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  • Cómo perdonar a alguien que te hizo daño (y qué no es perdonar)

    Cómo perdonar a alguien que te hizo daño (y qué no es perdonar)

    Hay heridas que siguen doliendo meses o años después, y casi siempre aparece alguien que te dice “ya perdónalo”, como si fuera cuestión de voluntad. Si buscas cómo perdonar a alguien que te hizo mucho daño, conviene saber algo desde el inicio: perdonar ocurre dentro de ti, no es un favor que le debes a la otra persona, y puedes hacerlo a tu ritmo sin dejar de protegerte.

    Esta guía explica qué significa perdonar según la psicología, por qué cuesta tanto, seis pasos concretos para avanzar, qué muestran los estudios (y qué no muestran) y en qué casos perdonar puede esperar o no conviene.

    Respuesta corta: perdonar es dejar de querer vengarte y de querer huir de quien te dañó, sin olvidar lo ocurrido, sin justificarlo y sin volver a la relación cuando hay riesgo. Se trabaja bajando la rumiación, entendiendo tu rabia y, cuando estés en condiciones, decidiendo soltar el rencor. Los metaanálisis de terapias de perdón muestran mejoras en el perdón, la depresión, la ansiedad y la rabia, con efectos de pequeños a moderados.

    Perdonar: significado, qué es y qué no es

    En psicología, perdonar es un cambio interno y privado: disminuyen el deseo de vengarte y el deseo de alejarte de quien te dañó, y vuelve una buena voluntad básica hacia esa persona. Así lo define el psicólogo Michael McCullough en Beyond Revenge (2008). No exige que la otra persona lo sepa, ni que te caiga bien, ni que hables con ella.

    Esa definición deja fuera cuatro cosas con las que se confunde todo el tiempo:

    Se suele confundir con Qué lo diferencia del perdón
    Olvidar El recuerdo se queda. Lo que cambia es la carga emocional que trae, y esa memoria te sigue sirviendo para cuidarte (McCullough, 2008; Neff, 2016).
    Justificar Para perdonar hay que reconocer que lo ocurrido estuvo mal. Si lo justificas, ya no hay nada que perdonar.
    Excusar Excusar le quita responsabilidad a la otra persona (“no se dio cuenta”, “fue sin querer”). Se perdona a quien sí fue responsable.
    Reconciliarse El perdón es interno y puede hacerse sin volver a ver a nadie. Reconciliarse es restablecer la relación, y eso exige que la otra persona cambie y que haya seguridad.

    Separar perdón y reconciliación es la distinción más liberadora de todas. McCullough (2008) señala que, al entender el perdón como un proceso privado, es posible soltar la rabia sin convertirse en un “felpudo” (sin volver a exponerse a quien no ha cambiado). Kristin Neff (2016) lo dice en su libro Sé amable contigo mismo: perdonar no obliga a dejar de protegerse.

    Los investigadores también distinguen dos niveles. El perdón decisional es una decisión de conducta: resistir el rencor y tratar distinto a quien te dañó. El perdón emocional es el reemplazo gradual de las emociones del rencor por emociones menos hostiles, y es el que se asocia más directamente con el bienestar (Worthington et al., 2007). Puedes empezar por el primero y dejar que el segundo llegue después.

    ¿Por qué cuesta tanto perdonar a alguien que te hizo daño?

    Cuesta porque tu mente no perdona al azar. McCullough (2008) describe el perdón como un mecanismo sensible al contexto, que se activa cuando la mente evalúa tres cosas: si esa persona y esa relación valen la pena, si hay señales de que no volverá a dañarte y si puedes ponerte en su lugar. Cuando falta seguridad, el resentimiento es una alarma que hace su trabajo.

    Los estudios muestran qué empuja el perdón hacia un lado u otro:

    • La disculpa ayuda. Un metaanálisis de 175 estudios (Fehr et al., 2010) encontró que recibir una disculpa se asociaba con perdonar más (r = .42), y que lo hacía aún más la percepción de que el daño no fue intencional (r = -.49).
    • La rabia y la rumiación frenan. En tres estudios longitudinales (McCullough et al., 2007), cuando una persona le daba más vueltas a la ofensa, su perdón bajaba, y la rabia hacia el ofensor explicaba ese efecto (el miedo no).
    • La gravedad cuenta. Mientras más grave y más intencional se percibe el daño, más difícil es activar el perdón (McCullough, 2008).

    También hay una trampa conocida. Cuando alguien te hace daño, fantasear con la revancha activa los mismos circuitos que se encienden ante una recompensa, y promete un alivio que casi nunca llega: la venganza consumada no repara lo perdido y suele traer una respuesta del otro lado (McCullough, 2008). Por eso el rencor se siente productivo y a la vez agota.

    ¿Cómo perdonar a alguien que te hizo mucho daño? Seis pasos

    Estos pasos combinan lo que describen McCullough (2008), Neff (2016) y los programas de perdón que se han estudiado. No son un protocolo validado como tal, y el orden puede variar. Si sientes que te remueven demasiado, sáltate el que no puedas y vuelve a él más adelante.

    1. Nombra el daño y la rabia sin suavizarlos. Escribe qué pasó, qué te hizo y qué sientes hoy. Perdonar parte de reconocer que fue injusto. Si lo minimizas para “avanzar más rápido”, el rencor se queda debajo.
    2. Decide qué vas a hacer con el vínculo. Antes de pensar en perdonar, define si quieres, puedes o es seguro mantener contacto. Perdonar no te obliga a nada de esto. Si hay peligro, tu seguridad va primero.
    3. Corta el bucle de la rumiación. Una técnica con respaldo es la escritura expresiva (Pennebaker y Smyth, 2016): escribir entre 15 y 20 minutos al día durante 3 o 4 días sobre lo más hondo de la ofensa. Para que sirva, la escritura tiene que armar una historia con sentido y no quedarse en la queja ni en imaginar revanchas, que suelen subir la rabia. Otra herramienta es la reevaluación: mirar la situación desde afuera, como si le hubiera pasado a otra persona, o preguntarte cuánto va a pesar dentro de cinco años (Gross y Ford, 2024). Si pasas horas dándole vueltas al tema, también te sirve esta guía sobre cómo dejar de pensar demasiado.
    4. Intenta ver a la otra persona como humana, sin excusarla. Preguntarte qué contexto, qué estrés o qué historia había detrás de lo que hizo no cambia que estuvo mal. Sí baja la imagen del “monstruo” que alimenta la rabia, y la empatía por el ofensor es de los factores que más facilita perdonar (McCullough, 2008; Neff, 2016). Haz este paso solo si no sigues en contacto con quien te daña.
    5. Cuídate tú primero. Mucha gente no logra perdonar porque se culpa a sí misma por haber confiado, por no haberlo visto o por haberse quedado. La autocompasión de Neff (2016) da la fuerza emocional para poner límites y también para soltar el rencor. Puedes medir cómo te tratas en este test de autocompasión, y si la culpa pesa mucho, revisar la diferencia entre culpa y vergüenza.
    6. Decide soltar y sostén la decisión. Elige una frase que puedas repetirte, por ejemplo: “Lo que pasó estuvo mal y no lo justifico. Elijo dejar de cobrármelo con rabia”. El rencor va a volver en algunos días, y cada vez que vuelva repites la decisión. Hay un cuadernillo autoadministrado de este tipo, el programa REACH, que se probó en miles de personas (ver más abajo).

    ¿Funciona perdonar? Lo que dice la investigación

    Hay buena evidencia de que trabajar el perdón ayuda, con matices que conviene conocer.

    • En terapia. Un metaanálisis de 54 reportes (Wade et al., 2014) halló que las terapias diseñadas para promover el perdón lograron más perdón que no recibir tratamiento (diferencia estandarizada de 0,56) y que otros tratamientos (0,45), y también mejoras en depresión, ansiedad y esperanza. Funcionaron mejor las intervenciones más largas y las individuales que las grupales.
    • En síntomas. Otro metaanálisis de ensayos aleatorizados (Akhtar y Barlow, 2018) encontró menos depresión, rabia y estrés tras terapias de perdón, en adolescentes y adultos que habían vivido ofensas, violencia o trauma. Los autores lo califican como evidencia moderadamente fuerte y piden más estudios.
    • Con un cuadernillo. En un ensayo con 4.598 adultos de cinco países, incluida Colombia (Ho et al., 2024), quienes trabajaron un cuadernillo REACH autoadministrado tenían menos rencor a las 2 semanas (diferencia de 0,53) y algo menos de depresión y ansiedad (0,22 y 0,21) que quienes esperaban. Son efectos pequeños y medidos a corto plazo.
    • Perdonar frente a solo bajar la rabia. En un ensayo con 112 universitarios (Goldman y Wade, 2012), el tratamiento enfocado en perdonar redujo más la hostilidad y los síntomas, y aumentó más la empatía hacia el ofensor, que un tratamiento centrado en reducir la rabia. Ambos bajaron el deseo de venganza.
    • Tras abuso emocional. En un ensayo muy pequeño (Reed y Enright, 2006), 20 mujeres que habían sido maltratadas emocionalmente por sus parejas y estaban separadas hacía dos años o más mejoraron más en depresión, ansiedad y síntomas de estrés postraumático con terapia del perdón que con otra terapia. Con 20 personas, se toma como una señal y no como una conclusión.

    Sobre la salud, hay una asociación pequeña pero consistente. En un metaanálisis de 128 estudios (Lee y Enright, 2019), perdonar a otros se relacionó con mejor salud física (r = 0,14). Otro metaanálisis (Rasmussen et al., 2019) halló un vínculo más fuerte con la salud psicológica que con la física. Un seguimiento de 5 semanas (Toussaint et al., 2016) mostró que cuando una persona perdonaba más, bajaba su estrés y, con él, sus síntomas de salud mental. Casi todo esto es observacional: no prueba que perdonar cause por sí solo el beneficio.

    Cuándo perdonar puede esperar o no conviene

    Ninguna regla dice que debas perdonar a cualquier costo. Hay situaciones en las que conviene pensarlo con más cuidado:

    • Si hay peligro o violencia actual. La seguridad va antes que cualquier proceso interno. Perdonar mientras sigues expuesta o expuesto al daño es una invitación a que se repita (McCullough, 2008).
    • Si la persona no se arrepiente ni cambia. Puedes soltar el rencor por tu propia paz sin que haya pedido perdón, pero no tienes que volver a abrirle la puerta (Neff, 2016). En parejas casadas, perdonar sin que cambie la conducta se asoció con más ofensas al día siguiente (McNulty, 2010) y con más agresión durante cuatro años en quienes eran más perdonadores (McNulty, 2011).
    • Si fue una infidelidad. Emily Nagoski (2024) y Bradbury y Karney (2019) coinciden en que perdonar y seguir en la relación son dos decisiones separadas. Se puede perdonar y terminar. Si la otra persona no muestra remordimiento ni corta con el vínculo que causó el daño, quedarse suele convertir al perdón en un “felpudo” (Bradbury y Karney, 2019). Si estás en el otro lado y quieres reparar, esta guía sobre cómo pedir perdón a tu pareja puede ayudarte.
    • Si lo hacen por presión. Perdonar para cumplir con la familia o para “estar en paz” cuando no estás lista o listo suele terminar en represión. Neff (2016) lo resume así: el perdón llega a su tiempo, y apurarlo no lo adelanta.

    Si el problema es que te cuesta defender tus límites mientras decides qué hacer, esta guía sobre cómo poner límites puede darte herramientas.

    No puedo perdonar: qué hacer si sientes que no puedes

    Si te descubres pensando “no puedo perdonar”, eso no habla mal de ti. McCullough (2008) plantea que el resentimiento es una respuesta de protección y que no estar listo para perdonar es esperable cuando la ofensa fue grave o no hay señales de seguridad. Mientras tanto, hay cosas que sí se pueden hacer:

    • Empieza por bajar la intensidad, no por perdonar. Trabajar la rumiación y los deseos de venganza (pasos 1 a 3) ya mejora cómo te sientes, aunque todavía no hayas decidido nada sobre el perdón.
    • Dale tiempo. El perdón tiende a crecer con los meses, rápido al inicio y más lento después, y depende de si la relación sigue valiendo para ti (McCullough et al., 2010).
    • Prioriza lo que falta. En algunas heridas conviene primero recuperar seguridad, procesar el trauma, poner límites o bajar la autoculpa. El perdón puede venir después de eso.
    • No te midas con una meta de “perdón total”. Dejar de pensar en la persona cada día, o poder nombrarla sin que te suba la rabia, ya es un avance real.

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional?

    Conviene consultar con un psicólogo o psicóloga cuando:

    • Le das vueltas al daño casi todos los días y te afecta el sueño, el trabajo o tus vínculos.
    • La herida viene de abuso, violencia o una situación que te dejó con miedo, flashbacks o hipervigilancia.
    • Sientes tristeza o ansiedad que no cede, o pensamientos de hacerte daño o de dañar a la otra persona. Si tienes ideas de hacerte daño, puedes llamar al *4141 (Línea Prevención del Suicidio, Chile).
    • Has intentado perdonar varias veces y siempre te quedas atascado en el mismo punto.

    El trabajo con perdón en terapia funciona mejor cuando es más largo y personalizado (Wade et al., 2014), y un profesional también puede ayudarte a distinguir cuándo lo que necesitas es poner distancia antes que perdonar. Si quieres conversarlo, puedes escribirnos por la página de contacto.

    Preguntas frecuentes

    ¿Perdonar es lo mismo que olvidar?

    No. El perdón cambia la carga emocional del recuerdo, pero no lo borra, y esa memoria te ayuda a protegerte de situaciones parecidas. Puedes perdonar y recordar con claridad lo que ocurrió (McCullough, 2008; Neff, 2016).

    ¿Puedo perdonar a alguien que nunca me pidió perdón?

    Sí. El perdón es un proceso interno y no depende de que la otra persona se disculpe, aunque la disculpa lo facilita. Neff (2016) señala que se puede soltar el rencor sin que el otro lo sepa ni cambie. Lo que no corresponde es reanudar el vínculo si sigue siendo dañino.

    ¿Perdonar significa volver con la persona?

    No. Perdonar es un cambio interno, mientras que reconciliarse es restablecer la relación, y esto último requiere arrepentimiento, cambios de conducta y seguridad. Es perfectamente válido perdonar y no volver a tener contacto.

    ¿Cuánto tarda en llegar el perdón?

    El plazo varía mucho de una persona a otra. En estudios con seguimiento, el perdón suele aumentar con el tiempo, con mayor avance al principio y más lento después (McCullough et al., 2010). Una ofensa grave puede tomar meses o años.

    ¿Por qué me siento peor cuando intento perdonar?

    Puede ser que estés intentando perdonar antes de reconocer la rabia, que sientas culpa por no lograrlo o que estés presionándote. Neff (2016) advierte que perdonar prematuramente puede terminar en represión. Vuelve a los pasos 1 a 3 y baja la exigencia.

    ¿Se puede perdonar a quien abusó de mí?

    Es posible, pero no es una obligación y no tiene plazo. Lo prioritario es tu seguridad y tu recuperación, idealmente con apoyo profesional. Perdonar en estos casos no implica dejar de protegerte ni mantener contacto.

    Qué hacer desde hoy

    • Escribe durante 15 minutos qué pasó y qué sientes, sin censurarte ni imaginar revanchas.
    • Decide qué contacto, si alguno, quieres mantener con esa persona, y protege esa decisión.
    • Si el tema te sigue ocupando la cabeza durante semanas, considera trabajarlo con un profesional.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Akhtar, S., & Barlow, J. (2018). Forgiveness therapy for the promotion of mental well-being: A systematic review and meta-analysis. Trauma, Violence, & Abuse, 19(1), 107-122. https://doi.org/10.1177/1524838016637079

    Bradbury, T. N., & Karney, B. R. (2019). Intimate relationships (3.ª ed.). W. W. Norton.

    Fehr, R., Gelfand, M. J., & Nag, M. (2010). The road to forgiveness: A meta-analytic synthesis of its situational and dispositional correlates. Psychological Bulletin, 136(5), 894-914. https://doi.org/10.1037/a0019993

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    Wade, N. G., Hoyt, W. T., Kidwell, J. E. M., & Worthington, E. L. (2014). Efficacy of psychotherapeutic interventions to promote forgiveness: A meta-analysis. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 82(1), 154-170. https://doi.org/10.1037/a0035268

    Worthington, E. L., Witvliet, C. V. O., Pietrini, P., & Miller, A. J. (2007). Forgiveness, health, and well-being: A review of evidence for emotional versus decisional forgiveness, dispositional forgivingness, and reduced unforgiveness. Journal of Behavioral Medicine, 30(4), 291-302. https://doi.org/10.1007/s10865-007-9105-8

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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