Etiqueta: bulimia

  • Ejercicio compulsivo (adicción al ejercicio): señales y riesgos

    Ejercicio compulsivo (adicción al ejercicio): señales y riesgos

    Entrenas con una lesión porque faltar “no es opción”. Si un día no puedes ir, la culpa te acompaña hasta la noche, y si comiste de más, compensas con una hora extra, sin importar el cansancio. Quizás un familiar te dijo que ya es demasiado y tú le respondiste que es solo disciplina. Si llegaste buscando qué es el ejercicio compulsivo, probablemente quieres saber dos cosas: si lo que haces ya se pasó de la raya y qué se puede hacer.

    Esta guía reúne lo que dicen los estudios sobre el ejercicio compulsivo y la adicción al ejercicio, junto con el trabajo clínico de Fairburn, Cash y Treasure, referentes en trastornos de la conducta alimentaria (TCA) e imagen corporal. Verás cómo se llama esta conducta, qué la distingue de entrenar mucho, cómo se relaciona con la anorexia y la bulimia, qué consecuencias tiene, cómo se trata y qué puedes hacer tú o alguien de tu familia.

    En breve: el ejercicio compulsivo es entrenar por una sensación de obligación interna, que se mantiene aunque haya lesión, enfermedad o costo en la vida social. Lo define la libertad que queda para elegir, y no las horas. No tiene un diagnóstico propio en los manuales actuales, y es muy frecuente en los trastornos alimentarios: en estudios clínicos aparece en cerca de la mitad de los pacientes. Se trata con terapia, que incluye el ejercicio dentro del tratamiento de lo que lo sostiene. Esta guía orienta y no reemplaza una evaluación.

    ¿Qué es el ejercicio compulsivo y cómo se llama la adicción al ejercicio?

    El ejercicio compulsivo es una forma de ejercicio excesivo en la que la persona se siente impulsada a entrenar, lo hace para evitar un malestar y lo mantiene aunque le cueste salud o relaciones. No tiene un nombre único, y por eso la búsqueda “adicción al ejercicio, cómo se llama” da resultados distintos. Según el contexto se le llama ejercicio compulsivo, ejercicio físico compulsivo, ejercicio excesivo, ejercicio “impulsado” (driven exercise) o adicción al ejercicio.

    Una propuesta de definición para los trastornos alimentarios pide dos cosas. Primero, un patrón de ejercicio que la persona siente que debe hacer, ya sea por una obsesión o por reglas que aplica con rigidez, con el fin de evitar un malestar o una consecuencia temida. Segundo, un costo real: consume mucho tiempo, interfiere con la rutina, el trabajo o las relaciones, o continúa pese a lesión, enfermedad o falta de disfrute. Los autores describen tres formas: ejercicio intenso, aumento marcado del movimiento diario (caminar o estar de pie en exceso) e inquietud motora, y piden que el patrón lleve al menos seis meses (Dittmer et al., 2018).

    Sobre el nombre “adicción”, la discusión sigue abierta. Una revisión de 17 estudios cualitativos encontró que los síntomas descritos coinciden con siete de los nueve criterios del DSM-5 para el juego patológico y propuso diez criterios provisionales, entre ellos entrenar cada vez más, no poder reducirlo, sentir culpa al faltar y seguir pese a lesiones (Colledge et al., 2020). Otra revisión de la literatura señala que ni el DSM ni la CIE lo reconocen como trastorno mental (Lichtenstein et al., 2017). La vigorexia, el caso en que el objetivo es el músculo, sí tiene lugar en el DSM-5-TR, como un especificador del trastorno dismórfico corporal, según una revisión de 2026 en The Lancet Child & Adolescent Health (Nagata et al., 2026).

    ¿En qué se diferencia entrenar mucho de entrenar de forma compulsiva?

    La diferencia está en la libertad para elegir y no en la cantidad. Fairburn (2008) separa el ejercicio excesivo, que se mide por el daño físico o la interferencia con la vida, del ejercicio impulsado, que se caracteriza por sentirse obligado a hacerlo. Alguien puede entrenar diez horas semanales con placer y flexibilidad, y otra persona sufrir con tres.

    Entrenar con saludEjercicio compulsivo
    Lo eliges y lo ajustas según tu energía, el clima o tus planesSientes que debes hacerlo, y la obligación manda aunque no tengas ganas
    Si faltas por un imprevisto, descansas sin mayor problemaFaltar produce culpa, angustia, irritabilidad o pánico
    Se detiene o se adapta con una lesión, una enfermedad o el cansancioSigues con dolor, lesionado o enfermo
    Convive con tus amistades, tu trabajo y tu familiaVa primero: cancelas planes, evitas salidas, te aíslas
    Lo haces por salud, disfrute o rendimientoLo haces para compensar lo que comiste, controlar el peso o calmar un malestar
    Tu ánimo no depende de haber cumplidoTu valía del día depende de haber cumplido

    Las dos columnas orientan y no reemplazan un diagnóstico. La psicología del ejercicio sano también se estudia: el grupo de Calogero describe el ejercicio “sintonizado” (attuned), que se hace escuchando las señales del cuerpo y por motivos de salud o disfrute, como contraparte del ejercicio compulsivo (en Piran y Tylka, 2019).

    ¿Cuáles son las señales de ejercicio compulsivo?

    Las señales más consistentes en los estudios son estas:

    • Entrenas con lesión, enfermedad o agotamiento, y descansar te parece una falla.
    • Si no puedes ejercitarte, sientes culpa, ansiedad, irritabilidad o inquietud física.
    • Necesitas hacer cada vez más (más tiempo, más intensidad) para sentirte en paz.
    • Compensas lo que comes con ejercicio, o “te ganas” la comida entrenando antes (Fairburn, 2008 lo llama debting, endeudamiento).
    • Has intentado reducirlo y no lo logras.
    • Cancelas planes, evitas reuniones o discutes con tu familia por entrenar.
    • Sigues pese a que sabes que te hace daño.
    • Tu estado de ánimo, o tu opinión sobre ti, depende de haber cumplido la rutina.

    Varias de esas señales (aumento progresivo, malestar al faltar, imposibilidad de reducir, culpa y continuación pese al daño) figuran entre los diez criterios propuestos por Colledge et al. (2020). Fairburn (2008) menciona además tres modalidades que conviene reconocer, porque no todos “van al gimnasio”: exceso de actividad cotidiana (estar de pie en vez de sentarse, caminar distancias desproporcionadas), ejercicio normal llevado al extremo, y ejercicios repetitivos y solitarios, como cientos de abdominales o sentadillas.

    ¿Para qué sirve el ejercicio compulsivo? Lo que lo mantiene

    El ejercicio compulsivo se sostiene porque cumple una función. Según Fairburn (2008, 2013), suele servir para tres cosas: controlar el peso o la figura (incluida la compensación después de comer), regular el ánimo (apagar la ansiedad, la culpa, la tensión o la ira) y sostener una sensación de control y de logro cuando la autoestima depende de dominar el cuerpo.

    La segunda función tiene respaldo en una muestra de 60 adolescentes con anorexia hospitalizadas. Cuando el ejercicio servía para evitar un estado de ánimo negativo, se asociaba con más síntomas del trastorno alimentario, más ansiedad y depresión y menor autoestima, y el ejercicio que se hacía para mejorar el ánimo no mostró esa asociación (Noetel et al., 2016). La función importa más que el número de horas.

    También pesa el perfeccionismo. Un metaanálisis de 7 estudios con 3.117 participantes encontró una asociación positiva entre perfeccionismo total y ejercicio compulsivo (r = 0,37), con valores parecidos para las metas exigentes (r = 0,33) y para el miedo a fallar (r = 0,32), aunque casi todos eran estudios transversales y no permiten saber qué causa qué (Bills et al., 2025). Si el perfeccionismo es parte de tu historia, tu guía sobre perfeccionismo conecta con esto.

    Desde la psicología clínica, Meyer et al. (2011) revisaron la literatura sobre quienes tienen un TCA y construyeron un modelo cognitivo-conductual del ejercicio compulsivo. La idea de fondo es la de cualquier conducta de seguridad: el ejercicio calma el malestar un rato, la calma refuerza la conducta y la próxima vez cuesta más dejarla. Treasure et al. (2007) lo describen igual, como una conducta de seguridad que reduce la ansiedad y neutraliza la culpa tras comer.

    ¿Cómo se relaciona el ejercicio compulsivo con la anorexia o la bulimia?

    El ejercicio compulsivo es uno de los síntomas más frecuentes de los trastornos alimentarios. En un estudio con 165 pacientes hospitalizados, el 45,5 % hacía ejercicio compulsivo para controlar la figura o el peso. Era más común en la anorexia de tipo restrictivo (80 %), seguida de la anorexia con atracones o purgas (43,3 %), la bulimia purgativa (39,3 %) y otros trastornos alimentarios (31,9 %). Lo predecía sobre todo la restricción dietaria (Dalle Grave et al., 2008).

    Un estudio sueco con más de 9.000 pacientes llegó a una cifra parecida: el 48 % tenía ejercicio compulsivo, en todos los diagnósticos y de forma similar en mujeres y hombres. Se asoció con más síntomas del trastorno, en particular restricción y perfeccionismo negativo (Monell et al., 2018).

    El papel del ejercicio cambia según el trastorno:

    • En la anorexia, es una vía más para bajar de peso o sostener el bajo peso, junto con la restricción. Es donde el ejercicio impulsado alcanza su forma más intensa (Fairburn, 2008). Puedes ver el cuadro completo en la guía de anorexia nerviosa.
    • En la bulimia, funciona sobre todo como conducta compensatoria: se entrena para “quemar” un atracón o se entrena antes para “ganarse” la comida. Fairburn (2008) señala que cuando el ejercicio es solo compensatorio suele ir bajando a medida que se ordena la alimentación y se van los atracones. La guía de bulimia nerviosa explica el resto del ciclo.
    • En el trastorno por atracón, por definición no hay conductas compensatorias regulares, así que el ejercicio compulsivo no es lo habitual. Fairburn (2013) describe más bien lo contrario: es frecuente que quienes se dan atracones se muevan poco. Hay más en la guía del trastorno por atracón.

    Ejercicio compulsivo y trastorno alimentario se solapan mucho. Un metaanálisis de 9 estudios con 2.140 adultos encontró que la adicción al ejercicio era unas 3,7 veces más frecuente en quienes tenían indicios de un trastorno alimentario que en quienes no (razón de odds 3,71; IC 95 %: 2,00-6,89), y los porcentajes variaban según el cuestionario usado (Trott et al., 2021). La asociación es fuerte, y aun así hay personas con ejercicio compulsivo sin trastorno alimentario y personas con TCA sin ejercicio compulsivo.

    La diferencia entre anorexia y bulimia en este punto es parte de una comparación más amplia en la guía de diferencias entre anorexia y bulimia. Si te preguntas si lo que te pasa con la comida y el cuerpo ya merece una evaluación, el test SCOFF es un tamizaje breve y gratuito.

    ¿Quién tiene más riesgo de adicción al ejercicio sin un trastorno alimentario?

    Hay personas con ejercicio compulsivo que no restringen la comida ni se ven con sobrepeso. Una revisión de 48 estudios que usaron cuestionarios de riesgo de adicción al ejercicio encontró que el riesgo variaba según el deporte. Con el Exercise Addiction Inventory, el riesgo fue de 14,2 % en deportes de resistencia, 10,4 % en deportes con pelota, 8,2 % entre quienes asisten a gimnasios y 6,4 % en disciplinas de fuerza, frente a 3,0 % en la población general (Di Lodovico et al., 2019). Con la otra escala (Exercise Dependence Scale) los resultados fueron dispares, así que las cifras varían según el instrumento.

    Dos matices ayudan a leerlas. Son cuestionarios de riesgo y no diagnósticos. Y la revisión de Lichtenstein et al. (2017) vincula el ejercicio compulsivo con perfeccionismo, neuroticismo, narcisismo y rasgos obsesivo-compulsivos, además de los trastornos alimentarios.

    Cuando el objetivo es el músculo (levantar pesas a diario, miedo a verse pequeño, el descanso vivido con angustia), el cuadro tiene nombre propio: vigorexia o dismorfia muscular. Una revisión reciente describe que en esa población la rumiación sobre la apariencia sube en los días de descanso, y que el ejercicio le sirve a la persona para regular el ánimo a corto plazo (Nagata et al., 2026). Y si lo que domina es la comida “perfecta” y no el cuerpo, mira la guía de ortorexia.

    ¿Cuáles son las consecuencias del ejercicio compulsivo?

    Las consecuencias se reparten entre el cuerpo, el ánimo y la vida social.

    • Lesiones. Fairburn (2008) destaca las lesiones por sobreuso (distensiones, desgarros, dolor crónico), que persisten porque la persona no puede parar. La revisión de Lichtenstein et al. (2017) las lista entre las consecuencias más claras.
    • Bajo peso y recuperación más lenta. El gasto energético extra interfiere con subir de peso cuando hace falta (Fairburn, 2008; Lock et al., 2012).
    • Huesos, corazón y menstruación. En personas con bajo peso, entrenar aumenta el riesgo de fracturas y de complicaciones cardíacas (Fairburn, 2008). Las alteraciones menstruales y la pérdida de peso injustificada son motivos de evaluación (GuiaSalud, 2009; NICE, 2017).
    • Ánimo. Se asocia con más ansiedad y depresión, además de la angustia al interrumpir el ejercicio (Lichtenstein et al., 2017; Noetel et al., 2016).
    • Vida social. Fairburn (2008) lo resume en que el ejercicio pasa a tener prioridad sobre el trabajo, el estudio y las amistades, con el aislamiento que sigue. La revisión de Lichtenstein et al. (2017) también cita el deterioro social.
    • Peor pronóstico del trastorno alimentario. En los 9.000 pacientes de Monell et al. (2018), quienes mantenían o empezaban el ejercicio compulsivo durante el tratamiento remitían bastante menos al año que quienes nunca lo tuvieron o lo dejaron. Por eso recomiendan evaluarlo en todos los pacientes y de manera continua.

    ¿Cómo se trata el ejercicio compulsivo?

    Se trata con psicoterapia, y cuando hay un trastorno alimentario, dentro de su tratamiento. Una revisión sistemática de 11 estudios sobre tratamientos del ejercicio compulsivo en trastornos alimentarios encontró mejorías en el ejercicio y en los síntomas alimentarios en todos. Las intervenciones se centraban en psicoeducación sobre ejercicio y muchas incluían sesiones de ejercicio. Las autoras concluyen que debería ser un componente estándar del tratamiento del TCA, aunque todavía no hay guías ni consenso sobre qué forma funciona mejor (Hallward et al., 2022).

    Los ensayos clínicos apuntan en la misma dirección, con matices:

    • En un ensayo con 78 adultas y adultos con anorexia, añadir un programa específico (LEAP, ocho sesiones) a la terapia cognitivo-conductual mejoró las creencias sobre el ejercicio, pero no hubo diferencias frente a la terapia sola, que también mejoró (Hay et al., 2018).
    • En un ensayo con 207 pacientes hospitalizadas, un grupo específico de “conducta de ejercicio saludable” redujo el ejercicio compulsivo más que el tratamiento habitual solo, aunque el efecto fue pequeño (tamaño del efecto 0,3) y no cambió el aumento de peso (Dittmer et al., 2020).
    • En un ensayo con 187 mujeres con bulimia o atracón, tanto la terapia cognitivo-conductual como una combinación de ejercicio y terapia nutricional redujeron el ejercicio compulsivo, sin diferencia entre ambas, y el nivel de actividad física no cambió (Mathisen et al., 2018).

    En la práctica clínica, Fairburn (2008) propone en la terapia cognitivo-conductual mejorada (CBT-E) un orden: registrar el ejercicio en tiempo real, explicar sus efectos (poco eficaz para controlar el peso, lesiones, tiempo perdido), identificar su función, desarmar el endeudamiento (“solo como si entrené antes”), rediseñar el ejercicio hacia formas más sociales y recreativas, y entrenar otras maneras de manejar el ánimo. En personas con bajo peso se supervisa médicamente y, si hace falta, se pacta una pausa del ejercicio.

    Cash (2008) agrega un paso para quienes se entrenan por la imagen corporal: reorientar el ejercicio hacia la salud, el disfrute y la competencia física, en lugar del cambio de la silueta. Según Cash, el ejercicio que se hace para corregir la apariencia se asocia con más insatisfacción corporal, y el que se hace por salud o placer no. Si te reconoces en el chequeo constante del cuerpo, te servirán también las guías de pesarse todos los días y de miedo a engordar, que comparten el mismo mecanismo de chequeo y alivio.

    ¿Qué puedes hacer si te reconoces en esto?

    Si no tienes bajo peso, y no hay vómitos, atracones ni restricción importante, estos pasos ordenan el problema. Si tienes alguno de esos tres, consulta antes de cambiar nada por tu cuenta, porque parar o reducir el ejercicio también tiene su manejo médico.

    1. Registra durante una o dos semanas. Anota cada sesión: qué hiciste, cuánto, qué sentías antes, qué pensabas si no podías entrenar y qué pasaba después. El registro es lo primero que propone Fairburn (2008) y rompe el piloto automático.
    2. Busca la función. ¿Entrenas para compensar lo que comiste, para controlar el peso, para calmar la ansiedad o para cumplir una regla? Cada una se trabaja distinto (Fairburn, 2008).
    3. Corta el endeudamiento. Comer no necesita ganarse. Si hay reglas del tipo “solo almuerzo si entrené”, son lo primero que conviene desarmar con ayuda (Fairburn, 2008).
    4. Planifica un descanso y aguanta el malestar. Escoge un día fijo sin entrenar. La ansiedad sube al principio y baja con el tiempo. Postergar el impulso 15 a 30 minutos es una técnica que Cash (2008) propone para los rituales de chequeo corporal, y se puede adaptar al impulso de entrenar.
    5. Cambia la forma. Pasa de rutinas solitarias y rígidas a movimiento con otras personas: un deporte de equipo, una clase, una caminata acompañada (Fairburn, 2008). Es un ejercicio al que no se le exige quemar nada.
    6. Ten otra salida para el ánimo. Si el ejercicio era tu forma de calmarte, sirven la música, una ducha, hablar con alguien o una caminata breve, y conviene tenerlas antes de la angustia y no durante (Fairburn, 2008).

    Cash (2008) advierte que en cuadros graves la autoayuda no alcanza y conviene un terapeuta especializado. Si en dos semanas no logras tomar un día de descanso sin angustia, ya es información suficiente.

    Si le pasa a alguien cercano: cómo acompañar

    Presionar casi nunca funciona. Treasure et al. (2007) describen que gritar, amenazar o discutir sube la ansiedad y suele llevar a entrenar a escondidas, y que aceptar sin decir nada las rutinas extremas es una forma de acomodación que sostiene el problema. Lo que proponen es una presencia calmada y constante, con reglas claras y consistentes en la casa y con alternativas compartidas (ver una serie, juegos de mesa, actividades tranquilas) en lugar de tratar de frenar el ejercicio a la fuerza.

    Si se trata de una hija o un hijo con anorexia, el tratamiento basado en la familia indica algo distinto: en la primera fase, los padres asumen la responsabilidad de limitar o suspender el ejercicio mientras el cuerpo recupera peso, y la actividad física se devuelve poco a poco en la fase final, cuando el peso está estable y la intensidad es médicamente segura (Lock et al., 2012). Hay más en las guías sobre qué hacer si mi hijo tiene anorexia, cómo ayudar a alguien con anorexia o bulimia y trastornos alimentarios en adolescentes.

    ¿Cuándo consultar por ejercicio compulsivo?

    Conviene consultar si entrenar te produce angustia cuando no puedes, si sigues pese a lesiones, si lo usas para compensar lo que comes, si te ha costado amistades, trabajo o estudios, si lo has intentado reducir y no pudiste, o si se mezcla con pérdida de peso, atracones, vómitos o restricción de comida. En Chile puedes revisar opciones en la guía de tratamiento de los TCA en Chile.

    Existen cuestionarios para estimar el riesgo (el Exercise Addiction Inventory y el Compulsive Exercise Test se usan en investigación y en clínica), pero ninguno diagnostica: orientan la entrevista con un profesional (Di Lodovico et al., 2019; Dittmer et al., 2018). Si lo que sientes es más general con la comida y el cuerpo, el test SCOFF es una buena forma de empezar, y para ver el conjunto está la guía de trastornos de la conducta alimentaria.

    Acude a urgencias ante desmayos o mareos intensos, dolor en el pecho, latidos muy lentos o irregulares, fracturas o dolor óseo que no cede, o negativa total a comer o beber. Si aparecen ideas de hacerte daño o de morir, no te quedes sola o solo: llama a la línea de prevención del suicidio del Ministerio de Salud, *4141 (gratuita, 24 horas), o ve a urgencias de inmediato.

    Como material de consenso, hay información en MedlinePlus, en el Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU. y en la guía NICE NG69.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cómo se llama la adicción al ejercicio?

    Se le llama adicción al ejercicio, ejercicio compulsivo o ejercicio excesivo, según el contexto. No es un diagnóstico oficial del DSM ni de la CIE (Lichtenstein et al., 2017). Cuando el objetivo es el músculo se habla de vigorexia o dismorfia muscular, que sí figura en el DSM-5-TR como especificador del trastorno dismórfico corporal (Nagata et al., 2026).

    ¿Cuántas horas de ejercicio son demasiadas?

    Los estudios no fijan un número de horas. Vuelve problemático el ejercicio sentirte obligado a entrenar, mantenerlo pese a lesión o enfermedad y que desplace tu vida social o laboral (Dittmer et al., 2018; Fairburn, 2008). Alguien puede entrenar muchas horas con disfrute y otra persona sufrir con pocas. Importa la libertad de elegir y el costo, más que el reloj.

    ¿El ejercicio compulsivo es lo mismo que un trastorno alimentario?

    No. Es muy frecuente en los trastornos alimentarios (cerca del 45 al 48 % de los pacientes en dos estudios grandes), pero también aparece sin ellos (Dalle Grave et al., 2008; Monell et al., 2018). La adicción al ejercicio es unas 3,7 veces más frecuente en quienes tienen indicios de un TCA (Trott et al., 2021).

    ¿Qué consecuencias tiene el ejercicio compulsivo?

    Lesiones por sobreuso, recuperación más lenta del peso cuando falta, más ansiedad y depresión y deterioro de la vida social. En bajo peso suma riesgo de fracturas y complicaciones cardíacas (Fairburn, 2008; Lichtenstein et al., 2017). Dentro de un TCA, mantenerlo durante el tratamiento se asoció con una remisión menor al año (Monell et al., 2018).

    ¿El ejercicio compulsivo se puede tratar?

    Sí. Una revisión de 11 estudios mostró mejoría del ejercicio y de los síntomas alimentarios en todos, y recomienda incluirlo como parte estándar del tratamiento del TCA (Hallward et al., 2022). Los programas específicos aportan en algunos ensayos y en otros no se distinguen de la terapia habitual, así que el enfoque lo define cada caso.

    ¿Existe un test de ejercicio compulsivo?

    Existen cuestionarios como el Exercise Addiction Inventory y el Compulsive Exercise Test, que miden riesgo y no diagnostican (Di Lodovico et al., 2019). Aquí no hay calculadora con puntaje, porque los resultados cambian según el instrumento. Para una primera orientación sobre la relación con la comida, puedes usar el test SCOFF.

    ¿Quieres que entrenar deje de mandar?

    Dejar el ejercicio compulsivo a fuerza de voluntad suele fallar, porque lo que lo sostiene es una ansiedad real y reglas que el entrenamiento calma un rato. La terapia cognitivo-conductual trabaja justo eso: la función de la rutina, las reglas sobre comer y entrenar, la forma de interpretar un día de descanso y el peso que le das al cuerpo en tu valor personal. La terapia en línea puede ser parte de ese camino, aunque no reemplaza el control médico presencial cuando hay bajo peso o síntomas físicos.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Bills, E., Muir, S. R., Stackpole, R., & Egan, S. J. (2025). Perfectionism and compulsive exercise: A systematic review and preliminary meta-analysis. Eating and Weight Disorders, 30(1), Artículo 5. https://doi.org/10.1007/s40519-024-01704-1
    • Cash, T. F. (2008). The body image workbook: An eight-step program for learning to like your looks (2nd ed.). New Harbinger Publications.
    • Colledge, F., Cody, R., Buchner, U. G., Schmidt, A., Pühse, U., Gerber, M., Wiesbeck, G., Lang, U. E., & Walter, M. (2020). Excessive exercise: A meta-review. Frontiers in Psychiatry, 11, Artículo 521572. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2020.521572
    • Dalle Grave, R., Calugi, S., & Marchesini, G. (2008). Compulsive exercise to control shape or weight in eating disorders: Prevalence, associated features, and treatment outcome. Comprehensive Psychiatry, 49(4), 346-352. https://doi.org/10.1016/j.comppsych.2007.12.007
    • Di Lodovico, L., Poulnais, S., & Gorwood, P. (2019). Which sports are more at risk of physical exercise addiction: A systematic review. Addictive Behaviors, 93, 257-262. https://doi.org/10.1016/j.addbeh.2018.12.030
    • Dittmer, N., Jacobi, C., & Voderholzer, U. (2018). Compulsive exercise in eating disorders: Proposal for a definition and a clinical assessment. Journal of Eating Disorders, 6, Artículo 42. https://doi.org/10.1186/s40337-018-0219-x
    • Dittmer, N., Voderholzer, U., Mönch, C., Cuntz, U., Jacobi, C., & Schlegl, S. (2020). Efficacy of a specialized group intervention for compulsive exercise in inpatients with anorexia nervosa: A randomized controlled trial. Psychotherapy and Psychosomatics, 89(3), 161-173. https://doi.org/10.1159/000504583
    • Fairburn, C. G. (2008). Cognitive behavior therapy and eating disorders. Guilford Press.
    • Fairburn, C. G. (2013). Overcoming binge eating: The proven program to learn why you binge and how you can stop (2nd ed.). Guilford Press.
    • Grupo de Trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos de la Conducta Alimentaria. (2009). Guía de práctica clínica sobre trastornos de la conducta alimentaria. Ministerio de Sanidad y Consumo.
    • Hallward, L., Di Marino, A., & Duncan, L. R. (2022). A systematic review of treatment approaches for compulsive exercise among individuals with eating disorders. Eating Disorders, 30(4), 411-436. https://doi.org/10.1080/10640266.2021.1895509
    • Hay, P., Touyz, S., Arcelus, J., Pike, K., Attia, E., Crosby, R. D., Madden, S., Wales, J., La Puma, M., Heriseanu, A. I., Young, S., & Meyer, C. (2018). A randomized controlled trial of the compuLsive Exercise Activity TheraPy (LEAP): A new approach to compulsive exercise in anorexia nervosa. International Journal of Eating Disorders, 51(8), 999-1004. https://doi.org/10.1002/eat.22920
    • Lichtenstein, M. B., Hinze, C. J., Emborg, B., Thomsen, F., & Hemmingsen, S. D. (2017). Compulsive exercise: Links, risks and challenges faced. Psychology Research and Behavior Management, 10, 85-95. https://doi.org/10.2147/prbm.s113093
    • Lock, J., Le Grange, D., & Russell, G. (2012). Treatment manual for anorexia nervosa: A family-based approach (2nd ed.). Guilford Press.
    • Mathisen, T. F., Bratland-Sanda, S., Rosenvinge, J. H., Friborg, O., Pettersen, G., Vrabel, K. A., & Sundgot-Borgen, J. (2018). Treatment effects on compulsive exercise and physical activity in eating disorders. Journal of Eating Disorders, 6, Artículo 43. https://doi.org/10.1186/s40337-018-0215-1
    • Meyer, C., Taranis, L., Goodwin, H., & Haycraft, E. (2011). Compulsive exercise and eating disorders. European Eating Disorders Review, 19(3), 174-189. https://doi.org/10.1002/erv.1122
    • Monell, E., Levallius, J., Forsén Mantilla, E., & Birgegård, A. (2018). Running on empty: A nationwide large-scale examination of compulsive exercise in eating disorders. Journal of Eating Disorders, 6, Artículo 11. https://doi.org/10.1186/s40337-018-0197-z
    • Nagata, J. M., Hur, J. O., Murakami, K., Ganson, K. T., He, J., Murray, S. B., & Lavender, J. M. (2026). Muscle dysmorphia in adolescents and young adults. The Lancet Child & Adolescent Health, 10(2), 122-134. https://doi.org/10.1016/s2352-4642(25)00283-4
    • National Institute for Health and Care Excellence. (2017). Eating disorders: Recognition and treatment (NICE guideline NG69). https://www.nice.org.uk/guidance/ng69
    • Noetel, M., Miskovic-Wheatley, J., Crosby, R. D., Hay, P., Madden, S., & Touyz, S. (2016). A clinical profile of compulsive exercise in adolescent inpatients with anorexia nervosa. Journal of Eating Disorders, 4, Artículo 1. https://doi.org/10.1186/s40337-016-0090-6
    • Piran, N., & Tylka, T. L. (Eds.). (2019). Handbook of positive body image and embodiment: Constructs, protective factors, and interventions. Oxford University Press.
    • Treasure, J., Smith, G., & Crane, A. (2007). Skills-based learning for caring for a loved one with an eating disorder: The New Maudsley Method. Routledge.
    • Trott, M., Jackson, S. E., Firth, J., Jacob, L., Grabovac, I., Mistry, A., Stubbs, B., & Smith, L. (2021). A comparative meta-analysis of the prevalence of exercise addiction in adults with and without indicated eating disorders. Eating and Weight Disorders, 26(1), 37-46. https://doi.org/10.1007/s40519-019-00842-1

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta