      No necesariamente. Los recuerdos intrusivos son comunes en las semanas siguientes a un hecho traumático y muchas personas se recuperan solas. Se piensa en TEPT cuando los flashbacks persisten más de un mes junto a evitación, hiperactivación y cambios en el ánimo o los pensamientos, y afectan la vida diaria. Solo una evaluación profesional lo confirma.

      ¿Se pueden tener flashbacks sin recordar el trauma?

      Sí. Hay episodios que llegan como sensación corporal o emoción intensa sin imagen, sobre todo cuando el trauma ocurrió en la infancia o bajo disociación. Es lo que la literatura popular llama «flashback emocional». En terapia se trabaja igual: primero anclaje y seguridad, después procesar lo que haya.

      ¿El 5-4-3-2-1 hace que los flashbacks desaparezcan?

      No. Sirve para pasar el episodio y recuperar el control del momento, y eso ya es mucho. Que dejen de aparecer depende de procesar la memoria del trauma con una terapia centrada en el trauma, donde entre el 65 % y el 86 % de las personas civiles que la completan dejan de cumplir criterios de TEPT.

      ¿Puedo tener flashbacks por algo que no fue «tan grave»?

      Sí. La huella depende de cómo se procesó el hecho en el momento y de qué se pensó después, más que de su gravedad objetiva. Por eso dos personas que vivieron lo mismo pueden reaccionar de forma muy distinta, y por eso comparar traumas no ayuda a nadie.

      Pasar el momento y, después, tratar la causa

      Un flashback es un recuerdo que perdió la fecha. Nombrarlo, ubicarte en el tiempo, ocupar los sentidos y volver al cuerpo se la devuelven por un rato. Practica el 5-4-3-2-1 cuando estés tranquilo, lleva la tarjeta y úsala sin esperar a que el episodio sea grave. Y si los flashbacks se repiten, no te quedes en pasar el momento: hay tratamientos que hacen que dejen de volver, y funcionan también en formato online. Si quieres conversar sobre lo que te está pasando y ver qué tratamiento tiene sentido en tu caso, puedes agendar una consulta.

      ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

      Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

      Agenda una hora

      Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

      Referencias

      Brewin, C. R. (2015). Re-experiencing traumatic events in PTSD: New avenues in research on intrusive memories and flashbacks. European Journal of Psychotraumatology, 6(1), 27180. https://doi.org/10.3402/ejpt.v6.27180

      Brewin, C. R., Gregory, J. D., Lipton, M., & Burgess, N. (2010). Intrusive images in psychological disorders: Characteristics, neural mechanisms, and treatment implications. Psychological Review, 117(1), 210-232. https://doi.org/10.1037/a0018113

      Dietiker, L., Zacher, A., Rühlmann, C., Quednow, B. B., & Kleim, B. (2026). From trigger to response: An ecological momentary study of intrusive memory sequences in PTSD and complex PTSD. European Journal of Psychotraumatology, 17(1), 2663662. https://doi.org/10.1080/20008066.2026.2663662

      Ehlers, A., & Clark, D. M. (2000). A cognitive model of posttraumatic stress disorder. Behaviour Research and Therapy, 38(4), 319-345. https://doi.org/10.1016/s0005-7967(99)00123-0

      Foa, E. B., Hembree, E. A., & Rothbaum, B. O. (2007). Prolonged exposure therapy for PTSD: Emotional processing of traumatic experiences. Therapist guide. Oxford University Press.

      Foa, E. B., Zoellner, L. A., Feeny, N. C., Hembree, E. A., & Alvarez-Conrad, J. (2002). Does imaginal exposure exacerbate PTSD symptoms? Journal of Consulting and Clinical Psychology, 70(4), 1022-1028. https://doi.org/10.1037/0022-006X.70.4.1022

      Hellawell, S. J., & Brewin, C. R. (2004). A comparison of flashbacks and ordinary autobiographical memories of trauma: Content and language. Behaviour Research and Therapy, 42(1), 1-12. https://doi.org/10.1016/s0005-7967(03)00088-3

      Herman, J. L. (2015). Trauma and recovery: The aftermath of violence, from domestic abuse to political terror. Basic Books. (Obra original publicada en 1992)

      Iyadurai, L., Visser, R. M., Lau-Zhu, A., Porcheret, K., Horsch, A., Holmes, E. A., & James, E. L. (2019). Intrusive memories of trauma: A target for research bridging cognitive science and its clinical application. Clinical Psychology Review, 69, 67-82. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2018.08.005

      Kennerley, H. (1996). Cognitive therapy of dissociative symptoms associated with trauma. British Journal of Clinical Psychology, 35(3), 325-340. https://doi.org/10.1111/j.2044-8260.1996.tb01188.x

      Lanius, R. A., Vermetten, E., Loewenstein, R. J., Brand, B., Schmahl, C., Bremner, J. D., & Spiegel, D. (2010). Emotion modulation in PTSD: Clinical and neurobiological evidence for a dissociative subtype. American Journal of Psychiatry, 167(6), 640-647. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.2009.09081168

      Lee, Y., Park, S., & Cho, Y. E. (2026). Phase-based versus non-phase-based psychological interventions for complex PTSD: A systematic review and meta-analysis. European Journal of Psychotraumatology, 17, 2644112. https://doi.org/10.1080/20008066.2026.2644112

      Marks, E. H., Franklin, A. R., & Zoellner, L. A. (2018). Can’t get it out of my mind: A systematic review of predictors of intrusive memories of distressing events. Psychological Bulletin, 144(6), 584-640. https://doi.org/10.1037/bul0000132

      Michael, T., Ehlers, A., Halligan, S. L., & Clark, D. M. (2005). Unwanted memories of assault: What intrusion characteristics are associated with PTSD? Behaviour Research and Therapy, 43(5), 613-628. https://doi.org/10.1016/j.brat.2004.04.006

      Milligan, T., Smolenski, D., Lara-Ruiz, J., & Kelber, M. S. (2025). Loss of PTSD diagnosis in response to evidence-based treatments: A systematic review and meta-analysis. JAMA Psychiatry, 82, 718-727. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2025.0695

      Priebe, K., Kleindienst, N., Zimmer, J., Koudela, S., Ebner-Priemer, U., & Bohus, M. (2013). Frequency of intrusions and flashbacks in patients with posttraumatic stress disorder related to childhood sexual abuse: An electronic diary study. Psychological Assessment, 25(4), 1370-1376. https://doi.org/10.1037/a0033816

      Schauer, M., & Elbert, T. (2010). Dissociation following traumatic stress: Etiology and treatment. Zeitschrift für Psychologie / Journal of Psychology, 218(2), 109-127. https://doi.org/10.1027/0044-3409/a000018

      Stuart, A. D., Holmes, E. A., & Brewin, C. R. (2006). The influence of a visuospatial grounding task on intrusive images of a traumatic film. Behaviour Research and Therapy, 44(4), 611-619. https://doi.org/10.1016/j.brat.2005.04.004

      Tyson, G., Ehlers, A., & Wild, J. (2025). Efficacy of stimulus discrimination training for reducing unwanted memories in student journalists. European Journal of Psychotraumatology, 16(1), 2558385. https://doi.org/10.1080/20008066.2025.2558385

      Varma, M. M., Zeng, S., Singh, L., Holmes, E. A., Huang, J., Chiu, M. H., & Hu, X. (2024). A systematic review and meta-analysis of experimental methods for modulating intrusive memories following lab-analogue trauma exposure in non-clinical populations. Nature Human Behaviour, 8(10), 1968-1987. https://doi.org/10.1038/s41562-024-01956-y

      Whalley, M. G., Kroes, M. C., Huntley, Z., Rugg, M. D., Davis, S. W., & Brewin, C. R. (2013). An fMRI investigation of posttraumatic flashbacks. Brain and Cognition, 81(1), 151-159. https://doi.org/10.1016/j.bandc.2012.10.002

      Wright, S. L., Karyotaki, E., Sijbrandij, M., Cuijpers, P., Bisson, J. I., Papola, D., … Seedat, S. (2025). Efficacy of cognitive behavioral therapies with a trauma focus for posttraumatic stress disorder: An individual participant data meta-analysis. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 93, 401-426. https://doi.org/10.1037/ccp0000942

      Sobre el autor

      Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico. Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud).

      Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

      Conocer más · Agendar una consulta