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    Fantasías sexuales: qué significan y cuáles son normales

    Quizás llegaste aquí porque una fantasía te cruzó la cabeza y te quedaste preguntándote si eres normal. O porque tu pareja te contó una y no sabes qué hacer con eso. En los dos casos la duda es la misma: qué significan las fantasías sexuales en quien las tiene, y hasta dónde llega lo esperable.

    Aquí vas a encontrar qué son las fantasías sexuales, cuáles son las más comunes (con ejemplos y cifras), qué pasa cuando una persona fantasea con algo que no querría vivir, cómo hablarlo en pareja y en qué casos conviene consultar. Casi todo viene de estudios publicados, y donde la evidencia es débil o limitada, se señala.

    En breve: tener fantasías sexuales es normal. En un estudio con 4.175 adultos de Estados Unidos, el 97 % las tenía (Lehmiller, 2018). Pocas fantasías son estadísticamente raras, fantasear con algo no equivale a querer hacerlo, y lo que importa en la clínica es el malestar, la falta de consentimiento y la pérdida de control, no el contenido de la fantasía.

    ¿Qué son las fantasías sexuales y es normal tenerlas?

    Una fantasía sexual es cualquier imagen, pensamiento o escena imaginada que genera deseo o excitación. Puede ser un recuerdo reelaborado, una historia con argumento o una imagen de unos segundos. Lehmiller (2018) las describe como simulaciones mentales con las que las personas exploran facetas de su identidad, manejan la ansiedad y amplían su vida íntima.

    Sí, es normal tenerlas. En la revisión clásica de Leitenberg y Henning, la fantasía sexual aparece como un aspecto central de la conducta sexual humana (Leitenberg y Henning, 1995). Una revisión más reciente concluye que pocas fantasías sexuales son estadísticamente inusuales (Lehmiller y Gormezano, 2023).

    Hay una limitación que conviene tener presente: la mayor parte de esa investigación se ha hecho con adultos jóvenes, cisgénero, heterosexuales y de Norteamérica y Europa. Los estudios que incluyen más diversidad encuentran muchas similitudes y también algunas diferencias (Lehmiller y Gormezano, 2023). Faltan datos de población chilena, así que las cifras de este artículo son una orientación y no un promedio local.

    ¿Cuáles son las fantasías sexuales más comunes? Ejemplos y cifras

    Lehmiller (2018) agrupó las fantasías de su muestra en siete grandes temas. Casi cualquier fantasía que se te ocurra cae en uno de ellos:

    TemaEjemplosDato de Lehmiller (2018)
    Sexo con varias personastríos, sexo en grupo95 % de los hombres y 87 % de las mujeres han fantaseado con sexo en grupo; 89 % con un trío
    Poder, control y sexo rudodominación, sumisión, dolor consensuadosolo 4 % de las mujeres y 7 % de los hombres nunca ha tenido una fantasía de este tipo
    Novedad y variedadlugares distintos al dormitorio, juguetes, posiciones nuevas85 % ha fantaseado con juguetes eróticos
    Tabúmirar a otros (voyeurismo), fetiches, exhibicionismo consensuadovoyeurismo 60 %, fetiches de ropa u objetos 45 %, exhibicionismo consensuado 42 %
    No monogamia consensuadarelación abierta, intercambio de parejasrelación abierta: 79 % de los hombres y 62 % de las mujeres
    Romance e intimidadsentirse deseado, conexión emocional, escenas de amor90 % ha fantaseado con su pareja actual y 51 % lo hace con frecuencia
    Flexibilidad eróticapersonas del mismo sexo, cambios de rolmás de la mitad de las mujeres exclusivamente heterosexuales y alrededor de uno de cada cuatro hombres

    Tres cosas que se desprenden de esa tabla. Primero, la fantasía más frecuente de todas es con la propia pareja. Segundo, fantasear con famosos es habitual (dos tercios lo ha hecho alguna vez) pero solo un 7 % lo hace seguido (Lehmiller, 2018). Tercero, hay mucha más fantasía que conducta: menos de uno de cada tres ha llevado a la práctica su fantasía favorita (Lehmiller, 2018).

    Esos números vienen de una muestra reclutada sobre todo por redes sociales, lo que tiende a reunir a personas más abiertas a hablar de sexualidad. Un resultado parecido aparece en una encuesta a 1.516 adultos de población general: de 55 fantasías evaluadas, solo dos resultaron raras (2,3 % o menos) y nueve inusuales, mientras que treinta fueron comunes para uno o ambos géneros (Joyal et al., 2015). Sumisión y dominación estuvieron entre las comunes.

    ¿Qué significan las fantasías sexuales? ¿Lo que imagino es lo que quiero hacer?

    No necesariamente. Fantasía y conducta son terrenos distintos, y los libros clínicos consultados coinciden en eso. McCarthy y McCarthy (2019) lo resumen diciendo que fantasía y comportamiento son reinos separados: algo muy excitante en la imaginación puede ser incómodo o indeseado en la vida real. Perel (2006) propone leer las fantasías como “poesía, no prosa”, es decir, como un escenario simbólico y no como un plan de acción.

    Nagoski (2015) agrega una razón fisiológica: en la fantasía no hay amenaza real, así que los “frenos” del cerebro no se activan. Una situación que en la vida real provocaría miedo o bloqueo puede ser excitante cuando ocurre en un espacio mental completamente seguro.

    Por eso una fantasía no es un diagnóstico ni una revelación sobre tu carácter. La revisión de 2023 ya citada lo dice así: lo que la gente fantasea no equivale necesariamente a lo que le interesa o hace en persona (Lehmiller y Gormezano, 2023). Y un estudio con 1.501 adultos concluyó que conviene distinguir fantasía de interés sexual: el 57 % de la muestra habría cumplido criterios de parafilia solo por el contenido de sus fantasías, lo que sugiere que esos criterios son demasiado amplios (Joyal, 2015).

    Fantasías de sumisión, dominación o fuerza simulada

    Son más comunes de lo que se suele pensar. Según Lehmiller (2018), cerca de dos tercios de las mujeres y más de la mitad de los hombres han tenido fantasías de sexo forzado dentro de un marco imaginado, y quienes las tienen insisten en que no quieren que les ocurra en la vida real. La persona conserva el control del guion. Perel (2006) sugiere que, en personas con mucha responsabilidad en su vida cotidiana, la sumisión imaginada puede ser un respiro del peso de estar al mando.

    Estas fantasías no tienen por qué venir de un trauma. Hall y Binik (2020) recogen estudios que desmienten que el interés por la sumisión o el BDSM provenga de una infancia dañada, y que muestran niveles de bienestar y satisfacción sexual similares o superiores en quienes lo practican.

    Fantasear con otra persona teniendo pareja

    Fantasear con un famoso, un conocido o una expareja es frecuente y no equivale a querer una infidelidad: menos del 0,5 % de los participantes de Lehmiller (2018) eligió engañar a su pareja como fantasía favorita. Donde sí hay una señal es en el patrón. Según esos mismos datos, quienes fantasean sobre todo con celebridades o desconocidos tienden a mostrar más apego evitativo y menor satisfacción sexual y de pareja. Si te pasa y te importa, el tema de fondo suele estar en la relación, no en la fantasía. Puedes leer más en por qué las personas son infieles.

    Fantasías con personas de tu mismo sexo siendo heterosexual

    Lehmiller (2018) encontró que más de la mitad de las mujeres exclusivamente heterosexuales y alrededor de uno de cada cuatro hombres exclusivamente heterosexuales habían tenido fantasías con personas de su mismo sexo. Por sí sola, una fantasía así no determina la orientación. La excitación de las mujeres suele ser más sensible al contexto que la de los hombres, según la literatura que cita ese libro.

    ¿Hombres y mujeres fantasean distinto?

    Comparten los mismos grandes temas, con diferencias de énfasis. En los datos de Lehmiller (2018), los hombres reportan más fantasías de sexo en grupo, de tabúes como el voyeurismo o los fetiches, y se centran más en quién aparece en la escena. Las mujeres reportan más fantasías de sumisión y BDSM en casi todas las categorías, más fantasías orientadas a sentirse deseadas o amadas, y prestan más atención al escenario y al contexto emocional.

    Son promedios, y dentro de cada género hay una variación enorme. Además, la mayoría de la investigación usa muestras de personas cisgénero y heterosexuales. Un estudio con 566 adultos de Canadá y Estados Unidos halló cuatro perfiles según cómo reaccionaban ante escenarios de romance, poder, dolor y violencia sexual (excitación, malestar o ambos): indiferentes (37 %), románticos (22 %), entusiastas (26 %) y disonantes (15 %), estos últimos con excitación y malestar altos a la vez (Canivet et al., 2022). La relación de cada persona con sus fantasías es tan individual como el contenido.

    ¿Conviene contarle una fantasía a tu pareja?

    Depende de qué fantasía, de la pareja y del momento, y no hay obligación de contarlo todo. Dos datos ayudan a decidir.

    El primero: la mayoría de las parejas lo toma mejor de lo que se teme. En un estudio con 287 personas, el 69,3 % había compartido alguna fantasía con su pareja; las respuestas descritas por quienes compartieron fueron frecuentemente positivas, mientras que las que anticipaban quienes no lo habían hecho solían ser negativas (Kimberley et al., 2025). Es una muestra pequeña, pero coincide con Lehmiller (2018), cuyos participantes que compartieron su fantasía principal reportaron una reacción favorable en entre el 65 % y el 82 % de los casos, según el tipo de fantasía.

    El segundo: contar todo no es una obligación. McCarthy y McCarthy (2019) advierten contra la “trampa de la divulgación total” y sugieren compartir lo que sirve de puente hacia el deseo, sin detallar fantasías que puedan herir a una pareja insegura. Perel (2006) defiende la privacidad erótica frente a la idea de que una relación sana exige contarlo todo.

    Si decides hablarlo, Lehmiller (2018) recomienda un momento tranquilo y privado, dejar claro si es una conversación erótica o una propuesta concreta, y reafirmar el cariño para que la pareja no lo lea como una crítica. Funciona mejor como una invitación que como una confesión. Y si lo que despierta la conversación es un conflicto sobre deseo distinto, el artículo sobre la frecuencia sexual normal en una pareja y el de falta de deseo sexual pueden darte más contexto.

    ¿Las fantasías pueden ayudar a la relación y al deseo?

    La evidencia es preliminar pero apunta en una dirección favorable. En cuatro estudios (dos experimentales y dos con diarios de 21 y 42 días en parejas), fantasear con la propia pareja se asoció con más deseo y con más conductas que cuidan la relación, a través de una percepción más positiva de la pareja (Birnbaum et al., 2019).

    Un ensayo aleatorizado de 2026 con 60 adultos con pareja asignó a la mitad a escribir relatos eróticos al menos dos veces por semana durante cuatro semanas: solo ese grupo aumentó su deseo y su placer y redujo su malestar sexual y sus preocupaciones durante el sexo (Campos et al., 2026). Los propios autores señalan que la muestra fue pequeña y de conveniencia, así que es una pista y aún no alcanza para recomendarlo como tratamiento. Encaja con la idea clínica de que la imaginación erótica puede ser un recurso.

    ¿Cuándo una fantasía sexual preocupa?

    Lo que hace problemática a una fantasía casi nunca es su contenido. Según el DSM-5, que Hall y Binik (2020) discuten en su libro, tener un interés sexual poco habitual (una parafilia) es distinto de tener un trastorno parafílico. Para hablar de trastorno se necesita malestar clínicamente significativo o deterioro en la vida de la persona, o un daño (o riesgo de daño) a otras personas que no consienten. Los clínicos distinguen además entre el malestar que produce la fantasía y el que viene de la culpa o el estigma social.

    En la práctica, conviene consultar a un psicólogo o sexólogo en estos casos:

    • La fantasía te angustia de forma persistente, aunque no tengas intención de actuarla.
    • Aparece como pensamiento intrusivo que no quieres tener y se repite pese a tus intentos de apartarlo.
    • Necesitas esa fantasía para poder excitarte o sentir placer, o se vuelve cada vez más difícil de controlar.
    • Implica personas que no pueden consentir, o tienes miedo de actuar algo que dañaría a otra persona. Aquí la consulta es urgente. Ninguna fantasía que involucre a menores es “una fantasía normal más”, y pedir ayuda a tiempo es lo que protege a todos.
    • Va ligada a una historia de abuso sexual. Una revisión de 13 estudios encontró que quienes sufrieron abuso sexual infantil tienden a reportar fantasías más atípicas, más intrusivas y con más elementos de fuerza o de sumisión y dominación (Gewirtz-Meydan y Opuda, 2023). Hall y Binik (2020) señalan que, en terapia, el trabajo consiste en quitarles el secreto y la culpa, sin intentar borrarlas.

    Sobre las fantasías de contenido agresivo, los datos piden matices. En una muestra alemana de 664 personas, el 77 % reportó al menos una fantasía sexual con algún elemento de agresión, y la frecuencia de ese tipo de fantasías fue el mejor predictor de agresión sexual autorreportada entre varios factores de riesgo (Bondü y Birke, 2021). En cuatro muestras más, la frecuencia volvió a ser el predictor más consistente, mientras que otras características de la fantasía no agregaron mucho (Bondü, 2023). Son estudios transversales, que no prueban causa y efecto, y la brecha entre cuántas personas tienen estas fantasías y cuántas agreden es enorme. Lo que sí sugieren es que la frecuencia elevada de este tipo de contenido es una señal que vale la pena mirar con un profesional.

    Y la etiqueta de “desviada” distingue menos de lo que se supone: en un estudio con 279 hombres, lo más frecuente en el pensamiento sexual favorito de quienes habían cometido delitos sexuales era sexo con mujeres adultas, y ningún tipo de fantasía incluía solo elementos considerados “desviados” (Turner-Moore y Waterman, 2023). Las excepciones fueron los pensamientos que involucran a niños, que sí diferenciaban a los hombres con delitos sexuales. Esto refuerza la idea de que el criterio pasa por el consentimiento, el daño y el control, y la rareza de la fantasía pesa poco.

    ¿Y si la fantasía es un pensamiento intrusivo, como en el TOC?

    A veces la fantasía no se siente como deseo sino como una invasión: una imagen sexual que aparece sin que la busques, que te genera asco, culpa o miedo a ser “alguien malo”. En el TOC es frecuente que las obsesiones tengan contenido sexual. Según Freeston y Ladouceur (en Caballo, 2015), lo que vuelve patológico al cuadro es el significado de alta responsabilidad que la persona le atribuye al pensamiento (“si lo pienso, soy peligroso”).

    Hay un efecto que empeora el cuadro: intentar apartar el pensamiento por la fuerza. En los experimentos clásicos de Wegner, suprimir un pensamiento lo hace volver con más frecuencia (Wegner et al., 1987). Si te reconoces en esto, el abordaje con respaldo es la terapia cognitivo-conductual con exposición y prevención de respuesta, no la lucha contra la imagen. Tienes más información en pensamientos intrusivos: qué son y cómo manejarlos y en trastorno obsesivo compulsivo.

    Un caso distinto es el de quien siente que no controla su conducta sexual (por ejemplo, el uso de pornografía). Braun-Harvey y Vigorito, en Hall y Binik (2020), señalan que muchas veces el sufrimiento viene de una incongruencia moral más que de una falta real de control. Para ese tema puedes ver adicción a la pornografía: qué dice la evidencia.

    ¿Qué hacer si una fantasía sexual te incomoda o no quieres vivirla?

    • No la reprimas a la fuerza. La supresión suele aumentar la frecuencia del pensamiento (Wegner et al., 1987).
    • Distingue culpa de daño. Sentir culpa por una fantasía consensuada y sin víctimas suele venir de normas aprendidas. Carey, en el manual de Caballo (2015), describe cómo las actitudes negativas que se transmiten sobre la sexualidad producen culpa y vergüenza hacia las propias preferencias eróticas. Para entender la diferencia entre ambas emociones, mira culpa y vergüenza.
    • Pregúntate qué te incomoda. El contenido, el hecho de que te excite o lo que crees que significa sobre ti. Son tres problemas distintos.
    • No tomes decisiones de pareja a partir de una fantasía. Una fantasía no te dice que quieras separarte, ni que no ames a tu pareja.
    • Pide ayuda si el malestar persiste. Hablarlo con un profesional ayuda a ordenar lo que te pasa, y no se reduce a recibir un diagnóstico.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal tener fantasías sexuales?

    Sí. En el estudio de Lehmiller (2018) con 4.175 adultos, el 97 % tenía fantasías sexuales, y muchos las tenían varias veces por semana. Las revisiones científicas concluyen que pocas fantasías son estadísticamente raras. Lo clínicamente relevante es el malestar, el consentimiento y el control, no que la fantasía exista.

    ¿Qué significan las fantasías sexuales?

    No hay un diccionario que traduzca cada fantasía en un deseo oculto. Pueden servir para probar escenarios, manejar la ansiedad o buscar novedad, y lo que se imagina no equivale necesariamente a lo que se quiere hacer. Menos de un tercio de las personas llevó a la práctica su fantasía favorita (Lehmiller, 2018).

    ¿Una fantasía sexual sobre otra persona significa que no quiero a mi pareja?

    No. Fantasear con alguien más es frecuente y rara vez significa querer engañar: menos del 0,5 % eligió la infidelidad como su fantasía favorita (Lehmiller, 2018). Cuando es el patrón dominante y va junto a insatisfacción en la relación, vale la pena revisar qué falta en el vínculo.

    ¿Tener fantasías de sumisión o de ser dominada o dominado es señal de un problema?

    No por sí sola. Son fantasías comunes en hombres y mujeres, y la investigación revisada por Hall y Binik (2020) no encuentra que provengan de traumas ni que impliquen peor bienestar. Se vuelven motivo de consulta cuando generan malestar persistente, son intrusivas o implican a alguien que no consiente.

    ¿Debo contarle mis fantasías a mi pareja?

    Tú decides. Muchas parejas reaccionan mejor de lo que se teme, pero también es válido reservar parte de tu mundo imaginario. Si decides hablarlo, hazlo en un momento tranquilo, aclara si es solo conversación o una propuesta, y reafirma tu cariño para evitar malentendidos.

    ¿Cuándo debo consultar a un psicólogo por mis fantasías?

    Cuando te producen angustia persistente, aparecen como pensamientos intrusivos que no logras apartar, sientes que no controlas tu conducta sexual, o implican personas que no pueden consentir, incluidos los menores. En esos casos conviene consultar pronto, sin esperar a que el malestar crezca.

    Si una fantasía te preocupa, se puede hablar

    Si una fantasía te genera angustia, te cuesta hablarlo con tu pareja o sientes que un pensamiento sexual se volvió difícil de controlar, puedes conversarlo en un espacio sin juicio. En terapia el trabajo consiste en entender qué te pasa con lo que imaginas. Si quieres, puedes agendar una consulta. Si tu duda es más amplia, cómo saber si necesito un psicólogo puede ayudarte a decidir. Para una mirada general de la salud sexual puedes revisar la página de la OMS, y para el bienestar emocional, la de salud mental de la OMS.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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