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  • La pareja después de tener un hijo: qué cambia y qué ayuda

    La pareja después de tener un hijo: qué cambia y qué ayuda

    Llegó el bebé y la casa se llenó de ternura, pañales y cansancio. En medio de todo eso, algo cambió con la persona con la que lo estás criando: hablan de logística y poco más, discuten por cosas que antes pasaban de largo, y el sexo, cuando ocurre, ya no se parece al de antes. Es fácil terminar a las tres de la mañana buscando “mi pareja no me desea después del parto” o “crisis de pareja después del bebé”.

    Este artículo reúne lo que está medido sobre la pareja después de tener un hijo: cuánto baja la satisfacción, de qué depende, por qué cae el deseo sexual (en ellas y también en ellos) y qué tiene respaldo en ensayos para amortiguar el golpe. Casi toda la evidencia viene de Norteamérica, Europa y Australia. De Chile hay muy poco, y lo diremos donde importe.

    Respuesta corta: ¿es normal que la relación cambie tanto?

    Sí. En promedio, la satisfacción de la pareja baja tras el primer hijo, en madres y en padres, y, en los estudios que comparan, baja más que en las parejas que no tienen hijos (Doss et al., 2009; Lawrence et al., 2008). La caída suele ser de tamaño pequeño a medio, varía mucho entre parejas y hay programas con ensayos clínicos que la reducen. El deseo sexual también suele bajar los primeros meses, por razones físicas, de sueño y de carga de cuidado. Con los años, el funcionamiento de las parejas con hijos y sin hijos tiende a parecerse (Doss y Rhoades, 2017).

    ¿Qué cambia en la pareja después de tener un hijo?

    Se mueven cuatro cosas a la vez, y conviene verlas por separado porque cada una tiene su propio remedio.

    El tiempo a solas. Según recogen Bradbury y Karney (2019), las parejas con hijos pequeños disponen de entre dos y cuatro horas menos al día para estar juntas como adultos, una estimación de Dew (2009, citado en Bradbury y Karney, 2019). Esa conversación pendiente que antes ocurría sola ahora hay que agendarla.

    El reparto del trabajo. Un estudio longitudinal con diarios de tiempo siguió a parejas desde antes del nacimiento. Antes del bebé no había brecha de género en las horas de trabajo; después apareció: las mujeres acumulaban más de dos horas diarias extra de trabajo y los hombres cerca de 40 minutos (Yavorsky et al., 2015). Las encuestas corrientes no captaban bien esa diferencia, y los diarios sí. Bradbury y Karney (2019) añaden que incluso las parejas con ideales igualitarios tienden a desplazarse hacia un reparto más tradicional.

    El estrés. El cuidado de un recién nacido consume tiempo, energía y dinero, y esos mismos recursos son los que la pareja usa para cuidarse a sí misma (Bradbury y Karney, 2019). Christensen, Doss y Jacobson (2014) describen el estrés como un catalizador: no inventa los problemas, pero reactiva las sensibilidades de cada uno (el miedo a no ser suficiente, a ser controlado, a quedar solo) y agranda las diferencias que ya existían.

    La identidad. Rosen y Byers (capítulo 15 de Hall y Binik, 2020) señalan la dificultad de reconciliar el rol de madre con el de amante, un cambio de identidad que se suma al resto.

    ¿Cuánto baja la satisfacción y es culpa del bebé?

    Los estudios no coinciden del todo, así que conviene mirar juntos los trabajos más sólidos.

    EstudioQué midióQué encontró
    Mitnick et al. (2009)Metaanálisis de 37 estudios de parejas desde el embarazo hasta el primer hijoLa satisfacción baja un poco en hombres y mujeres. Cuatro estudios con recién casados sin hijos mostraron una caída parecida en el mismo lapso
    Doss et al. (2009)218 parejas seguidas durante 8 añosTras el nacimiento hubo un deterioro repentino, de tamaño pequeño a medio, que tendió a persistir. Madres y padres cambiaron de forma parecida. En las parejas sin hijos el deterioro fue más gradual
    Lawrence et al. (2008)156 parejas, con un grupo de parejas sin hijos por elecciónLos padres perdieron más satisfacción que los no padres, incluso las parejas muy satisfechas. El embarazo planificado y una mayor satisfacción previa protegieron
    Doss y Rhoades (2017)Revisión de la literaturaLa evidencia apunta a un efecto negativo en la mayoría de las parejas, y hay intervenciones de pareja eficaces

    ¿Es culpa del bebé, entonces? En parte. El metaanálisis de Mitnick muestra que algo del descenso también ocurre en parejas sin hijos, así que el paso del tiempo cuenta. Pero Doss y Lawrence comparan con parejas sin hijos y encuentran que el nacimiento añade una caída extra, más brusca.

    Los matices que más importan para tu caso:

    • Los declives son mayores cuando ya había más problemas antes, cuando hay apego inseguro, cuando el bebé tiene un temperamento difícil y cuando el hijo es biológico (frente a adoptado), según la revisión de Doss y Rhoades (2017).
    • La planificación del embarazo ayudó, pero con una salvedad: en el estudio de Lawrence frenó la caída en los maridos y no en las esposas.
    • Con los años, las parejas con y sin hijos convergen en su funcionamiento (Doss y Rhoades, 2017).
    • Las parejas casadas con hijos se divorcian menos que las que no los tienen, un hallazgo clásico que Bradbury y Karney (2019) atribuyen a que los hijos suben el costo de separarse. Estabilidad y satisfacción son cosas distintas.

    Si quieres un marco más amplio para saber si lo que viven está dentro de lo esperable, la guía sobre cómo saber si tu relación de pareja es sana puede servir de complemento.

    ¿Por qué entra en crisis la pareja después del bebé? Cansancio, ánimo y el círculo de la exigencia

    Hay tres mecanismos que se repiten en la literatura.

    El ánimo de ambos. En una cohorte de 129 parejas seguidas desde el embarazo hasta los 30 meses, las interacciones negativas frecuentes predijeron un aumento más pronunciado de la depresión, tanto en madres como en padres (Figueiredo et al., 2018). Las autoras advierten que es una asociación y no prueba causalidad. La relación entre ánimo y pareja funciona en los dos sentidos. Un metaanálisis de 37 estudios sobre depresión posparto en padres encontró que la baja satisfacción de pareja se asociaba con más riesgo (OR 1,40), junto con el antecedente de enfermedad mental y la depresión posnatal de la madre; las prevalencias publicadas van de 1,2 % a 25,5 % según el estudio (Wang et al., 2021). Más detalle sobre este cuadro en el artículo sobre depresión posparto.

    El patrón de demanda y retirada. Bradbury y Karney (2019) describen una secuencia que se intensifica cuando hay agotamiento: uno presiona, critica o exige (a menudo quien lleva la mayor carga) y el otro se distancia o se calla. La presión de uno justifica el silencio del otro, y el silencio alimenta más presión. Imagina una madre que pide ayuda por quinta vez en el día, en tono cada vez más duro, y un padre que ya está haciendo todo lo que sabe hacer y se encierra en el celular. Cada uno cuenta una historia distinta y ambas son ciertas.

    La hipervigilancia y las diferencias de estándar. Christensen, Doss y Jacobson (2014) observan que uno de los dos suele ser más cauteloso con el bebé y el otro más relajado. El cauteloso diagnostica al otro de irresponsable; el relajado se siente vigilado y criticado. Ninguno de los dos está equivocado del todo, y esa es la dificultad.

    Sexualidad después del parto: qué es esperable y qué no

    Esta es la parte que más se calla y la que más se busca. Conviene separar cuatro preguntas.

    ¿Por qué baja el deseo después del parto?

    Las revisiones coinciden en que la función sexual cae durante el embarazo y, en promedio, no recupera enseguida su nivel previo en el posparto (Gutzeit et al., 2020). Una revisión de revisiones enumera los factores que se relacionan con la sexualidad posparto de la pareja: el tipo de parto, el trauma perineal, la lactancia, los cambios de ánimo, los miedos, la imagen corporal y el apoyo de la pareja (Hajimirzaie et al., 2021).

    Rosen y Byers (capítulo 15 de Hall y Binik, 2020) ordenan esos factores en tres planos:

    • Biológico: la lactancia eleva la prolactina y baja los estrógenos y andrógenos, lo que favorece la sequedad vaginal; a eso se suman el trauma perineal y el agotamiento.
    • Psicológico: cambios de identidad, preocupación por el cuerpo, miedo a que duela y síntomas depresivos.
    • De pareja: menos tiempo a solas, malestar con el reparto de tareas y diferencias de deseo.

    Emily Nagoski (2015, 2024) añade una explicación sobre el cerebro. Cuando hay sueño acumulado, contacto físico continuo con el bebé y una lista infinita de cuidados, el sistema emocional del cuidado ocupa todo el espacio y “bloquea” al sistema del deseo. Muchas madres lo viven como estar “saturadas de contacto” (touched out): el toque de la pareja, aunque sea cariñoso, se siente como una demanda más. Si quieres ver cómo funciona este mecanismo en detalle, está en el artículo sobre deseo sexual responsivo. Y si esto te suena a “mi pareja no me desea como antes”, tienes una guía específica sobre ese tema.

    Cuánta gente lo vive: en los primeros tres meses, entre 20 % y 68 % de las mujeres reportan problemas de función o satisfacción sexual, y entre 21 % y 43 % de los padres reportan problemas de función o de deseo, según recoge el capítulo de Rosen y Byers (Hall y Binik, 2020). Los rangos son tan amplios porque los estudios miden cosas distintas. Lo útil es la señal: es frecuente, en ambos, y suele aliviarse con el tiempo (en los padres, las cifras bajan a entre 2 % y 17 % al cumplir el bebé un año, según el mismo capítulo).

    ¿Y el dolor?

    El dolor merece atención y no solo paciencia. Un metaanálisis de factores asociados encontró que el desgarro que compromete el esfínter anal se asoció con más disfunción sexual (OR 3,00) y más dolor en las relaciones (OR 1,92); la episiotomía se asoció con dolor (OR 1,64) y el parto instrumental con disfunción sexual (OR 1,70). La cesárea redujo el dolor (OR 0,68), pero no la disfunción sexual. La conclusión de los autores es que el trauma perineal pesa más que la vía de parto (Cattani et al., 2022).

    Las revisiones no coinciden del todo en la episiotomía: Gutzeit y colaboradores (2020) concluyen que no empeora la función sexual, mientras que sí lo hacen los desgarros de tercer y cuarto grado, y que la lactancia tiene un efecto levemente negativo. Lo prudente es no sacar una regla de ahí. Lo que sí coincide es que el dolor persistente tiene causas concretas (cicatriz, sequedad hormonal, tensión del suelo pélvico) que un profesional puede evaluar y tratar. Hay más sobre esto en la guía de dolor en las relaciones sexuales y vaginismo.

    ¿Qué pasa con los padres?

    La idea de que los hombres siempre están listos para el sexo choca con los datos que existen. Rosen y Byers describen problemas de función o de deseo en una proporción importante de padres durante los primeros meses (Hall y Binik, 2020), y los textos clínicos que revisamos describen cómo la prisa y la falta de predictibilidad (“tiempo prestado” entre una toma y otra) alimentan la ansiedad de desempeño. Nagoski (2024) recoge además que muchos padres siguen encontrando muy atractiva a su pareja pero evitan tomar la iniciativa por miedo a presionarla o por rechazos acumulados.

    La revisión de revisiones de Hajimirzaie y colaboradores (2021) concluye que la evidencia sobre la sexualidad masculina en el posparto es insuficiente. Es un hueco de la investigación, y los datos que sí existen indican que pasa. Para el caso de la ansiedad en el momento del encuentro, el artículo sobre ansiedad de desempeño sexual tiene herramientas concretas.

    Cuando uno quiere más que el otro

    En un estudio con 255 parejas de nuevos padres, la diferencia de deseo entre ambos se asoció con menor satisfacción sexual, no con menor satisfacción de pareja. Importó la dirección: ambos estaban menos satisfechos cuando era la madre quien tenía más deseo que el padre, y la satisfacción fue mayor cuando los dos tenían deseo alto que cuando los dos lo tenían bajo (Rosen et al., 2018). Es un estudio transversal, de modo que muestra relación y no causa.

    En cuanto a cómo manejarlo, un estudio con 229 personas en relaciones de largo plazo (no específico de nuevos padres) encontró que las estrategias hechas en conjunto con la pareja, como conversar o hacer algo juntos, se asociaron con más satisfacción sexual y de pareja que las individuales, como retirarse o resolverlo a solas (Vowels y Mark, 2020). Si lo que se busca es una referencia sobre cuánto sexo es “normal”, la frecuencia sexual normal en pareja tiene datos y matices.

    ¿Cuándo se pueden retomar las relaciones sexuales después del parto?

    El plazo varía de una mujer a otra. Depende de la cicatrización y del tipo de parto, y se decide en el control posparto con la matrona o el ginecólogo. El deseo, además, no sigue el calendario del alta médica: puede tardar bastante más en volver que el tejido en recuperarse. Un metaanálisis de 21 estudios con 4.482 mujeres encontró que algo más de la mitad retomó el coito de forma temprana, con resultados muy distintos de un estudio a otro, y con datos que provienen sobre todo de países de ingresos bajos y medios (Abebe Gelaw et al., 2024). Sirve más como recordatorio de la variabilidad que como una meta.

    Qué ayuda: lo que tiene respaldo en ensayos

    Hay tres ensayos controlados y una revisión que vale la pena conocer. Son programas pensados para las primeras etapas, así que su evidencia es más sólida para el primer año que para hijos mayores.

    • Family Foundations. Un ensayo con 399 parejas primerizas probó un programa de 9 sesiones (5 antes del parto y 4 después). A los 10 meses, el grupo del programa mostraba mejores resultados que el control en más de dos tercios de las medidas: coparentalidad, salud mental de los padres, crianza, ajuste del niño y violencia familiar, con efectos especialmente grandes en esta última (Feinberg et al., 2016).
    • Intervenciones breves de 6 horas. En un ensayo con 90 parejas, programas cortos de coparentalidad o de relación redujeron la caída de la satisfacción en parejas de alto riesgo, con efectos de tamaño medio a grande (d entre 0,53 y 0,99). Las mujeres además mostraron mejor coparentalidad y menos estrés percibido el primer año (Doss et al., 2014).
    • Couple CARE for Parents. En un ensayo con 71 parejas el programa redujo la comunicación negativa y evitó el desgaste del ajuste de pareja en las mujeres, pero no en los hombres. La muestra era pequeña, así que conviene tomarlo con cautela (Halford et al., 2010).
    • Revisión de programas. Una revisión de ensayos de psicoeducación para parejas con bebé encontró mejores resultados cuando los programas son accesibles en casa, enseñan habilidades concretas y, quizá, cuando se dirigen a parejas de mayor riesgo (Petch y Halford, 2008).

    La lectura práctica es que la preparación y el apoyo estructurado funcionan mejor que “ya lo iremos viendo”. Si estás embarazada o tu pareja lo está, vale la pena conversar con la matrona sobre qué programas existen en tu centro de salud.

    Prácticas que proponen los autores clínicos

    Lo que sigue viene de libros clínicos (Nagoski, McCarthy, Brotto) que el cuaderno de relaciones de pareja resume. Son propuestas con base clínica y teórica, no todas tienen ensayos propios en el posparto, y conviene probarlas con flexibilidad.

    • Sacar la penetración de la ecuación por un tiempo. McCarthy y McCarthy (2019) proponen una prohibición temporal del coito y caricias sin demanda: contacto sensual que no tiene que terminar en nada. Saber que no habrá penetración baja la presión y deja disfrutar el contacto.
    • Intimidad perezosa. Nagoski (2024) describe que, con acuerdo previo, la persona cansada pero afectuosa puede simplemente acompañar con abrazos mientras la otra se estimula sola.
    • Tiempo de conexión que no exige sexo. Reservar 15 a 30 minutos para conversar o abrazarse sin pantallas (Nagoski, 2024; McCarthy y McCarthy, 2019).
    • Reducir los frenos antes de buscar aceleradores. Nagoski (2015, 2024) sostiene que compartir de verdad el trabajo doméstico y de cuidado es lo que despeja el espacio mental para el deseo. Lo llama choreplay.
    • Mindfulness corto. Brotto (2018, 2022) propone ejercicios de 5 a 10 minutos, como sentarse espalda con espalda atendiendo al contacto y a la respiración, y la focalización sensorial (tocar con curiosidad, sin meta).
    • Aceptar la asincronía. En esta etapa no todos los encuentros serán igual de intensos ni simultáneos (McCarthy y McCarthy, 2019).

    Si quieres ver cómo se trabaja esto en consulta, la terapia sexual sigue una lógica parecida con acompañamiento.

    Cómo hablarlo sin que termine en pelea

    Una herramienta con base clínica es empezar por lo vulnerable en lugar de la queja. Christensen, Doss y Jacobson (2014) distinguen entre las emociones de superficie (enojo, sarcasmo, reproche) y las “suaves” (soledad, miedo a no ser suficiente, cansancio). Casi siempre se discute con las primeras y se necesita hablar de las segundas. “Estás en el celular todo el día” abre una pelea; “me siento sola con todo esto y me asusta” abre una conversación.

    Otra idea de ese enfoque (la “desconexión unificada”) es mirar el patrón de demanda y retirada como un problema compartido, un baile que ambos alimentan, y no como el defecto de uno. Cuando los dos pueden decir “nos pasó otra vez” en lugar de “tú siempre”, el círculo pierde fuerza. Y Nagoski (2024) recomienda reservar tiempo regular de conexión como adultos, sin la obligación de que termine en sexo, para que la conversación tenga un espacio propio.

    Cuándo conviene consultar con un profesional

    No hace falta esperar a que la relación se rompa para pedir ayuda. Hay señales que justifican consultar pronto:

    • Dolor en las relaciones sexuales que persiste. No es algo que haya que tolerar porque “es normal tras parir”. Merece una evaluación ginecológica y, según el caso, fisioterapia del suelo pélvico y terapia sexual.
    • Falta de deseo que te angustia. Si el interés no vuelve y esto te genera malestar, culpa o distancia con tu pareja, vale la pena conversarlo. Distinto es no sentir deseo espontáneo pero disfrutar cuando hay contacto sin prisa: eso suele ser deseo responsivo y rara vez requiere terapia intensiva.
    • Síntomas de depresión o ansiedad, en ti o en tu pareja: tristeza persistente, apatía, miedos obsesivos sobre el bebé. Los padres también pueden vivirlo (Wang et al., 2021). Más información en depresión posparto.
    • Distancia que se instala. Meses de demanda y retirada, evitar todo contacto físico por miedo a que se interprete como una invitación, o resentimiento por el reparto que no se mueve. La terapia de pareja apunta justo a eso, y la guía de qué esperar en la primera sesión baja la incertidumbre.
    • Cualquier forma de violencia, miedo o control. Eso requiere una evaluación de seguridad antes que cualquier ejercicio de pareja. En Chile, el Fono 1455 de orientación en violencia contra las mujeres atiende todos los días. Para orientación general en salud mental existe también Salud Responde, 600 360 7777.

    La Organización Mundial de la Salud entiende la salud sexual como parte del bienestar general, así que consultar por este tema es tan legítimo como consultar por cualquier otro.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal discutir más después de tener un hijo?

    Sí, es frecuente. El estrés, el sueño y el reparto del trabajo aumentan los roces, y la satisfacción de pareja baja en promedio tras el primer hijo (Doss et al., 2009). Lo que conviene vigilar es el patrón: si cada discusión termina con uno que exige y otro que se encierra, o si se instala el resentimiento, vale la pena hablarlo o consultar.

    ¿Mi pareja no me desea después del parto: significa que ya no me quiere?

    Lo más probable es que no. El deseo posparto está influido por el sueño, la lactancia, el dolor, el cansancio y la carga de cuidado, y las fuentes clínicas lo tratan como una respuesta esperable de esta etapa (Hall y Binik, 2020). Si te lo preguntas, ayuda más hablarlo en un momento tranquilo que interpretarlo a solas. Y si el distanciamiento dura y duele, es un buen motivo para consultar.

    ¿Cuándo se pueden retomar las relaciones sexuales después del parto?

    El plazo varía de una mujer a otra. Depende de la cicatrización y del tipo de parto, y lo define el control posparto con la matrona o el ginecólogo. El deseo puede tardar más que la recuperación física. Si hay dolor al intentarlo, no hay que forzarlo: se consulta.

    ¿Los padres también pierden el deseo después de tener un hijo?

    Muchos sí. Rosen y Byers recogen que entre 21 % y 43 % de los padres reportan problemas de función o de deseo a los tres meses (Hall y Binik, 2020), con presión de desempeño, cansancio y miedo a presionar a la pareja. La investigación sobre este tema todavía es escasa (Hajimirzaie et al., 2021).

    ¿Un hijo arregla una relación que ya iba mal?

    La evidencia no respalda esa idea. Los declives de satisfacción fueron mayores en las parejas que ya tenían más problemas antes (Doss y Rhoades, 2017). Lo que sí tiene respaldo son los programas que empiezan en el embarazo, como Family Foundations (Feinberg et al., 2016), que apuntan justo a preparar la relación antes de que llegue el bebé.

    ¿Sirve la terapia de pareja con un bebé en casa?

    Sí. La modalidad online evita tener que organizar quién cuida al bebé durante la sesión. Los ensayos de programas para nuevos padres muestran beneficios en coparentalidad, comunicación y satisfacción (Feinberg et al., 2016; Doss et al., 2014). Una terapia de pareja o sexual con un psicólogo puede ayudar a ordenar la conversación y a probar los ejercicios con guía.

    Qué llevarte de todo esto

    La relación de pareja cambia con la llegada de un hijo, y suele cambiar para ambos. Lo que está medido apunta a esto: la satisfacción baja en promedio, el deseo sexual también, el reparto del trabajo y el sueño explican buena parte, y los programas estructurados reducen el golpe. Sacar la presión de la penetración por un tiempo, repartir el trabajo con equidad real y conversar desde lo vulnerable son los cambios con más respaldo clínico.

    Si el dolor persiste, si la distancia se instala o si el ánimo de alguno de los dos no remonta, agenda una consulta o conoce cómo funciona la terapia psicológica online. Pedir ayuda en esta etapa es parte de cuidar a la familia, no una señal de que algo se rompió.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Abebe Gelaw, K., Atalay, Y. A., Yeshambel, A., Adella, G. A., Walle, B. G., Zeleke, L. B., & Gebeyehu, N. A. (2024). Prevalence and factors associated with early resumption of sexual intercourse among postpartum women: Systematic review and meta-analysis. PLOS ONE, 19(1), e0288536. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0288536

    Bradbury, T. N., & Karney, B. R. (2019). Intimate relationships (3.ª ed.). W. W. Norton & Company.

    Brotto, L. A. (2018). Better sex through mindfulness: How women can cultivate desire. Greystone Books.

    Brotto, L. A. (2022). The better sex through mindfulness workbook: A guide to cultivating desire. Greystone Books.

    Cattani, L., De Maeyer, L., Verbakel, J. Y., Bosteels, J., & Deprest, J. (2022). Predictors for sexual dysfunction in the first year postpartum: A systematic review and meta-analysis. BJOG, 129(7), 1017-1028. https://doi.org/10.1111/1471-0528.16934

    Christensen, A., Doss, B. D., & Jacobson, N. S. (2014). Reconcilable differences (2.ª ed.). Guilford Press.

    Doss, B. D., Cicila, L. N., Hsueh, A. C., Morrison, K. R., & Carhart, K. (2014). A randomized controlled trial of brief coparenting and relationship interventions during the transition to parenthood. Journal of Family Psychology, 28(4), 483-494. https://doi.org/10.1037/a0037311

    Doss, B. D., & Rhoades, G. K. (2017). The transition to parenthood: Impact on couples’ romantic relationships. Current Opinion in Psychology, 13, 25-28. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2016.04.003

    Doss, B. D., Rhoades, G. K., Stanley, S. M., & Markman, H. J. (2009). The effect of the transition to parenthood on relationship quality: An 8-year prospective study. Journal of Personality and Social Psychology, 96(3), 601-619. https://doi.org/10.1037/a0013969

    Feinberg, M. E., Jones, D. E., Hostetler, M. L., Roettger, M. E., Paul, I. M., & Ehrenthal, D. B. (2016). Couple-focused prevention at the transition to parenthood, a randomized trial: Effects on coparenting, parenting, family violence, and parent and child adjustment. Prevention Science, 17(6), 751-764. https://doi.org/10.1007/s11121-016-0674-z

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    Mitnick, D. M., Heyman, R. E., & Smith Slep, A. M. (2009). Changes in relationship satisfaction across the transition to parenthood: A meta-analysis. Journal of Family Psychology, 23(6), 848-852. https://doi.org/10.1037/a0017004

    Nagoski, E. (2015). Come as you are: The surprising new science that will transform your sex life. Simon & Schuster.

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    Rosen, N. O., Bailey, K., & Muise, A. (2018). Degree and direction of sexual desire discrepancy are linked to sexual and relationship satisfaction in couples transitioning to parenthood. The Journal of Sex Research, 55(2), 214-225. https://doi.org/10.1080/00224499.2017.1321732

    Vowels, L. M., & Mark, K. P. (2020). Strategies for mitigating sexual desire discrepancy in relationships. Archives of Sexual Behavior, 49(3), 1017-1028. https://doi.org/10.1007/s10508-020-01640-y

    Wang, D., Li, Y. L., Qiu, D., & Xiao, S. Y. (2021). Factors influencing paternal postpartum depression: A systematic review and meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 293, 51-63. https://doi.org/10.1016/j.jad.2021.05.088

    Yavorsky, J. E., Kamp Dush, C. M., & Schoppe-Sullivan, S. J. (2015). The production of inequality: The gender division of labor across the transition to parenthood. Journal of Marriage and Family, 77(3), 662-679. https://doi.org/10.1111/jomf.12189

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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