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  • Trastornos alimentarios en adolescentes: señales de alerta que los padres suelen pasar por alto

    Trastornos alimentarios en adolescentes: señales de alerta que los padres suelen pasar por alto

    Los trastornos alimentarios en adolescentes casi nunca empiezan con un aviso claro. Tu hijo de catorce años dejó de pedir postre hace un mes. Ahora lee las etiquetas de todo, dice que ya almorzó en el colegio y se encierra a hacer abdominales. Tu hija ya no come con la familia, pero cocina para todos. Cada cosa, por separado, se explica: está creciendo, quiere cuidarse, busca privacidad. Juntas, empiezan a preocupar, y no sabes si estás exagerando o si estás llegando tarde.

    Esta guía te ayuda a ordenar lo que ves. Revisa qué tan frecuentes son los trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes, por qué suelen pasar desapercibidos, qué señales conviene mirar con atención, cómo distinguir una dieta común de algo más serio y qué hacer en Chile si la sospecha sigue en pie. No reemplaza una evaluación profesional, pero sí puede ahorrarte meses de duda.

    En breve: los TCA en adolescentes (trastornos de la conducta alimentaria) suelen empezar en la adolescencia y los padres son, la mayoría de las veces, los primeros en notar que algo cambió. El peso es una señal tardía y poco confiable: lo que suele verse primero es rigidez con la comida, reglas nuevas, ejercicio que no se puede interrumpir y evitación de las comidas en familia. Ninguna señal sola confirma un diagnóstico, pero varias sostenidas durante semanas justifican pedir una evaluación sin esperar a que el peso baje.

    ¿Qué tan frecuentes son los trastornos alimentarios en adolescentes? Estadísticas en Chile y el mundo

    Más de lo que se cree, y lo que se ve en consulta es solo una parte. En una encuesta nacional con 10.123 adolescentes de 13 a 18 años en Estados Unidos, la prevalencia a lo largo de la vida fue de 0,3 % para anorexia nerviosa, 0,9 % para bulimia nerviosa y 1,6 % para trastorno por atracón, y los cuadros que no alcanzaban todos los criterios también tenían un impacto clínico relevante (Swanson et al., 2011).

    Si se mide algo más amplio que el diagnóstico, las cifras suben. Un metaanálisis de 32 estudios con 63.181 niños y adolescentes de 16 países encontró que el 22,4 % mostraba conducta alimentaria alterada según el cuestionario SCOFF: 30,0 % de las niñas y 17,0 % de los niños, con más frecuencia a mayor edad (López-Gil et al., 2023). Es un cribado y no un diagnóstico, y la variación entre estudios fue muy alta, pero muestra cuánta preocupación por la comida y el cuerpo circula entre los jóvenes. Una revisión de estudios publicados entre 2013 y 2022 estimó que entre 5,5 % y 17,9 % de las mujeres jóvenes y entre 0,6 % y 2,4 % de los hombres jóvenes habían tenido un TCA hacia el inicio de la adultez (Silén y Keski-Rahkonen, 2022).

    Sobre los TCA en adolescentes en Chile hay pocos datos y son de muestras pequeñas. En 420 adolescentes de Santiago, alrededor del 4 % refirió haber recibido alguna vez un diagnóstico de TCA (Granillo et al., 2011). En 2.277 estudiantes del norte del país, los síntomas de TCA se asociaron de forma fuerte con la depresión y la ansiedad, más en mujeres, aunque ese estudio mide asociación y no causa (Caqueo-Urízar et al., 2021). Un metaanálisis regional que incluyó estudios de Chile, Argentina, Brasil, Colombia, México y Venezuela concluyó que los TCA son frecuentes en Latinoamérica (Kolar et al., 2016).

    ¿Y cuándo empiezan? La anorexia tiene su pico de inicio en la adolescencia temprana y media, y la bulimia suele aparecer durante o después de la adolescencia tardía, según una revisión pediátrica (Kohn y Golden, 2001). Hay un dato reciente que merece atención: en un estudio poblacional con 9 millones de jóvenes de 10 a 24 años en el Reino Unido, tras el inicio de la pandemia la incidencia de TCA fue 42,4 % mayor de lo esperado en niñas de 13 a 16 años (Trafford et al., 2023). Los autores señalan que las causas son inciertas.

    ¿Por qué los padres suelen pasar por alto las señales?

    La respuesta corta es que el trastorno se esconde bien y el entorno lo disfraza. La respuesta larga tiene varias capas.

    Para empezar, el tiempo. En un estudio con padres de 78 jóvenes (edad media de 14,9 años) que consultaron a un servicio especializado en el Reino Unido, la preocupación por el peso y la figura se había notado en promedio más de un año antes de la evaluación, y el cambio en la forma de comer unos 9,7 meses antes de la derivación. Lo más descrito por los padres fue que su hijo se volvió rígido, con reglas nuevas y restricción, algo que se ve antes que la pérdida de peso (Rosello et al., 2022). Es una muestra pequeña y sin grupo de comparación, pero muestra una ventana larga en la que se podría haber actuado.

    ¿Por qué se tarda tanto? Los estudios y los manuales clínicos apuntan a varias razones:

    • Se esconde. Tirar comida, comer a solas, decir “ya comí en el colegio”, hacer ejercicio en el dormitorio o purgarse en privado forman parte del cuadro. Fairburn (2008) describe la secrecía como un mecanismo que protege al trastorno de la mirada de los demás.
    • Se niega. Es característico que el adolescente no vea el problema o lo minimice, y la desnutrición misma altera el juicio. Lo describen la guía de GuiaSalud (2009) y el manual de terapia familiar de Lock y Le Grange (2012), que añaden que muchas familias ven a su hijo como un chico “ejemplar y obediente”, y eso retrasa la sospecha.
    • El peso engaña. NICE (2017) y GuiaSalud (2009) advierten que no hay que confiar solo en el peso o el IMC, porque se puede perder mucho peso dentro de rangos aparentemente normales. GuiaSalud define la bulimia como un trastorno “oculto” justamente porque el peso suele estar dentro de lo esperado. Una revisión sistemática mostró además que en la anorexia atípica (con restricción y pérdida de peso importante, pero sin bajo peso) la psicopatología alimentaria es tan alta o más que en la anorexia clásica (Walsh et al., 2023). Si quieres leer más, está la guía sobre anorexia atípica.
    • Las dietas se ven normales. En una muestra representativa de 2.525 adolescentes australianos, el 38 % de las niñas y el 12 % de los niños eran “dietantes intermedios”, y la mayoría de las niñas que hacían dieta tenían un peso normal (Patton et al., 1997). Cuando casi todo el curso hace dieta, una más pasa inadvertida.
    • Comer sano y entrenar se aplauden. Cortar la comida chatarra, “comer limpio” o entrenar todos los días suele recibir elogios al principio, justo cuando conviene mirar con más cuidado. La guía sobre ortorexia explica cómo una obsesión por comer sano puede esconder un trastorno.
    • Se espera un perfil. Los varones y los cuadros que no calzan con el estereotipo consultan menos. En una encuesta nacional de Estados Unidos, solo el 20 % de los adolescentes con TCA buscó tratamiento específico: 19,9 % de las mujeres y 8,9 % de los varones, y menos aún quienes tenían atracones (Forrest et al., 2017). En los varones la preocupación corporal puede centrarse en la musculatura más que en la delgadez (Nagata et al., 2020), como se explica en la guía sobre vigorexia.

    A todo esto se suma la duda de los propios padres. En un estudio cualitativo con 15 adolescentes y 12 cuidadores, los padres fueron quienes primero notaron el problema, y entre las barreras para actuar antes estaba la vacilación a actuar sobre una sospecha (Ciao et al., 2022). Es una muestra pequeña de un solo país, pero coincide con lo que cuentan muchas familias: “no quería exagerar”.

    ¿Cuáles son las señales de alerta de un trastorno alimentario en adolescentes?

    Ninguna señal sola confirma el diagnóstico, y el diagnóstico lo hace un profesional. Pero hay conductas que, juntas y sostenidas, justifican consultar. Las describen las guías NICE (2017) y GuiaSalud (2009) y los manuales de Lock y Le Grange (2012), Treasure et al. (2007) y Fairburn (2008). Ordenadas por dónde se ven:

    • En la comida: eliminar alimentos de a poco (primero dulces y grasas, después otros grupos), porciones cada vez menores, leer etiquetas y contar calorías, cortar la comida en trozos mínimos, comer muy lento, inventar excusas para no sentarse a la mesa, esconder o tirar comida, cocinar para otros sin probar lo que prepara. Si hay atracones o purgas, pueden aparecer comida que desaparece en cantidades grandes o la necesidad de ir al baño justo después de comer.
    • En el ejercicio: entrenar todos los días aunque esté cansado, enfermo o lesionado, angustiarse si no puede hacerlo, hacerlo a escondidas.
    • En el cuerpo y la imagen: miedo intenso a engordar, mirarse y pesarse a cada rato (o evitar espejos y fotos), preguntar una y otra vez “¿me veo gorda?”, ropa ancha o en capas para esconder la figura, negarse a mostrarse en traje de baño.
    • En el ánimo: irritabilidad, cambios bruscos, más rigidez y perfeccionismo, llanto fácil o apatía.
    • En lo social: evitar cumpleaños y salidas con comida, aislarse, dejar actividades que disfrutaba, no poder concentrarse.
    • En el cuerpo que crece: en las chicas, que la menstruación se retrase o desaparezca; en niños y púberes, que dejen de crecer o de subir de peso según su curva, o que se retrase la pubertad. También pueden aparecer mareos, palidez, manos y pies fríos.

    Una síntesis de 62 sitios web dirigidos a cuidadores identificó como señales tempranas más mencionadas (en al menos 40 % de los sitios) el ejercicio excesivo o compulsivo, cualquier pérdida de peso, la obsesión con la comida o su preparación y el cortar grupos enteros de alimentos (Pennesi et al., 2025). Hay que leerlo con cautela: son relatos de familias y sitios de divulgación, y los autores piden estudios que comprueben si esas señales de verdad predicen un TCA.

    ¿Cosa de la edad o señal de alerta?

    La adolescencia trae cambios que se parecen a estas señales. Lo que ayuda a distinguirlas es la combinación, la rigidez y el malestar que las acompaña:

    Lo que vesPuede serQué lo vuelve una señal a mirar
    Se hace vegetariano o deja ciertos alimentosUna convicción o una moda entre amigosLas reglas se multiplican, aparece miedo a engordar o baja de peso, y se enoja si se rompe la regla
    Quiere entrenar másGusto por el deporteNo puede parar si está lesionado, se angustia si se lo impiden, lo hace a escondidas o “para pagar” lo que comió
    Usa ropa anchaModaEsconde el cuerpo, rechaza el traje de baño, se tapa incluso con calor
    Se encierra en su piezaPrivacidad propia de la edadEvita la mesa familiar, come solo o inventa excusas para no comer con otros
    Cocina o le interesan las recetasUn nuevo hobbyPrepara comida para todos y no la prueba, cuenta calorías, no tolera cambios en sus recetas
    Está irritableAdolescenciaLos enojos aparecen alrededor de la comida o al romper una rutina

    ¿Es solo una dieta? Miedo a engordar en adolescentes

    Hacer dieta es tan común que parece inofensivo, y por eso conviene saber qué dicen los datos. En una cohorte de escolares australianos seguidos durante tres años desde los 14-15 años, las mujeres que hacían dieta severa tuvieron 18 veces más probabilidad de desarrollar un TCA que las que no hacían dieta, y las de dieta moderada 5 veces más. La morbilidad psiquiátrica (ánimo bajo, ansiedad) predijo el trastorno de forma independiente (Patton et al., 1999). Es un estudio observacional de los años noventa, pero sigue siendo una de las referencias más citadas, y sus autores concluyeron que la dieta fue el predictor más importante.

    En el estudio de 1997 del mismo grupo, el 62 % de quienes hacían dieta extrema reportaba niveles altos de depresión y ansiedad (Patton et al., 1997). Dicho de otro modo, el miedo a engordar rara vez viaja solo.

    Para distinguir una dieta pasajera de algo más serio, sirve preguntarse:

    • ¿Hay reglas rígidas que no puede romper sin angustia?
    • ¿La comida, el peso o el cuerpo ocupan buena parte de sus pensamientos y conversaciones?
    • ¿Se salta comidas, las compensa con ejercicio o se siente culpable después de comer?
    • ¿Lo que hace interfiere con el colegio, los amigos o los planes familiares?
    • ¿Aumenta con el tiempo, en vez de quedarse en un periodo corto?

    Si varias respuestas son sí, y se sostienen por semanas, pide una evaluación. El test SCOFF puede ayudarte a ordenar tus dudas antes de la consulta, con la advertencia de que orienta y no diagnostica.

    ¿Qué factores aumentan el riesgo en esta edad?

    No hay una causa única, y ningún factor condena a nadie. Estos son los que más aparecen en la evidencia:

    • Las burlas por la apariencia. Una revisión paraguas de 9 metaanálisis encontró que las burlas por el aspecto físico se asociaron con cualquier TCA (OR 2,91), una de las asociaciones más sólidas entre 50 factores analizados, aunque ninguna alcanzó evidencia convincente (Solmi et al., 2021). Sobre este tema hay una guía específica de bullying por apariencia física.
    • Los comentarios sobre el peso en casa. En un estudio con 356 adolescentes en riesgo, el 45 % de las chicas dijo que su madre la animaba a hacer dieta y el 58 % refirió burlas por el peso de parte de familiares, y ambas cosas se asociaron con más insatisfacción corporal y conductas alimentarias alteradas (Neumark-Sztainer et al., 2010). La asociación no prueba causa, pero justifica sacar las dietas y los comentarios sobre el cuerpo de la conversación familiar.
    • La ansiedad y la depresión, que en las muestras chilenas aparecieron fuertemente asociadas a los síntomas alimentarios (Caqueo-Urízar et al., 2021). Si quieres reconocerlas, están las guías de ansiedad en adolescentes y de depresión en adolescentes.
    • El perfeccionismo y la autoexigencia, que conviene mirar en la guía sobre perfeccionismo.
    • La insatisfacción corporal. Cash y Smolak (2011) la describen como uno de los predictores más potentes del desarrollo posterior de un TCA en los estudios longitudinales.

    Sobre las redes sociales, la imagen es más matizada de lo que suele decirse. Una revisión de Odgers y Jensen concluyó que la evidencia de un daño generalizado es débil o de efecto muy pequeño, y que los malestares en línea reflejan y amplifican vulnerabilidades que ya existían fuera de la pantalla (Odgers y Jensen, 2020). Un metaanálisis de 71 estudios sobre videos cortos encontró asociación con peor salud mental, pero no con la imagen corporal en el conjunto de los estudios, probablemente por la diversidad de contenidos, y los estudios eran predominantemente transversales (Nguyen et al., 2025). Para decidir qué hacer sirve más saber qué mira tu hijo y cómo se siente después que contar las horas de pantalla.

    ¿Qué hacer si sospechas que tu hijo tiene un trastorno alimentario?

    Pedir ayuda pronto es la decisión con más respaldo. La guía NICE (2017) indica que la derivación a un servicio especializado no debe demorarse y que no debe depender de que el peso esté “lo bastante bajo”. Estos son los pasos, en orden:

    1. Anota lo que ves, con hechos y fechas (qué dejó de comer, cuándo faltó a una comida, qué ejercicio hace). Te servirá para contárselo al médico sin depender de la memoria, y ordena tu propia duda.
    2. Habla con él o ella con calma, en un momento neutro, fuera de la mesa y sin prisa, y desde lo que has observado: “He notado algunas cosas que me preocupan por tu salud y me gustaría que hablemos de cómo te sientes”. Es habitual que lo niegue, y que diga “estoy bien” no cancela la consulta. Si se enoja, no discutas la comida: reconoce la emoción y vuelve a intentarlo otro día.
    3. Pide hora con el pediatra o el equipo de atención primaria. La Rama de Adolescencia de la Sociedad Chilena de Pediatría señala que el pediatra general tiene un papel central en la prevención, la detección temprana, la evaluación y la derivación oportuna de los TCA, mientras que el tratamiento corresponde a equipos multidisciplinarios con formación específica (Gaete y López, 2020). La Academia Estadounidense de Pediatría describe también la evaluación médica ante la sospecha y el papel del pediatra en coordinar la atención (Hornberger y Lane, 2021).
    4. Pide una derivación a un equipo con experiencia en TCA (psicólogo clínico, psiquiatra infantojuvenil, nutrición). Si no sabes por dónde partir, la guía de psicólogo o psiquiatra ayuda a decidir.
    5. No te quedes tranquilo solo porque un examen salió normal. GuiaSalud (2009) advierte que una analítica normal no descarta un TCA.

    Sobre el cribado con cuestionarios, conviene tener expectativas realistas. La validación del SCOFF en 241 escolares colombianas de 10 a 19 años mostró una sensibilidad de 81,9 % y una especificidad de 78,7 %, y sus autores lo consideran una alternativa aceptable para cribar grupos de adolescentes (Rueda Jaimes et al., 2005). Pero una revisión para el grupo de trabajo de servicios preventivos de Estados Unidos no encontró estudios que evaluaran directamente los beneficios y daños de hacer cribado (Feltner et al., 2022), y un adolescente que niega o esconde síntomas puede responder que no a todo. Un resultado normal no sustituye lo que tú ves.

    Lo que conviene evitar

    • Comentar su cuerpo, ni para criticarlo ni para elogiarlo. Un “te ves más sana” puede sonar a “engordaste”. Treasure et al. (2007) recomiendan elogiar lo que la persona es y hace, no cómo se ve.
    • Debatir calorías, porciones o ingredientes. Es una discusión que el trastorno gana siempre. Reconoce la emoción (“veo lo asustada que estás”) y no entres en el contenido.
    • Pesarlo o vigilarlo como detective en casa. El peso se maneja en la consulta.
    • Culparte o culparlo. Nadie sabe con certeza qué origina un TCA, y la culpa solo retrasa la ayuda. Los padres cumplen un papel central tanto en detectar como en tratar, y una revisión sobre el rol de los padres los describe como un recurso poco aprovechado (Rodgers et al., 2024).

    La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda además que los mensajes de salud en la familia pongan el foco en un estilo de vida saludable y no en el peso (Golden et al., 2016).

    ¿Cuándo es una urgencia?

    Algunas situaciones no esperan a la próxima cita. Lleva a tu hijo a un servicio de urgencias si hay desmayos o mareos intensos, dolor en el pecho, latidos muy lentos o irregulares, confusión, convulsiones, deshidratación, vómitos con sangre, negativa total a comer o a beber, o ideas de hacerse daño. Tú no tienes que medir nada: ante cualquiera de esos síntomas, se va a urgencias.

    Si tu hijo dice que quiere morir o se hace daño, no lo dejes solo y llama a la línea de prevención del suicidio del Ministerio de Salud, *4141 (gratuita, 24 horas), o ve a urgencias de inmediato.

    ¿Y si mi hijo niega que tenga un problema?

    Es lo esperable, y no significa que te hayas equivocado. La negación forma parte del cuadro y no requiere su acuerdo para pedir una evaluación. Lo que sí ayuda: mantener la calma, repetir que lo quieres, evitar el debate sobre la comida y volver a intentarlo otro día. Si el tratamiento se indica, en adolescentes la evidencia más sólida está en las terapias que incluyen a la familia.

    ¿Con quién consultar en Chile?

    La puerta de entrada puede ser el pediatra, el médico de familia o el centro de salud (CESFAM) que atiende a tu hijo. El tratamiento de fondo lo llevan psicólogos clínicos y psiquiatras infantojuveniles con experiencia en trastornos alimentarios, junto con control médico y nutricional. Para una mirada general, la guía de trastornos de la conducta alimentaria y la de diferencias entre anorexia y bulimia sirven de mapa.

    Tú también puedes consultar. Una primera conversación con un psicólogo puede ayudarte a ordenar lo que viste, a decidir cómo hablarle a tu hijo y a quién derivarlo; si se confirma un TCA, el seguimiento médico presencial es parte del tratamiento y no se reemplaza con atención en línea. Si quieres orientación, puedes agendar una consulta. Como material de consenso hay información de MedlinePlus, del Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU. y la guía NICE NG69.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuáles son los primeros síntomas de un trastorno alimentario en un adolescente?

    Suelen ser cambios en la forma de comer: más reglas, menos variedad, porciones pequeñas, evitar comer en familia y preocupación constante por las calorías. Muchas veces van acompañados de ejercicio que no puede interrumpir y de irritabilidad. Ocurren antes de que baje el peso, por eso conviene consultar sin esperar a que se note.

    ¿Cómo distingo una dieta de un trastorno alimentario?

    Una dieta tiene un objetivo y se puede flexibilizar. En un TCA hay reglas rígidas, miedo intenso a engordar, culpa al comer, ejercicio compulsivo y ocultamiento que persisten y crecen, y que afectan el colegio y la vida social. Si lo notas por varias semanas, pide evaluación al pediatra.

    ¿A qué edad suelen empezar los TCA?

    La anorexia suele comenzar en la adolescencia temprana y media, y la bulimia en la adolescencia tardía o después. El trastorno por atracón tiene un rango más amplio. También puede haber cuadros en niños más pequeños, que se ven como detención del crecimiento o dolores abdominales más que como miedo a engordar.

    ¿Mi hijo puede tener un TCA con peso normal?

    Sí. La bulimia, el trastorno por atracón y la anorexia atípica ocurren con frecuencia con peso normal o incluso sobrepeso, y se puede perder mucho peso sin salir de los rangos esperados. Por eso las guías piden no depender solo del peso o del IMC para decidir si consultar.

    ¿Los varones también tienen TCA?

    Sí, aunque consultan menos: en una encuesta de Estados Unidos, el 8,9 % de los varones con TCA buscó tratamiento frente al 19,9 % de las mujeres. En ellos la preocupación suele centrarse en la musculatura, con dietas, suplementos y entrenamiento compulsivo que pasan por “dedicación al deporte”.

    ¿Qué hago si mi hijo se enoja o lo niega todo?

    Mantén la calma, repite que lo quieres y no discutas sobre la comida ni el peso. No necesitas su acuerdo para pedir una evaluación médica. Si se enoja, retoma la conversación otro día, y busca el apoyo del pediatra, que puede hablarle desde su rol.

    ¿A quién consulto primero en Chile?

    Al pediatra, al médico de familia o al CESFAM de tu hijo, que pueden evaluar su salud física y derivarlo a un equipo especializado en trastornos alimentarios. Un psicólogo clínico puede orientarte a ti como familia mientras tanto. Si hay desmayos, dolor de pecho o negativa total a comer o beber, ve a urgencias.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Trastornos de la conducta alimentaria (TCA): tipos, señales y tratamiento

    Trastornos de la conducta alimentaria (TCA): tipos, señales y tratamiento

    Quizás llegaste aquí porque te preocupa cómo come alguien cercano (un hijo, una pareja, una amiga) o porque te preocupa cómo comes tú. O porque alguien nombró la sigla TCA y quedaste con más preguntas que respuestas. Son cuadros que se entienden mal: se los confunde con una dieta que se fue de las manos o con falta de fuerza de voluntad, y por eso muchas personas tardan años en pedir ayuda.

    Aquí vas a encontrar qué son los trastornos de la conducta alimentaria, cuáles son sus tipos, qué tan frecuentes son (con datos de Latinoamérica), qué señales conviene mirar, qué tratamientos psicológicos tienen respaldo y cómo acompañar a quien los vive. Las cifras salen de revisiones sistemáticas y metaanálisis, y donde la evidencia es débil o limitada, lo decimos.

    En breve: los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son enfermedades mentales graves, no un capricho ni una moda. Los más estudiados son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón. Tienen tratamiento, pero ningún enfoque gana a todos los demás y las recaídas son frecuentes. La mortalidad también es mayor que en la población general: un metaanálisis de 2025 encontró una razón de mortalidad estandarizada de 3,39 para cualquier TCA y de 5,21 para la anorexia nerviosa (Krug et al., 2025). Por eso el tratamiento lo conduce un equipo y, cuando hay señales de riesgo físico, la primera consulta es médica.

    ¿Qué son los trastornos de la conducta alimentaria y son una enfermedad mental?

    Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son enfermedades mentales en las que la forma de comer, la preocupación por el peso y la figura y el malestar con el propio cuerpo deterioran la salud física y la vida cotidiana. El DSM-5 los agrupa bajo el nombre de trastornos de la alimentación y de la conducta alimentaria (American Psychiatric Association, 2013). Si tu búsqueda fue “TCA qué es”, esa es la respuesta corta: una enfermedad mental seria, con tratamiento.

    El DSM-5 también cambió algunas reglas para reducir el uso de la categoría residual de “otros trastornos”: bastan atracones o purgas una vez por semana durante tres meses (antes se pedían dos veces), se eliminó la amenorrea como requisito de la anorexia nerviosa y el trastorno por atracón pasó a ser un diagnóstico oficial (Agras y Robinson, 2018). La Asociación Americana de Psiquiatría ofrece una descripción general en inglés, y MedlinePlus tiene una versión en español.

    ¿Qué tienen en común los distintos TCA? Fairburn (2008) propone que comparten una psicopatología central: la persona juzga su valor casi por completo según el peso, la figura y la capacidad de controlarlos. De ahí nacen las reglas rígidas sobre qué, cuándo y cuánto comer, y los círculos viciosos de restricción, atracón y compensación que mantienen el cuadro. La excepción es el ARFID, que se describe más abajo.

    Esa lógica explica por qué decirle a alguien “come normal” no funciona. Una dieta común tiene un objetivo y un final. En un TCA, las reglas sobre la comida y el cuerpo se vuelven inflexibles, generan malestar intenso y empiezan a dañar la salud, el ánimo o las relaciones.

    ¿Cuáles son los tipos de TCA?

    Los tipos principales son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, el trastorno por atracón, el trastorno de evitación y restricción de la ingesta de alimentos (ARFID) y los otros trastornos especificados, que reúnen presentaciones que no cumplen todos los criterios de los anteriores. Estos son los criterios del DSM-5 según los resumen Agras y Robinson (2018):

    TipoQué lo defineDetalle clínico
    Anorexia nerviosaRestricción de la ingesta que lleva a un peso significativamente bajo, miedo intenso a ganar peso y alteración en cómo se vive el propio cuerpoSubtipo restrictivo (dietas, ayunos, ejercicio excesivo) y subtipo con atracones o purgas
    Bulimia nerviosaAtracones recurrentes y conductas compensatorias (vómitos, laxantes, ayuno, ejercicio intenso), al menos una vez por semana durante tres mesesEl peso puede estar dentro del rango habitual
    Trastorno por atracónAtracones recurrentes con malestar intenso, sin conductas compensatorias regularesSe asocia con frecuencia a sobrepeso u obesidad
    ARFIDRestricción o evitación de alimentos que produce pérdida de peso, carencias nutricionales o deterioro, sin preocupación por el peso o la figuraPuede deberse a falta de interés por comer, a la textura u olor de los alimentos o al miedo a atragantarse o vomitar
    Otros trastornos especificados (OSFED)Cuadros graves que no cumplen todos los criterios de los anterioresIncluye la anorexia nerviosa atípica (peso dentro o sobre el rango normal pese a una pérdida de peso importante), el trastorno por purgas y el síndrome de comer nocturno

    Dentro de la misma categoría del DSM-5 también están la pica (comer sustancias que no son alimento) y la rumiación (regurgitar alimentos de forma repetida).

    La ortorexia (obsesión por comer solo lo que se considera “puro” o “saludable”) no es hoy un diagnóstico oficial. Un consenso internacional de expertos propone que, si se formaliza, debería ubicarse entre los trastornos de la alimentación y de la conducta alimentaria (Donini et al., 2022). Frente al ARFID, que se apoya en lo sensorial o en el temor a consecuencias inmediatas como atragantarse, en la ortorexia la restricción responde al miedo a enfermedades a largo plazo (Donini et al., 2022).

    Los diagnósticos no son compartimentos cerrados. Una persona puede pasar de uno a otro con los años, y por eso en la clínica importa más entender qué mantiene el problema que ponerle una etiqueta definitiva.

    ¿Qué tan frecuentes son los TCA? ¿Y en Chile y Latinoamérica?

    Los TCA son más frecuentes de lo que se cree y las cifras dependen de cómo se cuenten. Una revisión sistemática de 94 estudios con diagnóstico preciso encontró una prevalencia promedio a lo largo de la vida de 8,4 % en mujeres y 2,2 % en hombres, y que la prevalencia puntual promedio subió de 3,5 % en 2000-2006 a 7,8 % en 2013-2018 (Galmiche et al., 2019).

    Con criterios más estrictos y en población general, un metaanálisis posterior calculó una prevalencia en la vida de 0,16 % para la anorexia nerviosa, 0,63 % para la bulimia nerviosa y 1,53 % para el trastorno por atracón. Sus autores advierten que la frecuencia real puede estar subestimada, porque la mayoría de las encuestas no incluye todos los tipos de TCA ni usa los criterios más recientes (Qian et al., 2022).

    Para la región existe un metaanálisis de 17 estudios de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Venezuela. La prevalencia puntual media fue de 0,1 % para la anorexia nerviosa, 1,16 % para la bulimia nerviosa y 3,53 % para el trastorno por atracón. Los autores concluyen que en Latinoamérica la anorexia sería menos frecuente que en los países occidentales, y la bulimia y el atracón, más frecuentes (Kolar et al., 2016).

    Hay una limitación que conviene tener presente: en este artículo no usamos una cifra única para adolescentes chilenos, porque los números que circulan en la prensa varían de un medio a otro y no pudimos rastrearlos hasta un estudio concreto. Con los datos de la región alcanza para saber que no es un problema lejano.

    ¿Cuáles son las señales de alerta de un TCA?

    Las señales de alerta son cambios sostenidos en la forma de comer, en el cuerpo, en el ánimo y en la vida social. Ninguna sola confirma un TCA, y el peso puede estar dentro del rango habitual (en la bulimia, el trastorno por atracón y la anorexia atípica). Lo que pesa es el conjunto y que se mantenga en el tiempo. Las guías clínicas (GuiaSalud, 2009; Agras y Robinson, 2018) agrupan las señales así:

    En la conducta

    • Dietas restrictivas sin una razón clara, reglas rígidas (“no como después de las seis”) o eliminar grupos enteros de alimentos.
    • Saltarse comidas, comer muy despacio, cortar la comida en trozos mínimos o contar calorías de forma obsesiva.
    • Evitar comer delante de otras personas o ir al baño enseguida después de comer.
    • Uso de laxantes, diuréticos o productos para adelgazar, y ejercicio rígido o compulsivo.
    • Ropa muy holgada o varias capas para disimular el cuerpo.

    En el cuerpo

    • Pérdida de peso rápida o inexplicada. En niños y adolescentes, también un freno en la curva de crecimiento o en la pubertad.
    • Mareos, palidez, frío constante, debilidad, caída de pelo o uñas frágiles.
    • Ausencia o irregularidad de la menstruación en mujeres posteriores a la pubertad.
    • Desgaste del esmalte dental, dolor abdominal o cicatrices en los nudillos, que pueden indicar vómito autoinducido.

    En el ánimo y los pensamientos

    • Preocupación constante por el peso, las calorías o la figura, y miedo intenso a engordar.
    • Sentirse gordo o gorda pese a estar delgado o delgada.
    • Irritabilidad, ánimo bajo, ansiedad, culpa o vergüenza después de comer.
    • Negar que haya un problema o resistirse a cambiar los hábitos.

    En la vida social

    • Dejar de ir a cumpleaños, salidas o comidas familiares por el miedo a comer.
    • Perder interés en actividades que antes importaban para dedicar el tiempo al control del peso o al ejercicio.
    • Mucho tiempo en contenido de redes que promueve la delgadez extrema.

    En los trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes, estas señales pueden mezclarse con las de otros cuadros de esa edad. Si estás leyendo esto por un hijo o una hija, puede ser útil revisar también los trastornos psicológicos más frecuentes en la adolescencia, la ansiedad en adolescentes y la depresión en adolescentes, porque pueden aparecer junto con un TCA.

    ¿Qué es el SCOFF y sirve para saber si tengo un TCA?

    El SCOFF es un cuestionario breve de cinco preguntas con respuesta sí o no que se usa para detectar posibles TCA. Su nombre sale de las iniciales de las preguntas en inglés, y lo describieron por primera vez Morgan et al. (1999). Pregunta por vomitar porque uno se siente incómodamente lleno, por la preocupación de haber perdido el control sobre cuánto se come, por una pérdida de peso reciente importante (en el original, más de seis kilos en tres meses), por creerse gordo cuando otras personas dicen que se está delgado y por sentir que la comida domina la vida. Dos respuestas afirmativas o más se consideran positivas y justifican una evaluación completa.

    ¿Qué tan bien funciona? En una revisión sistemática para el grupo de trabajo de servicios preventivos de Estados Unidos, el SCOFF con corte en 2 tuvo en adultos una sensibilidad agrupada de 84 % y una especificidad de 80 %. La misma revisión señala que ningún estudio evaluó directamente los beneficios y los daños de hacer cribado en la población general (Feltner et al., 2022). La guía de NICE agrega que estos cuestionarios no deben ser el único método para determinar si alguien tiene un TCA, porque el diagnóstico requiere una entrevista clínica (National Institute for Health and Care Excellence, 2017). El SCOFF orienta sobre si vale la pena consultar. No diagnostica.

    ¿Por qué aparece un TCA? Causas y factores de riesgo

    Los TCA no tienen una causa única. Las guías los describen como cuadros multideterminados, con factores que predisponen (biológicos, de personalidad, familiares y culturales), factores que los desencadenan y factores que los mantienen una vez instalados (GuiaSalud, 2009).

    La mejor síntesis de factores de riesgo es una revisión paraguas de nueve metaanálisis que evaluó 50 factores. Ninguna asociación alcanzó evidencia convincente. La evidencia más sólida apuntó al abuso sexual en la infancia con la bulimia nerviosa (OR 2,73) y a las burlas sobre la apariencia con cualquier TCA (OR 2,91), y los autores concluyen que los eventos traumáticos y estresantes tempranos son los factores de riesgo más creíbles (Solmi et al., 2021a). Son asociaciones, no pruebas de causa, y no explican por sí solas ningún caso individual. Si el trauma es parte de tu historia, esta guía sobre trauma de infancia puede servir.

    Otros factores que el Oxford Handbook recoge como predictores a lo largo del tiempo son la presión por ser delgado, la interiorización del ideal de delgadez, la insatisfacción corporal combinada con dietas, el perfeccionismo, la baja autoestima y el afecto negativo (Agras y Robinson, 2018). La insatisfacción con el cuerpo es, en niños y adolescentes, uno de los predictores más sólidos de dietas y conductas de control de peso (Cash y Smolak, 2011). Sobre los dos últimos puedes leer más en perfeccionismo y en cómo mejorar la autoestima. Las redes sociales entran en esta conversación por la comparación constante; aquí hay un resumen de lo que se sabe.

    Y un punto que le quita peso a muchas familias: el modelo de tratamiento familiar parte de una postura que no busca culpables, y ve a los padres como el mejor recurso para ayudar (Lock y Le Grange, 2012).

    ¿Qué complicaciones físicas tienen los TCA y cuándo hay que ir a urgencias?

    Los TCA pueden dañar el corazón, el aparato digestivo, los huesos y el equilibrio de sales del cuerpo. Por eso toda sospecha de TCA con mareos, desmayos, latidos lentos o irregulares, vómitos frecuentes o pérdida rápida de peso necesita una evaluación médica, además de la psicológica.

    Según las guías, la desnutrición puede producir latidos lentos, presión baja, arritmias, mareos y debilidad, y los vómitos o los laxantes pueden bajar el potasio y erosionar el esmalte dental (GuiaSalud, 2009; National Institute for Health and Care Excellence, 2017). GuiaSalud (2009) lista entre los motivos de derivación urgente los desmayos, las alteraciones graves del ritmo cardíaco, la confusión o las convulsiones, la deshidratación grave, el vómito con sangre y la negativa absoluta a comer y beber.

    La guía NICE agrega algo que se suele malinterpretar: ninguna cifra de peso o IMC decide por sí sola si una persona necesita hospitalización. Se mira el riesgo médico completo (pulso, electrolitos, ritmo de pérdida de peso) y si la familia puede mantener la seguridad en casa (National Institute for Health and Care Excellence, 2017). Por eso en este artículo no encontrarás cifras de peso para “saber si es grave”: esa evaluación la hace un equipo médico.

    ¿Cuál es el tratamiento psicológico de los TCA y qué dice la evidencia?

    El tratamiento psicológico de los TCA depende del tipo de trastorno y de la edad. Las guías recomiendan terapia familiar para adolescentes con anorexia, terapia cognitivo-conductual enfocada en TCA (TCC-E) y autoayuda guiada para bulimia y atracón, y tratamiento ambulatorio como primera opción cuando no hay riesgo médico. La evidencia respalda varias opciones, aunque con efectos modestos y confianza limitada en algunos casos.

    SituaciónLo que recomiendan las guíasLo que muestra la evidencia
    Anorexia nerviosa en adolescentesTerapia familiar centrada en la anorexia como primera línea. Si no es aceptable o no funciona, TCC-E individual o psicoterapia centrada en el adolescente (NICE, 2017)Un metaanálisis de 2013 no halló diferencias al final del tratamiento entre la terapia familiar y la individual, pero sí una ventaja de la familiar a los 6 a 12 meses. Solo tres estudios cumplieron los criterios (Couturier et al., 2013)
    Anorexia nerviosa en adultosTCC-E, tratamiento de Maudsley para adultos (MANTRA) o manejo clínico de apoyo especializado (NICE, 2017)En una red de 16 ensayos, ninguna intervención psicológica superó al tratamiento habitual en peso ni en síntomas; la deserción fue menor con TCC que con psicoterapias psicodinámicas, con confianza baja a muy baja (Solmi et al., 2021b)
    Bulimia nerviosaAdultos: autoayuda guiada y, si no basta, TCC-E. Adolescentes: terapia familiar (NICE, 2017)Tras la psicoterapia, 35,4 % de quienes terminan el tratamiento dejó por completo atracones y purgas, y más del 60 % no logró la abstinencia completa (Linardon y Wade, 2018)
    Trastorno por atracónAutoayuda guiada y, si no funciona, TCC-E (NICE, 2017)La psicoterapia, sobre todo la TCC, tuvo efectos grandes frente a lista de espera, aunque la calidad de la evidencia fue en general muy baja (Hilbert et al., 2019)
    ARFIDNo hay un protocolo único consolidadoUna revisión de alcance halló 50 estudios, casi la mitad de caso único, con muestras pequeñas y medidas de resultado muy distintas (Willmott et al., 2024)

    Un matiz sobre la anorexia en adultos. Un metaanálisis de 35 ensayos (2.524 pacientes) encontró que los tratamientos especializados superan a los comparadores en el peso al final del tratamiento (g = 0,16), pero no en el seguimiento, y que no muestran ventaja en los síntomas psicológicos (Murray et al., 2019). Los autores piden desarrollar tratamientos que se enfoquen en esos síntomas. En lenguaje simple: hay terapias que ayudan, pero para la anorexia en adultos todavía falta una que claramente gane a las demás.

    Sobre fármacos, la evidencia para el trastorno por atracón es la más concreta. La revisión para el grupo de servicios preventivos de Estados Unidos halló que la autoayuda guiada redujo los síntomas más que el grupo control, y que la lisdexanfetamina y el topiramato también los redujeron, pero con más efectos adversos que el placebo (Feltner et al., 2022). Esa decisión es siempre de un médico.

    ¿Qué nivel de cuidado corresponde? Las guías colocan el tratamiento ambulatorio como el punto de partida para la mayoría. Se pasa a hospital de día o a internación cuando hay riesgo médico que no se puede manejar en casa, cuando el tratamiento ambulatorio no avanza o cuando hay riesgo suicida (GuiaSalud, 2009; National Institute for Health and Care Excellence, 2017).

    Y quién trata. Tanto GuiaSalud (2009) como NICE (2017) piden un equipo con psiquiatría, psicología clínica, nutrición y enfermería, coordinado con el médico o el pediatra que hace el seguimiento físico. Si no tienes claro con quién partir, esta guía compara psicólogo y psiquiatra y esta otra, terapia online y presencial. En cualquier caso, si hay riesgo físico, la evaluación médica presencial va primero.

    ¿Cómo acompañar a un hijo adolescente o a un familiar con un TCA?

    Acompañar bien significa mantener la calma, ser consistente y no entrar en discusiones sobre calorías, y hacerlo junto con el equipo tratante. El modelo de entrenamiento para cuidadores de Treasure y colaboradoras (2007) y el manual de terapia familiar de Lock y Le Grange (2012) coinciden en varios puntos.

    Lo que suele ayudar:

    • Planificar el menú con antelación, fuera de la mesa, y mantenerlo sin cambios de último minuto.
    • Mantener una mesa tranquila, con conversación neutral, y frases breves y compasivas como “sé que es difícil, pero necesitamos comer para tu salud”.
    • Escuchar y validar la emoción (“parece que te asusta mucho”) sin intentar convencer con argumentos.
    • Acordar con la otra persona adulta de la casa la misma pauta, para que el hijo o la hija no encuentre una grieta.
    • Apoyar después de comer con algo tranquilo (un paseo, una película), porque es cuando suele subir la ansiedad.
    • Reservar un momento fuera de las comidas, en calma, para conversar sobre las normas de convivencia.

    Lo que suele mantener el problema:

    • Discutir sobre calorías, porciones o ingredientes durante la comida.
    • Responder una y otra vez a preguntas como “¿esto me va a engordar?” (Treasure y colaboradoras lo llaman la trampa de la tranquilización).
    • Criticar, gritar o tratar la resistencia como una manipulación. La crítica y la hostilidad familiar se asocian con más síntomas y más abandono del tratamiento (Lock y Le Grange, 2012).
    • Acomodarse a las reglas del trastorno: cocinar menús separados, aceptar vajillas especiales o dejar que la persona controle la cocina.
    • Hablar todo el día del peso, la comida o el cuerpo.

    En la terapia familiar de adolescentes con anorexia, durante la primera fase los padres asumen temporalmente el control de la alimentación, y esa pauta se hace con un equipo que la guía (Lock y Le Grange, 2012). No es algo para improvisar en casa por cuenta propia. Si el hijo o la hija además está desanimado o muy ansioso, estas dos guías pueden ayudar: cuándo llevar a un niño al psicólogo y cómo ayudar a una persona con depresión.

    ¿Se puede recuperar una persona con un TCA? Pronóstico y recaídas

    Sí, mucha gente se recupera, y el pronóstico varía según el tipo, el tiempo sin tratamiento y la edad de inicio. Según el capítulo sobre el curso de los TCA del Oxford Handbook, en la anorexia nerviosa, a 10-20 años del diagnóstico, entre el 45 % y el 50 % se recupera por completo, cerca del 30 % mejora de forma parcial y alrededor del 20 % sigue crónicamente enfermo. En la bulimia, a cinco años o más, se recupera entre el 65 % y el 70 % (Agras y Robinson, 2018). Son datos de seguimiento de largo plazo y varían entre estudios.

    Las recaídas son parte del cuadro. Un metaanálisis de 35 estudios halló que mayor nivel de cuidado, comorbilidad psiquiátrica y mayor gravedad de los síntomas se asociaron con más probabilidad de recaer, mientras que mayor motivación para el cambio, mejor respuesta al tratamiento y el subtipo restrictivo de anorexia se asociaron con menos (Sala et al., 2023). Los predictores cambian según el tipo de TCA y el seguimiento.

    Fairburn (2008) distingue entre un tropiezo puntual (un “lapso”, que se enfrenta con resolución de problemas) y abandonar el esfuerzo por completo (una recaída). Tratar un traspié como un fracaso total puede alimentar el mismo círculo del que la persona intenta salir.

    ¿Cuándo consultar y con quién?

    Consulta cuando las señales se sostienen en el tiempo, cuando la comida o el cuerpo ocupan buena parte de los pensamientos del día o cuando empiezan a afectar la salud, el ánimo o las relaciones. No hace falta esperar a estar muy delgado o a tener un diagnóstico. En la anorexia nerviosa, un inicio más tardío y más tiempo de enfermedad sin tratamiento se asocian a peor pronóstico (Agras y Robinson, 2018).

    • Urgencia médica (servicio de urgencia): desmayos, dolor en el pecho, latidos muy lentos o irregulares, confusión, vómito con sangre, deshidratación o negativa total a comer y beber.
    • Consulta médica pronto: pérdida de peso rápida, mareos frecuentes, ausencia de la menstruación, vómitos repetidos o uso de laxantes.
    • Consulta psicológica: preocupación persistente por el peso o la figura, atracones, purgas, dietas rígidas o miedo intenso a comer.
    • Si hay ideas de hacerse daño: consulta de inmediato y mira esta guía sobre cómo ayudar a alguien con ideas suicidas.

    Una primera consulta psicológica sirve para evaluar el cuadro, medir el riesgo y decidir si hace falta un equipo especializado o una evaluación médica antes de partir. Si quieres dar ese paso, puedes agendar una consulta. Puedes ir con tu hijo o hija, o con la información que tengas del caso. También sirve ir solo o sola a preguntar. Para ordenar la decisión, esta guía te ayuda a elegir psicólogo.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué significa TCA y es una enfermedad mental?

    TCA significa trastorno de la conducta alimentaria. Sí, es una enfermedad mental grave que altera la relación con la comida, el peso y el cuerpo y puede dañar la salud física. Aparece por una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales, y se trata con ayuda profesional. La decisión personal de “comer más” o “comer menos” no la resuelve.

    ¿Cuáles son los TCA más comunes?

    Los más estudiados son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón. En población general, el atracón fue el más frecuente en las revisiones (1,53 % en la vida, según Qian et al., 2022) y en Latinoamérica también (3,53 %, según Kolar et al., 2016). Los otros trastornos especificados y el ARFID completan el grupo.

    ¿Qué profesional trata los TCA?

    El tratamiento lo hace un equipo: psicólogo clínico y psiquiatra, médico o pediatra para el control físico, nutricionista y enfermería, según el caso. Las guías piden que estén coordinados (GuiaSalud, 2009; NICE, 2017). La primera puerta puede ser una consulta psicológica o médica. Si hay riesgo físico, la evaluación médica va primero.

    ¿Una persona con TCA siempre está muy delgada?

    No. En la bulimia y el trastorno por atracón el peso suele estar dentro del rango habitual o por encima, y en la anorexia atípica hay una pérdida de peso importante con un peso que sigue dentro o sobre el rango normal (Agras y Robinson, 2018). Un TCA puede ser grave sin que se note por fuera.

    ¿La ortorexia es un TCA?

    Todavía no tiene diagnóstico oficial. Describe una obsesión por comer solo lo que se considera sano o puro, con reglas rígidas, culpa y aislamiento. Un consenso internacional propone que, si llega a formalizarse, se ubique entre los trastornos de la alimentación y de la conducta alimentaria (Donini et al., 2022).

    ¿Se puede curar un TCA?

    Muchas personas se recuperan. En la anorexia, a largo plazo, cerca de la mitad se recupera por completo; en la bulimia, entre el 65 % y el 70 % a cinco años o más (Agras y Robinson, 2018). Las recaídas pueden ocurrir, por eso las guías piden prevención de recaídas y seguimiento (National Institute for Health and Care Excellence, 2017).

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

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    Referencias

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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