Por Terapia Online Chile
Cuando a un niño le va mal en el colegio, la primera explicación que llega suele ser la más injusta: que no se esfuerza. Y muchas veces el problema es otro. Puede leer sílaba por sílaba a los nueve años, escribir “b” donde va “v” por décima vez en la misma página, o seguir contando 4 + 3 con los dedos en quinto básico, sin que nada de eso tenga que ver con las ganas.
Este artículo reúne 10 ejemplos de dificultades de aprendizaje con lo que se ve de verdad en un cuaderno o en una lectura en voz alta, no con definiciones de manual. Vas a encontrar además la diferencia (que casi ningún sitio explica) entre una dificultad pasajera y un trastorno, la clasificación que usan los especialistas de habla hispana, y una guía interactiva de observación por áreas, más abajo, que ordena lo que hayas visto y te dice hacia dónde apunta. No puntúa ni diagnostica: te deja algo concreto que contar en una consulta.
Conviene leer antes lo que viene, porque la mitad del valor de esa guía está en saber qué no es una dificultad de aprendizaje.
Respuesta directa: ¿qué son y cuáles son los ejemplos más frecuentes?
Las dificultades de aprendizaje son problemas persistentes para adquirir habilidades académicas concretas (leer, escribir, calcular) en personas con inteligencia dentro de lo esperado y con enseñanza adecuada. Los ejemplos de problemas de aprendizaje más frecuentes son la dislexia, la disortografía, la disgrafía y la discalculia, junto a fallas en comprensión lectora, expresión escrita y razonamiento matemático. Afectan a entre el 5 % y el 10 % de los niños.
¿Qué es exactamente una dificultad de aprendizaje?
Una dificultad de aprendizaje aparece cuando alguien no logra dominar una habilidad escolar puntual pese a tener la capacidad intelectual y la enseñanza necesarias para hacerlo. Lo que define el cuadro es esa desproporción: el problema es específico, no general. El mismo niño que no puede leer con fluidez razona bien, entiende una película compleja y sostiene una conversación.
Los trastornos del neurodesarrollo como la dislexia, la disgrafía y el TDAH afectan a entre el 5 % y el 10 % de los niños del mundo, según una revisión sistemática que analizó 37 estudios sobre detección temprana (Shaikh et al., 2025). Esa misma revisión encontró algo incómodo: aunque todos coinciden en que detectar temprano importa, las esperas largas y el costo hacen que la detección llegue tarde incluso cuando el problema ya se sospecha.
En el manual diagnóstico de referencia, el DSM-5-TR, esto se llama trastorno específico del aprendizaje. Circula mucho la idea de que la dislexia, la disgrafía y la discalculia son diagnósticos independientes. En rigor son especificadores de esa única categoría, según el área afectada (American Psychiatric Association, 2022). Puedes revisar la descripción oficial del trastorno específico del aprendizaje de la Asociación Americana de Psiquiatría.
Hay un matiz que cambia bastante las cosas para quien lee esto en Chile o en cualquier país hispanohablante. El español es una lengua de ortografía transparente: cada letra suena casi siempre igual. Un metaanálisis de 79 estudios sobre profundidad ortográfica mostró que en lenguas transparentes como la nuestra la dislexia se nota menos en los errores de exactitud y más en la velocidad, junto a debilidades en denominación rápida y memoria de trabajo a corto plazo (Carioti et al., 2021). Por eso acá muchos casos pasan desapercibidos: el niño termina leyendo bien, solo que le toma el triple de tiempo, y eso se confunde con lentitud o con desgano.
¿Cuáles son las 5 principales dificultades de aprendizaje?
Las listas que circulan mezclan cosas de naturaleza distinta. La clasificación más usada en el ámbito hispanohablante es la de Romero Pérez y Lavigne Cerván (2005), que ordena las dificultades en cinco tipos según su gravedad, cuánto abarcan, si son crónicas y de dónde vienen.
| Tipo | Qué es | Origen | ¿Se recupera? |
|---|---|---|---|
| I. Problemas Escolares (PE) | Lagunas puntuales por causas externas: pautas familiares poco adecuadas, ausencias, desinterés | Extrínseco | Sí, con apoyo escolar corriente |
| II. Bajo Rendimiento Escolar (BRE) | Afecta procesos psicolingüísticos, motivación y metacognición | Extrínseco, con factores personales que agravan | Sí, con atención educativa y familiar |
| III. Dificultades Específicas de Aprendizaje (DEA) | Dislexia, disgrafía, disortografía, discalculia | Intrínseco, disfunción neurológica | Se compensa con intervención especializada y prolongada |
| IV. Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) | Afecta varias áreas a la vez | Intrínseco | Disminuye con tratamiento médico y psicoeducativo |
| V. Discapacidad Intelectual Límite (DIL) | CI entre 70 y 85, afectación profunda de áreas dominantes | Intrínseco | Persistente |
Esa tabla resuelve una confusión muy común. Los dos primeros tipos no son trastornos: son situaciones que se arreglan cambiando lo que rodea al niño. Solo el tipo III corresponde a lo que el DSM-5 llama trastorno específico del aprendizaje.
¿Y cómo se distingue una cosa de la otra? Aguilera Jiménez (2004) propone cuatro criterios que siguen siendo el mejor filtro práctico:
- Especificidad. Lo intrínseco afecta un dominio concreto (leer, escribir o calcular) mientras el resto se mantiene bien. Lo extrínseco se nota de forma difusa, en lagunas generales.
- Discrepancia. Hay un desajuste claro entre lo que el niño puede y lo que rinde. En los problemas externos el bajo rendimiento acompaña de forma coherente a la falta de estímulo o a las ausencias.
- Exclusión. No se explica por instrucción inadecuada, absentismo, privación sociocultural, diferencias de idioma ni por una discapacidad intelectual o sensorial.
- Reversibilidad. Lo extrínseco remite con acción tutorial normal. Lo intrínseco resiste la enseñanza común y no se va solo.
Ese último criterio es el más útil para una familia. Si tres meses de apoyo razonable en casa y en el colegio mueven la aguja, probablemente no estamos ante un trastorno. Si no la mueven, conviene mirarlo en serio.
10 ejemplos de dificultades de aprendizaje, con lo que se ve de verdad
Los siete primeros ejemplos corresponden a las áreas académicas que el DSM-5-TR enumera como posibles del trastorno específico del aprendizaje. Los tres últimos acompañan, se confunden o conviven con ellas, y por eso están acá: para poder distinguirlos.
1. Lectura de palabras lenta e inexacta (dislexia)
Es el ejemplo más conocido y el mejor estudiado. Una revisión reciente sobre dislexia estima que afecta hasta al 17 % de los niños en el mundo, aunque las cifras varían mucho según el idioma y el criterio usado (Niu et al., 2025).
Lo observable, según la descripción clásica de Romero Pérez y Lavigne Cerván (2005):
- Lee sílaba por sílaba, sin ritmo ni entonación, mucho después de que sus compañeros ya leen de corrido.
- Confunde letras simétricas en forma o sonido: “d” por “b”, “p” por “q”, “u” por “n”, “6” por “9”.
- Altera el orden de las letras dentro de la palabra: lee “rosca” por “rocas”, “sol” por “los”.
- Empieza la palabra por la mitad y lee “presa” donde dice “sorpresa”.
- Se salta renglones o repite el mismo, porque el barrido visual no está automatizado.
- Inventa palabras o contenidos guiándose por las ilustraciones y por lo que recuerda.
Ese último punto suele leerse como falta de atención. Casi nunca lo es: es lo que hace un lector que no puede decodificar y compensa como puede.
2. Dificultad para comprender lo que se lee
Distinto del anterior, aunque se confundan. Acá el niño decodifica sin problemas, lee en voz alta con fluidez razonable, y al terminar no sabe decir de qué trataba el texto. Responde bien las preguntas literales y se pierde en cuanto hay que inferir algo que el texto no dice con todas sus letras.
El DSM-5-TR lo reconoce como una de las seis áreas posibles del trastorno específico del aprendizaje, separada de la lectura de palabras (American Psychiatric Association, 2022). Cuando aparece sola, vale la pena mirar también el vocabulario y el lenguaje oral.
3. Ortografía plagada de errores (disortografía)
No es “mala ortografía” en el sentido corriente de no haber estudiado las reglas. Los errores tienen un patrón:
- Confunde grafemas del mismo sonido o de sonido cercano: escribe “b” por “v”, “b” por “p”, “g” por “c”.
- Cambia el orden dentro de la sílaba: “pal” en lugar de “pla”.
- Une y separa palabras donde no corresponde: “lasca sa” por “las casas”.
- Pone las tildes al azar o no las pone, porque no identifica la sílaba tónica.
Ese tercer punto (unir y separar mal) es especialmente revelador, porque muestra que la persona todavía no tiene claro dónde empieza y termina cada palabra en el habla.
4. Letra ilegible y escritura que cansa (disgrafía)
Acá el problema es el gesto motor de escribir, no las reglas. Se ve así:
- Letras desproporcionadas, muy grandes o muy chicas, con mayúsculas y minúsculas mezcladas dentro de la misma palabra.
- Trazo pobre, inclinación excesiva, espacios irregulares, cuadernos llenos de tachones y borrones.
- Escritura en espejo: caracteres invertidos o palabras completas al revés (“ave” por “eva”, “las” por “sal”).
- Cansancio y agarrotamiento rápido de la mano, por mala postura o mal agarre del lápiz.
Distinguir disgrafía de disortografía importa porque la intervención es distinta: una trabaja el trazo y la postura, la otra la relación entre sonidos y letras.
5. Dificultad para organizar ideas por escrito
Este ejemplo se pasa por alto todo el tiempo. La persona cuenta una historia de palabra con detalle y gracia, y al pedirle lo mismo por escrito entrega dos líneas pobres y desordenadas. No hay faltas graves ni letra ilegible. Lo que falla es planificar el texto, sostener el hilo y cerrarlo.
Es un área propia dentro del DSM-5-TR (expresión escrita) y suele detectarse tarde, porque el niño “escribe bien” en el sentido de que las palabras están correctas.
6. Sentido numérico y cálculo (discalculia)
La discalculia afecta a entre el 3 % y el 7 % de niños, adolescentes y adultos, según la guía interdisciplinaria alemana elaborada con veinte sociedades científicas (Haberstroh y Schulte-Körne, 2019). Si se cuenta de forma más amplia, como “dificultades matemáticas”, un metaanálisis de 54 estudios con 34.815 escolares encontró una prevalencia agrupada del 8,97 %, más alta en los primeros cursos de primaria (11,57 %) que en los últimos (4,76 %). Ese trabajo dejó claro además que la cifra depende mucho del punto de corte que se elija para el cribado (Wang, Long y Wang, 2023).
Lo que se observa:
- Sigue contando con los dedos sumas de un dígito (4 + 3) cuando ya debería recuperar ese resultado de memoria.
- Escribe números alterando el orden espacial de las cifras: 12 por 21, o “509” por “59”.
- Pierde la alineación de las columnas en operaciones de varios dígitos y confunde unidades con decenas.
- Se confunde entre los pasos de una operación o intercambia los signos, y suma donde debía restar.
Un metaanálisis de 34 estudios con criterios diagnósticos estrictos describió el perfil de fondo: debilidades en cálculo y recuperación de hechos numéricos, en el sentido de las cantidades y en el almacenamiento visoespacial a corto plazo, sin ninguna fortaleza compensatoria particular (Haberstroh y Schulte-Körne, 2022).
7. Razonamiento matemático: no saber qué operación pide el problema
Calcular y decidir qué calcular son habilidades diferentes, y el DSM-5-TR las separa. Hay niños que ejecutan las operaciones sin error y quedan bloqueados frente a un problema con enunciado, porque no logran traducir la situación a una operación.
Acá pesan además otras funciones. Una revisión sistemática de 46 estudios encontró que la atención, las funciones ejecutivas y la velocidad de procesamiento están comprometidas en niños con dificultades matemáticas, y recomienda evaluarlas dentro del proceso diagnóstico (Agostini, Zoccolotti y Casagrande, 2022).
8. Retraso del lenguaje oral que arrastra al aprendizaje escrito
Este no es un trastorno del aprendizaje, y por eso está en esta segunda parte de la lista. Es el antecedente que más conviene mirar. Las dificultades de aprendizaje suelen venir precedidas en preescolar por retrasos del lenguaje que a veces persisten.
Cuando el problema principal sigue siendo el lenguaje oral (comprender y expresarse hablando), hablamos de un trastorno del lenguaje, que es otra cosa. Puedes revisar la diferencia entre TEL y TDL si esa es la duda que te trajo hasta acá.
9. Atención que no sostiene la tarea (TDAH)
El TDAH aparece en casi todas las listas de “dificultades de aprendizaje” de internet como si fuera una más. En la clasificación de Romero Pérez y Lavigne Cerván es un tipo aparte (el IV), y en el DSM-5-TR es un diagnóstico distinto que puede coexistir con un trastorno del aprendizaje.
La convivencia entre ambos es alta y va en las dos direcciones. La discalculia eleva mucho el riesgo de dislexia (con una razón de probabilidades de 12,25) y también el de TDAH, según el mismo trabajo alemán de Haberstroh y Schulte-Körne (2019). Si quieres separar bien las aguas, revisa los tipos de TDAH en niños y sus presentaciones.
10. Funcionamiento intelectual límite
El quinto tipo de la clasificación española corresponde a un CI aproximado de entre 70 y 85: por debajo del promedio, por encima del umbral de discapacidad intelectual. Es una zona gris que en Chile sí está reconocida en la normativa escolar.
Importa distinguirlo porque cambia el criterio. El trastorno específico del aprendizaje solo se diagnostica cuando el funcionamiento intelectual está dentro de rangos normales. Si hay discapacidad intelectual, la dificultad de aprendizaje se diagnostica únicamente cuando excede lo esperable para ese nivel general (American Psychiatric Association, 2022).
¿Cómo saber si es una dificultad real o un mal momento?
El DSM-5-TR exige cumplir cuatro criterios a la vez, y los cuatro. Traducidos:
- Persistencia. Al menos seis meses de dificultad en una habilidad académica concreta, pese a haber intentado apoyarla.
- Magnitud. El rendimiento está sustancial y medidamente por debajo de lo esperado para la edad, confirmado con pruebas estandarizadas aplicadas de forma individual y evaluación clínica. Desde los 17 años puede sustituirse por una historia documentada.
- Inicio escolar. Empieza en la etapa escolar, aunque a veces se hace evidente más tarde, cuando las exigencias superan la capacidad (una prueba con tiempo limitado, por ejemplo).
- Exclusión. No se explica mejor por discapacidad intelectual, problemas de visión o audición sin corregir, otro trastorno neurológico o mental, adversidad psicosocial, no dominar el idioma en que se enseña, ni enseñanza inadecuada.
Ese cuarto criterio es el que más se salta la gente, y es el que más casos resuelve. Un niño que cambió tres veces de colegio, o que está pasando por una separación en casa, o que aprende en un idioma que no es el suyo, puede mostrar exactamente las mismas señales sin tener ningún trastorno.
Vale la pena saber que no existe un punto de corte numérico único para esto. El DSM-5 no lo fija: el juicio se apoya en la síntesis de todos los datos clínicos, no en un puntaje. Y esa decisión pesa. Un metaanálisis publicado en Assessment concluyó que el trastorno específico del aprendizaje se relaciona débilmente con el CI total y que la evaluación cognitiva de rutina no aporta valor añadido para identificarlo ni para tratarlo; sus autores proponen combinar bajo rendimiento medido con pruebas normativas, respuesta a la instrucción y descarte de otras causas (Fletcher y Miciak, 2024).
Tampoco hay un perfil único. Un análisis de perfiles latentes en 302 escolares de tercer grado con dificultades en matemáticas, lectura u ortografía identificó cinco perfiles cognitivos distintos, y uno de ellos, el 17 % de la muestra, no presentaba ningún déficit cognitivo (Brandenburg et al., 2021). Dicho de otro modo: se puede tener una dificultad real de aprendizaje sin que ninguna prueba cognitiva muestre nada raro.
Guía de observación: ¿hacia dónde apuntan las señales que ves?
Ahora sí. Marca solo lo que hayas visto varias veces y desde hace meses, no lo de una tarde mala. La guía no puntúa ni pone etiquetas: agrupa lo que observaste por área académica y termina con las preguntas de descarte del criterio cuatro, que son las que conviene responder antes de sacar conclusiones.
Guía de observación: ¿en qué área están las señales?
Marca solo lo que hayas visto de verdad, varias veces y desde hace meses. Esto no puntúa, no clasifica y no diagnostica: ordena lo que observaste y te dice a qué área académica apunta, para que llegues a la consulta con algo concreto que contar.
Las señales de esta guía están tomadas de la descripción de errores observables de Romero Pérez y Lavigne Cerván (2005), Dificultades en el aprendizaje: unificación de criterios diagnósticos (Junta de Andalucía). No es un test: no existe puntaje ni punto de corte publicado para una lista de observación como esta, y por eso no se lo inventamos. Un diagnóstico de trastorno específico del aprendizaje solo lo hace un profesional, con pruebas estandarizadas y descartando otras causas.
¿Qué pasa en Chile? El Decreto 170 y el PIE
En Chile las dificultades específicas del aprendizaje están reconocidas como necesidad educativa especial de carácter transitorio. El Decreto 170 del MINEDUC, de 2009, reglamenta los requisitos y las evaluaciones diagnósticas para acceder a la subvención de educación especial dentro del Programa de Integración Escolar (PIE), e incluye ahí las dificultades específicas del aprendizaje (dislexia, discalculia, disgrafía) junto al trastorno específico del lenguaje, el déficit atencional y el funcionamiento intelectual limítrofe.
Un estudio publicado en Frontiers in Psychology sobre colaboración intersectorial en escuelas chilenas describe este marco de políticas de inclusión como un modelo tomado como referencia en la región, articulando salud, educación y política pública a través de Chile Crece Contigo y los PIE, aunque señala también dificultades estructurales relevantes en su implementación (Vidal et al., 2024).
Si el tema del acceso a apoyos es lo que te interesa, tenemos una guía dedicada al Decreto 170 y las dificultades específicas del aprendizaje con el detalle de los documentos que pide el proceso.
¿Se pueden detectar antes de que empiece a leer?
Sí, y esa es probablemente la parte más útil de todo este artículo. Romero Pérez y Lavigne Cerván (2005) describen indicadores de riesgo en educación infantil que anticipan dificultades lectoras posteriores:
- Retraso en la adquisición y el uso del lenguaje oral.
- Errores persistentes al pronunciar, sobre todo por omisión ("ate" por "arte") o sustitución de sonidos ("gota" por "rota").
- Invertir el orden de fonemas y sílabas al hablar.
- Vocabulario limitado y dificultad con construcciones verbales complejas.
- Errores constantes de género, número y persona, y verbos regularizados después de los cinco años ("yo sabo", "lo poní").
- Le cuesta participar en rimas, trabalenguas y juegos de separar palabras en sonidos.
- Confunde palabras de sonido parecido: beso y peso, gato y pato.
- Ningún interés por que le lean cuentos.
- Problemas tempranos para distinguir visualmente las primeras letras.
En español ya existen procedimientos validados de cribado universal para esto. Un protocolo publicado en Journal of Visualized Experiments documenta el uso de medidas basadas en el currículo (IPAL para lectura, IPAE para escritura, IPAM para matemáticas) dentro de modelos de respuesta a la intervención, pensados para detectar temprano a los estudiantes en riesgo (Jiménez, Gutiérrez y de León, 2020).
Y detectar temprano sirve. Un ensayo controlado con niños españoles de alrededor de siete años con dificultades lectoras mostró que un entrenamiento fonológico computarizado intensivo mejoró la lectura más que la reeducación escolar habitual, mientras el grupo de lectores sin dificultades no cambió en ese mismo período (Forné et al., 2022). En discalculia, la guía alemana reporta un tamaño de efecto medio de 0,52 para las intervenciones, y recomienda empezar temprano en primaria, de forma individual y a cargo de especialistas formados (Haberstroh y Schulte-Körne, 2019).
El costo que nadie mide: lo que pasa mientras tanto
Hay una consecuencia de dejar esto sin atender que rara vez aparece en los listados de síntomas. Un metaanálisis de 64 estudios con 14.467 participantes de 14 países encontró que la ansiedad ante la lectura se asocia de forma moderada y negativa con el rendimiento lector (r = -0,30). El dato más incómodo de ese trabajo: tener o no tener un diagnóstico de dificultad de aprendizaje no moderó esa relación (Johnson et al., 2026).
Es decir, el malestar frente a leer opera igual con diagnóstico y sin él. Esa es una buena razón para no esperar a que un papel confirme lo que ya se ve.
¿Cuándo conviene consultar a un profesional?
Hay un momento razonable para pedir una evaluación, y no es ni el primer mes malo ni el tercer año de repetir lo mismo. Conviene consultar si:
- La dificultad lleva seis meses o más en un área concreta, pese a que en el colegio o en casa ya intentaron apoyarla.
- Hay una desproporción evidente entre lo que el niño entiende, razona y conversa, y lo que rinde al leer, escribir o calcular.
- El colegio ya lo mencionó, o el profesor jefe sugirió una evaluación.
- Empezaron los dolores de guata los domingos por la noche, las excusas para no leer en voz alta o las frases del tipo "soy tonto".
- En preescolar aparecen varios de los indicadores tempranos de la lista anterior.
Antes de la evaluación psicológica o psicopedagógica hay dos revisiones que valen oro y son baratas: visión y audición. Muchas dificultades escolares se explican ahí y se resuelven con lentes o con un tratamiento otorrinolaringológico.
Si quieres una descripción general en lenguaje sencillo para compartir con el colegio o con la familia, la biblioteca nacional de medicina de Estados Unidos mantiene una página sobre discapacidades del aprendizaje en español con material de referencia.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son las 5 principales dificultades de aprendizaje?
Según la clasificación de Romero Pérez y Lavigne Cerván (2005), son cinco tipos: problemas escolares, bajo rendimiento escolar, dificultades específicas de aprendizaje (dislexia, disgrafía, disortografía y discalculia), TDAH y discapacidad intelectual límite. Los dos primeros tienen causas externas y se recuperan con apoyo escolar corriente; los tres últimos tienen origen neurobiológico.
¿Cuál es la diferencia entre dificultad de aprendizaje y trastorno del aprendizaje?
Una dificultad de aprendizaje puede tener causas externas (mala enseñanza, ausencias, problemas en casa) y remite con apoyo educativo normal. Un trastorno específico del aprendizaje tiene origen neurobiológico, persiste al menos seis meses pese a la intervención, resiste la enseñanza común y requiere apoyo especializado y prolongado.
¿El TDAH es una dificultad de aprendizaje?
No exactamente. El TDAH es un diagnóstico distinto, aunque afecta el rendimiento escolar y coexiste con frecuencia con los trastornos del aprendizaje. En la clasificación de Romero Pérez y Lavigne Cerván ocupa una categoría propia (tipo IV). Se puede tener uno, el otro o ambos, y cada uno necesita un abordaje diferente.
¿A qué edad se pueden detectar las dificultades de aprendizaje?
Los indicadores de riesgo aparecen ya en preescolar: retraso del lenguaje, errores persistentes de pronunciación, dificultad con rimas y con juegos de separar sonidos. El diagnóstico formal requiere que haya empezado la enseñanza escolar de la habilidad afectada y que la dificultad persista al menos seis meses pese al apoyo recibido.
¿Se necesita un test de inteligencia para diagnosticar una dificultad de aprendizaje?
No de rutina. Un metaanálisis publicado en Assessment concluyó que el trastorno específico del aprendizaje se relaciona débilmente con el CI total y que la evaluación cognitiva rutinaria no agrega valor para identificarlo ni para tratarlo (Fletcher y Miciak, 2024). Lo que sí se necesita son pruebas estandarizadas de rendimiento académico y el descarte de otras causas.
¿Cuáles son los 4 tipos de aprendizaje?
Esa pregunta suele apuntar a los llamados estilos de aprendizaje (visual, auditivo, kinestésico y lectoescritor), que son una forma popular de describir preferencias al estudiar. Es otra cosa distinta de las dificultades de aprendizaje: los estilos no son categorías diagnósticas, no se evalúan con pruebas estandarizadas y no determinan si alguien tiene o no un trastorno específico del aprendizaje.
¿Las dificultades de aprendizaje se superan?
Depende del tipo. Los problemas escolares y el bajo rendimiento escolar se recuperan con apoyo educativo y familiar. Las dificultades específicas de aprendizaje no desaparecen, pero se compensan bien con intervención especializada: la persona desarrolla estrategias y apoyos que le permiten rendir según su capacidad real.
Por dónde partir
Si llegaste hasta acá con un cuaderno concreto en la cabeza, el siguiente paso no es buscar más listas de síntomas. Es ordenar lo que viste, descartar lo obvio (visión, audición, cambios recientes en casa o en el colegio) y, si las señales siguen ahí, pedir una evaluación que mida en vez de suponer.
Un diagnóstico bien hecho no le pone una etiqueta a nadie. Hace lo contrario: separa lo que la persona no puede todavía de lo que sí puede, y transforma "no se esfuerza" en un plan concreto. Si quieres revisarlo con calma, puedes escribirnos para agendar una hora.
También puedes seguir leyendo sobre cómo se evalúan las dificultades de aprendizaje y sobre los tipos de trastornos del aprendizaje y su diagnóstico, que profundizan lo que acá quedó resumido.
Sobre este contenido
Escrito y revisado por el equipo clínico de Terapia Online Chile, psicólogos con formación en evaluación psicológica infantil y dificultades del aprendizaje. Este artículo se apoya en los criterios diagnósticos del DSM-5-TR, en literatura científica revisada por pares (cada afirmación lleva su cita enlazada y su referencia APA al final) y en la normativa escolar chilena vigente.
Este contenido es informativo y no reemplaza una evaluación profesional. Si necesitas orientación sobre un caso concreto, puedes escribirnos.
Referencias
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Aguilera Jiménez, A. (2004). Introducción a las dificultades del aprendizaje. McGraw-Hill.
American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed., texto rev.). American Psychiatric Association Publishing.
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Carioti, D., Masia, M. F., Travellini, S., & Berlingeri, M. (2021). Orthographic depth and developmental dyslexia: A meta-analytic study. Annals of Dyslexia, 71, 399-438. https://doi.org/10.1007/s11881-021-00226-0
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Forné, S., López-Sala, A., Mateu-Estivill, R., Adan, A., Caldú, X., Rifà-Ros, X., & Serra-Grabulosa, J. M. (2022). Improving reading skills using a computerized phonological training program in early readers with reading difficulties. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(18), 11526. https://doi.org/10.3390/ijerph191811526
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Jiménez, J. E., Gutiérrez, N., & de León, S. C. (2020). Universal screening for prevention of reading, writing, and math disabilities in Spanish. Journal of Visualized Experiments, (161). https://doi.org/10.3791/60217
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Romero Pérez, J. F., & Lavigne Cerván, R. (2005). Dificultades en el aprendizaje: unificación de criterios diagnósticos. Vol. I: Definición, características y tipos. Consejería de Educación, Junta de Andalucía.
Shaikh, M. F., Higley, C., Campanile, C., Francis, R., Panja, E., Santacaterina, S., Pratesi, G., & Piaggio, D. (2025). Serious gaming and eye-tracking for the screening, monitoring, and diagnosis of neurodevelopmental disorders in children: A systematic literature review. Frontiers in Bioengineering and Biotechnology, 13, 1672718. https://doi.org/10.3389/fbioe.2025.1672718
Vidal, V., Mendive, S., Gómez Zaccarelli, F., Pozo-Tapia, F., Narea, M., Wachholtz, D., & Melo, C. (2024). Enriching cross-sectoral collaboration to foster inclusive cultures in schools: A model to address the needs of diverse Chilean students. Frontiers in Psychology, 15, 1356642. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2024.1356642
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Nicolás Alcayaga
Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →
Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.






