Son las once de la noche y tu hijo sigue despierto. Pidió agua, pidió otro cuento, volvió a salir de la pieza. O peor: se durmió a las nueve, pero a las tres de la mañana está parado al lado de tu cama, otra vez. Si esa escena se repite casi todas las noches, hay un nombre para lo que pasa, y no es «una etapa». El insomnio infantil existe, es frecuente y en la mayoría de los casos tiene una causa que se puede corregir desde la casa.
Esta guía es para madres y padres de niños de 2 a 12 años. Vas a encontrar cuántas horas necesita dormir tu hijo según su edad, las dos causas que explican la mayor parte de los casos, qué ayuda de verdad según los estudios, qué dice el Instituto de Salud Pública de Chile sobre la melatonina y cómo distinguir un terror nocturno de una pesadilla. También hay una calculadora para ordenar lo que estás viendo antes de decidir con quién consultar. Los adolescentes tienen su propio artículo, porque su sueño funciona distinto.
En corto: el insomnio infantil es la dificultad persistente para dormirse o para seguir dormido, con consecuencias de día, en un niño que tiene la oportunidad de dormir. Cerca de uno de cada cinco niños de 5 a 12 años tiene síntomas. Casi siempre el problema es cómo se duerme, no cuánto: el niño aprendió a dormirse con una condición (un adulto al lado, la mamadera, una pantalla) o nunca tuvo un límite claro a la hora de acostarse. El tratamiento con más respaldo es conductual, lo aplican los padres y mejora a más del 80 % de los niños. La melatonina no está autorizada en Chile para menores de 18 años.
¿Existe el insomnio infantil? Qué es y qué no es
Existe, y las guías clínicas lo definen con bastante precisión: dificultad persistente para dormirse o para mantener el sueño, a pesar de tener la oportunidad y las condiciones para dormir, con alguna consecuencia de día (irritabilidad, problemas de atención, somnolencia, conflicto familiar). Una revisión clínica española de 2023 pone números al «persistente»: tardar más de 30 minutos en dormirse o tener despertares de más de 20 minutos, al menos tres noches por semana, durante al menos tres meses (de la Calle Cabrera et al., 2023).
¿Y qué tan común es? En un estudio de base poblacional con 700 niños de 5 a 12 años, evaluados con polisomnografía, el 19,3 % tenía síntomas de insomnio según sus padres, y la cifra apenas cambió al excluir a los niños con apnea (Calhoun et al., 2014). Uno de cada cinco. En los más pequeños es todavía más frecuente: el consenso de seis sociedades pediátricas y del sueño de España parte de que afecta al 30 % de los menores de 5 años (Pin Arboledas et al., 2017).
Ahora lo que no es insomnio. Que un niño de 2 años se despierte alguna noche no es un trastorno: es lo esperable a esa edad. En una cohorte de casi 2.000 niños de Quebec, los despertares nocturnos frecuentes pasaron del 36,3 % a los 2 años y medio al 13,2 % a los 6, y la dificultad para dormirse bajó del 16 % a los 3 o 4 años al 7,4 % a los 6 (Petit et al., 2007). La mayoría madura sola. El problema es cuando no baja, cuando el niño no sabe dormirse sin ayuda, o cuando la familia entera vive cansada por eso.
¿Cuántas horas debe dormir un niño según su edad?
La referencia más usada es la de la Academia Americana de Medicina del Sueño, que reunió a un panel de especialistas para fijar, por consenso, cuánto sueño necesita cada tramo de edad para estar sano. Son rangos, no cifras exactas, y en los menores de 6 años incluyen las siestas (Paruthi et al., 2016).
| Edad | Horas de sueño recomendadas por cada 24 horas |
|---|---|
| 1 a 2 años | 11 a 14 horas (siestas incluidas) |
| 3 a 5 años | 10 a 13 horas (siestas incluidas) |
| 6 a 12 años | 9 a 12 horas |
| 13 a 18 años | 8 a 10 horas |
Dos aclaraciones que evitan sustos. Primero, un niño de 8 años que duerme 9 horas está dentro del rango, aunque su compañero de curso duerma 11. Segundo, el número por sí solo no dice si hay un problema: un niño puede completar sus 10 horas y aun así tardar una hora en dormirse cada noche, con la pelea que eso implica. Por eso la pregunta útil casi nunca es cuánto duerme, sino cómo se duerme.
Causas del insomnio infantil: casi siempre es cómo se duerme, no cuánto
La revisión encargada por la Academia Americana de Medicina del Sueño describe el cuadro que los pediatras y psicólogos ven con más frecuencia como «insomnio conductual de la infancia», con dos presentaciones típicas que a veces se combinan (Mindell et al., 2006). La revisión española añade una tercera, menos conocida (de la Calle Cabrera et al., 2023).
Insomnio por asociaciones al inicio del sueño
El niño aprendió a dormirse con algo: en brazos, con la mamadera, con un adulto acostado al lado, con la tele o el celular encendidos. Se duerme bien así. El problema aparece de madrugada. Todos tenemos despertares breves entre un ciclo de sueño y otro, y normalmente no los recordamos porque volvemos a dormirnos en segundos. Un niño que solo sabe dormirse con su condición, al despertar y no encontrarla, llora y la pide. Y la pide cada vez.
Esta es la explicación de la mayoría de los «se despierta tres veces por noche» en niños de 1 a 4 años. No es hambre, no es un problema médico, no es que duerma poco: es que la única forma de dormirse que conoce requiere a un adulto. Lo bueno es que lo que se aprendió se puede reaprender, y más abajo verás cómo.
Insomnio por falta de límites a la hora de acostarse
Aquí el niño no quiere irse a dormir, y lo negocia: un vaso de agua, otro cuento, «me duele la guata», salir de la pieza cinco veces. Es más típico de los 3 a los 8 años, cuando ya habla y ya sabe negociar. Suele haber una rutina poco definida, una hora de acostarse que cambia según el día, o padres que (por cansancio, por culpa, porque el niño llora) ceden a veces sí y a veces no. Ese «a veces» es justo lo que mantiene la conducta: si pedir cinco veces funciona una de cada tres noches, el niño va a pedir cinco veces todas las noches.
El tercero, poco conocido: demasiado tiempo en cama
Un niño de 6 años que necesita 10 horas y es acostado a las 19:30 para levantarse a las 07:30 tiene 12 horas en cama. Dos de esas horas las va a pasar despierto, y lo más probable es que sea al inicio: da vueltas, se levanta, «no tiene sueño». Y no lo tiene. En estos casos, la solución es contraintuitiva: acostarlo más tarde, no más temprano. La calculadora de más abajo te ayuda a ver si es tu caso.
Qué hay que descartar antes de tratarlo como conductual
Antes de cambiar rutinas, conviene mirar si hay algo médico detrás. Un ronquido fuerte todas las noches, pausas al respirar o respiración con la boca abierta pueden indicar apnea del sueño, que en niños suele relacionarse con amígdalas o adenoides grandes. La necesidad de mover las piernas al acostarse, con molestia, orienta a piernas inquietas, que en niños se asocia a niveles bajos de hierro. El dolor, el asma, la dermatitis atópica que pica y algunos medicamentos (descongestionantes, corticoides, estimulantes, entre otros) también rompen el sueño; la revisión española los enumera como lo primero que hay que descartar (de la Calle Cabrera et al., 2023). Todo esto es territorio del pediatra, y va primero. En la guía general sobre trastornos del sueño explicamos cada uno de estos cuadros.
Hay tres condiciones que van muy de la mano con el mal dormir. En una encuesta con 239 niños escolares con TDAH, el 73 % tenía problemas de sueño, y los casos moderados o graves se asociaron a peor funcionamiento del niño, peor salud mental del cuidador y más atrasos escolares (Sung et al., 2008). Los niños con trastorno del espectro autista y otros trastornos del neurodesarrollo también tienen tasas más altas de problemas de sueño (Abdelgadir et al., 2018). Y la ansiedad, sobre todo la de separación, aparece una y otra vez asociada a los despertares persistentes en la cohorte de Quebec (Petit et al., 2007). Si tu hijo tiene alguno de estos diagnósticos (tenemos guías aparte sobre el TDAH en niños de 6 a 12 años y sobre la ansiedad en niños), el plan de sueño existe igual, pero hay que armarlo con quien lo trata.
¿Y las pantallas? Una revisión de 67 estudios en niños escolares y adolescentes encontró que en el 90 % de ellos más tiempo de pantalla se asociaba a peor sueño, sobre todo a dormir menos y más tarde, aunque esos diseños no prueban causalidad (Hale & Guan, 2015). Un metaanálisis más reciente, que miró los cambios día a día dentro de la misma persona, encontró que el efecto sobre la duración es más pequeño de lo que se cree, y que lo que más pesa es usar la pantalla después de la hora de acostarse (Bourke et al., 2026). Traducido: la pantalla en la cama es el problema; una hora de tele en la tarde, no tanto.
Calculadora: ¿tu hijo duerme lo que necesita?
Antes de seguir, ordena los datos. Piensa en una noche típica de la última semana y responde. La calculadora estima cuántas horas duerme, lo compara con el rango de su edad y te dice qué señales mirar. No es un test con puntaje ni reemplaza una evaluación: es la misma cuenta que haría un profesional en la primera consulta.
Tratamiento del insomnio infantil: lo que funciona según la evidencia
Aquí la evidencia es clara, y es más tranquilizadora de lo que suena. La revisión de la Academia Americana de Medicina del Sueño analizó 52 estudios de tratamiento: el 94 % encontró eficaces las intervenciones conductuales, más del 80 % de los niños tratados mejoró de forma clínicamente significativa, y la mejoría se mantenía a los 3 y 6 meses (Mindell et al., 2006). Un metaanálisis posterior de 16 ensayos controlados confirmó que estas intervenciones reducen el tiempo que tarda el niño en dormirse, el número y la duración de los despertares, y mejoran la eficiencia del sueño (Meltzer & Mindell, 2014). Y una revisión sistemática de 21 ensayos en menores de 6 años cerró la discusión sobre los fármacos: en niños con desarrollo típico, el tratamiento es conductual y no hay evidencia de que un medicamento sirva a largo plazo (Lecuelle et al., 2024).
«Conductual» no significa complicado. Son cuatro herramientas, y las aplican los padres.
1. Higiene del sueño en niños: rutina fija y horario fijo (los siete días)
Una secuencia corta y siempre igual antes de dormir (baño, pijama, un cuento, luz apagada), a la misma hora, también el fin de semana. Dura 20 o 30 minutos, termina en la cama del niño y no incluye pantallas. La revisión de la AASM la nombra como «educación preventiva a padres» y le da uno de los respaldos más fuertes (Mindell et al., 2006). En niños con TDAH, donde la higiene del sueño se usa como primera línea, una revisión de 16 estudios encontró mejoría en 15 de ellos (Nikles et al., 2020).
2. Enseñarle a dormirse solo: la extinción graduada
Es la técnica para el niño que solo se duerme con un adulto al lado. Consiste en acostarlo despierto, salir de la pieza y volver a intervalos cortos y programados (dos minutos, luego cuatro, luego seis) para tranquilizarlo brevemente sin quedarse. Cada noche los intervalos se alargan un poco. La AASM la incluye entre las técnicas con apoyo empírico (Mindell et al., 2006).
La pregunta que se hacen todos los padres es si llorar unos minutos le hace daño. Un ensayo clínico aleatorizado midió justamente eso: los bebés tratados con extinción graduada durmieron mejor que los del grupo control, sin aumento del cortisol (la hormona del estrés) y, doce meses después, sin ninguna diferencia en el apego con la madre ni en problemas emocionales o de conducta (Gradisar et al., 2016). Vale decir también que esta guía es para niños desde los 2 años: en bebés el manejo del sueño es distinto y lo orienta el pediatra.
3. Acostarlo más tarde por un tiempo (retraso de la hora de dormir)
Si tu hijo tarda una hora en dormirse, empieza acostándolo a la hora en que de verdad se duerme (aunque sea a las 22:00). Con sueño acumulado, se duerme rápido y sin pelea. Cuando lleva varias noches durmiéndose en menos de 15 minutos, se adelanta la hora de acostarse 15 minutos, y así sucesivamente hasta el horario que quieres. Es la técnica conocida como «bedtime fading», también con respaldo en la revisión de la AASM y en el mismo ensayo de Gradisar y colaboradores, donde funcionó igual de bien que la extinción graduada (Gradisar et al., 2016). Es la primera opción cuando el problema es «demasiado tiempo en cama».
4. Para los más grandes: acuerdos claros y sin negociación
En el escolar que negocia, lo que funciona es el límite predecible: la rutina termina en «luz apagada» y las salidas de la pieza no se discuten, se acompañan de vuelta a la cama con pocas palabras. Un metaanálisis de intervenciones cognitivo-conductuales en niños escolares y adolescentes encontró que reducen el tiempo que tardan en dormirse y mejoran varios indicadores del sueño, con efectos de moderados a grandes, aunque los protocolos eran heterogéneos y hacen falta ensayos más grandes (Åslund et al., 2018). Funciona. Lo difícil para la mayoría de las familias es sostenerlo dos semanas seguidas, que es lo que suele tardar en asentarse.
¿Y la melatonina u otro medicamento para el insomnio infantil? Lo que dice la evidencia y el ISP
Es la pregunta que más llega, así que va con las dos partes. La evidencia: un metaanálisis de siete ensayos con 387 niños y adolescentes con insomnio de conciliación encontró que la melatonina adelantó el inicio del sueño unos 37 minutos frente a placebo, con calidad de estudios baja a moderada, seguimientos cortos y dos eventos adversos graves reportados (Wei et al., 2020). En niños con trastornos del neurodesarrollo (autismo, TDAH), donde más se ha estudiado, otro metaanálisis de 13 ensayos mostró 48 minutos más de sueño total y 29 menos de latencia, sin efecto sobre los despertares (Abdelgadir et al., 2018). Funciona para dormirse antes; no arregla los despertares, y no se ha estudiado a largo plazo en niños sin estas condiciones.
La regulación en Chile: según la nota informativa de farmacovigilancia del Instituto de Salud Pública del 2 de marzo de 2026, la melatonina es un medicamento de venta bajo receta médica, los 21 registros sanitarios vigentes están aprobados solo para el insomnio de corta duración en adultos, y su uso en menores de 18 años no ha sido autorizado por falta de estudios de eficacia y seguridad en ese grupo. El ISP emitió la nota porque el Centro de Información Toxicológica de la Universidad Católica registró 927 casos de sobredosis de melatonina entre 2019 y 2022, y un 36,6 % fueron en niños. Las «gomitas» de melatonina que se venden fuera de la farmacia entran sin control sanitario (Instituto de Salud Pública de Chile, 2026).
El consenso español lo resume bien: el uso de medicamentos y otras sustancias para inducir el sueño en niños es habitual, y ninguna guía clínica lo respalda como primera opción (Pin Arboledas et al., 2017). Si un pediatra o neurólogo la indica en un caso concreto, con dosis y plazo, es otra cosa. Darla por cuenta propia, no.
Lo mismo vale para los antihistamínicos «para que duerma»: no son un tratamiento del insomnio infantil, y su uso sin indicación médica tampoco tiene respaldo.
Se despierta llorando en la noche: ¿terror nocturno o pesadilla?
Muchos padres llegan a consultar por esto, y no es insomnio. Los terrores nocturnos y las pesadillas son parasomnias: fenómenos que ocurren durante el sueño, no dificultades para dormir. Son frecuentes y, en general, benignas. En la cohorte de Quebec, el 39,8 % de los niños tuvo terrores nocturnos en algún momento de la primera infancia (Petit et al., 2007), con el pico a los 18 meses, cuando los presenta un tercio de los niños (Petit et al., 2015). Distinguirlos importa porque se manejan distinto.
| Terror nocturno | Pesadilla | |
|---|---|---|
| Cuándo ocurre | Primer tercio de la noche, en el sueño profundo | Segunda mitad de la noche, en el sueño REM |
| Cómo se ve | Grita, suda, tiene los ojos abiertos, no reconoce a los padres, no se calma con consuelo | Se despierta del todo, asustado, busca a los padres y se calma con ellos |
| Al día siguiente | No recuerda nada | Recuerda el sueño y puede contarlo |
| Edad más frecuente | Entre 3 y 7 años, según MedlinePlus | Cualquier edad; más en preescolares y escolares |
| Qué hacer | Acompañarlo con calma y cuidar que no se lastime; no suele responder al consuelo ni a que lo despierten, y pasa en minutos | Consolarlo, quedarse un rato, hablar del sueño al día siguiente si quiere |
Un dato que tranquiliza y explica: los terrores nocturnos y el sonambulismo tienen un componente familiar fuerte. Si uno de los padres fue sonámbulo, la probabilidad del hijo casi se duplica, y se triplica si lo fueron ambos (Petit et al., 2015). Suelen desaparecer solos con la edad. Cuando son muy frecuentes, se agravan o aparecen por primera vez en un niño mayor, conviene consultar, y conviene revisar la cantidad de sueño: MedlinePlus lista la falta de sueño, la fiebre y los periodos de estrés entre sus desencadenantes.
¿Se le pasa solo? Qué pasa si no se trata
En parte, sí. Pero no en todos. Una cohorte noruega siguió a 2.026 niños desde los 7 a 9 años hasta los 16 a 19: los problemas para dormirse o mantener el sueño persistieron hasta la adolescencia tardía en aproximadamente un tercio, y los niños con dificultades crónicas en las dos primeras mediciones tuvieron casi el doble de riesgo de cumplir criterios de insomnio al final (Sivertsen et al., 2017). Uno de cada tres no lo supera solo.
Y el costo no es solo el sueño. En otro seguimiento, el nivel de problemas de sueño a los 9 años predijo síntomas depresivos, ansiedad y problemas de conducta a los 18, incluso después de descontar la salud mental que el niño ya tenía en la infancia (Shimizu et al., 2021). Es una de las razones por las que vale la pena tratarlo a tiempo, y no por dramatismo: porque el tratamiento es sencillo, lo hacen los padres y funciona en la mayoría de los casos.
Cuándo consultar y con quién
Consulta con el pediatra primero si hay ronquido fuerte, pausas al respirar, sospecha de dolor, un niño que ronca y además está muy somnoliento de día, o si el problema apareció de golpe junto con otros síntomas. También si estás pensando en cualquier medicamento o suplemento: es una decisión médica.
Consulta con un psicólogo cuando el cuadro es conductual (no quiere dormir solo, negocia la hora de dormir, se despierta y te llama) y lleva más de tres meses, o cuando ya probaron cambiar rutinas y no resulta. También cuando el sueño viene junto con ansiedad, miedos intensos, rabietas fuertes a la hora de dormir, o un diagnóstico de TDAH o autismo que hace más difícil aplicar las técnicas solos. Un psicólogo con formación en sueño arma el plan con ustedes, lo ajusta a la edad y al temperamento del niño, y acompaña las dos o tres semanas que suele tardar en asentarse. En Terapia Online Chile trabajamos con padres de niños y con adolescentes por videollamada.
Preguntas frecuentes sobre el insomnio infantil
¿Existe el insomnio infantil o es una fase?
Existe. Se define como dificultad persistente para dormirse o mantener el sueño, con consecuencias de día, al menos tres noches por semana durante tres meses. Cerca de uno de cada cinco niños de 5 a 12 años tiene síntomas. Los despertares ocasionales de un niño pequeño, en cambio, son parte del desarrollo normal.
¿Cuántas horas debe dormir un niño de 8 años?
Entre 9 y 12 horas por noche, según el consenso de la Academia Americana de Medicina del Sueño. El rango para los niños de 6 a 12 años es el mismo. Si duerme 9 horas y está bien de día, está dentro de lo esperable; el número solo preocupa cuando va acompañado de somnolencia, irritabilidad o problemas de atención.
Mi hijo no duerme de noche, ¿qué hago primero?
Descarta lo médico (ronquido, dolor, pausas al respirar) con el pediatra y mira cómo se duerme, no solo cuánto. Si se duerme solo con un adulto al lado o negocia cada noche, el problema es conductual: rutina fija, misma hora los siete días, sin pantallas en la pieza y enseñarle a dormirse solo de forma gradual. Si en tres o cuatro semanas no cambia, consulta.
¿Se le puede dar melatonina a un niño para dormir?
No por cuenta propia. En Chile la melatonina es de venta bajo receta, ningún registro sanitario está aprobado para menores de 18 años y el Instituto de Salud Pública alertó en 2026 por el aumento de intoxicaciones en niños. La evidencia muestra que adelanta el inicio del sueño en el corto plazo, sobre todo en niños con autismo o TDAH, y solo bajo indicación médica.
¿Por qué mi hijo se despierta en la noche llorando?
Depende de cómo se ve. Si grita, no te reconoce y a la mañana no recuerda nada, probablemente es un terror nocturno: ocurre en el sueño profundo, es frecuente entre los 3 y 7 años y se pasa solo. Si se despierta del todo, te busca y cuenta un sueño, es una pesadilla. Si se despierta y te llama para volver a dormirse, suele ser insomnio por asociación.
¿Dejarlo llorar le hace daño?
La extinción graduada no es «dejarlo llorar»: es volver a intervalos cortos a tranquilizarlo sin quedarse. Un ensayo clínico que la comparó con un grupo control no encontró aumento del cortisol ni diferencias en el apego ni en la conducta un año después. Se aplica desde los 6 meses, y en esta guía hablamos de niños desde los 2 años.
¿Hay insomnio infantil a los 10 o 12 años?
Sí, y cambia de forma. A esa edad pesan más la ansiedad, las preocupaciones escolares, las pantallas en la cama y, hacia los 11 o 12, el inicio de la pubertad, que retrasa el reloj biológico. En el estudio de 700 niños de 5 a 12 años, los síntomas de insomnio fueron más frecuentes en las niñas de 11 y 12 años (30,6 %). A partir de los 13, aplica lo que explicamos en el artículo sobre adolescentes.
¿Cuándo tengo que llevarlo al psicólogo por el sueño?
Cuando el problema es conductual y lleva más de tres meses, cuando ya intentaron cambiar rutinas y no funciona, o cuando viene junto con ansiedad, miedos, rabietas intensas a la hora de dormir o un diagnóstico de TDAH o autismo. El plan lo aplican los padres en casa; el psicólogo lo diseña, lo ajusta y acompaña las semanas que tarda en asentarse.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
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