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  • Dejar de Fumar: Qué Aporta la Psicología (y Cuánto Sube la Tasa de Éxito)

    Dejar de Fumar: Qué Aporta la Psicología (y Cuánto Sube la Tasa de Éxito)

    Si ya intentaste dejar de fumar y volviste, estás en la mayoría. En Chile, la mitad de las personas que fuman trató de dejarlo por su cuenta en el último año, sin conseguirlo.

    Lo que casi nadie sabe es cuánto cambia la probabilidad de éxito cuando dejar de fumar se aborda con psicología: no con fuerza de voluntad, sino con un plan que trabaja el hábito, la dependencia física y las recaídas por separado.

    Aquí vas a ver las cifras reales de cada método (sin ayuda, con consejo breve, con terapia, con fármacos y combinando las dos cosas), qué hace exactamente un psicólogo en un tratamiento del tabaquismo y por qué la ansiedad de las primeras semanas es más corta de lo que parece.

    Más abajo hay un test de Fagerström interactivo, de seis preguntas, que te dice en menos de un minuto cuánta dependencia física tienes a la nicotina. Conviene leer primero qué significa ese número, porque de él depende si te basta con un plan conductual o si vale la pena sumar un tratamiento farmacológico.

    Respuesta directa: sin ningún tratamiento, solo 3 a 5 de cada 100 personas que dejan de fumar siguen sin fumar a los 6-12 meses. El apoyo psicológico (counselling conductual) sube esa probabilidad en torno a un 40-60 % en términos relativos, y combinar apoyo psicológico con fármacos casi la duplica frente al consejo breve.

    La psicología aporta el plan, el manejo de las situaciones de riesgo y la prevención de recaídas; los fármacos alivian la abstinencia física.

    ¿Por qué es tan difícil dejar de fumar por tu cuenta?

    Porque fumar sostiene dos dependencias a la vez. Una es física: la nicotina llega al cerebro en segundos y el cuerpo la reclama cuando baja. La otra es de hábito: cada cigarrillo está pegado a una situación (el café, la pausa del trabajo, el auto, la sobremesa), y esas situaciones siguen ahí cuando el cigarrillo desaparece. Un intento sin plan ataca la primera dependencia con voluntad y deja la segunda intacta.

    Lo que dicen las cifras

    Las cifras lo confirman. Una revisión de las curvas de recaída de fumadores sin tratamiento encontró que solo un 3-5 % de quienes dejan de fumar por su cuenta siguen abstinentes a los 6-12 meses, y que la mayor parte de las recaídas ocurre en los primeros 8 días (Hughes et al., 2004). Ocho días. Ese es el tramo donde la abstinencia física pega más fuerte y donde un plan hace más diferencia.

    El problema en Chile

    En Chile el problema es grande y el deseo de dejarlo también. Según el informe de consumo de tabaco de la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, un 32,5 % de las personas de 15 años o más fuma (36,7 % de los hombres y 28,5 % de las mujeres), unas 4,7 millones de personas; un 22,3 % de quienes fuman tiene dependencia alta (fuma su primer cigarrillo antes de 60 minutos de despertar), y un 49,8 % intentó dejar el cigarrillo en los últimos doce meses (Ministerio de Salud de Chile, 2018).

    La mitad de los fumadores del país lo intenta cada año. Casi nadie lo logra solo.

    El abandono por etapas

    Becoña (2013) describe el abandono del tabaco como un proceso por etapas, no como una decisión de un día.

    Siguiendo el modelo transteórico de Prochaska y DiClemente, una persona pasa por precontemplación (no ve un problema), contemplación (lo piensa, busca información), preparación (piensa hacerlo el mes que viene), acción y mantenimiento; y se considera que está en mantenimiento recién a partir del sexto mes sin fumar (pp. 124-125).

    Saber en qué etapa estás cambia lo que conviene hacer: a alguien en contemplación no le sirve una fecha para dejarlo; le sirve resolver la ambivalencia.

    ¿Cuánto sube la tasa de éxito al dejar de fumar con psicología?

    Bastante, y con evidencia de la mejor calidad que hay. El overview Cochrane de 2021, que reunió 33 revisiones y 312 ensayos con más de 250.000 participantes, encontró evidencia de certeza alta de que el counselling conductual aumenta la probabilidad de estar sin fumar a los 6 meses (OR 1,44), con o sin fármacos y sin señales de daño (Hartmann-Boyce et al., 2021).

    Más contactos, más largos y durante más tiempo tienden a mejorar el resultado, aunque el intervalo de esa ganancia extra incluye la posibilidad de que no haya diferencia.

    Con apoyo individual

    Cuando el apoyo es individual y cara a cara, una revisión Cochrane de 49 ensayos encontró que el counselling individual sube la abstinencia a 6 o más meses frente al consejo breve o el material de autoayuda (RR 1,57 sin fármacos; 11.100 participantes), y que el counselling más intensivo supera al breve (RR 1,29) (Lancaster y Stead, 2017).

    Con terapia de reemplazo de nicotina de por medio, el beneficio adicional del counselling es menor (RR 1,24), pero sigue existiendo.

    Fármacos más apoyo conductual

    Y cuando se juntan las dos cosas, el salto es mayor. Una revisión Cochrane de 52 estudios con 19.488 participantes encontró que combinar farmacoterapia con apoyo conductual casi duplica la abstinencia frente a la atención habitual o el consejo breve (RR 1,83; evidencia de alta calidad).

    El apoyo típico en esos estudios fueron entre 4 y 8 sesiones con un especialista en cesación (Stead et al., 2016).

    Los programas psicológicos multicomponentes, que veremos en la sección siguiente, tienen registros propios.

    Becoña (2013) reporta que las técnicas conductuales eficaces logran entre un 60 y un 90 % de abstinencia al terminar el tratamiento y que en los buenos programas se mantiene un 40-50 % al año de seguimiento (p. 132); su propio programa, aplicado en Santiago de Compostela, obtuvo entre un 38 y un 54 % de abstinencia al año en distintos estudios, frente a 0-6 % en los grupos de control sin tratamiento (pp. 136-137).

    Método Qué dice la evidencia Fuente
    Sin ayuda 3-5 % siguen sin fumar a los 6-12 meses Hughes et al., 2004
    Consejo breve Recomendación fuerte de la guía chilena; es el piso, no el techo Corvalán et al., 2017
    Counselling conductual OR 1,44 a los 6 meses (certeza alta); individual RR 1,57 Hartmann-Boyce et al., 2021; Lancaster y Stead, 2017
    Fármacos solos Vareniclina, citisina o TRN combinada: 7-8 exfumadores más por cada 100 tratados Lindson et al., 2023
    Fármacos + apoyo conductual RR 1,83 frente a atención habitual o consejo breve Stead et al., 2016
    Programa multicomponente 40-50 % sin fumar al año en programas clínicos Becoña, 2013

    Un dato más, porque suele sorprender: los incentivos económicos (dinero o vales por mantenerse sin fumar) también funcionan. Una revisión Cochrane de 39 estudios con 18.303 participantes encontró que suben la abstinencia a 6 o más meses (RR 1,52; certeza alta) (Notley et al., 2025). No es magia: es la misma lógica del depósito monetario que los programas conductuales usan desde los años ochenta.

    ¿Qué hace un psicólogo en un tratamiento psicológico del tabaquismo?

    Arma un programa por fases y te entrena para cada una. Becoña (2013) lo divide en tres: preparación (subir la motivación y el compromiso, conocer tu propia conducta de fumar), abandono (aplicar las técnicas que dejan el cigarrillo) y mantenimiento (sostener la abstinencia y prevenir recaídas) (pp. 132-133).

    El tratamiento psicológico del tabaquismo con mejor relación costo-eficacia es este tipo de programa multicomponente, y en el modelo de Becoña dura un máximo de seis semanas, una sesión por semana, en formato individual o grupal (pp. 136-137).

    Lo que pasa dentro de esas sesiones es concreto:

    • Autorregistro. Anotas cada cigarrillo, la hora y la situación. Parece trivial y tiene dos efectos: baja el consumo por sí solo y muestra el mapa de tus situaciones de riesgo. Becoña señala que no llevar el registro, o hacerlo a saltos, predice un mal resultado (p. 127).
    • Reducción gradual de nicotina. Cambiar a una marca con un 30 % menos de nicotina cada semana, fumar un tercio menos de cada cigarrillo, no aceptar cigarrillos ofrecidos, inhalar menos profundo y llevar el cigarrillo a la boca solo para fumarlo (pp. 140-144). El cuerpo se va desacostumbrando antes del día en que dejas de fumar.
    • Control de estímulos. Elegir tres situaciones en las que ya no vas a fumar esta semana, retrasar el primer cigarrillo de la mañana al menos 15 minutos, avisar a tu gente que vas a dejarlo en los próximos 30 días (p. 144). Cada cigarrillo que despegas de su situación es una recaída menos después.
    • Manejo de la abstinencia. Agua, menos café y alcohol, ejercicio, respiraciones lentas en vez de un cigarrillo, chicle sin azúcar, algo en la mano, y hacer las cosas que venías postergando (cuadro 3.5, p. 144).
    • Autoeficacia. La convicción de que puedes hacerlo, medida al final del tratamiento, predice de forma sistemática quién sigue sin fumar a largo plazo (Bandura, 1977, citado en Becoña, 2013, p. 127). Por eso el programa avanza en pasos que se cumplen, no en promesas grandes.
    • Prevención de recaídas. Reconocer las tentaciones, saber qué hacer con ellas, y entender la diferencia entre una caída (un cigarrillo) y una recaída (volver al consumo anterior) (pp. 148-149). Lo veremos más abajo.

    Si te suena a terapia cognitivo-conductual, es porque lo es: estas técnicas nacieron en la terapia de conducta de los años sesenta y setenta y se completaron en los ochenta con la prevención de recaídas de Marlatt y Gordon (Becoña, 2013, p. 132).

    ¿Qué mide el test de Fagerström y para qué sirve?

    Mide la dependencia física a la nicotina, con seis preguntas, en un puntaje de 0 a 10.

    El Test de Fagerström de Dependencia de la Nicotina (FTND) es la versión revisada del cuestionario original de 1978: Heatherton, Kozlowski, Frecker y Fagerström (1991) compararon cada ítem con medidas bioquímicas de consumo en 254 fumadores, quitaron los dos ítems que no se relacionaban con ellas y reponderaron el tiempo hasta el primer cigarrillo y los cigarrillos al día.

    Es el instrumento de dependencia más extendido (se ha aplicado en muchos países con muestras amplias; Becoña, 2013, p. 127), es de uso libre y tiene validaciones en español (Arias-Gallegos et al., 2018).

    Becoña lo sitúa entre los instrumentos más útiles de la evaluación, junto con el autorregistro y las escalas de autoeficacia (pp. 125-127).

    ¿Para qué sirve el número? Para decidir el tratamiento. A mayor dependencia física, más síndrome de abstinencia al dejarlo y más ganancia con un fármaco que lo alivie: ya en los estudios clásicos con chicle de nicotina, quienes puntuaban más alto en el cuestionario de Fagerström eran quienes más se beneficiaban de él (Becoña, 2013, p. 127).

    Un puntaje bajo, en cambio, dice que lo que te tiene fumando es sobre todo el hábito, y ahí el peso del tratamiento cae en lo conductual.

    Ahora sí: responde pensando en una semana normal, no en tu mejor ni en tu peor día. No hay respuestas buenas o malas, solo un número que te orienta.

    Test de Fagerström: ¿cuánta dependencia física a la nicotina tienes?

    Seis preguntas sobre cómo fumas, no sobre cuánto quieres dejarlo. Responde pensando en una semana normal. Toma menos de un minuto y el resultado se calcula aquí mismo, sin enviar nada a ningún servidor.

    0 de 6 respondidas

    Instrumento: Test de Fagerström de Dependencia de la Nicotina (FTND; Heatherton, Kozlowski, Frecker y Fagerström, 1991), de uso libre, con la clasificación estándar en cinco niveles que se usa en la literatura clínica. Mide la dependencia física (cuánto necesita tu cuerpo la nicotina), no la psicológica ni el hábito. Es una orientación, no un diagnóstico: la evaluación completa la hace un profesional.

    ¿Fármacos o psicología para dejar de fumar? Las dos cosas

    La respuesta más honesta es que se necesitan una a la otra.

    Un metaanálisis en red Cochrane de 319 ensayos con 157.179 participantes ordenó los fármacos por eficacia: vareniclina (OR 2,33), citisina (OR 2,21) y los cigarrillos electrónicos con nicotina (OR 2,37) son los que más suben la abstinencia (unos 7-8 exfumadores adicionales por cada 100 personas tratadas), seguidos por la terapia de reemplazo de nicotina combinada (parche más una forma rápida, OR 1,93); el parche solo, la forma rápida sola y el bupropión añaden 2-3 por cada 100; y los efectos adversos graves fueron bajos, en torno al 3 % (Lindson et al., 2023).

    Esos fármacos los indica un médico, no un psicólogo, y en Chile hay dónde pedirlos. La Guía de Práctica Clínica para el Tratamiento del Tabaquismo recomienda con fuerza el consejo breve para toda persona que fuma, las intervenciones por celular y mensajes de texto, y la terapia de reemplazo de nicotina, el bupropión y la vareniclina para quien tiene indicación y quiere dejarlo (Corvalán et al., 2017).

    La misma guía describe el modelo de la consulta: fijar un «Día D» (el primer día sin fumar) dentro del mes siguiente e ir postergando cada cigarrillo 10 minutos hasta entonces.

    Y hay una línea gratuita, Salud Responde (600 360 7777), que es el número impreso en las cajetillas.

    El fármaco rinde más dentro de un programa

    Lo que la evidencia dice una y otra vez es que el fármaco rinde más dentro de un programa.

    Becoña (2013) lo resumía así ya en los años noventa: el tratamiento especializado de primera elección es un programa psicológico multicomponente; el chicle y el parche ayudan, pero dentro de ese programa, y el modo adecuado de usarlos es junto a un procedimiento conductual, formal o de autoayuda (p. 135).

    Dos décadas de revisiones Cochrane no han cambiado esa conclusión.

    Las políticas públicas

    Las políticas públicas también cuentan. Un estudio con datos de SENDA siguió a una pseudocohorte de 17.905 fumadores chilenos nacidos entre 1982 y 1991, entre 2002 y 2016, y encontró que cada punto adicional del índice de políticas de control del tabaco (impuestos, espacios libres de humo, advertencias, control de publicidad) se asoció a un 14 % más de tendencia a dejar de fumar (Dominguez-Cancino et al., 2024).

    Dejar de fumar es una decisión personal en un entorno que la hace más o menos fácil.

    ¿Qué pasa con la ansiedad, el ánimo y la abstinencia cuando dejas de fumar?

    Suben en las primeras dos semanas y después bajan por debajo de donde estaban. Es una de las cosas que más cuesta creer, porque mucha gente fuma «para calmarse», y el alivio que sienten es real: es el alivio de la abstinencia que el propio cigarrillo produce.

    MedlinePlus describe que los síntomas de abstinencia (irritabilidad, ansiedad, dificultad para concentrarse, hambre, sueño alterado) son más intensos en los primeros días y ceden en unas pocas semanas.

    Después de las dos primeras semanas

    Después viene lo interesante. Una revisión sistemática con metaanálisis de 26 estudios longitudinales comparó a quienes dejaron de fumar con quienes siguieron fumando, entre siete semanas y nueve años después, y encontró que la ansiedad, la depresión y el estrés bajaron en los que lo dejaron, mientras que la calidad de vida psicológica y el afecto positivo subieron; el tamaño del efecto fue igual en personas con y sin trastornos psiquiátricos, y los autores lo describen como igual o mayor al de un antidepresivo (Taylor et al., 2014).

    Dejar de fumar no te vuelve más ansioso: te lo parece durante dos semanas y luego te deja menos ansioso de lo que estabas.

    Depresión, ansiedad o enfermedad mental grave

    Esto importa especialmente si vives con depresión, ansiedad o una enfermedad mental grave, donde el tabaquismo es más frecuente y más difícil de dejar.

    En el programa de ensayos SCIMITAR del Reino Unido, una intervención de cesación hecha a medida para personas con enfermedad mental grave mantuvo tasas de abandono más altas a los 12 meses (OR 1,67) (Gilbody et al., 2021). Se puede, y el ánimo mejora al hacerlo.

    ¿Cómo evitar la recaída una vez que dejaste de fumar?

    Distinguiendo una caída de una recaída, y preparando las situaciones de riesgo antes de que lleguen. Becoña (2013) insiste en enseñar esa distinción con ejemplos, porque muchos fumadores creen que un cigarrillo lo echa todo a perder; entender que un «desliz» es un cigarrillo, y que puede quedarse ahí sin volver al consumo de antes, es lo que permite que no se convierta en recaída (p. 149).

    La recaída, además, no ocurre solo en los primeros seis meses: se ha registrado, con menos intensidad, hasta cinco años después del tratamiento, y por eso el modelo de Prochaska la considera parte esperable de un ciclo, no un fracaso (pp. 152-153).

    Ahora, un matiz que conviene saber. Una revisión Cochrane de 81 estudios con 69.094 participantes evaluó qué pasa cuando las técnicas de prevención de recaídas (reconocer situaciones de riesgo y afrontarlas) se aplican como módulo aparte a personas que ya dejaron de fumar: no encontró un beneficio claro (RR 0,98 en abstinentes que dejaron con ayuda).

    Lo que sí ayudó a sostener la abstinencia fue prolongar la vareniclina (RR 1,23) y usar terapia de reemplazo de nicotina en quienes dejaron sin ayuda (RR 1,24) (Livingstone-Banks et al., 2019).

    La lectura práctica: la prevención de recaídas rinde cuando está integrada desde el principio en el programa, con las situaciones de riesgo de cada persona, y no como un curso de repaso después.

    Situaciones de riesgo para planificar

    Las situaciones de riesgo más típicas que conviene planificar: que te ofrezcan un cigarrillo (Becoña la señala como una de las principales causas de recaída, p. 141), el alcohol, el estrés sostenido y las ganas de «probar uno» a los meses, cuando ya no te acuerdas de lo difícil que fue. Para cada una, una respuesta ensayada antes.

    ¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?

    Cuando ya lo intentaste solo y recaíste, cuando el test de Fagerström te dio 5 o más, o cuando fumas para manejar la ansiedad o el ánimo bajo. En cualquiera de esos casos, un intento más a pulso tiene las mismas probabilidades que el anterior, y un plan con apoyo psicológico, coordinado con tu médico para el tratamiento farmacológico, las multiplica.

    Si además el consumo de tabaco viene junto con alcohol u otras sustancias, vale la pena mirarlo en conjunto: qué es la adicción explica cómo se evalúa.

    Un psicólogo no te va a decir que dejes de fumar. Eso ya lo sabes. Lo que hace es armar contigo el programa (autorregistro, reducción gradual, control de situaciones, manejo de la abstinencia, prevención de recaídas), ajustarlo a tu puntaje de dependencia y a tu etapa de cambio, y acompañar las seis semanas donde se decide la mayor parte del resultado.

    Si quieres empezar por ahí, puedes agendar una consulta.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuánto dura la ansiedad al dejar de fumar?

    Los síntomas de abstinencia (ansiedad, irritabilidad, dificultad para concentrarse) son más intensos en los primeros días y ceden en unas pocas semanas. A mediano plazo la ansiedad baja: un metaanálisis de 26 estudios encontró menos ansiedad, depresión y estrés en quienes dejaron de fumar que en quienes siguieron fumando (Taylor et al., 2014).

    ¿Cuál es la probabilidad de dejar de fumar sin ayuda?

    Baja: entre un 3 y un 5 % de quienes lo intentan por su cuenta siguen sin fumar a los 6-12 meses, y la mayoría de las recaídas ocurre en los primeros 8 días (Hughes et al., 2004). Con apoyo conductual la probabilidad sube (OR 1,44) y con apoyo conductual más fármacos casi se duplica (RR 1,83).

    ¿Qué es el test de Fagerström y cómo se interpreta?

    Es un cuestionario de seis preguntas que mide la dependencia física a la nicotina en un puntaje de 0 a 10 (Heatherton et al., 1991). La clasificación estándar es: 0-2 muy baja, 3-4 baja, 5 moderada, 6-7 alta y 8-10 muy alta. A mayor puntaje, más útil resulta sumar un tratamiento farmacológico al plan psicológico.

    ¿Se puede dejar de fumar solo con psicólogo, sin fármacos?

    Sí, sobre todo con dependencia física baja. El counselling individual sin fármacos sube la abstinencia a 6 o más meses frente al consejo breve (RR 1,57), y los programas multicomponentes logran un 40-50 % de abstinencia al año (Lancaster y Stead, 2017; Becoña, 2013). Con dependencia alta, combinar con fármacos mejora el resultado.

    ¿Qué tratamiento es el más efectivo para dejar de fumar?

    La combinación de fármacos con apoyo conductual: casi duplica la abstinencia frente al consejo breve (RR 1,83; Stead et al., 2016). Entre los fármacos, vareniclina, citisina y la terapia de reemplazo de nicotina combinada son los que más suben la tasa de éxito, con 7-8 exfumadores adicionales por cada 100 tratados (Lindson et al., 2023).

    ¿Qué pasa si fumo un cigarrillo después de haber dejado?

    Es una caída, no una recaída. La recaída es volver al consumo de antes; un cigarrillo aislado puede quedarse en eso si tienes un plan para lo que viene después (Becoña, 2013). Lo importante es no usar ese cigarrillo como prueba de que fallaste: la mayoría de quienes dejan de fumar de forma definitiva pasaron antes por varios intentos.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Arias-Gallegos, W. L., Huamani-Cahua, J. C., & Choque-Vera, R. (2018). Análisis psicométrico del test de Fagerström de dependencia a la nicotina en una muestra de estudiantes universitarios de Arequipa, Perú. Acta Médica Peruana, 35(3). https://doi.org/10.35663/amp.2018.353.618

    Becoña, E. (2013). Tratamiento del tabaquismo. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos (Vol. 2, pp. 123-160). Siglo XXI.

    Corvalán, M. P., Véjar, L., Bambs, C., Pavié, J., Zagolin, M., & Cerda, J. (2017). Guías de práctica clínica para el tratamiento del tabaquismo, Chile 2017. Revista Médica de Chile, 145(11), 1471-1479. https://doi.org/10.4067/s0034-98872017001101471

    Dominguez-Cancino, K. A., Martínez, P., & Nazif-Muñoz, J. I. (2024). Tobacco policies and changes in the tendency of smoking cessation in cigarette users in Chile: A longitudinal cross-sectional study. BMJ Open, 14(5), e085248. https://doi.org/10.1136/bmjopen-2024-085248

    Gilbody, S., Peckham, E., Bailey, D., Arundel, C., Heron, P., Crosland, S., Fairhurst, C., Hewitt, C., Li, J., & members of the SCIMITAR+ collaborative. (2021). Smoking cessation in severe mental illness: Combined long-term quit rates from the UK SCIMITAR trials programme. The British Journal of Psychiatry, 218(2), 95-97. https://doi.org/10.1192/bjp.2019.192

    Hartmann-Boyce, J., Livingstone-Banks, J., Ordóñez-Mena, J. M., Fanshawe, T. R., Lindson, N., Freeman, S. C., Sutton, A. J., Theodoulou, A., & Aveyard, P. (2021). Behavioural interventions for smoking cessation: An overview and network meta-analysis. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2021(1), CD013229. https://doi.org/10.1002/14651858.CD013229.pub2

    Heatherton, T. F., Kozlowski, L. T., Frecker, R. C., & Fagerström, K.-O. (1991). The Fagerström Test for Nicotine Dependence: A revision of the Fagerström Tolerance Questionnaire. British Journal of Addiction, 86(9), 1119-1127. https://doi.org/10.1111/j.1360-0443.1991.tb01879.x

    Hughes, J. R., Keely, J., & Naud, S. (2004). Shape of the relapse curve and long-term abstinence among untreated smokers. Addiction, 99(1), 29-38. https://doi.org/10.1111/j.1360-0443.2004.00540.x

    Lancaster, T., & Stead, L. F. (2017). Individual behavioural counselling for smoking cessation. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2017(3), CD001292. https://doi.org/10.1002/14651858.CD001292.pub3

    Lindson, N., Theodoulou, A., Ordóñez-Mena, J. M., Fanshawe, T. R., Sutton, A. J., Livingstone-Banks, J., Hajizadeh, A., Zhu, S., Aveyard, P., Freeman, S. C., Agrawal, S., & Hartmann-Boyce, J. (2023). Pharmacological and electronic cigarette interventions for smoking cessation in adults: Component network meta-analyses. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2023(9), CD015226. https://doi.org/10.1002/14651858.CD015226.pub2

    Livingstone-Banks, J., Norris, E., Hartmann-Boyce, J., West, R., Jarvis, M., Chubb, E., & Hajek, P. (2019). Relapse prevention interventions for smoking cessation. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2019(10), CD003999. https://doi.org/10.1002/14651858.CD003999.pub6

    Ministerio de Salud de Chile. (2018). Encuesta Nacional de Salud 2016-2017: Informe consumo de tabaco. Departamento de Epidemiología, División de Planificación Sanitaria. https://www.eligenofumar.cl/wp-content/uploads/2015/04/Informe-ENS-2016-17-Consumo-de-Tabaco.pdf

    Notley, C., Gentry, S., Livingstone-Banks, J., Bauld, L., Perera, R., Conde, M., & Hartmann-Boyce, J. (2025). Incentives for smoking cessation. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2025(1), CD004307. https://doi.org/10.1002/14651858.CD004307.pub7

    Stead, L. F., Koilpillai, P., Fanshawe, T. R., & Lancaster, T. (2016). Combined pharmacotherapy and behavioural interventions for smoking cessation. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2016(3), CD008286. https://doi.org/10.1002/14651858.CD008286.pub3

    Taylor, G., McNeill, A., Girling, A., Farley, A., Lindson-Hawley, N., & Aveyard, P. (2014). Change in mental health after smoking cessation: Systematic review and meta-analysis. BMJ, 348, g1151. https://doi.org/10.1136/bmj.g1151

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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