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    Test de Insomnio Gratis: ¿Tengo insomnio? Evaluación online rápida

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Llevas semanas mirando el techo a las tres de la mañana y ya lo buscaste en Google. Encontraste una docena de páginas que prometen lo mismo: un test de insomnio gratis, ocho preguntas, un puntaje y una etiqueta. Respondes, sale “insomnio moderado”, y te quedas exactamente igual que antes, porque nadie te explicó qué significa ese número ni qué hacer con él.

    Acá el test funciona distinto y vale la pena que sepas por qué antes de hacerlo. No te va a dar un puntaje. Va a revisar contigo, una por una, las cinco condiciones que la clasificación clínica exige para hablar de trastorno de insomnio: qué te pasa de noche, con qué frecuencia, desde cuándo, si tienes la oportunidad real de dormir y si te está pasando la cuenta de día. Toma dos minutos. Lo interesante es que la mayoría de las personas que llegan convencidas de tener insomnio fallan en alguno de esos cinco puntos, y ahí está la información útil.

    Antes de que bajes a responder, hay cuatro cosas que conviene entender. Con ellas, tu resultado va a significar algo. Si andas apurado, puedes ir directo al test y volver después.

    En corto: ¿cómo saber si tengo insomnio?

    Hay trastorno de insomnio cuando te cuesta dormirte, te despiertas de noche o despiertas demasiado temprano; ocurre 3 o más noches por semana, lleva 3 meses o más, te pasa aunque tengas el tiempo y las condiciones para dormir, y te afecta de día (cansancio, ánimo, concentración, rendimiento). Si falta cualquiera de esas cinco condiciones, no se cumple el cuadro.

    Debajo de esa definición hay un detalle que casi ningún test online menciona: un resultado positivo en un cuestionario de sueño se equivoca mucho más de lo que la gente cree. Ya vamos a llegar a eso, con la cifra.

    ¿Qué significa exactamente “tener insomnio”?

    El insomnio no es dormir poco. Es una insatisfacción con la cantidad o la calidad del sueño que aparece a pesar de que las condiciones para dormir están dadas, y que se paga al día siguiente. Esa última parte es la que la gente se salta. La descripción para pacientes de MedlinePlus, la biblioteca de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, va en la misma línea y sirve de referencia general.

    Los dos sistemas que usan los clínicos, el DSM-5-TR de la Asociación Americana de Psiquiatría y la Clasificación Internacional de Trastornos del Sueño en su tercera edición (ICSD-3), coinciden en lo grueso. Piden un síntoma nocturno de tres posibles:

    • De conciliación: te acuestas y no te duermes. Los treinta minutos suelen tomarse como referencia.
    • De mantenimiento: te duermes bien, pero te despiertas varias veces y te cuesta volver.
    • Despertar precoz: abres los ojos a las cinco y ya no hay caso.

    A eso le suman tres condiciones más. La frecuencia de al menos tres noches por semana. La duración de al menos tres meses para el cuadro crónico. Y la repercusión diurna, que puede ser cansancio, irritabilidad, problemas de atención o memoria, bajo rendimiento, o la propia preocupación por el sueño.

    El criterio que separa el insomnio del cansancio normal

    Queda uno, y es el que más resultados cambia: el problema tiene que ocurrir habiendo oportunidad adecuada para dormir. Si trabajas en turnos y te acuestas a la una para levantarte a las cinco, no tienes insomnio. Tienes sueño insuficiente, que se siente parecido y se trata al revés.

    [EXPERIENCIA: En consulta este es probablemente el malentendido más frecuente del motivo “no duermo”. Llega alguien agotado, convencido de que tiene insomnio, y al reconstruir la semana aparece que entre el trabajo, el traslado y el celular en la cama la oportunidad real de dormir eran cinco horas. Ahí el problema no es el sueño: es la agenda.]

    La distinción importa porque el tratamiento no se parece en nada. Al insomnio se lo trata reduciendo el tiempo en cama, cosa que suena contraintuitiva. A quien duerme poco por falta de tiempo hay que darle más. Aplicar lo primero a lo segundo empeora las cosas.

    Insomnio agudo o crónico: por qué los tres meses importan

    Los tres meses no son un capricho burocrático. Separan dos situaciones con pronósticos distintos.

    El insomnio agudo aparece pegado a algo (un duelo, una mudanza, un problema en el trabajo) y buena parte remite solo cuando ese algo pasa. El crónico ya se independizó de su causa: el gatillante puede haber desaparecido hace un año y el insomnio sigue ahí, sostenido por otra cosa.

    Ese “otra cosa” tiene nombre desde 1987. Arthur Spielman propuso el que sigue siendo el modelo de referencia, el de las tres P del insomnio: factores predisponentes (lo que traías), precipitantes (lo que lo gatilló) y perpetuadores (lo que lo mantiene). Su artículo original30532-x), donde además formuló la terapia de restricción de sueño, sostiene el tratamiento del insomnio hasta hoy (Spielman et al., 1987; Savard y Morin, 2001).

    Lo que hace útil el modelo es que solo una de las tres P se puede cambiar, y es justamente la que mantiene el problema: quedarse tres horas en cama despierto, la siesta larga de compensación, mirar el reloj cada veinte minutos, la preocupación por no dormir.

    ¿Y qué predice que un insomnio agudo se vuelva crónico? Un estudio prospectivo siguió a 140 personas con insomnio agudo y 737 durmientes normales, y las reevaluó al mes. Lo que predijo la persistencia frente a la remisión natural fue haber tenido un episodio previo de insomnio, tener más síntomas depresivos y, sobre todo, la preocupación afectiva por el sueño (Ellis et al., 2021). O sea: cuánto te angustia no dormir predice si vas a seguir sin dormir.

    Por eso vale la pena hacer este test aunque lleves solo un mes así. La ventana en que el problema aún no se instala es corta.

    El test: revisa tus criterios, no tu puntaje

    Ahora sí. Responde con calma, pensando en cómo han sido las últimas semanas y no en la peor noche que recuerdes. No hay respuestas trampa y no se guarda nada de lo que marques.

    ¿Tengo insomnio? Revisa los criterios, no un puntaje

    Este test gratis no te da un número: revisa una por una las cinco condiciones que la clasificación clínica exige para hablar de trastorno de insomnio. Toma dos minutos y no se guarda nada de lo que respondas.

    1. ¿Qué te pasa de noche?

    Marca todo lo que te ocurra. Si no te pasa ninguna, deja las tres en blanco.



    2. ¿Con qué frecuencia?


    3. ¿Desde cuándo?


    4. ¿Tienes la oportunidad de dormir lo que necesitas?

    O sea: tiempo suficiente en cama y condiciones razonables (sin turnos que te obliguen a acostarte tarde, sin un bebé que te despierte, sin ruido o luz que te lo impidan).


    5. ¿Cómo te afecta al día siguiente?

    Marca lo que reconozcas. Si dormir mal no te pasa la cuenta de día, deja todo en blanco.





    6. ¿Alguna de estas señales? (opcional)

    No cuentan para los criterios de insomnio. Apuntan a otros trastornos del sueño que se tratan distinto.





    Esto es un cribado orientativo basado en los criterios del trastorno de insomnio del DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022) y de la ICSD-3 (American Academy of Sleep Medicine, 2014), no un diagnóstico. No reproduce ningún cuestionario con licencia: revisa criterios diagnósticos publicados, que es otra cosa. Quien confirma o descarta un trastorno de insomnio es un profesional, con entrevista clínica y un registro de sueño de dos semanas.

    Pintura impresionista de una persona sentada al borde de la cama al amanecer, test de insomnio online

    ¿Qué tan confiable es un test del sueño gratis?

    Poco, si lo que esperas es un diagnóstico. Mucho, si lo usas para descartar. Esa asimetría es el dato más útil de toda esta página y prácticamente ningún test online lo menciona.

    La Escala de Insomnio de Atenas es una de las más usadas para esto. Cuando se validó contra el diagnóstico clínico00604-9) en 299 personas, un puntaje de 6 o más identificó insomnio con 93% de sensibilidad y 85% de especificidad. Cifras excelentes. Pero los mismos autores calcularon qué pasa cuando esa escala se aplica en población general, que es exactamente lo que ocurre cuando cualquiera hace un test en internet: el valor predictivo positivo cae al 41%, mientras el negativo se mantiene en 99% (Soldatos et al., 2003).

    Traducido: si el test te sale negativo, puedes quedarte tranquilo con bastante confianza. Si te sale positivo, hay más o menos un 41% de probabilidad de que efectivamente tengas un trastorno de insomnio. Cerca de seis de cada diez "positivos" son falsas alarmas.

    No es un defecto de esa escala en particular. Es cómo funciona cualquier cribado aplicado a una población donde el problema es poco frecuente. El mismo fenómeno explica por qué el Índice de Gravedad del Insomnio necesita puntos de corte distintos según dónde se use: 10 en muestra comunitaria y 14 en atención primaria, según su estudio psicométrico de referencia y su validación en consulta general (Morin et al., 2011; Gagnon et al., 2013). Un test online que usa el corte de 10 para todo el mundo está sobrediagnosticando a la mitad de sus visitantes.

    Ese segundo estudio dejó además una cifra que resume el asunto: la concordancia entre el corte del cuestionario y la entrevista diagnóstica fue solo moderada (kappa = 0,62). El cuestionario orienta. No diagnostica.

    Entonces, ¿para qué sirve?

    Para tres cosas concretas, y ninguna es ponerte una etiqueta:

    1. Descartar. Un negativo confiable te ahorra meses de preocupación.
    2. Ordenar la consulta. Llegar sabiendo que llevas cuatro meses, cinco noches por semana y que te afecta la concentración vale más que "duermo mal hace tiempo".
    3. Detectar que el problema es otro. Es lo que hace la pregunta 6 del test.

    ¿Por qué este test no usa el ISI, la Escala de Atenas ni el Pittsburgh?

    Porque no se puede, y conviene decirlo en voz alta porque casi toda la competencia lo hace igual.

    Los cinco instrumentos que se usan en este terreno tienen dueño:

    Instrumento Titular de los derechos Se puede reproducir en este sitio
    Índice de Gravedad del Insomnio (ISI) Charles M. Morin y Mapi Research Trust No
    Escala de Insomnio de Atenas (AIS) Soldatos et al., Elsevier No
    Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh (PSQI) Universidad de Pittsburgh No, es uso comercial
    Escala de Somnolencia de Epworth (ESS) Murray W. Johns / Mapi Research Trust No, exige licencia
    Sleep Condition Indicator (SCI) Espie et al., licencia CC BY-NC No, la licencia excluye uso comercial

    Un sitio profesional que ofrece servicios es uso comercial, aunque el test sea gratis para quien lo responde. Varias de las páginas que aparecen arriba en Google al buscar "test del sueño gratis" reproducen estas escalas completas sin licencia.

    Eso no significa que no puedas conocerlas. En otra página revisamos qué mide cada escala de insomnio, cómo se corrige y dónde conseguirla legalmente, y por separado las escalas de hábitos y calidad de sueño. Explicar un instrumento y remitir a su vía oficial es legítimo; alojar una copia, no.

    La salida honesta era una de dos: pedir permiso, o construir el test sobre algo que sí es público. Los criterios diagnósticos lo son. Y para un buscador que escribe "test tengo insomnio", los criterios responden mejor la pregunta que un puntaje: quieres saber si lo que te pasa cuenta como insomnio, no cuántos puntos sacaste.

    El camino no es una rareza. El Sleep Condition Indicator se construyó exactamente así, sobre los criterios de insomnio del DSM-5, y una revisión sistemática con metodología COSMIN identificó 285 estudios con más de 720.000 participantes en 13 versiones lingüísticas usando ese enfoque (Meng et al., 2025). Anclarse a criterios funciona. Lo que cambia acá es que no hay número final, y eso es deliberado: inventar bandas de puntaje sin un estudio que las respalde sería pseudociencia con buen diseño gráfico.

    Cuando lo que parece insomnio es otra cosa

    Hay cuadros que se disfrazan de insomnio y se tratan de forma completamente distinta. Si marcaste alguna señal en la pregunta 6, esto te toca.

    Apnea obstructiva del sueño. Es el trastorno del sueño más frecuente: en población adulta europea afecta a cerca del 18%, contra un 10% del insomnio, según una revisión sistemática de epidemiología y costos en 47 países (Bassetti et al., 2026). El problema es que los cuestionarios la detectan mal. Un metaanálisis de 34 estudios comparó los cribados contra polisomnografía y encontró que la Escala de Epworth tiene sensibilidad de 0,48: deja pasar a casi la mitad de quienes sí tienen apnea (Li et al., 2024). El STOP-BANG rinde mejor para no perder casos (sensibilidad 0,89) pero con especificidad de 0,40. Ninguno reemplaza al estudio del sueño.

    Vale la pena tomárselo en serio: en 18 cohortes prospectivas con más de 25.000 participantes, la apnea se asoció a mayor riesgo cardiovascular, y en escalera con la gravedad (leve HR 1,21; moderada 1,56; grave 2,45) (Craciun et al., 2025).

    Síndrome de piernas inquietas. Afecta a cerca del 3% de los adultos. Se diagnostica con historia clínica dirigida (cuándo aparecen los síntomas, qué los desencadena, qué los alivia), no con un examen, y el manejo empieza por medidas no farmacológicas y por corregir el déficit de hierro antes de cualquier fármaco (Mathur et al., 2025).

    Trastorno de conducta del sueño REM. Actuar los sueños, gritar o golpear dormido. Es raro (0,009% de la población) pero merece evaluación con un especialista en trastornos del sueño: está posicionado como indicador prodrómico de las sinucleinopatías, y quienes lo tienen suelen mostrar déficits de función ejecutiva y memoria años antes de cualquier síntoma motor (Khorshidian, 2026).

    Somnolencia diurna intensa pese a dormir suficiente. No es lo típico del insomnio, donde uno suele estar agotado pero no logra dormirse ni de día. Obliga a pensar en apnea o en una hipersomnia central como la narcolepsia (Biscarini et al., 2025).

    Un paréntesis sobre tu reloj inteligente

    Si llegaste acá con capturas de pantalla de tu pulsera, léelas con pinzas. Comparados con polisomnografía, los modelos Fitbit sin estadificación sobreestimaron el tiempo total de sueño entre 7 y 67 minutos y la eficiencia entre 2% y 15%, con especificidad de 0,10 a 0,52 para distinguir vigilia de sueño (Haghayegh et al., 2019). Una revisión más reciente de Fitbit Charge 4, Garmin Vivosmart 4 y WHOOP llegó a lo mismo: exactitud moderada y problemas serios con las etapas del sueño (Schyvens et al., 2024).

    Sirven para ver tendencias. No para decidir si tienes un trastorno.

    Salió positivo. ¿Ahora qué?

    Lo primero, y es la mejor noticia de esta página: el tratamiento de primera línea del insomnio crónico no es un remedio. Es la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, la TCC-I.

    Un metaanálisis de 67 ensayos aleatorizados con 5.232 participantes encontró efectos grandes sobre la gravedad del insomnio (g = 0,98), la eficiencia del sueño (g = 0,77) y el tiempo que tardas en dormirte (g = 0,64), con un abandono medio de 13,3% y efectos adversos raros (Scott et al., 2025). Trabaja sobre los factores perpetuadores del modelo de Spielman, mejora de forma duradera y no genera dependencia. Se entrega en unas 6 a 8 sesiones, presenciales o por telesalud (Walker et al., 2022; Stearns et al., 2026).

    Sus componentes centrales son la restricción de sueño, el control de estímulos, la higiene del sueño y la terapia cognitiva. Ojo con la higiene: sola rinde poco. Un metaanálisis de 15 estudios encontró que la educación en higiene del sueño mejora, sí, pero de forma significativamente inferior a la TCC-I, con una diferencia de apenas dos puntos de PSQI (Chung et al., 2018). Consejos como "no uses pantallas de noche" ayudan; no son el tratamiento.

    El componente que más pesa es el que menos gusta: la restricción de sueño. Un ensayo con 234 personas la comparó de frente con la compresión de sueño, más suave, y la compresión no logró demostrar no inferioridad: dio mejorías menores y más lentas pese a mejor adherencia (Jernelöv et al., 2025).

    Lleva un registro de sueño de dos semanas

    Es la tarea más útil que puedes hacer antes de la primera consulta, y la que ningún test online reemplaza. Anota cada día: hora en que te acostaste, cuánto calculas que tardaste en dormirte, cuántas veces despertaste y por cuánto tiempo, hora en que te levantaste, siestas, alcohol y cafeína, y cómo estuviste durante el día.

    Dos semanas, no dos días. El sueño varía tanto de una noche a otra que con menos no se ve el patrón. Y en la práctica el registro suele corregir la percepción: quien llega diciendo "no duermo nada" muchas veces descubre que duerme cinco horas y media, lo que sigue siendo poco pero es un problema distinto y más tratable.

    Con esos datos ya puedes calcular tu eficiencia de sueño, que es el porcentaje del tiempo en cama que efectivamente duermes y el número que más mira un clínico al abrir un registro.

    Si prefieres algo objetivo, la actigrafía tiene respaldo formal de la Academia Americana de Medicina del Sueño y aporta datos que a menudo difieren del autorreporte (Smith et al., 2018). Eso lo indica el profesional, no tu pulsera.

    ¿Cuándo conviene consultar?

    Con el resultado del test en la mano, hay tres situaciones que justifican pedir hora sin esperar más:

    • El patrón crónico está completo. Tres o más noches por semana, tres meses o más, con oportunidad adecuada y con repercusión de día. La TCC-I existe precisamente para esto y funciona mejor mientras menos se demore.
    • Marcaste alguna señal de la pregunta 6. Ronquidos con pausas, piernas inquietas, actuar los sueños o somnolencia diurna intensa cambian el camino a seguir.
    • El insomnio viene con ánimo bajo o ansiedad marcada. La relación va en los dos sentidos y tratar solo un lado suele quedar corto. La preocupación por el sueño, además, es lo que más predice que el cuadro se cronifique (Ellis et al., 2021).

    También hay motivo para consultar si te estás quedando dormido al volante, si llevas tiempo usando fármacos para dormir sin indicación, o si la falta de sueño ya te está costando el trabajo o las relaciones.

    Y si el test te salió negativo, o quedó en insomnio agudo, tampoco lo dejes pasar del todo. La ventana en que un insomnio agudo aún no se cronifica es el mejor momento para intervenir, y ahí bastan pocas sesiones.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuántas noches malas por semana son insomnio?

    Tres o más noches por semana es el umbral clínico. Por debajo de eso, las dificultades para dormir se consideran ocasionales y no configuran un trastorno, aunque molesten. El criterio se combina siempre con la duración (tres meses para el cuadro crónico) y con que haya alguna repercusión durante el día.

    ¿Un test de insomnio online sirve para diagnosticar?

    No. Sirve para descartar con bastante confianza y para orientar. Cuando la Escala de Atenas se aplica en población general, su valor predictivo positivo es de 41% frente a un 99% negativo (Soldatos et al., 2003). Un negativo es fiable; un positivo acierta menos de la mitad de las veces y necesita confirmación profesional.

    ¿Cuál es la diferencia entre insomnio y dormir pocas horas?

    El insomnio ocurre a pesar de tener el tiempo y las condiciones para dormir. Si duermes poco porque trabajas en turnos, tienes hijos pequeños o te acuestas tarde, eso es sueño insuficiente y se corrige recuperando oportunidad de sueño. Se sienten parecido de día, pero el tratamiento es opuesto.

    ¿Cuál es el mejor tratamiento para el insomnio crónico?

    La terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) es el tratamiento de primera línea. Un metaanálisis de 67 ensayos con 5.232 participantes encontró efectos grandes sobre la gravedad del insomnio (g = 0,98), con abandono bajo y efectos adversos raros (Scott et al., 2025). Se entrega en unas 6 a 8 sesiones y no genera dependencia.

    ¿Sirve mi reloj inteligente para saber si tengo insomnio?

    Para tendencias, sí. Para decidir, no. Frente a polisomnografía, los modelos Fitbit sobreestimaron el tiempo total de sueño entre 7 y 67 minutos, con especificidad de 0,10 a 0,52 para distinguir vigilia de sueño (Haghayegh et al., 2019). Un registro de sueño en papel durante dos semanas le da más información a un clínico que meses de datos de pulsera.

    ¿El insomnio se pasa solo?

    El agudo, muchas veces sí, cuando pasa lo que lo gatilló. El crónico rara vez, porque ya no depende de su causa original sino de lo que lo mantiene. Predicen que persista un episodio previo de insomnio, los síntomas depresivos y la preocupación por el sueño (Ellis et al., 2021).

    Qué hacer con esto

    Si el test te ordenó el problema, ya cumplió su función. El paso que sigue es corto: dos semanas de registro de sueño y una hora para revisarlo con alguien que sepa leerlo.

    El insomnio crónico es de los pocos problemas de salud mental con un tratamiento breve, sin fármacos y con evidencia sólida detrás. La mayoría de las personas que llegan a consulta llevan años tratándolo con consejos de internet que rinden dos puntos de una escala, cuando existe algo que rinde diez veces eso.

    Si tu resultado apuntó a un patrón crónico, o si marcaste alguna de las señales de la pregunta 6, agenda una hora y llega con tu registro. Se avanza rápido.

    Sobre el autor

    Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud).

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Quién soy

    Referencias

    Alcock, S., Beukes, J., Hart, C., Scheuermaier, K., Lye, S. J., & Norris, S. A. (2026). Psychometric evaluation of the Pittsburgh Sleep Quality Index among South African women participating in the Bukhali trial. Journal of Clinical Sleep Medicine, 22, 131. https://doi.org/10.1007/s44470-026-00146-z

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    American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed., texto revisado). American Psychiatric Publishing.

    Bassetti, C. L. A., Welter, L. S., Montes-Martinez, M., Mühlberger, N., Boon, P., Berger, T., … Dodel, R. (2026). Epidemiology and economic burden of sleep disorders in Europe. European Journal of Neurology, 33, e70463. https://doi.org/10.1111/ene.70463

    Biscarini, F., Barateau, L., Pizza, F., Plazzi, G., & Dauvilliers, Y. (2025). Present and future of central disorders of hypersomnolence. Journal of Sleep Research, 34, e70118. https://doi.org/10.1111/jsr.70118

    Chung, K. F., Lee, C. T., Yeung, W. F., Chan, M. S., Chung, E. W., & Lin, W. L. (2018). Sleep hygiene education as a treatment of insomnia: A systematic review and meta-analysis. Family Practice, 35(4), 365-375. https://doi.org/10.1093/fampra/cmx122

    Craciun, M. L., Avram, A. C., Buleu, F., Badalica-Petrescu, M., Cotet, I. G., Mateescu, D. M., … Pah, A. M. (2025). Association between obstructive sleep apnea and cardiovascular risk: A systematic review and meta-analysis of prospective cohort studies. Medicina, 61, 1988. https://doi.org/10.3390/medicina61111988

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    Soldatos, C. R., Dikeos, D. G., & Paparrigopoulos, T. J. (2003). The diagnostic validity of the Athens Insomnia Scale. Journal of Psychosomatic Research, 55(3), 263-267. https://doi.org/10.1016/S0022-3999(02)00604-9

    Spielman, A. J., Caruso, L. S., & Glovinsky, P. B. (1987). A behavioral perspective on insomnia treatment. The Psychiatric Clinics of North America, 10(4), 541-553. https://doi.org/10.1016/s0193-953x(18)30532-x

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