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    Mi Hijo No Se Concentra: Por Qué Pasa (No Siempre Es TDAH) y Qué Hacer

    Si buscaste “mi hijo no se concentra”, lo más probable es que la escena se repita cada tarde: la tarea abierta, tu hijo mirando la ventana, y tú entre la paciencia y el miedo de que “le pase algo”. La buena noticia: casi siempre la explicación es más simple de lo que temes, y se corrige en casa.

    En breve

    • Un niño que no se concentra al estudiar casi siempre tiene una razón concreta detrás: duerme menos de lo que necesita, llega a la tarea después de pantallas, está preocupado por algo, no entiende la materia o la tarea está mal dimensionada para su edad.
    • El TDAH es una posibilidad real, pero solo cuando la falta de atención aparece en todos los contextos, desde hace más de seis meses, desde antes de los 12 años, y le complica la vida más allá del cuaderno.
    • Cuando sí hay algo más que revisar, se puede detectar y tratar.

    ¿Es normal que mi hijo no se concentre? Lo que cabe esperar por edad

    Un niño de 6 años no puede sostener la atención como uno de 10, y eso no es un problema: es desarrollo. La capacidad de mantener la atención en una tarea crece rápido en los primeros años de colegio y llega a una meseta cerca de los 10 años.

    Compararlo con lo esperable para su edad —y no con su hermano mayor ni con lo que tú esperas— es el primer filtro antes de preocuparte.

    En un estudio con niños de 5 a 12 años, la atención sostenida mejoró rápido entre los 5-6 y los 8-9 años y después se estabilizó, con mejoras menores hasta los 11-12 (Betts et al., 2006).

    El mismo estudio mostró algo que cualquier madre reconoce: a todas las edades, los niños rindieron peor cuando la tarea era más exigente. Un niño de primero básico frente a una guía larga de matemáticas no está “flojo”: está en el límite de lo que su cerebro puede sostener.

    La Guía de Práctica Clínica sobre el TDAH lo pone como primer paso de cualquier evaluación: antes de pensar en un trastorno hay que descartar que la conducta esté dentro de la normalidad, mirando la cantidad e intensidad de los síntomas, cuánto tiempo llevan y cuánto afectan al niño en distintas situaciones (GPC TDAH, 2010, p. 68). “No todo niño movido y despistado tiene TDAH”, dice textualmente.

    Hay otro dato de la misma guía que tranquiliza a muchas familias de primero básico: la inatención se hace evidente recién al empezar la escolaridad, a los 5-7 años, porque es ahí donde el entorno empieza a exigir atención sostenida; la hiperactividad, en cambio, se nota antes, a los 3-4 (GPC TDAH, 2010, p. 53).

    Que “nunca antes” hubiera pasado nada no descarta ni confirma: es la edad en que el colegio pone a prueba la atención por primera vez.

    Entonces, ¿cuándo deja de ser normal? Cuando la distracción es claramente mayor que la de otros niños de su edad, cuando lleva meses igual y cuando le está costando más que unas notas: amistades, autoestima, el ánimo en casa.

    Por qué mi hijo no se concentra: las seis causas más frecuentes

    Antes de pensar en un diagnóstico, conviene revisar en orden las causas que más veces explican la falta de concentración en niños: sueño insuficiente, exceso de pantallas, ansiedad, dificultades para entender la materia, tareas mal dimensionadas y, en último lugar de esta lista pero no menos real, el TDAH. Varias pueden estar presentes a la vez.

    1. Duerme menos de lo que necesita

    Es la causa más barata de revisar y una de las más olvidadas. Un niño de 6 a 12 años necesita entre 9 y 12 horas de sueño cada noche, y un adolescente entre 8 y 10, según el consenso de la Academia Americana de Medicina del Sueño (Paruthi et al., 2016).

    Haz la cuenta con la hora real a la que se duerme (no a la que se acuesta) y la hora a la que suena la alarma. Muchas familias descubren aquí que su hijo lleva meses durmiendo 7 u 8 horas.

    ¿Y eso se nota en la tarea? Sí. Un metaanálisis con casi 36.000 niños sanos de 5 a 12 años encontró que dormir menos se asocia a peor rendimiento en las funciones ejecutivas (planificar, inhibir, organizarse), en las tareas complejas y en el rendimiento escolar, además de a más problemas de conducta (Astill et al., 2012).

    El efecto por hora de sueño es pequeño, pero se acumula noche tras noche. Los propios autores lo resumen así: el sueño insuficiente en niños se asocia a déficits en las funciones cognitivas de orden superior. Justo las que hacen falta para sentarse a estudiar.

    Un dato curioso del mismo metaanálisis: en niños, la duración del sueño no se relacionó con la atención sostenida “pura” de laboratorio, sino con lo complejo. Es decir, tu hijo puede mirar dibujos animados sin problema y aun así no poder con la tarea. Eso no significa que “puede cuando quiere”: significa que la tarea exige más de lo que el sueño de anoche le dejó.

    2. Llega a la tarea después de horas de pantalla

    Las pantallas no producen TDAH, pero sí pesan. Un metaanálisis de 45 estudios encontró una relación pequeña pero consistente entre el uso de medios (televisión, videojuegos, celular) y conductas tipo TDAH, como problemas de atención, hiperactividad e impulsividad, en niños y adolescentes (Nikkelen et al., 2014).

    Una revisión más reciente con 159.000 niños de 12 años o menos, publicada en JAMA Psychiatry, confirmó la misma relación pequeña entre más tiempo de pantalla y más problemas externalizantes, incluidos síntomas de TDAH (Eirich et al., 2022).

    Dos matices importantes, porque aquí abunda el alarmismo. Primero, la relación es pequeña: las pantallas explican una parte de la falta de concentración, no toda. Segundo, los estudios no dejan clara la dirección: es posible que los niños a los que más les cuesta atender busquen más pantalla, y no solo al revés.

    Lo práctico no cambia: un niño que pasa de una hora de videos cortos a una guía de lenguaje va a tardar en “aterrizar”, y la pantalla que sigue encendida al lado es un competidor imbatible para cualquier cuaderno.

    3. Está preocupado por algo

    La ansiedad no siempre se ve como ansiedad. En un niño se puede ver como distracción, como “se queda en blanco” o como irse al baño cinco veces durante la tarea.

    La explicación la da la teoría del control atencional: la ansiedad debilita el sistema que dirige la atención hacia una meta y refuerza el que responde a cualquier estímulo o amenaza, y afecta sobre todo a inhibir distracciones y cambiar de foco (Eysenck et al., 2007). Un niño preocupado tiene la atención ocupada aunque esté sentado y callado.

    En escolares de básica esto se ha medido bien. Un metaanálisis de 76 estudios con niños de 5 a 12 años encontró que la ansiedad ante las evaluaciones se asocia a peor rendimiento en matemáticas y lectoescritura, y que va muy de la mano con la ansiedad general, la ansiedad social y los síntomas depresivos (Robson et al., 2023).

    Y en niños de 11 y 12 años, la memoria de trabajo verbal explicó cerca de la mitad de la relación entre ansiedad y rendimiento académico (Owens et al., 2008): la preocupación ocupa el mismo “espacio mental” que la tarea necesita.

    Pistas de que la causa va por aquí: la desconcentración empezó junto con algún cambio (colegio nuevo, separación, un duelo, problemas con compañeros), hay dolores de guata o de cabeza sin causa médica, le cuesta dormirse, o pregunta mucho “¿y si me va mal?”.

    ¿Reconoces alguna de estas pistas en tu hijo? Si el problema aparece sobre todo antes de las pruebas, lo que hay que tratar es la ansiedad ante los exámenes, no la concentración.

    4. No es que no atienda: es que no entiende

    Esta es la causa que más se confunde con TDAH y la que más daño hace cuando se pasa por alto. Un niño con una dificultad específica de aprendizaje (en lectura, escritura o matemáticas) se desconecta de la tarea porque no la entiende, y desde afuera se ve exactamente igual que un niño que no atiende.

    La diferencia es que en el primero la desconcentración es selectiva: aparece con la lectura o con los números y desaparece con lo que sí domina.

    Las dos cosas además van juntas más de lo que parece. Una revisión de 17 estudios encontró que el TDAH y las dificultades de aprendizaje coexisten en cerca del 45 % de los casos, y por eso recomienda evaluar siempre las habilidades académicas en todo niño con problemas de atención (DuPaul et al., 2013).

    En una muestra comunitaria de cinco distritos escolares, los niños con dificultad lectora y TDAH a la vez fueron los más afectados en casi todas las medidas, académicas y sociales, y la coocurrencia parece explicarse en parte por debilidades en velocidad de procesamiento y memoria de trabajo (Willcutt y Petrill, 2023).

    La conclusión de los autores es clara: toda evaluación de dificultad lectora debería cribar TDAH, y toda sospecha de TDAH debería mirar el aprendizaje.

    La GPC dice lo mismo desde el otro lado: el bajo rendimiento muchas veces se explica por el propio TDAH, pero en otros casos los problemas de aprendizaje están presentes y no se explican por él, y ahí hace falta una evaluación psicopedagógica que los descarte (GPC TDAH, 2010, p. 66).

    Si tu hijo se traba leyendo en voz alta, invierte letras, cuenta con los dedos mucho más que sus compañeros o escribe con una letra que ni él entiende, esa es la pista.

    En Chile, el colegio puede evaluarlo dentro del Programa de Integración Escolar (PIE) bajo el Decreto 170; aquí explicamos cómo funciona el Decreto 170 para las dificultades de aprendizaje y tenemos una guía sobre el test de dislexia para orientarte antes de consultar.

    5. La tarea está mal dimensionada (o la ayuda de los padres no ayuda)

    “Siéntate y no te pares hasta terminar” es una instrucción que un adulto cumple con esfuerzo y un niño de 8 años no puede cumplir. Una guía de dos horas sin pausas, una tarea que empieza a las 20:30 después del baño o un cuaderno lleno de correcciones en rojo son condiciones que harían distraerse a cualquiera.

    Antes de buscar un diagnóstico, mira en tu casa cuánto se le pide, a qué hora y en qué estado llega.

    Y mira también cómo ayudas, porque no todo tipo de ayuda sirve. Un metaanálisis con más de 378.000 estudiantes encontró que la implicación de los padres en las tareas, tomada en conjunto, tiene una relación levemente negativa con el rendimiento.

    Pero al separar por tipo de ayuda, la única dimensión que se asoció positivamente fue el apoyo a la autonomía (estar disponible, ayudar a organizarse, dejar que el niño resuelva), mientras que sentarse a explicar el contenido, controlar y estar encima no se relacionaron con mejores resultados (Xu et al., 2024).

    Traducido: acompañar sirve; hacer de profesor particular a las nueve de la noche, con los dos cansados, no.

    Un niño desmotivado tampoco se concentra. Si la materia le parece imposible o inútil, o si la tarea solo trae retos, la atención se va donde hay algo que ganar. Volver a conectar la tarea con un logro pequeño y visible es parte del tratamiento, y no requiere consulta.

    Los propios criterios diagnósticos separan aquí el “no puede” del “no quiere”: la inatención del TDAH no debe explicarse por una actitud oposicionista ni por no haber entendido la instrucción (American Psychiatric Association, 2022).

    Y la guía para padres de la UNAM añade una pista práctica: si la desconcentración aparece de golpe después de un evento (una mudanza, una separación, un duelo), responde a estrés o a lo afectivo, no a un TDAH que por definición lleva meses (Delgado y Esparza, 2017).

    6. Cuando sí es TDAH

    El trastorno por déficit de atención con hiperactividad existe y no es raro: en un estudio epidemiológico chileno con 1.558 niños y adolescentes de cuatro provincias, la prevalencia fue del 10 %, con la ansiedad y el trastorno oposicionista como comorbilidades más frecuentes (de la Barra et al., 2013). En un curso de 30 hay, en promedio, dos o tres niños con TDAH.

    Lo que lo distingue de las causas anteriores es que la falta de atención está en todas partes (casa, colegio, cumpleaños, el fútbol), desde hace mucho, desde chico, y viene acompañada de dificultades reales para funcionar.

    El TDAH además suele traer un mal sueño que empeora el cuadro. Un metaanálisis de 16 estudios encontró que los niños con TDAH se resisten más a acostarse, tardan más en dormirse, se despiertan más y están más somnolientos de día que los niños sin el trastorno (Cortese et al., 2009).

    La GPC cifra los trastornos del sueño como comorbilidad en entre el 30 y el 60 % de los niños con TDAH (GPC TDAH, 2010, p. 58). Así que la causa 1 y la causa 6 se alimentan mutuamente: arreglar el sueño ayuda también en el TDAH, aunque no lo reemplaza como tratamiento.

    Si sospechas TDAH, en el sitio hay una guía completa sobre el TDAH en niños de 6 a 12 años y otra sobre cómo se ven los síntomas de TDAH según la edad. Este artículo no las repite: se queda en la pregunta anterior, que es si de verdad hay que ir por ahí.

    Y las causas médicas que el pediatra descarta en una consulta

    La GPC recuerda que los síntomas de desatención pueden aparecer por causas médicas que se detectan con una valoración clínica completa: déficits visuales o auditivos significativos, trastornos del sueño como las apneas o el síndrome de piernas inquietas, anemia por falta de hierro, alteraciones de la tiroides, epilepsia o el efecto secundario de algunos fármacos, entre otros (GPC TDAH, 2010, p. 68).

    Un niño que no ve bien la pizarra o que ronca y se despierta cansado no se concentra, y ninguna técnica de estudio lo arregla. Por eso el primer profesional suele ser el pediatra.

    La pregunta que separa el TDAH de todo lo demás: ¿en qué contextos y desde cuándo?

    Para que la inatención se considere TDAH tiene que cumplir varias condiciones a la vez: los síntomas deben mantenerse al menos seis meses, presentarse en dos o más situaciones de la vida del niño (por ejemplo casa y colegio), causar un deterioro real en su funcionamiento y no explicarse mejor por otro trastorno (GPC TDAH, 2010, p. 60).

    El DSM-5-TR añade que varios de esos síntomas deben haber estado presentes antes de los 12 años y exige al menos seis síntomas de inatención en menores de 17 (American Psychiatric Association, 2022).

    De todas esas condiciones, la que más rápido te orienta en casa es la del contexto. Hazte esta pregunta: ¿mi hijo no se concentra para estudiar solamente, o también se distrae cuando juega, cuando está con amigos, cuando arma algo que le gusta, en la clase de educación física?

    Si la desconcentración vive únicamente en la tarea y en la sala de clases, las causas más probables son las de la lista anterior (sueño, ansiedad, no entender, tarea mal dimensionada). Si se lleva la atención a todas partes y desde siempre, el TDAH entra en la lista.

    Un matiz: que se concentre perfecto en la play no descarta nada por sí solo; la pregunta es cómo le va en las situaciones cotidianas que no eligió.

    Se parece a TDAH, pero… Lo que lo delata
    Sueño insuficiente Duerme menos de 9 horas reales; empeora a medida que avanza la semana; mejora en vacaciones
    Pantallas Se desconcentra sobre todo después de usarlas; la atención “aterriza” con el tiempo si se retiran
    Ansiedad Empezó con un cambio o una preocupación; dolores sin causa médica; pregunta mucho “¿y si…?”
    Dificultad de aprendizaje Se desconecta con la lectura o los números y no con el resto; le cuesta desde que empezó a leer o a calcular
    Tarea mal dimensionada Solo pasa con guías largas o tarde en la noche; rinde bien en bloques cortos
    TDAH En todos los contextos, desde antes de los 12, más de seis meses, con impacto en amigos, autoestima y casa

    La tabla orienta, no diagnostica. El diagnóstico del TDAH es exclusivamente clínico y debe hacerlo un profesional con entrenamiento y experiencia en el trastorno y sus comorbilidades, a partir de entrevistas con los padres y el niño, información del colegio, antecedentes y una exploración física (GPC TDAH, 2010, pp. 61-65).

    Ninguna escala ni test online reemplaza eso, aunque una autoevaluación de TDAH para padres puede ayudarte a ordenar lo que observas antes de la consulta.

    La escala que más se usa para eso, la SNAP-IV, tiene 18 preguntas, la responden padres y profesores y es de uso libre citando a su autor; la GPC advierte que no tiene baremos para población española (y tampoco chilena), así que su valor es ordenar la observación, no poner un número (GPC TDAH, 2010, pp. 69-70).

    Qué hacer si mi hijo no se concentra: cómo ayudarlo a concentrarse en casa esta semana

    Las siguientes medidas atacan las causas más frecuentes y no requieren diagnóstico. Varias salen de la guía para padres de la UNAM (Delgado y Esparza, 2017), que aclara que tienen sentido para cualquier niño, con o sin TDAH.

    La Guía de Práctica Clínica sobre las intervenciones en el TDAH las pone como primera opción justamente cuando los síntomas son leves, el impacto es pequeño o el diagnóstico es dudoso (GPC Intervenciones TDAH, 2017). Prueba dos semanas antes de sacar conclusiones: el sueño y las pantallas tardan varios días en notarse.

    1. Cuadra las horas de sueño. Fija la hora de dormir de modo que caigan 9 a 12 horas reales (6 a 12 años) u 8 a 10 (adolescentes), según el consenso de la AASM. Si hay que mover algo, muévelo de la noche, no de la mañana.
    2. Pantallas fuera de la mesa y fuera de la hora previa. El celular y la tablet en otra habitación mientras estudia, y nada de videos cortos justo antes de sentarse. La atención necesita “aterrizar”.
    3. Que se mueva antes de estudiar. Un metaanálisis de 31 estudios de intervención en niños de 6 a 12 años encontró que una sesión de actividad física mejora la atención inmediatamente después, y que los programas regulares de varias semanas mejoran las funciones ejecutivas y el rendimiento académico (de Greeff et al., 2018). Media hora de plaza antes de la tarea rinde más que media hora de retos.
    4. Bloques cortos con pausas, no maratones. La atención sostenida de un niño de básica es limitada por diseño. Divide la tarea en bloques breves (más cortos cuanto más chico es) con pausas de movimiento entre medio, y termina cada bloque antes de que se agote, no después. La guía de la UNAM propone enseñarle a medirse él mismo con una pregunta antes de seguir: “¿cómo está tu concentración?, ¿necesitas un descanso corto?” (Delgado y Esparza, 2017). La regla 1-3-5 para organizar las tareas es una forma sencilla de decidir qué va primero.
    5. Divide la tarea en pasos visibles. Da una instrucción a la vez: “Haz la guía” es una montaña; “haz los tres primeros ejercicios y me muestras” es una escalera. Cada peldaño terminado es un refuerzo que devuelve la atención al siguiente. Para dar la instrucción, la UNAM recomienda ponerse frente al niño, decir su nombre, buscar contacto visual y pedirle que la repita con sus palabras; y dejar sobre la mesa solo el material de esa tarea, sin comer ni ver televisión al mismo tiempo (Delgado y Esparza, 2017). El elogio, cuando llega, que sea inmediato y concreto (“terminaste los tres sin pararte”), no un “bien” genérico.
    6. Acompaña sin controlar. Estar disponible, ayudar a organizar el tiempo y dejar que resuelva es lo que se asoció a mejor rendimiento en el metaanálisis de Xu et al. (2024); sentarse a explicar todo, corregir cada línea y vigilar no. Si a las nueve de la noche están tú y tu hijo gritando, la ayuda ya no es ayuda.
    7. Ni dietas milagro ni suplementos. Es tentador, y hay mucho marketing. La GPC de 2017 revisó las dietas sin colorantes ni aditivos y los suplementos de omega-3 y omega-6 o zinc, y no encontró pruebas concluyentes de que sirvan; lo que sí recomienda es una dieta equilibrada y ejercicio regular (GPC Intervenciones TDAH, 2017, p. 26). Un niño que llega a la tarea sin almorzar bien tampoco rinde, pero eso se arregla con almuerzo, no con cápsulas.
    8. Habla con el profesor antes de la consulta. Pregúntale si en clase pasa lo mismo, en qué asignaturas, si lo ve entender la materia, si tiene amigos. Esa información es justo la que la GPC pide a la escuela para cualquier evaluación, y te va a decir si el problema es de contexto o de todos los contextos.

    ¿Cuál de estos puntos puedes empezar a probar esta misma semana? Si en dos semanas de hacer esto no cambia nada, o si desde el principio la desconcentración va acompañada de las señales de la siguiente sección, es hora de consultar.

    Cuándo consultar y con quién en Chile

    Consulta sin esperar si pasa cualquiera de estas cosas:

    • La falta de concentración lleva más de seis meses y está en todos los contextos.
    • Empezó junto con un cambio de ánimo: tristeza, irritabilidad, miedo a ir al colegio.
    • El profesor la reporta igual que tú.
    • Viene con dificultad clara para leer o calcular.
    • Ya está afectando su autoestima (“soy tonto”) o sus amistades.
    • El niño empieza a recibir etiquetas (“el difícil”, “el desordenado”) o queda fuera de juegos y cumpleaños.
    • La situación tiene a la familia desbordada, con culpa o peleas diarias por la tarea (Delgado y Esparza, 2017).

    ¿Cuántas de estas reconoces en las últimas semanas? Y consulta también si, simplemente, la preocupación no te deja tranquila: eso ya es motivo suficiente.

    ¿Con quién? En Chile el camino habitual empieza en el pediatra o el médico del CESFAM, que descarta las causas médicas (visión, audición, sueño, anemia) y deriva. El diagnóstico de TDAH lo hace un profesional con experiencia en el trastorno: neurólogo infantil, psiquiatra infantil o psicólogo clínico infantil, idealmente en un equipo que se comunique con el colegio.

    Si la sospecha es de dificultad de aprendizaje, el colegio puede evaluar dentro del PIE y derivar a psicopedagogía. Para orientación telefónica, Salud Responde del MINSAL atiende en el 600 360 7777.

    Un psicólogo aporta en dos momentos: en la evaluación, para distinguir entre ansiedad, dificultad de aprendizaje y TDAH (que es justo la pregunta de este artículo), y en el tratamiento, cuando la causa es la ansiedad o cuando el TDAH necesita, además de lo médico, estrategias conductuales en casa y en el colegio.

    Puedes leer más sobre cómo se evalúa el TDAH en niños o, si prefieres conversarlo directamente, agendar una consulta.

    Llegar con tus observaciones de las dos semanas anteriores (horas de sueño, en qué contextos pasa, qué dijo el profesor) hace que la primera sesión rinda el doble.

    Preguntas frecuentes sobre un niño que no se concentra

    ¿Es normal que un niño de 6 años no se concentre?

    Sí, dentro de un rango. A los 5-6 años la atención sostenida está en pleno desarrollo y mejora rápido hasta los 8-9, cuando se estabiliza (Betts et al., 2006). Lo que no es esperable es que se distraiga mucho más que sus compañeros, en todas las situaciones y con impacto en su vida diaria. Compáralo con la edad de tu hijo, no con la de un adulto.

    Mi hijo no se concentra en la escuela pero en la casa sí, ¿qué significa?

    Que la causa probablemente está en el contexto escolar. Un niño que no se concentra en clase pero sí en casa suele tener un motivo ahí: no entiende la materia, hay ansiedad o un problema con compañeros, el curso es ruidoso o la exigencia no calza con su nivel.

    El TDAH, por definición, aparece en dos o más contextos (GPC TDAH, 2010, p. 60). Habla con el profesor y pide una evaluación psicopedagógica si sospechas dificultad de aprendizaje.

    ¿Cómo sé si mi hijo tiene TDAH o solo se distrae?

    Mira cuatro cosas: si pasa en todos los contextos, si lleva más de seis meses, si empezó antes de los 12 años y si le complica la vida más allá de las notas.

    Si las cuatro se cumplen, consulta con un profesional con experiencia en TDAH; el diagnóstico es clínico y ningún test online lo reemplaza. Si solo se cumple una o dos, revisa primero sueño, pantallas, ansiedad y comprensión de la materia.

    ¿Las pantallas causan falta de concentración en niños?

    Contribuyen, pero no lo explican todo. Los metaanálisis muestran una relación pequeña y consistente entre más tiempo de pantalla y más problemas de atención en niños (Nikkelen et al., 2014; Eirich et al., 2022), sin que quede clara la dirección causal. Lo que sí está claro es que una pantalla encendida al lado de la tarea gana siempre. Sácala de la mesa y de la hora previa.

    ¿Cuántas horas debe dormir un niño para concentrarse?

    Entre 9 y 12 horas por noche de los 6 a los 12 años, y entre 8 y 10 en la adolescencia, según el consenso de la Academia Americana de Medicina del Sueño (Paruthi et al., 2016).

    Dormir menos se asocia a peor rendimiento en las funciones que la tarea exige (Astill et al., 2012). Cuenta desde la hora real a la que se duerme, no desde la que se acuesta.

    ¿Con quién consulto si mi hijo no se concentra?

    Empieza por el pediatra o el médico del CESFAM, que descarta causas médicas y deriva. El diagnóstico de TDAH lo hace un neurólogo infantil, un psiquiatra infantil o un psicólogo clínico infantil con experiencia en el trastorno; la dificultad de aprendizaje la evalúa psicopedagogía, muchas veces desde el PIE del colegio. Lleva anotado cuánto duerme, en qué contextos pasa y qué dice el profesor.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

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    Referencias

    American Psychiatric Association. (2022). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, texto revisado (DSM-5-TR). American Psychiatric Publishing.

    Astill, R. G., Van der Heijden, K. B., Van IJzendoorn, M. H., & Van Someren, E. J. W. (2012). Sleep, cognition, and behavioral problems in school-age children: A century of research meta-analyzed. Psychological Bulletin, 138(6), 1109-1138. https://doi.org/10.1037/a0028204

    Betts, J., Mckay, J., Maruff, P., & Anderson, V. (2006). The development of sustained attention in children: The effect of age and task load. Child Neuropsychology, 12(3), 205-221. https://doi.org/10.1080/09297040500488522

    Delgado Villegas, Y., & Esparza Meza, E. M. (Coords.). (2017). Guía para padres de niños con TDAH: ¿Mi hijo tiene TDAH? Lo que los padres necesitan saber acerca del déficit de atención con hiperactividad. Facultad de Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México.

    Cortese, S., Faraone, S. V., Konofal, E., & Lecendreux, M. (2009). Sleep in children with attention-deficit/hyperactivity disorder: Meta-analysis of subjective and objective studies. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 48(9), 894-908. https://doi.org/10.1097/CHI.0b013e3181ac09c9

    de Greeff, J. W., Bosker, R. J., Oosterlaan, J., Visscher, C., & Hartman, E. (2018). Effects of physical activity on executive functions, attention and academic performance in preadolescent children: A meta-analysis. Journal of Science and Medicine in Sport, 21(5), 501-507. https://doi.org/10.1016/j.jsams.2017.09.595

    de la Barra, F. E., Vicente, B., Saldivia, S., & Melipillan, R. (2013). Epidemiology of ADHD in Chilean children and adolescents. ADHD Attention Deficit and Hyperactivity Disorders, 5(1), 1-8. https://doi.org/10.1007/s12402-012-0090-6

    DuPaul, G. J., Gormley, M. J., & Laracy, S. D. (2013). Comorbidity of LD and ADHD: Implications of DSM-5 for assessment and treatment. Journal of Learning Disabilities, 46(1), 43-51. https://doi.org/10.1177/0022219412464351

    Eirich, R., McArthur, B. A., Anhorn, C., McGuinness, C., Christakis, D. A., & Madigan, S. (2022). Association of screen time with internalizing and externalizing behavior problems in children 12 years or younger: A systematic review and meta-analysis. JAMA Psychiatry, 79(5), 393-405. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2022.0155

    Eysenck, M. W., Derakshan, N., Santos, R., & Calvo, M. G. (2007). Anxiety and cognitive performance: Attentional control theory. Emotion, 7(2), 336-353. https://doi.org/10.1037/1528-3542.7.2.336

    Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en Niños y Adolescentes. (2010). Guía de Práctica Clínica sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en Niños y Adolescentes (Guías de Práctica Clínica en el SNS: AATRM N.º 2007/18). Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad; Agència d’Informació, Avaluació i Qualitat en Salut. https://portal.guiasalud.es/wp-content/uploads/2018/12/GPC_477_TDAH_AIAQS_compl.pdf

    Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre las Intervenciones Terapéuticas en el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). (2017). Guía de Práctica Clínica sobre las Intervenciones Terapéuticas en el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad; Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud. https://portal.guiasalud.es/wp-content/uploads/2018/12/GPC_574_TDAH_IACS_compl.pdf

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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