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    Anorgasmia femenina: causas y tratamiento

    Si nunca has tenido un orgasmo, o los tenías y dejaste de tenerlos, probablemente llevas tiempo preguntándote qué te pasa. La anorgasmia femenina tiene nombre, tiene explicaciones y, en la mayoría de los casos que se han estudiado, tiene tratamiento. También conviene saber desde ya que no tener orgasmos solo con la penetración, algo que le ocurre a la mayoría de las mujeres, no cuenta como un trastorno.

    Este artículo ordena lo que dicen la investigación y los manuales de terapia sexual: qué es la anorgasmia, cuántas mujeres la viven, por qué cuesta llegar al orgasmo, qué hacer si nunca has tenido un orgasmo, qué tratamientos tienen estudios detrás y cuándo consultar. También responde por la anorgasmia masculina, que existe pero funciona distinto.

    Respuesta corta

    La anorgasmia femenina es la ausencia, el retraso o la intensidad muy disminuida del orgasmo, que se repite en casi todos los encuentros sexuales durante al menos seis meses y causa malestar. Sus causas mezclan factores mentales, de pareja, médicos y de información sobre el cuerpo. La masturbación dirigida, la focalización sensorial y el mindfulness son los tratamientos con más respaldo.

    ¿Qué es la anorgasmia femenina y cuándo se considera un trastorno?

    La anorgasmia femenina es la dificultad persistente para tener orgasmos pese a que haya deseo y estimulación. El manual diagnóstico DSM-5 la llama trastorno orgásmico femenino y exige tres condiciones: que el orgasmo falte, llegue muy tarde o sea muy atenuado en el 75 % a 100 % de las experiencias sexuales, que esto dure al menos seis meses y que cause un malestar clínico importante. Así lo resumen Mintz y Guitelman (2020) en el manual de terapia sexual de Binik y Hall, y lo repite una revisión sobre su tratamiento psicológico (Marchand, 2021).

    Dos aclaraciones evitan alarmas innecesarias. La primera es el malestar: si una mujer no tiene orgasmos y eso no la incomoda, no hay trastorno que tratar. Según Brotto (2018), solo alrededor de una de cada tres mujeres con dificultades orgásmicas o de deseo dice sentirse preocupada por ello. La segunda es la penetración. Mintz y Guitelman (2020) y McCarthy y McCarthy (2019) coinciden en que no llegar al orgasmo solo con el coito, sin estimulación del clítoris, es una respuesta frecuente y no un diagnóstico.

    Una revisión crítica de los criterios del DSM (Graham, 2010) agrega un matiz útil: la definición debería dar más peso a lo que la mujer vive como orgasmo y reconocer mejor el papel de la relación de pareja. Es decir, propone apoyar el diagnóstico más en la experiencia de quien lo vive que en una medida fisiológica.

    ¿Qué tipos de anorgasmia existen?

    Se clasifican por cuándo empezó y por dónde aparece. Los manuales distinguen dos ejes que se combinan (Mintz y Guitelman, 2020; Nagoski, 2015):

    Tipo Qué significa Ejemplo
    De toda la vida (primaria) Nunca ha habido un orgasmo, ni a solas ni con pareja Una mujer de 30 años que jamás ha llegado al clímax
    Adquirida (secundaria) Hubo orgasmos antes y se perdieron Tras un cambio de medicación, un parto o una etapa de mucho estrés
    Generalizada Ocurre con cualquier tipo de estimulación o contexto No hay orgasmo en pareja ni masturbándose
    Situacional Ocurre solo en ciertas circunstancias Llega a solas, pero no con pareja

    McCarthy y McCarthy (2019) separan además a las mujeres que nunca han tenido un orgasmo por ningún medio de las que sí lo logran a solas, pero nunca en presencia de una pareja. Esa distinción importa porque la segunda situación suele tener una vía de tratamiento más corta: el cuerpo ya sabe hacerlo, y lo que falta es llevarlo a la pareja.

    ¿Qué tan frecuente es la anorgasmia femenina?

    Las cifras varían mucho porque depende de cómo se defina. Una revisión de la literatura psicológica estima que el trastorno orgásmico afecta hasta a 28 % de las mujeres en Estados Unidos y hasta a 46 % en países de Asia (Marchand, 2021). Otra revisión sobre el trastorno lo ubica entre 11 % y 41 % de las mujeres en el mundo (Rellini y Clifton, 2011). Si se aplican los criterios estrictos del DSM-5, con malestar incluido, Mintz y Guitelman (2020) calculan entre 3 % y 10 %.

    Sobre las mujeres que nunca han tenido un orgasmo, Nagoski (2015) habla de 5 % a 10 %, y McCarthy y McCarthy (2019) de 5 % a 8 % para la forma absoluta y de 10 % a 15 % para quienes lo logran a solas pero no en pareja. No encontré cifras chilenas con una metodología comparable, así que no las inventamos: toma estos datos como un orden de magnitud.

    También hay una brecha entre hombres y mujeres que ayuda a poner el tema en perspectiva. En una encuesta nacional estadounidense con más de 52.000 adultos, 65 % de las mujeres heterosexuales dijo llegar al orgasmo casi siempre o siempre al tener intimidad, frente a 95 % de los hombres heterosexuales (Frederick et al., 2018). Un estudio australiano de 19.307 personas halló 95 % en hombres y 69 % en mujeres en su último encuentro heterosexual (Richters et al., 2006). Que tantas mujeres no lleguen siempre al orgasmo sugiere que las prácticas y el contexto pesan tanto como cualquier característica individual.

    ¿Por qué cuesta llegar al orgasmo? Causas de la anorgasmia femenina

    Casi nunca hay una sola causa. El orgasmo depende del cuerpo, de la atención, de lo aprendido y de la relación, y la dificultad suele salir de la suma de varios factores (Rellini y Clifton, 2011). Separarlos ayuda a entender, aunque en una persona real se mezclan.

    Un cerebro con demasiados frenos

    Nagoski (2015) explica el orgasmo con el modelo de control dual: el cerebro tiene un sistema que acelera la excitación y otro que la frena. Según ella, la mayoría de los problemas orgásmicos no vienen de poca estimulación, sino de demasiada actividad en los frenos: estrés, preocupación por tardar, culpa o miedo a no dar la talla.

    Un ejemplo frecuente es el spectatoring, palabra que viene de Masters y Johnson y describe mirarse a una misma desde afuera durante el sexo: ¿cuánto llevo?, ¿cómo me veo?, ¿se estará aburriendo? Brotto (2018) lo describe como un juicio en tercera persona que genera tensión y ansiedad justo cuando hace falta soltarse. Mintz y Guitelman (2020) citan estudios cerebrales según los cuales, poco antes del orgasmo, se apagan las zonas del pensamiento consciente, algo que el monitoreo constante impide.

    La ansiedad sexual también aparece en los datos. En un estudio con 556 mujeres de 18 a 30 años, una menor autoestima sexual y una mayor ansiedad sexual explicaron por qué las inseguridades de apego se asociaban con peor función y satisfacción sexual (Brassard et al., 2015). Es un estudio transversal, así que muestra una asociación y no una causa.

    Falta de información sobre el cuerpo

    Una causa muy corriente y muy corregible es no saber qué tipo de estimulación funciona. Nagoski (2015) calcula que solo el 30 % de las mujeres llega al orgasmo de forma constante únicamente con penetración, y que el 70 % restante necesita estimulación directa del clítoris. Mintz y Guitelman (2020) citan un trabajo de Shirazi y colaboradores según el cual entre 21 % y 31 % de las mujeres llega al orgasmo con el coito solo, y entre 51 % y 60 % cuando hay estimulación del clítoris al mismo tiempo.

    La encuesta de Frederick y colaboradores muestra lo mismo desde otro ángulo: las mujeres que llegaban al orgasmo con más frecuencia habían recibido más sexo oral, tenían encuentros más largos, pedían lo que querían en la cama y solían incluir besos profundos o estimulación manual de los genitales además del coito (Frederick et al., 2018). El estudio australiano coincide: cuantas más prácticas incluía el encuentro, más probable era el orgasmo, sobre todo con sexo oral (Richters et al., 2006). Son encuestas de autorreporte, así que describen patrones y no prueban qué causa qué.

    Vergüenza, culpa y trauma

    Mintz y Guitelman (2020) señalan que las actitudes negativas hacia el sexo, la culpa y la vergüenza aprendidas en la familia, la religión o la cultura inhiben la capacidad de soltar el control, y que se cuentan entre los factores de riesgo más estudiados. Nagoski (2015) agrega que la culpa y el asco aprendidos activan directamente los frenos. Si este tema te suena, el artículo sobre la diferencia entre culpa y vergüenza puede servirte de contexto.

    La imagen corporal pesa de forma parecida. Pensar en el abdomen o en cómo se ve la vulva durante el sexo es una forma de spectatoring (Nagoski, 2015; Mintz y Guitelman, 2020).

    Un antecedente de violencia sexual también puede intervenir. Según Nagoski (2015), el trauma cambia la forma en que el cerebro lee las señales: estímulos que serían eróticos se interpretan como amenaza y se activan los frenos. Brotto (2018) describe la disociación durante el sexo en algunas sobrevivientes. En estos casos conviene un profesional con formación en trauma, y el orgasmo no es la prioridad ni la meta. Si estás acompañando a alguien, esta guía para apoyar a una víctima de violencia sexual puede ayudarte.

    La relación de pareja

    Mintz y Guitelman (2020) identifican como factores de mantenimiento la poca habilidad o interés de la pareja en estimular el clítoris, la incomodidad para pedir lo que se necesita, el resentimiento, la falta de confianza y, a veces, una pareja con eyaculación precoz o problemas de erección que corta el encuentro antes de que ella llegue. Nagoski (2015) destaca que presionar a una mujer para que tenga un orgasmo activa los frenos de ambos.

    Si el problema aparece junto con una caída del deseo, tal vez te sirva leer sobre la falta de deseo sexual o sobre qué pasa cuando tu pareja ya no te desea como antes.

    Medicamentos, enfermedades y biología

    Algunos antidepresivos dificultan el orgasmo. Un metaanálisis sobre disfunción sexual por antidepresivos encontró que entre 25,8 % y 80,3 % de las personas la presentaba según el fármaco (deseo, excitación u orgasmo), con más riesgo en la sertralina, la venlafaxina, el citalopram y la paroxetina, y sin diferencia frente a placebo en el bupropión, la mirtazapina, la agomelatina, la moclobemida y la nefazodona (Serretti y Chiesa, 2009). Incluye estudios abiertos y escalas distintas, por lo que las cifras exactas deben tomarse con cautela.

    Una revisión clínica coincide en que el riesgo es mayor con los ISRS y los IRSN, y propone manejarlo caso a caso, por ejemplo revisando otras causas, ajustando la dosis, sumando otro fármaco o cambiando de antidepresivo (Rothmore, 2020). Hay que decirlo con claridad: no suspendas un antidepresivo por tu cuenta, porque hacerlo puede traer recaídas o síntomas de retirada. Lo que corresponde es contárselo a quien lo indicó.

    Mintz y Guitelman (2020) agregan otras causas médicas que un profesional debería descartar: enfermedades vasculares, diabetes, problemas de tiroides, alteraciones del suelo pélvico y efectos de otros fármacos. También advierten que el alcohol en dosis altas reduce la capacidad orgásmica y que la menopausia, por sí sola, no determina que se pierda el orgasmo.

    La biología pesa, pero no es destino. En un estudio con más de 3.000 gemelas australianas, la herencia explicó cerca de 31 % de la variación en la frecuencia de orgasmo durante el coito, 37 % en otros contactos sexuales con pareja y 51 % en la masturbación (Dawood et al., 2005).

    Nunca he tenido un orgasmo: ¿qué significa y se puede aprender?

    Si nunca has tenido un orgasmo, lo más probable es que sea una anorgasmia de toda la vida, y es la que mejor responde al entrenamiento. Los manuales coinciden en que la capacidad de llegar al orgasmo se puede aprender. Mintz y Guitelman (2020) reportan que entre 60 % y 90 % de las mujeres con anorgasmia de toda la vida logra el orgasmo con masturbación dirigida, y Nagoski (2015) habla de cerca de 80 %.

    Antes de empezar, hay tres ideas que ayudan. Primero, a solas casi todas pueden: entre 92 % y 95 % de las mujeres llega al orgasmo masturbándose (Mintz y Guitelman, 2020), de modo que no tenerlo con pareja suele indicar un problema de contexto o de comunicación y no un cuerpo que no funciona. Segundo, buscar el orgasmo con ansiedad lo aleja: Brotto (2018) propone poner el foco en las sensaciones y no en el resultado. Tercero, la presión de llegar suele ser parte del problema, no la solución.

    Una revisión de tratamientos psicológicos concluye que los resultados son mejores en la anorgasmia de toda la vida o generalizada que en la adquirida o situacional (Marchand, 2021). La misma revisión subraya que existen tratamientos eficaces, así que una forma más difícil de tratar no significa una forma sin salida.

    Anorgasmia femenina: tratamiento con respaldo científico

    Si buscaste “anorgasmia tratamiento”, esto es lo que tiene estudios detrás. Un metaanálisis de 20 ensayos sobre intervenciones psicológicas para disfunciones sexuales, comparadas con lista de espera, halló un efecto global de d = 0,58 en la gravedad de los síntomas y d = 0,47 en la satisfacción sexual, con la evidencia más sólida en el bajo deseo y el orgasmo femenino (Frühauf et al., 2013). La revisión de Marchand (2021) agrega que el tratamiento de este trastorno casi no ha cambiado desde los años ochenta, y que hace falta más investigación.

    Masturbación dirigida

    Es el tratamiento con más respaldo (Marchand, 2021; Carey, 2015). Se hace en casa, a lo largo de varias semanas, y avanza por pasos. Según Mintz y Guitelman (2020), primero se aprende sobre anatomía, incluida la del clítoris, y se explora el propio cuerpo con un espejo. Luego se pasa a la exploración táctil con lubricante, se incorpora un vibrador si hace falta, y se trabaja con modelos y ensayos si hay miedo a perder el control. Cuando el orgasmo ya ocurre a solas, se lleva a la pareja: se le muestra cómo tocar, se dan instrucciones verbales o se usa la técnica de poner la mano de la pareja sobre la propia. El programa de Heiman y LoPiccolo, que Carey (2015) describe en el manual de Caballo, sigue la misma lógica.

    Según Mintz y Guitelman (2020), entre 33 % y 85 % de las mujeres logra pasar la capacidad orgásmica a las actividades con pareja. El rango es amplio, lo que muestra cuánto varía de una mujer a otra.

    Focalización sensorial y mindfulness

    La focalización sensorial (sensate focus) consiste en ejercicios de caricias en pareja sin objetivo de orgasmo, con el coito pospuesto, para bajar la ansiedad. Mintz y Guitelman (2020) señalan que por sí sola no cambia de forma sostenida la función orgásmica, pero que combinada con masturbación dirigida funciona mejor que esta última sola. En un ensayo pequeño con 35 parejas chinas, una versión online mejoró el orgasmo en las mujeres y se mantuvo a los tres meses (Huang et al., 2024).

    El mindfulness ataca el spectatoring. En un ensayo con 65 mujeres que tenían dificultad para llegar al orgasmo, un programa de terapia cognitiva basada en mindfulness en video y un programa cognitivo-conductual en video mejoraron por igual la función sexual, el malestar, el orgasmo y la satisfacción, con seguimiento a dos meses (Adam et al., 2020). Fue una muestra de conveniencia y sin grupo sin tratamiento, de modo que es una señal prometedora y no una prueba definitiva.

    Educación sexual y terapia de pareja

    La información corrige mitos con efecto directo. Saber que la mayoría necesita estimulación del clítoris, y que el orgasmo “solo con penetración” no es el estándar, quita presión a muchas mujeres (Nagoski, 2015; McCarthy y McCarthy, 2019). Mintz y Guitelman (2020) indican la terapia de pareja cuando la anorgasmia es adquirida o aparece solo con la pareja. Si no sabes cuándo conviene, esta guía sobre cuándo ir a terapia de pareja y si funciona ayuda a decidir.

    Fármacos, vibradores y productos de moda

    Mintz y Guitelman (2020) afirman que ningún fármaco está aprobado por la FDA para tratar el trastorno orgásmico femenino, y una revisión llega a la misma conclusión (Rellini y Clifton, 2011). Los medicamentos aprobados para el deseo sexual no sirven para el orgasmo (Mintz y Guitelman, 2020). Los mismos autores recomiendan desconfiar de los dispositivos de “rejuvenecimiento vaginal” y de ciertas inyecciones, sobre los cuales la FDA emitió una advertencia en 2018.

    Los vibradores, en cambio, son parte habitual de los protocolos de masturbación dirigida. Nagoski (2015) y McCarthy y McCarthy (2019) aclaran que no generan adicción fisiológica; lo que ocurre es que llegar muy rápido con vibrador puede hacer que la estimulación manual parezca lenta y frustrante, un tema de expectativas que se trabaja en terapia.

    ¿Y la anorgasmia masculina?

    Existe, pero se parece poco a la femenina y se estudia mucho menos. En los hombres suele llamarse orgasmo retardado o eyaculación retardada. Una guía para clínicos describe causas médicas por medicamentos, psicógenas, endocrinas y alteraciones de la sensibilidad genital, y concluye que no hay un tratamiento farmacológico estándar, así que el manejo suele ser multidisciplinario y combina el ajuste de medicamentos con terapia sexual (Nguyen et al., 2024). Otra revisión llega a un mensaje parecido: no hay buenos fármacos, y el tratamiento se centra en las causas y en la psicoterapia (Jenkins y Mulhall, 2015).

    Carey (2015) señala que es el trastorno sexual que menos se ve en consulta: entre 4 % y 10 % de los hombres que acuden a clínicas de terapia sexual, según los datos que cita. Si tu consulta va por los otros trastornos masculinos, puedes leer sobre la disfunción eréctil psicológica y la eyaculación precoz.

    ¿Cuándo consultar a un profesional?

    Consulta si llevas seis meses o más sin llegar al orgasmo en casi todos tus encuentros y eso te molesta. También si la dificultad aparece junto con dolor al tener relaciones, ánimo bajo o ansiedad intensa, si hay un antecedente de violencia sexual, si te distancia de tu pareja, o si ya probaste por tu cuenta durante varios meses sin cambios (Mintz y Guitelman, 2020).

    Lo que corresponde primero es una revisión médica. Mintz y Guitelman (2020) recomiendan un examen ginecológico, descartar causas vasculares, endocrinas y de tiroides, revisar los medicamentos y, si corresponde, evaluar el suelo pélvico con un kinesiólogo especializado. Con eso hecho, la psicoterapia o terapia sexual de orientación cognitivo-conductual es el camino con más respaldo. La OMS entiende la salud sexual como parte del bienestar general, no como un lujo ni como algo que haya que resolver a solas.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es la anorgasmia femenina?

    Es la ausencia, el retraso o la intensidad muy reducida del orgasmo en la mayoría de los encuentros sexuales durante al menos seis meses, con malestar. Puede ser de toda la vida o adquirida, y generalizada o situacional. Si no hay malestar, no se considera un trastorno.

    ¿Es normal no haber tenido nunca un orgasmo?

    Es menos raro de lo que parece: entre 5 % y 10 % de las mujeres dice no haberlo tenido nunca, según Nagoski (2015). No es normal en el sentido de que haya que aceptarlo si te preocupa, porque entre 60 % y 90 % lo logra con masturbación dirigida (Mintz y Guitelman, 2020).

    ¿La anorgasmia tiene cura?

    Los tratamientos psicológicos funcionan en muchos casos, sobre todo en la anorgasmia de toda la vida, pero no hay una cifra de cura que valga para todas. La masturbación dirigida, la focalización sensorial y el mindfulness tienen estudios que los respaldan. Empieza por una revisión médica para descartar causas físicas.

    ¿Los antidepresivos pueden causar anorgasmia?

    Sí, sobre todo los ISRS y los IRSN, aunque el riesgo varía mucho según el fármaco. Mintz y Guitelman (2020) hablan de entre un tercio y más de la mitad de las mujeres con retraso o inhibición del orgasmo. No los suspendas por tu cuenta: consulta a quien los indicó, porque hay opciones de ajuste.

    ¿Existe la anorgasmia masculina?

    Sí, y se llama orgasmo retardado o anorgasmia en varones. Es poco frecuente en consulta y tiene causas médicas (medicamentos, hormonas, nervios) y psicológicas. No hay un fármaco estándar; el manejo combina ajuste de medicamentos y terapia sexual (Nguyen et al., 2024).

    Qué llevarte de todo esto

    La anorgasmia femenina es un problema común, mal explicado y con más salida de la que se suele creer. Antes de pensar que algo está mal contigo, conviene mirar qué tipo de estimulación recibes, cuánta presión sientes y qué medicamentos tomas. Si llevas meses con esta dificultad y te pesa, una evaluación médica y una terapia sexual de enfoque cognitivo-conductual son un buen punto de partida.

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    Referencias

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    Brassard, A., Dupuy, E., Bergeron, S., & Shaver, P. R. (2015). Attachment insecurities and women’s sexual function and satisfaction: The mediating roles of sexual self-esteem, sexual anxiety, and sexual assertiveness. The Journal of Sex Research, 52(1), 110-119. https://doi.org/10.1080/00224499.2013.838744

    Brotto, L. A. (2018). Better sex through mindfulness: How women can cultivate desire. Greystone Books.

    Carey, M. P. (2015). Tratamiento cognitivo-conductual de las disfunciones sexuales. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos (Vol. 1, pp. 267-298). Siglo XXI.

    Dawood, K., Kirk, K. M., Bailey, J. M., Andrews, P. W., & Martin, N. G. (2005). Genetic and environmental influences on the frequency of orgasm in women. Twin Research and Human Genetics, 8(1), 27-33. https://doi.org/10.1375/1832427053435427

    Frederick, D. A., St. John, H. K., Garcia, J. R., & Lloyd, E. A. (2018). Differences in orgasm frequency among gay, lesbian, bisexual, and heterosexual men and women in a U.S. national sample. Archives of Sexual Behavior, 47(1), 273-288. https://doi.org/10.1007/s10508-017-0939-z

    Frühauf, S., Gerger, H., Schmidt, H. M., Munder, T., & Barth, J. (2013). Efficacy of psychological interventions for sexual dysfunction: A systematic review and meta-analysis. Archives of Sexual Behavior, 42(6), 915-933. https://doi.org/10.1007/s10508-012-0062-0

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    Mintz, L. B., & Guitelman, J. (2020). Orgasm problems in women. En Y. M. Binik & K. S. K. Hall (Eds.), Principles and practice of sex therapy (6.ª ed.). The Guilford Press.

    Nagoski, E. (2015). Come as you are: The surprising new science that will transform your sex life. Simon & Schuster.

    Nguyen, V., Dolendo, I., Uloko, M., Hsieh, T. C., & Patel, D. (2024). Male delayed orgasm and anorgasmia: A practical guide for sexual medicine providers. International Journal of Impotence Research, 36(3), 186-193. https://doi.org/10.1038/s41443-023-00692-7

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    Richters, J., de Visser, R., Rissel, C., & Smith, A. (2006). Sexual practices at last heterosexual encounter and occurrence of orgasm in a national survey. Journal of Sex Research, 43(3), 217-226. https://doi.org/10.1080/00224490609552320

    Rothmore, J. (2020). Antidepressant-induced sexual dysfunction. Medical Journal of Australia, 212(7), 329-334. https://doi.org/10.5694/mja2.50522

    Serretti, A., & Chiesa, A. (2009). Treatment-emergent sexual dysfunction related to antidepressants: A meta-analysis. Journal of Clinical Psychopharmacology, 29(3), 259-266. https://doi.org/10.1097/jcp.0b013e3181a5233f

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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