Etiqueta: terminar una relación sin hacer daño

  • Cómo terminar una relación sin hacer más daño del necesario

    Cómo terminar una relación sin hacer más daño del necesario

    Hace semanas, quizá meses, que lo sabes. Cada vez que intentas armar la frase, la otra persona hace algo tierno, o te cuenta algo de su día, o simplemente te mira con ese cariño que no mereces perder, y la frase se deshace. Si buscaste cómo terminar una relación de buena manera, cómo terminar una relación sin hacer daño o qué hacer con la culpa por terminar una relación con alguien que te quiere, este artículo junta lo que dicen los estudios sobre cómo se vive ese momento desde el lado de quien se va, y los pasos concretos que más ayudan.

    Respuesta corta: terminar una relación sin hacer daño no existe, porque duele aunque se haga bien, pero sí se puede hacer sin lastimar a la otra persona de más, o sea, sin sumar daño evitable. Lo que ayuda es decidir con claridad, decirlo en persona, explicar el motivo sin repasar todos los reproches y no dejar la puerta entreabierta con excusas suaves. La culpa que sientes es habitual y no indica que estés haciendo algo malo. Abajo están los estudios, una guía paso a paso y las señales para pedir ayuda.

    ¿Cómo terminar una relación de buena manera y en buenos términos?

    Terminar bien significa decidir con claridad, decirlo cara a cara, dar una razón honesta y breve, y cerrar la puerta sin crueldad. La investigación sobre este momento exacto es escasa, y lo que sigue mezcla estudios con la lógica de lo que se ha observado en rupturas reales.

    1. Aclara tu decisión antes de hablar. Si dudas, la conversación se vuelve una negociación.
    2. Elige un momento tranquilo y privado. Evita hacerlo en medio de una discusión, en público o antes de una fecha importante para la otra persona.
    3. Hazlo en persona. Un mensaje o un silencio dejan a la otra persona sin cierre, y los estudios sobre ghosting muestran que eso duele más (más abajo).
    4. Explica el motivo principal, con palabras tuyas. Una razón honesta y breve basta; no hace falta el inventario de todo lo que te molestó.
    5. Di que la decisión está tomada. Las excusas suaves y las frases ambiguas se leen como esperanza.
    6. Deja que la otra persona reaccione y no te quedes a convencerla de que lo entienda ni a calmarla toda la noche.
    7. Ten un plan para después: dónde duermes, quién te acompaña, cómo manejarán el contacto.

    Cada paso tiene su porqué, y los detalles importan, sobre todo el tercero y el quinto. Por eso el resto del artículo los desarrolla uno por uno, empezando por la pregunta que casi siempre viene antes: por qué da tanta culpa.

    ¿Por qué da tanta culpa terminar una relación?

    La culpa aparece porque hacer daño a alguien que quieres choca con tus valores, y porque casi nadie sabe cómo se hace bien. Es una reacción esperable, que no prueba que la decisión sea equivocada.

    En un trabajo clásico, Baumeister et al. (1993) compararon los relatos de personas que amaban sin ser correspondidas con los de quienes las habían rechazado. Los que rechazaban describían culpa, malestar y la incomodidad de no querer ser quienes causaban el dolor, y la cultura les ofrece pocos guiones para hacerlo: hay mil formas de declarar amor y casi ninguna de decir que ya no. Ese estudio habla de amor no correspondido, no de parejas que llevaban años juntas, pero describe bien una situación parecida: terminar con alguien que te quiere. Los autores observaron además que las excusas indirectas del rechazador, pensadas para suavizar, solían interpretarse como esperanza y alargaban la situación para ambos.

    También hay un costo social. En 193 participantes, quienes terminaban la relación reportaron más a menudo el costo de ser vistos por otros como crueles, mientras que quienes eran dejados tenían más depresión, rumiación y pérdida de autoestima (Perilloux y Buss, 2008). Es una forma de decir que ninguno de los dos lados sale ileso, aunque los costos sean distintos.

    ¿Quién termina sufre menos?

    La respuesta de los estudios es mixta, y conviene saberlo para no esperar un alivio inmediato. Con datos de 3.734 separaciones de 2.709 personas entre 18 y 48 años, haber sido quien terminó se asoció con emociones menos negativas después, igual que tener una pareja nueva, haber dejado pasar tiempo o estar satisfecho con la red social (Tran et al., 2024). Lo curioso es que los factores estudiados explicaban peor la culpa que el resto de las emociones, o sea que la culpa es la menos predecible.

    Otro estudio matiza que el beneficio de ser quien termina depende de la autoestima: las personas con autoestima baja sufrieron más cuando las dejaron que cuando terminaron ellas, y entre quienes tenían autoestima alta no hubo diferencia según quién terminara (Waller y MacDonald, 2010). Y en un seguimiento de 160 jóvenes de los 20 a los 25 años, haber tenido el control de iniciar la ruptura predijo aumentos relativos de síntomas internalizantes, mientras que entender por qué terminó la relación predijo menos síntomas y mejores relaciones posteriores (Kansky y Allen, 2018). Dicho simple: terminar tú no te blinda, y saber por qué terminaste sí te protege.

    Todo esto viene de estudios observacionales, casi siempre con jóvenes, y ningún ensayo ha probado qué manera de terminar produce menos culpa. Lo que sí muestran es que la culpa que sientes es frecuente y que el sufrimiento llega a los dos lados de la ruptura.

    ¿Estoy seguro de querer terminar?

    Antes de terminar, vale separar tres situaciones: diferencias que se pueden tolerar, patrones de comunicación que se pueden cambiar y problemas que no tienen arreglo. Ese ejercicio no elimina la culpa, pero evita decidir desde ella.

    Christensen et al. (2014), en su enfoque de terapia integrativa de pareja, distinguen entre diferencias de carácter que forman un paquete difícil de cambiar (por ejemplo, ser más sociable o más ahorrativo) y los patrones con que la pareja las maneja, como la persecución y la retirada, que sí se pueden trabajar. También advierten que la ambivalencia confunde: una parte de ti puede valorar justo lo que otra parte te reprocha. Si lo tuyo se parece a eso, el artículo sobre cuándo ir a terapia de pareja y qué esperar y las preguntas para decidir entre separarse o seguir intentando pueden ayudarte a ordenar la decisión.

    Hay situaciones en que ese camino se cierra. Christensen et al. (2014) señalan que la terapia de pareja está contraindicada cuando hay violencia física grave, porque hablar de los conflictos puede desencadenar represalias. Si ese es tu caso, la prioridad es tu seguridad y la sección sobre reacciones peligrosas, más abajo, te habla a ti. También conviene recordar que quedarse tiene un costo documentado, como veremos ahora.

    ¿Quedarse por culpa protege a la otra persona?

    Quedarse por culpa o por pena mantiene a ambos en una relación que ya no se elige, y los estudios sugieren que esa situación tiene costos para el ánimo. La compasión que te frena es real, pero el resultado de seguir puede ser peor que el de irse.

    Stanley et al. (2010) distinguen dos fuerzas que mantienen a una pareja unida. La dedicación personal es el «quiero seguir»: un futuro compartido y ganas de cuidar la relación. Las restricciones son el «tengo que seguir»: contrato de arriendo, hijos, dinero, qué dirá la familia o la sensación de que sería cruel irse. Una pareja puede atravesar años sostenida solo por las segundas. Bradbury y Karney (2019) lo explican con otra palabra: la satisfacción (cuánto disfrutas la relación) y la dependencia (cuánto te cuesta salir) son cosas distintas, y por eso se puede estar insatisfecho y quedarse igual.

    En un seguimiento de 172 parejas durante los cuatro primeros años de matrimonio, quienes permanecían en matrimonios estables pero infelices tenían los niveles más altos de inseguridad de apego, menor satisfacción que quienes se divorciaron y más síntomas depresivos (Davila y Bradbury, 2001). El estudio no dice que irse sea siempre mejor, pero sí que quedarse en una relación infeliz está lejos de ser un acto neutro.

    Christensen et al. (2014) describen además la diferencia entre aceptar y someterse. Aceptar es tolerar los límites del otro desde la fuerza y la elección. Someterse es aguantar desde la sensación de no tener alternativas, y suele acumular resentimiento. Quedarse por culpa tiende a ser lo segundo, y la otra persona suele notar que no la eliges.

    Cómo prepararte antes de la conversación

    Prepararte significa tener claro tu motivo, ordenar lo práctico y no estar solo con la decisión. Es lo que más reduce la tentación de retractarte a mitad de la conversación.

    • Escribe tu motivo principal en una o dos frases. Quien entiende por qué terminó la relación se recupera mejor (Kansky y Allen, 2018), y quien recibe la noticia también necesita una explicación comprensible. Si tu razón es «ya no siento lo mismo» o «quiero cosas distintas», dilo así.
    • Piensa en lo práctico. Dónde vive cada uno, qué se hace con las cosas compartidas, quién avisa a quién. Las restricciones materiales (Stanley et al., 2010) son parte de lo que hace difícil irse, y resolverlas de antemano quita fricción.
    • Habla con alguien de confianza antes, para escuchar tu propia versión en voz alta y notar si te suena firme.
    • Elige el día con cuidado. Un cumpleaños, un examen o un duelo reciente de la otra persona no vuelven la noticia más suave, solo más cruel. Si siempre hay una razón para postergar, es una señal para mirar.

    Sobre la culpa, conviene separar dos cosas. La culpa («hice algo que duele») apunta a una conducta y empuja a reparar, y la vergüenza («soy una mala persona») ataca la imagen de uno mismo y empuja a esconderse. Si la culpa te está pareciendo vergüenza, esta guía sobre la diferencia entre culpa y vergüenza te sirve.

    La conversación: qué decir y qué evitar

    La conversación funciona mejor cuando es directa, breve, sin acusaciones y con una decisión que se entiende como final. Los estudios no prueban un guion, pero sí muestran qué empeora las cosas.

    Bradbury y Karney (2019) resumen investigación de Overall y colegas según la cual la comunicación directa, aunque sea dolorosa, resulta más constructiva a largo plazo que los mensajes vagos o indirectos, que tienden a generar defensividad e interpretaciones erradas. Con esa base, estas pautas son razonables:

    • Hazlo en persona y en privado. Si hay riesgo de que la otra persona reaccione mal, mira la sección de seguridad más abajo antes de decidir cómo y dónde.
    • Empieza por lo central. Después de dos minutos de rodeos, la otra persona ya adivinó, y lo que sigue es una espera cruel.
    • Habla de lo tuyo. Christensen et al. (2014) recomiendan hablar desde la propia emoción («me siento sin energía para seguir») en vez de acusar («tú arruinaste todo»), porque las acusaciones provocan contraataque.
    • Reconoce lo que fue bueno si de verdad lo sientes. No lo uses para suavizar.
    • Deja la decisión clara. Baumeister et al. (1993) observaron que las excusas indirectas alimentan la esperanza. Frases como «necesito tiempo» o «quizás más adelante» sirven si es verdad. Si no lo es, retrasan el cierre de ambos.
    Frases que ayudanFrases que confunden o hieren
    «Tomé la decisión de terminar la relación, y quiero que lo sepas con claridad.»«Necesito un tiempo» (cuando ya decidiste)
    «Ya no siento lo que necesito sentir para seguir con esta relación.»«El problema soy yo, mereces algo mejor» (suele leerse como una excusa)
    «Valoro lo que vivimos y esto es lo que decidí.»«Siempre fuiste así, y por eso termino»
    «Entiendo que te duela. Estoy aquí para escucharte un rato.»Una lista de todos los reproches acumulados
    «Prefiero que no nos escribamos por ahora, para que ambos podamos asimilarlo.»«Podemos ser amigos» dicho en el primer minuto

    ¿Y si la otra persona llora, se enoja o te ruega?

    Es normal que reaccione con dolor, rabia o súplica. Puedes quedarte un momento acompañando sin cambiar la decisión: «veo que estás muy mal, y mi decisión sigue siendo esta». Si la conversación se vuelve gritos o insultos, es válido pausarla y retirarte. Cambiar de opinión para no ver llorar suele significar que la conversación hay que repetirla en unas semanas, con más sufrimiento.

    ¿Se puede terminar una relación por mensaje? Por qué evitar el ghosting

    Desaparecer o terminar por mensaje evita la incomodidad de quien termina y la traslada a quien recibe, que se queda sin explicación. Los experimentos que lo han medido coinciden en que duele más que un rechazo claro.

    En un experimento con 176 personas que recordaban haber sido ghosteadas, orbiteadas o rechazadas, el ghosting produjo peores resultados que el rechazo directo en casi todo lo medido: emociones, necesidades básicas, evaluación de la ruptura (Pancani et al., 2022). En dos experimentos de varios días, el ghosting provocó una reacción negativa más lenta y más prolongada que el rechazo, que los autores atribuyen a la incertidumbre y la falta de cierre (Telari et al., 2025). Una revisión sistemática de 11 estudios añade que los motivos para ghostear suelen ser evitar el conflicto o protegerse, y que las consecuencias, para ambos lados, pueden incluir ansiedad, tristeza, culpa o alivio (Morales et al., 2025).

    Todo esto mide el efecto en quien es ghosteado, a menudo con recuerdos o con escenarios. Aun así, la dirección es consistente, y hay un matiz para quien está tentado de hacerlo: la culpa que querías evitar con el silencio suele reaparecer igual, con la incomodidad añadida de no haber dado explicación. Si quieres entender mejor el fenómeno, tienes una guía sobre qué es el ghosting y por qué duele.

    Hay una excepción razonable: si hay violencia, amenazas o acoso, terminar en persona puede ser inseguro, y hacerlo por mensaje o con apoyo de otra persona es una decisión de protección.

    Cómo influye tu estilo de apego al terminar

    El estilo de apego no determina cómo terminas, pero tiñe lo que te cuesta: algunas personas postergan demasiado y otras cortan demasiado rápido. Reconocer tu tendencia ayuda a corregirla.

    Para las personas con apego ansioso, lo difícil suele ser irse. En el seguimiento de recién casados citado antes, la inseguridad de apego se asoció a permanecer en matrimonios infelices (Davila y Bradbury, 2001). Si te reconoces en eso, esta guía sobre apego ansioso y la de dependencia emocional tratan lo que hay detrás.

    En el otro extremo, la teoría del apego adulto describe a quienes tienden a la evitación como personas que se alejan cuando la intimidad se intensifica, a veces con cortes abruptos y sin conversación. La guía sobre apego evitativo lo describe. Si eso te suena, el esfuerzo está en quedarte a explicar, aunque incomode.

    Estas son tendencias de grupo, medidas sobre todo en estudios de pareja de jóvenes y adultos, que no sirven para etiquetarte. Úsalas como una pista de dónde mirarte, sin tomarlas como diagnóstico.

    Después de terminar: contacto, amistad y dudas

    Después de terminar, lo habitual es dudar, extrañar y sentir ganas de escribir, y lo que más ayuda es dejar pasar tiempo con poco contacto. El primer mes suele ser el más inestable.

    En una muestra de 792 jóvenes adultos, casi la mitad contó una reconciliación después de terminar, y más de la mitad de quienes terminaron siguió con una relación sexual con su ex, con más frecuencia entre quienes convivían (Halpern-Meekin et al., 2013). Volver a lo conocido es muy común. Eso no significa que sea buena idea: si vuelves sin que haya cambiado nada de fondo, tiende a repetirse el mismo patrón y el mismo desgaste. Stanley et al. (2010) usan la idea de «deslizarse» para describir avanzar sin decidir, y volver por miedo o por soledad, sin cambiar nada, encaja con esa idea. Hay una guía específica sobre cómo superar una ruptura amorosa si estás en esa etapa.

    Sobre ser amigos, ayuda hacerlo más tarde que en el primer día. Pedir distancia unas semanas sirve para que ambos asimilen la pérdida antes de definir qué tipo de contacto es sano. Si ya sientes que te cuesta soltar, pedir un tiempo sin contacto es una forma de cuidarse.

    ¿Es normal arrepentirse a los pocos días?

    Sí, la duda posterior es común, y no basta por sí sola para concluir que te equivocaste. Una ruptura suele traer una caída del ánimo y la satisfacción vital: en 1.295 adultos de 18 a 35 años, vivir una ruptura se asoció con más malestar psicológico y menos satisfacción vital, con caídas mayores en quienes convivían o tenían planes de matrimonio (Rhoades et al., 2011). Esa tristeza es parte del trámite y puede confundirse con arrepentimiento.

    La mayoría se recupera: una revisión sobre separación y salud concluye que la respuesta más común es afrontar bien, y que cerca del 10 a 15 % queda con un deterioro importante (Sbarra, 2015). Y cuando la relación tenía poca calidad o poco crecimiento personal, terminar se asoció con crecimiento y emociones positivas, mediado por redescubrirse a uno mismo (Lewandowski y Bizzoco, 2007).

    Un criterio útil para ordenar la duda: anota qué extrañas exactamente, a la persona o a lo que representaba la relación (compañía, rutina, seguridad). Y revisa si las razones por las que decidiste terminar siguen siendo ciertas hoy.

    Cuando la otra persona puede reaccionar de forma peligrosa

    Si la persona tiene antecedentes de control, violencia o amenazas de hacerse daño, terminar requiere un plan de seguridad y apoyo, no solo buenas palabras. Las siguientes señales piden tomar la situación en serio.

    Castelló Blasco (2005) describe a personas con dependencia emocional que, ante la separación, ruegan, prometen cambiar o intentan generar culpa, y en la variante que llama dependencia dominante responden con amenazas, hostilidad y acoso porque no toleran perder el control. Para estos casos recomienda mantener la decisión con firmeza y evitar contactos esporádicos que reabran la esperanza. Cuando hay control o violencia previa, los servicios de orientación recomiendan planificar la salida y no improvisarla. Qué hacer:

    • Si hay violencia previa o miedo a su reacción, no lo hagas a solas. Avisa a alguien de confianza, elige un lugar con gente y una forma de salida, y considera pedir orientación antes. En Chile, el Fono 1455 de orientación en violencia contra las mujeres es gratuito, y el 149 de Carabineros atiende situaciones de violencia intrafamiliar. Para entender los patrones, puedes leer sobre el ciclo de la violencia y los ejemplos de violencia psicológica en la pareja.
    • Si amenaza con hacerse daño, tómalo en serio y evita convertirte en su único sostén. No decidas si la amenaza es real o chantaje: avisa a su familia o a alguien cercano, anima a la persona a buscar ayuda profesional y, si hay riesgo inmediato, llama al SAMU (131) o a Carabineros (133). La Línea de Prevención del Suicidio de Chile es el *4141. Responder a una amenaza con ayuda y no con volver a la relación protege a ambos y evita que la amenaza se convierta en el mecanismo para quedarte.
    • Si te acosa después, la guía de Castelló Blasco (2005) sugiere cortar el contacto directo e indirecto, incluso a través de conocidos. Documenta lo ocurrido y pide asesoría legal si persiste.

    Los límites de estas indicaciones son claros: no sustituyen una evaluación profesional de riesgo, y en situaciones de violencia lo más seguro es que lo veas con alguien que conozca tu caso.

    Cuándo pedir ayuda profesional

    Conviene consultar si la culpa o la tristeza te impiden funcionar, si no logras sostener tu decisión o si la relación implicó control o violencia. Un psicólogo clínico puede ayudarte a decidir, a conversar y a recuperarte.

    Señales de que ya es momento:

    • Llevas semanas sin poder dormir, comer o concentrarte, o sientes que todo te supera.
    • Tienes pensamientos repetitivos sobre la relación o sobresaltos, parecidos a los de un hecho traumático. En estudiantes de 18 a 25 años, una ruptura se asoció con síntomas postraumáticos comparables a los de un hecho traumático (Van der Watt et al., 2023), por lo que no es un exceso consultar.
    • La culpa se convirtió en vergüenza o autocastigo: sientes que no mereces estar bien.
    • Sueles terminar y volver una y otra vez con la misma persona, o te cuesta mucho estar solo.
    • Tuviste pensamientos de hacerte daño. En ese caso, además de este artículo, habla hoy mismo con alguien de confianza o llama al *4141.

    Si te reconoces en alguna, puedes agendar una consulta y trabajar tu situación en un espacio confidencial. Hay también información general en la guía de la APA sobre rupturas y divorcio. Terminar una relación es una de las decisiones más difíciles de la vida adulta, y hacerlo con claridad y cuidado es posible.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cómo terminar una relación sin hacer daño?

    No se puede evitar todo el dolor, pero sí el que sobra: hazlo en persona, con una decisión clara, un motivo honesto y breve, sin acusaciones ni excusas ambiguas. Los estudios muestran que el silencio y los mensajes vagos prolongan el sufrimiento de ambos más que un rechazo claro.

    ¿Es normal sentir culpa por terminar una relación?

    Sí, es una de las reacciones más frecuentes en quien termina, sobre todo si la otra persona te quiere y no hizo nada «malo». Un estudio con miles de separaciones encontró que la culpa se explica peor que otras emociones por las circunstancias de la ruptura (Tran et al., 2024).

    ¿Cómo decirle a alguien que quieres terminar con él o ella?

    Empieza por lo central, en persona y en privado: «tomé la decisión de terminar la relación». Explica tu motivo sin repasar los reproches, reconoce lo bueno si lo sientes y evita frases que dejen esperanza, como «necesito un tiempo» si ya decidiste.

    ¿Es mejor terminar en persona o por mensaje?

    En persona es lo más claro y respetuoso. El mensaje o el silencio dejan a la otra persona sin cierre, y en experimentos eso se asocia a una reacción más intensa y duradera (Pancani et al., 2022; Telari et al., 2025). Si hay violencia, amenazas o miedo, la prioridad es tu seguridad, y puedes hacerlo con apoyo o a distancia.

    ¿Se puede ser amigos después de terminar?

    A veces, y suele resultar mejor cuando pasan semanas o meses de distancia antes de intentarlo. Si la separación fue reciente, mantener el contacto diario prolonga el dolor y facilita volver a una relación sin cambios de fondo. Si hubo control, acoso o dependencia, el contacto cero es lo más sano.

    ¿Cuánto tiempo toma superar una ruptura que tú mismo decidiste?

    No hay un plazo fijo, y los estudios muestran trayectorias distintas: resiliencia, recuperación rápida o lenta y malestar crónico (Verhallen et al., 2022). Quien termina suele tener emociones menos negativas en promedio (Tran et al., 2024), pero eso no evita la tristeza. Si pasan meses sin mejorar, conviene consultar.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Baumeister, R. F., Wotman, S. R., & Stillwell, A. M. (1993). Unrequited love: On heartbreak, anger, guilt, scriptlessness, and humiliation. Journal of Personality and Social Psychology, 64(3), 377-394. https://doi.org/10.1037/0022-3514.64.3.377

    Bradbury, T. N., & Karney, B. R. (2019). Intimate relationships (3.ª ed.). W. W. Norton.

    Castelló Blasco, J. (2005). Dependencia emocional: Características y tratamiento. Alianza Editorial.

    Christensen, A., Doss, B. D., & Jacobson, N. S. (2014). Reconcilable differences (2.ª ed.). Guilford Press.

    Davila, J., & Bradbury, T. N. (2001). Attachment insecurity and the distinction between unhappy spouses who do and do not divorce. Journal of Family Psychology, 15(3), 371-393. https://doi.org/10.1037/0893-3200.15.3.371

    Halpern-Meekin, S., Manning, W. D., Giordano, P. C., & Longmore, M. A. (2013). Relationship churning in emerging adulthood: On/off relationships and sex with an ex. Journal of Adolescent Research, 28(2), 166-188. https://doi.org/10.1177/0743558412464524

    Kansky, J., & Allen, J. P. (2018). Making sense and moving on: The potential for individual and interpersonal growth following emerging adult breakups. Emerging Adulthood, 6(3), 172-190. https://doi.org/10.1177/2167696817711766

    Lewandowski, G. W., & Bizzoco, N. M. (2007). Addition through subtraction: Growth following the dissolution of a low quality relationship. The Journal of Positive Psychology, 2(1), 40-54. https://doi.org/10.1080/17439760601069234

    Morales, A., Fuentes, E., & Fernández-Martínez, I. (2025). A systematic review of ghosting as a relationship dissolution method in emerging adults’ relationships. Revista Latinoamericana de Psicología, 57, 33-49. https://doi.org/10.14349/rlp.2025.v57.4

    Pancani, L., Aureli, N., & Riva, P. (2022). Relationship dissolution strategies: Comparing the psychological consequences of ghosting, orbiting, and rejection. Cyberpsychology: Journal of Psychosocial Research on Cyberspace, 16(2), Artículo 9. https://doi.org/10.5817/cp2022-2-9

    Perilloux, C., & Buss, D. M. (2008). Breaking up romantic relationships: Costs experienced and coping strategies deployed. Evolutionary Psychology, 6(1), Artículo 147470490800600119. https://doi.org/10.1177/147470490800600119

    Rhoades, G. K., Kamp Dush, C. M., Atkins, D. C., Stanley, S. M., & Markman, H. J. (2011). Breaking up is hard to do: The impact of unmarried relationship dissolution on mental health and life satisfaction. Journal of Family Psychology, 25(3), 366-374. https://doi.org/10.1037/a0023627

    Sbarra, D. A. (2015). Divorce and health: Current trends and future directions. Psychosomatic Medicine, 77(3), 227-236. https://doi.org/10.1097/psy.0000000000000168

    Stanley, S. M., Rhoades, G. K., & Whitton, S. W. (2010). Commitment: Functions, formation, and the securing of romantic attachment. Journal of Family Theory & Review, 2(4), 243-257. https://doi.org/10.1111/j.1756-2589.2010.00060.x

    Telari, A., Pancani, L., & Riva, P. (2025). The phantom pain of ghosting: Multi-day experiments comparing the reactions to ghosting and rejection. Computers in Human Behavior, 172, 108756. https://doi.org/10.1016/j.chb.2025.108756

    Tran, K., Castiglioni, L., Walper, S., & Lux, U. (2024). Resolving relationship dissolution: What predicts emotional adjustment after breakup? Family Process, 63(3), 1157-1170. https://doi.org/10.1111/famp.12914

    Van der Watt, A. S. J., Kidd, M., Roos, A., Lesch, E., & Seedat, S. (2023). Romantic relationship dissolutions are significantly associated with posttraumatic stress symptoms as compared to a DSM-5 Criterion A event: A case-case-control comparison. European Journal of Psychotraumatology, 14(1), Artículo 2238585. https://doi.org/10.1080/20008066.2023.2238585

    Verhallen, A. M., Alonso-Martínez, S., Renken, R. J., Marsman, J.-B. C., & ter Horst, G. J. (2022). Depressive symptom trajectory following romantic relationship breakup and effects of rumination, neuroticism and cognitive control. Stress and Health, 38(4), 653-665. https://doi.org/10.1002/smi.3123

    Waller, K. L., & MacDonald, T. K. (2010). Trait self-esteem moderates the effect of initiator status on emotional and cognitive responses to romantic relationship dissolution. Journal of Personality, 78(4), 1271-1299. https://doi.org/10.1111/j.1467-6494.2010.00650.x

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta