Alguien te pide que cierres los ojos e imagines una playa: la arena, el color del mar, el sol en la cara. Tú cierras los ojos y no aparece nada. Sabes que hay arena, que el mar es azul y que el sol da calor, pero no ves ninguna escena. Y creías que decir «imagínate algo» era solo una forma de hablar.
Esa es la experiencia de quien dice «no puedo imaginar imágenes» y no tiene ese «ojo de la mente» del que habla el resto. La describe la afantasía, un término nuevo para algo viejo que mucha gente descubre ya adulta, a veces por un video en redes.
Este artículo explica qué es, cuánta gente la tiene, cómo se evalúa, qué cambia (y qué no) en la vida diaria, si tiene relación con el autismo o la memoria, y cuándo conviene consultar.
Respuesta corta: la afantasía es la ausencia, o una reducción muy marcada, de la capacidad de generar imágenes visuales en la mente de forma voluntaria. Se la considera una variación de la mente, sin enfermedad de fondo y sin necesidad de tratamiento. Una parte de quienes la tienen sí refiere malestar, y en ese caso conviene una evaluación psicológica.
¿Qué es la afantasía?
Es una variación de la experiencia mental: la persona no puede «ver» imágenes cuando las evoca a propósito. El término lo propusieron Zeman, Dewar y Della Sala a partir del griego phantasia (la facultad de representarse imágenes), para describir a 21 personas que se reconocieron en un reportaje de divulgación y que llevaban toda la vida sin imaginería voluntaria (Zeman et al., 2015).
Doce de ellas no podían generar ninguna imagen y nueve solo una muy débil. Para resolver una tarea como contar las ventanas de su casa, casi todas recurrían a lo que sabían o recordaban en forma de datos, y solo dos dijeron inspeccionar una imagen mental.
Los autores usaron el cuestionario VVIQ, que puntúa de 16 (ninguna imagen) a 80 (imágenes tan vívidas como ver la escena). Las 12 personas sin imaginería sacaron el mínimo posible, 16, y el grupo de comparación tuvo una mediana de 59.
Dos precisiones ayudan a ubicar el tema:
- Es de nacimiento o de toda la vida. La pérdida repentina de las imágenes, por ejemplo tras un problema médico o neurológico, es otra cosa. Los mismos autores la habían descrito en un hombre de 65 años que dejó de poder visualizar después de una angioplastia coronaria.
- Puede afectar más que la vista. En ese primer grupo, 10 de las 21 personas dijeron que también les faltaban las imágenes auditivas, táctiles, del gusto o del olfato.
Al otro extremo está la hiperfantasía, con imágenes tan vívidas como la percepción real. Una revisión estima que alrededor de 1 % de la población tiene afantasía extrema y 3 % hiperfantasía (Zeman, 2024).
¿Cuánta gente tiene afantasía? Porcentaje en la población
Depende de dónde se ponga la línea entre los niveles de imaginería. En dos muestras de 502 personas cada una, evaluadas con el VVIQ, tenía afantasía entre 3,6 % y 4,2 %, y juntas dieron 3,9 % sin diferencias entre hombres y mujeres (Dance et al., 2022).
Otro estudio con casi 9.100 participantes separó los grados: 0,9 % con afantasía, 3,3 % con hipofantasía (imágenes muy débiles), 89,7 % con imaginería típica y 6,1 % con hiperfantasía (Wright et al., 2024). Sumadas las dos primeras, el resultado se acerca al de Dance.
La diferencia viene de cómo se define. Se ha criticado que los estudios mezclan a personas sin ninguna imagen con personas con imágenes escasas, y que los puntajes que marcan el límite son arbitrarios y cambian de un estudio a otro (Blomkvist y Marks, 2023). Por eso conviene leer «entre 1 y 4 de cada 100 personas» como un orden de magnitud y no como una cifra exacta.
¿Cómo saber si tienes afantasía? El test VVIQ y sus límites
No existe un test de afantasía validado como diagnóstico. La herramienta que usan casi todos los estudios es el VVIQ, un cuestionario de autoinforme de 16 ítems en que la persona imagina escenas y califica qué tan vívidas son. Mide una experiencia subjetiva y no establece un diagnóstico clínico.
Hay tres razones para tomar con calma un puntaje obtenido en internet:
- No existe una batería psicométrica validada para «diagnosticar» afantasía, y los puntos de corte varían entre investigaciones (Blomkvist y Marks, 2023).
- Esos mismos autores advierten que algunas versiones en línea modifican el cuestionario original y que el autodiagnóstico puede inducir a error.
- Que una persona se describa sin imágenes no significa lo mismo para todas: la afantasía es heterogénea. En dos muestras grandes, un análisis de subtipos encontró un grupo con ausencia solo visual, otro con ausencia en todos los sentidos y grupos menores con una modalidad conservada, como la auditiva (Dawes et al., 2024).
Una forma informal de asomarte es cerrar los ojos e intentar imaginar un objeto cotidiano, por ejemplo una manzana sobre una mesa. Si no aparece nada, o aparece algo tan tenue que no cuenta como «verla», eso es una pista, no un resultado. Si te quedan dudas, lo útil es conversarlo con un psicólogo o un neuropsicólogo, que pueden evaluar cómo funciona tu imaginería en la práctica.
¿Cuáles son las causas de la afantasía?
Todavía no se conocen con precisión. Lo que hay son pistas. La afantasía suele darse en familias, y los estudios de imagen cerebral sugieren que pueden estar alteradas las conexiones entre las redes frontoparietales (que dirigen el pensamiento) y las áreas visuales (Zeman, 2024).
En una resonancia con 14 personas con afantasía, durante el recuerdo autobiográfico la conexión entre el hipocampo y la corteza visual estaba alterada respecto de los controles (Monzel et al., 2024). Son muestras pequeñas, y no permiten decir qué causa qué.
Tampoco hay evidencia de que dependa del esfuerzo o del interés: los autores que la nombraron la plantearon como una variante del funcionamiento neuropsicológico, comparable a la sinestesia (Zeman et al., 2015).
¿Cómo se vive la afantasía en el día a día?
Casi todo lo que se sabe viene de grupos de personas comparados con controles, así que describe tendencias y no a cada individuo. Estos son los hallazgos más consistentes.
Memoria de la propia vida y del futuro. En una entrevista autobiográfica, las personas con afantasía dieron menos detalles de eventos pasados y, sobre todo, de eventos futuros imaginados, con una caída especial en los detalles visuales (Dawes et al., 2022).
En la misma línea, en un estudio con 14 personas con afantasía y 16 controles, quienes la tenían refirieron más dificultad para recordar, menos seguridad y menos detalles emocionales, y en la resonancia mostraron menos activación del hipocampo durante el recuerdo (Monzel et al., 2024).
En el grupo original de Zeman, 14 de 21 personas dijeron tener dificultad para recordar sucesos memorables de su pasado.
Memoria de trabajo y rendimiento. Aquí hay buenas noticias. Las personas con afantasía no mostraron diferencias de capacidad en memoria de trabajo visual, numérica ni espacial; lo que cambia es la estrategia que dicen usar, que no es visual (Keogh et al., 2021).
Otro estudio con 20 personas con afantasía congénita tampoco halló diferencias relevantes en tareas neuropsicológicas, salvo que tardaban más en las que exigían sostener varios pasos «en la cabeza», y en rotación mental solo el subgrupo con la afantasía más severa (Pounder et al., 2022).
Sueños. La mayoría conserva imágenes involuntarias: 17 de las 21 personas del primer estudio dijeron tenerlas al soñar (Zeman et al., 2015). Aun así, en una comparación con controles refirieron menos sueños y más pobres (Dawes et al., 2020).
Emociones. Al leer o imaginar relatos de miedo, las personas con afantasía mostraron una respuesta fisiológica plana (conductancia de la piel), pero no cuando miraban imágenes de miedo. Es decir, hay menos amplificación emocional al imaginar, sin que exista un apagado emocional general (Wicken et al., 2021).
Que imaginar escenas amenazantes sea menos intenso no demuestra, por sí solo, que proteja de la ansiedad: en el estudio de Dawes y colaboradores (2020) no parecieron muy protegidas frente a los síntomas de trauma tras eventos estresantes.
Lo que no cambia. Las habilidades espaciales no parecen afectadas (Dawes et al., 2020), y en el grupo original 14 de 21 personas identificaron fortalezas verbales, matemáticas o lógicas (Zeman et al., 2015). Esa misma proporción, 14 de 21, dijo que no ver imágenes también tiene ventajas.
¿La afantasía es un trastorno?
Con los datos actuales, no. Un estudio comparó a 156 personas con afantasía con 131 controles y revisó los criterios con que se define un trastorno mental: rareza estadística, deterioro de la vida diaria, violación de normas sociales y malestar personal. La afantasía es estadísticamente rara, pero el impacto en la vida cotidiana y el malestar fueron demasiado débiles para clasificarla como trastorno mental (Monzel et al., 2023).
El mismo trabajo trae un matiz que importa: cerca de 35 % (34,7 %) refirieron un malestar que se asoció con menor bienestar y más ansiedad y depresión, y ese malestar fue mayor en quienes rendían peor en memoria autobiográfica y en una prueba de teoría de la mente (leer estados emocionales en los ojos de otros).
En casos individuales, los autores recomiendan hacer una evaluación psicológica, por ejemplo con un cuestionario específico de malestar por afantasía.
Hay una discusión académica de fondo sobre si debería llamarse «condición» o simplemente una diferencia individual en la imaginería (Blomkvist y Marks, 2023). La lectura prudente es esa: una variación de la mente que, en algunas personas, trae molestias que merecen atención, sin que la afantasía en sí sea una enfermedad.
Afantasía y autismo: qué relación hay (y con la prosopagnosia)
Estas preguntas aparecen mucho en las búsquedas, y la respuesta es parecida: hay asociación estadística, no una regla.
Autismo. En dos experimentos, las personas con afantasía refirieron más rasgos autistas que los controles, con debilidades en imaginación y habilidades sociales (Dance et al., 2021). Se midieron rasgos con cuestionarios, no diagnósticos.
Tener afantasía no indica que una persona sea autista, y una persona autista no necesariamente tiene afantasía. Si te interesa lo segundo, está la guía sobre autismo en mujeres adultas y el recorrido de un diagnóstico de autismo en adultos.
Prosopagnosia (dificultad para reconocer caras). En una comparación de 65 personas con afantasía y 55 controles, el grupo con afantasía rindió algo peor tanto en caras como en autos, un déficit leve y no específico de caras, y no hubo mayor frecuencia de prosopagnosia (Monzel et al., 2023). Si te cuesta reconocer rostros, puedes revisar el tema en prosopagnosia: qué es y test.
Sinestesia. Puede coexistir con la afantasía: en el estudio de Dance y colaboradores (2021), la sinestesia grafema-color se pudo confirmar objetivamente en personas con afantasía.
¿La afantasía se puede curar o entrenar?
Como no es una enfermedad, no hay nada que «curar». Y en la búsqueda que respalda este artículo no apareció ningún ensayo que pruebe un tratamiento para recuperar la imaginería visual. Hay dos matices:
- Si tienes imágenes y las perdiste de golpe, eso necesita consulta médica, porque es una situación distinta a haber sido siempre así.
- Si la afantasía te genera malestar, el trabajo con un psicólogo apunta a ese malestar (ansiedad, ánimo bajo, frustración con la memoria), no a volver a «ver» imágenes.
En lo cotidiano, los estudios muestran que las personas con afantasía resuelven con estrategias no visuales (Keogh et al., 2021; Zeman et al., 2015). Apoyarte en listas, notas, esquemas o descripciones verbales es una idea razonable y barata, aunque ningún ensayo ha probado que mejore tu memoria.
¿Qué no es afantasía?
Conviene separarla de cuatro cosas que se confunden en las búsquedas:
- Mala memoria en general. La afantasía afecta sobre todo a la imaginería y, en promedio, a los detalles de los recuerdos personales; no implica olvidar la vida ni problemas de memoria de trabajo (Keogh et al., 2021).
- No soñar. La mayoría de las personas con afantasía sueña con imágenes (Zeman et al., 2015).
- Una pérdida reciente de imaginería. Es la situación del caso adquirido que mencionamos arriba, y se estudia con un médico.
- Disociación o despersonalización. Sentirse desconectado de uno mismo o del entorno es una experiencia distinta; si eso te ocurre, mira el test de disociación y, si te preocupa, consulta.
Otros fenómenos de la mente que también se preguntan mucho y que explicamos aparte son la misofonía, la parálisis del sueño y la ensoñación excesiva.
¿Cuándo consultar a un psicólogo?
La afantasía por sí sola no es motivo de consulta. Sí conviene pedir una evaluación en estos casos:
- Te angustia o te frustra no tener imágenes, o lo vives como una carencia.
- Notas dificultad persistente para recordar tu propia historia y eso te afecta en tu estado de ánimo o en tus relaciones.
- Tienes ansiedad, tristeza o malestar que crees relacionados con esta forma de recordar o imaginar.
- Perdiste las imágenes de manera repentina o hace poco, o aparecieron otros síntomas neurológicos. Aquí corresponde consulta médica.
Un psicólogo clínico puede evaluar cómo funciona tu imaginería, separar lo que corresponde a esta variación de lo que es ansiedad o ánimo bajo, y trabajar el malestar si lo hay. Si quieres conversarlo, escribe a contacto.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la afantasía en palabras simples?
Es no poder formar imágenes visuales en la mente a voluntad. La persona sabe cómo es una playa o el rostro de un familiar, pero no los «ve» al pensarlos. No es una enfermedad: es una variación en la forma de imaginar, que se estima en entre 1 y 4 de cada 100 personas según cómo se defina.
¿La afantasía es una enfermedad o un trastorno?
No. Un estudio con 156 personas con afantasía y 131 controles concluyó que su efecto en la vida diaria y el malestar son demasiado débiles para clasificarla como trastorno mental. Un subgrupo, cerca de 35 %, sí refirió malestar con más ansiedad y depresión, y en esos casos conviene una evaluación psicológica.
¿Cuánta gente tiene afantasía?
Entre cerca de 1 % y 4 %, según el criterio. Un estudio con más de 9.000 personas encontró 0,9 % con afantasía y 3,3 % con hipofantasía, mientras que otro con más de mil estimó 3,9 % usando el VVIQ. La diferencia viene de dónde se pone el punto de corte, que no está unificado.
¿Se puede tener afantasía y soñar con imágenes?
Sí. En el primer estudio, 17 de 21 personas dijeron tener imágenes visuales al soñar, aunque estudios posteriores indican que refieren menos sueños y más pobres. La imaginería voluntaria (la que se evoca a propósito) está reducida, y la involuntaria, como la de los sueños, suele conservarse.
¿La afantasía tiene relación con el autismo?
Hay asociación en rasgos: en dos experimentos, las personas con afantasía refirieron más rasgos autistas que los controles. Se midieron rasgos con cuestionarios, no diagnósticos. Tener afantasía no indica autismo, y las dos cosas pueden darse por separado. Si tienes dudas sobre autismo, la evaluación la hace un profesional.
¿La afantasía afecta la memoria?
En promedio afecta la memoria autobiográfica: se recuerdan menos detalles visuales y emocionales de los eventos personales, y se imaginan con menos detalle los eventos futuros. La memoria de trabajo, en cambio, se mantiene: no hubo diferencias de capacidad frente a controles, y se resuelve con estrategias no visuales.
Lo que sabemos y lo que queda por saber
Sabemos que la afantasía existe, que no es rara, que se asocia con recuerdos y futuros imaginados menos ricos en detalle y que no cumple criterios de trastorno mental.
Sabemos poco de sus causas, de por qué algunas personas viven con ella sin problema y otras con malestar, y de qué ayuda a ese subgrupo, porque hay pocos ensayos. Muchos de los estudios usan muestras pequeñas o reclutadas por internet, y no hay estudios de prevalencia en Chile.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
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