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  • Aburrimiento existencial: qué es y cómo se distingue de la depresión

    Aburrimiento existencial: qué es y cómo se distingue de la depresión

    Cumples con lo que toca, contestas mensajes, ves a gente, y aun así nada engancha. Sin llanto, sin un golpe concreto, sin ganas de quedarte en la cama todo el día. Hay una planicie. Si has buscado “todo me da lo mismo pero no estoy deprimido”, es probable que estés describiendo algo así, y a esa experiencia se la suele llamar aburrimiento existencial. Aquí vas a ver qué dice la psicología sobre ella, en qué se diferencia de la depresión, la anhedonia y la apatía, por qué aparece y qué ayuda.

    Respuesta corta: el aburrimiento existencial es la sensación persistente de que la vida es plana y sin interés, más allá de una tarde monótona. No es un diagnóstico, pero la investigación muestra que el aburrimiento es una experiencia distinta de la apatía, la anhedonia y la depresión, aunque se relacione con ellas (Goldberg et al., 2011). Puede acompañar a una depresión, y por eso conviene mirar qué más está pasando.

    ¿Qué es el aburrimiento existencial?

    “Aburrimiento existencial” es una expresión del lenguaje cotidiano y de la filosofía que no figura en los manuales diagnósticos. Nombra un aburrimiento que no depende de una tarea aburrida: la vida entera se siente sin sabor. Lo que sí tiene la psicología es una definición del aburrimiento en general. Una propuesta muy citada lo describe como la experiencia desagradable de querer participar en una actividad satisfactoria y no poder, porque la atención no logra engancharse ni con lo que hay afuera ni con los propios pensamientos y sentimientos (Eastwood et al., 2012).

    Un trabajo más reciente sugiere que el aburrimiento es una señal de que nos alejamos de una zona óptima de compromiso con lo que hacemos. Esa desviación puede venir de una falta de sentido percibido, de dificultades para sostener la atención o de un empujón a buscar otra cosa en que involucrarse (Danckert y Elpidorou, 2023).

    El equivalente científico más cercano a lo que la gente llama aburrimiento existencial es la “percepción de que la vida es aburrida”. Un estudio con tres muestras comparó formas de entender la propensión al aburrimiento (cuán seguido aburre, cuán intenso es y si la vida entera se percibe como aburrida), y esta última fue la que mejor se asoció con medidas de bienestar, como satisfacción con la vida y malestar psicológico (Tam et al., 2021).

    Una revisión de la literatura agrega dos advertencias. El aburrimiento se relaciona de forma consistente con afecto negativo, divagación mental, sensación de que el tiempo pasa lento y menos sensación de agencia. Pero los estudios lo miden de maneras muy distintas, y hay indicios de que existen tipos diferentes (uno de búsqueda, que empuja a moverse, y otro apático) con correlatos que a veces se oponen (Raffaelli et al., 2018). Quien siente que todo es plano probablemente se reconozca más en el segundo, aunque los estudios revisados no lo midieron en ese sentido.

    ¿Es depresión? Qué lo distingue de la anhedonia y la apatía

    La respuesta honesta es que puede ser otra cosa o puede ser también depresión. Por eso conviene separar las piezas:

    • Aburrimiento. Falta de interés o de compromiso con lo que hay a mano, con ganas de que algo pase. Si aparece algo atractivo, el interés y el placer vuelven.
    • Apatía. Pérdida de iniciativa y de impulso para empezar o sostener conductas dirigidas a una meta. Describe la falta de energía y de impulso.
    • Anhedonia. Incapacidad de sentir placer en lo que antes lo daba. Los manuales de terapia cognitivo-conductual la describen como uno de los dos síntomas cardinales del episodio depresivo (Beck et al., 2024; Tolin, 2024). El otro es el ánimo deprimido.
    • Depresión. Un síndrome completo, que además de lo anterior suele sumar tristeza, culpa, pensamientos negativos sobre uno mismo, el mundo y el futuro, y cambios en el sueño, el apetito y la energía (Beck et al., 2024).

    La parte más útil es que la depresión puede presentarse sin tristeza visible, solo con pérdida de interés o de placer, así que “no estoy triste” no basta para descartarla (Beck et al., 2024; Tolin, 2024). Por eso la distinción se hace mirando el conjunto de síntomas y cuánto duran. Esta lista es una distinción clínica general, no el hallazgo de un estudio puntual.

    Lo que muestra la investigación es matizado. Un estudio con modelos estadísticos encontró que el aburrimiento se relaciona en distinto grado con la apatía, la anhedonia y la depresión, pero es empíricamente distinto de las tres (Goldberg et al., 2011). Otro, con 2.484 estudiantes universitarios, halló que la propensión al aburrimiento y los síntomas depresivos van de la mano, pero que en los recuerdos que vuelven solos se separan: los síntomas depresivos predijeron recuerdos más vívidos, negativos e intensos, mientras que la propensión al aburrimiento predijo recuerdos menos vívidos y con otros contenidos (Yeung et al., 2024). Es un dato de laboratorio con jóvenes, útil para entender el fenómeno.

    Además, el aburrimiento intenso no es un asunto menor. Un estudio en pacientes psiquiátricos hospitalizados mostró que el aburrimiento del momento se asocia con psicopatología en pacientes y en personas sin diagnóstico, y que en quienes estaban internados predijo tratamientos más largos (Seiler et al., 2023). Es un contexto muy particular (salas cerradas), así que no se traslada tal cual a la vida cotidiana.

    ¿Por qué aparece?

    No hay una causa única, y ningún estudio revisado se hizo sobre “aburrimiento existencial” como tal. Estas son las explicaciones que más se repiten en la literatura y en los manuales consultados:

    1. Falta de sentido. La logoterapia de Frankl plantea que, cuando falta sentido en la vida, aparece aburrimiento. En 279 estudiantes universitarios, la puntuación de sentido de vida y la propensión al aburrimiento se relacionaron de forma inversa y fuerte (r = -0,71), tal como se esperaba (Melton y Schulenberg, 2007). Es una correlación en jóvenes, que no dice qué causa qué.
    2. Una brecha entre lo que se tiene y lo que se quiere. La literatura sobre calidad de vida describe que el bienestar baja cuando la distancia entre lo logrado y lo deseado es grande y la persona no ve cómo acortarla ni tiene metas por delante (Urzúa y Caqueo-Urízar, 2012). En la escala de bienestar psicológico de Ryff, el “propósito en la vida” es una de las seis dimensiones, y su déficit se expresa como no tener claro qué se intenta conseguir (Díaz et al., 2006).
    3. Evitar sentir. Desde la terapia de aceptación y compromiso (ACT), el intento sostenido de no sentir lo aversivo (miedo, tristeza, vergüenza) también amortigua las emociones agradables, y la vida pasa a funcionar en piloto automático, con rutinas ejecutadas sin presencia (Hayes et al., 2012; Forsyth y Eifert, 2016). Según esa literatura, la persona pierde su brújula porque gasta la energía en no sentir, no en ir hacia algo.
    4. Vida muy rígida o muy monótona. Beck y Freeman (2003) describen que quienes llevan vidas hipercontroladas, centradas en el deber y sin espontaneidad, terminan quejándose de una vida “chata” y aburrida.
    5. Un cuadro clínico de fondo. El vacío o el aburrimiento crónico aparecen en el trastorno límite de la personalidad, donde se vinculan a una identidad poco estable y a un adormecimiento emocional (Linehan, 1993; Beck y Freeman, 2003), y en el TDAH adulto, donde se asocian a la dificultad de sostener lo monótono sin una recompensa inmediata (Barkley, 2010). Sentir aburrimiento no implica tener alguno de esos cuadros.

    ¿Qué ayuda? Una advertencia antes

    No existen ensayos clínicos que hayan probado un tratamiento específico para el aburrimiento existencial. Lo que sigue combina lo poco que se sabe del aburrimiento con lo que funciona para problemas vecinos, y se presenta como tal.

    • Cambiar lo que piensas del aburrimiento. En dos estudios con jóvenes (2.495 británicos de 12 a 25 años y 314 adolescentes israelíes seguidos 16 semanas), disgustar mucho del aburrimiento se asoció con aburrirse más seguido y con más intensidad, y con que el aburrimiento pesara más sobre el bienestar. En cambio, aceptar que es una experiencia normal se asoció con mejor bienestar (Tam et al., 2023). Son datos observacionales, pero invitan a dejar de tratar el aburrimiento como una emergencia.
    • Recuperar el sentido. Un metaanálisis de terapias existenciales (15 estudios, 1.792 personas) encontró que las centradas en el sentido tuvieron efectos grandes sobre el sentido de vida (d = 0,65) y moderados sobre síntomas psicológicos (d = 0,47). No se hicieron sobre aburrimiento, pero apuntan a la misma raíz (Vos et al., 2015).
    • Volver a lo que importa, con pasos concretos. En ACT, la vitalidad se construye con la acción: la persona aclara sus valores y da pasos hacia ellos aunque no sienta entusiasmo ese día (Hayes et al., 2012). Si quieres hacerlo, el ejercicio de la hoja de valores es un buen punto de partida.
    • Activar el cuerpo antes que las ganas. La activación conductual parte de que, en la depresión, lo que se pierde primero es el “querer” más que la capacidad de disfrutar, y de que esperar a tener ganas paraliza, por lo que la regla es actuar primero (Beck et al., 2024). Si una actividad pequeña sí te da algo cuando la haces, es una pista a favor de que se trata más de motivación que de falta total de placer. Tienes la guía de activación conductual paso a paso.

    Un ejercicio de autoobservación para una semana, sin puntaje:

    1. Cada día anota un momento en que la vida se sintió plana: qué hacías y con quién estabas.
    2. Anota si ese momento era monótono por fuera (una rutina que no eliges) o si tenías opciones y ninguna te atraía.
    3. Anota qué emoción incómoda podrías estar evitando en ese momento (miedo a fallar, tristeza, vergüenza).
    4. Al final de la semana, elige una cosa pequeña que te importaba antes y hazla una vez, aunque no tengas ganas. Observa si, al hacerla, aparece algo de interés.

    ¿Cuándo conviene consultar?

    Pide una evaluación profesional si:

    • la planicie dura más de dos semanas y la acompañan pérdida de interés en casi todo, cambios en el sueño o el apetito, o cansancio constante;
    • aparecen culpa excesiva, desesperanza o la idea de que nada va a mejorar;
    • afecta tu trabajo, tus estudios o tus relaciones;
    • el aburrimiento viene con consumo de alcohol, apuestas o pantallas para taparlo.

    Si en algún momento piensas en hacerte daño o sientes que no quieres seguir viviendo, no esperes: en Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, del Ministerio de Salud), al 131 si es una emergencia o a Salud Responde (600 360 7777). En ese caso es urgente hablar con alguien hoy.

    Si lo tuyo se parece más a no sentir placer, revisa el artículo sobre anhedonia. Si por fuera todo parece estar bien pero por dentro no, el de la depresión sonriente puede ayudarte. Y si lo que domina son las preguntas sobre la muerte o el sentido, mira ansiedad existencial y sentido de vida.

    Preguntas frecuentes

    ¿El aburrimiento existencial es un trastorno mental?

    No como diagnóstico propio. No aparece como categoría en los manuales de terapia cognitivo-conductual consultados. Sí puede acompañar o esconder cuadros que se pueden diagnosticar, como una depresión, y por eso vale la pena evaluarlo cuando dura semanas o afecta tu vida (Beck et al., 2024; Tolin, 2024).

    ¿Es lo mismo que el vacío existencial?

    Son vecinos. El vacío existencial se describe como un hueco de sentido o de identidad, mientras que el aburrimiento es la falta de interés o de compromiso con lo que se hace. En la práctica suelen aparecer juntos, y la investigación muestra una relación fuerte entre poco sentido de vida y más propensión al aburrimiento (Melton y Schulenberg, 2007).

    ¿Puedo sentir que todo me da lo mismo y no estar deprimido?

    Sí, puede ser. El aburrimiento es empíricamente distinto de la depresión, la anhedonia y la apatía, aunque se relaciona con ellas (Goldberg et al., 2011). Pero la depresión puede presentarse sin tristeza, solo con pérdida de interés, así que si dura semanas conviene que alguien lo evalúe.

    ¿Hay algún test para medirlo?

    Existen escalas de investigación del aburrimiento, pero ninguna sirve para decir “tienes aburrimiento existencial” y no hay puntos de corte clínicos validados que se hayan revisado para este artículo. Por eso no se incluye un test con puntaje. La autoobservación de arriba es más útil para empezar.

    ¿Qué puedo hacer hoy?

    Elige una acción pequeña ligada a algo que te importa y hazla sin esperar ganas. La regla de la activación conductual es actuar primero y evaluar después (Beck et al., 2024). Si pasan varias semanas sin cambio, consulta.

    Un siguiente paso

    Si la planicie lleva semanas y no logras ubicar qué hay detrás, separar qué parte es ánimo, qué parte es sentido y qué parte es costumbre de evitar te da algo concreto con qué trabajar. Puedes agendar una consulta y partir por una evaluación sin compromiso.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Barkley, R. A. (2010). Taking charge of adult ADHD. Guilford Press.

    Beck, A. T., & Freeman, A. (2003). Terapia cognitiva de los trastornos de personalidad. Paidós.

    Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., & Emery, G. (2024). Cognitive therapy of depression (2.ª ed.). Guilford Press.

    Danckert, J., & Elpidorou, A. (2023). In search of boredom: Beyond a functional account. Trends in Cognitive Sciences, 27(5), 494-507. https://doi.org/10.1016/j.tics.2023.02.002

    Díaz, D., Rodríguez-Carvajal, R., Blanco, A., Moreno-Jiménez, B., Gallardo, I., Valle, C., & van Dierendonck, D. (2006). Adaptación española de las escalas de bienestar psicológico de Ryff. Psicothema, 18(3), 572-577.

    Eastwood, J. D., Frischen, A., Fenske, M. J., & Smilek, D. (2012). The unengaged mind: Defining boredom in terms of attention. Perspectives on Psychological Science, 7(5), 482-495. https://doi.org/10.1177/1745691612456044

    Forsyth, J. P., & Eifert, G. H. (2016). The mindfulness and acceptance workbook for anxiety (2.ª ed.). New Harbinger Publications.

    Goldberg, Y. K., Eastwood, J. D., LaGuardia, J., & Danckert, J. (2011). Boredom: An emotional experience distinct from apathy, anhedonia, or depression. Journal of Social and Clinical Psychology, 30(6), 647-666. https://doi.org/10.1521/jscp.2011.30.6.647

    Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and commitment therapy: The process and practice of mindful change (2.ª ed.). Guilford Press.

    Linehan, M. M. (1993). Skills training manual for treating borderline personality disorder. Guilford Press.

    Melton, A. M. A., & Schulenberg, S. E. (2007). On the relationship between meaning in life and boredom proneness: Examining a logotherapy postulate. Psychological Reports, 101(3), 1016-1022. https://doi.org/10.2466/pr0.101.4.1016-1022

    Raffaelli, Q., Mills, C., & Christoff, K. (2018). The knowns and unknowns of boredom: A review of the literature. Experimental Brain Research, 236(9), 2451-2462. https://doi.org/10.1007/s00221-017-4922-7

    Seiler, J. P.-H., Zerr, K., Rumpel, S., & Tüscher, O. (2023). High state boredom vastly affects psychiatric inpatients and predicts their treatment duration. Translational Psychiatry, 13, 350. https://doi.org/10.1038/s41398-023-02650-9

    Tam, K. Y. Y., Chan, C. S., van Tilburg, W. A. P., Lavi, I., & Lau, J. Y. F. (2023). Boredom belief moderates the mental health impact of boredom among young people: Correlational and multi-wave longitudinal evidence gathered during the COVID-19 pandemic. Journal of Personality, 91(3), 638-652. https://doi.org/10.1111/jopy.12764

    Tam, K. Y. Y., van Tilburg, W. A. P., & Chan, C. S. (2021). What is boredom proneness? A comparison of three characterizations. Journal of Personality, 89(4), 831-846. https://doi.org/10.1111/jopy.12618

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). Guilford Press.

    Urzúa, A., & Caqueo-Urízar, A. (2012). Calidad de vida: Una revisión teórica del concepto. Terapia Psicológica, 30(1), 61-71. https://doi.org/10.4067/S0718-48082012000100006

    Vos, J., Craig, M., & Cooper, M. (2015). Existential therapies: A meta-analysis of their effects on psychological outcomes. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 83(1), 115-128. https://doi.org/10.1037/a0037167

    Yeung, R. C., Danckert, J., van Tilburg, W. A. P., & Fernandes, M. A. (2024). Disentangling boredom from depression using the phenomenology and content of involuntary autobiographical memories. Scientific Reports, 14, 2106. https://doi.org/10.1038/s41598-024-52495-5

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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