Si tener relaciones te duele, no es algo que haya que aguantar hasta que pase solo. Tampoco es raro: una encuesta británica con más de 6.600 mujeres sexualmente activas encontró que 7,5 % había tenido dolor al tener sexo durante tres meses o más en el último año. Y casi siempre tiene explicación y tratamiento, aunque el camino suele pasar por más de un profesional.
Este artículo ordena lo que se sabe: qué diferencia al vaginismo de la dispareunia, por qué el dolor en las relaciones sexuales de una mujer puede tener causas médicas y psicológicas a la vez, qué ocurre con el dolor en las relaciones sexuales después del parto y qué tratamientos tienen estudios detrás. También dice dónde la evidencia es floja, que en este tema es más a menudo de lo que quisiéramos.
Respuesta corta
El dolor al tener relaciones se llama dispareunia cuando duele durante o después del coito, y vaginismo cuando el miedo y la tensión del suelo pélvico impiden o dificultan la penetración. Las causas son médicas (infecciones, cambios hormonales, cicatrices, endometriosis), psicológicas y de pareja, y suelen sumarse. Lo primero es una evaluación ginecológica. Después, la terapia cognitivo-conductual, el mindfulness y la fisioterapia del suelo pélvico tienen respaldo en ensayos clínicos.
¿Qué es el dolor en las relaciones sexuales y cuál es su término médico?
El dolor sexual tiene dos nombres clásicos y uno actual. Dispareunia es el dolor genital o pélvico durante el coito, ya sea en la entrada de la vagina o más profundo. Vaginismo es la dificultad marcada para la penetración (pareja, tampón o examen ginecológico) por miedo al dolor y tensión de los músculos del suelo pélvico. Desde el DSM-5, ambos se agrupan en el trastorno de dolor genito-pélvico/penetración.
Para ese diagnóstico, según el manual de terapia sexual de Hall y Binik (2020), las molestias deben ser persistentes por al menos seis meses y causar un malestar importante. Incluye cuatro rasgos que pueden aparecer solos o combinados: dificultad para la penetración, dolor vulvovaginal o pélvico durante ella, miedo o ansiedad intensos ante el dolor o la penetración, y tensión marcada de los músculos del suelo pélvico.
Una revisión de la literatura sobre vaginismo (Lahaie et al., 2010) advierte algo que cambia la forma de entenderlo: el vaginismo no es tan fácil de diagnosticar ni de tratar como se pensaba y cuesta separarlo de la dispareunia, por lo que conviene un enfoque multidisciplinario. Por eso la idea clásica del “espasmo involuntario” se considera hoy incompleta. Los especialistas lo describen más bien como una respuesta defensiva ante la amenaza del dolor, parecida a una fobia a la penetración (ter Kuile y Reissing, 2020).
La forma más común de dispareunia es la vestibulodinia provocada (Bergeron et al., 2016): un dolor de ardor o quemazón en el borde de la entrada de la vagina que aparece con un roce mínimo, como un tampón, la ropa ajustada o el contacto sexual, sin infección ni lesión visible (Hall y Binik, 2020).
¿Qué tan frecuente es el dolor en las relaciones sexuales en la mujer?
Es frecuente, aunque las cifras varían mucho según cómo se pregunte. En la encuesta nacional británica con 15.162 adultos, 7,5 % de las mujeres sexualmente activas reportó sexo doloroso por tres meses o más, y una cuarta parte de ellas lo sentía muy a menudo o siempre, por seis meses o más y con malestar (Mitchell et al., 2017).
Si buscaste “dolor en las relaciones sexuales mujer” para saber si le pasa a otras, la respuesta es que sí. Hay que decir que son datos de otro país. No encontré cifras chilenas con una metodología comparable, así que no las inventamos: usa estas como un orden de magnitud, no como un dato local.
Esa misma encuesta mostró con qué se asocia el dolor. Las mujeres con sexo doloroso tenían más probabilidades de reportar sequedad vaginal (OR ajustado por edad de 7,9), ansiedad ante el sexo (6,34), poco disfrute (6,12), distinto nivel de interés sexual que la pareja (2,56), sexo no deseado (2,17) y síntomas depresivos (1,68). Son asociaciones, y el estudio no puede decir qué vino primero. Lo práctico es que el dolor rara vez viaja solo.
¿Qué causa el dolor en las relaciones sexuales?
Casi nunca hay una sola causa. El modelo que usan hoy los especialistas es biopsicosocial: factores médicos, miedo y atención al dolor, y contexto de pareja se alimentan entre sí. Separarlos ayuda a entender, pero en una persona concreta suelen mezclarse.
Causas médicas que hay que descartar primero
Según Hall y Binik (2020), el examen ginecológico busca o descarta infecciones (candidiasis, vaginosis bacteriana, herpes), cambios hormonales y del tejido vulvovaginal (como la atrofia de la menopausia), enfermedades de la piel como el liquen escleroso, alteraciones estructurales y condiciones pélvicas profundas como la endometriosis. Un dolor que aparece en la entrada de la vagina y uno que se siente profundo sugieren causas distintas, y por eso la descripción que haces de dónde duele importa.
Antecedentes de abuso
Un metaanálisis de 14 estudios de casos y controles con 1.428 participantes encontró que el abuso sexual en la historia de la persona se asoció con vaginismo (OR 1,55) y con dispareunia (OR 1,53), y el abuso emocional con vaginismo (OR 1,89). El abuso físico no mostró asociación significativa (Tetik y Yalçınkaya Alkar, 2021). Muchas mujeres con dolor sexual no tienen esa historia, y el abuso por sí solo no explica el cuadro; por eso, en una evaluación, es razonable preguntarlo con cuidado y sin presión. Si algo así forma parte de tu historia, la guía sobre cómo apoyar a una víctima de violencia sexual y el artículo sobre las secuelas del trauma de infancia en adultos pueden ayudarte a ubicarte.
El círculo del miedo y la evitación
La explicación más usada para entender por qué el dolor se mantiene es el modelo de miedo-evitación (ter Kuile y Reissing, 2020, capítulo del manual de Hall y Binik). Funciona así:
- Un intento de penetración, o el recuerdo de uno doloroso, activa pensamientos de catástrofe (“el dolor será insoportable”, “me voy a lesionar”).
- Aparece miedo y la atención se clava en la zona genital: cualquier roce se vigila.
- El suelo pélvico se contrae para protegerse, y la excitación y la lubricación bajan.
- La persona evita el contacto, lo que da alivio inmediato pero impide comprobar que el miedo era exagerado.
- Si se reintenta con ese miedo y esa tensión, duele de verdad, y el dolor confirma la expectativa.
Es el mismo mecanismo que se describe en otras fobias específicas y en el dolor crónico, y por eso responde a tratamientos que trabajan el miedo y la evitación, no solo el músculo.
¿Por qué hay dolor en las relaciones sexuales después del parto?
El dolor sexual después del parto es muy común, pero tiende a ir bajando con los meses. Un metaanálisis de 22 estudios con 11.457 mujeres estimó una prevalencia de dispareunia posparto de 35 %: 42 % a los 2 meses, 43 % entre los 2 y 6 meses y 22 % entre los 6 y 12 meses (Banaei et al., 2021).
Según Hall y Binik (2020), en el posparto y la lactancia convergen varios factores. Durante la lactancia hay un perfil hormonal con estrógenos bajos que adelgaza y reseca la mucosa vaginal, de forma parecida a la menopausia. Se suman las secuelas físicas del parto: desgarros, episiotomía, cicatrices o uso de fórceps. Y el miedo a que duela puede tensar el suelo pélvico y mantener el dolor.
Algunas ideas prácticas que salen de lo anterior:
- El dolor en las primeras semanas o meses es frecuente. Que persista más allá de lo esperable, o que sea intenso, es motivo para consultar a la matrona, al ginecólogo o a un fisioterapeuta de suelo pélvico.
- Si el dolor viene con tristeza, agotamiento o ansiedad, conviene mirar el ánimo también: el artículo sobre la depresión posparto explica las señales.
- Si lo que sientes es que el deseo bajó, es otro tema aparte. En falta de deseo sexual está desarrollado.
¿Por qué hay dolor en las relaciones sexuales en la menopausia?
Tras la menopausia, el descenso de estrógenos puede causar un dolor que tiene tratamiento médico. El síndrome genitourinario de la menopausia adelgaza el epitelio vaginal y reduce la lubricación, y el tejido frágil se irrita con el roce o la penetración (Hall y Binik, 2020).
En un ensayo fase III doble ciego con 157 mujeres con placebo y 325 con DHEA intravaginal, el dolor al tener sexo mejoró con el tratamiento frente al placebo a las 12 semanas (p = 0,0002), aunque la diferencia sobre el placebo fue de 0,36 puntos de severidad (Labrie et al., 2016). Es un ejemplo de por qué este dolor se maneja con el ginecólogo: aquí el tratamiento principal es médico y la terapia psicológica es un complemento, no el reemplazo.
¿Por qué se empieza por una evaluación ginecológica?
Porque el dolor puede venir de causas tratables que ninguna terapia psicológica corrige. Según el manual de Hall y Binik (2020), la evaluación inicial descarta infecciones, atrofia, enfermedades de la piel vulvar y endometriosis, y permite, en manos de un profesional con formación en medicina sexual, hacer una exploración pélvica “educativa”: un examen en que se explica cada paso, se usa un espejo de mano y la paciente tiene el control del ritmo.
Eso tiene otro efecto además del diagnóstico. Mostrar con el propio cuerpo que el dolor es real y que no hay una obstrucción ni una “vagina demasiado pequeña” desarma creencias que sostienen el miedo.
Conviene consultar pronto (Hall y Binik, 2020) si hay:
- dolor que no mejora con lubricante, o dolor al sentarte o con ropa ajustada;
- llagas, úlceras, sangrado fuera de la menstruación, flujo con mal olor o picazón intensa;
- sensación de bloqueo en la vagina, o imposibilidad total de usar un tampón o permitir un examen;
- síntomas urinarios o intestinales asociados, como dolor al orinar;
- angustia muy intensa, ataques de pánico o ideas suicidas ligadas al dolor.
¿Qué tratamientos funcionan para el vaginismo y la dispareunia?
Los que tienen mejor respaldo trabajan el miedo, la evitación y el cuerpo a la vez. La evidencia es mejor para algunos cuadros que para otros, y lo honesto es separarla:
| Tratamiento | Qué mostraron los estudios | Qué tan sólida es la evidencia |
|---|---|---|
| Exposición asistida por terapeuta (vaginismo de por vida) | 89 % logró coito vs 11 % en lista de espera (ECA, 70 mujeres) | Un ensayo con grupo control; revisiones de calidad baja |
| Tratamiento por internet (trastorno de dolor genito-pélvico) | A las 12 semanas, 31 % vs 13 % con coito; a los 6 meses la diferencia ya no fue significativa | Un ECA de 200 mujeres |
| TCC grupal en vestibulodinia | Más reducción del dolor que un esteroide tópico a los 6 meses | ECA de 97 mujeres |
| TCC de pareja en vestibulodinia | Mejores resultados que lidocaína en varias medidas | ECA de 108 mujeres |
| Mindfulness (MBCT) en vestibulodinia | Igual de eficaz que TCC; mejoró más el dolor autorreportado | Estudio comparativo de 130 mujeres |
| Fisioterapia en dispareunia | Menos dolor y mejor calidad de vida; sin efecto claro en función sexual | Metaanálisis de 19 estudios |
| DHEA vaginal (menopausia) | Menos dolor que placebo, con diferencia pequeña | ECA fase III |
Vaginismo
Los datos más sólidos son sobre exposición gradual. En un ensayo con 70 mujeres con vaginismo de por vida y sus parejas, la exposición asistida por un terapeuta permitió el coito en 31 de 35 mujeres (89 %), frente a 4 de 35 (11 %) en lista de espera. Constó de un máximo de tres sesiones de dos horas en una semana, y en 90 % de las que lo lograron ocurrió dentro de las primeras dos semanas. Mejoraron también el miedo al coito, el dolor coital y el malestar sexual, pero no otros aspectos de la función sexual (ter Kuile et al., 2013).
Un programa de tratamiento por internet de ocho módulos con apoyo de un coach, probado en 200 mujeres, logró que 31 % tuviera coito a las 12 semanas frente a 13 % del grupo en espera; a los 6 meses la diferencia (29 % frente a 20 %) ya no fue significativa. El dolor genital y los pensamientos negativos sobre la penetración sí mejoraron con efectos de medianos a grandes a las 12 semanas (Zarski et al., 2021).
Pero hay que ser cuidadoso con la imagen completa. Un metaanálisis de 43 estudios observacionales y 3 ensayos encontró que tratar el vaginismo se asoció a completar el coito en 79 % de los casos, sin que ningún enfoque fuera claramente superior. En los ensayos, la intervención psicológica frente a la lista de espera mostró una tendencia no significativa (OR 10,27; IC 95 % 0,79-133,5), y los autores piden cautela porque hay pocos ensayos y los estudios observacionales no tienen grupo de comparación (Maseroli et al., 2018). La revisión Cochrane fue más severa todavía: cinco ensayos, todos con riesgo de sesgo moderado o alto, sin diferencia clara entre la desensibilización y los controles, aunque tampoco pudo descartar un efecto relevante (Melnik et al., 2012).
La exposición gradual funciona en los mejores ensayos, y la calidad global de la evidencia sobre el vaginismo todavía es baja.
Dispareunia y vestibulodinia provocada
Aquí hay más ensayos. En uno con 97 mujeres, la TCC grupal logró más reducción del dolor que un esteroide tópico a los 6 meses, mejor función sexual en ese mismo seguimiento y más satisfacción, y los autores la proponen como tratamiento de primera línea para la vestibulodinia provocada (Bergeron et al., 2016). En otro con 108 mujeres y sus parejas, la TCC de pareja superó a la lidocaína tópica en malestar por el dolor a los 6 meses, ansiedad y catastrofización del dolor, malestar sexual y satisfacción (Bergeron et al., 2021).
En una comparación con 130 mujeres, el mindfulness igualó a la TCC en la mayoría de los resultados, y mejoró más el dolor autorreportado durante la penetración, con beneficios que se mantuvieron a los 6 meses (Brotto et al., 2019).
Del lado físico, un metaanálisis de 19 estudios concluyó que la fisioterapia redujo el dolor y mejoró la calidad de vida en mujeres con dispareunia, sobre todo con electroterapia, pero no mostró resultados significativos en la función sexual (Fernández-Pérez et al., 2023). Y una red de metaanálisis de 34 ensayos en vulvodinia encontró que, frente a placebo, solo las terapias basadas en tejido superaron al placebo y los fármacos no, mientras que frente a no tratarse, la fisioterapia multimodal, la acupuntura y los abordajes psicológicos redujeron el dolor, con confianza baja a moderada. Ese mismo estudio mostró que el placebo, por sí solo, alivió el dolor de forma significativa (Spinillo et al., 2026). Esto no vuelve imaginario el dolor: indica que la expectativa y el cuidado influyen en él, y que comparar contra un placebo es necesario para saber qué tratamiento aporta algo.
Una secuencia típica
Hall y Binik (2020) describen un modelo multidisciplinario en que las etapas se solapan más de lo que parece: primero evaluación y tratamiento médico de lo tratable; después psicoeducación, una pausa temporal del coito para quitar la presión, TCC o mindfulness y fisioterapia de suelo pélvico en paralelo; luego exposición gradual con dedos o dilatadores, siempre con la mujer controlando el ritmo y el ángulo; y por último la vuelta a la penetración, con posiciones en que ella decide la profundidad. Los procedimientos invasivos, como la cirugía o la toxina botulínica, se consideran segunda o tercera línea y solo si lo conservador falló. La lidocaína tópica se usa como alivio puntual, pero no se recomienda como único tratamiento a largo plazo.
En el capítulo de Carey (2015) del manual de Caballo, la desensibilización en vivo con dilatadores graduados es el procedimiento conductual principal, y la persona avanza al tamaño siguiente solo cuando se siente cómoda con el actual durante al menos cinco minutos. No hay un número fijo de sesiones: depende de cómo vaya el caso.
¿Cómo ayuda el mindfulness con el dolor sexual?
El mindfulness busca cambiar cómo respondes al dolor, y la anestesia no es su meta. Brotto (2018) lo plantea con una idea central: sintonizar con la sensación suele ayudar más que desconectarse o pelear con ella, porque la lucha y la catastrofización refuerzan la alarma del cerebro y la tensión del suelo pélvico.
En su programa se practican ejercicios como estos:
- Observar una molestia leve en un contexto seguro, por ejemplo mantener un brazo en el aire un par de minutos, y describir la sensación (¿cuánto se extiende?, ¿cómo cambia?) sin tratar de eliminarla. La idea es notar la urgencia de bajar el brazo como una sensación más.
- Escaneo corporal que incluye la zona genital, con atención neutra y amable, y también el resto del cuerpo, para repartir la atención y no quedarse fijada en el dolor.
- Acercamiento gradual al tacto, con respiración en primer plano y la molestia en segundo plano, a veces durante apenas una inhalación y una exhalación.
- Mindfulness durante la fisioterapia o con dilatadores, para identificar pensamientos como “nunca va a entrar” y dejarlos pasar como pensamientos, volviendo a la respiración.
No reemplaza la evaluación médica, y estos ejercicios funcionan mejor guiados por un profesional.
¿Qué papel tiene la pareja?
La forma en que la pareja responde al dolor influye en el dolor. Según el modelo interpersonal de Bergeron et al. (2020, en Hall y Binik), las respuestas hostiles o de invalidación (“está en tu cabeza”) empeoran el dolor y la angustia; las muy solícitas y ansiosas pueden reforzar la evitación; y las facilitadoras (cariño, aliento al afrontamiento, buscar actividades no dolorosas) se asocian con menos dolor y mejor ajuste sexual y de pareja para ambos.
También importa por qué se tiene sexo. Cuando las relaciones se viven “para no pelear” o “para cumplir”, el malestar tiende a ser peor; cuando se buscan para sentir cercanía, mejora el bienestar de la relación.
En terapia esto se traduce en cosas concretas (Bergeron et al., 2020):
- salir del guion en que todo contacto íntimo debe terminar en penetración, con una pausa temporal del coito mientras se trata el dolor;
- ampliar lo que se considera sexo (caricias, estimulación manual u oral, lubricantes, juguetes) para que el placer no dependa de lo que duele;
- decir en voz alta los miedos de cada uno (miedo a decepcionar, culpa, impotencia) para que el problema sea de los dos y no de ella sola;
- ejercicios graduales de tacto sin meta coital.
Si lo que preocupa es cómo viene la relación, tal vez te sirva leer sobre cuándo ir a terapia de pareja y si funciona y qué hacer si tu pareja no te desea como antes.
Mitos frecuentes sobre el dolor en las relaciones sexuales
- “Es solo un espasmo.” Hoy se entiende como una respuesta defensiva ligada al miedo.
- “Está en tu cabeza.” Según Hall y Binik (2020), el dolor genital es un proceso biopsicosocial real, con sensibilización de las vías del dolor y componentes del suelo pélvico y del tejido. Descartarlo como “psicológico” es un error.
- “Solo tienes que relajarte (o tomar algo).” La relajación pasiva no apaga la alarma del dolor. Hay que trabajar el miedo y la atención, con un plan.
- “Hay que aguantar las primeras veces.” Forzar la penetración con dolor aumenta la vigilancia y la tensión, y puede consolidar el círculo.
- “El dolor es solo cosa de mujeres.” El dolor genito-pélvico también afecta a hombres, con cuadros como el dolor pélvico crónico urológico, el dolor al eyacular o el dolor anal durante el coito receptivo. La literatura es mucho menor y este artículo se centra en mujeres (Hall y Binik, 2020).
¿Qué puedes hacer mientras tanto?
Estas son medidas generales, no un tratamiento:
- Si algo duele, detenlo. Seguir “a ver si pasa” suele reforzar el miedo.
- Habla con tu pareja antes de la próxima situación íntima, no en medio de ella. Puedes acordar, por un tiempo, un intercambio íntimo sin penetración.
- Pide hora con ginecología (o con matrona, si es posparto) y describe con detalle dónde duele, cuándo, y cómo es el dolor.
- Pregunta por fisioterapia de suelo pélvico y por psicólogo o sexólogo con formación en dolor sexual.
- Si el dolor te trae ansiedad intensa, evitación de cualquier contacto o tristeza persistente, es una razón en sí misma para pedir ayuda psicológica. Para ese caso, el artículo sobre el tratamiento de la ansiedad y el de las técnicas de terapia cognitivo-conductual cuentan cómo trabaja la TCC.
Para información general sobre causas del dolor al coito, la Clínica Mayo tiene una página en español.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto dura el dolor en las relaciones sexuales después del parto?
En los estudios, la dispareunia posparto baja con el tiempo: 42 % a los 2 meses, 43 % entre los 2 y 6 meses y 22 % entre los 6 y 12 meses (Banaei et al., 2021). Si el dolor es intenso o persiste, no esperes a que pase solo: consulta a tu matrona, ginecólogo o fisioterapeuta de suelo pélvico.
¿El vaginismo se cura?
Muchas personas logran completar el coito tras el tratamiento: en una revisión con metaanálisis, 79 % de los casos (Maseroli et al., 2018), y en un ensayo con exposición asistida, 89 % (ter Kuile et al., 2013). Pero la calidad de la evidencia es limitada y ningún enfoque destacó sobre los demás, así que el tratamiento se ajusta a cada caso.
¿El dolor al tener sexo es psicológico?
No solo. Puede tener causas médicas, hormonales y de tejido, y casi siempre se suma el miedo al dolor, que mantiene el cuadro. Por eso el abordaje combina evaluación ginecológica, fisioterapia y terapia psicológica.
¿A qué especialista debo ir primero?
A ginecología (o matrona, en el posparto) para descartar causas médicas. Desde ahí se coordina con fisioterapia de suelo pélvico y psicología o terapia sexual, según el caso.
¿Hay dolor sexual en los hombres?
Sí, aunque se estudia mucho menos. Incluye el dolor pélvico crónico urológico, el dolor al eyacular o con la erección, y el dolor anal en el coito receptivo. Si hay dolor agudo, masas en los testículos o sangre en la orina o el semen, la consulta debe ser pronta (Hall y Binik, 2020).
Cuándo pedir ayuda profesional
Si el dolor lleva semanas, si te hace evitar el contacto íntimo o si lo estás pasando sola, vale la pena consultar. El dolor sexual tiene tratamiento y no es una falla tuya ni de tu pareja. Si quieres apoyo psicológico en el trabajo con el miedo, la evitación y la relación de pareja, puedes agendar una consulta.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
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