Etiqueta: factor g

  • Las inteligencias múltiples de Gardner: qué dice la evidencia

    Las inteligencias múltiples de Gardner: qué dice la evidencia

    Quizá escuchaste esta frase en una reunión de apoderados o en una capacitación docente, o la dijiste tú mismo sobre tu hijo: “no es malo para las matemáticas, es que tiene otro tipo de inteligencia”.

    Esa idea lleva más de cuarenta años circulando en la educación: la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner. Es intuitiva, es amable y le da a cada persona un lugar donde destacar.

    El problema es que gran parte de la psicología científica no la sostiene de la forma en que se enseña, y conviene que lo sepas antes de usarla para explicar el rendimiento de tu hijo.

    Esto no significa que la teoría sea inútil ni que haya que tirarla a la basura. Significa que conviene separar dos cosas que se mezclan todo el tiempo: lo que Gardner propuso como modelo de la mente y lo que la evidencia psicométrica, con décadas de estudios factoriales a cuestas, terminó mostrando.

    Acá se revisa cada parte por separado, con la misma vara crítica que se usaría con el MBTI o con los estilos de aprendizaje.

    En breve

    • La teoría de las inteligencias múltiples de Gardner (1983) no tiene el respaldo empírico que le atribuye la cultura popular.
    • Los análisis factoriales muestran que las habilidades cognitivas covarían entre sí en un patrón estable (el factor g).
    • Buena parte de la comunidad de psicometría la describe como una postura filosófica sobre qué merece llamarse “inteligencia”, más que como un modelo científico puesto a prueba.
    • Aun así, la idea de que los talentos no académicos importan para la vida sigue teniendo peso, solo que por otro camino.

    ¿Qué son las inteligencias múltiples de Gardner y cuáles son?

    Howard Gardner, psicólogo del desarrollo de la Universidad de Harvard, planteó en Frames of Mind (1983) que la inteligencia se compone de ocho capacidades relativamente autónomas entre sí (más tarde discutió una novena), en lugar de tratarse de una capacidad única y general.

    Quien busca “tipos de inteligencia Gardner” casi siempre encuentra el mismo listado de ocho categorías, repetido sin mayor análisis: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal-cinestésica, interpersonal, intrapersonal y naturalista.

    Cada una, según la propuesta original, tendría su propio sustrato en el cerebro y se desarrollaría de forma independiente de las demás: alguien podría ser excepcional en música y mediocre en matemáticas sin que eso diga nada de su “inteligencia general”, porque para Gardner esa categoría global no existiría como tal.

    La propuesta nació, en parte, como una crítica a los test de coeficiente intelectual tradicionales (puedes revisar qué mide realmente uno de esos test y cómo se interpreta un informe de CI), que Gardner consideraba demasiado estrechos: medían sobre todo razonamiento verbal y lógico-matemático, y dejaban fuera talentos tan reales como el musical o el corporal.

    En eso tenía un punto válido. El desacuerdo de fondo llegó después, cuando se intentó comprobar si esas “inteligencias” eran de verdad independientes.

    ¿Qué dice la evidencia científica sobre la teoría de Gardner?

    La evidencia psicométrica apunta justo en la dirección contraria a la que propuso Gardner: las habilidades cognitivas covarían entre sí en un patrón estable, en vez de funcionar como compartimentos separados.

    El fenómeno se llama “positive manifold” (solapamiento positivo) y es uno de los hallazgos más replicados de toda la psicología: quien rinde por sobre el promedio en una tarea cognitiva (razonamiento verbal, por ejemplo) tiende a rendir también por sobre el promedio en otras, aunque sean de un dominio distinto (razonamiento espacial, memoria de trabajo).

    El modelo de tres estratos (CHC)

    John Carroll reanalizó esta covariación en una obra monumental, Human Cognitive Abilities (1993), que revisó 461 estudios factoriales con más de 130.000 personas.

    El resultado fue un modelo de tres estratos: en la base, decenas de habilidades específicas y delimitadas; en un nivel intermedio, ocho dimensiones amplias (razonamiento fluido, conocimiento cristalizado, memoria, velocidad de procesamiento, entre otras); y en la cúspide, un único factor de inteligencia general, conocido como g, que resume el rendimiento en todas las anteriores.

    Ese modelo (hoy conocido como Cattell-Horn-Carroll, o CHC) es, según Rogelio Colom (2013), el que de verdad explica los datos. Colom cita una crítica directa a Gardner escrita por el psicólogo Earl Hunt:

    “El influyente libro de Howard Gardner de 1983, Frames of Mind, incluye la propuesta de que talentos para expresarse corporalmente como el ballet deben ser considerados como una parte de la inteligencia. Virtualmente todos los psicómetras de la actualidad están en desacuerdo. Este debate es un argumento humanista sobre el concepto de inteligencia, no un argumento científico sobre la organización sistemática de datos registrados objetivamente” (Hunt, 1997, como se citó en Colom, 2013, p. 194).

    Dicho de otro modo: llamar “inteligencia” a un talento motriz o musical es una decisión sobre el lenguaje, no un hallazgo de laboratorio. La propuesta de Gardner, para esta corriente, carece de una definición operativa que se pueda medir y contrastar, y rechaza los datos del solapamiento positivo sin ofrecer una alternativa empírica que lo reemplace.

    ¿Cuáles son las críticas a las inteligencias múltiples de Gardner?

    Las críticas a las inteligencias múltiples van más allá de un desacuerdo académico menor: un número creciente de investigadores las clasifica directamente como un neuromito, una idea sobre el cerebro que circula ampliamente en educación sin sustento neurocientífico.

    La psicóloga Lynn Waterhouse, en una revisión publicada en 2023, plantea tres razones concretas: nunca se buscó directamente evidencia cerebral de que existan ocho módulos separados dedicados a cada “inteligencia”; los estudios factoriales (los mismos de Carroll) no muestran que esas capacidades sean independientes; y los programas educativos que dicen basarse en la teoría casi nunca se evaluaron con métodos científicos que descarten explicaciones alternativas de sus resultados.

    Cuatro décadas de neurociencia, agrega Waterhouse, muestran un cerebro mucho más interconectado de lo que la teoría exigiría.

    El Proyecto Spectrum, y el mismo problema en “estilos de aprendizaje”

    El caso más claro de esa falta de evidencia aparece, paradójicamente, en la fuente que debería mostrarla: el Proyecto Spectrum, el programa educativo que Gardner diseñó junto a David Henry Feldman y Mara Krechevsky para aplicar su teoría en preescolar y primeros años de primaria.

    El manual oficial que describe el programa (Barrera Dabrio et al., 2008) detalla el enfoque curricular, los materiales y las hojas de observación por inteligencia, pero en ningún punto reporta un estudio controlado, una cifra de ganancia de aprendizaje ni ningún dato de resultado. Describe cómo aplicarlo, no si funciona.

    Hay un paralelo que ayuda a ubicar el problema: el de los “estilos de aprendizaje” (la idea de que cada persona aprende mejor si el contenido se adapta a su estilo visual, auditivo o kinestésico), otra teoría popular en formación docente que tampoco resiste la evidencia.

    Alexander Attwood (2022), en un análisis publicado en Frontiers in Psychology, ubica a ambas teorías en la misma categoría: ideas atractivas para enseñar que terminan ocupando el lugar de otras con más respaldo, como el Diseño Universal para el Aprendizaje.

    Que quede claro: el debate sigue abierto en las revistas científicas, no es un asunto zanjado hace años. Un comentario de 2021 publicado por Lucile Rousseau responde directamente a una defensa de Gardner de 2020, lo que confirma que la discusión sigue activa entre especialistas y no es un debate marginal ni cerrado.

    ¿Hay algo que sí se sostiene de la teoría de Gardner?

    No todo lo que propuso Gardner quedó descartado: un metaanálisis reciente encontró que las habilidades centradas en las personas sí se distinguen, psicométricamente, de las habilidades centradas en objetos y razonamiento.

    Valerie Bryan y John Mayer revisaron 87 estudios con 2.322 tamaños de efecto y hallaron que capacidades como la inteligencia emocional o social se separan de las espaciales o cuantitativas, pero esa distinción vive dentro del mismo modelo jerárquico CHC que describe Carroll, con g en la cúspide.

    Es una versión mucho más modesta de lo que Gardner planteó: no ocho inteligencias, sino dos grandes agrupaciones dentro de una misma estructura general.

    Desde el lado que defiende a Gardner, Branton Shearer (2018) propone, en una revisión de más de 500 estudios de neurociencia, que g y las inteligencias múltiples podrían integrarse en un marco común, del que extrae principios para una enseñanza más personalizada.

    Vale la pena leerla con un matiz: Shearer está afiliado al desarrollo de instrumentos comerciales de evaluación de inteligencias múltiples, así que su propuesta funciona más como una interpretación a favor que como una validación independiente.

    ¿Qué queda, entonces? Que las personas tienen talentos distintos no está en discusión: eso lo sabe cualquiera que haya visto a un compañero de curso resolver ecuaciones sin esfuerzo y a otro, sin ningún interés en los números, componer música desde los ocho años.

    Lo que no se sostiene es la parte fuerte de la teoría: que esos talentos sean “inteligencias” independientes entre sí, con una base biológica separada y sin relación con ningún factor general.

    ¿Entonces sirve usar las inteligencias múltiples en el colegio?

    Depende de qué se espere de ella. Como marco para que un profesor varíe sus actividades (que una clase no sea solo leer y escribir, sino también construir, dibujar o moverse) puede ser una herramienta pedagógica razonable, igual que cualquier estrategia que diversifique la enseñanza.

    Como diagnóstico (“este niño es inteligencia espacial, no lógico-matemática”) pierde pie rápido: no hay un test validado que mida esas ocho inteligencias de forma confiable, y encasillar a un estudiante en una sola categoría puede terminar limitando lo que se espera de él en las demás áreas.

    ¿Alguna vez le dijiste a tu hijo que “simplemente no es bueno” para una materia, en vez de revisar qué hay detrás de eso? Esto importa especialmente si le cuesta de verdad.

    Atribuir un bajo rendimiento en matemáticas a “es que tiene otro tipo de inteligencia” puede, sin querer, postergar una evaluación que sí tiene respaldo (si quieres entender cómo se mide y qué hacer frente a eso, acá hay una guía sobre cómo identificar las dificultades de aprendizaje).

    La etiqueta de “inteligencia distinta” suena más amable, pero no reemplaza una evaluación psicopedagógica cuando el problema lo amerita.

    ¿Qué dice esto sobre cómo se evalúa la inteligencia de verdad?

    La evaluación psicológica seria de la inteligencia no se parece a un cuestionario que te dice “eres más inteligencia musical que lógica”. Se parece más a una batería de pruebas estandarizadas, como el WISC o el WAIS, que entregan un perfil de índices (comprensión verbal, razonamiento perceptivo, memoria de trabajo, velocidad de procesamiento).

    Ese perfil entrega un puntaje compuesto que se interpreta siempre junto a su intervalo de confianza, nunca como un número aislado.

    Deary, Cox y Hill (2022), en una revisión sobre diferencias individuales en inteligencia, resumen que esa estructura jerárquica está bien replicada, es razonablemente estable a lo largo de la vida y predice, en conjunto, resultados educativos, sociales y de salud mejor que cualquier etiqueta de “tipo de inteligencia” aislada.

    ¿Alguna vez hiciste uno de esos test de “inteligencias múltiples” online y sentiste que el resultado no te decía nada útil? Si lo que buscas es algo más orientativo y sin la carga de un informe clínico, también existe un test de inteligencia gratuito y orientativo construido sobre un banco de ítems validado, con su propia explicación de qué mide y qué no.

    La diferencia con un test de “inteligencias múltiples” no es menor: ahí sí hay norma, puntaje y validación detrás del resultado.

    Cuando el objetivo es diagnóstico (evaluar una posible discapacidad intelectual, confirmar altas capacidades o entender por qué el rendimiento escolar no calza con el esfuerzo que hace un niño), lo que corresponde es una evaluación psicológica completa con un profesional, no un cuestionario de autoinforme sobre inteligencias múltiples.

    Ahí es donde un psicólogo puede ayudar a distinguir qué hay detrás de un resultado que te preocupa.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuáles son los 8 tipos de inteligencia de Gardner?

    Gardner propuso ocho: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal-cinestésica, interpersonal, intrapersonal y naturalista. Más adelante discutió una novena, la existencial, sin llegar a incluirla formalmente en el modelo. Cada una se presentó como relativamente independiente de las demás.

    ¿La teoría de las inteligencias múltiples tiene respaldo científico?

    No en su forma fuerte. Los estudios factoriales muestran que las habilidades cognitivas covarían entre sí (el factor g), en vez de funcionar como ocho capacidades separadas. Gran parte de la comunidad de psicometría la considera una postura pedagógica más que un modelo psicológico comprobado.

    ¿Por qué se dice que las inteligencias múltiples son un “neuromito”?

    Porque nunca se encontró evidencia cerebral de ocho módulos cognitivos separados, los programas que la aplican rara vez se evalúan con rigor científico, y la neurociencia muestra un cerebro mucho más interconectado de lo que la teoría asume. El debate académico sobre esa etiqueta sigue abierto.

    ¿Sirve aplicar la teoría de Gardner en el aula?

    Como estrategia para diversificar actividades de enseñanza, puede aportar. Como diagnóstico para encasillar a un estudiante en un solo “tipo de inteligencia”, no: no existe un test validado que mida esas ocho dimensiones de forma confiable, y puede terminar justificando menos esfuerzo en áreas donde sí se puede avanzar.

    ¿Qué diferencia hay entre inteligencias múltiples y estilos de aprendizaje?

    Son teorías distintas, pero comparten el mismo problema: popularidad en educación sin evidencia sólida que las respalde. Los estilos de aprendizaje proponen que cada persona aprende mejor según un canal (visual, auditivo, kinestésico); la evidencia tampoco confirma que adaptar la enseñanza a ese canal mejore el aprendizaje.

    ¿Qué dicen los psicólogos sobre el factor g frente a las inteligencias múltiples?

    Que el factor g (una capacidad general que explica el solapamiento entre distintas habilidades cognitivas) tiene décadas de respaldo factorial y predictivo, mientras que las ocho inteligencias independientes de Gardner no se han podido demostrar como dimensiones separadas entre sí.

    Lo que conviene quedarse de todo esto

    La teoría de Gardner acertó en algo: que la inteligencia académica tradicional no agota todos los talentos que importan en la vida de una persona. Eso quedó, incluso, confirmado de forma más modesta por la evidencia reciente que distingue habilidades centradas en las personas de las centradas en objetos.

    Lo que no logró sostener es la parte más ambiciosa: que existan ocho inteligencias biológicamente independientes, cada una con su propio territorio en el cerebro. Para eso, la psicometría sigue apuntando a un modelo jerárquico con un factor general en la cúspide, no a ocho islas separadas.

    ¿Y si lo que de verdad te inquieta no es qué “tipo” de inteligencia tiene tu hijo, sino por qué le cuesta tanto una materia puntual? Es normal que esa duda se mezcle con la otra: la etiqueta amable a veces tapa la pregunta más incómoda.

    Si lo que te preocupa es el rendimiento escolar de tu hijo, una dificultad de aprendizaje que no termina de identificarse o una duda sobre tu propio perfil cognitivo, una conversación con un psicólogo puede ordenar mucho más que cualquier cuestionario de inteligencias múltiples.

    Agenda una consulta si quieres revisarlo con una evaluación de verdad, hecha a tu medida.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Attwood, A. I. (2022). A conceptual analysis of the semantic use of multiple intelligences theory and implications for teacher education. Frontiers in Psychology, 13, 920851. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2022.920851

    Barrera Dabrio, Á., Durán Delgado, R., González Japón, J., & Reina Reina, C. L. (2008). Manual de atención al alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo por presentar altas capacidades intelectuales. Junta de Andalucía, Consejería de Educación.

    Bryan, V. M., & Mayer, J. D. (2021). Are people-centered intelligences psychometrically distinct from thing-centered intelligences? A meta-analysis. Journal of Intelligence, 9, 48. https://doi.org/10.3390/jintelligence9040048

    Carroll, J. B. (1993). Human cognitive abilities: A survey of factor-analytic studies. Cambridge University Press.

    Colom, R. (2013). Psicología de las diferencias individuales: teoría y práctica. Pirámide.

    Deary, I. J., Cox, S. R., & Hill, W. D. (2022). Genetic variation, brain, and intelligence differences. Molecular Psychiatry, 27, 335-353. https://doi.org/10.1038/s41380-021-01027-y

    Gardner, H. (1983). Frames of mind: The theory of multiple intelligences. Basic Books.

    Rousseau, L. (2021). “Neuromyths” and multiple intelligences (MI) theory: A comment on Gardner, 2020. Frontiers in Psychology, 12, 720706. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.720706

    Shearer, B. (2018). Multiple intelligences in teaching and education: Lessons learned from neuroscience. Journal of Intelligence, 6, 38. https://doi.org/10.3390/jintelligence6030038

    Waterhouse, L. (2023). Why multiple intelligences theory is a neuromyth. Frontiers in Psychology, 14, 1217288. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2023.1217288

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta