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  • Persona altamente sensible (PAS): qué es y test

    Persona altamente sensible (PAS): qué es y test

    Si te dijeron que eres demasiado sensible, o llegaste aquí porque el ruido, la prisa y el ánimo de los demás te agotan más que a quienes te rodean, probablemente buscas saber si eres una persona altamente sensible (PAS). La respuesta corta es que se trata de un rasgo de temperamento bien estudiado, que se mide con una escala y que no es una enfermedad.

    Más abajo hay un test de persona altamente sensible, gratis y sin registro, con dos caminos: leer tu puntaje de la escala de Elaine Aron o hacer una autoobservación guiada. Antes conviene entender qué mide cada cosa, porque el número solo tiene sentido con ese contexto.

    En breve: una persona altamente sensible procesa los estímulos y las emociones con más profundidad y se satura antes que la mayoría. En la investigación se llama sensibilidad de procesamiento sensorial. No es un trastorno ni un diagnóstico, no tiene punto de corte clínico y no se mide con ningún test casero que dé un veredicto. Lo que sí existe es la escala HSPS, de 27 ítems, con tramos orientativos publicados. Si la sensibilidad te está costando el sueño, el trabajo o tus vínculos, vale la pena consultar sin esperar un puntaje.

    ¿Qué es una persona altamente sensible y cuáles son sus características?

    En psicología, PAS es la sigla de persona altamente sensible. Una persona altamente sensible es alguien que registra más detalles del entorno, los procesa con más profundidad y reacciona con más intensidad, tanto a lo agradable como a lo difícil. La psicóloga Elaine Aron y Arthur Aron propusieron el concepto en 1997 y lo llamaron sensibilidad de procesamiento sensorial, con siete estudios que la separaron de la introversión y de la emocionalidad con las que se la confundía. La revisión crítica más completa lo describe como un rasgo común, heredable y presente en otras especies, que aumenta el riesgo de problemas ligados al estrés en ambientes adversos y, a la vez, el beneficio en ambientes de apoyo (Greven et al., 2019).

    La teoría la describe con cuatro rasgos que suelen resumirse con la sigla DOES en inglés (Aron et al., 2012; Greven et al., 2019):

    • Profundidad de procesamiento. Le das muchas vueltas a lo que percibes antes de actuar.
    • Sobreestimulación. Te saturas con el ruido, la gente, la prisa o las tareas simultáneas.
    • Reactividad emocional y empatía. Sientes con intensidad lo propio y se te contagia el ánimo ajeno.
    • Sutilezas. Notas detalles del entorno que otros pasan por alto: un tono de voz, un olor, un cambio de luz.

    Ese perfil no tiene un lado bueno y uno malo. Lo mismo que te cansa en una oficina abierta puede hacer que una pieza de música te conmueva más que a otros. La psicología lo estudia como una diferencia de temperamento, igual que otros rasgos de la personalidad.

    ¿Ser una persona altamente sensible es un diagnóstico?

    No. Ser una persona altamente sensible es tener un rasgo. Greven y colaboradores (2019) lo tratan como una dimensión del temperamento que varía de una persona a otra, y hasta donde pudimos revisar, el DSM-5-TR y la CIE-11 no incluyen una categoría diagnóstica con ese nombre. Por eso no hay un punto de corte clínico ni un examen que “confirme” la alta sensibilidad. La escala que se usa para medirla describe cuánto te pareces al rasgo, no si estás enfermo.

    Esto importa por dos razones. La primera es que el rasgo, por sí solo, no requiere tratamiento. La segunda es que sí puede acompañarse de problemas que lo requieren, como ansiedad, mal sueño o desgaste laboral, y ahí lo que se trata es el problema, no la sensibilidad. Más abajo vemos qué dice la investigación sobre esa relación.

    ¿Cuántas personas son altamente sensibles?

    La cifra que más circula es que entre el 15 % y el 20 % de la población lo es. El estudio de imágenes cerebrales de Acevedo y colaboradores (2014) la repite al hablar de “alrededor del 20 %”. Ese número viene de los primeros trabajos y de una forma de clasificar en dos grupos, sensibles y no sensibles.

    Cuando se usaron métodos estadísticos que dejan que los datos hablen, el resultado cambió. En 906 estudiantes universitarios de Estados Unidos que respondieron la escala, Lionetti y colaboradores (2018) encontraron tres grupos y no dos: alrededor del 31 % de sensibilidad alta (el grupo “orquídea”), 40 % de sensibilidad media (“tulipanes”) y 29 % de sensibilidad baja (“dientes de león”). Con un cuestionario para niños y adolescentes, Pluess y colaboradores (2018) obtuvieron algo parecido en 3.581 jóvenes de 8 a 19 años, con grupos de sensibilidad baja (25 % a 35 %), media (41 % a 47 %) y alta (20 % a 35 %).

    Los autores concluyen que la sensibilidad es un continuo y que las personas se reparten a lo largo de él, con tres agrupaciones útiles. Entonces, ¿cuántas son altamente sensibles? Depende de dónde se ponga la raya, y ninguna raya es oficial. Entre una de cada cinco y una de cada tres personas es un rango honesto.

    Test de persona altamente sensible: lee tu resultado

    La escala de referencia es la Highly Sensitive Person Scale (HSPS) de Aron y Aron, con 27 ítems que se responden de 1 (nada) a 7 (extremadamente). La suma va de 27 a 189. Como la HSPS tiene derechos de autor y no declara una licencia de reproducción, no copiamos ni traducimos sus ítems aquí. Los 27 ítems originales, en inglés, están publicados en la Tabla 1 del estudio de validación española, de acceso abierto. La autora mantiene además su sitio oficial, hsperson.com, con su propia prueba. Se corrige con las instrucciones de esa página y puede no ser comparable con los tramos de este artículo.

    Hay dos caminos en el test de abajo. Si ya sumaste tus 27 respuestas, el primero te muestra en qué tramo cae tu suma según dos estudios. Si no, el segundo te ofrece ocho frases propias para observarte, sin puntaje. Responde pensando en cómo eres en general y no en tu peor semana, y ten presente que nada de lo que escribas se guarda.

    Lee tu resultado de alta sensibilidad: dos caminos

    Tarda un par de minutos. No guarda nada: lo que escribas se queda en tu pantalla.

    Esto es una orientación, no un diagnóstico. La alta sensibilidad es un rasgo de temperamento y no tiene un punto de corte clínico. El primer camino interpreta el puntaje de la escala HSPS de Aron y Aron (1997), que no reproducimos porque tiene derechos de autor. El segundo es una guía de autoobservación con enunciados propios, sin puntaje.

    Cada ítem se responde de 1 (nada) a 7 (extremadamente) y se suman los 27. Los ítems originales están publicados en inglés, en la Tabla 1 del estudio de acceso abierto que enlazamos arriba.

    Marca cuánto te describe cada frase en general, no en tu peor semana. Son ocho frases escritas para este artículo a partir de las cuatro características que describe la teoría (profundidad, sobreestimulación, emoción y empatía, sutilezas). No suman un puntaje.

    Si el cansancio, la angustia o la irritabilidad te están costando el trabajo, el sueño o tus vínculos, eso merece una conversación aparte, sin importar el puntaje. Escríbenos aquí.

    ¿Cómo se interpreta el puntaje de la escala HSPS?

    El puntaje se interpreta contra muestras de referencia, no contra una norma clínica. Hay dos publicadas, y se miden distinto:

    ReferenciaQuiénes sonCómo se lee
    Lionetti et al. (2018)906 universitarios de Estados UnidosPromedio por ítem hasta 3,71: baja. Entre 3,72 y 4,66: media. Más de 4,66: alta. En suma: hasta 100, de 101 a 125, desde 126
    Chacón et al. (2021)8.358 adultos de España, de 18 a 70 añosAlta sensibilidad desde el percentil 67: suma de 160 o más en hombres y de 167 o más en mujeres

    Lionetti y colaboradores presentan sus cortes como preliminares y advierten que pueden variar según la población. En la validación española (Chacón et al., 2021) el tercio superior se definió dentro de la propia muestra, reunida por conveniencia y difundida, entre otros canales, con asociaciones de personas altamente sensibles. Los autores no tienen pruebas de sesgo, pero señalan el muestreo como una limitación. Su puntaje promedio fue de unos 148 puntos en hombres y 156 en mujeres, es decir, cerca de 5,5 y 5,8 por ítem, por encima incluso del grupo de sensibilidad alta de los universitarios estadounidenses (cerca de 5,0). Esa es la razón de que una misma suma pueda quedar en el tramo alto de un estudio y por debajo del tercio alto del otro.

    Cuatro cosas ayudan a leer bien el número:

    1. Mira el patrón, no solo la suma. La versión española se organiza en cinco dimensiones: sobreestimulación (9 ítems), sensibilidad estética (6), umbral sensorial bajo (5), discriminación psicofisiológica fina (4) y evitación del daño (3). Dos personas con 130 pueden ser muy distintas.
    2. Las mujeres puntúan algo más alto. En esa misma muestra la diferencia fue de tamaño medio en el puntaje total (Chacón et al., 2021), y los cortes se dan por sexo.
    3. Es un autoinforme. Greven y colaboradores (2019) señalan que el campo necesita mediciones más confiables y objetivas. Un número de un cuestionario describe cómo te ves hoy.
    4. La escala recoge sobre todo la incomodidad. Una crítica que recoge la literatura del campo (Greven et al., 2019) es que casi todos los ítems describen agobio o agotamiento, salvo los de sensibilidad estética, así que captan peor a quien es muy sensible y lo vive bien. Además, en la validación española no se pudo comprobar la escala contra otro instrumento validado, porque no existe otro en español.

    ¿En qué se diferencia de la introversión, el neuroticismo, la ansiedad o el TDAH?

    Se parece a varias cosas, y por eso se confunde. La investigación la trata como un rasgo propio con zonas de solapamiento:

    Con qué se confundeQué muestra la investigación
    IntroversiónAron y Aron (1997) mostraron que la sensibilidad es parcialmente independiente de la introversión social. En el estudio de Lionetti et al. (2018), el grupo de sensibilidad alta tuvo menos extraversión que los otros dos, pero hay personas sensibles que son sociables
    NeuroticismoEs el rasgo más cercano. En 167 estudiantes noruegos, el puntaje de sensibilidad se asoció con más neuroticismo y más apertura, y con menos extraversión (Listou Grimen y Diseth, 2016). Con todo, el neuroticismo pesó más que la sensibilidad para predecir las molestias de salud
    AnsiedadEn personas con ansiedad social, la sensibilidad fue un constructo separado, aunque muy ligado a la evitación del daño (Hofmann y Bitran, 2007)
    TDAHEn 274 adultos sin diagnóstico, más rasgos de TDAH se asociaron con más sensibilidad (Panagiotidi et al., 2020). Es una asociación entre rasgos y deja abierta la pregunta de si son lo mismo
    AutismoComparten la sensibilidad a luces, ruidos y texturas, pero el autismo es un diagnóstico del neurodesarrollo que tiene otras características centrales. Lo explicamos en autismo e hipersensibilidad sensorial

    Si quieres situar el rasgo dentro de la personalidad en general, tienes la guía de los cinco grandes rasgos, el artículo sobre neuroticismo y el test de introversión y extroversión.

    ¿De dónde viene la alta sensibilidad?

    Una parte importante es heredada. En un estudio con 2.868 gemelos adolescentes, la heredabilidad de la sensibilidad fue de 0,47, lo que significa que cerca de la mitad de las diferencias entre personas se explica por genes (Assary et al., 2021). El resto se atribuye a la experiencia. Los mismos autores encontraron que la relación de la sensibilidad con el neuroticismo y la extraversión se debe en buena parte a genes compartidos.

    Hay también diferencias en cómo responde el cerebro. En un estudio pequeño con 18 personas, quienes puntuaban más alto en la escala mostraron más activación en regiones ligadas a la atención, la empatía y el procesamiento de uno mismo y del otro al mirar rostros de su pareja y de desconocidos (Acevedo et al., 2014). Con 18 participantes aporta una pista.

    ¿Es una desventaja? Sensibilidad en ambientes difíciles y favorables

    La investigación actual propone que la persona sensible es más permeable al entorno en las dos direcciones, para mal y para bien. Eso se llama susceptibilidad diferencial.

    Algunos hallazgos que lo ilustran:

    • En 264 niños de jardín infantil de los Países Bajos, la sensibilidad modificó cómo la crianza se relacionaba con la conducta. La sensibilidad modificó cómo la crianza, tanto la negativa como la positiva, se relacionaba con la conducta agresiva o desafiante, pero no con la conducta prosocial (Slagt et al., 2018).
    • En 407 estudiantes japoneses de 15 y 16 años que participaron en un programa de educación en resiliencia, los más sensibles partían con menos bienestar, y fueron quienes más redujeron su depresión y más subieron su autoestima (Kibe et al., 2020).

    Dicho con claridad, son estudios con niños y adolescentes, y sus resultados no se trasladan sin más a los adultos. Sostienen una idea útil: el entorno pesa más en una persona sensible, así que los cambios en el entorno rinden más.

    ¿Qué se asocia con la salud mental?

    Aquí la honestidad importa, porque la sensibilidad alta se ha asociado con más malestar cuando el entorno es exigente, y eso no la convierte en un trastorno.

    • Estrés y sueño. En 800 adultos, una mayor sensibilidad se asoció con más estrés y peor sueño, y a través de ellos con peor salud mental (Costa-López et al., 2024). En 358 adultos, el vínculo entre sensibilidad y síntomas de insomnio pasó por la reactividad del sueño, es decir, qué tanto se altera tu sueño con el estrés (Pieroni et al., 2024).
    • Desgaste laboral. En 1.566 profesionales españoles de la salud y la educación, la sensibilidad fue un factor de riesgo de burnout y de fatiga por compasión. Una de sus dimensiones, el umbral sensorial bajo, se asoció con mayor realización personal (Pérez-Chacón et al., 2021).
    • Ansiedad. Se asocia con más ansiedad, pero hay un mecanismo que parece importar. En 563 jóvenes japoneses, la atención plena (observar sin reaccionar ni juzgar) explicó en parte la relación entre sensibilidad y ansiedad (Takahashi et al., 2020).

    Casi todos estos estudios son transversales: miden en un momento y no pueden decir qué causa qué. Que la sensibilidad se asocie con más estrés no prueba que lo cause.

    ¿Tiene tratamiento? Qué ayuda a una persona altamente sensible

    No encontramos en la literatura que revisamos ensayos que prueben un tratamiento específico para adultos altamente sensibles. Lo que sigue combina los hallazgos anteriores con prácticas que cuentan con respaldo en otros problemas, y conviene leerlo como una propuesta razonable y no como un protocolo probado:

    • Cuida el sueño y la recuperación. Dado que el sueño parece ser un puente entre la sensibilidad y el malestar, la higiene del sueño y los descansos programados tienen sentido.
    • Entrena la atención plena. Los autores del estudio japonés sugieren que mejorarla podría ayudar. Aquí tienes una guía para empezar con mindfulness.
    • Ordena la carga. Si te satura hacer varias cosas a la vez o con poco tiempo, recortar simultaneidad y poner límites protege más que aguantar.
    • Distingue lo tuyo de lo contagiado. Si el ánimo ajeno se te pega, ayuda saber qué parte de lo que sientes es tuya. El artículo sobre contagio emocional explica cómo ocurre.
    • Busca los ambientes que te sientan bien. Por lo que vimos en la susceptibilidad diferencial, el entorno puede desgastar o favorecer.

    ¿Cuándo conviene consultar a un psicólogo?

    Conviene consultar cuando la sensibilidad deja de ser un rasgo con el que vives y pasa a limitar tu vida. Algunas señales concretas:

    • Llevas semanas durmiendo mal, con angustia o con una irritabilidad que antes no tenías.
    • Evitas el trabajo, las reuniones o la gente porque la saturación te desborda.
    • Te sientes agotado de forma persistente y no mejoras con descanso (puede ser burnout).
    • Sospechas que detrás hay ansiedad, un cuadro del espectro autista o TDAH. Solo una evaluación profesional puede distinguirlos.
    • Te han dicho "eres demasiado sensible" y hoy lo crees como una condena.

    En consulta lo que se hace es separar qué parte de tu malestar viene del rasgo y qué parte de otra cosa; la sensibilidad en sí no se cura. Si quieres conversarlo, puedes escribirnos desde la página de contacto.

    Preguntas frecuentes sobre las personas altamente sensibles

    ¿Qué es una persona altamente sensible?

    Es alguien que procesa los estímulos y las emociones con más profundidad y se satura antes que la mayoría. La investigación lo llama sensibilidad de procesamiento sensorial y lo describe con cuatro rasgos: procesamiento profundo, sobreestimulación, reactividad emocional con empatía y percepción de sutilezas (Aron et al., 2012; Greven et al., 2019).

    ¿Ser persona altamente sensible es un diagnóstico o un trastorno?

    No. Es un rasgo de temperamento que varía entre personas (Greven et al., 2019). Hasta donde revisamos, el DSM-5-TR y la CIE-11 no tienen una categoría diagnóstica con ese nombre, y la escala que lo mide no tiene un punto de corte clínico. Puede acompañarse de ansiedad o mal sueño, que sí se tratan.

    ¿Qué porcentaje de personas es altamente sensible?

    Depende de cómo se defina. La cifra clásica es de alrededor del 20 % (Acevedo et al., 2014). En un estudio de 906 universitarios, el 31 % cayó en el grupo de sensibilidad alta, el 40 % en el medio y el 29 % en el bajo (Lionetti et al., 2018). Cualquier cifra depende de dónde se trace la línea.

    ¿Cómo saber si soy una persona altamente sensible?

    La forma más estudiada es la escala HSPS, de 27 ítems: se suman las respuestas y se comparan con los tramos publicados. Ninguna prueba en línea es definitiva, y un resultado alto no es un diagnóstico. Si además te preocupa tu bienestar, conviene conversarlo con un psicólogo y no quedarse solo con el número.

    ¿Alta sensibilidad es lo mismo que ser introvertido, ansioso o autista?

    No. Se solapan, pero son cosas distintas. La sensibilidad es parcialmente independiente de la introversión (Aron y Aron, 1997), se asocia con ansiedad sin ser un trastorno de ansiedad (Hofmann y Bitran, 2007) y comparte la sensibilidad sensorial con el autismo, que es un diagnóstico del neurodesarrollo con otras características centrales.

    ¿Existen niños altamente sensibles?

    Sí. Con una escala de 12 ítems para niños y adolescentes, Pluess y colaboradores (2018) encontraron en 3.581 jóvenes de 8 a 19 años tres grupos de sensibilidad. Los más sensibles son más permeables al entorno, tanto en lo difícil como en lo favorable, por lo que la crianza cuenta especialmente.

    Qué llevarte de este artículo

    La alta sensibilidad es un rasgo real y medible, compartido por entre una de cada cinco y una de cada tres personas según cómo se cuente, y no una enfermedad. Un puntaje de la escala HSPS te ubica frente a una muestra de referencia, y los dos estudios que usamos dan lecturas distintas porque parten de poblaciones distintas. Lo que tiene más respaldo es que el entorno pesa más en las personas sensibles, para bien y para mal, y que el sueño, el estrés y la carga de trabajo son los puntos donde más se nota. Si el cansancio o la angustia te están limitando, la conversación con un profesional vale más que cualquier número.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

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    Referencias

    Acevedo, B. P., Aron, E. N., Aron, A., Sangster, M., Collins, N., & Brown, L. L. (2014). The highly sensitive brain: An fMRI study of sensory processing sensitivity and response to others' emotions. Brain and Behavior, 4(4), 580-594. https://doi.org/10.1002/brb3.242

    Aron, E. N., & Aron, A. (1997). Sensory-processing sensitivity and its relation to introversion and emotionality. Journal of Personality and Social Psychology, 73(2), 345-368. https://doi.org/10.1037/0022-3514.73.2.345

    Aron, E. N., Aron, A., & Jagiellowicz, J. (2012). Sensory processing sensitivity: A review in the light of the evolution of biological responsivity. Personality and Social Psychology Review, 16(3), 262-282. https://doi.org/10.1177/1088868311434213

    Assary, E., Zavos, H. M. S., Krapohl, E., Keers, R., & Pluess, M. (2021). Genetic architecture of environmental sensitivity reflects multiple heritable components: A twin study with adolescents. Molecular Psychiatry, 26(9), 4896-4904. https://doi.org/10.1038/s41380-020-0783-8

    Chacón, A., Pérez-Chacón, M., Borda-Mas, M., Avargues-Navarro, M. L., & López-Jiménez, A. M. (2021). Cross-cultural adaptation and validation of the Highly Sensitive Person Scale to the adult Spanish population (HSPS-S). Psychology Research and Behavior Management, 14, 1041-1052. https://doi.org/10.2147/prbm.s321277

    Costa-López, B., Ruiz-Robledillo, N., Moreno, O., Albaladejo-Blázquez, N., Hernandez, C., Baryła-Matejczuk, M., & Ferrer-Cascales, R. (2024). Sensory processing sensitivity as a predictor of health-related quality of life outcomes via stress and sleep quality. Scientific Reports, 14(1), Artículo 22707. https://doi.org/10.1038/s41598-024-72657-9

    Greven, C. U., Lionetti, F., Booth, C., Aron, E. N., Fox, E., Schendan, H. E., Pluess, M., Bruining, H., Acevedo, B., Bijttebier, P., & Homberg, J. (2019). Sensory processing sensitivity in the context of environmental sensitivity: A critical review and development of research agenda. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 98, 287-305. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2019.01.009

    Hofmann, S. G., & Bitran, S. (2007). Sensory-processing sensitivity in social anxiety disorder: Relationship to harm avoidance and diagnostic subtypes. Journal of Anxiety Disorders, 21(7), 944-954. https://doi.org/10.1016/j.janxdis.2006.12.003

    Kibe, C., Suzuki, M., Hirano, M., & Boniwell, I. (2020). Sensory processing sensitivity and culturally modified resilience education: Differential susceptibility in Japanese adolescents. PLOS ONE, 15(9), Artículo e0239002. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0239002

    Lionetti, F., Aron, A., Aron, E. N., Burns, G. L., Jagiellowicz, J., & Pluess, M. (2018). Dandelions, tulips and orchids: Evidence for the existence of low-sensitive, medium-sensitive and high-sensitive individuals. Translational Psychiatry, 8(1), Artículo 24. https://doi.org/10.1038/s41398-017-0090-6

    Listou Grimen, H., & Diseth, Å. (2016). Sensory processing sensitivity: Factors of the Highly Sensitive Person Scale and their relationships to personality and subjective health complaints. Perceptual and Motor Skills, 123(3), 637-653. https://doi.org/10.1177/0031512516666114

    Panagiotidi, M., Overton, P. G., & Stafford, T. (2020). The relationship between sensory processing sensitivity and attention deficit hyperactivity disorder traits: A spectrum approach. Psychiatry Research, 293, Artículo 113477. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2020.113477

    Pérez-Chacón, M., Chacón, A., Borda-Mas, M., & Avargues-Navarro, M. L. (2021). Sensory processing sensitivity and compassion satisfaction as risk/protective factors from burnout and compassion fatigue in healthcare and education professionals. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(2), Artículo 611. https://doi.org/10.3390/ijerph18020611

    Pieroni, I., Raffone, A., & Simione, L. (2024). Sleep reactivity mediates the relationship between sensory-processing sensitivity and insomnia symptoms severity: A cross-sectional correlational study. Stress and Health, 40(2), Artículo e3297. https://doi.org/10.1002/smi.3297

    Pluess, M., Assary, E., Lionetti, F., Lester, K. J., Krapohl, E., Aron, E. N., & Aron, A. (2018). Environmental sensitivity in children: Development of the Highly Sensitive Child Scale and identification of sensitivity groups. Developmental Psychology, 54(1), 51-70. https://doi.org/10.1037/dev0000406

    Slagt, M., Dubas, J. S., van Aken, M. A. G., Ellis, B. J., & Deković, M. (2018). Sensory processing sensitivity as a marker of differential susceptibility to parenting. Developmental Psychology, 54(3), 543-558. https://doi.org/10.1037/dev0000431

    Takahashi, T., Kawashima, I., Nitta, Y., & Kumano, H. (2020). Dispositional mindfulness mediates the relationship between sensory-processing sensitivity and trait anxiety, well-being, and psychosomatic symptoms. Psychological Reports, 123(4), 1083-1098. https://doi.org/10.1177/0033294119841848

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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