Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico
La tristeza que no cede, el cansancio que no mejora aunque descanses, ese vacío extraño que convierte en indiferente lo que antes te importaba… en algún punto eso deja de ser “una mala racha” y empieza a ser otra cosa.
¿Cuándo exactamente? Esa es la pregunta que responde la evaluación clínica de la depresión. Y no viene de un cuestionario en internet: viene de un proceso estructurado que combina conversación, criterios diagnósticos y herramientas psicométricas validadas.
Al final de este artículo encontrarás el PHQ-9, la escala de cribado con más respaldo científico a nivel mundial. Tarda menos de tres minutos y te da una orientación clara sobre tus síntomas actuales. Pero antes de llegar ahí, vale entender qué busca el clínico cuando te evalúa: ese contexto hace que el resultado sea mucho más útil.
TL;DR: Evaluar la depresión requiere entrevista clínica, criterios del DSM-5 (5 de 9 síntomas durante al menos 2 semanas con deterioro funcional) y escalas psicométricas como el PHQ-9. Las escalas orient an; el diagnóstico lo hace un profesional. Con punto de corte de 10 puntos, el PHQ-9 detecta correctamente el 85% de los casos de depresión mayor.
Evaluar la depresión: un proceso clínico, no un cuestionario
Cuando alguien llega a consulta con la sospecha de estar deprimido, lo que el clínico tiene delante no es un dato sino una hipótesis. Y una hipótesis hay que verificarla.
La evaluación clínica de la depresión combina tres cosas: entrevista en profundidad, criterios diagnósticos del DSM-5, y escalas psicométricas validadas para cuantificar la gravedad. Ninguna de las tres funciona bien sola.
Un cuestionario sin entrevista da un número, pero no puede distinguir depresión de duelo, hipotiroidismo o agotamiento por privación de sueño. La entrevista sin escalas deja el seguimiento a la memoria del clínico. Y los criterios del DSM-5 sin contexto clínico se convierten en una lista de cotejo que no refleja la complejidad de una persona.
[EXPERIENCIA: En consulta es habitual recibir personas que llevan meses con síntomas porque “no creen que sea para tanto”. La evaluación no sirve para confirmar lo peor; sirve para poner nombre exacto a lo que ocurre y decidir qué tipo de ayuda tiene sentido.]
La entrevista clínica: lo que el psicólogo explora contigo
La entrevista de evaluación tiene estructura, aunque desde afuera no lo parezca. El clínico escucha, pero al mismo tiempo organiza lo que escucha en torno a áreas concretas.
Síntomas actuales: cuáles están presentes, desde cuándo y con qué intensidad. No basta saber que hay tristeza: importa si aparece solo por las mañanas, si varía o es constante, si tiene detonante o surgió sin causa aparente.
Historia del episodio: si el cambio fue gradual o abrupto, qué duración lleva.
Antecedentes: episodios previos de depresión o manía, tratamientos recibidos y cómo respondió el paciente a cada uno.
Historia familiar: la depresión tiene una heredabilidad de aproximadamente el 40%, con mayor riesgo en familiares de primer grado (American Psychiatric Association, 2022). Los antecedentes familiares ayudan a entender la vulnerabilidad y orient an el diagnóstico diferencial con trastorno bipolar.
Funcionamiento cotidiano: cómo están el trabajo o los estudios, las relaciones, el autocuidado, el sueño, la alimentación.
Suicidalidad: siempre se evalúa, aunque la persona no lo haya mencionado. No con alarma, sino con calma y de frente. Preguntar no planta la idea; para quien lo pensaba en silencio, suele ser un alivio que alguien lo nombre.
Descarte médico: el hipotiroidismo, la anemia, la apnea del sueño y ciertas enfermedades autoinmunes pueden imitar la depresión con fidelidad. Se descartan con una analítica básica antes de asumir origen psicológico.
Los criterios del DSM-5: qué cuenta como depresión mayor
Para diagnosticar un episodio depresivo mayor, el DSM-5 exige que estén presentes 5 o más de los siguientes 9 síntomas durante al menos 2 semanas, e incluir al menos uno de los dos primeros:
- Ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días
- Disminución marcada del interés o placer en actividades (anhedonia)
- Pérdida o aumento significativo de peso, o cambios en el apetito
- Insomnio o hipersomnia
- Agitación o enlentecimiento psicomotor observable por otros
- Fatiga o pérdida de energía
- Sentimientos de inutilidad o culpa excesiva e inapropiada
- Dificultad para concentrarse o tomar decisiones
- Pensamientos recurrentes de muerte o ideación suicida
Además, los síntomas deben causar deterioro significativo en el funcionamiento (laboral, social o personal) y no pueden explicarse por sustancias, una condición médica, o un duelo sin complicaciones.
¿Por qué el umbral de dos semanas? Porque la tristeza reactiva normal cede antes. Un estado que se extiende más de dos semanas, casi todos los días, y que afecta cómo funciona la persona, ya no es una respuesta emocional adaptativa: es un cuadro que necesita atención.
[EXPERIENCIA: Muchas personas cumplen los criterios hace meses sin saberlo, porque normalizaron los síntomas o los atribuyeron al trabajo, la edad o la crianza. La evaluación devuelve perspectiva.]
El modelo cognitivo de Beck: por qué el clínico pregunta lo que pregunta
Cuando el psicólogo te pregunta qué piensas de ti mismo cuando cometes un error, o cómo ves tu futuro, no lo hace por curiosidad. Está buscando un patrón.
El modelo cognitivo de Aaron Beck, el marco teórico más respaldado empíricamente para entender y tratar la depresión, plantea que el estado depresivo se sostiene en tres patrones de pensamiento que se refuerzan entre sí. Beck los llama la tríada cognitiva (Beck, Rush, Shaw & Emery, 2024):
Visión negativa de uno mismo: la persona se percibe como deficiente, inadecuada o no querida. Cada error confirma el mismo mensaje: “el problema soy yo”.
Visión negativa del mundo: el entorno se percibe como hostil o sin recompensa. Cualquier obstáculo parece insuperable. Las situaciones neutras se leen como amenazas.
Visión negativa del futuro: la anticipación de que las cosas no van a mejorar. Beck llama a esto desesperanza, y es el predictor más sólido de riesgo suicida.
Debajo de esa tríada hay esquemas depresiogenos: estructuras cognitivas que pueden estar latentes durante años y que se activan cuando aparece un estresor que encaja con su contenido (pérdida, fracaso, abandono). Esto explica por qué dos personas enfrentan el mismo evento difícil y solo una se deprime: depende de qué esquemas tiene activos cada una (Beck et al., 2024).
El clínico también identifica las distorsiones cognitivas más frecuentes: pensamiento dicotómico (“o perfecto o soy un fracasado”), sobregeneralización (“nunca me sale nada”), razonamiento emocional (“me siento inútil, entonces lo soy”), catastrofismo, personalización. Reconocerlas no es solo diagnóstico; es el punto de partida del tratamiento.
Las escalas de evaluación: qué miden y por qué importan
Las escalas psicométricas cumplen dos funciones en la evaluación de la depresión: cuantifican la gravedad del cuadro al inicio y permiten comparar cómo evoluciona con el tiempo. Son datos objetivos que complementan la entrevista, nunca la reemplazan.
Hay dos grandes tipos:
Heteroaplicadas (las aplica el clínico tras observación directa):
- Hamilton Rating Scale for Depression (HRSD): 17 ítems, evalúa síntomas vegetativos y cognitivos. Sigue siendo el estándar en ensayos clínicos de antidepresivos y requiere entrenamiento para aplicarse con fiabilidad.
- Montgomery Asberg Depression Rating Scale (MADRS): 10 ítems, más sensible al cambio que la Hamilton. La preferida para monitorear respuesta al tratamiento.
Autoaplicadas (las completa el propio paciente):
- Inventario de Depresión de Beck (BDI-II): 21 ítems, construido desde el modelo cognitivo. Validado en múltiples culturas y lenguas.
- PHQ-9: 9 ítems, basado en los 9 criterios del DSM-5. Hoy es la herramienta de cribado más utilizada en atención primaria y consulta ambulatoria de salud mental.
El PHQ-9: la escala de cribado con más respaldo (y lo que puede y no puede hacer)
El PHQ-9 fue desarrollado por Kroenke, Spitzer y Williams (2001) y en dos décadas se convirtió en el instrumento de cribado de depresión más utilizado en el mundo. La razón es su precisión demostrada.
Un met aanalísis de 47 estudios con 11,234 participantes encontró que el PHQ-9 con punto de corte de 10 puntos tiene una sensibilidad del 85% y una especificidad del 85% cuando se compara con entrevistas diagnósticas estructuradas (O’Connor et al., 2023). En términos concretos: de cada 100 personas con depresión mayor, identifica correctamente 85. Y de cada 100 sin depresión, descarta con acierto 85.
Para una valoración inicial más rápida, algunos clínicos usan primero las dos preguntas de Whooley (o PHQ-2) como filtro: son más sensibles (91%) pero menos específicas (67%), así que funcionan para decidir quién necesita la evaluación completa. Según un met aanalísis en JAMA, usar el PHQ-2 primero reduce en un 57% el número de personas que deben completar el PHQ-9 completo, sin perder precisión (Levis et al., 2020).
Los programas que incluyen cribado sistemático con PHQ-9 tienen un OR de 1.58 para lograr remisión a los 6 meses comparados con atención sin cribado (O’Connor et al., 2023). No es solo detectar; es que detectar a tiempo cambia el pronóstico.
Lo que el PHQ-9 no puede hacer: diagnosticar. El diagnóstico requiere entrevista clínica, historia y criterio profesional. La escala orienta y cuantifica; el diagnóstico lo hace una persona.
¿Quieres ver dónde estás ahora mismo? Tómate tres minutos:
Test PHQ-9: Cuestionario de Salud del Paciente
Durante las ultimas 2 semanas, con que frecuencia te han molestado los siguientes problemas?
¿Qué distingue la depresión clínica de la tristeza normal?
Tristeza y depresión comparten superficie, pero tienen raíces distintas.
La tristeza normal es reactiva: aparece ante una pérdida o decepc ión real, es proporcional a lo que ocurrió y cede con el tiempo. Siguen existiendo momentos de alivio; uno puede sentirse bien en ciertas situaciones, y el funcionamiento cotidiano no se derrumba.
La depresión clínica persiste. El ánimo bajo no cede aunque cambien las circunstancias. La anhedonia abarca actividades que antes importaban. La fatiga y la dificultad para concentrarse afectan el trabajo, las relaciones y el autocuidado, semana tras semana.
El duelo merece un párrafo aparte. Llorar la pérdida de alguien es sano y necesario; el dolor ante una pérdida no es, por sí solo, depresión. Pero cuando el cuadro incluye sentimientos persistentes de inutilidad, incapacidad para funcionar que no cede o ideación suicida, el clínico empieza a considerar que un episodio depresivo mayor se superpone al duelo, no que es duelo solo.
Diagnóstico diferencial: lo que el clínico descarta antes de concluir
Antes de cerrar el diagnóstico en depresión mayor, el clínico construye un diagnóstico diferencial. No todo lo que se parece a depresión es depresión mayor.
Trastorno depresivo persistente (distimia): ánimo deprimido crónico durante al menos 2 años, con síntomas menos intensos pero que acompañan al paciente de fondo. Muchas personas con distimia no la reconocen como un trastorno porque “siempre fue así”.
Trastorno bipolar: si hay historial de episodios maniácos o hipomaniácos, el diagnóstico cambia completamente y el tratamiento también. Recetar antidepresivos sin estabilizadores a alguien con bipolar puede precipitar una manía.
Ansiedad comórbida: más del 50% de las personas con depresión mayor tienen ansiedad clínicamente significativa al mismo tiempo (Park & Zarate, 2019). Es la comorbilidad más frecuente, y cuando está presente predice mayor resistencia al tratamiento.
Condiciones médicas: hipotiroidismo, anemia, apnea del sueño, enfermedades autoinmunes y ciertos medicamentos (betabloqueantes, corticoides) pueden producir síntomas depresivos. Se descartan con una analítica básica antes de asumir origen psicológico puro.
Abuso de sustancias: el alcohol puede tanto causar síntomas depresivos como ser usado para aliviarlos. La dirección de la causalidad cambia el abordaje terapéutico.
¿Qué predice que la depresión evolucione de forma más grave?
No todos los episodios depresivos tienen el mismo curso. Algunos se resuelven con tratamiento en pocos meses; otros tienden a cronificarse o a recurrir.
Un seguimiento de 4 años encontró que el 27.8% de las personas con depresión no crónica al inicio desarrollaron un cuadro crónico, mientras que el 53% de quienes ya tenían depresión crónica seguían siéndolo 4 años después (Boschloo et al., 2014).
Cuatro factores predicen de forma independiente una peor evolución a los 3-4 meses: mayor duración de los síntomas de ansiedad, mayor duración de la depresión antes del tratamiento, presencia de trastorno de pánico comórbido, e historia de tratamientos antidepresivos previos sin respuesta. Incorporar estos factores mejora la predicción de resultados del 16% al 27% de varianza explicada (Buckman et al., 2021).
Y para las recaídas, el mayor predictor son los síntomas residuales: quien termina el tratamiento con síntomas que “casi no se notan” recae con mucha más frecuencia que quien llega a remisión completa (Moriarty et al., 2021).
Cuándo buscar evaluación profesional
Más del 50% de los suicidios se asocian con un diagnóstico de depresión, en gran parte porque los casos no se detectan ni se tratan (Park & Zarate, 2019). El cribado temprano no es alarmismo; es una de las medidas con mayor respaldo para reducir ese riesgo. No hay que esperar a tocar fondo.
Consulta si llevas dos semanas o más con alguno de estos:
- Estado de ánimo bajo casi todos los días, sin que cambie mucho aunque cambien las circunstancias
- Pérdida de interés o placer en cosas que antes importaban
- Fatiga que no mejora con el descanso
- Dificultad para concentrarte o tomar decisiones sencillas
- Cambios en el sueño o el apetito sin causa clara
- Pensamientos de que nada tiene sentido o de hacerte daño
Si tu resultado en el PHQ-9 fue de 10 o más, eso es una señal concreta de que la evaluación vale la pena. No para confirmar lo peor, sino para saber qué está pasando y qué puede ayudar.
Preguntas frecuentes
¿Un test online puede diagnosticarme la depresión?
No. Los tests online, incluido el PHQ-9, son herramientas de cribado: miden la probabilidad de que haya un cuadro depresivo, pero no hacen diagnóstico. El diagnóstico requiere entrevista clínica, historia, descarte diferencial y criterio profesional. Un resultado de 10 o más en el PHQ-9 es una señal para consultar, no una conclusión.
¿Cuánto tiempo tarda una evaluación psicológica de la depresión?
La evaluación inicial suele requerir entre 1 y 3 sesiones de 50-60 minutos. En casos más complejos (comorbilidades, episodios múltiples, dudas en el diagnóstico diferencial o riesgo suicida significativo) puede extenderse antes de llegar a conclusiones firmes.
¿El PHQ-9 y el inventario de Beck miden lo mismo?
Miden el mismo constructo (síntomas depresivos) pero desde ángulos distintos. El PHQ-9 tiene 9 ítems basados en los criterios DSM-5 y es práctico para cribado rápido. El BDI-II tiene 21 ítems construidos desde el modelo cognitivo de Beck, por lo que es más profundo y útil para planificar el tratamiento.
¿Es posible tener depresión sin sentir tristeza?
Sí. En muchas personas, sobre todo en hombres y en adultos mayores, la depresión se presenta como irritabilidad, vacío emocional, fatiga crónica o incapacidad para sentir algo, sin llanto visible. Este patrón retrasa el diagnóstico porque no se parece al estereotipo. La anhedonia (pérdida de interés y placer) es tan criterio central del DSM-5 como el ánimo deprimido.
¿La depresión tiene tratamiento efectivo?
Sí. La combinación de psicoterapia (especialmente terapia cognitivo-conductual) con medicación, cuando está indicada, tiene tasas de respuesta superiores al 60%. Algunas personas experimentan recaídas a lo largo de su vida, pero la gran mayoría puede llevar una vida plena y funcional con el apoyo adecuado.
Dar el paso no es confirmar lo peor
Evaluar la depresión es un proceso clínico con pasos definidos y herramientas validadas. No es intuición ni “sentir que algo está mal”: es un método que puede decirte si tienes un cuadro depresivo, qué tan intenso es y qué tipo de ayuda tiene más sentido.
Si tu puntuación en el PHQ-9 fue de 10 o más, o algo de lo que leíste en este artículo te resonó, esa es razón suficiente para consultar. No para confirmar lo peor, sino para entender qué está pasando y empezar a cambiar algo.
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Escrito por Nicolás Alcayaga
Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) · Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud)
Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.
Referencias
American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). American Psychiatric Publishing.
Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., & Emery, G. (2024). Cognitive therapy of depression (2nd ed.). Guilford Publications.
Boschloo, L., Schoevers, R. A., Beekman, A. T., Smit, J. H., van den Brink, W., & Penninx, B. W. J. H. (2014). The four-year course of major depressive disorder: The role of staging and risk factor determination. Psychotherapy and Psychosomatics, 83(5), 279–288.
Buckman, J. E. J., Saunders, R., Cohen, Z. D., et al. (2021). The contribution of depressive ‘disorder characteristics’ to determinations of prognosis for adults with depression: An individual patient data meta-analysis. Psychological Medicine, 51(15), 2619–2628.
Kroenke, K., Spitzer, R. L., & Williams, J. B. W. (2001). The PHQ-9: Validity of a brief depression severity measure. Journal of General Internal Medicine, 16(9), 606–613. https://doi.org/10.1046/j.1525-1497.2001.016009606.x
Levis, B., Sun, Y., He, C., et al. (2020). Accuracy of the PHQ-2 alone and in combination with the PHQ-9 for screening to detect major depression: Systematic review and meta-analysis. JAMA, 323(22), 2290–2300.
Moriarty, A. S., Meader, N., Snell, K. I. E., et al. (2021). Prognostic models for predicting relapse or recurrence of major depressive disorder in adults. Cochrane Database of Systematic Reviews, (5).
Negeri, Z. F., Levis, B., Sun, Y., et al. (2021). Accuracy of the Patient Health Questionnaire-9 for screening to detect major depression: Updated systematic review and individual participant data meta-analysis. BMJ, 375, n2183. https://doi.org/10.1136/bmj.n2183
O’Connor, E. A., Perdue, L. A., Coppola, E. L., et al. (2023). Depression and suicide risk screening: Updated evidence report and systematic review for the US Preventive Services Task Force. JAMA, 329(23), 2068–2085. https://doi.org/10.1001/jama.2023.7787
Park, L. T., & Zarate, C. A. (2019). Depression in the primary care setting. New England Journal of Medicine, 380(6), 559–568. https://doi.org/10.1056/nejmcp1712493
Ruiz, M. A., Díaz, M. I., & Villalobos, A. (2012). Manual de técnicas de intervención cognitivo conductuales. Desclée De Brouwer.
Nicolás Alcayaga
Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →
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