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  • Cómo ayudar a un familiar acumulador sin romper la relación

    Cómo ayudar a un familiar acumulador sin romper la relación

    Quizá llegaste aquí después de otra discusión por lo mismo: la pieza que ya no se puede usar, las bolsas que nadie toca, la promesa de “este fin de semana lo ordeno” que se repite hace años. Cuando te preguntas cómo ayudar a un familiar acumulador, lo que sientes es una mezcla rara de cariño, rabia y miedo, y casi todo lo que se nos ocurre en caliente (vaciar la casa, convencerlo con argumentos, hacerse cargo) es justo lo que cierra la puerta.

    Hay otra forma, más lenta y con mejor respaldo. En este artículo vas a ver por qué los intentos habituales fracasan, qué decir y qué evitar al conversar, cómo trabajar la seguridad de la casa cuando la persona no quiere ayuda, cuándo la seguridad no puede esperar y cómo cuidarte tú sin dejar de acompañar. Si primero quieres entender qué es este problema, parte por qué es el trastorno de acumulación y vuelve.

    En breve: cómo ayudar a un familiar acumulador depende más de la relación que de la casa. Lo que mejor respaldo tiene es no discutir, no tirar nada sin permiso, preguntar qué le gustaría poder hacer en su casa, acordar primero lo que protege la seguridad y apoyar un tratamiento especializado sin hacer el trabajo por la persona. La evidencia sobre programas para familiares es todavía escasa y preliminar (Thompson et al., 2017), así que conviene tomar estas pautas como el mejor mapa disponible y no como una receta garantizada.

    ¿Por qué cuesta tanto ayudar a un familiar acumulador?

    Cuesta porque quien vive cerca del problema también lo sufre, y porque la persona que acumula suele ver la situación de otra manera. Ambas cosas se alimentan entre sí.

    Sobre el lado de la familia hay datos claros. En una encuesta a 665 familiares y amigos de personas con acumulación, quienes habían crecido en una casa llena de cosas recordaban más malestar y tensión familiar en la infancia, y en general los familiares mostraban actitudes de rechazo altas (frustración y hostilidad). Ese rechazo era mayor cuando los síntomas eran más graves, cuando sentían que la persona no tenía conciencia del problema y cuando ellos mismos habían vivido entre el desorden (Tolin et al., 2008).

    La carga es medible. Un estudio con 55 familiares encontró más carga de cuidador y más “acomodación” (adaptarse a la acumulación, por ejemplo moviéndose entre pilas o evitando traer visitas) que en familiares de coleccionistas, con una carga comparable o mayor a la que se ha descrito en familiares de personas con demencia. Pesaban más la suciedad percibida, convivir con la persona y su edad (Drury et al., 2014). En entrevistas con diez cuidadores aparecieron cinco temas que muchas familias reconocerán: perder la vida familiar normal, necesitar que alguien los comprenda, buscar cómo afrontarlo, el golpe a las relaciones y sentirse marginados (Wilbram et al., 2008).

    Hay también una mirada menos conocida. En un estudio con 29 adultos con un familiar que acumula, 93 % mencionó al menos una experiencia positiva y 69 % destacó la compañía como un beneficio de la relación, aunque a mayor gravedad había más carga y menos experiencias positivas (Mayes et al., 2024). Esa parte buena de la relación es lo que hay que cuidar mientras se trabaja el problema.

    Del lado de quien acumula, el obstáculo habitual es la poca conciencia del problema y la ambivalencia: puede reconocer que algo no anda bien y a la vez sentir que soltar un objeto es perder una parte de sí. Por eso las discusiones sobre “lo que hay que tirar” rara vez avanzan. Para entender ese mundo interior, el artículo sobre el síndrome de Diógenes aclara en qué se parecen y en qué se diferencian la acumulación y la escualidez.

    Qué evitar al ayudar a un familiar acumulador

    Los autores de los programas de tratamiento más usados describen los mismos errores de siempre. Casi todos nacen del cariño y de la desesperación, no de la mala intención, y por eso son tan comunes (Frost y Steketee, 2010; Tolin et al., 2014; Tompkins y Hartl, 2009).

    Lo que se suele hacerPor qué sale malQué probar en su lugar
    Limpiar o tirar cosas a escondidas o “aprovechando” que no estáSe vive como una invasión, destruye la confianza y la casa suele volver a llenarse porque nada cambió en cómo la persona se relaciona con sus cosasPedir permiso para cada objeto y dejar que la persona decida
    Discutir, advertir o asustar (“te van a echar”, “un día se te va a caer todo encima”)Cuanto más se argumenta, más defiende la persona sus objetosEscuchar, reflejar lo que dice y preguntar por lo que le importa
    Llamar “basura” a sus cosasAtaca algo que para ella tiene significado y la pone a la defensivaHablar de espacios y de usos (“la cocina”, “la cama”) y no de lo que sobra
    Hacerse cargo y decidir qué se quedaEs más rápido, pero le quita a la persona la práctica de decidir, que es justo lo que el tratamiento entrenaAcompañar con preguntas y dejarle la decisión
    Ceder todo el espacio compartido para evitar el conflictoLa acomodación mantiene el problema y agota a la familiaFijar límites calmados sobre tu propio espacio

    Una nota sobre la limpieza forzada. A veces ocurre porque un casero, la municipalidad o la salud pública la exigen, y entonces ya no es una decisión de la familia. Aun así, quienes la han estudiado advierten que vaciar la casa sin trabajar con la persona suele costar caro y no resolver nada de fondo (Frost y Steketee, 2010). Los programas comunitarios que se han descrito combinan la intervención en la vivienda con visitas de seguimiento, como el de Vancouver que verás más abajo.

    Cómo hablar con un familiar acumulador

    La conversación es la herramienta principal. Los programas para familiares se apoyan en la entrevista motivacional, un estilo de diálogo que ayuda a la persona a encontrar sus propias razones para cambiar, en lugar de empujarla con argumentos (Miller y Rollnick, 2013; Tolin et al., 2014).

    En la práctica se resume en cuatro movimientos:

    1. Reflejar antes de opinar. Si te dice “en mi casa no hay ningún problema”, no la contradigas. Puedes devolver lo que escuchaste: “Sientes que la casa está bien como está”. Cuando alguien no se siente atacado, es más probable que matice.
    2. Preguntar por lo que valora. En vez de hablar del desorden, hablar de lo que el desorden le impide: recibir a los nietos, cocinar, invitar a un amigo, dormir en su cama. Una pregunta como “¿qué te gustaría poder hacer en tu casa que hoy no puedes?” abre más que cualquier argumento.
    3. Respetar que las cosas son suyas. Mientras la persona sea un adulto con capacidad de decidir, las decisiones sobre sus objetos son suyas. Tu papel se parece al de un entrenador que acompaña, no al de un juez.
    4. Cuidar el momento. Una conversación en medio de una pelea o con la casa llena de gente rara vez funciona. Mejor un rato tranquilo, corto y sin agenda oculta.

    Algunas frases que ayudan y otras que empeoran:

    • Ayudan: “Me gustaría entender qué significa para ti esta pieza”, “¿Cómo se ve para ti un día en que la casa te funciona?”, “¿En qué te gustaría que te acompañara, si es que quieres compañía?”.
    • Empeoran: “Esto es un chiquero”, “No te das cuenta de lo que le haces a la familia”, “Si no lo tiras hoy, lo tiro yo”.

    Si en tu familia las conversaciones difíciles terminan siempre en pelea, el artículo sobre comunicación asertiva tiene ejercicios para decir lo que sientes sin atacar.

    Cómo ayudar a un familiar acumulador compulsivo que no quiere ayuda

    Cuando la persona no acepta tratamiento ni reconoce el problema, la meta cambia. Dejar de apuntar a una casa ordenada y apuntar a una casa segura es la idea de la reducción de daños, un enfoque pensado justamente para personas que rechazan la terapia o tienen poca conciencia del problema (Tompkins y Hartl, 2009).

    ¿Cómo se ve eso en la práctica? Se negocian metas pequeñas y concretas, siempre con la persona, sobre lo que protege la salud y la seguridad: mantener libre el camino desde los dormitorios hacia la salida, despejar lo que está sobre estufas, calefactores o enchufes, y poder usar el baño, la cocina y la cama. No se discute qué conserva ni cuánto, sino que la casa permita vivir con menos riesgo.

    Esta lógica ya se aplica a escala de ciudad. En Vancouver, un equipo que une a bomberos y salud pública trabaja con un enfoque de reducción de daños. En un estudio descriptivo de 82 casos se asoció con menos desorden y con que las personas conservaran su vivienda, la mayoría de los casos se cerró en seis visitas, y el equipo reportó barreras como la evitación de los usuarios y los pocos recursos (Kysow et al., 2020). Son datos descriptivos, sin grupo de comparación, así que valen como orientación y no como prueba de eficacia.

    También hay límites. Un piloto de intervención en tiempo crítico para personas con acumulación en riesgo de desalojo (14 personas inscritas, 11 completaron nueve meses) mostró una baja modesta de la gravedad, y los autores concluyen que por sí sola es improbable que elimine el riesgo de desalojo (Millen et al., 2020). Mejorar la seguridad ayuda, pero no reemplaza el tratamiento.

    ¿Cuándo la seguridad no puede esperar?

    Respetar la autonomía tiene un tope: la seguridad. Hay situaciones en que esperar a que aparezca la motivación es arriesgado. Piensa en una persona mayor o frágil, en niños o personas con discapacidad que viven en la casa, en objetos amontonados sobre fuentes de calor, en salidas o ventanas bloqueadas, en comida descompuesta, plagas, falta de agua o de baño utilizable, o en pasillos tan estrechos que una caída o una emergencia médica serían un problema para quien deba entrar a ayudar.

    Para hablar de gravedad sin pelear sobre qué es “mucho”, existe la Clutter Image Rating: nueve fotografías de cada ambiente, de ordenado a extremo, entre las que la persona y su familia eligen la que más se parece a la habitación real, en una escala validada (Frost et al., 2008). Sirve para que ambos miren lo mismo y para acordar qué cambiar primero.

    Cuando hay riesgo real, lo razonable es pedir ayuda a los servicios de salud o sociales de tu comuna y consultar con un profesional. Una revisión sobre mayores que viven en escualidez propone evaluar la capacidad de decisión de la persona en vez de suponerla (Lee et al., 2022), y una guía para atención primaria recomienda tratar las condiciones asociadas, revisar los medicamentos y derivar (Gleason et al., 2021). Si hay una emergencia ahora (humo, una caída, alguien atrapado), no esperes: en Chile el 131 es el SAMU y el 132 son los Bomberos.

    Cómo apoyar el tratamiento sin hacer el trabajo por la persona

    Si tu familiar acepta ayuda, el tratamiento con mejor respaldo es la terapia cognitivo-conductual específica para acumulación. Un metaanálisis encontró un efecto grande (Rodgers et al., 2021), aunque otro metaanálisis precisó que el cambio clínicamente significativo se da en una parte de las personas, entre 24 y 43 % (Tolin et al., 2015). Una revisión de 2025 halló que los síntomas suelen seguir por sobre el corte clínico tras el tratamiento (O’Brien y Laws, 2025). Más detalle en qué es la terapia cognitivo-conductual.

    Hay otras puertas. Los talleres Buried in Treasures, grupos de apoyo con un manual, mostraron en un ensayo con lista de espera descensos significativos en todas las medidas de síntomas, sin terapeuta formado, y los autores los plantean como complemento de la terapia o alternativa cuando no hay acceso a ella (Frost et al., 2012). Y para mayores, una versión con ejercicios de rehabilitación cognitiva (CREST) redujo más los síntomas que el manejo de casos geriátrico en un ensayo con 58 personas (Ayers et al., 2018).

    ¿Y tu papel durante el tratamiento? Se parece al de un coach. Tomar tú las decisiones sobre qué se queda impide que la persona practique justo lo que debe aprender, y tocar sus cosas sin permiso rompe la confianza (Tolin et al., 2014). Lo que sí suma:

    • Hacer preguntas neutras mientras se ordena: “¿cuándo lo usaste por última vez?”, “¿dónde lo guardarías?”, “¿tienes otros iguales?”.
    • Acordar las reglas del día antes de empezar, por ejemplo qué zona se trabaja y cuánto rato.
    • Celebrar los avances pequeños y no los comparar con “cómo debería estar”.
    • Respetar tu propio límite de energía: acompañar una hora que puedas sostener vale más que una tarde entera que te deje agotado.

    Existe incluso un entrenamiento diseñado para familiares. El programa Family-As-Motivators ofrece 14 sesiones para ayudar a la familia a trabajar la ambivalencia de la persona con técnicas de entrevista motivacional. En un piloto con nueve familiares mejoraron el afrontamiento y el uso de esas técnicas, aumentó la esperanza y bajó la acomodación y el impacto negativo en la familia, con alta aceptación (Chasson et al., 2014). Es un estudio pequeño y sin grupo de comparación, así que se lee como una señal prometedora y nada más. Una revisión sistemática de 20 estudios (Thompson et al., 2017) confirma lo anterior: las mejoras suelen ser modestas y la mayoría de los trabajos es de baja calidad metodológica. Para el formato más simple, una prueba piloto de entrevista motivacional en casa con seis sesiones en 15 mayores rurales mostró menos desorden y menos apego a los objetos, con 60 % de personas que completaron todas las sesiones (Dozier y Nix, 2025).

    Cómo cuidarte tú mientras acompañas

    Acompañar a alguien que acumula desgasta, y si te agotas dejas de ser útil. Los datos de carga que viste antes muestran que ese desgaste es una consecuencia esperable de la situación y no una debilidad personal (Drury et al., 2014).

    Algunas ideas para sostenerte:

    • Tu espacio es tuyo. Si vives con la persona, define qué zonas son compartidas y cuáles tuyas, y dilo con calma. Un buen formato tiene tres partes: cómo te afecta, qué necesitas y qué harás tú si el espacio no se despeja. Por ejemplo: “Me cuesta usar la mesa del comedor para trabajar. Necesito que la dejemos libre el viernes. Si no alcanzas, guardaré las cosas en una caja en el pasillo”.
    • No hagas del tema el centro de toda la relación. Compartir algo que no sea la casa (un café, una caminata, una receta) cuida el vínculo que quieres proteger.
    • Busca apoyo para ti. Muchos cuidadores se sienten solos y marginados (Wilbram et al., 2008). Hablar con un psicólogo, con amistades o con otras familias baja el peso.
    • Toma ideas de otras familias. Aunque nacieron para otro problema, los programas de entrenamiento de familiares en adicciones, como CRAFT (Meyers y Wolfe, 2004), comparten principios que ayudan: reforzar lo positivo, no rescatar de las consecuencias y cuidar tu propia vida. Si te sirve esa mirada, el artículo sobre poner límites a un familiar adicto la desarrolla.

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional?

    Conviene consultar si el desorden ya impide cocinar, dormir o moverse con seguridad, si hay niños, mayores o personas vulnerables en la casa, si las peleas familiares giran siempre en torno a las cosas, si tu familiar parece cada vez más aislado, deprimido o con olvidos nuevos, o si tú estás sintiendo que ya no puedes más. Una evaluación con un psicólogo clínico permite descartar depresión, TDAH o deterioro cognitivo detrás del cuadro y abrir camino al tratamiento. Si tú o tu familiar tienen pensamientos de hacerse daño, puedes llamar al *4141, la línea de prevención del suicidio del Ministerio de Salud.

    Si quieres conversar tu situación, puedes escribirme desde la página de contacto.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cómo ayudar a un acumulador compulsivo que no quiere ayuda?

    Parte por la relación y la seguridad, no por la limpieza. Escucha sin discutir, pregunta qué le gustaría poder hacer en su casa y acuerda con la persona metas pequeñas de seguridad, como despejar la salida y las estufas. La motivación no se puede imponer, pero suele aparecer más fácil cuando no se siente atacada.

    ¿Puedo limpiar la casa de mi familiar sin que se entere?

    Es mejor no hacerlo. Los autores de los programas de tratamiento advierten que tirar cosas sin permiso rompe la confianza, genera enojo y, al no cambiar la relación de la persona con sus objetos, la casa suele volver a llenarse. Si hay un riesgo grave, lo prudente es buscar ayuda profesional o de los servicios locales.

    ¿Qué hago si hay niños o un adulto mayor viviendo en la casa?

    Ahí la seguridad no puede esperar a la motivación. Se trabaja primero lo que protege a quienes dependen de ese espacio (salidas, estufas, higiene, camas), idealmente con la persona, y se pide apoyo a los servicios de salud o sociales de la comuna y a un profesional.

    ¿Qué frases debo evitar con un familiar acumulador?

    Las que descalifican sus cosas o amenazan: llamarlas basura, advertir de catástrofes o ponerle plazos con amenazas. Cuanto más se discute, más tiende a defender sus objetos. Funciona mejor reflejar lo que dice y preguntar qué le importa.

    ¿Cuánto tarda en mejorar un trastorno de acumulación?

    Es un proceso lento. Los tratamientos mejoran los síntomas, pero a menudo siguen algunas dificultades después y el cambio clínicamente significativo se da en una parte de las personas (Tolin et al., 2015; O’Brien y Laws, 2025). Más que una fecha, conviene pensar en avances pequeños y sostenidos.

    ¿Y si yo también estoy agotado?

    Es esperable. Los familiares de personas con acumulación reportan una carga comparable o mayor a la de familiares de personas con demencia (Drury et al., 2014). Pedir apoyo para ti, poner límites y mantener tu vida fuera del tema permite seguir acompañando sin abandonar a tu familiar.

    Para llevarte

    Ayudar a un familiar acumulador funciona mejor cuando la casa deja de ser el campo de batalla. No tires nada sin permiso, pregunta por lo que le importa, acuerda primero la seguridad, apoya el tratamiento sin ocupar el lugar de la persona y cuida tu propio desgaste. Si el riesgo es alto o la situación te sobrepasa, pedir ayuda profesional es el siguiente paso razonable.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Ayers, C. R., Dozier, M. E., Twamley, E. W., Saxena, S., Granholm, E., Mayes, T. L., & Wetherell, J. L. (2018). Cognitive rehabilitation and exposure/sorting therapy (CREST) for hoarding disorder in older adults: A randomized clinical trial. The Journal of Clinical Psychiatry, 79(2), 85-93. https://doi.org/10.4088/jcp.16m11072

    Chasson, G. S., Carpenter, A., Ewing, J., Gibby, B., & Lee, N. (2014). Empowering families to help a loved one with hoarding disorder: Pilot study of Family-As-Motivators training. Behaviour Research and Therapy, 63, 9-16. https://doi.org/10.1016/j.brat.2014.08.016

    Dozier, M. E., & Nix, C. A. (2025). Home-based motivational interviewing for late-life rural hoarding disorder: A pilot study. Aging & Mental Health, 29(3), 391-399. https://doi.org/10.1080/13607863.2024.2394577

    Drury, H., Ajmi, S., Fernández de la Cruz, L., Nordsletten, A. E., & Mataix-Cols, D. (2014). Caregiver burden, family accommodation, health, and well-being in relatives of individuals with hoarding disorder. Journal of Affective Disorders, 159, 7-14. https://doi.org/10.1016/j.jad.2014.01.023

    Frost, R. O., Ruby, D., & Shuer, L. J. (2012). The Buried in Treasures Workshop: Waitlist control trial of facilitated support groups for hoarding. Behaviour Research and Therapy, 50(11), 661-667. https://doi.org/10.1016/j.brat.2012.08.004

    Frost, R. O., & Steketee, G. (2010). Stuff: Compulsive hoarding and the meaning of things. Houghton Mifflin Harcourt.

    Frost, R. O., Steketee, G., Tolin, D. F., & Renaud, S. (2008). Development and validation of the Clutter Image Rating. Journal of Psychopathology and Behavioral Assessment, 30(3), 193-203. https://doi.org/10.1007/s10862-007-9068-7

    Gleason, A., Perkes, D., & Wand, A. P. F. (2021). Managing hoarding and squalor. Australian Prescriber, 44(3), 79-84. https://doi.org/10.18773/austprescr.2021.020

    Kysow, K., Bratiotis, C., Lauster, N., & Woody, S. R. (2020). How can cities tackle hoarding? Examining an intervention program bringing together fire and health authorities in Vancouver. Health & Social Care in the Community, 28(4), 1160-1169. https://doi.org/10.1111/hsc.12948

    Lee, S. M., Martino, E., Bismark, M., & Bentley, R. (2022). Evidence to guide ethical decision-making in the management of older people living in squalor: A narrative review. Internal Medicine Journal, 52(8), 1304-1312. https://doi.org/10.1111/imj.15862

    Mayes, T. L., Dozier, M. E., Davidson, E. J., Rosenfarb, I. F., Bratiotis, C., & Ayers, C. R. (2024). Preliminary investigation of objective and subjective experiences of relatives of individuals with hoarding behaviors. Journal of Clinical Psychology, 80(3), 610-624. https://doi.org/10.1002/jclp.23641

    Meyers, R. J., & Wolfe, B. L. (2004). Get your loved one sober: Alternatives to nagging, pleading, and threatening. Hazelden.

    Miller, W. R., & Rollnick, S. (2013). Motivational interviewing: Helping people change (3.ª ed.). Guilford Press.

    Millen, A. M., Levinson, A., Linkovski, O., Shuer, L., Thaler, T., Nick, G. A., Johns, G. K., Vargas, S. M., Rottier, K. A., Joyner, E., Girson, R. B., Zwerling, J., Sonnenfeld, D., Shapiro, A. M., Tannen, A., Conover, S., Essock, S., Herman, D., Simpson, H. B., & Rodriguez, C. I. (2020). Pilot study evaluating critical time intervention for individuals with hoarding disorder at risk for eviction. Psychiatric Services, 71(4), 405-408. https://doi.org/10.1176/appi.ps.201900447

    O’Brien, E., & Laws, K. R. (2025). Decluttering minds: Psychological interventions for hoarding disorder – A systematic review and meta-analysis. Journal of Psychiatric Research, 181, 738-751. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2024.12.029

    Rodgers, N., McDonald, S., & Wootton, B. M. (2021). Cognitive behavioral therapy for hoarding disorder: An updated meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 290, 128-135. https://doi.org/10.1016/j.jad.2021.04.067

    Thompson, C., Fernández de la Cruz, L., Mataix-Cols, D., & Onwumere, J. (2017). A systematic review and quality assessment of psychological, pharmacological, and family-based interventions for hoarding disorder. Asian Journal of Psychiatry, 27, 53-66. https://doi.org/10.1016/j.ajp.2017.02.020

    Tolin, D. F., Frost, R. O., & Steketee, G. (2014). Buried in treasures: Help for compulsive acquiring, saving, and hoarding (2.ª ed.). Oxford University Press.

    Tolin, D. F., Frost, R. O., Steketee, G., & Fitch, K. E. (2008). Family burden of compulsive hoarding: Results of an internet survey. Behaviour Research and Therapy, 46(3), 334-344. https://doi.org/10.1016/j.brat.2007.12.008

    Tolin, D. F., Frost, R. O., Steketee, G., & Muroff, J. (2015). Cognitive behavioral therapy for hoarding disorder: A meta-analysis. Depression and Anxiety, 32(3), 158-166. https://doi.org/10.1002/da.22327

    Tompkins, M. A., & Hartl, T. L. (2009). Digging out: Helping your loved one manage clutter, hoarding, and compulsive acquiring. New Harbinger Publications.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Acumulador compulsivo: síntomas, causas y tratamiento

    Acumulador compulsivo: síntomas, causas y tratamiento

    Quizá buscaste “acumulador compulsivo” porque la casa de alguien cercano (o la tuya) ya no se puede usar como casa. Hay pasillos que se cerraron, una mesa que dejó de ser mesa, bolsas que esperan una decisión que nunca llega. Tirar algo, que a otros les cuesta un segundo, aquí se siente como perder una parte de uno. Eso tiene nombre y tiene tratamiento, aunque la palabra “compulsivo” no es la que usan los manuales.

    Más abajo puedes hacer un test de acumulación de cinco preguntas, adaptado de una escala que usan los especialistas. Antes conviene entender qué es exactamente este problema, en qué se diferencia de coleccionar o del síndrome de Diógenes y por qué la ayuda funciona mejor cuando se parte del lugar correcto.

    En breve: lo que en la calle se llama acumulador compulsivo se llama en psiquiatría trastorno de acumulación: una dificultad persistente para desprenderse de objetos, aunque valgan poco, que llena los espacios de la casa y causa malestar o problemas en la vida diaria. Afecta a cerca de 2,5 % de las personas (Postlethwaite et al., 2019), suele empezar en la adolescencia y se trata con una terapia cognitivo-conductual diseñada para este problema, que mejora los síntomas aunque casi nunca los borra del todo.

    ¿Qué es un acumulador compulsivo? Significado y nombre clínico

    Un acumulador compulsivo es una persona con trastorno de acumulación (en inglés, hoarding disorder, y a veces llamado síndrome de acumulación compulsiva): le cuesta mucho desprenderse de cosas (tirarlas, regalarlas, reciclarlas o venderlas) porque siente que debe guardarlas o porque soltarlas le produce angustia. Esa dificultad hace que las posesiones se amontonen hasta impedir el uso normal de las habitaciones: cocinar en la cocina, dormir en la cama, sentarse en el sofá (American Psychiatric Association, 2022).

    El DSM-5-TR y la CIE-11 (código 6B24) lo reconocen como un trastorno propio, dentro de la familia obsesivo-compulsiva. Para el diagnóstico se pide, en lenguaje de todos los días:

    • Dificultad persistente para desprenderse de las cosas, sin importar su valor.
    • Una necesidad percibida de guardarlas, o malestar al pensar en soltarlas.
    • Acumulación que congestiona las zonas de la casa que se usan a diario. Si las habitaciones están despejadas, es porque otras personas intervinieron.
    • Malestar importante o deterioro en la vida social, laboral u otras áreas, incluida la imposibilidad de mantener la casa segura.
    • Que no se explique mejor por otra condición médica o por otro trastorno mental.

    A eso se suman dos especificadores: si hay adquisición excesiva (comprar o conseguir objetos de más, algo habitual en estos casos) y cuánta conciencia tiene la persona del problema, que puede ser buena, escasa o prácticamente nula.

    El dato que más sorprende es lo común que es. Un metaanálisis de 11 estudios con más de 53.000 personas estimó una prevalencia de 2,5 % (rango probable de 1,7 a 3,6 %), sin diferencia entre hombres y mujeres (Postlethwaite et al., 2019). Es más o menos una persona de cada 40, y una persona acumuladora de cosas suele vivirlo en silencio.

    ¿En qué se diferencia de coleccionar, del desorden y del síndrome de Diógenes?

    La diferencia no está en cuántas cosas hay sino en lo que pasa con ellas. Quien colecciona elige, ordena y suele mostrar con orgullo lo que reúne. Quien acumula guarda de todo, sin criterio visible, y tiende a esconder la casa por vergüenza. La hoja informativa de la International OCD Foundation lo resume así: los coleccionistas exhiben sus colecciones y las mantienen en orden, mientras que quienes acumulan rara vez muestran sus pertenencias, que están desordenadas.

    Rasgo Coleccionar Acumular Síndrome de Diógenes
    Qué se guarda Objetos de un tipo, elegidos De todo, incluidas cosas sin uso aparente De todo, incluida basura y restos orgánicos
    Orden Clasificado, a la vista Montones, sin sistema Caos, a menudo con suciedad grave
    Cómo se vive Con placer y orgullo Con apego, culpa, miedo o vergüenza al soltar Con rechazo de ayuda y descuido personal
    La casa Se puede usar Habitaciones que ya no cumplen su función Insalubre y, a veces, peligrosa
    Es un diagnóstico No Sí (trastorno de acumulación) No: es un cuadro descriptivo

    El desorden común es otra cosa: una casa desordenada se sigue pudiendo usar y soltar objetos duele poco. Con el síndrome de Diógenes el cruce es más fino. Se describió en 1975 en mayores con autonegligencia extrema (Clark et al., 1975), no es un diagnóstico oficial y, según una revisión australiana, describir por separado la autonegligencia, la acumulación y la escualidez clasifica mejor a las personas que usar esa etiqueta (Lee y LoGiudice, 2012). Mucha gente con trastorno de acumulación mantiene su higiene personal y su casa no está sucia, solo llena.

    Síntomas del acumulador compulsivo: qué se ve y qué se siente

    Las señales aparecen a dos niveles, lo que se ve en la casa y lo que ocurre por dentro. Según la IOCDF, las más frecuentes son:

    • Dificultad para deshacerse de cosas.
    • Desorden en el hogar, el auto, la oficina o una bodega que dificulta usar muebles y electrodomésticos o moverse con libertad.
    • Pérdida de objetos importantes, como dinero o cuentas, entre los montones.
    • Sensación de agobio por la cantidad de cosas.
    • Comprar por “ganga” o para “abastecerse”.
    • No invitar a nadie, o negar la entrada a quien viene a reparar algo, por vergüenza.

    Por dentro, lo que sostiene el cuadro es una mezcla de emociones fuertes. Soltar un objeto produce culpa, miedo o enojo. Comprar o conseguir uno nuevo da una alegría desproporcionada. Y hay una convicción casi física de que el objeto tiene mucho valor o será útil, incluso cuando nadie más lo querría. Algunas personas sienten además responsabilidad hacia las cosas, como si tirarlas fuera abandonarlas.

    Lo que solemos esperar de una enfermedad (que la persona sufra y pida ayuda) puede no ocurrir. La conciencia del problema varía mucho y, cuando es baja, la persona defiende la situación con sinceridad. Por eso a menudo es la familia la que da la voz de alarma.

    Haz el test de acumulación

    La escala más usada para medir la gravedad de este problema es la Hoarding Rating Scale (HRS), de cinco preguntas. La International OCD Foundation distribuye la versión de autorreporte para uso clínico, y la de abajo es una adaptación al español de ese material. No da un diagnóstico, pero ordena algo difícil de ordenar: cuánto pesan hoy el desorden, la dificultad para soltar y la compra de más.

    Responde pensando en tu casa tal como está hoy. Si quien te preocupa es otra persona, hacer el test por ella no mide lo mismo, porque su mirada sobre el problema puede ser distinta. Más útil que cualquier puntaje es la conversación con ella.

    Test de acumulación: cinco preguntas para ver si el desorden y las cosas acumuladas ya son un problema

    Tarda unos dos minutos. No guarda tus respuestas: se quedan en tu pantalla.

    Esto es una orientación, no un diagnóstico. Es una adaptación al español de la Hoarding Rating Scale (HRS), que se usa para medir la gravedad de la acumulación. Responde pensando en cómo estás hoy y en tu casa tal como está, no como te gustaría que estuviera. En cada pregunta elige un número del 0 al 8.
    1 de 5

    Por el desorden o por la cantidad de cosas que tienes, ¿qué tan difícil te resulta usar las habitaciones de tu casa?









    0 = nada difícil4 = moderado8 = extremadamente difícil
    2 de 5

    ¿Cuánto te cuesta desprenderte (tirar, reciclar, vender o regalar) de cosas corrientes de las que otras personas se deshacerían?









    0 = ninguna dificultad4 = moderada8 = dificultad extrema
    3 de 5

    ¿Hasta qué punto tienes hoy un problema por juntar cosas gratis o por comprar más cosas de las que necesitas, puedes usar o puedes pagar?
    Como referencia: 2 = de vez en cuando (menos de una vez por semana) consigues cosas que no necesitas; 4 = una o dos veces por semana; 6 = varias veces por semana; 8 = a diario o en grandes cantidades.









    0 = ninguno4 = moderado8 = extremo
    4 de 5

    ¿Cuánto malestar emocional te producen el desorden, la dificultad para desprenderte de las cosas o los problemas para comprar o conseguir cosas?









    0 = ninguno4 = moderado8 = extremo
    5 de 5

    ¿Cuánto afectan a tu vida (rutina diaria, trabajo o estudios, vida social, vida familiar, problemas de dinero) el desorden, la dificultad para desprenderte de las cosas o los problemas para comprar o conseguir cosas?









    0 = nada4 = moderado8 = extremo

    Adaptado de la Hoarding Rating Scale (Tolin, Frost y Steketee, 2010), en la versión que distribuye la International OCD Foundation. La traducción es propia, no está validada en población chilena, y el punto de corte de 14 viene de estudios en inglés. Ningún cuestionario sustituye una evaluación clínica. Si lo que viste te pesa, puedes escribirme para agendar una consulta.

    ¿Cómo se lee el resultado del test?

    El puntaje va de 0 a 40, con cinco preguntas de 0 a 8. La IOCDF indica que una puntuación de 14 o más sugiere un probable problema de acumulación. Para dar contexto, en el estudio de desarrollo de la escala las personas con acumulación promediaron 24 puntos y las que no la tenían, 3 (Tolin et al., 2010). Los investigadores también usan un criterio por preguntas: 4 o más en la dificultad para usar las habitaciones y en la de desprenderse, y 4 o más en el malestar o en el efecto sobre la vida (Tolin et al., 2008).

    Resultado Qué sugiere Qué hacer
    14 puntos o más Probable problema de acumulación Conversarlo con un psicólogo clínico o psiquiatra
    Menos de 14, pero cumple el criterio por preguntas Señales de acumulación significativa que el total no alcanza a mostrar Consultar igual: el puntaje total no es la única vara
    Menos de 14, sin el criterio Sin señales claras de acumulación significativa Observar si crece o te pesa

    Hay dos límites que importan. El corte de 14 se estableció en estudios en inglés y la traducción de este test no está validada en Chile. Y un cuestionario no ve la casa: quien conoce el cuadro de verdad mira las habitaciones, el historial y otras explicaciones posibles, como la depresión o un problema neurológico.

    Acumulador compulsivo: causas

    Varios factores se refuerzan entre sí, y ninguno lo explica solo. El modelo cognitivo-conductual de Frost y Hartl es el que más ha guiado la investigación y el tratamiento (Frost y Hartl, 1996). Ese modelo junta cuatro piezas: una forma particular de procesar información (dificultad para decidir, categorizar y organizar), creencias intensas sobre el valor y el significado de los objetos, emociones muy fuertes al descartar o adquirir, y las conductas que de ahí salen (guardar, evitar tirar, seguir adquiriendo).

    • La forma de pensar y decidir. Se ha hablado mucho de dificultades de atención, memoria y toma de decisiones. Una revisión sistemática de 22 estudios encontró, en cambio, que la diferencia más consistente frente a personas sin el trastorno estaba en la categorización: cuesta agrupar las cosas en categorías útiles (Stumpf et al., 2023). El cuadro cognitivo es menos uniforme de lo que se pensaba.
    • El significado de los objetos. Para quien acumula, una cosa guarda recuerdos, identidad, seguridad o la promesa de una utilidad futura. Soltarla se vive como perder un recuerdo o una oportunidad. Frost y Steketee (2010) describen ese apego emocional como una pieza central del cuadro.
    • La herencia. Un estudio con más de 5.000 gemelos calculó que los factores genéticos explican alrededor de la mitad de la variación en la conducta de acumular, en mujeres, y que el resto depende de experiencias individuales (Iervolino et al., 2009). No hay un gen de la acumulación, pero sí una tendencia que corre en familias.
    • Los acontecimientos de la vida. Una pérdida grande, como la muerte de la pareja o de uno de los padres, puede empeorar el cuadro, según la IOCDF (ver también cómo se vive un duelo). La idea de que todo viene de una infancia de pobreza o de escasez no tiene apoyo en la investigación hasta hoy.
    • La edad. Suele empezar en la adolescencia, y la edad promedio de quienes consultan ronda los 50 años, cuando décadas de acumulación ya llenaron la casa.

    El costo real de acumular

    Aunque a veces se mira como una manía inofensiva, el trastorno de acumulación pesa. Una encuesta a más de 800 personas con acumulación autoidentificada mostró unos 7 días de trabajo afectados al mes, tanto como en los trastornos psicóticos, y entre un 8 y un 12 % había sido desalojado o amenazado de desalojo por esa causa (Tolin et al., 2008). Los riesgos de la casa son concretos: según la IOCDF, el desorden grave amenaza la salud y la seguridad de quienes viven ahí y puede causar problemas de salud, daños estructurales, incendios y, a veces, la muerte.

    Además, casi nunca viene solo. Un estudio con 217 personas con acumulación encontró tasas altas de depresión mayor y de trastornos ligados a adquirir (compra compulsiva, cleptomanía, recoger cosas gratis), y menos de 20 % cumplía criterios de TOC. El TDAH de tipo inatento (ver terapia del TDAH en adultos) apareció en 28 %, frente a 3 % en un grupo con TOC (Frost et al., 2011). Para quien tiene dudas, el trastorno obsesivo compulsivo es un pariente cercano (hay un test de TOC aparte), con un cuadro distinto, y por eso lo que funciona para el TOC suele rendir menos aquí.

    Acumulador compulsivo: tratamiento

    El tratamiento que mejor está probado es la terapia cognitivo-conductual diseñada para este problema (Steketee y Frost, 2007). Funciona en varios frentes a la vez: entrevista motivacional para trabajar la ambivalencia, entrenamiento en clasificar y decidir, exposición a no adquirir y a soltar objetos (primero con acompañamiento, en la propia casa si es posible) y trabajo sobre las creencias que hacen difícil desprenderse. Es una variante de la terapia cognitivo-conductual general, con técnicas propias.

    ¿Cuánto ayuda? Un ensayo con 46 personas comparó 26 sesiones de esta terapia con una lista de espera: a las 12 semanas el grupo tratado mejoró más, y al final 71 % fue considerado mejorado por su terapeuta y 81 % se sintió mejor, aunque solo 41 % de quienes completaron cambió de forma clínicamente significativa (Steketee et al., 2010). Los metaanálisis dicen algo parecido: un efecto grande en 16 estudios (Rodgers et al., 2021), pero con cambio clínico real en una minoría, entre 24 y 43 % (Tolin et al., 2015). La revisión más reciente, con 41 estudios y 1.343 personas, encontró que las terapias psicológicas superan a no recibir tratamiento, que la TCC no resultó superior a otras terapias psicológicas y que los síntomas suelen seguir por sobre el corte clínico al terminar (O'Brien y Laws, 2025).

    Eso se parece más a una mejoría gradual y sostenida que a una cura. El objetivo realista es recuperar el uso de la casa, bajar el riesgo y aprender a decidir distinto, con la expectativa de que la tendencia a guardar seguirá ahí y habrá que sostener lo ganado.

    Dos matices sobre cómo se adapta el tratamiento:

    • En personas mayores se ha probado una versión adaptada. El programa CREST suma ejercicios de rehabilitación cognitiva (atención, planificación, organización) a la exposición, y en un ensayo con 58 mayores redujo más los síntomas que el manejo de casos geriátrico, un efecto que se mantuvo a los 6 meses (Ayers et al., 2018).
    • Los medicamentos tienen un papel acotado. Según una guía para atención primaria, lo central es tratar las condiciones asociadas (depresión, TDAH) y revisar los medicamentos que la persona ya toma (Gleason et al., 2021). La IOCDF añade que los tratamientos que suelen funcionar para el TOC no han respondido igual en la acumulación.

    Si quien acumula es un familiar

    Ver a alguien querido rodeado de cosas es duro, y el impulso natural es vaciar la casa. Los autores de los programas de tratamiento advierten que limpiar sin acuerdo daña la confianza, vuelve a llenar la casa y deja a la persona más a la defensiva (Frost y Steketee, 2010; Tolin et al., 2014). Funciona mejor preguntar qué le gustaría poder hacer en su casa que no puede hacer hoy (recibir visitas, cocinar, dormir tranquila) y acompañar lo que ella decida cambiar primero, aunque sea pequeño.

    También hay límites. Si hay niños, mayores frágiles o personas con discapacidad en la casa, o riesgo grave de incendio, la seguridad no puede esperar a que la motivación aparezca. En esos casos corresponde pedir ayuda a los servicios de salud o sociales de la comuna. Una revisión sobre mayores que viven en escualidez propone en estas situaciones evaluar la capacidad de decisión de la persona en vez de suponerla (Lee et al., 2022).

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional?

    Conviene consultar si el desorden ya impide cocinar, dormir o moverse con seguridad, si las discusiones familiares giran alrededor de las cosas, si compras más de lo que puedes pagar o guardar, o si sientes culpa y vergüenza que te aíslan. También si ya hay riesgo físico (pasillos bloqueados, objetos cerca de estufas, plagas) o si tienes pensamientos de hacerte daño; en ese caso puedes llamar al *4141, la línea de prevención del suicidio del Ministerio de Salud. Una evaluación con un psicólogo clínico permite además descartar depresión, TDAH o un deterioro cognitivo que estén detrás. Si quieres conversarlo, puedes escribirme desde la página de contacto.

    Preguntas frecuentes

    ¿Acumulador compulsivo y síndrome de Diógenes son lo mismo?

    No. El acumulador compulsivo tiene un trastorno de acumulación, reconocido en el DSM-5-TR y la CIE-11, y suele mantener su higiene y una casa sin suciedad grave. El síndrome de Diógenes describe autonegligencia, escualidez y aislamiento, a menudo en mayores con demencia u otra enfermedad, y no es un diagnóstico oficial.

    ¿Acumular cosas es una enfermedad mental?

    Cuando cumple los criterios del DSM-5-TR (dificultad persistente para soltar, habitaciones inutilizables y malestar o deterioro), sí: es el trastorno de acumulación. Tener muchas cosas o ser muy ahorrativo no lo es. Lo que decide es el efecto en el uso de la casa y en la vida de la persona.

    ¿El acumulador compulsivo es un TOC?

    Antes se consideraba una forma de TOC, pero hoy es un trastorno aparte. En un estudio de 217 personas con acumulación, menos de 20 % cumplía criterios de TOC (Frost et al., 2011). Comparten familia diagnóstica, pero la lógica del cuadro y la respuesta al tratamiento difieren.

    ¿Tiene cura el trastorno de acumulación?

    Tiene tratamiento eficaz, aunque casi siempre queda alguna dificultad residual. La terapia cognitivo-conductual específica produce mejorías grandes en los estudios y cambios clínicamente significativos en una parte de las personas. La meta es recuperar el uso de la casa y sostener lo ganado.

    ¿Por qué un acumulador no puede tirar nada?

    Porque cada objeto carga un significado: recuerdo, identidad, seguridad o una utilidad futura. Soltarlo produce culpa, miedo o enojo, y se suman dificultades para decidir y clasificar. Poner el problema en la voluntad suele empeorarlo, y la presión externa tiene el mismo efecto.

    ¿Cuándo coleccionar se vuelve un problema?

    Cuando la colección o el amontonamiento ocupa los espacios de uso diario, genera conflictos o gastos que no puedes sostener, o te causa culpa y vergüenza en lugar de placer. Una colección se muestra y se cuida; la acumulación problemática se esconde y desborda.

    Para llevarte

    El acumulador compulsivo existe, tiene un nombre clínico (trastorno de acumulación) y tiene tratamiento, aunque exige paciencia y un plan que respete a la persona. Si la casa, la tuya o la de alguien cercano, dejó de ser un lugar seguro y habitable, el siguiente paso es una evaluación con un profesional. El test de arriba puede servir de punto de partida para esa conversación.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed., texto rev.). American Psychiatric Publishing. https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425787

    Ayers, C. R., Dozier, M. E., Twamley, E. W., Saxena, S., Granholm, E., Mayes, T. L., & Wetherell, J. L. (2018). Cognitive rehabilitation and exposure/sorting therapy (CREST) for hoarding disorder in older adults: A randomized clinical trial. The Journal of Clinical Psychiatry, 79(2), 85-93. https://doi.org/10.4088/jcp.16m11072

    Clark, A. N. G., Mankikar, G. D., & Gray, I. (1975). Diogenes syndrome: A clinical study of gross neglect in old age. The Lancet, 305(7903), 366-368. https://doi.org/10.1016/s0140-6736(75)91280-5

    Frost, R. O., & Hartl, T. L. (1996). A cognitive-behavioral model of compulsive hoarding. Behaviour Research and Therapy, 34(4), 341-350. https://doi.org/10.1016/0005-7967(95)00071-2

    Frost, R. O., & Steketee, G. (2010). Stuff: Compulsive hoarding and the meaning of things. Houghton Mifflin Harcourt.

    Frost, R. O., Steketee, G., & Tolin, D. F. (2011). Comorbidity in hoarding disorder. Depression and Anxiety, 28(10), 876-884. https://doi.org/10.1002/da.20861

    Gleason, A., Perkes, D., & Wand, A. P. F. (2021). Managing hoarding and squalor. Australian Prescriber, 44(3), 79-84. https://doi.org/10.18773/austprescr.2021.020

    Iervolino, A. C., Perroud, N., Fullana, M. A., Guipponi, M., Cherkas, L., Collier, D. A., & Mataix-Cols, D. (2009). Prevalence and heritability of compulsive hoarding: A twin study. American Journal of Psychiatry, 166(10), 1156-1161. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.2009.08121789

    Lee, S. M., Martino, E., Bismark, M., & Bentley, R. (2022). Evidence to guide ethical decision-making in the management of older people living in squalor: A narrative review. Internal Medicine Journal, 52(8), 1304-1312. https://doi.org/10.1111/imj.15862

    Lee, S. M., & LoGiudice, D. (2012). Phenomenology of squalor, hoarding and self-neglect: An Australian aged care perspective. Internal Medicine Journal, 42(1), 98-101. https://doi.org/10.1111/j.1445-5994.2011.02634.x

    O'Brien, E., & Laws, K. R. (2025). Decluttering minds: Psychological interventions for hoarding disorder - A systematic review and meta-analysis. Journal of Psychiatric Research, 181, 738-751. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2024.12.029

    Postlethwaite, A., Kellett, S., & Mataix-Cols, D. (2019). Prevalence of hoarding disorder: A systematic review and meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 256, 309-316. https://doi.org/10.1016/j.jad.2019.06.004

    Rodgers, N., McDonald, S., & Wootton, B. M. (2021). Cognitive behavioral therapy for hoarding disorder: An updated meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 290, 128-135. https://doi.org/10.1016/j.jad.2021.04.067

    Steketee, G., & Frost, R. O. (2007). Compulsive hoarding and acquiring: Therapist guide. Oxford University Press.

    Steketee, G., Frost, R. O., Tolin, D. F., Rasmussen, J., & Brown, T. A. (2010). Waitlist-controlled trial of cognitive behavior therapy for hoarding disorder. Depression and Anxiety, 27(5), 476-484. https://doi.org/10.1002/da.20673

    Stumpf, B. P., de Souza, L. C., Mourão, M. S. F., Rocha, F. L., Fontenelle, L. F., & Barbosa, I. G. (2023). Cognitive impairment in hoarding disorder: A systematic review. CNS Spectrums, 28(3), 300-312. https://doi.org/10.1017/s1092852922000153

    Tolin, D. F., Frost, R. O., & Steketee, G. (2010). A brief interview for assessing compulsive hoarding: The Hoarding Rating Scale-Interview. Psychiatry Research, 178(1), 147-152. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2009.05.001

    Tolin, D. F., Frost, R. O., & Steketee, G. (2014). Buried in treasures: Help for compulsive acquiring, saving, and hoarding (2.ª ed.). Oxford University Press.

    Tolin, D. F., Frost, R. O., Steketee, G., Gray, K. D., & Fitch, K. E. (2008). The economic and social burden of compulsive hoarding. Psychiatry Research, 160(2), 200-211. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2007.08.008

    Tolin, D. F., Frost, R. O., Steketee, G., & Muroff, J. (2015). Cognitive behavioral therapy for hoarding disorder: A meta-analysis. Depression and Anxiety, 32(3), 158-166. https://doi.org/10.1002/da.22327

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Síndrome de Diógenes: causas, síntomas y tratamiento

    Síndrome de Diógenes: causas, síntomas y tratamiento

    Un vecino que ya casi no sale, una tía mayor que vive entre bolsas y cajas, un padre que dejó de bañarse y no deja entrar a nadie. Alguien dice «eso es síndrome de Diógenes» y la conversación se cierra con una etiqueta. Conviene mirar con más calma qué hay detrás, porque quien vive así rara vez lo hace por gusto, y casi siempre tiene algo tratable debajo.

    Aquí encuentras qué significa el nombre, por qué los especialistas lo discuten, qué causas se han documentado, en qué se diferencia del trastorno de acumulación y qué se puede hacer, tanto desde el tratamiento como desde la familia.

    En breve: el síndrome de Diógenes describe a una persona que descuida gravemente su cuidado personal, vive en una casa muy sucia (con o sin objetos acumulados), se aísla y rechaza la ayuda. No tiene criterios diagnósticos propios en el DSM-5, y detrás suele haber otra condición: demencia, depresión, psicosis, consumo de alcohol, o varias a la vez. Por eso el tratamiento empieza averiguando qué la causa, y no limpiando la casa.

    ¿Qué es el síndrome de Diógenes?

    El síndrome de Diógenes es un conjunto de conductas que combina abandono extremo del autocuidado, una vivienda con suciedad severa, aislamiento social y rechazo de la ayuda. A veces incluye acumular basura u objetos, pero no siempre. Es una forma de describir una situación y no una enfermedad con criterios propios.

    Los cuatro elementos que más se repiten en la literatura son:

    • Autonegligencia grave. La persona deja de lado la higiene, la ropa, la alimentación y el cuidado de su salud.
    • Escualidez doméstica. La vivienda está sucia de forma severa: basura, comida en descomposición, mal olor, plagas.
    • Aislamiento. Sale poco o nada y evita el contacto con vecinos y familia.
    • Rechazo de la ayuda y poca conciencia del problema. Minimiza lo que pasa o no lo ve como un problema.

    La acumulación de basura u objetos aparece en muchos casos, pero no define el cuadro. Una revisión de la literatura sobre más de 1.100 casos de escualidez encontró acumulación de basura en más de la mitad de los casos descritos, y propone reservar la palabra «acumulación» para cuando la persona junta objetos de manera intencional (Snowdon et al., 2007).

    Síndrome de Diógenes: significado y origen del nombre

    El nombre viene de Diógenes de Sinope, un filósofo griego del siglo IV a. C. que vivía con lo mínimo, dormía en una gran vasija y rechazaba las posesiones. El término lo propusieron en 1975 los médicos Clark, Mankikar y Gray, tras estudiar a 30 personas mayores ingresadas a un hospital por una enfermedad aguda y un descuido extremo (Clark et al., 1975).

    Lo que describieron entonces se parece a lo que se ve hoy: casas sucias y desordenadas, aspecto personal descuidado sin vergüenza, a veces acumulación de basura, casi todos viviendo solos, y un tercio que había rechazado varias veces la ayuda ofrecida. Había dos datos que llaman la atención. La mitad no tenía ningún trastorno psiquiátrico detectable, y la mortalidad del grupo fue alta (46 %).

    Hoy muchos autores piden dejar de usar el nombre, y las razones son bastante concretas:

    • El filósofo hacía lo contrario. Diógenes se deshacía de las cosas, mientras que muchas personas con este cuadro las juntan (Frost y Steketee, 2010).
    • Mezcla situaciones distintas. Se usa igual para quien vive en la suciedad sin acumular, para quien acumula con la casa limpia y para quien tiene ambas cosas.
    • Sugiere que solo ocurre en la vejez. La escualidez también aparece en personas jóvenes, como se verá más abajo.
    • Oculta la causa. Al ponerle un nombre propio, parece que el problema es el síndrome, cuando en la mayoría de los casos hay otra condición debajo.

    Una descripción de casos en Australia lo resume bien: hablar de autonegligencia, acumulación y escualidez (por separado o combinadas) resulta más útil para clasificar a una persona mayor que el término «Diógenes» (Lee y LoGiudice, 2012). Este artículo conserva el nombre porque es el que la gente busca.

    ¿El síndrome de Diógenes es una enfermedad?

    Como diagnóstico propio no existe: el DSM-5 no lo incluye (American Psychiatric Association, 2013). Una revisión clínica para atención primaria lo considera el resultado final de otras condiciones (Gleason et al., 2021). Lo que sí figura en el DSM-5 es el trastorno de acumulación, un cuadro distinto, y debajo suele haber una condición de salud mental o neurológica.

    Un estudio comunitario con 81 personas atendidas por un servicio municipal de limpieza especial, que usó entrevistas estandarizadas, encontró que el 70 % tenía un trastorno mental activo y que un 26 % tenía un problema físico que contribuía de forma importante al estado de la casa (Halliday et al., 2000). Además, solo cerca de la mitad de quienes tenían un trastorno mental había tenido contacto con servicios de salud mental el último año.

    Así que la pregunta útil casi nunca es «¿tiene síndrome de Diógenes?», sino «¿qué le está pasando a esta persona?».

    ¿Cuáles son los síntomas del síndrome de Diógenes?

    Las señales que más se repiten, en la literatura y en lo que describen quienes viven cerca:

    • Cambio visible en el cuidado personal: ropa sucia, uñas y pelo descuidados, olor, heridas sin atender, pérdida de peso.
    • Casa que deja de funcionar: no se puede cocinar, dormir en la cama o usar el baño porque están ocupados por basura, objetos o suciedad.
    • Alimentación pobre: comida vencida, refrigerador sin uso, comidas irregulares.
    • Retraimiento: no abre la puerta, corta las visitas, evita a la familia y a los vecinos.
    • Rechazo de la ayuda: minimiza el problema, se enoja o se pone hostil cuando alguien lo menciona.
    • Acumulación de basura u objetos (silogomanía), en una parte de los casos.

    Un detalle que ayuda a entender el rechazo: Frost y Steketee (2010) y Tolin et al. (2015) describen la «ceguera al desorden». Con el tiempo, la persona se acostumbra a lo que ve y deja de registrar el riesgo, como un olor que uno ya no nota en su propia casa. Cuando dice «estoy bien así», muchas veces es esa percepción, y no un desafío.

    ¿Por qué ocurre? Causas y factores de riesgo

    Las causas son varias. Lo que se ha documentado es un conjunto de condiciones que, solas o combinadas, hacen que la persona pierda la capacidad de mantener su casa y su cuidado:

    • Disfunción de los lóbulos frontales. Una revisión sobre personas mayores que viven en escualidez encontró una alta frecuencia de disfunción ejecutiva (dificultad para planificar, organizar y decidir), de enfermedades médicas y de muertes prematuras (Lee et al., 2022). Gleason et al. (2021) la describen como casi universal en la escualidez severa. Las funciones ejecutivas son las que permiten ver que algo está mal y hacer los pasos para arreglarlo. Si tienes dudas sobre qué son, puedes leer qué son las funciones ejecutivas y cómo se evalúan.
    • Demencia. Es una de las causas más frecuentes. Una revisión señala que alrededor del 36 % de los casos de demencia frontotemporal presentaría el cuadro (Cipriani et al., 2012). En la variante conductual de la demencia frontotemporal se ha descrito la combinación de pérdida de autoconciencia, falta de impulso para limpiar o descartar y un impulso compulsivo a tomar objetos del entorno (Finney y Mendez, 2017). Si te preocupa un cambio brusco en una persona mayor, mira los primeros síntomas de Alzheimer y otras demencias.
    • Depresión grave. La apatía, el cansancio y la pérdida de interés vuelven imposible el autocuidado. A veces comienza tras un duelo (por ejemplo, la muerte de la pareja que se ocupaba de la casa). Hay más en cómo ayudar a una persona con depresión.
    • Psicosis y esquizofrenia. La esquizofrenia figura entre los diagnósticos más frecuentes en las series de casos (Snowdon et al., 2007). Los delirios o el pensamiento desorganizado pueden llevar a no dejar entrar a nadie o a juntar basura. Puedes leer más en la guía de síntomas y pronóstico de la psicosis.
    • Consumo de alcohol. Aparece entre los diagnósticos más comunes en las series de casos (Snowdon et al., 2007).
    • Limitaciones físicas. La incontinencia, la baja visión o la dificultad para moverse se suman al problema, y en el estudio de Halliday et al. más de una cuarta parte tenía una condición física que contribuía (Halliday et al., 2000).
    • Soledad y rasgos de personalidad. El aislamiento, la viudez, la jubilación o el rechazo familiar suelen ser el detonante en personas con un estilo reservado o desconfiado. Si te interesa cómo el aislamiento va quitando habilidades, mira la pérdida de habilidades sociales por aislamiento.

    Una revisión sobre autonegligencia en adultos mayores que viven en la comunidad (no es lo mismo que el síndrome de Diógenes, pero lo incluye) identificó como factores de riesgo el deterioro cognitivo, la depresión, vivir solo, tener pocas redes sociales, más enfermedades y dolor, entre otros (Yu et al., 2021).

    ¿En qué se diferencia del trastorno de acumulación y del coleccionismo?

    Se confunden porque en los tres hay muchos objetos, pero se tratan distinto. Esta tabla separa las diferencias principales:

    Síndrome de DiógenesTrastorno de acumulaciónColeccionismo
    Qué esSituación con autonegligencia y suciedad severaTrastorno del DSM-5Pasatiempo
    Problema centralAbandono del cuidado personal y de la casaDificultad para desprenderse de cosasNinguno
    Higiene personalMuy deterioradaSuele conservarseNormal
    Estado de la casaSucia, insalubreLlena de objetos, espacios bloqueadosOrdenada
    Ante soltar cosasIndiferencia o rechazo a la ayudaAngustia, culpa o dueloVende o intercambia con gusto
    Cómo se organizaBasura o desorden sin criterioMontones sin clasificarClasificada y exhibida

    El trastorno de acumulación afecta a cerca de 2,5 % de los adultos según un metaanálisis de 11 estudios con más de 53.000 personas, con cifras parecidas en hombres y mujeres (Postlethwaite et al., 2019). Es un trastorno primario: la dificultad para soltar objetos es el problema en sí. Un ejemplo sería alguien que no puede cocinar porque la cocina está llena de cajas, pero que se baña, come y cuida su salud.

    Los dos cuadros se cruzan. Un trastorno de acumulación grave y sin tratar puede acabar bloqueando la casa hasta que nadie puede limpiarla, y entonces aparece la escualidez. Hay además una diferencia cognitiva. Una revisión de 22 estudios encontró que las personas con trastorno de acumulación solo tenían un rendimiento peor en categorizar, con atención, memoria y planificación sin diferencias frente a los controles (Stumpf et al., 2023). En la escualidez severa, en cambio, el deterioro ejecutivo es más amplio.

    ¿Qué tan frecuente es el síndrome de Diógenes y a quién afecta?

    La escualidez severa es menos rara de lo que se pensaba. En Inglaterra, un metaanálisis de 13 años de la Encuesta de Vivienda (85.681 hogares) estimó que el 0,85 % de los hogares estaba en condición de escualidez, con mayor riesgo en barrios con más carencias, viviendas arrendadas, ingresos bajos y más personas en la casa (Norton et al., 2024).

    En personas mayores, un servicio de psiquiatría geriátrica de Sídney que registró casos durante diez años estimó una prevalencia mínima de escualidez moderada o grave de 1 por cada 1.000 mayores. Un año después, de los 157 que pudieron seguirse, el 47 % seguía en su casa, el 32 % estaba en un hogar de larga estadía, el 12 % se había mudado a otro lugar y el 9 % había muerto (Snowdon y Halliday, 2011).

    Sobre la edad: la mitad de los casos descritos en la literatura son personas mayores (Snowdon et al., 2007), pero en el estudio comunitario de Halliday et al. (2000) el 51 % tenía menos de 65 años (Halliday et al., 2000). Que sea más común en la vejez no significa que solo ocurra ahí: el síndrome de Diógenes también aparece en personas jóvenes.

    La autonegligencia en general es todavía más frecuente. Un metaanálisis de 21 estudios estimó que alrededor de 27 % de los adultos mayores presenta algún grado de autonegligencia (Mao et al., 2025). Esa cifra incluye formas mucho más leves que el síndrome de Diógenes completo, así que no debe leerse como «uno de cada cuatro mayores vive en escualidez».

    ¿Qué riesgos tiene para la salud y la seguridad?

    El cuadro trae riesgos que van más allá del desorden. Los más serios que describen las guías clínicas (Gleason et al., 2021) son:

    • Incendio. Papeles, ropa y cajas cerca de estufas, calentadores o enchufes, con pasillos y salidas bloqueadas.
    • Caídas y atrapamiento. Se camina por senderos angostos entre pilas que pueden caerse.
    • Infecciones y plagas. Basura orgánica, moho, roedores e insectos, sin acceso al baño o al agua.
    • Desnutrición y deshidratación. Sin poder cocinar ni guardar alimentos con seguridad.
    • Enfermedades que no se atienden. Los medicamentos se pierden o no se toman, y los equipos de salud domiciliaria dejan de poder entrar.

    La mortalidad también es un dato real. En el primer grupo descrito, murió el 46 % (Clark et al., 1975), y la revisión de 2022 habla de muertes prematuras entre las personas mayores que viven en escualidez (Lee et al., 2022). Esto explica por qué la inacción no es neutral, y volveremos sobre eso más abajo.

    Síndrome de Diógenes: tratamiento y manejo

    Una aclaración honesta antes de seguir: no hay ensayos clínicos que prueben un tratamiento específico para el síndrome de Diógenes. Las revisiones señalan que los resultados de las intervenciones suelen ser malos (Snowdon et al., 2007) y que faltan evaluaciones de su efectividad y de sus posibles daños (Lee et al., 2022). Lo que sigue combina lo que se sabe de las causas con lo que mejor funciona para la acumulación.

    1. Primero, la salud física. Si hay desnutrición, deshidratación, heridas o infecciones, esas se tratan primero. Es lo urgente, y es lo que suele abrir la puerta: a veces la persona solo acepta ayuda cuando está enferma.

    2. Después, buscar la causa. Una evaluación médica y psiquiátrica busca demencia, depresión, psicosis, consumo de alcohol y problemas físicos que expliquen el cuadro. Un test breve de memoria puede no bastar, porque hacen falta pruebas de función ejecutiva (si quieres ver cómo se evalúa la memoria, está la guía de cómo se evalúa la memoria). Gleason et al. (2021) recomiendan que el médico general detecte el caso, revise los riesgos de seguridad, optimice el tratamiento de las condiciones asociadas, revise los medicamentos y derive a psiquiatría, geriatría y otros profesionales cuando el cuadro es moderado o grave.

    3. Evaluar si puede decidir por sí misma. Una persona con deterioro ejecutivo importante puede decir «estoy bien» sin tener la capacidad de juzgarlo. Los autores de la revisión de 2022 proponen evaluar la capacidad de decisión en lugar de darla por supuesta, y señalan que no intervenir puede ir contra los principios de no hacer daño y de beneficencia (Lee et al., 2022). Esa evaluación es clínica, no se resuelve discutiendo.

    4. Un equipo, y mucho tiempo. Las intervenciones son complejas y requieren trabajo coordinado entre salud, servicios sociales y, a veces, otros organismos locales (Lee et al., 2022). El enfoque de reducción de daños, descrito por Tompkins y Hartl (2009), no busca vaciar la casa. Busca lo mínimo que protege: pasillos despejados hasta la salida, nada inflamable sobre estufas o cocina, y baño, agua y refrigerador funcionando.

    5. Si hay acumulación, terapia cognitivo-conductual. Esta parte se apoya en estudios sobre trastorno de acumulación, no sobre Diógenes completo, y por eso vale cuando la dificultad para soltar objetos es parte del cuadro:

    • Un metaanálisis de 16 estudios con 505 personas encontró un efecto grande de la terapia cognitivo-conductual sobre los síntomas de acumulación, mantenido en el seguimiento (Rodgers et al., 2021). Todos los estudios fueron sin grupo control, por lo que los autores piden ensayos controlados.
    • Un metaanálisis anterior vio la mayor mejoría en la dificultad para descartar, pero solo entre el 24 % y el 43 % alcanzó un cambio clínicamente significativo, y la mayoría quedó más cerca del rango clínico que del normal (Tolin et al., 2015).
    • Un metaanálisis más reciente, con 41 estudios y 8 ensayos controlados, halló un efecto de tamaño moderado a grande frente a los grupos control y sin ventaja de la terapia cognitivo-conductual sobre otras terapias psicológicas (O’Brien y Laws, 2025). Los síntomas con frecuencia seguían por sobre el nivel clínico.
    • En 58 adultos mayores, una terapia que suma rehabilitación cognitiva y exposición graduada a ordenar (CREST) redujo los síntomas un 38 % entre quienes completaron el tratamiento, frente a un 25 % del manejo de casos geriátrico, con ganancias que se mantuvieron a los seis meses (Ayers et al., 2018). Dicho de otro modo, ambas ayudaron, y la terapia especializada ayudó algo más.

    Si quieres entender cómo funciona este tipo de terapia, mira qué es la terapia cognitivo-conductual.

    6. Medicamentos. Los fármacos tienen un papel secundario. Los antidepresivos usados en el TOC son menos eficaces para la acumulación que para otros síntomas, y su principal uso es tratar las condiciones asociadas, como la depresión o la psicosis (Gleason et al., 2021). Para una persona con demencia, Cipriani et al. (2012) señalan que lo primero debería ser un programa conductual, y que hay poca información sobre el tratamiento farmacológico.

    Cómo ayudar a un familiar o vecino que vive así

    La mayor parte de lo que se hace con buena intención empeora la situación. Lo que dicen los libros de referencia (Frost y Steketee, 2010; Tolin et al., 2015) se resume en esto.

    Lo que suele ayudar:

    • Visitar sin hacer del desorden el único tema de conversación. Mantener el vínculo reduce el aislamiento.
    • Validar antes de proponer: «Debe ser agotador vivir así» abre más que «esto es un basural».
    • Partir por las preocupaciones de la propia persona (su salud, su seguridad, recibir a un nieto) y no por las tuyas.
    • Hacer preguntas en lugar de dar órdenes: «¿tienes un lugar para esto?», «¿lo has usado este último año?».
    • Dejar que sea la persona quien decida qué se queda y qué se va. Tú ayudas a embolsar y llevar lo que ya decidió soltar.
    • Acordar metas mínimas de seguridad (un pasillo, la cocina, el baño) antes que una limpieza total.
    • Cuidar tus propios límites. Si vives en la misma casa, comunica con calma qué necesitas y qué vas a hacer tú.

    Lo que suele empeorar:

    • Discutir sobre el valor de las cosas. Cuanto más se insiste en que algo «no sirve», más se defiende.
    • Tirar o mover cosas a escondidas. Rompe la confianza y suele acelerar la vuelta a acumular.
    • Una limpieza forzada. Frost y Steketee (2010) advierten que, salvo riesgo vital inminente, vaciar la casa sin la persona genera un daño emocional serio, resentimiento hacia quienes ayudan y recaída en poco tiempo, porque el problema vive en la persona y no solo en la casa.

    Hay una tensión que conviene decir con claridad. Respetar la autonomía es lo correcto cuando la persona puede decidir, pero no alcanza cuando hay deterioro cognitivo y un riesgo real. Ahí, no hacer nada también es una decisión con consecuencias (Lee et al., 2022). La salida suele ser pedir una evaluación profesional y no resolverlo a solas.

    Cuándo pedir ayuda profesional o de emergencia

    Pide ayuda sin esperar a que la persona acepte si ves alguno de estos signos:

    • Riesgo de incendio: papeles o materiales sobre estufas o instalaciones eléctricas, salidas bloqueadas.
    • No hay agua, baño, calefacción o refrigerador utilizables.
    • La persona no se alimenta, no toma sus medicamentos o tiene heridas, fiebre o confusión.
    • Hay niños, personas mayores frágiles o personas con discapacidad viviendo ahí.
    • Aparece un cambio brusco de conducta o de memoria en alguien que antes se cuidaba bien.

    En una emergencia (fuego, caída sin poder levantarse, pérdida de conciencia) llama a Bomberos (132) o al SAMU (131). Para lo que no es inmediato, una buena puerta de entrada es el centro de salud familiar (CESFAM) que le corresponde a la persona, que puede coordinar una evaluación médica y de salud mental y, si hace falta, conectar con los servicios sociales de la municipalidad. Si la persona no puede decidir por sí misma, existen vías legales y de salud para protegerla, que se evalúan caso a caso con el equipo tratante.

    Si eres tú quien vive en una situación así, o sientes que tu casa se te fue de las manos, decirlo en voz alta ya es un paso grande, y se puede conversar sin juicios. Una evaluación con un psicólogo o un médico puede ayudar a distinguir si lo que pasa tiene que ver con depresión, con acumulación o con otra cosa.

    Preguntas frecuentes sobre el síndrome de Diógenes

    ¿El síndrome de Diógenes es una enfermedad?

    Como diagnóstico propio, no. No aparece en el DSM-5. Describe una situación de autonegligencia, suciedad severa y aislamiento que casi siempre tiene detrás otra condición, como demencia, depresión, psicosis o consumo de alcohol, y esa condición sí es tratable.

    ¿Por qué se llama síndrome de Diógenes?

    Por Diógenes de Sinope, un filósofo griego que vivía con lo mínimo. El término lo propusieron Clark, Mankikar y Gray en 1975. Hoy muchos autores lo critican porque el filósofo rechazaba las posesiones, mientras que muchas personas con este cuadro las acumulan, y piden describir los componentes por separado.

    ¿Solo afecta a personas mayores?

    No. Es más frecuente en la vejez, y la mitad de los casos descritos son mayores de 65 años, pero un estudio comunitario encontró que más de la mitad de las personas que vivían en escualidez tenían menos de esa edad.

    ¿Tiene cura?

    Es mejor hablar de manejo que de cura. Cuando se identifica y se trata la causa (por ejemplo, una depresión), la situación puede cambiar mucho. Cuando hay demencia, el objetivo es la seguridad y la calidad de vida. En el seguimiento de un año de un servicio de Sídney, casi la mitad seguía en su casa y casi un tercio estaba en un hogar de larga estadía.

    ¿Cuál es la diferencia con el trastorno de acumulación?

    En el trastorno de acumulación, el problema central es la dificultad para desprenderse de objetos, con angustia al hacerlo, y la higiene personal suele estar conservada. En el síndrome de Diógenes hay abandono del propio cuidado y suciedad severa, con o sin objetos acumulados.

    ¿Qué hago si un familiar vive así y no quiere ayuda?

    Mantén el contacto sin juzgar, parte por sus preocupaciones, evita las limpiezas a escondidas y busca una evaluación médica y de salud mental, por ejemplo a través del CESFAM. Si hay riesgo de incendio, falta de alimentos o de higiene básica, pide ayuda sin esperar su aceptación.

    Qué hacer a partir de hoy

    Si te importa alguien que vive así, el paso más útil es conseguir una evaluación de su salud física y mental, y no limpiar la casa. Si el que se reconoce en estas líneas eres tú, también cuenta: puedes escribirme desde la página de contacto y revisamos tu situación con calma.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.

    Ayers, C. R., Dozier, M. E., Twamley, E. W., Saxena, S., Granholm, E., Mayes, T. L., & Wetherell, J. L. (2018). Cognitive rehabilitation and exposure/sorting therapy (CREST) for hoarding disorder in older adults: A randomized clinical trial. The Journal of Clinical Psychiatry, 79(2), 85-93. https://doi.org/10.4088/jcp.16m11072

    Cipriani, G., Lucetti, C., Vedovello, M., & Nuti, A. (2012). Diogenes syndrome in patients suffering from dementia. Dialogues in Clinical Neuroscience, 14(4), 455-460. https://doi.org/10.31887/dcns.2012.14.4/gcipriani

    Clark, A. N., Mankikar, G. D., & Gray, I. (1975). Diogenes syndrome: A clinical study of gross neglect in old age. The Lancet, 305(7903), 366-368. https://doi.org/10.1016/s0140-6736(75)91280-5

    Finney, C. M., & Mendez, M. F. (2017). Diogenes syndrome in frontotemporal dementia. American Journal of Alzheimer’s Disease & Other Dementias, 32(7), 438-443. https://doi.org/10.1177/1533317517717012

    Frost, R. O., & Steketee, G. (2010). Stuff: Compulsive hoarding and the meaning of things. Houghton Mifflin Harcourt.

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    Tolin, D. F., Frost, R. O., Steketee, G., & Muroff, J. (2015). Cognitive behavioral therapy for hoarding disorder: A meta-analysis. Depression and Anxiety, 32(3), 158-166. https://doi.org/10.1002/da.22327

    Tompkins, M. A., & Hartl, T. L. (2009). Digging out: Helping your loved one manage clutter, hoarding, and compulsive acquiring. New Harbinger Publications.

    Yu, M., Gu, L., Shi, Y., & Wang, W. (2021). A systematic review of self-neglect and its risk factors among community-dwelling older adults. Aging & Mental Health, 25(12), 2179-2190. https://doi.org/10.1080/13607863.2020.1821168

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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