Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico
¿Has notado que algunas personas mantienen la calma en situaciones que a otras las desborda? ¿O que hay quienes conectan con los demás casi sin esfuerzo, mientras otros se sienten permanentemente incomprendidos? La diferencia pocas veces está en el coeficiente intelectual. Está en algo que los psicólogos llevan décadas estudiando: la inteligencia emocional.
Este concepto pasó de ser una curiosidad académica a convertirse en uno de los temas más investigados de la psicología contemporánea. Y por buenas razones: la evidencia actual muestra que la inteligencia emocional predice el bienestar mental, el desempeño laboral y la calidad de las relaciones de formas que el CI clásico no alcanza a explicar.
Más abajo encontrarás el test TMMS-24 (el instrumento validado de referencia en español), que tarda unos cinco minutos y te entrega un perfil en tres dimensiones. Antes conviene entender qué estás midiendo exactamente, por qué importa, y qué dice la ciencia al respecto. Todo eso está aquí.
TL;DR: La inteligencia emocional (IE) es la capacidad de reconocer, comprender y regular las emociones propias y ajenas para guiar el pensamiento y la acción. Tiene bases neurobiológicas concretas, se organiza en cuatro habilidades (modelo Mayer-Salovey) o cinco competencias (modelo Goleman), y puede desarrollarse a lo largo de toda la vida.
¿Qué es la inteligencia emocional?
La inteligencia emocional es la capacidad de percibir, valorar, comprender y regular las emociones, tanto las propias como las de los demás, para guiar el pensamiento y la acción de manera efectiva. No es sinónimo de sensibilidad ni de habilidad social innata: es una capacidad medible, que varía entre personas, y que tiene una base neurobiológica concreta.
La definición original la propusieron Peter Salovey y John Mayer en 1990: “la capacidad de monitorear los sentimientos y emociones propios y ajenos, de discriminar entre ellos y de utilizar esta información para guiar el pensamiento y las acciones” (Salovey y Mayer, 1990). En 1997 la refinaron para incluir cuatro procesos: percibir emociones con precisión, usarlas para potenciar el pensamiento, comprenderlas en su complejidad, y regularlas para promover el crecimiento personal e intelectual (Mayer y Salovey, 1997).
La Asociación Americana de Psicología reconoce la IE como un constructo psicológico legítimo con aplicaciones clínicas, educativas y organizacionales.
[EXPERIENCIA: En consulta noto frecuentemente que personas con mucha capacidad analítica, que comprenden perfectamente por qué sienten lo que sienten, tienen dificultades igual de grandes con la regulación emocional que quienes no pueden nombrarlo. La autoconciencia es necesaria, pero no suficiente.]
De Salovey y Mayer a Goleman: cómo nació el concepto
El término circulaba en la academia desde principios de los 90, pero fue el psicólogo Daniel Goleman quien lo llevó al público general. Su libro de 1995 fue un fenómeno editorial: durante meses encabezó listas de bestsellers y colocó la inteligencia emocional en el vocabulario cotidiano de millones de personas.
El problema es que el modelo de Goleman (2009) es distinto al de Mayer y Salovey, y esa diferencia importa.
Salovey y Mayer concibieron la IE como una capacidad mental pura, comparable al razonamiento lógico: se puede medir con pruebas de ejecución, como el MSCEIT, que presentan tareas emocionales reales y puntúan el desempeño. Goleman, en cambio, construyó un modelo “mixto” que combina esas capacidades con rasgos de personalidad como el optimismo, la persistencia y la automotivación, y puede incluir hasta 25 competencias distintas.
La consecuencia práctica: los autoinformes de IE (cuestionarios de autorespuesta) miden más bien rasgo de personalidad y bienestar subjetivo que la capacidad real de procesar emociones. Las pruebas de habilidad como el MSCEIT miden algo más cercano a lo que Mayer y Salovey propusieron. Ambas aproximaciones son útiles; sirven para cosas distintas.
Los tres modelos de IE: ¿cuál usar?
La investigación contemporánea reconoce tres grandes familias:
| Modelo | Autores | Tipo | Instrumento | Qué mide |
|---|---|---|---|---|
| Habilidad | Mayer, Salovey y Caruso | Capacidad mental | MSCEIT | Procesamiento emocional objetivo |
| Mixto | Goleman | Competencias + rasgos | ECI / ECI-360 | Habilidades + personalidad |
| Competencia social | Bar-On | Competencias no cognitivas | EQ-i | Bienestar y adaptación |
Modelo Mayer-Salovey-Caruso (MSC): Organiza la IE en cuatro ramas jerárquicas (Mayer et al., 2000):
- Percepción emocional: identificar emociones en rostros, tonos de voz, paisajes y formas abstractas.
- Facilitación emocional del pensamiento: usar emociones para priorizar la atención, cambiar perspectiva y potenciar la creatividad.
- Comprensión emocional: entender cómo las emociones se combinan (alegría + aceptación = amor) y evolucionan ante distintas situaciones.
- Manejo emocional: regular emociones propias y ajenas para promover el crecimiento personal e intelectual. Es la rama más compleja y depende de las tres anteriores.
Modelo de Goleman: Más accesible y aplicable en contextos organizacionales. Sus cinco competencias aparecen más adelante en detalle.
Modelo Bar-On: Define la IE como “un conjunto de capacidades, competencias y habilidades no cognitivas que influyen en la capacidad de tener éxito al enfrentar las demandas y presiones del entorno” (Bar-On y Parker, 2000). El EQ-i evalúa cinco áreas: intrapersonal, interpersonal, manejo del estrés, adaptabilidad y estado de ánimo general.
Para este artículo usamos los cinco componentes de Goleman como marco práctico y el TMMS-24 (derivado del modelo MSC) como instrumento de medición. Es la combinación más accesible y mejor validada en español.
¿Cuáles son los 5 componentes de la inteligencia emocional según Goleman?
Goleman (2009) organizó la IE en cinco competencias que van de lo individual a lo interpersonal. Cada una construye sobre la anterior.
1. Autoconciencia emocional
Reconocer un sentimiento en el momento en que ocurre. Es la “piedra angular” de la IE: sin saber qué sientes, no puedes gestionar nada. Las personas con alta autoconciencia toman decisiones con mayor certeza y reportan mejor salud psicológica.
2. Autorregulación
Manejar los estados emocionales internos para que sean apropiados a la situación: calmarse cuando aparece la rabia, sacudirse la ansiedad antes de una presentación, recuperarse más rápido de un contratiempo. No significa suprimir lo que se siente; significa regularlo.
3. Motivación intrínseca
Usar las emociones al servicio de una meta, incluso cuando la recompensa tarda en llegar. Goleman (2009) lo llama “aplazamiento de la gratificación”. Los niños que en los experimentos de Kagan podían esperar antes de comer el malvavisco obtenían mejores resultados académicos y sociales años después.
4. Empatía
Sintonizar con las señales sociales, muchas veces no verbales, que indican lo que otros sienten y necesitan. No es leer mentes: es estar lo suficientemente presente como para captar el tono, la postura o el silencio que delatan una emoción que las palabras no dicen.
5. Habilidades sociales
Gestionar emociones en los vínculos y grupos: liderar, negociar, resolver conflictos, construir redes. Es la aplicación más visible de la IE y la que más se asocia al desempeño laboral y la popularidad social (Goleman, 2009).
El cerebro emocional: amígdala, córtex prefrontal y el "secuestro emocional"
Para entender la IE hay que entender cómo responde el cerebro bajo presión emocional.
La amígdala actúa como un “centinela emocional” que escanea cada experiencia en busca de amenazas. Cuando detecta algo, puede activar una respuesta de miedo o ira antes de que el córtex prefrontal haya tenido tiempo de procesar la situación. Goleman (2009) llamó a este fenómeno “secuestro emocional” (amygdala hijacking): la amígdala toma el control, y el pensamiento reflexivo queda temporalmente bloqueado.
El córtex prefrontal izquierdo actúa como freno. Cuando trabaja bien junto con la amígdala, permite respuestas medidas en vez de reacciones impulsivas. El caso del obrero Phineas Gage (siglo XIX) ilustra qué pasa cuando este circuito se daña: su CI quedó intacto, pero su capacidad de tomar decisiones sensatas se derrumbó.
La buena noticia es que el cerebro conserva neuroplasticidad toda la vida. La infancia es la ventana más sensible para desarrollar estas habilidades, pero la IE puede seguir creciendo hasta la quinta década de vida (Bar-On y Parker, 2000). El temperamento no es destino: Kagan mostró que un tercio de los niños innatamente tímidos superaban su miedo mediante exposición gradual diseñada por los padres.
IE y bienestar: qué dice la evidencia
La relación entre inteligencia emocional y salud mental no es especulación.
Un meta-análisis de segundo orden publicado en PNAS que integró 62 meta-análisis con más de un millón de participantes encontró que la IE se asocia con mejor salud mental con una correlación promedio de r = 0,28 (Robinson y Zell, 2026). La asociación es consistente entre culturas, grupos de edad, y tanto para la IE medida como capacidad como para la IE medida como rasgo de personalidad.
En poblaciones bajo estrés, los números son más llamativos. Un estudio transversal con estudiantes universitarios encontró que quienes tenían mayor IE presentaban probabilidades sustancialmente menores de desarrollar estrés (OR 0,20), ansiedad (OR 0,14) y depresión (OR 0,12) que sus pares con IE más baja (Xu et al., 2026). En términos cotidianos: por cada 5 personas con alta IE que desarrollaban estrés, 25 personas con baja IE lo harían.
Investigación reciente con universitarios mostró que la IE es el puente que conecta factores protectores como la resiliencia y el apoyo social con la salud mental (Wang et al., 2025). Tener una red de apoyo ayuda más cuando la persona tiene la IE necesaria para aprovecharlo.
Por el extremo opuesto del espectro está la alexitimia: la dificultad crónica para identificar y describir los propios sentimientos. Es el extremo inferior del espectro de IE y un factor de riesgo documentado para TEPT, trastornos psicosomáticos y somatización. Correlaciona negativamente con el EQ-i (r = -0,72), lo que confirma que ambos constructos miden aspectos relacionados del mismo espectro (Bar-On y Parker, 2000).
La OMS reconoce la salud mental como parte integral del bienestar humano, no solo como ausencia de enfermedad. La capacidad de gestionar emociones es central en esa definición.
[EXPERIENCIA: Es frecuente ver en consulta personas con alta capacidad intelectual que nunca aprendieron a nombrar lo que sienten. Cuando les pido que identifiquen su emoción en el momento, muchas describen sensaciones físicas (tensión en el pecho, nudo en la garganta) pero no pueden ir más allá. Ese es un punto de trabajo clave en terapia.]
¿La IE predice más que el CI? Lo que dicen los datos
Goleman hizo una afirmación famosa: el CI contribuye como máximo el 20% al éxito en la vida, mientras que el 80% restante proviene principalmente de la IE (Goleman, 2009). Sus datos concretos:
- En el trabajo, dos tercios de las competencias que distinguen los mejores desempeños son emocionales o sociales. En puestos de liderazgo, ese porcentaje sube al 90%.
- En L’Oréal, vendedores seleccionados según competencias emocionales vendieron en promedio USD 91.370 anuales más que los seleccionados por métodos tradicionales.
- Seleccionar directivos por IE redujo la rotación de personal en un 63%, con un ahorro de 3,5 millones de dólares en una empresa multinacional.
Hay que tomar estas cifras con matiz. El 80/20 es una generalización que la investigación no respalda en términos tan precisos. Los críticos señalan que los modelos mixtos comparten tanto territorio con los rasgos del Big Five (especialmente baja neuroticismo y alta extraversión) que es difícil saber exactamente qué predice la IE y qué predice la personalidad.
Lo que sí muestra la investigación más rigurosa: las pruebas de habilidad (como el MSCEIT) predicen resultados académicos, relacionales y laborales incluso cuando se controla el CI y la personalidad (Mayer et al., 2000). Hay algo real aquí, aunque la magnitud del efecto es más modesta de lo que Goleman prometió. CI y IE se complementan; ninguno reemplaza al otro.
Cómo desarrollar tu inteligencia emocional: estrategias con respaldo científico
A diferencia del CI (que se estabiliza en la adolescencia), la IE es un aprendizaje para toda la vida. Según los datos del EQ-i de Bar-On, los puntajes suben progresivamente de los 16 a los 49 años, y los adultos mayores suelen superar a los jóvenes en regulación del afecto negativo (Bar-On y Parker, 2000).
Pero ¿qué ayuda de verdad?
Terapia psicológica. Una revisión sistemática tipo “umbrella” que consolidó 21 revisiones sistemáticas (incluyendo 11 meta-análisis) identificó la Terapia Dialéctico-Conductual (DBT) y la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) como los abordajes con mayor respaldo para reducir la desregulación emocional (Saccaro et al., 2024). Un meta-análisis de 18 ensayos clínicos aleatorizados con 3.561 participantes mostró que los tratamientos psicológicos producen mejoras moderadas y sostenidas en estrategias de regulación emocional (Antuña-Camblor et al., 2024). El Protocolo Unificado también mostró efectividad moderada para los trastornos emocionales.
Mindfulness. Las terapias basadas en mindfulness obtienen efectos moderados en regulación emocional. No son la panacea que algunos divulgadores presentan, pero el efecto es real y consistente en distintas poblaciones (Saccaro et al., 2024).
Intervenciones para personas con adversidad temprana. Un programa de 12 semanas para adultos con experiencias adversas en la infancia logró mejoras significativas en regulación emocional, resiliencia, bienestar mental y síntomas físicos (Cameron et al., 2018). La adversidad temprana es uno de los factores de riesgo más claros para la desregulación emocional en la vida adulta, y hay caminos de trabajo específicos para ella.
Programas educativos y organizacionales. El programa de MBA de Weatherhead (Case Western Reserve University) mostró mejoras significativas en iniciativa, flexibilidad, empatía y autoconfianza frente a currículos tradicionales. Los programas de entrenamiento en motivación de logro de McClelland mostraron retornos de hasta 5 a 1 en rentabilidad empresarial. Y el Programa JOBS para personas desempleadas mostró que quienes recibieron entrenamiento emocional consiguieron trabajo más rápido e ingresaron USD 178-239 mensuales más que el grupo control a dos años (Goleman, 2009).
Lo que comparten todos los programas que funcionan: el aprendizaje experiencial. El sistema límbico aprende por práctica, no por información. Leer sobre empatía no vuelve a nadie más empático; practicar escuchar sin interrumpir, sí.
Antes de pasar al test: lo que vas a medir a continuación refleja cómo percibes tu gestión emocional en este momento. Es un punto de partida, no una etiqueta permanente.
Mide tu IE ahora: Test TMMS-24 interactivo
El TMMS-24 (Trait Meta-Mood Scale en versión española) es el instrumento de referencia para medir la inteligencia emocional percibida en adultos hispanohablantes. Fue adaptado y validado por Fernández-Berrocal, Extremera y Ramos (2004) y cuenta con estudios de validación en España, Argentina, Perú, Ecuador y México.
Mide tres dimensiones: la atención que prestas a tus emociones, la claridad con que las identificas, y la capacidad de reparar tus estados negativos. Responde con calma. No hay respuestas buenas ni malas.
Test TMMS-24: Tu Inteligencia Emocional
Versión española validada · Fernández-Berrocal, Extremera y Ramos (2004) · ~5 minutos
Tu perfil de inteligencia emocional
no un diagnóstico clínico. Evalúa cómo percibes tu gestión emocional, no tu capacidad
emocional objetiva. Los resultados son útiles para la reflexión personal e identificar áreas de
trabajo, pero no reemplazan una evaluación profesional.
Instrumento: TMMS-24 (Fernández-Berrocal, Extremera y Ramos, 2004).
Población de referencia: adultos hispanohablantes.
¿Quieres explorar lo que significa tu resultado con un profesional?
¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?
La IE puede crecer con práctica, reflexión y buen apoyo. Pero hay situaciones en que las dificultades para manejar emociones van más allá de lo que el esfuerzo individual puede resolver.
Considera consultar con un psicólogo si:
- Las emociones interfieren con tu funcionamiento diario: en el trabajo, en tus relaciones o en el cuidado básico de ti mismo.
- Hay síntomas persistentes de ansiedad, depresión o estrés que llevan más de dos semanas sin ceder.
- Reconoces estrategias desadaptativas: evitar situaciones que generan emociones intensas, rumiar compulsivamente, suprimir lo que sientes en vez de procesarlo. Una investigación clínica mostró que reducir la supresión emocional, la rumiación y la evitación experiencial en psicoterapia predijo directamente mejoras en ansiedad, depresión y salud mental general (Goodman et al., 2023).
- Hubo adversidad en tu historia temprana que hoy sigue afectando cómo reaccionas emocionalmente.
Las intervenciones tempranas dirigidas a mejorar la regulación emocional pueden prevenir el desarrollo de trastornos psiquiátricos completos, especialmente en personas con factores de riesgo conocidos (Saccaro et al., 2024). Pedir ayuda no es señal de debilidad; es uno de los actos más inteligentes, emocionalmente hablando, que una persona puede tomar.
[EXPERIENCIA: Lo que repito con frecuencia en consulta: el objetivo de trabajar la inteligencia emocional no es dejar de sentir. Es tener más opciones de respuesta. Las personas con alta IE no se angustian menos que los demás; simplemente tienen más herramientas para decidir qué hacer con esa angustia.]
Preguntas frecuentes sobre la inteligencia emocional
¿Qué es la inteligencia emocional y para qué sirve?
La inteligencia emocional es la capacidad de percibir, comprender y regular las emociones propias y ajenas. Sirve para tomar mejores decisiones bajo presión, mantener relaciones más satisfactorias, adaptarse a los cambios y proteger la salud mental. La investigación muestra que predice el bienestar y el desempeño laboral de formas que el CI clásico no logra explicar por sí solo.
¿Cuáles son los 5 componentes de la inteligencia emocional?
Según el modelo de Goleman (2009), los cinco componentes son: autoconciencia emocional (reconocer lo que sientes), autorregulación (gestionar esos sentimientos), motivación intrínseca (orientar las emociones hacia metas), empatía (captar lo que sienten los demás) y habilidades sociales (gestionar emociones en vínculos y grupos). Cada competencia apoya a las siguientes.
¿La inteligencia emocional se puede aprender o es innata?
Se puede aprender. A diferencia del CI, que se estabiliza en la adolescencia, la IE puede crecer a lo largo de toda la vida. El EQ-i de Bar-On muestra que los puntajes suben progresivamente de los 16 a los 49 años. La terapia psicológica, el mindfulness y los programas de aprendizaje experiencial son los métodos con mayor respaldo científico.
¿Cómo se mide la inteligencia emocional?
Existen pruebas de habilidad (como el MSCEIT), que presentan tareas emocionales reales y puntúan el desempeño objetivo; y autoinformes (como el TMMS-24 o el EQ-i), que miden cuánta IE percibe tener la persona. Las pruebas de habilidad son más precisas pero complejas; los autoinformes son más prácticos para el desarrollo personal.
¿Qué diferencia hay entre IE y EQ?
La IE es el constructo psicológico (la capacidad de procesar emociones). El EQ es la puntuación numérica que entrega un test de IE, análogo al CI para la inteligencia clásica. El EQ tiene media 100 y desviación estándar 15; puntuaciones por debajo de 70 sugieren dificultades significativas de afrontamiento emocional (Bar-On y Parker, 2000).
¿Qué es la inteligencia emocional según Goleman?
Para Goleman (2009), la inteligencia emocional es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar bien las emociones en nosotros mismos y en nuestras relaciones. Su modelo es “mixto” porque combina habilidades emocionales con rasgos de personalidad como el optimismo y la persistencia.
¿Cómo desarrollar la inteligencia emocional en adultos?
Las estrategias con mayor evidencia son: psicoterapia (TCC y DBT), mindfulness, programas de entrenamiento experiencial y, cuando hay adversidad temprana, intervenciones específicas para esa historia. La clave es la práctica: el sistema límbico aprende haciendo, no leyendo. Identificar los propios patrones emocionales cotidianos es el primer paso concreto.
¿La IE predice el éxito más que el CI?
La afirmación de que la IE explica el 80% del éxito es una generalización que la investigación no respalda con esa precisión. Lo que sí muestra la evidencia rigurosa: las habilidades emocionales predicen resultados laborales y relacionales importantes, incluso controlando el CI y la personalidad (Mayer et al., 2000). CI y IE se complementan; ninguno reemplaza al otro.
¿Qué es el "secuestro emocional"?
Es el fenómeno en que la amígdala activa una respuesta emocional intensa (miedo, ira, pánico) antes de que el córtex prefrontal haya evaluado la situación. El resultado es una reacción impulsiva que la persona a veces lamenta. La autorregulación consiste, en parte, en aprender a detectar ese momento y crear un espacio entre el estímulo y la respuesta (Goleman, 2009).
¿Qué relación tiene la IE con la salud mental?
Una correlación positiva y robusta. Un meta-análisis de segundo orden con más de un millón de participantes encontró que la IE predice el bienestar mental con r = 0,28 (Robinson y Zell, 2026). Por el extremo opuesto, la alexitimia (dificultad para identificar emociones) es un factor de riesgo documentado para TEPT, trastornos psicosomáticos y somatización.
La inteligencia que más importa en la vida cotidiana
El CI abre puertas. La IE determina qué haces una vez que estás dentro.
Una síntesis de más de un millón de participantes muestra que la inteligencia emocional es uno de los predictores más consistentes del bienestar humano (Robinson y Zell, 2026). Y lo que la distingue de la inteligencia tradicional es que puedes desarrollarla a cualquier edad, con los apoyos correctos.
El primer paso es conocer tu punto de partida. Si aún no hiciste el test TMMS-24 más arriba, es un buen momento: tarda cinco minutos y te entrega un perfil real, basado en un instrumento validado.
Si tu resultado muestra áreas de mejora importantes, o si las emociones te están generando dificultades que van más allá de lo cotidiano, agendar una consulta con un psicólogo es el siguiente paso concreto con mayor retorno.
Escríbeme para una primera consulta aquí y trabajemos juntos en tu inteligencia emocional.
Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) · Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud)
Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.
Referencias
- Antuña-Camblor, C., Gómez-Salas, F. J., Burgos-Julián, F. A., et al. (2024). Emotional regulation as a transdiagnostic process of emotional disorders in therapy. Clinical Psychology & Psychotherapy. https://doi.org/10.1002/cpp.2981
- Bar-On, R., & Parker, J. D. A. (Eds.). (2000). The handbook of emotional intelligence: Theory, development, assessment, and application at home, school, and in the workplace. Jossey-Bass.
- Cameron, L. D., Carroll, P., & Hamilton, W. K. (2018). Evaluation of an intervention promoting emotion regulation skills for adults with persisting distress due to adverse childhood experiences. Child Abuse & Neglect, 79, 192-202. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29544158/
- Erdoğan, R., Özcan, B., Kızar, O., et al. (2025). The mediating role of problem solving in the relationship between emotional intelligence and mental well-being. Frontiers in Psychology.
- Fernández-Berrocal, P., Extremera, N., & Ramos, N. (2004). Validity and reliability of the Spanish modified version of the Trait Meta-Mood Scale. Psychological Reports, 94(3), 751-755.
- Goleman, D. (2009). Emotional intelligence: Why it can matter more than IQ. Bloomsbury. (Original publicado en 1995)
- Goodman, F. R., Peckham, A. D., Kneeland, E. T., et al. (2023). How does emotion regulation change during psychotherapy? Journal of Consulting and Clinical Psychology. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38032622/
- Mayer, J. D., & Salovey, P. (1997). What is emotional intelligence? En P. Salovey & D. Sluyter (Eds.), Emotional development and emotional intelligence: Educational implications (pp. 3-31). Basic Books.
- Mayer, J. D., Salovey, P., & Caruso, D. R. (2000). Emotional intelligence as Zeitgeist, as personality, and as a mental ability. En R. Bar-On & J. D. A. Parker (Eds.), The handbook of emotional intelligence (pp. 92-117). Jossey-Bass.
- Robinson, T. J., & Zell, E. (2026). Robust associations of emotional intelligence with human flourishing: A second-order meta-analysis. PNAS. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42090251/
- Saccaro, L. F., Giff, A., De Rossi, M. M., & Piguet, C. (2024). Interventions targeting emotion regulation: A systematic umbrella review. Journal of Psychiatric Research. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38677089/
- Salovey, P., & Mayer, J. D. (1990). Emotional intelligence. Imagination, Cognition, and Personality, 9(3), 185-211.
- Wang, T., Zhu, P., Fu, Y., & Choi, S. R. (2025). Exploring the links between emotional intelligence, resilience, support and mental health in college students. Scientific Reports. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41469463/
- Xu, Z., Chen, F., Li, W., Xu, Z., & Shi, X. (2026). Emotional intelligence and its impact on the mental health of Chinese medical students. BMC Medical Education. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41527124/
Nicolás Alcayaga
Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →
Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.
