Son las dos o las tres de la mañana. Estabas dormido y de golpe estás sentado en la cama, con el corazón golpeando, sudor frío, la sensación de que no entra aire y la certeza de que algo muy malo está pasando.
No hubo pesadilla, o al menos no la recuerdas. En dos o tres minutos lo peor pasa, pero quedas despierto, asustado y con una pregunta que no te deja volver a dormir: ¿qué fue eso?
Un ataque de pánico nocturno, muy probablemente (es lo mismo que mucha gente busca como “despertar con ataque de pánico”). Es más común de lo que parece, tiene explicación, y se trata bien.
En este artículo vas a encontrar por qué el cuerpo dispara una alarma mientras duermes, cómo distinguirlo de un terror nocturno, una pesadilla o una apnea del sueño (que se parecen, pero se manejan distinto), qué hacer esa misma noche y qué tratamiento tiene respaldo. Todo con la evidencia a la vista.
Respuesta corta: un ataque de pánico nocturno es despertar de golpe, desde el sueño, en estado de pánico: taquicardia, ahogo, sudor, miedo intenso, sin un sueño que lo explique. Ocurre desde el sueño no REM, casi siempre en el primer tercio de la noche, y le pasa a entre el 44 % y el 71 % de las personas con trastorno de pánico en algún momento.
No indica un problema más grave que el pánico de día, y responde a la terapia cognitivo conductual. Si además roncas fuerte, el episodio empezó después de los 45 años o hubo pérdida de conciencia, corresponde una evaluación médica antes que nada.
En breve
- Es despertar de golpe en estado de pánico, desde el sueño no REM, sin un sueño que lo explique.
- No indica un problema más grave que el pánico de día y responde a la terapia cognitivo conductual.
- Esa misma noche: ponle nombre, respira lento y no busques pruebas de que te estás muriendo.
- Si roncas fuerte, empezó después de los 45 años o hubo pérdida de conciencia, primero va la evaluación médica.
¿Qué es un ataque de pánico nocturno y cuáles son sus síntomas?
Un ataque de pánico nocturno es lo mismo que un ataque de pánico de día, con una diferencia: te saca del sueño. Los síntomas son los de cualquier crisis de pánico (palpitaciones, sudoración, temblor, falta de aire o sensación de ahogo, opresión en el pecho, mareo, hormigueos, miedo a morir o a perder el control) y llegan a su punto máximo en pocos minutos.
Lo que lo distingue es el contexto: la persona estaba dormida, no estaba pensando en nada, y despierta ya en medio de la ola.
Es frecuente. Según la revisión de Craske y Tsao, entre el 44 % y el 71 % de las personas con trastorno de pánico ha tenido al menos un ataque nocturno (Craske y Tsao, 2005). En la primera encuesta clínica sobre el tema, el 69 % de los pacientes lo había vivido alguna vez y un tercio lo tenía de forma recurrente (Mellman y Uhde, 1989b).
Moreno y Martín (2007, p. 67) lo resumen para el paciente en una frase: la mitad de las personas con trastorno de pánico ha tenido alguna crisis nocturna.
Dos datos más ayudan a reconocerlo. Primero, el momento: en un estudio japonés con 101 pacientes sin tratar, los ataques nocturnos ocurrían sobre todo en el primer tercio de la noche (Nakamura et al., 2013).
Segundo, la fase del sueño: no viene de un sueño. Cuando se registró en laboratorio, todas las crisis ocurrieron desde el sueño no REM, justo en la transición desde la fase 2 hacia el sueño profundo (Mellman y Uhde, 1989a). Por eso la mayoría de la gente no recuerda ninguna pesadilla: no la hubo.
Si nunca has leído sobre el cuadro de fondo, el artículo sobre el trastorno de pánico explica qué es una crisis de pánico y cuándo se convierte en trastorno. Aquí nos quedamos con la versión nocturna.
¿Por qué me da un ataque de pánico mientras duermo?
Esta es la pregunta que más desconcierta, y con razón. Si el pánico se dispara por interpretar una sensación corporal como peligrosa, ¿cómo puede pasar si estás dormido y no estás interpretando nada?
Lo que pasa en el cuerpo mientras duermes
La explicación que mejor se sostiene viene del modelo cognitivo conductual del pánico. Mientras dormimos, el cuerpo no se apaga: el ritmo cardíaco y la respiración cambian al pasar de una fase del sueño a otra. Y la atención tampoco se apaga del todo.
Como explican Moreno y Martín (2007, p. 62), la persona con trastorno de pánico puede reaccionar con alarma a un cambio corporal que se produce mientras está concentrada en otra cosa o incluso durante el sueño.
Siguiendo a Craske (1999, citada en Moreno y Martín, 2007), las crisis nocturnas se desencadenan por la percepción no consciente de esos cambios fisiológicos, sobre todo en la transición hacia las fases 2 y 3 del sueño no REM.
Es decir: el cuerpo hace algo normal, un sistema de detección que aprendió a temer esas sensaciones lo capta sin que tú lo sepas, y la alarma te despierta ya encendida.
Por qué el ataque se sostiene al despertar
Una vez despierto, entra la parte que sí conoces. Un análisis de redes con 215 personas encontró que la estructura de síntomas del pánico nocturno y del diurno es la misma, pero que quienes despiertan con pánico reportan síntomas cognitivos más intensos, y los autores lo interpretan como el papel de los pensamientos (“me estoy muriendo”, “me está dando un infarto”) en mantener el ataque una vez que abres los ojos (Smith et al., 2022).
La alarma la dispara el cuerpo; la sostiene la interpretación.
Por qué dormir puede dar miedo
Hay un ingrediente más, específico del pánico nocturno. Varios estudios del grupo de Craske apuntan a que estas personas temen los estados en que baja la vigilancia: dormirse, relajarse profundamente, “soltar el control”. En una comparación con tareas de laboratorio, la única prueba en que los pacientes con pánico nocturno se diferenciaron de los de pánico diurno fue la de relajación, donde estuvieron mucho más angustiados (Craske et al., 2001).
Y en una muestra comunitaria de 218 adultos, quienes tenían pánico nocturno puntuaban más alto en intolerancia a la incertidumbre y en sensación de ser responsables de evitar cualquier daño, como si no pudieran permitirse estar “desconectados” (Smith et al., 2019).
Tiene lógica: si dormir es bajar la guardia, y bajar la guardia se siente peligroso, el sueño mismo se vuelve un lugar donde temer.
Dos matices: la respiración y el trauma
Dos matices para completar el cuadro. Quienes tienen ataques nocturnos suelen reportar más síntomas respiratorios durante las crisis, como ahogo y falta de aire (Sarísoy et al., 2008), lo que encaja con que la sensación de ahogo fuera más frecuente en el grupo nocturno del estudio de Nakamura.
Y en una muestra de 154 pacientes, casi el 85 % de quienes tenían pánico nocturno recordaba algún evento traumático, frente al 28 % de quienes no lo tenían (Freed et al., 1999). Si tienes historia de trauma o síntomas de estrés postraumático, conviene decirlo en la primera consulta, porque cambia el enfoque.
Ataque de pánico nocturno, terror nocturno, pesadilla o apnea: cómo distinguirlos
Despertar con taquicardia y miedo tiene varias causas posibles, y la revisión de Craske y Tsao (2005) es clara: el pánico nocturno es un evento del sueño no REM distinto del terror nocturno, de la apnea del sueño y de las pesadillas.
Diferenciarlos importa porque cada uno se trata de forma distinta. Esta tabla resume las pistas que un clínico usa en la entrevista:
| Ataque de pánico nocturno | Terror nocturno | Pesadilla | Apnea obstructiva del sueño | |
|---|---|---|---|---|
| Cuándo ocurre | Primer tercio de la noche, sueño no REM | Primeras 3 horas, al salir del sueño profundo | Más hacia la madrugada, en sueño REM | Toda la noche, en cada pausa respiratoria |
| ¿Despiertas del todo? | Sí, lúcido y asustado | No: confusión, gritos, difícil de calmar, vuelve a dormir | Sí, orientado rápido | A veces con sensación de ahogo o sobresalto |
| ¿Recuerdas un sueño? | No hay sueño que lo explique | No; amnesia del episodio a la mañana siguiente | Sí, con detalle | No |
| ¿Recuerdas el episodio? | Perfectamente, y cuesta volver a dormir | Casi nunca | Sí | Puede que no; lo nota quien duerme al lado |
| Pistas asociadas | Ataques de pánico también de día, miedo a las sensaciones | Más frecuente en niños; en adultos, con estrés o alcohol | Estrés, trauma, algunos fármacos | Ronquido fuerte, pausas respiratorias, somnolencia de día |
Sobre el terror nocturno: la revisión de Leung y colaboradores describe que ocurre en las primeras tres horas de sueño, al salir de la fase de sueño profundo.
La persona se incorpora o salta de la cama, grita, está confusa e incoherente, es difícil de despertar y de consolar, en la mayoría de los casos no despierta del todo, y a la mañana siguiente no recuerda nada (Leung et al., 2020).
Es sobre todo un fenómeno infantil (1 a 6,5 % de los niños de 1 a 12 años), aunque MedlinePlus señala que también se presenta en adultos, especialmente con tensión emocional o consumo de alcohol.
La diferencia práctica es esta: en el pánico nocturno tú eres quien cuenta la historia al día siguiente; en el terror nocturno, la cuenta tu pareja.
Sobre la pesadilla: es un sueño con contenido que asusta, ocurre en sueño REM, más hacia la mañana, y la persona despierta orientada y recuerda los detalles.
Si al despertar puedes decir qué soñaste y el miedo va bajando en cuanto te ubicas, lo más probable es que haya sido una pesadilla. Si el miedo llegó sin argumento, sin imágenes, y el cuerpo iba primero, se parece más al pánico.
Sobre la apnea obstructiva del sueño: aquí el asunto es médico y vale la pena tomárselo en serio. Las pausas respiratorias producen microdespertares con sobresalto y sensación de ahogo que se pueden confundir con pánico.
Y no solo se confunden: se potencian. En un ensayo cruzado con 12 pacientes que tenían trastorno de pánico y apnea moderada a severa, cuatro semanas de CPAP (el equipo de presión de aire que se usa para la apnea) redujeron la frecuencia de ataques de pánico, la gravedad del trastorno y el uso de alprazolam, comparado con un CPAP simulado (Takaesu et al., 2012).
Los autores concluyen que la apnea agrava el pánico y que hay que tratar las dos cosas.
Si roncas fuerte, te han visto dejar de respirar dormido o te levantas con dolor de cabeza y sueño durante el día, pide una evaluación: MedlinePlus explica cómo se estudia, y en el sitio tienes una guía sobre los estudios del sueño y la polisomnografía.
Quedan las causas médicas que el DSM-5-TR pide descartar ante cualquier ataque de pánico: hipertiroidismo, arritmias, problemas vestibulares, crisis epilépticas y enfermedades cardiopulmonares (American Psychiatric Association, 2022).
Hay señales que orientan a una causa médica y que conviene contarle al doctor: que las crisis hayan empezado después de los 45 años, que haya vértigo real (la habitación gira), pérdida de conciencia, pérdida del control de esfínteres, habla arrastrada o lagunas de memoria del episodio.
Se ha descrito incluso un caso de epilepsia del sueño cuyo cuadro, despertares con entumecimiento y una sensación extraña, se solapaba con el de un pánico nocturno (Park et al., 2021).
Un examen físico y un electrocardiograma, que la revisión de JAMA recomienda cuando hay palpitaciones o dolor torácico, no son exagerar: son lo primero que se hace para poder decir “es pánico” con tranquilidad (Szuhany y Simon, 2022).
¿Es peor tener los ataques de noche que de día?
Es una preocupación muy habitual y la respuesta es tranquilizadora. Durante años se pensó que el pánico nocturno era una forma más grave del trastorno.
Cuando se comparó de verdad, 51 pacientes con pánico nocturno frente a 41 sin él, no hubo evidencia de una psicopatología más severa y solo evidencia débil de más problemas de sueño; de hecho, el grupo nocturno mostraba menos evitación agorafóbica, quizás porque no asocia el pánico a lugares concretos (Craske et al., 2002).
En el estudio de Nakamura et al. (2013), el pánico exclusivamente nocturno era incluso una forma más leve, y el grupo más grave era el que tenía ataques de día y de noche.
Lo que sí cambia es el sueño, y ahí conviene estar atento. En una muestra de 773 personas con trastorno de pánico, quienes tenían pánico nocturno y además historia de depresión eran los que peor dormían: cerca del 20 % dormía cinco horas o menos, frente al 2,5 % de quienes no tenían ninguna de las dos cosas (Singareddy y Uhde, 2009).
Tiene sentido: si despertar con pánico se vuelve frecuente, la cama deja de ser un lugar seguro, la persona posterga la hora de acostarse, se queda vigilando sus latidos y aparece el insomnio.
Es lo que muchas personas llaman ansiedad nocturna: no el ataque en sí, sino el estado de alerta que se instala alrededor de la hora de dormir.
Y ese círculo importa para el pronóstico. Un estudio que siguió a 1.054 adultos durante nueve años encontró que la depresión comórbida, el uso de fármacos para dormir, el tiempo despierto en la cama y la disrupción del ritmo circadiano estaban entre los mejores predictores de que el trastorno de pánico siguiera presente casi una década después (Zainal y Van Doren, 2025).
Dicho al revés: cuidar el sueño no es un extra del tratamiento del pánico nocturno, es parte de él. Si ya notas que la ansiedad te está quitando horas de sueño, el pilar sobre trastornos del sueño te orienta sobre cuándo es insomnio y qué se hace.
Cómo calmar un ataque de pánico nocturno: qué hacer esa noche, paso a paso
No existe un ensayo clínico de “qué hacer a las tres de la mañana”.
Lo que sigue son las mismas estrategias que usa la terapia cognitivo conductual del pánico, ordenadas para el momento en que despiertas asustado, y apuntan a los tres blancos que Craske y Tsao (2005) describen para el pánico nocturno: la interpretación catastrófica de las sensaciones, la hiperventilación y la reacción condicionada a las señales del propio cuerpo.
- Siéntate y ponle nombre. Prende una luz suave, apoya los pies en el suelo y dite algo concreto: “esto es un ataque de pánico; mi cuerpo disparó una alarma mientras dormía; en unos minutos baja”. Nombrarlo no lo apaga, pero le quita la parte de “no sé qué me pasa”, que es la que más asusta.
- Respira lento, no hondo. El instinto es tomar aire como si faltara, y eso hiperventila y aumenta el mareo y el hormigueo. Alarga la exhalación: inhala por la nariz contando hasta tres, exhala por la boca contando hasta seis, durante dos o tres minutos. Si quieres practicar la técnica de día, para tenerla lista de noche, aquí está explicada la respiración diafragmática para la ansiedad.
- No busques pruebas de que te estás muriendo. Tomarte el pulso cada treinta segundos, buscar síntomas de infarto en el celular o pedirle a tu pareja que te mire la cara son conductas que se sienten protectoras y alimentan el ataque. Deja el celular boca abajo.
- Espera a que pase, sin pelear. El pico de un ataque de pánico dura minutos. Tu tarea es no agregarle una segunda ola con la interpretación. Puedes apoyar la espalda, sentir el peso del cuerpo en el colchón y esperar. El cuerpo se regula solo cuando dejas de tratarlo como una emergencia.
- Si en 15 o 20 minutos no te duermes, sal de la cama. Ve a otra pieza con luz baja, haz algo aburrido (no pantallas) y vuelve cuando tengas sueño. Es el principio de control de estímulos de la terapia del insomnio: la cama es para dormir, no para quedarse vigilando. Si te quedas dando vueltas, la cama se asocia al miedo, y eso es justo lo que queremos evitar.
- A la mañana siguiente, anótalo. Hora aproximada, síntomas principales, cuánto duró, qué tomaste el día anterior (café, alcohol, algún medicamento nuevo), cómo dormiste las noches previas. Con dos o tres registros, la evaluación es mucho más rápida.
Lo que no conviene hacer: tomar alcohol para dormir (fragmenta el sueño y puede empeorar la apnea), usar un ansiolítico por tu cuenta cada noche, o empezar a acostarte cada vez más tarde “para no despertar así”.
Evitar el sueño es la trampa más común del pánico nocturno, y es también lo que lo mantiene.
Si el ataque vino con dolor en el pecho que no cede al calmarte, dificultad para respirar que persiste después de que pasó el miedo, desmayo o confusión, eso ya no es una noche para esperar: llama a una urgencia.
Si te sirve tener a mano lo que se hace en una crisis de día, que es lo mismo con luz, aquí está paso a paso: qué hacer en un ataque de ansiedad. Y si tu duda es si lo tuyo es ansiedad o pánico, hay un artículo que distingue las dos cosas.
Cómo se trata el ataque de pánico nocturno
La buena noticia es que el pánico nocturno responde al mismo tratamiento que el pánico de día, y hay estudios que lo probaron de forma específica.
La terapia cognitivo conductual (TCC) es la primera opción. En el ensayo del grupo de Craske, 43 personas con pánico nocturno fueron asignadas al azar a TCC inmediata o a una lista de espera: la terapia superó al simple paso del tiempo, el efecto se repitió cuando después se trató al grupo en espera, y las mejorías se mantuvieron a los nueve meses.
Además, los pacientes tratados mostraban menos reactividad cardíaca a estresores de laboratorio y menor activación durante el sueño (Craske et al., 2005).
Una pregunta razonable es si hace falta una terapia “especial” para lo nocturno. Un estudio canadiense comparó la TCC convencional del pánico con una versión adaptada al pánico nocturno: las dos redujeron los ataques nocturnos incluso más rápido que los diurnos, con cambios mantenidos hasta un año, y la versión adaptada no fue superior (Marchand et al., 2013).
Es una muestra pequeña (seis participantes en diseño de caso único), pero el mensaje coincide con el resto: la TCC estándar del pánico sirve.
¿Qué se hace en esa terapia? Tres cosas principales. Psicoeducación, para que entiendas exactamente lo que leíste en la sección de por qué ocurre. Reentrenamiento de la respiración y trabajo con los pensamientos catastróficos que sostienen el ataque una vez despierto. Y exposición interoceptiva: provocar a propósito, de forma gradual y con el terapeuta, las sensaciones temidas (mareo, taquicardia, falta de aire) hasta que dejan de leerse como peligro.
Para el pánico nocturno, Moreno y Martín (2007, pp. 141-142) proponen llevar esa exposición a la vida real con actividades que reproducen las condiciones de la noche: relajarse profundamente (que, como vimos, es justo lo que estas personas temen), acostarse tarde varias noches seguidas, levantarse rápido al oír muy fuerte el despertador o dormir en una pieza calurosa y mal ventilada.
No es algo para hacer por tu cuenta la primera semana: se planifica dentro del tratamiento, con una jerarquía. El artículo sobre terapia cognitivo conductual para la ansiedad explica cómo es una sesión típica.
Los fármacos ayudan, con dos precisiones. Para el trastorno de pánico en general, el metaanálisis en red de Cochrane sitúa a los ISRS y los IRSN como primera línea por su eficacia y su mejor tolerabilidad (Guaiana et al., 2023), y la revisión clínica de DeGeorge et al. (2022) recomienda mantenerlos entre 6 y 12 meses para reducir las recaídas.
Las benzodiacepinas alivian el síntoma pero no se recomiendan como tratamiento único por el riesgo de tolerancia y dependencia. La primera precisión es que, según Craske y Tsao (2005), faltan estudios controlados de fármacos dirigidos específicamente al pánico nocturno; lo que hay es la evidencia del pánico en general.
La segunda es que, cuando se compararon las psicoterapias entre sí en 136 ensayos clínicos, la TCC fue la opción de primera línea más sólida frente al tratamiento habitual (Papola et al., 2022), y combinarla con medicación es una decisión que se toma con el médico según la gravedad y la preferencia de cada persona.
Si hay apnea, se trata la apnea. Vale la pena repetirlo porque es el hallazgo más práctico de toda esta literatura: en el ensayo de Takaesu et al. (2012), tratar la apnea con CPAP redujo los ataques de pánico. Un neurólogo o médico de sueño puede indicar el estudio; en el sitio hay una guía sobre cómo encontrar un especialista en trastornos del sueño.
Cuándo buscar ayuda profesional
Un ataque de pánico nocturno aislado, en una semana de mucho estrés o después de una noche de alcohol, no requiere tratamiento. Pide una evaluación si se cumple alguna de estas condiciones:
- Los episodios se repiten (dos o más en un mes) o has empezado a temer la hora de acostarte.
- Estás durmiendo menos de seis horas de forma habitual, postergas el sueño o evitas dormir solo.
- Además de las crisis de noche, aparecen ataques de día, o has empezado a evitar lugares o actividades por miedo a que te dé una crisis (eso apunta a agorafobia).
- Notas ánimo bajo, pérdida de interés o desesperanza. La depresión es la comorbilidad que más pesa en el pronóstico del pánico (Zainal y Van Doren, 2025).
- Roncas fuerte, te han visto dejar de respirar dormido o tienes somnolencia de día: evaluación médica del sueño.
- Hay señales de causa médica: inicio después de los 45, pérdida de conciencia, control de esfínteres, habla arrastrada, lagunas del episodio.
Si aparecen ideas de no querer seguir viviendo
Hay un punto que no se puede omitir en un artículo sobre este tema. En un estudio con muestra comunitaria, las personas con pánico nocturno reportaron más intentos de suicidio previos que quienes tenían pánico solo de día o no tenían pánico, aunque la ideación y los planes no diferían entre los dos grupos con pánico (Smith et al., 2020).
Es un estudio transversal y no dice que el pánico nocturno cause nada; dice que la combinación de pánico, mal dormir y desesperanza merece atención rápida.
Si en alguna de esas noches aparecen ideas de no querer seguir viviendo, no lo dejes para la consulta de la próxima semana: en Chile, Salud Responde atiende las 24 horas en el 600 360 7777 y en el *4141, con orientación en salud mental.
Para todo lo demás, un psicólogo con formación en TCC puede confirmar que se trata de pánico nocturno, descartar con tu médico lo que haya que descartar y empezar el tratamiento. En nuestra consulta online trabajamos el trastorno de pánico con este enfoque, y el pánico nocturno se aborda dentro del mismo plan.
Preguntas frecuentes sobre el ataque de pánico nocturno
¿Por qué me despierto con taquicardia y miedo si no estaba soñando nada?
Porque el ataque no nace de un sueño sino del cuerpo. Al pasar de una fase del sueño a otra, el ritmo cardíaco y la respiración cambian; en una persona con trastorno de pánico, ese cambio puede ser detectado sin conciencia como una señal de peligro y disparar la alarma (Craske, 1999, citada en Moreno y Martín, 2007).
Despiertas cuando la alarma ya está encendida, y por eso no hay pesadilla que recordar.
¿Cómo sé si fue un ataque de pánico nocturno o un terror nocturno?
Por el recuerdo y la lucidez. En el pánico nocturno despiertas del todo, sabes dónde estás, lo recuerdas perfectamente al día siguiente y cuesta volver a dormir. En el terror nocturno la persona grita, está confusa, es difícil de calmar, no despierta del todo y no recuerda nada por la mañana (Leung et al., 2020); quien lo cuenta es la pareja.
¿Los ataques de pánico nocturnos son peligrosos?
Las sensaciones del ataque son desagradables pero inofensivas (Moreno y Martín, 2007, p. 62), y quienes lo tienen de noche no presentan un trastorno más grave que quienes tienen pánico de día (Craske et al., 2002).
Lo que hay que descartar, sobre todo si empezó después de los 45 años, si hay pérdida de conciencia o si roncas fuerte, es una causa médica como apnea, arritmia o hipertiroidismo.
Con esa evaluación hecha, el riesgo real es el insomnio y la evitación del sueño, no el episodio.
¿Se puede evitar que vuelva a pasar?
Se puede reducir mucho. La TCC del pánico redujo los ataques nocturnos en un ensayo con 43 personas, con mejorías mantenidas a los nueve meses (Craske et al., 2005). De tu lado: horarios regulares de sueño, menos alcohol y cafeína en la tarde, y no evitar la cama después de una crisis. Postergar el sueño por miedo es lo que más ayuda a que el problema se instale.
¿Tengo que tomar medicamentos?
No necesariamente. La psicoterapia cognitivo conductual es la primera opción y en muchos casos basta.
Cuando se indican fármacos, los ISRS e IRSN son la primera línea y se mantienen entre 6 y 12 meses (Guaiana et al., 2023; DeGeorge et al., 2022). Las benzodiacepinas no se recomiendan como tratamiento único. Para el pánico nocturno en particular faltan estudios controlados de medicamentos, así que la decisión se toma con el médico según cada caso.
¿Qué relación tiene con la apnea del sueño?
Doble. La apnea produce despertares con ahogo que se confunden con pánico, y además agrava el trastorno de pánico cuando coexisten. En un ensayo con 12 pacientes que tenían las dos condiciones, tratar la apnea con CPAP redujo la frecuencia de los ataques de pánico (Takaesu et al., 2012). Si roncas fuerte o tienes somnolencia de día, pide un estudio de sueño antes de atribuirlo todo a la ansiedad.
Para llevar
Despertar con un ataque de pánico es una de las experiencias más desconcertantes que puede dar la ansiedad, porque parece venir de la nada. No viene de la nada: viene de un cuerpo que cambia de fase de sueño y de un sistema de alarma que aprendió a temer esas sensaciones.
Le pasa a más de la mitad de las personas con trastorno de pánico, no indica un cuadro más grave, y responde a la terapia cognitivo conductual con resultados que se mantienen en el tiempo.
Lo que sí hay que hacer es dos cosas: descartar con el médico lo que se parece (apnea, arritmias, tiroides) y no dejar que el miedo se instale en la cama. Si llevas semanas temiendo la hora de dormir, ese es el momento de consultar. Puedes agendar una primera sesión online y empezar por ponerle nombre a lo que te pasa de noche.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
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